La tercera guerra púnica

Toda la Historia Militar desde la Prehistoria hasta 1453.

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La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Jue 02 Ago 2018 1:28

¡Por fin un respiro! ¡Que siga la fiesta!

A partir del instante en que los ejércitos romanos pusieron pie por primera vez fuera de Italia, tardaron cincuenta y dos años en conquistar el mundo. Polibio, si no me equivoco, establece como punto de partida la primera intervención en Iliria; cincuenta años justos, en todo caso, entre el comienzo de la segunda guerra púnica y la batalla de Pidna. Luego siguieron trece años de paz, interrumpidos por una nueva guerra en Iliria. Por lo visto a los dálmatas les viene de lejos lo de montar bronca.

Este pequeño conflicto, aprovechado para engrasar la maquinaria bélica, no era sin embargo sino la primera gota de la tormenta. Aunque la guerra en los Balcanes casi se había resuelto después de navidades, el 155 antes de Cristo descargó turbulencias y revoluciones en todo el Mediterráneo, en Asia Menor, en Grecia, en la Galia, en Hispania y en el norte de África, de forma súbita y simultánea. Polibio, que ya estaba a punto de concluir su obra, aprovechó para añadirle unos apéndices.

Escribiría una Historia nueva, en la que él ahora intervendría como testigo y protagonista. Sin embargo, aunque esta vez las puertas del templo de Jano no se cerraron hasta el 133 antes de Cristo, con la destrucción de Numancia, Polibio en sus apéndices sólo llegó hasta las destrucciones de Corinto y Cartago, en el 146 antes de Cristo. Nunca estuvo en Numancia. De haber estado allí, habría bordado un final apoteósico. No debe extrañar por tanto que Cicerón lo creyera. La tercera guerra púnica, en realidad, entra dentro del ciclo numantino. Así lo conocieron en su día.

Una vez, un amigo, aficionado por su oficio de camionero a los podcast de Historia, me dijo sorprendido: “Pues ahora me entero de que hubo una tercera guerra púnica.” Nadie se escandalice; en el Gran Capitán tampoco se le había dedicado un hilo hasta ahora, y sin embargo, a mi gusto, la contienda más decisiva de todo el siglo II antes de Cristo, la que verdaderamente marca un antes y un después.

Empezaremos, por supuesto, por las causas, por las guerras númidas, con un fragmento de los más importantes de Apiano y también uno de los más confusos. Llenad la cantimplora porque nos vamos a la árida Libia, a las estribaciones del Atlas.

    “Así termino la segunda guerra entre romanos y cartagineses, que comenzó en Iberia y acabó en África, de acuerdo con los tratados ya expuestos, que incluían a la propia Cartago. Esto sucedió en la ciento cuarenta y cuatro olimpíada, según el cómputo griego. Masinissa, irritado contra los cartagineses y envalentonado por su amistad con Roma, se apoderó de una gran extensión del territorio cartaginés, so pretexto de que ya le había pertenecido en otro tiempo. Entonces, los cartagineses llamaron a los romanos para pedirles que procuraran una avenencia entre ellos y Masinissa. Los romanos, en consecuencia, enviaron árbitros con órdenes de favorecer cuanto pudieran a Masinissa. De este modo, este último se apropió de una parte del territorio de los cartagineses y se efectuó un tratado entre ambos que tuvo vigencia durante cincuenta años. En este tiempo, Cartago, que gozó de una paz ininterrumpida, acrecentó sobremanera su poderío y población a causa de la fertilidad de su suelo y de su buena posición junto al mar.

    Muy pronto, como sucede en situaciones de prosperidad, surgieron diferentes facciones, había un partido prorromano, otro democrático y un tercero que estaba de parte de Masinissa. Cada uno de ellos tenía líderes destacados por su reputación y valor. Annón el Grande era jefe del partido filorromano, a los partidarios de Masinissa los encabezaba Aníbal, apodado el Estornino, y la facción democrática tenía como líderes a Amílcar el Samnita y a Cartalón. Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtíberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo, que estaba rodeado por otras fuerzas iberas, convencieron a Cartalón, jefe de las tropas auxiliares y que, por razón de su cargo, recorría el país, para que atacase a unas tropas de Masinissa acampadas en un territorio en litigio. Éste mató a algunos de ellos, se llevó el botín y azuzó a los africanos rurales contra los númidas. Otros muchos actos de hostilidad tuvieron lugar entre ellos, hasta la llegada de nuevos emisarios romanos, con vistas a restablecer la paz, a los cuales se les ordenó, de igual manera, ayudar en secreto a Masinissa. También ellos consolidaron a Masinissa en los territorios que había ocupado antes con la táctica siguiente. No dijeron ni escucharon nada, a fin de que Masinissa no resultara perjudicado como en un juicio, sino que, situándose en medio de ambos litigantes, estrecharon sus manos. Éste fue el modo en que exhortaron a ambos a mantener la paz. Poco después, Masinissa provocó una disputa con motivo del territorio conocido como “los campos grandes” y del país, perteneciente a cincuenta ciudades, que llaman Tisca. A causa de lo cual los cartagineses acudieron de nuevo a recurrir ante los romanos. Y éstos les prometieron también, entonces, enviarles emisarios para el arbitraje, pero se demoraron hasta que supusieron que los intereses cartagineses se habían perdido casi por completo.

    Entonces, enviaron a los emisarios y, entre otros, a Catón, los cuales, al llegar al territorio que era objeto de disputa, pidieron a ambas partes que dejaran en sus manos todo el asunto. Masinissa, en efecto, dado que ambicionaba más de lo que le correspondía y tenía plena confianza siempre en Roma, consintió, pero los cartagineses sentían sospechas, puesto que sabían que los anteriores embajadores no habían dado decisiones imparciales. Dijeron, por consiguiente, que no deseaban litigar ni hacer rectificación del tratado hecho con Escipión y que sólo se quejaban de su transgresión. Sin embargo, los enviados no aceptaron arbitrar en cuanto a partes y regresaron, no sin antes haber inspeccionado detalladamente el país y ver lo bien cultivado que estaba y los grandes recursos que poseía. También entraron en la ciudad y comprobaron cuán grande era su fuerza y cómo había aumentado su población desde su derrota ante Escipión, no hacía mucho tiempo. Cuando estuvieron de regreso en Roma, manifestaron que, más que envidia, era temor lo que debían sentir ante Cartago, una ciudad enemiga tan grande y próxima que había crecido tan fácilmente. Catón, en especial, dijo que ni siquiera estaría segura la libertad de Roma hasta que destruyeran Cartago. Cuando el senado oyó estas cosas, decidió hacer la guerra, pero necesitaba aún de algún pretexto y mantuvieron su decisión en secreto. Se dice que, desde aquella ocasión, Catón defendía de continuo en el senado la opinión de que Cartago no debía existir, y que Escipión Nasica sostenía una postura contraria, que debía preservarse Cartago como amenaza de la disciplina romana ya en vías de relajación.

    La facción democrática en Cartago expulsó a los partidarios de Masinissa, unos cuarenta aproximadamente, y consiguió un voto de destierro e hicieron jurar al pueblo que no los volverían a recibir jamás y que no aceptarían propuesta acerca de su retorno. Los desterrados huyeron al lado de Masinissa y lo presionaron para que declarase la guerra. Éste, que también la deseaba, envió a Gulussa y Micipsa, dos hijos suyos, a Cartago con la demanda de que acogieran de nuevo a quienes sufrían destierro por su causa. Cuando éstos se aproximaron a las puertas de la ciudad, el jefe de las tropas auxiliares las cerró por temor a que los familiares de los desterrados movieran a compasión al pueblo con sus lágrimas. Amílcar el Samnita atacó a Gulussa cuando iba de regreso, mató a algunos de sus hombres y a él mismo lo puso en un aprieto. Masinissa tomó este hecho como un pretexto para atacar a la ciudad de Horóscopa, que deseaba poseer en contra del tratado. Los cartagineses marcharon contra Masinisa con veinticinco mil soldados de infantería h cuatrocientos jinetes ciudadanos bajo el mando de Asdrúbal, que era entonces el jefe de las tropas auxiliares. Asasis y Suba, lugartenientes de Masinisa, se pasaron a su bando con seis mil jinetes cuando estaban cerca, a causa de algunas diferencias con los hijos de Masinisa. Animado por estas fuerzas, Asdrúbal trasladó su campamento a un lugar más próximo al rey y, en algunas escaramuzas, obtuvo ventaja. Masinisa quiso tenderle una emboscada y se retiró poco a poco como si estuviera huyendo, hasta que llegó a una gran llanura desierta, rodeada por todos los lados de colinas y precipicios y falta de provisiones. Luego retrocedió sobre sus pasos y fijó su campamento en campo abierto. Sin embargo, Asdrúbal subió a las colinas, porque era una posición más sólida.”
    Apiano, Sobre África, 67-70.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Tchazzar el Jue 02 Ago 2018 8:23

Como dices la tercera guerra es la menos conocida. La primera porque debe existir algo antes de la segunda.

Es una guerra muy importante pero no hay color, Roma tiene las de ganar en la guerra en todos los aspectos.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Jue 02 Ago 2018 14:09

No te creas. En esta ocasión los romanos actuaron con una perfidia más que púnica, y si no hubiese sido por el viejo lo habrían tenido muy mal para desembarcar en África. Masinisa, en contra de toda predicción, les entregó Cartago en bandeja, pero no adelantemos acontecimientos.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Rafa.Rodrigo (kappo) el Jue 02 Ago 2018 22:44

Seguiré atento el relato...
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Vie 03 Ago 2018 18:08

Rafa.Rodrigo (kappo) escribió:Seguiré atento el relato...


Agradezco tu interés y espero no defraudarte, aunque ya prevengo a todos de antemano que, siguiendo la tónica, va a ser un hilo muy técnico y muy complicado. Consistirá en analizar textos y sacar conclusiones. A diferencia de los otros hilos que he abierto, no obstante, este asunto lo tengo más currado, así que no vacilaré tanto.

El hilo se dividirá en dos partes, que podrán ir salteándose; una primera sobre los preliminares, las guerras númidas; y una segunda sobre el sitio y destrucción de Cartago. De esta última parte sin embargo he de decir que nunca me he puesto con ella, así que ahí sobre todo me tocará aprender.

