Panzer, detrás del mito (IV): la hora del Destino

Historia Militar 1939-1945.

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PRIMERAS FINTAS

Los primeros movimientos ofensivos corrieron a cargo de los aliados, que tras la larga semana de espera se decidieron a iniciar su avance. La 3ª US InfDiv apoyada por un batallón de rangers debía tomar el pueblo de Cisterna y la 1ª InfDiv británica intentaría ganar posiciones en la carretera de Anzio (Via Anziate) en Aprilia y Carroceto. Esas operaciones podían haberse hecho en los tres primeros días del desembarco sin que el enemigo pudiera ofrecer la más mínima resistencia. Ahora los alemanes estaban esperando.

Lo sucedido esa noche se ha narrado demasiadas veces como para que detallarlo sea necesario. El batallón de rangers perdió un 70 por ciento de sus hombres al ir a dar de frente con las posiciones ocupadas por las tropas de la Hermann Goering, que se estaban preparando para pasar a su vez al ataque, y la división inglesa sufrió igualmente unas bajas atroces al enfrentarse a las fuerzas de la 3ª PzGrDiv. Los ingleses, al menos, lograron avanzar unos kilómetros y consolidar sus posiciones, pero las tropas americanas fueron sacrificadas en vano. Enviar infantería con equipamiento ligero sin un reconocimiento adecuado del terreno fue una imprudencia rayana en el suicidio. Los aliados perdieron esa noche casi un millar de hombres.

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Situación general al comienzo de la batalla. Mapa de Osprey.

El único resultado positivo de esos combates es que dejaron sin efecto los preparativos alemanes para pasar a la ofensiva el día 1 de febrero. Mackensen consideró que las tropas que tenía eran demasiado bisoñas como para lanzarse adelante sin más apoyo: en la noche del 29 las tropas alemanas, pese a sorprender por completo a los aliados en sus avances y disponer de medios pesados, sufrieron casi 400 bajas. Además la contundente eficacia de la artillería aliada desmoralizó mucho a las tropas en primera línea. Los alemanes recibieron en los primeros días de combates un volumen de fuego tremendo, y los soldados sin experiencia apenas se atrevían a levantar la cabeza del suelo.

Mackensen reorganizó a sus fuerzas para asegurar la contención de la cabeza de playa. Ante todo decidió aprovechar su mejor situación táctica para que la artillería alemana se empeñara fondo tanto en fuego de contrabatería como para abortar cualquier movimiento aliado. Su apreciación no era errónea, pero aunque los alemanes superaban en número de bocas de fuego a los aliados (85 baterías contra 59) y la LW había obligado a los barcos a retirarse a cierta distancia de la playa la logística americana funcionó muy bien en la semana inicial del desembarco y la munición almacenada por los aliados les permitía compensar la superioridad alemana.

Los posibles movimientos alemanes estaban limitados por la presencia de la flota enemiga. Incluso a distancia era una amenaza demasiado contundente como para soslayarla. Plantearse un ataque por los flancos de la playa era demasiado peligroso ya que los buques podrían disparar a placer sobre las concentraciones alemanas sin preocuparse de nada más, así que cualquier posibilidad de atacar la cabeza de playa implicaba un avance que interpusiera las posiciones aliadas entre los cañones navales y las fuerzas atacantes.

El tiempo corría a favor de los aliados, así que Mackensen decidió pasar al ataque sin esperar a que llegaran fuerzas acorazadas en gran número, sobre todo porque parecía medianamente claro que Hitler no iba después de todo a mandar grandes refuerzos. Al igual que los aliados el 29 de enero, las tropas alemanas apenas contarían con el apoyo de los carros en su ofensiva.

PRIMER CONTRAATAQUE ALEMÁN

De cara a un asalto los alemanes no tenían ninguna gran unidad adecuada ya que las divisiones implicadas en el cerco de Anzio sólo estaban parcialmente desplegadas. A primeros de febrero Mackensen disponía de unidades pertenecientes a seis divisiones diferentes, en su mayoría con reemplazos sin demasiada experiencia de combate, así que organizó dos grupos de combate, West y Ost. Se trataba de eliminar la penetración británica hacia Carroceto

West se componía de una fuerza principal de infantería (9 bon) de la 65 InfDiv, apoyados por otro batallón de la 4ª FallDiv y 10 cazacarros Hornisse. Ost estaba formado por el 104 PzGrReg apoyado por otros 8 Hornisse. Estas tropas debían atacar las posiciones ganadas por la 1ª InfDiv británica el 29 de enero. Tres baterías de Stug actuaron como reserva para explotar el éxito. En caso de consolidarse el éxito al día siguiente pasaría al asalto la fuerza principal formada por un batallón de carros Panther del 4º PzReg apoyado por toda la artillería disponible. Esta era la unidad acorazada más potente a disposición de Mackensen, de ahí que no quisiera arriesgarla en los primeros combates.

La ofensiva germana se inició a las 23.00 del día 3 y logró atravesar las posiciones de la 3ª InfBr alcanzando la Via Anziate. Siguieron una serie de furiosos contraataques británicos para tratar de retomar el contacto con sus tropas amenazadas. Finalmente éstas fueron autorizadas a retirarse de la protuberancia que habían formado en la línea del frente unos días antes, para establecer nuevas posiciones cuatro km más atrás, donde fueron relevados por la 168ª Br de la 56ª InfDiv, recién llegada a la playa. Los ingleses sufrieron más de un millar de bajas (entre ellas casi un millar de prisioneros) pero el ataque alemán no logró romper las defensas aliadas y acabó frenándose tras sufrir por su parte cerca de 700 bajas.

Dada la dureza de los combates Mackensen no continuó con el asalto el día 5 sino que preparó un nuevo ataque para el día 7 mientras que las tropas que habían ocupado las nuevas posiciones sufrían un tremendo castigo artillero y continuos ataques aliados. Ahora se preparó un nuevo golpe contra las posiciones aliadas en Carroceto y Aprilia, por parte del regimiento 145 de la 65ª InfDiv, que ya había participado en los anteriores combates, y el PzGrReg 29, en un movimiento envolvente sobre las líneas de la 24ª brigada de Guardias. Pese a que se tomaron numerosos prisioneros (más de 700) el asalto fue infructuoso. Un nuevo asalto esa misma noche por parte del 29ª PzGrReg fue rechazado con apoyo del regimiento acorazado US nº1. La lucha siguió en torno a la estación de Carroceto hasta el día 10 de febrero. Para entonces la 1ª InfDiv británica estaba exhausta y había sufrido casi un 60 % de bajas y fue reforzada por la 45ª US InfDiv. Ninguno de los dos bandos, pese a lo duro de los combates, había hecho ninguna ganancia táctica apreciable.

Los combates en torno a la protuberancia de Carroceto iban a tener, sin embargo, una consecuencia apreciable en el bando aliado: el general Lucas había perdido toda la confianza de sus hombres y de sus superiores. Sus días al mando estaban contados.

La lucha en torno a Anzio parecía sacada de la Gran Guerra, no sólo por lo infructuoso de la lucha, sino por la ausencia de fuerzas acorazadas. Hasta ahora tanto aliados como alemanes habían lanzado a la batalla fuerzas de infantería, con escasas o nulas fuerzas blindadas a su lado (los aliados habían empleado los sherman tan sólo en los contraataques), y había sido ante todo la artillería la que había llevado el peso del apoyo. Las bajas se acumulaban y el paisaje empezaba a recordar demasiado a Gallipoli, un recuerdo que no gustaba nada en el mando británico.

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Mapa del GCS

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Bromas aparte, qué mal se hizo lo de Anzio. Si el "Pato Lucas" hubiese expandido rápidamente la cabeza de playa sí que hubiese cumplido con la misión principal del desembarco.

Coincido, debería haber intentado extender su cabeza de playa, sino para que desembarcaron tantos vehículos, le hubiera venido bien desembarcar más tropas.

