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No habían transcurrido ni cinco minutos desde que el HMS Inflexible chocó con una mina cuando un nuevo desastre se produce entre los buques británicos, a las 16:15 una explosión sacude al HMS Irresistible en su costado de estribor, pensando su Capitán que ha resultado torpedeado e izando la bandera verde que señala al resto de la flota este suceso, aunque poco más tarde fue informado de que habían chocado con una mina. El resultado fue desastroso, la sala de máquinas de estribor quedó inmediatamente anegada y varios hombres murieron allí, tomando el acorazado una escora de siete grados hacia esa banda, poco más tarde el mamparo que separaba la sala de máquinas de estribor con la de babor cedió y esta última también resultó inundada, quedando el buque al garete, fuera de la corriente de los Dardanelos y con una brisa que lo acercaba peligrosamente cerca de la costa asiática, donde la baterías otomanas reanudaron un intenso bombardeo, que causó numerosas bajas entre la tripulación reunida en la cubierta. El Vicealmirante de Robeck ordenó al acorazado HMS Ocean que se quedase cerca del derrelicto por si era posible darle remolque y al destructor HMS Wear que rescatase a la tripulación, que en una maniobra bien ejecutada bajo el fuego enemigo rescató a 28 Oficiales y 582 hombres, mientras el Capitán y diez voluntarios se quedaban a bordo del HMS Irresistible para ayudar en la tarea de un posible remolque.

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HMS Irresistible al garete en los Dardanelos.

Solo cuando el HMS Wear regresó a las 16:50 a la altura del buque insignia, conoció de Robeck que el HMS Irresistible había chocado con un mina, ordenando entonces una retirada general, y al Comodoro Keyes que tomase el mando del HMS Wear una vez este hubiese desembarcado a los supervivientes rescatados, con instrucciones de que el HMS Ocean remolcase al HMS Irresistible, y en el caso de no resultar posible, que lo hundiese con torpedos para que no cayese en manos enemigas. Cuando Keyes llegó a la zona el Capitán del acorazado y los diez voluntarios lo habían abandonado dándolo por perdido, pero el Comodoro trasmitió al HMS Ocean las órdenes del Vicealmirante para intentar salvarlo, sin éxito porque el Comodoro Hayes-Sadler alegó que la profundidad del agua no era lo suficiente para poder acercarse. Poco convencido, Keyes ordenó al Capitán del HMS Wear que sondease el fondo para conocer la profundidad exacta, todo bajo el cercano fuego enemigo, que no lo logró alcanzar al destructor. Las mediciones indicaron que había 25 metros de profundidad, más que suficientes para poder haber intentado el remolque, máxime cuando la situación del HMS Irresistible parecía haber mejorado algo, flotaba más adrizado y no parecía hundirse con rapidez, por lo que Keyes repitió las instrucciones de remolque a Hayes-Sadler, pero el HMS Ocean hizo caso omiso, enfrascado en combatir las baterías otomanas mientras navegada a elevada velocidad en distintas direcciones, en una maniobra que le pareció a Keyes innecesaria y de poca utilidad. Finalmente envió el mensaje “si no tiene intención de remolcar al Irresistible el Vicealmirante desea que se retire”, con la idea de regresar al anochecer con un destructor y algunos arrastreros con los que devolver al HMS Irresistible a la corriente que le sacase de los Dardanelos. Se inició la retirada pero solo se encontraban a solo una milla del buque abandonado cuando sobrevino una nueva fatalidad, el HMS Ocean chocó con otra mina en el costado de estribor, inundándose los búnkeres de carbón y tomando una escora de 15 grados. Simultáneamente un proyectil hizo blanco en el compartimento del timón, que quedó atascado, y las reparaciones resultaron imposibles debido a las inundaciones, de modo que se dio la orden de abandonar el barco, siendo su tripulación recogida por los destructores HMS Colne, Jed y Chelmer, excepto cuatro hombres que resultaron accidentalmente abandonados a bordo, aunque al anochecer fueron rescatados por el HMS Jed.

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HMS Ocean.

