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Eduardo el Príncipe Negro como se le conoció en vida, nacido en Woodstock el 15 de Junio de 1330, fue el típico representante de la dinastía de los Plantagenet. El apelativo de Príncipe Negro, que le dieron los cronistas después de su muerte(debido a la coraza negra que llevaba en las batallas, regalo de su padre), resulta un tanto engañoso. Rubio y de ojos azules, solía vestirse también de rojo o violeta, a la moda de la aristocracia de la época. Gustaba enormemente de las joyas, de las que han llegado hasta nosotros ejemplares notables como el rubí que le regaló su aliado Pedro el Cruel de Castilla. Fue asimismo una gran aficionado a los torneos caballerescos que, al igual que su padre prefería a los estudios literarios.


Otros entretenimientos aristocráticos a los que el Príncipe Negro se entregó con fruición fue la caza y la cetrería. El juego fue su gran pasión y fue una de las causas mayores de los problemas financieros de sus últimos años. Como buen caballero , tampoco le podían faltar las aventuras amorosas , como la que le llevó a casarse con Juana de Kent, (1), una dama tan bella como turbadora, un matrimonio “por amor” , que contrarió a los que esperaban –como su propia madre- que el heredero de la corona inglesa entablara una alianza con una princesa extranjera.

Pero ante todo Eduardo fue un hombre de armas, y no cabe la menor duda de que su carrera fue una de las más brillantes de la Edad Media. A los 16 años su padre le ordenó caballero justo después de desembarcar en un puerto francés para emprender una de las campañas más espectaculares de la guerra de los Cien Años.

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La Guerra de los Cien Años


Hacia 1.337 se inició un conflicto armado entre Francia e Inglaterra conocido con el nombre de guerra de los Cien Años. Durante cerca de un siglo y medio se sucedieron periodos de actividad bélica y etapas de paz , y la implicación de otras potencias en el conflicto motivó que en ocasiones la guerra cambiara de escenario. Así, por ejemplo la lucha fratricida en Castilla de los años 1366-1369 fue, en cierto modo un episodio más de la guerra de los Cien Años.

En la pugna confluyeron importantes intereses económicos, hasta el punto de que a veces se la ha denominado “la guerra de la lana” o del “vino”. Así mismo, numerosos conflictos sociales de los siglos XIV y XV, tanto campesinos como urbanos, tuvieron en su desarrollo muchos puntos de contacto con la magna guerra. De ahí que resulte problemática la consideración de un conflicto continuado, tan complejo y heterogéneo.

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(Escudo de Felipe VI)


La motivación inmediata de la guerra de los Cien Años fue de origen dinástico. Los dos principales candidatos que aspiraban al trono francés, vacante desde 1328, eran Felipe de Valois, sobrino de Felipe IV el Hermoso, y el rey de Inglaterra Eduardo III (1327-1377), nieto del citado monarca por línea femenina. En principio pudo ser coronado rey de Francia Felipe VI, que se apoyo en la pretendida “ley sálica”, que excluía a las mujeres de la sucesión al trono, y en el recelo que inspiraba un inglés al frente de la monarquía francesa. En principio Eduardo III reconoció al nuevo rey de Francia, pero en los años siguientes las relaciones anglo-francesas se fueron envenenando. La cuestión de Guyena (es decir las posesiones inglesas en suelo francés) era , como en años anteriores el principal punto de fricción. Se trataba de una querella de carácter feudal, en los cuales los papeles de señor y vasallo los desempañaban , respectivamente el rey de Francia y el de Inglaterra. También contribuyó a enturbiar las relaciones entre ambos estados el asunto de Flandes. Allí , Felipe VI había intervenido en apoyo del conde Luis de Nevers, aplastando a las milicias urbanas en Cassel (1328). Como réplica los burgueses y artesanos se inclinaron a favor de los ingleses. En 1336, Eduardo III, con el fin de provocar una explosión en aquel territorio, prohibió la exportación de lanas inglesas a Flandes. Ante el clima existente, Felipe VI decretó , en 1337 la confiscación de Guyena, a lo que contestó el monarca inglés declarando nulo su homenaje al monarca galo y reclamando sus presuntos derechos al trono de Francia.

