ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERIO

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ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERIO

Notapor Lasalle el Mié 05 Dic 2018 19:01

LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERIO (I)
Por Lasalle

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Introducción
En todas las épocas ostentar una herida recibida combatiendo podía ser glorioso por demostrar la valentía del interesado ; es conocida la fórmula “No habrá balas ni medallas para todos” que sobreentiende que tanto las “nobles cicatrices”, según la expresión de aquel entonces, como las condecoraciones eran un honor para quien las recibía. Pero antes había que salir vivo del campo de batalla, sobrevivir, lo que suponía vencer la hemorragia, la fiebre, la gangrena y un largo etcétera de enfermedades ¿ Con qué auxilios podía contar el herido en tal trance ?

Si hoy puede parecer natural socorrer a los heridos en los campos de batalla (en la medida de lo posible…), durante siglos por no decir milenios no fue así : para evitar que se abrieran huecos en las filas, nadie podía intervenir a su favor ; tenían que esperar el fin del enfrentamiento y pasado éste confiar en su buena estrella para que alguien bien intencionado los descubriera e interviniera antes de que fuera demasiado tarde. Al estar tendido en el suelo, fuera la que fuera la gravedad de la herida, entre las cargas de caballería o de infantes que no miraban mucho donde pisaban, los proyectiles de la artillería cuando existiera y algunos campesinos locales que, sin tomar parte en la contienda, recorrían después el escenario para rematar a los heridos y robarles lo poco que llevaban, la suerte del herido no era nada envidiable a pesar de que existiera cierta solidaridad entre los soldados, aunque fueran de bandos contrarios.
Terminada la batalla, la ayuda podía venir de monjes, de campesinos caritativos, a veces de miembros de la familia que habían seguido a la tropa o de compañeros de armas, pero todo ocurría en medio de cierta improvisación donde dominaban más la piedad y el deseo de hacer el bien que una ciencia organizada y no hablemos de los escasos progresos de la medicina. Por cierto, en cuestión de preferencia para la atención de los médicos presentes, más valía ser un noble u oficial de alto rango con un rasguño que un soldado raso del pueblo con una pierna medio arrancada.
Como siempre hay que matizar. Después de la batalla de Vimeiro, al anochecer, los campesinos se reúnen alrededor de las hogueras para jactarse del número de soldados franceses heridos que han rematado ; el soldado Thomas del 71st de infantería inglés los compara con un “festín de caníbales”. Los mismos ingleses van a montar guardia toda la noche para proteger a sus prisioneros.
Hacer una tregua para recoger a los heridos era algo corriente en la Península como después de la batalla de Talavera. El teniente Anderson del 24th de infantería relata que cuando la batalla de Fuentes de Oñoro, durante una de esas treguas, lo habían enviado con algunos de sus camaradas a un sector del pueblo controlado por los franceses.
Nos recibieron muy amablemente, y en el acto empezamos a enterrar a los muertos y recoger a los heridos. Transcurrida una hora, sonó el toque de “A las armas” ; entonces los franceses alzaron sus cubrecabezas y nos aclamaron por tres veces. Intercambiamos apretones de manos y nos fuimos rápidamente a nuestras líneas, nos formamos en línea de batalla, levantamos nuestros cubrecabezas y les devolvimos su cordial saludo.

Mientras se desarrollaba esta escena no se produjo un solo disparo.
Por oposición a esta cortesía entre combatientes, en toda la Península Ibérica, los imperiales no tuvieron que contar mucho con la “caridad cristiana” de los monjes o la ayuda de los campesinos por lo general y no hablemos de la poca humanidad de que hicieron muestra los cosacos que mataban indistintamente a sanos, heridos y médicos. Tampoco es nuestra intención tratar este aspecto tal vez polémico y nos limitaremos a la organización de los socorros dentro del ejército imperial.
De cómo llega la muerte
La imagen habitual es la de dos tropas enemigas dispuestas en dos frentes apretados, cara a cara, y que van a disparar antes de lanzarse una contra otra con la bayoneta calada o la de las brillantes cargas de caballería sable en alto, acabando ambos casos en una lucha confusa. Como siempre, la realidad es bastante diferente del tópico.
La enfermedad
No siempre se muere por las armas. Existen también muertes menos gloriosas, de las que no trataremos aquí, pero que igualmente se llevan muchas víctimas, más que las armas, en una época en que no existen las vacunas y la higiene es más que aproximativa.
La sarna, que no respetará ni siquiera al futuro emperador, no es mortal pero sí es el mal más extendido, hasta tal punto que Napoleón exigirá en 1807 que sean creados hospitales especiales con médicos formados para atender a los contaminados. Vienen después las enfermedades venéreas que según Larrey son la causa del desenlace fatal de muchas heridas.
Las enfermedades mortales son el tifus y el tétanos , provocado éste no sólo por las heridas recibidas en el combate sino por rasguños y lesiones benignas que se infectan.
Añadiremos a esta lista el hambre, el agotamiento y el frío que van a diezmar la Grande Armée cuando la retirada de Rusia.
El combate
Investigaciones recientes estiman que, para las solas tropas francesas, los quintos fueron unos dos millones entre 1804 y 1815. Para el mismo espacio de tiempo los muertos alcanzan la cifra de 400.000 a 500.000. En rigor hay que añadir los que fallecieron a consecuencia de sus heridas o sea, 200.000 a 300.000 muertos. Entre todos, las bajas en los ejércitos de Napoleón suman 600.000 a 800.000 hombres (comparar con los 3,4 millones de franceses en los 4 años que duró la Primera Guerra Mundial).
Para comprender el tipo de heridas que reciben los soldados, hay que recordar brevemente como se desarrolla una batalla “sencilla” donde las tropas se presentan sobre rangos paralelos y apretados que hacen frente a una disposición idéntica de las tropas contrarias.
Las hostilidades empiezan por una preparación de artillería que puede mantenerse por varias horas. Durante este tiempo los cañones disparan balas de hierro colado de 4, 8 y 12 libras (aproximadamente 2, 4 y 6 kilos) que, se disparen en tiro directo o “a rebote”, llegan a 1250 m, 2400 m y 2600 m respectivamente, arrancando miembros y cabezas, tirando a los hombres como si fueran bolos. A veces se usan obuses ; estas esferas llenas de pólvora explotan en medio de las tropas, dispersando cascos. Casi siempre se utilizan botes de metralla que actúan como cartuchos de postas pero con proyectiles de tamaño mayor ; según el calibre un cartucho podía contener de 42 a 105 balas con un peso de 100 a 250 gramos.
A continuación puede intervenir una carga de caballería : sablazos de los coraceros y carabineros, cortes y estocadas de los dragones y húsares o lanzadas de los lanceros y chevau-legers que provocan heridas profundas debidas al impulso dado por el galope del caballo : una lanzada corresponde a la energía cinética de 600 kilos lanzados a 30 kilómetros por hora concentrada en el centímetro cuadrado de la punta de una lanza. En menor medida los mamelucos asestan cortes con sus estribos afilados pero disponen también de hachas y de mazas de armas que los convierten en una tropa que por no ser la más numerosa no es la menos temible. El infante que se encuentra sobre la trayectoria de una carga de caballería, si consigue escapar de las heridas por arma, corre el peligro de ser pisoteado.
La infantería dispara varias descargas con balas de un diámetro de 16,5 mm peligrosas hasta 250 m hasta que se le dé la orden de atacar con la bayoneta. Larga ésta de unos 38 cm, triangular, de caras ahuecadas, calada en el fusil, proporciona un arma de dos metros de largo. Es “el arma de los valientes” y los granaderos cargan cantando, tanto para animarse como para impresionar al enemigo, el famoso On va leur percer le flanc :
Les vamos a agujerear el flanco
ran tan plan tira lira plan plan
Ah cuánto nos vamos a reír

etc.

Pero el peligro no termina con el fin de la batalla ya que las tropas en plena retirada se ven perseguidas por la caballería ligera, dragones y húsares, que no les perdonan el menor sablazo ya que se trata de aniquilar al ejército vencido.

El resultado de un enfrentamiento de caballería lo describe el cirujano-mayor Degrusse, del ejército del norte de España, quien atestigua el 27 de diciembre de 1812 en Vitoria que el coronel Béteille, de la Legión de gendarmería a caballo, ha recibido, en el combate que tuvo lugar en Villodrigo en noviembre, las siguientes heridas :
1. Una estocada de sable que penetró el hipocondrio izquierdo ;
2. Un ancho sablazo en la parte superior de la cabeza que fracturó las dos tablas de la parte superior del cráneo y de los parietales en toda su extensión, con una separación considerable de estos huesos que dejó descubierto el cerebro, de la que han salido ya muchas esquirlas ;
3. Un sablazo que fracturó también la parte escamosa del temporal izquierdo ;
4. Una estocada de sable que le hirió el parpado superior del ojo izquierdo ;
5. Un sablazo que dividió longitudinalmente los músculos que cubren la arcada superciliar izquierda ;
6. Un ancho sablazo asestado transversalmente, que dividiendo las alas de la nariz ha fracturado en toda su extensión el hueso de la mandíbula superior del lado izquierdo y cuya cicatriz será adherente ;
7. Un sablazo que ha cruzado la barbilla ;
8. Un sablazo en la parte media posterior interna del brazo izquierdo que ha dividido transversalmente los músculos hasta el húmero cuya cicatriz es adherente ;
9. Un sablazo que ha seccionado la mitad de la tercera falange del dedo medio izquierdo ;
10. Un sablazo que ha dividido longitudinalmente los músculos del pulgar derecho ;
11. Un sablazo que penetrando entre los dedos índice y medio de la misma mano ha fracturado los huesos del metacarpo de donde advinieron varios depósitos acompañados por accidentes graves ;
12. Por fin otro que ha destruido los músculos de la palma de la misma mano.

