16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Historia Militar de todas las épocas en las que directamente ha intervenido dichos países. Hasta el 2006.

Moderadores: Miguel Villalba, Mod.Aux.2


16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor yuqui el Mar 13 Jul 2010 16:09

como están amigos del foro bueno hace tiempo puse un artículo que pille en la revista de medicina sobre las armas bacteriológicas (Cólera) que pretendía utilizar el ejército Boliviano en la Guerra del chaco, ahora en un justo homenaje a mis dos abuelos el Cab. José Vargas Forteza y al Cap. De Artillería Francisco Pedraza que combatieron en la guerra del chaco es que ahora escribo este articulo sobre quien causo la guerra del Chaco y el incidente de laguna Chuquisaca, ya que mis respectivos abuelos formaron parte de la compañía MOSCOSO que pertenecían al gran y glorioso regimiento “LANZA” 5 de caballería ellos fueron los que ocuparon el gran lago como era llamado en el Estado Mayor, y este 16 de julio se conmemora un año mas de esa batalla en que pocos soldados Bolivianos combatieron durante mas de 6 horas contra un enemigo superior( lastimosamente en la mente del pueblo todo queda olvidado), por eso hago este pequeño homenaje para que todos vean que esta guerra tuvo responsables y que lastimosamente la historia los ha ocultado, yo con esto no quiero ser juez ni fiscal ya que no es parte del historiador culpar a las personas y peor aun si estas ya no están y no pueden defenderse, lo único que quiero es que al final cuando se cumplan los 100 años de terminada las hostilidades por lo menos se reconozcan quienes fueron los que nos llevaron a la guerra ya sea por buscar gloria o por algún error humano o falta de conocimiento, la historia ya sea de lado Boliviano o Paraguayo, tiene que reconocer a las personas que nos llevaron a esto, para que futuras generaciones aprendan que es mejor vivir en mancomunidad y amistad, que en guerra y enemistad.
Así mismo será un gran homenaje a todos aquellos soldados Bolivianos y Paraguayos que nunca mas regresaron a sus casas, dejando a sus seres queridos con esa angustia de saber donde están, ese caso es para el hermano menor de mi abuelo Francisco que murió en la batalla de NANAWA y nunca mas volvió, tan solo su madre y familiares dejaron flores en una tumba vacía, hasta hoy en día seguimos dejando flores en una tumba vacía.
Gloria a aquellos valientes hombres que sin odio ni rencor pelearon por lo que creyeron eran causas justas.
Como Primera parte se pondrá el capitulo numero dos del magnifico libro MASAMACLAY del escritor e historiador Boliviano Roberto Querejazu Calvo (Editorial JUVENTUD 7ma edición La Paz Bolivia) que murió en el 2006 a los 93 años de edad, a consecuencias del cáncer de estomago, siempre lloramos a un hombre valiente que dio 3 años de su vida al servicio de la patria y que lastimosamente ahora como muchos otros anónimos están desapareciendo.
Como segunda parte pondré los capítulos II, III, IV, V y VI del libro ACLARACIONES HISTORICAS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO de Roberto Querejazu Calvo (editorial JUVENTUD 3ra edición La Paz Bolivia)
Como tercera parte pondré el Capitulo II del libro BOQUERON 1932 tomo I (editorial la RAZON 4ta edición La Paz Bolivia) del magnifico escritor e historiador militar General Luis Fernando Sánchez Guzmán.
Como una simple aclaración en otros foros especialmente en YOUTUBE he visto como algunos ciudadanos paraguayos humillan y denigran al Soldado Boliviano y también vemos como Bolivianos tienen palabras que no se pueden reproducir para sus similares del Paraguay, yo soy honesto Santa Cruz ciudad es hija de Asunción por que de allí salió la expedición del Cap. Ñuflo de Chávez que fundo Santa Cruz, es decir quizás algunos se enojen o estarán en desacuerdo con migo sobre lo expuesto, pero Santa Cruz tiene mas afinidad con el Paraguay que con la misma Bolivia, pero por casualidades del destino nos toco vivir separados y luchar por los ideales y estupideces de otras personas.
Este reclamo lo hago por que duele ver que por algunos utilicen un pasaje horrible y hermoso de dos países hermanos para seguir alimentando el odio racial sobre nosotros mismos, cuando nacemos somos iguales y cuando morimos somos iguales, al final del polvo somos y al polvo volveremos.
Espero que lo lean y que saquen sus conclusiones y sus análisis sobre quien comenzó la guerra del chaco, los interesados pueden escribirme a mi correo y les podre facilitar una copia en digital del libro MASAMACLAY y ACLARACIONES HISTORICAS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO de Roberto Querejazu Calvo y BOQUERON 1932 TOMO I del General Luis Fernando Sánchez Guzmán recordando que esas copias son tan solo para dar a conocer los libros y realizar investigaciones y no son comerciales, si alguno desea el original con mucho gusto podría ayudarlos a conseguir los libros en cuestión, sin mas me despido deseándoles todo lo mejor a todos los amigos del foro y gracias por todo.
Para no hacerlo muy cansador pondré esta primera parte por etapas, aquí esta la primera etapa: 1.- Nubes de tormentas. 2.- El plan de Penetración y 3.- Agua en el desierto.
Los otros 3 quedan para una próxima etapa.
Alex Pedraza Vargas
Ing. Industrial y Teniente de Artillería R.A 5 “Cap. Vergara”
Correo: lamento_yuqui@hotmail.com

CAPITULO II
SANGRE EN LA LAGUNA
1.- Nubes de Tormenta. 2.- El plan de Penetración. 3- Agua en el desierto. 4- Cautela civil e imprudencia militar. 5.- Los primeros muertos de la guerra. 6.- El combate del 16 de julio.
“En las ramas de olivo se marchitaron muy pronto las hojas. Sus tallos secos Adquirieron el aspecto de espadas.”
1.- NUBES DE TORMENTA.
En el laberinto del Chaco patrullas avanzaron en uno y otro sentido observando celosamente los movimientos del contrario. De tarde en tarde, la calma impasible del bosque fue turbada con latigazos de fuego de fusiles y ametralladoras. Las arenas resecas bebieron ávidamente la sangre Boliviana del dragoneante Fernández, Cipriano Escobar, Elías Otasio y Juan Lara y la paraguaya de Juan Sandoval, Florencio Duarte y Ramón Franco.
Las cancillerías de La Paz y Asunción se culparon recíprocamente. La alarma volvió a cundir en el continente.
La “Uneted Press” pidió noticias a la legación Boliviana en Washington y esta dio a la publicidad un comunicado: “Bolivia permanece absolutamente tranquila y consagro su actual gobierno a reducir los gastos de su presupuesto anual, introduciendo considerables economías en los efectivos del ejercito, a la vez que el Paraguay acaba de contratar una misión militar argentina y acaba de recibir, procedentes de Italia, dos cañoneras que han zarpado de Asunción con rumbo al norte”.
La legación paraguaya en la misma capital respondió inmediatamente: “Es extraña la relación dada esta mañana por la legación Boliviana… La referencia de reducción de sus gastos militares… no es atribuible a ningún pacifismo del gobierno Boliviano, sino a ciertas dificultades financieras bien conocidas en los círculos financieros americanos, derivados de enormes contratos sobre armamentos hechos con anterioridad en Europa… Por su parte, si el Paraguay moderniza su armamento lo esta haciendo sin comprometerse en deudas abrumadoras, sin pedir prestado un solo centavo… sin declararse en mora en sus obligaciones… Respecto a las cañoneras que han ido aguas arriba en el rio Paraguay, como en cualquier parte, no son adornos que deban permanecer quietos en el puerto, sino instrumentos de vigilancia”.
Bolivia reclamo en Asunción contra los “términos inamistosos” de la rectificación pidiendo se desautorice a su autor. Caso contrario “se verían en la ineludible necesidad de suspender relaciones diplomáticas”. El ministro de Relaciones Exteriores Paraguayo repuso: “Lamento que el gobierno de Bolivia haya acompañado el pedido de desautorización de un funcionario Paraguayo con una amenaza… El gobierno Paraguayo no puede deferir a la reclamación…”.
El presidente Salamanca reunió en su despacho a los ex presidentes Montes y Saavedra, a los presidentes de las Cámaras de Senadores y Diputados, al canciller dimitente Daniel Sánchez Bustamante y al canciller interino Bailon Mercado. Se decidió sobre tablas la suspensión de relaciones diplomáticas con el Paraguay. El canciller mercado redacto el cable con las instrucciones pertinentes para el ministro de Bolivia en Asunción. El día siguiente, el gobierno, después de meditar mejor sobre las consecuencias del paso dado, remitió un nuevo cable anulando el anterior. Resulto tarde. El ministro Luis Fernando Guachalla había cumplido de inmediato la orden del primer mensaje, aun siendo domingo, por haberla recibido mediante cable abierto, es decir, no cifrado y suponer por esta circunstancia que se trataba de una orden perentoria y, además que era ya conocida por el gobierno Paraguayo.
Las relaciones diplomáticas resultaron suspendidas. El ministro Guachalla que pidió sus pasaportes califico el incidente de una “tempestad en un vaso de agua”. Era mucho más que eso. Ero la demostración del estado de excitación, de nerviosismo, de animosidad que había crecido entre ambos países.
“El gobierno consagro a reducir los gastos del presupuesto… introduciendo considerables economías en los efectivos del ejercito…” era el gobierno el gobierno de don DANIEL SALAMANCA. Hacia cuatro meses que asumió el poder.
Daniel Salamanca llegaba a la cumbre de su carrera política después de treinta años de continuo batallar en la oposición a los gobiernos que se sucedieron desde 1900. Para llegar a la primera magistratura de la nación había seguido una inquebrantable línea recta, que en política es la más larga.
Contaba entonces con 63 años. Había nacido en 1868, en la ciudad de Cochabamba. Su carácter se formo en el ambiente rural del valle. Luego de titularse de abogado y ejercer por algún tiempo el cargo de profesor del tercer curso de la Facultad de Derecho , ingreso a la política en 1900 al ser elegido diputado por su ciudad natal. En el correr de los años fue diputado y senador tanto por Cochabamba, como por Oruro y La Paz.
Nunca en el parlamento Boliviano se conoció un congresal más puntual. Jamás llegaba tarde a las sesiones y si estaba en La Paz no faltaba a ninguna de ellas. Permanecía en su curul desde el principio hasta el final de cada reunión.
Fue en el parlamento que su magra figura creció hasta alcanzar relieve nacional y convertirse en el implacable catón de los gobiernos liberales y del Saavedrismo y Silista que siguieron a aquellos. Como a Marco Porcio Catón podría definírsele de “varón bueno, perrito en el decir”.
Jamás gozo de buena salud. Una estenosis al píloro, que le producía agudos dolores y lo obligaba a una dieta rigurosa, fue el silicio de toda su vida. Viajo dos veces a Europa para hacerse observar con especialistas y en la segunda ocasión se sometió a una operación, pero sin resultado favorable. Su enfermedad continúo martirizándolo hasta el final de sus días.
Su mal fisiológico resulto un factor importante en el delineamiento de su carácter. Físicamente era de “estatura un poco inferior a la media común en el país” (DA). Delgado un tanto agachado, tez morena, rostro afilado, ojos pequeños y acerados, nariz fina, labios delgados. Vestía siempre traje oscuro. “Jamás estallo en sus labios la estridencia de una carcajada y muy pocas veces, poquísimas, se dibujo en su rostro una sonrisa” (DA). Era taciturno y amigo de la soledad. “¡Oh soledad gratísima! Debo a la soledad, al olvido y al sueño los momentos mas gratos de mi existencia”--- se lee en una colección de sus pensamientos. “Se mantenía siempre a prudente distancia de las gentes”. “Pasar desapercibido en la calle o en una reunión le proporcionaba un verdadero deleite” (DA). Su pasión era el estudio, en el que le ayudaba una prodigiosa memoria. Sus únicos vicios el café y el cigarrillo de tabaco fuerte. “Poseía un noble y grande orgullo. De concepción mas absoluta, el orgullo intelectual”. (DA). Más no hacia ostentación de su superioridad. Orgullo y modestia convivían perfectamente en su espíritu. Anoto en su colección de pensamientos: “La modestia no consiste precisamente en la ignorancia de los propios meritos, sino en estimarlos como naturales e insuficientes, para edificar sobre ellos el orgullo”. Era de maneras suaves y educadas. “Pulcro en todas sus actitudes” (DA). “La conversación con el era muy difícil a causa de su habitual estado de concentración espiritual” (DC). “Llegaba a la avaricia en la expresión de sus ideas” (DM). “Se mantenía casi siempre a la defensiva y entraba en debate como forzado a ello” (DC). “Pero cuando ingresaba en una conversación, participaba en ella sin regateos” (DA). Alcides Arguedas dijo de el: “Varón de veras, austero, de aire reservado, de palidez y de magrura acentuadas que delatan en el a un hombre de estudio y meditación maltratado por la vida sedentaria. La palabra elegante, ceñida académica…. Es el hombre esfinge que impone respeto por su cortesía calculada, su palabra comedida, su trato circunspecto… Un hombre viejo, taciturno, cerrado en su escritorio, doblado sobre su silla, con los pies envueltos en una manta de viaje, el cigarrillo pegado a los dedos flacos. No quiere ver ni hablar a nadie no hablar con nadie. Severo, mudo, concentrado, día y noche va rumiando sus pensamientos y no permite que se abra ninguna puerta ni ventana para que no se provoque la menor corriente de aire. ¿Amigos? No tiene a nadie. ¿Consejeros? De nadie acepta consejos. ¿Confidentes? El solo y no confía sino en el mismo… Era en el país una especie de símbolo. Representaba la honradez sin tacha, la honestidad de pensamiento, la altura de concepción, el desinterés sumo. En momentos de crisis y de angustia institucional, cuando todo parecía naufragar y hundirse, se volvía los ojos a el como al solo punto de salvación. Y era el faro de las conciencias atormentadas por los males de la patria, el refugio de todos los sedientos de justicia, libertad, seguridad… Salamanca conoció como nadie… el fervor alucinante de las muchedumbres… Es con este taumaturgo que Bolivia ha corrido la más peligrosa de sus aventuras, ha conocido la más tremenda de sus desdichas.
El señor Salamanca ha descrito la posición en que se encontró a poco de asumir el mando supremo de la república: “Por un exceso de ingenuidad el gobierno no tuvo mayoría en el congreso y quedo abandonado a los entendimientos de los liberales y los personalistas que, unidos formaban mayoría. El gobierno, aunque emanaba de una fuerza nacional incontestable, quedaba sin poder en el Parlamento, y por esto mismo, reducido a la esterilidad. El desarrollo ulterior de los acontecimientos fue una consecuencia de este antecedente. El ejecutivo no podía desarrollar su política, y no solo se hallo sitiado por el Congreso sino repetidas veces en trance de renunciar. Estos antecedentes establecen con claridad suficiente la situación en que nacía el gobierno en marzo de 1931, y las dificultades, los tropiezos, las restricciones y los peligros que había de desenvolverse, o más bien arrastrarse penosamente. Los enemigos políticos del gobierno, aunque aliados a el para acercarse al poder, tomaron sus posiciones y medidas para restringirlo y maniatarlo. El conjunto de los acontecimientos políticos de esa administración, a través de todas las apariencias tiene el aspecto de una oscura venganza, largo tiempo buscada y copiosamente aprovechada, con fruición indecible.
Comenta su biógrafo, señor David Alvestegui: “La vida de Salamanca en el palacio de gobierno de La Paz, era la continuación llana de la simplicidad de la existencia que hizo de el un asceta laico… Los domingos se permitía largos paseos matinales en automóvil y de preferencia al Altiplano, casi siempre descendía del vehículo y gozaba de pequeñas y pausadas caminatas… Sus hijas lo acompañaban invariablemente… Completaba el descanso hebdomadario la visita infaltable, en horas de la tarde , de Franz Tamayo, en cuya compañía consumía las horas de ese reposo espiritual, discurriendo sobre temas del mas variado matiz, pero, eso, si ajenos a la política domestica”.
Los problemas capitales que el señor Salamanca encontró como gobernante eran dos: el pauperismo fiscal y el Chaco.
La economía Boliviana encadenada a la cotización del estaño, sufría los efectos de la crisis económica mundial. En 1928 se habían exportado 42.000 toneladas de barrilla que dieron un rendimiento de 89 millones de bolivianos al erario nacional. En 1931 solo se pudo exportar 31.000 toneladas que proporcionaron 48 millones al Tesoro Nacional. Se tuvo que atender la deuda pública con préstamos del Banco Central y Banco Mercantil. Los sueldos de los empleados públicos sufrieron retrasos de varios meses en su pago. El ministro de Finanzas propuso el aumento del circulante pero choco con la terminante oposición del Banco Central. La suspensión del patrón oro en Inglaterra y el colapso de la libra esterlina, agravaron la situación. El Banco Central tenia el cincuenta por ciento de sus reservas en moneda inglesa, se tuvo que seguir el ejemplo Británico, suspendiendo la convertibilidad del billete boliviano a oro. El presupuesto de ingresos y egresos para 1932 se lo aprobó con una reducción del 10% con relación al de 1931. Los ingresos se calcularon en apenas 25 millones y medio de bolivianos. “El erario nacional—comento el diario “La Razón”—se debate en la mas espantosa miseria, con fuertes deudas dentro y fuera de la república, con las fuentes de ingreso en constante disminución. El gobierno ha emprendido una política de la mas estricta honradez, al extremo de que Salamanca gasta de su dinero particular en banquetes oficiales y los ministros no tienen chofer ni gasolina para sus autos”.
2.- EL PLAN DE PENETRACIÓN
El propósito del nuevo mandatario era “prestar especial atención a la cuestión del chaco. Iba en ello no solo la honra, sino el supremo interés del porvenir de Bolivia, tanto para asegurar sus territorios del Sudeste, constantemente usurpados, como para abrirse una salida al Plata” (DS).
En 1908, como senador de Cochabamba, Salamanca interpelo al ministro de Relaciones Exteriores por el “gravísimo error” cometido pro el Ejecutivo al aprobar el Protocolo PINILLA-SOLER. En 1927, a raíz de un choque de patrullas en el Fortín SORPRESA, publico un articulo en que afirmaba: “El Paraguay es un pequeño país que abusa ahora de nuestra cuasi imposibilidad de llegar al Chaco con nuestras fuerzas. Lo que debe hacer Bolivia para discutir la cuestión de límites con el Paraguay. Es decir, presentarse allí con la posibilidad de trasladar a esa región nuestras fuerzas militares para un caso de conflicto… Así el Paraguay se mostrara más tratable… Los catorce millones de dólares del ultimo empréstito deben destinarse íntegramente a la construcción económica de un ferrocarril que penetrase al Chaco…”. Hemos visto como en 1928, al ser consultado por el gobierno de Siles a raíz del ataque paraguayo a Vanguardia y represalia boliviana contra Boquerón, el señor Salamanca opino porque se mantuviese la presión militar para alcanzar de una vez por toda la definición del viejo pleito.
En 1931, su idea de que el país se presentase en el Chaco era más cautelosa. En carta al comandante de la cuarta división del ejercito que guarnecía el Chaco, coronel Francisco Peña, manifestó: “Con relación a los terrenos disputables, me parece que en Muñoz estamos muy al Sur, algo alejados de nuestro objetivo inmediato. Deberíamos situar el núcleo de nuestras fuerzas más cerca de Toledo y, si fuese posible, fortificar el asiento del comando. Salvo naturalmente el mejor parecer de los técnicos, me parece que lo principal por ahora para nosotros, no es avanzar hacia Asunción sino oponer una barrera infranqueable al avance paraguayo. Es lastima que no tenemos dinero, ni para mandar al mercado, como se suele decir. Si lo tuviéramos creo que nuestros proyectos marcharían con gran rapidez y eficiencia. A pesar de estas dificultades espero que poniendo nuestra voluntad, avanzaremos algo” (DA).
Es mismo año en mensaje al Congreso el presidente declaro: “Basta una ojeada a la situación financiera, para comprender que seria una locura de nuestra parte el provocar perturbaciones internacionales de carácter bélico”. Consecuente con esta idea, la cancillería boliviana invito al Paraguay, por intermedio de la Comisión de Neutrales, a suscribir un pacto de no agresión. Al proyecto boliviano el gobierno paraguayo opuso un contraproyecto, las negociaciones entraron en un impase.
Un informe del Estado Mayor dio cuenta de que la soberanía boliviana en el Sudeste estaba embotellada cerca del rio Pilcomayo, cerrada por fortines paraguayos, y en el Oriente, en las proximidades del rio Paraguay, empantanada en los bañados permanentes del Otuquis, empotrada en una lengua de lodo y cortada por los fortines paraguayos Galpón Patria y Bahía Negra. Lo imperativo, era enlazar ambas alas con una serie de puestos bolivianos, colocados frente a frente de los paraguayos, de manera que sirviesen de cadena de contención a sus avances.
Salamanca llamo a consulta a las figuras más notables de la nación y quedo acordado un plan de penetración. La falta de recursos impulso al presidente a pedir un préstamo al millonario boliviano Simón I. Patiño, residente en Paris. Le escribió el 10 de agosto de 1931: “La situación económica de Bolivia, lejos de aclararse va oscureciéndose en un grado peligroso… Una desgraciada complicación en estos momentos existe con el Paraguay… Por el momento me parece que el peligro de un conflicto esta alejado… pero vamos imprimiendo un fuerte impulso a nuestra penetración en el Chaco… Lo que paraliza nuestro esfuerzo es la falta de dinero. Todas las demoras que hemos sufrido, así como la pequeñez de nuestras fuerzas militares en aquella región, se deben a nuestra suma pobreza… La situación me obliga a acudir a su patriotismo, sobreponiéndome al disgusto que me causa tener que molestarlo… Pido su ayuda para conservar, para defender y para dominar el Chaco y para incorporarlo a la soberanía de Bolivia, hasta donde sea posible tener éxito en esta empresa… Creo que el total puede calcularse en un máximum de medio millón de pesos bolivianos… Mucho agradeceré que me anticipe su respuesta por cable con la palabra posible o imposible”. Don Simón Patiño facilito 25.000 libras esterlinas. El presidente Salamanca volvió a escribirle: “EL préstamo acordado por usted será aplicado a satisfacer los gastos extraordinarios ocasionados por nuestra acción en el Chaco. No se trata de disputar los territorios usurpados por el Paraguay, respecto a los cuales guardamos una rigurosa prudencia para evitar conflicto. Es así que nosotros mismos hemos propuesto un pacto de no agresión… Nuestra posición se reduce a la rápida y efectiva ocupación de las regiones todavía desiertas, a fin de incorporarlas a nuestra soberanía, adelantándonos a la ocupación Paraguaya… El gobierno no desea ni puede desear una guerra que por ahora seria insensata. Deseo aprovechar la paz para asentar el dominio boliviano en el Chaco”.
“Con trabajo, sudor y lagrimas”, como dijese el cronista de las expediciones jesuíticas de siglos antes en la misma región, jefes, oficiales y conscriptos del ejercito, fueron jalonando la soberanía boliviana en aquellas tierras desiertas. El general Federico Román, el Teniente Coronel Ángel Ayoroa, el Teniente Coronel Felipe M. Rivera, el Mayor Eulogio Ruiz, el Mayor Alfredo Rivas, el Capitán Víctor Ustárez y otros héroes anónimos abrieron sendas y caminos y fundaron fortines. Al lado de aquellos jefes figuraron varios oficiales jóvenes como Germán Busch, Antenor Ichazo, Jorge Vidal, Armando y José Pinto.
Por el Norte, Ayoroa, partiendo de Robore y pasando por Ravelo, llego al rio de los Timanes donde fundo el Fortín Ingavi. De allí penetro a la serranía de los Zamucos en la que estableció el Fortín aroma y algo más al Sr, Florida. Al centro, el general Román salió de Charagua y avanzo al Oriente hasta hacer el importante descubrimiento de laguna 27 de Noviembre, que permitió la fundación posterior de Picuiba, en el Sur, gracias principalmente al coraje de Ustárez y Rivas, los fortines bolivianos subían desde el rio Pilcomayo hasta los puestos Yucra y Ramírez que hacían centinela cerca de Boquerón. Frente a la peligrosa entrante formada por los fortines paraguayos Toledo y Corrales, se construyeron los fortines Fernández, Loa, Bolívar, y más arriba, Camacho.
Faltaba únicamente cubrir el claro existente en el centro estableciendo contacto desde Camacho con las unidades de la Tercera División que venían descendiendo del Norte. Un telegrama del Estado Mayor en La Paz al comandante de la Cuarta División en Fortín Muñoz, impartió estas instrucciones: “Presidencia de la República ordena unir Fortín Camacho con Baptista, sírvase ordenar expedición provista de elementos y recursos suficientes, garantizando medidas precaución para no perder contacto con Fortín Camacho y Loa y evitar extravíos, Cometido de gran aliento necesita extrema atención y esforzado apoyo Cuarta División para coronar éxito dentro máxima circunspección y evitar provocaciones puestos paraguayos posible pudieran encontrarse dirección avance. Osorio”.
La misión le fue encomendada al Capitán Ustárez, el explorador más hábil del ejército. Era abril de 1932. Durante 20 días, el bravo capitán recorrió 200 kilómetros en un sentido y en otro, sin saber haber podido establecer el anhelado enlace.
3.- ¡AGUA EN EL DESIERTO ¡
El 25 del mismo mes partió un avión piloteado por el mayor Jorge Jordán y que llevaba como observador al mayor Oscar Moscoso, para buscar al capitán Ustárez del que no se tenían noticias desde hacia 6 días. “Después de una hora de vuelo—relata Moscoso—divise a la derecha de nuestra ruta una mancha de agua… Diez minutos después volábamos sobre una enorme laguna que en parte tenia vegetación de donde había millares de aves acuáticas… su superficie era de varios Kilómetros. En la orilla vimos terreno despejado… donde se levantaban alguna construcciones de barro y paja y corrales cercados, dando todo esto el aspecto de un Fortín”.
En su informe al Estado Mayor, Jorge Jordán explico que no había manifestaciones de vida en las construcciones, “lo que hacia suponer que estaban abandonadas”.
La noticia de haberse descubierto un lago, entusiasmo a los exploradores. ¡Agua en el corazón del desierto¡La posesión de esa laguna seria la solución providencia al obstáculo mas grave con que tropezaba el ejercito en su misión.
El jefe del Estado Mayor, general Filiberto Osorio, llevo la noticia del descubrimiento al presidente de la república. Se resolvió ordenar una expedición para descifrar el misterio de los galpones vacios. “Convine en ello—explica don Daniel Salamanca mas tarde—en el supuesto, cien veces repetido, de que en ningún caso se provocaría un conflicto, ni siquiera en rozamiento con fuerzas paraguayas”. A los 6 días llego la respuesta: “Regimiento Loa envió a teniente Eduardo, para ocupación Gran Lago… Ultima exploración Ustárez sobrepaso Gran Lago no habiendo podido encontrar indicado punto”.
El teniente Víctor Eduardo tampoco lo encontró. Las placidas aguas del lago trataban de esquivar su trágico destino.
El 21 de abril, el Estado Mayor General radiografió al comando de la Cuarta División: “Últimos acuerdos en negociaciones Washington Neutrales presionaron países litigantes consignación urgente y precisa posiciones mas avanzadas Chaco. Dicho objeto imponerse urgentísima ocupación Laguna Grande…”.
El tercer intento le fue encomendado al mayor Moscoso. “El 25 de mayo de 1932—dice la continuación de su relato—Con los tenientes Ulises Pereira, José Mercado y Jorge Valdés y 25 soldados del regimiento “Lanza”, nos internamos en el campo de la Desolación… Después de 20 días de penosa marcha en el bosque, llegamos con toda suerte exactamente al extremo Oeste de nuestro objetivo. La orden de ocupar fue reiterada por el Estado Mayor… Ocupar quiere decir tomar posesión… A medianoche del 14 al 15 de junio, salimos del campamento y orillando el Gran Lago llegamos al Fortín Paraguayo. Dos exploradores entraron comprobando que había muy pocos soldados que dormían profundamente. Pensamos entrar en los dormitorios, y sorprenderlos en sus mosquiteros, pero pronto comenzaron a hablar y sentimos que se levantaban… Cuando vi un grupo que tomaba desayuno o se repartía víveres, di la señal convenida, un tiro de revolver, y nos lanzamos contra el. No pudimos capturar a las paraguayos, como nos proponíamos, porque entre los arboles del pequeño patio del Fortín estaban amarradas, para secar y estirarse, lonjas de cuero de res, con las que tropezamos, cayendo algunos al suelo. Mis soldados, nerviosos y viendo que los paraguayos se internaban al bosque, comenzaron a disparar sus fusiles, por lo que ordene cesar el fuego… No hubo ningún muerto ni herido… Antes de las 8 de la mañana salió un estafeta en dirección a Camacho llevando un informe de todo lo ocurrido”.
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor Felix_Feito el Mar 13 Jul 2010 23:26