Supongo que estando en el subforo de Historia Antigua de un foro de Historia militar, muchos habréis leído el capítulo entero que Apiano le dedica a Viriato, el único relato completo que existe sobre el héroe lusitano. Convendréis conmigo en que eso es indigerible, que además de aburrido no se saca nada en claro. Lo digo porque con el texto que puse arriba ocurre otro tanto. Que me aspen si alguien ha entendido algo o si simplemente le ha gustado.

Hay trabajos actuales que facilitan la digestión y proporcionan una lectura más amena, pero si no conocemos los textos antiguos no podemos saber si están en lo cierto o no. Eso es lo que se va a tratar de averiguar aquí. Por tanto, doy por hecho que los interesados ya poseen unos conocimientos previos. Veremos si se sostienen o si acaso hay que matizarlos.

Primero individualizaremos las fuentes a las que recurre Apiano, sobre las que luego trabajaremos. La ventaja de Apiano, en contrapartida, es que prácticamente se limita a copiar y pegar.

    Así termino la segunda guerra entre romanos y cartagineses, que comenzó en Iberia y acabó en África, de acuerdo con los tratados ya expuestos, que incluían a la propia Cartago. Esto sucedió en la ciento cuarenta y cuatro olimpíada, según el cómputo griego. Masinissa, irritado contra los cartagineses y envalentonado por su amistad con Roma, se apoderó de una gran extensión del territorio cartaginés, so pretexto de que ya le había pertenecido en otro tiempo. Entonces, los cartagineses llamaron a los romanos para pedirles que procuraran una avenencia entre ellos y Masinissa. Los romanos, en consecuencia, enviaron árbitros con órdenes de favorecer cuanto pudieran a Masinissa. De este modo, este último se apropió de una parte del territorio de los cartagineses y se efectuó un tratado entre ambos que tuvo vigencia durante cincuenta años. En este tiempo, Cartago, que gozó de una paz ininterrumpida, acrecentó sobremanera su poderío y población a causa de la fertilidad de su suelo y de su buena posición junto al mar.

    Muy pronto, como sucede en situaciones de prosperidad, surgieron diferentes facciones, había un partido prorromano, otro democrático y un tercero que estaba de parte de Masinissa. Cada uno de ellos tenía líderes destacados por su reputación y valor. Annón el Grande era jefe del partido filorromano, a los partidarios de Masinissa los encabezaba Aníbal, apodado el Estornino, y la facción democrática tenía como líderes a Amílcar el Samnita y a Cartalón. Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtíberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo, que estaba rodeado por otras fuerzas iberas, convencieron a Cartalón, jefe de las tropas auxiliares y que, por razón de su cargo, recorría el país, para que atacase a unas tropas de Masinissa acampadas en un territorio en litigio. Éste mató a algunos de ellos, se llevó el botín y azuzó a los africanos rurales contra los númidas. Otros muchos actos de hostilidad tuvieron lugar entre ellos, hasta la llegada de nuevos emisarios romanos, con vistas a restablecer la paz, a los cuales se les ordenó, de igual manera, ayudar en secreto a Masinissa. También ellos consolidaron a Masinissa en los territorios que había ocupado antes con la táctica siguiente. No dijeron ni escucharon nada, a fin de que Masinissa no resultara perjudicado como en un juicio, sino que, situándose en medio de ambos litigantes, estrecharon sus manos. Éste fue el modo en que exhortaron a ambos a mantener la paz. Poco después, Masinissa provocó una disputa con motivo del territorio conocido como “los campos grandes” y del país, perteneciente a cincuenta ciudades, que llaman Tisca. A causa de lo cual los cartagineses acudieron de nuevo a recurrir ante los romanos. Y éstos les prometieron también, entonces, enviarles emisarios para el arbitraje, pero se demoraron hasta que supusieron que los intereses cartagineses se habían perdido casi por completo.

    Entonces, enviaron a los emisarios y, entre otros, a Catón, los cuales, al llegar al territorio que era objeto de disputa, pidieron a ambas partes que dejaran en sus manos todo el asunto. Masinissa, en efecto, dado que ambicionaba más de lo que le correspondía y tenía plena confianza siempre en Roma, consintió, pero los cartagineses sentían sospechas, puesto que sabían que los anteriores embajadores no habían dado decisiones imparciales. Dijeron, por consiguiente, que no deseaban litigar ni hacer rectificación del tratado hecho con Escipión y que sólo se quejaban de su transgresión. Sin embargo, los enviados no aceptaron arbitrar en cuanto a partes y regresaron, no sin antes haber inspeccionado detalladamente el país y ver lo bien cultivado que estaba y los grandes recursos que poseía. También entraron en la ciudad y comprobaron cuán grande era su fuerza y cómo había aumentado su población desde su derrota ante Escipión, no hacía mucho tiempo. Cuando estuvieron de regreso en Roma, manifestaron que, más que envidia, era temor lo que debían sentir ante Cartago, una ciudad enemiga tan grande y próxima que había crecido tan fácilmente. Catón, en especial, dijo que ni siquiera estaría segura la libertad de Roma hasta que destruyeran Cartago. Cuando el senado oyó estas cosas, decidió hacer la guerra, pero necesitaba aún de algún pretexto y mantuvieron su decisión en secreto. Se dice que, desde aquella ocasión, Catón defendía de continuo en el senado la opinión de que Cartago no debía existir, y que Escipión Nasica sostenía una postura contraria, que debía preservarse Cartago como amenaza de la disciplina romana ya en vías de relajación.


    La facción democrática en Cartago expulsó a los partidarios de Masinissa, unos cuarenta aproximadamente, y consiguió un voto de destierro e hicieron jurar al pueblo que no los volverían a recibir jamás y que no aceptarían propuesta acerca de su retorno. Los desterrados huyeron al lado de Masinissa y lo presionaron para que declarase la guerra. Éste, que también la deseaba, envió a Gulussa y Micipsa, dos hijos suyos, a Cartago con la demanda de que acogieran de nuevo a quienes sufrían destierro por su causa. Cuando éstos se aproximaron a las puertas de la ciudad, el jefe de las tropas auxiliares las cerró por temor a que los familiares de los desterrados movieran a compasión al pueblo con sus lágrimas. Amílcar el Samnita atacó a Gulussa cuando iba de regreso, mató a algunos de sus hombres y a él mismo lo puso en un aprieto. Masinissa tomó este hecho como un pretexto para atacar a la ciudad de Horóscopa, que deseaba poseer en contra del tratado. Los cartagineses marcharon contra Masinisa con veinticinco mil soldados de infantería h cuatrocientos jinetes ciudadanos bajo el mando de Asdrúbal, que era entonces el jefe de las tropas auxiliares. Asasis y Suba, lugartenientes de Masinisa, se pasaron a su bando con seis mil jinetes cuando estaban cerca, a causa de algunas diferencias con los hijos de Masinisa. Animado por estas fuerzas, Asdrúbal trasladó su campamento a un lugar más próximo al rey y, en algunas escaramuzas, obtuvo ventaja. Masinisa quiso tenderle una emboscada y se retiró poco a poco como si estuviera huyendo, hasta que llegó a una gran llanura desierta, rodeada por todos los lados de colinas y precipicios y falta de provisiones. Luego retrocedió sobre sus pasos y fijó su campamento en campo abierto. Sin embargo, Asdrúbal subió a las colinas, porque era una posición más sólida.
    Apiano, Sobre África, 67-70.

El resultado es el siguiente:

Fuente A

    Así termino la segunda guerra entre romanos y cartagineses, que comenzó en Iberia y acabó en África, de acuerdo con los tratados ya expuestos, que incluían a la propia Cartago. Esto sucedió en la ciento cuarenta y cuatro olimpíada, según el cómputo griego.

    Poco después, Masinissa provocó una disputa con motivo del territorio conocido como “los campos grandes” y del país, perteneciente a cincuenta ciudades, que llaman Tisca. A causa de lo cual los cartagineses acudieron de nuevo a recurrir ante los romanos. Y éstos les prometieron también, entonces, enviarles emisarios para el arbitraje, pero se demoraron hasta que supusieron que los intereses cartagineses se habían perdido casi por completo.

    Entonces, enviaron a los emisarios y, entre otros, a Catón, los cuales, al llegar al territorio que era objeto de disputa, pidieron a ambas partes que dejaran en sus manos todo el asunto. Masinissa, en efecto, dado que ambicionaba más de lo que le correspondía y tenía plena confianza siempre en Roma, consintió, pero los cartagineses sentían sospechas, puesto que sabían que los anteriores embajadores no habían dado decisiones imparciales. Dijeron, por consiguiente, que no deseaban litigar ni hacer rectificación del tratado hecho con Escipión y que sólo se quejaban de su transgresión. Sin embargo, los enviados no aceptaron arbitrar en cuanto a partes y regresaron, no sin antes haber inspeccionado detalladamente el país y ver lo bien cultivado que estaba y los grandes recursos que poseía. También entraron en la ciudad y comprobaron cuán grande era su fuerza y cómo había aumentado su población desde su derrota ante Escipión, no hacía mucho tiempo. Cuando estuvieron de regreso en Roma, manifestaron que, más que envidia, era temor lo que debían sentir ante Cartago, una ciudad enemiga tan grande y próxima que había crecido tan fácilmente. Catón, en especial, dijo que ni siquiera estaría segura la libertad de Roma hasta que destruyeran Cartago. Cuando el senado oyó estas cosas, decidió hacer la guerra, pero necesitaba aún de algún pretexto y mantuvieron su decisión en secreto. Se dice que, desde aquella ocasión, Catón defendía de continuo en el senado la opinión de que Cartago no debía existir, y que Escipión Nasica sostenía una postura contraria, que debía preservarse Cartago como amenaza de la disciplina romana ya en vías de relajación.

Fuente B

    Masinissa, irritado contra los cartagineses y envalentonado por su amistad con Roma, se apoderó de una gran extensión del territorio cartaginés, so pretexto de que ya le había pertenecido en otro tiempo. Entonces, los cartagineses llamaron a los romanos para pedirles que procuraran una avenencia entre ellos y Masinissa. Los romanos, en consecuencia, enviaron árbitros con órdenes de favorecer cuanto pudieran a Masinissa. De este modo, este último se apropió de una parte del territorio de los cartagineses y se efectuó un tratado entre ambos que tuvo vigencia durante cincuenta años. En este tiempo, Cartago, que gozó de una paz ininterrumpida, acrecentó sobremanera su poderío y población a causa de la fertilidad de su suelo y de su buena posición junto al mar.

