“Nobunaga mezcló los ingredientes, 

Hideyoshi horneó el pastel e Ieasu lo comió”1

 

Con esta sencilla frase puede resumirse toda la historia del Japón durante la segunda mitad del siglo XVI. Oda Nobunaga es uno de los personajes más influyentes de la historia japonesa hasta nuestros días. Hábil tanto en lo político como en lo militar, es el primero de los tres responsables de la unificación del Japón. Y pese a que moriría sin poder completar su proyecto, si lo consiguieron dos vasallos cercanos suyos, primero Toyotomi Hideyosi completaría con éxito la unificación, y tras la muerte de este Tokugawa Ieasu impondrá la paz en Japón mediante una dinastía que duraría hasta mediados del siglo XIX.

Todavía hoy su persona suscita debates entre académicos e interesados en la historia del periodo Sengoku. Es común encontrar calificativos referidos a él definiéndolo como “líder autoritario”, “astuto” o “despiadado”. Despiadado debido a acciones de dudoso honor para la imagen que tenemos hoy en día de lo que es un samurái, como por ejemplo la suscitada tras la matanza en el monte Hiei que veremos más adelante, o porque también según algunas fuentes durante sus conquistas solía exterminar a los derrotados, masacrando incluso a sus familias, fueran mujeres o niños. Por todo esto en nuestra época muchas veces se le denomina con el sobre-nombre de “Rey Demonio”. Pero debemos contextualizar los hechos en la época en la que transcurren, en una sociedad violenta en constante lucha desde hacía más de un siglo, y donde este tipo de hechos eran de lo más comunes.

Oda Nobunaga nace en 1534, en plena era Sengoku, que significa literalmente “periodo de estados en guerra”. Esta época violenta comienza en el siglo anterior, cuando tras un periodo de estabilidad se crea un vacío político durante el shogunato de Ashikaga Yoshimasa. Durante su mandato este se dedicó más a cuestiones artísticas y culturales que ha gobernar, desatendiendo la situación económica y política del país. Debido a esto, los daimyos comenzaron una lucha interna por el poder conocida como Guerra Onin (1467-1477). Fue a partir de este clima de inestabilidad y conflictos armados cuando los samuráis tienen su mayor participación y donde las guerras, rencores y traiciones entre los diferentes daimyos se suceden sin pausa.

Es en esta época cuando en las islas aparecen los primeros movimientos de infantería a gran escala, curiosamente en el mismo momento en el que también lo hacían en el continente europeo. A pesar de que la infantería se volvió cada vez más común nunca reemplazó por completo a la caballería reservada a la élite samurái. Tradicionalmente los samuráis montaban portando un arco con el que luchaban, pero con la implantación de la infantería el arco terminó siendo un estorbo para el combate cuerpo a cuerpo. De esta manera el arco fue poco a poco abandonado a favor de la lanza ya que las espadas japonesas tampoco eran fáciles de usar montado, aunque aún se mantuvieron algunos arqueros a caballo como francotiradores móviles. Gracias a esta evolución por primera vez en la historia de Japón pudo verse algo parecido a una carga de caballería. Pero nada más lejos de la realidad, los caballos de aquella época eran muy diferentes a los que podemos ver hoy en día. El caballo japonés de la era Sengoku era mucho más pequeño que los actuales, con 120 cm de altura en su hombro y 250 kg de peso no podía compararse con los caballos purasangre europeos3. Soportando a un jinete con armadura completa y siguiendo además el ritmo de la infantería que los acompañaba, la fuerza de una carga no se cree tan potente como el cine nos ha hecho pensar.