Este hilo tiene muy buena pinta, y es un tema poco conocido(a este lado del charco). lo seguiré con interés, sigue así compañero!!
¡Pero no dispares más, hombre, que le vas a dar a alguien!

Dicho desde una trinchera republicana a otra nacional. Y pararon...

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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor Oberst el Mié 14 Jul 2010 0:11

Vas bien amigo, espero los relatos posteriores y conocer estos hechos que son tan poco conocidos para la mayoria. Saludos.
No hay manera honorable de matar,
no hay manera gentil de destruir,
no hay nada bueno en la guerra, excepto que acaba.
Abraham Lincoln

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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor cañaytapa el Mié 14 Jul 2010 14:08

buen trabajo yuqui... lo seguiré con atención.
"El ajedrez es muy complicado" (Napoleón Bonaparte)
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor Ditirambo el Mié 14 Jul 2010 23:56

Muy buen enfoque, ya que el tema se había abordado de forma más general en un hilo de la Guerra del Chaco y en otro sobre la Batalla de Boquerón, el tema del agua es kafkaiano, el igual que imaginar la falta de previsión logística y de conocimiento del terreno que significó el sufrimiento de su escasez.
Cuando dos hombres desean la misma cosa que no pueden gozar juntos, se convierten en enemigos.
...El hombre es el lobo del hombre...

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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor yuqui el Vie 16 Jul 2010 14:01

como estan amigos aqui esta la segunda parte del capitulo dos de Masamaclay y el capitulo 2 de Aclaraciones Historicas sobre la Guerra del Chaco.
4.- CAUTELA CIVIL E IMPRUDENCIA MILITAR.
El presidente Salamanca se encontraba en su despacho con el coronel Ferrufino y el doctor Joaquín Espada, cuando el general Osorio le llevo el telegrama que acababa de recibir del comando de la Cuarta División: “Día 15 de junio, mayor Moscoso ocupo Gran Lago… a presencia de nuestras tropas 10 Paraguayos huyeron… comunicaciones encontradas indican ser Fortín Carlos López. Se sabe núcleo fuerzas enemigas hallase Campo Esperanza. Enviose inmediatamente sección infantería de 30 hombres con dos ametralladoras livianas y una ametralladora pesada. Ordenose regimiento Lanza que toda tropa antigua viaje en camiones hasta Camacho con abundante agua, de donde continuaran marcha a pie hasta Gran lago”.
La lectura de este mensaje dejo anonadado al primer mandatario. “Fue como un rayo inesperado” (DS). Un presentimiento funesto inundo su espíritu. Había recomendado una y otra vez que las exploraciones dentro del plan de penetración se hiciesen evitando el menor incidente con fuerzas Paraguayas. Lo ocurrido en la laguna podía echar por tierra toda la labor que tan paciente y corajudamente se venia realizando. Caso contrario podrían sobrevenir consecuencias gravísimas para el país. Si Bolivia había propuesto un pacto de no agresión, no podía ahora dar a su contrario un motivo para ser acusado de país agresor. La situación de penuria económica obliga a una política cuidadosa, evitando toda aventura bélica.
El general Osorio insistió sobre la conveniencia de que primero se hiciese una investigación. El Fortín paraguayo podía estar en la margen oriental del lago y Bolivia podía posesionarse en la margen occidental.
--Muy Bien, señor general--- ordeno el Presidente—disponga usted, que se haga una investigación, pero sin perjuicio de dar sin tardanza la orden de desocupación del Fortín que ha tomado Moscoso” (DS).
El general volvió a sus oficinas y remetió inmediatamente un telegrama: “Caso comisión Moscoso hubiese ocupado edificaciones paraguayas… urgente abandonarlas de inmediato y establecer cautelosamente margen opuesta… En ningún caso conviene provocar encuentros ni ser agresores. Situación puede crear serias dificultades perjudicando negociaciones Washington”. Al mismo tiempo y a espalda del Presidente de la República, el general Osorio dirigió otro telegrama al coronel Enrique Peñaranda, comandante interino de la Cuarta División con asiento en Muñoz, instruyéndole representar la orden presidencial. El coronel Peñaranda cumplió tal instrucción y respondió oficialmente usando el texto que le sugirió su superior: “Respetuosamente represento que abandono Gran Lago… veríamos privados en absoluto de agua. Su orden posesionarse orilla Oeste cumpliose, manifestando que a edificios ligeros y recientes paraguayos distan apenas 600 metros situados en orilla Este. Ubicándonos Sudoeste Gran Lago veríamos obligados retirarnos por carencia de agua. Si queremos continuar avance hacia Norte es forzoso ocupar Santa Cruz”. Se había dado el nombre de Mariscal Santa Cruz al Fortín que se construía y Laguna Chuquisaca al lago.
El mayor Moscoso no fue informado de la orden presidencial. El primer mensaje que recibió del coronel Peñaranda le decía: “Estudie si convendría destruir las edificaciones paraguayas… construyendo en su lugar edificaciones que puedan demostrar nuestra ocupación anterior”. Cuatro días mas tarde, recibió otra comunicación del mismo jefe, que se conserven las edificaciones paraguayas, pero que el viese en el terreno si convenía o no conservarlas, teniendo en cuenta las posibles reclamaciones diplomáticas y si su reconquista por los paraguayos dificultaría el aprovisionamiento de agua para las tropas bolivianas.
Ante la representación enviada por el coronel Peñaranda y a Instancia del presidente Salamanca, el Estado Mayor pidió una aclaración sobre la exacta ubicación de las edificaciones paraguayas y el punto ocupado por el mayor Moscoso y sus tropas.
Por las comunicaciones y el croquis remitido por Moscoso y por dos vuelos efectuados por el mayor Jordán, el coronel Peñaranda sabia que el campamento Boliviano se encontraba al Noroeste de la laguna, apenas a 600 metros de las edificaciones paraguayas destruidas. Sin embargo, en si inmediata respuesta al Estado Mayor expreso: “Edificaciones paraguayas hallan se ubicadas orilla oriental Gran Lago. Mayor Moscoso ocupa orilla Occidental con relación edificaciones”. El error consignado deliberadamente en este mensaje iba a provocar el primer paso hacia el abismo.
Don Daniel Salamanca no había podido recobrar la calma desde que supo la noticia del incidente del 15 de junio. Los días siguientes llamo a conferencias al ministro de Relaciones Exteriores, al Ministro de Guerra y al jefe de Estado Mayor, para estudiar el asunto a fondo. En la primera reunión, el canciller Juan María Zalles, el ministro interino de Guerra, doctor Enrique Hertzog, y el general Osorio, “sostuvieron la tesis de que convenía conservar el Fortín a toda costa” (DS). El presidente reitero su opinión en sentido contrario. “La ocupación del Fortín paraguayo traería la guerra según toda posibilidad. Seria inverosímil esperar que el Paraguay se resignase a la inacción y al silencio. Por otra parte, la posesión del lago tendría que ser débil, a causa de su alejamiento y todavía se corría el peligro de ser vergonzosamente desalojados de el por los paraguayos” (DS). En dos reuniones posteriores, a las que asistió el señor Zalles, el presidente reitero su argumentación: “El Dr. Hertzog acabo por guardar silencio” (DS).
Días después, el presidente leía el último mensaje del coronel Peñaranda. Su ánimo había comenzado a vacilar ante la opinión unánime de las personas consultadas. El Fortín paraguayo en el Este y Moscoso en el Oeste, separados por las aguas del lago. En esas circunstancias tal vez no existían los peligros con que su imaginación atormentaba su espíritu. Tal vez convendría seguir el consejo del Estado Mayor. Sabía que su actitud medrosa era comentada burlonamente por los jefes Militares (DS). Acaso estaba cometiendo un error al oponerse a la posesión del Gran Lago. ¿Tenia el derecho a privar al ejercito de aquel “oasis de milagro” por un temor tal vez infundado? ¿No podría ser más bien el lago un límite arcifinio de las soberanías bolivianas y paraguaya, en el corazón de la selva? ¡Que sea la voluntad de estos señores!
El Estado Mayor despacho la orden fatal: “MOSCOSO DEBE MANTENERSE EN LA ORILLA OCCIDENTAL…”.
5.- LOS PRIMEROS MUERTOS DE LA GUERRA.
Los alrededores de la Laguna Pitiantuta habían sido campo de lucha de las tribus chaqueñas que se disputaron la posesión de sus aguas durante generaciones. El general ruso Juan Belaieff, ex oficial de la Guardia Imperial del Zar Nicolás II, en sus extensas exploraciones del chaco al servicio del Paraguay, supo de su existencia por noticias de sus amigos, Chacamocos y llego a sus orillas en marzo de 1931. El teniente coronel José Félix Estigarribia. Jefe de Estado Mayor, se dirigió al Ministerio de Guerra y Marina expresando: “Esta jefatura recalca la importancia que concede a la inmediata ocupación efectiva de la región llamada Pitiantuta, tanto desde el punto de vista militar, como de la legitimidad de la posesión de hecho de nuestro Gran Chaco”. Dos oficiales y 22 hombres fundaron el Fortín Carlos Antonio López en julio de 1931.
El cabo Oliverio Talavera, que comandaba a los 5 hombres que hacían vigilancia en la laguna en junio de 1932, fue el ultimo en levantarse la mañana del ataque. Le alcanzo un disparo y, herido, desapareció para siempre en el monte. Sus compañeros llegaron en 3 días a punta rieles del ferrocarril de Puerto Casado y dieron noticia de lo ocurrido. El gobierno paraguayo prefirió guardar silencio y dispuso secretamente el rescate de la laguna. El teniente coronel Estigarribia, a la sazón inspector general del ejercito, tomo las disposiciones necesarias desde su puesto de Puerto Casado. Primero marcharía un grupo de 50 hombres, caso este fracase, seguiría un batallón de 300 hombres del regimiento Itotoro y un pelotón de caballería a ordenes del capitán Abdón Palacios, armados de fusiles, ametralladores, y un lanza minas(Mortero).
A orillas de la laguna, el mayor Oscar Moscoso esperaba día a día el ataque y aprovechaba el lapso de calma aprestándose a la defensa. Sus tropas habían sido reforzadas con 30 hombres del regimiento “LOA” comandados por el subteniente Antonio Arévalo. El 29 de junio, Arévalo y 8 de sus hombres custodiaban un reten adelantado en la senda que conducía al Fortín paraguayo Martínez, cuando la columna enemiga lo ataco sorpresivamente por el costado izquierdo.
Arévalo fue tomado prisionero por el teniente Ernesto Scarone, comandante del destacamento paraguayo, que instalo su puesto de mando en el mismo lugar. Arévalo y Scarone se reconocieron. Habían hecho amistad cinco años antes, en Buenos Aires, cuando uno y otro formaban parte de los contingentes de cadetes, bolivianos y Paraguayos, que visitaron la capital Argentina con motivo de los festejos cívicos de julio de 1927. Los dos amigos entablaron conversación, pero con propósitos opuestos. Scarone tratando de obtener información sobre las fuerzas que defendían la laguna y Arévalo dando datos falsos para desalentarlo. En un momento dado, Arévalo se levanto y camino, como distraídamente, hacia la retaguardia paraguaya. El cabo Zacarías Cabañas, que lo custodiaba, y Scarone, lo siguieron sin comprender si intención.
Arévalo trataba de acercarse a los soldados de su grupo que había apostado delante de su reten y que todavía no habían sido descubiertos. Si ellos sabían actuar, podrían liberarlo a el y capturar a Scarone y Cabañas, cambiando el curso de los acontecimientos. Cuando solo faltaban pocos metros Cabañas noto algún movimiento en la maraña y tendiéndose en la tierra, junto a Scarone, disparo su ametralladora. Se produjo un cruce de disparos y Arévalo, cogido en el centro, cayo herido. Falleció pocos minutos después en brazos de su amigo y captor (ES). Fue el primer muerto de la guerra, el primer héroe.
Cumplido el reconocimiento de fuerzas ordenado por sus superiores, el teniente Scarone ordeno el repliegue de sus tropas hacia su base.
Las tropas de Moscoso llegaron al reten, en busca de Arévalo. Encontraron su cadáver y los de dos de sus soldados. Otros tres estaban heridos (OM).
El Paraguay hizo coincidir el movimiento de sus tropas con el retiro de sus delegados de las conversaciones que se venían realizando en Washington. Indico como justificativo la agresión de que había sido victima el 15 de junio.
La cancillería Boliviana publico una explicación: “La patrulla Moscoso en busca de agua, llego a una laguna donde vio una casucha en la región oriental. Suponiendo que era un puesto paraguayo se alejo ocupando la región occidental. Encontrándose la patrulla en faenas ordinarias, fue atacada por una fuerza paraguaya el 29 de junio, sufriendo cinco bajas Bolivia tiene derecho a hacer exploraciones en las partes desiertas de su territorio… En este caso como en todos los demás son tropas bolivianas las que han sufrido una agresión injustificada. Una reclamación del gobierno paraguayo habría sido inmediatamente atendida… Lejos de hacerla, el Paraguay después de muchos días de preparación silenciosa, emprendió un ataque sorpresivo y sangriento contra nosotros. No obstante esto… Bolivia estima que no hay motivos suficientes para interrumpir las gestiones, por el contrario, hay mayor necesidad de perseverar en ellas”.
El Estado Mayor telegrafió al comando de la Cuarta División sugiriendo algunos medios para reforzar a Moscoso, añadiendo que si tales medidas eran improbables “y siempre que mayor Moscoso conceptué no poderse sostener satisfactoriamente, autorizaría el repliegue a Monte Alto”. Peñaranda contesto: “Según un nuevo informe de Moscoso sobre la acción del 29 de junio, oficiales y tropa tienen moral muy levantada, luego no conviene desalojar Mariscal Santa Cruz”.
El Estado Mayor dirigió entonces un oficio al presidente: “Necesidades históricas, económicas y vitales de la república, exigen su salida al Paraguay. Aplazar mas esta solución es consumar nuestro total y definitivo enclaustramiento, por que cuando mas tarde se resuelva salir, mas tiempo se habrá dado al enemigo para formalizar su resistencia y ampliar sus pretensiones. Prácticamente y por muchas victorias que pudiéramos obtener en la zona Sudeste, nuestra salida al rio Paraguay seria dudosa por Puerto Casado, aventurada por Concepción y en ambos problemáticos sostenernos en ellos, salvo el caso de tener a nuestro ejercito permanentemente en pie de guerra. En cambio el objetivo político y militar indicado por muchas circunstancias como el más natural a nuestros planes, es Fuerte Olimpo. Esta consideración fundamental del plan operativo, y una imposición de la naturaleza misma no ha llevado a ocupar el Gran Lago. Por consiguiente el mantenimiento de dicha posición es de un inapreciable importancia para el desarrollo del conjunto de las operaciones posteriores. La conservación de este punto significa la posibilidad de nuestra salida al rio Paraguay. Su abandono la inutilidad de todos los esfuerzos desplegados en la anhelada unión de nuestras unidades, en el único lugar en que existe agua”.
Don Daniel Salamanca repuso: “En el complejo problema del Chaco, además del aspecto militar que es el mas importante, debemos atender el aspecto internacional y a sus posibles consecuencias… Es natural que ante la alternativa planteada entre dos aspectos… se produzca la vacilación en el ánimo, como ha acontecido en efecto. Por mi parte, como lo sabe usted, señor general, me he inclinado a la solución aconsejada por la prudencia, pesando mas en mi animo el temor harto fundado, de una complicación internacional, que ría a una solución impuesta por la fuerza, con la consiguiente humillación de nuestra dignidad. Desgraciadamente, el giro que van tomando las cosas justifica estos temores y juzgo que seremos afortunados si logramos conjurar la tormenta internacional que el Paraguay esta atizando contra Bolivia”.
6.- EL COMBATE DEL 16 DE JULIO.
No obstante la enorme importancia que el comando militar de La Paz y el Subcomando en Muñoz, acordaron a la conservación de la laguna, las medidas que se adoptaban para resistir el inminente segundo ataque paraguayo, eran absolutamente deficientes. El mayor Moscoso continuaba en su delicada posición, sin tener no siquiera instrucciones precisas sobre lo que debería hacer. “Es absolutamente indispensable para mi – escribía el 5 de julio al comandante de la Cuarta División – conocer cual es el grado que debemos dar a la ocupación de Laguna Chuquisaca. Ruego a usted., señor coronel, quiera darme instrucciones concretas al respecto”. Sus fuerzas habían sido elevadas a 170 hombres, de los cuales casi una mitad eran reclutas del regimiento CAMPERO que no habían recibido aun instrucción en el manejo del fusil, y entre los cuales un gran porcentaje habían contraído paludismo. La estación de radio que reclamaba tardaba en llegar. El Fortín boliviano mas próximo, Camacho, quedaba a 170 kilómetros de distancia, que los estafetas montados recorrían sacrificada mente en 3 días. Su aprovisionamiento de víveres era escaso. A partir del 12 de julio tuvo que “disminuir” el racionamiento diario. “El día 14 ya no tenían sino harina de trigo y se preparo una cantidad menor de rancho. El 15 se hizo una sola comida de harina de trigo y al día siguiente se comió la misma cantidad, media ración” (OM). Contaba solo con un total de 30.000 proyectiles. El destacamento Palacios que venia a desalojarlo, contaba con 16 oficiales, 372 hombres de tropa, un mortero, 2 ametralladoras pesadas, 11 fusiles ametralladoras, 350 fusiles y 100.000 proyectiles.
El 15 de julio, los puestos avanzados y las patrullas a corta distancia dieron parte “sin novedad”, ignorando que desde días antes su posición venia siendo estudiada por las patrullas enemigas. Moscoso subió a un árbol que servía de puesto de observación y disparo sobre unos patos que se aproximaban. Dos explosiones de artillería hicieron eco desde el monte. El enemigo estaba encima. El combate se propago a los diferentes sectores en que se habían hecho los aprestos defensivos. Las tropas del capitán Abdón Palacios trataron de rodear a las fuerzas de Moscoso y cortaron la senda que conducía al Fortín Camacho.
La orden que tenían las fuerzas paraguayas era de “recuperar por la fuerza Pitiantuta a costa de cualquier sacrificio”. Mas su inexperiencia le hacia actuar con timidez. Fueron rechazadas en todos los sectores. La senda a Camacho quedo despejada. El mortero, arma que los oficiales y soldados de Moscoso desconocían y suponían ser artillería, no cesaba de martillar con sus obuses el centro del campamento boliviano, con más efecto moral que material. En el curso de la tarde, la actividad enemiga, fuera del bombardeo, se redujo a una serie de reconocimientos con patrullas.
La noche pasó en calma, con los soldados y oficiales en sus puestos de combate. Al amanecer del día siguiente, se reanudo el movimiento de las patrullas paraguayas y el hostigamiento del lanza minas (mortero). Hubo una patrulla que llego hasta el primer nido de resistencia, donde un oficial paraguayo fue muerto por el soldado Ortega. En la tarde se reanudo la ofensiva paraguaya. Una gritería comparable a la de una numerosa tribu de Chulupis anuncio la inminencia de un asalto, pero no se produjo. El mayor Moscoso recorriendo las trincheras ocupadas por la compañía del regimiento Campero, constato con alarma que se encontraban vacías. En otros sectores comprobó igual defección, sus oficiales y soldados con excepción de catorce leales del regimiento lanza y el loa lo habían abandonado, huyendo hacia Camacho. En su desesperación, se precipito hacia el campo enemigo gritando: “¡YO SOY EL COMANDANTE DE LAS FUERZAS, HAGAN CESAR EL FUEGO!”. El silbido de los disparos a su alrededor lo volvió a la realidad y busco refugio al lado del cabo Maceda y los demás que seguían combatiendo. Moscoso ordeno la retirada, el cabo Maceda, el cabo Choque, el Dragoneante Sarapura y los soldados Miranda, Aponte, Montero, Jiménez, Céspedes y Jurado, se dirigieron a las cocinas, donde se sirvieron algo de comida y luego siguieron a su jefe al Fortín Camacho.
Las ametralladoras y el lanzaminas del capitán Palacios siguieron disparando varias horas sobre las trincheras desiertas.
El Gran Lago y todo lo que sus aguas significaban para el ejército quedaron abandonados en manos del enemigo. De las cruces de quebracho plantadas en sus márgenes comenzó a brotar una llamarada de sangre y fuego.
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor yuqui el Vie 16 Jul 2010 14:06