Por si fuera poco, el cirujano añade en el mismo certificado :
Toda la caballería pasó casi por sobre este valiente coronel, que fue dejado por muerto sobre el campo de honor, y que a continuación sufrió la desgracia de ser arrastrado sobre más de quince pasos [i](unos 5 metros)
por unos militares que le arrancaron sus botas. No viene aquí al caso evocar sus heridas pasadas, ni extenderme sobre los peligros a los que se vio expuesto durante la cura ; un hombre del arte, al examinarlo, se hace una idea exacta del caso que presenta. [/i]
Esta descripción nos permite imaginar con qué tipo de heridas tenían que enfrentarse los médicos de la Grande Armée y permite constatar que, hasta en casos como el descrito, la muerte no era inevitable ya que el coronel Béteille llegó a ser general en 1813, participó en la batalla de Francia el año siguiente y alcanzó la edad respetable de 84 años. A veces para un solo individuo se necesitaría toda una ambulancia como el jefe de escuadrón Chipault del 4° de coraceros que recibió nada menos que 52 heridas en la batalla de Heilsberg (1807).
La atención a los heridos bajo el Primer Imperio
El servicio de sanidad en la Grande Armée
A principios del siglo XIX, visto por sanos y heridos de todas las nacionalidades, el servicio de sanidad francés, con todas las reservas que hoy se puedan hacer, es considerado como el mejor de Europa. Amputación por amputación, todos opinan que más vale ser amputado por un cirujano francés que de otra nacionalidad, sobre todo inglés o ruso. Otro ejemplo de la eficacia de este servicio lo dan las estadísticas : de 2248 generales franceses, casi la mitad (1013) fueron heridos con un promedio de 4 veces cada uno, lo que nos permite deducir que los heridos sobrevivieron … por los menos tres veces. No se dispone de información para los soldados rasos y suboficiales por ser demasiado numerosos.
Visto por Napoleón, el servicio de sanidad no es una prioridad. Piensa que la intervención de los médicos frena y hasta perturba la acción reparadora de la naturaleza ya que el cuerpo humano es una máquina creada para recomponerse por sí sola. Se le atribuye la frase No creo en la medicina pero sí creo en Corvisart (su médico personal). Visto así, la medicina no sería pues una ciencia en sí, aplicable a todos y cada uno, sino el fruto de la experiencia de un solo hombre que se aplicaría a un hombre en particular en un momento dado … Lo que no impide que esté previsto en la composición y organización del tren de guerra del Emperador una ambulancia con todo lo necesario para hacer frente a cualquier eventualidad.
Estratégicamente, al no ser los caballos un recurso inagotable, la caballería, la artillería y el tren de equipajes tienen una marcada preferencia a la hora de distribuirlos, en detrimento del servicio de sanidad.
Materialmente, el servicio de sanidad es dirigido por comisarios de guerra que no conocen las exigencias propias de este servicio lo que, unido a cierto desinterés por su parte, conlleva la ignorancia de las necesidades reales y por lo tanto la estrechez de los medios que le conceden tanto en hombres como en material ya que, en su visión de las prioridades, importa más un combatiente activo que un herido.
Aunque ocupa una situación secundaria en las preocupaciones de la época, casi se podría decir que es el “pariente pobre”, el servicio de sanidad napoleónico va a introducir una evolución por no decir una verdadera revolución en el ámbito de la atención a los heridos bajo el impulso de médicos y cirujanos humanos, movidos por el deseo de mejorar la condición de los soldados, cuya dedicación permitirá los progresos realizados.
El cuerpo de sanidad
Analizando el ejército bajo el Imperio, S. Blaze (citado por Alain Pigeard) distingue, con cierto humor, cuatro grupos : el de la gloria y de la riqueza, a saber los mariscales y generales ; el de la gloria sin riqueza, a saber les combatientes subalternos ; el de la riqueza sin gloria, a saber la intendencia y la comisaría de la guerra ; y el que no tiene ni riqueza ni gloria, a saber los oficiales de sanidad.
En 1809, a mediados del Primer Imperio, el servicio integra 310 médicos, 3248 cirujanos y 963 farmacéuticos. Como punto de comparación, se recordará que las tropas francesas durante la batalla de Austerlitz en 1805 contaban con 71.000 hombres : 1 médico por cada 20 soldados, 1 cirujano por cada 22 soldados. En Borodinó en 1812 serán 130.000 hombres : 1 médico por cada 37 soldados, 1 cirujano por cada 40 soldados. Pero huelga decir que la realidad sería peor por no estar todo el cuerpo de sanidad en los campos de batalla.
El reglamento del 1 de vendimiario del año XII (24 de septiembre de 1803) define los uniformes de los oficiales de sanidad, ostentando los de la Guardia botones con el águila imperial encima de la serpiente y el caduceo. Llevan la forrajera de oro en el hombro derecho y, en 1812, adoptan las marcas distintivas propias de su especialidad : uniforme de terciopelo negro para los médicos, verde oscuro para los farmacéuticos y escarlata para los cirujanos. Llevan además ojales de oro determinados para cada grado. Debido a la ausencia de estatuto oficial, los oficiales del servicio de sanidad no llevarán nunca las charreteras a pesar de su grado.
Dicho uniforme, por su modestia si se le compara con otros de la misma época, denota la situación que ocupaban. Sin hablar de los uniformes de los mariscales, basta comparar el de un cirujano-mayor de los granaderos de la Guardia (a la izquierda) con el de un simple cazador a caballo de la misma Guardia (a la derecha) para darse cuenta de quien tenía más prestigio a pesar de correr los mismos riesgos en el campo de batalla.


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--- Cirujano-mayor de los Granaderos de la Guardia - Cazador a caballo ---

Militarmente, a pesar de llevar grados, los oficiales de sanidad ocupan un puesto aparte y, por ejemplo, no pueden dar órdenes al personal militar que no pertenece a su servicio y ¡ ni siquiera pueden otorgar permisos a los convalecientes ! Es simbólico de esta situación el que nunca llegaran a llevar charreteras mientras duró el Primer Imperio. Tendrán que esperar el año 1889 para que su servicio llegue a ser autónomo, en cuanto a los oficiales no se les reconocerá como tales sino en 1917. También es revelador de la poca importancia que se acordaba a los médicos el que Pierre-François Percy (1754-1825, cirujano jefe de los ejércitos bajo la Revolución y el Imperio), Dominique-Jean Larrey (1766-1842, cirujano jefe de la Grande Armée), René-Nicolas Dufriche Desgenettes (1762-1837, médico jefe de la Grande Armée) no pasarán de barones cuando se distribuyeron en abundancia los títulos nobiliarios a los militares. Todos recibirán un homenaje tardío de Napoleón en su exilio en Santa-Elena ; recordando a Larrey, por ejemplo, dirá Lego al cirujano jefe Larrey 100 000 francos. Es el hombre más virtuoso que he conocido.

Las compañías de enfermeros se organizan entre 1809 y 1814. Los intendentes generales del ejército y los ordenadores jefes las distribuyen entre las divisiones del ejército y en los hospitales, por pelotones, secciones o escuadras ; a continuación están a disposición de los directores y de los administradores de hospitales y de ambulancia.
Durante la campaña de 1807 y sobre todo a raíz de las bajas elevadas de Eylau, Percy propone a Napoleón un proyecto de cirugía de batalla. Habrá que esperar el decreto del 13 de abril de 1809 para que se creen las compañías de enfermeros de los hospitales. Dicho decreto va a fijar el número de compañías a diez, cada una de 125 hombres, que se reparten entre 1 centurión comandante de la compañía, 1 ayudante de centurión, 1 sargento primero, 5 sargentos enfermeros primeros de 1ª clase, 10 cabos enfermeros primeros de 2ª clase, 96 enfermeros ordinarios, 8 obreros y cocineros jefes, 2 cornetas. Los cocineros y obreros forman una escuadra distinta compuesta de 4 maestros (sastre, zapatero, cuchillero, ebanista) y 4 cocineros jefes. A los mayores incumbe mandar y vigilar a los enfermeros que son meros asistentes para los enfermos. Es de notar que el grado de centurión no aparece en ninguna otra formación militar si no es en estas compañías.
Los enfermeros empleados en los hospitales militares y en las ambulancias están a las órdenes de los comisarios de guerra, de los oficiales de sanidad, del administrador y de los empleados de administración. Incumbe al enfermero jefe distribuir a los enfermeros la ropa destinada a cambiar la usada por los enfermos, tanto la de cuerpo como la de las camas. Entre sus obligaciones también está la de velar en las salas durante la noche.
Estas compañías tendrán una vida efímera : entre 2 y 5 años de los 15 que duró el Imperio. La 1ª compañía de 1809 a 1811 ; la 2ª compañía de 1809 a 1814, sirvió en Wagram y en España ; la 3ª de 1809 a 1811 en Alemania (1809) ; la 4ª de 1809 a 1813 en Cataluña ; la 5ª de 1809 a 1814 con el ejército de Aragón ; la 6ª de 1810 a 1814 en Badajoz y Vitoria ; la 7ª de 1810 a 1814 en Badajoz, Tarifa, Cádiz, Albuhera, Vitoria y Toulouse ; la 8ª de 1810 a 1814 en Portugal y en las batallas de Fuentes de Oñoro, Arapiles, Vitoria y Toulouse ; la 9ª de 1809 a 1814 en Rusia ; la 10ª de 1809 a 1812 en Italia y Rusia.

Clasificación de los heridos
Bajo el Consulado y el Imperio aparece una primera clasificación, distinguiéndose en los hospitales tres categorías de pacientes :
- Los “heridos” sufren de un mal aparente : los atienden los cirujanos ;
- Los “enfermos” padecen una enfermedad interna : los cuidan los médicos ;
- Los “lisiados” son los heridos que no pueden seguir el paso de la tropa pero pueden andar. Cuando tienen que desplazarse, los tambores los acompañan tocando la “Marcha de los lisiados”.
Sin adelantarnos demasiado, podemos preguntarnos aquí dónde empieza la diferencia entre “herido” y “lisiado” cuando se sabe que era frecuente que un soldado cuyo brazo había sido arrancado por un obús pudiera ir andando por sus propios medios hasta la ambulancia. En lo que sigue no haremos distinción entre “herido” y “lisiado”, considerando que son heridos en el sentido actual de la palabra. No trataremos de los “enfermos”, aunque podían padecer el tifus, enfermedad bastante extendida en aquel entonces, por exceder el cuadro de este artículo y nuestros conocimientos sobre el tema, para limitarnos a los auxilios que se aportaron a las víctimas de los combates.
Dominique-Jean Larrey (1766-1842) es un precursor en cuanto toca a los auxilios a los heridos. Es el primero en quebrantar la regla que quería que las ambulancias se quedaran a una legua detrás de las líneas y privilegia la cura en el campo de batalla, interviniendo cuanto antes gracias a ambulancias quirúrgicas móviles. Establece las reglas de prioridad para atender a los heridos en relación con la gravedad de las heridas. Organiza y hace aplicar el método moderno de una cirugía de los ejércitos, hospitales de campaña y un sistema de ambulancias. Paralelamente aumenta la movilidad y mejora la organización. Se dice de Larrey que es el precursor de las modernas unidades MASH y hoy se le reconoce como el padre de la medicina de urgencia.

La ambulancia


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--- Vuelta de Napoleón a la isla de Lobau después de la batalla de Essling, 23 de mayo de 1809 (Charles Meynier) ---

La cantina de ambulancia
Las cantinas de ambulancia son furgones destinados a llevar todo lo necesario para atender a los heridos. El reglamento de 1813 determina su contenido que ha de ser el siguiente : 72 vendas enrolladas, 12 kg de ropa mayor, 22 kg de ropa menor, 12 kg de hilas, 30 tablillas diferentes, 12 sangraderas, 6 suelas, 1 pieza de cinta de hilo, 1000 alfileres, 50 agujas, 2 madejas de hilo, 6 decagramos de cera amarilla, 25 de cordel, 8 de esponja. Los medicamentos se reparten de esta forma : 340 frascos de extracto de saturno (=plomo), 100 de sales de saturno, 600 de espíritu de vino alcanforado, 50 de alcanfor, 125 de láudano líquido, 180 de licor de Hoffman, 90 de álcali volátil, 125 cajas de esparadrapo, 500 de emplasto aglutinante, 15 de emético en paquetes, 2 litros de aguardiente. El cirujano-mayor es el único quien detiene las llaves de las cantinas de ambulancia. (citado por Alain Pigeard)
Las diferentes ambulancias
Se encuentra a menudo la palabra “ambulancia” en los textos de la época pero corresponde a diferentes realidades y no solamente a un vehículo : la ambulancia es una organización variopinta y es preciso distinguir varias estructuras.
La ambulancia de cuerpo de ejército es un organismo completo a disposición de un ordenador que estipula la repartición de los medios, de concierto con oficiales de sanidad.
La ambulancia de depósito o reserva, es la que queda después de la distribución de los recursos ; se ubica detrás del centro del ejército durante las batallas, dispone de personal y de cuanto es necesario para atender a los heridos antes de enviarlos hacia los hospitales de primera y segunda línea. La ambulancia de depósito o reserva, dispone de camillas y carros provistos de paja, arcos y lonas para transportar a los heridos hasta el hospital más cercano.
La división de ambulancia es la que sigue una columna del ejército. Corresponde a un hospital temporal con la infraestructura necesaria para organizar rápidamente uno o varios hospitales de primeros auxilios, aunque sea bajo tiendas de campaña. A su cabeza se encuentra un comisario de guerra en contacto estrecho con el ordenador. La importancia de la ambulancia está relacionada con la del cuerpo. Larrey fue el creador en 1797 de este tipo de ambulancia que, con el tiempo, no existirá sino para la Guardia. Componen el cuerpo médico un cirujano-mayor o de primera clase, dos ayudantes de cirujano-mayor o de segunda clase, doce ayudantes segundos de mayor o de tercera clase desempeñando dos de ellos la función de farmacéutico.
La ambulancia de una división de infantería se compone de un médico, seis cirujanos (un mayor, un ayudante de mayor, dos ayudantes segundo), cuatro farmacéutico (un mayor, un ayudante de mayor, dos ayudantes), cuatro empleados (un administrador, un empleado de primera clase, uno de segunda clase, uno de tercera clase). Según las órdenes de Napoleón, cada división tendría que ir acompañada por seis cajones de ambulancia que llevaran hilas y vendas para hacer frente a las necesidades de 3000 heridas.
La sección de ambulancia corresponde a un destacamento de la ambulancia para atender a las avanzadillas o a los pequeños cuerpos destacados. El número de cirujanos es el decidido por los oficiales de sanidad jefes a los que se unen seis enfermeros. Se instala donde se esperan enfrentamientos parciales. La acompañan uno o dos cajones con cajas de instrumentos, todo lo necesario para vendajes como vendas, hilas, compresas, y pan, vino, aguardiente, vinagre, sal, caldo, etc.
La ambulancia volante se sitúa en la vanguardia para estar siempre dispuesta a acudir sobre el campo de batalla y dispensar los primeros auxilios a los heridos durante la acción. Los cirujanos y enfermeros con maletines van montados en caballos. La integran cuatro enfermeros y un cajón con cuatro caballos que transporta una manta, dos camillas, una caja de instrumentos de cirugía …

Cuando se trata de la Guardia, como en todo lo tocante a la Guardia, la organización de la ambulancia es más rigurosa. El decreto del 15 de abril de 1806 precisa :
Cada cuerpo de la Guardia tendrá sus furgones, sus carreteros y sus caballos del tren siempre en estado y listos para andar a la primera orden. La ambulancia estará siempre preparada.

