Episodios de Guadalcanal

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Episodios de Guadalcanal

Notapor Molders el Mié 01 Jun 2005 2:04

Cuando los norteamericanos desembarcaron en Guadalcanal sin hallar resistencia se sintieron sorprendidos, tanto que, recelando una emboscada, avanzaron muy lentamente, pese a los claros indicios de desbandada japonesa: almacenes abandonados sin destruir las existencias, comedores de tropa con los platos a medio consumir, armas y municiones abandonadas. Hasta después de cuarenta y ocho horas no tomaron el aeropuerto de Henderson, cuya construcción estaba casi terminada.
Los choques en esos primeros días fueron escasos: algunos tiroteos, alguna patrulla norteamericana sorprendida en una emboscada, algún contraataque aislado. Cuando los transportes norteamericanos levaron anclas, Vandergrift ya tenía en la isla la 1.ª división de marines, reforzados por el segundo regimiento del mismo cuerpo y un batallón de raiders (fuerzas especiales de choque). En total, unos 15.000 hombres. Sin embargo, la retirada de los transportes significaba una fuerte contrariedad, porque restaba fuerza a las tropas desembarcadas y porque retrasaría la puesta en servicio, ahora para los aviones norteamericanos, del aeropuerto. Había que ganar tiempo para consolidar las posiciones y organizar una nueva flota que reanudase los suministros.
Por eso, Washington quitó importancia al desembarco y mencionó, al parecer en Moscú, que sólo habían desembarcado 2.000 hombres. Ese dato estuvo inmediatamente en manos del servicio secreto japonés, motivo por el que Tokio se tomó el desembarco como una aventura local, secundaria en el fondo. Ordenó al general Haruyoshi Hyakutake, al mando del XVII Ejército, que enviase a 6.000 hombres a Guadalcanal para que la limpiasen de norteamericanos.
Los primeros refuerzos que llegaron a la isla fueron 900 hombres, la mitad del regimiento del coronel Ichiki, que desembarcaron audazmente en Taivu, junto a las líneas norteamericanas, transportados por torpederos. El coronel Kiyono Ichiki, que llegaba al frente de sus hombres, era mundialmente conocido por haber protagonizado el Incidente del Puente de Marco Polo (denominación eufemística dada por los japoneses a la gigantesca guerra que sostenían con China, a causa del choque local que dio el pretexto para abrir las hostilidades). Ichiki era hombre prestigioso, buen conductor de tropas, optimista -demasiado, como se verá- y valeroso. Poco antes de comenzar su misión escribía en su diario, emulando a César: "18 de agosto, desembarcamos. 20 de agosto, marchamos toda la noche y atacamos. 21 de agosto, saboreamos los frutos de la victoria".
Pero Ichiki comenzaba su intervención ya derrotado. Las tropas que encontró en la isla estaban hambrientas, desmoralizadas y mal equipadas. Sus propios hombres y sus medios de combate eran escasos, y aunque fuesen unas excelentes tropas de choque, no disponían del entrenamiento apropiado para combatir contra las posiciones fortificadas en una isla tropical.
Los marines ocupaban en esos momentos un área semicircular, con una base sobre la playa de unos 7 kilómetros y una profundidad de 3 ó 4 kilómetros. El área incluía el aeropuerto Henderson, apoyaba su ala izquierda en el río Tenaru y la derecha en las colinas de Kukum. Casi paralelo al Tenaru discurría el río Ilu sobre el que los norteamericanos apoyaban su segunda línea de defensa por el este, segunda línea que también se sostenía en las colinas, mientras que por el sur una informe altura cubierta de jungla -que luego sería conocida como cresta sangrienta- servía de apoyo y punto avanzado del perímetro defensivo.
Contra este dispositivo, fuertemente astillado, se dirigió Ichiki con su escasa tropa. Una fe ciega en la moral combativa del soldado japonés y un desprecio al valor del soldado norteamericano, al que, además, se suponía desmoralizado tras la pérdida de toda la patrulla del teniente coronel Goettge. Este grupo norteamericano cayó en una emboscada durante un reconocimiento; los supervivientes fueron decapitados por los sables de los oficiales japoneses. Este asesinato de prisioneros de guerra, contra lo que suponían los japoneses, había galvanizado a los norteamericanos, que esperaban atrincherados el momento de la revancha.
Ichiki lanzó a sus hombres a través del Ilu donde les aguardaba una barrera de fuego que asombrosamente lograron cruzar a costa de grandes pérdidas. Tras ella encontraron los japoneses las posiciones atrincheradas de los norteamericanos y una línea de artillería que les frenó en seco: habían caído en una especie de emboscada de la que era casi imposible la huida: cañones y morteros creaban una barrera de metralla a sus espaldas; de frente, centenares de ametralladoras y fusileros diezmaban sus filas y, finalmente, un grupo de tanques entraron en acción, aniquilando cuanto se movía. Setecientos japoneses perdieron la vida. Ichiki quemó su bandera y se suicidó.