Continuamos con la segunda parte sobre las responsabilidades del inicio de la guerra del chaco
CAPITULO II
RESPONSABILIDADES EN EL INCIO DE LA GUERRA DEL CHACO
CARTA ABIERTA AL GENERAL ENRIQUE PEÑARANDA
La Paz, 3 de Abril de 1960
Señor General:
Este tema que aun debate la opinión pública y que debe definir la historia, el de quien o quienes fueron los responsables de la iniciación de la Guerra del Chaco.
En mi modesto juicio, dos son los pasos que determinaron el conflicto:
1) El ataque de la fracción Moscoso al Fortín paraguayo Mariscal López en laguna Chuquisaca y su permanencia en dicho punto en espera de los contraataques paraguayos;
2) La represalia contra los fortines Toledo, Corrales y Boquerón y el mantenimiento de los mismos en poder del ejército boliviano durante los esfuerzos diplomáticos conciliadores de agosto de 1932.
En el primer caso la responsabilidad parece ser netamente del Estado Mayor o de usted. En segundo caso, lo fue del presidente Salamanca.
En efecto, en el segundo caso el presidente de la República ordeno la conquista de los fortines Toledo, Corrales y Boquerón, pasando sobre el consejo adverso del Estado Mayor General. El señor Salamanca en 1932 no quiso ser menos que el presidente Siles en 1928, cuando ordeno la represalia contra Boquerón a raíz del incidente de Fortín Vanguardia.
El señor Salamanca ha declarado enfáticamente que el nunca quiso solucionar el problema del chaco por medio de las armas. Empero, resulta inexplicable que si esa era su intención cayese en el error de creer que el Paraguay seria obligado a aceptar un arreglo con 3 de sus fortines en poder de Bolivia. Tan actitud demostraba una excesiva confianza en la acción internacional.
Indicaba desconocimiento del intenso nacionalismo de los descendientes de Gáspar Rodríguez de Francia. No tomaba en cuenta el espíritu guerrero del pueblo que siguió la aventura bélica de Francisco Solano López. No consideraba que era absolutamente imposible para cualquier gobierno paraguayo enfrentar la opinión unánime de su país entrando en negociaciones que pusiesen en peligro aunque fuese una mínima parte del terreno ganado tan pacientemente al otro lado del rio Paraguay. No hacia ni un año que a raíz de un choque de patrullas en el Fortín Masamaclay, una manifestación popular encabezada por los estudiantes de Asunción, tuvo que ser disuelta a tiros con varias bajas, cuando trato de invadir el palacio de Gobierno y derrocar al régimen liberal acusándolo de ser responsable de la “indefensión del Chacho”.
El Paraguay exigió la devolución de sus 3 fortines como condición previa a la búsqueda de conciliación. El empecinamiento del presidente Salamanca, en querer negociar manteniéndolos en su poder como rehenes, fue causa del fracaso de las gestiones diplomáticas y del contraataque paraguayo a Boquerón, que determino que el aluvión bélico se precipitase en forma ya incontenible.
Sin embargo, la represalia ordenada pro el presidente Salamanca había sido el segundo paso. El primero fue la permanencia de las fuerzas del mayor Moscoso en Laguna Chuquisaca.
En un articulo que se publico en estas mismas columnas del periódico la RAZON en fecha 5 de diciembre de 1959, hice una reseña de los antecedentes que motivaron la expedición Moscoso a la laguna. También referí la orden de retirada impartida por el presidente Salamanca y la representación hecha por Ud. a tal orden. Tal representación y el hecho de que no se enviaran directivas al mayor Oscar Moscoso sobre la actitud que debía asumir frente al inminente contraataque paraguayo, hacen recaer sobre Ud., señor General, en su calidad de comandante interino de la Cuarta División en aquel entonces, toda la responsabilidad en que resulto el primer chispazo del incendio. Mencioné en el mismo articulo que en descargo suyo existía la referencia consignada por el coronel Rogelio Ayala en su libro “Por que no ganamos la Guerra del Chaco”, en sentido de que en cierta ocasión oyó decir al coronel David Toro que el Estado Mayor cablegrafió a Ud. según el coronel Ayala, el cablegrama del Estado Mayor estaba redactado mas o menos en los siguientes términos: “ ANTE NECESIDAD RETENER GRAN LAGO Y ORDEN ABANDONO DADA POR PRESREPUBLICA, URGE QUE UD, REPRESENTE NOMBRE OFICIALIDAD Y SU COMANDO”. La copia de dicho mensaje habría desaparecido o nunca se guardo en los archivos del Estado Mayor.
Mi citado artículo era una invitación a Ud. para que por propio interés deslindara la responsabilidad que la documentación conocida hasta hoy, con excepción del libro del coronel Ayala, hace caer íntegramente sobre su persona. Como nada se ha oído de Ud. al respecto, me tomo la libertad de dirigirle esta carta abierta para preguntarle una vez más si las instrucciones del Estado Mayor General existieron o no. Me tomo esa libertad con el propósito de recoger un dato verídico para un libro próximo a publicarse y al cual desearía darle la mayor imparcialidad y veracidad posible.
Un hombre como Ud., que nunca rehuyó el cumplimiento del deber, no puede rehuir la obligación que le corresponde ante la historia de establecer la verdad en el punto más delicado de la Guerra del Chaco.
ROBERTO QUEREJAZU CALVO
RESPUESTA DEL GENERAL PEÑARANDA
La Paz, 13 de Mayo de 1960
Al señor Roberto Querejazu Calvo.
Presente
Distinguido señor:
Cartas como la suya, merecen atención y son dignas de respuesta.
El punto concreto que me plantea en su pregunta cívica, no puede ser respondido taxativamente en cuatro renglones, pues, tratándose de decisiones operativas, es necesarios e indispensable analizar las causas políticas y militares, los estudios de antecedentes y los cálculos de probabilidades del Estado Mayor General, para determinar las situaciones que motivaron dicha decisiones. Una decisión es la antinomia viva de un pensamiento opuesto a otro pensamiento, ambos empeñados en preservar la libertad de acción para alcanzar y mantener expedito el camino de la victoria. Sin embargo, tratare de satisfacer su interés cívico.
En mi libro, que en la actualidad esta en etapa final de corrección de pruebas, y que, posiblemente, sea editado en el curso del presente año, encontrara Ud. todo el detalle necesario que apoyan las escuetas afirmaciones documentadas que a continuación extracto para responder dicha pregunta.
La vieja disputa sobre el territorio del Chaco se agudizo en la Guerra del Pacifico, para emprender la cual, precisamente Bolivia tuvo que firmar un Protocolo, mediante el cual convino en dividir en 3 partes dicho territorio, todo con el objeto de asegurar la retaguardia, para hacer frente a la guerra de conquista desencadenada por Chile. Esta concesión sirvió para alentar al Paraguay pretensiones de derecho que fueron acreditándose a la medida de nuestra impotencia material evidenciada en la Campaña del Pacifico que solo termino con el tratado de 1904. La intransigencia paraguaya en las múltiples conferencias diplomáticas provocadas por Bolivia y los mismos protocolos ratificados por el congreso boliviano y rechazados por el de Paraguay convencido de que estaba preparado para la conquista a base de numerosos oficiales de Estado Mayor especializados en Europa y con la decisión del pueblo en sentido de apoderarse del Chaco tal como Chile conquisto el Litoral y Brasil el Acre.
Para ello en dicho año, ya estaban en servicio sus 3 ferrocarriles de penetración, sus 6 caminos carreteros también de penetración, su marina fluvial modernizada y todos los caminos estratégicos que apuntaban hacia la zona petrolífera boliviana y le proporcionaban cómoda seguridad en sus sistemas de cobertura ofensiva, que planeo paciente y sistemáticamente.
Desde 1928 importo todo su armamento moderno, aviones de guerra y equipo para 50.000 hombres y construyo hospitales de sangre en pleno Chaco. Desde Asunción podía desplazarse cómodamente por vía fluvial hasta alcanzar las ferrovías y rodo vías penetrantes, en solo 3 días, continuar por estas en un día y llegar a sus fortines, base de ofensiva, en u día. Total emplearía 5 días para poner en el frente unidades operativas completas.
De nuestra parte, teníamos tres regiones y núcleos de ocupación militar desvinculados el uno del otro completamente, determinados por los sectores de la IV División en Muñoz, en Platanillos una fracción insignificante en Robore. Infortunadamente cuando mas intensificaba el Paraguay su movilización reforzando sus efectivos de tiempo de paz aun numero superior a 12.000 hombres, el congreso de Bolivia se vio obligado a decretar la reducción de nuestros efectivos a 1.200 hombres en la IV y a 400 en la III, por causa de la grave depresión económica mundial y el colapso de la minería consiguiente de 1930.
De La Paz a Villazón teníamos la ferrovía de 800 Km, y de Villazón a Villamontes un solo camino carretero de tercera clase que atravesaba 1.200 Km, en dos sectores de la ruta en territorio Argentino, en la Quiaca y en el Km. 22 del Chaco, desfilando en la mayor parte de su recorrido a las vistas de la frontera Argentina plagada de espías militares del Paraguay y de otros elementos contratados al efecto en la Argentina. Los víveres para las unidades de guarnición en el Chaco contratábamos en territorio argentino y seguíamos adquiriendo en plena campaña hasta el momento en el cual, tras la toma de los fortines paraguayos Gondra, Rojas Silva y Rancho 8, Argentina corto de golpe los suministros obligándonos a retroceder y no definir la campaña en situación en que e Paraguay militarmente estaba vencido, esto es en agosto de 1933, para que nuestros contingentes lleguen desde La Paz a Villamontes empleaban un tiempo de 15 días por tren y vehículos motorizados y luego seguían completamente en marcha a pie hasta el frente mismo, en mas de un mes, en algunos casos, sin contar las unidades que iban quedándose en vivac para esperar que el único camino permita su paso. El rio Pilcomayo se cruzaba en chalanas durante 9 meses del año, situación adversa que nos privo de mucha gente, armamento y equipos y aun vehículos durante el curso de la campaña; pues el puente sobre el Pilcomayo recién estuvo concluido faltando poco tiempo para la firma del armisticio. No contábamos con un solo hospital de sangre y mucho menos con un solo equipo de ingenieros hidráulicos como conto el Paraguay desde el año1928.
Recién en 1931, se adopto una política militar debidamente orientada para fundar puestos de cobertura (fortines) con intención de establecer la respectiva red de seguridad, no siquiera defensiva, pero destinada al objetivo de parar la sistemática penetración del Paraguay en suelo boliviano. No existiendo estudios técnicos del Estado Mayor, de los que carecía en absoluto el ejercito boliviano, por mi cuenta trace en junio de 1931 un sencillo plan de cobertura que consistía en oponer a cada base operativa paraguaya en puesto de cobertura propio, lo mas próximo posible y luego ligar nuestros puestos mediante una verdadera red de caminos carreteros y líneas telefónicas. Dije a mis oficiales entonces: “La defensa del Chaco es la defensa de las aguadas, allí donde existía una aguada debemos establecernos con puestos de cobertura desenfilados de la vista del enemigo”. Bajo esa directriz general el TOSE (Teatro de Operaciones del S.E) con el trabajo entusiasta que aprovechaba en misión de exploraciones hasta en las noches de luna, se fue materializando el plan rápidamente.
Un solo camión viejo de 5 Ton. Empleado principalmente en proveernos de agua desde cualquier punto a retaguardia, apoyaba nuestra veloz marcha exploratoria; las compañías se relevaban con una rivalidad moral patriótica que me hacían temer constantemente por a conservación de la salud y vida de esos oficiales y tropa.
Las herramientas adquirimos con los sacrificados ahorros del regimiento “Loa” 4 de infantería. Pero también ¿Cómo no habríamos realizado el milagro de materializar la red planeada de seguridad defensiva en escasos 6 meses, con oficiales de la capacidad y calidad de los mayores David Méndez, Eduardo Ávila, Cap. Víctor Ustárez, Tte. Víctor Eduardo, José López, José Rocha, Celso Camacho y otros? Ellos fundaron los fortines Jayucabas, Bolívar uno, dos y tres, este ultimo frente a Corrales, Loa, luego Camacho y Palmar de las Islas.
Era mi propio continuar el trabajo hacia el Oriente en demanda de la vinculación con Robore, pero el gobierno en 1931, por ley del Congreso a causa de la crisis fiscal catastrófica redujo los efectivos en un 50% quedando, por lo tanto, las 3 unidades de todo el Chaco reducidas prácticamente a cuadros de instrucción y guarnición. Con todo los paraguayos tomaron contacto de vistas o de fuegos con nuestros puestos y tuvieron que virar en redondo convencidos de que esta vez estaban varados en su habitual libre penetración.
Cuando en 1932 llegamos a establecer el puesto de Palmar de las Islas, envió al Cap. Ustárez, en misión de conexión con el Fortín ingavi. Este oficial ejemplarmente heroico, anduvo en las selvas y chaparrales 22 días con víveres racionados para 10 retornando a mi comando de Palmar sin poder cumplí su verdadera misión, pero trayendo las informaciones más minuciosas sobre el posible despliegue enemigo.
Con el gran conocimiento de la zona y su desmedido amor a la patria, ese brillante Oficial logró constatar lo que ya colegiamos estaba realizando el Paraguay desde 1928. En varias comunicaciones anteriormente había clamado la atención del Comando de la IV División y hasta motivado la inspección del Jefe del Estado Mayor General, afirmando que el Paraguay estaba en situación de emprender inminentemente una ofensiva con el objetivo de adueñarse de los campos petroleros del S.E. En todas estas oportunidades se desconfió de mis apreciaciones y, como siempre, se atribuyeron al Paraguay las menos favorables posibilidades y probabilidades de éxito.
Pero, sabiendo por mi propia observación el valor y volumen de la preparación paraguaya, escuchando y divisando día y noche sus camiones, y siendos testigos de sus grandes movimientos, construí una pista en Camacho y solicite un avión. Vino el avión militar desde La Paz, con el mayor Jorge Jordán y con este magnifico aviador triangulamos su exploración que tenia doble objetivo: 1) localizar una laguna que habíamos casi ubicados desde el Palmar de las Islas, la ultima vez con el teniente Eduardo que avanzo 75 Km. hacia el Este retornando con el informe de que vio surcar el cielo bandadas de patos y hasta pelicanos y 2) darnos el rumbo para la picada que uniría en línea recta Palmar de las Islas con Fortín Baptista.
Jordán retorno a los dos días conduciendo al mayor Oscar Moscoso, segundo Comandante del Rgto. Lanza 5 de caballería: me informo que efectivamente existía un gran lago a 5 escasos kilómetros del ultimo puesto que alcanzo la exploración Eduardo y que había un pique hacia los puestos paraguayos. Asimismo, dijo que el mayor Moscoso estaba encargado de explorar la zona del Gran Lago. Mis oficiales y la tropa misma estuvieron a punto de protestar al saber que otra unidad venia a quitarles la satisfacción patriótica de explorar la laguna que tanto habíamos buscado. Yo represente la orden directamente al comando de la IV División, el Coronel Francisco Peña, recibiendo de el la respuesta de que era directiva expresa del Estado Mayor General. Retuve a Moscoso unas pocas horas en mi puesto para que mis oficiales le ilustraran sobre nuestra técnica de marchar sin alarmar al enemigo, de explorar en completo sigilo, de avanzar en la selva y los caraguatales y finalmente, a objeto de que haga camaradería y obtenga datos precisos para su misión de Ustárez y Eduardo, verdaderos exploradores de la región, ya que el mayor Moscoso era mas bien un buen oficial de Estado Mayor y con poco experiencia de la vida militar en el monte.
Moscoso partió del Palmar de las Islas el 25 de Mayo de 1932, habiendo alcanzado la laguna recién el 14 de junio. En su margen oriental encontró las casas precarias del tipo que edifican los salvajes matacos, de donde huyeron algunos pocos soldados paraguayos. Moscoso se posesiono del lugar siendo el parte que me envió para transmitirla a la División, el siguiente: “Los paraguayos a mi presencia huyeron sin presentar combate… la laguna tiene un kilometro de norte a Sud por 300 metros de Esta a Oeste… he bautizado este gran lago con el nombre de laguna Chuquisaca…”
Mientras se cumplía la marcha de Moscoso hacia la laguna, el Coronel Peña sufrió una enfermedad tan violenta, como sorpresiva, y fue evacuado a La Paz, habiendo dejado orden escrita para que yo me hiciera cargo del Comando de la División con carácter accidental. Atentos a los antecedentes que he citado no pude cumplir la orden, prefiriendo estar en el puesto mas cercano a Moscoso y no a los 320 Km. en que se hallaba el puesto de mando de la IV División.
El mismo día 29 de junio recibió del Estado Mayor General el radiograma siguiente:
Cif. 770. —“Caso que Comisión Moscoso Hubiese ocupado edificaciones que paraguayos abandonaron y que suponemos serian las reconocidas por nuestros exploradores aéreos, urgente abandonarlas de inmediato y establecerse cautelosamente en margen opuesta dicho lago. Caso edificaciones paraguayas estuvieran ubicadas orilla oriental indispensable alejarse poco mas al occidente, debiendo establecerse si son atacadas. En ningún caso nos conviene provocar encuentro ni ser agresores, situación puede crear serias dificultades perjudicando negociaciones Washington. Debía haberse procedido con circunspección recomendada, haga conocer de inmediato y máxima rapidez presente determinación a Comisión Moscoso tomando medidas de seguridad y precaución que circunstancias requieran. Gral. Osorio”.
De esta comunicación se desprende una dualidad de criterio. Dándose ordenes desde el Estado Mayor General de La Paz, alejado en 2.000 Km. del teatro de los sucesos. Se recomendaba prudencia y al mismo tiempo se ordenaba ocupar y mantenerlo ocupado, en términos de redacción contradictorios, seguramente interpretando a la vez decisiones del presidente de la república y del Estado Mayor General.
Justamente con la comunicación referida del Estado Mayor General, recibió del Mayor Arturo Murillo, jefe del Estado Mayor Divisionario, que se hallaba en Muñoz, una representación a nombre de toda la División, en ella se me demandaba con efusión patriótica y viril no dar cumplimiento a la determinación del gobierno con el fin de evitar que pudiera decaer la moral militar o sufrir el entusiasmo para el trabajo dado el gran espíritu de sacrificio de que hacían gala los soldados del Chaco.
Fuera de estas razones de orden moral, el documento contenía otra de mayor peso: el valor inapreciable que aquella laguna tenia para nosotros, no solo como fuente de vida en medio de la región desolada y reseca de tales extensiones inmensas, sino, también, como una forma de abastecer del vital elemento a los fortines alejados, como para impulsa faenas agrícolas en el porvenir.
En suma, fue una presión moral sofocante la que se hizo valer obedeciendo a la influencia del Estado Mayor de La Paz que envió un radiograma reservado y confidencial y, que ha desaparecido de los archivos correspondientes, instruyendo que se le devuelva una representación firmada por el Comando de la IV División con texto literal siguiente:
Fortín Palmar de las Islas, 1 de julio de 1932. —“Cif. 930 – “Represento respetuosamente que abandono Gran Lago ubicado en nuestra carta como Mariscal Santa Cruz privaríamos absoluto recursos agua. Orden posesionarnos orilla Oeste cumpliose manifestando que puestos recientes paraguayos distan apenas 600 metros, ubicándonos S.O Gran Lago veríamos obligados a retirarnos por carencia de agua, desde cañada con monte alto hasta Mariscal Santa Cruz dista 75 Km. sin agua, causa regreso exploraciones Ustárez, Eduardo. Luego es forzoso si queremos continuar hacia Norte como se tiene Indicado, mantener Santa Cruz. Antes recibir orden reforcé con dos oficiales, 30 soldados, una ametralladora liviana y una ametralladora pesada. Espero nuevas y concretas instrucciones. Moral tropa muy elevada. En estado actual nosotros resultamos los atacados igual que en Agua Rica”.
El tono de la comunicación nos pareció comprometedor y extraño, pero teníamos que suponer que el Estado Mayor General debía tener razones patrióticas superiores para imponernos secretamente observar sus propias ordenes en las especiales circunstancias surgidas en el Chaco. Dependientes disciplinados del Comando Supremo nos sometimos a la consigna y la firmamos, no sin añadir el concepto de salvar la opinión del mando superior para significar nuestro propósito de instruírsenos claramente y con responsabilidad del caso. El mayor Murillo nos confirmo posteriormente que las órdenes recibidas del Comando de La Paz fueron apremiantes; conclusivas. Otro testigo presencial y miembro de la Sección de Operaciones nos relato también que los jefes y oficiales de la repartición impugnaron vehementemente la resolución del presidente Salamanca de abandonar el mayor Moscoso la margen ocupada del Lago Grande y que resolvieron interferir la orden oficial del Comando instruyendo reservadamente a la IV División representarla mediante un radiograma cuyo texto se envió a nombre del mismo Estado Mayor General.
El estado mayor respondió de inmediato ratificando la orden Transcrita y disponiendo que el destacamento Moscoso sea reforzado.
Esta relación sucinta que le revelo hoy por escrito, extractadas de mis memorias documentadas, nos lleva a las conclusiones siguientes:
1º.- Que para el año 1932 ya el Paraguay estaba en pleno desarrollo de su potencial ofensiva bélica y, listo por lo tanto, para iniciar la guerra bajo cualquier pretexto.
2º.- Que para ese mes de mayo sabia el Paraguay que habíamos licenciado en febrero nuestro contingente de antiguos conscriptos y que estábamos con reclutas aun no instruidos, pues estos no habían asistido aun a la primera lección de tiro, además de estar reducidos al 50% de efectivos de cobertura y dispersos en un amplio frente.
3º.- Que la presencia del Destacamento Moscoso en el Gran Lago al cual llegaron los paraguayos meses antes, fue el ansiado pretexto que esperaban para iniciar las operaciones. Esta establecido que en esa delicada misión exploratoria fueron sustituidos mis oficiales por un jefe del Lanza, el mayor Moscoso, por deliberación y determinación expresa del Estado Mayor.
4º.- Que el gobierno y el Mando Superior cambiaron de improviso mi acción militar por la política impuesta por las negociaciones de Washington, que les hizo ver la conveniencia de avanzar algo territorialmente para firmar un tratado de paz y limites determinando líneas de suspensión de hostilidades en donde estuvieren al momento de la firma del arreglo internacional las fuerzas opuestas.
5º.- La representación ordenada al Comando de la IV División por el Estado Mayor de La Paz no podía desobedecerse sin resentir el principio de jerarquía y disciplina militares. Por tanto, las responsabilidades históricas y personales en el suceso ocasional de la guerra no pueden imputarse al Comando de la IV División, si ella cumplió disposiciones del Estado Mayor General, después de expresa deliberación sobre la materia por los jefes y oficiales de su sección de Operaciones.
Si en la responsabilidad de sostener las posiciones alcanzadas sobre el Gran Lago encuentran los historiadores mi cuota parte, seria la del soldado disciplinado que no desobedeció ordenes de sus superiores y con tal justificación, serenamente la acepto; pues, en mi vida militar, en la publica, así como en la privada, ha preferido siempre la verdad que me condene a la mentira que me proteja.
Saludo a Ud. atentamente.
Gral. Enrique Peñaranda del Castillo
CAPITULO III
RESPONSABILIDADES EN LA GUERRA DEL CHACO
En el presente artículo se pretende continuar el análisis de los primeros pasos que condujeron al país a la Guerra del Chaco.
En artículos anteriores se recordó el “plan de penetración” puesto en ejecución por el Gobierno de Salamanca, que culmino con la ocupación de Laguna Chuquisaca y fue seguido por la orden del presidente de la República para que se abandone ese punto a fin de no crear dificultades a un pacto de no agresión boliviano-paraguayo que se discutía en Washington.
El general Enrique Peñaranda ha explicado que el “represento” la orden de abandonar Laguna Chuquisaca obedeciendo instrucciones del Estado Mayor General. En su “representación” el entonces coronel Peñaranda decía entre otras cosas: “Su orden posesionarse orilla Oeste Cumplióse…, a edificios ligeros y recientes paraguayos distan apenas 600 metros… Ubicándonos Sud Oeste gran lago veriamos obligados retirarnos por carencia de agua”. A un pedido de aclaración del Estado Mayor general el coronel Peñaranda contesto: “Edificaciones paraguayas hállanse situadas orilla oriental gran lago, mayor Moscoso ocupa orilla occidental con relación edificaciones”.
El lago era una faja alargada de agua que se extendía de Sud a Norte, la exacta ubicación de Moscoso y su tropa era un campo despejado a Noroeste del largo, a 600 metros del Fortín paraguayo Mariscal López. Cabe preguntarse: ¿Por qué el coronel Enrique Peñaranda envió una información inexacta a La Paz? ¿Recibió también instrucciones del Estado Mayor General para obrar en ese sentido?
En vista del radiograma del coronel Peñaranda que hacia creer que el Fortín paraguayo se encontraba al ESTE y Moscoso y sus tropas al OESTE, el presidente Salamanca pensó que el lago podría servir de limite arcifinio a la ocupación boliviana y paraguaya en el sector del Chaco y acabo por sucumbir ante la presión del Estado Mayor General autorizando se enviase la orden fatal: “MOSCOSO DEBE MANTENERSE EN LA ORILLA OCCIDENTAL”.
Antes del 29 de junio de 1932, los 29 hombres de la expedición Moscoso recibieron como única ayuda 30 hombres del regimiento “LOA” a ordenes del Subteniente Antonio Arévalo que resulto la primera victima de la guerra.
Al conocerse en La Paz el ataque paraguayo del 29 de junio y su rechazo por la fracción Moscoso, el Estado Mayor General instruyo al coronel Peñaranda: “Siempre que Moscoso no pudiese sostenerse satisfactoriamente autorizariasele replegarse a Monte Alto”. El coronel Peñaranda no hizo conocer este mensaje al mayor Moscoso, pero respondió a La Paz: “Según un nuevo informe de Moscoso sobre la acción del 29 de junio, oficiales y tropa tienen moral muy levantada, luego no conviene desalojo Mariscal Santa Cruz (Laguna Chuquisaca)”. Una vez más cabe la pregunta: ¿Respondió así el coronel Peñaranda por propia iniciativa cargando sobre si la tremenda responsabilidad que resulto de ello o hubieron también instrucciones secretas del Estado Mayor para esta nueva “representación”?
El Estado Mayor General y la presidencia de la república cambiaron sendas comunicaciones, decía el general Filiberto Osorio: “Necesidades históricas, económicas y vitales de la república exigen su salida al Paraguay… la conservación de ese punto (Laguna Chuquisaca) significa la posibilidad de nuestra salida al rio Paraguay, su abandono la inutilidad de todos los esfuerzos desplegados en la anhelada unión de nuestras unidades en el único lugar en que existe agua”.
Rezaba la respuesta del señor Daniel Salamanca: “En el complejo problema del Chaco, además del aspecto militar que es el mas importante, debemos atender al aspecto internacional y sus posibles consecuencias… por mi parte me he inclinado a la solución aconsejada por la prudencia, pesando mas en mi animo el temor harto fundado de una complicación internacional que comprometería el fruto de nuestros trabajos y nos llevaría a una solución impuesta por al fuerza, con la consiguiente humillación de nuestra dignidad…•.
Resulta incomprensible como el estado mayor general, que daba tanta importancia a la ocupación de la laguna Chuquisaca, no alistaba convenientemente su defensa ante el inminente segundo ataque paraguayo. El mayor Oscar Moscoso sintiéndose casi abandonado a orillas del lago escribió al Comando de la IV División: “Es absolutamente indispensable para mi conocer cual es el grado que debemos dar a la ocupación de Laguna Chuquisaca. Ruego quiera darme instrucciones concretas al respecto”. No le llegaron instrucciones de ninguna clase. Sus fuerzas habían sido aumentadas a 170 hombres, pero de los cuales casi una mitad eran reclutas del regimiento Campeo, que ni siquiera habían recibido instrucción en el manejo del fusil y que en gran porcentaje padecían de paludismo. Solo disponían de 30 mil proyectiles. Carecía de radio, su comunicación con el Fortín mas próximo, Camacho, situado a 170 Km. lo hacían sus estafetas en 3 días a caballo. Su aprovisionamiento de víveres era escaso. A partir del 12 de julio “se tuvo que disminuir el racionamiento diario”. El 14 ya no quedaba sino “harina de trigo y se tuvo que preparar una cantidad menor de rancho”.
El 15 de julio fue atacado por un destacamento paraguayo compuesto de 16 oficiales, 372 hombres, un mortero, 250 fusiles, 2 ametralladoras pesadas, 11 ametralladoras livianas y 100 mil proyectiles.
El estado mayor general creyó que el mayor Oscar Moscoso y sus hombres podían hacer lo imposible, igual que lo espero, dos meses mas tarde, del coronel Manuel Marzana y sus hombres en Boquerón.
El estado mayor general precipito al presidente de la república a ordenar que el destacamento Moscoso se quedase a orillas de la laguna Chuquisaca y dejo a este allí casi indefenso, para que se cumpliera el temor de Daniel Salamanca: “Una solución impuesta por la fuerza, con la consiguiente humillación de nuestra parte…”.
Fue por salvar el honor nacional humillado en Laguna Chuquisaca que el presidente Salamanca considero necesario ordenar –Esta vez con la oposición del Estado Mayor General—se tomase como represalia los fortines Corrales, Toledo y Boquerón. La responsabilidad del señor Salamanca en la iniciación de la guerra del Chaco esta en este segundo paso, que fue una consecuencia inmediata del primero provocado por el Estado Mayor General.
CAPITULO IV
RESPONSABILIDAD DE DANIEL SALAMANCA EN LA INICIACION DE LA GUERRA DEL CHACO
En julio de 1932, cuando el pueblo boliviano recibió la noticia del desalojo de las tropas bolivianas de laguna Chuquisaca, considero el hecho un ultraje a la soberanía nacional y salió a las calles a pedir se tomase revancha contra el “invasor guaraní”.
El presidente Salamanca se vio en una encrucijada. El estado Mayor general lo había empujado a una situación de hecho con el Paraguay y ahora se echaba atrás, opinando que había que evitar todo conflicto armado pues en el Chaco solo se tenían 1.200 reclutas sin instrucción militar, distribuidos en un inmenso territorio y sin caminos entre un punto y otro, por otra parte, el erario fiscal se debatía en la mayor pobreza a raíz de la crisis económica mundial que Bolivia había repercutido en una reducción substancial de las exportaciones de barrilla de estaño. ¿Cuál debería ser su actitud frente a estas circunstancias? ¿Exigir al país una resignación jesucristiana o salir por los fueros del honor nacional?
Salamanca ordeno que como represalia por el ataque paraguayo del 15 de julio se conquistasen los fortines Toledo, Corrales y Boquerón. Los generales Filiberto Osorio y Carlos Quintanilla hicieron resistencia a tal orden. Salamanca la reitero en forma terminante manifestando al general Quintanilla que partía a hacerse cargo del comando de las fuerzas del Chaco: “Ejecute la orden, si hay en ello algún merito será suyo, si surgen responsabilidades serán mías”.
Cuan lejos estaba don Daniel Salamanca de adivinar que las responsabilidades iban a ser muchas y harían descansar sobre sus hombros el peso de la cruz en el vía crucis que seguiría la nación durante 3 largos y fatídicos años.
Toledo, Corrales y Boquerón cayeron como castillos de naipes, su escasa guarnición abandono los 3 puntos sin ofrecer mayor resistencia al empuje de los destacamentos bolivianos.
Cumplido el objetivo de la represalia, el presidente Salamanca ordeno el alto de las columnas en Boquerón, el estado mayor general, envalentonado por la poca resistencia paraguaya, pidió que se siguiera avanzando en la “dirección estratégica fundamental” del rio Paraguay. Daniel Salamanca negó la autorización y más bien paralizo la movilización de los contingentes que entraban al Chaco en los puntos a los que habían llegado hasta ese momento. Su propósito era dar paso a la acción de la diplomacia que dejaba oír su voz desde numerosas cancillerías.
Durante todo el mes de agosto de 1932, la diplomacia trato en vano de obtener un entendimiento entre Bolivia y Paraguay. El gobierno paraguayo exigió la devolución de sus fortines Corrales, Toledo y Boquerón como condición previa a cualquier discusión entre cancillerías. El gobierno del señor Salamanca se empecino en que no podía abandonar la ocupación de los 3 fortines “mientras una solución final al litigio no definiera la soberanía de los mismos”.
La propaganda paraguaya en el exterior y sus enemigos dentro del país han culpado al señor Salamanca de haber deseado y provocado la guerra del Chaco. ¿Cuál deberá ser el juicio de la historia?
Pretendo la siguiente interpretación. Daniel Salamanca, como presidente de la república, no deseo, ni busco la guerra con el Paraguay, pero tampoco supo evitarla. Al asumir el mando supremo de la nación, considero necesario como uno de los primeros pasos de su programa de gobierno el consolidar la soberanía nacional en el territorio no ocupado del Chaco Boreal, mediante un “plan de penetración”, pero evitando todo encuentro o roce con las fuerzas paraguayas para no crear complicaciones de carácter internacional, simultáneamente, propuso al Paraguay un pacto de no agresión.
Al producirse el ataque boliviano al Fortín Mariscal López en laguna Chuquisaca, ordeno la desocupación de este punto. Engañado y presionado por el estado mayor general, acabo por autorizar la permanencia de fuerzas bolivianas en la margen izquierda de la laguna, al costado opuesto de donde estaba ubicado el Fortín paraguayo. Producidos los combates del 29 de junio y 16 de julio de 1932, se vio rodeado de la excitación popular que clamaba por la revancha.
El estado mayor general le explico que esto no era aconsejable por la escasez de los efectivos militares a la sazón en el Chaco. El presidente Salamanca, pasando por sobre el consejo de sus asesores militares, ordeno la marcha sobre 3 fortines paraguayos.
¿Por qué Salamanca, que hasta ese momento se mostraba tan prudente, ordeno ese paso que acercaba al país al borde de un abismo? En el modesto juicio de que escribe estas líneas, sus motivos fueron 3: 1) Aunque las responsabilidades de su cargo lo obligaban a actuar como estadista, midiendo las consecuencias de cada uno de sus actos, en esa oportunidad el político que siempre vivió en su espíritu acabo por adueñarse de su voluntad. No quiso perder su popularidad y el prestigio de su gobierno frente a las multitudes que en las plazas de La Paz, Tarija, Potosí, Cochabamba, Sucre y Santa Cruz pedían a voces un escarmiento al vecino del sudeste. No quiso ser menos que el presidente Siles, que tan airoso saliera del incidente del Fortín Vanguardia en 1928 con una represalia contra Boquerón; 2)Salamanca confió en que la aparatosa maquina de paz montada en Ginebra después de la Primera Guerra Mundial, el panamericanismo, la comisión de neutrales de Washington, y los países vecinos, impedirían un conflicto internacional en Sud América como en 1928; 3)Creyó que Bolivia necesitaba levantar su moral ciudadana con una acción militar victoriosa aunque breve. En 1928 había dicho a una concentración popular en Oruro: “Así como los hombres que han pecado deben someterse a la prueba del fuego para salvar sus almas en la vida eterna. Así los países como el nuestro que han cometido errores de políticas interna y externa debemos y necesitamos someternos a la prueba del fuego que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay”.
Vista con la perspectiva de los años trascurridos, resultaría que la culpabilidad del señor Daniel Salamanca en la iniciación de la guerra del Chaco consistió en nada mas y nada menos que en dos errores de calculo que resultaron fatales en quien tenia en sus manos el destino de la república: a) error de confiar demasiado en la acción diplomática; b) error de creer que el gobierno paraguayo aceptaría o seria obligado a negociar la liquidación diplomática del problema del Chaco teniendo 3 fortines ocupados por el ejercito boliviano. El presidente Salamanca olvido considerar que la bandera de los partidos opositores en el Paraguay desde principios del siglo era la “indefensión del Chaco” y que la estabilidad de los gobiernos en Asunción dependía en gran manera de su actuación en la defensa de cada metro del terreno ocupado en el Chaco Boreal.
CAPITULO V
DEFENSA DE SALAMANCA POR DAVID ALVESTEGUI
Cochabamba, febrero de 1966
Señor Doctor don
Roberto Querejazu Calvo
La Paz.
Muy estimado amigo:
No he tenido aun el agrado de recibir su respuesta a mis cartas del 29 de enero y 6 de febrero.
Le escribo ahora esta tercera para referirme a una apreciación que usted había vertido en la disertación que leyó en el Instituto Boliviano de Cultura Hispánica de esa ciudad, y que el diario “Presencia” ha publicado en su edición de domingo 13.
Me refiero a las enumeración de los 3 “culpables de la guerra del Chaco”, que menciona el último de ellos en los términos siguientes:
“Tercero: el presidente Daniel Salamanca que ordeno una contra represalia contra la represalia paraguaya ocultando al pueblo boliviano las verdaderas circunstancias de los sucedido”.
Esta apreciación no parece en el excelente libro que ha publicado usted; al menos no recuerdo haberla leído.
La narración de los hechos que conocemos usted y yo, por que nos hemos ocupado de ellos se ofrece a mis averiguaciones del siguiente modo:
La orden de represalia no fue un acto personal ni autoritario del presidente Salamanca; fue una decisión del gobierno ejecutivo de la nación, adoptada en consejo de gabinete en el que estuvieron presentes y dieron su asentimiento, dos personeros del partido liberal, los señores Juan María Zalles, ministro de relaciones exteriores, y Alfredo Otero, ministro de instrucción publica. La decisión fue tomada por unanimidad de pareceres. Y en esta unanimidad estuvo incluido el general del estado mayor general, también asistente a la sesión como integrante del consejo.
Dificilísimo resulta admitir que un grupo así selecto de personalidades conscientes, por consiguiente, de sus responsabilidades, hubiese tramado en esa reunión, excepcionalmente solemne, una treta para “ocultarle” al país la verdad sobre el origen de los sangrientos sucesos de Laguna Chuquisaca, cuyo final doloroso había soliviantado a la opinión publica nacional.
Lo cierto era que en ese momento, todos en Bolivia, desde el presidente de la república hasta el hombre de la calle, estábamos convencidos de que una agresión paraguaya dos veces efectuada contra un Fortín boliviano, había terminado con la toma de ese puesto militar, cuya guarnición fue puesta en fuga. Era lo que se nos dijo.
Uno solo de los personajes a la sesión del consejo de ministros, celebrada el 18 de julio de 1932, sabia en ese momento, que era falsa la versión de los sucesos que se había dado al publico nacional, y que la verdad era que ni siquiera la orden presidencial de abandono del Fortín paraguayo que el destacamento Moscoso ocupo, y la autorización para fundar otro puesto en la orilla occidental de la laguna Chuquisaca, habían sido transmitidas. Ese personaje era el jefe del estado mayor general.
Si en el curso de las deliberaciones del consejo, este jefe hubieses revelado la verdad del secreto que guardaba oculto al presidente Salamanca desde un mes atrás, deberá tener por seguro, que la orden de represalia no hubiese sido acordada.
Fue con posterioridad a la ejecución de las acciones de represalias – y por medios ajenos a los del orden regular – que el presidente Salamanca llego a saber que se le había engañado, cuando el alto mando le informo que sus ordenes de desalojo del Fortín paraguayo y fundación de uno nuevo en la orilla opuesta de la laguna, fueron cumplidas, estas circunstancias constan en las notas oficiales de entonces, suscritas por el mandatario y remitidas al jefe del estado mayor general.
Creo cumplir un deber de lealtad a la buena amistad que nos vincula desde hace tantos años, al remitirle en estas líneas el esclarecimiento que ellas contienen; y espero que no le moleste el aviso que me permito darle de que remito copia de esta mi carta al señor director de “Presencia”, acompañada del ruego de que se sirva publicarla.
Reciba usted, como siempre, mi afectuoso saludo y el testimonio de mi grande aprecio.
David Alvéstegui