    Otros muchos actos de hostilidad tuvieron lugar entre ellos, hasta la llegada de nuevos emisarios romanos, con vistas a restablecer la paz, a los cuales se les ordenó, de igual manera, ayudar en secreto a Masinissa. También ellos consolidaron a Masinissa en los territorios que había ocupado antes con la táctica siguiente. No dijeron ni escucharon nada, a fin de que Masinissa no resultara perjudicado como en un juicio, sino que, situándose en medio de ambos litigantes, estrecharon sus manos. Éste fue el modo en que exhortaron a ambos a mantener la paz.

Fuente C

    Muy pronto, como sucede en situaciones de prosperidad, surgieron diferentes facciones, había un partido prorromano, otro democrático y un tercero que estaba de parte de Masinissa. Cada uno de ellos tenía líderes destacados por su reputación y valor. Annón el Grande era jefe del partido filorromano, a los partidarios de Masinissa los encabezaba Aníbal, apodado el Estornino, y la facción democrática tenía como líderes a Amílcar el Samnita y a Cartalón. Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtíberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo, que estaba rodeado por otras fuerzas iberas, convencieron a Cartalón, jefe de las tropas auxiliares y que, por razón de su cargo, recorría el país, para que atacase a unas tropas de Masinissa acampadas en un territorio en litigio. Éste mató a algunos de ellos, se llevó el botín y azuzó a los africanos rurales contra los númidas.

    La facción democrática en Cartago expulsó a los partidarios de Masinissa, unos cuarenta aproximadamente, y consiguió un voto de destierro e hicieron jurar al pueblo que no los volverían a recibir jamás y que no aceptarían propuesta acerca de su retorno. Los desterrados huyeron al lado de Masinissa y lo presionaron para que declarase la guerra. Éste, que también la deseaba, envió a Gulussa y Micipsa, dos hijos suyos, a Cartago con la demanda de que acogieran de nuevo a quienes sufrían destierro por su causa. Cuando éstos se aproximaron a las puertas de la ciudad, el jefe de las tropas auxiliares las cerró por temor a que los familiares de los desterrados movieran a compasión al pueblo con sus lágrimas. Amílcar el Samnita atacó a Gulussa cuando iba de regreso, mató a algunos de sus hombres y a él mismo lo puso en un aprieto. Masinissa tomó este hecho como un pretexto para atacar a la ciudad de Horóscopa, que deseaba poseer en contra del tratado. Los cartagineses marcharon contra Masinisa con veinticinco mil soldados de infantería h cuatrocientos jinetes ciudadanos bajo el mando de Asdrúbal, que era entonces el jefe de las tropas auxiliares. Asasis y Suba, lugartenientes de Masinisa, se pasaron a su bando con seis mil jinetes cuando estaban cerca, a causa de algunas diferencias con los hijos de Masinisa. Animado por estas fuerzas, Asdrúbal trasladó su campamento a un lugar más próximo al rey y, en algunas escaramuzas, obtuvo ventaja. Masinisa quiso tenderle una emboscada y se retiró poco a poco como si estuviera huyendo, hasta que llegó a una gran llanura desierta, rodeada por todos los lados de colinas y precipicios y falta de provisiones. Luego retrocedió sobre sus pasos y fijó su campamento en campo abierto. Sin embargo, Asdrúbal subió a las colinas, porque era una posición más sólida.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Elessar el Vie 03 Ago 2018 21:46

Interesante, espero que prosigas con prontitud. Por otra parte se nota que el arte del "Copy Page" era bastante común entre los escribas e historiadores del pasado, debió tomarte bastante tiempo y sobre todo estudio, lo de localizar que estos escrito vienen de tres fuentes diferentes. Saludos Brigadier, aquí tendrás a un soldado lector atento... gc96gc
“Muchos de los que viven merecen morir, y muchos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos”.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Dom 05 Ago 2018 3:06

Gracias, Elessar. Se trabaja más deprisa en equipo que en solitario. Ciertamente lo rumié mucho tiempo.

La cuestión de los Emporios Apiano la repite dos veces, sin saberlo, claro.

    “Masinissa, irritado contra los cartagineses y envalentonado por su amistad con Roma, se apoderó de una gran extensión del territorio cartaginés, so pretexto de que ya le había pertenecido en otro tiempo. Entonces, los cartagineses llamaron a los romanos para pedirles que procuraran una avenencia entre ellos y Masinissa. Los romanos, en consecuencia, enviaron árbitros con órdenes de favorecer cuanto pudieran a Masinissa. De este modo, este último se apropió de una parte del territorio de los cartagineses…”

    “Poco después, Masinissa provocó una disputa con motivo del territorio conocido como “los campos grandes” y del país, perteneciente a cincuenta ciudades, que llaman Tisca. A causa de lo cual los cartagineses acudieron de nuevo a recurrir ante los romanos. Y éstos les prometieron también, entonces, enviarles emisarios para el arbitraje, pero se demoraron hasta que supusieron que los intereses cartagineses se habían perdido casi por completo.”

Polibio, por el contrario, habla como un testigo.

    “En África, Masinisa, veía las numerosas ciudades que se habían edificado alrededor de la Pequeña Sirte y la fertilidad de la región llamada Emporia; ya desde tiempo atrás la suma de los ingresos producidos por estos parajes hacia que los contemplara codiciosamente; no mucho antes del tiempo que ahora nos ocupa determinó probar a los cartagineses. Se adueñó del país rápidamente, porque dominaba todos los territorios deshabitados, y los cartagineses, siempre poco dados a las operaciones terrestres, estaban entonces absolutamente enervados debido a la larga paz. No logró apoderarse de las ciudades, porque los cartagineses las vigilaban cuidadosamente. Ambos bandos presentaron al senado romano la cuestión discutida y llegaron con frecuencia mensajeros de uno y otro lado, y siempre ocurrió que ante los romanos los cartagineses llevaron cada vez la peor parte, y ello sin razón alguna, sólo porque los órganos decisorios creían que una opinión así beneficiaba a Roma: no hacía mucho tiempo que el mismo Masinisa, cuando perseguía a un vasallo suyo rebelde, Apter, pidió a los cartagineses paso por este país, que no le fue concedido porque ellos pensaban que la cosa no les importaba nada. Y, al final, los cartagineses, en el tiempo de que ahora hablo, se vieron tan agobiados por las decisiones del senado, que no sólo perdieron las ciudades y el territorio, sino que encima debieron abonar quinientos talentos por las rentas devengadas durante el periodo en que los territorios estuvieron en disputa.”
    Polibio, Libro XXXI, 21.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Dom 05 Ago 2018 10:08

Imagen

El país de los Emporios cae al sureste de Cartago, en la costa. Su capital es Thapsus, tusca que dice Apiano.

Imagen
Wikipedia

    "Masinisa se dio cuenta de que los cartagineses estaban desacreditados y además desavenidos entre sí, pues el senado recelaba de los principales debido a sus contactos con Aristón, y el pueblo recelaba del senado a causa de la denuncia del mismo Aristón. Entonces pensó que era un buen momento para una agresión, arrasó la zona costera y obligó a algunas ciudades tributarias de los cartagineses a pagarle tributo a él. Emporios es el nombre que dan a aquella comarca; es la zona costera de la Sirte menor, de fértil suelo; su única ciudad, Lepcis, estuvo pagando a los cartagineses un tributo de un talento por día. Por esta época, Masinisa había hostilizado toda la región, y, con respecto a una parte de la misma, había conseguido que se pusiera en duda si pertenecía a su reino o a los cartagineses. Y como se enteró de que éstos pensaban acudir a Roma para defenderse de las acusaciones y al mismo tiempo para presentar quejas contra él, envió a su vez a Roma embajadores para incrementar la gravedad de los cargos con nuevas sospechas y al mismo tiempo discutir la legitimidad de los tributos."
    Livio, XXXIV, 62.
Poco después de acabar la segunda guerra púnica, Masinisa y los cartagineses iniciaron una larga pero intermitente contienda por este territorio. El contencioso quedó zanjado en el 161a. C., y el juicio, si se echan cuentas, duró año y medio, a un talento por día. Los cartagineses acataron la sentencia. El segundo incidente, el que desencadenó la guerra con los romanos, ya no a causa de una disputa territorial exactamente, se produciría cinco años después, en el 156 a. C.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Buscaglia el Dom 05 Ago 2018 10:59

Saludos.

Un espectacular despliegue de fuentes clásicas :Bravo . Como dice Kovaliov en su Historia de Roma, tras la tercera guerra macedónica algo había cambiado en la política exterior romana: la agresividad había aumentado exponencialmente. En esas condiciones iba a resultar imposible para Cartago sobrevivir como entidad autónoma, por muchos rehenes, armas y provisiones que entregara. Las dos primera guerras púnicas, en que tanto habían sufrido los romanos, ya implicaban destruir la ciudad bajo las nuevas premisas.
Según reza una antigua inscripción en la portada de la iglesia de Otxate, cuando el mundo era joven, solo habitaban la tierra y los océanos seres primordiales a los que no resultaba agradable contemplar. Extraños y deformes, procedentes del vacío y las estrellas. En una época aún arcana, estos seres primordiales se ocultaron más allá del tiempo, pero dejaron su semilla. Cthulhu engendró a los seres de la tierra; Dagón, a los marinos, y Derleta, a los lunares.

"Caperucita y otros relatos vascos de terror"

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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Dom 05 Ago 2018 11:12

Gracias, Buscaglia; y eso que he editado el fragmento de Livio justo a la vez que tu entrada. De nuevo jugamos a tres bandas, Polibio, Tito Livio y Apiano. A Apiano siempre se le ha considerado un suplente. Rellena los abundantes huecos.

Opino igual. En esas fechas Roma parece asumir su destino manifiesto y empieza a practicar guerras preventivas. Lo interesante es que gran parte del Mediterráneo se unió contra ella, todos a una, como durante largo tiempo había propugnado Aníbal, aunque ahora ya, como apunta Mommsen, carecían de un buen líder. Los cartagineses se acobardaron, pero habrían dispuesto de muy buenos aliados. Eso Polibio se lo recrimina a los romanos, diciendo que conspiraron para arrebatárselos.

Bueno, y con esto ya, se puede decir que todas las cartas están sobre la mesa, en lo referente a las guerras númidas que preceden a la destrucción de Cartago. Falta un fragmentillo de Plutarco, el de las brevas, que ya buscaré. No hace falta ahora leer a Livio de un tirón, ya se irá citando, pero recomiendo la anécdota del tal Aristón, en este primer año, el 193 a. C.:

    193 a. C.

