Panzer, detrás del mito (II) Estepas y desiertos

Historia Militar 1939-1945.

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Panzer, detrás del mito (II) Estepas y desiertos

Notapor Japa el Vie 30 Nov 2007 14:28

En esta segunda entrega veremos los acontecimientos referidos a las grandes campañas alemanas en la URSS entre 1941 y 1942, y junto a ellas las operaciones africanas hasta la batalla de El Alamein (incluida).

Por supuesto en el tema se incluirán los desarrollos realizados en esos años, tanto respecto a modificaciones de los modelos antiguos como en lo referido a los nuevos diseños.

Una aclaración: aunque Alemania desarrolló varias familias de vehículos blindados de ruedas de gran interés, no voy a referirme a ellas en ningún momento, ya que aunque vehículos como el SdKfz 234 estaban mejor armados y protegidos que la mayoría de carros ligeros del momento, se trata de máquinas diseñadas con un objetivo muy diferente al de los carros, cazacarros y cañones de asalto: son vehículos de exploración y reconocimiento, es decir, caballería. Eso no quita para que en contadas ocasiones y a falta de otros medios hubo vehículos (como los Puma) que participaron en combates acorazados, pero se trata de situaciones excepcionales.

Tampoco mencionaré nada sobre el diseño de los transportes blindados semioruga SdKfz 250 y 251, aunque igualmente en ocasiones fueron empleados como vehículos de apoyo.

Y sin más, vamos a la faena
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Notapor Japa el Vie 30 Nov 2007 15:20

BARBAROSSA



PRELIMINARES


Por fin llegamos al punto culminante del conflicto. En julio de 1940 (la fecha exacta no se conoce) Hitler informó a sus generales de que había llegado el momento de lanzar la jugada suprema, la guerra que siempre había soñado: la invasión de la URSS.

Se han aducido muchos motivos para justificar la decisión del Führer, desde que Alemania se anticipó a una agresión de Stalin (algo que los documentos desclasificados en Rusia ha desmentido del todo) hasta que Hitler esperaba que así se rendiría Gran Bretaña, ya que en su opinión Churchill resistía a la espera de que la URSS se aliara con los ingleses.

Si bien es cierto que entre 1939 y 1940 Hitler y Stalin fueron virtualmente aliados, y que la URSS cumplió escrupulosamente con su parte de los acuerdos con Ribentropp, lo cierto es que Hitler siempre tuvo en mente que se trataba de una situación temporal, no sólo por la incompatibilidad entre ambos regímenes políticos (incompatibilidad en el nombre, porque en realidad eran dos sistemas totalitarios que parecen haberse entendido a la perfección) sino porque el imperio que quería crear para Alemania sólo tenía un posible lugar de expansión, el Este.

La intención de Alemania no era eliminar al comunismo, sino eliminar a la población de Ucrania y la Rusia Europea, ya que a ojos de Hitler no tenían derecho a la tierra que ocupaban. Además los pueblos eslavos (y por supuesto la importante población judía de Europa oriental) eran en el universo hitleriano seres infrahumanos , Uttermensch con los que no eran necesarios miramientos de ningún tipo. Un pequeño porcentaje, tal vez un 10-15%, podrían permanecer allí como población esclava al servicio de los granjeros alemanes (en sus conversaciones Hitler usa el término griego "Ilota") pero el resto sólo tendría dos opciones: la expulsión más allá de los Urales o el exterminio. Eso implicaba (y Hitler procuró dejárselo muy claro a los mandos militares) que la guerra que se avecinaba no iba a ser una simple operación militar, como en Francia: iba a ser una contienda a vida o muerte.

Dada la trascendencia de semejante decisión lo esperable hubiera sido una actividad frenética de cara a preparar adecuadamente a la Wehrmacht para el choque que se avecinaba, a la vez que se desataba un duro debate sobre la coherencia táctica y estratégica de lanzarse sobre el mayor ejército del planeta. Sin embargo nada de eso ocurrió. De hecho no se tomaron demasiadas medidas de cara a mejorar el equipamiento del Heer y la Luftwaffe, y muchos proyectos de la KM siguieron en marcha durante un tiempo restando recursos al esfuerzo principal: no hablamos de la construcción de submarinos que siguió siendo muy baja, sino que se mantuvieron proyectos relacionados con los superacorazados del plan Z, que no deberían estar operativos hasta cuatro años después. No se aumentó demasiado la producción alemana de cañones, carros, municiones… aunque sí se presionó a la URSS para incrementar los suministros de petróleo y otras materias primas (incluido caucho, que llegaba desde Extremo Oriente vía Transiberiano) que, por supuesto, iban a emplearse en la destrucción de la propia URSS.

Aún más chocante es el que nadie se opusiera a los planes de Hitler. Los mismos generales que habían temblado ante la idea de atacar Checoslovaquia ahora veían como lo más natural del mundo una guerra con Stalin mientras Gran Bretaña continuaba resistiendo en occidente. Los jefes del OKH, que se conformaban en la primavera de 1940 con ganar la costa norte de Francia para asegurar posiciones de cara a posteriores campañas hacia el sur, ahora empezaban hacían planes para avanzar impetuosamente hacia Moscú en una sola campaña. Sin embargo la explicación es sencilla: los alemanes estaban borrachos, borrachos de victoria.

Esa embriaguez iba a traducirse en una serie de contrasentidos que incluso a corto plazo iban a garantizar que la campaña del Este sería la tumba del nazismo.

El primero afectó a la misma esencia de las divisiones panzer. Hitler sabía que la ofensiva sólo tendría éxito apoyándose en los impetuosos avances de las puntas acorazadas, y para cubrir adecuadamente el gigantesco campo de batalla que iba a abrirse hacia Oriente decidió duplicar el número de divisiones acorazadas. SIn embargo, y pensando que la campaña sería breve y fácil, no consideró adecuado sobrecargar la industria alemana a fin de equipar a las nuevas unidades, ya que ello hubiera podido reducir la opulencia de los alemanes (un anatema para los nazis, que tenían muy poca fe en la fidelidad y capacidad de sacrificio de su pueblo). Así que había que hacer más unidades sin tener más carros ¿solución? reducir a la mitad las plantillas divisionarias y sacar dos divisiones de donde sólo había una. En teoría la reducción material prevista sería leve, ya que si bien se pasaría de dos PzReg a uno, cada regimiento se incrementaría hasta tres PzBon luego las PzDiv mantendrían 3/4 partes de su potencial previsto una vez se completaran las plantillas, pero la relajada producción de panzer fue incapaz incluso de cubrir esas plantillas y la mayoría de las brigadas acorazadas redujeron realmente sus efectivos acorazados a la mitad. El principio básico de la concentración de la fuerza se había volatilizado.

Si en el aspecto industrial no se hizo gran cosa, en el técnico, como ya vimos, se hizo aún menos y los carros que fueron al combate en 1941 eran en esencia los mismos de un año atrás. La relajación que siguió a la caída de Francia hizo las lecciones adversas recibidas durante la campaña de Francia respecto al blindaje y la potencia de fuego cayeron en saco roto y pese a la orden expresa de Hitler de armar a los Pz III con el cañón L/60 de 50 mm y a los Pz IV con el L/48 de 75, el Heer prefirió mantener el corto cañón del Pz IV y rearmar a los Pz III de modelos anteriores y a los de nueva producción con el 50 mm L/42.

Al menos el proyecto de unificación de armamento a la baja del Pz III y el IV se dejó de lado en cuanto los generales de las PzDiv oyeron hablar de ellos, puesto que la idea de reducir el armamento al carro de combate más pesado de Alemania era tan estúpida que se cayó por su propio peso en cuanto salió de los despachos y llegó a los militares de verdad. En cuanto a la unificación mecánica los proyectos siguieron adelante sin prisas y quedaron bastante en el limbo: ambos panzer siguieron su camino separadamente. De hecho, a partir de estas fechas los gabinetes de diseño alemanes tiraron a la papelera las ideas sobre estandarización y simplificación, lo que iba a convertir la logística del Heer en una pesadilla que crecería a medida que avanzara la guerra, y no se tomaron medidas para remediar ese problema más que cuando empezó a planificarse la cuarta generación de carros alemanes, a finales del 44.

Aparte de los pocos trabajos ya mencionados, se diseñó una versión lanzallamas del Pz III, el Ausf. M, que a la postre entraría en servicio en el 42, y se convirtieron algunos carros Pz IV para inmersión, con una serie de modificaciones similar a la del Tauchpanzer III.

Tampoco se hizo gran cosa de cara a incrementar la producción de transportes, semiorugas o de ruedas, ya que se consideró que dada la previsible brevedad de la campaña que se avecinaba el Heer podría apañarse con el ingente botín capturado en las primeras campañas, así que la ofensiva en la URSS se movería sobre ruedas alemanas, francesas, checas, belgas… haciendo que la logística se volviera aún más complicada.

A lo largo de esos meses se procuró, dentro de las limitaciones económicas que el gobierno se había impuesto, incrementar en lo posible la producción de los modelos Pz III, Pz IV y Pz 38, amén de reequipar todos los Pz III de versiones antiguas con el 50 mm L/42. En total el equipamiento final del Heer en el momento de producirse la invasión era de 1440 Pz III y 517 Pz IV medios, más 410 Pz I, 746 Pz II, 149 Pz 35 y 623 Pz 38, un total de 3885 carros de combate a repartir entre una veintena de PzDiv, es decir, un promedio de 195 carros por división. No era una mala cifra, pero la PanzerWaffe iba a tener que usar más de un millar de carros Pz I y II de nulo valor combativo, a la espera de que la producción permitiera ir reemplazando los últimos carros ligeros.

Hay que remarcar este punto: Alemania tenía potencial industrial más que sobrado para haber construido entre el verano del 40 y el del 41 un millar extra de carros Pz III y IV: había medios económicas y materias primas suficientes. La producción de acero y carbón en Alemania en ese momento era 2 veces la de la URSS y podría haber puesto su industria a pleno rendimiento sin dificultades, no sólo en lo que a carros de combate se refiere, sino en todos los apartados requeridos por el Heer, aprovechando de paso los recursos industriales ganados en Francia. Después de todo una de las claves de la doctrina alemana era que una breve campaña victoriosa generaba los recursos para la siguiente. Pero el gobierno nazi consideró que sería contraproducente que la realidad de la guerra se reflejara en la vida económica alemana.

Suele aducirse que Alemania desvió una gran parte del acero para producir submarinos, pero la realidad de las cifras nos dice que el incremento en la producción de U-boote no se produjo hasta después de Barbarossa.

Mientras el pueblo inglés ponía todo su esfuerzo en reequipar a su ejército y hacía frente con decisión al Blitz, mientras los obreros soviéticos trabajaban sin descanso para dotar a su ejército de los últimos diseños de carros y aviones prescindiendo casi de cualquier otra cosa, los alemanes vivían un verano de felicidad y victoria: los diez meses anteriores a Barbarossa fueron los más festivos que recordarían los alemanes. Y la opulencia iba a pasarles factura muy pronto.

Como puede apreciarse, la tranquilidad, casi la apatía, reinaba en la industria alemana pero ¿Y en el Ejército? ¿qué estaba haciendo el Estado Mayor? o, mejor dicho ¿qué estaban haciendo los Estados Mayores?
Última edición por Japa el Vie 30 Nov 2007 20:34, editado 4 veces en total
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Notapor Trancos-Alatriste el Vie 30 Nov 2007 19:52

Desde luego tienes la habilidad de todos los buenos escritores de novelas por entregas.

Estocada: Sabes acabar cada capítulo con la frase adecuada para que el lector este impaciente por que llegue el capítulo siguiente.
"Un ejército de ciervos dirigido por un león es mucho más temible que un ejército de leones mandado por un ciervo." Plutarco.

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Notapor Japa el Vie 30 Nov 2007 20:25

Yo es que crecí leyendo las historias del teniente Blueberry por entregas en los tebeos de Bruguera, y siempre me quedaba con el gusanillo carcomiéndome ¿Qué pasará la semana que viene? ¿Lograrán solucionarlo?
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Notapor Japa el Vie 30 Nov 2007 20:50

DISCORDANCIA

De todos es sabido que el OKH (EM del Heer) y el OKW (EM de la Wehrmacht) estaban en desacuerdo con respecto a la estrategia a seguir con respecto a Rusia. Hitler creó el OKW con la excusa de contar con un órgano de decisión que coordinara los tres ejércitos alemanes; en realidad su objetivo era recortar la independencia del OKH y subordinar cualquier decisión militar a su aprobación personal. Además la dualidad de estados mayores había exacerbado la rivalidad entre las diversas ramas de la Wehrmacht, ya que mientras la LW iba por libre gracias a la influencia de Goering y la KM podía plantear su trabajo de una forma bastante independiente dado el desinterés de Hitler por el mar, el Heer se veía sometido a todas las decisiones del cuartel del Führer. En esas condiciones cualquier posible coordinación inter ejércitos a nivel operativo, técnico, logístico… dependía exclusivamente de la buena voluntad de sus mandos, y esa voluntad era en general escasa.