RESPUESTA A CARTA DE DON DAVID ALVESTEGUI
La Paz, 3 de marzo de 1966
Señor don
David Alvéstegui.
Cochabamba.-
Estimado don David:
Sus cartas relativas a los artículos que tuvo usted la gentileza de escribir sobre mi libro MASAMACLAY, fueron respondidas con anterioridad.
En la presente, quiero referirme a la suya publicada en el diario “Presencia” y en la que comenta el juicio que formule en una conferencia en el Instituto Boliviano de Cultura Hispánica de esa ciudad, sobre las responsabilidades en los orígenes de la guerra del Chaco.
Dice usted que en el momento de los sucesos de laguna Chuquisaca “desde el presidente de la república hasta el hombre de la calle, estábamos convencidos de que una agresión paraguaya dos veces efectuada contra un Fortín boliviano, había terminado con la toma de este puesto militar…” En esta forma contradice usted lo que afirme en la conferencia respecto al engaño que hizo al pueblo sobre las verdaderas circunstancias de lo sucedido.
En el delicado asunto de las responsabilidades sobre los orígenes de la guerra, he tomado muy en cuenta las propias afirmaciones del doctor Daniel Salamanca, en fecha 21 de septiembre de 1932, bajo el numero reservado 13932, el señor Salamanca dirigió una carta al jefe del estado mayor, general Filiberto Osorio, (Publicada en “Documentos para una historia de la guerra del Chaco”, archivo de Daniel Salamanca, tomo I, pagina 343), en la que reconoce que cuando fue informado de la ocupación boliviana de la Laguna Grande (Laguna Chuquisaca o Laguna Pitiantuta)expreso a sus colaboradores civiles y militares: “1º Que la ocupación de este Fortín paraguayo a orillas de la laguna había que traernos la guerra según toda probabilidad, siendo inverosímil que el Paraguay se resigne a la inacción y al silencio; 2º Que nuestra posición en Laguna Grande había de ser débil, a causa de su alejamiento de nuestras bases y todavía corremos el riesgo de ser desalojados de ella por los paraguayos”.
El señor Salamanca sabia muy bien, pues que tropas bolivianas habían ocupado territorio detentado hasta entonces por el Paraguay. Si se le mintió o no con la noticia de la fundación de un Fortín boliviano, no hace al caso, ya que el señor Salamanca sabia también que esa fundación era del momento, desde luego desconocida por el Paraguay y hecha con el objetivo de hacerla valer como fundación antigua en un posible alegato sobre los derechos de Bolivia en ese territorio. Lo que se discute es si el señor Salamanca sabia o no que la primera agresión fue de Bolivia contra el Paraguay o viceversa y que sabiendo la verdad al respecto, dejo que la ciudadanía fuese informada en sentido contrario. Para probar que el mismo contribuyo a ello bastara referirse al discurso que pronuncio desde los balcones del palacio quemado, el 19 de julio de 1932, cuando le dijo al pueblo de La Paz: “Ciudadanos, hijos de Bolivia; en un momento de verdadera angustia nacional, AL PRESENTARSE UNA NUEVA AGRESION A LA DIGNIDAD NACIONAL, se ha producido esta magnifica reacción que manifiesta la vida y el vigor del patriotismo boliviano. Si una nación no reaccionara ANTE LOS ULTRAJES QUE LE INFIEREN no merecería ser una nación”.
Ahora bien, cometidos los errores de Laguna Chuquisaca, en los que indudablemente, el estado mayor general fue el principal responsable, y habiéndose hecho consentir al pueblo boliviano que el primer ataque fue de fuerzas paraguayas contra bolivianas, el gobierno no pudo seguir otro camino que el de la represalia. Dice usted en su carta que “la orden de represalia no fue un ato personal ni autoritario del presidente Salamanca: fue una decisión dl gobierno ejecutivo de la nación, adoptada en consejo de gabinete y en el que estuvieron presentes y dieron su asentimiento los personeros del partido liberal, señores Juan María Zalles, ministro de relaciones exteriores y Alfredo Otero, ministros de instrucción publica.
Añade usted que la decisión fue tomada por unanimidad de pareceres y en esta unanimidad estuvo incluido el general jefe de estado mayor”. Al respecto, el propio señor Salamanca manifiesta lo siguiente en su carta anteriormente citada:
“Cuando tuvimos la noticia del desastre del 15 y 16 de julio, reuní inmediatamente al consejo de ministros, con asistencia de usted señor General, y del Coronel Peña. Comandante de la IV Cuarta División que a la sazón estaba presente en La Paz. Propuse una represalia inmediata en el Sudeste indicando que ella se operase en dos tiempos y convine por mi parte en operarla en el termino de 2 días, el coronel Peña me objeto la imposibilidad de hacerla en ese tiempo y convine por mi parte operarla en el termino de 4 días. Esta reunión fue casi silenciosa, bajo la impresión de suma gravedad de los hechos que fatalmente habían de precipitarse.
“corrían los días sin lograr la represalia y las noticias que venían del comando del Sudeste, me dejaban la impresión de una lentitud desesperante. Entonces (como yo no solía) dicte a usted mismo un orden radiográfica para apresurar la represalia en términos fuertemente estimulantes. Al siguiente o subsiguiente día, comprobé que usted no había transmitido la orden que yo formule, sino otra dulcemente suavizada. Así ha debido suceder en muchas ocasiones, entonces obligue a usted a trasmitir la instrucción que yo había dictado y cuyo buen efecto no se dejo esperar mucho tiempo”.
En mi modesto juicio, y me referí a ello en la conferencia, la responsabilidad mayor del señor Salamanca en los orígenes de la contienda bélica, estuvo en su empecinamiento de querer negociar el problema del Chaco reteniendo en poder de Bolivia los 3 fortines paraguayos tomados en la represalia. Como usted no hace ninguna referencia al respecto en su carta, tampoco juzgo oportuno hacer mayores comentarios sobre el particular.
Roberto Querejazu Calvo




