
Hoy charlamos con Paco Álvarez, uno de los divulgadores más conocidos de la historia de Roma en España. Madrileño, geógrafo e historiador -aunque él mismo prefiere definirse con humor como “romanólogo”-, ha trabajado durante años en el ámbito de la comunicación internacional antes de dedicarse plenamente a escribir y divulgar la historia antigua. Colabora habitualmente en televisión, radio y diversos medios culturales, y es autor de varios libros que han acercado Roma al gran público con un estilo ameno y cercano, como Somos romanos, Romanos de aquí o Mitomorfosis.
En su nuevo libro, Julio César: Imperator en Hispania, nos propone mirar de nuevo a Julio César desde un ángulo poco habitual: su relación con Hispania. Fue aquí donde César fue aclamado por primera vez como imperator y también donde recibió esa misma proclamación por última vez tras las guerras civiles. Entre ambos momentos, la península fue escenario de campañas, reformas políticas y decisiones que marcaron el futuro del mundo romano. Sobre todo ello conversamos hoy con Paco.
Paco, en tu libro explicas que Hispania tuvo un papel mucho más importante en la vida de César de lo que normalmente se cuenta. ¿Qué tenía la península para que un político romano ambicioso como él encontrara aquí una oportunidad tan decisiva en su carrera?
Pues Hispania era el fin del mundo, el territorio más inexplorado y legendario al que un romano podía acudir. Aquí César podía emular a los héroes del pasado, como de hecho hizo, navegando por el océano que marcaba el límite conocido del planeta. En tiempos de Julio, hacía unos 150 años que había presencia romana en la península y todavía había muchos mitos, oportunidades, naciones sin “civilizar” … también parece ser que Marco Licinio Craso padre le contó que en las cercanías de Brigantium, por La Coruña, había mucho oro al alcance de la mano…
El título de imperator no era en la República un cargo político, sino una proclamación que hacían los propios soldados a su general tras una victoria. ¿Qué sabemos realmente de aquella primera vez que tus protagonistas -los legionarios- aclamaron a César como imperator en Gallaecia en el 60 a. C.? ¿Cómo pudo ser ese momento en el propio campo de batalla?
Según las pocas referencias que tenemos a ese momento concreto, la batalla de los hombres de César contra los galaicos fue muy sencilla y se solucionó sin demasiadas bajas entre los romanos, además de obtenerse un importantísimo botín. Además, tenemos que imaginarnos esas tropas de César, sus primeras legiones hispanas, demostrando por primera vez ante los celtas, que estaban a la altura y que podían seguir a su general a donde ordenara. De victoria en victoria.
Entre esa primera proclamación en Hispania y la última, tras los combates de la guerra civil en el sur de la península, pasan quince años llenos de campañas y conflictos. Cuando uno sigue ese recorrido, ¿qué evolución ves en César como comandante? ¿Cambia su manera de hacer la guerra?
Creo que cada vez prefiere más la maniobra al enfrentamiento, pero en la fase final de la guerra civil, cansado ya de la obcecación de sus enemigos a los que había vencido ya en Hispania, en Grecia y en África, estaba bastante harto y enfadado, lo que le llevó a dejar de dar cuartel y proclamar que no se harían prisioneros entre los enemigos. Tantas veces los perdonó cuantas veces volvieron a ponerse enfrente suyo en armas. Eso ya no volvería a suceder. Por ejemplo, cuando en Egipto le presentaron la cabeza de Pompeyo, César se enfadó y ordenó los mayores honores para quien había sido su amigo y yerno. Cuando después de Munda le presentaron la cabeza del hijo de Pompeyo ordenó que se expusiera, para escarnio, en la muralla de Híspalis.
Cuando pensamos en César solemos pensar en las Galias o en el cruce del Rubicón. Sin embargo, en Hispania también se libraron campañas muy importantes, como la de Ilerda o los enfrentamientos finales contra los pompeyanos. Desde el punto de vista militar, ¿qué tienen de especial estas campañas hispanas?
Para empezar, la rapidez con la que César, en las dos campañas en Hispania, fue capaz de llegar justo donde era necesaria. La campaña de Ilerda, según la opinión de Napoleón, que algo sabía de hacer la guerra, fue la mejor campaña de la carrera de César. Una campaña de maniobra en la que el enemigo le dio por vencido al principio y en la que él movió sus tropas impidiendo que los pompeyanos pudieran hacer nada de lo que pensaban o querían hacer hasta finalmente aislarles hasta del agua y obligándoles a rendirse… La campaña de Munda también tiene su aquél, las acciones tipo comando para liberar el cerco de Ulía… el asedio de Ategua, donde fue proclamado César como Imperator por última vez en su vida… la manera en la que fue separando a Cneo Pompeyo y su ejército de su base en Córduba… y la batalla de Munda, donde la legión décima, tal vez veterana de su primera campaña en Hispania, fue quien rompió las filas pompeyanas y forzó la debacle final de los enemigos de César. Nunca nadie lo venció en el campo. Tuvieron que traicionarle sus supuestos compañeros, para terminar con el hombre, que no con la leyenda.
