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Cuando Francisco I heredó el trono de Francia en 1515, las grandes guerras italianas llevaban más de un cuarto de siglo causando estragos . El propio Francisco se enfrentó a una crisis estratégica especialmente grave en 1516, su rival Habsburgo , Carlos V se convirtió en rey de España (como Carlos I) y Sacro Emperador Romano . Francia podía esperar una invasión desde Alemania , los Países Bajos o España. El aliado inglés de Carlos , Enrique VII , amenazó Francia desde el otro lado del canal. En 1523-1524 surgió y se sofocó una rebelión liderada por Carlos, duque de Borbón. No obstante, el audaz Francisco I decidió declarar la guerra a los Habsburgo, para lo cual guió a los ejércitos franceses hasta la península italiana.



Resultado de imagen de Fernando Dávalos, marqués de Pescara

(Fernando Dávalos, marqués de Pescara, fue el jefe de las fuerzas imperiales que se apoderaron de Milán y tuvo después una actuación destacada en la batalla de Pavía, Grabado de la Biblioteca Nacional, Madrid)

La toma de Milán

El principal objetivo de Francisco era el próspero ducado de Milán. En 1515 salió victorioso en Marignano; pero en 1522 en Bicocca , cerca de Monza, fue derrotado ampliamente por los tercios españoles, y a partir de entonces ,estos adaptaron en castellano que la palabra bicoca, pasara a ser “cosa fácil y barata” La posesión de Milán se le fue de las manos .Abandonando su fuerte posición de Biagrasso , intentó pasar por el río Sessia (30 de abril de 1524) batalla del mismo nombre , un ejército francés de 40.000 hombres mandado por Guillaume Gouffier, señor de Bonnivet, penetró en el Milanesado, pero fue igualmente rechazado por Borbón y Pescara , el ejército fue derrotado y disperso. El sacrificio de Francisco Bayardo, “ el caballero sin miedo y sin tacha”, que murió al intentar contener con su retaguardia el paso de los vencedores, hizo posible el que los restos del ejército francés pudieran abandonar la Lombardía , en donde no quedaba a Francisco I ni una ciudad ni un aliado. Cabe destacar que el caballero Bayardo murió de un disparo de un arcabucero español, (curiosamente Bayardo en las guerras contra el Gran Capitán, había hecho ejecutar a todos los arcabuceros españoles que habían sido hechos prisioneros). Pocas veces el ejército imperial, en el cual figuraban gentes de diversas naciones, como el italiano Próspero Colonna, los marqueses del Vasto y de Pescara, descendientes del condestable Dávalos, españoles de origen, aunque heredados de Italia; del flamenco Carlos de Lannoy, del francés Carlos de Borbón, y de los españoles, Antonio de Leyva y Hernando de Alarcón. El marqués de Pescara, Fernando de Ávalos y Carlos III de Borbón (1), que recientemente se había aliado con Carlos V, invadieron La Provenza, pero perdieron mucho tiempo en el sitio de Marsella, lo que propició que Francisco I y su ejército llegaran a Avignon y las tropas imperiales se retiraran. En octubre de 1524 , Francisco guió otra invasión desde los Alpes. Con una cifra aproximada de 33.000 hombres , su ejército doblaba en efectivos a las fuerzas imperiales que defendían Milán. El ejército francés era de muy alta calidad : suizos, Landsnecht (una infantería alemana formidable) e infantería de mercenarios italianos respaldados por la caballería pesada francesa y un impresionante tren de artillería. Charles de Lannoy, , a la muerte de Próspero Colonna, fue proclamado comandante del ejército imperial (de nacimiento italiano, pero de origen español) el cual no estaba bien situado socialmente, pero sus habilidades, políticas y militares lo situaron en lo más alto del virreinato de Nápoles y del ejército) , retiró sus fuerzas a Lodi y Pavía y dejó Milán en manos de los franceses el 26 de octubre, ( Francisco I puso a Luis II de la Trémoille, como gobernador de Milán).

