Curar a los heridos

Cuando se habla de medicina a principios del siglo XIX hay que tener presente a la memoria que no existían anestésicos, antibióticos, profilaxis y que hasta la mera higiene era algo poco aplicado tanto en las ambulancias como en la vida diaria. La anestesia no se aplicará en Francia, de forma científica, hasta 1847 y en 1839 se declaraba que la cirugía sin dolor es inconcebible. La eficacia de la penicilina, el primer antibiótico, será descubierta por sir Alexander Fleming en 1928. Si se conocen los microorganismos desde el siglo XVII, habrá que esperar a 1878 y a Pasteur para relacionarlos con las enfermedades.

Los medicamentos
Para empezar recordaremos dos productos usuales que, a falta de anestesiar, daban valor para enfrentarse con la operación : beber “la gota” (de alcohol) y fumar en pipa mientras duraba la operación. Si el herido fallecía en el curso de la intervención, dejaba de apretar los dientes, la pipa de porcelana caía al suelo y se rompía ; se decía que el interesado “había roto su pipa”. El eufemismo se sigue usando en Francia en el siglo XXI …

Respecto a la anestesia, para ser justo, hay que decir que existía el láudano elaborado a partir de opio, azafrán, canela y flor de clavero macerado en vino de Málaga pero su uso era excepcional.

La sangría, la purga, los productos vomitivos siguen en vigor a principios del siglo XIX pero aplicados con más discernimiento que en la época de Molière.

No se puede detallar aquí toda la farmacopea de la época del Primer Imperio pero podemos resumir citando el bando de los inspectores generales del servicio de sanidad militar del 14 de diciembre de 1808. En él encontramos raíces, maderas, cortezas y cáscaras, flores, semillas, frutas, especias, azúcares, bálsamos, aceites, vinagres, jarabes, píldoras, extractos, ungüentos, tinturas, sales, éteres, álcalis, etc.

Dentro de los productos vegetales son de señalar las semillas de lino, la adormidera y el azafrán oriental. Se usan también decocciones de cáscara de granada.

Los productos químicos pueden ser el sulfato de alúmina, el sulfato de zinc y el alcanfor. En los colirios se pueden añadir algunas gotas de acetato de plomo o una ligera solución de muriato oxigenado de mercurio o sulfato de cobre.

Más agradables, las bebidas refrescantes y aciduladas. En ciertos casos, Larrey recomienda “una copa de buen vino” o “un buen caldo”. Del mismo modo, insiste en una alimentación sana, recetando “buenos caldos” para los convalecientes. En sus Recuerdos el capitán Coignet cuenta que en París fue envenenado por un desconocido que le había ofrecido una taza de café. Lo tuvieron que llevar al Hospital du Gros-Caillou (el de la Guardia) donde por orden del médico jefe, el doctor Suze, […] día y noche me friccionaron, a continuación me aplicaron ventosas ; terminé extenuado y casi se podía distinguir una vela a través de mi cuerpo.

Al cabo de cuarenta días, como yo permanecía en un estado muy amenazante, hubo una consulta de médicos, a la que fue llamado el barón Larrey. Hablaron entre ellos. A continuación el señor Larrey pidió una cubeta de hielo y limonada ; me hizo beber en un gran cubilete de plata, y todos esperaron los resultados de la poción. No vomité ; me administraron entonces otro vaso ; pasó como el primero. Señores, dijo el barón Larrey, he salvado lo de arriba, salvad lo de abajo. En seguida reanudaron la deliberación, y las medicinas menudearon. Sin entrar aquí en detalles sensibles, puedo decir que produjeron efecto. Saqué materias llenas de cardenillo : se las llevaron y analizaron con esmero.A partir de aquel día empezó mi convalecencia […]

Lo que no deja de sorprender hoy es la prescripción de calomelanos o sea, cloruro mercurioso que se emplean como purgante, vermífugo y antisifilítico ; el mismísimo Emperador tomó esta medicina asociada con antimonio en su exilio de Santa Elena y no faltan estudiosos para atribuirle su muerte, sobre todo por la asociación con la úlcera de estómago que padecía.

