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Varios autores han señalado que la disolución de las Juntas no significó la desaparición del movimiento juntista y que estas fueron uno de los actores principales del golpe de Primo de Rivera[1]. Así Mola afirmaba que: “las Juntas murieron, pero no los ”junteros". Se vio a estas resurgir a raíz del golpe de estado"[2].

            Las Juntas no estaban tan disueltas como el decreto de 1922 podría hacer creer, de hecho el Ministro de la Gobernación recibió una información desde Barcelona comunicándole la existencia de Juntas organizadas[3]

            El golpe de 1923 fue fruto de la actuación de dos grupos militares distintos. El primero, fue el llamado “Cuadrilátero", cuyo centro se situó en Madrid y recogió las aspiraciones del Ejército de África. Mientras un segundo grupo estaba estrechamente vinculado a las Juntas de Militares de Defensa de Barcelona. Fue precisamente al frente de éste donde se situó Primo de Rivera a la hora de comenzar el golpe. Queipo de Llano afirma que el general Nouvilas, ex-presidente de la Comisión informativa del Arma de Infantería, le notificó que Primo de Rivera se puso al frente del movimiento que la guarnición de Barcelona estaba dispuesta a producir[4].

            La fecha en la que este grupo comenzó a conspirar se puede fijar, aproximadamente, en los últimos días del mes de mayo, según la mayoría de los testimonios, si bien algunos dan fechas tan tempranas como el mes de enero e incluso anteriores[5]. El pronto resurgir de las Juntas comenzó a percibirse a partir del 6 de junio de 1923, fecha en la que se publicó un artículo sobre ellas que las tildaba de “providenciales". 

"La necesidad creó a las Juntas de Defensa. No somos partidarios de éstas funcionando mansa y diariamente. Las creemos “providenciales”- encontramos bien el vocablo- en determinados momentos. En esos nos hallamos ya”[6]  

 

            Es cierto que las Juntas se encontraban disueltas, pero lo que también es cierto es que el espíritu de estas continuaba. Así el Marques de Hoyos, militar, afirmó que aunque disueltas continuó latente el espíritu de estas, las cuales además jugarían un papel relevante al implantarse la Dictadura[7] .

            En 1923 Primo de Rivera era considerado por muchos como el máximo representante de la facción juntista dentro del Ejército. El entonces Subsecretario de Guerra, General Bermúdez de Castro, afirmó con posterioridad que Primo de Rivera utilizó a las Juntas en su acceso al poder, ya que además nombró al General Nouvilas (Presidente de las Juntas) Secretario del Directorio[8].

Además, la actuación durante el golpe y en los días siguientes no hizo sino ratificar esta creencia. Así dos días después del golpe la prensa militar nos informaba que Primo ya se hacía acompañar por Nouvilas. 

“El General Primo de Rivera ha venido de Barcelona con sus ayudantes y el coronel Nouvilas. Este es tan modesto como inteligente y honrado y será el Secretario del Directorio. Su nombramiento emana de los coroneles de la Guarnición de Barcelona”[9]  

 

            En el directorio militar nombrado el 15 de septiembre, formado por ocho Generales de Brigada y un contraalmirante, ninguno de ellos, excepción hecha de Gómez Jordana, podía ser relacionado con el entorno palaciego o con la facción africanista. Además se nombró como secretario del directorio militar a Nouvilas. Realmente son demasiadas coincidencias como para no ser tomadas en cuenta.

            Además, las soluciones que se plantearon a los problemas de las Responsabilidades por Annual, el desorden social, que hacer en Marruecos y el caciquismo, correspondían con la forma de pensar de la mayor parte de la oficialidad burocrática “juntista". El único punto en el que no se coincidió fueron las propuestas sobre la reforma militar, tal vez la excepción que confirma la regla.

            Primo de Rivera estaba convencido, al igual que las Juntas, que la clase política española, tanto civil como militar, estaba corrupta y vivía del favoritismo (la verdad es que las cartas de recomendación que se pueden encontrar en cualquier archivo de los personajes políticos más destacados de la época es, cuanto menos, ingente). Así consideró que lo adecuado era eliminar las partes enfermas, de forma que una vez hecho esto “surgiría de forma espontánea un sistema purificado basado en la conciencia cívica en libertad”[10].

            La presencia de las Juntas y de importantes elementos juntistas en la vida pública hacia que en 1924 Antonio Maura opinase que el Directorio no era más que un elemento al servicio de las Juntas, constituido a su medida, siendo estas las que ejercían de manera clara el poder público. Aunque la frase más lapidaria hay que apuntársela al agregado militar francés, al afirmar que “las antiguas Juntas de Infantería controlaban estrictamente el Directorio Militar”[11].

            Sin embargo el cambio de actitud de Primo de Rivera respecto a determinados temas hizo que a lo largo de 1925 y 1926 volviese a surgir el fantasma de las Juntas, como movimiento de oposición al régimen.

