Panzer, detrás del mito (II) Estepas y desiertos

Historia Militar 1939-1945.
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Japa
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Mensaje por Japa »

Hombre, no vamos a dejarlo ahora que está tan emocionante ¿verdad?. De todas formas estoy avanzando rápido porque estas partes ya están escritas y lo único que tengo que hacer es editar y organizar. En el frente de avance (hoy he redactado el texto del combate de Carentán) la cosa va más lenta
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Urogallo
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Mensaje por Urogallo »

Carentán, Carentán...El final del combate panzer fluido en occidente.
"Adoro Alemania. Por eso me gusta que haya dos" Charles de Gaulle.

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MiguelFiz
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Mensaje por MiguelFiz »

Japa escribió: pero esta vez Hitler no estaba eufórico: él había ansiado la conquista militar de Checoslovaquia y se sintió profundamente frustrado por lo sucedido.

Esa frustración fue a su vez la causa de su precipitación al forzar la situación primero con Praga y finalmente con Varsovia. Polonia y Alemania podrían haberse entendido muy bien en 1939, de hecho se entendieron muy bien en los dos años anteriores e incluso Polonia había proclamado leyes antijudías casi tan duras como las nazis. No hubiera sido disparatado pensar en una alianza germanopolaca frente a la amenaza soviética, pero Hitler presionó en el único punto en el que Polonia no podía ceder bajo ninguna circunstancia: Danzig y el Corredor; y lo hizo de modo que fuera imposible una solución negociada: Hitler quería la guerra o la sumisión incondicional. Sus palabras al respecto no dejan ninguna duda: esta vez actuaré tan rápido que ninguna vieja llorona podrá arrebatarme el triunfo (en alusión a Chamberlain, cuya voz atiplada le hacía hablar de forma irritántemente quejumbrosa)
Una cosa, seria interesante ver si la frustracion era la principal causa (o una de las principales) para el accionar del cabo en Polonia, quiza hubiera mas...
Actualmente leyendo...

  • "South Pacific Air War" Volumenes del 1 al 3 de Claringbould & Ingram
    "American Amphibious Gunboats in World War II", De Robin Rielly
    "A Bright Shining Lie, John Paul Vann and America in Vietnam" de Neil Sheehan
    "
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...Si tienes que decir algo, dicelo a la infanteria de marina, los marineros no te escucharan" (Frase comun en el "slang") militar anglosajon)

Nota dejada por los marines en un transporte antes de desembarcar en Peleliu
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Mensaje por Japa »

Yo lo veo como una combinación de elementos de su personalidad: la urgencia de completar su obra que le llevó a acelerar cada vez más los pasos, la hipocondría, que le hacían temer que muriera sin terminar el trabajo y su frustración al no conseguir una victoria aplastante en 1938.

Hay otro factor que es su desconocimiento de la política más allá de Alemania.

Hitler no le dio ninguna importancia al ultimatum inglés (la garantía a Polonia) porque suponía que pasaría exactamente lo mismo que el año anterior, pero en Munich los ingleses necesitaban desesperadamente ganar tiempo porque su programa de rearme no estaría listo hasta la segunda mitad de 1939, y por otra parte y tras el pisoteo por parte de Hitler de las condiciones de Munich ya nadie iba a buscar una salida diplomática porque nadie iba a confiar en él.

Ese es otro absurdo elemento del caracter de Hitler: entre 1939 y 1940 Hitler violó todos los compromisos y garantías que había suscrito con Gran Bretaña, Francia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Y sin embargo no entendía porqué nadie quería negociar con él.

(Hay una anécdota famosa al respecto: en el cumpleaños de Ribbentropp se le regaló al ministro una caja de madera lacada conteniendo los originales de los tratados firmados por él. Un ayudante del ministerio dijo "Hemos tenido que buscar mucho para llenar la caja: quedan muy pocos acuerdos que no hayamos violado")

El resultado es que no sólo Hitler inició la guerra en un momento muy inadecuado para la Wermatch sino que además lo hizo en el mejor momento posible para Gran Bretaña. Y todo por su incapacidad para esperar un par de años.
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Mensaje por APV »

Y todo por su incapacidad para esperar un par de años.
Quizás también la necesidad que tenía Alemania de más recursos y fondos para sostener su economía: la anexión de Austria había sido un alivio, la de los sudetes había ayudado a sostener el sistema, pero se hacía necesaria la del resto de la República Checoslovaca.
Una vez realizado esto y enviado a la basura el acuerdo de Munich ya no se fiaban en Inglaterra y Francia, y Alemania seguía necesitando más y más.
Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y; en cien batallas, no estarás jamás en peligro Sun Tzu.

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Mensaje por Japa »

Sin embargo Hitler ahora podía limitarse a mantener el ritmo del rearme aprovechando los recursos recién adquiridos durante tres años más, que era lo que necesitaba la Wermattch para estar preparada. Sin embargo ni Francia ni Gran Bretaña podían prolongar el esfuerzo más allá del 39 porque no podían justificarlo sin una amenaza inminente ya que sus presupuestos estaban al borde del colapso, y fue precisamente eso lo que Hitler les sirvió en bandeja.

Pero sigamos adelante con la historia. Vamos a volvernos hacia el Sur, hacia…

KIEV

En el Sur las cosas se habían ido calentando bastante desde que 10 de julio el general Budyonny, uno de los favoritos de Stalin, había tomado el mando de los Frentes Sudoccidental y Sudoriental, para seguidamente lanzar varios furiosos contraataques contra el I PzGr de Kleist. Creyendo erróneamente que los panzer de Kleist forzarían el paso del Dnieper cerca de Cherkassy Budyonny lanzó al asalto dos ejércitos, el 6º y el 12º. El resultado fue un nuevo cerco en torno a las tropas soviéticas en Uman que se saldó con 100000 prisioneros.