Según las fuentes otomanas, aunque resulta complicado de verificar, el proyectil que alcanzó al HMS Ocean fue disparado desde el Fuerte Rumili (13) y hemos de detenernos en él porque nos ofrece una visión de la excitación, incluso fanatismo, con el que los artilleros turcos vivieron la batalla. Fort Rumili había sido blanco de los proyectiles aliados durante varias horas, que deshabilitaron un par de piezas y causaron algunas bajas, y durante la tarde una grúa de un cañón Krupp de 24 cm quedó inutilizada, y con ella la posibilidad de cargarlo. Aquí surge la figura del Cabo Seyit, leñador de profesión y de reconocida fortaleza física, que carga sobre sus espaldas un proyectil de 215 kilos hasta la recámara del cañón, repitiendo su hazaña en tres ocasiones, hasta que el HMS Ocean resulta alcanzado.

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Lámina mostrándonos la hazaña del Cabo Seyit. Como en la película, y dejando de lado el efecto artístico/dramático de la distancia, los buques navegan en dirección contraria, y ese acorazado de tres chimeneas no se parece a ninguno de los presentes el 18 de Marzo.

Cuando Keyes pudo embarcar de nuevo en el HMS Queen Elizabeth, por entonces fuera de los Dardanelos, los Capitanes de los dos acorazados a la deriva ya se encontraban con de Robeck, iniciándose una áspera discusión cuando el Comodoro expresó lo que pensaba sobre la inacción del HMS Ocean para dar remolque al HMS Irresistible, que finalizó cuando Keyes solicitó y obtuvo permiso para desplazarse con un destructor durante la noche para intentar el remolque o rematarlos con torpedos si ello no era posible. Embarcado en el destructor HMS Jed recorrió durante la madrugada todas las bahías donde podrían haber encallado los acorazados, no encontrando ni rastro de los mismos y suponiendo entonces que se habían hundido (según los turcos el HMS Irresistible quedó atrapado en una corriente cruzada, fue blanco de los disparos de diversas baterías y resultó hundido sobre las 19:30, mientras el HMS Ocean lo hizo sobre las 22:30 en la Bahía Morto). Nadie disparó sobre el destructor, después de la barahúnda del día un silencio sobrecogedor inundaba los Estrechos, donde solo la luz de algunos reflectores rompía la completa oscuridad, y un optimista Keyes pensó "Tuve una clara impresión de que estábamos ante un enemigo derrotado, lo habíamos golpeado a las 14:00 horas, supe que lo habíamos vencido a las 16:00, a medianoche tuve la certeza de que lo habíamos derrotado por completo". ¿Tendría la misma visión del día el Vicealmirante de Robeck?

Keyes regresó al HMS Queen Elizabeth en la mañana del 19 para reunirse con de Robeck, al que encontró muy abatido por los sucesos del día anterior, solo llevaba dos días al frente de la flota y había perdido tres acorazados y otros dos (Galouis y Suffren) más el crucero de batalla HMS Inflexible estaban fuera de combate y deberían ser remolcados hasta Malta para largas reparaciones, y lo peor es que no sabía cómo había perdido un tercio de sus buques capitales (se pensaba que debido a minas flotantes), el Vicealmirante creía que en cualquier momento llegaría un telegrama de Londres con su destitución como Comandante en Jefe. Keyes le hizo ver que, excepto el crucero de batalla, el resto eran buques obsoletos cuyo destino era el desguace, a nivel material no se había perdido gran cosa y seguro que el Almirantazgo repondría los buques dañados o hundidos, pero para un viejo marino como de Robeck, cuya dilatada carrera había transcurrido en muchos pre-dreadnoughts, ver cómo se hundían tres de ellos resultaba un golpe desolador. Las bajas sufridas por las tripulaciones también pesaban en su ánimo, aunque como diría poco más tarde Churchill, en cualquier pequeño ataque en las trincheras del Frente Occidental el número de bajas solía ser mucho mayor (no existen datos precisos sobre la pérdida de hombres en la batalla del 18 de Marzo, pues difieren al contabilizar las del HMS Irresistible, desde poco más de 20 hasta 200. Si el buque llevaba su complemento normal de unos 780 hombres y fueron rescatados poco más de 600, la cifra que dan varios autores de unas 150 bajas resulta la más creíble, por lo tanto en el total de la flota superarían las 800). Keyes le trasmitió su confianza en que los defensores habían resultado duramente golpeados, que sus reservas de municiones debían estar bajas y que un nuevo ataque tendría éxito, ciertamente habría que lidiar con el problema de las minas, pero se podría dotar de redes a los acorazados y de paravanes a los destructores, y ahora que disponían de muchos marineros disponibles de los barcos inutilizados o perdidos, lo arrastreros podrían ser tripulados por ellos y despedir a los civiles, él en persona se encargaría de ello. La confianza de Keyes en el Almirantazgo no se vio defraudada, cuando llegaron a Londres las noticias sobre el resultado obtenido el 18 de Marzo, Churchill ordenó que los pre-dreadnoughts HMS Queen, London, Implacable y Prince of Wales zarpasen inmediatamente hacia los Dardanelos, mientras por su parte los franceses dispusieron que el Henry IV sustituyese al Bouvet. También se informó que el 3º Escuadrón de aviones del Comodoro aéreo Samson sería basado en la isla de Tenedos y se uniría a los escasos efectivos del HMS Ark Royal, lo que ayudaría mucho a mejorar la observación del fuego de los acorazados. No se podía reanudar el combate de forma inmediata porque, además de tener que reacondicionar las flota, el día se levantó con viento y mar pesada que dificultarían el tiro de los buques, pero tras un día entero en vela Keyes se acostó durante algunas horas convencido de que en breve se realizaría un nuevo intento, y en esta ocasión sería el definitivo.

