La decisiva victoria frente a los turcos en el Gran Asedio en 1.565 minmiza u oculta directamente una serie de factores referentes al fuerte y a la estrategia por parte de los vencedores. Un interesante artículo de Stephen C. Spiteri en 2.006 mete el dedo en la llaga y recuerda que es la única gran fortificación que fue tomada y el alto precio en vidas que costó su defensa. Investigando sus restos tras sucesivas modificaciones se comprueba que fuerte no era adecuado para su defensa.

El maltés Dr. Spiteri está considerado el mayor experto en las fortificaciones de Malta, ocupando distinguidos cargos en relación a ellas.

Primero, un poco de historia sobre el famoso fuerte San Telmo.

 

HISTORIA:

Esta es la imagen actual, con el círculo rojo. En el azul la ciudad y las principales defensas en aquella época:  Birgu (Burgo) y Senglea (El fuerte de san Miguel). Entre ambos la ensenada de Marsamxett. Este estratégico lugar para vigilar la entrada al puerto fue dotado de un puesto de vigilancia permanente por la milicia local en 1.417.

 En 1.488 los aragoneses erigen una torre, dedicada según parece a Erasmo de Formia o Saint Elmo, patrón de los navegantes y al cual invocar para el dolor de estómago. El fuerte es conocido en la isla como Saint Elmo y en las crónicas españolas de la época como Sant Ermo, posteriormente (S. XVIII) Santelmo.

La torre fue reforzada por la Orden de San Juan en 1.533. En 1.551 una escuadra turca consiguió entrar en la ensenada sin oposición, hecho que demostró la necesidad de reforzar más aún las defensas.

En 1.552 se demolió la torre y comenzó a construirse un fuerte con forma de estrella, con un caballero donde estaba la torre, un camino cubierto y una tenaza. Para mejorar el flanqueo se construyó un revellín a toda prisa unos meses antes del asedio. Y este sería su aspecto durante el Gran Asedio:

 

 

DEFECTOS.

Para El Prof. Spitteri, el fuerte en sí no era más que unas baterías de costa cerradas por una tenaza. Su función primaria era dominar los accesos a las ensenadas laterales y no la de defensa frente a un ataque terrestre. Unas baterías de costa protegidas.

Aun siendo de diseño italiano, carecía de muchos de los elementos de la “traza” italiana. Entre las carencias encontramos: ningún elemento de defensa cercana, como aspilleras a niveles inferiores o portillos para efectuar salidas. Ausencia de elementos de flanqueo adecuados, salvo el revellín de última hora. Los baluartes eran pequeños. Las obras exteriores no eran suficientes y no estaban terminadas. Ncluso el revellín era muy bajo y por tanto muy difícil de defender.

El glacis, la explanada frente a la fortaleza, sin terminar, sin allanar y despejar completamente, sirvió a los turcos para poder acercarse sin ser estorbados apenas por los defensores, a cubierto de su fuego en los vitales aproches.

Y para colmo, el parapeto era muy bajo, proporcionaba muy escasa cobertura frente al fuego turco.

  

EN COMBATE.

Por parte turca, la elección del primer objetivo era clara. El fuerte de San Telmo se encontraba en una posición aislada, era el más pequeño y el más débil de todos los de la isla. Además, una vez tomado permitiría fondear a la armada turca en el interior de la ensenada de Marsamxett quedando protegida de las inclemencias (el siroco).  Con una fuerza tan abultada como la suya esperaban poder tomarlo en 10 días.

Emplazaron baterías en los altos frente al fuerte, al Suroeste y al Noroeste, desde lo que hoy son el fuerte de Tigne y la colina Sciberras de la ciudad de La Valeta. Incluso en Punta Sottle instalaron una batería. No sólo podían batir el frente de la tenaza, también las cortinas. Fuego cruzado demoledor.

Para el experto Quentin Hughes, los turcos colocaron las baterías demasiado lejos para ser totalmente efectivas. La altura apenas compensaba la distancia. A pesar de ello el agudo semi-baluarte Oeste de la tenaza o espolón demostró ser excesivamente vulnerable. Bombardeado por su cara y su flanco, su pico acabó demolido. Este fue uno de los puntos, el clave, donde los turcos instalaron una pasarela para los asaltos finales.

En este croquis se pueden apreciar algunos de los defectos. La poca capacidad de flanqueo en el lateral, la mala posición del revellín, lo expuesto del espolón a fuego cruzado y en amarillo la pasarela turca.