La ambulancia de la Guardia está organizada a la perfección : constituye un cuerpo donde los grados están claramente definidos, las atribuciones netamente señaladas, el puesto de cada uno, en una palabra, exactamente especificado. Siempre está informada de todos los movimientos de la porción de ejército a la que pertenece. Aunque uno nunca puede estar seguro de nada, el herido tiene más probabilidades de salvar la vida si pertenece a la Guardia que a otro cuerpo.

La ambulancia del Emperador se compone del “cirujano de Su Majestad” (el barón Yvan entre 1800 y 1814), un médico (Jean-Nicolas Corvisart a partir de 1804), un cirujano, un farmacéutico de la Casa Imperial y varios enfermeros. Incluye un furgón de ambulancia para transportar los instrumentos de cirugía destinados a realizar cualquier tipo de operación, vendajes, medicamentos, etc.

Los testimonios sobre las ambulancias son escalofriantes. En 1809, el carabinero Jef Abbel descubre la ambulancia de campaña instalada en el pueblo de Enzersdorf cerca de Wagram :
Andando por el pueblo, topo con la ambulancia. Una verdadera carnicería. Ahí se veían amontonados sin orden muertos, heridos, un esparcimiento de brazos y piernas cortados … Los heridos lloraban, gritaban ; todos huían, hasta los heridos que apenas conseguían arrastrarse.

El memorialistas Wolfe-Tone que participa en la batalla de Wachau testimonia :
Por fin llegué a un pueblecito atestado de heridos y prisioneros. Siguiendo la larga fila, entré en una casa grande que tenía la apariencia de un mesón ; habiendo subido a una sala superior se presentó ante mis ojos un espectáculo espantoso. Una mesa larga ocupaba uno de los lados de esta sala cuyo resto se veía cubierto de paja y repleto de pobres diablos mutilados y sangrientos. Una docena de cirujanos jóvenes, medio desnudos de cintura para arriba, cubiertos de sangre, comiendo y bebiendo, cortaban los miembros con toda la celeridad posible a medida que depositaban a los heridos sobre la mesa, y a un rincón, donde formaban un montón horroroso, tiraban piernas, brazos, manos y pies amputados ; por el suelo corría la sangre que, al estar la paja empapada, se escurría por la escalera. Me dejé caer al suelo, esperando mi turno […] Algunos soldados veteranos mostraban la valentía más intrépida, fumando mientras les amputaban, y gritando “Viva el Emperador” una vez terminada la operación.

Los heridos
Aunque nos pueda parecer extraño, los soldados tienen más pena por los heridos que por los muertos ; el muerto ha terminado con todo, el herido va a tener que enfrentarse con las curas aproximativas, la falta de higiene, de alimentación, con el frío, el sufrimiento, la miseria cuando vuelva a la vida civil. Según donde uno esté lastimado, las probabilidades de salvarse no son las mismas : cuando la herida reside en la parte superior del cuerpo, el enfermo puede andar y seguir el movimiento de las tropas ; cuando en la inferior, el desgraciado tiene que contar con la compasión de sus amigos para desplazarse y si el cansancio o la presión del enemigo son demasiado importantes las probabilidades son grandes que lo abandonen. El horror culminará cuando la retirada de Rusia durante la que hasta los sanos apenas conseguían andar para salvar la vida propia ; cualquier herida, máxime cuando afectaba un pie o una pierna, significaba quedar en poder de los cosacos.
Los primeros auxilios
En la medida de lo posible, se intenta socorrer a los heridos en el mismísimo campo de batalla en plena acción. Médicos y cirujanos intervienen en medio de las balas y es conocida la anécdota de Wellington quien, durante la batalla de Waterloo, al ver a Larrey que atendía a los heridos sin distinción de nacionalidad como solía hacer, se quitó el sombrero, mandó reorientar el fuego, y declaró Saludo al honor y a la lealtad. Menos conocido es el número de enfermeros, médicos y cirujanos que sacrificaron su vida por los heridos, muy a menudo sin considerar si se trataba de amigos o enemigos. El barón Percy había propuesto la creación de un cuerpo de sanidad independiente, neutral e inviolable ; habrá que esperar la creación de la Cruz Roja con Henri Dunant en 1863 …
En sus Memorias y campañas 1786-1811, el barón Larrey indica que
Los cirujanos de la ambulancia volante llevaban un como funda de cuero negro cuyo interior, dividido en varios compartimentos, recibía el estuche de instrumentos portátiles de cirugía, algunos medicamentos y los objetos esenciales para aportar los primeros auxilios a los heridos en el campo de batalla. […] Los soldados enfermeros a caballo y a pie llevaban una faja de lana roja que, en caso de necesidad, podía servir para el transporte de los heridos […] cada enfermero tenía también un bolso de cuero negro donde guardaba una o dos bandejas, un cubilete de hojalata, dos cubiertos para los heridos y los útiles necesarios para cuidar al caballo ; los enfermeros a pie llevaban un bolso de cuero, dividido en varios compartimentos dispuestos para transportar los aparatos para vendajes que guardaban a disposición de los oficiales de sanidad.

La evacuación de los heridos
La evacuación de los heridos, como evocamos más arriba siempre planteará un problema a la hora de intervenir en plena batalla ya que la prioridad es no perturbar la acción militar durante el combate : dos soldados que acompañan a un compañero lastimado hasta la ambulancia dejan un hueco de tres combatientes en las filas cuando la obsesión es precisamente presentar siempre un frente unido del que depende la densidad del fuego o el empuje de una carga con bayoneta ; esta situación es inimaginable si se multiplica por el número de heridos. La presencia de carros o vehículos destinados a recoger a los heridos es aún menos imaginable por el estorbo que representarían tanto para las maniobras de infantería o de caballería como para la acción eficaz de la artillería.

Así pues, cuando se trata de una herida en uno de los miembros superiores o en las manos, en la mayor parte de los casos es una auto-evacuación, yendo el herido hasta la ambulancia por sus propios medios.
En sus Recuerdos de campañas el sargento Faucheur cita el caso de Monsieur Castel cuya mano derecha había sido arrancada por un obús : Fuerte y robusto, había ido solo a la ambulancia donde le habían amputado al nivel de la muñeca.
El capitán Coignet recuerda en Vingt ans de grogne et de gloire avec l'Empereur - Souvenirs de Jean-Roch Coignet :
Nuestro furriel vio su pierna arrancada (por un obús) ; cortó tranquilamente el jirón de piel que colgaba y nos dijo, sin pestañear : “He dejado tres pares de botas en Courbevoie, ahora sí que me van a durar.” Dicho esto, recogió, en el campo de batalla, dos fusiles y, usándolos a modo de muleta, se fue solo a la ambulancia.

Algunos reciben la desgracia con humor. En Leipzig, el general de La Tour Maubourg pierde una pierna ; a su ordenanza que está llorando le dice ¿Por qué lloras, imbécil? Ahora no tendrás que dar brillo a más que una sola bota.
Y ¿ qué decir del coronel Sourd quien, en Waterloo, amputado del brazo derecho por Larrey, apenas terminan de vendarlo, sube a caballo y carga de nuevo no sin haber enviado previamente un mensaje al Emperador donde le suplica que le deje el mando de su regimiento ? Y el mismo Larrey añade, en sus Memorias que se restableció pronta y rápidamente.
Ejemplos como éstos abundan en los relatos de los contemporáneos y no dejan de suscitar admiración ante el estoicismo de aquellos hombres.


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Cuando la herida se situá en los miembros inferiores o es lo suficientemente grave como para que la víctima no pueda andar sostenida por dos compañeros, se transporta al herido sentado en un fusil llevado por dos soldados.
Entre los diferentes medios de transporte improvisados, la manta ofrece un recurso para transportar a un herido como el amputado de este grabado pero con el inconveniente de movilizar a demasiados hombres.


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--- Grupo de soldados transportando a un amputado en una manta (Dibujo de A. Adam) ---

Existe un sistema de camilla pero no parece haber sido muy extendido : ciertos soldados, camilleros antes de la hora, iban armados con una lanza y provistos de cinturones de cuero.


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--- Camilleros según un proyecto del Barón Percy ---

Con las correas de cuero y dos lanzas de las que se quitaba el hierro se realizaba una camilla en la que se podía transportar al herido. Pero, si fue considerada en los ejércitos revolucionarios como el arma del pueblo por excelencia, la lanza fue rápidamente abandonada como arma de la infantería en el ejército francés en beneficio de la bayoneta ; habrá que esperar la creación de los regimientos de lanceros en 1809 para que reaparezca en los campos de batalla.
En la batalla de Borodinó el cirujano-mayor La Flize es testigo de la actuación de los camilleros :
Los camilleros recibieron pues la orden de aparejar las camillas. Estos hombres, dos por dos, quitaron las correas que llevaban encima de sus mochilas, metieron el palo y fijaron sus cinturones de tela ; en un instante tuvimos unas cuarenta camillas.

Los vehículos
Podríamos calificar los medios de transporte presentados en el apartado precedente de “medios individuales” pero como no es cuestión de abandonar a los heridos a su triste suerte o a las manos enemigas en el campo de batalla, hay que imaginar medios de transportes “colectivos”. Algunos serán anecdóticos, otros más especializados serán de alcance reducido por la poca carga que pueden llevar, otros “de masa” serán más improvisados y menos confortables, si es que la palabra “confort” tenía un sentido en aquella época y en aquellas circunstancias.
El dromedario
El dromedario o el camello no dejará de ser un medio anecdótico ya que no se utilizará sino durante la campaña de Egipto pero es revelador de una verdadera preocupación por la evacuación de los heridos.
En sus Memorias y campañas, Larrey nos explica :
Los medios de transporte fueron el primer objeto de mi atención ya que no era suficiente curar a los heridos en el campo de batalla sino que era preciso llevarlos fuera de alcance de los árabes […] Se trataba pues de utilizar los camellos, únicas monturas disponibles en el país y hacer que los medios de transporte fueran tan confortables para los heridos como ligeros para estos animales. En consecuencia mandé construir unas cien como cestas, dos por camello, dispuestas como cunas, que el animal llevaba a cada lado de su joroba, colgadas con correas elásticas. La construcción era tal que no estorbaban su andar ni sus movimientos.



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--- Evacuación con dromedario ---


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--- Una de las “cunas” imaginadas por Larrey ---

Como solía ocurrir a menudo, lo militar pasó antes que los medios de los servicios de sanidad y Larrey revela que
Por desgracia, todos estos camellos, en llegando a la frontera de Siria, me fueron quitados por los agentes de transportes para su servicio particular, de tal modo que, en lo sucesivo, nos vimos con grandes dificultades para transportar a los heridos.

El barco
El barco tampoco es un medio de evacuación muy frecuente pero se emplea durante la expedición a Egipto. Durante la batalla de Sedmant el-Djebel :
Los cirujanos de la división dieron a los heridos los primeros auxilios en el campo de batalla y los transportaron ellos mismos hasta las barcas de ambulancia y de allí fueron llevados al Cairo.

En 1799, con ocasión de la batalla de Abukir
El general, jefe del estado mayor, había dado la orden que navegara, al mismo nivel que el ejército, en la rada del puerto nuevo, un pequeño convoy de barcas para el transporte de los heridos : disponían de camillas flexibles, de vino, de vinagre y de aguardiente ; de tal manera que nos aportaron los auxilios necesarios.
Durante la batalla, nuestras ambulancias, distribuidas sobre los tres puntos principales de la línea, dispensaron los primeros auxilios a los heridos ; los reuní después con la del centro, a la que ubiqué lo más cerca posible del fuerte. Cuando acabamos de administrar las primeras curas a todos estos combatientes, fueron llevados, en camillas flexibles, a bordo de las barcas que habían sido dispuestas muy a propósito en una ensenada, escondidas de la escuadra enemiga, y que les llevaron hasta Alejandría sin el menor accidente : yo también fui allí, acompañando al general Fugière, quien era el herido más grave.
(Memorias y campañas, Larrey)
El carro
La ambulancia de depósito o reserva, dispone de camillas y carros provistos de paja, arcos y lonas para transportar a los heridos hasta el hospital más cercano pero a veces estos carros se convierten en una trampa mortal que no desconocen los soldados ya que en su argot los llaman “los carros de la muerte” y no hay para menos ya que en ellos se transportan indistintamente heridos y enfermos, sin pararse a considerar las patologías que puedan presentar.


