Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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Oskar Matzerath
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Oskar Matzerath »

Lutzow escribió:L [/i]Churchill, al recibir una copia del informe de Fisher lo había calificado de "brillante", pero también dijo: "Hay algunos puntos en los que no estoy convencido, de estos, el más importante es la cuestión del uso de submarinos para hundir buques mercantes, no creo que esto lo haga un Estado civilizado ”. En Febrero de 1915 el Almirantazgo estaba convencido de que los submarinos no podrían causar mucho daño al enorme tráfico mercante de Gran Bretaña. Churchill, al dirigirse a la Cámara de los Comunes el 15 de Febrero sobre el tema de la proclamación de la zona de guerra alemana, declaró que "sin duda se incurrirá en pérdidas, de eso doy una advertencia completa, pero creemos que no podrán causar daños vitales si nuestro tráfico mercante se mantiene regularmente. Si toman las precauciones adecuadas y legítimas, esperamos que las pérdidas se circunscriban dentro de límites manejables, incluso desde el principio, cuando se debe esperar que el enemigo haga su mayor esfuerzo para producir un sobresalto”. Por su parte el Ministerio de Asuntos Exteriores dudaba de que el Gobierno alemán fuera lo suficientemente imprudente como para torpedear buques mercantes neutrales, incluidos los estadounidenses, y concluyó que la proclamación alemana era falsa en gran medida.[/i]
En relación con este pasaje, también lo recoge Andrew Roberts en su recientemente publicada biografía de Winston Churchill (Churchill, la biografía), en la cual afirma que le comentó en enero de 1914 a Fisher que los submarinos se utilizarían solo contra barcos acorazados y que no le parecía posible que "una potencia civilizada pueda emplear jamás los submarinos (...) para echar a pique a un barco mercante". Y eso que, unas pocas líneas antes, el autor extrae una cita de los diarios del escritor Wilfrid Blunt en la que se asegura (en octubre de 1912) que Churchill era plenamente consciente de la importancia de esta arma: "cree firmemente en el submarino como arma del futuro" y añade " y está impulsando todo lo que puede esa arma de la marina". En otro momento, en referencia a la presentación de los Presupuestos de la Marina, el 17 de marzo de 1914, hace dos interesantes reflexiones a los parlamentarios. "Si quieren hacerse una idea mental auténticamente ajustada a la realidad de lo que son los combates entre los grandes buques acorazados de nuestros días no han de figurarse que se asemejan al choque de dos hombres vestidos de armadura que se golpean con pesadas espadas de acero (...) ya que lo cierto es que se parece más que una contienda entre dos cáscaras de huevo decididas a embestirse mutuamente con una maza". Y una segunda reflexión sobre el papel de los submarinos, hablando del "valor estratégico del submarino y del determinante papel que ésta arma, respaldada acaso, en algunos aspectos, por hidroaviones, puede desempeñar en la guerra naval futura". Una visión muy acertada, pero corta de miras, ante lo que el futuro deparaba.

Gracias Lutzow por deleitarnos con tu narración.
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APV
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por APV »

¿Qué sabían los servicios de inteligencia de la situación rusa?
Lo digo para que ambos bandos descartasen tanto la paz cuando los rusos estaban tambaleándose al borde del colapso de cara al invierno de 1916.
Ya se vio que en la ofensiva de enero en Letonia las tropas empezaron a amotinarse.
Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y; en cien batallas, no estarás jamás en peligro Sun Tzu.

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Lutzow
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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Oskar Matzerath escribió:
Lutzow escribió:L [/i]Churchill, al recibir una copia del informe de Fisher lo había calificado de "brillante", pero también dijo: "Hay algunos puntos en los que no estoy convencido, de estos, el más importante es la cuestión del uso de submarinos para hundir buques mercantes, no creo que esto lo haga un Estado civilizado ”. En Febrero de 1915 el Almirantazgo estaba convencido de que los submarinos no podrían causar mucho daño al enorme tráfico mercante de Gran Bretaña. Churchill, al dirigirse a la Cámara de los Comunes el 15 de Febrero sobre el tema de la proclamación de la zona de guerra alemana, declaró que "sin duda se incurrirá en pérdidas, de eso doy una advertencia completa, pero creemos que no podrán causar daños vitales si nuestro tráfico mercante se mantiene regularmente. Si toman las precauciones adecuadas y legítimas, esperamos que las pérdidas se circunscriban dentro de límites manejables, incluso desde el principio, cuando se debe esperar que el enemigo haga su mayor esfuerzo para producir un sobresalto”. Por su parte el Ministerio de Asuntos Exteriores dudaba de que el Gobierno alemán fuera lo suficientemente imprudente como para torpedear buques mercantes neutrales, incluidos los estadounidenses, y concluyó que la proclamación alemana era falsa en gran medida.[/i]
En relación con este pasaje, también lo recoge Andrew Roberts en su recientemente publicada biografía de Winston Churchill (Churchill, la biografía), en la cual afirma que le comentó en enero de 1914 a Fisher que los submarinos se utilizarían solo contra barcos acorazados y que no le parecía posible que "una potencia civilizada pueda emplear jamás los submarinos (...) para echar a pique a un barco mercante". Y eso que, unas pocas líneas antes, el autor extrae una cita de los diarios del escritor Wilfrid Blunt en la que se asegura (en octubre de 1912) que Churchill era plenamente consciente de la importancia de esta arma: "cree firmemente en el submarino como arma del futuro" y añade " y está impulsando todo lo que puede esa arma de la marina". En otro momento, en referencia a la presentación de los Presupuestos de la Marina, el 17 de marzo de 1914, hace dos interesantes reflexiones a los parlamentarios. "Si quieren hacerse una idea mental auténticamente ajustada a la realidad de lo que son los combates entre los grandes buques acorazados de nuestros días no han de figurarse que se asemejan al choque de dos hombres vestidos de armadura que se golpean con pesadas espadas de acero (...) ya que lo cierto es que se parece más que una contienda entre dos cáscaras de huevo decididas a embestirse mutuamente con una maza". Y una segunda reflexión sobre el papel de los submarinos, hablando del "valor estratégico del submarino y del determinante papel que ésta arma, respaldada acaso, en algunos aspectos, por hidroaviones, puede desempeñar en la guerra naval futura". Una visión muy acertada, pero corta de miras, ante lo que el futuro deparaba.

Gracias Lutzow por deleitarnos con tu narración.
Gracias a ti por leerlo Oskar, me alegra que te resulte interesante, aunque básicamente es un trabajo de traducción trufado de datos sacados de aquí y allá y aportaciones propias... :dpm:

Es muy interesante lo que cuentas y viene al hilo de un tema que quería tocar algún día, existe unas tesis de un autor (ahora no la tengo a mano) donde asegura que en la reunión del Almirantazgo de Julio de 1914, Churchill entregó un memorándum donde nada menos pretendía dejar de construir acorazados para dedicar el presupuesto y los esfuerzos de los astilleros a construir submarinos y una especie de torpederos blindados capaces de resistir impactos de 15 cm (que como sabemos era el armamento secundario de los buques capitales germanos). El mundo académico se le echó encima y existe otra tesis, a mi entender más seria, donde se refuta la primera, pero no estaría de más narrarlo...

