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Alivio. Eso es lo que debían sentir en un primer momento los soldados españoles que contemplaban por primera vez la plaza de armas de Luxemburgo. Construida en 1554 y rediseñada por el español Jean Charles de Landas en 1671, esta plaza suponía la entrada en el Flandes español. Atrás quedaban las largas jornadas de caminatas cruzando los Alpes, rodeados de ciudades protestantes y coqueteando entre las fronteras francesas. En definitiva, en Luxemburgo el conocido como camino español, el cual llevaba a las tropas hispanas desde Milán hasta Bruselas, comenzaba a llegar a su fin.

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Plaza de armas de Luxemburgo.

Por fin, se encontraban con una población menos hostil con los soldados, con unas autoridades leales a la corona y, en definitiva, con un territorio amigo que les permitiría reponerse del largo (y rápido) viaje; aunque por poco tiempo, ya que pronto muchas de esas tropas se repartirían por todo Flandes para enfrentarse con los fieros rebeldes holandeses. Tal vez en esos momentos más de un soldado poco convencido de su presencia allí echase de menos las maratonianas jornadas del camino, pero acabaría aceptando que acababa de llegar a Luxemburgo y que su única preocupación había de ser la de recuperarse y entretenerse antes de seguir camino a Bruselas y, de ahí, a sus respectivos destinos; para muchos, el último. No era en vano aquel dicho que sentenciaba: “España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura”. Y no era para menos: en su obra “Una pica en Flandes”, el autor Martínez Laínez, presenta la historia del tercio conocido como “Zarabanda”. Tras pasar por Borgoña, asolada entonces por la peste, y llegar a Luxemburgo, los jóvenes y bisoños soldados españoles pasaron el invierno de 1587 celebrando por todo lo alto su llegada a Flandes. Sin embargo, los soldados veteranos y la realidad de la guerra pronto pusieron a estos castellanos (pues habían sido reclutados en Castilla) ante la cruenta situación que se vivía en estos territorios.

Si bien lo normal era que una expedición que saliese de Lombardía tardase casi dos meses en llegar a Flandes, algunas consiguieron hacerlo en tan solo uno. El esfuerzo de aquellos españoles en llegar a la tierra en la que, casi con toda certeza iban a morir, es aún hoy digno de admiración.

Pero hablar del camino español requeriría, al menos, otro artículo completo y extenso que lo describiera en detalle. Resumiendo mucho, podemos decir que, tras la insurrección de los protestantes holandeses, las opciones para hacer llegar tropas hasta Flandes se veían muy reducidas. El viaje por mar atravesando el golfo de Vizcaya era peligroso; las aguas plagadas de corsarios franceses e ingleses no proporcionaban ninguna garantía de llegar con éxito a Flandes, donde, además, los puertos seguros no abundaban y a menudo cambiaban de manos. Así, la epopeya que las tropas españolas tenían que realizar cada vez que debían trasladarse hasta Flandes se desarrollaba sobre un conjunto de rutas (tres principales) que desde Italia trasladaban a los tercios hasta Flandes. Y es ahí donde radicaba la importancia de Luxemburgo, ya que, después de dejar atrás Thionville (en la actual Francia) y otras pequeñas poblaciones, era en Luxemburgo donde los tercios podían, finalmente, percibir que estaban llegando a su destino, a los húmedos campos de batalla de Flandes.

No tengo todavía los conocimientos suficientes como para adentrarme a detallar el tremendo esfuerzo logístico que suponía poner una sola pica en Flandes, pero espero poder realizar algún día la olvidada ruta entre Milán y Bruselas y contarla en este blog. Lo que está claro es que quien quisiera ir a Flandes tenía que pasar por Luxemburgo, de ahí su valor estratégico y sus imponentes defensas.