    “Cuando éstos acababan de partir llegaron de Cartago unos diputados anunciando que Antíoco, sin lugar a dudas, se estaba preparando para la guerra con la colaboración de Aníbal, y crearon inquietud por temor a que se suscitara al mismo tiempo una guerra púnica. Aníbal, huido de su patria, había llegado al lado de Antíoco, como queda dicho, y el rey lo tenía en gran consideración por el único mérito de ser el confidente más cualificado al que hacer partícipe de los planes de guerra contra Roma que llevaba barajando largo tiempo. La opinión de Aníbal era siempre una sola y siempre la misma: la guerra había que hacerla en Italia; Italia proporcionaría suministros y soldados a un enemigo venido de fuera; si se dejaba Italia tranquila y se le permitía al pueblo romano hacer la guerra fuera con los recursos y las tropas de Italia, no había rey ni pueblo alguno que pudiera medirse con los romanos. Pedía que se le confiasen a él cien naves cubiertas, diez mil hombres de infantería y mil de caballería; con una flota así, su primer paso sería dirigirse a África; tenía plena confianza en poder inducir a los cartagineses a reemprender la guerra; si éstos se mostraban remisos, él suscitaría una guerra contra los romanos en alguna parte de Italia; el rey debía pasar a Europa con todas las fuerzas restantes y mantenerlas en algún sitio de Grecia sin cruzar el mar, pero preparado para hacerlo, lo cual era suficiente para suscitar la imagen y los comentarios acerca de una ofensiva.
    Cuando hubo conseguido que el rey hiciese suyo este plan, consideró que debía predisponer los ánimos de sus compatriotas con vistas al mismo, pero no se aventuró a escribir una carta por temor a que desvelase su intento si por algún azar era interceptada. En Éfeso había entrado en contacto con un tirio, un tal Aristón, cuya habilidad había comprobado en encargos de menor importancia; por una parte le colmó de regalos, y por otra despertó en él la esperanza de recompensas, en lo cual también se comprometió el rey, y lo envió a Cartago con una misión. Le dio los nombres de las personas con las que tenía que ponerse en contacto, y le proporcionó también unas señales secretas por las que identificarían como suyas las instrucciones sin lugar a dudas. Cuando este Aristón se dejó ver por Cartago, los adversarios de Aníbal supieron el motivo de su venida tan pronto como sus amigos. Primeramente, el hecho fue tema frecuente de comentarios en reuniones y banquetes; después, en el senado, algunos decían que no se había adelantado nada con el exilio de Aníbal si incluso estando ausente podía tramar revueltas y desestabilizar la situación de la ciudad soliviantando los ánimos de la gente; un tal Aristón, un visitante tirio, había llegado portando instrucciones de Aníbal y del rey Antíoco; determinadas personas se entrevistaban con él en secreto todos los días; se estaba cociendo en la sombra algo que muy pronto iba a estallar acarreando la ruina general. Todos dijeron a gritos que había que llamar a Aristón y preguntarle a qué había venido, y si no se explicaba, enviarlo a Roma con una embajada; bastantes penalidades se habían sufrido ya por la temeridad de una sola persona; los particulares correrían con la responsabilidad de su mal comportamiento; era preciso mantener al Estado exento no sólo de culpa sino de sospecha de culpa. Una vez convocado, Aristón proclamaba su inocencia y aducía como argumento más sólido en su defensa el hecho de no haber traído ninguna carta para nadie; pero no explicaba suficientemente los motivos de su venida, y se mostraba especialmente vacilante cuando se le acusaba de haber tenido contactos sólo con personas de la facción de los Barca. A continuación se originó una discusión entre los partidarios de arrestarlo inmediatamente y meterlo en la cárcel por espía y los que decían que no había razón para alborotarse, que sería un mal precedente castigar a un visitante sin una buena razón, pues les podría ocurrir otro tanto a los cartagineses en Tiro o en otros centros de comercio a los que acudían con frecuencia. El asunto quedó aplazado por aquel día. Aristón, poniendo en juego entre cartagineses una astucia cartaginesa, a la caída de la tarde, en un lugar muy frecuentado donde los magistrados celebraban a diario sus sesiones, colgó unas tablillas escritas, y al tercer relevo de la guardia embarcó en una nave y huyó. Al día siguiente, cuando los sufetes tomaron asiento para administrar justicia, se descubrieron las tablillas, que fueron descolgadas y leídas. El contenido de lo escrito era que Aristón no había traído encargos privados para nadie sino públicos para los de más edad –Así llamaban al senado–. Al haberse extendido a todos la acusación, la investigación, circunscrita a unos pocos, fue menos intensa. Se acordó, no obstante, enviar a Roma una delegación para informar del asunto a los cónsules y al senado, y al propio tiempo para quejarse de los desmanes de Masinisa.
    Masinisa se dio cuenta de que los cartagineses estaban desacreditados y además desavenidos entre sí, pues el senado recelaba de los principales debido a sus contactos con Aristón, y el pueblo recelaba del senado a causa de la denuncia del mismo Aristón. Entonces pensó que era un buen momento para una agresión, arrasó la zona costera y obligó a algunas ciudades tributarias de los cartagineses a pagarle tributo a él. Emporios es el nombre que dan a aquella comarca; es la zona costera de la Sirte menor, de fértil suelo; su única ciudad, Lepcis, estuvo pagando a los cartagineses un tributo de un talento por día. Por esta época, Masinisa había hostilizado toda la región, y, con respecto a una parte de la misma, había conseguido que se pusiera en duda si pertenecía a su reino o a los cartagineses. Y como se enteró de que éstos pensaban acudir a Roma para defenderse de las acusaciones y al mismo tiempo para presentar quejas contra él, envió a su vez a Roma embajadores para incrementar la gravedad de los cargos con nuevas sospechas y al mismo tiempo discutir la legitimidad de los tributos. Los cartagineses, oídos en primer lugar en relación con el visitante tirio, sembraron en los senadores la inquietud ante la perspectiva de tener que combatir con Antíoco y con los cartagineses al mismo tiempo. La sospechosa circunstancia de que no hubiesen tenido bajo vigilancia, tanto a él como a su nave, a quien habían detenido y pensaban enviar a Roma, agravaba la acusación contra ellos. Luego, con los embajadores del rey, se abrió la discusión acerca del territorio ocupado. Los cartagineses basaban la defensa de su causa en el derecho de fronteras, porque estaba dentro de los términos con que Publio Escipión había delimitado, después de su victoria, un territorio que legalmente pertenecía a los cartagineses; y la basaban también en el hecho de que el rey así lo había reconocido, pues cuando perseguía a Aftir, que había huido de su reino y vagaba por los alrededores de Cirenas con un grupo de númidas, les había pedido permiso para pasar por aquel territorio precisamente, dando por hecho que era jurisdicción cartaginesa sin la menor duda. Los númidas, por un lado acusaban de mentir en lo referente a la fijación de límites hecha por Escipión, y por otro decían que si se quería llegar hasta los verdaderos orígenes de aquel derecho, ¿de qué territorio de África eran realmente propietarios los cartagineses? Venidos de fuera, les había sido concedido, como favor, para construir una ciudad, el trozo de tierra que pudieran abarcar con una piel de buey cortada; todo cuanto ocupaban más allá de Bursa, su sede, era tierra ganada por la fuerza y sin derecho. Y con respecto al territorio en cuestión, no podían probar que habían ejercido su posesión no ya ininterrumpidamente desde que lo habían ocupado, sino ni siquiera durante un largo periodo de tiempo. Según las circunstancias, habían reclamado su derecho sobre el mismo unas veces ellos y otras los reyes númidas, y siempre había sido su poseedor el de mayor poder militar. Que dejasen, pues, que la situación quedase como estaba antes de ser los cartagineses enemigos de los romanos, cuando el rey de los númidas era aliado y amigo suyo, y no impidieran que fuese dueño del territorio quien era capaz de hacerlo. Se decidió responder a los diputados de ambas partes que se enviaría a África una comisión para dirimir sobre el terreno las diferencias entre el pueblo cartaginés y el rey. Enviados Publio Escipión Africano, Gayo Cornelio Cetego y Marco Minucio Rufo, oídas las partes y examinada la cuestión, lo dejaron todo en suspenso sin inclinar su veredicto a favor de ninguna de las partes. No hay certeza acerca de si lo hicieron por su propia iniciativa o porque se les habían dado instrucciones en ese sentido; sí parece claro que, dadas las circunstancias, era conveniente dejar sin resolver el enfrentamiento, pues en caso contrario, Escipión por sí solo, tanto por su conocimiento de los hechos como por su autoridad por los buenos servicios prestados a ambas partes, hubiera podido poner fin a la disputa con un simple gesto.”
    Livio, Libro XXXIV, 60-62.

    182 a. C.

    “Aquel mismo año los romanos hicieron de árbitros sobre el terreno en una disputa entre el pueblo cartaginés y el rey Masinisa a propósito de un territorio que Gala, el padre de Masinisa, les había tomado a los cartagineses. Sífax había desalojado de allí a Gala, y posteriormente se lo había dado a los cartagineses como un detalle para congraciarse con su suegro Asdrúbal. Y aquel año Masinisa había echado a los cartagineses. La cuestión fue debatida en presencia de los romanos con tanto apasionamiento como cuando se enfrentaron con las armas en el campo de batalla. Los cartagineses lo reclamaban alegando que había pertenecido a sus antepasados y después había vuelto de manos de Sífax a las suyas. Masinisa sostenía que él había recuperado el territorio perteneciente al reino de su padre y que era suyo en virtud del derecho de los pueblos; que él llevaba la ventaja del título y de la posesión efectiva; lo único que temía en aquel contencioso era que le perjudicasen los escrúpulos de los romanos, preocupados por no dar la impresión de favorecer a un rey aliado y amigo frente a unos enemigos comunes a éste y a ellos. Los comisarios no modificaron el derecho del ocupante y remitieron el caso a Roma, al senado, sin prejuzgarlo.”
    Livio, Libro XL, 17.

    181 a. C.

    “Aquel mismo año se les devolvieron cien rehenes a los cartagineses, y el pueblo romano les concedió la paz tanto en nombre propio como en el de Masinisa, que ocupaba con una guarnición el territorio objeto de controversia.”
    Livio, Libro XL, 34, 14.

    174 a. C.