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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Lutzow »

APV escribió:¿Qué sabían los servicios de inteligencia de la situación rusa?
Lo digo para que ambos bandos descartasen tanto la paz cuando los rusos estaban tambaleándose al borde del colapso de cara al invierno de 1916.
Ya se vio que en la ofensiva de enero en Letonia las tropas empezaron a amotinarse.
Este punto lo pensaba tratar un poco más adelante, junto a la segunda campaña submarina irrestricta... Hasta donde sé a los Aliados el desplome ruso les pilló un tanto por sorpresa, al menos eso se desprende de su convicción de que estaban ganando la guerra, como bien a apuntas, y respecto a los alemanes parece que les falló el olfato, aunque en el memorándum de Holtzendorff existe un apartado donde se hace mención a las dificultades que atravesaría el Imperio ruso debido a la campaña submarina, al tener que aprovisionarse solo a través de Vladivostok (no tenían medio de saber que, por falta de comunicaciones adecuadas, las mayor parte de las mercancías descargadas en Arkangel terminaban pudriéndose en puerto...). Tras la guerra, Von Tirpitz escribe en sus memorias que, de saber que ocurriría la Revolución Rusa, quizá hubiese sido mejor plantearse no llevar a cabo la campaña submarina, pero que no tenían modo de conocer que ésta iba a acontecer... sí parece que falló la Inteligencia.

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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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Holtzendorff inmediatamente envió la orden imperial a Scheer. Para lograr el máximo impacto psicológico, la nueva campaña no se anunciaría hasta la tarde del 31 de Enero, unas horas antes de que se dispararan los primeros torpedos. A partir de entonces, los submarinos no desperdiciarían disparos de advertencia y no enviarían grupos de abordaje para examinar los documentos y la carga. Los barcos Hospital debían salvarse, excepto en el Canal de la Mancha, donde Ludendorff creía que la Cruz Roja estaba siendo utilizada como transporte de tropas, los buques claramente identificados como vapores neutrales, buques del socorro belga y transatlánticos recibirían una semana de gracia para llegar a puerto con seguridad, a partir de entonces ellos también debían ser hundidos sin previo aviso.

En Washington, ni Wilson ni Bernstorff sabían que se había tomado la decisión de reanudar la campaña submarina, ambos hombres continuaron trabajando por la paz si ello todavía era posible; para mantener la neutralidad estadounidense en caso contrario. Para el Embajador lo fundamental era mantener informado a Berlín, mientras ello fuese posible, creía que Bethmann-Hollweg sería capaz de detener la campaña submarina. Para facilitar el contacto de Bernstorff con Zimmermann en Berlín, Wilson autorizó al Ministro de Relaciones Exteriores alemán a enviar mensajes en código alemán a su Embajador en Washington a través del cable del Departamento de Estado. Lansing se opuso amargamente a esta violación de la práctica diplomática, pero Wilson, creyendo que la nobleza de sus fines justificaba estos medios sin precedentes, anuló a su Secretario de Estado. Ante la insistencia del Presidente, Bernstorff había prometido usar el cable solo para transmitir y discutir las ofertas de paz.

Al principio, el cable zumbaba exclusivamente con mensajes sobre el tema previsto, aunque no eran de una naturaleza que el Presidente o el Embajador hubieran esperado. El 10 de Enero, el día después de la conferencia decisiva en Pless, Zimmermann informó a Bernstorff que "la intervención estadounidense sobre negociaciones de paz es totalmente indeseable". Frenéticamente, Bernstorff respondió: "El Gobierno de Estados Unidos debe disponer de tiempo. Como todas las decisiones son tomadas por Wilson, las discusiones con Lansing son meras formalidades, es mi deber expresar claramente que considero inevitable una ruptura con los Estados Unidos si se toman medidas como liberar los submarinos”. El 19 de Enero, Bernstorff fue informado tardíamente sobre la decisión tomada en Pless de comenzar la campaña irrestricta el 1 de Febrero, y se le ordenó no decir nada al respecto hasta el día anterior. Inmediatamente escribió a Zimmermann solicitando un período de gracia de un mes para los mercantes neutrales y para ofrecer a los esfuerzos de paz de Wilson algo de tiempo extra. De lo contrario dejó claro que "la guerra sería inevitable". El Kaiser leyó este telegrama y escribió en su margen: "No me importa".

Ahora, solo Wilson se mantenía vanamente esperanzado con su iniciativa de paz. Sopesando las respuestas recibidas, había concluido que los objetivos de guerra de los Aliados eran tan arrogantes como los de los alemanes, su enfoque ahora era tan imparcial que Bernstorff informó a Berlín: "Aunque parezca extraño para los oídos alemanes, Wilson es considerado aquí en general como pro-alemán". El 22 de Enero el Presidente leyó en el Senado su histórico discurso sobre una "paz sin victoria": "La victoria significaría imponer los términos de un vencedor a los vencidos", dijo. “Sería aceptada con humillación, bajo coacción, con un sacrificio intolerable, y dejaría un aguijón, un resentimiento, un recuerdo amargo sobre el cual descansarían los términos de paz, no permanente, sino como sobre arenas movedizas. Solo una paz entre iguales puede durar”. No se puede decir que los acontecimientos de los años 30 no le diesen la razón. También habló por primera vez sobre la creación de la Sociedad de Naciones, la democratización de los pueblos y su derecho a la autodeterminación, poniendo como ejemplo la creación de un Estado polaco “unido, independiente y autónomo”, palabras que podrían haber irritado a Rusia pero causaron incluso peor recibimiento en Alemania. La reacción en Estados Unidos fue mixta, algunos aplaudieron el idealismo de las palabras del Presidente, sin embargo Theodore Roosevelt se burló: "La paz sin victoria es el ideal natural del hombre que está demasiado orgulloso para luchar". Bernstorff, al escuchar el discurso mientras guardaba el secreto de una política suicida en su opinión, decidió no rendirse. El 27 de Enero, telegrafió a Zimmermann: “House me invitó a visitarlo, me informó que si tuviéramos confianza en él, el Presidente estaba convencido de que sería capaz de lograr conferencias de paz. Le agradaría especialmente que Su Excelencia declarase al mismo tiempo que estamos dispuestos a acudir a la conferencia de paz sobre la base de su llamamiento. Si la campaña submarina se lleva a cabo ahora sin más preámbulos, el Presidente considerará esto como una bofetada en pleno rostro y la guerra con Estados Unidos será inevitable. Por otro lado, si aceptamos la propuesta de Wilson y los planes se tuercen por la terquedad de nuestros enemigos, sería muy difícil para el Presidente entrar en guerra contra nosotros, incluso si comenzamos una guerra submarina sin restricciones, solo es cuestión de posponer la declaración por un tiempo. Soy de la opinión de que obtendremos una mejor paz ahora mediante conferencias, de lo que lograremos si Estados Unidos se uniera a las filas de nuestros enemigos”.