La ubicación de Luxemburgo en lo alto de unas peñas, no facilitó la edificación de estas defensas. De hecho, sus endebles defensas medievales fueron tomadas sin grandes dificultades por los franceses en 1542 y 1543, por lo que fue el mismo rey francés Francisco I quien ordenó comenzar a construir una serie de bastiones alrededor de la ciudad. Este sistema facilitaba el fuego cruzado en caso de asedio. La ciudad pronto fue reconquistada por las tropas de Carlos V, quien continuó con el desarrollo de las defensas y visitó en numerosas ocasiones la ciudad. Con estos trabajos de fortificación, en la época española la ciudad de Luxemburgo era difícilmente expugnable.

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Las tres principales rutas para llegar a Flandes desde Italia.

Hay que decir que la ciudad se encuentra en la confluencia de los ríos Alzette y Pétrusse, los cuales han erosionado el enorme risco en donde se yergue la ciudad. Impresiona bajar a lo más profundo de las gargantas sobre las que se asienta la ciudad y observarla desde abajo. La misma impresión debían de sentir las tropas españolas cuando llegaban a Luxemburgo y divisaban en lo alto la ciudad. Precisamente, alrededor de estas gargantas sobre las que se levanta la ciudad se encuentran los pasadizos o casamatas del río Pétrusse, que fueron construidas en 1674 y permitían los movimientos de las tropas a través de estas imponentes rocas. En la actualidad, son uno de los principales atractivos turísticos de la villa.

Por el momento, yo tampoco tengo mucho de lo que preocuparme en Luxemburgo, ya que por motivos de trabajo debo asistir a un evento en la ciudad, lo que me dará tiempo para una corta visita.

El viaje en tren desde Bruselas hasta mi destino es bastante pesado, dura más de tres horas y he de esperar en Arlon (pueblo fronterizo belga) a que solucionen unos problemas en las vías. Pero, como dicen aquí, “C’est la Belgique”. Ente otras tierras, el tren atraviesa la parte sur del Luxemburgo belga. Esta provincia perteneció históricamente al Gran Ducado de Luxemburgo, pero tras la revolución belga, la mayoría de su población se unió al levantamiento contra los holandeses, y en 1839 se incorporó al joven nuevo Estado belga. La provincia es de las menos populosas de Bélgica y desde el tren el paisaje es verde y frondoso, con prados y arboledas. Sin embargo, no es el clásico verde claro y húmedo de Europa. No sé si por el dichoso cambio climático o por las oscilaciones periódicas de temperaturas, el color de estos campos es verde oscuro, casi marrón, quemado por el sol y las altas temperaturas que estamos teniendo este verano en Bélgica. Tal es la anomalía en la temperatura durante este verano de 2018, que por primera vez en mucho tiempo en el país se comienza a alertar de la situación de sequía, y eso a pesar de que Bélgica se encuentra sobre uno de los mayores acuíferos de Europa. Durante el trayecto, entablo conversación con un kosovar, al que traduzco las indicaciones que dan por megafonía en francés o neerlandés. Se queja un poco de que España no reconozca a Kósovo, afirmando que no tiene nada que ver con Cataluña y que Kósovo nunca reconocería a Cataluña. Le digo que ya veremos qué pasa…

Tras reanudar la marchar desde Arlon, cruzo la frontera con Luxemburgo. La realidad es que desde la capital europea se tarda menos en llegar a Londres o a Ámsterdam que a la cercana Luxemburgo. Hay incluso quien opina que los propios luxemburgueses no quieren atraer a demasiada gente y, por eso, no facilitan la conexión con las instituciones europeas. El caso es que, finalmente, consigo llegar a la pequeña ciudad. A pesar de que no tengo mucho tiempo libre, aprovecho para ir directo a los sitios que sé que tienen vinculación con España. No es la primera vez que vengo al país y eso facilita mis desplazamientos.

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Estancados en Arlon.

La posición de Luxemburgo entre Flandes, Francia y Alemania fue vital en la lucha contra la expansión del protestantismo. Numerosas órdenes religiosas se instalaron en este pequeño país. Es por eso que, aun en la actualidad, la religión católica predomina en este país.