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( Eduardo III de Inglaterra y su escudo)

Eduardo III, después de pactar con las ciudades flamencas y levantar el embargo de las lanas, entró en Gante (1340) y se autoproclamó rey de Francia. Ese mismo año la flota anglo-flamenca aplastó a la francesa en la batalla naval de l´Escluse. En tierra , los ingleses cercaron Tournai; pero una tregua puso fin , aunque pasajeramente , a los combates , que se reanudaron en 1346. En este año , los ingleses desembarcaron en Normandía, ya con el Príncipe Negro en sus filas y a pesar de su corta edad ya tomó parte en la trascendental batalla de Crécy (1346), en la que los arqueros ingleses masacraron a la caballería francesa, y el adolescente Eduardo(16 años) comandó ya una de las alas inglesas , asistido por guerreros más experimentados como los condes de Warwick y Oxford o el heraldo John Chandos. Allí ganó el príncipe “sus espuelas” y , según se dice las recogió de manos del moribundo rey de Juan de Bohemia , el que se convertiría en su emblema personal y el de todos los posteriores príncipes de Gales ; tres plumas de avestruz sobre el mote “coraje, yo sirvo” (homout , ich dene).

El precoz caballero tuvo ocasión en los años siguientes de completar su formación militar, interviniendo en otras acciones notables al lado de su padre, como el sitio y toma de Calais en 1347 o la contraofensiva sobre la misma ciudad tres años más tarde. Pero su gran momento de gloria llegó con la nueva ofensiva inglesa en 1355 y 1356, en ese año de 1355 fue el protagonista de una espectacular cabalgada(chevauchées, era un tipo de incursión que hacían los ingleses para castigar la población civil, los ingleses desembarcaban, se internaban en los campos de la Francia septentrional, saqueaban los pueblos y mataban a los hombres , incendiaban las cosechas, y retrocedían rápidamente hacia sus bases en la costa), desde Burdeos a Narbona, cruzando todo el sur de Francia, sin encontrar apenas resistencia. Estas chevauchées eran una especie de “guerra relámpago” de su época, pues los ejércitos franceses eran lentos, torpes y difíciles de maniobrar y no podían dar buena respuesta a estas acciones, las cuales estaban pensadas para enfrentar a la población civil con sus gobernantes feudales, ya que estos no les podían proteger de tales escaramuzas y la población civil al sentirse desprotegida no veía con buenos ojos que los señores feudales se llevaran a sus jóvenes, en las frecuentes levas o reclutamientos Pero su combate más relevante fue en septiembre de 1356, el ejército del Príncipe Negro puso rumbo hacia el Poitou, enfrentándose con las tropas francesas el día 19 de ese mes en Poitiers.



Tras dos meses de cabalgadas por el centro de Francia (agosto-septiembre de 1356), el Príncipe Negro deseaba volver a su territorio de Aquitania sin arriesgarse a una batalla en campo abierto contra los franceses. Esto era, en cambio lo que buscaba el rey Juan II, deseoso de lograr el desquite de Crécy, justo diez años antes. La persecución de los ingleses dio su fruto el sábado 17 de septiembre, cuando al disponerse a entrar en Poitiers, Juan II fue advertido de la proximidad del enemigo. Al día siguiente los dos ejércitos se encontraron frente a frente. El domingo día 18 de septiembre el ejército francés , compuesto de unos 12.000 hombres , espera ya el combate. Al día siguiente asentará sus posiciones en la inmediaciones del bosque de Nouaillé.

Los ingleses llegan siguiendo el curso del río Miosson y el Príncipe Negro tomó entonces una decisión tácticamente impecable , colocándose con el bosque de Nouaillé, a sus espaldas y una ensenada a la izquierda, se prevenía contra un ataque por la retaguardia y emplazando a los arqueros en los flancos, puso a los carromatos con el botín a lo largo del pequeño camino romano, protegiendo su débil lado derecho. Contaba como subordinado a Sir Jhon Chandos y otros inteligentes capitanes como los condes de Salsbury y Warwick(veteranos de Crécy) , estos ordenaron desmontar a sus hombres y los organizaron en dos ó tres unidades, con los arqueros galeses colocados en forma de V a los flancos. El Príncipe Negro mantuvo una fuerza móvil de reserva, al mando de Jean de Grailly. En total unos 9.000 hombres.