Sin embargo las fuerzas de Budyonny todavía sumaban cerca de 140000 hombres y Hitler consideró que era necesario eliminarlas antes de plantearse ninguna otra operación. De ahí que se decidiera girar el avance del Grupo Centro, ya que claramente las fuerzas del Grupo Sur no bastaban para la tarea. Ese giro hacia el Sur es una de las decisiones más polémicas de la guerra, no menos que la de Dunkerke, y se ha analizado muchas veces. Se ha acusado a Hitler de preocuparse por el dominio de Ucrania por motivos económicos y anteponer esas cuestiones a los resultados militares, pero si vemos la situación del despliegue del ER en agosto podemos comprobar que la decisión de Hitler se apoyaba en causas estrictamente militares y no económicas.

El objetivo de la campaña, que había quedado marcado en las directrices de Barbarroja, era la aniquilación de las fuerzas militares soviéticas, y el mayor núcleo de tropas del ER estaba en torno a Kiev. Avanzar hacia Moscú con esa fuerza enemiga al Sur del avance era una invitación a un contragolpe que cortara la retaguardia del Grupo Centro, ya que la dureza de los combates en torno a Uman demostraba con claridad que el ER no estaba, ni mucho menos, derrotado. Por supuesto pueden plantearse muchas cuestiones sobre si las fuerzas de Budyonny hubiera podido llevar a cabo un asalto de esa categoría, y si en ese caso el Grupo Sur no hubiera podido contener la amenaza contra el Grupo Centro, pero lo que no es discutible es que la elección, equivocada o no, se hizo de forma racional y atendiendo a la realidad de la situación militar.

La batalla en torno a Kiev fue precedida por una fuerte crisis de mando. Como ya hemos apuntado, Halder confiaba en lograr la prioridad para un avance sobre Moscú a primeros de septiembre, Guderian confiaba en dirigir a su 2ª PzGr como punta de lanza de ese asalto y Von Kluge y Bock ya habían desistido de intentar lograr que sus subordinados les hicieran caso.

En ese momento, y alarmado por la dura resistencia soviética en Yelnia y los combates en Uman, Hitler consideró que había llegado el momento de eliminar a las fuerzas soviéticas en Ucrania. El OKH estaba informado de la situación, y en algún momento a finales de agosto Halder logró alcanzar un acuerdo al respecto con Jold, del OKW, en torno a dirigir una doble operación, de forma que una parte de las unidades del II PzGr iniciara el asalto sobre Moscú mientras otra parte (en concreto el XLVI PzKorp) se dirigía hacia el Sur para cooperar en el envolvimiento de las fuerzas enemigas (cooperación que, recordemos, se había evidenciado como imprescindible en los juegos de guerra previos a Barbarossa pero que Halder había estado intentando evitar). De este modo, dividiendo el 2ª PzGr, todos quedaban contentos. Con esa idea en mente Halder mandó el 23 de agosto a Guderian a entrevistarse con Hitler en la convicción de que ahora todo saldría a pedir de boca. Pero no había tenido en cuenta la suspicacia y el ego de su general estrella.

Al parecer Halder en ningún momento pensó que la reacción de Guderian al anunciársele la separación de su PzGr en dos mandos independientes podría ser negativa (lo que demuestra que no conocía a Guderian para nada), pero ése fue el caso. Guderian prefería ser relevado antes que consentir que una sola de sus PzDiv fuera puesta bajo un mando ajeno, a lo que Hitler (que al parecer sí conocía el carácter de Guderian) respondió ofreciéndole la posibilidad de llevar a cabo la operación de envolvimiento con todo su PzGr, sin separarlo. Guderian aceptó.

Guderian explica en sus memorias que el general Halder se disgustó. Es una forma muy diplomática de pasar sobre el tema, porque al parecer Halder estuvo a punto de sufrir una apoplejía al saber que su astuta y estudiada jugada se había ido al garete. Pero ya no podía hacer nada. Había acostumbrado a los generales panzer a puentear a sus superiores, y ahora Guderian le había puenteado a él dejándolo en la cuneta. El caos que había introducido en la línea de mando del Heer se había vuelto finalmente en su contra.

El ataque del II PzGr de Guderian iba a verse facilitado por Stalin, que desoyó todos los avisos de Zukhov sobre el peligro de un avance alemán hacia el Sur y le reemplazó en el EM por Shaposhnikov. Los soviéticos se prepararon para enfrentarse a un asalto sobre Moscú, en el que las fuerzas de Eremenko (Frente del Sudoeste) deberían cortar los flancos de Guderian cuando éste avanzara hacia Moscú, justo lo que los alemanes no iban a hacer.

El 26 de agosto el II PzGr, tras girar hacia Ucrania, atravesó el río Desna cogiendo al enemigo por el flanco. El día 28 de agosto el XLVII PzKorp rompió las líneas del XIII Ejército del Frente Sudoeste forzando su repliegue y rechazando sin demasiados problemas los contraataques que se sucedieron hasta el 12 de septiembre. Todavía Stalin pensaba que el movimiento de los panzer era un intento de flanquear Moscú por el Sur y desoyó el consejo de Zukhov de ceder Kiev y sacar de la zona a todas las tropas posibles.

El 12 de septiembre las divisiones del I PzGr de Kleist iniciaron sus movimientos al sur de Kiev barriendo a las fuerzas del XXXVIII Ejército soviético, muy debilitadas ya que toda la fuerza disponible había sido rebañada para mandarla a frenar a Guderian. El cepo estaba cerrándose y los panzer habían logrado una completa sorpresa sobre el ER. Al norte el V Ejército trató de replegarse hacia el Sur a través del Desna pero los avances de Guderian ya les habían cortado el paso. Los dos grupos panzer enlazaron finalmente al sureste de Kiev. Ahora la lentitud de reacción del mando soviético iba a impedir que las tropas lograran salir de la trampa. En una cabalgada que apenas había durado dos semanas las PzDiv habían atrapado a una fuerza más del doble de grande que todo el CE británico: cerca de 700000 hombres. El 18 finalmente Eremenko y Kirponos recibieron autorización para romper el cerco. Tarde.

El 26 de septiembre, el frente Sudoeste había dejado de existir. Cayeron prisioneros cerca de 700000 hombres.

Kleist y Guderian habían logrado la mayor victoria táctica de todos los tiempos.


