Julián Romero y su santo patrono. El Greco (Museo Nacional de El Prado)

Pasó casi 45 años sirviendo en los ejércitos del emperador Carlos, el rey de Inglaterra Enrique VIII y de Felipe II. En esos años perdió un brazo, una pierna, un ojo y una oreja, lo que le convierte en el “mediohombre” de los Austrias Mayores. Sir y “banneret” (caballero que sirve bajo su propia bandera), comendador de la orden de Santiago, castellano de varias plazas, Maestre de Campo de los Tercios viejos, miembro del Consejo de Guerra y uno de los pocos soldados que mereció los elogios del Gran Alba.

Nació hidalgo en un humilde pueblo de Cuenca y a los quince años se alistó como “mochilero” o mozo de “atambor” en los tercios que el emperador Carlos V estaba reclutando en invierno de 1534. De estos primeros años poco sabemos salvo que participó en la toma de La Goleta y Túnez (1535). Sirvió como soldado en Italia, Flandes y Francia, participando en el asalto de Duren y el asedio de Saint-Dizier en 1544. En el viaje de regreso el mal tiempo obligó a parte de las tropas españolas a refugiarse en el puesto ingles de Falmouth. Reinaba entonces Enrique VIII que seguía siendo un fiel aliado del Emperador.

Inglaterra se encontraba en guerra contra Francia y Escocia por lo que Enrique decidió ofrecer empleo a los españoles, a los cuales el Emperador acababa de licenciar tras firmar la paz con Francia en Crepy (1544). Un buen número de ellos, sin empleo y con las pagas atrasadas, deciden formar un regimiento a las órdenes del Maestre de Campo Pedro de Gamboa al servicio del rey inglés. Julian Romero hizo lo propio con el cargo de capitán de una compañía. Contaba con unos 25 años y diez de servicio en las tropas del Emperador, todo un veterano.

Su primer destino fue Newcastle y al poco tiempo participó en los combates contra los escoceses. Sin embargo, el primero de las hazañas que le dieron fama fue el duelo que mantuvo con Antonio Mora, un capitán español al servicio del rey de Francia Francisco I. Mora había retado en duelo a Gamboa y Julián Romero se ofreció a representarle en el mismo. El duelo tuvo una gran repercusión en toda Europa, por ser dos capitanes españoles pero al servicio de dos reyes distintos.

El duelo se preparó como la ocasión lo merecía y se celebró con gran expectación en 1546 en el Palacio de Fontainebleau con la presencia de Francisco I, el Delfin y los embajadores ingleses. Tras un largo combate venció Romero y en agradecimiento Enrique VIII le nombró Sir.

Dibujo atribuido a Jacobsen grabado por Crispiaiene

En 1547 el capitán Sir Julián Romero se destacó, junto a los arcabuceros españoles, en la batalla de Pinkie Cleugh, la última batalla campal entre escoceses e ingleses y que supuso la primera batalla moderna en las Islas. En agradecimiento el rey le concedió el título de benneret “knight having vassals under his banner”. En 1549 sustituyó a Gamboa como Maestre de Campo y siguió al servicio de Enrique hasta 1551, fecha en que abandonó Inglaterra, fundamentalmente por motivos religiosos, y volvió a enrolarse bajo las banderas del Emperador como capitán.

A partir de este momento y hasta su muerte la vida de Julian Romero discurre junto a las principales campañas y batallas tanto del Emperador como de Felipe II. Intentaré centrarme en las más importantes de toda su larga carrera.

Con su compañía participó en la defensa de Dinant (1554), negándose a rendir la ciudadela. Finalmente tras una añagaza de los franceses fue capturado y tras un corto periodo fue intercambiado junto a otros notables y oficiales.

No hicieron buen negocio de los franceses, ya que participó en la batalla de San Quintín (1557) y donde recibió una herida de mosquete en una pierna. Algunos historiadores afirman que le fue amputada, realmente a Romero le pasó lo mismo que a Cervantes. La herida le causó una pronunciada cojera pero la pierna no fue cortada. De igual forma le pasó con otras heridas que iremos narrando. En la batalla se destacó al punto de que el rey Felipe le concedió el hábito de Santiago. Eso sí, tras el pertinente expediente que justificase tal honor, el cual se conserva en el Archivo Histórico Nacional. Al año siguiente también combatió en Gravelinas de forma admirable.

Tras pasar por diversos destinos como castellano (Damvillers y Douai) regresó a España tras la paz de Cateau-Cambresis (1559), lo que aprovechó para casarse en la iglesia de San Ginés de Madrid. El matrimonio no le impidió participar como capitán en el socorro de Malta (1565) con su compañía, que entonces guardaba Siracusa, formando parte del tercio de Sicilia. Al final de esta campaña fue nombrado Maestre de Campo de dicho tercio.

Con el Tercio Viejo de Sicilia participaría desde 1567 en las principales batallas de la primara fase de la Guerra de los Ochenta años en Flandes, bajo las órdenes del Gran Alba, Luis de Requesens y don Juan de Austria.