Si bien lo de ir a Roma era excesivo al menos alcanzar los Montes Albanos posición facilmente defendible y que hubiera dado el control sobre la vital nacional 6ª que era la principal línea de abastecimiento y retirada del X Ejército alemán.
Basta recordar que cuando finalmente lograr romper las líneas enemigas estuvieron a punto de cortar su retirada por ella.
Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y; en cien batallas, no estarás jamás en peligro Sun Tzu.

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OPERACIÓN FISCHFANG

Kesselring confiaba en disponer de suficiente fuerza acorazada como para iniciar un asalto decisivo a mediados de febrero, pero pronto se vio defraudado. En vez de dos divisiones de refuerzo que consolidaran su trabazón de tropas sin experiencia, Hitler decidió mandarle un puñado de armas secretas (por ejemplo, carros radiodirigidos de demolición) y algunas unidades menores de apoyo, eso sí con armamento potente, como una compañía del 353 batallón de cazacarros, equipada con Elefant.

Durante las dos primeras semanas de febrero continuó la lucha de desgaste, con contraataques aliados apoyados por carros, continuo fuego artillero, movimientos de tanteo… más y más bajas. Los aliados llevaron la peor parte pero tenían más facilidad para reponer sus pérdidas de hombres y material. La artillería naval ejercía un efecto especialmente desmoralizador para las tropas de Mackensen, pero los ánimos entre los soldados aliados no iban mucho mejor: no parecía que sus mandos tuvieran claro qué hacer para salir de la playa.

Los preparativos para la prevista ofensiva, operación FischFang (Pesca) se iniciaron el día 9, cuando el XIV ejército recibió órdenes de cara a atacar las posiciones aliadas en torno a Nettuno, un asalto previsto inicialmente para el día 15 en el que intervendrían el I Cuerpo Paracaidista (4ª FallDiv y 65ª InfDiv) y el LXXVI PzKorp (3ª PzGrDiv, 114 división de cazadores – infantería ligera – y 715ª división motorizada, más unidades de la Hermann Goering). Estas fuerzas serían reforzadas por el regimiento de Demostración de Infantería (una pequeña unidad de adiestramiento de élite), la 29ª PzGrDiv, la 26ª PzDiv, el 4º PzReg ( equipado con carros Panther) y el 508 SpzAbt, que formarían la segunda oleada de asalto. También intervendrían unidades menores como el batallón pesado de sturmartillerie 216 (Brummbärs), un batallón de Stug de las fuerzas de tierra de la LW, el batallón acorazado 504 (equipado con una nueva arma, los carros radiodirigidos BorgWard B-IV) o la compañía de Ingenieros 813, con carros Goliath.

Unidades de reconocimiento de la 29ª PzGrDiv llevaron a cabo operaciones de engaño en el flanco de la cabeza de playa, para hacer creer a los aliados que se preparaba un ataque con fuerzas acorazadas por esa zona (las unidades de reconocimiento llevaban uniformes negros, para que parecieran soldados de unidades panzer).

El I Cuerpo Paracaidista atacaría a los ingleses a través de la Via Anziate y el LXXVI PzKorp lo haría hacia Cisterna, contra las posiciones de la 3ª US InfDiv. Las fuerzas acorazadas no iban a avanzar junto a la infantería, sino que lo harían en la segunda oleada. La primera sería apoyada por los Hornisse del batallón Panzerjäger 525, los Stug y Brummbär y los carros radiodirigidos de demolición, más algunos panzer, que actuarían como apoyo de los infantes, no como punta del asalto. Esto era debido a que Mackensen tenía poca fe en la fiabilidad mecánica de los Panther (no olvidemos que eran ejemplares de las series Ausf A y D) y los Tiger del 508 estaban encontrando muchos problemas para llegar a la zona, debido a la constante amenaza de los aviones aliados, y el largo desplazamiento estaba causando muchos problemas mecánicos; para el día 13 sólo había sido desplegada la compañía independiente TigerGruppe Meyer con 14 Tiger (una compañía especial formada a partir de los Tiger enviados como reemplazo a Sicilia). El general no quiso concentrar todo el esfuerzo acorazado en el primer golpe: las órdenes dadas el día 12 indicaban claramente que no debía emplearse directamente los carros contra las posiciones del enemigo ya que las defensas anticarro, campos minados y zanjas supondrían un porcentaje de bajas inaceptable.

Se hizo un gran esfuerzo para disponer de superioridad en el apoyo artillero. Para entonces además de la artillería de campaña de las unidades en el área se habían traído varias compañías de lanzacohetes nebelwelfer y piezas pesadas de 210 y 240 mm (cuatro de ellas del tipo ferroviario, dos de 210 y 2 de 240); también de había desplegado una gran cantidad de cañones de 88 mm de la LW (172 piezas, una cifra asombrosa dada las escasa dimensiones del frente) para tratar de compensar la superioridad aérea aliada y en caso de necesidad rechazar cualquier contraataque acorazado. Todo estuvo preparado para iniciar el asalto el día 16.

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ATAQUE Y PARÁLISIS.

La operación comenzó a las 6,30 del 16, tras una barrera artillera de media hora. Las tropas de la 65ª InfDiv y los paracaidistas avanzaron inicialmente de acuerdo a lo previsto y tomaron las posiciones de Carroceto pese a la encarnizada resistencia inglesa, pero la inmediata y contundente respuesta artillera de los aliados pronto impidió que se pudiera expandir la brecha. Las tropas de la Hermann Goering sólo ganaron un kilómetro antes de que la metralla les frenara. El resto de las unidades apenas lograron moverse. El Regimiento de Demostración se vino abajo y sus tropas se retiraron sin esperar órdenes.

Los vehículos acorazados que apoyaban la operación se vieron severamente obstaculizados por el terreno: en pleno invierno las zonas costeras de Anzio se convirtieron en un barrizal. Obligados a avanzar por los caminos ya existentes, los vehículos pronto se atascaron por el colapso de tráfico, las zanjas antitanque y las descargas enemigas, ya que los artilleros aliados habían tenido tiempo sobrado de cuadricular el terreno y el avance de los panzer se produjo por el sitio más previsible.

Los carros radiocontrolados de demolición se mostraron como un lastre inútil. No había búnkers o bloqueos y cuando se emplearon contra las trincheras eran fácilmente localizables por los soldados enemigos que podían ponerse a cubierto o eliminarlos a distancia.

Al caer la noche los alemanes apenas habían logrado modificar la situación. Pese a la penetración en Carroceto y la toma de algunos puntos a lo largo del frente, los aliados mantenían la mayor parte de sus posiciones, así que Mackensen no quiso arriesgar sus reservas y no lanzó la segunda oleada. Durante la noche del 16 al 17 de febrero se mantuvo la presión para debilitar al enemigo y mandar las fuerzas acorazadas al día siguiente para expandir la penetración de Carroceto.

Ese día, por primera vez, las pérdidas alemanas superaron a las aliadas. Casi 1700 bajas.

El 17 los combates continuaron en la misma tónica, Hubo algunos avances parciales sin que se lograra alcanzar una ruptura decisiva. La moral de las tropas bisoñas iba decreciendo, sobre todo por la continua lluvia de artillería. La contrabatería alemana hacía lo que podía, pero no podía sostener el ritmo del fuego aliado, que contaba con un volumen de munición muy superior. La pantalla antiaérea de los 88 fue bastante efectiva, pero al estar dedicados a la defensa no podían apoyar los ataques.

En los dos primeros días de combate sólo hubo avances significativos ahí donde los panzer y Stug apoyaron a la infantería. El terreno condicionó mucho su uso, lo que provocó un gran desgaste entre las tropas atacantes. Las bajas alemanas del día 17 sumaron cerca de un millar.