Bethmann-Hollweg, al leer este mensaje, solicitó a la Armada que esperare, pero le dijeron que era demasiado tarde; veintiún submarinos ya habían zarpado con instrucciones precisas sobre el torpedeamiento de mercantes. El 29 de Enero el Canciller telegrafió a Bernstorff: “Por favor, agradezca al Presidente. Si su oferta solo nos hubiera llegado unos días antes, deberíamos haber podido posponer la apertura de la nueva campaña submarina. Ahora, sin embargo, a pesar de la mejor voluntad del mundo, por razones técnicas, lamentablemente es demasiado tarde. Ya se han hecho extensos preparativos militares que no se pueden deshacer y los submarinos están navegando con nuevas instrucciones”. El Kaiser no se disculpó, volvió a bramar: “De acuerdo, rechacemos de una vez por todas las negociaciones con Estados Unidos, si Wilson quiere la guerra, ¡que lo haga y la tendrá!”.

A las cuatro y diez de la tarde del 31 de Enero de 1917, un desventurado Embajador Bernstorff se reunió formalmente con el Secretario de Estado Lansing para anunciar que Alemania comenzaría la guerra submarina sin restricciones ese mismo día a medianoche. Se permitiría una única excepción al bloqueo submarino: una vez a la semana, se consentiría el paso de un barco de pasajeros de EE.UU. siempre que no llevara contrabando y atracara únicamente en Falmouth, solo los domingos. Para su identificación, el barco debe pintarse con franjas verticales rojas y blancas alternadas de un metro de ancho y debe enarbolar una gran bandera blanca y roja a cuadros en cada mástil. Después de que Lansing hubiese leído la nota alemana, Bernstorff dijo: "Sé que es muy grave, mucho, y lamento profundamente que sea necesario". “Creo que lo lamentas”, respondió Lansing, “porque sabes cuál será el resultado. Pero no te culpo personalmente.” "No deberías", dijo Bernstorff. "Sabes cuán constantemente he trabajado por la paz". "Lo sé", respondió Lansing y, al ver los ojos del Embajador borrosos por las lágrimas, tomó su mano extendida. Entonces Bernstorff hizo una reverencia, Lansing dijo: "Buenas tardes" y la reunión terminó.

Cuando Bernstorff llegó a Berlín a través de Suecia varias semanas después, Bethmann-Hollweg le dijo que se había visto obligado a dar su consentimiento para la campaña submarina porque "el pueblo alemán nunca habría entendido que hubiéramos concluido una paz insatisfactoria sin intentar vencer a través de nuestra última y más efectiva arma”. Cuando Bernstorff vio al Kaiser, Guillermo II lo llevó a pasear por el parque y se alejó afablemente de toda discusión política. Ludendorff, sin embargo, fue implacable: “En Estados Unidos querías hacer las paces. Evidentemente pensaste que estábamos al final de nuestras fuerzas”, dijo. "No, no pensé eso", respondió Bernstorff. "Pero quería hacer las paces antes de llegar al final de nuestras fuerzas".
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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Lutzow escribió:no tenían medio de saber que, por falta de comunicaciones adecuadas, las mayor parte de las mercancías descargadas en Arkangel terminaban pudriéndose en puerto...)
Ahí estaba el gran problema logístico ruso y que estaba llevando a la catástrofe, había suficientes alimentos a pesar de la movilización parcial del campesinado y de los cambios estructurales hacia una autosuficiencia de pequeños agricultores frente a la anterior agricultura latifundista de exportación, el problema es que no había forma de transportar los recursos a las ciudades.
Las rutas ferroviarias norte-sur llevaban los suministros a las ciudades mientras que las este este-oeste suministraban al ejército que luchaba en el oeste contra alemanes y austrohúngaros. Por la guerra el ejército se había apoderaba del material ferroviario en detrimento de las rutas civiles eso suponía por ejemplo escased en Petrogrado.
Lutzow escribió:saber que ocurriría la Revolución Rusa
Pues era un secreto a voces, incluso el embajador británico Buchanan pedía que la zarina se dejase de meter en política (y de andar cambiando ministros) y que se reordenase el gobierno, y el jefe de la misión de inteligencia británica, Hoare, era consciente del aspecto de fin de fiesta que tenía todo.
En el invierno de 1916 ya no era si habría revolución, sino quien la haría y no solo lo preparaban los revolucionarios radicales o populistas como Kerensky; sino que desde las filas de los kadetes con Miliukov o desde los liberales como Lvov e incluso el jefe de estado mayor Alexeev o Brusilov, se preparaban golpes de estado.

Solo las vacilaciones y el frío frenaban por ahora los acontecimientos.

En cuento al ejército las tropas de retaguardia no eran de fiar (reservistas y heridos convalecientes), y el ataque de Navidad (calendario juliano) del 12º Ejército Ruso mostraba la gravedad de la situación: aunque los fusílenos letones lucharon bien y penetraron la línea alemana, no había reservas y el 17º Regimiento Siberiano se amotinó negándose a avanzar cuando se le mandó apoyar el ataque; pronto la rebeldía se extendió por los Cuerpos de Ejército Siberiano II y VI.
Aunque ciertas unidades aún mostraron combatividad frente al contraataque alemán, estaba claro que el ejército ruso hacía aguas.
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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El problema con el ruido de sables o las revoluciones es que pueden sonar durante mucho tiempo antes de acontecer, y a Alemania se le acababa el ídem... Belinda Davis escribe que de no ser porque en Febrero de 1917 el Imperio alemán se embarcó en la segunda campaña submarina irrestricta, ese mismo año hubiese estallado la revolución debido a las escasez de todo tipo que producía el bloqueo entre la población alemana... Yo no lo veo porque el SPD no la hubiese apoyado, los espartaquistas eran una minoría y de producirse una revuelta a esas alturas el Ejército la hubiese aplastado sin dificultades...

La mejor opción era la propuesta por Bernstorff, seguirle el juego a Wilson, ponerle buena cara a todo y dejar que la Entente se enredase con sus objetivos de guerra sobre acabar con el militarismo prusiano, algo difícil de defender en una conferencia de paz; se hubiese ganado tiempo, la revolución rusa podría haber estallado (o no, debido a las negociaciones) y en última instancia si se culpaba del fracaso a la Entente preparar a EE.UU. para llevar a cabo la campaña submarina sin interferencias... Pero con unos objetivos de guerra propios que incluían nada menos que Polonia y Bélgica, irreales a todas luces dado al propio desarrollo de la contienda, el bloqueo y la espada de Damocles que venía a ser EE.UU., se decide irresponsablemente jugárselo todo a la carta de los submarinos, menospreciando tanto la capacidad de resistencia británica como el poderío industrial y humano estadounidense...