Siguiendo con su infancia Kipposhi, el nombre que le pusieron de niño, fue hijo de Oda Nobuhide, un daimyo menor de la provincia de Owari, en la región de Nagoya. Esta provincia se encontraba en una

situación estratégica inmejorable, cerca de Kioto, la capital de la época, pero además alejada de las provincias centrales continuamente en guerra entre ellas. Pese a pertenecer a una de las familias menores del clan Oda, las habilidades políticas y militares de Nobuhide encumbraron a la familia al mismo nivel de la familia principal. Luchó contra los daimyos de las provincias de Mikawa y Mino. En 1542 Imagawa Yoshimoto, daimyo de Suruga, se adentró en Owari y se enfrentó con las tropas de Nobuhide en la batalla de Azukizaka. El clan Oda ganó la batalla y Nobuhide decidió proseguir la lucha, por lo que algunos meses después atacó la fortaleza de los Imagawa en Ueno aunque no pudo tomarla. El todavía joven Kipposhi no podía tener mejor ejemplo en el que reflejarse que la figura de su padre.

Durante estos primeros años cuarenta Kipposhi celebró su ceremonia de mayoría de edad en el castillo Furuwatari, partir de ese momento cambió su nombre por el de Saburo Nobunaga4. Como hijo de samurái comenzó a estudiar los clásicos chinos así como el arte de la guerra, practicando tanto con arco, lanza y espada, como con las recién llegadas armas de fuego. Por esta época se le describe como un joven arrogante que gustaba vestir de forma extravagante y llamativa, tanto era así que en la región se le conocía como Baka Dono, Don Tonto en español. En 1547 y 1548, Nobuhide atacó de nuevo a Saito Dosan, daimyo de Mino, aunque finalmente llegarían a un acuerdo de paz en el que se incluyó el matrimonio de Nobunaga con la hija de Dosan, Nohime.

Pero su desdén por las responsabilidades siempre fue patente, tras la muerte de su padre en 1551 Nobunaga no mostró el menor interés en convertirse en el nuevo líder del clan, hasta que uno de sus vasallos más cercanos, Hirate Kiyohide, cometió seppuku en señal de protesta por su proceder. Esta muerte tuvo el efecto deseado y un joven Nobunaga comenzó a luchar contra cualquier pariente que quisiera hacerse con el control del clan, incluso si eso significara enfrentarse a sus hermanos. Algunas fuentes afirman que su primera medida para recuperar el control fue eliminar a uno de sus hermanos menores6. Pero esta aparente falta de compasión que se le atribuye no es del todo cierta; en 1556 Saito Yoshitatsu mató a su padre adoptivo, Saito Dosan, que era el suegro de Nobunaga, y se alió con el hermano mayor de este último en su contra, Nobuhiro. Aunque Nobunaga estaba enterado del complot, perdonó la vida a su hermano. Al año siguiente otro de sus hermanos, Nobuyuki, planeó también asesinarlo, en esta ocasión cuando Nobunaga se enteró del plan lo mandó matar, aunque a sus vasallos les fue perdonada la vida.

Por si estos enfrentamientos dentro de la familia no fueran suficientes, a partir de 1558 el clan Matsudaira comenzó a atacar los castillos del clan Oda en la provincia de Mikawa. Imagawa Yoshimoto del clan Matsudaira comenzó ese año a avanzar hacia el oeste gracias a una serie de alianzas por medio de matrimonios arreglados con otros dos clanes con los que habían tenido conflictos: la hija de Yoshimoto se casó con el hijo de Takeda Shingen, del clan Takeda, uno de los más poderosos de la época, y la hija de Shingen se casó con el hijo de Hojo Ujiyasu, por último la hija de Ujiyasu se casó con el hijo de Yoshimoto. Habiendo establecido este triangulo de alianzas, los Hojo se expandieron en Kanto, el clan Takeda se movió para afianzar Shinano y los Imagawa finalmente sin trabas se dirigieron a atacar a los Oda en Owari. En dos ocasiones, 1554 y 1558, Nobunaga se enfrentó a los ataques de Yoshimoto. Posteriormente, entre las provincias de Suruga, Totomi y Mikawa, el clan Imagawa logró reunir a un numeroso ejército para llevar a cabo un ataque mucho mayor, según los recuentos de la época, el ejército contaba con unos 20.000 soldados.