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Mensaje por Japa »

TIFÓN

La victoria de Kiev llevó la moral de las PzDiv al punto más alto que podrían alcanzar jamás. La magnitud de la derrota del ER era inimaginable. Ahora se habrían nuevas opciones ante el mando alemán, como asegurar el dominio de Ucrania concentrando las fuerza necesaria para la toma de Crimea y el resto de la costa del Mar negro, preparando posiciones de cara hacia un avance hacia el Cáucaso en la primavera, asegurando los territorios conquistados y preparando posiciones para acuartelarse de cara al invierno…

Nada de eso habría de suceder.

Hasta el final de la batalla de Kiev la habilidad táctica de los generales panzer y la destreza de sus hombres habían mantenido a los soviéticos continuamente contra las cuerdas y habían logrado adelantarse a casi todos los movimientos del enemigo. Sin embargo ahora todos los errores acumulados iban a pasar factura al Heer.

En septiembre del 41 la PanzerWaffe se sentía todopoderosa y ninguna tarea les parecía imposible. Guderian había logrado mantener su unidad de mando gracias al Führer, y ahora consideraba que había llegado el momento para que el II PzGr iniciara el avance sobre Moscú. Iba a iniciarse la operación Tifón. A su vez los panzer del Grupo de Ejércitos Sur, reforzados y ahora reconvertidos a I Ejército Panzer, debían avanzar para completar el cerco de la capital soviética en la operación Wotan

La realidad es que ya no había nada parecido a una planificación racional en el Frente Oriental. Guderian, Jold, Halder… todos estaban convencidos de que sólo faltaba dar el empujón final y entre todos convencieron a Hitler de hacerlo. Tifón no fue, como ha dicho tantas veces la mitología de la WWII, una decisión de Hitler: Hitler fue convencido por sus generales de que la conquista de Moscú era perfectamente viable. El mismo día 30 de agosto el OKW dio los primeros pasos de cara a preparar la ofensiva del Grupo de Ejércitos Centro. Por fin el OKH y el OKW estaban de acuerdo, y a ninguno se le pasó por la cabeza ni por un instante la idea de que ya era tarde. Eso sí, en sus memorias los generales alemanes implicados, empezando por Guderian, se cuidarían mucho de comentar su entusiasmo: las derrotas siempre son huérfanas.

Incluso desde el comienzo de la planificación ya hubo malos indicios. A comienzos del asalto contra Kiev Bock ordenó a Guderian que no avanzara más hacia el Sur, dejando que Kleist hiciera el mayor recorrido del cerco, de cara a mantener al II PzGr bien posicionado para la ofensiva. Guderian, considerándose apoyado por Hitler, se negó en redondo y continuó su avance. Hasta ese punto había llegado la soberbia del general panzer. Directamente estaba insubordinándose ante sus superiores.

Entretanto el saliente de Yelnia había sido por fin evacuado, lo que borraba de un plumazo el punto de partida que Guderian había previsto para su asalto a Moscú. No importó. Nada importaba ya. El día 6 Hitler firmó la directiva de Tifón, para felicidad de Halder, que ya se veía entrando triunfante en Moscú.

El 30 de septiembre Guderian, tras haber llevado a sus agotadas unidades a la línea de partida (200 km desde el sur de Kiev hasta los puntos de concentración) inició el asalto. Dos días después le siguió el resto del Grupo de ejércitos centro, incluyendo el III y IV PzGr bajo el mando de Hoth y Hoepner, respectivamente. La élite de la PanzerWaffe se lanzaba de nuevo a la batalla. Los alemanes todavía contaban con más de 500 carros de combate operativos pero su resistencia mecánica ya había sido llevada al límite. También las fuerzas de infantería asignadas a Guderian estaban agotadas, sobre todo tras la sangrienta lucha por Yelnia. Pese a todo el comienzo del asalto fue auspicioso. La colaboración de la Luftwaffe fue tan buena como era posible esperar, las puntas acorazadas avanzaron a una velocidad enorme y pronto fueron embolsadas grandes agrupaciones soviéticas en Vyazma y Bryansk ¡Mas de 600000 hombres, una cifra sólo superada en la bolsa de Kiev!

Sin embargo las tropas de infantería ya no eran capaces de mantener ni de lejos el ritmo del avance y este pronto se ralentizó: Guderian tuvo que detenerse el 10 de octubre. Una vez eliminados lo mejor posible los embolsamientos trataron de continuar adelante, pero las lluvias habían dejado impracticables los caminos. La resistencia no sólo se estaba volviendo feroz, sino que la retaguardia germana se había convertido en un hervidero de partisanos y el suministro a las fuerzas en avanzada se estaba haciendo imposible.

EL avance de las fuerzas De Kleist más al Sur se embotó al llegar a la ciudad de Rostov, donde fue frenado y batido por las fuerzas del 37º Ejército sovietico. Ahora las fuerzas de Guderian iban a tener que llegar a Moscú sin apoyo.

Hasta comienzo de noviembre el frío no logró solidificar de nuevo las pistas y los alemanes se prepararon para el golpe definitivo que debían ejecutar los panzer de Von Bock y el 15 de noviembre volvieron a avanzar, pero ahora era un ejército agotado y mal abastecido. Las pocas carreteras practicables se convertían en cuellos de botella, la resistencia soviética se incrementaba a cada kilómetro y el frío iba dañando la salud de los soldados ya que con lineas de suministro demasiado limitadas era más urgente enviar combustible y municiones que ropa de abrigo.

El clima y el desgaste habían postrado definitivamente a la Luftwaffe tras los primeros envites y la VVS, por su parte, había vuelto a dominar los cielos. En sus memorias el mariscal Rokossovski comenta que por primera vez desde el comienzo de la invasión nazi los aviones soviéticos estaban imponiendo su ley sobre los asaltantes.

Además por fin STAVKA había logrado organizar una reserva en base a las divisiones siberianas que empezaban a llegar a Moscú. Sin embargo no iban a ser empleadas en la defensa de la ciudad porque Stalin estaba reservando estas tropas para lanzarlas a la batalla cuando los alemanes hubieran sido frenados definitivamente y tan sólo la 78ª división de Infantería fue enviada a cubrir la retirada del 16º Ejército.