En cualquier caso el Heer contaba en la práctica con dos estados mayores diferentes, y planearan por separado dos estrategias diferentes de cara a la campaña rusa: la de Hitler (puesto que el OKW era un órgano sometido a su persona) y la de Halder (jefe del OKH).

La disparidad principal era con respecto al objetivo y consecuente desarrollo de la campaña: Halder, en un alarde de escasez de imaginación, proponía un plan que en lo básico repetía el avance de Napoleón sobre Moscú, soñando con la triunfal entrada de sus tropas en la capital soviética. Hitler consideraba que era preferible asegurar los flancos primero de modo que los avances al Sur y al Norte protegieran posteriormente la ofensiva sobre Moscú en el caso de que los plazos permitieran acometerla en la misma campaña. El resultado fue un tira y afloja al descubierto seguido por un directo sabotaje de los planes de Hitler por parte del OKH, que hizo todo lo posible para que el despliegue de las fuerzas de cara a Barbarossa y las previsiones logísticas favorecieran el asalto central sin que Hitler lo supiera. De hecho Halder llegó al extremo de falsear las conclusiones sobre el despliegue del ER en el Báltico y sobre todo en Ucrania (donde a la hora de la verdad se concentraría el mayor esfuerzo defensivo de la URSS) restándoles importancia y exagerando las dificultades en el frente central a fin de que se desplegara ahí el principal esfuerzo alemán.

¿Y los panzer? Pues Halder esperaba probablemente que la impetuosidad de Guderian y Hoth, que comandarían los principales ejércitos acorazados, forzaría la situación a su favor e inclinaría la balanza hacia el eje central una vez iniciada la campaña, pero por su parte los generales de los panzer estaban decididos a hacer caso omiso de todo lo que el OKH quisiera imponerles, considerando que eran ellos los que iban a ganar la guerra y en consecuencia debían de ser ellos los que marcaran las pautas. Así que el OKW y el OKH iban a luchar dos guerras diferentes y a su vez la PanzerWaffe iba a hacer lo que pudiera por luchar la suya propia. No era desde luego la mejor manera de preparar una campaña.

La decisión tomada en la primavera de subordinar las fuerzas acorazadas a ejércitos de infantería no mejoró la discordia. Es más, Guderian parecía sentir ya en esas fechas un fuerte desprecio por su nuevo superior, Kluge, lo que aumentó su determinación de hacer lo que le viniera literalmente en gana.

Y es que puede que en el OKH y el OKW se hubieran emborrachado de victoria, pero Guderian estaba literalmente intoxicado y empezó a tirar a la papelera incluso sus propias premisas. Las teorías sobre la guerra acorazada implicaban una adecuada coordinación entre las PzDiv y las unidades de infantería de modo que actuaran como una maquinaria bien engrasada, ya que las InfDiv tenían el cometido de asegurar los flancos de las puntas acorazadas, pero ahora, tras la campaña de Francia, los generales de los panzer se consideraban sobrados de fuerzas y habilidad como para hacer la guerra por su cuenta sin esperar a la lenta infantería. Ahí quedan sus palabras ya iniciada la campaña: "Todos los comandantes del grupo panzer y sus tropas deben hacer caso omiso de las amenazas sobre los flancos y retaguardia. Mis divisiones sólo saben empujar hacia adelante".

El altivo general, como una verdadera prima donna, rechazaba con furia cualquier directriz que implicase obstáculos para su avance. Nada de lentas unidades de infantería taponando los caminos: sus fuerzas debían ir siempre en la delantera. Para Guderian, el enemigo apenas contaba, era meramente un elemento del paisaje. Lo único importante era avanzar a toda velocidad y que los de atrás se encargaran del trabajo sucio.

Uno de los mitos sobre Barbarossa dice que Guderian, preocupado, informó a Hitler de que el ER dispondría de más de diez mil carros de combate para luchar con el Heer, y que Hitler no le creyó y siguió planificando el ataque pese a la prudente advertencia. Es cierto que Guderian dio esas cifras al Führer, pero también añadió (y lo omitió en sus memorias sin el menor pudor) que los carros del ER eran maquinas obsoletas y en un estado de mantenimiento lamentable, inútiles en el combate, poco más que un montón de chatarra para que sus panzer hicieran tiro al blanco. No hubo pues advertencia, sino jactancia. Al igual que en el debate del StuG, Guderian iba a tener que tragarse esas palabras muy pronto.

Así pues, no sólo iba a haber tres guerras diferentes (la del OKH, la del OKW y la de los panzer) sino que iba a haber dos ejércitos distintos, el mecanizado y el tradicional, que harían la guerra por separado y sin coordinarse.
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Notapor Japa el Sab 01 Dic 2007 0:35

¿Como iba a quedar el despliegue de las PzDiv después de los tiras y aflojas? El Grupo de Ejércitos Norte bajo el mando del general Leeb contaría como fuerza acorazada con el IV PzGr , el más débil, ya que sólo contaba con tres PzDiv bajo el mando de Hoeppner. Eso situaba al grupo Norte como el más débil de los tres e iba a ser un lastre en su campaña y en última instancia salvaría a Leningrado. El grupo Centro al mando de Bock tendría bajo su mando al III PzGr al mando de Hoth, con cinco PzDiv, adscrito al IX Ejército de Strauss, y al II PzGr de Guderian con otras cinco PzDiv como apoyo del IV Ejército de Kluge. El grupo Sur contaría con el I PzGr al mando de Kleist con cinco PzDiv.

Esta disposición que daba preeminencia al grupo Centro (el Sur era algo más fuerte que el Norte pero cubría un frente mucho más extenso con la ayuda de húngaros y rumanos) se llevó a cabo desestimando la información disponible que mostraba el fuerte dispositivo defensivo soviético en Ucrania. Las disensiones entre los estados mayores iban a pagarse muy caras.

Suele decirse que los alemanes iniciaron Barbarossa sin entender las dificultades que iban a enfrentar. Eso es falso: en los juegos de guerra planificados en el invierno anterior a la ofensiva quedó claro que iba a ser imposible mantener un avance continuo, que sería necesaria una pausa operacional para reconstituir las fuerzas, más o menos a las tres semanas de iniciada la campaña, que las fuerzas del Heer serían insuficientes para completar la campaña en un sólo golpe porque cuando se iniciara el asalto sobre Moscú estarían agotadas y que las fuerzas acorazadas del Grupo Centro tendrían que girar hacia el Norte y el Sur a fin de embolsar a las tropas soviéticas en colaboración con los grupos de los flancos. Dada la dificultad de mantener el suministro una vez atravesado el Dnieper, debería plantearse el acuartelamiento de las tropas a más tardar en octubre a fin de prepararse para pasar el invierno en las mejores condiciones posibles mientras se preparaba la logística necesaria (almacenamiento, adaptación de las vías férreas…) de cara a completar la campaña en la primavera de 1942

Halder hizo caso omiso de esas conclusiones, al igual que los generales de los PzGr, que opinaban que los generales del EM eran militares de salón, incapaces de apreciar la realidad del campo de batalla, y sólo sabían poner trabas a todo, principalmente por su apocamiento, como habían demostrado en Francia. De hecho el encargado de dirigir al Grupo Centro en los juegos, había protestado enérgicamente por el desvío de fuerzas acorazadas en apoyo de los embolsamientos de los otros grupos por considerar que era una distracción inaceptable de cara al asalto de Moscú. El objetivo de la guerra acorazada tal y como se había desarrollado antes de la guerra y como se había llevado a cabo en Polonia y Francia era la destrucción de las fuerzas enemigas, pero ahora eso pasaba a un segundo plano.

Aún más, lo que no comprendían Guderian, Hoth o Kleist era que las distancias no eran cifras sobre el papel. Acostumbrados a una mentalidad centroeuropea en la que los recorridos eran grandes pero asequibles, no comprendían que si el camino a Moscú era tres veces más largo que al Canal, eso no significaba que se pudiera recorrer en tres veces el mismo tiempo, sino que implicaba una sobrecarga intolerable sobre las máquinas, los hombres y los suministros. Al margen de lo que hicieran las tropas del ER, la distancia iba a ser un enemigo para el que simplemente no se estaban preparando pese a todas las advertencias de los técnicos.

Y así, el 22 de junio del 41, la Wehrmacht se lanzó sobre el ER, en la ciega confianza de que el enemigo se derrumbaría con la misma facilidad que lo había hecho Francia, si no más rápido, puesto que se trataba de débiles subhumanos, apenas aptos como ganado en el mundo feliz que les había prometido Hitler cuando acabara la guerra. El Heer, que un año antes veía imposible atravesar veinte kilómetros de agua para atacar Inglaterra, consideraba ahora que recorrer ochocientos kilómetros hasta Moscú iba a ser un trabajo fácil.

Y las PzDiv partían hacia la batalla con la moral más alta que nunca llegarían a tener. Demasiado alta.
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Notapor Japa el Sab 01 Dic 2007 17:10

¿PORQUÉ?

La situación al Este de la frontera soviética era como mínimo extraña. Stalin era racionalmente consciente de que la guerra con Alemania era una posibilidad muy real, pero estaba convencido de que era posible aplazar y tal vez eludir la amenaza. Su planteamiento era bastante lógico, ya que Alemania obtenía enormes ventajas de su acuerdo con la URSS y si quería derrotar a Gran Bretaña necesitaba los recursos que le brindaba el tratado Ribentropp-Molotov. El que Hitler pudiera lanzarse a una nueva guerra sin terminar la que estaba en marcha era algo que le parecía del todo ilógico, sobre todo porque precisamente la firma de los acuerdos en 1939 le habían llevado a considerar que Hitler era, al igual que él, un frío oportunista. Stalin era un superviviente nato, un hombre con un gran instinto político que calculaba muy bien sus movimientos, y su cálculo de la situación en 1941 no contenía nada que podamos señalar como erróneo. Sin embargo sabemos que estaba equivocado, y la clave está en que no tenía en cuenta la personalidad real de su oponente.

Quizás ese sea el error más grave que cometió Stalin en su dilatada carrera: no fue capaz de calibrar el tipo de enemigo que tenía delante y asumió que el discurso nacionalsocialista era pura palabrería. Pero en realidad y pese a las apariencias Hitler era un idealista de verdad, con obsesiones mesiánicas que guiaban sus acciones, y éstas, aunque apoyadas en un frío cinismo político, no tenían como objetivo su supervivencia personal, sino la consecución de Su Misión. Esa misión implicaba la destrucción de la URSS como paso previo a la construcción del Reich milenario, luego la guerra en el Este no era para Hitler una cuestión de necesidad, sino una obligación ineludible.

Éste es un buen momento para echar una mirada sobre el carácter de Hitler, ya que si bien hasta el invierno de 1941 Hitler no interfirió en el desarrollo de las operaciones militares, a partir de ahí sus decisiones y, en consecuencia, su personalidad, lo marcaron todo.

Si repasamos la carrera de Adolf Hitler desde su salida de la cárcel en Baviera podemos ver como cada paso que dio en su camino hacia el poder trajo consigo una aceleración en los acontecimientos. Eso se debía en parte a su carácter enormemente impaciente, pero sobre todo a lo que parece ser una dependencia psicológica del triunfo, casi una adicción.

Los primeros logros de Hitler, siendo moderados, tuvieron una gran trascendencia en Alemania. Tras años de desesperanza y marasmo los nuevos aires de la Alemania nazi fueron para el pueblo germano como un despertar, y el final de las penurias, la recuperación de Renania y la denuncia de Versalles levantaron el entusiasmo de la gente, que se volcaba ante cualquier aparición del Führer. Eso a su vez provocaba una retroalimentación en el carácter del canciller, ya que Hitler se crecía en ese entusiasmo, en cierto modo se nutría con él. Eso implicaba que tras un triunfo Hitler necesitaba otro, y otro, y otro… y, al igual que un toxicómano, necesitaba dosis cada vez mayores

El testimonio de Albert Speer a este respecto es de gran interés: describe a Hitler como una persona que absorbía la energía de los que le rodeaban, que literalmente bebía de su entusiasmo alimentando el suyo. Al parecer tanto él como otros de los miembros del círculo privado se notaban mental y anímicamente agotados tras cualquier reunión con el Führer, como si fuera un vampiro psíquico. Lo mismo puede verse reflejado en sus discursos, en los que exhibía todo su potencial como orador para que las masas literalmente ardieran. El entusiasmo de su público le sostenía, aunque de puertas adentro insistiera una y otra vez en la incomodidad de la fama y su deseo de vivir como una persona anónima sin más aclamaciones.

A eso se unía una creciente obsesión hipocondríaca ya que Hitler estaba convencido de que moriría pronto, que no cumpliría los sesenta años, y se obsesionó cada vez más con la idea de que tenía que completar su tarea antes de morir porque nadie tendría la talla necesaria para hacerlo en su lugar. El conjunto de esos factores le convirtió en una bomba de relojería.