En 1568 se significó con su tercio de forma decisiva en la batalla de Jemingen, una de las mayores victorias católicas contra los rebeldes calvinistas. Su unidad, junto al tercio viejo de Lombardía (Londoño) consiguieron, casi en solitario, derrotar a las tropas de Luis de Nassau que tuvo 7.000 bajas por tan solo 80 de los españoles, y es que el uso de las compañías de arcabuces decidió la batalla a favor de los españoles.

Tras pasar un tiempo en España regresó al combate y en 1572 volvió a encabezar al ejército hispánico en una de las encamisadas más gloriosas de la historia de los tercios. Esta se produjo durante el asedio de Mons. Al mando de 600 arcabuceros se introdujo en el campamento de Guillermo de Nassau el cual solamente pudo escapar gracias a los ladridos de su perro que le puso sobre aviso de la presencia de los españoles. Los españoles causaron 600 bajas a los holandeses por tan solo 60 propias, si bien Romero recibió una herida en el brazo “que le dejó manco”, como a Cervantes. A final de ese año durante el asedio de Haarlem perdió la visión de un ojo a causa de un disparo de arcabuz de los holandeses.

A los honores y distinciones anteriores tiene que añadir la de ser nombrado por Felipe II miembro del consejo de Guerra. Prestando destacados servicios entre la muerte de Requesens y la llegada de don Juan de Austria, nuevo gobernador de Flandes.

Firma de Julián Romero

El único tachón en la carrera de Julián Romero fue cuando Luis de Requesens, sustituto de Alba, le confió una pequeña flota que resultó malograda, hundiéndose la propia nave capitana y teniéndose que salvarse Julián a nado. Tras presentarse ante Requesens todavía chorreando le rogo que: “Vuestra excelencia bien sabía que yo no era marinero, sino infante; no me entregue más armadas, porque si ciento me diese, es de temer que las pierda todas” Lo cierto es que su nave estuvo peleando en solitario contra cuatro holandesas, salvándose apenas una decena de sus tripulantes. 

Se resarciría en 1575 participando en la batalla de Mook, donde los holandeses sufrieron miles de bajas, entre ellas dos hermanos de Guillermo de Oranje. Desgraciadamente Requesens no pudo explotar el éxito, ya que estalló un motín por la falta de pagos, además Felipe se declaró en bancarrota y al año siguiente moría Requesens.

En ese año de 1576 Julián acudió con 600 arcabuceros en ayuda de los españoles asediados en Amberes. Los defensores y las tropas de socorro realizaron una salida contra los rebeldes y Julián Romero arremetió por la calle de San Jorge. La victoria fue absoluta dejando los rebeldes más de dos mil muertos por tan solo 14 españoles. Desafortunadamente el rescate terminó en el famoso saqueo de la ciudad que acuño la expresión de “Furia española”, aunque también sea dicho de paso los burgueses de Amberes habían faltado a la palabra dada anteriormente a Sancho de Ávila. Independientemente de ello con el Edicto Perpetuo salían de Flandes todas las tropas españolas.

Por desgracia los rebeldes decidieron incumplir su parte del compromiso y volvieron a las armas, así que don Juan de Austria, volvió a reclamar los servicios de Romero, ahora como Maestre de Campo General de la infantería española. Al amanecer del 13 de octubre de 1577, se puso al frente de las tropas que iban a recorrer el “Camino español” rumbo a Flandes. Tras salir de la ciudad de Alessandria pasada una hora de marcha cayó fulminado de su caballo. Probablemente a causa de una angina de pecho, según nos cuanta Antonio de Marichalar, su principal biógrafo.

Los funerales y el sepelio estuvieron supervisados por su hija ilegítima Juliana, que residía en Cremona, siendo enterrado en Alessandria en la iglesia de Santiago de la Victoria (San Giacomo della Vittoria), de cuya orden era comendador. Cerrada al culto durante muchos años ha sido reabierta en 2015, por lo que hoy en día se puede visitar y ver la placa dedicada a Julián Romero que mandó colocar el marqués de Villafranca, Pedro Álvarez de Toledo.

Placa dedicada a Julián Romero en la Iglesia de San Giacomo della Vittoria de Alessandria

 

PD: Si entre los lectores se encontrase algún productor o director de cine gustosamente nos ofrecemos a realizar un guión para rescatar del olvido a este personaje. 

Bibliografía:

ALBI DE LA CUESTA, Julio. (2017) De Pavía a Rocroi. Los tercios españoles. Madrid: Desperta Ferro.

CLARAMUNT Alex, RONCO Francisco y SAN CLEMENTE DE MINGO, Tomás (2014): "Soldados en la Edad Moderna", HRM: Zaragoza.

MARICHALAR, Antonio (1952). Julián Romero. Espasa-Calpe.

MARICHALAR, Antonio (1957) “Segunda salida de Julián Romero” Revista de Historia Militar, nº, 1.

MILLAR, Gilbert John (1974) Mercenaries and Auxiliaries: Foreign Soldiers in the Armies of Henry VII and Henry VIII, With Special Reference to Their Origins, Recruitment, and Employment in the French War of 1544--1546. Luisiana: LSU Historical Dissertations and Theses

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