El 18 finalmente Mackensen autorizó el uso de las unidades acorazadas. La 26ª PzDiv y la 29ª PzGrDiv pasaron al ataque a las 4 de la madrugada apoyando a las tropas de la HG y la 3ª PzGrDiv. Las tropas de la 114ª división de cazadores lograron abrirse paso a través de las posiciones aliadas en Aprilia. Los Panther del 4º pzReg siguieron en reserva a la espera de una ruptura. Los Tiger del 508 fueron empleados de forma fragmentada a medida que iban llegando lo que, unido a las pésimas condiciones del terreno, produjo muchos problemas logísticos.

El día 19 los aliados contraatacaron en fuerza, con todo el apoyo acorazado posible, y retomaron bastantes de las posiciones perdidas el día anterior. La 65ª InfDiv fue frenada en seco por el fuego artillero y pese a ser reforzada la 114ª de cazadores tuvo que retirarse de sus posiciones. La artillería aliada disparaba casi encima de las cabezas de sus propias hombres con una precisión que dejaba a los alemanes consternados.

La 26ª PzDiv y la 29ª PzGrDiv se enzarzaron en una lucha de perros con los Sherman en torno al pueblo de Cantoniera mientras la Hermann Goering fracasaba al intentar avanzar hacia Colle del pozo.

Pese al apoyo de los Panzer los progresos alemanes no fueron significativos. Una vez comprobadas las líneas principales del avance alemán los cañones de Anzio lo barrieron todo, triturando las líneas de suministro enemigas y cubriendo de granadas a los carros alemanes. La artillería naval bombardeó la retaguardia enemiga entorpeciendo aún más las operaciones. Aún así Mackensen era optimista ya que pensaba que las reservas aliadas estaban al límite. Sin embargo las bajas alemanas seguían creciendo a un ritmo superior al de las del enemigo.

El día 20 los Panther entraron por fin en acción (pero sólo como apoyo artillero) contra las tropas aliadas rodeadas en Buon Riposo. El ataque fue infructuoso y la artillería aliada llegó incluso a barrer sus propias líneas (previo aviso a los defensores, que se refugiaron rápidamente) haciendo pedazos a las fuerzas de avanzada alemanas.

Dada la lluvia de metralla fue necesario usar carros Tiger para evacuar a los heridos. Sin duda debió ser el uso más extraño dado a los carros pesados alemanes.

Los refuerzos le llegaban a Mackensen con cuentagotas, ya que entretanto los combates en torno a la línea Gustav se habían recrudecido. El 21 se asignaron algunos batallones de Panzergrenadier para reforzar a la 29ª PzGrDiv. Para entonces las bajas alemanas ya ascendían a 5400 hombres.

La noche del 20 al 21 los aliados pasaron al contraataque haciendo retroceder a la 29ª. Durante el resto del día los combates se mantuvieron casi ininterrumpidamente mientras que la artillería alemana se centraba en la cabeza de playa, tratando de cortar los suministros al frente y desorganizar la retaguardia aliada. Al final del día los alemanes estabilizaron la situación, al coste de un tremendo gasto de municiones.

El 22 Mackensen ya no era tan optimista y pidió urgentemente refuerzos. Los alemanes decidieron acortar sus líneas para concentrar la fuerza que les quedaba.

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OPERACIÓN SEITENSPRUNG

El día 22 Lucas fue cesado en el mando de las tropas aliadas. Le reemplazó el general Truscott. El cambio mejoró bastante la moral entre las tropas de Anzio, ya que para entonces Lucas era aborrecido por todos los hombres de la playa.

Los combates en torno a Carroceto y Aprilia llegaron a un punto muerto, así que el mando alemán decidióun cambio de operaciones, redirigiendo al LXXVI PzKorp hacia el flanco norte. Se redesplegó la Hermann Goering, la 26ª PzDiv y la 362ª InfDiv, transferida unos días atrás desde otro sector de la costa, ya que Kesselring no creía que hubiera una amenaza de nuevos desembarcos. Igualmente se decidió que los Ferdinand del batallón 653 apoyarían el ataque. Esta operación pasó a designarse Seitensprung (Escapada)

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Mapa: Osprey

Los ataques, por orden directa de Hitler (que una vez más se inmiscuía en detalles tácticos de una operación) debían ir encabezados por pequeños grupos de panzer de la hermann Goering. La operación se planificó para el día 26, para poder mover las tropas de la forma más discreta posible y evitar que la artillería aliada se centrara en la nueva concentración.

En los siguientes días los combates bajaron algo de intensidad. Continuó la resistencia de Colle del Pozo, ahora apoyada por un batallón paracaidista estadounidense.

El 25 tropas del I Cuerpo Paracaidista lograron abrirse camino a través de las posiciones aliadas, a lo que siguió un furioso duelo artillero. Los alemanes trataban de reforzar y estabilizar la línea de cara al asalto del norte, que ya había sido aplazado para el día 28 debido a la dificultad de mover las unidades bajo la presión aérea enemiga. Para entonces la 65ª InfDiv, que había llevado el peso de los combates del Cuerpo desde el día 16 estaba al borde del hundimiento, con apenas 600 hombres disponibles. Se decidió que en función de como se desarrollase el ataque norte las unidades de esa división serían relevadas poco a poco ya que no había posibilidad de retirar a toda la división

El 27 el frente se mantuvo en calma, salvo combates esporádicos de tanteo por parte de ambos bandos. Un nuevo aplazamiento pospuso el asalto definitivo para el día 29 de febrero (recordemos que era año bisiesto). Los alemanes realizaron movimientos de cara a simular una concentración acorazada en el área de la 65ª InfDiv.

El 28 el I Cuerpo Paracaidista hizo un último esfuerzo ofensivo para asegurar su frente y completar las operaciones de engaño. La 29ª PzGrDiv realizó un reconocimiento en fuerza en su sector, pero no hubo avances significativos.

Finalmente, a las 4 de la madrugada del 29, dio comienzo el último asalto de la ofensiva.

Empezó con ataques de distracción hacia el Canal de Mussolini, mientras que el esfuerzo principal se orientó hacia el Puente de la Crocceta, el único que permitiría un rápido avance de las fuerzas acorazadas. En la primera oleada se lanzaron adelante la Hermann Goering, la 114ª de Cazadores y la 362ª InfDiv. La sorpresa fue total ya que las actividades del I Cuerpo Paracaidista en los días anteriores habían engañado al mando aliado respecto a las intenciones de Mackensen.

El barro pronto obstaculizó el avance de los panzer, además de dificultar los movimientos previos al ataque. Las tropas de infantería quedaron atascadas en los lodazales y pronto los soldados estaban agotados. Aún peor, el Puente de la Crocceta fue destruido por los aliados cortando el avance de la 26ª PzDiv.

El 9º PzGrReg hizo algunos progresos apoyado por algunos carros, pero fue frenado con grandes bajas por la artillería aliada. Los Tiger del 508 SpzAbt quedaron pronto atascados en el barro y 8 fueron puestos fuera de combate por los defensores. El mayor avance lo lograron las tropas de la Hermann Goering pero tan sólo penetraron algo más de un kilómetro en las líneas enemigas. Dada la dificultad de la situación se ordenó que la 29ª PzGrDiv reforzara el ataque. Al caer la noche los alemanes tenían más de 900 bajas sin conseguir ningún progreso importante.

El 1 de marzo se retomó el asalto, centrando el esfuerzo en torno al puente de Ponte Rotto, tomado por los panzer de la 26ª PzDiv; la lucha pronto quedó atascada ya que si bien los carros pudieron rechazar los contraataques de la infantería aliada pronto se vieron bajo un diluvio de artillería que imposibilitó cualquier avance posterior.

Mackensen finalmente asumió que carecía de suficientes fuerzas como para atravesar las defensa aliadas y finalizó la ofensiva. Kesselring se puso furioso y ese mismo día le mandó un mensaje en el que le acusaba de sobreestimar la fuerza enemiga y no haber mostrado una adecuada agresividad. De acuerdo a sus palabras, el fracaso de los combates se debía a la falta de confianza del mando.

