
El Islam es hoy, en día, una de las primeras religiones mundiales en número de adeptos. Situado geográficamente entre Asia y África, es una realidad ya más que milenaria situada en las costas del Mar Mediterráneo. Un mar que, desde la irrupción de los árabes a sus orillas, durante el siglo VII de nuestra era, no ha podido volver a denominarse “mare nostrum” habida cuenta de las distancias culturales que, desde la aparición del islám, separan a los pueblos que viven en sus costas. Una distancia y una separación de la que el mediterráneo ha pasado a ser frontera. Una realidad que tuvo su origen en Mahoma.
Mahoma se cree que nació en la Meca, hacia el año 570, aunque no hay unanimidad al respecto, y tampoco pruebas concluyentes, ni de la fecha, ni del lugar. Sí se sabe que murió en el año 632, en Medina. La aparición del Islám se produjo al tiempo que los primeros carolingios organizaban el reino Franco, que los bizantinos detenían su proyecto de recomposición del viejo Imperio desde Constantinopla, y que los visigodos comenzaban a asentar su reino en Hispania. Fue en ese entorno en el que aparecieron en la escena de la historia los árabes, inflamados de la nueva fe mahometana, que lanzaban a la conquista del mundo conocido. Las invasiones árabes coincidieron en el tiempo con la última oleada de las invasiones eslavas. En el plazo que va desde la muerte de Mahoma hasta el 717 (primer asedio musulmán de Bizancio) y 718 (batalla de Poitiers), conoció la primera ola expansiva del Islam, pero no la única. En menos de 100 años los árabes habían conseguido expandirse hasta el Mar de la China, por el este, y hasta el Atlántico por Hispania y Norte de África Occidental, en el oeste.
Pese a la vocación militar de guerra religiosa expansiva que caracteriza la doctrina religiosa del islám, y que fue siempre fundamental entre los musulmanes, los árabes no realizaron apenas aportaciones a la técnica militar. Quizá la idea del “creyente fervoroso y soldado” que se extendería luego en la Europa cristiana de la mano de las órdenes religiosas militares, es la aportación musulmana más destacada de los árabes en el ámbito militar. En general los musulmanes no hicieron mucho más que mejorar las artes militares ya conocidas. Hasta la aparición de los turcos en la escena, hacia los siglos XII y XIII, no hay aportaciones militares muy considerables procedentes del mundo islámico.
La vida de Mahoma está envuelta en la leyenda, con milagros y prodigios de cuya veracidad es siempre sensato desconfiar. Aunque parece cierto el año de su huida (Hégira) de La Meca, el 622, celebrado como año inicial de la era musulmana. La más habitual de las adulteraciones es la que le sitúa como creador de la religión islámica, lo que es falso históricamente, pues constituye una verdad a medias. La religión musulmana, como todas las monoteístas, tiene un proceso complejo de conformación, en el que Mahoma desempeñó un papel central, desde luego, pero no único. Así, si bien parece fuera de toda duda que El Corán (El Libro), el primer libro en árabe de la historia, fue redactado por Mahoma, también está fuera de toda duda que él no lo escribió. Como tampoco intervino en la confección de la Sharia (la Ley coránica), o al menos no gran cosa. Tampoco fue el creador de un clero, grupo de poder que hubiese difundido esa nueva doctrina que ligaba tan intensamente lo divino y lo humano, al punto de no admitir la separación entre el poder civil y el poder religioso. El éxito de Mahoma se debió sobre todo a sus triunfos militares, como la conquista de la Meca desde Medina y la unificación de Arabia bajo su mando. Como testamento dejó a sus seguidores el mandato de conquistar todo el mundo para someterlo a la nueva fe. Le sucedió el Primer Califa (632 a 634) fue Abou Bekr, que completó la conquista de Arabia e inició la penetración militar hacia Siria y Persia. A su muerte en 634, le sucedió el Califa Omar (634 a 644), verdadero organizador del Islám en sus vertientes religiosa y política. Pero Omar no se limitó a esa labor de creación de las estructuras básicas del mundo islámico. Omar fue también el Califa que conquistó Persia, Egipto, Palestina y buena parte de Siria, y el que lanzó las primeras expediciones de conquista hacia la India y hacia el Norte de África.