Los primeros triunfos fueron económicos y sociales. A eso le siguieron los primeros triunfos en política exterior y, en 1937, la unión pangermánica, el Anchluss de Austria. La unificación llevó los ánimos del pueblo al delirio, y Hitler se sintió en la cumbre. Pero a ello siguió el anticlímax de Munich: el acuerdo con Francia e Inglaterra llevaron a Alemania a una asombrosa victoria sin derramamiento de sangre y para el pueblo alemán significó la señal ineludible de que Hitler era un ser supremo, pero esta vez Hitler no estaba eufórico: él había ansiado la conquista militar de Checoslovaquia y se sintió profundamente frustrado por lo sucedido.

Esa frustración fue a su vez la causa de su precipitación al forzar la situación primero con Praga y finalmente con Varsovia. Polonia y Alemania podrían haberse entendido muy bien en 1939, de hecho se entendieron muy bien en los dos años anteriores e incluso Polonia había proclamado leyes antijudías casi tan duras como las nazis. No hubiera sido disparatado pensar en una alianza germanopolaca frente a la amenaza soviética, pero Hitler presionó en el único punto en el que Polonia no podía ceder bajo ninguna circunstancia: Danzig y el Corredor; y lo hizo de modo que fuera imposible una solución negociada: Hitler quería la guerra o la sumisión incondicional. Sus palabras al respecto no dejan ninguna duda: esta vez actuaré tan rápido que ninguna vieja llorona podrá arrebatarme el triunfo (en alusión a Chamberlain, cuya voz atiplada le hacía hablar de forma irritántemente quejumbrosa)

Tras la destrucción de Polonia Hitler quiso lanzarse de inmediato sobre Occidente, pero sus generales consiguieron disuadirle de iniciar la ofensiva en invierno. Luego llegó el triunfo de Francia y un nuevo frenesí de victoria en Alemania que dejaba pequeño todo el entusiasmo de los años anteriores.

Pero ya hemos visto que la resistencia inglesa fue algo que Hitler jamás había esperado, y lo inesperado le resultaba mortificante, le exasperaba. Esa exasperación jugó por primera vez en su contra en el otoño de 1940 cuando, ante la provocación del ataque inglés sobre Berlín, arremetió como un toro obcecado contra Londres obligando a la LW a cambiar sus objetivos justo cuando la RAF estaba contra las cuerdas y la victoria aérea casi se rozaba.

Y llegamos al punto clave: la negociación con Molotov en Berlín en 1940 dio claramente a entender que la URSS, pese a estar dispuesta incluso a ir a la guerra junto a Alemania si EEUU se implicaba en el conflicto, no iba a ser un títere y estaba decidida a seguir su propia política. De nuevo Hitler veía cómo se le ponían obstáculos a Su Voluntad, y se decidió. Ya no necesitaba más excusas para lanzarse a la yugular de Stalin, aunque de cara a sus colaboradores las buscó.

Tras el éxtasis de junio de 1940 el Führer no iba a conformarse con gestionar la victoria o buscar salidas indirectas a la lucha con los ingleses (como la estrategia periférica de Raeder). Necesitaba algo mayor, mucho mayor, un triunfo que dejara pequeños a todos los conseguidos hasta entonces, algo que colmara de verdad sus ansias de gloria, que le saciara, y dirigió su mirada hacia el Este, donde por fin iba a levantar su imperio. Esa y no otra era Su Misión, y ya no iba a esperar más, no podía esperar más.

Barbarossa no se basaba en cálculos de necesidades políticas, económicas o militares: Hitler se lanzó hacia el Este porque era Su Destino y a esas alturas, como un drogadicto, era ya incapaz de detenerse.
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Notapor Japa el Sab 01 Dic 2007 22:21

AL OTRO LADO

Pese a la apariencia de completa sorpresa obtenida el 22 de junio, lo cierto es que los mandos del ER tenían bastante clara la realidad de la amenaza y habían hecho lo posible para prepararse dentro de las enormes limitaciones que tenía en ese momento la iniciativa, sobre todo porque Stalin temía que cualquier acción militar preventiva podía desencadenar el ataque. Sin embargo el ejército había sido cogido en mitad de una urgente reestrucutración. Tras la desastrosa actuación soviética en la Guerra de Invierno Stalin había confiado a Zukhov, uno de sus comandantes más capacitados, la tarea de reorganizar el ER. Zukhov había iniciado un proceso de traslado a fin de concentrar la fuerza soviética lejos de la frontera Occidental.

Al ocupar Polonia y los estados bálticos la URSS había hecho un mal negocio. El avance de las fronteras (eufemismo usado por Zukhov al referirse al reparto polaco) dejó inútiles las fortificaciones occidentales de la URSS, que ahora quedaban a cientos de km del frente. Se iniciaron los trabajos para construir sistemas defensivos en los nuevos límites, pero no era posible completarlas antes de 1942, aunque se desmantelaron grandes áreas de la vieja Línea Stalin a fin de aprovechar armas y equipo.

Había que reemplazar todo el equipamiento obsoleto del ER y la VVS y las factorías trabajaban a toda prisa para poner en servicio los nuevos modelos de carros y aviones. Las fuerzas desplegadas en el área del Dnieper tenían prioridad, así que las unidades en la frontera sólo dispondrían de equipos viejos, como los carros T-26.

También se notaba una tremenda falta de solidez entre la oficialidad debido a las consecuencias de las purgas en los años 30. Miles de oficiales jóvenes habían sido ascendidos para cubrir los huecos dejados por la criba en el escalafón del ER y estaban ocupando puestos por encima de su nivel de preparación. Además entre las tropas se había generado un efecto de desprecio hacia los mandos, que veían como su autoridad no era respetada, algo que se agravaba por la omnipotencia del comisariado político, que sobre el papel debía garantizar la firmeza marxista de los militares, pero en la práctica vigilaba su más mínimo paso en falso para enviarlos a prisión. La iniciativa personal casi se había evaporado y los oficiales tenían que conseguir autorización por escrito para actividades tan nimias como trasladar pertrechos u ordenar una modificación de una guardia. Eso iba a traer consigo que en las primeras semanas del conflicto la capacidad de reacción del ejército fuera casi igual a cero. Aún más, en demasiadas ocasiones los comisarios iban a revocar órdenes militarmente razonables a fin de hacer cumplir a rajatabla las consignas del Kremlin, e incluso algunos dirigirían personalmente las operaciones conduciendo unidades completas al desastre. El mando dual político-militar iba a ser un lastre mucho más pesado que el despliegue o la falta de equipamiento.

Sin embargo el principal problema a que se enfrentaban los generales soviéticos era doctrinal: desde las purgas militares el partido había tomado las riendas en lo que a la estrategia se refiere, y el resultado había sido una serie de bandazos a medida que una u otra teoría caía en desgracia. Sobre todo la situación afectaba a las fuerzas acorazadas. En tiempos de Tujachevski se esperaba que los carros avanzaran velozmente como puntas de ofensiva, penetrando profundamente en las líneas enemigas. De la experiencia de la Guerra Civil española se había sacado la conclusión de que después de todo los carros debían actuar como apoyo de la infantería y las fuerzas blindadas se habían dispersado, y los fulgurantes éxitos alemanes unidos a las tremendas derrotas de la primera fase de la Guerra de Invierno habían forzado la creación de grandes unidades acorazadas de emergencia. La continua improvisación implicaba que apenas había habido un adiestramiento mínimo a nivel de tropa o de mando y en realidad los jefes divisionarios no tenían demasiado claro qué hacer o cómo hacerlo.

Por otra parte la doctrina político-militar se apoyaba en la obsesión de Tujachevski por la ofensiva ante cualquier circunstancia, incluso en situaciones defensivas (defensa en avanzada), contra la bien probada estrategia rusa de ceder terreno sin desperdiciar la fuerza (defensa en profundidad). Eso implicaba que en junio de 1941 el sólo hecho de pedir planos de las áreas situadas por detrás del frente podía ser considerado un signo de traición y costarle la vida al oficial que lo hiciese. Las fuerzas que defendían la frontera occidental no podían ni siquiera ejercitarse en situaciones de repliegue y contraataque, ya que lo único que se les permitía planificar era un inmediato avance contra el territorio del enemigo. En esas condiciones lo único que podrían hacer los soldados soviéticos es morir luchando en la primera línea sin posibilidad de maniobra alguna.

(Dicho sea de paso, las pruebas que encontraron los alemanes de una inmediata ofensiva soviética que sólo se había evitado gracias a Barbarossa se sacaron de esa circunstancia, ya que las unidades de avanzada del ER sólo tenían planes operativos y documentación para actuar en territorio enemigo)

En cuanto a la VVS la situación no era mucho mejor, ya que en la idea de contar con inmediato apoyo aéreo para las operaciones en avanzada se habían construido centenares de aeródromos en primera línea sin un adecuado equipamiento de comunicaciones ni construcciones capaces de proteger los aviones en tierra, lo que garantizaba que en caso de un ataque la aviación del Frente sería barrida en tierra.

Finalmente el conjunto de la defensa soviética tenía una debilidad fundamental que iba a tener consecuencias catastróficas en el primer año de guerra: siendo una estructura enormemente centralizada, dependía para casi todo de una red de comunicaciones muy extensa, pero esa red no era radiofónica, (es decir, inalámbrica) sino telefónica, y la expansión del despliegue militar en el último año había traído consigo el empleo masivo de tendidos de campaña, enormemente vulnerables al fuego artillero y, sobre todo, a los ataques aéreos.

El ER, pues, no estaba dormido en junio de 1941, pero a nivel táctico y estratégico estaba en la peor situación imaginable, y las decisiones e indecisiones que siguieron a la invasión germana empeorarían aún más las cosas.
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Notapor Japa el Dom 02 Dic 2007 2:47

En la primera parte del tema olvidé referenciar los mapas que estoy utilizando. Los he descargado de Wikipedia y dado que su calidad es muy razonable voy a seguir empleándolos a la hora de ilustrar las operaciones. Salvo que diga lo contrario, todos los mapas que iremos viendo pertenecen, pues, a la Wiki, edición inglesa.

Imagen

COMIENZOS Y PRESAGIOS

El inicio de Barbarossa fue, a ojos del mundo, una sentencia de muerte para la URSS. Las tropas alemanas avanzaron sin dificultades por todos los frentes llevando a cabo magistrales envolvimientos y destruyeron todas las fuerzas lanzadas por el ER al contraataque. El 26 de junio la 8ª PzDiv (56º PzKorp, Grupo Norte) tomó los puentes sobre el Dvina el 26 de junio tras un avance asombroso de 360 km. El 5 de julio, apenas dos semanas tras el comienzo de la ofensiva. la punta acorazada de Guderian estaba ya cruzando el Dnieper, y tan sólo el Grupo Sur parecía ir retrasado con respecto a los otros. Smolensko caía el día 16 mientras el XLVII PzKorp al mando de Guderian se apartaba de la ciudad y continuaba hacia Orsha, más al norte, completando un cerco gigantesco. Todo parecía indicar que la victoria iba a ser rapida y completa, pero las cosas no eran tan fáciles.

Aunque los alemanes no lo comprendieron en su momento, los primeros contratiempos reales surgieron en el Grupo Norte, ya que mientras que las fuerzas de Guderian y avanzaban como un torrente sin mirar a los lados, Manstein, que dirigía el 56º PzKorp obró con prudencia y procuró no arriesgarse tras la toma de los puentes del Dvina en vez de continuar hacia Leningrado confiando en que el otro componente del PzGr de Hoeppner, 51ª PzKorp al mando del general Reinhardt, le siguiera cubriendo los flancos. Esa ralentización a la postre dio a los soviéticos un respiro que, en última instancia, iba a salvar a la ciudad e impediría que el Grupo Norte cubriera sus objetivos. No obstante y en descargo de Manstein hay que decir que el 56º PzGr, tras su sonoro nombre, tan sólo contaba con la 8ª PzDiv apoyada por la 3ª división motorizada, y realmente la parada era la opción más razonable.

¿Cómo iban las cosas más al Sur? en realidad no iban mal. El gran redespliegue de las fuerzas del ER estaba ya en marcha, y el Heer no logró atrapar en la frontera al núcleo principal del ejército soviético, pero la tremenda rapidez del avance alemán desbordó incluso las previsiones de Zukhov y sus fuerzas de segundo escalón fueron igualmente alcanzadas y cercadas). Parecía que los vaticinios de una victoria rápida se estaban cumpliendo, porque las órdenes de Stalin de luchar por cada metro de tierra hizo que las tropas soviéticas no pudieran replegarse cediendo terreno e impedía que se pudieran organizar reservas para un contraataque adecuado. Además en los primeros momentos de la invasión los sistemas de comunicaciones del enemigo fueron destruidos y el caos reinaba entre las unidades defensoras, mientras que la ciega estupidez de los comisarios condenaba a muchos comisarios a sacrificar sus fuerzas en estériles contragolpes con tropas casi desarmadas. Todo parecía marchar sobre ruedas.

Pero estaban empezando a aparecer síntomas alarmantes.

