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Con estos nombres tan sugerentes e ilustres se conoce a una institución eclesiástica derivada de la Orden Militar de Santiago. Un repaso a qué era, quienes fueron algunos de sus protagonistas y su final, rebeliones incluidas, tras la Bula Papal en 1.873. 

LA ORDEN DE SANTIAGO.

Una pequeña introducción resumida sobre la Orden. Fundada primero militarmente  en 1.170 por el Rey Fernando II de León y el Obispo de Salamanca Pedro Suarez de Deza, al encargar a 13 caballeros, conocidos como los Fratres o Caballeros de Cáceres, la defensa de la ciudad de Cáceres. A su frente se encontraba Pedro Fernández de Fuentencalada, un Castro, hijo de Fernando García de Hita y Estefanía Ermengol, emparentado con toda la realeza peninsular y casado con una Lara. Había conocido a los Templarios en un viaje a Tierra Santa. Enterrado en San Marcos de León

Según la Bula fundacional, estos caballeros, arrepentidos de su vida licenciosa, decidieron formar una congregación para defender a los peregrinos que visitaran el sepulcro del Apóstol Santiago y guardar las fronteras de Extremadura. En su fundación participaron los Arzobispos de Santiago y de Toledo y los Obispos de León, Astorga y Zamora. Queda adscrita a Santiago. Los caballeros se encomendaban a él al entrar en batalla y se declaraban vasallos suyos. Por acuerdo en 1.171 con el segundo Arzobispo de Compostela, Pedro Godoy, así se declaraban, vasallos y caballeros del Apóstol, Pedro Fernández y su grupo.

Un asunto espinoso fue la exigencia de no reconocer a Mérida como Archdiócesis, a favor de Santiago de Compostela. Es curioso, con Mérida ocupada y sin embargo, prevalecían o podía hacerlo, sus derechos desde época romana. La veja disputa entre capitales de provincia romanas: Mérida, Braga, Tarragona, Córdoba y Toledo (como sustituta de Cartagena desde tiempos visigodos)

En 1.174 los almohades recuperan Cáceres. En esa época, la rivalidad entre Castilla y León era tremenda. Alfonso VIII ve la oportunidad y ofrece a estos caballeros, ya muy extendidos por ambos reinos, la fortaleza de Uclés, que estaba en manos de Sanjuanistas desde 1.163 sin el agrado del monarca, por el pacto de Arévalo. Consigue además una Bula Papal que los convierte en exentos de la jurisdicción ordinara de los frailes ordinarios o comunes, Una regla que incluso permitía el matrimonio y en el que las mujeres también tenían su participación, dejando obsoletas y menos atractivas a otras Ordenes. Hasta se intentó adoptar el nombre de caballeros de Uclés, sin éxito, prevaleciendo Santiago.

Esto abrió una profunda división entre los caballeros, pareja a la división en dos reinos. León mantenía su sede en San Marcos y Castilla la suya en Uclés. La unificación en 1.230 de los reinos con Fernando III no consiguió sin embargo la unidad de la Orden, pese a declarar Uclés como Caput Ordinis. Seguía partida en dos Prioratos: San Marcos de León y Uclés. Esa brecha jamás se cerrará.

Tras una larga lista de Grandes Maestres, participación en todas las guerras internas y externas, con un alto índice de ellos caídos en combate (En Alarcos, Las Navas de Tolosa, el desastre de Moclín, nada menos que 3 seguidos en el Cerco de Lisboa y en Valverde), llegamos al último Gran Maestre:

Alonso de Cárdenas, con una biografía muy interesante en la cual quiero detenerme por varios motivos. A sus órdenes combatió Gonzalo Fernández de Córdoba antes de ser El Gran Capitán, del cual dijo que siempre estaba en primera línea de los combates, lo sabía por su brillante y muy visible armadura. Combatió contra el Señor de Feria y contra el Duque de Medina Sidonia, Enrique Pérez de Guzmán y Fonseca, al cual derrotó en Guadalcanal. También tuvo problemas por el cargo, con el Marqués de Villena en discordia. Presente y partícipe en la toma de Granada. Era el padre de García López de Cárdenas, descubridor del Gran Cañón del Colorado. (Nacido en Llerena)

Sobre este concreto, la toma de Granada, el primero en entrar, o uno de los primeros, fue Gutierre de Cárdenas, con el título de Comendador Mayor de León en la Orden de Santiago, siendo el pendón de Santiago izado en la Alhambra junto al Pendón Real.