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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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Lutzow escribió: de producirse una revuelta a esas alturas el Ejército la hubiese aplastado sin dificultades...
En el caso ruso la situación era mucho peor porque incluso la clase dirigente quería cambios y echar al zar y a la zarina; el problema como dije son las vacilaciones de algunos como los grandes duques en los que se depositaria el poder tras el derrocamiento o las dudas de liberales y conservadores en apelar a las masas populares.

Respecto a la fiabilidad del ejército ruso en ese momento; el 17 de octubre de 1916 (juliano) estalla una huelga en diversas fábricas de Petrogrado, cuando los policías tratan de disolverlos cargando con látigos y sables, ante eso, soldados del 181º Regimiento saltaron las verjas de su cuartel y se lanzaron al ataque contra los policías. Hubo que traer cosacos y tropas de refuerzo para arrestar a esos soldados, y sacar de la ciudad al regimiento.

Para colmo en la batalla de Kovel en agosto de 1916 la Guardia Imperial había atacado muy al viejo estilo a campo abierto por una zona pantanosa siendo masacrada, y con ella uno de los elementos sólidos al régimen.
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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Para Lansing, un intervencionista que creía que una victoria alemana sería intolerable y que tarde o temprano Estados Unidos debía entrar en guerra para apoyar a los Aliados, había un lado positivo en el anuncio de Bernstorff, sin embargo resultó un duro golpe para Wilson, para los fundamentos de sus creencias y su política conciliadora. Antes de que Lansing pudiera llegar a la Casa Blanca, un boletín de Associated Press que anunciaba la decisión del Gobierno alemán llegó a manos de Joseph Tumulty, el secretario del Presidente, quien entró en el Despacho Oval: "Levantó la vista de su lectura", dijo el secretario. "Sin comentarios, puse el fatídico trozo de papel en su escritorio y silenciosamente vi las expresiones que corrían por sus fuertes rasgos: primero asombro, luego incredulidad, seguidos de gravedad y severidad, un repentino color gris, los labios apretados y el bloqueo familiar de la mandíbula que siempre le caracterizó en momentos de suprema resolución. Me devolvió el papel y dijo en voz baja: "Esto significa guerra".

En Berlín, el Ministro de Asuntos Exteriores Zimmermann, casi alegre, informaba al Embajador Gerard. "Verá, todo irá bien, Estados Unidos no hará nada, porque el Presidente Wilson está por la paz y nada más, todo continuará como antes. He hecho arreglos para que visites el Cuartel General y veas el Kaiser la próxima semana y todo irá bien". Gerard envió un cable a Washington diciendo que los alemanes sentían "desprecio y odio por Estados Unidos, a quienes veían como una raza gorda y rica sin sentido del honor y listos para defender cualquier idea con el fin de mantenerse fuera de la guerra”.

El día después de la visita de Bernstorff a Lansing, el Coronel House llegó a la Casa Blanca para encontrar a Wilson caminando por su biblioteca, reorganizando nerviosamente sus libros. La señora Wilson sugirió una partida de golf, pero House dijo que pensaba que la gente podría considerarlo frívolo dado el delicado momento que vivía la nación, por lo que decidieron jugar al billar antes de tratar los asuntos políticos. La angustia de Wilson surgió del hecho de que se le había despojado de su libertad de acción, durante más de dos años había repetido que Estados Unidos no toleraría la guerra submarina sin restricciones, ceder ahora el principio de la libertad de los mares mancharía el honor estadounidense y restaría credibilidad a su palabra. No tenía elección, debía romper las relaciones diplomáticas, el 3 de Febrero ordenó que Bernstorff recogiera sus acreditaciones y que Gerard regresará de Berlín, pero incluso estas acciones no significaban que Estados Unidos tuviera la intención de declarar la guerra de forma inmediata, el Presidente todavía encontraba impensable que el Gobierno alemán destruyera deliberadamente mercantes estadounidenses y otros barcos neutrales. Al anunciar la ruptura diplomática ante el Congreso, dijo: “Me niego a creer que las autoridades alemanas tengan la intención de hacer lo que nos han advertido que se sienten en libertad de hacer, solo los hechos deliberados por su parte pueden hacerme creerlo incluso ahora”. El Embajador Spring-Rice escribió a Balfour aconsejando paciencia, advirtiendo que aunque la situación diplomática era alentadora para los Aliados, la influencia más fuerte en el país seguía siendo el deseo de permanecer neutral y no debía esperarse demasiado de inmediato. "El punto principal es si y hasta qué punto el gobierno de los Estados Unidos está dispuesto y puede defender sus derechos. Muchas personas aquí piensan que puede estar dispuesto (aunque eso es dudoso) pero que no puede hacerlo. No hay duda de que el sentir del Congreso es pacífico”.

Durante el primer mes después de la ruptura de las relaciones diplomáticas el Presidente continuó esperando, por una parte por ver qué harían los alemanes y por otra para que los acontecimientos cristalizaran en la opinión pública. El Congreso debatió grandes asignaciones para el Ejército y la Armada mientras dos buques mercantes estadounidenses, el Housatonic y el Lyman M. Law, fueron torpedeados sin pérdida de vidas. Mientras tanto, la amenaza alemana de hundir todos los buques mercantes en la zona de guerra tuvo un efecto de arrastre en la economía, los nerviosos armadores estadounidenses eran reacios a enviar sus barcos al mar, los puertos de la costa Este estaban repletos de embarcaciones ancladas, por lo que la parálisis se extendió a la red de ferrocarriles; miles de vagones de carga, incapaces de descargar su contenido, con alimentos estropeándose en su interior, estaban estacionados en los apartaderos. Debido al peligro de crisis económica las cámaras de comercio exigieron medidas, los pacifistas se manifestaron para pedir que los barcos estadounidenses se mantuvieran fuera de la zona de guerra. los intervencionistas abogaban por armar a los buques mercantes con órdenes de disparar contra cualquier amenaza. Theodore Roosevelt, morado de indignación, gritó: “Se esfuerza por escabullirse de la guerra, es un completo cobarde”. El 26 de Febrero, Wilson solicitó al Congreso que autorizara armar a los mercantes estadounidenses para protegerlos "en su navegación legítima y pacífica de los mares". Mientras hablaba, llegaron noticias de que el transatlántico RMS Laconia había sido torpedeado sin previo aviso. Doce pasajeros civiles, incluidos dos estadounidenses, ambas mujeres, habían muerto.
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

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Arthur Zimmermann, el nuevo Ministro de Asuntos Exteriores del Imperio, era "una especie de alemán grandote y muy alegre", según le describió el Embajador Gerard. Zimmermann había cruzado América en tren una sola vez, pasando dos días en San Francisco y tres en Nueva York. En Berlín, esto lo cualificó como un experto en asuntos estadounidenses equivalente a Bernstorff, que había pasado ocho años como Embajador en los Estados Unidos. El ex-Canciller Bernhard von Bulow no estaba impresionado por su compatriota recién ascendido: "Está lleno de las mejores intenciones, uno de esos alemanes que tienen buenos propósitos, cuya laboriosidad es incuestionable, sus virtudes son sólidas, un tipo excelente que habría hecho un trabajo muy bueno y útil si se hubiera quedado en el servicio consular. Podría haberlo hecho aún mejor como fiscal, la gente lo habría saludado por todos lados cuando fuese por las mañanas a tomar su aperitivo en el hotel local; buenos días, buena salud, su señoría."