El primero de ellos, y una muy desagradable sorpresa, fue descubrir que la infantería soviética no huía ante los panzer. Al contrario que las tropas inglesas o francesas, los soldados del ER eran, en palabras de los alemanes, panzersicher (seguros contra los carros). Además y tras el caos y el desconcierto de los primeros días los soldados soviéticos tampoco aceptaban la derrota como sus homólogos de Occidente. Las tropas embolsadas seguían luchando con una ferocidad inimaginable y eso ponía en grandes apuros a las divisiones panzer, porque la aceleración impuesta por sus líderes les había alejado enseguida de las fuerzas de infantería que debían asegurar los cercos, lo que les imponía tareas para las que no estaban bien preparados, sobre todo tras la reducción de sus fuerzas prácticamente a la mitad.

La resistencia de los soldados del ER fue una sorpresa incluso para los pilotos de la LW. En Francia, cuando las sirenas de los stukas anunciaban el bombardeo los enemigos se dispersaban aterrados. En el Este las tropas se ponían a disparar hacia arriba con todo lo que tuvieran a su alcance. Eso normalmente no servía de nada contra la aviación, pero los stuka bajaban mucho y se encontraban con una granizada de balas en su camino. Muchos pilotos regresaban a la base con el avión convertido en un colador, y algunos no regresaban.

Al respecto hay que mencionar que en sus memorias Manstein descalifica la feroz resistencia de los soldados del ER, considerando que era fruto de un absurdo fanatismo o del miedo al comisariado (leyéndole parece que cada soldado enemigo tenía un comisario apuntándole a la oreja) y carecía de utilidad militar alguna. Sin embargo él mismo se contradice al afirmar que esa resistencia les originaba desgaste y, sobre todo, retraso, obligando a prolongados y duros cercos. Curiosamente al tratar la campaña de Stalingrado la numantina resistencia del VI ejército es descrita como un hermoso ejemplo de heroísmo sin par en el que el sacrificio de los asediados permitiría a los alemanes ganar un tiempo precioso. Extraña paradoja.

En cualquier caso la velocidad de los avances había supuesto una gran ventaja a la hora de fragmentar y embolsar a las fuerzas del ER, pero las durísimas condiciones del terreno estaban pasando factura a los carros. No era lo mismo transitar por las cómodas carreteras de Francia que hacerlo por los duros caminos cubiertos de polvo de Ucrania y Bielorrusia. Aún peor, a partir de la segunda semana el suministro de combustible, provisiones, municiones… empezaba a convertirse en un problema para la ya sobrecargada intendencia.
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Notapor hoff el Dom 02 Dic 2007 21:37

¡Ay!, la enfermedad de la victoria... con victorias como las que tenían los alemanes en el casillero es muy dificil sustraerse a quedar infectados de ella. También le pasó a la Marina Imperial Japonesa... hasta Midway.

El asunto del equipamiento, de que no se pusiera a tope la producción armamentística alemana, creo yo que viene no solo de la desconfianza de los jerarcas nazis en su pueblo, más bien de la interpretación dogmática (es decir, no abierta a discusión alguna) de lo que pasó en la Gran Guerra. Los nazis creían que no habían perdido la guerra por la superioridad en cantidad y calidad del enemigo, creían que la habían perdido por la "puñalada por la espalda" que había podido darse por las privaciones que la guerra impuso en la población. Determinados a que esto no volviese a pasar, se hacía todo lo posible para que los alemanes viviesen como si no hubiese guerra (y saquear de paso al resto del continente ocupado), no fuera que los pobrecitos se debilitasen...

Japa escribió: Al respecto hay que mencionar que en sus memorias Manstein descalifica la feroz resistencia de los soldados del ER, considerando que era fruto de un absurdo fanatismo o del miedo al comisariado (leyéndole parece que cada soldado enemigo tenía un comisario apuntándole a la oreja) y carecía de utilidad militar alguna. Sin embargo él mismo se contradice al afirmar que esa resistencia les originaba desgaste y, sobre todo, retraso, obligando a prolongados y duros cercos. Curiosamente al tratar la campaña de Stalingrado la numantina resistencia del VI ejército es descrita como un hermoso ejemplo de heroísmo sin par en el que el sacrificio de los asediados permitiría a los alemanes ganar un tiempo precioso. Extraña paradoja


Que manera tan elegante de expresarlo:)... Esa es una de las razones por las que las memorias de los generales alemanes, tomadas durante muchos años como biblias sobre la guerra en Rusia han de ser cogidas con pinzas, y de las largas.
El miedo es natural en el prudente
Y el saberlo vencer es ser valiente


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Notapor Japa el Dom 02 Dic 2007 21:45

Manstein desde luego no es santo de mi devoción, no sólo por sus "amnesias" (cuando lo lees parece que la Wermatch fue a la URSS en misión humanitaria :shock ) sino por su estilo, que te hace la lectura de sus memorias realmente soporífera. :dpp: :dpp:
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Notapor Urogallo el Dom 02 Dic 2007 21:58

El estilo doctoral prusiano del XIX que copia...la verdad que no es una lectura amena.
"Adoro Alemania. Por eso me gusta que haya dos" Charles de Gaulle.

1303.Ganador 3 veces (1)1351. Ganador 1 vez (1)1505.Haber enviado 15 artículo (1)1560.Haber superado 12.000 pos (1)3052.Ayuda const. desarrollo d (1)3054.Mas de 30 post meses  Jul (1)
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Notapor Japa el Lun 03 Dic 2007 23:14

SORPRESAS DESAGRADABLES

El blindaje y armamento de los carros alemanes se estaba mostrando realmente insuficiente en los primeros combates en la URSS. Los soldados del ER manejaban sus cañones CC de 45 mm con una gran eficacia, y también disponían de gran cantidad de CC de 76,2 mm M1936 que eran una pesadilla para los carristas alemanes ya que ni los Pz IV eran una protección adecuada frente a ese arma (de hecho, fue un botín muy apreciado por los alemanes y lo usaron profusamente más adelante, como veremos). Los carros ligeros se llevaban la peor parte de la lucha, porque ante una infantería decidida (y los soldados del ER, como hemos visto, lo eran), los Pz I y II estaban inermes y los viejos carros soviéticos BT y T-26 eran enemigo sobrado para hacerlos añicos. Los Pz 35 y 38 tampoco resistían los impactos de los cañones soviéticos: aunque los proyectiles no penetraran la chapa del carro saltaba en pedazos hacia adentro, cubriendo de metralla a la tripulaicón.

Pero las cosas no les iban mejor a los carros medios, y no sólo por la artillería o los fusileros. Los Pz III y IV iban a conocer por fin a sus némesis.

En el frente Norte, casi al comienzo de la campaña, el IV PzGr se enfrentó a un feroz contraataque por parte del III y XII Cuerpos Mecanizados del Frente Noroeste. Los soviéticos llevaban con ellos una veintena de carros pesados de un modelo desconocido para los alemanes. Casi un centenar de carros de la 6ª PzDiv se lanzaron al contragolpe para encontrarse conque sus cañones, incluso los 75 mm de los Pz IV, eran inofensivos juguetes contra los poderosos carros soviéticos. Un Pz III atrapado en tierra pantanosa fue literalmente aplastado al pasarle por encima los carros enemigos que pese a su tamaño se movían con una sorprendente seguridad por el campo de batalla. La artillería divisionaria empezó a prestar apoyo y un 150 mm acertó a bocajarro a uno de los atacantes: cuando empezaban a felicitarse por el impacto vieron como el carro volvía a moverse y enfilaba hacia ellos para finalmente reducir el cañón a un montón de tubos reducidos aplastándolo con sus orugas. Finalmente el ataque fue frenado por la LW mientras los panzer, por primera vez en su historia, huían para salvarse dejando atrás una veintena de carros Pz III y Pz 35 destruidos junto con otros tantos cañones CC, varias piezas de artillería pesada, vehículos y un montón de cadáveres. El KV-1 acababa de presentarle sus respetos al Heer.

Las tropas de Hoth se enfrentaron el 24 de junio a otro asalto encabezado por el VI Cuerpo Mecanizado con casi doscientos carros KV1 y otra desagradable sorpresa, los T-34, veloces e invulnerables, la obra maestra del ingeniero Mikhail Koshkin. Sólo la habilidad táctica de los alemanes y la inmediata intervención de la LW evitaron que se repitieran las escenas de pánico del Norte, pero las tropas de infantería se quedaron aterradas ante lo sucedido. Ni siquiera a quemarropa habían podido hacer mella en los carros del ER.

Dos días después eran los panzer de Kleist los que recibían la bienvenida por parte de los carros soviéticos. El 26 de junio la 11ª PzDiv se encontró en medio de un feroz ataque por parte del VIII y IX Cuerpos Mecanizados, surgidos de repente ante ellos tras un fenomenal avance táctico en el que algunas unidades llegaron a desplazarse 200 km. De nuevo la falta de pericia de los soviéticos evitó un desastre, pero los mandos del Grupo Sur tomaron buena nota de que el enemigo había estado a punto de lograr una ruptura catastrófica.

Decir que los nuevos carros soviéticos sorprendieron a los alemanes es decir nada. Las tropas de infantería empezaron a sentir verdadero pánico ante la aparición de las inconfundibles siluetas de los T-34 y pronto bautizaron a sus cañones del 37 con el despectivo mote de aldabas, ya que sólo servían para llamar a la puerta de los carros del ER. La única manera de enfrentar a los nuevos enemigos era dejarlos pasar y atacar sus flancos y su trasera, y para luchar con ellos a larga distancia sólo podía usarse el todopoderoso 88 mm.

Los carros Pz III y IV, gracias a la mayor destreza y adiestramiento de las tripulaciones germanas respecto a las soviéticos (en 1941 la diferencia era abismal) podían maniobrar y situarse bien para enfrentarlos, pero los Pz I, II , 35 y 38 eran inútiles. Su tiempo había pasado. El otro vehículo acorazado del Heer, el StuG, estaba paradójicamente mejor preparado para enfrentarse a los T-34 y KV ya que su baja silueta y su mayor blindaje frontal le permitían combatir a distancias a las que los Pz III y IV ya habrían sido convertidos en chatarra. Pronto los artilleros de asalto empezaron a ganar una gran reputación entre los sufridos infantes, que veían en ellos la única protección fiable contra los monstruos de acero que empezaban a poblar sus pesadillas.

El propio Guderian hizo un comentario muy claro al conocer las armas de los carristas soviéticos: Esto es muy preocupante. Pero pronto iba a tener preocupaciones más graves.

Y sin embargo la campaña se desarrollaba bien. Los ataques acorazados soviéticos eran rechazados y el avance continuaba imparable. Las tropas de Guderian estaban a punto de alcanzar Yelnia, al este de Smolensko.
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Notapor Japa el Mar 04 Dic 2007 14:34

PAUSA OPERACIONAL

Continuaremos siguiendo la suerte del II PzG al mando de Guderian, ya que en sus operaciones se evidenciarían todas las virtudes tácticas de las PzDiv, y todos los problemas y desaciertos que iban a llevar al Heer al borde del abismo apenas unos meses más tarde.

Como ya hemos dicho, Guderian siguió hacia el Este tras el asalto a Smolensko para enlazar con las fuerzas de Hoth y completar el cerco de las fuerzas enemigas en la zona, pero de repente se manifestó de forma abierta el carácter de prima donna del impetuoso general. En vez de cerrar el cepo y así atrapar a los restos de casi tres ejércitos del ER, en lugar de mantener la cooperación con el PzKorp de Hoth, Guderian decidió lanzarse hacia Yelnia, a fin de establecer ahí la base de partida para el asalto final a Moscú. La ciudad cayó el día 19. Cuando su jefe directo, Bock, le ordenó retroceder para completar el cerco el día 20 de julio, Guderian respondió que era de mucha mayor trascendencia completar la operación que había emprendido y se negó a abandonar su avance. Lo asombroso no es que un mando tan agresivo como Guderian desobedeciera abiertamente las órdenes de sus superior, sino que se le permitiera hacerlo sin más. Eso lleva a pensar que el jefe del OKH, Halder, estaba apoyando a Guderian en contra de sus inmediatos superiores, Kluge y Bock, seguramente porque así favorecía la decisión de un avance masivo contra Moscú.

Las fuerzas del ER en los bosques alrededor de la zona se lanzaron al contraataque y las tropas de Guderian de pronto se vieron bloqueadas. El rápido avance del PzKorp había llevado a la 10ª más allá de lo que el sistema logístico permitía y ahora se encontraba atorada en un saliente del frente, atacada por los flancos y sin combustible ni municiones. El desgaste mecánico había sido tan alto que a los tres días del inicio de la lucha por sostenerse en Yelnia a la 10ª sólo le quedaban nueve carros operativos.

Aún más, el retraso en cerrar el cerco en torno a las fuerzas de Smolensko permitió que más de 100000 soldados y oficiales del ER se abrieran camino y se reunieran con las fuerzas soviéticas al Este.

Guderian había previsto iniciar la esperada pausa operacional el día 20 de julio, tras la toma de Yelnia, pero el cambio repentino de la situación se lo impidió. Ahora reclamaba que las fuerzas de infantería corrieran todo lo posible para relevar a la agotada 10ª panzer, y exigía refuerzos y avituallamiento urgente. Finalmente el día 23 la Infantería del XIII CE empezaron a relevar a las tropas de la 10ª división motorizada, y las 10ª y 18ª PzDiv. Los soldados a pie acudían al rescate de los panzer.