    “El cinco de junio regresaron de África los embajadores que habían ido a Cartago tras un encuentro previo con el rey Masinisa; por cierto, habían recibido información bastante más segura del rey que de los propios cartagineses acerca de lo que había acontecido en Cartago. Con todo, aseguraron haber averiguado con certeza que habían llegado embajadores del rey Perseo y que el senado les había concedido audiencia por la noche en el templo de Esculapio. Que Cartago hubiera enviado embajadores a Macedonia, el rey lo había asegurado y los cartagineses lo habían negado con poca convicción. El senado decidió enviar también embajadores a Macedonia. Fueron tres los enviados: Gayo Lelio, Marco Valerio Mesala y Sexto Digicio.”
    Livio, Libro XLI, 22, 1-3.

    172 a. C.

    “En aquella época se encontraban en Roma unos embajadores cartagineses, así como Gulusa, hijo de Masinisa. Hubo entre ellos un vivo debate en el senado. Los cartagineses se quejaban de que, aparte del territorio a propósito del cual ya había sido enviada por Roma una comisión para estudiar la situación sobre el terreno, en el transcurso de los dos últimos años Masinisa había ocupado por la fuerza de las armas más de setenta plazas y enclaves fortificados, cosa que no presentaba ninguna dificultad para alguien sin escrúpulos como él; los cartagineses, con las manos atadas por el tratado, tenían que callarse, pues tenían prohibido salir armados fuera de sus fronteras; aun a sabiendas de que combatirían dentro de su territorio si echaban de allí a los númidas, los disuadía de hacerlo aquella cláusula nada ambigua del tratado que les prohibía taxativamente hacer la guerra a unos aliados del pueblo romano. Pero los cartagineses ya no podían seguir soportando la arrogancia, la crueldad y la codicia de Masinisa. Ellos habían sido enviados para pedir al senado que se tuviera a bien concederles una de estas tres cosas: que mediase con imparcialidad entre ellos y Masinisa resolviendo qué pertenecía a cada uno, que autorizase a los cartagineses a defenderse de una agresión injusta con una guerra justa y legítima, o, en último caso, si para los senadores tenía mas peso la simpatía que la verdad, que señalasen de una vez por todas qué posesiones ajenas querían que se le regalasen a Masinisa; seguramente los romanos serían más comedidos en sus dádivas, y ellos a su vez sabrían qué habían otorgado; él por sí mismo no pondría a su arbitrariedad más límite que el de su capricho. Si no se les concedía nada de esto, y si habían incurrido en alguna falta después de serles concedida la paz por Publio Escipión, que fuesen más bien los romanos quienes los castigasen. Ellos preferían una servidumbre sin riesgos bajo la dominación de los romanos a una libertad expuesta a los desafueros de Masinisa; era mejor para ellos, en último extremo, perecer de una vez antes de seguir respirando a merced del capricho del más cruel de los verdugos. Dichas estas palabras, se postraron llorando, y, tendidos en tierra, despertaron tanta animosidad hacia el rey como conmiseración hacia ellos.
    Se decidió preguntar a Gulusa qué respondía a estas acusaciones, o, si prefería exponer esto antes, cuál era el motivo de su venida a Roma. Gulusa dijo que ni a él le resultaba fácil referirse a unas cuestiones acerca de las cuales no tenía instrucción alguna de su padre, ni a su padre le hubiera resultado fácil darle instrucciones, ya que los cartagineses no habían dejado entrever ni de qué iban a tratar ni tampoco que pensaban dirigirse a Roma. Habían tenido una reunión secreta de principales durante varias noches, en el templo de Esculapio, de la que nada había trascendido salvo el envío de embajadores a Roma con instrucciones secretas. Ése había sido el motivo de que su padre le enviara a Roma para rogar al senado que no diese el menor crédito a las acusaciones de los enemigos comunes que le odiaban sin más razón que su inalterable lealtad hacia el pueblo romano. Una vez oídas las intervenciones de las dos partes, el senado, consultado acerca de las peticiones de los cartagineses, autorizó la siguiente respuesta: su decisión era que Gulusa partiera inmediatamente para Numidia y comunicara a su padre que enviase embajadores al senado cuanto antes para tratar las cuestiones de las que se quejaban los cartagineses, y que lo notificase a los cartagineses para que acudieran a discutir el asunto. El senado había hecho y estaba dispuesto a hacer en honor de Masinisa cualquier otra cosa que estuviera en su mano, pero no sacrificaba la justicia a la simpatía. Era voluntad suya que cada uno ejerciese la posesión de aquello que le pertenecía, y no tenía intención de fijar fronteras nuevas, sino de mantener las antiguas. Si les había otorgado a los cartagineses vencidos tanto una ciudad como un territorio, no había sido con el objeto de arrebatarles injustamente en tiempos de paz lo que no les había quitado por derecho de guerra. Con esta respuesta fueron despedidos el príncipe y los cartagineses. Se les hicieron a unos y otros los obsequios de costumbre y se guardaron las demás formas de cortesía de la hospitalidad.”
    Livio, Libro XLII, 23-24.

    156 a. C.

    “El Senado envió una delegación para mediar una disputa fronteriza entre Masinisa y los cartagineses.”

    153 a. C.

    “Embajadores enviados para negociar entre los cartagineses y Masinisa informaron de que habían visto gran cantidad de material naval en Cartago.”

    “Se describen las causas de la Tercera Guerra Púnica. Se dijo que un gran ejército númida, mandado por Arcobarzanes, hijo de Sifax, estaba en suelo cartaginés y Marco Porcio Catón arguyó que aunque estas fuerzas estaban dirigidas ostensiblemente contra Masinisa, de hecho lo estaban también contra el pueblo romano y que, por lo tanto, debía ser declarada la guerra. Publio Cornelio Nasica defendió lo contrario y se acordó enviar embajadores a Cartago para ver qué estaba ocurriendo. Reprendieron al Senado cartaginés porque había, contrariamente al tratado, reunido un ejército y pertrechos para construir buques, y le propusieron hacer la paz entre Cartago y Masinisa, pues Masinisa estaba evacuando la tierra ocupada. Pero Gisgón, hijo de Amílcar, un hombre revoltoso que ocupaba una magistratura, provocó al populacho para guerrear contra los romanos; de modo que cuando el Senado [cartaginés] anunció que cumpliría con los deseos romanos, los embajadores hubieron de huir para escapar de la violencia. Cuando contaron esto, hicieron que el Senado [romano], ya hostil a los cartagineses, incrementara su hostilidad.”

    151 a. C.

    “Gulussa, el hijo de Masinisa, declaró que Cartago había efectuado una leva, que había construido una armada y que, sin ninguna duda, se estaban preparando para la guerra. Cuando Catón arguyó que se debía declarar la guerra y Publio Cornelio Nasica que era mejor no apresurarse, se decidió enviar embajadores a investigar.”

    “Los embajadores volvieron de África con enviados cartagineses y Gulusa, el hijo de Masinisa, diciendo que habían visto cómo se armaba un ejército y una armada en Cartago, y se decidió preguntar la opinión [de todos los senadores]. Mientras que Catón y otros influentes senadores aconsejaban que se enviara un ejército inmediatamente a África, Cornelio Nasica dijo que aún no parecía justificada una guerra y se acordó que se abstendrían de la guerra si los cartagineses quemaban sus buques y despedían a su ejército; si hacían menos de eso, los próximos cónsules llevarían adelante la Guerra Púnica.”

    150 a. C.

    “Cuando los cartagineses declararon la guerra a Masinisa, y rompieron el tratado, fueron vencidos por este hombre (que tenía noventa y dos años y solía comer pan sin apetito y beber sin sed) y cayeron en una guerra contra los romanos.”

    149 a. C.

    “Entre Marco Porcio Catón y Escipión Nasica, de los que el primero era el hombre más inteligente de la ciudad y el segundo estaba considerado el mejor hombre del Senado, hubo un debate por sus opiniones opuestas; Catón apoyaba la guerra, destrucción y saqueo de Cartago y Nasica estaba en contra. Se decidió declarar la guerra a Cartago porque los cartagineses tenían, contrariamente al tratado, barcos, porque habían enviado un ejército fuera de su territorio, porque habían guerreado contra Masinisa, un aliado y amigo del pueblo romano, y porque habían rechazado recibir en su ciudad al hijo de Masinisa, Gulusa (que iba con los embajadores romanos).”

    Tito Livio, Periódicas.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Dom 05 Ago 2018 11:59

Hace bastantes años, me chocó que Mommsen datase la embajada de Catón en el 156 a. C., cuando todo el mundo lo hacía en el 153 o incluso 151 a. C. A mi tampoco me cuadraba. Por entonces todavía no conocía las Periódicas, pero ciertamente en el 156 a. C. se anota una misteriosa comisión. Aunque pasa desapercibida, es precisamente porque se trata de la primera tras lo de los Emporios. Livio se remite a ella en años posteriores, con lo cual parece que se repite.

Que Roma declarara la guerra a una aliada, que para colmo acababa de salir derrotada de otra, sentó muy mal en la opinión internacional. Polibio lo recalca mucho. Los griegos dejaron de hablar de sus propios problemas, la revuelta de Andrisco, para pasar a discutir sobre si los romanos estaban obrando justamente. Polibio se desentiende presentándolo como las opiniones de otros, pero los pone a bajar de un burro, acusándolos de perjuros e impíos.
:~i

    “En Grecia se habló mucho y muy diversamente de los cartagineses cuando fueron derrotados por los romanos; también se habló de Filipo el Impostor, pero, primero se habló de los cartagineses y, después, de Filipo el Impostor. Las opiniones y las tesis acerca de los cartagineses eran varias, pues unos alababan a los romanos y sostenían que habían deliberado sobre su imperio de manera prudente y práctica. Destruir el miedo al enemigo siempre inminente, la ciudad que les había disputado tantas veces la hegemonía y que todavía ahora podía disputársela si se ofrecía la oportunidad, asegurar el dominio de la propia patria fue cosa de hombres juiciosos y que ven muy lejos.
    Algunos contradecían todo esto, alegando que no fue tal la causa que llevó a los romanos a hacerse con la hegemonía, sino que poco a poco habían caído en la ambición de poder que habían tenido los atenienses y lacedemonios. En ellos habían empezado más tarde, pero, por lo que se veía, llegarían con certeza al mismo fin. Pues en primer lugar, los romanos habían guerreado contra todos los pueblos hasta someterlos y hacer aceptar irremisiblemente a sus oponentes una sumisión total y un cumplimento estricto de lo ordenado. El inicio de esta actitud romana lo presentaba la guerra contra Perseo, en la que Roma desarraigó de cuajo el imperio macedonio, y había culminado ahora, en su decisión con respecto a los cartagineses. Éstos no cometieron nada irremediable, pero se les trató de manera dura e irreversible, por más que se avinieran y consintieran en hacer todo lo que se les mandara.
    Otros, en fin, decían que el romano era un pueblo civilizado, que esto le era connatural y que los romanos se jactaban de conducir las guerras de manera noble y sencilla, sin echar mano de emboscadas ni de ataques nocturnos, despreciando cualquier acción a realizar con dolo y engaño. Pensaban que sólo les honraba la lucha abierta y cara a cara. Sin embargo, ahora, al tratarse de los cartagineses, habían recurrido a fraudes y engaños: casi al mismo tiempo ofrecían unas cosas y ocultaban otras, hasta hacer perder a los cartagineses toda esperanza de recibir ayuda de sus aliados. Esto era más propio de las intrigas de un déspota, que de una actitud civilizada y romana: el nombre lógico que merecía era sacrilegio y traición.”
    Polibio, Libro XXXVI, 9.