Pensando en el final del clan Oda Yoshimoto comenzó la campaña el 12 de mayo de 1560. Marchó con su gran ejército desde Sunpu en Shizuoka hacia la capital. Al entrar en territorio de los Oda comenzó conquistando las fortalezas fronterizas de Washizu y Marune. Nobunaga, conocedor siempre por sus exploradores de los movimientos del enemigo dirigió a sus hombres a posicionarse en un templo llamado Zenshoji.

El ejército de Nobunaga contaba con una inferioridad numérica de diez a uno por lo que un enfrentamiento frontal quedaba descartado. Por otro lado atrincherarse en el templo no era práctico, pues no podrían aguantar un asedio más que unos pocos días. En vista de la situación, el líder de los Oda decidió arriesgarlo todo en un ataque sorpresa al campamento de su enemigo. Dejó un pequeño grupo de soldados en el templo como señuelo para llamar la atención del ejército enemigo y distraerlo de su fuerza principal, compuesta esta por unos 3.000 hombres que se movieron hacia el campamento rival a través de las colinas boscosas sin ser detectados en ningún momento.

El ejército de Yoshimoto no esperaba un ataque y no estaba en alerta debido al increíble calor que estaba haciendo en ese momento. La posibilidad de que detectaran la aproximación de las fuerzas de Oda se desvaneció aun más por el repentino aguacero que cayó mientras los atacantes hacían sus movimientos finales hacia el campamento. Cuando el temporal pasó, los hombres de Oda atacaron. Los enemigos de Nobunaga, tomados completamente por sorpresa, huyeron en desorden dejando a su comandante indefenso. Yoshimoto Imagawa, ignorante de lo ocurrido, escuchó el ruido y salió de su tienda gritando a sus hombres que mantuvieran la compostura, pues creía que estaban ebrios y les ordenó que regresaran a sus puestos. Cuando se dio cuenta de que los samurái ante él no eran los suyos fue demasiado tarde, esquivó el ataque de lanza de un samurái, Hattori Koheita, pero fue decapitado por otro, Mori Shinsuke. Con su general muerto, los oficiales supervivientes del clan Imagawa desertaron para unirse a otras fuerzas en desbandada, y en poco tiempo las fuerzas de Yoshitomo fueron destruidas. En apenas dos horas una fuerza de unos tres mil hombres había derrotado a un ejército diez veces superior.

La victoria de Oda Nobunaga fue considerada milagrosa, y fue el primer paso hacia la unificación del Japón. Uno de los oficiales que desertaron de la facción de Imagawa fue Motoyasu Matsudaira, quien más tarde sería conocido como Tokugawa Ieyasu, uno de los tres unificadores de Japón. Matsudaira formaría su propia facción en Mikawa, y más tarde se convertiría en aliado de Nobunaga.

Tras esta victoria en lo que se conocerá como la batalla de Okehazama, Nobunaga comenzó su viaje hacia la cima del poder. Pero no solo ascendió usando la violencia sino también mediante su astucia política, a través de unas bien buscadas alianzas. En 1562 formalizó su alianza con el futuro Tokugawa Ieyasu, a quien permitió establecer Mikawa como provincia independiente ganándose así un fiel aliado. Otra prueba de su gran habilidad política la encontramos en sus pactos de alianza en 1564 con otro importante daimyo, Azai Nagamasa, de la provincia de Omi. Pero sobre todo en 1565 cuando pacta con el poderoso Takeda Shingen. Para cerrar dichas alianzas Nobunaga emparejó a una de sus hijas al hijo mayor de Ieyasu, a una hermana suya con Azai Nagamasa y a una hija adoptiva con el hijo de Takeda Shingen.