CAPITULO VI
RESPONSABILIDADES EN LA PROVOCACION DE LA GUERRA DEL CHACO
Londres, 16 de noviembre de 1975
Carta abierta al señor don
Juan Antonio Osorio
De mi consideración:
Gracias a la amabilidad de un amigo, aunque con bastante atraso, ha llegado a mi conocimiento el comentario que hizo usted a la segunda edición de mi libro MASAMACLAY, en las páginas de este diario correspondiente al 19 de octubre ultimo.
Lamento mucho el resentimiento personal que al parecer he despertado en usted por no haber podido rectificar el criterio que ya sostuve en la primera edición, respecto a los orígenes de la guerra del Chaco.
Como se lo dije ya en una carta, admiro y respeto la gran lealtad que tiene Ud. a la memoria de su hermano, el que fuera general don Filiberto Osorio, así como su constante afán de defenderlo de toda alusión que haga recaer sobre el la mas mínima responsabilidad en la iniciación de ese conflicto. Con este objeto se esfuerza Ud. en desacreditar mi libro negándole valor histórico.
Tiene Ud. perfecto derecho a esa opinión, cambiando la que tuvo en la carta que me escribió el 15 de abril de 1966, cuando se refirió a “MASAMACLAY” utilizando el generoso calificativo de “Magistral Obra”, y en la dedicatoria de su folleto en la me titulo “Renombrado Historiador de la Guerra del Chaco”, tanto por su probidad y aprobación, como por la exposición clara, metódica y muy bien documentada, sin parangón hasta este momento.
Para negar valor histórico a mi trabajo no encuentra Ud. mejor argumento que criticar que yo no hubiese consultado ciertos libros. Aunque esto no tiene ninguna importancia, pues solo uno de estos se refiere al tema central de mi obra, que es la guerra misma, me permito hacerle notar que ha caído Ud. en un error. La narración “Expedición Boliviana de 1883”, de don Daniel Campos, esta sintetizada en el primer capitulo de “Masamaclay”, utilizándose las propias expresiones del valiente explorador. Al describirse la batalla de Picuiba se transcriben frases textuales del libro del general don Félix Tavera. Los estudios de don Jaime Mendoza, no solo “La Ruta Atlántica”, que menciona Ud. sino también “la tragedia del Chaco”, “El Macizo Boliviano” y “El Chaco en los albores de la conquista” me sirvieron de valiosa fuente de información y cito frases de su texto colocándolos al lado las iníciales JM.
No cabe la menor duda de que mi obra es susceptible de muchas y más serias críticas que las que Ud. hace. Al mismo tiempo estoy seguro que serán muchas todavía las “historias de la guerra del Chaco” que se escriban en el futuro. Créame sincero al decirle que me gustaría que sus autores, al sopesar los documentos, puedan llegar a un criterio diferente al mío y coincidente con el suyo.
Como el comentario que Ud. ha escrito no explica cual es el punto de divergencia entre nosotros respecto a los orígenes del conflicto, por consideración a los lectores de este importante diario creo necesario hacer una síntesis.
Cuando el presidente de Bolivia, don Daniel Salamanca, supo que el ejército había ocupado una laguna en el Chaco desalojando a tropas paraguayas, dispuso el inmediato retiro de la fracción boliviana, para evitar una conflagración bélica. El estado mayor, del que era jefe el general Filiberto Osorio, trasmito la orden presidencial. El comandante de las fuerzas del Chaco, coronel Enrique Peñaranda, la objeto, explicando que el agua de la laguna era indispensable para el plan de penetración al Chaco y que la fracción Moscoso estaba posesionada al Oeste de aquella, a 600 metros de lo que fuera el puesto paraguayo. En vista de la respuesta del coronel Peñaranda y de reiteradas argumentaciones del estado mayor, el presidente acabo por autorizar que la pequeña fuerza boliviana siguiera a un costado de la laguna.
Cuando escribía mi libro, existía afirmaciones imprecisas de que el coronel Peñaranda, al dirigir su telegrama no hizo sino cumplir instrucciones del estado mayor. Para aclarar un punto de tanta importancia histórica invite públicamente al. A la sazón, general Peñaranda, a salir por los fueros de la verdad. Como no respondiera mi primera carta, tuve necesidad de dirigirle una segunda. Confeso, entonces, en las columnas de este mismo diario, que el texto del telegrama que despacho del Chaco al estado mayor en La Paz le fue transmitido desde misma repartición y el no hizo sino repetirlo poniéndole su firma. Desgraciadamente, no tengo conmigo el documento pertinente, para citar las palabras exactas del mencionado jefe.
La contención entre nosotros es que Ud. cree que la afirmación del general Peñaranda es falsa y que el estado mayor nunca le ordeno “representar” – según la jerga castrense – la orden del señor Salamanca. De lo que fluiría que la permanencia de las tropas bolivianas a la vera de la laguna pitiantuta o Chuquisaca fue responsabilidad del coronel Enrique Peñaranda y no del jefe del estado mayor.
Dada la estricta disciplina de nuestro ejercito, que entonces tenia una rigidez germana en la que un inferior no podía jamás oponer el menor reparo u observación a un mandato superior, y el carácter modesto y contemporizador del coronel Peñaranda, es muy difícil aceptar que se hubiera atrevido a argumentar de muto propio contra una orden del presidente de la república. Por lo demás cuando hizo su confesión publica, nadie salió al frente para contradecirle o para acusarle de faltar a la verdad. En consecuencia, su confesión adquirió el valor de un documento fehaciente.
Si el estado mayor hubiera querido retirar las tropas de la laguna, nada le habría sido más fácil que da una segunda orden al coronel Peñaranda, esta vez con carácter imperativo e irrefutable.
No creo que haya una sola persona que pueda poner en duda el patriotismo y la capacidad profesional que distinguieron a su hermano, el general Filiberto Osorio. Dentro de un criterio puramente castrense es muy explicable que el y todo otro jefe procurase la conservación de la laguna en manos bolivianas. La laguna era un milagro en medio del desierto. Perderla significaría que los oficiales y tropa del ejército tendrían que seguir ejecutando el plan de penetración, en la parte más difícil de territorio, en condiciones casi imposibles, bajo el terrible flagelo de la sed. Por lo tanto, si el general Osorio actuó como se dice en “Masamaclay”, lo hizo con entera buena fe y con la mejor de las intenciones.
Tengo la pretensión de haber expuesto claramente en “Masamaclay” mi opinión personal de que la guerra del Chaco no comenzó en la laguna, sino en Boquerón.
La ocupación de la laguna por el mayor Oscar Moscoso y sus pocos hombres y su desalojo por un fuerte contingente paraguayo, pudo pasar como un incidente mas entre los muchos que venían ensangrentando las arenas del chaco desde años atrás. La presión internacional fue lo suficientemente fuerte para imponer la cordura y la paz a las dos naciones. Después de la terrible sangría de los dos ejércitos en la batalla de Boquerón esto ya no fue posible.
Mi modesta opinión es que la guerra del Chaco fue provocada por una sucesión de errores en los que cayó el presidente Salamanca, pese a su genuino deseo de evitarla. Error de ceder a los pedidos del estado mayor para que la fracción Moscoso se quedara a orillas de la laguna. Error de permitir que se engañase a la opinión pública diciéndole que la laguna era antigua posesión boliviana llamada Chuquisaca y que allí teníamos un Fortín llamado Mariscal Santa Cruz. Error de comprometer al ejército en la conquista de los fortines paraguayos Toledo, Corrales y Boquerón, con la idea de que era una represalia exigida por el honor nacional.
La autentica represalia había sido ya la ejecutada por el Paraguay al recuperar la laguna. La contra reacción boliviana fue en realidad una contra represalia, y, por lo tanto, una provocación de guerra.
Todavía la guerra pudo evitarse si el presidente Salamanca cede a la presión diplomática que se ejerció durante todo el mes de agosto de 1932 para que ordenase la devolución de los fortines paraguayos. Su máximo error estuvo en empecinarse en retener Toledo, Corrales y Boquerón en poder del ejército boliviano, a la manera de rehenes, con la intención de colocarse en una posición fuerte para negociaciones de delimitación definitiva de frontera.
Cuesta comprender como un hombre tan inteligente como don Daniel Salamanca pudo tener la ingenua esperanza de que el Paraguay se vería forzado a discutir su frontera con Bolivia teniendo posiciones de su territorio en manos de su contendor. Esto no lo aceptaría ningún país, mucho menos el Paraguay, nación orgullosa y valiente, para la que la cuestión del chaco no era un problema lejano de simples delimitación fronteriza, como para Bolivia, sino uno que apasionaba a la opinión publica, del que dependía la estabilidad casi la del gobierno, la expansión territorial indispensable para su desarrollo económico y la posibilidad de encontrar riquezas petrolífera.
Lo saluda atentamente.
Roberto Querejazu Calvo
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor yuqui el Vie 16 Jul 2010 14:13

Y por ultimo tenemos la 3 parte, aquí algo mas explicito sobre quienes dieron el primer chispazo a la Guerra del Chaco, en lo anterior se vio que el inicio de la guerra recayó en Daniel Salamanca presidente de Bolivia y en el General Enrique Peñaranda del Castillo, uno podría sacar esas conclusiones con la lectura del capitulo 2 de Masamaclay, pero ahora veamos que es lo que dice el capitulo 2 del libro ACLARACIONES HISTORICAS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO del mismo autor don Roberto Querejazu Calvo.
En ese capitulo ya entra en juego el jefe de estado mayor general el general Filiberto Osorio, como podrán ver realmente las indecisiones y los líos entre el presidente y los militares nos llevaron a lo que no queríamos una guerra estúpida, el presidente por empecinarse en realizar la represalia y negociar con los 3 fortines en manos bolivianas, el general Filiberto Osorio por que escondió información al presidente sobre lo que verdaderamente paso en Laguna Chuquisaca o Pitiantuta, el general Enrique Peñaranda por que no pido confirmación sobre las ordenes del comando mayor y si esa laguna era de vital importancia por que no mando mas tropas para defenderla y tan solo mando a 30 reclutas del regimiento Campero sin instrucción de tiro y una ametralladora pesada que en ese momento no sabían como utilizarla, hasta ese momento podemos sacar las conclusiones de que fue Bolivia la que comenzó la guerra, pero (como en toda buena historia hay un pero) aquí esta el capitulo 2 de libro BOQUERÓN 1932 del general Luis Fernando Sánchez Guzmán, que nos da algo mas de aclaración sobre este tema, de ante manos gracias a todos los que opinan en este foro, Y podrán ver que siempre hay gente que busca glorias personales, también cuando estemos cerca de un aniversario mas de la Batalla de Boquerón pondré los respectivos capítulos sobre esa épica Batalla en memoria de todos aquellos que murieron gracias y larga vida a la paz.
(nota: como este capitulo es largo será puesto en 3 etapas: etapa 1) el gobierno de Guggiari busca la guerra y represalias y movilizaciones de 1928. Etapa2) revolución de 1930 y la beligerancia en los años 30 y 31. Etapa 3) los paraguayos encuentran la manzana de la discordia y Paraguay reconquista pitiantuta)
CAPITULO II
CAUSAS
. EL GOBIERNO DE GUGGIARI BUSCA LA GUERRA
. REPRESALIAS Y MOVILIZACIONES DE 1928
. REVOLUCION DE 1930
. LA BELIGERANCIA EN LOS AÑOS 30 Y 31
. LOS PARAGUAYOS ENCUENTRAN LA MANZANA DE LA DISCORDIA
. EL “CASUS BELLI”
. PARAGUAY RECONQUISTA PITIANTUTA
La historia universal nos enseña que, cuando un país eroga demasiado de su esfuerzo nacional en equipamiento bélico, y especialmente durante bastante tiempo; por lo general se siente tentado a usar tales equipos, máxime si el supuesto enemigo le proporciona una ventaja temporal. La carrera armamentista a que se lanzaron ambos países, con evidente ventaja Paraguay en el tiempo (dos años antes), tenía – lógicamente – que seguir ese derrotero.

EL GOBIERNO DE GUGGIARI BUSCA LA GUERRA
Los incidentes armados que venían repitiéndose, fueron induciendo cada vez más las opiniones y actitudes de los estados en disputa, hacia la guerra. La situación fue fríamente analizada pro el presidente Guggiari y su gabinete. Y fría también fue su decisión. Debía buscar un “casus belli”30 antes de que fuera tarde. Al respecto, el doctor Francisco Chávez, delegado paraguayo ante la comisión de neutrales de Washington, revela lo siguiente:
“el ataque a Vanguardia fue preparado por el gobierno del señor Guggiari y consultado a los jefes de los partidos políticos, entre los cuales me contaba, en una reunión celebrada en noviembre de 1928, en el palacio presidencial de Asunción. Mi opinión fue entonces contraria, por que creí y sigo creyendo que el gobierno daba un paso falso y excesivamente peligroso para la paz del continente y para los intereses paraguayos” (DA).
El objetivo y modalidad del ataque a realizarse fueron analizados y discutidos en consulta con el recientemente llegado de Francia Tcnl. José Félix Estigarribia, flamante jefe del estado mayor general. Se eligió Vanguardia, por ser el mas flamante de los fortines bolivianos, dejando – los políticos – decidir la oportunidad y modalidades a los militares. Guggiari solo exigió dos cosas: celeridad y secreto absoluto, cosa que consiguió totalmente; tanto, que recién a varias décadas de concluida la guerra, salieron a luz estos sucesos que echan por tierra los argumentos pacifistas argüidos sin excepción en el Paraguay, por sus historiadores. Se adoptaron también varias medidas preventivas: puesta a punto de los planes de movilización (de cuya rápida y adecuada ejecución dependía completamente el éxito); incremento de los efectivos, duplicando las tropas de guarnición en el Chaco; reunión preventiva con los jefes de los partidos políticos, entre los que se encontraba el Dr. Chávez; traslado del estado mayor general, el 17 de noviembre, a la ciudad de Concepción; incremento de los reconocimientos en territorio boliviano31; y finalmente, lo mas claro de todo: el “viaje de inspección” de Estigarribia a los fortines paraguayos del Chaco, apareciendo así “por pura casualidad” poco antes del momento en que habría que suceder el asalto al Fortín Vanguardia. No seria empero, el destino de Estigarribia dirigir estas operaciones. Debido a divergencias de su fuerte personalidad con el comando de Asunción, fue relevado de sus funciones, al decir de el: “sin la consideración usual en estos casos” (JFE). Su sucesor, el Tcnl. Coulet (Jefe de la Misión Militar Francesa), fue elegido – según el mismo Estigarribia – “A despecho de que tenia solamente pocos meses de residencia en el país, no conocía el terreno, el posible teatro de operaciones y todavía menos las cualidades del pueblo, que acudía en masa a los cuarteles para tomar las armas”.
Así montado todo; aparentemente “alarmado” por la proximidad de ese nuevo Fortín al rio Paraguay y “sin consultar a nadie”, el entonces My. Rafael Franco, comandante de la guarnición de Bahía Negra, decidió atacar Vanguardia, cosa que efectivamente hizo el 5 de diciembre de 1928. El Fortín estaba defendido por 39 hombres supuestamente al mando del Cap. Raimundo Cárdenas (ya que este se encontraba ese día en una francachela en Vitiones), pero en la practica por el Tte. Filiberto Lozada y el Sbtte. Tomas Manchego. Las dotaciones de la tropa no estaban en modo alguno a la altura de los requerimientos de un combate. El informe posterior del Tte. Lozada expresa, en cuanto al armamento, lo siguiente:

30 Podría traducirse como “causa del estallido de la guerra”. Generalmente es el antecedente más inmediato de la confrontación.
31 Según algunas fuentes el mismo Estigarribia, se habría aventurado desde territorio argentino a explorar el Chaco boliviano caracterizado como comerciante formoseño. Esta versión no esta confirmada por el propio mariscal, lo que disminuye se credibilidad
“Era este compuesto de una ametralladora liviana, cuyo manejo no se conocía todavía por haber llegado recientemente al país y de cuya instrucción se encargo al comandante del Fortín Cap. Raimundo de Cárdenas (la había dado a una escuadra unas tres veces); los oficiales subalternos no tenían orden de sacarla. Los fusiles eran modelo argentino en completo deterioro, razón por la cual había perdido sus cualidades balísticas; unos cuantos apenas tenían cuchillo bayoneta, algunos estaban con las agujas del percutor rotas. La munición según pruebas de tiro estaba casi pasada” (PB).
Entablado el combate Lozada ordeno que cada clase tome el mando de su escuadra y ordeno fuego a discreción. No existían posiciones preparadas no tipo alguno de preparación del terreno. Por su parte Manchego, que había tomado el fusil caído, en un intento de detener el avance de una fracción atacante quiso disparar el arma sin que salga el disparo “habiendo cambiado cuatro fusiles para lograr su intento”, según el informe de Lozada. Al final, la maniobra envolvente paraguaya se corono con el éxito, solo así los defensores se doblegaron ante la abrumadora superioridad de los 300 atacantes enemigos. El combate había sido campal y durado tres horas.
Hubieron numerosas bajas: 5 muertos y varios heridos (entre ellos Lozada), otros 12 lograron llegar a Vitiones, cayendo nuevamente presos el Tte. Lozada y el Sbtte. Manchego32, esta vez con 20 soldados. En Bahía Negra se les improviso un rustico alojamiento donde permanecieron prisioneros hasta mayo del año siguiente. Como ya habrá deducido el lector; el My. Franco quien fue bastante conocido en los años venideros – obviamente no fue procesado y menos aun, sancionado, por su criminal “arbitrariedad”, lo que constituye la mejor prueba de la veracidad de lo que aquí se afirma – tan solo queda hacer esta pregunta ¿Podría sancionarse a quien cumple ordenes de manera tan eficiente?
Como hemos expuesto, la supuesta “arbitrariedad” de Franco era solo un acto, de la monumental tramoya organizada por el gobierno paraguayo para engañar a propios y extraños, especialmente a los primeros, y precipitar a ambas naciones a la hecatombe. En descargo, puede argüirse que sus motivaciones eran eminentemente patrióticas, mejor, desesperadamente patrióticas. Creyeron los líderes paraguayos, realmente, que era un momento único para definir el conflicto; puesto que después seria muy tarde. Bolivia – Tenían informaciones dignas de la cancillería Chilena – había comenzado una carrera armamentista de gran magnitud con la cual – suponían ellos – el Paraguay no estaba en condiciones de competir. Sabían también que tales armamentos estaban llegando, aunque todavía en mínima parte, al país del altiplano y era por ello, el momento propicio; pese a, el Paraguay, también estar esperando “buena parte de las armas contratadas por el general Schenoni” (AFR). Ese “ahora o nunca” había ya trascendido, desde principios de año, también a los militares; y se haría sentir nuevamente dentro de muy breve espacio de tiempo.
REPRESALIAS Y MOVILIZACIONES DE 1928
Ante la agresión no provocada, el presidente boliviano Hernando Siles denuncio el hecho ante la comunidad internacional y simultáneamente ordeno que se adoptasen medidas de represalia. De inmediato las capitales, ciudades y villorios de ambas repúblicas se convirtieron en hervideros de emociones azuzadas por la prensa sensacionalista… A pedido de las masas, ambos gobiernos decidieron realizar además sendas movilizaciones; del tipo general el paraguayo, como también seria después durante la guerra; y movilización parcial el de Bolivia.
32 En este periodo que paso prisionero Manchego entablaría amistad con el Tte. Paraguayo Velásquez, a quien había conocido años atrás en Buenos Aires, cuando ambos eran todavía cadetes. Esa amistad continuaría después, cuando ambos heridos agonizaron en Boquerón. Fueron sepultados juntos.
Así planteada la situación, y aun antes del decreto gubernamental boliviano; el jefe de la delegación de Puerto Suarez y comandante de la 5a. Div. Gral. José Leonardo Lanza, procedió automáticamente a decretar la movilización en su jurisdicción, lo que coincidía con las intenciones del comando en La Paz. Una orden del E.M.G. fechada el 6 de diciembre, al comando de la 5a. Div., imponía: “Proceda enérgicamente. Tome Galpón”. Es curiosa e irresponsable tal orden, toda vez que el efectivo de toda la 5a. Div… ¡no estaban disponibles mas que 291 hombres!... Suponiendo que hubiese podido reunir la totalidad de ese efectivo disperso para la operación, aun así, esta hubiese fracasado; porque los efectivos paraguayos al frente les superaban en número, calidad de armamento y comandos, además de encontrarse en estado de apronte, ya que el golpe de mano sobre Vanguardia había sido planeado esperando precisamente la reacción boliviana en ese sector.
Dando cumplimiento a la orden mencionada el Tcnl. Ángel Ayoroa, comandante del Regimiento “Quijarro” marcho con sus escasos efectivos contra el Fortín paraguayo “Galpón” (7-8 de diciembre), mientras el Regimiento “Florida” avanzaba hasta “Vitiones” para cubrir la retaguardia de Ayoroa y estar en condiciones de apoyar la misión de este. El avance del “Quijarro”, aunque consiguió llegar hasta Vanguardia, fracaso porque tuvo que retroceder debido al crecimiento de los pantanales provocados por las lluvias típicas de la estación veraniega; retornando los 100 hombres de la columna Ayoroa al Fortín “Vitiones” a las 09:30 del día 9.
Ese mismo día, 9 de diciembre, mientras la 5ª. División retornaba después de haber tratado – infructuosamente – de realizar las represalias ordenadas; en la sede del gobierno se dictaba el decreto de movilización, llamando bajo banderas a los reservistas de todas las categorías dentro las jurisdicciones de la 4a. Y 5a. Divisiones. En el resto del país, se convoco tan solo a los contingentes de 1926 y 1927. Para llenar los cuadros de las Divisiones 1, 2, y 3. Triste antecedente de la “movilización por cuenta gotas” que acaecería cuatro años después. El mando tenía como objetivo incrementar los efectivos del ejército rápidamente, de 3.175 hombres a más de 10.000, que eran los considerados necesarios para afrontar exitosamente la crisis. Estos guarismos no eran producto de un método científico o, al menos, lógico para determinarlos. La incapacidad del comando era tan manifiesta, que los documentos de la época se expresan tan solo globalmente, mediante apreciaciones no científicas, en términos como: “… unos 10.000 hombres…”; “…organizar una columna de 100 hombres…”, etc.; nada de mencionar unidades organizadas previamente. El E.M.G., entonces, elaboro un cuadro de las plazas a movilizarse:
División Efectivos el 10-dic Efectivos Movilizados Efectivos Previstos
Primera 568 1994 2035
Segunda 649 1249 2251
Tercera 518 1452 1778
Cuarta 913 3000 1923
Quinta 527 3000 2236
Suma 3175 10695 10223

Considerando el presidente y el mando militar que la situación de la aviación boliviana era superior a su similar paraguaya; decidiose, complementariamente al accionar de la 5a. División, el bombardeo de Puerto Pacheco (Bahía Negra); el cual se realizo después de muchas peripecias, el 15 de diciembre; además del ametrallamiento de los fortines Patria y Galpón. En ambas acciones aéreas se presento, aparte de sospechosos percances en las maquinas; el disfuncionamiento del armamento de los aviones, llegándose al extremo de que las bombas habían sido trasladadas desde La Paz… ¡sin los respectivos activadores de las espoletas!
Sin desconocer del fracaso de la represalia intentada en el sector norte, la 4a. División, cuya jurisdicción comprendía la línea de fortines existentes entre los Esteros de Patiño y la región central Chaqueña, frente al sector paraguayo que integraba a las colonias menonitas, Boquerón a Isla Poi; empezaba a tomar previsiones para actuar en la medida de sus posibilidades. Hacia las 10:30 a.m. del 8 de diciembre, el Cnl. Gumucio, comandante de esa división, en su P.C. del Fortín Esteros, recibía el siguiente radiograma de La Paz:
“Inmediatamente reciba la palabra convencional PATRIA dispondrá ataque y toma fortines paraguayos primera línea Sorpresa-Martínez. Gral. Quiros”
Apenas transcurrida media hora llegaba un segundo radiograma: “PATRIA y necesito noticias enseguida. Gral. Quiros”. El solo hecho de seleccionar dos objetivos tan distantes entre si evidencia el desconocimiento del terreno y la poca capacidad de discernimiento del E.M.G. en La Paz. Más, sin entretenerse con estos razonamientos, al igual que lo acaecido con su camarada Ayoroa; Gumucio se apresuro a dar cumplimiento a la orden recibida, organizando dos columnas en base a los Regimientos “Campos” y “Ayacucho”, sin emplear al “Lanza”, que se encontraba en el Fortín Ballivian “sin equipo y sin ganado”. Ambas columnas sumaban un efectivo total de 614 hombres, ya que – no debe olvidarse – los efectivos movilizados en el interior, a los cuales se hace mención en los cuadros mostrados en los párrafos anteriores, no habían llegado aun al Chaco y recién lo harían en las semanas y meses subsiguientes.
Al Tcnl. Samuel Alcoreza, comandante del “Campos” se le dio la misión de avanzar con su regimiento hasta el Fortín “Arce” y esperar allí órdenes de ataque, al igual que al Tcnl. Víctor Filippi, quien permanecía en el Fortín “Saavedra” al mando del Regimiento “Ayacucho”. El día 12 de diciembre llego otra orden de La Paz, la cual además de cambiar, duplicaba los objetivos de las columnas: “Día catorce PATRIA sobre Boquerón, Rio Verde, Ayala y López”. De inmediato, en el termino de pocas horas, las columnas – que estaban en apronte – y con verdaderas ansias de combatir; marcharon en pos de sus objetivos. El “Campos” contra Boquerón y Rojas Silva (Rio Verde); y el “Ayacucho” contra Nanawa (Ayala) y Mcal. López. Lejos estaban todos de imaginar que a escasas 7 horas llegaría una contraorden desde La Paz, imponiendo: “PATRIA limites sobre Rojas Silva…”. ¡Cambiando de objetivo, y cuando las columnas ya habían partido!...
Dificultosamente comunicada la contraorden al destacamento desprendido del “Ayacucho”, que marchaba contra el Fortín Ayala (Nanawa), este detuvo su marcha, retornando poco después a “Saavedra”. Igual aconteció con el destacamento del “Campos”, que se preparaba para atacar Rojas Silva, el cual – ante el caos de las ordenes y contraordenes – en una muy controvertida decisión del Tcnl. Alcoreza, pospuso la operación en espera de que clarifique la situación, hasta detenerla completamente contra el parecer de la mayoría de sus hombres, que así se lo manifestaron.
No debe extrañar entonces que – sin saber de la contraorden – los primeros objetivos de las unidades, los fortines Boquerón y Mcal. López fueron atacados y cayeran ambos al amanecer del 13 de diciembre. Empero, pero al éxito obtenido, al heroísmo desplegado; tales objetivos tuvieron que ser abandonados el mismo día al recibirse – recién – la famosa contraorden mencionada… Todo lo relatado sintéticamente, es tan solo una muestra de lo que acontecería durante la campaña posterior. Un claro antecedente de la incompetencia de nuestros mandos superiores militares y, principalmente, políticos. En los enfrentamientos murió el Tte. Paraguayo Aparicio Figari y se tomaron numerosos prisioneros, entre ellos al Tte. José Eduardo Conigliaro, una mujer y varios soldados. Este oficial, Conigliaro, habrá de demostrar después de su cautiverio, grandes cualidades imaginativas. Según el, los prisioneros paraguayos participaron en Muñoz, invitados por los bolivianos “que les habían tratado muy bien”, en un almuerzo de camaradería con el mismísimo Gral. Hans Kundt, quien como nosotros sabemos nunca había pisado el Chaco hasta diciembre del año 1932. En que se hizo cargo del comando supremo, en plena guerra.
Concluidas las operaciones, restaba el accionar de las cancillerías y prever las futuras operaciones, había cuanta de las reacciones y contra reacciones que caracterizan a este tipo de situaciones críticas internacionales. Todo dependía – empero – del decorrer de la movilización que ambos países habían comenzado frenéticamente. En el interior de la república, al ardor y civismo de los voluntarios que llenaban los cuarteles durante los primeros días; siguiole un periodo de disturbios, amotinamientos, saqueos, y deserciones por doquier. El motivo principal para tales brotes vandálicos radico en la falta de previsión relativa a la dotación de alimentos, vestuario y hasta alojamiento. El súbito atiborramiento de voluntarios en los cuarteles redundo rápidamente las capacidades de albergue de estos. No debe olvidarse que se vivía en plena estación lluviosa, que ese año fue especialmente profusa en precipitaciones. A tal punto llego la desorganización, que en las regiones occidentales del país tuvo que dejarse sin efecto la medida. Primer clarinazo del descalabro organizacional que se veía en el horizonte….
En la jurisdicción de la 5a. División se movilizaron 3000 voluntarios, presentados en la ciudad de Santa Cruz y poblaciones aledañas; de ellos tan solo 764 llegaron a Puerto Suarez, los que fueron incorporados de inmediato a los efectivos de los regimientos “Quijarro” y “Florida”. El cuadro que sigue (y que se basa en el mostrado en el párrafo anterior), demuestra claramente esto.
División Movilización Incorporados Totales
Primera 1994 0 584
Segunda 1249 0 649
Tercera 1452 0 518
Cuarta 3000 600 1113
Quinta 3000 764 1414
Suma 10635 1334 4262

Conviene analizar, a manera de ejemplo del desarrollo de la movilización, el accionar de la 5a. División la cual, una vez presentados los 3000 voluntarios mencionados, organizo tres columnas o destacamentos de marcha, al mando de los mayores Menacho, Viaña y Guzmán. Sobre este último pesan las acusaciones más claras de ineptitud y corrupción, lo que no quiere decir que sean las únicas ocurridas y en una sola columna. Irregularidades – por decir lo menos – hubo en todas y fueron en gran medida las causas reales del fracaso de la movilización y operaciones posteriores. Un testigo declarante se manifestó así ante la Comisión Investigadora, reunida en Santa Cruz.
“Sobre la marcha de las tropas movilizadas en Santa Cruz, lo único que se, es que estuvo a cargo del Mayor Guzmán, quien como militar se reveló como un perfecto incapaz, de modo que lo que ha sufrido esta tropa se debe en primer lugar a su falta de entereza para imponerse a la tropa y a los mismos oficiales que lo acompañan; se que por relación del profesor normalista Aquino Ibáñez movilizado como reservista y que marcho en ese contingente, que la tropa se amotino en San José, insulto a su jefe asaltó el deposito de víveres, intentando marchar de regreso a esta ciudad, exasperado por la reducción del socorro a 0.20 ctv., impuesta por el mayor Guzmán, bajo el pretexto de que no tenia dinero”.
No fue mejor la situación acaecida en la jurisdicción de la 4a. División. Los 3000 movilizados correspondían en su mayoría a la región del Chaco, a los valles Chuquisaqueños y Tarijeños y, en menor proporción, a voluntarios del interior de la república. En esta división no fueron limitados los problemas a los destacamentos de movilizados, sino también a las unidades de línea. Por ejemplo, el Regimiento “Lanza” que – hemos mencionado – se encontraba en Ballivian, recibió la orden de trasladarse a Boquerón, lo que pudo hacer recién en enero de 1929. La razón la explica muy bien su 2º Comandante, My. Guillermo Jordán:
“El regimiento no contaba ni con un grano de arroz. Por telegrama en clave le comunique (al Cnl. Gumucio) la situación de mi tropa, que en ese momento no contaba con uniformes, ni ganado, ni monturas y demás elementos indispensables, no obstante de ser un regimiento montado”.
La desorganización no solo se circunscribió al manejo del personal movilizado, si no también a la totalidad de las facetas administrativas, entre las que no podía quedar fuera la documentación reservada. Un hecho realmente digno de anécdota es el acaecido con la copia entregada a la 4a. División de la ultra secreta Clave Nº 174 de nuestro E.M.G. utilizada durante la crisis para cifrar y descifrar la documentación. Este importantísimo documento fue encontrado por un civil (extranjero) después de los sucesos, por mera casualidad… ¡en la habitación de un hotel de la población de Yacuiba!... y entregado (seguramente con sorna) posteriormente, a personas del E.M.G. que pasaban por esa localidad chaqueña mucho tiempo después de los hechos.
En el ámbito financiero no fueron mejor llevadas las operaciones. Sorprende – en esta época de tanta corrupción – enterarse las barbaridades, en todos los niveles, acaecidas en 1928. En circunstancias tan apremiantes y peligrosas para el Estado campearon el negociado, el abuso de poder, el fraude y peculado. Tanto así, que la mitad del dinero erogado pro el Estado para salvar la emergencia internacional desapareció y nunca mas se supo de él. El informe del Gral. Pastor Baldivieso, que muestra pormenores realmente espeluznantes con ejemplos, nombres y apellidos; relata así el asunto:
“Mucho peor fue el tratamiento administrativo y financiero de la movilización, como muestra, baste mencionar que de los 2.517.910 Bs, erogados por el TGN para esta emergencia nacional, y que fueran entregadas en su totalidad a los mandos castrenses en sus diferentes escalones y jurisdicciones; tan solo 1.258.537 Bs (casi el 50%) que – según el mencionado informe – habrían sido malversados o malgastados sin posibilidad de justificación”.
Quizá peor fueron las cosas en la movilización paraguaya. Tanto que Guggiari, que era quien había lanzado el guante, tuvo que retirarlo rápidamente cuando noto, aterrorizado, que la movilización – que le habían asegurado no presentaría problemas – si los tuvo, y de gran magnitud.
Las decisiones titubeantes y poco enérgicas de Coulet tropezaron de inicio con una obstinada resistencia por parte de los oficiales nativos que veían con muy malos ojos la imposición del francés como jefe de estado mayor. La resistencia degenero en un caos en el que nadie parecía dar ni recibir ordenes, peor obedecerlas. A esto, vinieron a sumarse otros aspectos negativos; uno de ellos, al decir del paraguayo, Dr. Ángel F. Ríos (el año 1950):
“El decreto de movilización llamo a diez clases; pero los reservistas se abalanzaron, en masa, a los cuarteles. No hubo posibilidad de darles albergue a todos, ni de organizar el aprovisionamiento de alimentos y vestuarios” (AFR).
Otros contratiempos son expuestos por Alvéstegui:
“Un cargamento de cinco millones de cartuchos enviado de Europa fue detenido – dice Benítez – en Buenos Aires por orden del presidente Irigoyen, alegando neutralidad frente al incidente, el de Vanguardia. Es posible que no le hacían falta en ese momento al ejercito paraguayo los cinco millones de cartuchos detenidos, porque una cantidad igual había llegado ya a Asunción; pero la actitud del presidente Irigoyen, era una notificación severa de que el gobierno argentino cumplirá las normas de una correcta neutralidad, en caso de proseguir el conflicto, y eso importaba para el gobierno paraguayo un gravísimo contraste… Debe agregarse a esto, ciertamente, que tampoco Ríos Gallando se mostro dispuesto a echar sobre Bolivia el poderío del ejercito Chileno…” (DA).
Apresuradamente, entonces, acudieron los paraguayos a sus fieles amigos Chilenos, solo a ellos, ya que el presidente argentino Irigoyen pretendía mantener la neutralidad de su país. De la cancillería mapochina consiguieron apoyo diplomático suficiente, que se plasmo en nuevas “iniciativas” de los neutrales a favor de la paz. Ante la intervención mediadora de las naciones americanas y presiones del gobierno chileno sobre el nuestro, ambos contendientes accedieron a sentarse nuevamente en una mesa de negociaciones.
Es importante recalcar que aparte de lo mencionado, primó en el ánimo del presidente Siles – y por ende en la procura del arreglo pacifico – la certeza de que nuestro país tampoco estaba preparado para la guerra. Decidiose entonces Siles, a apresurar el programa de adquisición de armamentos y encarar la construcción de una adecuado estructura vial hacia y dentro del Chaco33. Este gesto lo enaltece ante la historia, ya que no transigió ante los pedidos de la masa que inconscientemente, en multitudinarias manifestaciones por todo el país, le reclamaba a gritos… “GUERRA!34. Además, el honor nacional había quedado a salvo. Siles adquirió así un gran prestigio como estadista, por los favorables resultados de haber conjurado la grave crisis internacional con el Paraguay, con energía y sin que llegase a mayores. Empero, mucho más favorables para Bolivia fue la consecuencia diplomática. La intervención mediadora de los países neutrales, declarando agresor al Paraguay y obligando a la reposición de fortines, fue – sin duda – un gran triunfo diplomático boliviano. Paraguay se vio obligado, merced a ello, a reconstruir el Fortín Vanguardia, lo cual se realizo casi de inmediato bajo la supervisión de oficiales Uruguayos.
La crisis y movilización parcial de 1928 desnudaron completamente las falencias doctrinarias y organizacionales del ejército. La culpa le fue echada, con toda justicia a la Misión Alemana; que había incumplido notoriamente su contrato. Ahora salía a relucir claramente su incompetencia operacional en lo referente a planeamiento y organización, aunque la fachada de la cual se ufanaban propios y extraños, parecía mostrar lo contrario…
“Una cruel prueba de estos cargos que pesan contra el Gral. Kundt, tenemos en la desastrosa movilización de 1928 donde en medio del desorden el mismo presidente de la nación se vio precisado en momentos de apremio, a buscar y recoger los elementos de juicio acerca de las diversas condiciones del Chaco, e impartir ordenes directas a los comandos de las tropas actuantes, en vista de que el E.M.G. no poseía el menor esbozo de Plan de Operaciones y que el jefe de esta alta repartición Gral. Quiroz ignoraban los efectivos que guarnecían las zonas del sud-este y oriente, envueltas en el conflicto”.
33 Destaca entre ellas por su importancia el camino carretero Tarija-Villamontes
34 Siles tomó la atinadísima medida de hacer capturar a los cabecillas de estas exacerbadas turbas y enviarlos, movilizados, al Chaco. Esto atempero los ánimos como por arte de magia; pues, sabido es universalmente, que quienes mas entusiastas se muestran en este tipo de manifestaciones, en su mayoría, disminuyen su entusiasmo en forma inversamente proporcional al entusiasmo demostrado en las calles, conforme se acerca a las trincheras
Las lecciones del fracaso de la movilización, tanto boliviano como paraguayo, fueron aprovechadas cabalmente por este ultimo país, por que de ellas logro sacar las enseñanzas suficientes para la que realizaría en 1932, de manera tan eficiente y que le daría la ventaja absoluta en efectivos – durante los primeros dos años de la guerra que sobrevendría – y en la moral en todos los periodos de esta conflagración.
Por aquella época, el embajador de Bolivia en el Uruguay, Dr. Arturo Pinto Escalier, ante un “Comunicado Oficial” emitido por la Legación Paraguaya en Montevideo, haciendo uso de la prensa oral y escrita rechazo metódica y firmemente las sindicaciones paraguayas, en una nota enviada a los mismos medios de la cual se trascribe el siguiente fragmento:
“…En efecto. A estas alturas del sonado conflicto, nadie ignora que, con los auspicios del gobierno argentino, se celebraron en Buenos Aires- 1927-1928 – unas conferencias de plenipotenciarios bolivianos y paraguayos para ver si era posible zanjar el viejo y enconado litigio. Y quienes esto saben, harán recordar a la desmemoriada Legación del Paraguay que tales conferencias fueron el resultado del acuerdo que dio lugar al protocolo GUTIERREZ-DÍAS LEON, firmado en la capital de Argentina el 22 de abril de 1927… Y este, si, es el ultimo instrumento diplomático firmado por Bolivia y por el Paraguay”.
Si el protocolo GUTIERREZ-DIAZ LEON era el último instrumento diplomático; seria el gobierno de Hernando Siles el que cerraría la ultima puesta a las negociaciones. Como consecuencia de los relatados sucesos del Fortín Vanguardia, el año 1928; el gobierno boliviano propino el golpe de gracia a las posibilidades diplomáticas de solución, declarando oficialmente su pretensión a la totalidad del territorio Chaqueño. Ya no se esperaba la delimitación mas o menos lógica, mas o menos justa, de una línea fronteriza lo que, a fin de cuentas, se había estado negociando con tanto afán y esperanza durante las décadas precedentes. Paralelos, meridianos y grados geográficos habían dejado de tener importancia. El objetivo boliviano era ahora todo el territorio en disputa, hasta la misma puerta de Asunción. A más de sorprender a propios y extraños, la reacción paraguaya fue de un furibundo rechazo amen del convencimiento de que el pleito no tenía más solución que la de las armas. Honesto es reconocer que semejante pretensión nuestra no dejaba otras opciones al rival.
Casi dos años tardarían las negociaciones conciliadoras sobre los sucesos de 1928. En el ínterin, se sucederían otros hechos de importancia.
yuqui
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor yuqui el Vie 16 Jul 2010 14:20