Menos mal que Marco Porcio ya estaba criando malvas. :-*
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Flavius Stilicho el Dom 05 Ago 2018 15:29

:dpm: Bernardo.
Como de costumbre un análisis profundo y prometedor.

No extraña lo de que estuviera mal vista por sus vecinos la actitud de Roma. Se suele destacar las diferentes visiones que tenían Roma y los estados helénicos sobre la guerra y la paz; ese concepto de "sumisión total y cumplimiento estricto de lo ordenado". Si no me equivoco una cuestión importante era que dado que Cartago había cumplido con los 50 años de pagos, muchos consideraban que ya pasaba a ser un estado plenamente independiente no sujeta al resto de obligaciones, salvo nuevos acuerdos; mientras que en Roma defendían que seguía siendo una "aliada" con ese peculiar acento que implicaba "estado vasallo".

Saludos.
"Con más facilidad se les llama bravos a los audaces que seguros a los prudentes".

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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Dom 05 Ago 2018 19:36

Muy honrado, Flavius Stilicho, viniendo de tan gran conocedor de las fuentes clásicas.

Para los griegos, principalmente, amantes del equilibrio, significa el paso de un orden mundial multilateral a otro unilateral. No sólo los cartagineses por su condición de derrotados, sino los aqueos, por ejemplo, o los rodios, que como partes débiles en esta tectónica de placas se habían entusiasmado con el auge de Roma y habían tomado partido por ella, pasan de la noche a la mañana de aliados a vasallos. Pero hasta la aristocracia romana recela de este cambio. El clarividente fue Nasica, y no Catón. La cohesión social de la República se rompería en cuanto desapareciesen los enemigos que la habían sostenido.

En los quincuagenarios o cuadragenarios se suelen producir episodios de recuerdo y recaídas, aunque también es cierto que los historiadores, prediciendo el pasado, no tenemos precio. Las causas profundas están de sobra tratadas, y por su universalidad trascienden el mero estudio puntillista de las fuentes. A lo que me opongo es a ese determinismo por el que siempre se acaba diciendo: “la guerra era inevitable”. Puede que lo fuese, pero ellos no lo sabían. La causa inmediata siempre se produce como un suceso fortuito, de lo contrario, recordando a Polibio, no es causa sino excusa, o incluso un primer acto hostil.

De lo que sí se puede alertar es que, en Historia Antigua, a falta de datos más precisos, muchas veces se generaliza demasiado y se cae en tópicos. ¿Qué se puede decir en realidad sobre la causa inmediata de la tercera guerra púnica? A falta de ese detalle, se ha hecho excesivo hincapié en la faceta depredadora de Roma.

Ese cambio generacional, por supuesto, y sobre todo la incertidumbre ante la inminente falta de Masinisa, influye, pero no hay que pensar que los romanos llevaban cincuenta años planeando esta guerra. Estalla de forma repentina (me refiero al incidente tras el cual comienza la escalada de violencia cinco años antes, la última guerra númida), sin que nadie se lo esperase. Polibio, a mi entender, se deja llevar por el rencor que guarda a sus captores y los acusa de conspiradores. Se muestra demasiado cruel con ellos.

    “Hacía tiempo que la decisión había sido tomada en firme y ahora los romanos buscaban un pretexto que, a su parecer, fuera honesto de cara a los de fuera. Pues éste era un aspecto que tenían muy en cuenta, ciertamente, y en ello pensaban bien. Una declaración de guerra, apostilla Demetrio, si parece justa, agranda los triunfos y aminora las derrotas, pero si parece injusta y vergonzosa, surte efectos contrarios. En aquella ocasión los romanos estuvieron a punto de dejar aquella guerra, precisamente porque no se ponían de acuerdo sobre sus efectos en la opinión exterior.”
    Polibio, XXXVI, 2.

Tanto en Grecia como en Cartago, y hasta cierto punto en la Celtiberia, estallan revueltas populares, contra los romanos a la vez que contra la aristocracia colaboracionista o afrancesada, el partido filo-romano.

    "Muy pronto, como sucede en situaciones de prosperidad, surgieron diferentes facciones, había un partido prorromano, otro democrático y un tercero que estaba de parte de Masinissa. Cada uno de ellos tenía líderes destacados por su reputación y valor. Annón el Grande era jefe del partido filorromano, a los partidarios de Masinissa los encabezaba Aníbal, apodado el Estornino, y la facción democrática tenía como líderes a Amílcar el Samnita y a Cartalón. Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtíberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo, que estaba rodeado por otras fuerzas iberas, convencieron a Cartalón, jefe de las tropas auxiliares y que, por razón de su cargo, recorría el país, para que atacase a unas tropas de Masinissa acampadas en un territorio en litigio. Éste mató a algunos de ellos, se llevó el botín y azuzó a los africanos rurales contra los númidas."
    Apiano, África, 68.

    “La facción democrática en Cartago expulsó a los partidarios de Masinissa, unos cuarenta aproximadamente, y consiguió un voto de destierro e hicieron jurar al pueblo que no los volverían a recibir jamás y que no aceptarían propuesta acerca de su retorno. Los desterrados huyeron al lado de Masinissa y lo presionaron para que declarase la guerra.”
    Apiano, África, 70.

Cuando estos dos fragmentos se leen seguidos, como una sola fuente, cambia mucho el cuento, porque la ciudad de la que son expulsados los partidarios de Masinisa ya no es Cartago, sino la capital de esos africanos rurales que se habían sublevado. Se trata de los cuarenta miembros de un consejo, el órgano de gobierno en pleno. Esta ciudad podría ser Tapso.

Pero hay otra cuestión. Masinisa al mismo tiempo estaba luchando contra mercenarios iberos. No los podían haber contratado los de Tapso porque es precisamente a raíz de eso cuando se sublevan. Cartago tampoco podía ser, puesto que entonces los romanos no habrían necesitado ninguna excusa. ¿Quién les pagaba la soldada y de qué fecha exactamente estamos hablando?

    "Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtíberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo, que estaba rodeado por otras fuerzas iberas..."
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Dom 05 Ago 2018 21:50

Flavius Stilicho escribió: :dpm: Bernardo.
Como de costumbre un análisis profundo y prometedor.

No extraña lo de que estuviera mal vista por sus vecinos la actitud de Roma. Se suele destacar las diferentes visiones que tenían Roma y los estados helénicos sobre la guerra y la paz; ese concepto de "sumisión total y cumplimiento estricto de lo ordenado". Si no me equivoco una cuestión importante era que dado que Cartago había cumplido con los 50 años de pagos, muchos consideraban que ya pasaba a ser un estado plenamente independiente no sujeta al resto de obligaciones, salvo nuevos acuerdos; mientras que en Roma defendían que seguía siendo una "aliada" con ese peculiar acento que implicaba "estado vasallo".

Saludos.

Flavius Stilicho tiene mucha razón con lo del cambio generacional. El primer dinosaurio que se extingue es Vermina, el hijo de Sifax. Tras su muerte estalla una guerra civil entre los númidas. Arcobarzanes, hermano del fenecido y sucesor, es expulsado por el partido de Masinisa, y busca asilo en Cartago. Desde allí emprende acciones hostiles contra su enemigo.

    “Se describen las causas de la Tercera Guerra Púnica. Se dijo que un gran ejército númida, mandado por Arcobarzanes, hijo de Sifax, estaba en suelo cartaginés y Marco Porcio Catón arguyó que aunque estas fuerzas estaban dirigidas ostensiblemente contra Masinisa, de hecho lo estaban también contra el pueblo romano y que, por lo tanto, debía ser declarada la guerra. Publio Cornelio Nasica defendió lo contrario y se acordó enviar embajadores a Cartago para ver qué estaba ocurriendo."
    Periódicas.
Catón y Nasica parecen saber bien de qué están hablando. ¿Acaso ya habían visitado África? Así debió pensar Mommsen. Se supone además que fue en este discurso cuando a Catón se le cayeron los higos al incorporarse, higos cogidos cuatro días antes en Cartago.

El orden de las intervenciones está alterado en las Periódicas:

    "...y Marco Porcio Catón arguyó que aunque estas fuerzas estaban dirigidas ostensiblemente contra Masinisa, de hecho lo estaban también contra el pueblo romano..."
Está respondiendo. Nasica había intervenido antes, mientras Catón se comía los higos.

Los romanos no fumaban, así que algo tendrían que hacer para pasar el rato. :~i
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Elessar el Mar 07 Ago 2018 20:36

Leer estas fuentes hace notar lo tan importante que en aquellos tiempos era manejar una buena política exterior, para resolver todos los asuntos sin afectar la opinión publica del entorno del mediterráneo, muy similar a lo que sucede ahora a nivel mundial. Eso nos deja ver de que las cosas no han cambiado a lo largo de los siglos, y que los actos de Roma podría traer consecuencias contradictorias como por ejemplo ahora tiene Estados Unidos con sus problemas en el Medio Oriente; aun así lo que si sabemos es que al final Roma consiguió salirse con la suya. XD
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Buscaglia el Mar 07 Ago 2018 21:27

Saludos.

Una duda para los no conocedores en profundidad del tema como yo. Realmente, ¿Catón se creía lo que decía? ¿O la guerra contra Cartago era su intento desesperado de que Roma no se expandiese hacia Grecia y allí se pervirtiese el ideal republicano en medio de sus especulaciones intelectuales, refinamiento y artes? Porque el nieto de Catón, el moralista de "Te presto a mi mujer", que actuaba como el legado de su figura tenía ese tipo de hipocresía.
Según reza una antigua inscripción en la portada de la iglesia de Otxate, cuando el mundo era joven, solo habitaban la tierra y los océanos seres primordiales a los que no resultaba agradable contemplar. Extraños y deformes, procedentes del vacío y las estrellas. En una época aún arcana, estos seres primordiales se ocultaron más allá del tiempo, pero dejaron su semilla. Cthulhu engendró a los seres de la tierra; Dagón, a los marinos, y Derleta, a los lunares.

