EL AVIÓN, UN ARMA INSOSPECHADA.

Operaciones aéreas.

Moderador: lonesomeluigi


EL AVIÓN, UN ARMA INSOSPECHADA.

Notapor USAC Molino Payá el Dom 08 Ene 2006 1:06

Hasta 1914 el avión había sido, salvo casos excepcionales y aislados, una máquina de exhibición, de servicio civil o de competición deportiva. Sus progresos se habían contemplado con asombro, como impulsados por el eterno afán de superación humano. Muy pocos pensaban que pudiera convertirse en un arma de guerra, e incluso entre los que así lo creían, la mayoría le concedía posibilidades bélicas muy limitadas.
Se le reconocía al avión aptitud para realizar misiones de reconocimiento, para convertirse en espías aéreos de las líneas enemigas. Pero ¿qué otra cosa podrían hacer en una guerra unos aparatos que sólo volaban a 80 o 120 kilómetros por hora, en el mejor de los casos? ¿Qué proeza militar podrían llevar a cabo, si sólo alcanzaban, cuando más, 3000 metros de altura y tenían tan escasa autonomía? Además, la capacidad de carga de los aviones era muy pequeña. ¿Qué armamento iban a poder transportar si había que estar siempre pendiente de los kilogramos que se le añadían? Y, por otro lado, para volar necesitaban unas condiciones meteorológicas determinadas. Pero la guerra no era así; no admitía tantos condicionamientos. La guerra se daba día y noche, con sol o con nieve, con terrible frío o con agobiante calor. No faltaban, incluso, los que afirmaban que, aunque pudiera llevar alguna clase de ametralladora, el avión no serviría para disparar desde él, pues, al ser un aparato en movimiento, haría imposible que se acertaran los blancos. Y más aun cuando éstos eran también móviles.
Y todos los que así pensaban se equivocaban. El avión demostraría que era una eficaz y poderosa arma de guerra. Eso sí, un arma insospechada aun por la mayoría.
Es cierto que los aviones se habían utilizado ya en la guerra: en la italo-turca, el 23 de octubre de 1911, el capitan italiano Piazza habia hecho un vuelo de reconocimiento de las posiciones turcas de Azizia, en Tripolitania, a bordo de un Blériot. Poco después, los turcos sufrieron los primeros bombardeos.
Pero cuando en 1914 estalló la guerra, los planes militares no tenían apenas en cuenta al avión. Los generales de los dos bandos pensaban conseguir la victoria en unos cuantos meses; se imaginaban que aquella guerra seria algo parecido a la franco-prusiana de 1870/71. Por eso, los encargos de aviones se hacían sin precisiones especiales. Se pedía cierta capacidad de maniobra y que los aparatos fueran capaces de llevar a cabo operaciones de reconocimiento para el Ejército y la Marina. No es de extrañar, pues, que la normalización de los modelos y de los repuestos fuera muy rudimentaria, prácticamente inexistente.
Sin embargo, si desde la Grande Semaine de Reims, en 1909, los aviones habían progresado muchísimo con miras deportivas, y estimulados los constructores y pilotos por numerosos premios, en adelante no había motivo para que no siguieran progresando. Y el estimulo de la guerra no tenia por qué resultar menos poderoso. Pero fueron muy pocos los que se hicieron esos razonamientos.
Resultado del menosprecio por el avión fue que no se organizaron unas fuerzas aéreas eficientes. Como los mandos superiores desdeñaban la nueva arma, no había en el incipiente Ejército del Aire altos mandos y apenas los había intermedios. Lo único que se hizo fue ascender un poco a los capitanes y comandantes de esa recién nacida ala militar. Aquellos capitanes y comandantes conocían muy bien cual era su labor, pero no tenían la formación necesaria para utilizar plenamente su autoridad. Ni siquiera tenían posibilidades de tratar de igual a igual a los otros de la misma graduación que militaban en el Ejército de Tierra o en la Marina y que, supuestamente, eran sus iguales. La verdad es que el Ejército del Aire estaba subordinado a todas las fuerzas combatientes del género tradicional.
Incluso dentro de la Aviación eran numerosos los nuevos comandantes que tampoco le veían gran futuro al avión como arma de guerra. Las pruebas y los experimentos para adaptarle ametralladoras que se habían hecho antes del comienzo del conflicto habían quedado algo estancados y eso mitigaba el entusiasmo de algunos partidarios.
El problema principal era conseguir que la ametralladora disparase a través de la hélice cuando ésta era tractora.

Continuará....

Fuente: Sarpe Mr.
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