Y otros Comendadores Mayores de León famosos fueron Garcilaso de la Vega (padre), Alvaro de Bazán, Alonso de Idiáquez y el mismísimo Don Carlos (Carlos María Isidro de Borbón)

En 1.493, tras la serie de disputas y escándalos, Fernando el Católico encuentra la excusa perfecta para tomar el control de la Orden, como premio, además, a los gastos y defensa de la fe cristiana con la toma de Granada. Desde entonces, el Rey sería el Gran Maestre.

La división de reinos tenía su reflejo en la división territorial en  “Provincias” con su Comendador Mayor, siendo las principales Castilla (Segura de la Sierra) y León (Segura de león) La de León, a su vez, dividida en dos Partidos: Mérida y Llerena. En esta última residirá el mayor centro de poder de la Orden, acumulando sedes (Priorato, Provincia, Maestrazgo), hasta incluso Mesa Maestral.  A nivel eclesiástico, dos Prioratos: Uclés para Castilla y San Marcos de León para León. Portugal directamente nombró Maestre propio y eximió de obediencia a Uclés a sus súbditos en 1.288 con Dinis I, llamándose Orden De Santiago da Espada. La rivalidad entre San Marcos y Uclés se saldó favorablemente para el segundo debido a su mayor cercanía a la corte y a su mayor número de Capítulos Generales.

Como otra curiosidad, el escudo de Caracas, cuyo nombre completo es Santiago de León de Caracas, dado por el zamorano (Rionegro del Puente) Diego de Losada. 

SAN MARCOS.

La historia de este singular edificio de tan singular historia está íntimamente ligada a su adyacente puente sobre el río Bernesga. De origen incierto, no romano, hay quien atribuye su construcción a Fernando I, fruto de una profunda remodelación de la ciudad de León en base al Camino de Santiago. Una nueva puerta (Renueva), una calle con ese mismo nombre hacia el puente y posiblemente éste, como destino de este desvío del tráfico tradicional hasta entonces en la ciudad. Aparece por primera vez en escritos en 1.152 en el testamento de Sancha Raimúndez, hermana de Alfoso VII, donando el puente al Arcediano Don Arias a condición que levantase allí una iglesia, un hospital donde pudieran hospedarse los pobres de Cristo y casas para los mantenedores del puente. En 1.171 el Obispo entrega ciertos bienes para la obra del hospital y el puente.

Anteriormente existía una iglesia y un hospital para peregrinos, llamado de La Magdalena, construidos en el sitio de San Marcos de la Vega hacia el año 1120. Este hospital estaba regido por clérigos canónigos de la Orden de San Agustín y su prior era don Tello, y es allí, junto a los anteriores, donde se crea el complejo de San Marcos.

Ya desde 1.172 aparecen los términos fratres y milites, propios de una Orden Militar en diversas donaciones al convento. “illi milites ad illum Ordinem qui viverent in Sancto Marco”

Será en 1.176 cuando el Obispo de León conceda el convento al caballero leonés Suero Rodríguez. Este, a su vez, al hacerse caballero de la Orden, y siguiendo los designios de Fernando II, lo cede a la Orden de Santiago para convertirlo en Priorato y sede del Comendador Mayor de la Orden de Santiago en el Reino de León. Constaba de 3 partes bien diferenciadas: Iglesia, hospital y convento, además de casas e instalaciones anexas, como bodegas o almacenes.

Como León quedaba muy alejado de la frontera extremeña y el grueso de las posesiones, el convento se trasladó primero a Calera de León (Badajoz), después a Mérida, volviendo a León después.

Será Fernando el Católico en 1.515, a través de una generosa donación, el impulsor de la demolición de las viejas estructuras y la construcción del magnífico conjunto de 100 metros de fachada que hoy contemplamos.