A pesar de que alguien pueda pensar lo contrario, la monarquía hispana no fue predominantemente centralista hasta la llegada de los Borbones; de hecho, los territorios de Flandes gozaban de un fuerte poder local y ni siquiera existía realmente una administración central en Bruselas. Luxemburgo tuvo importantes gobernadores locales, que, eso sí, dependían en última instancia del gobernador general de los Países Bajos.

Como comentábamos anteriormente, poco a poco Luxemburgo fue incrementando sus defensas, lo que la llevó a ser conocida como “La fortaleza de Europa”. En su construcción participaron ingenieros de la mayoría de naciones europeas.

Aún hoy, paseando por la ciudad, puedo observar los restos de estas murallas antaño inexpugnables, lo que no impidió que Luxemburgo, antes de ser el actual Estado independiente que hoy visito, pasara por numerosas manos, ya que, después de España, vinieron franceses, bávaros, austriacos, holandeses y alemanes. No es de extrañar la facilidad de su población para las lenguas…, siempre tenían algún “visitante” al que atender.

Mientras paseo por la ciudad, bajando por las gargantas y volviendo a subir, puedo observar los vestigios de esas defensas, los diferentes estratos añadidos y los estilos utilizados. Aunque no soy un experto, se aprecia claramente que han sido hechos en épocas distintas y por distintos constructores.

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Vistas desde una de las partes altas de la ciudad.

Hoy, Luxemburgo es una ciudad con algo más de 100.000 habitantes. A pesar de su reducido tamaño, es la capital del Gran Ducado de Luxemburgo. Este país se encuentra entre los más pequeños de Europa, lo cual no impidió que fuera uno de los fundadores de la Unión Europea. Su vocación europea se refleja en el hecho de que aquí naciera uno de los padres de la Unión, Robert Schuman, quien con el paso del tiempo sería ministro de la república francesa. Asimismo, el actual presidente de la comisión europea, Jean Claude Juncker, fue primer ministro de Luxemburgo durante diez años.

Luxemburgo cuenta con tres lenguas oficiales: francés, alemán y luxemburgués. Sin embargo, la mayoría de sus habitantes también hablan el inglés y otras lenguas europeas, ya que cuenta con un alto porcentaje de expatriados, muchos de los cuales vienen atraídos por la presencia de las instituciones europeas, empresas de construcción o entidades bancarias. En este punto, cabe recordar que Luxemburgo no se caracteriza precisamente por su elevado régimen fiscal. Curiosamente, otra vinculación de Luxemburgo con Iberia, es el hecho de que el grupo de inmigrantes más numeroso es el de los portugueses, cuya lengua oigo por la calle en varias ocasiones. Ahora es más fácil entender por qué en verano es frecuente encontrarse por Castilla y León tantos vehículos con matrícula luxemburguesa.

Pero hemos de volver a retrotraernos varios siglos atrás, a la época en que los coches eran arrastrados por caballos y los flujos de inmigrantes en Europa eran movidos por las guerras o los conflictos religiosos, y no por el atractivo del actual paraíso fiscal que es Luxemburgo.

Por el tratado de Arrás de 1579 Luxemburgo ratificó su lealtad a la corona española y su obediencia a Felipe II. Desde entonces, se constituyó en un fiel aliado de los españoles durante todo el conflicto de Flandes. Así, cuando en 1566 los Países Bajos se sublevan de nuevo contra España, Luxemburgo se convierte, junto con Namur, en centro de la toma de decisiones durante la reconquista española.

Entre los gobernadores que mejor relación tuvieron con la Corona, se puede destacar la figura de Pierre-Ernest von Mansfeld, el cual llegó a recibir la orden del toisón de oro.