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HMS Ark Royal.

Cuando cayó la noche en los Estrechos llegó el momento de que los defensores hiciesen balance de sus pérdidas, que se elevaron a 118 bajas entre los artilleros, una cifra relativamente baja porque cuando los emplazamientos se veían sometidos a un fuego constante se cobijaron en los refugios. Todos los fuertes habían resultado gravemente dañados en su estructura, pero las pérdidas de armas eran escasas; en Hamidieh II los cuarteles fueron destruidos y puestos fuera de combate sus dos cañones, en Rumili solo uno estaba temporalmente deshabilitado, en Namazieh se perdió un cañón y sus cuarteles ardieron, al igual que los de Hamadieh I, que también había perdido solo un arma, mientras en Chemenik exploto un polvorín. El comportamiento de los artilleros alemanes y turcos había sido ejemplar, habían soportado siete horas de intensos bombardeos y siempre que les fue posible dispararon su armamento contra los acorazados rivales, obteniendo buenos resultados sobre todo contra la División francesa. El problema era la munición, se había gastado la mitad del remanente de proyectiles de grueso calibre, sobre todo los más modernos, de hecho solo quedaban disponibles 17 proyectiles perforantes en Hamidieh I y otros diez en las fortalezas de Gallipoli, y no había esperanzas de poder reponerlos en las próximas semanas. El gasto de munición en las baterías dotadas de cañones de mediano calibre había sido algo menor que la mitad del remanente, y se calculaba que cada pieza aún disponía de unos 160 proyectiles. Pese a contemplar como se hundían tres acorazados y otros tantos se retiraban con graves daños, no cundía la euforia entre los defensores, pues estaban convencidos de que al día siguiente se reanudaría la batalla, por ello dedicaron toda la noche a reconstruir los parapetos, volver a tender las líneas telefónicas con los observadores o reparar los cañones que habían resultado dañados, aunque los más pesimistas pensaban que solo podrían resistir uno o dos días más, pues una vez se agotasen las municiones solo quedaría retirarse. Se asombraron cuando al día siguiente no vieron aparecer a la flota aliada, pero pensaron que era debido a las malas condiciones climáticas, transcurriría algún tiempo hasta que fuesen conscientes de que habían obtenido una gran victoria.

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Fuerte de Chemenlik (Cimenlik, Canakkale), hoy convertido en museo naval.