Por faltarnos los conocimientos en esta especialidad, nos limitaremos a esta brevísima lista.

Las operaciones practicadas

Entre las más frecuentes, citaremos :
- la desinfección : se limpia la herida con agua fría, pura o salada, pero no con alcohol.
- el vendaje : consiste en trapo o hilas mantenidos por una venda. A veces la situación exige que se recurra a musgo, hojas o papel. Para evitar la gangrena se realizan vendajes con aguardiente alcanforada.
- el desbridamiento de las llagas que consiste en separar las bridas o filamentos que atraviesan una llaga y estorban la libre salida del pus. Es una práctica muy extendida cuando las llagas son contusas o interesan tendones, músculos, si no se complican con fracturas o cuerpos extranjeros. En caso de hemorragia sirve para alcanzar las dos extremidades de la vena o arteria y así poder ligarlas.
- la herida abierta : se cose inmediatamente para cerrar la llaga lo antes posible y evitar así una infección.
- la contusión por obús : se resuelve con masajes de aguardiente y amoniaco.
- la gangrena : se combate con apósitos de agua alcanforada, quina o … la casi inevitable amputación. Su aparición es debida al calor, a la ausencia de higiene o a las amputaciones realizadas con material no esterilizado. En general la gangrena se lleva a las víctimas unas tres semanas después de la amputación como fue el caso para Lannes, Coheorn …
- el tétanos : lo primero es desbridar la herida y limpiarla ; se le aplican cáusticos o emolientes y a continuación el herido tiene que tomar seis granos de opio combinados con cuatro de alcanfor. Muy extendido en el ejército, se debe a heridas con armas oxidadas, arañazos de plantas o animales … Durante las guerras napoleónicas, las primeras estadísticas de medicina militar sobre el tétanos hablan de 12 a 13 casos de tétanos por 1 000 heridos. Sólo un contaminado de cada cuatro salva la vida. Durante el primer trimestre de la Primera Guerra Mundial, el ejército británico seguirá teniendo 8 casos de tétanos por 1000 heridos ; el uso del suero durante el resto de la contienda mejorará la situación bajando a 1,5 caso por 1000 heridos. Habrá que esperar el año 1929 para que aparezca la vacuna en Francia.
- la hemorragia : en este caso no se emplea garrote ni torniquete ; se aplica la compresión digital y, no siempre, una ligadura de hilo encerado o de plomo. Tenemos este testimonio de Larrey : 
Monsieur Arrighi, edecán del general Berthier, recibió una bala […] que le seccionó la carótida externa […] La caída del herido y un chorro de sangre considerable que salía por esas dos aberturas llamaron la atención de los cañoneros. Uno de ellos, muy inteligente, tuvo la presencia de espíritu de aplicar prontamente sus dedos en esas mismas aberturas, y de este modo detuvo la hemorragia. Me mandaron llamar inmediatamente ; corrí a auxiliarle bajo balas y obuses. Un vendaje compresivo metódicamente hecho detuvo, para mi mayor asombro, la marcha rápida de la muerte, y salvó a este oficial. 

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--- Sacabalas de Percy ---

- la extracción de bala : la invención por el barón Percy de un sacabalas facilitará la cura de una herida frecuentísima ; inventa también el hilo de suturar metálico y una aljaba quirúrgica ; llevado terciado a la espalda, este estuche permite desplazarse a caballo llevando un garrote y once instrumentos para operar en urgencia sobre el campo de batalla y evitar la gangrena. Como hasta aquí la amputación se hacía demasiado abajo, Percy imagina un aparato para retractar las carnes lo que permitirá cortar el hueso más arriba, evitando la amputación “en salchichón” o “en jamón” que tenía como consecuencia un muñón cónico doloroso con un hueso susceptible de infectarse.