Indignado, Mackensen no dudó en exponer su punto de vista con claridad más que meridiana: Los combates no habían logrado su objetivo porque las tropas que le habían asignado estaban formadas por reemplazos jóvenes y faltos de entrenamiento, que pese a su valor no estaban en condiciones de enfrentarse al enemigo. Informó que continuar en esas condiciones con los combates era absurdo y consideró que la única solución era concentrar una adecuada fuerza bien equipada de cara a cortar el avance aliado cuando iniciaran su ofensiva desde la playa.
Última edición por Japa el Lun 25 Feb 2008 1:35, editado 1 vez en total.

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ANÁLISIS

La argumentación de Mackensen era correcta. Hitler había creído que podía compensar la falta de tropas bien adiestradas con sus armas novedosas (carros Panther y Tiger, cazacarros Ferdinand, lanzacohetes Nebelwelfer, vehículos goliath…) pero ninguno de esos juguetes podía reemplazar a las tropas veteranas. Por primera vez desde el comienzo de la guerra la infantería alemana estaba por debajo del nivel de sus enemigos, y eso se notaba. Los carros no podían actuar sin un adecuado apoyo de infantería, pero los soldados novatos no podían prestárselo, y en los combates tendían a agruparse tras las moles acorazadas en vez de protegerlas.

El terreno fue un obstáculo mucho mayor de lo previsto. Los carros se vieron una y otra vez atrapados en el barro. Sin vehículos adecuados de recuperación, los Tiger sólo habían podido ser rescatados por otros Tiger. Los Panther no podian ser empleados adecuadamente y su presencia supuso una carga extra una carga extra a una logística muy estirada. Los Sherman mostraron una fiabilidad y movilidad muy superior y tras examinar los ejemplares capturados los mandos de los panzer demandaron que se construyera un carro medio de similares características, una petición que recibió el apoyo de Speer, pero también la oposición inapelable del Führer.

Las pocas tropas veteranas disponibles no bastaban a apuntalar a los bisoños, lo que trajo un volumen de bajas insostenible, empeorando aún más las cosas ya que los escasos reemplazos se componían por supuesto de soldados sin experiencia.

A lo largo del mes de febrero las fuerzas de Mackensen sufrieron la friolera de 29000 bajas, bastantes más que el enemigo ya que pasada la sorpresa y el caos de los primeros combates los aliados empezaron a actuar con más sensatez. Además el reemplazo de las bajas fue muy inferior al necesario, mientras que la cabeza de playa no dejó de recibir tropas de refresco.

El mayor enemigo en los combates no fue la aviación aliada, pese a su incontestable dominio del aire, sino la artillería de campaña aliada. Los alemanes no se habían enfrentado nunca a una concentración de fuego de tal precisión y volumen. Los sistemas de comunicaciones y control de fuego de los estadounidenses estaban muy por delante de las de sus enemigos, y la flexibilidad orgánica de su artillería permitía concentrar un fuego devastador sobre casi cualquier punto de las líneas alemanas. El protocolo Fire on Target, que concentraba todas las bocas de fuego disponibles sobre un blanco especificado había conseguido unos resultados realmente devastadores. Eso, unido a la excelente logística aliada anuló la superioridad numérica de la artillería alemana. Los enormes cañones ferroviarios de 210 y 240 mm eran muy poderosos, pero apenas fueron una amenaza simbólica.

En cualquier caso la batalla de Anzio no tuvo ninguna utilidad estratégica. Con más fuerza para el desembarco inicial, y de haber contado con al menos una división acorazada (y un general con más iniciativa que Lucas) los aliados podrían haber aprovechado la sorpresa del desembarco para penetrar rápidamente hacia Roma y cortar en dos a las fuerzas de Kesselring. De haber dispuesto inmediatamente de los refuerzos solicitados en vez de fragmentos de unidades y reemplazos sin experiencia las tropas de Mackensen hubieran podido aplastar la cabeza de puente a mediados de febrero, lo que no sólo hubiera alterado radicalmente la situación en Italia sino que sin duda hubiera sembrado muchas dudas entre los mandos aliados sobre la idoneidad del futuro desembarco en Francia. Ni Alexander ni el OKW fueron capaces de apreciar el potencial de la situación y ambos bandos empeñaron fuerzas relativamente débiles en el combate. Eso llevó a una situación sin salida táctica que desembocó en una absurda batalla de desgaste. Los desembarcos de Anzio-Nettuno, que empezaron con los mejores auspicios posibles, pueden considerarse como una de las operaciones más estúpidas de toda la guerra.

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DE ANZIO A ROMA

El fracaso de la ofensiva alemana llevó a una situación de parálisis en el frente, con los aliados acumulando fuerza en su cabeza de playa, sin atravesar las defensas alemanas, y los alemanes tratando de contener la amenaza, pero sin nuevos refuerzos que les permitieran eliminarla. Las bajas sufridas en Anzio y en Cassino obligaron a las tropas de Kesselring a mantenerse a la defensiva, ya que Hitler dio prioridad a la preparación de una nueva ofensiva alemana en el Este y la defensa de Francia.

La Hermann Goering fue retirada del frente para reconstituirla con la idea de destinarla posteriormente al frente oriental. De nuevo recibió un cambio de nombre y de PanzerDivision pasó a denominarse FllaschirmPanzerDivision (división acorazada paracaidista). Dado el volumen de bajas que tenían en todas partes las unidades de tierra de la LuftWaffe, Goering empezaba a tener problemas para cubrir los cuadros de su mimada división.

El SpzAbt 508 y el batallón de cazacarros 653 fueron igualmente retirados para recomponerlos. Esas unidades no volvieron a actuar de forma concentrada: los Tiger y Elefant pasaron a emplearse en pequeños grupos, en ocasiones individualmente, para formar puntos fuertes defensivos. Este uso de los Tiger iba en contra de las doctrinas de empleo de los carros pesados, pero se mostró bastante productivo a lo largo de la campaña dada la naturaleza del terreno, que favorecía extraordinariamente a los defensores. Sin embargo también suponía un grave problema logístico ya que estos vehículos sufrían mucho mecánicamente en los angostos caminos italianos (después de todo se trata de un terreno bastante agreste, al menos hasta llegar a los llanos del norte) y su dispersión dificultaba mucho las reparaciones y la retirada de máquinas inmovilizadas.

La 26ª PzDiv y la 29ª PzGrDiv se enviaron igualmente a Roma para reconstituirse y formar la reserva del Grupo de Ejércitos C ya que Kesselring tenía claro que no iba a recibir nuevas unidades acorazadas. El resto de las tropas del XIV Ejército se establecieron como pantalla defensiva en torno a la cabeza de puente. Con los refuerzos que fue recibiendo el XIV contaba
a finales de marzo con casi 135000 hombres, pero parte de sus unidades iban a ser transferidas a Francia o Rusia, y Mackensen no contaba ya con unidades más poderosas que la 3ª PzGrDiv, muy debilitada tras los combates. No habría más ataques contra Anzio.

En el frente de Cassino la situación siguió igualmente parada, pero poco a poco las bajas alemanas debilitaron la defensa. Kesselring sabía que en cuanto llegara el buen tiempo los aliados pasarían a la ofensiva con mucha más fuerza de la que él disponía y empezó a planificar la retirada hacia el norte

Marzo y abril pasaron con escaramuzas infructuosas, y finalmente el 18 de mayo las tropas polacas tomaron el monasterio de Cassino y la línea Gustav se desmoronó (operación Diadema). El VIII Ejército británico inició su marcha hacia el norte atravesando las posiciones del X ejército alemán que trató de mantener una nueva línea más al norte, la Dora (antes, línea Hitler); Kesselring envió la reserva de Mackensen (las divisiones 26ª y 29ª) a reforzar al X, cuya mayor unidad acorazada, la 90ª PzGrDiv había sido transferida un mes antes al XIV. El traslado de las unidades de la reserva se vio comprometido repentinamente ya que el 23 de mayo las tropas del VI Cuerpo, al mando del general Clark, pasaron a la ofensiva (operación Buffalo). Atravesaron las líneas del XIV ejército por su parte más débil, la defendida por la 362ª InfDiv, esquivando a la 3ª PzGrDiv. El 24 Kesselring dio órdenes de iniciar la retirada. Las unidades del XIV iniciaron su repliegue el 26; para entonces habían perdido la mayor parte de su artillería y equipamiento pesado. La situación no era mejor en las líneas del X, ya que la línea Dora no frenó al VIII Ejército.