A Zimmermann le gustaba hablar sin rodeos, durante la crisis del RMS Lusitania , cuando todavía estaba bajo las órdenes de Jagow, le recordó a Gerard la gran población germano-estadounidense en los Estados Unidos: “Su país no se atreverá a hacer nada contra Alemania porque tenemos quinientos mil reservistas alemanes en Estados Unidos que se levantarán en armas contra su Gobierno si se atreve a tomar cualquier medida contra nosotros", al tiempo que golpeaba la mesa con su puño. "Le dije", respondió el Embajador, "que tenemos quinientos mil postes de luz en Estados Unidos y allí es donde los reservistas alemanes terminarían si intentaran cualquier levantamiento". Durante el asunto del SS Sussex, Zimmermann dijo a un grupo de reporteros alemanes: "Caballeros, no tiene sentido desperdiciar palabras sobre la desvergüenza y el descaro del Sr. Wilson, pero le hemos quitado la máscara de la cara". Ahora, frente a otra crisis submarina, Zimmermann confiaba en que él podría manejar a los estadounidenses; Alemania, le aseguró a Gerard, no comenzaría una guerra submarina sin restricciones sin llegar primero a un acuerdo con Estados Unidos, a sabiendas de la decisión tomada en Pless. En una gran cena el 6 de Enero para honrar al Embajador, Gerard les dijo a los invitados que "las relaciones entre los dos países nunca habían sido mejores" y que "siempre y cuando hombres como Hindenburg y Ludendorff, Muller, Holtzendorff y el Secretario de Estado Zimmermann estén a la cabeza de los servicios civiles, militares y navales en Alemania, sin duda será posible mantener intactas estas buenas relaciones". Si detrás de estas palabras había ironía o ingenuidad, porque todos los nombrados tramaban una acción que pondría a Estados Unidos al borde de la guerra, no está claro.

Imagen
Arthur Zimmermann.

Detrás de su máscara de bonhomía, el alegre Zimmermann estaba tramando un asunto desagradable para su amigo estadounidense. Durante las semanas posteriores a la decisión de Pless, el Ministro de Asuntos Exteriores buscó la forma de contribuir a la próxima campaña submarina, y no tuvo mejor ocurrencia que idear un plan extraordinario diseñado para mantener a Estados Unidos ocupado en su propio lado del Atlántico una vez que los submarinos comenzaran a hundir barcos estadounidenses: ofrecer una alianza a México. Sin mayor reparo Zimmermann decidió utilizar el cable del Departamento de Estado que Wilson había puesto a disposición de Bernstorff para comunicar las propuestas de paz estadounidenses a Berlín. Bernstorff, por supuesto, había prometido que este canal se usaría solo para este propósito, pero Zimmermann no vio la necesidad de honrar la palabra del Embajador. El 16 de Enero envió un telegrama codificado a Washington con el fin de que desde allí se hiciese llegar al Embajador en México, Von Eckhardt:

Nos proponemos comenzar el primero de Febrero la guerra submarina sin restricciones. No obstante, nos esforzaremos para mantener la neutralidad de los Estados Unidos de América.

En caso de no tener éxito, proponemos a México una alianza sobre las siguientes bases: hacer juntos la guerra, declarar juntos la paz; aportaremos abundante ayuda financiera; y el entendimiento por nuestra parte de que México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona. Los detalles del acuerdo quedan a su discreción.

Queda usted encargado de informar al Presidente de México de todo lo antedicho, de la forma más secreta posible, tan pronto como el estallido de la guerra con los Estados Unidos de América sea un hecho seguro. Debe además sugerirle que tome la iniciativa de invitar a Japón a adherirse de forma inmediata a este plan, ofreciéndose al mismo tiempo como mediador entre Japón y nosotros.

Haga notar al Presidente que el uso despiadado de nuestros submarinos ya hace previsible que Inglaterra se vea obligada a pedir la paz en los próximos meses.


El telegrama llegó al Departamento de Estado en Washington el 17 de Enero y fue entregado, codificado e ilegible para los estadounidenses, a la Embajada alemana. Bernstorff decodificó y leyó su copia informativa y, al no tener otra opción, envió el original a México. Mientras tanto el telegrama, rápidamente descodificado, también estaba en manos de la Room 40, pues los servicios de inteligencia británicos tenían pinchada la línea, además de haber descifrado el código diplomático germano. Obviamente no podían entregarlo de inmediato y comprometer las relaciones con Estados Unidos si este país supiese que sus comunicaciones por cable estaban siendo interceptadas, pero urdieron un plan según el cual el telegrama habría sido interceptado entre Washington y México, y el 23 de Febrero el Ministro de Asuntos Exteriores británico presentó formalmente el telegrama de Zimmermann a Walter Page, el Embajador estadounidense, quien lo transmitió a Washington. Cuando Lansing, que siempre había sentido que no se podía confiar en los alemanes, le dijo al Presidente cómo se había enviado el telegrama de Zimmermann, Wilson se agarró la cabeza y gritó: "¡Dios mío! ¡Buen señor!"

El 28 de Febrero, mientras se debatía en la Cámara de Representantes un proyecto de ley que autorizaba el armamento de buques mercantes estadounidenses, la Casa Blanca entregó el telegrama a la prensa. Al día siguiente, 1 de Marzo, el New York Times anunció: "Alemania busca alianza contra Estados Unidos: pide a Japón y México que se unan a ella". La noticia de que el Gobierno alemán estaba conspirando para entregar territorios de los Estados Unidos a México enfureció al público estadounidense, y en una oleada de emoción patriótica, el proyecto de ley para armar buques mercantes fue aprobado por la Cámara con 403 votos a favor y 13 en contra. Activistas por la neutralidad y ciudadanos pro-alemanes manifestaron que el telegrama era falso, un intento de Gran Bretaña de involucrar a Estados Unidos en la guerra, logrando crear cierto clima de incredulidad al respecto, que no duró mucho porque el iluminado de Zimmermann, pensando que a esas alturas la hostilidad o no de Estados Unidos no tenía mayor importancia, reconoció su autoría el 3 de Marzo.

Durante otro mes Wilson esperó el "acto manifiesto" que hiciese inevitable la guerra. El 12 de Marzo el vapor estadounidense Algonquin fue hundido a cañonazos, pero la tripulación pudo escapar y alcanzar tierra después de veintisiete horas en botes abiertos. El 18 de Marzo, otros tres buques mercantes estadounidenses, Illinois, City of Memphis y Vigilancia, fueron torpedeados sin previo aviso; quince tripulantes de este último fallecieron. "Si no va a la guerra", escribió en privado Theodore Roosevelt a Henry Cabot Lodge, "lo desollaré vivo". Sin embargo, durante otras dos semanas, el Presidente esperó. En una reunión de Gabinete el 20 de Marzo, dio la vuelta a la mesa y pidió consejo a cada miembro; la recomendación unánime fue la guerra, pero Wilson no dio pistas de su propia opinión. Al día siguiente, convocó al Congreso a una sesión especial el 2 de Abril para escuchar "una comunicación sobre asuntos graves de política nacional".