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Notapor Molders el Mié 01 Jun 2005 2:08

La victoria terminó por elevar la moral de los norteamericanos, pese a su aislamiento, a su escasez de medios y a los bombardeos nocturnos de la flota japonesa. Pero aún mejoró su posición cuando, durante los últimos diez días de agosto, comenzaron a llegar víveres, municiones, gasolina y bombas de aviación. El aeropuerto estaba listo para operar y a finales de mes contaba con 77 aviones de caza y bombardeo. El aislamiento había terminado: aunque por la noche comenzó a operar el Expreso de Tokio (destructores y cruceros rápidos que llevaban tropas a la isla y bombardeaban el aeropuerto) bautizado así por la puntualidad de su llegada, su ataque y su retirada; durante el día, con la protección de sus aviones situados en el aeropuerto de Henderson, el mar era norteamericano.
En esa purga por mantener la isla, de un lado, y por recuperar el aeropuerto, del otro, comenzaron una serie de choques navales de resultado poco decisivo y fuertes pérdidas para ambos contendientes. Mientras tanto, las fuerzas japonesas se desangraban en la isla en ataques de pequeños grupos, sumariamente armados, que le eran casi invariablemente aniquilados ante las posiciones norteamericanas. La táctica no era correcta, como reconocen hoy los japoneses, pero en aquel entonces nadie pareció entenderlo, quizá porque seguían ignorando el verdadero potencial de las fuerzas norteamericanas desembarcadas, quizá porque el goteo de los refuerzos y abastecimientos no permitía otra acción.
Tres semanas después del ataque de Ichiki, el general Kawaguchi logró reunir una fuerza relativamente importante: 6.000 hombres de su propia brigada, 1.000 del regimiento de Ichiki (llegados a la isla después del desastre) y unos 2.000 hombres más de la guarnición de la isla. De cualquier forma eran demasiado pocos y ni su alta moral ni su entretenimiento les serviría de mucho contra las posiciones norteamericanas, bien protegidas por carros y artillería, imposible de neutralizar con los nueve cañones de montaña que habían logrado llevar a la isla.
Por otra parte, los norteamericanos se mostraban cada vez más atrevidos, hasta el punto de que Kawaguchi logró escapar por poco de un desembarco que los propios marines de Guadalcanal hicieron en su persecución. Los norteamericanos lograron apoderarse en ese golpe de su propio equipaje y un pantalón del general japonés fue fijado, como desafío, en lo alto de un mástil, visible desde las posiciones japonesas.
Kawaguchi planeó su ataque en combinación con un bombardeo aéreo y dirigió su principal ataque contra la cresta que protegía el aeródromo. La noche del 12 de septiembre comenzó la batalla. Kawaguchi tenía en su ala izquierda a los restos del regimiento de Ichiki; en el centro dos batallones de su brigada y otro de la división Sendai (sus soldados eran oriundos de esta bella localidad, a 300 kilómetros de Tokio); el ala derecha estaba dirigida por el coronel Oka, que tras una marcha de 100 kilómetros por la jungla tenía a sus hombres hambrientos, agotados y que, sin embargo, era pieza clave por ser el único que disponía de algunos cañones. El general japonés, consciente de que era un ataque a vida o muerte, no dejó ni a un sólo hombre en la reserva.