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Mapa cortesía de Wikipedia: la ruptura

De haber actuado con sensatez el VI Cuerpo podría haber cortado la retirada del X ejército y rematar la campaña italiana, pero en una muestra de estupidez y arrogancia Clark, excusándose en una imaginaria explotación del éxito se lanzó a una carrera hacia Roma para poder llegar antes que Alexander y presentarse al mundo como el liberador de la capital italiana. Kesselring podía sacar a sus tropas de la trampa y no perdió el tiempo (aunque encontró un ratito para relevar del mando a Mackensen). Por supuesto hubo caos y pérdidas, pero la mayor parte de las fuerzas alemanas lograron dirigirse al norte y establecer una nueva línea defensiva más al norte, la Gothic. Roma fue declarada ciudad abierta con el consentimiento de Hitler.

De las unidades alemanas implicadas en la retirada, la que más sufrió por la retirada fue el 508 SpzAbt, la unidad acorazada más potente con que contaban los alemanes en el escenario italiano. Su 3ª compañía, que estaba en el área de Cisterna, se vio forzada a destruir todos sus Tiger al retirarse. En los tres primeros días de la retirada el batallón perdió 23 carros por las averías y la imposibilidad de retirar las unidades dañadas ya que tan sólo disponía de un vehículo de recuperación, un Tiger de serie que fue dañado en Anzio y se modificó para tareas de recuperación. Incluso ese único carro se perdió al comienzo de la retirada, siendo capturado posteriormente por tropas inglesas. Igualmente el batallón 653 perdió bastantes Elefant y el 4º PzReg se dejó varios Panther en el camino.

El 31 de mayo al XIV Ejército apenas le quedaban operativos una treintena de carros y unos 50 cazacarros y Stug, incluidos 23 ejemplares italianos (Semovente, un desarrollo muy similar al StuG III). El X no estaba en mejor estado. Sin embargo la mayoría de las tropas alemanas estaban a salvo y Kesselring confiaba en poder sostener la parte norte de Italia.

El 5 de junio Clark hizo su entrada triunfal en Roma, rodeado de fotógrafos, y Pío XIII fue aclamado por la multitud como el salvador de la Ciudad Eterna. Fue un momento de gloria. Gloria efímera, ya que al día siguiente las tropas angloamericanas desembarcaban en Normandía y el frente de Italia, de pronto, desapareció de las noticias, como si nunca hubiera existido.


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Mensaje por hoff »

Puede llegar a resultar divertido como Clark buscó su día de gloria y lo obtuvo... pero solo un día, y no más; una ironía histórica.

El mal uso de las tropas especiales por los norteamericanos en Anzio no es algo aislado. Este tipo de unidades eran ajenas al espíritu por entonces en boga en el U.S. Army, una especie de folklorismo que tenían que aguantar al venir avalado por el Comandante en Jefe (o sea, el presidente Roosevelt). Con el tiempo, algunas de ellas tendrían su momento, como la First Special Force y la 10ª división de montaña. Casi todas estas unidades extemporáneas tendrían su principal lugar en el frente de Italia, ya que Ike no las quería en el suyo (aparte una fuerza casi testimonial de rangers).

En esto, los británicos no les iban a la zaga. Una vez desembarcados, muchas de las antiguas unidades de incursión y sabotaje parecieron quedarse sin objetivos. Algunas fueron reconvertidas, como los Commandos y el SAS en infantería ligera, pero otras fueron malgastadas en costosísimas operaciones condenadas al fracaso, enviando a hombres muy entrenados a la muerte o el cautiverio, cuando podían haber pasado sus conocimientos a sus nuevos destinos. En ese aspecto, la acción de Leros es aún más estúpida que Anzio.
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Mensaje por Japa »

¿LECCIONES?

De cara a a los inminentes desembarcos en Francia la campaña de Anzio ofrecía una serie de interesantes lecciones tanto a los aliados como a los alemanes. Los primeros tomaron nota de que un desembarco con fuerzas mínimas era inviable, ya que la única manera de asegurar una rápida penetración y aprovechamiento del éxito era pasar al ataque cuanto antes. Desembarcar en las playas italianas con apenas dos divisiones no demasiado poderosas fue una apuesta rayana en el suicidio, y sólo la sorpresa conseguida y la ausencia de reservas alemanas inmediatamente disponibles habían evitado un desastre. La lenta fase de consolidación llevada a cabo por Lucas fue un despropósito y llevó a una batalla de desgaste sin valor táctico. En Normandía se había previsto inicialmente un desembarco inicial de dos divisiones y unidades menores: ahora ese planteamiento se echó a la papelera y la primera oleada sobre las playas francesas incluiría más del doble de fuerzas anfibias y otras dos divisiones paracaidistas como apoyo tras las líneas enemigas. La lección tuvo un coste muy alto, pero al menos estaba aprendida.

Los combates en sí no arrojaron ninguna enseñanza útil. Los aliados no fueron capaces de evaluar el tipo de amenaza a la que iban a enfrentarse unos meses después en Normandía, ya que se atribuyó la parálisis operativa a la nefasta influencia de Lucas: con una adecuada cabeza de turco, nadie quiso mirar más allá. La aparición de los Panther no preocupó demasiado a los mandos angloamericanos, ya que su efectividad fue muy baja y erróneamente supusieron que se desplegarían en batallones especiales, como los Tiger, y sería raro encontrárselos. Ese malentendido se debió a que la única unidad de Panthers era el 4º PzReg, y se usó de reserva sin intervenir activamente hasta el final. Ese error, sumado al pobre desempeño de los Tiger en Anzio dio a los estadounidenses una gran tranquilidad: los medios acorazados que tenían parecían adecuados para la Invasión y no se previeron medidas de cara a disponer de mejores armas contracarro, sin comprender que los panzer habían combatido en un terreno totalmente inadecuado para ellos. Cuando las tropas se internaran en el bocage francés esos errores iban a pasar una sangrienta factura.

Los jefes alemanes a nivel local, tanto Mackensen como Kesselring, tomaron nota de los problemas a que se habían enfrentado, pero debido a las características de la estructura de mando alemana (que detallaremos en el siguiente capítulo) los comandantes de otras partes de Europa no estaban en situación de aplicar la experiencia obtenida en torno a Anzio, algo que de cara a los combates que se avecinaban hubiera sido de gran ayuda.

¿Qué experiencia era esa?

Se trataba de un problema al que hasta ese momento sólo se habían enfrentado las tropas del Eje en África a partir del 42: la indiscutible superioridad aérea enemiga, que había barrido de los cielos a la Luftwaffe. La guerra de movimientos que habían practicado con tanto éxito las fuerzas acorazadas alemanas se hacía imposible cuando cada sombra en el cielo era un avión enemigo. No es que los aviones aliados destruyeran una proporción asombrosa de fuerzas combatientes alemanas, como se afirmó en los años posteriores a la guerra (algo que debe atribuirse a la campaña de autobombo de la aviación estadounidense para justificar su establecimiento como fuerza independiente) pero la destrucción sistemática de caminos, puentes, ferrocarriles, cruces…sumada a la vulnerabilidad de las largas columnas de transporte y abastecimiento necesarias en cualquier operación hacían que cualquier desplazamiento de tropas, por mínimo que resultara, requiriera unos plazos de tiempo enormes, convirtiendo el movimiento de hombres y pertrechos tras las líneas alemanas en un agónico goteo.