En tu libro no solo hablas del César general, sino también del César gobernante. Cuando estuvo al frente de provincias hispanas tomó decisiones administrativas y políticas bastante importantes. ¿Hasta qué punto esas reformas anticipaban ya la forma en que se gobernaría el Imperio más tarde?
Totalmente. La organización territorial y las leyes municipales que César otorgó a las ciudades de la Bética son las que después Augusto y sus sucesores utilizaron para componer el Imperio, un Imperio de ciudades, con leyes iguales, idioma idéntico misma moneda y un gobernante único que garantiza la pax romana y el florecimiento del comercio y la industria mundial. César es quien escribe la teoría sobre la que luego se sostendrá el Imperio Romano y Hispania será su laboratorio.
Reconstruir esta parte de la historia no debe de ser fácil, porque las fuentes sobre César en Hispania no son tan abundantes como las de las Galias. Cuando investigabas el libro, ¿qué fuentes te han resultado más útiles o sorprendentes?
Es curioso que sobre las primeras magistraturas de César en Hispania hay poco o nada escrito, salvo literatura posterior que viene a completar huecos. Sobre las guerras civiles hay varias fuentes bastante fiables e incluso la arqueología nos confirma varios temas. Sobre la campaña de Munda, sólo tenemos la muy incompleta Guerra de Hispania, que al estar sin “editar” es tal vez la única fuente completamente primaria de toda la vida de César que no haya sido revisada por él. Aporta detalles que seguramente sólo pueden corresponder a notas apuntadas por algún oficial del ejército cesariano. Frases como la que nos brinda el cronista sobre el día de la batalla de Munda «convidaba también la serenidad del día y el sol, que no parecía, sino que los dioses inmortales proporcionaban este tiempo excelente y sumamente apetecible para dar la batalla» componen un punto de vista muy individual sobre esos momentos.
Después de escribir este libro y de seguir los pasos de César por la península, ¿crees que la historiografía ha tendido a olvidar la importancia de Hispania en su trayectoria? Y, sobre todo, ¿qué crees que puede descubrir el lector sobre César que quizá no sabía antes de abrir tu libro?
Absolutamente. Para la mayoría de la historiografía extranjera y nacional, parece que Cesar sólo pasaba por Hispania, cuando de aquí por ejemplo era su amigo y praefectus fabrum Lucio Cornelio Balbo o cuando aquí otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes de Cádiz para siempre. Aquí luchó su primera batalla como general. Aquí luchó su última batalla. Creo que en mi libro se podrán conocer y seguir literalmente los pasos de Cayo Julio César por nuestra Hispania, conocer quiénes fueron sus amigos y sus enemigos en nuestra tierra, qué hacía diferente a su ejército y, en resumen, por qué quiso tanto, dicho en sus propias palabras, nuestra península. Seguramente aquí tomó la decisión de nombrar a Octavio, con quien se encontró en Calpe, su heredero. Ocho meses después de partir de Hispania, fue asesinado por los que había perdonado tantas veces…
Como hemos visto a lo largo de esta conversación, la relación entre César e Hispania es mucho más profunda de lo que suele aparecer en los manuales. No se trata solo de un escenario secundario en la carrera de un gran general, sino de un territorio que influyó de manera decisiva en su formación como comandante y en el desarrollo de las guerras que terminaron transformando la República romana.
El libro Julio César: Imperator en Hispania ofrece precisamente esa mirada: la de un César que no solo combate en la península, sino que también gobierna, reorganiza y deja una huella duradera en la estructura política de las provincias. Con su habitual estilo divulgativo, Paco Álvarez nos invita a recorrer esos episodios y a comprender mejor cómo Hispania formó parte del proceso que condujo al nacimiento del Imperio.
Desde el foro El Gran Capitán agradecemos a Paco su tiempo y su disposición para conversar con nosotros. Y, como siempre ocurre cuando se habla de Roma, la sensación final es clara: cuanto más se investiga aquel mundo, más evidente resulta que seguimos viviendo, en muchos aspectos, a la sombra de su legado.
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