Estaba lloviendo en Washington esa noche cuando el Presidente fue al Capitolio. Su automóvil estaba escoltado por un escuadrón de caballería por la insistencia de Lansing y el Fiscal General, quienes temían que un "fanático anarquista o pacifista pro-alemán" pudiera intentar un asesinato. "Nunca lo olvidaré", escribió el Embajador británico Spring-Rice. “El Capitolio estaba iluminado desde abajo, blanco contra un cielo negro. Me senté en el suelo del Congreso, el Presidente entró, y con una voz perfectamente calmada, recitó de palabra y obra lo que Alemania había dicho y hecho". "La actual guerra submarina alemana contra el comercio es una guerra contra la humanidad", dijo Wilson. “Hay una elección que no podemos hacer, somos incapaces de hacer: no elegiremos el camino de sumisión." Pidió un reconocimiento formal de que "el status de beligerante nos ha sido impuesto", y luego dijo: "Es algo terrible llevar a nuestro pacífico pueblo a la guerra, pero el derecho es más precioso que la paz. El mundo debe ser seguro para la democracia, ha llegado el día en que Estados Unidos tiene el deber de gastar su sangre y su fuerza por los principios que la dieron a luz. Con la ayuda de Dios, no puede hacer otra cosa”. El Congreso debatió y el 4 de Abril el Senado votó a favor de la guerra, 82–6. Dos días más tarde, el Congreso confirmó la decisión, 373–50.

Todo sucedió como temían el Presidente estadounidense, el Canciller alemán y el Embajador Bernstorff: la decisión de comenzar una nueva campaña submarina sin restricciones había llevado a Estados Unidos a la guerra. Para los nombrados era una noticia funesta, pero no pareció preocupar gran cosa a los Generales y Almirantes germanos, quienes tenían todas las esperanzas depositadas en los submarinos, cuyos éxitos durante los primeros meses de la campaña parecían darles la razón
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por pepero »

Pues Zimmermann demostró todo lo que no se debía hacer y favoreció la declaración de la guerra por parte de los Estados Unidos. ¿Nos contaras también su jugada con los bolcheviques?

Saludos.
Pepe
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Lutzow »

Un luces Zimmermann, aunque la entrada en guerra de Estados Unidos era solo cuestión de tiempo tras el anuncio de la campaña submarina irrestricta... Trataré el fracaso de la misma y quizá me extienda algo más hasta el Armisticio, pero la jugada de Lenin y los bolcheviques toca muy de refilón el tema del hilo, quizá al final mencione algo si escribo una pequeña biografía de los personajes que han ido apareciendo en el mismo, en plan qué fue de ellos tras perder protagonismo en el hilo...

Saludos.
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Lutzow »

Resubiendo (segunda)

Alemania inició la campaña submarina con unos 105 submarinos operativos, cifra que se esperaba aumentase gradualmente a lo largo de los próximos meses a más de 120 (incluyendo la previsión de pérdidas) pese a que los astilleros no estaban construyendo sumergibles al ritmo previsto por falta de materiales y trabajadores especializados. Esta cifra seguía estando lejos de los 222 que la escuela de Kiel había considerado necesarios para estrangular económicamente a Gran Bretaña, hecho que se compensaba en parte porque la evolución tecnológica del submarino resultaba notable en los últimos cuatro años; los actuales eran más veloces, podían permanecer más tiempo sumergidos, su autonomía era mayor y su capacidad de cargar torpedos doblaba a la de clases anteriores.

En Febrero no se alcanzó la cifra prevista de 600.000 toneladas hundidas previstas en el memorándum de Holtzendorff, pero no se alejó demasiado dado que se alcanzaron las 520.000, que se incrementaron a 564.000 en Marzo y se dispararon a 860.000 en Abril; parecía que los defensores de la campaña submarina irrestricta no se equivocaban cuando aseguraron que la misma acabaría poniendo a Gran Bretaña de rodillas. Otro punto del memorándum, el miedo de los neutrales a navegar en la zona de guerra, también pareció cumplirse en un principio cuando hasta 600 mercantes de países no beligerantes se negaron a zarpar de los puertos británicos, donde se encontraban en el momento de anunciarse públicamente al inicio de la campaña.

En las memorias de Von Tirpitz o Scheer podemos leer que el fracaso de los submarinos se debe a que no se les concedió vía libre en 1916 (cuando su número apenas superaba las cincuenta unidades), y que se concedió a los británicos un año entero para prepararse, pero como veremos a continuación esto no es cierto, los Aliados no estaban en absoluto preparados para enfrentarse al peligro submarino, las 860.000 toneladas hundidas en Abril resultan significativas a este respecto.

Imagen
Zona de guerra establecida por el Imperio alemán el 1 de Febrero de 1917.

Tres grandes rutas comerciales transportaban alimentos y materias primas a Gran Bretaña, una de ellas cruzaba el Mar de Irlanda desde el suroeste hasta Liverpool y Bristol, otra se extendía por el norte de Irlanda y desde allí a Liverpool y una tercera trascurría a través del Canal hasta Southampton y otros puertos. El punto focal para la mayor parte de este comercio radicaba en lo que la Royal Navy denominaba los Enfoques Occidentales: la amplia extensión de aguas entre Lands End, la costa irlandesa y el Golfo de Vizcaya, y era aquí donde los U-boats estaban creando, en palabras de Churchill, "un verdadero cementerio de embarcaciones británicas".

Las primeras líneas de defensa de Gran Bretaña contra estos enemigos consistían en poco eficaces campos de minas y redes a través del Canal, y una vez que los submarinos alcanzaban alta mar, la Royal Navy se basó en barcos de superficie de todo tipo para intentar cazarlos, ya sea con las escasas cargas de profundidad disponibles en ese momento o embistiéndolos. Los destructores británicos, diseñados para atacar a buques de guerra de superficie enemigos, podían navegar a 34 nudos, muy por encima de los 15 a 17 nudos que podía hacer un submarino, pero una vez sumergido, este estaba a salvo porque los primitivos hidrófonos solo podían ser utilizados con el buque parado, pues el ruido de sus propias hélices camuflaba el que emitía un U-boat.