Finalmente el 5 de diciembre Guderian fracasó en su último empujón en los alrededores de Tula. Las PzDiv habían llegado más lejos de lo que nunca llegarían y desde tan sólo 30 km de distancia podían ver las doradas cúpulas de Moscú. Pero ya sólo eran una sombra de las fuerzas que habían iniciado la batalla. Guderian, sin esperar a obtener el consentimiento del Führer, decidió iniciar el repliegue, ya que era imposible establecer posiciones defensivas donde estaban sus fuerzas, pero el tiempo se le había acabado. El mismo día 5 el ER pasó al contraataque y el 8 de diciembre ya había reconquistado el terreno ganado por los alemanes en las tres últimas semanas. Tifón había terminado y la pesadilla del invierno de 1941 acababa de comenzar.

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Mensaje por Japa »

ANALIZANDO LA DERROTA

¿Cómo se había llegado a esa situación? Apenas dos meses antes las PzDiv estaban en el cenit de su gloria, y ahora eran un lastimero resto incapaz de avanzar un metro más. Aparte de los ya mencionados temas del retraso impuesto por los Balcanes o el debilitamiento producido por la formación del Afrika Korps, que ya vimos en su momento, las explicaciones tradicionales se centran en tres apartados.

El mito principal, defendido incluso por Churchill, dice que los alemanes fueron sorprendidos para el invierno, pero lo cierto es que se habían hecho los preparativos pertinentes para la invernada (aunque el equipamiento alemán no era suficiente para las increíbles condiciones que iban a encontrar). Otra cosa diferente fue hacer llegar al frente ese equipamiento: el equipamiento como ropa y calzado ocupa un gran volumen de transporte en comparación con el avituallamiento y la munición; de no haberse producido el avance hacia Moscú hubiera sido factible disponer a tiempo del equipo de invierno, pero con las líneas alemanas estiradas al límite en noviembre y diciembre eso fue imposible ya que ante todo era necesario mantener en marcha los combates.

Otro de los tópicos más extendidos sobre Barbarossa dice que los panzer se habían encontrado con unos carros enemigos a los que no podían vencer y eso provocó su fracaso. Después de todo es cierto que los T-34 y KV-1 eran muy superiores a sus contrapartes germanas. Sin embargo eso es sólo aparente. La inferioridad técnica no impidió a los panzer alemanes ganar prácticamente todas las batallas en que se enfrentaron a unidades acorazadas soviéticas. La ventaja táctica y operacional unida al apoyo bien coordinado con la Luftwaffe permitió superar el bache. La principal ventaja operativa de los alemanes, que era la comunicación a nivel táctico, no fue igualada por los carristas soviéticos hasta finales del 43, principios del 44, y sólo gracias a la ayuda de EEUU en el apartado de los equipos de radio.

Y nos falta el chivo expiatorio del fracaso alemán, es decir Hitler, a quien se achacan todas las decisiones erróneas tomadas en la campaña. Pero hemos visto que esa acusación carece de fundamento y fueron los militares alemanes los que tomaron las decisiones y planificaron las operaciones que, a la postre, llevaron al desastre. Fue a partir de ese momento que Hitler empezó a inmiscuirse directamente en las operaciones militares, y precisamente lo hizo ante el caos que habían originado los mandos del Heer.

La realidad es que Barbarossa fracaso por que los generales alemanes partían de un concepto equivocado. Sus ataques acorazados podían resolver situaciones a nivel táctico, pero para que fueran eficaces hacía falta un objetivo estratégico y en la URSS no se planificó nada de ese estilo. Daba igual cuantas divisiones soviéticas embolsaran, porque siempre habría más listas para luchar. El ER se mantuvo en pie y combatiendo hasta el final, sin desfallecer en ningún momento y soportando pérdidas que hubieran puesto de rodillas a cualquier otro ejército del mundo, incluido el alemán.

El único objetivo estratégico que estaba al alcance de los alemanes era Moscú, ya que su toma hubiera roto por completo el sistema de comunicaciones soviético: Moscú era el núcleo de toda la red ferroviaria y el centro de decisión. Sin embargo asaltar Moscú sin asegurar los flancos era muy arriesgado, y asegurar esos flancos era lo bastante duro y costoso como para que la Wehrmacht no estuviera en condiciones de plantearse ambas cosas en la misma campaña, como hicieron. Al obcecarse en completar todas las operaciones en un plazo imposible, la Wermatch aseguró su derrota.

Si en octubre y tras ocupar Ucrania. Bielorrusia y toda la Costa Báltica el Heer hubiera consolidado sus posiciones podría haberse aprovisionado adecuadamente para el invierno y disponerse a rematar el trabajo al año siguiente, como había sido sugerido en la planificación inicial. Las líneas de abastecimiento, muy extensas, podrían haberse optimizado reconstruyendo la red ferroviaria y las tropas alemanas hubieran pasado el invierno en las mejores condiciones posibles mientras la industria alemana reponía sus pertrechos. Todavía podría haberse planificado alguna operación de limpieza hacia Moscú, como de hecho sucedió en las primeras fases de Tifón sin arriesgarse a un avance demasiado lejano. Eso no habría garantizado la victoria al año siguiente, puesto que los soviéticos también habrían hecho sus preparativos, pero en cualquier caso se hubiera podido empezar la campaña del 42 en inmejorables condiciones.

Sin embargo los generales alemanes no comprendieron a qué se enfrentaban. Estaban enfebrecidos por sus victorias y su rápido avance por las estepas de la Rusia europea no hicieron más que enardecerles más. Si eso es válido para el Heer en su conjunto, lo fue mucho más para el OKH y la PanzerWaffe. Al igual que Hitler después de Munich, Halder y sus subordinados no fueron capaces de frenar a tiempo.

Además toda la campaña estuvo repleta de malentendidos y engaños. A la hora de enfrentarse a su mayor enemigo, el alto mando alemán se perdió en un extraño juego de conspiraciones y maniobras, saboteando la cadena de mando para conseguir anteponer sus planes a los decretados por Hitler. Daba igual cuál de los dos planes hubiera sido más adecuado, el del OKW y el del OKH: lo que fue una locura fue dedicarse al mutuo entorpecimiento. En este caso la responsabilidad está distribuida homogéneamente entre Hitler y el OKH. Hitler estableció el OKW como un medio de debilitar la posición del OKH, haciendo que la cadena de mando del Heer tuviera un escalón superior redundante e inefectivo; pero el OKH fue culpable también por no hacer su trabajo adecuadamente e intentar hacer su propia guerra al margen del OKW.