De vuelta al presente, el primer sitio al que me dirijo es el gran palacio ducal de Luxemburgo, construido en un estilo propio del renacimiento español y mandado erigir precisamente por el ya mencionado gobernador Mansfeld (entre 1572 y 1573). Este palacio se encuentra en pleno casco antiguo y, antes de llegar a él, paso por la plaza de armas. La plaza de armas, a pesar de tener un tamaño considerable, no es especialmente grande, pero sí lo suficiente para que pueda formar en ella una nutrida tropa de guarnición. Cuenta con un quiosco a cuyo alrededor se concentran varias terrazas. Es Julio y hay mucha gente en la calle. La vida de esta pequeña capital gira en gran medida en torno a esta plaza. Por el camino, también paso por la calle dedicada a Felipe II; seguro que más de un pueblo en España no tiene una calle con este nombre…

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Vista exterior del palacio ducal.

Otra de las calles que salen de la plaza es la de Monterrey, cuyo nombre español me anima a investigar su origen. Como decía anteriormente, la plaza fue empezada y terminada durante época española; en concreto, se terminó siendo gobernador de los Países Bajos don Juan Domingo de Zúñiga y Fonseca, que a su vez era conde de Monterrey. Solucionado el misterio, pues. Es algo tarde y no puedo visitar el palacio, por lo que, tras rodear el edificio y hacer algunas fotografías, continúo mi recorrido.

Por las razones ya expuestas, Luxemburgo atrajo a un gran número de órdenes religiosas, entre ellas la compañía de Jesús. Esta presencia fue impulsada por el gobernador Mansfeld y diversas escuelas se construyeron en la ciudad. La iglesia de una de esas escuelas es la actual catedral de Luxemburgo, que se levanta a pocos metros del palacio ducal (y es que todo está cerca en Luxemburgo). Su mezcla de gótico con tintes renacentistas no impresiona sobremanera, pero sin duda es imprescindible visitarla. Se construyó entre 1613 y 1618, y es, por tanto, uno de los vestigios españoles más importantes en el país.

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Vista nocturna de la catedral de Luxemburgo.

Una de las figuras españolas más importantes relacionadas con Luxemburgo y con el gobernador Mansfeld es la de Francisco Verdugo. Como maestre de campo, Verdugo puede situarse junto a figuras de la talla de Cristóbal de Mondragón, Fernando Álvarez de Toledo, Ambrosio de Spínola o Alejandro Farnesio. La relación de Verdugo con Mansfeld fue estrecha, ya que el primero se casó con la hija del segundo, Dorotea. Su vida es digna de admiración, con 19 años Verdugo se alistó en el ejército y, tras participar en la célebre victoria de san Quintín, continuó por tierras de Flandes, al servicio de Margarita de Parma, quien por aquel entonces era gobernadora de los Países Bajos.

La riqueza de la historia de España y la heroicidad de muchos de sus protagonista, se ponen de manifiesto también en la figura de Francisco Verdugo, merecedora al menos de un artículo aparte dedicado en exclusiva a él. Quien tenga interés en su figura también puede acudir al diccionario de autoridades de la real academia española, donde según tengo entendido es posible encontrar un libro escrito por el mismo Verdugo, que lleva por título "Memoria sucinta de lo sucedido en Frisia mientras yo, el coronel D. Francisco Verdugo, estaba en ella desde el año 1580 hasta el de 1596 en que se perdió Groninga". Frisia y Groninga, en el norte de Holanda, fueron escenario de los episodios más enconados de la rebelión contra la corona, y los primeros españoles que llegaron allí lo tuvieron realmente complicado. Y en ese meollo acabó metido Verdugo, contribuyendo a hacer más apasionante la vida de este militar.

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Retrato de don Francisco Verdugo, gobernador de Frisia y Groninga.

Antes de fallecer en 1595, Verdugo tuvo tiempo de vencer a un ejército francés que invadió Luxemburgo. Murió en Luxemburgo, defendiendo la puerta de Flandes y fue enterrado junto a su mujer en el convento del Santo Espíritu.