Tan pronto como el 19 de Marzo en una reunión del Gabinete de Guerra se envió a de Robeck un mensaje autorizándole a "continuar las operaciones navales contra los Dardanelos si lo creía adecuado", a lo que el Vicealmirante, convencido por Keyes, replicó que pronto estarían disponibles cincuenta arrastreros británicos y doce franceses tripulados por los hombres de los acorazados hundidos, de modo que esperaba "estar en condiciones de comenzar las operaciones en tres o cuatro días". Los preparativos para lograr reconvertir los arrastreros en dragaminas llevaron más tiempo del pensado inicialmente, lo que unido a la mala climatología dieron al traste con esta esperanza, pero en ese momento no parecían haber dudas sobre la reanudación del ataque naval a los Estrechos, aunque existía un mar de fondo que cambiaría todo el panorama en solo dos días. El asunto viene de lejos, cuando por una parte el General Birdwood, al mando de las fuerzas ANZAC, visitó los Dardanelos y en una fecha tan temprana como el 5 de Marzo escribió a Kitchener que, según su opinión, la flota no podría abrirse paso sola y el Ejército tendría que intervenir, por otra Fisher, que aunque seguía apoyando el ataque naval, indicó que “alguien tendrá que desembarcar en los Dardanelos tarde o temprano”. Finalmente el Mariscal, que a mediados de Febrero había ordenado que la 29ª División regular del Ejército zarpase hacia Gallipoli para acto seguido revocar la orden, decide finalmente enviarla el 10 de Marzo, además de convencer a los franceses para que se uniesen a la expedición con una de sus Divisiones, con lo que sumando las tropas ANZAC presentes en Egipto se dispondría de un Ejército de 70.000 hombres en la zona. Apresuradamente se puso al frente de esta fuerza al General Hamilton, en principio con unas órdenes vagas de apoyar a la flota, pues por entonces nadie sabía qué resultados daría el ataque naval ni el papel que debería jugar el Ejército.

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General Hamilton.

Embarcado apresuradamente rumbo al Mediterráneo Hamilton desembarca en Lemnos el 17 de Marzo, justo para poder observar el ataque naval del día siguiente a bordo del crucero HMS Phaeton, y tras el mismo escribió a Kitchener el siguiente mensaje: “Muy a mi pesar me veo obligado a llegar a la conclusión de que no es probable que los Estrechos sean forzados por acorazados, y si mis tropas han de tomar parte no será de la forma subsidiaria que estaba prevista”. El Mariscal replicó que en el caso de que resultasen necesarias grandes operaciones militares para forzar los Dardanelos estas deberían llevarse a cabo, ya no había vuelta atrás. El hecho decisivo que conllevaría la cancelación de un ataque puramente naval fue la reunión que mantuvieron Hamilton y de Robeck el 22 de Marzo en Lemnos, y de la que existen dos versiones distintas según lo cuente cada una de las partes. Según Hamilton, nada más iniciarse la reunión de Robeck le espetó que “la flota no podría abrirse camino sin la ayuda de las tropas”, mientras para de Robeck fue el General quien le convenció de que resultaba más beneficioso un ataque simultáneo, escribiendo ese mismo día a Londres: “No soy de la opinión de que el revés del 18 de Marzo resultase definitivo, pero después de habernos reunido con el General Hamilton y escuchar sus propuestas, considero ahora que una operación combinada es esencial para obtener grandes resultados en esta Campaña. Atacar ahora los Estrechos solo con la flota sería un error que pondría en riesgo la ejecución de un nuevo y mejor plan”. Cuando Keyes fue informado quedó horrorizado e insistió al Vicealmirante para que cambiase de idea, este último aún dudada y concertó una nueva cita con Hamilton, en la cual Keyes defendió con tenacidad sus argumentos. Cuando le preguntaron cuándo estarían disponibles sus más de 60 dragaminas respondió que sobre el 3 o 4 de Abril, y dado que Hamilton tenía en mente poder llevar a cabo su desembarco el 14 del mismo mes, se concluyó que un retraso de solo diez días era asumible, descartándose definitivamente un ataque puramente naval. Así fue sobre el terreno, no en Londres donde Churchill leyó consternado el mensaje enviado por de Robeck, sus sueños de gloria se desvanecían con él, y redactó una respuesta donde ordenaba al Vicealmirante que reanudase el ataque a la primera oportunidad favorable. Antes de enviarlo lo llevó al Almirantazgo para su aprobación, y por primera vez se encontró con una oposición firme, tanto Fisher como el resto de Almirantes estaban de acuerdo en continuar el ataque siempre que el Comandante en Jefe de la flota se mostrase dispuesto a ello, pero como no era el caso, no deseaban forzarle a un ataque en el que no creía. Un desesperado Churchill acudió a Asquith, aduciendo que “el mero proceso de desembarcar un Ejército después de darle al enemigo un aviso adicional de al menos tres semanas más me pareció un peligro terrible y formidable ". y aunque el Primer Ministro se mostraba personalmente de acuerdo con el Primer Lord del Almirantazgo, no estaba dispuesto a desautorizar a los Almirantes. En la reunión de Gabinete de Guerra Churchill tuvo que anunciar la negativa del Almirantazgo de continuar con el ataque naval, y Kitchener declaró que el Ejército asumiría la carga y la Campaña continuaría con un desembarco en la península de Gallipoli. Alea jacta est.