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--- Aljaba para urgencias ---

Así relata el Sargento Faucheur en sus Recuerdos de campañas cómo le curaron una herida por bala que sufrió en Leipzig : 
Entonces fue cuando vi mi pantalón lleno de sangre ; seguíamos al alcance de las balas del enemigo, nos fuimos lo más rápidamente posible hasta la calzada de Lindeneau, pero cuando llegué perdía tanta sangre que no tuve otro remedio que vendar mi pierna con un pañuelo. […] El cirujano del regimiento curó mi herida, hizo salir la bala, lavó la herida con agua, puso hilas, vendó fuertemente la parte inferior de la pierna y me dijo que no tenía que inquietarme porque dentro de poco estaría curado ; me hicieron tomar un poco de aguardiente y no tardé en dormirme porque estaba extenuado. 
El fusilero-granadero de la Guardia Romand, herido, relata de esta manera la intervención : 
(Nuestro cirujano-mayor) me reconoció y dijo que era preciso extirpar la bala. Después de realizar varias investigaciones, descubrió que la bala se había detenido en mi costado derecho. Introdujo el dedo más de dos minutos y sacó ese plomo. Me desmayé durante unos ratos. 

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--- Maletín para trepanaciones de Larrey (Museo Larrey de Baudéan) ---

- la trepanación se aplica en los casos de heridas en la cabeza. Larrey cita en sus Memorias y campañas el caso de un soldado quien, en El Cairo, había recibido una bala en la cara : 
Un soldado de la 18ª media-brigada recibió en la cabeza un disparo, cuando la primera revuelta del Cairo. La bala, después de atravesar el frontal en su parte mediana, cerca del seno, se orientó oblicuamente hacia atrás, entre el cráneo y la duramadre, y caminó así a lo largo del seno longitudinal hasta la sutura occipital donde se detuvo. […] Introduje una sonda de goma elástica por el orificio del hueso frontal, y le hice recorrer sin pena el trayecto hasta la bala, que reconocí por su resistencia y sus desigualdades. Medí exteriormente el camino que había recorrido con la ayuda de mi instrumento ; decidí entonces descubrir el punto del cráneo correspondiente al cuerpo extranjero. Hice una abertura con una corona ancha de trépano : el pus salió en abundancia, y me fue fácil coger y extraer la bala, que deprimía la duramadre y comprimía el cerebro. Nada vino ya a oponerse a la curación. 


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--- Instrumentos para amputaciones ---

- la amputación es sin duda la más practicada porque tiene fama de prevenir la gangrena y una simple fractura puede provocar la “terrible sentencia”. En los casos de tétanos declarado, Larrey expone : 
El éxito tan inesperado como completo, obtenido por la amputación del miembro herido, en la persona de un oficial presa de un tétanos crónico, me lleva a poner en tela de juicio si, en esta enfermedad determinada por una herida que perjudica una parte de las extremidades : “No sería mejor quitar por amputación el miembro herido en el momento en que los accidentes del tétanos se declaran que esperar de los recursos de la naturaleza y de remedios inciertos la curación que se produce tan escasas veces.” Que la amputación realizada a propósito es el medio más certero para detener y aniquilar los efectos del tétanos, cuando depende de una herida localizada en una de les extremidades. 