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--- Carro transportando heridos (Grabado R. Knötel) ---

El sargento Faucheur, herido en Leipzig y a quien su cirujano-mayor había prohibido terminantemente se subiera a uno de esos carros, relata en sus Recuerdos de campañas :
Todos los días dejábamos en la cuneta a varios de los enfermos y heridos que se amontonaban en los carros de nuestro parque. Un joven de mi edad había recibido una bala en el cuerpo el 18 de octubre por la mañana y, transportado a Leipzig, había podido, después de ser atendido, refugiarse en uno de los carros de nuestro parque […] lo vi morir ante los ojos de su hermano. Dos días después vi morir también, pero esta vez entre mis brazos, a nuestro alférez mayor […] el 18 de octubre por la mañana había tenido su caballo matado debajo de él y una hora después había tenido la mano derecha arrancada por una bala de cañón. Fuerte y robusto, había ido solo hasta la ambulancia donde le habían amputado la muñeca. […] Al cabo de cinco o seis días, fue presa de una fiebre tan violenta y perniciosa que expiró, por decirlo así, entre mis brazos, a medianoche.

Ya en Francia, el sargento Faucheur se encuentra con su cirujano-mayor, se le acerca para darle las gracias por sus cuidados pasados y éste le contesta
¡ Ah, hablemos de eso ! Teníais que haber muerto mil veces por una […] Todo bien pensado, hay felices casualidades en la vida y vos me lo habéis demostrado […] si la bala hubiera desviado de una línea (= 2,25 mm), teníais el tibia quebrado, hubiera sido preciso cortaros la pierna y entonces allí os quedabais ; no hemos traído con nosotros a muchos de nuestros pobres heridos, testigo aquel desgraciado de Castel que murió en vuestro vivac. Bien le había prohibido yo que descansara en los carros de nuestro parque porque ya estaban invadidos por el tifus y de esa terrible enfermedad fue de lo que murió como todos los heridos y enfermos que se amontonaron en esos malditos carros. Por eso mismo os aconsejé que anduvierais antes que buscar un refugio en ellos.


La ambulancia de Larrey


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--- Ambulancia móvil de Larrey de dos ruedas ---


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--- Organización interior de una ambulancia móvil de Larrey de dos ruedas ---

Así describe estas ambulancias el propio Larrey :
Cada división de ambulancia disponía de doce coches ligeros equipados de una suspensión para el transporte de los heridos : eran de dos clases, de dos y de cuatro ruedas. Las primeras, de las que se contaban ocho, convenían para las llanuras ; las otras, de cuatro ruedas, estaban destinadas al transporte de los heridos por las montañas. La cabina ofrecía la forma de un cubo alargado, abombado en la parte superior ; estaban abiertas a ambos lados dos ventanillas ; dos puertas de batientes se abrían en las partes delantera y trasera ; constituía el suelo de la cabina un cuadro móvil, guarnecido con un colchón de crin, con almohada, y cubierto de cuero. Este cuadro rodaba fácilmente sobre los dos soportes o gemelos de la cabina, mediante cuatro ruedecitas, y estaba provisto de cuatro empuñaduras de hierro engastadas en la madera ; estas empuñaduras estaban destinadas a recibir correas o cinturones de soldados para transportar a los heridos sobre este cuadro, como sobre una camilla : se podía curar a los heridos sobre estos cuadros cuando el tiempo no permitía curarlos en el suelo.



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--- Ambulancia móvil de Larrey de cuatro ruedas ---

Existen otras diferencias entre los dos modelos que apunta Larrey.
A los coches pequeños iban enganchados dos caballos de los cuales uno era montado por un jinete. El interior media 1,10 m de ancho. Dos heridos podían estar acostados cómodamente y sobre todo el largo ; unas bolsas estaban distribuidas por todo el interior para recibir frascos y otros objetos necesarios para los heridos. Estos coches unían la robustez a la ligereza y la elegancia.
El segundo sistema de coches ligeros suspendidos consistía en un carro de cuatro ruedas cuya cabina, más larga y un poco más ancha que la de los coches de dos ruedas, tenía una forma análoga : también tenía una suspensión de cuatro muelles ; su suelo estaba cubierto con un colchón fijo y los lados estaban acolchados hasta un pie (unos 32 cm) de altura, como los de los furgones de los coches pequeños. El lado izquierdo de la cabina se abría a voluntad, sobre casi todo el largo, mediante dos puertas correderas, y de tal modo que se pudiera acomodar a los heridos en el coche conservándoles su posición horizontal. Unas ventanillas adecuadamente dispuestas renovaban el aire o establecían corrientes. Los coches grandes tenían en el interior, como los pequeños, unas bolsas, y en la parte trasera un pesebre ; el tren delantero podía girar sobre un eje para facilitar los movimientos de cambio de dirección ; los arrastraban cuatro caballos y tenían dos conductores ; eran ligeros, sólidos y bien suspendidos. En estos coches se transportaba cuatro heridos acostados sobre el largo ; sus piernas se cruzaban un poco.

Puede extrañar la presencia de un pesebre pero estaba destinado a llevar la comida de los caballos ; también existió un tiempo en los cajones de artillería. El sistema de eje de las ruedas delanteras de la ambulancia de cuatro ruedas no está sin recordar el chasis del cajón de municiones y lo volveremos a encontrar en el wurst.

Este tipo de vehículo tenía también un efecto psicológico porque daba la impresión al soldado de que en caso de herida lo atenderían o evacuarían inmediatamente o casi pero en la realidad las ambulancias de Larrey se limitaron a la Guardia entre muchas razones porque hubieran sido necesarios muchos, demasiados, caballos para que el sistema fuera eficaz y porque era difícilmente imaginable la circulación de tantos coches por el campo de batalla. Las prioridades iban por otros derroteros : antes que los heridos, lo que importaba era la victoria.
El cajón de ambulancia


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--- El cajón de ambulancia ---

No se trata exactamente de un medio de transporte para el personal sino para el material que exteriormente se presenta como el cajón de municiones pero con algunas instalaciones internas que le permiten cumplir con su cometido. Es un vehículo de cuatro ruedas, tirado por cuatro caballos conducido por dos hombres. Por decreto del 1 de septiembre de 1805 tiene que contener dos colchones, seis camillas, una caja de instrumentos de cirugía, 50 kilos de hilas, 100 kilos de trapos y vendas y una caja de farmacia cuyo contenido es fijado por el mismo artículo.
El wurst de Percy


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--- Wurst del barón Percy ---

El Wurst (“salchicha” en alemán) ideado por el barón Pierre-François Percy es una de las evoluciones del cajón de municiones pero en vez de transportar municiones para la infantería o para cañones va a servir para los primeros auxilios a los heridos en el campo de batalla.
El largo exterior alcanza 9 pies 1 pulgada (unos 3 m), el ancho exterior es de 20 pulgadas 10 líneas (unos 56 cm) y la altura de 1 pie 10 pulgadas 10 líneas (unos 62 cm). Como para todos los cajones, se abre por la parte superior situándose las bisagras en uno de los lados largos. Respecto al cajón de municiones, ha sufrido algunas modificaciones. La más evidente es el “tejado” que de triangular pasa a adoptar una forma abombada, está revestido de cuero bajo el que va un relleno de crin. En los lados están unos estribos para descansar los pies y para subir ya que este vehículo sirve para transportar, aparte de todo lo necesario para curar a los heridos, a todo un equipo médico : un cirujano de primera clase, un cirujano de segunda clase, un cirujano de tercera clase, un enfermero y un farmacéutico ; algunos grabados señalan también la presencia de un camillero con lanza de quien hablamos precedentemente. En su interior contiene vendas, medicamentos, hilas e instrumentos para amputación.
El objetivo es atender a los heridos lo más cerca posible de la línea de fuego para no perder un tiempo precioso y hacer que el equipo llegue en buenas condiciones físicas para operar y no fuera de aliento después de correr por todo el campo de batalla. En la mente de Percy el Wurst es un vehículo rápido, ligero, sobre el que caben a horcajadas diez individuos sin que se estorben. Cuando apareció gozó del beneficio de la novedad y suscitó la curiosidad pero poco a poco hasta su inventor se dio cuenta de que no correspondía a sus esperanzas y fue abandonado. Notaremos el optimismo del barón cuando habla de llevar, sentados encima del wurst diez individuos sin que se estorben, lo que ofrece un asiento de menos de 30 centímetros para cada uno…


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--- Detalles del Wurst del barón Percy ---
"Mi corazón es para ti, mi sangre para el Emperador, mi vida para el honor." (Carta de Lasalle a su esposa)
"El hombre que más ha vivido no es el que ha contado más años sino el que más ha sentido la vida." (J.-J. Rousseau)
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ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERIO

Notapor Lasalle el Mié 05 Dic 2018 19:07

LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERIO (II)
Por Lasalle

Curar a los heridos
Cuando se habla de medicina a principios del siglo XIX hay que tener presente a la memoria que no existían anestésicos, antibióticos, profilaxis y que hasta la mera higiene era algo poco aplicado tanto en las ambulancias como en la vida diaria. La anestesia no se aplicará en Francia, de forma científica, hasta 1847 y en 1839 se declaraba que la cirugía sin dolor es inconcebible. La eficacia de la penicilina, el primer antibiótico, será descubierta por sir Alexander Fleming en 1928. Si se conocen los microorganismos desde el siglo XVII, habrá que esperar a 1878 y a Pasteur para relacionarlos con las enfermedades.
Los medicamentos
Para empezar recordaremos dos productos usuales que, a falta de anestesiar, daban valor para enfrentarse con la operación : beber “la gota” (de alcohol) y fumar en pipa mientras duraba la operación. Si el herido fallecía en el curso de la intervención, dejaba de apretar los dientes, la pipa de porcelana caía al suelo y se rompía ; se decía que el interesado “había roto su pipa”. El eufemismo se sigue usando en Francia en el siglo XXI …
Respecto a la anestesia, para ser justo, hay que decir que existía el láudano elaborado a partir de opio, azafrán, canela y flor de clavero macerado en vino de Málaga pero su uso era excepcional.
La sangría, la purga, los productos vomitivos siguen en vigor a principios del siglo XIX pero aplicados con más discernimiento que en la época de Molière.
No se puede detallar aquí toda la farmacopea de la época del Primer Imperio pero podemos resumir citando el bando de los inspectores generales del servicio de sanidad militar del 14 de diciembre de 1808. En él encontramos raíces, maderas, cortezas y cáscaras, flores, semillas, frutas, especias, azúcares, bálsamos, aceites, vinagres, jarabes, píldoras, extractos, ungüentos, tinturas, sales, éteres, álcalis, etc.
Dentro de los productos vegetales son de señalar las semillas de lino, la adormidera y el azafrán oriental. Se usan también decocciones de cáscara de granada.
Los productos químicos pueden ser el sulfato de alúmina, el sulfato de zinc y el alcanfor. En los colirios se pueden añadir algunas gotas de acetato de plomo o una ligera solución de muriato oxigenado de mercurio o sulfato de cobre.
Más agradables, las bebidas refrescantes y aciduladas. En ciertos casos, Larrey recomienda “una copa de buen vino” o “un buen caldo”. Del mismo modo, insiste en una alimentación sana, recetando “buenos caldos” para los convalecientes. En sus Recuerdos el capitán Coignet cuenta que en París fue envenenado por un desconocido que le había ofrecido una taza de café. Lo tuvieron que llevar al Hospital du Gros-Caillou (el de la Guardia) donde por orden del médico jefe, el doctor Suze,
[…] día y noche me friccionaron, a continuación me aplicaron ventosas ; terminé extenuado y casi se podía distinguir una vela a través de mi cuerpo.
Al cabo de cuarenta días, como yo permanecía en un estado muy amenazante, hubo una consulta de médicos, a la que fue llamado el barón Larrey. Hablaron entre ellos. A continuación el señor Larrey pidió una cubeta de hielo y limonada ; me hizo beber en un gran cubilete de plata, y todos esperaron los resultados de la poción. No vomité ; me administraron entonces otro vaso ; pasó como el primero. Señores, dijo el barón Larrey, he salvado lo de arriba, salvad lo de abajo. En seguida reanudaron la deliberación, y las medicinas menudearon. Sin entrar aquí en detalles sensibles, puedo decir que produjeron efecto. Saqué materias llenas de cardenillo : se las llevaron y analizaron con esmero.
A partir de aquel día empezó mi convalecencia
[…]
Lo que no deja de sorprender hoy es la prescripción de calomelanos o sea, cloruro mercurioso que se emplean como purgante, vermífugo y antisifilítico ; el mismísimo Emperador tomó esta medicina asociada con antimonio en su exilio de Santa Elena y no faltan estudiosos para atribuirle su muerte, sobre todo por la asociación con la úlcera de estómago que padecía.
Por faltarnos los conocimientos en esta especialidad, nos limitaremos a esta brevísima lista.
Las operaciones practicadas
Entre las más frecuentes, citaremos :
- la desinfección : se limpia la herida con agua fría, pura o salada, pero no con alcohol.
- el vendaje : consiste en trapo o hilas mantenidos por una venda. A veces la situación exige que se recurra a musgo, hojas o papel. Para evitar la gangrena se realizan vendajes con aguardiente alcanforada.
- el desbridamiento de las llagas que consiste en separar las bridas o filamentos que atraviesan una llaga y estorban la libre salida del pus. Es una práctica muy extendida cuando las llagas son contusas o interesan tendones, músculos, si no se complican con fracturas o cuerpos extranjeros. En caso de hemorragia sirve para alcanzar las dos extremidades de la vena o arteria y así poder ligarlas.
- la herida abierta : se cose inmediatamente para cerrar la llaga lo antes posible y evitar así una infección.
- la contusión por obús : se resuelve con masajes de aguardiente y amoniaco.
- la gangrena : se combate con apósitos de agua alcanforada, quina o … la casi inevitable amputación. Su aparición es debida al calor, a la ausencia de higiene o a las amputaciones realizadas con material no esterilizado. En general la gangrena se lleva a las víctimas unas tres semanas después de la amputación como fue el caso para Lannes, Coheorn …
- el tétanos : lo primero es desbridar la herida y limpiarla ; se le aplican cáusticos o emolientes y a continuación el herido tiene que tomar seis granos de opio combinados con cuatro de alcanfor. Muy extendido en el ejército, se debe a heridas con armas oxidadas, arañazos de plantas o animales … Durante las guerras napoleónicas, las primeras estadísticas de medicina militar sobre el tétanos hablan de 12 a 13 casos de tétanos por 1 000 heridos. Sólo un contaminado de cada cuatro salva la vida. Durante el primer trimestre de la Primera Guerra Mundial, el ejército británico seguirá teniendo 8 casos de tétanos por 1000 heridos ; el uso del suero durante el resto de la contienda mejorará la situación bajando a 1,5 caso por 1000 heridos. Habrá que esperar el año 1929 para que aparezca la vacuna en Francia.
- la hemorragia : en este caso no se emplea garrote ni torniquete ; se aplica la compresión digital y, no siempre, una ligadura de hilo encerado o de plomo. Tenemos este testimonio de Larrey :
Monsieur Arrighi, edecán del general Berthier, recibió una bala […] que le seccionó la carótida externa […] La caída del herido y un chorro de sangre considerable que salía por esas dos aberturas llamaron la atención de los cañoneros. Uno de ellos, muy inteligente, tuvo la presencia de espíritu de aplicar prontamente sus dedos en esas mismas aberturas, y de este modo detuvo la hemorragia. Me mandaron llamar inmediatamente ; corrí a auxiliarle bajo balas y obuses. Un vendaje compresivo metódicamente hecho detuvo, para mi mayor asombro, la marcha rápida de la muerte, y salvó a este oficial.



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--- Sacabalas de Percy ---

- la extracción de bala : la invención por el barón Percy de un sacabalas facilitará la cura de una herida frecuentísima ; inventa también el hilo de suturar metálico y una aljaba quirúrgica ; llevado terciado a la espalda, este estuche permite desplazarse a caballo llevando un garrote y once instrumentos para operar en urgencia sobre el campo de batalla y evitar la gangrena. Como hasta aquí la amputación se hacía demasiado abajo, Percy imagina un aparato para retractar las carnes lo que permitirá cortar el hueso más arriba, evitando la amputación “en salchichón” o “en jamón” que tenía como consecuencia un muñón cónico doloroso con un hueso susceptible de infectarse.


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--- Aljaba para urgencias ---

Así relata el Sargento Faucheur en sus Recuerdos de campañas cómo le curaron una herida por bala que sufrió en Leipzig :
Entonces fue cuando vi mi pantalón lleno de sangre ; seguíamos al alcance de las balas del enemigo, nos fuimos lo más rápidamente posible hasta la calzada de Lindeneau, pero cuando llegué perdía tanta sangre que no tuve otro remedio que vendar mi pierna con un pañuelo. […] El cirujano del regimiento curó mi herida, hizo salir la bala, lavó la herida con agua, puso hilas, vendó fuertemente la parte inferior de la pierna y me dijo que no tenía que inquietarme porque dentro de poco estaría curado ; me hicieron tomar un poco de aguardiente y no tardé en dormirme porque estaba extenuado.

El fusilero-granadero de la Guardia Romand, herido, relata de esta manera la intervención :
(Nuestro cirujano-mayor) me reconoció y dijo que era preciso extirpar la bala. Después de realizar varias investigaciones, descubrió que la bala se había detenido en mi costado derecho. Introdujo el dedo más de dos minutos y sacó ese plomo. Me desmayé durante unos ratos.


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--- Maletín para trepanaciones de Larrey (Museo Larrey de Baudéan) ---

- la trepanación se aplica en los casos de heridas en la cabeza. Larrey cita en sus Memorias y campañas el caso de un soldado quien, en El Cairo, había recibido una bala en la cara :
Un soldado de la 18ª media-brigada recibió en la cabeza un disparo, cuando la primera revuelta del Cairo. La bala, después de atravesar el frontal en su parte mediana, cerca del seno, se orientó oblicuamente hacia atrás, entre el cráneo y la duramadre, y caminó así a lo largo del seno longitudinal hasta la sutura occipital donde se detuvo. […] Introduje una sonda de goma elástica por el orificio del hueso frontal, y le hice recorrer sin pena el trayecto hasta la bala, que reconocí por su resistencia y sus desigualdades. Medí exteriormente el camino que había recorrido con la ayuda de mi instrumento ; decidí entonces descubrir el punto del cráneo correspondiente al cuerpo extranjero. Hice una abertura con una corona ancha de trépano : el pus salió en abundancia, y me fue fácil coger y extraer la bala, que deprimía la duramadre y comprimía el cerebro. Nada vino ya a oponerse a la curación.



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--- Instrumentos para amputaciones ---

- la amputación es sin duda la más practicada porque tiene fama de prevenir la gangrena y una simple fractura puede provocar la “terrible sentencia”. En los casos de tétanos declarado, Larrey expone :
El éxito tan inesperado como completo, obtenido por la amputación del miembro herido, en la persona de un oficial presa de un tétanos crónico, me lleva a poner en tela de juicio si, en esta enfermedad determinada por una herida que perjudica una parte de las extremidades : “No sería mejor quitar por amputación el miembro herido en el momento en que los accidentes del tétanos se declaran que esperar de los recursos de la naturaleza y de remedios inciertos la curación que se produce tan escasas veces.” Que la amputación realizada a propósito es el medio más certero para detener y aniquilar los efectos del tétanos, cuando depende de una herida localizada en una de les extremidades.


No todos los cirujanos están de acuerdo con esta visión, como el barón Percy por ejemplo, pero Larrey entre muchos otros estima que más vale amputar “en caliente” porque, entre el dolor de la herida y el estado de choque, el herido sufre menos que si después de pasado el dolor de la herida se realizara la operación “en frío” añadiendo un segundo dolor al primero. La habilidad del cirujano y la rapidez de la intervención compensan la ausencia de anestesia para el herido que muchas veces sufre la operación sin soltar un grito o gritando ¡ Viva el Emperador !. Cuando la batalla de la Sierra Negra (también llamada batalla de San Llorenzo de la Muga o de Figueras), Larrey llega a amputar en un día no menos de 200 heridos y en los cuatro días que dura la batalla realiza 700 amputaciones. Considerado como un excelente cirujano, era capaz de amputar un miembro en menos de un minuto, destreza apreciable en aquella época. La opinión más extendida es que la amputación, al retirar la parte dañada por el proyectil y dejar una herida “limpia”, evita la aparición del tétanos y de la gangrena pero la realidad dista mucho de la teoría ya que el entorno en que se realizan las operaciones no tienen nada de aséptico empezando por el que los cirujanos no se lavan las manos ni desinfectan sus útiles entre dos operaciones.
Larrey aplicará la técnica de la “desarticulación” que implica amputar a nivel de una articulación en lugar de serrar el hueso. Esta operación que suele dar excelentes resultados (97 heridos de 111 vieron su curación facilitada) se aplica generalmente a la cadera o al hombro pero Larrey condena este procedimiento para el codo. Con este método, se corta la piel de tal forma que a continuación se puede cerrar la herida evitando la amputación “en salchichón” en la que el hueso, cortado demasiado abajo, se infecta al aparecer o adopta una forma cónica dolorosa llamada “en jamón”.

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--- Larrey amputa al subteniente Rebsomen en la batalla de Hanau bajo la mirada del padre ---

Los testimonios son escalofriantes :
En sus Memorias el memorialista Combe, cuyo 8° de cazadores a caballo había sufrido pérdidas por el fuego, visitó también la ambulancia. Allí vio que
Los cirujanos y sus ayudantes, en mangas de camisa y arremangados, tenían en la mano el bisturí fatal o la sierra terrible. Cortaban un brazo o una pierna, desgarraban las carnes y, cubiertos de sangre, mostraban la mayor actividad en aplicar las vendas. Juramentos horrorosos, gritos de desesperación, gemidos lamentables revelaban la cercanía de esas ambulancias improvisadas y renovadas sin interrupción…

Se entiende que en Borodinó el capitán Fabvier, edecán del mariscal Marmont, teniendo el pie derecho quebrado por una bala y oyendo decir al cirujano que quería cortarle la pierna, se negara rotundamente y declarara que antes prefería morir que perder su pierna. No fue amputado, curó y obtuvo el grado de jefe de escuadrón por la batalla del Moscova. Otros toman la operación con más filosofía, como Jouan :
Siempre había oído decir que era cuando serraban los huesos cuando más se sufría. No quiero presentarme como siendo de una constitución diferente de la de los otros hombres ; lo que sí puedo decir es que la amputación del hueso de mi brazo no fue nada sensible comparada con la de las carnes.

Otros como el suizo Begos recuerdan ¡ nada menos que 44 años después ! :
Creo oír ese ruido estridente que se comunicaba a todos mis nervios, puesto que aún no habían inventado el cloroformo.

En cualquier caso se da de las ambulancias una imagen pésima pero cómo podía ser de otra manera cuando se toma en cuenta el número de heridos y la urgencia para operarlos. La penuria de medios, la ausencia de anestesia, los colchones remplazados por camas de paja, verdadero refugio para insectos y microbios de todas clases, higiene ausente o casi, todas estas condiciones explican que gangrena, tétanos y podredumbre de hospital se cobraran su cupo de víctimas, más que las balas tal vez.

Los hospitales
La teoría
El decreto del 12 de agosto de 1800 establece que en cada hospital militar tienen que ejercer un médico, un cirujano-mayor y un farmacéutico jefe encargados de la dirección del servicio de sanidad secundados por cirujanos de los cuerpos de guarnición en la ciudad.
Tres categorías de hospitales existen bajo el Imperio :
1 - Los permanentes, establecidos en el interior del Imperio. Destinados al servicio de las divisiones militares, reciben a los enfermos y heridos en tiempos de guerra. Entre ellos destaca el hospital del Gros-Caillou de la Guardia donde sirven los oficiales de sanidad en tiempos de paz. El director y médico jefe es Sue, Larrey actúa como cirujano jefe.
2 - Los temporales instalados en la retaguardia o en los flancos del ejército, en las ciudades a proximidad de los campos de batalla cuyo número es fijado por el ordenador jefe del ejército ; se reparten entre hospitales de línea y hospitales especiales en relación con el tipo de enfermedad y de la especialización de cada uno de ellos. Los hospitales de línea reciben a los soldados evacuados por las ambulancias y se distribuyen en tres líneas o escalones, siendo la primera la más cercana al campo de batalla ; los comisarios ordenadores deciden de su ubicación teniendo en cuenta los lugares más convenientes por la seguridad y la salubridad.
3 - Los ambulantes que siguen al ejército.
En primera línea, las ambulancias de primeros auxilios aseguran la hospitalización. A continuación están los hospitales temporales que enviarán a los heridos a los hospitales permanentes.
Los depósitos de convalecientes reciben a los hombres ya salidos de los hospitales temporales que no están en condiciones de reincorporarse a la tropa.