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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Mar 07 Ago 2018 21:33

Elessar escribió:Leer estas fuentes hace notar lo tan importante que en aquellos tiempos era manejar una buena política exterior, para resolver todos los asuntos sin afectar la opinión publica del entorno del mediterráneo, muy similar a lo que sucede ahora a nivel mundial. Eso nos deja ver de que las cosas no han cambiado a lo largo de los siglos, y que los actos de Roma podría traer consecuencias contradictorias como por ejemplo ahora tiene Estados Unidos con sus problemas en el Medio Oriente; aun así lo que si sabemos es que al final Roma consiguió salirse con la suya. XD

Desde mi punto de vista, hay un gran paralelismo entre Roma y los EEUU. No se trata de potencias coloniales que se enfrentan a indígenas atrasados, sino que deben lidiar con ejércitos terrestres incluso superiores, de ahí la importancia de la política y el equilibrio de fuerzas. Por otro lado, en ambos casos lo que marcó la diferencia con el resto de Estados fue el control de los mares, la superioridad naval. En eso sí que se preocuparon de que nadie destacara sobre ellos.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Lutzow el Mar 07 Ago 2018 21:48

Tras la Segunda Guerra Púnica no existía ningún ejército que pudiese hacer sombra a las Legiones... Yo no encuentro ese paralelismo entre EE.UU. y Roma, el primero ejerce un dominio mundial más bien "blando" pese a episodios como los de Irak, Roma era una potencia territorialmente expansionista, como si EE.UU si hubiese anexionado México o ya puestos toda América...

Saludos.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Mar 07 Ago 2018 21:50

Buscaglia escribió:Saludos.

Una duda para los no conocedores en profundidad del tema como yo. Realmente, ¿Catón se creía lo que decía? ¿O la guerra contra Cartago era su intento desesperado de que Roma no se expandiese hacia Grecia y allí se pervirtiese el ideal republicano en medio de sus especulaciones intelectuales, refinamiento y artes? Porque el nieto de Catón, el moralista de "Te presto a mi mujer", que actuaba como el legado de su figura tenía ese tipo de hipocresía.

Los Catones, a mi entender, en ese sentido fueron igualmente hipócritas y escandalosos. Marco Porcio, después de enviudar, se casó con una liberta hispana, si no me equivoco, de la que tuvo un hijo siendo ya octogenario. Con su familia no se llevaba nada bien. Ambos Catones, por lo demás, eran también muy cultos y conocían muy bien las letras griegas, por más que públicamente renegasen de ellas.

En lo de Cartago, no obstante, lo que mueve a Catón es la preocupación por la seguridad de Roma. Se cuenta que en su obra sobre agricultura recomienda vender a los esclavos cuando llegan a viejos. No se si eso es cierto, pero el caso es que tenía fama de falto de piedad o caridad, un hombre muy justo pero que carecía de compasión, la virtud más importante. A los romanos les gustaba mucho filosofar sobre el tema de las virtudes y ponían a Catón como ejemplo. Decían que hasta a las mulas que habían subido las piedras a la Acrópolis de Atenas después se las había dejado descansar. Todo esto lo cuenta mejor Plutarco en sus Vidas Paralelas.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Mar 07 Ago 2018 22:19

Lutzow escribió:Tras la Segunda Guerra Púnica no existía ningún ejército que pudiese hacer sombra a las Legiones... Yo no encuentro ese paralelismo entre EE.UU. y Roma, el primero ejerce un dominio mundial más bien "blando" pese a episodios como los de Irak, Roma era una potencia territorialmente expansionista, como si EE.UU si hubiese anexionado México o ya puestos toda América...

Saludos.


Al final vamos a tener que abrir un hilo específico para este asunto. ,-)

Sólo diré aquí que Hispania tardó dos siglos en ser pacificada, y los romanos sufrieron más bajas de combatientes que los propios hispanos. Aparte, en esos doscientos años, sólo hay constancia de un acto delictivo o injustificado, el de Galba en Nertóbriga, al cual además se le encausó. Con leyenda negra y todo, no creo que los americanos tengan mejor fama dentro de dos mil años. Aparte, no se es más cruel por matar a cuchillo que con un dron. Como decían las alemanas: “es preferible tener un ruso dentro que un americano encima.” Lo digo por si también vamos a comparar el procesamiento de los vencidos.
Última edición por Bernardo Pascual el Mar 07 Ago 2018 22:49, editado 1 vez en total
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Buscaglia el Mar 07 Ago 2018 22:49

Bernardo Pascual escribió:
Buscaglia escribió:Saludos.

Una duda para los no conocedores en profundidad del tema como yo. Realmente, ¿Catón se creía lo que decía? ¿O la guerra contra Cartago era su intento desesperado de que Roma no se expandiese hacia Grecia y allí se pervirtiese el ideal republicano en medio de sus especulaciones intelectuales, refinamiento y artes? Porque el nieto de Catón, el moralista de "Te presto a mi mujer", que actuaba como el legado de su figura tenía ese tipo de hipocresía.

Los Catones, a mi entender, en ese sentido fueron igualmente hipócritas y escandalosos. Marco Porcio, después de enviudar, se casó con una liberta hispana, si no me equivoco, de la que tuvo un hijo siendo ya octogenario. Con su familia no se llevaba nada bien. Ambos Catones, por lo demás, eran también muy cultos y conocían muy bien las letras griegas, por más que públicamente renegasen de ellas.

En lo de Cartago, no obstante, lo que mueve a Catón es la preocupación por la seguridad de Roma. Se cuenta que en su obra sobre agricultura recomienda vender a los esclavos cuando llegan a viejos. No se si eso es cierto, pero el caso es que tenía fama de falto de piedad o caridad, un hombre muy justo pero que carecía de compasión, la virtud más importante. A los romanos les gustaba mucho filosofar sobre el tema de las virtudes y ponían a Catón como ejemplo. Decían que hasta a las mulas que habían subido las piedras a la Acrópolis de Atenas después se las había dejado descansar. Todo esto lo cuenta mejor Plutarco en sus Vidas Paralelas.



Saludos.

Entonces en ese caso no hay hipocresía, sino patriotismo bienintencionado. Pero temer a Cartago a esas alturas parece de timoratos. Dificilísimo que Cartago, con sus problemas para gobernarse a sí mismo, pudiera concentar la alianza necesaria para batir a Roma unido a los estados helenísticos.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Mar 07 Ago 2018 23:02

Buscaglia escribió:Entonces en ese caso no hay hipocresía, sino patriotismo bienintencionado. Pero temer a Cartago a esas alturas parece de timoratos. Dificilísimo que Cartago, con sus problemas para gobernarse a sí mismo, pudiera concentar la alianza necesaria para batir a Roma unido a los estados helenísticos.

Eso es precisamente lo que voy a tratar de demostrar, que la tercera guerra púnica implica mucho más que la destrucción de Cartago. El Mediterráneo entero se divide en dos bandos, si bien el bando rebelde estaba lógicamente menos organizado. En todo caso, más que la supervivencia, lo que se jugaba Roma era la hegemonía, la unilateralidad, aunque a esas alturas una cosa llevaba a la otra. Pensemos lo que puede suponer para EEUU una derrota en cualquier frente insignificante, seguramente el afianzamiento de una coalición contra ellos. Los Estados helenísticos hasta este momento aliados de Roma también se sublevaron, lo cual acarreó su ruina definitiva. Tuvo lugar un proceso revolucionario en toda regla. Como dijera Churchill: “después de la guerra de los gigantes vino la guerra de los enanos.”
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Mar 07 Ago 2018 23:28

Lutzow escribió:...como si EE.UU si hubiese anexionado México o ya puestos toda América...

Si no recuerdo mal, respecto a lo del talante demócrata de los romanos, Coriolano, a la plebe que lo abucheaba y acabó obligándolo a dimitir, la recriminó con el argumento de que a todos ellos los había capturado él como esclavos, algo que, aunque seguramente fuese cierto, escandalizó incluso a la propia aristocracia.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Lutzow el Mar 07 Ago 2018 23:45

¿Cuándo fue Roma una democracia?... Respecto a los dos siglos de conquista sabes mejor que yo que hay más de mito que de realidad, la mayor parte de Hispania pasa a control romano tras la Segunda Guerra Púnica, lo que existen son rebeliones varias por una parte y escasas ganas de guerrear por la otra ante la falta de botín que se pudiese obtener, pero cuando Roma quiso ocupar el Norte lo hizo... Respecto al número total de bajas dudo de que exista alguna fuente que las contabilice, y a las barbaries estas debieron estar a la orden del día en uno y otro bando... Sigo sin ver el menor paralelismo entre Roma y EE.UU., sus respectivos dominios se dan en épocas totalmente distintas, con diferentes mentalidades, moral, ética y comunicación de masas...

Saludos.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Tchazzar el Mié 08 Ago 2018 6:28

Para ellos eran una democracia como en Atenas. Tenían elecciones. Lo decía Polibio que unía lo mejor de las tres formas de gobierno.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Vie 10 Ago 2018 23:07

    “Por eso la culminación de esta historia será conocer cuál fue la situación de cada pueblo después de verse sometido, de haber caído bajo el dominio romano, hasta las turbulencias y revoluciones que, después de estos hechos, se han producido. En vistas a la importancia de las acciones que entonces se desarrollaron y al carácter extraordinario de los acontecimientos, pero también –y esto es lo más importante- en razón del hecho de que yo he sido no solamente espectador, sino unas veces colaborador y otras dirigente, he emprendido la redacción, por así decir, de una historia nueva, tomando un punto de partida nuevo también.
    Los trastornos a que me refería son los siguientes: los romanos hicieron la guerra a los celtíberos y a los vacceos, mientras que los cartagineses guerrearon contra Masinisa, rey de Libia. En Asia, Átalo y Prusias se combatían mutuamente y el rey de Capadocia, Ariarates, expulsado de su trono por Orofernes con la ayuda del rey Demetrio, recuperó el reino que le legara su padre apoyado por Átalo. Por otro lado, Demetrio, hijo de Seleuco, tras reinar en Siria durante doce años, perdió a la vez la vida y el imperio, al coaligarse contra los demás reyes. Y también los romanos levantaron la acusación de que habían sido objeto los griegos inculpados en la guerra de Perseo y les reintegraron a sus países. Y los mismos romanos atacaron, poco tiempo después, a los cartagineses, con el propósito, primero, de forzarles a expatriarse, y después de aniquilarles totalmente, por las causas que se expondrán a continuación. Paralelamente a estos hechos, al romper los macedonios la amistad con los romanos y abandonar los lacedemonios la Liga aquea, se inició el proceso que conduciría a la ruina total de Grecia.
    De modo que éste es nuestro plan. Pero aún depende de la Fortuna que mi vida dure lo suficiente para llevar nuestro propósito hasta el final. Sin embargo, estoy convencido de que si nos ocurre lo que es propio de los hombres, el proyecto no quedará en el aire ni le faltarán hombres cabales; su belleza atraerá a muchos que lo tomarán bajo su responsabilidad y se esforzarán por llevarlo a cabo.”
    (Polibio, Libro III, 4-5.)