Mientras se formalizaban estas alianzas continuaba las rivalidades con Saito Yoshisatsu de Mino, el asesino de su suegro. Entre 1559 y 1567 se suceden las campañas, pero será gracias a la ayuda de otro de sus aliados, Toyotomi Hideyoshi, cuando los Oda conquistan el Castillo Inabayama. A esta fortaleza traspasó Nobunaga su cuartel general y la renombró como Gifu. Nombre con el que pretendía homenajear a un general unificador de china, una prueba más del carácter ambicioso de Nobunaga. El shogun Ashikaga Yoshiteru, máxima autoridad del país por detrás del Emperador, envió entonces a Nobunaga una embajada especial expresando el aprecio por la lealtad y sinceridad de su difunto padre, y recomendándole seguir sus pasos. Intentando apaciguar su ambición le solicitó restablecer el orden imperial, e incluso expresó su deseo de que Nobunaga fuera hasta Kioto a restaurar el orden.

La situación se acelera cuando Ashikaga Yoshiteru es asesinado y los conspiradores nombran en su lugar a Ashikawa Yoshihide. Otro de los candidatos al puesto era un monje budista llamado Yoshiaki que consiguió escapar de los asesinos contactando con Nobunaga para pedir el apoyo de este a su causa. Oda Nobunaga decidió apoyarlo entrando en Kioto y tomando el control de la ciudad para garantizar “los intereses del Emperador”. Yoshihide y el ejército de Matsunaga Hisahide, quien había apoyado la conspiración, huyeron ante la presencia del ejército de Nobunaga. Una vez que Nobunaga tuvo la situación controlada en la capital, el Emperador Ogimachi nombró a Yoshiaki shogun. El emperador además les ordenó que le ayudaran a recuperar las propiedades que habían pertenecido a la familia imperial. Yoshiaki quiso nombrar a Nobunaga como kanrei, ayudante del shogun, pero éste se negó a subordinarse al shogunato, lo que buscaba Nobunaga era dominar al Shogun. En estos momentos Nobunaga dominaba ya las provincias de Owari, Mino, partes de Ise e Iga, así como la parte sur de Omi, la cual había tomado durante su viaje a Kioto.

Pero poco a poco el nuevo shogun comenzó a sospechar de las verdaderas intenciones que se escondían tras el apoyo de Nobunaga y empezó a revelarse contras las imposiciones de este. Nobunaga, en otro de sus astutos planes, no atacó directamente a la máxima autoridad del país, sino que dirigió su campaña contra los que le apoyaban. Comenzó con el clan Asakura de Echizen y a principios de 1570 atacó su fortaleza principal, pero tuvo que retirarse a reorganizar sus fuerzas cuando los clanes Azai y Rokkaku declararon su lealtad a los Asakura. El clan Azai rompía de esta manera el tratado de paz firmado años atrás, a Nobunaga se le habría un nuevo frente, respondió a este nuevo peligro atacando el castillo Odani en Omi, cuartel general del clan Azai. Considerado como impenetrable, era uno de los yamashiro, castillos de montaña, más grandes de Japón.

Aunque existen diferentes estilos, los japoneses como todos los castillos están formados por unas poderosas murallas, dentro se extienden pasillos estrechos, puentes y callejones sin salida construidos alrededor de una torre de homenaje donde residía el señor. Estas estructuras laberínticas obligaban a los asaltantes a dar vueltas sobre sí mismos mientras les llovían proyectiles de toda clase desde cada esquina mediante aspilleras y trampillas escondidas donde todo está perfectamente calculado para permitir el fuego de cobertura en cualquier dirección. A diferencia de los castillos europeos hubo pocos emplazamientos para cañones, los japoneses nunca desarrollaron una tecnología artillera y las pocas armas de asedio que se utilizaban eran los cañones de los buques europeos. Igualmente destruir los muros de una fortaleza japonesa era una tarea prácticamente imposible, las bases de piedra sobre la que se construían las superestructuras de los castillos eran tan sólidas que por ejemplo, la base de piedra del castillo de Hiroshima sobrevivió a la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando comenzó el asedio al castillo Odani, contrariamente a lo esperado los guerreros enemigos salieron en tromba y la batalla degeneró en un cuerpo a cuerpo en mitad de un rio poco profundo llamado Ananewa. Las tropas de los Oda se enfrentaron a las de los Azai y las de Tokugawa a las tropas de Asakura rio arriba. Después de que las fuerzas de Tokugawa acabaran con las de Asakura, Ieasu dio la vuelta y golpeó con fuerza el flanco derecho de Azai. A su vez Ittetsu Inaba, quien se había mantenido en reserva, golpeó el flanco izquierdo Azai. Muchos de los sitiadores del castillo incluso dejaron este para ayudar en la batalla pero era demasiado tarde, las fuerzas de Azai y Asakura fueron fácilmente derrotadas.