La falta de una adecuada preparación logística y la ya perpetua ausencia de planificación de los transportes alemanes (que para esas alturas de la guerra consistían en un maremagnum de carros militares y campesinos, camiones requisados de todo tipo e incluso vehículos de combate cuando ya no quedaba otra opción) hacía imposible pensar en concentrar rápidamente la fuerza necesaria para una ofensiva, y la impunidad de la observación aérea aliada hacía inevitable que hasta la más mínima concentración de tropas fuera localizada, señalada y bombardeada. Debido a ello la mayoría de los movimientos de tropas debían hacerse de noche, lo que añadía aún más lentitud y caos al despliegue alemán. Las unidades enviadas a reforzar el frente de Anzio habían ido llegando en forma fragmentaria y la ausencia de medios adecuados de transporte había impuesto una carga extra al desgaste de los medios de combate germanos (durante su desplazamiento al frente un carro Tiger del 508 SpzAbt quedó inutilizado cuando el motor ardió por el sobreesfuerzo). Por supuesto los requerimientos logísticos de las unidades acorazadas eran casi imposibles de cumplir en esas circunstancias, y los trabajos de recuperación y mantenimiento eran tareas casi imposibles (de nuevo los Tiger y Ferdinand eran el mayor problema, y sólo podían sacarse los ejemplares averiados del frente empleando otros vehículos similares).

Empero el mayor problema para las fuerzas acorazadas era la falta de infantería: las tropas enviadas a taponar el desembarco aliado eran demasiado inexpertas (recordemos que las mejores unidades de infantería estaban combatiendo en la línea Gustav) y apenas aguantaban los nervios durante los continuos bombardeos enemigos, así que esperar que fueran capaces de actuar coordinadamente con los carros y cañones de asalto eran tan sólo una quimera. Sobre todo las LufDiv eran un fiasco y por fin los propios mandos de Goering eran capaces de reconocerlo abiertamente. Sin infantería que les apoyara, los panzer estaban cojos.

Esos problemas no eran percibidos por otros mandos alemanes. En el frente oriental la Luftwaffe aparentemente todavía era capaz de apoyar a las tropas en tierra y pese a las incursiones partisanas el transporte seguía funcionando (aunque cada vez se requería más vigilancia). Se trataba de un espejismo: el tremendo desgaste de las campañas del 43 había pasado una factura tremenda a la aviación alemana, y la campaña de bombardeos sobre Alemania estaba acabado con sus pilotos a una velocidad cada vez mayor. Además el empleo en combate de todos los recursos disponibles, incluyendo las unidades de adiestramiento, hacía imposible el reemplazo de las pérdidas, no digamos ya la preparación de nuevas unidades. La industria alemana cada vez producía más y mejores aviones, pero pronto no habría pilotos preparados para volar en ellos.

Hitler seguía soñando en armas milagrosas que lo resolverían todo, pero precisamente la experiencia italiana demostró que esas nuevas máquinas no servían de nada si las tropas convencionales no estaban bien adiestradas; tras las catastróficas derrotas del año anterior el Heer había iniciado un declive que ya no podía frenarse: a medida que pasaban los meses la capacidad táctica de los soldados alemanes, que había marcado la verdadera diferencia en los años anteriores, fue desapareciendo con los nuevos reemplazos, mientras que los soviéticos y angloamericanos mejoraban sin cesar.



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NUEVOS CAMBIOS, NUEVOS MEDIOS


SITUACIÓN Y REFORMAS: LA ESTRUCTURA DE MANDO ALEMANA


Una de las más causas más importantes de la derrota alemana, a nivel militar, fue su estructura de mando. Aunque se sale del área específica de este trabajo, creo que es importante tratar de mostrar la situación a ese respecto, a fin de aclarar el escenario en el que se desarrollaron las operaciones militares en el último año y medio de la contienda.

Como ya hemos mencionado, los tres ejércitos que formaban la Wehrmacht actuaban de forma completamente independiente desde el comienzo de la guerra. Eso era algo normal en todas las fuerzas armadas del momento, ya que la RAF, la Royal Navy y el Ejército británico funcionaban así, al igual que el Ejército Rojo, la Armada Roja y la VVS en la URSS (aunque inicialmente la VVS dependía del ER), existiendo generalmente un órgano superior de coordinación de los estados mayores de las tres fuerzas.

Teóricamente la coordinación de los tres ejércitos alemanes era responsabilidad del estado mayor de la Wehrmacht, el OKW, pero no era así. En la práctica el OKW era un instrumento establecido por Hitler con la única finalidad de subordinar al OKH, de modo que el Heer quedaba supeditado a las decisiones del OKW mientras que la Luftwaffe y la Kriegsmarine actuaban de forma independiente.

En las primeras fases de la contienda esa situación no pasó factura. El Heer actuó con notable independencia entre 1939 y 1941, y en esos años la cooperación a nivel táctico con la Luftwaffe fue excelente, uno de los pilares de las victorias germanas. Por contra, la coordinación entre los enemigos de Alemania falló de forma lastimera. Así durante la campaña de Francia en 1940 el ejército francés dependió de la protección de la RAF, y en los terribles meses de Barbarossa la VVS apenas fue capaz de conjugar sus acciones con las del ER, una situación agravada por el colapso casi absoluto de las comunicaciones soviéticas.

SIn embargo cuando el OKH empezó a verse encadenado por las decisiones de Hitler en 1942 la situación empeoró hasta desembocar en la crisis del invierno, donde las mentiras del Reichsmarshall supusieron la condena del VI Ejército. Los esfuerzos de los comandantes de campo expertos como Richtoffen sólo paliaron la situación, y su eficacia y profesionalidad atrajo los celos de Goering que no tuvo ningún reparo en descabezar a la LW en el Este justo antes de la operación Zitadelle. La competencia de las tropas de campaña de la Luftwaffe con el Heer por el equipamiento no mejoró las cosas y las promesas incumplidas de Goering empezaban a acumularse sobre la mesa, pese a lo cual Hitler se negó a subordinar la LW a nadie que no fuera su orondo camarada.

Por supuesto la Kriegsmarine rivalizaba también con las otras dos ramas de la Wehrmacht por los recursos industriales, y a nivel operativo apenas se hizo nada por trabajar conjuntamente con ellos. Con la Luftwaffe (una colaboración que Raeder primero y Doenitz después consideraban imprescindible) por la férrea oposición de Goering a todo lo que se pareciera remotamente a una aviación naval, y con el Heer porque ambos ejércitos actuaron ignorándose olímpicamente el uno al otro. El único intento serio de coordinación se inició de cara a la planificación de SeeLöwe y terminó con ambas fuerzas echándose uno al otro la patata caliente y poniéndose sólo de acuerdo para acusar conjuntamente a la Luftwaffe.

Añadiendo a la ecuación a las tropas políticas, las Waffen SS, y la estructura de poder de las SS en Alemania y los países ocupados, con una administración paralela tanto a la civil como a la militar, completamos un asombroso cuadro de rivalidades interarmas, celos entre cúpulas, competencia por los recursos, el transporte y los reemplazos, administraciones redundantes y sobredimensionadas… un escenario que se aleja mucho de la (mítica) eficiencia germana.

Eso por lo que se refiere a la estructura básica de las fuerzas armadas, pero la cosa no estaba mejor al nivel de la estructura de mando. A comienzos de 1944 dicha estructura parecía el resultado de montar un puzzle a ciegas.

Por un lado, en lo más alto, estaba el cuartel general del Führer, con el OKW. Gracias a las transcripciones taquigráficas tomadas regularmente desde finales del 42 se dispone abundante documentación sobre su funcionamiento, y al primer vistazo a las actas se ve que el OKW no tomaba decisiones respecto la Kriegsmarine ni la Luftwaffe, tan solo respecto al Heer, con lo que había en la práctica dos estados mayores de tierra, uno subordinado al otro, mientras los del aire y el mar trabajaban a su propio ritmo.