Peor aún fue la situación creada por el OKH respecto a los ejércitos panzer, ya que torpedeó la autoridad de sus propios mandos sobre el terreno, lo que facilitó que a su vez los generales de los panzer pudieran pasar por encima de la autoridad del propio OKH, un paso que no le costó mucho dar a Guderian ya que en la anterior campaña de Francia había empezado a considera a Halder y su gente como una partida de burócratas de uniforme sin verdadero espíritu táctico. Hay que reconocer que Halder no era precisamente Moltke: el plan del OKH para Francia era una burda repetición de la maniobra de 1914 y el plan de avance hacia Moscú era en esencia seguir la ruta de Napoleón casi paso por paso.

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Mensaje por Japa »

Por supuesto la PanzerWaffe nunca debería haber roto la cadena de mando. En ese sentido la responsabilidad de Guderian fue enorme ya que no sólo desobedeció abiertamente a Kluge y saboteó los planes de Halder en septiembre sino que fue el principal impulsor del asalto tardío sobre Moscú: fueron decisiones que tomó personal y libremente, y sobre las que luego procuró echar un velo de silencio. Y no fueron sus únicos errores

Las divisiones panzer fueron usadas en Rusia contraviniendo toda la lógica en la que se había basado su desarrollo. La experiencia de Francia hizo pensar a Guderian que sus fuerzas se bastaban para ganar la campaña y empezó a tratar a las otras armas, sobre todo a la infantería, como a lacayos. Sin una adecuada coordinación con los ejércitos de infantería las puntas acorazadas del avance alemán expusieron una y otra vez sus flancos a los asaltos del ER y sólo la tremenda rapidez de su avance impidió que se produjera un desastre antes del invierno. Pero esa velocidad de avance tenía unos costes que los panzer simplemente no podían asumir.

Los carros Pz III y IV eran máquinas sofisticadas para la época, y el avance incesante y frenético por caminos inexistentes, combatiendo sin cesar, iba poco a poco mermando la fuerza de las divisiones. Recordemos además que antes de Barbarossa las plantillas acorazadas de las PzDiv fueron reducidas casi a la mitad, con lo que el esfuerzo exigido tanto a los carros como a las tripulaciones era mucho mayor que el exigido en 1940. Ahora no era posible tener a un PzReg combatiendo mientras otro actuaba de reserva o en apoyo, sino que todas las unidades estaban en primera línea continuamente.

Por otra parte al avanzar a semejante velocidad las PzDiv se alejaban demasiado de las unidades de Infantería que deberían apoyarles en las rupturas y los envolvimientos, con lo que las ya menguadas unidades acorazadas se veían en la obligación de contener las bolsas enemigas hasta la llegada de los refuerzos, una tarea para la que no estaban capacitadas y que exigía un desgaste extra.

La lucha fue mucho más enconada que en el Oeste. Las tropas soviéticas se lanzaban sobre los carros alemanes con todo aquello que tuvieran a su alcance y aunque no lograran frenarles el daño siempre estaba ahí e iba acumulándose. Aquí la descoordinación pesaba otra vez sobre los panzer, porque se suponía que la Infantería debería haberles protegido en esas situaciones, pero las InfDiv quedaban muchos kilómetros por detrás y estaban a su vez sufriendo un tremendo desgaste porque los panzer no estaban ahí para enfrentarse a los carros soviéticos: de hecho los T-34 hicieron mucho más daño a los soldados de infantería que a las unidades acorazadas.

La logística era un problema realmente grave. Si se pudo llevar a cabo el embolsamiento de Kiev fue sobre todo gracias a la pausa operacional que permitió acumular pertrechos, reparar carros y reponer en lo posible las bajas, pero Tifón fue una operación más allá de las capacidades de las líneas de abastecimiento y a medida que los carros de Guderian avanzaban hacia Moscú su fuerza se iba evaporando sin que nada se pudiera hacer para restaurarla. Finalmente las distancias eran demasiado grandes como para sostener a un ejército en marcha. Y eso era algo que se había avisado repetidamente desde antes de iniciarse Barbarossa, pero los generales panzer se habían acostumbrado a desentenderse de la logística, considerando que ese no era su problema, y no supieron reaccionar a tiempo.

Los problemas mecánicos, aceptables en Francia, no lo eran en la URSS porque una gran mayoría de las averías debían repararse en las factorías alemanas, luego una vez iniciado el avance un carro averiado era un carro perdido. Por supuesto se dieron instrucciones a los talleres divisionarios para procurar reparar todas las incidencias posibles sobre el terreno, pero a medida que se avanzaba eso iba siendo más problemático ya que el esfuerzo exigido a las máquinas implicaba que el panzer parcheado esa noche se averiaría de nuevo y más gravemente enseguida.

El remate fue la marcha de casi 200 km preliminar a Tifón, que fue la puntilla para muchos carros. La fuerza acorazada con la que se inició el asalto a Moscú simplemente se fue diluyendo como un terrón de azúcar en agua porque las máquinas estaban demasiado desgastadas como para soportar las terribles condiciones del último avance. El barro y la nieve hicieron el resto.

Resumiendo, los panzer no habían fallado, sus tripulaciones tampoco: habían fallado los mandos, que se habían olvidado de que en la guerra la distancia también es un enemigo y el enemigo no siempre actúa como uno espera. Errores de los que ya no se recuperarían del todo.