El bando francés estaba formado en cuatro partes: Delante unos 300 caballeros de élite, mandados por el General Clermont y con mercenarios alemanes con picas. El objetivo de éstos era cargar contra los arqueros. A éstos les seguirían tres grupos de infantería(se desmontaría la caballería), mandados por el Delfín, el Duque de Orleans y el rey Juan II. Se estiman entre 12.000 y 20.000 hombres.

La batalla de Poitiers

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El lunes día 19 tras el primer ataque francés, el Príncipe Negro ordena la retirada de parte de sus tropas, trasladando la impedimenta a la otra orilla del río Miosson, queriendo asegurarse una vía de retirada. Las fuerzas francesas se disponen con tres divisiones de infantería, preparadas para lanzar ataques sucesivos. El primer ataque de la caballería gala , por los flancos, es repelido por los arqueros ingleses(según cuenta el cronista francés Jean Froissart las armaduras de los caballeros franceses eran invulnerables a las flechas inglesas, porque las puntas resbalaban en las placas o se rompían con el impacto, pero no así las armaduras de los caballos, por los lados y atrás, sabiéndolo los arqueros ingleses y galeses se movieron hacía los flancos de la caballería enemiga y acribillaron a los animales). El Delfín, (el hijo de Juan II), sin conocer lo que ocurre en sus alas, lanza su infantería al ataque, durante dos horas los franceses combaten cuerpo a cuerpo para romper las líneas inglesas, pero son rechazados. Viendo retirarse al Delfín, el duque de Orleans, seguido por los condes de Anjou y Poitiers, decide retroceder . No se sabe si la retirada se debió a un mal entendido o si quería proteger a su príncipe. El rey francés se queda solo con una división, pero esta es la más temible. Al grito de “adelante, pues ganaré el campo o seré preso o muerto” lanza todas sus fuerzas contra la bandera del Príncipe Negro. En un primer momento la división de Juan II, fresca y muy bien armada, parece imponerse, pero el Príncipe Negro ordena entonces a Jean de Grailly que ataque el flanco galo con 60 caballeros y 100 arqueros montados. Este ataque provoca el pánico entre los franceses, que se retiran en desorden huyendo de la masacre. Juan II combate con un puñado de leales hasta que rodeado de enemigos, se rinde. Merced a su hábil maniobra, el Príncipe Negro puso en fuga a sus enemigos y además del rey de Francia ,se hizo prisionero a uno de sus hijos.

Este episodio de Poitiers nos da el mejor ejemplo de lo que debía ser, según las concepciones medievales, la conducta de un verdadero caballero. El cronista francés Jean Froissart , que acompaño al rey francés y a su hijo al cautiverio en Londres, nos ha dejado un detallado testimonio de lo sucedido en esa ocasión. La misma noche de la batalla , tras tener conocimiento de la presa que habían logrado sus soldados, Eduardo organizó una cena en su tienda. Reservando la mesa más alta para el rey y los nobles franceses de más alcurnia y él mismo –sigue contando Froissart-sirvió la mesa del rey “con toda humildad”, negándose a sentarse junto al monarca por mucho que éste se lo rogara, diciendo “que no le correspondía sentarse a la mesa de tan gran príncipe y valiente hombre como lo había demostrado en esa jornada” . Tales gestos hicieron que franceses e ingleses comentaran la nobleza y oportunidad de sus palabras y lo gentil señor que era . En los días siguientes Eduardo emprendió la marcha con sus prisioneros , haciendo una fastuosa entrada en Burdeos(la capital de los dominios ingleses en Francia) antes de embarcar con destino a Inglaterra.

LA LUCHA POR EL PODER

Este talante cortés, ensalzado por los cronistas, por sus vasallos y hasta por sus enemigos, tenía su reverso. En la guerra el Príncipe Negro se mostró a menudo implacable y cruel, como en la célebre cabalgada una año antes de la batalla de Poitiers, en la que sus columnas formadas por cinco o seis mil hombres, marchando en paralelo, asolaron el Languedoc, sin perdonar ninguna vivienda por humilde que fuera. Se cuenta que ante los lamentos de una familia campesina, el Príncipe les espetó: “No hay cabalgada sin fuego ,como no hay plato sin salsa”.