El estado mayor del Heer tenía en principio la responsabilidad de las operaciones terrestres, pero en la práctica sólo tenía voz en lo referente al frente oriental. Los otros dos teatros operativos tenían a su vez estructuras de mando independientes, con Kesselring (recordemos, un general de la Luftwaffe) como comandante en jefe del Mediterráneo y el veterano mariscal Von Rundstedt como comandante en jefe del Oeste. Estos dos mandos no tenían vinculación administrativa entre sí, y por supuesto tampoco con el mando oriental.

En el frente del Este las injerencias de Hitler llegaban a extremos asombrosos, llegando a tomar decisiones sobre unidades a nivel de batallón. La creciente influencia en ese frente de la figura del mariscal Manstein unida a su insistencia en tratar de desbloquear la cadena de mando alemana y reconstruir un estado mayor verdaderamente operativo había llenado de desconfianza a Hitler con lo que se había entrometido aún más.

En el frente Mediterráneo Kesselring podía trabajar con bastante independencia, y no tuvo problemas ni siquiera durante la gran retirada que tuvo lugar en mayo.

En el mando occidental, en cambio, Hitler había optado por complicar aún más las cosas, primero a nivel de escalafón, ya que aunque Rundstedt estaba al cargo de los dos grupos de ejército occidentales, el B al mando de Rommel y el G bajo las órdenes de Blaskowitz, Rommel a su vez fue designado por Hitler como Inspector en jefe de las defensas Atlánticas, un cargo que sólo respondía ante el Führer y en consecuencia le hacía independiente de su superior jerárquico.

Sin embargo la organización Todt, encargada de la construcción de esas defensas, era a su vez independiente del ejército (y por supuesto de Rommel) respondiendo ante Speer. Sólo la voluntad de cooperar de Rundstedt, Rommel y Speer impedía que el caos se volviera aún mayor. Y esa voluntad no existía en el caso de las SS: al ser Francia un territorio ocupado los hombres de Himmler se arrogaban el derecho de tomar sus propias decisiones sobre el transporte, las deportaciones, la administración civil… al margen de lo que planteara el Heer y por supuesto la autoridad civil alemana.

A todo esto añadamos que por supuesto la Luftwaffe y la Kriegsmarine no atendían a las demandas del Heer referidas, por ejemplo, a las operaciones de minado o al despliegue de las valiosísimas baterías de cañones de 88.

La situación era tan absurda que si el cuartel general de Rundstedt quería conocer el resultado del reconocimiento aéreo del sur de Inglaterra debía cursar la petición al OKW, que a su vez la cursaba a la Luftwaffe; el servicio de información del ejército (ABWEHR, al mando del almirante Canaris) no podía enviar directamente a los cuarteles generales de Francia o Italia cualquier infomación que obtuviera sobre sus frentes, sino que debía pasarla al OKW donde a su vez sería examinada por los servicios de información de las SS, que finalmente (si así lo decidían) enviarían a través del OKW un memorando a los cuarteles, pero ya editado y censurado por ellos.

Para más inri el intercambio de información entre los diferentes frentes estaba vetado. Si Rundstedt, por ejemplo, quería hacerse una idea de la situación del Grupo de Ejércitos Sur en el frente oriental su única opción era llamar a título personal a algún conocido suyo en ese sector y confiar en que su conversación no fuera interceptada. De ahí que los mandos de un frente se encontraran en la más absoluta ignorancia respecto a las condiciones de la lucha en los otros.

Si comparamos con las estructuras de mando de los enemigos de Alemania podemos observar como en la URSS STAVKA podía hacer su trabajo desde 1942 sin demasiadas interferencias de Stalin, que decidía las líneas generales de las operaciones pero dejaba que los militares hicieran su trabajo e incluso le rebatieran abiertamente (como hizo Rokossovsky en la planificación de Bagration), o cómo los aliados occidentales fueron capaces de establecer estructuras sensatas de mando pese a tener que coordinar ejércitos de varias nacionalidades, con Eisenhower como único responsable de Overlord y Alexander al mando del frente mediterráneo. Podía haber discrepancias y roces (estando Montgomery o Patton por en medio eso era inevitable) pero las jerarquías estaban claras y los políticos (incluso Churchill) habían aceptado que una vez decidida una operación sus interferencias sólo llevaban al desastre.

El caos del mando alemán obedecía a una sola razón: Hitler, que primero quiso descabezar al Heer con la creación del OKW y luego fue incapaz de delegar responsabilidades, acumulándolas de forma obsesiva en sus manos a la vez que dividía y separaba la administración. Su paranoia veía la independencia de criterio y la libertad operativa como semilleros de traición y a medida que avanzó la guerra se aseguró de eliminarlas. En ese sentido podemos decir que en 1944 el Führer era el enemigo más eficaz del ejército alemán ya que hizo todo lo que estuvo en su mano para atarlo de pies y manos frente a sus adversarios.

Última edición por Japa el Mar 26 Feb 2008 20:38, editado 2 veces en total.

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Mensaje por APV »

La situación era tan absurda que si el cuartel general de Rundstedt quería conocer el estado de las informaciones obtenidas del reconocimiento aéreo del sur de Inglaterra debía cursar la petición al OKW, que a su vez la cursaba a la Luftwaffe, y el servicio de información del ejército (ABWEHR, al mando del almirante Canaris) no podía informar directamente a los cuarteles generales de Francia o Italia de cualquier información que obtuviera sobre sus frentes, sino que debía cursarla al OKW donde a su vez sería examinada por los servicios de información de las SS, que finalmente (si así lo decidían) enviarían a través del OKW la información a los cuarteles, pero ya editada y censurada por ellos.


Además todo esto tenía otro efecto pernicioso porque generaba un exceso de comunicaciones con información desde los frentes a Berlín y a las diferentes ramas implicadas pudiendo ser interceptadas por los aliados, especialmente a estas alturas de la guerra.
Conoce al enemigo y conócete a ti mismo y; en cien batallas, no estarás jamás en peligro Sun Tzu.

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Mensaje por Satur »

Si me permites citar unos párrafos de los primeros capítulos de esta serie, veremos la diferencia entre el innovador pensamiento militar de los años 20 con la decadencia intelectual que impuso Hitler

Había un punto que quedó muy claro: Alemania no podía permitirse la carne de cañón. El soldado alemán nunca volvería a ser un autómata que cumpliera las órdenes sin pensarlas: todos, desde el general hasta el soldado raso, debían ser capaces de tomar decisiones de acuerdo a las circunstancias. El oficial al mando en el campo de batalla debía recibir en las órdenes los objetivos que se esperaban de él, pero la manera de lograrlos era de su incumbencia y sus superiores no debían de interferir una vez iniciada la batalla porque era él quien conocería las circunstancias y cómo variarían durante el combate.

Se estableció un principio básico, la independencia de criterio en el nivel táctico, y se extendió a todos los grados. Y eso se llevó hasta el punto de romper con las barreras que separaban a la tropa de la oficialidad. Los soldados alemanes y sus jefes recibirían el mismo trato, comerían juntos, se entrenarían juntos y alcanzarían un nivel de camaradería desconocido en los ejércitos europeos de la época. El estado mayor alemán tenía claro que el arma más valiosa del Heer iban a ser sus soldados.

Y aquí tenemos reunidas ya en los años 20 varias de las características que definirían a las divisiones panzer: movilidad, decisión táctica, iniciativa. Y los oficiales ingleses, entre tanto, perfeccionaban su destreza en el campo de golf.


La diferencia con la obediencia absoluta que exigía el nazismo es evidente
Cuando el líder eficaz ha dado por terminado su trabajo,
la gente dice que todo ocurrió de un modo natural.
LAO TSE.