Nobunaga utilizó unos quinientos arcabuceros en esta batalla, pero todavía sin la habilidad que le harían famoso en Nagashino. No existen datos fiables sobre la batalla y muchas de ellas pertenecen al final del periodo Edo, doscientos años después. El número exacto de las víctimas en esta batalla también es desconocido, las pocas fuentes fiables mencionan más de un millar de samuráis del clan Asakura muertos. Como un ejército de este período tenía como mínimo varias veces más ashigarus, infantería plebeya que luchaba a pie, sería razonable sumar varios miles más de hombres muertos. El historiador Al Sadler calcula que fueron 3.170 cabezas las recogidas por el campamento de Oda. A pesar de esta victoria y que las tropas del clan Oda tomaron otros pequeños castillos, las tropas combinadas del clan Azai y Asakura lograron repeler los asaltos hasta 1571.

A finales del año 1570 Nobunaga se enfrentó también al clan Miyoshi y a sus peligrosos aliados, los Ikko-Ikki, estos eran monjes guerreros miembros de la secta budista del Jodo Shinshu. Pero ante la imposibilidad para sus tropas de mantener tantos frentes abiertos Nobunaga pidió la intercesión del propio emperador logrando así firmar un nuevo tratado de paz con los Azai, que romperían estos por segunda vez en 1571 cuando se unieron también a los Ikko-Ikki. Nobunaga necesitaba con urgencia acabar con estos belicosos monjes. Comenzaría entonces los asedios al Monte Hiei, donde vivían estos monjes y sus seguidores en diversos pueblos y monasterios-fortaleza. Nobunaga reunió a 30.000 soldados para destruir primero los poblados aliados cercanos al monte Hiei así como después los templos de la montaña. Este acontecimiento marcó el final del poder que tenían los monjes guerreros del monte Hiei. Los monjes eran unos guerreros temibles y fueron uno de los grandes enemigos de Oda Nobunaga debido a su fuerza, independencia y a su alianza con los clanes Azai y Asakura. En realidad los Ikko-Ikki era un grupo mucho más amplio formado por campesinos, granjeros, monjes, sacerdotes sintoístas y nobles locales que se habían revelado en contra del gobierno de los samuráis entre los siglos XV y XVI. Todos ellos seguían las creencias del Jodo Shinshu, una secta budista que enseñaba a sus seguidores que todos serían salvados por la gracia de Amida Buddha. Se trataba de fanáticos, grandes en número pero débilmente organizados tácticamente.

Toda la campaña de Nobunaga en el Monte Hiei se conoce en detalle gracias al relato que escribió un misionero jesuita portugués llamado Luís Fróis que acompañó al clan Oda. Fróis explica que cuando los monjes se enteraron de la intención de Nobunaga le enviaron el ofrecimiento de un gran tesoro en barras de oro. Pero Nobunaga no aceptó, declarando que no había ido a enriquecerse sino a castigarlos por sus crímenes con severidad y rigor. Cuando los sátrapas de las universidades escucharon su respuesta, aunque sabían que Nobunaga tenía poco respeto por las religiones no creían que fuera capaz de destruir el ídolo de Sanno, imagen muy venerada y de la que se temían sus castigos. Por esta razón todos ellos decidieron reunirse en su templo que se encontraba en la cima de la montaña abandonando los otros templos y sus tesoros. Al mismo tiempo los monjes persuadieron a la gente del pueblo cercano de Sakamoto para que subieran junto con sus mujeres y niños. Sabiendo que los tenía a todos en la cima de la montaña, Nobunaga dio instrucciones de incendiar Sakamoto y ordenó pasar a cuchillo a todos aquellos que se encontraran todavía en el pueblo. Y para demostrar a los bonzos que estaban en la montaña el poco respeto que tenía por la religión y por los castigos de Sanno, la segunda cosa que hizo fue quemar todos los templos de este ídolo que estaban a los pies de la montaña. Finalmente desplegó a su ejército en forma de anillo alrededor de la montaña y dio la orden de avanzar hacia la cima. Los bonzos comenzaron una resistencia acérrima pero fueron incapaces de hacer frente a tan feroz asalto, murieron a cientos junto con los hombres, mujeres y niños de Sakamoto.