No todos los cirujanos están de acuerdo con esta visión, como el barón Percy por ejemplo, pero Larrey entre muchos otros estima que más vale amputar “en caliente” porque, entre el dolor de la herida y el estado de choque, el herido sufre menos que si después de pasado el dolor de la herida se realizara la operación “en frío” añadiendo un segundo dolor al primero. La habilidad del cirujano y la rapidez de la intervención compensan la ausencia de anestesia para el herido que muchas veces sufre la operación sin soltar un grito o gritando ¡ Viva el Emperador !. Cuando la batalla de la Sierra Negra (también llamada batalla de San Llorenzo de la Muga o de Figueras), Larrey llega a amputar en un día no menos de 200 heridos y en los cuatro días que dura la batalla realiza 700 amputaciones. Considerado como un excelente cirujano, era capaz de amputar un miembro en menos de un minuto, destreza apreciable en aquella época. La opinión más extendida es que la amputación, al retirar la parte dañada por el proyectil y dejar una herida “limpia”, evita la aparición del tétanos y de la gangrena pero la realidad dista mucho de la teoría ya que el entorno en que se realizan las operaciones no tienen nada de aséptico empezando por el que los cirujanos no se lavan las manos ni desinfectan sus útiles entre dos operaciones.
Larrey aplicará la técnica de la “desarticulación” que implica amputar a nivel de una articulación en lugar de serrar el hueso. Esta operación que suele dar excelentes resultados (97 heridos de 111 vieron su curación facilitada) se aplica generalmente a la cadera o al hombro pero Larrey condena este procedimiento para el codo. Con este método, se corta la piel de tal forma que a continuación se puede cerrar la herida evitando la amputación “en salchichón” en la que el hueso, cortado demasiado abajo, se infecta al aparecer o adopta una forma cónica dolorosa llamada “en jamón”.

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--- Larrey amputa al subteniente Rebsomen en la batalla de Hanau bajo la mirada del padre ---

Los testimonios son escalofriantes :
En sus Memorias el memorialista Combe, cuyo 8° de cazadores a caballo había sufrido pérdidas por el fuego, visitó también la ambulancia. Allí vio que
Los cirujanos y sus ayudantes, en mangas de camisa y arremangados, tenían en la mano el bisturí fatal o la sierra terrible. Cortaban un brazo o una pierna, desgarraban las carnes y, cubiertos de sangre, mostraban la mayor actividad en aplicar las vendas. Juramentos horrorosos, gritos de desesperación, gemidos lamentables revelaban la cercanía de esas ambulancias improvisadas y renovadas sin interrupción…
Se entiende que en Borodinó el capitán Fabvier, edecán del mariscal Marmont, teniendo el pie derecho quebrado por una bala y oyendo decir al cirujano que quería cortarle la pierna, se negara rotundamente y declarara que antes prefería morir que perder su pierna. No fue amputado, curó y obtuvo el grado de jefe de escuadrón por la batalla del Moscova. Otros toman la operación con más filosofía, como Jouan : 
Siempre había oído decir que era cuando serraban los huesos cuando más se sufría. No quiero presentarme como siendo de una constitución diferente de la de los otros hombres ; lo que sí puedo decir es que la amputación del hueso de mi brazo no fue nada sensible comparada con la de las carnes. 
Otros como el suizo Begos recuerdan ¡ nada menos que 44 años después ! : 
Creo oír ese ruido estridente que se comunicaba a todos mis nervios, puesto que aún no habían inventado el cloroformo. 
En cualquier caso se da de las ambulancias una imagen pésima pero cómo podía ser de otra manera cuando se toma en cuenta el número de heridos y la urgencia para operarlos. La penuria de medios, la ausencia de anestesia, los colchones remplazados por camas de paja, verdadero refugio para insectos y microbios de todas clases, higiene ausente o casi, todas estas condiciones explican que gangrena, tétanos y podredumbre de hospital se cobraran su cupo de víctimas, más que las balas tal vez.

Los hospitales
La teoría
El decreto del 12 de agosto de 1800 establece que en cada hospital militar tienen que ejercer un médico, un cirujano-mayor y un farmacéutico jefe encargados de la dirección del servicio de sanidad secundados por cirujanos de los cuerpos de guarnición en la ciudad.
Tres categorías de hospitales existen bajo el Imperio :
1 - Los permanentes, establecidos en el interior del Imperio. Destinados al servicio de las divisiones militares, reciben a los enfermos y heridos en tiempos de guerra. Entre ellos destaca el hospital del Gros-Caillou de la Guardia donde sirven los oficiales de sanidad en tiempos de paz. El director y médico jefe es Sue, Larrey actúa como cirujano jefe.
2 - Los temporales instalados en la retaguardia o en los flancos del ejército, en las ciudades a proximidad de los campos de batalla cuyo número es fijado por el ordenador jefe del ejército ; se reparten entre hospitales de línea y hospitales especiales en relación con el tipo de enfermedad y de la especialización de cada uno de ellos. Los hospitales de línea reciben a los soldados evacuados por las ambulancias y se distribuyen en tres líneas o escalones, siendo la primera la más cercana al campo de batalla ; los comisarios ordenadores deciden de su ubicación teniendo en cuenta los lugares más convenientes por la seguridad y la salubridad.
3 - Los ambulantes que siguen al ejército.
En primera línea, las ambulancias de primeros auxilios aseguran la hospitalización. A continuación están los hospitales temporales que enviarán a los heridos a los hospitales permanentes.
Los depósitos de convalecientes reciben a los hombres ya salidos de los hospitales temporales que no están en condiciones de reincorporarse a la tropa.