La incapacidad de atacar a un enemigo sumergido era solo una parte del problema que involucraba a los destructores británicos, otra complicación era que había muy pocos de ellos. La Royal Navy simplemente no poseía suficientes destructores para escoltar la Grand Fleet, mantener la Fuerza Harwich, asegurar los cruces del Canal y, simultáneamente, proteger a los mercantes de los submarinos. En Abril de 1917 Gran Bretaña tenía en comisión unos 250 destructores, muchos de ellos viejos y desgastados después de tres años de servicio, y los cien más modernos fueron asignados a la Grand Fleet, nadie deseaba enviar a los acorazados a la batalla sin su pantalla protectora. Aun así, en Febrero de 1917 Beatty permitió a regañadientes que se tomaran prestados ocho de sus destructores para labores antisubmarinas en el Sur del Mar del Norte, mientras desde cualquier otra estación, los Almirantes al cargo dijeron que sus flotillas no podían ser despojadas sin comprometer sus misiones: la Fuerza Harwich cubría el sur del Mar del Norte y la costa holandesa, la patrulla de Dover se enfrentaba a treinta submarinos alemanes y otros tantos destructores alemanes con base en Flandes, las expediciones militares en Grecia y Oriente Medio requerían destructores para proteger sus transportes. Tampoco había mucha esperanza en las nuevas construcciones, Gran Bretaña estaba botando solo entre cuatro y cinco destructores por mes, una tasa que los astilleros dijeron que no podría aumentar durante mucho tiempo.

Durante la fatídica primavera de 1917 los submarinos no solo estaban agotando las existencias de alimentos importados que necesitaba la población civil de Gran Bretaña, sino que también estaban minando directamente a la propia Royal Navy, pues los acorazados más nuevos y poderosos de la Flota, buena parte de los cruceros ligeros y casi todos sus destructores se movían con petróleo, proveniente de Hampton Roads, Estados Unidos, transportado en buques grandes y lentos, presentando objetivos fáciles para los submarinos. En un momento dado se habían hundido tantos petroleros que la reserva de combustible de Gran Bretaña se había reducido de manera alarmante; pasando de un suministro suficiente para seis meses a solo ocho semanas.
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Lutzow »

En Noviembre de 1916 Jellicoe fue nombrado Primer Lord del Mar y su puesto como Comandante en Jefe de la Grand Fleet ocupado por Beatty. Cuando acudió al Almirantazgo los submarinos alemanes seguían actuando bajo la Ley de Presas, pero aún así el tonelaje mensual hundido dejó perplejo a Jellicoe; 341.000 toneladas en Octubre, 326.000 en Noviembre, para un total cercano a los dos millones de toneladas a lo largo del año. "La situación de los suministros es, con mucho, la cuestión más seria del momento", le escribió a Beatty a fines de Diciembre de 1916, "casi temo que sea demasiado tarde para recuperarnos, se deberían haber tomado medidas drásticas hace meses para detener las importaciones innecesarias, racionar el país y construir barcos. Todo se está comenzando a hacer ahora, pero quizá sea demasiado tarde”. Tarde era mejor que nunca; se puso en marcha un plan para construir barcos más rápido de lo que el enemigo los hundía, el diseño de los buques mercantes se estandarizó y 35.000 trabajadores cualificados fueron retirados del servicio militar y devueltos a los astilleros. Con el fin de proporcionar acero a los nuevos mercantes y escoltas, amén de descongestionar el trabajo en los astilleros, el Almirantazgo canceló los pedidos de cinco nuevos cruceros ligeros y tres grandes cruceros de batalla de la clase Admiral, con el consiguiente enfado de Beatty. Se estableció una red de búsqueda para localizar y comprar naves neutrales: “Los puertos de todo el mundo fueron saqueados, se pagaron precios extraordinarios por barcos de vapor decrépitos e incluso los viejos veleros, abandonados o utilizados como depósitos en puerto, fueron reacondicionados y enviados nuevamente al mar", escribió Ernest Fayle, el historiador oficial de la marina mercante británica en la Gran Guerra. El resultado de todo ello fueron 1.163.000 toneladas añadidas a la flota mercante en 1917, aunque esta adición equivalió solo a poco más de una cuarta parte de las pérdidas británicas, cuatro millones de toneladas, más de seis incluyendo los buques neutrales, durante el mismo periodo de tiempo.


Imagen
John Jellicoe.

El 18 de Diciembre de 1916 Jellicoe nombró al Contralmirante Alexander Duff como Jefe de una nueva División Antisubmarina, quien presentó nuevas rutas comerciales protegidas para los mercantes que navegaban independientemente a Gran Bretaña, cambiándolas con frecuencia para confundir a los Comandantes de los submarinos. Se desplegaron destructores y naves auxiliares para patrullar estas “carreteras” oceánicas, se colocaron más minas y se armaron más mercantes, pero aun así la tasa de pérdidas continuó aumentando: "La posición es extremadamente grave", escribió Jellicoe al Primer Lord del Almirantazgo y al Gabinete de Guerra el 21 de Febrero de 1917. Pronto, temió, el Gobierno debería "determinar cuánto tiempo podemos continuar en guerra si las pérdidas del transporte comercial continúan al ritmo actual".

El plan de Holtzendorff para estrangular el comercio británico parecía que podría obtener los resultados apetecidos y que el Imperio alemán se alzaría con la victoria, pero varios factores contribuyeron a su fracaso final, uno de ellos la intervención estadounidense en la guerra. A finales de Marzo de 1917 el Contralmirante William S. Sims, Presidente del Colegio de Guerra Naval de Estados Unidos en Newport, Rhode Island, recibió la orden de presentarse de inmediato y en secreto a Washington, donde recibió instrucciones para viajar de incógnito a Gran Bretaña para coordinar la cooperación estadounidense con la Royal Navy. Sims navegó hacia Inglaterra como "Sr. SW Davidson", vestido con ropa civil y sin uniforme en su equipaje, y pronto fue consciente del peligro submarino cuando su barco golpeó una mina cerca de Liverpool, pero el buque no se hundió, los pasajeros fueron transferidos a otra embarcación y llegaron a Gran Bretaña con seguridad el 9 de Abril. Allí, el "Sr. Davidson” fue recibido por un tren especial que le llevó a Londres; para entonces su alias era innecesario, tres días antes el Congreso había declarado la guerra a Alemania.

William Sims, un hombre alto, erguido y canoso nacido en Canadá, se convirtió en ciudadano estadounidense, ingresó a la Armada y consiguió reputación como especialista en artillería. Había sido inspector de prácticas de tiro, Capitán del acorazado USS Minnesota y luego comandado una flotilla de destructores antes de ir al War College. La razón obvia para enviar a Sims a Gran Bretaña fue que cinco años antes había pronunciado un discurso en Londres que en ese momento pareció arruinar su carrera: en 1910, estando en Inglaterra, había prometido ante una gran audiencia que, en caso de guerra con Alemania, Gran Bretaña podría "confiar en el último barco, el último dólar, el último hombre y la última gota de sangre de su parentela más allá del mar”, gesto de anglofilia pública no autorizado por el que Sims había recibido una reprimenda directa del Presidente Taft. Ahora, sin embargo, cuando se necesitaba un Oficial superior para coordinar la planificación con la Armada británica, el entusiasmo de Sims fue recordado favorablemente. No todos los Oficiales estadounidenses compartían sus puntos de vista, antes de que Sims abandonara Washington, el Almirante William S.Benson, Jefe de Operaciones Navales, le previno: “No dejes que los británicos te engañen, no es asunto nuestro sacarles las castañas del fuego, tan pronto lucharíamos contra los británicos como contra los alemanes".