lastimosamente las tablas sobre los soldados movilizados por Bolivia no salieron bien pero mas o menos tendran una idea mil disculpas por eso gracias
yuqui
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor yuqui el Mar 20 Jul 2010 15:24

y aqui va la ultima parte de esta guerra y espero que saquen sus concluciones y las pongan gracias
LA REVOLUCION DE 1930
En Bolivia, en junio del año 1930, un movimiento armado de militares, universitarios y grupos “cívicos-rosqueros”, al decir de Augusto Céspedes, derroco al gobierno del Er. Hernando Siles. Vale la pena interiorizarnos en los prolegómenos de este movimiento, para entender mejor las circunstancias en que se desarrollaron después las relaciones entre las diferentes autoridades militares durante las operaciones.
Creyendo en la necesidad de estableces en el país un gobierno fuerte, dirigido por su persona y las jóvenes personalidades que conformaban el Partido Nacionalista, Siles había incurrido en un craso error político: buscar la reelección presidencial violando así claramente, la Constitución Política del Estado. Para conseguir ese fin, renuncio el 27 de mayo de ese año, resignando el poder en su gabinete ministerial (cosa también muy original). Creía el mandatario contar con el apoyo unánime e incondicional del ejercito. Así se lo había manifestado el jefe de E.M. Gral. Hans Kunt35 y el Ministro de Gobierno Tcnl. David Toro, personaje que había comandado – y seguía haciéndolo – el Regimiento “Ingavi” 4 de Caballería. Tiempo atrás, los “elementos peligrosos” habían sido separados de la institución, entre ellos su líder aparente, el Cnl. José Leonardo Lanza, tras pretender, en 1928, sublevar al Colegio Militar. Con el resto de la oficialidad no había problemas. El apoyo de las unidades de policía estaba también asegurado.
Prácticamente neófito en política y desconocedor del verdadero sentir de la oficialidad, cuya buena parte había repudiado “la gloriosa” de diez años atrás, añorando la bonanza de los regímenes liberales; el ministro y jefe de estado mayor General, Hans Kundt, comenzó una campaña interna en la institución para defender al gobierno y justificar sus acciones, campaña cuya cúspide fue la distribución de un curioso manifiesto, en el cual explicaba su posición, haciendo referencia a “ciertas consultas llegadas a esta jefatura, pidiendo consejos y orientaciones…”. El documento puntualizaba claramente las intenciones suyas y las del gobierno, afirmando en su parte medular:
“El país esta amenazado por tres potencias muy peligrosas: el capitalismo, el pacifismo y el caudillismo. El capitalismo representado por aquellas pocas personas que han formado su inmensa fortuna con las riquezas del país, sin acordarse después de el para nada. El pacifismo representado por un pequeño grupo de si llamados intelectuales, los que hasta la fecha, cuando se trata de los verdaderos intereses de Bolivia siempre han fracasado o negado su concurso. Hombres de una preparación superior, oradores, escritores, etc., pero dispuestos para liquidar lo que ellos llaman “la aventura paraguaya” y entregar hoy día todo el Chaco boliviano a la nación mas pequeña e insignificante de Sud América. Y el caudillismo aquel obstáculo tan eficaz que el país ha encontrado durante mas de cien años en su camino hacia el progreso y la grandeza, con orgullo legitimo el ejercito de hoy puede calificarse como moderno en su organización, instrucción y armamento. ¿Por qué piensan algunos de entre nosotros en retrogradar a aquellos procedimientos que en épocas muy remotas han causado tanto daño al país, a la formación de gobiernos de caudillos militares? El gobierno actual y muchos de sus partidarios se han dado cuenta con una gran clarividencia de los peligros anteriores y es sobre esta clase que ha nacido la idea de la prorroga directa, impuesta por la fuerza y con el asentimiento abierto o tácito del ejercito” (RAM).
Mas adelante Kundt abundaba en justificativos y seudo análisis de la situación nacional, pretendiendo convencer a sus lectores sobre la conveniencia de las medidas gubernamentales. Al finalizar, expresaba contundente:
“… Felizmente el país puede estar tranquilo aunque se presentasen algunas perturbaciones o situaciones algo anormales. La mayor y la mejor parte de la oficialidad piensa como hemos indicado y servirá en el momento dado de modelo a aquellos nuestros compañeros que por influencias ajenas o por consejos erróneos pueden vacilar. El militar no debe parecerse a la totora que se mueve al menor soplo de viento de uno y otro lado; sino más bien al roble irrompible que esta arraigado en el suelo patrio. Entonces constituirá el ejercito una verdadera garantía para el país el que un día se dará cuenta debe a su fuerza armada, que no busca ventajas personales o materiales, sino que sigue desinteresado por el camino bien duro del ideal y del deber. Esta jefatura renueva a todas las unidades del ejército, su confianza ilimitada y cuenta en un caso dado incondicionalmente con cada una de ellas. El general jefe del E.M.G. Gral. Hans Kundt”(RAM).
Tanta candidez en el escrito, mezclada con ignorancia y soberbia, no podían producir mas que el efecto contrario al deseado por su elaborador. Casi de inmediato comenzaron las “perturbaciones” o reacciones públicas de resistencia. Y se prolongaron hasta las postrimerías del mes de junio. La población, de inicio, realizo tímidas manifestaciones que degenerarían rápidamente en violentos disturbios.
35 Kundt lo hizo a través de un manifiesto que lanzo al ejército, el cual causo revuelo no solo entre la opinión pública nacional sino entre la oficialidad de la institución armada.
Las consignas antigubernamentales eran preparadas en la universidad de San Andrés, los “Amigos de la Ciudad” y el Club de la Unión. Pronto se echó mano al regionalismo. Al grito de “’¡Viva La Paz y nada mas!” la cholada paceña se lanzaba a las calles, tratando de despojar del poder al “Chuquisaqueño”36 Siles. El primer muerto apareció el 22 de junio. Su cadáver fue llevado en andas cubierto por la bandera nacional, por todas las calles de la ciudad. Los días siguientes, esos grupos se convirtieron en multitudes. Pero el golpe decisivo lo dio el ejército. Al amanecer del 25 de junio, en Oruro se sublevaba el Regimiento “Camacho” seguido de inmediato por el “Aroma”, que se encontraba de guarnición en Umala. Los amotinados lanzaron un manifiesto en defensa de la Constitución. Apenas llegado el documento a La Paz, se amotino esa misma tarde el Colegio Militar, que saliendo de sus instalaciones ataco a la Escuela de Clases y se posiciono después en la Losaría. A partir de ahí, el tiroteo se generalizo en la ciudad. Mientras el Regimiento “Ingavi”, la Escuela de Clases y los Policías combatían contra los revoltosos, se preparaba para salir de su cuartel en apoyo del gobierno, el Regimiento “Pérez” 3 de infantería. En cierto momento, a las 2 de la madrugada del día 26, los Sbttes. Gualberto Villarroel y Jorge Antezana volcaron esta unidad a favor de la revolución. Con las primeras luces del alba, tanto los cadetes del Colegio Militar como los hombres del “Pérez” se encontraban en El Alto, donde habían acudido con la esperanza de convencer a la Base Aerea37 y al Regimiento “Pando” a que se plieguen al movimiento revolucionario, además de esperar la llegada anunciada de otras unidades del interior. La Base Aérea, comandada por el Tcnl. Bernardino Bilbao, se plegó a la revolución y a media mañana también lo haría el “Pando” de Comunicaciones; el Regimiento “Bolívar” 2 de Artillería y el “Campero” 5 de infantería, de Viacha; a esas tropas se unió el Regimiento “Abaroa” 1 de Caballería, que acudiendo desde Guaqui al llamado hecho por Kundt, se volcó en la misma ceja del El Alto. Al medio día, después de algunos vuelos de ametrallamiento por la aviación y bombardeo de artillería al cuartel del Regimiento “Ingavi” (en la calle Calama), las tropas comenzaron a descolgarse hacia la ciudad. Simultáneamente, viendo la situación perdida, comenzaron a llenarse las embajadas con los dirigentes políticos y militares derrocados: Siles, en la de Brasil; Kundt, en la de Alemania; Toro en la de Chile. Enteradas de esto, las unidades leales se acuartelaron reconociendo su derrota, entre ellos el Tte. Germán Busch y su cuñado el Cap. Carmona, ambos del “Ingavi”38. La chusma embravecida comenzó el saqueo de los domicilios particulares y oficinas públicas. El 27 todo había acabado. En la junta militar de gobierno que se hizo cargo del poder mientras se convocaba a elecciones, juraron: el Gral. Carlos Blanco Galindo (Presidente); Cnl. José L. Lanza; Tcnl. Bernardino Bilbao R; Cnl Carlos Mariaca Pando; Cnl. Filiberto Osorio y Tcnl. Emilio Gonzales Quint.
36 Este fenómeno regionalista, de muy escasa duración, fue producto de la habilísima propaganda que se planeaba en al U.M.S.A.
37 No existe por entonces la Fuerza Aérea. Como la conocemos ahora. La incipiente aviación militar era un arma más del Ejército. Sus oficiales, como Bilbao Rioja, Belmonte, Pabón, etc., eran todos de la fuerza terrestre con especialidad de aviadores para lo cual habían realizado el respectivo curso de pilotaje.
38 Esta amistad de Busch con Toro, comenzaba en el Regimiento “Ingavi”, habría de mantenerse durante toda la campaña. Busch, seria la principal carta que jugaría Toro en todas sus maquinaciones.
LA BELIGERANCIA EN LOS AÑOS 30 Y 31
Para mejor explicar la belicosidad y mutua desconsideración con que continuaron agravándose las relaciones entre los dos países, será preciso retornar nuevamente a dos años atrás, cando en Bolivia agonizaba en periodo constitucional de Hernando Siles, inmediatamente después de los sucesos de Fortín Vanguardia.
Relativamente apaciguados los ánimos el año 29, no ocurrió lo propio con las intenciones de los antagonistas. Las negociaciones patrocinadas por los neutrales habían culminado; y conocidas sus conclusiones, tropezaban con graves escollos. El “Orgullo” y “Dignidad” paraguayas, hacían que este país se niegue intransigentemente a reconocer como agresor y efectuar las reparaciones del caso. La opinión publica y prensa paraguaya, en rechazo a las conclusiones de los neutrales, mantenían prácticamente como rehén a Guggiari y su gabinete exigiéndoles “no ceder”, “no dar brazo a torcer”. Nuestro gobierno también se mantenía intransigente. Por lo tanto, en los dos países se vivía la efervescencia propia de la aproximación de la guerra. Solo se conversaba sobre su inminencia. Las masas no solo la esperaban, la deseaban. Y la prensa, como es su característica, hacia coro de estas ansiedades. Los políticos y sectores prudentes se contagiaban, poco a poco, la marcial plaga. De esta época datan los insultos y las diatribas más estrafalarias contra el oponente. Por los medios de prensa oral y escrita, aparecieron poetas, “cívicos”, “Chacó logos” y “Compositores” de toda laya, que no paraban de mentir e inventar historias, canciones o tonadillas, u otras manifestaciones de este tipo, para calumniar, denigrar o infamar al adversario.
Lo que el Paraguay estuvo a un “tris” de hacer en 1928, lo planeo (aunque solo en una primera fase) Bolivia en 1930. Desde principios de ese año habiéndose multiplicado los incidentes armados. Solo en la primera quincena del mes de enero alcanzaron al numero de cuatro (dos en Cuatro Vientos, uno en Huijay y otro en Pozo Verde). Esta seguidilla de provocaciones, las mas de las veces con bajas de uno u otro bando – sin importar comenzadas por quien – incrementaron mas la tensión y las susceptibilidades entre ambos estados. El comando boliviano, a la cabeza del Gral. Hans Kundt desde 1929, seguro de que el Paraguay preparaba una nueva ofensiva relámpago para principios de ese año, decidió adelantarse. Para ello elaboro una Orden Preparatoria, decretándose luego la movilización parcial. Informando sobre estos hechos, un memorándum del Estado Mayor boliviano, describió así la situación y los motivos de tales medidas:
“Informaciones fidedignas del Paraguay, aseguran, a su vez, que el pueblo asunceno presionaba a su gobierno para precipitarlo a la guerra. Consideraban al conflicto como hecho inevitable. Se pedía en el parlamento, en la tribuna callejera y en la prensa desbordada, el desquite de Boquerón. Y, finalmente, algunas medidas de movilización parcial de su ejército, despejaron la incertidumbre. El comando paraguayo preparaba una ofensiva para el mes de diciembre de 1929 o enero de 1930, sobre nuestras posiciones de sudeste. Actitud que hoy, como siempre, sigue la misma… La situación se presentaba gravísima; auguraba crisis próxima y ciertas. Había pues, que adelantarse a ellas…”(DA).
Para los paraguayos, que conocieron el detalle toda esta situación (como después veremos), tales iniciativas nuestras no se ajustaban a la realidad. Atribuyeron – y esta vez con bastante lógica – a los afanes prorroguitas de Siles tales maniobras, cosa que ya había trascendido de los medios políticos a los diplomáticos en La Paz. Don Vicente Rivarola, por entonces embajador paraguayo en la Argentina, hace mención a un telegrama recibido de su cancillería:
“Para información suya y la de ese gobierno: 17 de enero una patrulla boliviana ataco nuestro puesto militar Isla Poi siendo rechazada y dispersada. Desde hace dos días patrullas bolivianas muévanse activamente. Sospechamos bolivianos tienen interés provocar nuevos conflictos ya sea para crear gravedad situación internacional justificando así prorroga mandato presidencial Siles o para rehuir aceptación buenos oficios Neutrales”(VR).
Los hechos parecen dar la razón a Rivarola. El me de febrero se hacían publicas las intenciones del presidente boliviano para aspirar a la reelección. Pocos meses después, este intento prorroguista dio lugar a su caída, hecho que ya relatamos con amplitud en paginas presidentes. Mas, el derrocamiento de Siles no paro los roces; tampoco lo lograron la reanudación de relaciones y mutua devolución de fortines y prisioneros, hechos acaecidos en julio de ese año. Hubo otros tres incidentes armados hasta culminar el año. Pero ¿Cuál había sido la causa para que la sangre no llegase al rio, aquel caluroso verano de 1930? Al decir de Alvestegui, la razón por la que se detuvo el aparato y ardor bélico de nuestro gobierno fue uno solo: el descubrimiento por los paraguayos de nuestra clave secreta de comunicaciones39, que les permitió saber exactamente y con la debida anticipación lo que Siles y Kundt pensaban hacer. Relata Alvéstegui, refiriéndose al memorándum/informe del E.M.G., ya mencionado:
“Se ve por esto documento del estado mayor general de nuestro ejercito40, que en enero de 1930, el gobierno del presidente Siles, este en situación, no solamente de aceptar la guerra en el Chaco, como un hecho inevitable, por causa de las actitudes belicosas del Paraguay, sino a un paso de iniciarla. Hasta la fecha estuvo señalada. Fue solamente el robo practicado por agentes del Paraguay, de la clave castrense lo que le detuvo. Tal era, pues, la inminencia permanente en que Bolivia estaba”.
Tampoco iban muy a la zaga en entusiasmo guerrista nuestros rivales paraguayos (hemos narrado sus picardías del año 1928). Relatamos también, que la iniciativa belicista de los políticos y lideres militares de aquella época, había trascendido a las elites militares primero, y al resto del personal militar después, en el solo lapso de un año. Autores Paraguayos coinciden en destacar la efervescencia patriótica que reinaba entre la joven oficialidad de su ejercito en estos dos últimos años de paz. Llegose incluso en Isla Poi, a establecer un “Convenio” de oficiales con miras a provocar incidentes que condujeran a la guerra. Los militares paraguayos criticaban abiertamente a los políticos liberales en el poder, por su blandura en las relaciones con Bolivia. Al convenio de Isla Poi se adhirieron la mayoría de los oficiales de otros fortines y guarniciones del Chaco, y a su impulso surgió una especie de competencia, entre las distintas guarniciones, en organizar patrullajes de provocación, que en algunos casos se convertían en verdaderas cacerías de soldados bolivianos. Uno de ellos, realizado sobre el Fortín boliviano “Yujra”, nos sirve para ejemplificar y demostrar los trajines provocativos de los militares paraguayos y así distribuir mejor las “cuotas partes” de responsabilidades en el estallido de la guerra, que tan injustamente se atribuyeron tan solo a militares y políticos bolivianos, es obvio que es solo uno entre varios ejemplos.
“…Este trabajo mas bien se decidió realizar para cumplir lo presentido a los oficiales de Isla Poi, quienes fueron representados por 5 oficiales, entre ellos el teniente Vicente Quiñones, que llegaron a Boquerón para plantear al teniente Florentín y sus oficiales dos cosas a raíz de los problemas políticos que venían aconteciendo en Asunción”(AM).
39 Los paraguayos arguyen que fue el teniente de Marina Gonzales, quien logro descifrar el cifrado del 20 de enero de 1930. Esto es improbable, toda vez que si hubiese descifrado la clave, los paraguayos hubiesen conocido la totalidad de nuestras comunicaciones que ciertamente, eran muy comprometedoras al respecto. La versión boliviana de entonces, que tales claves fueron vendidas por agentes pagados, tampoco es verosímil por el mismo argumento expuesto, a la luz de los conocimientos del espionaje Chileno-Argentino que, ahora sabemos, existía en la época; es lo mas probable que tales cifrados – ya traducidos – les hayan sido proporcionados, en pequeñas partes, a los paraguayos por diplomáticos de uno de los dos países.
40 El documento en si decía entre otras cosas: “Tienen pruebas irrefutables; son las ordenes preparatorias dadas en el mes de enero de 1930, por el estado mayor general, para iniciar la ofensiva en dicho mes. Ellas fueron captadas y descifradas por los paraguayos, gracias a que adquirieron la clave reservada por medios hasta ahora misteriosos (Proceso Molina-Medieta)”. Este proceso de espionaje es mencionado también en el libro mas reciente de Ariel Irusta.
Según el Cnl. Heriberto Florentín; la primera de estas “dos cosas” consistía en el abandono total del Chaco y la segunda, en “llevar un ataque sorpresivo y violento a uno de los fortines bolivianos más próximos a nuestra posiciones”, para “llamar la atención del pueblo y orientarla hacia el problema del Chaco”. Florentín relata que el contesto que ellos, los de Boquerón, “tenían preferencia por la ultima”.
Mientras Florentín y la “muchachada de Isla Poi” realizaban su correría asesinando en emboscadas a soldados bolivianos nuestros oficiales hacían también lo suyo, aunque con menos saña. Los patios y dependencia de los fortines paraguayos en todo el Chaco, y hasta las mismas ciudades paraguayas del interior, eran objeto de las visitas del “Charata” Ustarez41 (a quien los paraguayos lo habían bautizado como “pombero boli”) y otros. Los desafíos dejados a manera de mensajes grabados a cuchillo en los troncos de los arboles; las emboscadas a patrullas o puestos desprevenidos; los insultos a gritos en el monte; etc., constituían parte componente de la vida diaria de aquellas guarniciones.
En tales circunstancias, hubiese sido imposible que las cosas no degeneraran en más hechos violentos. El año 1931 hubo 14 choques armados, el doble que el año anterior. Los dos últimos, en Agua Rica42, causaron tal conmoción política en el Paraguay, que desemboco en las celebres masacres de estudiantes en Asunción, los días 22 y 23 de octubre, frente al palacio de gobierno. El saldo: 10 estudiantes y un anciano muertos, y 29 heridos por la metralla de la guardia presidencial. La presión sobre el gobierno de Guggiari se hacia insoportable. Menos mal, para el, que los planes de movilización, que tantas fallas habían demostrado el 28, se habían corregido y los encargos paraguayos de armas estaban terminando de llegar. Para el gobernante paraguayo era solo cuestión de aguante un poco de tiempo más. La guerra era pues, inevitable.