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--- Ambulancia de campaña de Larrey (Diorama de Perry Miniatures) ---

A veces se han abierto, generalmente en cuarteles, depósitos para convalecientes donde los hombres que salían de los hospitales temporales podían restablecerse antes de volver a los campamentos. Un jefe de batallón asume la responsabilidad, los médicos de hospitales cuidan de los soldados que reciben el mismo tratamiento que en su cuerpo. Fueron creados en Boulogne, Ostende y Montreuil con capacidad para 500 y 800 hombres respectivamente para los dos últimos, lo que es notoriamente insuficiente si se considera el número de heridos que causaba cada batalla. Más tarde los hubo en Chambéry, Estrasburgo y Maguncia.
La realidad
Llegados a este punto, podríamos pensar que el sistema permitía salvar a la mayor parte de los heridos pero por desgracia la realidad es muy diferente porque se enfrenta con un contexto de guerra que implica a ejércitos numerosos y distancias importantes.
Testimonios como el del cirujano La Flize que nos relata que en Borodinó mientras los camilleros iban a recoger a los heridos se levantaron dos tiendas de campaña, una grande que iba a recibir a los heridos y una pequeña que serviría de quirófano, que trabajando toda la noche él y sus ayudantes consiguieron atender a todos los heridos y que tan pronto un herido había sido curado lo llevaban a la tienda grande donde le servían una sopa y vino son la excepción que confirma la regla.