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            La primera de estas apariciones se produjo a lo largo de 1925, cuando el Coronel de la reserva de caballería D. Segundo García, antiguo juntero, comenzó las tareas de organización de una nueva Junta en determinados regimientos de Madrid. Con el pretexto de reunir fondos para las familias de los soldados muertos en Marruecos, invitó a unos 300 oficiales a reunirse en Madrid (6 de enero de 1925). En el ideario político del Coronel se encontraba la vuelta al sistema constitucional y la convocatoria de Cortes. Además proponía una serie de mejoras tanto en el terreno social como en el terreno militar entre ellas “la revisión de todos los expedientes de recompensas ya resueltos y resolución equitativa de los pendientes de resolución", aspiración que sin lugar a dudas recuerda a las Juntas. Durante los meses siguientes, fue recibiendo mensajes de apoyo a sus propuestas, aunque, eso sí, de forma minoritaria. Finalmente García fue detenido en mayo de 1925, junto al General Ochoa, algunos oficiales y once suboficiales. Todo esto, tras la liberación de García, finalizó con la famosa “Sanjuanada” el 24 de junio de 1926, pronunciamiento contra Primo de Rivera, que acabó en con un rotundo fracaso.

            El segundo de los conflictos que hizo recordar el fantasma de las Juntas se produjo el 9 de junio de 1926 cuando se prohibió mediante un Real Decreto que los oficiales del Cuerpo de Artillería renunciaran a los ascensos obtenidos como recompensa por méritos de guerra, con carácter retroactivo ¡hasta 1920!, y además se les liberaba de cualquier compromiso contraído en este sentido. La respuesta del Cuerpo fue inmediata, y el 12 junio se celebró una reunión de 18 Coroneles y 5 Generales con el jefe de la Sección de Artillería de Ministerio, General Correa. Durante los días posteriores este grupo continuó reuniéndose para trazar la estrategia a seguir frente al Real Decreto.

            Finalmente se acordó mantener el “compromiso sagrado” de no aceptar ninguna clase de ascensos por méritos de guerra (15 de junio). Tras esto comenzaron las conversaciones entre los artilleros, representados por el General Correa, Primo de Rivera y el representante del Rey, el General Arzadum. Los miembros de Artillería redactaron un escrito con sus pretensiones. Los artilleros pedían la escala cerrada en tiempos de paz, mientras que en tiempo de guerra abogaban por una reserva anual de cierto número de plazas que serían cubiertas mediante ascensos, aunque estos debían ser examinados cuidadosamente antes de ser concedidos.

            Cuando el 26 de julio se publicó el decreto de ascensos por elección, los artilleros comprobaron que no había sido tenida en cuenta ninguna de sus reivindicaciones. 

“El decreto establecía el derecho del gobierno a cubrir un determinado número de vacantes por elección en todos los grados por encima de capitán. Se suprimía el ascenso por méritos de guerra, pero se concedía un enorme peso al comportamiento en combate a la hora de evaluar a los oficiales para el ascenso, además de a "la aptitud física; la conducta ejemplar, la discreción y prudencia en la conversaciones; el carácter firme, sostenido y graciable; la afición y cultura profesional; la posesión de conocimientos especiales... [y] el concepto social...". El gobierno otorgaría todos los ascensos por elección basándose exclusivamente en las recomendaciones de la Junta Clasificadora, que se ampliaba para incluir una representación simbólica de todos los cuerpos y armas."[12] 

 

            Pese a los contactos llevados a cabo durante todo el mes de agosto los artilleros se rebelaron el 4 de septiembre. Los resultados fueron desastrosos y el 7 de septiembre el gobierno comunicó el final de la crisis y la suspensión de todos los oficiales de artillería de la escala activa. El día 8 se disolvieron las brigadas de artillería y un Real Decreto autorizaba al Gobierno a ordenar el pase a la reserva de cualquier General cuyo comportamiento resultara insatisfactorio. El resultado final fue el pase a la reserva de 73 oficiales y 9 generales, y la reorganización de las brigadas de artillería, suprimiendo 6 regimientos y algunas unidades.

            Sin embargo, cuando se percibió realmente el espectro de las Juntas fue a finales de 1925.Con fecha de 25 de noviembre de 1925 el Gobierno recibió un manifiesto redactado por el “Comité Nacional de Defensa de Jefes y Oficiales". En dicho manifiesto se protestaba contra la “camarilla dictatorial", el engaño de que había sido el Ejército y la Marina al seguir a Primo, la situación económica (según ellos la Deuda pública ascendía a 16.900 millones de pesetas), los coqueteos con Cambó y la situación del separatismo catalán. Con respecto a la política seguida en África se consideraba que se seguían los dictados de Francia y se criticaba la serie de condecoraciones y ascensos otorgados con motivo del desembarco de Alhucemas (Primo se concedió a sí mismo la Gran Cruz Laureada de San Fernando), a la vez que se recordaba con nostalgia a las Juntas de Defensa. 