Si Guderian se sentía humillado por una situación de la que era el exclusivo responsable, Von Kluge estaba furioso y empezaba a preguntarse que sentido tenía su puesto si no lograba que sus subordinados Bock y Guderian actuaran como tales. Incluso Halder empezó a preocuparse por el tema de los flancos y probablemente también por la soberbia independencia de Guderian, que a su vez había sido consentida desde el OKH. Y por encima de ellos Hitler empezaba a preguntarse qué tipo de guerra estaba haciendo el Heer. Y tenía motivos: él había dado unas órdenes muy claras, el OKH había hecho todo lo posible por desobedecerlas y las PzDiv estaban librando su propia guerra sin hacer caso ni a unos ni a otros.

A fin de tener contento a su divo, el OKH cedió a Guderian el mando de dos cuerpos de infantería como apoyo del PzKorp, y por su parte Hitler le condecoró el día 29 de julio con las Hojas de Roble. Ahora el ego del general panzer estaba literalmente en la estratosfera y se opuso con energía a cualquier planteamiento estratégico tras la pausa operacional que no incluyera la toma de Moscú por el II PzGr.

Mientras todo esto sucedía en las alturas la 10ª PzDiv apoyada por la SS Das Reich seguía luchando en Yelnia. Luego la PzDiv sería retirada dejando solo a la Das Reich, pero un nuevo asalto soviético el 26 forzó el regreso de los agotados panzer. Por esas mismas fechas se cerraba, con casi dos semanas de retraso, la bolsa de Smolensko, despejando en parte el panorama de la zona tras la caída de más de 300000 prisioneros.

El desgaste continuó en Yelnia, ahora reforzada por unidades del IX CE. El 14 de agosto incluso Guderian empezó a pensar si sería conveniente retirarse del saliente. el 27 de agosto Kluge visitó las posiciones y se quedó helado ante el matadero en el que habían metido a sus tropas. Finalmente a primeros de septiembre se inició la retirada terminando así una batalla estratégicamente inútil en la que la 10ª PzDiv había sido usada contraviniendo todas las ideas desarrolladas por Guderian sobre el uso de las unidades acorazadas, y había sido él mismo el que había llevado a sus hombres a esa situación.

Ahora, tras eliminar a las fuerzas soviéticas en torno a Krichev, al suroeste de Yelnia, los panzer repusieron fuerzas. Entretanto se desataba la tormenta entre el OKW y el OKH sobre la continuación de la campaña. Resistiéndose a todas las presiones de Halder, Hitler ordenó que el Grupo de Ejércitos Centro se preparara para apoyar al grupo Sur que, gracias a las maniobras de engaño (porque no puede llamarse de otra manera) de Halder en la preparación de la campaña, estaba haciendo frente al núcleo principal de las fuerzas del ER sin contar con las fuerzas suficientes. Se estaba aparejando el cerco de Kiev y con el vendría la mayor victoria de las PzDiv
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Notapor Muelhoff el Mar 04 Dic 2007 17:15

Y no parás Japa, sería casi un BestSellers!...
...Aprender es lo correcto, aunque sea del enemigo.
Ovidio


...La diferencia entre un buen oficial y uno excelente es de unos diez segundos.
Almirante Arleigh Burke EE.UU.

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Notapor Japa el Mar 04 Dic 2007 19:01

Hombre, no vamos a dejarlo ahora que está tan emocionante ¿verdad?. De todas formas estoy avanzando rápido porque estas partes ya están escritas y lo único que tengo que hacer es editar y organizar. En el frente de avance (hoy he redactado el texto del combate de Carentán) la cosa va más lenta
Perdonen que no me levante

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Notapor Urogallo el Mar 04 Dic 2007 19:02

Carentán, Carentán...El final del combate panzer fluido en occidente.
"Adoro Alemania. Por eso me gusta que haya dos" Charles de Gaulle.

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Notapor MiguelFiz el Mar 04 Dic 2007 19:28

Japa escribió: pero esta vez Hitler no estaba eufórico: él había ansiado la conquista militar de Checoslovaquia y se sintió profundamente frustrado por lo sucedido.

Esa frustración fue a su vez la causa de su precipitación al forzar la situación primero con Praga y finalmente con Varsovia. Polonia y Alemania podrían haberse entendido muy bien en 1939, de hecho se entendieron muy bien en los dos años anteriores e incluso Polonia había proclamado leyes antijudías casi tan duras como las nazis. No hubiera sido disparatado pensar en una alianza germanopolaca frente a la amenaza soviética, pero Hitler presionó en el único punto en el que Polonia no podía ceder bajo ninguna circunstancia: Danzig y el Corredor; y lo hizo de modo que fuera imposible una solución negociada: Hitler quería la guerra o la sumisión incondicional. Sus palabras al respecto no dejan ninguna duda: esta vez actuaré tan rápido que ninguna vieja llorona podrá arrebatarme el triunfo (en alusión a Chamberlain, cuya voz atiplada le hacía hablar de forma irritántemente quejumbrosa)


Una cosa, seria interesante ver si la frustracion era la principal causa (o una de las principales) para el accionar del cabo en Polonia, quiza hubiera mas...
Actualmente leyendo...

    "The China Mirage: The Hidden History of American Disaster in Asia" De James Bradley
    "KL: A History of the Nazi Concentration Camps" de Nikolaus Wachsmann
    "The Battle of Kursk: Controversial and Neglected Aspects" de Valery Zamulin
    "Double Cross" de Ben Macintyre
    "John F. Kennedy and PT-109" de Richard Tregaskis
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Richard Nixon, presidente aficionado y humorista profesional.
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Notapor Japa el Mar 04 Dic 2007 19:52

Yo lo veo como una combinación de elementos de su personalidad: la urgencia de completar su obra que le llevó a acelerar cada vez más los pasos, la hipocondría, que le hacían temer que muriera sin terminar el trabajo y su frustración al no conseguir una victoria aplastante en 1938.

Hay otro factor que es su desconocimiento de la política más allá de Alemania.

Hitler no le dio ninguna importancia al ultimatum inglés (la garantía a Polonia) porque suponía que pasaría exactamente lo mismo que el año anterior, pero en Munich los ingleses necesitaban desesperadamente ganar tiempo porque su programa de rearme no estaría listo hasta la segunda mitad de 1939, y por otra parte y tras el pisoteo por parte de Hitler de las condiciones de Munich ya nadie iba a buscar una salida diplomática porque nadie iba a confiar en él.

Ese es otro absurdo elemento del caracter de Hitler: entre 1939 y 1940 Hitler violó todos los compromisos y garantías que había suscrito con Gran Bretaña, Francia, Dinamarca, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Y sin embargo no entendía porqué nadie quería negociar con él.

(Hay una anécdota famosa al respecto: en el cumpleaños de Ribbentropp se le regaló al ministro una caja de madera lacada conteniendo los originales de los tratados firmados por él. Un ayudante del ministerio dijo "Hemos tenido que buscar mucho para llenar la caja: quedan muy pocos acuerdos que no hayamos violado")

El resultado es que no sólo Hitler inició la guerra en un momento muy inadecuado para la Wermatch sino que además lo hizo en el mejor momento posible para Gran Bretaña. Y todo por su incapacidad para esperar un par de años.
Perdonen que no me levante

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Notapor APV el Mar 04 Dic 2007 20:07

Y todo por su incapacidad para esperar un par de años.

Quizás también la necesidad que tenía Alemania de más recursos y fondos para sostener su economía: la anexión de Austria había sido un alivio, la de los sudetes había ayudado a sostener el sistema, pero se hacía necesaria la del resto de la República Checoslovaca.
Una vez realizado esto y enviado a la basura el acuerdo de Munich ya no se fiaban en Inglaterra y Francia, y Alemania seguía necesitando más y más.
Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y; en cien batallas, no estarás jamás en peligro Sun Tzu.

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Notapor Japa el Mar 04 Dic 2007 20:45

Sin embargo Hitler ahora podía limitarse a mantener el ritmo del rearme aprovechando los recursos recién adquiridos durante tres años más, que era lo que necesitaba la Wermattch para estar preparada. Sin embargo ni Francia ni Gran Bretaña podían prolongar el esfuerzo más allá del 39 porque no podían justificarlo sin una amenaza inminente ya que sus presupuestos estaban al borde del colapso, y fue precisamente eso lo que Hitler les sirvió en bandeja.

Pero sigamos adelante con la historia. Vamos a volvernos hacia el Sur, hacia…

KIEV

En el Sur las cosas se habían ido calentando bastante desde que 10 de julio el general Budyonny, uno de los favoritos de Stalin, había tomado el mando de los Frentes Sudoccidental y Sudoriental, para seguidamente lanzar varios furiosos contraataques contra el I PzGr de Kleist. Creyendo erróneamente que los panzer de Kleist forzarían el paso del Dnieper cerca de Cherkassy Budyonny lanzó al asalto dos ejércitos, el 6º y el 12º. El resultado fue un nuevo cerco en torno a las tropas soviéticas en Uman que se saldó con 100000 prisioneros.

Sin embargo las fuerzas de Budyonny todavía sumaban cerca de 140000 hombres y Hitler consideró que era necesario eliminarlas antes de plantearse ninguna otra operación. De ahí que se decidiera girar el avance del Grupo Centro, ya que claramente las fuerzas del Grupo Sur no bastaban para la tarea. Ese giro hacia el Sur es una de las decisiones más polémicas de la guerra, no menos que la de Dunkerke, y se ha analizado muchas veces. Se ha acusado a Hitler de preocuparse por el dominio de Ucrania por motivos económicos y anteponer esas cuestiones a los resultados militares, pero si vemos la situación del despliegue del ER en agosto podemos comprobar que la decisión de Hitler se apoyaba en causas estrictamente militares y no económicas.

El objetivo de la campaña, que había quedado marcado en las directrices de Barbarroja, era la aniquilación de las fuerzas militares soviéticas, y el mayor núcleo de tropas del ER estaba en torno a Kiev. Avanzar hacia Moscú con esa fuerza enemiga al Sur del avance era una invitación a un contragolpe que cortara la retaguardia del Grupo Centro, ya que la dureza de los combates en torno a Uman demostraba con claridad que el ER no estaba, ni mucho menos, derrotado. Por supuesto pueden plantearse muchas cuestiones sobre si las fuerzas de Budyonny hubiera podido llevar a cabo un asalto de esa categoría, y si en ese caso el Grupo Sur no hubiera podido contener la amenaza contra el Grupo Centro, pero lo que no es discutible es que la elección, equivocada o no, se hizo de forma racional y atendiendo a la realidad de la situación militar.

La batalla en torno a Kiev fue precedida por una fuerte crisis de mando. Como ya hemos apuntado, Halder confiaba en lograr la prioridad para un avance sobre Moscú a primeros de septiembre, Guderian confiaba en dirigir a su 2ª PzGr como punta de lanza de ese asalto y Von Kluge y Bock ya habían desistido de intentar lograr que sus subordinados les hicieran caso.

En ese momento, y alarmado por la dura resistencia soviética en Yelnia y los combates en Uman, Hitler consideró que había llegado el momento de eliminar a las fuerzas soviéticas en Ucrania. El OKH estaba informado de la situación, y en algún momento a finales de agosto Halder logró alcanzar un acuerdo al respecto con Jold, del OKW, en torno a dirigir una doble operación, de forma que una parte de las unidades del II PzGr iniciara el asalto sobre Moscú mientras otra parte (en concreto el XLVI PzKorp) se dirigía hacia el Sur para cooperar en el envolvimiento de las fuerzas enemigas (cooperación que, recordemos, se había evidenciado como imprescindible en los juegos de guerra previos a Barbarossa pero que Halder había estado intentando evitar). De este modo, dividiendo el 2ª PzGr, todos quedaban contentos. Con esa idea en mente Halder mandó el 23 de agosto a Guderian a entrevistarse con Hitler en la convicción de que ahora todo saldría a pedir de boca. Pero no había tenido en cuenta la suspicacia y el ego de su general estrella.

Al parecer Halder en ningún momento pensó que la reacción de Guderian al anunciársele la separación de su PzGr en dos mandos independientes podría ser negativa (lo que demuestra que no conocía a Guderian para nada), pero ése fue el caso. Guderian prefería ser relevado antes que consentir que una sola de sus PzDiv fuera puesta bajo un mando ajeno, a lo que Hitler (que al parecer sí conocía el carácter de Guderian) respondió ofreciéndole la posibilidad de llevar a cabo la operación de envolvimiento con todo su PzGr, sin separarlo. Guderian aceptó.

Guderian explica en sus memorias que el general Halder se disgustó. Es una forma muy diplomática de pasar sobre el tema, porque al parecer Halder estuvo a punto de sufrir una apoplejía al saber que su astuta y estudiada jugada se había ido al garete. Pero ya no podía hacer nada. Había acostumbrado a los generales panzer a puentear a sus superiores, y ahora Guderian le había puenteado a él dejándolo en la cuneta. El caos que había introducido en la línea de mando del Heer se había vuelto finalmente en su contra.