Existe una distinción entre los oficiales de sanidad que ejercen en los hospitales y los que siguen a la tropa. Según el decreto del 1 de diciembre de 1803 que los organiza definitivamente tiene que haber dos cirujanos por batallón (unos 800 hombres) y uno por escuadrón (unos 200 hombres) cuando en pie de guerra, la mitad cuando en pie de paz. Un solo cirujano por regimiento tiene el grado de cirujano-mayor, los demás se reparten entre ayudantes mayores y segundos ayudantes. El mismo decreto prevé un farmacéutico en cada hospital militar. Esas cifras hablan por sí solas cuando se comparan con las víctimas de algunas batallas. Austerlitz roza los 7 000 heridos ; Jena : entre 4 000 y 7 500 muertos y heridos según qué fuentes ; Wagram : 33 845 muertos y 28 000 heridos ; Leipzig : 70 000 muertos y heridos ; Borodinó : 21 453 heridos y un testimonio que da la medida de la batalla : 
El reducto y su contorno ofrecían un espectáculo que sobrepasaba los peores horrores que se puedan imaginar. Los contornos, los fosos, el interior de la obra habían desaparecido bajo un cerro artificial de difuntos y agonizantes, de un espesor medio de seis a ocho hombres amontonados unos encima de otros. 
Y hablamos de las solas pérdidas francesas pero hay que tener en cuenta que también se atendía a los heridos del bando adverso ¿ Cómo tan pocos hombres hubieran podido cuidar debidamente a tantos heridos con los medios de la época ?
El material escasea, tanto las vendas y los medicamentos como el material quirúrgico. Percy, en Marienburgo, ve a un cirujano que opera con una sierra de carpintero y un cuchillo de carnicero que compró él mismo ante la penuria ; furioso, Percy exclama ¡ Oh calamidad, oh administración detestable, el director de este hospital merece ser ahogado o ahorcado! Del mismo modo no es una circunstancia extraordinaria que se recurra a vendajes recuperados sobre los muertos.
Los personales de sanidad debidamente formados también se hacen menos numerosos con el tiempo : su abnegación, sus intervenciones en plena batalla, no los protegen de los proyectiles. No tienen un estatuto especial que haga que se les respete : durante la retirada de Rusia los cosacos no dudarán en matarlos como a cualquier soldado. Pocos médicos y demasiados heridos hará que las curas se realicen “de prisa y corriendo” para poder atender al mayor número. Paralelamente, las exigencias en el reclutamiento bajan : no faltan estudiantes de medicina a los que Percy calificará de cirujanos de pacotilla que con un solo año de estudios, a veces unos escasos meses, se presenten como “médicos” con la esperanza de obtener un puesto en un hospital, lejos de las batallas.
Las curas que se aplican no tienen seguimiento en la mayoría de los casos. Los vendajes iniciales se llevan durante días sin que se limpien siquiera las heridas ; higiene y profilaxis no son las principales preocupaciones. Y ¿ cómo atender a las víctimas de la batalla de hoy y seguir atendiendo durante días a las víctimas de los días anteriores ?
La responsabilidad del servicio de sanidad incumbe a comisarios de guerra que ignoran las realidades de este servicio lo que conlleva una falta de interés por su parte con la lógica estrechez de los medios que le conceden tanto en hombres como en material. Desde su punto de vista, unos hombres que no pueden combatir no merecen tanto interés como los combatientes.
El ambiente general de los hospitales es de miseria y horror. La mayor parte del tiempo se lleva a los heridos a hospitales improvisados en conventos donde los monjes ayudan en la medida de sus medios ; muchas veces los heridos están reunidos en salas húmedas y bajas, poco ventiladas, y no es de extrañar que se considerara que para un herido más valía estar expuesto al frio y a la lluvia pero al aire libre que no en una sala de hospital con un aire viciado y la proximidad de enfermos.. Si se dispone de camas, las comparten dos o más enfermos sin que entre en consideración la dolencia de cada uno pero la situación más corriente es que el lecho sea una capa de paja que alberga insectos de todas clases como pulgas, piojos … que transmiten enfermedades como el tifus ; estudios llevados a cabo sobre los muertos de la fosa de Vilna revelan que un 30% de las víctimas murieron del tifus. Por cierto, si los soldados “activos” sufren del hambre podemos imaginar cuales son las condiciones de vida de los heridos en los hospitales donde, aparte de la escasez, hay que descontar lo que roban los enfermeros y otros proveedores.