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--- Ambulancia de campaña de Larrey (Diorama de Perry Miniatures) ---

A veces se han abierto, generalmente en cuarteles, depósitos para convalecientes donde los hombres que salían de los hospitales temporales podían restablecerse antes de volver a los campamentos. Un jefe de batallón asume la responsabilidad, los médicos de hospitales cuidan de los soldados que reciben el mismo tratamiento que en su cuerpo. Fueron creados en Boulogne, Ostende y Montreuil con capacidad para 500 y 800 hombres respectivamente para los dos últimos, lo que es notoriamente insuficiente si se considera el número de heridos que causaba cada batalla. Más tarde los hubo en Chambéry, Estrasburgo y Maguncia.
La realidad
Llegados a este punto, podríamos pensar que el sistema permitía salvar a la mayor parte de los heridos pero por desgracia la realidad es muy diferente porque se enfrenta con un contexto de guerra que implica a ejércitos numerosos y distancias importantes.
Testimonios como el del cirujano La Flize que nos relata que en Borodinó mientras los camilleros iban a recoger a los heridos se levantaron dos tiendas de campaña, una grande que iba a recibir a los heridos y una pequeña que serviría de quirófano, que trabajando toda la noche él y sus ayudantes consiguieron atender a todos los heridos y que tan pronto un herido había sido curado lo llevaban a la tienda grande donde le servían una sopa y vino son la excepción que confirma la regla.

Existe una distinción entre los oficiales de sanidad que ejercen en los hospitales y los que siguen a la tropa. Según el decreto del 1 de diciembre de 1803 que los organiza definitivamente tiene que haber dos cirujanos por batallón (unos 800 hombres) y uno por escuadrón (unos 200 hombres) cuando en pie de guerra, la mitad cuando en pie de paz. Un solo cirujano por regimiento tiene el grado de cirujano-mayor, los demás se reparten entre ayudantes mayores y segundos ayudantes. El mismo decreto prevé un farmacéutico en cada hospital militar. Esas cifras hablan por sí solas cuando se comparan con las víctimas de algunas batallas. Austerlitz roza los 7 000 heridos ; Jena : entre 4 000 y 7 500 muertos y heridos según qué fuentes ; Wagram : 33 845 muertos y 28 000 heridos ; Leipzig : 70 000 muertos y heridos ; Borodinó : 21 453 heridos y un testimonio que da la medida de la batalla :
El reducto y su contorno ofrecían un espectáculo que sobrepasaba los peores horrores que se puedan imaginar. Los contornos, los fosos, el interior de la obra habían desaparecido bajo un cerro artificial de difuntos y agonizantes, de un espesor medio de seis a ocho hombres amontonados unos encima de otros.

Y hablamos de las solas pérdidas francesas pero hay que tener en cuenta que también se atendía a los heridos del bando adverso ¿ Cómo tan pocos hombres hubieran podido cuidar debidamente a tantos heridos con los medios de la época ?
El material escasea, tanto las vendas y los medicamentos como el material quirúrgico. Percy, en Marienburgo, ve a un cirujano que opera con una sierra de carpintero y un cuchillo de carnicero que compró él mismo ante la penuria ; furioso, Percy exclama ¡ Oh calamidad, oh administración detestable, el director de este hospital merece ser ahogado o ahorcado! Del mismo modo no es una circunstancia extraordinaria que se recurra a vendajes recuperados sobre los muertos.
Los personales de sanidad debidamente formados también se hacen menos numerosos con el tiempo : su abnegación, sus intervenciones en plena batalla, no los protegen de los proyectiles. No tienen un estatuto especial que haga que se les respete : durante la retirada de Rusia los cosacos no dudarán en matarlos como a cualquier soldado. Pocos médicos y demasiados heridos hará que las curas se realicen “de prisa y corriendo” para poder atender al mayor número. Paralelamente, las exigencias en el reclutamiento bajan : no faltan estudiantes de medicina a los que Percy calificará de cirujanos de pacotilla que con un solo año de estudios, a veces unos escasos meses, se presenten como “médicos” con la esperanza de obtener un puesto en un hospital, lejos de las batallas.
Las curas que se aplican no tienen seguimiento en la mayoría de los casos. Los vendajes iniciales se llevan durante días sin que se limpien siquiera las heridas ; higiene y profilaxis no son las principales preocupaciones. Y ¿ cómo atender a las víctimas de la batalla de hoy y seguir atendiendo durante días a las víctimas de los días anteriores ?
La responsabilidad del servicio de sanidad incumbe a comisarios de guerra que ignoran las realidades de este servicio lo que conlleva una falta de interés por su parte con la lógica estrechez de los medios que le conceden tanto en hombres como en material. Desde su punto de vista, unos hombres que no pueden combatir no merecen tanto interés como los combatientes.
El ambiente general de los hospitales es de miseria y horror. La mayor parte del tiempo se lleva a los heridos a hospitales improvisados en conventos donde los monjes ayudan en la medida de sus medios ; muchas veces los heridos están reunidos en salas húmedas y bajas, poco ventiladas, y no es de extrañar que se considerara que para un herido más valía estar expuesto al frio y a la lluvia pero al aire libre que no en una sala de hospital con un aire viciado y la proximidad de enfermos.. Si se dispone de camas, las comparten dos o más enfermos sin que entre en consideración la dolencia de cada uno pero la situación más corriente es que el lecho sea una capa de paja que alberga insectos de todas clases como pulgas, piojos … que transmiten enfermedades como el tifus ; estudios llevados a cabo sobre los muertos de la fosa de Vilna revelan que un 30% de las víctimas murieron del tifus. Por cierto, si los soldados “activos” sufren del hambre podemos imaginar cuales son las condiciones de vida de los heridos en los hospitales donde, aparte de la escasez, hay que descontar lo que roban los enfermeros y otros proveedores.

Algunos de los grandes actores
Todos los médicos y cirujanos, a veces en su modesto cometido que nunca hizo que dejaran su nombre a la Historia, fueron grandes actores de la época : salvaban vidas con peligro de perder la suya. Algunos destacaron más especialmente y vieron sus esfuerzos recompensados con la Legión de Honor y el título de barón del Imperio. La mayor parte desarrolló también un papel docente y ejerció en los hospitales. Estos son los más conocidos.
BOYER Alexis
(1760-1833) hijo de un modesto sastre, anatomista y cirujano, llega a ser primer cirujano de Napoleón I en 1805. Después de la caída del Imperio, será sucesivamente cirujano consultante de Louis XVIII, Charles X de France y de Louis-Philippe.
CORVISART Jean Nicolas
(1755-1821) Es el promotor de la percusión del tórax. Primer médico del Emperador, Napoleón decía de él Es un hombre honrado y hábil. Fue nombrado oficial de la Legión de Honor. No falto de humor, es conocida su contestación a Napoleón que le preguntaba, pensando en divorciarse de Josefina :
- Un hombre de sesenta años que se casa con una mujer joven ¿puede tener hijos?
- A veces, Sire.
- ¿Y a los setenta?
- Siempre, Sire.

DESGENETTES Nicolas René
(1762-1837) Su nombre completo es Dufriche-Desgenettes. Inspector general del servicio de sanidad, médico jefe del hospital del Val-de-Grâce, de la Guardia Imperial y después de los Inválidos. Durante la campaña de Italia de 1793 lleva a cabo una importante tarea de reorganización de los hospitales. En Egipto, como médico jefe del ejército de Oriente y frente a la multiplicación de enfermedades, instaura medidas de higiene y profilaxis rigurosas : aseo, limpieza de los uniformes, desinfección de los locales, alimentación vigilada.
A pesar de oponerse a Napoleón en numerosas circunstancias como en el caso de los apestados de Jafa, éste le nombrará Comendador de la Legión de Honor y le colmará de favores a pesar de las libertades que se toma en sus declaraciones y de su independencia de espíritu. Barón del Imperio, participará en la campaña de Rusia. Prisionero en Vilna durante la retirada, revelar su nombre le merecerá que el zar Alejandro I le libere en testimonio de gratitud por los cuidados que había prodigado a los soldados rusos y le hará acompañar por su guardia de Cosacos hasta las líneas francesas en Magdeburgo.
DUBOIS Antoine
(1756-1756) Profesor de la facultad de medicina, cirujano de los ejércitos de Napoleón. Participa en la expedición a Egipto para la que Napoleón le nombra responsable de las ciencias médicas y durante la que tiene a sus órdenes a 108 cirujanos. Es cirujano consultante y tocólogo de la Emperatriz María-Luisa. La presencia de un niño en su escudo recuerda que fue él quien trajo al mundo al Rey de Roma.
HEURTELOUP Guillaume
(1750-1812) Cirujano jefe de la Grande Armée, fue nombrado oficial de la Legión de Honor y barón del Imperio.
LARREY Dominique Jean
(1766-1842) Hijo de un modesto zapatero de un pequeño pueblo de los Pirineos, huérfano a los 13 años, llegará a ser cirujano jefe del hospital de la Guardia Imperial, inspector general del servicio de sanidad y barón del Imperio. Innovador, es conocido por aplicar la “gusanoterapia” en Siria durante la campaña de Egipto ; esta técnica consiste en depositar sobre las heridas infectadas cierta categoría de gusano que se alimenta con las carnes infectadas, saneándolas de este modo. Como ya queda dicho es un precursor en cuanto toca a los auxilios a los heridos, privilegia la cura en el campo de batalla, establece las reglas de prioridad para atender a los heridos en relación con la gravedad de las heridas. Hoy se le reconoce como el padre de la medicina de urgencia. Reconocido por todos, Napoleón dice de él en el Memorial de Santa Elena Es el hombre más virtuoso que he conocido. Ha dejado en mi mente la idea de lo que es un verdadero hombre de bien. En Waterloo, al verlo curando heridos en el campo de batalla, Wellington se habría quitado el bicornio (algunos dicen que habría parado o desviado el fuego de los cañones) y habría murmurado Saludo el honor que pasa. Es sabido que después de Waterloo, prisionero de los prusianos que lo iban a fusilar, salvó la vida gracias a la intervención de Blücher por haber atendido a su hijo herido.
PERCY Pierre François
(1754-1825) Cirujano militar, inspector general del servicio de sanidad y barón del Imperio. Conocido por haber imaginado el “wurst”, cajón que tenía que transportar hasta los heridos el material y el personal para curarlos, inventará el hilo de suturar metálico, un sacabalas, una aljaba quirúrgica con todo lo necesario para operar en urgencia, un aparato para retractar la carne durante las amputaciones y obtendrá de Napoleón la creación de compañías de enfermeros en los hospitales.
YVAN Alexandre (Alexandre Urbain)
(1765-1839) Hijo de un albañil, llegará a ser el cirujano oficial del Emperador, cirujano-mayor de los granaderos de la Guardia Imperial, cirujano jefe del hotel imperial de los Inválidos y barón del Imperio. En 1809, atiende a Napoleón herido ante Ratisbona, apareciendo así en lugar preferente en el famoso cuadro de Pierre Gautherot.
Conclusión
Llegados al fin de este breve resumen sobre los servicios de sanidad bajo el Primer Imperio, el balance es más que mitigado, casi negativo si se considera con los ojos de un hombre del siglo XXI. Ciertos testimonios nos harían pensar que dominaba la barbarie o la indiferencia respecto a los heridos pero hay que considerar las realidades con las que tiene que enfrentarse el personal hospitalario.
Por un lado la medicina y la cirugía que aquella época no disponen de muchos de los adelantos de la medicina de hoy como son higiene, anestesia, desinfectantes, vacunas, antibióticos que no existen o casi : para el hombre o la mujer de principios del siglo XIX, incluso en tiempos de paz, una hospitalización no tiene nada que ver con lo que conocemos hoy y representa una aventura arriesgada. Una simple apendicitis, a la que se llamaba “cólico miserere”, era mortal ; hoy se considera como una operación baladí.
Las condiciones atroces que dan la impresión que se cortaban miembros sin la menor humanidad se explican por el estado de guerra. La acumulación de heridos para quienes, en muchos casos, la amputación es la única manera de evitar la gangrena o el tétanos explica que se opere con urgencia : cada minuto pasado con un herido supone cientos de otros esperando que los curen, tiempo otorgado a la infección para que gane terreno en el organismo maltrecho por la herida, las privaciones y el cansancio.
Las circunstancias en que se encuentran los heridos después de la operación tienen la misma explicación : demasiados desgraciados y pocos lugares para recibirlos decentemente, sobre todo si se tienen en cuenta las destrucciones provocadas por los combates. Por el número insuficiente de personal médico para atenderlos, enfermedades e infecciones se propagan en estos “hospitales”. No se trata de indiferencia de los médicos sino de imposibilidad de acudir a todas partes : en una de sus cartas a su esposa Larrey le confía que ha operado sin apenas tomar descanso durante cinco días y cinco noches seguidos.
Muchos esfuerzos se realizan en vano : más que de las batallas los soldados mueren de las enfermedades, sobre todo del tifus. Desgenettes, presente en Torgau entre octubre de 1813 y enero de 1814, señala que 13.448 de los 25.000 hombres de la guarnición murieron sin haber disparado una sola vez.
A pesar de que no se aplicaran con toda la energía necesaria por falta de medios y por ser la guerra la primera de las urgencias, no faltaron las iniciativas positivas para mejorar la atención dedicada a los heridos. Se propusieron las bases de conceptos que vieron el día pero más tarde : un cuerpo de enfermeros con un estatuto de “no beligerantes” que acabará siendo la Cruz Roja, ambulancias móviles, un sistema de clasificación y tratamiento de las heridas que dará a luz a las unidades MASH modernas y a los SAMU que intervienen cada día. Terminadas las guerras, basándose en la observación de los horrores que les había tocado vivir y disponiendo de tiempo ahora, los científicos realizaron los progresos : el tétanos cuyas causas eran desconocidas a principios del siglo XIX verá aparecer un suero a finales del mismo. Los instrumentos quirúrgicos se irán perfeccionando para obtener mayor eficacia. La medicina moderna estaba en marcha.