El ataque del II PzGr de Guderian iba a verse facilitado por Stalin, que desoyó todos los avisos de Zukhov sobre el peligro de un avance alemán hacia el Sur y le reemplazó en el EM por Shaposhnikov. Los soviéticos se prepararon para enfrentarse a un asalto sobre Moscú, en el que las fuerzas de Eremenko (Frente del Sudoeste) deberían cortar los flancos de Guderian cuando éste avanzara hacia Moscú, justo lo que los alemanes no iban a hacer.

El 26 de agosto el II PzGr, tras girar hacia Ucrania, atravesó el río Desna cogiendo al enemigo por el flanco. El día 28 de agosto el XLVII PzKorp rompió las líneas del XIII Ejército del Frente Sudoeste forzando su repliegue y rechazando sin demasiados problemas los contraataques que se sucedieron hasta el 12 de septiembre. Todavía Stalin pensaba que el movimiento de los panzer era un intento de flanquear Moscú por el Sur y desoyó el consejo de Zukhov de ceder Kiev y sacar de la zona a todas las tropas posibles.

El 12 de septiembre las divisiones del I PzGr de Kleist iniciaron sus movimientos al sur de Kiev barriendo a las fuerzas del XXXVIII Ejército soviético, muy debilitadas ya que toda la fuerza disponible había sido rebañada para mandarla a frenar a Guderian. El cepo estaba cerrándose y los panzer habían logrado una completa sorpresa sobre el ER. Al norte el V Ejército trató de replegarse hacia el Sur a través del Desna pero los avances de Guderian ya les habían cortado el paso. Los dos grupos panzer enlazaron finalmente al sureste de Kiev. Ahora la lentitud de reacción del mando soviético iba a impedir que las tropas lograran salir de la trampa. En una cabalgada que apenas había durado dos semanas las PzDiv habían atrapado a una fuerza más del doble de grande que todo el CE británico: cerca de 700000 hombres. El 18 finalmente Eremenko y Kirponos recibieron autorización para romper el cerco. Tarde.

El 26 de septiembre, el frente Sudoeste había dejado de existir. Cayeron prisioneros cerca de 700000 hombres.

Kleist y Guderian habían logrado la mayor victoria táctica de todos los tiempos.


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Notapor Japa el Mar 04 Dic 2007 22:00

TIFÓN

La victoria de Kiev llevó la moral de las PzDiv al punto más alto que podrían alcanzar jamás. La magnitud de la derrota del ER era inimaginable. Ahora se habrían nuevas opciones ante el mando alemán, como asegurar el dominio de Ucrania concentrando las fuerza necesaria para la toma de Crimea y el resto de la costa del Mar negro, preparando posiciones de cara hacia un avance hacia el Cáucaso en la primavera, asegurando los territorios conquistados y preparando posiciones para acuartelarse de cara al invierno…

Nada de eso habría de suceder.

Hasta el final de la batalla de Kiev la habilidad táctica de los generales panzer y la destreza de sus hombres habían mantenido a los soviéticos continuamente contra las cuerdas y habían logrado adelantarse a casi todos los movimientos del enemigo. Sin embargo ahora todos los errores acumulados iban a pasar factura al Heer.

En septiembre del 41 la PanzerWaffe se sentía todopoderosa y ninguna tarea les parecía imposible. Guderian había logrado mantener su unidad de mando gracias al Führer, y ahora consideraba que había llegado el momento para que el II PzGr iniciara el avance sobre Moscú. Iba a iniciarse la operación Tifón. A su vez los panzer del Grupo de Ejércitos Sur, reforzados y ahora reconvertidos a I Ejército Panzer, debían avanzar para completar el cerco de la capital soviética en la operación Wotan

La realidad es que ya no había nada parecido a una planificación racional en el Frente Oriental. Guderian, Jold, Halder… todos estaban convencidos de que sólo faltaba dar el empujón final y entre todos convencieron a Hitler de hacerlo. Tifón no fue, como ha dicho tantas veces la mitología de la WWII, una decisión de Hitler: Hitler fue convencido por sus generales de que la conquista de Moscú era perfectamente viable. El mismo día 30 de agosto el OKW dio los primeros pasos de cara a preparar la ofensiva del Grupo de Ejércitos Centro. Por fin el OKH y el OKW estaban de acuerdo, y a ninguno se le pasó por la cabeza ni por un instante la idea de que ya era tarde. Eso sí, en sus memorias los generales alemanes implicados, empezando por Guderian, se cuidarían mucho de comentar su entusiasmo: las derrotas siempre son huérfanas.

Incluso desde el comienzo de la planificación ya hubo malos indicios. A comienzos del asalto contra Kiev Bock ordenó a Guderian que no avanzara más hacia el Sur, dejando que Kleist hiciera el mayor recorrido del cerco, de cara a mantener al II PzGr bien posicionado para la ofensiva. Guderian, considerándose apoyado por Hitler, se negó en redondo y continuó su avance. Hasta ese punto había llegado la soberbia del general panzer. Directamente estaba insubordinándose ante sus superiores.

Entretanto el saliente de Yelnia había sido por fin evacuado, lo que borraba de un plumazo el punto de partida que Guderian había previsto para su asalto a Moscú. No importó. Nada importaba ya. El día 6 Hitler firmó la directiva de Tifón, para felicidad de Halder, que ya se veía entrando triunfante en Moscú.

El 30 de septiembre Guderian, tras haber llevado a sus agotadas unidades a la línea de partida (200 km desde el sur de Kiev hasta los puntos de concentración) inició el asalto. Dos días después le siguió el resto del Grupo de ejércitos centro, incluyendo el III y IV PzGr bajo el mando de Hoth y Hoepner, respectivamente. La élite de la PanzerWaffe se lanzaba de nuevo a la batalla. Los alemanes todavía contaban con más de 500 carros de combate operativos pero su resistencia mecánica ya había sido llevada al límite. También las fuerzas de infantería asignadas a Guderian estaban agotadas, sobre todo tras la sangrienta lucha por Yelnia. Pese a todo el comienzo del asalto fue auspicioso. La colaboración de la Luftwaffe fue tan buena como era posible esperar, las puntas acorazadas avanzaron a una velocidad enorme y pronto fueron embolsadas grandes agrupaciones soviéticas en Vyazma y Bryansk ¡Mas de 600000 hombres, una cifra sólo superada en la bolsa de Kiev!

Sin embargo las tropas de infantería ya no eran capaces de mantener ni de lejos el ritmo del avance y este pronto se ralentizó: Guderian tuvo que detenerse el 10 de octubre. Una vez eliminados lo mejor posible los embolsamientos trataron de continuar adelante, pero las lluvias habían dejado impracticables los caminos. La resistencia no sólo se estaba volviendo feroz, sino que la retaguardia germana se había convertido en un hervidero de partisanos y el suministro a las fuerzas en avanzada se estaba haciendo imposible.

EL avance de las fuerzas De Kleist más al Sur se embotó al llegar a la ciudad de Rostov, donde fue frenado y batido por las fuerzas del 37º Ejército sovietico. Ahora las fuerzas de Guderian iban a tener que llegar a Moscú sin apoyo.

Hasta comienzo de noviembre el frío no logró solidificar de nuevo las pistas y los alemanes se prepararon para el golpe definitivo que debían ejecutar los panzer de Von Bock y el 15 de noviembre volvieron a avanzar, pero ahora era un ejército agotado y mal abastecido. Las pocas carreteras practicables se convertían en cuellos de botella, la resistencia soviética se incrementaba a cada kilómetro y el frío iba dañando la salud de los soldados ya que con lineas de suministro demasiado limitadas era más urgente enviar combustible y municiones que ropa de abrigo.

El clima y el desgaste habían postrado definitivamente a la Luftwaffe tras los primeros envites y la VVS, por su parte, había vuelto a dominar los cielos. En sus memorias el mariscal Rokossovski comenta que por primera vez desde el comienzo de la invasión nazi los aviones soviéticos estaban imponiendo su ley sobre los asaltantes.

Además por fin STAVKA había logrado organizar una reserva en base a las divisiones siberianas que empezaban a llegar a Moscú. Sin embargo no iban a ser empleadas en la defensa de la ciudad porque Stalin estaba reservando estas tropas para lanzarlas a la batalla cuando los alemanes hubieran sido frenados definitivamente y tan sólo la 78ª división de Infantería fue enviada a cubrir la retirada del 16º Ejército.

Finalmente el 5 de diciembre Guderian fracasó en su último empujón en los alrededores de Tula. Las PzDiv habían llegado más lejos de lo que nunca llegarían y desde tan sólo 30 km de distancia podían ver las doradas cúpulas de Moscú. Pero ya sólo eran una sombra de las fuerzas que habían iniciado la batalla. Guderian, sin esperar a obtener el consentimiento del Führer, decidió iniciar el repliegue, ya que era imposible establecer posiciones defensivas donde estaban sus fuerzas, pero el tiempo se le había acabado. El mismo día 5 el ER pasó al contraataque y el 8 de diciembre ya había reconquistado el terreno ganado por los alemanes en las tres últimas semanas. Tifón había terminado y la pesadilla del invierno de 1941 acababa de comenzar.
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Notapor Japa el Jue 06 Dic 2007 0:35

ANALIZANDO LA DERROTA

¿Cómo se había llegado a esa situación? Apenas dos meses antes las PzDiv estaban en el cenit de su gloria, y ahora eran un lastimero resto incapaz de avanzar un metro más. Aparte de los ya mencionados temas del retraso impuesto por los Balcanes o el debilitamiento producido por la formación del Afrika Korps, que ya vimos en su momento, las explicaciones tradicionales se centran en tres apartados.

El mito principal, defendido incluso por Churchill, dice que los alemanes fueron sorprendidos para el invierno, pero lo cierto es que se habían hecho los preparativos pertinentes para la invernada (aunque el equipamiento alemán no era suficiente para las increíbles condiciones que iban a encontrar). Otra cosa diferente fue hacer llegar al frente ese equipamiento: el equipamiento como ropa y calzado ocupa un gran volumen de transporte en comparación con el avituallamiento y la munición; de no haberse producido el avance hacia Moscú hubiera sido factible disponer a tiempo del equipo de invierno, pero con las líneas alemanas estiradas al límite en noviembre y diciembre eso fue imposible ya que ante todo era necesario mantener en marcha los combates.

Otro de los tópicos más extendidos sobre Barbarossa dice que los panzer se habían encontrado con unos carros enemigos a los que no podían vencer y eso provocó su fracaso. Después de todo es cierto que los T-34 y KV-1 eran muy superiores a sus contrapartes germanas. Sin embargo eso es sólo aparente. La inferioridad técnica no impidió a los panzer alemanes ganar prácticamente todas las batallas en que se enfrentaron a unidades acorazadas soviéticas. La ventaja táctica y operacional unida al apoyo bien coordinado con la Luftwaffe permitió superar el bache. La principal ventaja operativa de los alemanes, que era la comunicación a nivel táctico, no fue igualada por los carristas soviéticos hasta finales del 43, principios del 44, y sólo gracias a la ayuda de EEUU en el apartado de los equipos de radio.

Y nos falta el chivo expiatorio del fracaso alemán, es decir Hitler, a quien se achacan todas las decisiones erróneas tomadas en la campaña. Pero hemos visto que esa acusación carece de fundamento y fueron los militares alemanes los que tomaron las decisiones y planificaron las operaciones que, a la postre, llevaron al desastre. Fue a partir de ese momento que Hitler empezó a inmiscuirse directamente en las operaciones militares, y precisamente lo hizo ante el caos que habían originado los mandos del Heer.

La realidad es que Barbarossa fracaso por que los generales alemanes partían de un concepto equivocado. Sus ataques acorazados podían resolver situaciones a nivel táctico, pero para que fueran eficaces hacía falta un objetivo estratégico y en la URSS no se planificó nada de ese estilo. Daba igual cuantas divisiones soviéticas embolsaran, porque siempre habría más listas para luchar. El ER se mantuvo en pie y combatiendo hasta el final, sin desfallecer en ningún momento y soportando pérdidas que hubieran puesto de rodillas a cualquier otro ejército del mundo, incluido el alemán.

El único objetivo estratégico que estaba al alcance de los alemanes era Moscú, ya que su toma hubiera roto por completo el sistema de comunicaciones soviético: Moscú era el núcleo de toda la red ferroviaria y el centro de decisión. Sin embargo asaltar Moscú sin asegurar los flancos era muy arriesgado, y asegurar esos flancos era lo bastante duro y costoso como para que la Wehrmacht no estuviera en condiciones de plantearse ambas cosas en la misma campaña, como hicieron. Al obcecarse en completar todas las operaciones en un plazo imposible, la Wermatch aseguró su derrota.