La religión musulmana es una interesante versión de las religiones judaica y cristiana, con base en la historia sagrada de los judíos. De hecho, El Corán se postula como “continuación” de la Biblia hebrea (el antiguo testamento de los cristianos) y de la biblia cristiana que incluye, además del antiguo, el llamado nuevo testamento (evangelios, hechos de los apóstoles y epístolas de los mismos). Se trata, pues, de una descendencia espiritual del Padre Abraham, que se toma cuerpo, según la mitología islámica, en la imagen de Agar e Ismael, la esclava de Abraham y el hijo que concibió con ella, a quienes se atribuiría ser los iniciadores de la primera estirpe del pueblo árabe. Según esa misma mitología, Mahoma sería incluso descendiente de Abraham. El Islam es simple en las creencias que propone: sólo hay un dios, que esAlá, y Mahoma es su profeta. Más minucioso se muestra en determinados ritos ordenadores de la vida cotidiana, como la higiene, la gastronomía, la indumentaria u otras, en las que exige el más rígido cumplimiento formal de sus preceptos (Ramadán, exclusión del alcohol y de la carne de cerdo, así como ciertos mariscos y pescados de la dieta de los musulmanes, etc.).
Por lo demás es una religión muy poco exigente para los hombres varones. Sin incurrir en los excesos del “fideísmo” calvinista que propone que basta con tener fe para “salvarse”, los musulmanes dan una extraordinaria importancia a la fe. La muerte en el martirio de la yihad (Guerra Santa), garantiza el acceso de los musulmanes que así perezcan, a los niveles superiores del cielo donde se vive eternamente en un oasis, con la compañía de bellas mujeres y demás lujos propios de la mentalidad de los beduinos árabes del siglo VII. La radical exclusión de la mujer de la consideración de partícipe de la condición humana plena, es rasgo característico del Islam. Es cierto que los cristianos y los judíos mantuvieron durante muchos siglos una actitud ante las mujeres similar en la práctica, pero no en lo teórico. Aquí está una de las razones explicativas de por qué las mujeres musulmanas no han logrado acceder al nivel de derechos civiles o políticos reconocidos generalmente a las mujeres de otras culturas durante los siglos XIX y XX.
Las tres grandes aportaciones culturales de los árabes ya las hemos mencionado y fueron la lengua, la religión y el derecho. La razón de la preeminencia otorgada a la lengua árabe en el Islam es simple: Alá se expresó en árabe ante el profeta, y no se pueden cambiar las palabras inspiradas por Alá. La cultura musulmana fue aparentemente brillante, sobre todo en sus primeros siglos pero tuvo el problema, como su religión, de su falta de originalidad, debida al atraso cultural de los árabes de la época de Mahoma y la de sus inmediatos sucesores. Los pueblos vencidos, como los persas, los bizantinos, o los hindúes, estaban todos más desarrollados económica y culturalmente que los árabes, de ahí que la cultura árabe sea un impresionante y vivo mosaico, lleno de ricos y variados matices, de las dos grandes culturas de las que absorbieron sus fundamentos principales: la persa y la griega bizantina. Pero pese a esa aparente riqueza y sobreabundancia de conocimientos, la cultura árabe puede decirse que es una cultura superficial, pero ¿en qué sentido?