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BOURGOGNE, Adrien - Mémoires du Sergent Bourgogne (1812-1813) - Hachette - Paris - 1914.
COIGNET, Jean-Roch - Vingt ans de grogne et de gloire avec l'Empereur - Souvenirs de J.-R. Coignet - Editions de Crémille - Genève - 1971
FAUCHEUR, Narcisse - Souvenirs de campagnes du sergent Faucheur - Tallandier Editions - Paris - 2004
LARREY, Dominique (Baron) - Mémoires et campagnes (dos volúmenes : 1786-1811 y 1812-1840) - Tallandier Editions - Paris - 2004
PIGEARD, Alain - L’Armée de Napoléon - Tallandier Editions - Paris - 2002
PIGEARD, Alain - Dictionnaire de la Grande Armée - Tallandier Editions - Paris - 2002
"Mi corazón es para ti, mi sangre para el Emperador, mi vida para el honor." (Carta de Lasalle a su esposa)
"El hombre que más ha vivido no es el que ha contado más años sino el que más ha sentido la vida." (J.-J. Rousseau)
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Schweijk el Jue 06 Dic 2018 14:09

Completísimo artículo Lasalle. :Bravo
"No sé lo que hay que hacer, esto no es una guerra".

Lord Kitchener

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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Flavius Stilicho el Sab 08 Dic 2018 17:25

Excelente artículo sobre un tema capital y muy frecuentemente dejado de lado.
:Bravo :Bravo

Dominique-Jean Larrey (1766-1842) es un precursor en cuanto toca a los auxilios a los heridos. Es el primero en quebrantar la regla que quería que las ambulancias se quedaran a una legua detrás de las líneas y privilegia la cura en el campo de batalla, interviniendo cuanto antes gracias a ambulancias quirúrgicas móviles. Establece las reglas de prioridad para atender a los heridos en relación con la gravedad de las heridas. Organiza y hace aplicar el método moderno de una cirugía de los ejércitos, hospitales de campaña y un sistema de ambulancias. Paralelamente aumenta la movilidad y mejora la organización. Se dice de Larrey que es el precursor de las modernas unidades MASH y hoy se le reconoce como el padre de la medicina de urgencia


Hoy se asume como normal que la intervención y un adecuado triaje en los primeros momentos de una hérida es crítica para la supervivencia. Entonces, como bien dices antes, la prioridad era que los heridos "no perturben" la batalla.



A continuación puede intervenir una carga de caballería : sablazos de los coraceros y carabineros, cortes y estocadas de los dragones y húsares o lanzadas de los lanceros y chevau-legers que provocan heridas profundas debidas al impulso dado por el galope del caballo : una lanzada corresponde a la energía cinética de 600 kilos lanzados a 30 kilómetros por hora concentrada en el centímetro cuadrado de la punta de una lanza. En menor medida los mamelucos asestan cortes con sus estribos afilados pero disponen también de hachas y de mazas de armas que los convierten en una tropa que por no ser la más numerosa no es la menos temible. El infante que se encuentra sobre la trayectoria de una carga de caballería, si consigue escapar de las heridas por arma, corre el peligro de ser pisoteado.


Las estocadas son más propias de coraceros-carabineros-dragones, caballería pesada que usan hojas rectas; en los cazadores-húsares-dragones ligeros, equipados con filos curvos, sería más común el tajo que la estocada. Respecto a la lanza no hay que confundirla con la lanza en ristre, la lanza de la época es ligera y se recomendaba no tratar de ensartar a nadie (perdiendo normalmente la lanza en el cuerpo enemigo) sino usar lo que se denominaba "dar un bote", o sea golpear con el filo.



No todos los cirujanos están de acuerdo con esta visión, como el barón Percy por ejemplo, pero Larrey entre muchos otros estima que más vale amputar “en caliente” porque, entre el dolor de la herida y el estado de choque, el herido sufre menos que si después de pasado el dolor de la herida se realizara la operación “en frío” añadiendo un segundo dolor al primero. La habilidad del cirujano y la rapidez de la intervención compensan la ausencia de anestesia para el herido que muchas veces sufre la operación sin soltar un grito o gritando ¡ Viva el Emperador !. Cuando la batalla de la Sierra Negra (también llamada batalla de San Llorenzo de la Muga o de Figueras), Larrey llega a amputar en un día no menos de 200 heridos y en los cuatro días que dura la batalla realiza 700 amputaciones. Considerado como un excelente cirujano, era capaz de amputar un miembro en menos de un minuto, destreza apreciable en aquella época. La opinión más extendida es que la amputación, al retirar la parte dañada por el proyectil y dejar una herida “limpia”, evita la aparición del tétanos y de la gangrena pero la realidad dista mucho de la teoría ya que el entorno en que se realizan las operaciones no tienen nada de aséptico empezando por el que los cirujanos no se lavan las manos ni desinfectan sus útiles entre dos operaciones


En España la doctrina de la cirugía militar era la antítesis de la doctrina de Larrey. La "cura española" o "cura oclusiva" desarrollada por el talentoso (y desconocido) José Queraltó durante la Guerra contra la Convención intentaba evitar la amputación con unas prácticas más "conservadoras".
Según un entusiasta Felix Amat, escribiendo en la primera mitad del siglo XIX:
Ningún cirujano en Europa ha simplificado y reformado el tratamiento de las heridas por arma de fuego como el Sr. Queraltó. A él deben los cirujanos españoles el haber sido los primeros en separarse de la opinión general que consideraba venenosas las heridas por arma de fuego y en desterrar de nuestros hospitales la práctica bárbara de sajarlas y mudar su figura. Queraltó fue el primero que enseñó a conducir las heridas por armas de fuego a una pronta cicatrización cubriéndolas con unas simples hilas, un vendaje y unos fomentos emolientes o calmantes cuando lo exigía el dolor; y su pericia salva aún en el día a muchos militares que en sus graves heridas creyeron perdidos para siempre sus miembros..."
Aquí hay una buena explicación de la gran importancia de dicha técnica en el ámbito militar:
https://www.youtube.com/watch?v=jvWznB7C3ps


Saludos.
"Con más facilidad se les llama bravos a los audaces que seguros a los prudentes".

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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lasalle el Sab 08 Dic 2018 18:06

Flavius Stilicho escribió:Excelente artículo sobre un tema capital y muy frecuentemente dejado de lado.
:Bravo :Bravo

[...]

A continuación puede intervenir una carga de caballería : sablazos de los coraceros y carabineros, cortes y estocadas de los dragones y húsares o lanzadas de los lanceros y chevau-legers que provocan heridas profundas debidas al impulso dado por el galope del caballo : una lanzada corresponde a la energía cinética de 600 kilos lanzados a 30 kilómetros por hora concentrada en el centímetro cuadrado de la punta de una lanza. En menor medida los mamelucos asestan cortes con sus estribos afilados pero disponen también de hachas y de mazas de armas que los convierten en una tropa que por no ser la más numerosa no es la menos temible. El infante que se encuentra sobre la trayectoria de una carga de caballería, si consigue escapar de las heridas por arma, corre el peligro de ser pisoteado.


Las estocadas son más propias de coraceros-carabineros-dragones, caballería pesada que usan hojas rectas; en los cazadores-húsares-dragones ligeros, equipados con filos curvos, sería más común el tajo que la estocada. Respecto a la lanza no hay que confundirla con la lanza en ristre, la lanza de la época es ligera y se recomendaba no tratar de ensartar a nadie (perdiendo normalmente la lanza en el cuerpo enemigo) sino usar lo que se denominaba "dar un bote", o sea golpear con el filo.

Respecto a lo que comentas del uso de la lanza, estamos de acuerdo pero existen ejemplos que revelan que las lanzadas eran frecuentes también
Imagen
--- Oficial del 1er Regimiento de Coraceros -- Coraza horadada por una lanzada (Pastel de Mouton - 1819) ---

Imagen
--- Coraza encontrada en Essling (o Wagram) ---

Se puede suponer que había lo habitual pero también buena parte de improvisación y que si se presentaba una buena ocasion para dar una estocada no sería despreciada por el husar.

Flavius Stilicho escribió:
No todos los cirujanos están de acuerdo con esta visión, como el barón Percy por ejemplo, pero Larrey entre muchos otros estima que más vale amputar “en caliente” porque, entre el dolor de la herida y el estado de choque, el herido sufre menos que si después de pasado el dolor de la herida se realizara la operación “en frío” añadiendo un segundo dolor al primero. La habilidad del cirujano y la rapidez de la intervención compensan la ausencia de anestesia para el herido que muchas veces sufre la operación sin soltar un grito o gritando ¡ Viva el Emperador !. Cuando la batalla de la Sierra Negra (también llamada batalla de San Llorenzo de la Muga o de Figueras), Larrey llega a amputar en un día no menos de 200 heridos y en los cuatro días que dura la batalla realiza 700 amputaciones. Considerado como un excelente cirujano, era capaz de amputar un miembro en menos de un minuto, destreza apreciable en aquella época. La opinión más extendida es que la amputación, al retirar la parte dañada por el proyectil y dejar una herida “limpia”, evita la aparición del tétanos y de la gangrena pero la realidad dista mucho de la teoría ya que el entorno en que se realizan las operaciones no tienen nada de aséptico empezando por el que los cirujanos no se lavan las manos ni desinfectan sus útiles entre dos operaciones


En España la doctrina de la cirugía militar era la antítesis de la doctrina de Larrey. La "cura española" o "cura oclusiva" desarrollada por el talentoso (y desconocido) José Queraltó durante la Guerra contra la Convención intentaba evitar la amputación con unas prácticas más "conservadoras".
Según un entusiasta Felix Amat, escribiendo en la primera mitad del siglo XIX:
Ningún cirujano en Europa ha simplificado y reformado el tratamiento de las heridas por arma de fuego como el Sr. Queraltó. A él deben los cirujanos españoles el haber sido los primeros en separarse de la opinión general que consideraba venenosas las heridas por arma de fuego y en desterrar de nuestros hospitales la práctica bárbara de sajarlas y mudar su figura. Queraltó fue el primero que enseñó a conducir las heridas por armas de fuego a una pronta cicatrización cubriéndolas con unas simples hilas, un vendaje y unos fomentos emolientes o calmantes cuando lo exigía el dolor; y su pericia salva aún en el día a muchos militares que en sus graves heridas creyeron perdidos para siempre sus miembros..."
Aquí hay una buena explicación de la gran importancia de dicha técnica en el ámbito militar:
https://www.youtube.com/watch?v=jvWznB7C3ps

Saludos.