Si en octubre y tras ocupar Ucrania. Bielorrusia y toda la Costa Báltica el Heer hubiera consolidado sus posiciones podría haberse aprovisionado adecuadamente para el invierno y disponerse a rematar el trabajo al año siguiente, como había sido sugerido en la planificación inicial. Las líneas de abastecimiento, muy extensas, podrían haberse optimizado reconstruyendo la red ferroviaria y las tropas alemanas hubieran pasado el invierno en las mejores condiciones posibles mientras la industria alemana reponía sus pertrechos. Todavía podría haberse planificado alguna operación de limpieza hacia Moscú, como de hecho sucedió en las primeras fases de Tifón sin arriesgarse a un avance demasiado lejano. Eso no habría garantizado la victoria al año siguiente, puesto que los soviéticos también habrían hecho sus preparativos, pero en cualquier caso se hubiera podido empezar la campaña del 42 en inmejorables condiciones.

Sin embargo los generales alemanes no comprendieron a qué se enfrentaban. Estaban enfebrecidos por sus victorias y su rápido avance por las estepas de la Rusia europea no hicieron más que enardecerles más. Si eso es válido para el Heer en su conjunto, lo fue mucho más para el OKH y la PanzerWaffe. Al igual que Hitler después de Munich, Halder y sus subordinados no fueron capaces de frenar a tiempo.

Además toda la campaña estuvo repleta de malentendidos y engaños. A la hora de enfrentarse a su mayor enemigo, el alto mando alemán se perdió en un extraño juego de conspiraciones y maniobras, saboteando la cadena de mando para conseguir anteponer sus planes a los decretados por Hitler. Daba igual cuál de los dos planes hubiera sido más adecuado, el del OKW y el del OKH: lo que fue una locura fue dedicarse al mutuo entorpecimiento. En este caso la responsabilidad está distribuida homogéneamente entre Hitler y el OKH. Hitler estableció el OKW como un medio de debilitar la posición del OKH, haciendo que la cadena de mando del Heer tuviera un escalón superior redundante e inefectivo; pero el OKH fue culpable también por no hacer su trabajo adecuadamente e intentar hacer su propia guerra al margen del OKW.

Peor aún fue la situación creada por el OKH respecto a los ejércitos panzer, ya que torpedeó la autoridad de sus propios mandos sobre el terreno, lo que facilitó que a su vez los generales de los panzer pudieran pasar por encima de la autoridad del propio OKH, un paso que no le costó mucho dar a Guderian ya que en la anterior campaña de Francia había empezado a considera a Halder y su gente como una partida de burócratas de uniforme sin verdadero espíritu táctico. Hay que reconocer que Halder no era precisamente Moltke: el plan del OKH para Francia era una burda repetición de la maniobra de 1914 y el plan de avance hacia Moscú era en esencia seguir la ruta de Napoleón casi paso por paso.
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Notapor Japa el Jue 06 Dic 2007 0:57

Por supuesto la PanzerWaffe nunca debería haber roto la cadena de mando. En ese sentido la responsabilidad de Guderian fue enorme ya que no sólo desobedeció abiertamente a Kluge y saboteó los planes de Halder en septiembre sino que fue el principal impulsor del asalto tardío sobre Moscú: fueron decisiones que tomó personal y libremente, y sobre las que luego procuró echar un velo de silencio. Y no fueron sus únicos errores

Las divisiones panzer fueron usadas en Rusia contraviniendo toda la lógica en la que se había basado su desarrollo. La experiencia de Francia hizo pensar a Guderian que sus fuerzas se bastaban para ganar la campaña y empezó a tratar a las otras armas, sobre todo a la infantería, como a lacayos. Sin una adecuada coordinación con los ejércitos de infantería las puntas acorazadas del avance alemán expusieron una y otra vez sus flancos a los asaltos del ER y sólo la tremenda rapidez de su avance impidió que se produjera un desastre antes del invierno. Pero esa velocidad de avance tenía unos costes que los panzer simplemente no podían asumir.

Los carros Pz III y IV eran máquinas sofisticadas para la época, y el avance incesante y frenético por caminos inexistentes, combatiendo sin cesar, iba poco a poco mermando la fuerza de las divisiones. Recordemos además que antes de Barbarossa las plantillas acorazadas de las PzDiv fueron reducidas casi a la mitad, con lo que el esfuerzo exigido tanto a los carros como a las tripulaciones era mucho mayor que el exigido en 1940. Ahora no era posible tener a un PzReg combatiendo mientras otro actuaba de reserva o en apoyo, sino que todas las unidades estaban en primera línea continuamente.

Por otra parte al avanzar a semejante velocidad las PzDiv se alejaban demasiado de las unidades de Infantería que deberían apoyarles en las rupturas y los envolvimientos, con lo que las ya menguadas unidades acorazadas se veían en la obligación de contener las bolsas enemigas hasta la llegada de los refuerzos, una tarea para la que no estaban capacitadas y que exigía un desgaste extra.

La lucha fue mucho más enconada que en el Oeste. Las tropas soviéticas se lanzaban sobre los carros alemanes con todo aquello que tuvieran a su alcance y aunque no lograran frenarles el daño siempre estaba ahí e iba acumulándose. Aquí la descoordinación pesaba otra vez sobre los panzer, porque se suponía que la Infantería debería haberles protegido en esas situaciones, pero las InfDiv quedaban muchos kilómetros por detrás y estaban a su vez sufriendo un tremendo desgaste porque los panzer no estaban ahí para enfrentarse a los carros soviéticos: de hecho los T-34 hicieron mucho más daño a los soldados de infantería que a las unidades acorazadas.

La logística era un problema realmente grave. Si se pudo llevar a cabo el embolsamiento de Kiev fue sobre todo gracias a la pausa operacional que permitió acumular pertrechos, reparar carros y reponer en lo posible las bajas, pero Tifón fue una operación más allá de las capacidades de las líneas de abastecimiento y a medida que los carros de Guderian avanzaban hacia Moscú su fuerza se iba evaporando sin que nada se pudiera hacer para restaurarla. Finalmente las distancias eran demasiado grandes como para sostener a un ejército en marcha. Y eso era algo que se había avisado repetidamente desde antes de iniciarse Barbarossa, pero los generales panzer se habían acostumbrado a desentenderse de la logística, considerando que ese no era su problema, y no supieron reaccionar a tiempo.

Los problemas mecánicos, aceptables en Francia, no lo eran en la URSS porque una gran mayoría de las averías debían repararse en las factorías alemanas, luego una vez iniciado el avance un carro averiado era un carro perdido. Por supuesto se dieron instrucciones a los talleres divisionarios para procurar reparar todas las incidencias posibles sobre el terreno, pero a medida que se avanzaba eso iba siendo más problemático ya que el esfuerzo exigido a las máquinas implicaba que el panzer parcheado esa noche se averiaría de nuevo y más gravemente enseguida.

El remate fue la marcha de casi 200 km preliminar a Tifón, que fue la puntilla para muchos carros. La fuerza acorazada con la que se inició el asalto a Moscú simplemente se fue diluyendo como un terrón de azúcar en agua porque las máquinas estaban demasiado desgastadas como para soportar las terribles condiciones del último avance. El barro y la nieve hicieron el resto.

Resumiendo, los panzer no habían fallado, sus tripulaciones tampoco: habían fallado los mandos, que se habían olvidado de que en la guerra la distancia también es un enemigo y el enemigo no siempre actúa como uno espera. Errores de los que ya no se recuperarían del todo.
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Notapor Muelhoff el Jue 06 Dic 2007 2:11

Japa escribió:Resumiendo, los panzer no habían fallado, sus tripulaciones tampoco: habían fallado los mandos, que se habían olvidado de que en la guerra la distancia también es un enemigo y el enemigo no siempre actúa como uno espera. Errores de los que ya no se recuperarían del todo.


Seria algo a debatir porque si mencionas las largas diatancias que recorrian desgastaria anuque sea en lo anímico a un soldado, lo cansaria, haz manejado solo 30 minutos, dá dolor de cabeza por lo menos (hasta a los corredores de formula 1), ...no crees?
...Aprender es lo correcto, aunque sea del enemigo.
Ovidio


...La diferencia entre un buen oficial y uno excelente es de unos diez segundos.
Almirante Arleigh Burke EE.UU.

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Notapor Japa el Vie 07 Dic 2007 0:38

No sólo estaba el desgaste físico, sino el psicológico: en las estepas del Este el avance a través de un horizonte aparentemente ilimitado resultaba agotador para el ánimo de la tropa

PROBLEMAS Y SOLUCIONES



En lo que a los panzer propiamente dichos se refiere, técnicamente se había llegado a una crisis. Los carros que equipaban a las PzDiv no estaban preparados para enfrentarse a los nuevos carros soviéticos. Tampoco lo estaba el equipamiento antitanque de la infantería ni la artillería de campaña. Por supuesto la habilidad táctica había suplido una y otra vez la inferioridad técnica, pero no se podía confiar eternamente en que el enemigo fuera a actuar de forma defectuosa. Había que tomar medidas y había que hacerlo ya.

INDUSTRIA: CAMBIOS E INERCIAS

Antes de entrar en las campañas desarrolladas en 1942, en las que todavía el único equipamiento de la PanzerWaffe serían los carros de la primera generación, vamos a dar un breve repaso a la política industrial de la Alemania Nazi y sus repercusiones para las fuerzas acorazadas.

En este apartado hay dos etapas diferenciadas, antes y después de 1941.

Hasta 1941 el sistema era unidireccional: como vimos el Heer hacía una evaluación de sus necesidades y enviaba los requisitos a las empresas para que estas presentaran sus proyectos a concurso. En base al proyecto elegido se hacían los consiguientes pedidos. Las modificaciones necesarias se iban incorporando sobre la marcha a la producción.

Sobre el papel, nada que objetar, pero en la realidad este sistema era bastante improductivo. El Heer planificaba a corto plazo, y hacía pedidos de todo tipo sin tratar de sistematizar la producción o siquiera utilizar una mínima lógica. Así la Volkswagen recibía un pedido pequeño de vehículos todo terreno, seguido de un encargo de cocinas de campaña, a lo que podía seguir una contrata para camiones de un tipo específico… lo que impedía que las empresas pudieran planificar adecuadamente la producción. Además el Heer no intentaba organizar y racionalizar sus pedidos y así se daba el caso de solicitar un vehículo semioruga de transporte, otro para montar un antiaéreo, otro para remolque… lo que no sólo perjudicaba la puesta en producción de largas series sino que ponía graves trabas a la logística posterior. Mientras en EEUU la todopoderosa industria del automóvil (a priori la mejor preparada para cometer grandes series de forma rentable) se adaptaba para sacar un torrente de carros, camiones y aviones, en Alemania apenas se requirió su aportación.

Una de las causas radicaba en la curiosa desconfianza que sentían tanto el Heer como el partido Nazi por la producción en serie al estilo de la Ford. La exaltación de la valía individual de los nazis se unió a la obsesión del Heereswaffenamt por la perfección de sus máquinas, lo que convirtió la producción militar alemana en una curiosa mezcla de industria y artesanía. Además el requerimiento de continuas modificaciones en los diseños ralentizaba aún más la producción. En el caso de los panzer vimos como del Pz III se produjeron entre el comienzo de la guerra en 1939 y 1942 7 versiones diferentes, y del Pz IV otras 5. Además el desperdicio de materia prima era alto ya que no había medios racionales de aprovechamiento y reciclado. Para construir cien toneladas de panzer se gastaban casi doscientas toneladas de acero, y el sobrante no era adecuadamente aprovechado.

La pretensión de mantener altos los niveles de consumo alemanes y a la vez mantener una adecuada economía militar fue un cáncer para la producción de armas. No sólo se desviaban importantes cantidades de materias primas indispensables para el esfuerzo bélico sino que una gran cantidad de la mano de obra disponible se dedicaba a la producción civil sin repercutir en la guerra. La corrupción generada por la estructura de poder del Partido Nazi (el sistema de los Gauleitier) incrementaba aún más los obstáculos a la racionalización, ya que defendían a capa y espada los privilegios de las industrias locales, de modo que las manufacturas de lujo (cerámicas, gobelinos, tapices) quedaban protegidas y ni un sólo trabajador pasaba a la producción militar mientras los gerifaltes nazis pudieran evitarlo. En ello eran apoyados con entusiasmo por Martin Bormann, que desde su puesto de secretario del Führer procuraba boicotear todas las iniciativas de Speer y Goebbels al respecto.

Además otro problema al que se enfrentaba la logística germana era que la industria no prestaba demasiada atención a la fabicación de recambios, ya que se obtenía un mayor benficio de los productos completos. No olvidemos además que en 1940 la política era mandar los panzer a casa para arreglarlos en las propias factorías. Ese método aseguraba que el carro volvía al frente en perfecto estado, pero era antieconómico y sobre todo era lento. Esa tendencia no mejoró en toda la guerra. Por cada diez Tiger producidos se recibían tan sólo un par de motores y transmisiones de recambio, mientras que cada Sherman que cruzaba el Atlántico venía acompañado de un motor extra para reparaciones.

Por otra parte el amor al trabajo perfeccionista llevó a que no hubiera ninguna compatibilidad entre máquinas. La mecánica de los semiorugas SdKfz 250/1 era incompatible con la de los semiorugas de transporte o remolque, y los Pz III y IV, pese a su similitud externa, usaban suspensiones, motores, y transmisiones muy diferentes. Por contra los carros, semiorugas y camiones del US Army usaban una gran cantidad de sistemas mecánicos comunes.