Tras un sinfín impresionante de usos civiles, religiosos y militares, pasando por cárcel del caballero santiaguista Quevedo y campo de concentración, hoy es Parador Nacional de 5 estrellas. 

EL PRIORATO.

Hay constancia de una donación en 1.181 a “vobis domno Suario et ospitali milicie Sancti Iacobi quod in suburbio Legionis istum est, iuxta ecclesiam beati Marci”, por la cual puede establecerse esa fecha para su existencia. Un Prior Juan (que sería el mismo de la anterior Orden de San Marcos) ahora integrado en Santiago.

Si los Grandes Maestres o los Comendadores representaban la autoridad civil y militar, la eclesiástica la ejercía el Prior en todas las encomiendas. Era una Iglesia casi paralela, funcionando a modo de Obispado y el Prior como Obispo, hecho regularizado en 1.794 por Pío VI: los Priores de las órdenes militares sean Obispos.

Las parroquias y encomiendas de la Orden estaban atendidas por curas presentados por el Maestre y colacionados por el Prior.  Cada cuatro años, dos visitadores de la Orden acompañados de un vicario, debían realizar una visita de inspección por todas las encomiendas y territorios para comprobar el estado de las propiedades, rentas y gobierno de las posesiones. De estas visitas se levantaba el acta en los llamados “Libros de Visitas”.

Tras la unión a la Monarquía del Maestrazgo de la Orden de Santiago, los reyes conformaron un Consejo que después se fusionó, en 1566, con en el de las Órdenes de Calatrava y Alcántara formando el “Real y Supremo Consejo Especial de las Órdenes Militares”, institución muy poderosa que, entre otras cosas, tenía a su cargo el nombramiento de los Priores y la administración eclesiástica de las parroquias pertenecientes a los Prioratos.

 El Obispo-Prior ejercía sobre las Parroquias de su territorio una jurisdicción “exenta”, que dependía no de los Obispos de las Diócesis vecinas ni de los Arzobispos Metropolitanos, sino única y directamente de los Reyes de España como Grandes Maestres.

TERRITORIO: El Priorato en el siglo XIX se encontraba organizado de la siguiente manera:

-Provincia de León:

-Provincia de Zamora:

-Provincia de Orense:

-Provincia de Salamanca:

-Provincia de Cáceres:

-Provincia de Badajoz:

-Provincia de Córdoba:

-Provincia de Huelva:

-Provincia de Sevilla:

Como puede apreciarse, la mayoría se encontraban en Extremadura, fruto de la Reconquista. Con un total de 134 parroquias y 192.370 almas en 1.858, Badajoz se llevaba la palma, con 132.489 almas de los 405.000 habitantes en esa época. Por ello no es de extrañar que las altas jerarquías pasaran allí largas temporadas, o incluso residieran directamente.

El Prior gobernaba desde Llerena, con la Iglesia Obispal de Nuestra Señora de la Granada. El propio Gran Maestre Alonso de Cárdenas tanteó trasladar cerca de ese epicentro varios conventos santiaguistas. Entre ellos el conventual mayor masculino de San Marcos sito en la sede oficial de León, a Guadalcanal. Su muerte y el paso a la Corona, frustraron el proyecto. En 1.566, por acuerdo en Capítulo General y bula papal, en 1.566 se decide su traslado a Extremadura, a pesar de la oposición de la ciudad de León.

Se instaló en Calera el conventual provisionalmente, mientras se esperaba su traslado a Mérida, además Llerena presentó varias ofertas. Se alegaba lo inapropiado del edificio leonés por estar en obras desde 1.515, algo no del todo cierto. Empaquetan la carísima sillería del coro recién terminada y la librería y se mudan con ella a Extremadura. Felipe II se decanta por Mérida y hacia allí se traslada,  la administración de los asuntos temporales seguiría ubicada en Llerena (tesorerías de los servicios reales y de la mesa maestral), mientras que la de los asuntos espirituales los situaba ahora en Mérida. Siguiendo estas decisiones, en 1580 ya estaban asentados el prior y los clérigos santiaguistas en esta última ciudad, donde permanecieron sólo hasta 1604.