“Todos recordamos con agradecimiento los esfuerzos titánicos que las Juntas de Defensa hubieron de llevar a cabo para que la más estricta justicia y ciega imparcialidad imperara como norma única en el otorgamiento de ascensos y recompensas, y no estamos dispuestos a tolerar que amistades y compadreos, de dudoso origen, vengan a echar por los suelos aquella magna labor de purificación y moralidad"[13]. 

 

Además, criticaban la posibilidad de un Directorio civil - vía Unión Patriótica - calificando a los posibles hombres que la constituyeran como “cuadrilla de fantoches” y al que consideraban “acaso presidido por Martínez Anido", quien fue profusamente atacado en este documento. Frente a tal posibilidad se planteó un férreo gobierno militar. 

            “El camino a seguir se nos presenta hoy muy claro: o vuelven a gobernar los antiguos políticos, y ya sabemos los males que ellos traen consigo, o debe ser el Ejército y la Marina, enteros y unidos los que real y abiertamente gobiernen"[14] 

 

            Para terminar dicho documento se procedía a realizar una exaltación de la figura de Alfonso XIII, en términos que hoy en día pueden parecer, cuanto menos, irrisorios. 

“nuestro augusto soberano S.M. el Rey D. Alfonso XIII. El primero entre todos los españoles, patriota ejemplar, caballero intachable, soldado valeroso, dotado de grandes dotes personales que le acreditan como gran político”[15]. 

 

            Sin embargo en otro documento, reproducido por el Comité, se puso de manifiesto que no se estaba de acuerdo con el intento de salvar al Rey alegando que “Don Alfonso no tiene salvación posible y debe hundirse con la dictadura que él impuso". En el documento, que circuló profusamente con motivo del banquete de los infantes, las críticas hacia Primo de Rivera rayaron el salvajismo, al sugerir en otras barbaridades “arrojarlo al asfalto desde un quinto piso “y a quien como calificativo más suave le obsequiaron con un “depravado chulo nocturno". Como se puede comprobar este Comité no profesaba un gran aprecio por Primo de Rivera, al que hacían máximo responsable de los males del País.

            De todas formas, tras la distribución de estos escritos el Comité Nacional de Defensa de Jefes y Oficiales no volvió a dar señales de vida.

            Después de todo lo visto se puede concluir afirmando que aunque las Juntas fueron oficialmente disueltas en 1922, persistió el “espíritu” que estas habían creado. Sin lugar a dudas el golpe de Primo no pudo llevarse a cabo sin el apoyo de la facción juntista del Ejército, facción que consideraba a Primo como el mejor representante de sus intereses, y a la que posteriormente se recompensó mediante el nombramiento de destacados junteros para determinados puestos clave.

            El cambio en la orientación de la política militar del Dictador supuso que los movimientos que contra ella se alzaron, precisamente de antiguos junteros que se sentían engañados o defraudados por el comportamiento del dictador, retomarán el sistema que las Juntas de Defensa habían empleado con anterioridad, es decir, reuniones de jefes y oficiales, con la intención de presentar un frente común, y la publicación de panfletos y escritos en los que se criticaba la política seguida por el Gobierno.

[1] GONZÁLEZ CALBET:”La Dictadura de Primo de Rivera. El directorio militar". Madrid, 1987. Pág. 55 y ss. GÓMEZ-NAVARRO:”El Régimen de Primo de Rivera". Madrid, 1991. y NAVAJAS ZUBELDIA:”Ejército, Estado y Sociedad en España (1923-1930)". Logroño, 1991.

[2] MOLA: ob. cit. Pág 126.

[3] AHN: Ministerio de la Gobernación, Serie A, legajo 41A, expediente nº 3.

[4] QUEIPO DE LLANO:”El general Queipo de Llano perseguido por la Dictadura". Madrid, 1930. Pág. 30.

[5] HN: Mundo Gráfico. 2 de septiembre de 1931.

[6] HM: Ejército y Armada. 6 junio de 1923.

[7] HOYOS:”Reflexiones. De la Restauración a la Dictadura". Madrid, 1930. Pág 168. 

[8] GONZÁLEZ CALBET: ob.cit. Pág 56.

[9] BCM: Ejército y Armada. 15 de septiembre de 1923. 

[10] BOYD: ob. cit. Pág 329. 

[11] GÓMEZ-NAVARRO: ob. cit. Pág. 357.

[12] BOYD: ob. cit. Pág 346-347. 

[13] SHM: GL.ZR.A47.L75.C8.D1.F3

[14] SHM: GL.ZR.A47.L75.C8.D1.F3

[15] SHM: GL.ZR.A47.L75.C8.D1.F3

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