Algunos años después de terminada la guerra, cuando Keyes visitó los Dardanelos como Comandante en Jefe de la Mediterranean Fleet, exclamó: “Dios mío, hubiese sido aún más fácil de lo que pensaba, simplemente no podíamos fracasar… por no intentarlo otro millón de vidas fue desperdiciado y la guerra continuó tres años más”.

Hamilton no pudo cumplir su deseo de iniciar los desembarcos el 14 de Abril, y no hemos de culparle por ello porque la tarea a la que se enfrentaba era inmensa, preparar un desembarco sin mapas adecuados, sin un buen conocimiento del terreno, sin estar al tanto la profundidad de las playas, si existían fuentes de agua para las tropas, y lo peor de todo, ante un enemigo avisado que se estaba preparando para recibirles. Otra fecha a destacar en la Campaña es el 25 de Marzo, cuando Enver Pasha, en una de sus escasas decisiones acertadas, solicitó al General alemán Liman von Sanders que se pusiera al frente del 5º Ejército, el encargado de defender los Dardanelos, que contaba con seis Divisiones y unos 80.000 hombres mal equipados. El Ejército estaba dispuesto de tal manera que para Von Sanders parecían “guardias fronterizos”, desperdigados a lo largo de toda la costa, de modo que si el enemigo intentaba desembarcar "habría encontrado resistencia en todas partes, pero sin fuerzas ni reservas para realizar un contraataque fuerte y efectivo", de modo que corrigió el despliegue, alejando dos Divisiones de la costa y estacionándolas en el centro de la península de Gallipoli donde podrían responder a las amenazas desde varias direcciones. Comenzó a construir caminos y puentes para agilizar sus movimientos, descubrió que las playas potenciales para el desembarco de la península solo tenían fortificaciones rudimentarias y obligó a miles de hombres a cavar más trincheras, a establecer más emplazamientos de armas y a protegerlos con alambres de espinas. algunos de ellos en el agua frente a las playas. “Si los británicos solo me dejan en paz durante ocho días", dijo el 27 de marzo, y más tarde escribiría “Los británicos nos permitieron cuatro buenas semanas". Dos de las Divisiones fueron desplegadas en la costa asiática y cuatro en la península de Gallipoli, la reserva central bajo el mando de un hasta el momento desconocido Mustafá Kemal, un hecho que por entonces pasó desapercibido pero que resultaría crucial en los acontecimientos posteriores.

Kitchener había prohibido a Hamilton efectuar el desembarco principal en la costa asiática, por temor a que las fuerzas pudiesen ser atacadas desde varios flancos y porque a poco que avanzaran se quedarían sin el fundamental apoyo artillero de la Armada, que sin embargo sí podría prestarlo en todos y cada uno de los kilómetros cuadrados de la península de Gallipoli, que por lo tanto fue el objetivo elegido. El plan de Hamilton no era malo, sobre todo si tenemos en cuenta las adversidades a las que se enfrentaba, y que tuvo que resolver todos los preparativos en poco más de un mes (el desembarco de Normandía se planificó durante dos años), en una operación que no tenía precedentes. Contaba con unos 75.000 hombres, 18.000 de ellos encuadrados en la 29ª División, 16.000 en la francesa, 10.000 Royal Marines y los 30.000 del ANZAC, una fuerza poderosa pero la mitad de los 150.000 hombres que según los planes de guerra griegos resultaban necesarios para tomar Gallipoli, aunque en cambio contaba con la gran flota reunida en Lemnos, 18 acorazados, 13 cruceros (incluyendo el ruso Askold) y 29 destructores, que debían dar escolta a unos 200 transportes.