Quizá valga la pena recordar un relato de Borges, en el que se pinta a Averroes intentando traducir al árabe la Poética de Aristóteles. Mientras iba por la épica o por la lírica, todo se le daba bien, ya que se trataba sólo de disponer de un buen diccionario para resolver las dificultades y Averroes conocía muy bien el griego clásico. Pero cuando llega a la Tragedia y la Comedia, ahí se le vino el mundo abajo: ¿qué es la escena?, ¿qué es un argumento teatral?, ¿qué es un actor? ... la cultura árabe no conoció el teatro, y Averroes no consiguió entender la Poética de Aristóteles. Si, además, tenemos en cuenta que Averroes es un autor maldito en el mundo musulmán, por hereje, y que no se lo estudia más que en las facultades de Filosofía europeas y americanas, creo que se entenderá mejor a qué me refiero al calificar de superficial a la cultura árabe.
En el ámbito de las ciencias, debido a las limitaciones propias de una concepción del mundo algo estrecha, como corresponde a la propia de un beduino no muy culto de siglo VII, los musulmanes apenas inventaron nada. Navegantes avezados, se les atribuye la invención de la brújula. Pero en la agricultura, por ejemplo, se limitaron a mejorar, y no en todas partes, las técnicas de regadío aprendidas de romanos y persas. La agricultura árabe es una agricultura de arado romano, el mejor arado de la historia, al menos en el tiempo de su utilización (todavía se usa hoy en día en países atrasados, por su excelente tecnología combinatoria de la fuerza del animal de tiro y la pericia del labrador). Pero la posición geográfica que ocuparon, les convirtió en los mercaderes privilegiados que heredaron de persas y griegos el dominio de las rutas de la seda y la de las especias. Eso también se notó, y mucho, en Europa, siendo la base fundamental de las exploraciones y descubrimientos de los españoles y los portugueses en el siglo XV.
Sin embargo esas tres aportaciones, lengua, derecho y religión, resultaron decisivas para conformar lo que hoy conocemos todavía como “mundo islámico”. A diferencia de las invasiones germanas y de las de los pueblos eslavos, las invasiones árabes causaron una quiebra cultural y espiritual que aún perduran en el recién comenzado siglo XXI. Mientras que germanos y eslavos se fusionaron con las poblaciones romanas de oriente y occidente, siendo el latín y el griego las lenguas de cultura principales para dichos pueblos, y mientras que los germanos y eslavos asumían (en mayor o menor grado) el derecho romano o la religión romana (el cristianismo), los árabes no obraron así. Los árabes, pese a ser tolerantes en comparación con otros de los pueblos de la Edad Media, imponían (y a la fuerza) su lengua, su religión y su derecho. Los árabes significaron así la ruptura espiritual del mundo mediterráneo, una ruptura que ha perdurado hasta el presente.
Desde los tiempos de la formulación del primer proyecto panhelenista de la historia por Pericles, en el siglo V antes de Cristo, el mundo antiguo articulado en torno al Mar Mediterráneo había mantenido una unidad cultural y espiritual, por encima de los sistemas de gobierno o de los pueblos que ejercieron su hegemonía en ese entorno. Incluso durente los siglos V y VI de nuestra era, pasado el desplome del Imperio Romano de Occidente, parecía recomponerse el mundo mediterráneo, con Bizancio en pié y extendido por todo ese mar, y manteniendo tratos con los reinos bárbaros, a través de la común sumisión de todos al Papa. Aunque debe recordarse que el Emperador bizantino ocupaba un lugar de prelación en esos siglos, en relación incluso con el papado. La dominación romana, pese a ser breve en algunos de los lugares en los que estuvo presente, dejó profundísimas huellas incluso en la parte en que se asentaron los árabes, pese a que en ésta han desaparecido su lengua, su religión y su derecho. Pero en eso consistió la ruptura. De pronto, en el transcurso de menos de 100 años, más de la mitad de las costas del mar que los romanos llamaron “mare nostrum”, se convirtieron en extrañas y hostiles. Y enfrentada a Europa.
Mahoma no es en todo esto más que el iniciador y el inspirador. Como dije antes, ni siquiera fue el autor de El Corán, aunque participase directamente en su redacción. Pero la obra que él inició se ha mantenido en pié hasta hoy, y los efectos causados por el Islam, desde el mismo momento de su creación, han perdurado hasta el presente.
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