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A la declaración de guerra el 10 de febrero de 1904, el Gobierno japonés envió mensajes a varios Gobiernos anunciando su decisión. En los siguientes 12 días, se formularon declaraciones de neutralidad por parte de 18 naciones, incluidas todas las potencias europeas y los Estados Unidos.

La victoria japonesa pasó la historia como la primera vez que una potencia europea era derrotada por asiáticos usando tecnología moderna. En Occidente surgió el temor al “peligro amarillo”, término acuñado, según algunos historiadores, por el Kaiser Guillermo II de Alemania, y que hacía mención a una hipotética amenaza de una invasión asiática sobre la civilización occidental. Definitivamente, la victoria japonesa fue una señal que enardeció los corazones de muchos nacionalistas y anticonolialistas en la India y Egipto.

 


Durante la guerra ruso-japonesa y poco después, se llevaron a cabo importentes cambios gepolíticos en Europa. La derrota rusa, junto con el florecimiento del poder militar e industrial de Alemania, para aprensión de los franceses, significó el nacimiento de la Entente-Cordiale, formada por franceses e ingleses y firmada durante las primeras fases del conflicto bélico y a la que se unió Rusia años más tarde, formando la Tripe-Entente de 1907, a la cual se enfrentó Alemania y Austria-Hungría durante la Primera Guerra Mundial.

 

 

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En el aspecto militar, destacaría en un primer momento que esta guerra resultó ser la primera guerra “moderna” de la Historia, tal y como ha comentado el compañero Bruno Stachel. En esta sangrienta contienda saltaron al primer plano nuevas armas y tácticas, tales como el uso masivo de trinceras, alambradas, ametralladoras, artillería pesada, y también se comprobó la ineficacia en la guerra moderna del papel jugado por la caballería que, hasta ese momento, se había considerado un elemento decisivo en una batalla.

El ataque terrestre japonés sobre Port Arthur significó el primer asedio a gran escala del siglo XX (agosto 1904 – enero 1905), y demostró el terrible efecto letal de las armas allí utilizadas, que alcanzarían su mayoría de edad en la Primera Guerra Mundial diez años después.

Y qué decir de la batalla de Mukden (febrero - marzo 1905), donde ambos contendientes desplegaron en conjunto más de 600.000 hombres y el más moderno armamento conocido hasta la fecha, y que ejemplificó las operaciones a base de maniobras a nivel de Cuerpo y de Ejército. La victoria japonesa en esta batalla junto con la naval de Tsushima, permitió a los japoneses entablar conversaciones de paz desde una posición de fuerza.

En términos navales, esta guerra enseñó que los torpedos no eran el arma decisiva como muchos preconizaban, ya que la lucha naval en los alrededores de Port Arthur y en la batalla de Tsushima se decidió por medio de los cañones navales de grueso y medio calibre. También se demostró la utilidad de las minas navales, las cuales jugaron un pepel importante en la guerra naval, sobre todo en el bando ruso.

Tsushima, la batalla naval más importante desde la de Trafalgar en 1804, significó una especie de “validación” de las teorías sobre los grandes cañones de Alfred Mahan. Irónicamente, Tsushima fue la única gran “batalla decisiva” en la Historia llevada a cabo por acorazados de acero.

A nivel mundial, la victoria japonesa en esta guerra significó el triunfo de David contra Goliath.

 

 

 


Aunque el costo de la guerra ruso-japonesa fue prácticamente el mismo por ambos bandos, la gran diferencia entre las economías ruso y japonesa hizo que éste afectara de manera diferente a las necesidades nacionales de cada país.

Mientras que Rusia no tuvo que acudir durante la guerra a préstamos de capital extranjero, el Japón no podía mantener su esfuerzo de guerra sin asistencia económica foránea. Las limitaciones financieras de la economía japonesa se pusieron de manifiesto cuando la guerra alcanzó unos pocos meses, y se estima que la mitad del gasto de guerra japonés fue financiado mediante la emisión de bonos de guerra, principalmente en Londres y Nueva York.

En total, el Gobierno japonés gastó la suma de 1.986.127.000 yenes (al cambio de 1904-05, un yen equivalía a dos dólares USA), de los cuales 1.283.318.000 fueron directamente para el Ejército y 225.154.000 para la Marina.

La economía rusa comenzó a resentirse hacia el final de la guerra, lo cual hizo que el Gobierno ruso tuviera que pedir un préstamo que fue facilitado por Francia en 1906.