A las 21 horas los japoneses se lanzaron sobre las posiciones norteamericanas, gritando en inglés que atacaban con gases asfixiantes y lanzando sus fanáticos gritos de ¡Banzai, banzai! La cresta objeto del impulso principal pronto se cubrió de cadáveres, ganándose merecidamente el nombre de sangrienta. Por ella se combatió durante dos días con singular ferocidad. Todo el regimiento de Ichiki pereció en esos combates, junto con su jefe, Mizumo, que logró atravesar la primera línea norteamericana y romper la segunda en algunos puntos hasta la pérdida del último de sus hombres.
Por el centro el batallón Tamura (División Sendai) logró arrollar las defensas de la cresta, descender a la carrera su lado norte, atravesar el aeropuerto bajo un fuego infernal e irrumpir en el centro del sistema defensivo norteamericano... Pero fue sólo una carrera contra la muerte: cuatro hombres lograron alcanzar el puesto de mando de Vandergrift, en el que lograron incluso matar a un sargento antes de caer acribillados a balazos.
Hubo momentos en que algunos japoneses estuvieron detrás de todos los norteamericanos desembarcados en Guadalcanal, pero les resultó imposible mantenerse. Tras sangrientos y confusos combates, muchos de ellos, cuerpo a cuerpo, tuvieron que retirarse o perecieron combatiendo sobre los lugares tan afanosamente ganados. El comandante Kunio, jefe del 1.° batallón de la brigada de Kawaguchi, pereció combatiendo con su sable ya muy dentro del dispositivo norteamericano, tras haber perdido a todos sus hombres. Tanto a él como a Tamura les faltaron los hombres necesarios, los medios necesarios para el último y decisivo cuarto de hora de su misión suicida, para cubrir los últimos metros.
El ala derecha del coronel Oka sufrió el grueso del fuego concentrado de la artillería norteamericana. Aquellos hombres, que apenas habían comido en los últimos días, que ya estaban agotados ante la lluvia de metralla que se les vino encima y ante el contraataque de los marines, dispersándose por la jungla.
El ataque de Kawaguchi, bien concebido y efectuado con fanática energía, fue el más sangriento y duro que sufrieron los norteamericanos, como ellos mismos reconocen; sin embargo, aunque lograse perforar por varios puntos las líneas norteamericanas, aunque se sostuviera durante algunas horas en la colina sangrienta, aunque alcanzasen el aeropuerto, siempre estuvo lejos de la victoria.
Sus hombres combatieron en una inferioridad de dos a uno, estaban agotados, carecían de protección artillera, hubieron de combatir contra un enemigo duro y experimentado que les esperaba en inmejorables posiciones, carecían de reservas, sus comunicaciones en la jungla eran tremendamente lentas e inseguras y nunca llegaban los refuerzos al punto preciso y en el momento necesario... Por el contrario, Vandergrift no perdió nunca los nervios y, con abundantes reservas, pudo siempre taponar los huecos, contraatacar en los puntos necesarios, machacar atrozmente las concentraciones japonesas con sus cañones... Estaba seguro que, al final, los japoneses perderían impulso... y eso ocurrió tras dos días de combates, en los que los japoneses tuvieron más de 3.000 muertos, mientras los norteamericanos, entre muertos y heridos contaban unas 500 bajas.
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Notapor sidewinder el Mié 01 Jun 2005 23:36

900 japoneses contra 15000 americanos, una fatal subestimacion favorecida sin duda por la cifra filtrada.
"respeta tu foro, no escribas en mayúsculas"

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Re: Episodios de Guadalcanal

Notapor Tigre el Mié 09 Oct 2019 2:02

Hola a todos :D; algo más al respecto..................................