Algunos de los grandes actores
Todos los médicos y cirujanos, a veces en su modesto cometido que nunca hizo que dejaran su nombre a la Historia, fueron grandes actores de la época : salvaban vidas con peligro de perder la suya. Algunos destacaron más especialmente y vieron sus esfuerzos recompensados con la Legión de Honor y el título de barón del Imperio. La mayor parte desarrolló también un papel docente y ejerció en los hospitales. Estos son los más conocidos.
BOYER Alexis
(1760-1833) hijo de un modesto sastre, anatomista y cirujano, llega a ser primer cirujano de Napoleón I en 1805. Después de la caída del Imperio, será sucesivamente cirujano consultante de Louis XVIII, Charles X de France y de Louis-Philippe.
CORVISART Jean Nicolas
(1755-1821) Es el promotor de la percusión del tórax. Primer médico del Emperador, Napoleón decía de él Es un hombre honrado y hábil. Fue nombrado oficial de la Legión de Honor. No falto de humor, es conocida su contestación a Napoleón que le preguntaba, pensando en divorciarse de Josefina : 
- Un hombre de sesenta años que se casa con una mujer joven ¿puede tener hijos?
- A veces, Sire.
- ¿Y a los setenta?
- Siempre, Sire. 
DESGENETTES Nicolas René
(1762-1837) Su nombre completo es Dufriche-Desgenettes. Inspector general del servicio de sanidad, médico jefe del hospital del Val-de-Grâce, de la Guardia Imperial y después de los Inválidos. Durante la campaña de Italia de 1793 lleva a cabo una importante tarea de reorganización de los hospitales. En Egipto, como médico jefe del ejército de Oriente y frente a la multiplicación de enfermedades, instaura medidas de higiene y profilaxis rigurosas : aseo, limpieza de los uniformes, desinfección de los locales, alimentación vigilada.
A pesar de oponerse a Napoleón en numerosas circunstancias como en el caso de los apestados de Jafa, éste le nombrará Comendador de la Legión de Honor y le colmará de favores a pesar de las libertades que se toma en sus declaraciones y de su independencia de espíritu. Barón del Imperio, participará en la campaña de Rusia. Prisionero en Vilna durante la retirada, revelar su nombre le merecerá que el zar Alejandro I le libere en testimonio de gratitud por los cuidados que había prodigado a los soldados rusos y le hará acompañar por su guardia de Cosacos hasta las líneas francesas en Magdeburgo.
DUBOIS Antoine
(1756-1756) Profesor de la facultad de medicina, cirujano de los ejércitos de Napoleón. Participa en la expedición a Egipto para la que Napoleón le nombra responsable de las ciencias médicas y durante la que tiene a sus órdenes a 108 cirujanos. Es cirujano consultante y tocólogo de la Emperatriz María-Luisa. La presencia de un niño en su escudo recuerda que fue él quien trajo al mundo al Rey de Roma.
HEURTELOUP Guillaume
(1750-1812) Cirujano jefe de la Grande Armée, fue nombrado oficial de la Legión de Honor y barón del Imperio.
LARREY Dominique Jean
(1766-1842) Hijo de un modesto zapatero de un pequeño pueblo de los Pirineos, huérfano a los 13 años, llegará a ser cirujano jefe del hospital de la Guardia Imperial, inspector general del servicio de sanidad y barón del Imperio. Innovador, es conocido por aplicar la “gusanoterapia” en Siria durante la campaña de Egipto ; esta técnica consiste en depositar sobre las heridas infectadas cierta categoría de gusano que se alimenta con las carnes infectadas, saneándolas de este modo. Como ya queda dicho es un precursor en cuanto toca a los auxilios a los heridos, privilegia la cura en el campo de batalla, establece las reglas de prioridad para atender a los heridos en relación con la gravedad de las heridas. Hoy se le reconoce como el padre de la medicina de urgencia. Reconocido por todos, Napoleón dice de él en el Memorial de Santa Elena Es el hombre más virtuoso que he conocido. Ha dejado en mi mente la idea de lo que es un verdadero hombre de bien. En Waterloo, al verlo curando heridos en el campo de batalla, Wellington se habría quitado el bicornio (algunos dicen que habría parado o desviado el fuego de los cañones) y habría murmurado Saludo el honor que pasa. Es sabido que después de Waterloo, prisionero de los prusianos que lo iban a fusilar, salvó la vida gracias a la intervención de Blücher por haber atendido a su hijo herido.
PERCY Pierre François
(1754-1825) Cirujano militar, inspector general del servicio de sanidad y barón del Imperio. Conocido por haber imaginado el “wurst”, cajón que tenía que transportar hasta los heridos el material y el personal para curarlos, inventará el hilo de suturar metálico, un sacabalas, una aljaba quirúrgica con todo lo necesario para operar en urgencia, un aparato para retractar la carne durante las amputaciones y obtendrá de Napoleón la creación de compañías de enfermeros en los hospitales.