La designación de Mérida como sede prioral también fue efímera, en 1598 se reclamaba desde la ciudad de León el retorno del conventual, alegando el excelente estado del ya remozado convento de San Marcos. Y ahora se interesaban, además de los estamentos más privilegiados de León, el valido y otros nobles de la corte de Felipe III, personajes y entidades de mucha influenza, que definitivamente consiguieron su objetivo durante el Capítulo General de 1600, de tal manera que a finales de 1604 nuevamente estaban los clérigos santiaguista, sus archivos y sillería en León, en el remozado conventual de San Marcos hasta su fin en 1.874. 

EL PRINCIPIO DEL FIN.

Pío IX firma un Concordato con España en 1.851 en el cual ya se preveía la reordenación de las diócesis de las cuatro Ordenes Militares ampliamente diseminadas. En su 9º artículo:

“los gloriosos recuerdos de una institución (las Órdenes Militares) que tantos servicios ha hecho a la Iglesia y al Estado, y las prerrogativas de los reyes de España como Grandes Maestres de las expresadas Órdenes por concesión apostólica, se designará en la nueva demarcación eclesiástica un determinado número de pueblos que formen coto redondo para que ejerza en él, como hasta aquí, el Gran Maestro la jurisdicción eclesiástica con entero arreglo a la expresada concesión y Bulas pontificias. El nuevo territorio se titulará Priorato de las Ordenes Militares, y el Prior tendrá carácter episcopal, con titulo de iglesia in partibus”

Es decir, agrupar en una sola diócesis todas las parroquias de las Ordenes (Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa), por enajenación o permutas. Se barajaron diversas localizaciones, como Madrid, Vitoria o Ciudad Real, optando por esta última. Una diócesis única con un territorio reunido y Prior único, con el rango de Obispo y armado Caballero por alguna de las cuatro Ordenes.

En 1.854 se ratifica y da vía libre para la nueva demarcación. El Priorato de San Marcos ultima los expedientes en 1.857. España entra en un convulso periodo político que paraliza o ralentiza el asunto y culmina con la proclamación de la República.

En 1.873 el Gobierno, por Real Decreto, ordena la disolución de las Ordenes Militares y todas sus altas instituciones, como el Gran Maestre, el alto tribunal o las asambleas. Ya en 1.868 había disuelto el Real y Supremo Consejo Especial de las Órdenes Militares, del que dependía la jurisdicción eclesiástica de los territorios de las mismas.

EL FIN Y EL CISMA.

Tras la disolución y ante la situación de acefalía y desperdigamiento de las parroquias de las Ordenes, el Papa interviene. El 14 de julio de 1873, cuatro meses y cinco días después de firmar el Gobierno el decreto de disolución de las Órdenes Militares, Pío IX publica la Bula “Quo gravius” que suprime canónicamente la jurisdicción “exenta” y ordena que las poblaciones pertenecientes a los antiguos  Prioratos se incorporen a las Diócesis más cercanas. Para ello comisiona al Cardenal Juan de la Cruz Ignacio Moreno Maisanove, Arzobispo de Valladolid, para que ejecute todos los extremos explicitados en la Bula y anexione a las diócesis más cercanas todas las parroquias pertenecientes a los Prioratos, comisión que el Cardenal se apresura a llevar a cabo sin pérdida de tiempo de acuerdo con los Prelados afectados. Otra curiosidad: Mons. Moreno Maisanove es el primer Cardenal español nacido en Hispanoamérica, concretamente en Guatemala, el 24 de noviembre de 1.817.

En este caso, el Cardenal se pone en contacto con el Obispo de Badajoz y este a su vez con los párrocos afectados del Priorato de San Marcos de León dentro de la provincia. La gran mayoría acató lo dictado y se efectuaron rituales de acatamiento.

Pero no todo fue tan fácil. Cuando ya estaba en marcha el cumplimiento de la Bula que ordenaba la anexión de las parroquias a los Obispados más cercanos, el Gobierno de la nación decreta el 14 de abril de 1874, la “restauración” del Alto Tribunal de las Órdenes Militares y prohíbe al Cardenal de Valladolid que siga ejecutando la Bula papal por no haber solicitado previamente el preceptivo “pase” o Vº Bº gubernamental y por no haber creado aún la Santa Sede la nueva Diócesis-Priorato que se contemplaba en el Concordato.