La épica defensa de 'Chesty' Puller.

El último gran esfuerzo japonés, y el único contraataque que tuvo alguna posibilidad real de recuperar el aeródromo Henderson de manos de la 1ra División de Infantería de Marina, comenzó el 24 de octubre. En la primera noche de esa batalla, solo un batallón se interpuso entre la División japonesa Sendai y la vital pista de aterrizaje. Afortunadamente para los estadounidenses, el 1er Batallón, 7mo de Marines (1/7), fue comandado por uno de los líderes más duros y decididos del Cuerpo de Marines, el Teniente Coronel Lewis B. Puller, apodado "Chesty" por su torso de barril, comportamiento de bulldog y disposición para decir lo que pensaba, él ganaría su tercera de las cinco Cruces de la Armada por su firme liderazgo durante la lucha que pronto se bautizaría como la Batalla por Henderson Field.

Puller y su batallón llegaron a Guadalcanal con el resto del 7mo Regimiento de Infantería de Marina (Marines) el 18 de septiembre. Aunque Chesty había entrenado bien a sus hombres, la unidad, aún verde (bisoña), no tuvo un comienzo auspicioso. Después de haber sufrido más del 10 por ciento de bajas (incluido el oficial ejecutivo del batallón y los tres comandantes de la compañía) al final de los primeros 10 días en la isla, la moral del 1/7 estaba en un punto bajo.

El 28 de septiembre, Vandegrift emitió órdenes para que el 1/7 subiera y reemplazara al 2/7 del Teniente Coronel Herman Hanneken en el perímetro. La zona asignada estaba al sur de Henderson Field en las llanuras selváticas. En el flanco derecho estaba el 3/7, ocupando la cresta de Edson. A la izquierda estaba el sector del 1ro de Marines, que daba a un campo de hierba kunai y luego se curvaba hacia el norte hasta llegar a la costa. La nueva casa del 1/7 había estado en gran parte desocupada hasta la llegada del 7mo de Marines, y los hombres de Hanneken habían estado construyendo obras defensivas allí durante la semana anterior. Chesty inmediatamente ordenó a sus marines mejorar lo que encontraron.

Las tropas excavaron la maleza para crear sectores de fuego anchos y entrelazados para sus ametralladoras y armas antitanque, que colocaron en bunkers cubiertos por troncos y sacos de arena. Tendieron cercas de alambre de púas dobles y colgaron latas de raciones que contenían guijarros para evitar que intrusos cortaran silenciosamente el obstáculo. Los profundos pozos de zorro de los fusileros se extendían por todo el sector; muchos de ellos lucían una cubierta superior a medida que avanzaba el trabajo. Aproximadamente 100 yardas hacia atrás, los hombres cortaron un camino paralelo a la línea del frente, para que pudieran moverse de flanco a flanco sin ser observados por el enemigo. En el oeste, este carril estrecho se vinculaba con el camino de tierra que bajaba desde la cresta de Edson y conducía de regreso a la pista de aterrizaje. En la dirección opuesta, se conectó con una ruta de comunicaciones similar en la zona del 1ro de Marines. Unos 50 metros más atrás del sendero, cerca del extremo izquierdo de la línea, había un búnker cubierto de troncos y sacos de arena que albergaba el puesto de mando de Puller. Cada día, mientras dos tercios del batallón cavaron, cortaron y construyeron, una patrulla del tamaño de una compañía penetró en la jungla en busca de signos de los japoneses.

Imagen
Teniente Coronel Lewis B. 'Chesty' Puller......................................................

Fuente: 'Chesty' Puller's Epic Stand. Jon T. Hoffman for World War II Magazine.

Saludos. Raúl M :carapoker:.
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Re: Episodios de Guadalcanal

Notapor Tigre el Mar 15 Oct 2019 23:42

Hola a todos :D; algo más..................................