La industria no era la única responsable de que el soldado alemán tuviera un equipamiento defectuoso o incompleto. El Heer no prestó demasiada atención a áreas como la adecuada motorización de sus fuerzas. Los camiones militares eran escasos y en general se prefirió equipar a las unidades con camiones requisados en toda Europa, tanto militares como civiles; en 1942 el Heer usaba más de un centenar de camiones diferentes de al menos seis nacionalidades. Y eso en las unidades que fueron adecuadamente motorizadas, porque no hemos de olvidar que el ejército alemán era en su mayoría hipomóvil.

Ahora bien, las cosas estaban moviéndose en lo que a la burocracia armamentística se refiere. Hitler había confiado a primeros del 40 a Frizt Todt el Ministerio de Armamento y Municiones. Aunque su papel era supervisar la producción, pronto empezó a influir en el sistema seguido hasta ese momento para el desarrollo y construcción de nuevos equipamientos. A primeros del 42 la muerte de Todt cambió más las cosas porque su sucesor, Speer, gozaba de la absoluta confianza de Hitler y pronto impuso nuevos métodos de trabajo que apartaron a los militares de la toma efectiva de decisiones, aunque con buena lógica el nuevo ministro trató de actuar de modo que la colaboración con el Heer fuera abierta y positiva.

Primero Todt y luego Speer decidieron que debía tenerse en cuenta no sólo la calidad del proyecto en sí sino la capacidad de las empresas para llevarlos a término, esto es, que tuvieran ventaja las empresas mejor posicionadas a priori (con las instalaciones y experiencia adecuados, independientemente de que el proyecto aprobado fuese o no suyo), lo que redundaba en una cierta pérdida de calidad del resultado final al no competir ya demasiadas opciones (de valorarse proyectos de cuatro o cinco empresas se pasó a dos o a veces a una sola) pero permitió a cambio una más rápida puesta en servicio de los equipamientos nuevos y un gran incremento de la producción. Además se procuró otorgar una mayor importancia a las decisiones industriales, de forma que las empresas tuvieran más beneficios si estaban dispuestas a asumir mayores responsabilidades (optimizando la producción, el empleo de personal cualificado, la gestión de recursos…).

Esa política fue similar a la seguida por el gobierno de EEUU a partir de diciembre del 41, aunque los resultados obtenidos en Alemania se vieron limitados drásticamente por la propia idiosincrasia del estado nazi, principalmente por su absurda compartimentación y solapamiento de poderes y corrupción. Y pese a ello la mejora en la producción militar fue asombrosa.

Por otra parte un resultado de la crisis invernal fue la sustitución (entre otros ceses que veremos más adelante) del mariscal Brauchitsch como jefe de del Heer por Hitler, incluyendo sus funciones de supervisión de los nuevos diseños, lo que abrió la puerta a la intervención directa del Führer en un área de la que hasta ese momento se había mantenido alejado. En 1942 eso no supuso demasiados cambios, pero a partir de ahí la influencia de Hitler se notó en todas las áreas, y muchas veces con resultados muy negativos, que supusieron nuevos obstáculos a la política industrial de Speer.
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Notapor Japa el Vie 07 Dic 2007 1:31

OBSTÁCULOS A LA REFORMA

Pese a la confianza extrema que depositó Hitler en su mimado arquitecto personal, lo cierto es que Speer nunca tuvo el necesario control sobre la economía y la administración, ya que Hitler sentía verdadero horror a la idea de concentrar y centralizar el poder en unas manos que no fueran las suyas. De hecho parece ser que la rápida decisión de poner a Speer al cargo de la producción bélica fue en parte para evitar que Goering aprovechara el vacío para hacerse con ella. La LW siguió su propio camino hasta 1944, las SS mantuvieron un imperio económico ajeno a Speer y Bormann, como ya hemos dicho, procuró imponer el poder del Partido contra el Superministro. El único apoyo administrativo con el que parece haber contado Speer fue el de Goebbels.

El resultado fue que en 1942, precisamente el que sería el año decisivo para Alemania, la industria se encontró en un periodo de transición en el que todavía el Heer exigía que se prestara atención a todos sus caprichos y los industriales empezaban a vislumbrar la posibilidad de hacer las cosas a su manera y beneficiarse mucho más de la producción militar. Esa incertidumbre imposibilitó incrementar de forma realmente efectiva y rápida la producción y racionalizar el equipamiento del Heer en ese año ya que las medidas tomadas por Speer no fueron eficaces hasta comienzos del 43.

En el caso del proyecto Panther, que veremos a continuación, la posibilidad de construir en grandes cantidades un vehículo poderoso, sencillo y barato, se desechó en favor de un modelo igualmente poderoso pero muy complejo y costoso de producir. Nadie parecía entender que opciones así eran peligrosas para Alemania: la industria esperaba sacar grandes beneficios produciendo equipos caros y complicados y el Heer estaba feliz de disponer de máquinas altamente sofisticadas, olvidando una premisa tan básica como es la de que lo mejor es enemigo de lo bueno. Hay que decir que en la primavera de 1942 Hitler había emitido una orden especial del Führer de cara a producir armas más simplificadas, robustas y eficaces, a imitación de las soviéticas pero nadie le hizo demasiado caso.

La situación finalmente mejoraría tras el desastre de Stalingrado. Por fin los empresarios, el Heer, y el Partido empezaron a ser conscientes de que la guerra podría perderse. En la dinámica de la nueva política de guerra total promovida por Goebbels Speer pudo por fin tomar medidas como para elevar la producción a niveles inimaginables un año antes y sin forzar demasiado la máquina económica, sólo aprovechando al máximo los recursos disponibles. Sin embargo ya era tarde porque la recuperación industrial soviética a lo largo del otoño del 42 y la increíblemente veloz adaptación de la industria americana para la producción de guerra, unidos al recrudecimiento de la campaña de bombardeo, impidieron que Alemania pudiera recuperar el tiempo perdido desde el comienzo de la guerra. De haberse puesto en práctica esa política desde el primer instante del conflicto es muy dudoso que la victoria aliada hubiera estado garantizada.

Lo que está claro es que el argumento tantas veces utilizado de la inferioridad industrial del Eje es, de nuevo, otro mito más: Alemania dispuso hasta 1942 de potencial industrial más que sobrado para hacer frente a sus enemigos. Movilizando su economía en 1939 a plena potencia como hicieron Gran Bretaña y la URSS en condiciones mucho más difíciles, el gobierno nazi hubiera estado en condiciones de aprovechar a partir de 1940 la ingente cantidad de recursos industriales, mano de obra y materias primas que cayeron en sus manos.

Lo que hundió al Reich no fue la falta de recursos, sino la incapacidad del estado hitleriano de movilizarlos, y esa incapacidad estaba arraigada en la misma esencia del régimen nazi: el vacío de poder más allá de Hitler, los intereses personalistas de la cúpula, la increíble corrupción generada por el Partido, la división en la propia Wehrmacht, la dispersión del esfuerzo industrial para equipar por separado a las Waffen SS, y el Heer (a los que se añadió en 1942 el absurdo ejército redundante creado por Goering, las divisiones de tierra de la Luftwaffe o LufDiv), la falta de fe de los nazis en la capacidad de sacrificio de su pueblo, la expulsión o la eliminación física de algunas de sus mentes más brillantes… todos esos factores jugaron para que el potencial económico de Alemania se desperdiciara en los momentos en los que hubiera podido ser decisivo y sólo se movilizara realmente cuando ya estaba todo perdido.

Esos factores no pueden atribuirse a la mala suerte, al destino, o a acciones de los enemigos del Eje: son achacables a la propia manera de funcionar del nazismo y, en última instancia, a Hitler, que fue incapaz de evitarlos y que en muchos casos los alentó en su propio beneficio.

Para cerrar este apartado sólo quiero añadir un último comentario: la fascinación que a partir de 1942 demostró Hitler por las nuevas tecnologías supuso una última puntilla al esfuerzo industrial germano. De todos son conocidas sus intromisiones en los programas de reactores y en los de cohetes (dejando de lado los prometedores sistemas antiaéreos por los inútiles y costosísimos programas de cohetes V1 y V2) mientras se oponía a la introducción de armas racionales como el MP44 por considerarlo negativo para el espíritu combativo de la infantería. Por desgracia para las PzDiv esa intervención fue especialmente aguda en el apartado de los carros de combate y produciría una disipación de recursos absurda en los tres últimos años de la guerra.
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Notapor Panzerfaust el Vie 07 Dic 2007 4:04

Interesante pero....

En el caso de los panzer vimos como del Pz III se produjeron entre el comienzo de la guerra en 1939 y 1942 7 versiones diferentes, y del Pz IV otras 5


Es logico, las versiones incoporaban mejoras progresivas, no se fabricaron 7 tipos de panzer III al mismo tiempo.

Por cierto, el Panzer III dejo de fabricarse en 1943.


Por otra parte el amor al trabajo perfeccionista llevó a que no hubiera ninguna compatibilidad entre máquinas. La mecánica de los semiorugas SdKfz 250/1 era incompatible con la de los semiorugas de transporte o remolque, y los Pz III y IV, pese a su similitud externa, usaban suspensiones, motores, y transmisiones muy diferentes. Por contra los carros, semiorugas y camiones del US Army usaban una gran cantidad de sistemas mecánicos comunes.


De hecho los motores Maybach del Pz III, IV, stug III y stug IV, Hummel, Brummbar, Nashhorn, etc, eran el mismo Maybach de 6 en linea con ligeros cambios para incrementar un poco la potencia a partir de 1943, pero basicamente el mismo block y los mismo cilindros.


En el caso del proyecto Panther, que veremos a continuación, la posibilidad de construir en grandes cantidades un vehículo poderoso, sencillo y barato, se desechó en favor de un modelo igualmente poderoso pero muy complejo y costoso de producir.


Nunca se contemplo la posibilidad de manufacturar un vehiculo "intermedio" , la solucion "sencilla y barata" fue dotar con cañones de 75 mm L743 y L/48 a los Panzer IV, Stug III y cañon de 50 mm L/60 al panzer III, la solucion definitiva esperaba ser el Panther aunque coincido que no era el vehiculo mas sencillo de fabricar.
..Cada vez que escucho la palabra cultura le quito el seguro a mi Browning.
B.v.S

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Notapor Japa el Vie 07 Dic 2007 4:32

Por partes: en el caso del Pz III me refiero a que sacar siete versiones diferentes en un plazo tan corto no es una adecuada manera de racionalizar la producción

En cuanto a la compatibilidad, la familia (o familias, ya que en realidad son tres) de derivados del Pz III y IV logicamente tenían una alta compatibilidad mecanica, Sutg respecto a Pz III, Nashorn/Hummel respecto a ambos carros ya que se basaban en el proyecto de chasis "compatible" desarrollado a partir de 1940… pero entre sí, los pz III y IV usaban sistemas de suspensión diferentes y no había una estandarización respecto a los semiorugas u otros vehículos ni entre los carros de primera generación y los panther y tiger que vendrían después. De hecho los intentos de estandarizar los carros posteriores no dieron más resultado que el de retrasar la puesta en servicio del Tiger II debido a la influencia del proyecto Panther II. No volvió a haber un programa de estandarización similar al llevado a cabo con el chasis Pz III/IV hasta la serie de proyectos E que no llegaron a ver la luz (salvo el E100 y un cazacarros de la serie)
La comparación que establezco es con el sitema USA, ya que el M3 y el M4 son vehículos con una gran cantidad de elementos comunes, los semiorugas son todos variantes sobre un solo modelo, se emplea un unico vehículo de enlace y se procura mantener la mayor estandarización posible entre, por ejemplo, los semiorugas M-1 y los camiones usados por el ejército (el tema de los camiones en el ejército alemán daría para llenar varios libros). Es decir, mi planteamiento es que no había una planificación racional a la hora de afrontar la producción militar en lo que a vehículos se refiere.

Lo sorprendente es que la política de estandarización iniciada en 1940 no tuviera continuidad en la práctica, y se llegara a situaciones tan absurdas como la de diseñar y fabricar un cazacarros (JagPanzerIV) redundante con el Stug III, o un vehículo como el JagdTiger, con dos modelos diferentes de mecánica diferente para una serie de tirada cortísima

En cuanto al tema del Panther (y adelantándome un poco, porque ese palo lo voy a tocar enseguida), me refiero a que a priori el modelo elegido para ese carro era el de Daimler, que se ajustaba a las caracteristicas solicitadas por WaPruff6, pero tras elegirlo se cambió de opinión en favor del modelo MAN, mayor y mucho más complejo. Al menos sobre el papel, ya que el Daimler no llegó a construirse y no podemos saber cuales hubieran sido sus características reales.
Última edición por Japa el Vie 07 Dic 2007 4:56, editado 1 vez en total
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Notapor Japa el Vie 07 Dic 2007 4:39

Ahora bien, los análisis y conclusiones son míos (quiero decir personales), y como tales son perfectamente discutibles (sobre todo como haces, con argumentos en la mano). Es más, confío en que lo sean, porque sin debatir es difícil llegar a ningún lado.
Perdonen que no me levante

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