Siguiendo siempre el relato de Fróis, al día siguiente Nobunaga incendió también el gran templo de Sanno y después ordenó a un gran número de arcabuceros que peinaran las colinas y bosques como si fueran de cacería buscando a cualquier monje que se escondiera para matarlo. Pero Nobunaga todavía no estaba satisfecho por lo que comandó a todo su ejército para ir y saquear las casas restantes de los bonzos e incendiar los cuatrocientos templos de Hieizan. Y en ese mismo día todos habían sido destruidos, incendiados y reducidos a cenizas. Después ordenó a su ejército que fuera a Kataka, el cual fue incapaz de ofrecer resistencia y también fue consumido por el fuego. Según el relato de Fróis murieron un total de 1.500 monjes y el mismo número de seglares, hombres, mujeres y niños.

Al finalizar esta campaña Nobunaga estaba ya libre de impedimentos para acabar de una vez por todas con sus persistentes enemigos del clan Azai. Es entonces cuando otro peligroso rival entra en escena, Takeda Shingen, aliado desde 1565, rompe la alianza con los Oda y se une a sus enemigos, el líder del clan Takeda está considerado como uno de los mejores generales de su época. A finales de 1572 Takeda Shingen se dirigió al sur para atacar a Tokugawa Ieyasu en su fortaleza de Hamamatsu. Pero Ieasu ya había preparado a sus tropas en una meseta llamada Mikata, justo al norte de la fortaleza. Shingen, quien contaba con una ventaja de tres a uno, organizó su ejército en una formación de escamas de pez, llamada gyorin en japonés, mientras que Ieyasu dispuso a sus tropas en línea, de tal forma que pudiera utilizar mejor sus arcabuceros.

Alrededor de las 4 de la tarde empezó a nevar y los arcabuceros abrieron fuego comenzando la batalla. Ieyasu confió demasiado en que su superioridad tecnológica pudiera ser un factor fundamental en la batalla y Shingen, temido por su caballería, ordenó una carga directa contra los arcabuceros, aunque algunos consiguieron resistir muchos huyeron o fueron muertos. Shingen ordenó entonces a su caballería que regresara para permitirle un pequeño descanso y que un nuevo grupo iniciara una nueva carga. Pronto se les unió también la infantería, lo que puso en desbandada total a los aliados de Nobunaga. Ieyasu mandó a uno de sus generales, Okubo Tadayo, plantar su gigante estandarte con forma de abanico dorado para que sirviera como punto de reunión para los huidos en Saigadake, donde la meseta se hace menos empinada. Ieyasu quiso regresar a enfrentarse al ejército de Takeda para socorrer a sus generales atrapados, pero uno de sus generales le persuadió de no hacerlo y de que se retirara, puesto que su vida era demasiado valiosa. Uno de sus generales, Yoshinobu, fue quien dirigió en persona un ataque desesperado contra las líneas de Takeda pero fue muerto en el desesperado ataque consiguiendo un tiempo precioso para la retirada de su señor.