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Mapa con las defensas de los Dardanelos.

Gallipoli es una península de tierra accidentada y desolada que se adentra 83 kilómetros en el mar Egeo. En su cuello, la península está conectada al continente europeo por el istmo de Bulair, con cinco kilómetros de anchura. Al suroeste, la península se ensancha hasta los 19 kilómetros; luego, continuando hacia el suroeste, se reduce gradualmente hasta la punta redondeada del Cabo Helles Para el caminante el suelo es áspero, roto, con barrancos, escarpes y valles estrechos e irregulares, que se elevan hasta una espina escarpada. A seis millas al norte del Cabo Helles, la colina en pendiente de Achi Baba se eleva a 180 metros de altura mientras en el centro de la península la cresta de Chunuk Bair se eleva a 260 metros; cerca, la cresta de Sari Bair, el punto más alto de Gallipoli, apenas alcanza los 300 metros. Las orillas de la península están bordeadas por acantilados de arenisca, que se rompen aquí y allá por los barrancos arrastrados por las lluvias torrenciales de otoño e invierno. En la desembocadura de algunos de estos barrancos se pueden encontrar estrechas franjas de playa arenosa o pedregosa actas para un desembarco. El Vicealmirante de Robeck propuso a Hamilton desembarcar en Bulair, donde se podría copar a las tropas situadas en el resto de la península, pero a Von Sanders no se le escapaba que este era un punto estratégico focal y cuando Hamilton reconoció las poderosas defensas del istmo a bordo de un crucero, desechó esta opción. Su plan fue desembarcar la 29ª División en cinco playas de Cabo Helles con la misión de ocupar el primer día la colina de Achi Baba, mientras el cuerpo ANZAC desembarcaba en una playa veinte kilómetros más al Norte con la idea que ocupasen la cresta de Sari Bair. Al mismo tiempo se montaron dos movimientos de diversión, por una parte la División de Royal Marines amagaría con desembarcar en Bulair, mientras la División francesa lo haría en la costa asiática con el fin de las tropas turcas allí asentadas no pudiesen acudir en la ayuda de las que combatían en Cabo Helles. Si el primer día se lograba una cabeza de puente en la punta de la península, los franceses reembarcarían y junto a los Royal Marines apoyarían el ataque en Cabo Helles, con la idea de que al segundo o tercer día los arrastreros pudiesen limpiar de minas los Estrechos y la flota penetrar hasta el Mar de Mármara. Esta había adaptado su orden de batalla para la ocasión, dividida en varios Escuadrones, el primero de ellos formado por el HMS Queen Elizabeth como buque insignia y con Hamilton a bordo, que junto a otros ocho acorazados y cuatro cruceros apoyarían los desembarcos en las distintas playas de Cabo Helles, el segundo estaba constituido por cinco acorazados, un crucero y siete destructores, con el fin de apoyar los desembarcos de las tropas ANZAC, el tercero escoltaría a los transportes de los Royal Marines en su amago de desembarco en Bulair, y estaba formado por el acorazado HMS Canopus, dos cruceros y otros tantos destructores, mientras en el sexto dos acorazados, tres cruceros y siete destructores apoyarían el desembarco de diversión en Kum Kale.