Las amputaciones intervenían sobre todo para hacer frente a las heridas por cañón que destrozaban carne y huesos o por bala que quebrantaba el hueso como aparece en la aventura del Sargento Faucheur a quien el cirujano explica que "si la bala hubiera desviado de una línea (= 2,25 mm), teníais el tibia quebrado, hubiera sido preciso cortaros la pierna " pero como ha tenido suerte pudo conservar la pierna y probablemente la vida.
Gracias por tus comentarios
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lutzow el Sab 08 Dic 2018 18:33

Por lo comentado por Flavius, casi mejor caer en manos de un matasanos español que de uno francés, una amputación por minuto y sin anestesia, vaya tela... El único conocimiento que tenía de Larrey es a través de la novela histórica "La Batalla" de Patrick Rambaud (que seguro has leído, Lasalle), una de las escasisimas que me ha resultado de agradable lectura... Gran trabajo, muy documentado, mis felicitaciones. :dpm:

Saludos.
Es mejor permanecer con la boca cerrada y parecer un idiota, que abrirla y confirmarlo...
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lasalle el Sab 08 Dic 2018 19:09

Lutzow escribió:Por lo comentado por Flavius, casi mejor caer en manos de un matasanos español que de uno francés, una amputación por minuto y sin anestesia, vaya tela... El único conocimiento que tenía de Larrey es a través de la novela histórica "La Batalla" de Patrick Rambaud (que seguro has leído, Lasalle), una de las escasisimas que me ha resultado de agradable lectura... Gran trabajo, muy documentado, mis felicitaciones. :dpm:

Saludos.

Es que la anestesia ... ¡ no existía o casi ! y puesto a que te operaran en vivo, cuanto más rápido mejor. Imagínate que el tipo sea un poco (bastante...) torpe y que empiece a dudar de donde está la articulación y se tome el tiempo de la reflexión ¡ Vaya plan !
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lutzow el Sab 08 Dic 2018 19:18

No sé, yo veo los artilugios utilizados para la amputación y ya puedo estar cojo de ambas piernas que no me pillan...

Saludos.
Es mejor permanecer con la boca cerrada y parecer un idiota, que abrirla y confirmarlo...
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lasalle el Sab 08 Dic 2018 20:07

Pero si creemos los testimonios de la época eran eficaces. Es que las técnicas evolucionan. Sólo tienes que ver, es un ejemplo, como ha evolucionado la puesta de un marcapasos : en 1950, 30 cm de alto y tiene que quedar conectado a la red eléctrica ; en los años 60 te abren el pecho para implantarlo ; hoy se hace bajo anestesia local y mide unos 4 cm de lado. ¿ Y dentro de 50 años ?
Una crisis de apendicitis a principios del siglo XX igual te enviaba ad patres ; hoy te opera cualquier cirujano principiante. Esto es la medicina. o sé si la maleta de Larrey para trepanaciones era lo mejorcito de la época (aunque me supongo que sí) pero está claro que no tendrá nada que ver con lo que se utiliza hoy, aunque sólo sea lo que se usa para accionar el sistema. Claro que el berbiquí accionado a mano y sin anestesia produciría en el paciente, aunque sólo sea sicológicamente, un efecto más desagradable que uno accionado eléctricamente y con anestesia :)

P.D. Si cojeas de ambas piernas, no se te notará que cojeas :lol:
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"El hombre que más ha vivido no es el que ha contado más años sino el que más ha sentido la vida." (J.-J. Rousseau)
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor APV el Dom 09 Dic 2018 0:29

Lutzow escribió:Por lo comentado por Flavius, casi mejor caer en manos de un matasanos español que de uno francés, una amputación por minuto y sin anestesia, vaya tela... El único conocimiento que tenía de Larrey es a través de la novela histórica "La Batalla" de Patrick Rambaud (que seguro has leído, Lasalle), una de las escasisimas que me ha resultado de agradable lectura... Gran trabajo, muy documentado, mis felicitaciones. :dpm:.

Novela que ha sido pasada al comic con ilustrador español.

Lasalle escribió:Una crisis de apendicitis a principios del siglo XX igual te enviaba ad patres ; hoy te opera cualquier cirujano principiante.:

La apendicectomía es una de las primeras operaciones que enseñan ha hacer a los cirujanos, actualmente se tiende a usar técnicas de laparoscopia pero aún no es claro si este sistema es mejor que el tradicional.
Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y; en cien batallas, no estarás jamás en peligro Sun Tzu.

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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lutzow el Dom 09 Dic 2018 0:54

Ni idea de que había sido convertida en cómic... ¿En español?

Saludos.
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor APV el Dom 09 Dic 2018 10:07

Lutzow escribió:Ni idea de que había sido convertida en cómic... ¿En español?.

Si.

Imagen

Sobre los hospitales:
Imagen

ImagenImagen
https://readcomiconline.to/Comic/The-Ba ... 2?id=75109
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Rafa.Rodrigo (kappo) el Dom 09 Dic 2018 20:32

[...] y 100 millones de ducados [...]
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor pepero el Lun 10 Dic 2018 0:23

Gran trabajo Lasalle.

Las enfermedades mortales son el tifus y el tuétano, provocado éste no sólo por las heridas recibidas en el combate sino por rasguños y lesiones benignas que se infectan.
Añadiremos a esta lista el hambre, el agotamiento y el frío que van a diezmar la Grande Armée cuando la retirada de Rusia.


Tuétano es el tétanos actual?

Los medicamentos se reparten de esta forma : 340 frascos de extracto de saturno (=plomo), 100 de sales de saturno, 600 de espíritu de vino alcanforado, 50 de alcanfor, 125 de láudano líquido, 180 de licor de Hoffman, 90 de álcali volátil, 125 cajas de esparadrapo, 500 de emplasto aglutinante, 15 de emético en paquetes, 2 litros de aguardiente. El cirujano-mayor es el único quien detiene las llaves de las cantinas de ambulancia. (citado por Alain Pigeard)


Llama la atención el abuso de compuestos con plomo. Me imagino que posteriormente derivaban en problemas mentales.

Bajo el Consulado y el Imperio aparece una primera clasificación, distinguiéndose en los hospitales tres categorías de pacientes :
- Los “heridos” sufren de un mal aparente : los atienden los cirujanos ;
- Los “enfermos” padecen una enfermedad interna : los cuidan los médicos

Desconocía esta forma de diferenciar los médicos de los cirujanos.

Es espeluznante la manera de trabajar de los cirujanos atendiendo a los heridos después de una batalla.

LARREY Dominique Jean
(1766-1842) Hijo de un modesto zapatero de un pequeño pueblo de los Pirineos, huérfano a los 13 años, llegará a ser cirujano jefe del hospital de la Guardia Imperial, inspector general del servicio de sanidad y barón del Imperio. Innovador, es conocido por aplicar la “gusanoterapia” en Siria durante la campaña de Egipto ; esta técnica consiste en depositar sobre las heridas infectadas cierta categoría de gusano que se alimenta con las carnes infectadas, saneándolas de este modo.


No sabia que Larrey era el precursor del empleo de gusanos para limpiar las heridas, hoy en día se emplea en determinadas situaciones, y hacen muy bien su trabajo.

Gracias por entretenerme con este tema.
Pepe
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor APV el Lun 10 Dic 2018 10:17

Las diferencias venían de antes de la Edad Medía:
Los médicos habían ido a la universidad, se habían atiborrado de Galeno y latinismos, y no tenían ni idea de la realidad del cuerpo humano.
Los cirujanos y barberos no tenían tanta formación teórica pero eran quienes operaban, realizaban sangrías,..., habían adquirido cierta formación práctica, sobre todo los cirujanos militares.

Piensa en un cirujano-barbero militar como Ambroise Paré realizó grandes avances pero era tenido en menos por los médicos.
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lasalle el Lun 10 Dic 2018 17:32

pepero escribió:Gran trabajo Lasalle.

Las enfermedades mortales son el tifus y el tuétano, provocado éste no sólo por las heridas recibidas en el combate sino por rasguños y lesiones benignas que se infectan.
Añadiremos a esta lista el hambre, el agotamiento y el frío que van a diezmar la Grande Armée cuando la retirada de Rusia.


Tuétano es el tétanos actual?

...

Error de mi parte. Hay que leer "tétanos"

Gracias por llamarme la atención
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor pepero el Lun 10 Dic 2018 18:05

Lasalle escribió:
pepero escribió:Gran trabajo Lasalle.

Las enfermedades mortales son el tifus y el tuétano, provocado éste no sólo por las heridas recibidas en el combate sino por rasguños y lesiones benignas que se infectan.
Añadiremos a esta lista el hambre, el agotamiento y el frío que van a diezmar la Grande Armée cuando la retirada de Rusia.


Tuétano es el tétanos actual?

...

Error de mi parte. Hay que leer "tétanos"

Gracias por llamarme la atención


¿En Francia os gusta el tuétanos? Es buenísimo.

No te he llamado la atención, es un gazapo que a cualquiera se le cuela.

Saludos.
Pepe
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lasalle el Lun 10 Dic 2018 18:25

pepero escribió:¿En Francia os gusta el tuétanos? Es buenísimo.

No te he llamado la atención, es un gazapo que a cualquiera se le cuela.

Saludos.

Entonces digamos "gracias avisarme" y no, no sé lo que es el tuétanos :)
Pero con lo que me dedico al bricolaje, sé lo que es el tétanos y me he hecho la vacuna. :lol:
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor pepero el Lun 10 Dic 2018 18:38

Lasalle escribió:
pepero escribió:¿En Francia os gusta el tuétanos? Es buenísimo.

No te he llamado la atención, es un gazapo que a cualquiera se le cuela.

Saludos.

Entonces digamos "gracias avisarme" y no, no sé lo que es el tuétanos :)
Pero con lo que me dedico al bricolaje, sé lo que es el tétanos y me he hecho la vacuna. :lol:


Tuétanos es la médula osea que se encuentra dentro de los huesos. El hueso que se emplea en algunos caldos para dar sabor, posteriormente lo puedes vaciar y poner en un poco de pan y le añades sal y esta buenísimo. Mejor el de los huesos largos de terneros.

Saludos.
Pepe
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Lasalle el Lun 10 Dic 2018 18:57

pepero escribió:
Lasalle escribió:
pepero escribió:¿En Francia os gusta el tuétanos? Es buenísimo.

No te he llamado la atención, es un gazapo que a cualquiera se le cuela.

Saludos.

Entonces digamos "gracias avisarme" y no, no sé lo que es el tuétanos :)
Pero con lo que me dedico al bricolaje, sé lo que es el tétanos y me he hecho la vacuna. :lol:


Tuétanos es la médula osea que se encuentra dentro de los huesos. El hueso que se emplea en algunos caldos para dar sabor, posteriormente lo puedes vaciar y poner en un poco de pan y le añades sal y esta buenísimo. Mejor el de los huesos largos de terneros.

Saludos.

Ya sabía lo que era el tuétano pero así, en plural y como guiso, no sabía. ¡ A probarlo la próxima vez que hagamos "pot-au-feu" (=cocido francés) en casa, que es la buena estación !
"Mi corazón es para ti, mi sangre para el Emperador, mi vida para el honor." (Carta de Lasalle a su esposa)
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Antigono Monoftalmos el Lun 10 Dic 2018 20:32

Lasalle escribió:el servicio de sanidad francés, con todas las reservas que hoy se puedan hacer, es considerado como el mejor de Europa.

Y lo fue durante mucho tiempo; durante la Guerra de Crimea volvió a dar muestras de su superioridad sobre el de sus aliados británicos, al ser pioneros en el uso de la anestesia en la cirugía militar. De hecho, los españoles copiarían su sistema durante la Guerra de África de 1859 a 1860, siendo la primera guerra en la que el ejército español utilizó la anestesia para operar.
pepero escribió:Tuétanos es la médula osea que se encuentra dentro de los huesos. El hueso que se emplea en algunos caldos para dar sabor, posteriormente lo puedes vaciar y poner en un poco de pan y le añades sal y esta buenísimo. Mejor el de los huesos largos de terneros.

Es lo que comían los neandertales :)
Marchemos adonde nos llaman los signos de los dioses y la iniquidad de los enemigos. La suerte está echada.
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Re: ARTICULO: LOS SERVICIOS DE SANIDAD BAJO EL PRIMER IMPERI

Notapor Rafa.Rodrigo (kappo) el Mar 11 Dic 2018 9:43

Corregida la errata del tétanos
[...] y 100 millones de ducados [...]
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