Cuando Ieyasu regresó a su castillo de Hamamatsu iba acompañado tan solo de cinco hombres, la derrota había sido total. Ordenó que las puertas de la fortaleza se mantuvieran abiertas y los braseros encendidos para que su ejército en retirada pudiera encontrar el camino de vuelta con ayuda de las luces. Sakai Tadatsugu tocó un tambor de guerra para tratar de alentar al ejército de Tokugawa durante su retirada al castillo. Cuando la vanguardia del ejército de Takeda escuchó los tambores y vieron las puertas del castillo abiertas y los braseros encendidos, pensaron que Tokugawa estaba preparando una trampa, por lo que decidieron detenerse y acamparon esa noche fuera del castillo. De haber continuado adelante es muy posible que hubieran podido tomar la fortaleza fácilmente. Por la noche, un pequeño grupo de soldados de Ieyasu atacó por sorpresa el campamento de los Takeda y los empujó hacia un barranco, donde quedaron indefensos. Pese a que el ejército de Takeda se retiró a la mañana siguiente lo hacían como ganadores de la batalla. Afortunadamente para Nobunaga, Takeda Shingen falleció al año siguiente, lo que provocó que la alianza en su contra quedase fuertemente resentida.

Oda Nobunaga se encontraba pletórico en esos momentos, había sobrevivido a sus enemigos, incluso al legendario Takeda Shingen, y superado todas las batallas. Por eso a su regreso a Kioto en 1573 no sólo se enfrentó al shogun directamente sino también a los habitantes de la capital, a quienes les exigió el pago de un gran tributo militar como símbolo de obediencia. Cuando los habitantes rehusaron, incendió partes de la ciudad. El shogun Yoshiaki hizo un llamamiento a los daimyos cercanos y a las autoridades religiosas para que tomaran las armas en contra de Nobunaga, mientras que él se fortificó al sur de Kioto esperando los refuerzos. Nobunaga venció fácilmente a Yoshiaki y le perdonó la vida, condenándolo al exilio.

Una vez asegurado Kioto, derrotados los monjes rebeldes y muerto Shingen, Nobunaga se preparó de nuevo para acabar, esta vez sí de manera definitiva, con sus enemigos de Azai y Asakura. Comenzó asediando sus castillos principales, pero mientras Nobunaga se dirigía a su primer objetivo, el Castillo Odani, su comandante Azai Nagamasa pidió refuerzos a Asakura Yoshikage. Cuando las tropas Asakura partieron hacia el sur Nobunaga los interceptó y venció con facilidad obligando a Yoshicage y a su padre a practicarse el seppuku. Alimentando la leyenda negra del “Rey Demonio”, a la madre de Nagamasa ordenó matarla después cortarle los dedos, el hijo de Yoshicage también fue ejecutado, y solo salvó la vida de su esposa que era su propia hermana y a sus tres hijas. Tras tomar también el castillo y vencer los últimos reductos de resistencia, las cabezas de Azai Nagamasa y de Asakura Yoshikage fueron expuestas en Kioto. Durante estos cuatro años de guerra ningún otro daimyo del periodo Sengoku hizo frente a tantos retos y a adversarios tan dispares en un plazo de tiempo tan corto.

En este momento, tras haber forzado el exilio de Yoshiaki, Nobunaga se convierte en una de las figuras más importantes de la política japonesa. Poco a poco durante los años siguientes fue escalando posiciones en el Gobierno hasta ser nombrado Naidaijin, Ministro de Interior, y finalmente en 1573 será nombrado Udaijin, que puede ser traducido como Ministro de la Derecha, asistente del Sadaijin, el Ministro de la Izquierda. Nobunaga se convertía así en el tercer miembro con más poder del Daijo-kan, el gobierno administrativo de la época. También desde 1573 controló la capital, donde nombró a su propio delegado, Murai Sadahiko, como magistrado.

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LECTURA RECOMENDADA:

Shōgun. El Japón de los samuráis

 

       Librería "Tercios Viejos: El rincón de la historia" - El Gran Capitán

 

El Gran Capitán. Historia Militar.