En cuestiones de política exterior también se guió por sus propios intereses y los de su Estado. Así, el príncipe y su padre no dudaron en exigir por la liberación de Juan II un rescate elevadísimo, cuatro millones de escudos de oro, más la cesión de prácticamente la mitad del reino de Francia. Carlos, el Delfín de Francia, (el primogénito del rey francés) , rechazó las condiciones y Juan II, tras ser liberado en 1362, hubo de volver a Londres para morir allí dos años después.

El Príncipe Negro no se mostró menos calculador unos años después, cuando Pedro el Cruel lo llamó en su ayuda en la guerra civil que lo enfrentaba a su hermanastro Enrique de Trastámara. Expulsado de su reino por su rival, al que apoyaban las “compañías blancas” francesas, Pedro llegó a un acuerdo para que Eduardo entrara en Castilla con sus jinetes y arqueros .Este empezó a reunir tropas, aparte de sus propios soldados ingleses, reclutó también tropas de Gascuña y Aquitania, de Londres llegó su hermano Juan de Gante, con 400 caballeros y los arqueros ingleses de arco largo(longbowmen) (2) además grupos de soldados cedidos por el rey Joan IV de Mallorca y numerosos mercenarios La compensación que exigió el Príncipe Negro por su asistencia fue considerable. Tal como se instituyó en el Tratado de Libourne. Eduardo recibiría el señorío de Vizcaya y la villa portuaria de Castro Urdiales, en Cantabria. Además Pedro I prometió una suma de medio millón de florines y diversos privilegios a los mercaderes ingleses que actuasen en las costas de los reinos de Castilla y León. Eduardo no olvidaba pues sus propios intereses y los de su reino.

LA BATALLA DE NÁJERA

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Entrado en España al frente de un ejército de 24.000 hombres por los Pirineos y sabiendo que Enrique de Trastámara se encontraba en la Rioja, cruzó el Ebro por Logroño y cogió el camino, por Navarrete, en dirección a Nájera. El Príncipe Negro el día antes de la batalla le escribió una carta a Enrique de Trastámara, animándole a hacer las paces con su hermano, devolver el reino que le había usurpado y no derramar tanta sangre inútilmente y también le promete que D. Pedro le dará un cargo de acuerdo a su rango , confiando en Dios y en San Jorge que todo se arreglará fácilmente. En la respuesta Enrique le contesta confiando en Dios y Santiago y le promete que D. Pedro no volverá a reinar en Castilla y León.

Enrique ,sin hacer caso de los consejos de su aliado Bertrand du Guesclin y otros consejeros, dejaron el río Najerilla a sus espaldas, esto a los ojos de los historiadores modernos parece un gran error táctico, Otros expertos indican que su mejor posibilidad de victoria descansaba en la caballería(craso error, ya cumplidamente demostrado en las batallas de la guerra de los Cien Años). Intentaron proteger su retaguardia con el río, ya que delante tenían una enorme planicie y una ventaja de casi 30.000 hombres.

Ejército anglo-castellano

A la vanguardia, con 3.000 infantes y 500 arqueros, mandados por el hermano del Príncipe Negro, Juan de Gante (Duque de Lancaster), John Chandos, (el condestable de Guiena) y el célebre caballero inglés Hugo de Caverley.

En el centro; con 2.000 infantes y 2.000 arqueros, los flancos con fuerzas similares, mandados por el Príncipe Negro y Pedro I con Captal de Buch y Sir Thomas Percy, y 300 lanzas navarras de D. Martín Enríquez de Lacarra,(cada lanza a caballo la protegían 5 hombres a pie), estas lanzas fueron la contribución del Rey Carlos II de Navarra a la empresa, además de permitir el paso del ejército del Príncipe Negro, por su territorio.

En la retaguardia, , con 3.000 infantes y 3.000 arqueros con Joan IV de Mallorca y los condes de Armañac y de Perigord. Los infantes a píe en el centro y los arqueros en los flancos.

Ejército franco-castellano

En la vanguardia, con 1.500 hombres de armas y 500 ballesteros, mandados por el Mariscal de Francia, Bertrand Du Guesclin. D. Tello y D. Sancho, hermanos de Enrique, el Mariscal conde de Adenhún, El Begué de Villaines y otros nobles franceses.