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Mensaje por Muelhoff »

Japa escribió:Resumiendo, los panzer no habían fallado, sus tripulaciones tampoco: habían fallado los mandos, que se habían olvidado de que en la guerra la distancia también es un enemigo y el enemigo no siempre actúa como uno espera. Errores de los que ya no se recuperarían del todo.
Seria algo a debatir porque si mencionas las largas diatancias que recorrian desgastaria anuque sea en lo anímico a un soldado, lo cansaria, haz manejado solo 30 minutos, dá dolor de cabeza por lo menos (hasta a los corredores de formula 1), ...no crees?
...Aprender es lo correcto, aunque sea del enemigo.
Ovidio


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Mensaje por Japa »

No sólo estaba el desgaste físico, sino el psicológico: en las estepas del Este el avance a través de un horizonte aparentemente ilimitado resultaba agotador para el ánimo de la tropa

PROBLEMAS Y SOLUCIONES



En lo que a los panzer propiamente dichos se refiere, técnicamente se había llegado a una crisis. Los carros que equipaban a las PzDiv no estaban preparados para enfrentarse a los nuevos carros soviéticos. Tampoco lo estaba el equipamiento antitanque de la infantería ni la artillería de campaña. Por supuesto la habilidad táctica había suplido una y otra vez la inferioridad técnica, pero no se podía confiar eternamente en que el enemigo fuera a actuar de forma defectuosa. Había que tomar medidas y había que hacerlo ya.

INDUSTRIA: CAMBIOS E INERCIAS

Antes de entrar en las campañas desarrolladas en 1942, en las que todavía el único equipamiento de la PanzerWaffe serían los carros de la primera generación, vamos a dar un breve repaso a la política industrial de la Alemania Nazi y sus repercusiones para las fuerzas acorazadas.

En este apartado hay dos etapas diferenciadas, antes y después de 1941.

Hasta 1941 el sistema era unidireccional: como vimos el Heer hacía una evaluación de sus necesidades y enviaba los requisitos a las empresas para que estas presentaran sus proyectos a concurso. En base al proyecto elegido se hacían los consiguientes pedidos. Las modificaciones necesarias se iban incorporando sobre la marcha a la producción.

Sobre el papel, nada que objetar, pero en la realidad este sistema era bastante improductivo. El Heer planificaba a corto plazo, y hacía pedidos de todo tipo sin tratar de sistematizar la producción o siquiera utilizar una mínima lógica. Así la Volkswagen recibía un pedido pequeño de vehículos todo terreno, seguido de un encargo de cocinas de campaña, a lo que podía seguir una contrata para camiones de un tipo específico… lo que impedía que las empresas pudieran planificar adecuadamente la producción. Además el Heer no intentaba organizar y racionalizar sus pedidos y así se daba el caso de solicitar un vehículo semioruga de transporte, otro para montar un antiaéreo, otro para remolque… lo que no sólo perjudicaba la puesta en producción de largas series sino que ponía graves trabas a la logística posterior. Mientras en EEUU la todopoderosa industria del automóvil (a priori la mejor preparada para cometer grandes series de forma rentable) se adaptaba para sacar un torrente de carros, camiones y aviones, en Alemania apenas se requirió su aportación.

Una de las causas radicaba en la curiosa desconfianza que sentían tanto el Heer como el partido Nazi por la producción en serie al estilo de la Ford. La exaltación de la valía individual de los nazis se unió a la obsesión del Heereswaffenamt por la perfección de sus máquinas, lo que convirtió la producción militar alemana en una curiosa mezcla de industria y artesanía. Además el requerimiento de continuas modificaciones en los diseños ralentizaba aún más la producción. En el caso de los panzer vimos como del Pz III se produjeron entre el comienzo de la guerra en 1939 y 1942 7 versiones diferentes, y del Pz IV otras 5. Además el desperdicio de materia prima era alto ya que no había medios racionales de aprovechamiento y reciclado. Para construir cien toneladas de panzer se gastaban casi doscientas toneladas de acero, y el sobrante no era adecuadamente aprovechado.

La pretensión de mantener altos los niveles de consumo alemanes y a la vez mantener una adecuada economía militar fue un cáncer para la producción de armas. No sólo se desviaban importantes cantidades de materias primas indispensables para el esfuerzo bélico sino que una gran cantidad de la mano de obra disponible se dedicaba a la producción civil sin repercutir en la guerra. La corrupción generada por la estructura de poder del Partido Nazi (el sistema de los Gauleitier) incrementaba aún más los obstáculos a la racionalización, ya que defendían a capa y espada los privilegios de las industrias locales, de modo que las manufacturas de lujo (cerámicas, gobelinos, tapices) quedaban protegidas y ni un sólo trabajador pasaba a la producción militar mientras los gerifaltes nazis pudieran evitarlo. En ello eran apoyados con entusiasmo por Martin Bormann, que desde su puesto de secretario del Führer procuraba boicotear todas las iniciativas de Speer y Goebbels al respecto.

Además otro problema al que se enfrentaba la logística germana era que la industria no prestaba demasiada atención a la fabicación de recambios, ya que se obtenía un mayor benficio de los productos completos. No olvidemos además que en 1940 la política era mandar los panzer a casa para arreglarlos en las propias factorías. Ese método aseguraba que el carro volvía al frente en perfecto estado, pero era antieconómico y sobre todo era lento. Esa tendencia no mejoró en toda la guerra. Por cada diez Tiger producidos se recibían tan sólo un par de motores y transmisiones de recambio, mientras que cada Sherman que cruzaba el Atlántico venía acompañado de un motor extra para reparaciones.

Por otra parte el amor al trabajo perfeccionista llevó a que no hubiera ninguna compatibilidad entre máquinas. La mecánica de los semiorugas SdKfz 250/1 era incompatible con la de los semiorugas de transporte o remolque, y los Pz III y IV, pese a su similitud externa, usaban suspensiones, motores, y transmisiones muy diferentes. Por contra los carros, semiorugas y camiones del US Army usaban una gran cantidad de sistemas mecánicos comunes.

La industria no era la única responsable de que el soldado alemán tuviera un equipamiento defectuoso o incompleto. El Heer no prestó demasiada atención a áreas como la adecuada motorización de sus fuerzas. Los camiones militares eran escasos y en general se prefirió equipar a las unidades con camiones requisados en toda Europa, tanto militares como civiles; en 1942 el Heer usaba más de un centenar de camiones diferentes de al menos seis nacionalidades. Y eso en las unidades que fueron adecuadamente motorizadas, porque no hemos de olvidar que el ejército alemán era en su mayoría hipomóvil.