YVAN Alexandre (Alexandre Urbain) 
(1765-1839) Hijo de un albañil, llegará a ser el cirujano oficial del Emperador, cirujano-mayor de los granaderos de la Guardia Imperial, cirujano jefe del hotel imperial de los Inválidos y barón del Imperio. En 1809, atiende a Napoleón herido ante Ratisbona, apareciendo así en lugar preferente en el famoso cuadro de Pierre Gautherot.
Conclusión
Llegados al fin de este breve resumen sobre los servicios de sanidad bajo el Primer Imperio, el balance es más que mitigado, casi negativo si se considera con los ojos de un hombre del siglo XXI. Ciertos testimonios nos harían pensar que dominaba la barbarie o la indiferencia respecto a los heridos pero hay que considerar las realidades con las que tiene que enfrentarse el personal hospitalario.
Por un lado la medicina y la cirugía que aquella época no disponen de muchos de los adelantos de la medicina de hoy como son higiene, anestesia, desinfectantes, vacunas, antibióticos que no existen o casi : para el hombre o la mujer de principios del siglo XIX, incluso en tiempos de paz, una hospitalización no tiene nada que ver con lo que conocemos hoy y representa una aventura arriesgada. Una simple apendicitis, a la que se llamaba “cólico miserere”, era mortal ; hoy se considera como una operación baladí.
Las condiciones atroces que dan la impresión que se cortaban miembros sin la menor humanidad se explican por el estado de guerra. La acumulación de heridos para quienes, en muchos casos, la amputación es la única manera de evitar la gangrena o el tétanos explica que se opere con urgencia : cada minuto pasado con un herido supone cientos de otros esperando que los curen, tiempo otorgado a la infección para que gane terreno en el organismo maltrecho por la herida, las privaciones y el cansancio.
Las circunstancias en que se encuentran los heridos después de la operación tienen la misma explicación : demasiados desgraciados y pocos lugares para recibirlos decentemente, sobre todo si se tienen en cuenta las destrucciones provocadas por los combates. Por el número insuficiente de personal médico para atenderlos, enfermedades e infecciones se propagan en estos “hospitales”. No se trata de indiferencia de los médicos sino de imposibilidad de acudir a todas partes : en una de sus cartas a su esposa Larrey le confía que ha operado sin apenas tomar descanso durante cinco días y cinco noches seguidos.
Muchos esfuerzos se realizan en vano : más que de las batallas los soldados mueren de las enfermedades, sobre todo del tifus. Desgenettes, presente en Torgau entre octubre de 1813 y enero de 1814, señala que 13.448 de los 25.000 hombres de la guarnición murieron sin haber disparado una sola vez.
A pesar de que no se aplicaran con toda la energía necesaria por falta de medios y por ser la guerra la primera de las urgencias, no faltaron las iniciativas positivas para mejorar la atención dedicada a los heridos. Se propusieron las bases de conceptos que vieron el día pero más tarde : un cuerpo de enfermeros con un estatuto de “no beligerantes” que acabará siendo la Cruz Roja, ambulancias móviles, un sistema de clasificación y tratamiento de las heridas que dará a luz a las unidades MASH modernas y a los SAMU que intervienen cada día. Terminadas las guerras, basándose en la observación de los horrores que les había tocado vivir y disponiendo de tiempo ahora, los científicos realizaron los progresos : el tétanos cuyas causas eran desconocidas a principios del siglo XIX verá aparecer un suero a finales del mismo. Los instrumentos quirúrgicos se irán perfeccionando para obtener mayor eficacia. La medicina moderna estaba en marcha.

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BOURGOGNE, Adrien - Mémoires du Sergent Bourgogne (1812-1813) - Hachette - Paris - 1914.
COIGNET, Jean-Roch - Vingt ans de grogne et de gloire avec l'Empereur - Souvenirs de J.-R. Coignet - Editions de Crémille - Genève - 1971
FAUCHEUR, Narcisse - Souvenirs de campagnes du sergent Faucheur - Tallandier Editions - Paris - 2004
LARREY, Dominique (Baron) - Mémoires et campagnes (dos volúmenes : 1786-1811 y 1812-1840) - Tallandier Editions - Paris - 2004
PIGEARD, Alain - L’Armée de Napoléon - Tallandier Editions - Paris - 2002
PIGEARD, Alain - Dictionnaire de la Grande Armée - Tallandier Editions - Paris - 2002

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