Imagen

Los dálmatas rompen su alianza con los romanos y roban los caballos requisados en Iliria. Eso confirma lo que dice Polibio; que la decisión se tomó de antemano. Marco Porcio Catón convenció al senado de disponerse para la guerra, y no en el año 153 antes de Cristo, sino en el 156, “hacía tiempo”, que precisa Polibio. En Bitinia había una importante embajada púnica. Prusias por sí solo tenía muy poca iniciativa. Los celtíberos también se rebelan contra el envío de tropas a África, mientras que en la desembocadura del Ródano y en la Bastetania confluyen mercenarios galos y lusitanos, mercenarios reclutados por Arcobarzanes para luchar contra Masinisa.
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor RODRIGO1 el Vie 10 Ago 2018 23:46

El Senado y el Pueblo Romano tenían ante todo: Poder y Voluntad de Poder.

Fueran expansionistas o tradicionalistas, era una época en que la sola existencia de una potencia (aunque esa menor) les parecía un auténtico desafío (muy parecido a los EE.UU. actuales)

Creo que Caton decía la verdad al hablar de Cartago, y yo pienso lo mismo, los púnicos eran un enemigo temible, así lo habían demostrado, y capaces de producir el dinero necesario para oponerse con dureza a Roma. Los romanos hicieron bien en dar cuenta de Cartago, y cualquier enemigo antes que creciera demasiado.

Y en la lucha por el predominio mundial, no existe honor, ni respeto a los pactos. Los romanos actuaron con deslealtad "púnica" en esa guerra (y supongo que en la mayoría de las guerras, no vamos a creer en su propaganda)

Saludos
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Sab 11 Ago 2018 1:02

El discurso de Catón se puede reconstruir. Primero Nasica expuso la situación, mientras aquel comía higos. Explicó que Arcobarzanes se había exiliado a Cartago con su séquito. En ese caso el agresor era Masinisa, ya que entre los númidas la jefatura pasaba a los hermanos, no a los hijos. Cuando le tocó el turno a Catón, al levantarse de la silla curul, se le cayeron los higos del regazo, el famoso incidente, y, como tenían muy buen aspecto y se los iban pasando de mano en mano, comentó que el lugar donde los había cogido distaba apenas cuatro días en barco de Roma. No hizo falta que mencionara el nombre. Seguidamente empezó a elogiar la prosperidad alcanzada por dicho lugar en aquellos cuarenta y tantos años. Presentó la amenaza creciente para concluir que la prudencia imponía anticiparse. Si en aquella disputa dinástica triunfaban los partidarios de Cartago, ésta recuperaría de nuevo África. “Aquel ejército no amenazaba a Masinisa, amenazaba directamente a Roma.”

Se acabó votando una postura intermedia. Se reclutarían algunas legiones para tenerlas dispuestas, pero se esperaría a que Cartago se implicase de lleno. Hasta el momento, el gobierno seguía en manos de la facción prorromana, pero ahora en las calles comenzaban a producirse tumultos. Las comisiones investigadoras se sucederían en los años siguientes indagando sobre el rearme.

Durante mucho tiempo pensé que Masinisa jugaba a dos bandas, de ahí que Apiano mencionase a sus partidarios, expulsados según él de la misma Cartago en el último momento, pero no. En Cartago no había un partido liderado por Masinisa ni mucho menos, sino en aquel país de los Emporios que les había arrebatado a los cartagineses, los nuevos gobernantes. Las ciudades fenicias, por lo visto, se regían por un consejo de cuarenta miembros. Los rebeldes, en cuanto que se trata de una guerra civil, actúan desde dentro de la propia nación númida, y de allí se extiende la revuelta a los territorios recién adquiridos por Masinisa. La vieja metrópoli se cuida mucho de intervenir, lo cual provoca inevitables disturbios, el inicio de una revolución, dirigida hábilmente, o no tanto en opinión de Mommsen, por la facción demócrata, sin duda con elementos bárcidas entre sus filas.
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Bernardo Pascual
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Elessar el Sab 25 Ago 2018 21:48

RODRIGO1 escribió:El Senado y el Pueblo Romano tenían ante todo: Poder y Voluntad de Poder.

Fueran expansionistas o tradicionalistas, era una época en que la sola existencia de una potencia (aunque esa menor) les parecía un auténtico desafío (muy parecido a los EE.UU. actuales)

Creo que Caton decía la verdad al hablar de Cartago, y yo pienso lo mismo, los púnicos eran un enemigo temible, así lo habían demostrado, y capaces de producir el dinero necesario para oponerse con dureza a Roma. Los romanos hicieron bien en dar cuenta de Cartago, y cualquier enemigo antes que creciera demasiado.

Y en la lucha por el predominio mundial, no existe honor, ni respeto a los pactos. Los romanos actuaron con deslealtad "púnica" en esa guerra (y supongo que en la mayoría de las guerras, no vamos a creer en su propaganda)

Saludos


La historia a demostrado que es casi imposible que dos o varias potencias convivan juntas, un ejemplo de esto esta en la Guerra Fría; a pesar de que se quieran mostrar como benevolentes en sus respectivas decisiones políticas en cuanto a al trato hacia sus enemigos (con tal de mostrarse como los buenos o justos en la vista de otras naciones), lo cierto que cada potencia desea de forma desmesurada la aniquilación total de su contrario. Lo que quiero decir es que Roma siempre habría buscado la manera de quitarse a los Cartagineses de encima y tarde o temprano lo iban a terminar haciendo. Solo necesitaban un motivo aceptable para darles el golpe de gracia, para no quedar mal ante los ojos "internacionales", aunque por lo que he leído aquí, los demás Reinos sabían que Roma se quería salir con la suya y lo más probable que al igual que pasa ahora, se dudarían de su forma de actuar, o sea como vos has dicho, de manera desleal.

Bernardo Pascual escribió:El discurso de Catón se puede reconstruir. Primero Nasica expuso la situación, mientras aquel comía higos. Explicó que Arcobarzanes se había exiliado a Cartago con su séquito. En ese caso el agresor era Masinisa, ya que entre los númidas la jefatura pasaba a los hermanos, no a los hijos. Cuando le tocó el turno a Catón, al levantarse de la silla curul, se le cayeron los higos del regazo, el famoso incidente, y, como tenían muy buen aspecto y se los iban pasando de mano en mano, comentó que el lugar donde los había cogido distaba apenas cuatro días en barco de Roma. No hizo falta que mencionara el nombre. Seguidamente empezó a elogiar la prosperidad alcanzada por dicho lugar en aquellos cuarenta y tantos años. Presentó la amenaza creciente para concluir que la prudencia imponía anticiparse. Si en aquella disputa dinástica triunfaban los partidarios de Cartago, ésta recuperaría de nuevo África. “Aquel ejército no amenazaba a Masinisa, amenazaba directamente a Roma.”

Se acabó votando una postura intermedia. Se reclutarían algunas legiones para tenerlas dispuestas, pero se esperaría a que Cartago se implicase de lleno. Hasta el momento, el gobierno seguía en manos de la facción prorromana, pero ahora en las calles comenzaban a producirse tumultos. Las comisiones investigadoras se sucederían en los años siguientes indagando sobre el rearme.

Durante mucho tiempo pensé que Masinisa jugaba a dos bandas, de ahí que Apiano mencionase a sus partidarios, expulsados según él de la misma Cartago en el último momento, pero no. En Cartago no había un partido liderado por Masinisa ni mucho menos, sino en aquel país de los Emporios que les había arrebatado a los cartagineses, los nuevos gobernantes. Las ciudades fenicias, por lo visto, se regían por un consejo de cuarenta miembros. Los rebeldes, en cuanto que se trata de una guerra civil, actúan desde dentro de la propia nación númida, y de allí se extiende la revuelta a los territorios recién adquiridos por Masinisa. La vieja metrópoli se cuida mucho de intervenir, lo cual provoca inevitables disturbios, el inicio de una revolución, dirigida hábilmente, o no tanto en opinión de Mommsen, por la facción demócrata, sin duda con elementos bárcidas entre sus filas.


O sea que de cierta forma, Masinisa no causo la guerra como tal, sino que se iniciaron en las revueltas que se originaron en las tierras que habían sido recientemente arrebatadas a Cartago y por ende al ser parientes cercanos a los habitantes de la metrópolis, esta rebelión hizo que los sectores más "nacionalistas" ganaran el poder suficiente como para conseguir el control de la ciudad, sacando a aquellos partidarios que trataban de seguir una postura de no intervención. Después de esto, entraron a la disputa en en apoyo a esa rebelión , teniendo como objetivo lo de aprovechar esa guerra civil en los territorios numidas que mencionas, causada por la disputa dinástica. Por lo que este al final era el motivo perfecto que los Romanos estaban esperando para actuar, sabiendo que como dices, Cartago podría resurgir como potencia predominante en la región a causa de una posible Victoria contra los Numidas. Parece tener bastante sentido... de todas maneras, si me equivoco házmelo saber. XD

Seria interesante escuchar lo siguiente en vuestro relato...
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Re: La tercera guerra púnica

Notapor Bernardo Pascual el Sab 25 Ago 2018 23:28

Exacto, primeramente una guerra civil, luego, a consecuencia de ésta, la revuelta en los Emporios y por último la implicación directa de voluntarios de la metrópoli. Sólo matizar que a los romanos únicamente les preocupaba que Masinisa no saliese derrotado y que Cartago no se inmiscuyera. Se preparaban para lo que viniese pero, contrariamente a lo que dice Polibio, no estaban conspirando. La situación final, no obstante, como ya veremos, es muy paradójica.
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