Ahora bien, las cosas estaban moviéndose en lo que a la burocracia armamentística se refiere. Hitler había confiado a primeros del 40 a Frizt Todt el Ministerio de Armamento y Municiones. Aunque su papel era supervisar la producción, pronto empezó a influir en el sistema seguido hasta ese momento para el desarrollo y construcción de nuevos equipamientos. A primeros del 42 la muerte de Todt cambió más las cosas porque su sucesor, Speer, gozaba de la absoluta confianza de Hitler y pronto impuso nuevos métodos de trabajo que apartaron a los militares de la toma efectiva de decisiones, aunque con buena lógica el nuevo ministro trató de actuar de modo que la colaboración con el Heer fuera abierta y positiva.

Primero Todt y luego Speer decidieron que debía tenerse en cuenta no sólo la calidad del proyecto en sí sino la capacidad de las empresas para llevarlos a término, esto es, que tuvieran ventaja las empresas mejor posicionadas a priori (con las instalaciones y experiencia adecuados, independientemente de que el proyecto aprobado fuese o no suyo), lo que redundaba en una cierta pérdida de calidad del resultado final al no competir ya demasiadas opciones (de valorarse proyectos de cuatro o cinco empresas se pasó a dos o a veces a una sola) pero permitió a cambio una más rápida puesta en servicio de los equipamientos nuevos y un gran incremento de la producción. Además se procuró otorgar una mayor importancia a las decisiones industriales, de forma que las empresas tuvieran más beneficios si estaban dispuestas a asumir mayores responsabilidades (optimizando la producción, el empleo de personal cualificado, la gestión de recursos…).

Esa política fue similar a la seguida por el gobierno de EEUU a partir de diciembre del 41, aunque los resultados obtenidos en Alemania se vieron limitados drásticamente por la propia idiosincrasia del estado nazi, principalmente por su absurda compartimentación y solapamiento de poderes y corrupción. Y pese a ello la mejora en la producción militar fue asombrosa.

Por otra parte un resultado de la crisis invernal fue la sustitución (entre otros ceses que veremos más adelante) del mariscal Brauchitsch como jefe de del Heer por Hitler, incluyendo sus funciones de supervisión de los nuevos diseños, lo que abrió la puerta a la intervención directa del Führer en un área de la que hasta ese momento se había mantenido alejado. En 1942 eso no supuso demasiados cambios, pero a partir de ahí la influencia de Hitler se notó en todas las áreas, y muchas veces con resultados muy negativos, que supusieron nuevos obstáculos a la política industrial de Speer.

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Mensaje por Japa »

OBSTÁCULOS A LA REFORMA

Pese a la confianza extrema que depositó Hitler en su mimado arquitecto personal, lo cierto es que Speer nunca tuvo el necesario control sobre la economía y la administración, ya que Hitler sentía verdadero horror a la idea de concentrar y centralizar el poder en unas manos que no fueran las suyas. De hecho parece ser que la rápida decisión de poner a Speer al cargo de la producción bélica fue en parte para evitar que Goering aprovechara el vacío para hacerse con ella. La LW siguió su propio camino hasta 1944, las SS mantuvieron un imperio económico ajeno a Speer y Bormann, como ya hemos dicho, procuró imponer el poder del Partido contra el Superministro. El único apoyo administrativo con el que parece haber contado Speer fue el de Goebbels.

El resultado fue que en 1942, precisamente el que sería el año decisivo para Alemania, la industria se encontró en un periodo de transición en el que todavía el Heer exigía que se prestara atención a todos sus caprichos y los industriales empezaban a vislumbrar la posibilidad de hacer las cosas a su manera y beneficiarse mucho más de la producción militar. Esa incertidumbre imposibilitó incrementar de forma realmente efectiva y rápida la producción y racionalizar el equipamiento del Heer en ese año ya que las medidas tomadas por Speer no fueron eficaces hasta comienzos del 43.

En el caso del proyecto Panther, que veremos a continuación, la posibilidad de construir en grandes cantidades un vehículo poderoso, sencillo y barato, se desechó en favor de un modelo igualmente poderoso pero muy complejo y costoso de producir. Nadie parecía entender que opciones así eran peligrosas para Alemania: la industria esperaba sacar grandes beneficios produciendo equipos caros y complicados y el Heer estaba feliz de disponer de máquinas altamente sofisticadas, olvidando una premisa tan básica como es la de que lo mejor es enemigo de lo bueno. Hay que decir que en la primavera de 1942 Hitler había emitido una orden especial del Führer de cara a producir armas más simplificadas, robustas y eficaces, a imitación de las soviéticas pero nadie le hizo demasiado caso.

La situación finalmente mejoraría tras el desastre de Stalingrado. Por fin los empresarios, el Heer, y el Partido empezaron a ser conscientes de que la guerra podría perderse. En la dinámica de la nueva política de guerra total promovida por Goebbels Speer pudo por fin tomar medidas como para elevar la producción a niveles inimaginables un año antes y sin forzar demasiado la máquina económica, sólo aprovechando al máximo los recursos disponibles. Sin embargo ya era tarde porque la recuperación industrial soviética a lo largo del otoño del 42 y la increíblemente veloz adaptación de la industria americana para la producción de guerra, unidos al recrudecimiento de la campaña de bombardeo, impidieron que Alemania pudiera recuperar el tiempo perdido desde el comienzo de la guerra. De haberse puesto en práctica esa política desde el primer instante del conflicto es muy dudoso que la victoria aliada hubiera estado garantizada.

Lo que está claro es que el argumento tantas veces utilizado de la inferioridad industrial del Eje es, de nuevo, otro mito más: Alemania dispuso hasta 1942 de potencial industrial más que sobrado para hacer frente a sus enemigos. Movilizando su economía en 1939 a plena potencia como hicieron Gran Bretaña y la URSS en condiciones mucho más difíciles, el gobierno nazi hubiera estado en condiciones de aprovechar a partir de 1940 la ingente cantidad de recursos industriales, mano de obra y materias primas que cayeron en sus manos.