En el centro, con lo mejor de la caballería pesada,(1.500 jinetes) y grandes unidades de la caballería ligera española, mandados por Enrique de Trastámara, con su hijo D. Alonso, los Grandes Maestres de Caballería, etc.

En la retaguardia, más de 20.000 infantes castellanos, muchos de ellos competentes y bien armados, pero también una gran cantidad de reclutas ,sin ningún ánimo de lucha. mandados por el hijo de Enrique, D. Alfonso, el noble catalán Vizconde de Rocabertí, y muchos ilustres nobles aragoneses.

El combate empezó entre la antigua venta de Ventosa y el arroyo Henares. Chocaron los ejércitos con ímpetu terrible , el ala derecha de la vanguardia de Du Guesclin atacó el ala izquierda de la vanguardia del rey Pedro, mandada por Juan de Gante y John Chandos, haciendo retroceder a los ingleses, dándose cuenta de ello Enrique, que atisbó la victoria, presionó con los suyos e hizo retroceder doblemente a los ingleses. Muy contraria suerte tenía el ala izquierda de Enrique, en la que D. Tello al venírsele encima las poderosas fuerzas de Armañac y del Principado de Guiena, no los esperó y dejaron el campo huyendo. Los de Guiena, penetraron por la brecha y buscaron la retaguardia de Enrique. Entonces intervino la caballería ligera española que intento rodear a los ingleses por los flancos(fue un grave error ya que la táctica empleada había dado buenos resultados contra infantes a pie, armados con lanzas o ballesteros de lentísima recarga ,pero ante los longbowem ingleses era un suicidio) encontrándose con el cielo cubierto por las flechas de los arqueros ingleses que causaron una gran mortandad y después de varias intentonas tuvieron que huir y fue un factor decisivo en la derrota. Quiso arreglar el desastre la caballería pesada, pero jamás consiguieron llegar a ellos, otra nube de flechas los echo para atrás.

En el centro los hombres del Príncipe Negro y Pedro El Cruel chocaron contra el ejército francés y cuando estaban en el cuerpo a cuerpo, fueron envueltos por las fuerzas de la retaguardia del rey Joan IV de Mallorca, que los atacaron por sorpresa y Enrique y los suyos tuvieron que huir hacía Nájera, por el único puente que había, insuficiente a todas luces para tantos soldados y que los arqueros británicos, también les causaron muchas bajas. Cuentan que el Mariscal de Francia, Du Guesclin solo rindió sus armas al Príncipe Negro, por ser el mayor y único caballero de esta contienda. Fue hecho prisionero y liberado al pagar su familia el rescate, también cayeron prisioneros D. Sancho y el cronista Pedro de Ayala, el citado cronista debe su vida al hecho que el Príncipe Negro se negó a entregarlo a Pedro I, que quería decapitarlo.


El príncipe de Gales obtuvo en Nájera una de las más espectaculares victorias del ejército inglés en la Guerra de los Cien Años (pues la guerra hispana no fue más que un episodio del gran conflicto europeo). Las huestes de Enrique de Trastámara ,intimidadas ya por el prestigio que seguía manteniendo en ellos su ”rey natural” don Pedro no resistieron ante el poderío de los arqueros ingleses. Tras la batalla , Eduardo marchó a Burgos, donde se alojó en el monasterio de las Huelgas.

Pero su victoria no fue completa, el rey castellano una vez repuesto en el trono, se vio en la imposibilidad de cumplir los compromisos que había contraído- en una carta de ese periodo se refería a “los grandes gastos que he echo y hago cada día, señaladamente por las grandes cantidades de maravedís que he de dar al Príncipe de Gales…. En otro si en pagar el sueldo de otros cavalleros e escuderos…pues vos bien sabedes que non tengo tesoros en donde lo pueda cumplir”- De este modo el príncipe Eduardo tuvo que marchar a Aquitania ,prácticamente de vacío, salvo unas joyas (entre ellas el famoso Rulei, piedra preciosa que forma parte de la corona real inglesa y que se decía que había pertenecido a Nájera) que le entregó Pedro I, como regalo personal, pues volvió a Francia ,despechado y arrepentido de haber prestado su ayuda personal y la de sus tropas a un rey incumplidor, violento y sanguinario.