Finalmente los desembarcos se llevaron a cabo el 25 de Abril a las 5:00 horas, tras un corto pero intenso bombardeo naval que sin embargo no pareció hacer mucha mella en las defensas otomanas, que reaccionaron contundentemente al desembarco, sobre todo en la costa de Cabo Helles, en especial en la playa a los pies de la fortaleza de Sedd el Bahr. Los hombres bajaron de los transportes a los botes, que fueron remolcados por pinazas a motor hasta cerca de la costa, donde a base de remos alcanzaban la orilla, salvo aquellos que resultaron masacrados por el fuego enemigo todavía en sus botes. El único barco utilizado en los desembarcos fue el carbonero SS River Clyde, buque que se había protegido con algunas planchas metálicas como blindaje y dotado de portones en la proa y los laterales, que con 2.000 hombres a bordo embarrancó en la playa de Sedd el Bahr, solo para ver como una hilera tras otra de soldados caían abatidos en las pasarelas víctimas de las ametralladoras rivales. Las tropas ANZAC pudieron desembarcar con menos dificultades, pero el retraso en su avance y la vigorosa defensa de las reservas turcas bajo el mando directo de Mustafá Kemal impidieron en el último instante que lograsen ocupar las colinas de Chunuk Bair. Plácido fue el desembarco de 2.000 hombres en la denominada playa Y, a unos siete kilómetros de Cabo Helles, rodeada de acantilados y por ello no defendida en absoluto por ninguna fuerza enemiga, un error porque los británicos lograron escalarlos y podrían haber avanzado contra la retaguardia de los defensores en el Cabo, pero se quedaron allí parados sin hacer nada, hasta que refuerzos otomanos les atacaron y por la noche se vieron obligados a reembarcar tras haber sufrido 700 bajas. Las operaciones de diversión lograron el propósito previsto, en Bulair fijaron a la mayor parte de los defensores y al propio Von Sanders, que temía resultase el desembarco principal, mientras en la costa asiática los franceses desembarcaron con vigor, tomaron la fortaleza de Kun Kale, obligaron a que las dos Divisiones otomanas allí estacionadas no pudiesen ser embarcadas hacia Gallipoli y al caer la tarde reembarcaron llevando 450 prisioneros con ellos. En conjunto los desembarcos no resultaron ni un éxito ni un fracaso, al caer la noche más de 30.000 hombres se encontraban instalados en las dos cabezas de playa en Gallipoli con un coste de 5.000 bajas, pero por otra parte no se habían alcanzado ninguno de los objetivos marcados, ni se alcanzarían nunca, repitiéndose el estancamiento ya conocido en el Frente Occidental, la predicción del War Office de que una vez en tierra la resistencia turca se derrumbaría no puedo ser más desafortunada. Por su parte la Armada sufrió unas cincuenta bajas ese día, sin que conozcamos en qué circunstancias, seguramente algunas debido al fuego de los cañones de campaña que dispararon contra los barcos, pero hemos de pensar que la mayoría como pilotos de las pinazas que llevaron a los hombres cerca de la costa.

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Sedd el Bahr visto desde el SS River Clyde.

Aunque tras los desembarcos el Ejército adquirió el protagonismo de la Campaña, el respaldo de la flota resultaba esencial, no solo porque todos los suministros a las tropas debían llegar por mar, desde las municiones hasta el agua, también porque su cañones resultaban el principal apoyo artillero contra las líneas turcas, motivo por el cual Von Sanders ordenó a sus hombres que las trincheras fuesen cavadas lo más cercanas posible a las del enemigo. Durante los días siguientes al desembarco varios destructores actuando como dragaminas se internaron en los Dardanelos con el fin de limpiar el área donde debían actuar los acorazados, sufriendo varios de ellos daños y bajas, como también los buques capitales cuando desde la entrada a los Estrechos bombardearon las posiciones otomanas, por el ejemplo el HMS Albion resultó alcanzado el 26 de Abril y tuvo que retirarse a Mudros para tres días de reparaciones, y de nuevo el 2 de Mayo fue blanco de los proyectiles enemigos teniendo que regresar a Mudros, o el HMS Prince George, que alcanzado en la línea de flotación en la misma fecha hubo de retirarse hasta Malta para las pertinentes reparaciones. El 28 de Abril y el 6 de Mayo se libraron respectivamente la Primera y la Segunda batalla de Krithia, matanzas en las que a cambio de unos pocos cientos de metros se perdieron miles de hombres, para horror del Comodoro Keyes, quien seguía pensando que resultaba posible que la flota forzase los Estrechos con un precio en vidas mucho menor, sobre todo ahora que se contaba con varias docenas de arrastreros con tripulaciones militares y una veintena de destructores con paravanes para minimizar el riesgo de las minas. Keyes convenció a de Robeck para que el Vicealmirante propusiera el 9 de Mayo al Almirantazgo renovar el ataque naval, pero la respuesta que recibieron fue poco entusiasta: "Por el vigor de la resistencia del enemigo, es improbable que el paso de la flota al Mármara sea decisivo, y por lo tanto es igualmente probable que el Estrecho se cierre detrás de la flota. El temperamento del Ejército turco en la península indica que el forzamiento de los Dardanelos y la posterior aparición de la flota en Constantinopla no sería por sí solo decisivo". El mensaje del Vicealmirante no llegó en buen momento, Fisher se sentía cada día más crispado con la Campaña de los Dardanelos, y el 2 de Abril escribía a Churchill: “No podemos enviar ni un hilo de cuerda a de Robeck, ¡¡Hemos llegado al mismo límite!! Y, por lo tanto, se les debe decir de manera clara que no se pueden esperar más refuerzos para la flota, un fallo en los Dardanelos no significaría nada, un fracaso en el Mar del Norte sería nuestra ruina.” El 5 de abril, le escribió nuevamente a Churchill: "Simplemente estás devorado por los Dardanelos y no puedes pensar en otra cosa. ¡Malditos sean los Dardanelos! ¡Serán nuestra tumba!”. La tensión entre los dos líderes del Almirantazgo se estaba acrecentando, y se agravaría aún más tras un suceso acaecido en la madrugada del 13 de Abril…