Entre las ocurrencias que por esa época ensombrecieron más aun el negro panorama descrito, destaca una: el supuesto asesinato de un militar – explorador ruso al servicio del Paraguay, que encontrándose en plenos trabajos de exploración, había sido “cobarde y salvajemente asesinado” por los bolivianos junto al resto de su gente. Es de imaginar el revuelo que esto causo en la opinión publica paraguaya. La prensa opositora: “El Diario”, “La Tribuna”, “Patria” y “La Unión”; competían en relatar detalles de sus “enviados especiales” sobre las circunstancias del asesinato de los miembros de la patrulla paraguaya. El órgano oficialista “El Liberal” permanecía en silencio. Nada se sabía oficialmente de tal “masacre”, hasta que – pasados unos días – apareció el ruso indemne, con sus hombres. Se trataba del My. Belaieff, un ex oficial zarista. Su amistad con los jefes chamacocos le había valido que pueda acceder a una gran aguada en un sector donde se suponía no haberla. Por ello habíase demorado – con su patrulla – mas de lo previsto, causando la preocupación del comando paraguayo, que degenero en los excesos que hemos relatado.
El fiasco de los chauvinistas asuncenos paso inadvertido ante la importancia del descubrimiento. Se había encontrado una gran laguna, que serviría de modo decisivo para la ocupación paraguaya del sector central del Chaco, en su área más desértica. Pero, no nos adelantemos a los hechos.
41 Las hazañas y aventuras de este oficial boliviano se narran por separado, en el Capitulo correspondiente a la Batalla de Boquerón.
42 Ocurrieron simultáneamente con las tratativas en Washington para el pacto de no agresión. Se relata el asunto, con mayores detalles, en el Capitulo VII.
LOS PARAGUAYOS HALLAN LA MANZANA DE LA DISCORDIA
El plan de penetración al Chaco elaborado por nuestro estado mayor a instancias del presidente Salamanca(Ver Grafico Nº 9), contemplaba entre una de sus prioridades, el establecimiento de uno o mas fortines en el sector comprendido entre Camacho y Baptista, uniendo así los sectores Norte y Occidental de nuestro dispositivo de fortines de cobertura. Para ello se preciaba realizar reconocimientos del sector, en procura de ubicar un lugar adecuado (con suficiente agua). De esta manera, el comando de la Cuarta División había dispuesto inicialmente una serie de reconocimientos terrestres que fracasaron, los que fueron seguidos por reconocimientos aéreos.
En abril de 1932 un avión que sobrevolaba la región mencionada, piloteado por el Cap. Jorge Jordán (Hermano de Tcnl. Germán Busch, el comandante del RI-5), llevando como copiloto al My. Oscar Moscoso, miembro del estado mayor (EM) de la 4ª División, reporto la existencia en el sector reconocido, de una gran aguada, sin indicios de estar ocupada por el adversario. El hecho venia como “anillo al dedo” a los planes de nuestro comando. Elevando el informe respectivo se decidió su ocupación inmediata. Infelizmente, como sabemos, el parte recibido era inexacto;… la laguna si estaba ocupada, y por tropas del ejercito paraguayo.
Ya se ha relatado en parte que el año anterior, un destacamento del Regimiento “Toledo” 2 de Caballería (RC.2) del ejercito paraguayo, al mando del My. Belaieff (Oficial ruso al servicio de ese ejercito), aprovechando las amistosas relaciones entre este jefe con algunos caciques indígenas chamacocos de la región, había llegado a la laguna conocida por los aborígenes como “Pitiantuta”. Belaiff fundo allí el Fortín Carlos Antonio López el 12 de junio del año 1931. Luego de ello y de dejar un pequeño destacamento en el flamante puesto de avanzada paraguayo, se replegó hacia su base de partid (el Km, 160 del ferrocarril a Puerto Casado), a objeto de registrar el descubrimiento y elevar el informe reglamentario. El informe del piloto boliviano y de Moscoso, que bautizaron a la laguna con el nombre de Chuquisaca, fue entonces la primera mentira; en esa intrincada cadena de acontecimientos y desaciertos que precipito a ambos pueblos al despeñadero.
EL “CASUS BELLI”
El informe falso, habría de sumarse una orden ambigua. Después de dos fallidas tentativas de llegar por tierra a la laguna, una de ellas comandada por el famoso “Charata” Ustarez y la otra por el Tte. Víctor Eduardo; seria finalmente el mismo informante y observador aéreo quien tendría la responsabilidad de hacerlo. Así, el 25 de mayo de 1932, el My. Oscar Moscoso, con 3 oficiales y 25 soldados del Regimiento “Lanza”, se interno en el campo de la Desolación (un paramo ubicado al Noreste de Camacho, en dirección a Baptista). Llevaba consigo órdenes muy pocos claras. A medio camino, les alcanzo un estafeta a caballo, que traía el siguiente radiograma:
“Mayor Moscoso.- Transcribole siguiente de Esmayoral.- abra comillas. Negociaciones Washington encaminadas forma tal que neutrales exigirán determinación precisa ultimas posiciones alcanzadas por partes. Por consiguiente, es necesario que mayor Moscoso ocupe Gran Lago hasta fin de mes. Firmado.- Cnl. Salinas P.O. Esmayoral. Cierre comillas.- Fdo.- Cnl. Peñaranda.”
El radiograma había sido elaborado por el Tcnl. Ángel Rodríguez, supuesto “cerebro gris” de la sección operaciones del E.M. contento ante las complicaciones que esto traería al gobierno, y supuestamente solo al gobierno, Rodríguez manisfestose así ante el Cnl. Salinas (firmante del documento): “Esta vez no se escapa el carajo de Salamanca, ahora el choque es seguro, ya le podremos mostrar los puños a este testarudo imbécil, para que sepa lo que es una guerra”(ECH). La colosal irresponsabilidad de Rodríguez tenia un antecedente y una causa, y era esta: el total menosprecio que este jefe tenia por los paraguayos, Salamanca y el resto de los miembros del E.M. boliviano; el antecedente era que ante el mismo Salinas, en diciembre de 1931, como consecuencia de otro incidente en Agua Rica, Rodríguez había ordenado a la 4ª División – sin conocimiento de Osorio – atacar un Fortín paraguayo, radiograma que fue desautorizado por el propio Salamanca, menos mal que a tiempo. En esa oportunidad, Rodríguez habriase manifestado así: “Que se friegue de una vez, para que este asno sepa lo que es canela”(ECH).
Pero no era Rodríguez el único enemigo del presidente. Habíase declarado en esa condición muchos miembros del EM. – Mejor seria casi todos – que le motejaban al mandatario como “Viejo Chullpa”, en represalia por los desdenes de este. La desconfianza se había agravado desde los rechazos reiterados a las solicitudes de mejorar el equipamiento por parte de los militares. Baste el ejemplo aquel, de los 605 camiones solicitados por el comando, mediante memorándum, ante el agravamiento de la crisis (y que no estaban contemplados en el contrato con la Vickers); el pedido era apenas el necesario para cubrir las necesidades de transporte en las 6 etapas prevista desde Villazón a Muñoz, con 80 vehículos por etapa, y otros 205 para dotación de las unidades de línea. En esa ocasión los mandos habían argumentado ante el presidente que sin esos transportes las tropas a movilizarse no podrían llegar a tiempo al Teatro de Operaciones, y Salamanca, en otro de sus “arranques geniales” les había respondido: “Entonces que salgan antes…”, para luego aceptar tan solo la adquisición de 20. Tiempo después, ante una reiteración del pedido, increpaba a Osorio en presencia de Rodríguez: “Dígame, señor general…¿Qué piensa hacer con 605 camiones y que ha hecho de los 20 camiones que he comprado hace dos meses?”(MMO). Existen muchos ejemplos similares.
Ignorante de aquellos prolegómenos y rumbeando en dirección general Noreste, Moscoso y su tropa llegaron, la noche del 14 de junio, a los alrededores del Fortín paraguayo Carlos Antonio López. Como el último radiograma recibido era claro, “había que ocupar la laguna” y si estaba ocupada, desalojar a la totalidad de los ocupantes, al menos hasta recibir nuevas instrucciones superiores. Fue ese el razonamiento de Moscoso cuando dio la orden de ataque, que se ejecuto al amanecer del día siguiente a hora 05:30 a.m. en una carta explicatoria enviada posteriormente al Dr. Luis Calvo, el My. Moscoso expone claramente sus motivos:
“…Después de 20 días de trabajo en el monte, abriendo una pequeña senda, haciendo los caminamientos respectivos, buscando agua, llegue al Gran Lago; lo encontré ocupado y para cumplir las ordenes terminantes y reiteradas que recibió, no quedaba otro remedio que desalojar de allí a los paraguayos. Así lo hice”(DA).
En medio de una oscuridad así completa (a esa hora, en el invierno chaqueño las primeras claridades comienzan a las 06:00 a.m.). La señal de ataque, un disparo dado por Moscoso, genero un tiroteo desordenado y unilateral, pues solo los bolivianos disparaban – obviamente a ciegas ya que no había blanco visible – mientras corrían hacia el campamento paraguayo guiados por la lumbre de los 5 soldados paraguayos, que a esa hora empezaban a preparar su desayuno. La “corrida” boliviana acabo en tropezones y bruscas caídas entre los alambres que habían tendido los paraguayos con anterioridad, para secar su “Charque”. Los varios minutos que duraron las carreras y tropezones, fueron aprovechados por los desayunantes para poner rápidamente pies en polvorosa. No hubo, pues combate. Tampoco victimas (aunque los paraguayos dijeron que si43); pero las consecuencias serias desastrosas. (Ver Grafico Nº 10)
Inmediatamente después de enviado el parte al comando divisionario, Moscoso procedió a fundar, a unos 300 metros al Norte de las instalaciones abandonadas por los paraguayos (en la misma margen oriental de la laguna), el Fortín Mariscal Santa Cruz.
Poco tardaron las noticias en estremecer los palacios de La Paz y Asunción. El presidente Salamanca pidió detalles y ordeno de inmediato la desocupación del sector y el repliegue algunos Kilómetros al Oeste. Los radiogramas se transmitieron al Chaco, pero ninguno llego a manos de Moscoso. La razón era que el comando, al parecer, esperaba hacer revocar al presidente su orden. Los intentos en este sentido comenzaron de inmediato.
40 La totalidad de historiadores paraguayos arguyen que el Cabo Talavera fue asesinado “salvajemente” en su hamaca mientras dormía. Como si en semejante bulla y con tanto tiempo transcurrido entre los primeros disparos en la oscuridad, el mencionado Talavera hubiese podido seguir durmiendo. Aunque no se duda de su muerte, puede muy bien haber acaecido después de desaparición en el monte. Lo cierto es que ningún boliviano le disparo, por lo expuesto y por que además la oscuridad hubiera hecho imposible el apuntar un fusil. Las fuentes – dicen los paraguayos – la constituyen soldados bolivianos participantes en esta acción, que cayeron prisioneros después. Esta fue la primera de las “leyendas negras” de crueldad boliviana que se inventaron y explotaron durante la guerra y después de ella.
El general Filiberto Osorio, a la sazón Jefe de Estado Mayor del Ejercito, en audiencia en el palacio de gobierno, engaño a Salamanca afirmando (quizás en forma intencional) que el nuevo Fortín boliviano estaba en la orilla occidental de la laguna, lo que no era cierto. En esta su representación a la orden presidencial, arguyo también sobre la importancia de tal reservorio de agua para dar cumplimiento al Plan de Penetración que se estaba ejecutando. Entretanto, y sin conocimiento de Osorio; una orden emanada del E.M. en La Paz44 imponía al Cnl. Enrique Peñaranda (comandante accidental de la 4ª División) representar la orden presidencial mediante radiograma, a nombre de toda su división. El Cnl. Rogelio Ayala hace referencia al documento este, atribuyéndolo presumiblemente al Tcnl. Rodríguez, en los siguientes términos: “Ante necesidad retener Gran Lago y orden de abandono dada por Presrepublica, urge que Ud. represente nombre oficialidad y su comando”(RAM).
Al amanecer del 20 de junio llego, como es lógico, la representación formal de la 4ª Div. A manos del Gral. Osorio quien, desconociendo todas las maquinaciones de su jefe de operaciones (el Tcnl. Rodríguez), la puso de inmediato en conocimiento de Salamanca. El texto manifestaba:
44 El Gral. David Toro arguyo después, haber visto esa orden en forma circunstancial (ya que se encontraba de paso por las oficinas del EM) pero que, tiempo después, cuando las cosas se complicaron y quiso verla de nuevo, el documento había desaparecido.
“Cuarta Div.- Muñoz.- 19-6-32.-… Respetuosamente represento que abandono Gran Lago ubicado en nuestra carta como Mariscal Santa Cruz veríamos privados en absoluto recurso agua. Su orden posesionarnos orilla oeste cumplióse…(Fdo) Enrique Peñaranda.- C.4ªDiv.”(EPC).
Salamanca cedió entonces ante los argumentos militares. De esta manera tan irregular, por no decir delictiva, se impuso el criterio de mantener la imprudente ocupación de la laguna. Obviamente, ni el comando, ni el presidente en La Paz, pensaba que el Paraguay reaccionara con la fuerza y decisión con que lo hizo.
PARAGUAY RECONQUISTA PITIANTUTA
El comando boliviano había reforzado el Fortín Mcal. Santa Cruz, elevando su efectivo a 170 hombres, en su mayoría reclutas del segundo escalón de ese año, es decir, con dos semanas de instrucción, al mando del mismo My. Moscoso. El Fortín fue atacado al amanecer del 29 de junio por un destacamento paraguayo, comandado por el Tte. 1º Ernesto Scarone. Considerando que el efectivo atacante era demasiado pequeño para la misión, se infiere que Estigarribia evaluó mal la cantidad de los defensores, así como la decisión de resistir del comando boliviano. (Ver Grafico Nº 11). La orden de Estigarribia, fechada el 21 de junio, decía:
“1.-….2.- Un destacamento, compuesto por un pelotón de caballería y 50 hombres de infantería, al mando del Tte.1º Ernesto Scarone, partirá mañana miércoles 22 del cte., a las 3 horas, del kilometro 152 de la vía férrea, con la misión de marchar lo mas rápido posible a recuperar nuestro puesto “Carlos Antonio López”, desalojando por la fuerza si esta ocupado por el enemigo.”(NO).
Los 80 hombres de la tropa atacante, después de aniquilar un reten de seguridad en el que rindió la vida el Sbtte. Arévalo; continuaron su progresión hacia la laguna, donde fueron recibidos por una cerrada descarga de los bisoños soldados bolivianos, que desbarato sus filas. Scarone se replegó de inmediato, dando parte detallado sobre lo acontecido y sobre la fuerza defensiva boliviana que el, erróneamente, aprecio 350 hombres. Estos hechos fueron de conocimiento general en los dos países. La reacción de la prensa sensacionalista paraguaya, ante este fracaso, fue desproporcionada. Se pedía a voces el relevo de Estigarribia por su “negligencia” en enviar un destacamento demasiado pequeño para la operación. La crítica arreciaba, haciendo que el comandante paraguayo “fogueándose” en uno de los aspectos más conflictivos de toda operación bélica: el tratamiento de la propaganda ante el público interno45, y la necesidad de centralización y censura de las informaciones. Cedió cuenta, que al monstruo de la opinión pública hay que alimentarle con dulces, con “buenas noticias”. Debía tener especial cuidado en el futuro, de convertir todas las operaciones militares que se realizasen, cualquiera fuese el resultado, en victorias. Caso contrario, el ogro haría rodar su cabeza. Muy pronto el mundo empezaría a conocer la acción de la propaganda paraguaya.
“Es falso de toda falsedad – decía en una carta fechada el 18 de julio al EMG – que yo haya recibido y haya dejado de cumplir una orden de retoma de Carlos A. López. Es igualmente falso que contrariando ordenes expresas yo haya enviado tropas insignificantes para la retoma, con resultados negativos…(Textual)”(CJF).
Estigarribia decidió entonces, siguiendo estos razonamientos, enviar refuerzos adecuados, el día 15 de julio, una fuerza paraguaya al mando del capitán Abdón Palacios con 300 hombres, de los regimientos “Itororó” 2 de infantería y “Toledo” 2 de caballería, munidos de 13 ametralladoras y dos morteros, arribaron a las cercanías de la laguna, tomando contacto con la columna de Scarone. La misión del destacamento Palacios dada en la orden preparatoria Nº 1, era: “Recuperar por la fuerza pitiantuta, a consta de cualquier sacrificio”(AM). El combate iniciado ese mismo día con denso fuego de morteros, se prolongo la noche del 15 hasta el día siguiente. El enfrentamiento diurno del día 16 duro algunas horas con intensidad variable, hasta que los morteros paraguayos horquillaron bien sus objetivos, causando un verdadero pánico entre las posiciones de los reclutas bolivianos. De ahí en mas, y conforme se acercaba la noche, fue todo desorden y deseos de huir por parte de la tropa. El pánico se contagio incluso a algunos de los oficiales defensores. El Tte. Téllez (Paraguayo) participante en los combates, describió así un episodio:
“Al primer asalto (se refiere al de ese atardecer. N. del A.) Ya se oía que desde las posiciones enemigas gritaban: ¡Cesar el fuego, paraguayos¡ ¡Prisioneros! ¡Prisioneros!, y otras voces implorantes…A los pocos momentos sale uno que parecía se oficial, adelantándose con un pañuelo blanco que agitaba en la mano: ¡Prisionero!, grito; pero como el ataque arreciaba y no podíamos detenernos no entretenernos, un proyectil lo tumbo al suelo”(NO)46.
Concluyo así el combate, con la derrota y desbandada de la tropa de Moscoso, que huyeron – como se ha dicho – espantadas por las explosiones de las granadas de mortero, que suponían era artillería. Habrían de reagruparse algunos kilómetros atrás, en el camino a Camacho, las fuerzas del Cap. Palacios ingresaron al Fortín, que había sido incendiado por los bolivianos antes de retirarse. Los informes paraguayos fueron exagerados y demasiado triunfalista. No se midieron, los vencedores, en ahorrar diatribas contra sus rivales o en magnificar sus “heroicos” hechos. Frases como: “¡Que de cosas encontramos! Ametralladoras y fusiles por centenares”.
45 Público interno: término militar referido a la propia opinión pública. En este caso se refiere a la opinión de la ciudadanía paraguaya.
46 Al parecer, es en este hecho que se basaron algunos escritores para endilgarle al My. Moscoso el haber querido rendirse agitando un pañuelo, aunque como resulta obvio, no hubo tal “proyectil que lo tumbo al suelo”.
“Kilómetros y kilómetros de fortificaciones”; “era una verdadera fortaleza”; etc. El ya mencionado Tte. Téllez va más allá:
“Después de recorrer las posiciones conquistadas al enemigo, nos dimos cuenta de la vergonzosa cobardía de los bolivianos. ¡Esas trincheras! ¡Esos nidos de ametralladora! Al verlos nos ponían los pelos de punta”(NO).
Las exageraciones en los relatos de los participantes, confirmadas en los informes oficiales; causaron en el comando paraguayo – y en Estigarribia en particular – una apreciación errónea sobre el valor combativo del soldado boliviano. La consecuencia inmediata de esta apreciación defectuosa seria el empecinamiento posterior del comandante paraguayo, en estrellarse primero contra Boquerón, y luego en el Km. 7 de Saavedra.

“LA GUERRA DEL CHACO HABÍA COMENZADO. MAS, EXISTIRIAN AUN OPORTUNIDAD DE DETENERLA…”
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor yuqui el Jue 22 Jul 2010 14:04

como estan amigos, bueno espero que todo lo que puse aqui haya servido para ver por que comenzo la guerra del chaco, y en mis entradas en la internet buscando libros para bajar, comprar e intercambiar piller este libro en formato digital aqui esta el link para todos aquellos que lo quieran bajar esta en ingles pero es lo mejor que hay sobre los aviones que participaron en la guerra del chaco:
link: EDITADO POR EL MODERADOR AUXILIAR
bueno esperemos que sigan aportando algo mas sobre esta guerra y pongan sus comentarios de antemano gracias
Última edición por Tosk el Jue 22 Jul 2010 15:03, editado 1 vez en total
Razón: Retirar link de descarga no permitido.
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor Tosk el Jue 22 Jul 2010 15:06

Aviso a todos: los links de descarga de productos con derechos de autor están prohibidos, sean de obras, libros, películas.

Remitirse a las normas por favor.
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Re: 16 de julio de 1932 dio inicio a la guerra del chaco

Notapor Aguila Audaz el Mié 28 Jul 2010 11:29

Pinta bueno, lo he copiado para leerlo con tranquilidad, despues recibiras mi comentario
[Mi abuelo era un hombre muy valiente, solo le tenia miedo a los idiotas...Le pregunte porque y me respondio.....Porque son muchos y al ser mayoria eligen hasta presidente.- Facundo Cabral- Cantautor Argentino

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