FRACASO Y MUERTE

En los años anteriores a su empresa en España, El Príncipe Negro había conseguido mantener la paz en sus territorios de su principado aquitano, ganándose el apoyo de las ciudades gasconas frente a la hostilidad de la alta nobleza, particularmente del conde de Armagnac. Pero los gastos que había sufrido en España le obligaron a buscar nuevos ingresos . Convocó para ello en 1368 una reunión de los estamentos, donde hizo que se aprobara un impuesto sobre todos los hogares.

El conde de Armagnac aprovechó la ocasión para apelar al rey de Francia Carlos V, en su calidad de soberano feudal de Aquitania. Carlos citó a Eduardo ante el Parlamento de París para que sometiera a un juicio. Al recibir el comunicado, Eduardo contestó con toda la altivez de un príncipe real, anunciando que se presentaría en París, pero acompañado de un ejército de sesenta mil hombres. Carlos V decretó la confiscación de la Aquitania contra su vasallo felón. Todo ello significó la reanudación de las hostilidades.

El desafío al rey de Francia fue seguido por una revuelta general de las ciudades gasconas contra el príncipe inglés. Desde Inglaterra llegaron tropas de caballería que se entregaron a las habituales “cabalgadas” , saqueando pueblos y ciudades pero sin lograr provocar a los franceses a un combate a campo abierto. Carlos V organizó pacientemente la recuperación de los territorios del Midi, con la complicidad de gran parte de sus autoridades. Fueron inútiles las represalias del príncipe de Gales, entre ellas el brutal saqueo de Limoges, que ordenó al conocer los tratos que su obispo mantenía con los franceses.

Fue seguramente cuando combatía en Castilla cuando el Príncipe Negro contrajo una enfermedad que iba minando su salud. Cada vez más debilitado, incapaz de montar a caballo, se vio obligado a renunciar a su principado francés, dejando a su hermano Juan de Gante, la imposible tarea de mantenerlo sometido. En octubre de 1371 tomaba el camino de Inglaterra, donde allí transcurrirían sus últimos seis años de su vida. Al principio aún intervino en la política inglesa, pero pronto se recluyó en sus dominios, donde murió el 8 de junio de 1376, a los 45 años, tan solo un año antes de que muriera su padre, Eduardo III. A su muerte su cuerpo embalsamado fue expuesto en Westminster Hall, durante cuatro meses, luego cumpliendo su voluntad fue trasladado en una procesión solemne a la Abadía de Canterbury.

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(1)El 10 de octubre de 1361, Eduardo se casó con su prima, la condesa Juana de Kent, en la localidad de Windsor. Eduardo se casó con Juana por auténtico amor, sin el consentimiento de su padre, el rey Eduardo III. Juana se había casado dos veces anteriormente, una en secreto con el cruzado Tomás Holland y otra públicamente con el conde de Salisbury. Al volver Tomás de las cruzadas se produjo un gran escándalo público, ocasionado por la bigamia de la condesa de Kent. La condesa enviudó a los 32 años de Holland, y su matrimonio con Salisbury fue abolido por el Papa, con lo cual pudo casarse con Eduardo. Esto sentó muy mal al rey Eduardo III, debido a los rumores de que los hijos de Eduardo no serían suyos y a las habladurías de la plebe. La oposición paterna obligó al Príncipe Negro y a su esposa a refugiarse en Francia hasta el año 1371, año en el que obtendrán el perdón y la aceptación de matrimonio por parte del rey. Del matrimonio entre Eduardo y Juana nacieron 2 hijos, Eduardo y Ricardo, que subirá al trono de Inglaterra como Ricardo II.


(2) Era el famoso arco largo inglés, también llamado galés, el cual era un poderoso arco de cerca de 2 metros de altura. Los esqueletos de los arqueros de arco largo eran fácilmente reconocibles por sus brazos izquierdos agrandados y muy a menudo descalcificación de huesos en las muñecas y hombros izquierdos y dedos de la mano derecha.



FUENTES
El Príncipe Negro, el enemigo de Francia, por Enrique Messeguer, historiador
Crónicas, de Jean Froissart
La Guerra de los Cien años, por Julio Valdeón Baruque, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid.
Las primeras fases de la guerra de los Cien años, victorias inglesas y reacción francesa, por Julio Valdeón, Historia Universal Salvat Editores.
Las batallas de Poitiers, Nájera y Eduardo el Príncipe Negro


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