En 1910 el Imperio otomano adquirió cuatro torpederos construidos en los astilleros alemanes de Schichau-Werft, buques de 765 toneladas y 26 nudos de andar, dotados con tres tubos lanzatorpedos de 45 cm de calibre, uno de ellos bautizado como Muavenet-i Milliye, que por entonces nadie podía sospechar alcanzaría de lleno la línea de flotación del Almirantazgo británico.

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Destructor Muavenet-i Milliye.

Durante los combates terrestres de Mayo los franceses, que ocupaban el flanco derecho de la cabeza de playa en Cabo Helles, solicitaron y obtuvieron apoyo artillero cercano por parte de la flota ante los contraataques turcos en su sector y la artillería que les machacaba constantemente desde Kum Kale, de modo que dos acorazados rotaban permanentemente en la bahía de Morto con este fin, en la noche del 13 de Mayo el turno correspondía a los HMS Goliath y Cornwallis.

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HMS Goliath.

Al caer la noche del 12 de Mayo el Muavenet-i Milliye, bajo el mando del Teniente Ahmett Saffed y con el Teniente alemán Rudolph Firle y varios especialistas torpederos de la misma nacionalidad a bordo, atravesó los campos de minas propios y al anochecer alcanzó la cala de Soganhdere, a mitad de camino entre Canakkale y Morto, en espera de que los acorazados británicos apagasen sus reflectores, lo que solían antes de medianoche, un error que pagarían caro. A la 19:30 el destructor turco, pintado en gris oscuro y navegando a solo seis nudos para levantar la mínima onda de proa se dirigió hacia la bahía de Morto, esquivando los cinco destructores que patrullaban la zona, cuya pintura en gris claro permitía distinguirlos mejor en la noche. Sobre la una de la madrugada había logrado acercarse a solo unos mil metros del HMS Goliath, que en ese momento descubrió una sombra a estribor y solicitó reconocimiento por señales luminosas, pero ya era demasiado tarde, el Muavenet-i Milliye había lanzado tres torpedos con cinco segundos de diferencia entre ellos y viraba a babor al tiempo que aumentaba a velocidad máxima. A esa distancia y ante un buque anclado los expertos torpedistas alemanes no podían fallar, y un minuto después el primer torpedo alcanzaba al acorazado entre la torre A y el puente, el segundo estallaba entre las dos chimeneas y el tercero algo más a popa, desfondando al acorazado que entre grandes explosiones se hundía en escasos minutos, junto a 570 hombres de su tripulación.

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Ataque del Muavenet-i Milliye al HMS Goliath, en obra de Paul Wright.

En la confusión que siguió al ataque el destructor otomano no tuvo problemas en esquivar a sus contrapartes británicos, logrando regresar sin novedad a Constantinopla, donde fueron recibidos como héroes y su tripulación agasajada con un saquito de oro por parte del Sultán, aunque quizá el mejor reconocimiento de su hazaña fuese las palabras del General Hamilton al conocer el suceso: “Los turcos se merecen una medalla”.

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Plano del ataque del Muavenet-i Milliye.

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Los Tenientes Saffet (derecha) y Firle (izquierda).

Foro de discusión:

https://elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?f=101&t=26326

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