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Mensaje por hoff »

Japa escribió:[b][size=18]
El caos del mando alemán obedecía a una sola razón: Hitler, que primero quiso descabezar al Heer con la creación del OKW y luego fue incapaz de delegar responsabilidades, acumulándolas de forma obsesiva en sus manos a la vez que dividía y separaba la administración. Su paranoia veía la independencia de criterio y la libertad operativa como semilleros de traición y a medida que avanzó la guerra se aseguró de eliminarlas. En ese sentido podemos decir que en 1944 el Führer era el enemigo más eficaz del ejército alemán ya que hizo todo lo que estuvo en su mano para atarlo de pies y manos frente a sus adversarios.



Este desbarajuste no era exclusivo de la Wehrmacht, sino que era la norma en la Alemania nazi. Hitler no aceptaba que nadie, nadie tuviera demasiado poder, le fuera absolútamente fiel o no. Eso queda claro en la biografía de Kershaw.

Esas mezquinas peleas no son únicas del nazismo; muchos dictadores han usado esas divisiones para acentuar su poder e impedir que alguien pudiera amenazarlo, no hay más que recordar como azuzaba Napoleón a sus mariscales entre ellos, o como animaba Stalin las desavenencias entre sus generales, pero mientras que estos otros mantenían una estructura unificada en lo militar (algo tan natural y necesario como respirar), Hitler aplicó la duplicación y el solapamiento de autoridad e instituciones en las fuerzas armadas, receta perfecta para el desastre.

Por cierto, no sabía que la VVS hubiera estado subordinada a la marina soviética. Creía que estos últimos ya tenían su propia aviación, así como la fuerza de interceptación (la PVO) y la ADD, o aviación de largo alcance, ocupada de los bombardeos "estratégicos".
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Mensaje por Japa »

Peerdón: es una errata, la VVS estaba subordinada en sus orígenes al ER pero me traicionó el teclado. Paso a corregirlo

Sí, parece que la luftwaffe es uno de los pocos ejércitos del aire que nacieron de forma completamente independiente, porque si mal no recuerdo la USAF nació como una rama del US Army
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Mensaje por Japa »

REFORMANDO LAS DIVISIONES

Como recordaréis, Guderian recibió plenos poderes de Hitler para reconstruir la fuerza acorazada en febrero del 43. Sin embargo sus atribuciones, teóricamente ilimitadas, se vieron en la práctica bastante reducidas por las rivalidades en la cúpula militar y política germana. Además la decisión de llevar a cabo la ofensiva de verano en Kursk y los resultados consiguientes dieron al traste con su planificación, que preveía una serie de reformas de cara a tener en 1944 la PanzerWaffe en óptimas condiciones de combate.

Uno de los asuntos que Guderian quería acometer era la reestructuración de las PzDiv para aprovechar adecuadamente los nuevos diseños de carro y el notable incremento de la producción. Dadas las circunstancias no era aconsejable hacer nada durante el verano, y la prevista reforma no dio comienzo hasta entrado el otoño. A finales de septiembre se cursaron las órdenes correspondientes para estandarizar el equipamiento y la estructura de las divisiones del Heer. Las SS PzDiv igualmente fueron reestructuradas, con prioridad en los nuevos equipos y algo más de potencia en general.

En 1941 (antes de Barbarossa) la estructura base (teórica) de las PzDiv era de una PzBri, compuesta por un sólo PzReg, dividido a su vez en tres PzBon de tres compañías cada uno, una media, equipada con Pz IV y dos ligeras con Pz III. Además había una brigada de infantería con dos regimientos motorizados más un batallón motociclista, un regimiento de artillería mecanizada, un batallón de reconocimiento, uno de artillería antitanque, uno de ingenieros y las unidades de servicios divisionarios. Como ya vimos en su momento la estructura de tres batallones panzer por regimiento no fue posible por simple falta de carros y a la hora de la verdad todavía hubo unidades en las que los Pz II seguían siendo empleados como carros de combate, y por supuesto los Pz 35 y 38 seguían reemplazando a los Pz III.

Las vicisitudes del año 42 fueron dejando la estructura de las PzDiv reducida a apenas un esqueleto, y dado que los Pz III habían sido finalmente retirados del servicio como carros de primera línea (y por supuesto también se había hecho lo mismo con los Pz II, 35 y 38) y ahora se disponía de una producción razonable de los modelos IV y V (éste en aumento), había que replantearse la nueva distribución de la fuerza. El 24 de septiembre se cursó la orden de reorganización de las unidades a lo que se conocería como Tipo 43.

Ante todo se decidió establecer firmemente la estructura básica de dos batallones con cuatro compañías en el regimiento panzer. Únicamente la 21ª PzDiv mantuvo la estructura de tres batallones. Las compañías, a su vez se organizaron en una plantilla máxima de 17 carros medios, Pz IV o Pz V, siendo la estándar de 14 carros. Un batallón contaría con una cifra entre 56 y 68 panzer de los modelos IV y V, más tres o cuatro carros en el mando de batallón. La unidad de mando regimental contaba con 5 panzer y tenía adscrita la unidad antiaérea de FlakPanzer en el caso de que estuvieran disponibles. Dado que la producción de StuG estaba en aumento se consideró aceptable que un máximo de dos compañías acorazadas estuvieran equipadas con cañones de asalto en vez de carros de combate. La fuerza acorazada prevista, pues, sería de entre 125 y 140 carros de combate medios.

Por supuesto no fue posible llevar a cabo estas reformas en su totalidad, y la estructura real de la mayoría de las PzDiv sería de dos batallones de tres compañías acorazadas cada uno, con una fuerza de unos 110-120 carros y StuG en el PzReg. Los primeros Panther empezaron a distribuirse entre octubre y noviembre del 43, así que a primeros del 44 todavía eran mayoritarias las unidades con Pz IV.

Por su parte la brigada de infantería pasó a ser una brigada de Panzergrenadier, con dos regimientos de tres batallones.

Se reforzó la artillería regimental estandarizándose como principal arma contracarro el Pak 40 de 75 mm. La artillería autopropulsada utilizaría cañones ATP Wespe (105 mm sobre chasis Pz II) y Hummel (150 mm sobre chasis Pz III/IV).

Las unidades de cazacarros se potenciaron con la entrada en servicio del JagdPanzer IV que fue reemplazando a los diversos Marder. Al igual que en el PzReg no era raro encontrar unidades en las que el batallón de Panzerjäger contaba con algunos StuG junto a los JagdPanzer, e igualmente los Marder siguieron en servicio en las divisiones que no tenían prioridad a la hora de recibir los nuevos cazacarros.

Pese a todas las pegas, la división panzer de primeros de 1944 era una unidad de combate muy poderosa. Los Pz IV podían medirse tanto con los Sherman como con los T-34 (aunque la llegada del T-34/85 iba a dejarles en precario en el Este) y si bien los primeros Panther eran vehículos bastante problemáticos, se había avanzado bastante en solventar ese escollo y pronto entraría en servicio una nueva versión que por fin corregía la mayoría de los problemas de dentición de este carro y pondría en apuros a los aliados. No obstante el potencial real de combate variaría mucho entre las unidades que, como la Panzer Lehr, la GrossDeutschland o la SS Leibstandarte, disfrutaban de periodos de reposo y recomposición y tenían preferencia para reemplazos y carros, y las PzDiv establecidas de forma permanente en el frente oriental o en Italia, donde los reemplazos llegaban con cuentagotas y apenas se cubrían las bajas de material.

Uno de los motivos de ese desequilibrio era por supuesto la preferencia de Hitler por la formación de nuevas unidades acorazadas en lugar de reconstruir las existentes. Así empezaron a formarse en marzo la 60ª PzGrDiv y la 116ª PzDiv, e igualmente había que equipar a las nuevas unidades de élite como la Panzer Lehr, la HitlerJugend o la Hermann Goering (esta última casi en cuadro tras las pérdidas en Italia.

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