Es cierto que, aparentemente, Luxemburgo no presta hoy mucha atención a su pasado español; sin embargo, las reminiscencias de esta época que aun se conservan generan un sentimiento de proximidad y de afecto hacia este pequeño enclave. Así, la austera calle “Philippe II” parece reflejar el paso de España por aquí: ancha, con tiendas importantes, cercana al centro de la ciudad, aunque va a desembocar en las proximidades de uno de los tajos de la ciudad, bajo el cual corre el río Pétrusse y donde parecen haberse perdido los ecos de las voces en español que sonaron por Europa durante siglos.

En lo que respecta a la relación de don Francisco Verdugo con Luxemburgo, ya hemos referido que se casó con una luxemburguesa, por lo que probablemente estableció su residencia en esta ciudad. Y fue a Luxemburgo a donde regresó en 1580 después de que las tropas hispánicas abandonasen temporalmente los Países Bajos del norte. De hecho, antes de ir a Frisia, fue gobernador de la pequeña localidad de Thionville.

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Calle dedicada a Felipe II.

Para terminar, si se visita Luxemburgo, además de acercarse a la zona europea y echar una ojeada a la herencia española, es recomendable dar un paseo con calma por la ciudad y visitar algunos edificios relevantes como el museo nacional, la Gran Biblioteca, la plaza Guillermo II o el museo de la banca.

En conjunto, la ciudad actual es tranquila y cómoda, si bien cuenta con pocos espacios de ocio o lúdicos, por lo que podría parecer aburrida. Esto no impide que sus habitantes, animados por su alto nivel de vida, se hayan acomodado a la quietud de Luxemburgo, convirtiéndola en un reducto de serenidad en medio del revuelo de la gran metrópolis que constituye esta parte de Europa entre Alemania, Francia y el Benelux.

Por mi parte, tras terminar el trabajo que me trajo a Luxemburgo y aprovechar para rendir un pequeño homenaje (en forma de visita) a mi país, regreso a la estación y vuelvo a Bruselas.


FUENTES:

· https://www.elcaminoespañol.com/huella-espanola/50-luxemburgo-4-monumentos-clave-con-sello-espanol/
· https://es.wikipedia.org/wiki/Pa%C3%ADses_Bajos_Españole
· http://www.elmundo.es/cronica/2017/11/2 ... b45e6.html
· https://jeandegoudin.wordpress.com/2014 ... o-espanol/
· https://elpais.com/diario/1976/10/27/cu ... 50215.html
· https://books.google.be/books?id=Tt3rkI ... encia+española+en+Luxemburgo+Flandes&source=bl&ots=Wg4Pqq4-y4&sig=mfMevKOUUpb6pkLQ07VSIjCCWc0&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwiHuKmf9v7cAhXFLVAKHanYBCgQ6AEwBnoECAMQAQ#v=onepage&q=Presencia%20española%20en%20Luxemburgo%20Flandes&f=fals
https://books.google.be/books?id=xgN5l0 ... encia+española+en+Luxemburgo+Flandes&source=bl&ots=HTCio6HN6S&sig=13lHe8Je5AanpZ70f832TWQ8xiw&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwiHuKmf9v7cAhXFLVAKHanYBCgQ6AEwB3oECAQQAQ#v=onepage&q=Presencia%20española%20en%20Luxemburgo%20Flandes&f=fals
· https://books.google.be/books?id=l628eU ... encia+española+en+Luxemburgo+Flandes&source=bl&ots=BWdHSnv6_z&sig=TlcU_mrzi9RRLwjaX5mGxrRwgss&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwjhmPnm9v7cAhVNEVAKHdFzCGk4ChDoATABegQICBAB#v=onepage&q=Presencia%20española%20en%20Luxemburgo%20Flandes&f=fals
· https://www.luxemburgo.net/monumentos-de-luxemburgo/
· "Una pica en Flandes. La epopeya del camino español", de Fernando Martínez Laínez. Editorial EDAF.
· Visita personal a la ciudad, realizada en julio de 2018. Las fotos incluidas en el texto fueron realizadas por el autor durante esta visita.

FORO DE DISCUSIÓN:

https://elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=45&t=25847

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