La épica defensa de 'Chesty' Puller.

Con el paso del tiempo y el establecimiento de una apariencia de rutina, los oficiales y hombres del 7mo de Marines comenzaron a adaptarse a su entorno. Según un miembro del regimiento, encontraron a Guadalcanal "más caliente, más montañoso, más accidentado, más salvaje" que Samoa, pero se estaban acostumbrando a los "ruidos extraños de la jungla" que impregnaban la noche. Sin embargo, los mosquitos y las incomodas incursiones de medianoche de los aviones enemigos continuaron robándole a todos un sueño precioso.

La comida se mantuvo escasa a pesar de las raciones traídas por el regimiento. Incluso con el suplemento de las raciones japonesas capturadas, solo había dos comidas al día. Un oficial señaló en su diario: “Todos más que hambrientos. Parece que los hombres no pueden comer lo suficiente ". El agua también era difícil de obtener, ya que tenía que cargarse en latas de 5 galones a cientos de metros del río más cercano. Los soldados del 7mo de Marines pronto comenzaron a parecerse a los otros veteranos de la campaña, adquiriendo gradualmente la apariencia delgada de los desnutridos y el rostro ojeroso de los exhaustos.

Durante esta pausa, Puller intentó mantener el bienestar mental y físico de su fuerza. Hizo que las compañías cavaran pozos y luego ordenó a los hombres que comenzaran a afeitarse. El doctor Edward L. Smith, el cirujano del 1/7, también notó el énfasis de su comandante en lo espiritual: "No era un hombre exteriormente religioso, alentó que se brindaran los servicios litúrgicos en primera línea con frecuencia para los hombres que los requerían". Puller habría dado él mismo los servicios antes que no tener ninguno. En varias ocasiones estaba insatisfecho con la charla de un capellán, y se quejó de que tal vez era hora de probar suerte el mismo". Smith también notó que" era el deseo del coronel siempre mantener a los hombres bien informados con cualquier noticia. allí estaba”. Todos los días, Puller se movía entre las crecientes obras defensivas y se detenía para conversar con las tropas. Un oficial notó que "los chicos comienzan a sentirse mejor".

Mientras la división fortaleció sus defensas a principios de octubre, las patrullas del 5to de Marines revelaron una acumulación continua de fuerzas japonesas al oeste del río Matanikau. Vandegrift lanzó el 1/7 y varios otros batallones en una versión mucho más grande de la operación de finales de septiembre que había salido mal. La unidad de Puller jugó un papel importante en la renovada acción, esta vez derrotando fácilmente a un batallón enemigo y casi barriéndolo. Las cosas se habían vuelto decididamente a favor de Chesty y el resto de la división.

La Tercera Batalla de Matanikau fue solo el preludio de una serie de acciones importantes de fuego rápido en la campaña de vaivén de Guadalcanal. Cerca del Cabo Esperance, en la noche del 11 al 12 de octubre, una flota estadounidense derrotó a una fuerza naval enemiga que escoltaba un convoy de refuerzo a la isla. La victoria no fue completa, sin embargo; los japoneses desembarcaron cuatro piezas de artillería de gran calibre para bombardear el campo Henderson. Además de ocupar las principales líneas defensivas, la división ocuparía una posición a horcajadas sobre el Matanikau para mantener los cañones japoneses fuera del alcance. La clave de este esquema fue la llegada de un convoy de los Estados Unidos en la mañana del 13 de octubre. Este proporcionó al 164º Regimiento de Infantería del Ejército, una unidad de la Guardia Nacional de Dakota del Norte con una orgullosa herencia de guerras anteriores. Con esa fuerza adicional, Vandegrift podría permitirse establecer un puesto avanzado de dos batallones en forma de herradura a lo largo del Matanikau.

Fuente: 'Chesty' Puller's Epic Stand. Jon T. Hoffman for World War II Magazine.

Saludos. Raúl M :carapoker:.
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