Lo que hundió al Reich no fue la falta de recursos, sino la incapacidad del estado hitleriano de movilizarlos, y esa incapacidad estaba arraigada en la misma esencia del régimen nazi: el vacío de poder más allá de Hitler, los intereses personalistas de la cúpula, la increíble corrupción generada por el Partido, la división en la propia Wehrmacht, la dispersión del esfuerzo industrial para equipar por separado a las Waffen SS, y el Heer (a los que se añadió en 1942 el absurdo ejército redundante creado por Goering, las divisiones de tierra de la Luftwaffe o LufDiv), la falta de fe de los nazis en la capacidad de sacrificio de su pueblo, la expulsión o la eliminación física de algunas de sus mentes más brillantes… todos esos factores jugaron para que el potencial económico de Alemania se desperdiciara en los momentos en los que hubiera podido ser decisivo y sólo se movilizara realmente cuando ya estaba todo perdido.

Esos factores no pueden atribuirse a la mala suerte, al destino, o a acciones de los enemigos del Eje: son achacables a la propia manera de funcionar del nazismo y, en última instancia, a Hitler, que fue incapaz de evitarlos y que en muchos casos los alentó en su propio beneficio.

Para cerrar este apartado sólo quiero añadir un último comentario: la fascinación que a partir de 1942 demostró Hitler por las nuevas tecnologías supuso una última puntilla al esfuerzo industrial germano. De todos son conocidas sus intromisiones en los programas de reactores y en los de cohetes (dejando de lado los prometedores sistemas antiaéreos por los inútiles y costosísimos programas de cohetes V1 y V2) mientras se oponía a la introducción de armas racionales como el MP44 por considerarlo negativo para el espíritu combativo de la infantería. Por desgracia para las PzDiv esa intervención fue especialmente aguda en el apartado de los carros de combate y produciría una disipación de recursos absurda en los tres últimos años de la guerra.

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Mensaje por Panzerfaust »

Interesante pero....
En el caso de los panzer vimos como del Pz III se produjeron entre el comienzo de la guerra en 1939 y 1942 7 versiones diferentes, y del Pz IV otras 5
Es logico, las versiones incoporaban mejoras progresivas, no se fabricaron 7 tipos de panzer III al mismo tiempo.

Por cierto, el Panzer III dejo de fabricarse en 1943.

Por otra parte el amor al trabajo perfeccionista llevó a que no hubiera ninguna compatibilidad entre máquinas. La mecánica de los semiorugas SdKfz 250/1 era incompatible con la de los semiorugas de transporte o remolque, y los Pz III y IV, pese a su similitud externa, usaban suspensiones, motores, y transmisiones muy diferentes. Por contra los carros, semiorugas y camiones del US Army usaban una gran cantidad de sistemas mecánicos comunes.
De hecho los motores Maybach del Pz III, IV, stug III y stug IV, Hummel, Brummbar, Nashhorn, etc, eran el mismo Maybach de 6 en linea con ligeros cambios para incrementar un poco la potencia a partir de 1943, pero basicamente el mismo block y los mismo cilindros.

En el caso del proyecto Panther, que veremos a continuación, la posibilidad de construir en grandes cantidades un vehículo poderoso, sencillo y barato, se desechó en favor de un modelo igualmente poderoso pero muy complejo y costoso de producir.
Nunca se contemplo la posibilidad de manufacturar un vehiculo "intermedio" , la solucion "sencilla y barata" fue dotar con cañones de 75 mm L743 y L/48 a los Panzer IV, Stug III y cañon de 50 mm L/60 al panzer III, la solucion definitiva esperaba ser el Panther aunque coincido que no era el vehiculo mas sencillo de fabricar.
..Cada vez que escucho la palabra cultura le quito el seguro a mi Browning.
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Mensaje por Japa »

Por partes: en el caso del Pz III me refiero a que sacar siete versiones diferentes en un plazo tan corto no es una adecuada manera de racionalizar la producción

En cuanto a la compatibilidad, la familia (o familias, ya que en realidad son tres) de derivados del Pz III y IV logicamente tenían una alta compatibilidad mecanica, Sutg respecto a Pz III, Nashorn/Hummel respecto a ambos carros ya que se basaban en el proyecto de chasis "compatible" desarrollado a partir de 1940… pero entre sí, los pz III y IV usaban sistemas de suspensión diferentes y no había una estandarización respecto a los semiorugas u otros vehículos ni entre los carros de primera generación y los panther y tiger que vendrían después. De hecho los intentos de estandarizar los carros posteriores no dieron más resultado que el de retrasar la puesta en servicio del Tiger II debido a la influencia del proyecto Panther II. No volvió a haber un programa de estandarización similar al llevado a cabo con el chasis Pz III/IV hasta la serie de proyectos E que no llegaron a ver la luz (salvo el E100 y un cazacarros de la serie)
La comparación que establezco es con el sitema USA, ya que el M3 y el M4 son vehículos con una gran cantidad de elementos comunes, los semiorugas son todos variantes sobre un solo modelo, se emplea un unico vehículo de enlace y se procura mantener la mayor estandarización posible entre, por ejemplo, los semiorugas M-1 y los camiones usados por el ejército (el tema de los camiones en el ejército alemán daría para llenar varios libros). Es decir, mi planteamiento es que no había una planificación racional a la hora de afrontar la producción militar en lo que a vehículos se refiere.

Lo sorprendente es que la política de estandarización iniciada en 1940 no tuviera continuidad en la práctica, y se llegara a situaciones tan absurdas como la de diseñar y fabricar un cazacarros (JagPanzerIV) redundante con el Stug III, o un vehículo como el JagdTiger, con dos modelos diferentes de mecánica diferente para una serie de tirada cortísima

En cuanto al tema del Panther (y adelantándome un poco, porque ese palo lo voy a tocar enseguida), me refiero a que a priori el modelo elegido para ese carro era el de Daimler, que se ajustaba a las caracteristicas solicitadas por WaPruff6, pero tras elegirlo se cambió de opinión en favor del modelo MAN, mayor y mucho más complejo. Al menos sobre el papel, ya que el Daimler no llegó a construirse y no podemos saber cuales hubieran sido sus características reales.
Última edición por Japa el 07 Dic 2007 03:56, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Japa »

Ahora bien, los análisis y conclusiones son míos (quiero decir personales), y como tales son perfectamente discutibles (sobre todo como haces, con argumentos en la mano). Es más, confío en que lo sean, porque sin debatir es difícil llegar a ningún lado.
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