La infantería turca podía acercarse a la contraescarpa del foso con facilidad y comenzaron a rellenarlo con fajinas. Los defensores las prendieron fuego y pasaron a usar relleno mixto de fajinas y tierra. Los propios escombros harían el resto.

Para las reparaciones de los daños, el Gran Maestre envió “colchones y gúmenas deshiladas para fortificarse en lugar de fajina”  (Francisco Balbi) Poco podían hacer.

Antes de conseguir brechas, los turcos lanzaron oleada tras oleada, cada vez más irritados. No comprendían cómo se defendía lo indefendible. No era lógico defender esa mala posición con tanto ahínco. Eso iniciaba un ciclo infernal. Cada fracaso les llevaba a la creencia en estar más cerca de la consecución. Conocida de sobra es la historia y los 30 días que tardaron en conseguirlo.

 

LA ESTRATEGIA DEL GRAN MAESTRE.

Si San Telmo a pesar de todos sus defectos se mantuvo durante 30 días se debió no sólo a la valentía y profesionalidad de los defensores, sino a los constantes refuerzos que se enviaban desde el Burgo. Hombres, municiones, provisiones, retirada de heridos. Se ha llegado a comparar con Stalingrado. Quentin Hughes también ha demostrado que esas noches eran oscuras, sin luna, lo que facilitaba el tránsito. Por su parte los turcos no intentaron aislar a los defensores hasta última hora. Fue Dragut quien ordenó una cavar una trinchera para ello justo antes de morir (Juan de Ferreras) Francisco Balbi describe la trinchera y una plataforma artillada.

¿Con qué propósito todo ello? Esa decisión fue muy criticada y controvertida. Se sangraba a las  fuerzas disponibles en la defensa de algo difícil de mantener, no en las poderosas murallas del Burgo. Los más críticos y con los que tuvo más dificultades para convencer fueron los españoles. Así Juan de Ferreras escribe que el Capitán Miranda viendo el estado al que habían reducido el fuerte las baterías turcas, volvió a decir al Gran Maestre que si la gente no era de gran valor, la posición se perdería. La Valette ordeno ser obedecido en todo. Como prohibir salidas contra la pasarela o el revellín, que él proveería de todo lo necesario.

Los detalles del relato de Balbi sobre la entrevista del Capitán Miranda con el Gran Maestre son sobrecogedores. No había traveses, no se podía estorbar en hacer cuanto quisiesen los turcos,  no había una reducto al cual retirarse. No quiso en principio ostentar el mando, pues sabía que se perdería y no quería que fuese en deshonra suya, prefería ir a morir como soldado raso, que nade pudiera decir que él había perdido el fuerte.

Es la llegada del Pequeño Socorro la que aporta una pequeña pista. Según Balbi, tanto el Maestre de campo Robles como Juan de Cardona tenían orden de Don García de no desembarcar si se había perdido San Telmo.

Defender San Telmo significaba ganar tiempo para el socorro. No sólo eso. Es incluso hasta posible que no hubiera habido socorro si no se daban muestras de resistencia contundentes. Esto es supuestamente lo que pretendía ganar La Valette. Tiempo y muestras de defensa determinada.

LA FACTURA.

La defensa del fuerte fue una sangría completa para los defensores. 1.500 bajas. Dicho así no impresiona tanto como saber que era el 25% de los defensores con los que podía contar el Gran Maestre. Las bajas turcas, entre 4.000 y 6.000 no llegaban a ese porcentaje, estaban ganando una batalla de desgaste, librada en el peor lugar para los defensores. Además eran pérdidas que podían absorber con mayor facilidad, excepción quizás con los jenízaros.

También el tiempo perdido influyó en las bajas por enfermedad. De todas formas, se sigue especulando con la decisión, pues esos defensores hubieran hecho perder el mismo tiempo o más frente a las potentes defensas terrestres sin pagar esa factura tan onerosa.

Sin noticias sobre un posible socorro, parece muy arriesgado jugársela a defenderse en el peor sitio, arriesgando una cantidad inaceptable de bajas, que sólo las medidas turcas de aislamiento pararon. Hasta la misma noche antes de la caída se intentó el refuerzo, siendo ya imposible. La Orden se jugaba no sólo la isla de malta, sino su credibilidad para poder hacer frente a una amenaza.

FORO DE DISCUSIÓN