Imagen
Contralmirante Sims.

En Londres Sims descubrió que el pueblo británico no era consciente del peligro al que se enfrentaba su país, el Gobierno había dejado de publicar las cifras de toneladas hundidas y las multitudes que atestaban los teatros todas las noches ignoraban alegremente el hecho de que solo quedaba suministro de trigo para seis semanas. Pensó que en realidad los alemanes habían descubierto una forma de ganar la guerra y estaban en camino de lograrlo; a menos que la terrible destrucción del tonelaje mercante pudiera ser sustancialmente controlada, la retirada de Gran Bretaña de la guerra no estaba muy lejos.

En la mañana del 10 de Abril Sims visitó a Jellicoe en el Almirantazgo. Los dos hombres eran amigos, se habían conocido en China en 1901 y habían mantenido el contacto debido a su interés mutuo en la artillería naval. Sims admiraba mucho al Almirante británico, el Primer Lord del Mar era "un hombre pequeño, poderoso en su estructura, infatigable, profundo, simple y directo, el ídolo de los Oficiales y hombres de la Grand Fleet. El éxito le hizo más callado, suave y digno, era todo cortesía, todo cerebro, accesible, franco, de mente abierta". Saludando a su visitante, Jellicoe sacó un papel de su cajón y lo tendió sobre la mesa. Era un registro del tonelaje perdido de buques británicos y neutrales de los últimos meses.

"Estaba bastante asombrado", escribió Sims más tarde, “porque nunca había imaginado algo tan terrible. Expresé mi consternación al Almirante Jellicoe”.

"Sí", dijo tan calmadamente como si estuviera hablando del tiempo y no del futuro del Imperio Británico. "Es imposible para nosotros continuar la guerra si continúan las pérdidas como hasta ahora".

"¿Qué vas a hacer al respecto?", Le pregunté.

“Todo lo que podamos. Estamos aumentando nuestras fuerzas antisubmarinas de todas las formas posibles, utilizando todas las naves con las que podemos luchar contra los submarinos, construyendo destructores, arrastreros y otras naves similares tan rápido como podemos. Pero la situación es muy grave y necesitaremos toda la ayuda que podamos obtener".

"Parece que los alemanes están ganando la guerra", comenté.

"Ganarán a menos que podamos detener estas pérdidas, y detenerlas pronto", respondió el Almirante.

“¿No hay solución para el problema?”, Pregunté.

"Absolutamente ninguna que podamos ver ahora", respondió Jellicoe.


Por mala que fuera, Jellicoe esperaba que la situación empeorara. Se acercaba el verano, lo que ofrecería a los submarinos más luz natural y una mejor climatología, Jellicoe podía calcular y aplicar la aritmética tan bien como Holtzendorff, fue relativamente fácil determinar cuánto tiempo podían resistir los Aliados, lo que indicaban las cifras era que, a menos que se pudiera hacer algo rápidamente, el final llegaría aproximadamente en Noviembre.

Jellicoe no era el único alarmado, el Rey Jorge V invitó a Sims a pasar una noche en el castillo de Windsor y, después de la cena, mientras fumaban unos puros, le dijo que los hundimientos debían detenerse o los Aliados perderían la guerra. Solo el Primer Ministro se mantuvo optimista, Lloyd George, "un niño grande y exuberante", como lo describió Sims, "siempre se reía y bromeaba, y se entregaba constantemente a la réplica y al juego”. Su rostro nunca traicionó la más mínima ansiedad: "Oh, sí, las cosas están mal", decía con una sonrisa y un movimiento de su mano, "pero lograremos derrotar a los submarinos, ¡no temas!".

Sims le dijo a Jellicoe que nadie en los Estados Unidos era consciente de que la situación resultaba tan grave y preguntó cómo podrían ayudar. La mayor necesidad, enfatizó Jellicoe, era "todos los destructores, arrastreros, yates, remolcadores y otras pequeñas embarcaciones disponibles con suficiente velocidad para lidiar con los submarinos". Pidió que Estados Unidos construyera más barcos mercantes para reemplazar las pérdidas, también sugirió que Estados Unidos podría reparar y poner en servicio todos los transatlánticos alemanes y buques de carga internados en puertos estadounidenses. Sims telegrafió a Washington describiendo la gravedad de la crisis submarina, dijo que la mejor manera de que Estados Unidos ayudara de inmediato era enviando destructores y otras naves ligeras para servir en las aguas al Oeste de Irlanda a lo largo de las cuales se establecían las rutas de envío que significaban vida o muerte para la causa aliada. El Embajador Page apoyó de todo corazón a Sims y personalmente le pidió al presidente Wilson que enviara treinta destructores. El 13 de Abril informaron a Sims que seis destructores estadounidenses zarparían de inmediato, a los que seguirían otros lo antes posible. El 14 de Abril la 8ª Flotilla de destructores, con sede en York River, Virginia, partió hacia Boston con el fin de prepararse para un "servicio largo y distante".
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Prinzregent »

Con permiso de Lutzow, procedo a copiar/pegar los mensajes del día 13, posteriores a su mensaje sobre la segunda campaña submarina.

APV escribió:
Quizás era un buen momento para que la flora germana saliese de manera intermitente a mar abierto para presionar a la Royal (aunque sin trabar combate) y obligar a esta a zarpar y al mismo tiempo alejar a los destructores de los cargueros y convoyes.
La respuesta de Lutzow fue:
Realmente la Grand Fleet nunca fue despojada de su extensa escolta de destructores, salvo unos pocos como hemos visto con los ocho que debió ceder Beatty, en este sentido que zarpase o no la Hochseeflotte no cambiaría mucho las cosas, pero en el del gasto de combustible sí hubiese tenido su importancia obligar a que toda la Grand Fleet hubiese tenido que zarpar periódicamente... El problema para la Flota de Alta Mar es que tampoco estaba en mejores condiciones de zarpar debido al contínuo trasvase de hombres desde sus buques a los submarinos, hecho que les restaba eficacia en todos los parámetros...

Saludos.
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Lutzow »

Gracias Prinz... ¿De dónde los has sacado? Los daba como perdidos tras el backup...

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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Prinzregent »

Los hilos que sigo los suelo guardar para mi. Soy bastante urraca en ese sentido. >:-> >:->
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Lutzow »

¿Copias todos los mensajes de un hilo?... :shock Pues bienvenido sea en este caso... :dpm:

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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Prinzregent »

Acepto un Mortadelo y Filemón firmado por Ibáñez como pago :-B :-B
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Re: Bloqueo y contrabloqueo: la partida decisiva.

Mensaje por Lutzow »

Te pago con la continuación del relato, escribiendo tranquilo sabiendo que tengo a alguien que cuida de él... :-B

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