Envalentonados por el nuevo decreto gubernamental en el que, además, se autorizaba a la Fuerza Pública a ayudar a los sacerdotes que no secundasen las órdenes del Cardenal Moreno, hubo algunos presbíteros que no sólo desobedecieron las decisiones del Papa sino que persiguieron a los que las acataron, arrojando a éstos de sus Templos y, en ocasiones, encarcelándolos. Esta rebelión tuvo tres focos principales:

Llerena. El Comisionado notificó a D. Francisco Maesso y Durán, Teniente de Gobernador “sede vacante” del Priorato de San Marcos de León, que debía hacer entrega de los libros, sellos, y otros objetos existentes en el Tribunal, a lo que se negó. Amenazado con la excomunión, reacciona incitando a la rebelión a los demás presbíteros, siendo finalmente excomulgado. 11 de los 25 sacerdotes secundaron la rebelión. Y la escalada, pues el Sr. Maesso destituyó de sus cargos a los Párrocos de Santa María de la Granada y del Apóstol Señor Santiago que ya habían acatado la jurisdicción de su nuevo Obispo, el de Badajoz, y “valiéndose, al efecto, del auxilio ilimitado que las autoridades le brindan”, mandó encarcelarlos siendo conducidos los dos respetables sacerdotes a la cárcel por  guardias civiles. ayudado por la Fuerza Pública: impidió que llegaran a su destino las notificaciones que el Comisionado episcopal intentaba hacer llegar a todos los párrocos del Priorato; los Párrocos legítimos de Llerena, los Coadjutores y demás Clero fiel a Su Santidad “fueron violentamente lanzados de sus Parroquias, cruelmente perseguidos, encarcelados y desterrados…”

Azuaga. 6 de 10 sacerdotes secundaron el cisma de Llerena, con su párroco a la cabeza. Los 4 restantes fueron expulsados de los templos e impedidos a la fuerza a realzar oficios. Acabaron encarcelados y el  Obispo envío a otro sacerdote para realizar el culto en secreto, clandestino.

Mérida.  Un sacerdote, el Provisor interino, cargo que se acumulaba al de Párroco de Santa Eulalia se rebela. Auxiliado por las Fuerzas del Orden, se hace con los demás templos y hasta con las llaves del convento de religiosas. Excomulgado.

Algunas otras poblaciones también registran efectos del cisma. Así seguirá la cosas hasta que el papa consigue que el Gobierno se retracte de la medida de auxilio. Envía un comunicado al Gobernador de Badajoz:

“El Rey, y en su nombre el Ministerio-Regencia, a fin de que desaparezca la causa que ha perturbado las conciencias en algunas localidades, se ha servido disponer que se ordene a los Gobernadores de las provincias afectadas que presten el auxilio y protección necesaria a los RR. Prelados para que ejerzan su autoridad y jurisdicción en todo el territorio de sus respectivas diócesis, incluso los que antes correspondían a las Órdenes Militares”

A partir de ahí se van produciendo retracciones hasta alcanzar la normalidad a finales de 1.875. Es el fin de este vestigio del Antiguo Régimen que había perdurado 700 años.

En ese mismo año se crea por fin la Prelatura de las Órdenes Militares con base y extensión a la Provincia de Ciudad Real y con sede en la Santa Iglesia Prioral Basílica Catedral de las Órdenes Militares de Nuestra Señora del Prado de Ciudad Real. La autoridad es un Obispo-Prior.

Las órdenes militares fueron suprimidas el 29 de abril de 1931 por el gobierno de La República, si bien no afectando al Priorato de Ciudad Real.

REFERENCIAS:

Tobías Medina Cledón.  ACTAS DE LAS V JORNADAS DE HISTORIA DE ALMENDRALEJO Y TIERRA DE BARROS

Foro de discusión:

http://www.elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=45&t=25354&start=0