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Francisco fue requerido por sus comandantes más veteranos y experimentados (como Louis de la Tremoulille y el mariscal Jacques de Chabannes, Seigneur de la Palice) para golpear directamente a la principal fuerza imperial instalada en Lodi. Si embargo su joven amigo Guillaume Gouffier, seigneur de Bonnivent, le convenció para sitiar en su lugar Pavía , ciudad mucho más cercana a Milán. El comandante de la guarnición de Lodi, Fernando Francesco d´Avolos , marqués de Pescara, exclamó aliviado : “Estábamos derrotados , pero pronto saldremos victoriosos”

El asedio de Pavía

Pavía suponía una empresa difícil para el asediador: al sur, el río Ticino (llamado Ticinus, en tiempos de los romanos) formaba una fuerte defensa natural, mientras que el resto de los accesos estaban defendidos por las murallas de la ciudad. La guarnición compuesta por 2.000 españoles y 5.000 landsknetchts alemanes iba mandada por el competente y decidido Antonio de Leiva ,( veterano de la guerra de Granada). Los asaltos prematuros a la ciudad , ocurridos el 21 de noviembre , fueron repelidos , y un ingenioso intento de desviar el Ticino se vio frustrado por la intensa lluvia. El asedio se convirtió en una lucha de artillería, salidas y escaramuzas. Francisco destacó a 6.000 hombres de sus propias tropas, al mando de John Estuardo(duque de Albany) , con el fin de amenazar el reino de Nápoles. Esta expedición no logró alejar a las tropas imperiales de Lombardía , pero sí convenció al papa Clemente VII de participar en un tratado secreto para apoyar la causa de Francisco.

El ejército francés constaba de tres cuerpos de combate bien diferenciados : el más numeroso se encontraba junto al rey; 3.600 jinetes entre los que se encontraban la famosa gendarmerie (sus caballeros) unos 900 caballeros entre los que se encontraban la flor y nata de la nobleza gala, hasta setenta príncipes y grandes nobles, en este sector se encontraba la artillería, dirigida por un gascón, Galliot de Genouillac . Junto al rey, su caballería ligera y sus gendarmes se encontraban 4.000 landsquenetes alemanes de Gueldrés, comandados por Richard de la Pole y unos 2.000 infantes gascones y bearneses.

El segundo grupo era el de los suizos, entre 3.000 y 5.000 hombres mandados por Fleurange, sin duda las mejores tropas del bando francés, cuyo flanco derecho venía protegido por 500 jinetes, al mando de Tiercelin.

El tercer grupo era la retaguardia y era el que mantenía el sitio a Pavía : 10.000 hombres, cuyo núcleo principal era una unidad de suizos , al mando de Montmorency, tropas que llegado el caso podrían acudir de inmediato al campo de batalla.

A mediados de enero llegaron los refuerzos bajo el mando del marqués de Pescara, Fernando D´Ávalos, el virrey de Nápoles, Carlos de Lannoy y el condestable de Borbón, Carlos III. Ávalos consiguió capturar el puesto avanzado de Sant Angelo, con lo cual cortaba las líneas de comunicación entre Milán y Pavía. A pesar de ello , el rey francés permaneció confiado e insistió que Pavía no tardaría en caer.


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La jugada imperial

En febrero de 1525 , los imperiales sabían que se les acababa el tiempo . La paga de las tropas se había atrasado y los soldados amenazaban con un motín. Los generales españoles empeñaron sus fortunas personales para poder pagarles. Viendo la situación de sus oficiales, 2.000 arcabuceros españoles decidieron que seguirían defendiendo Pavía aún sin cobrar. .Sin embargo, un ataque desesperado sobre las fuertes posiciones francesas en torno de Pavía parecía una jugada desesperada. El ejército francés todavía estaba formado por 30.000 hombres , algunos más de los que los imperiales habían conseguido reunir. Sus baterías de cañones estaban bien atrincheradas y gran parte del ejército se había estacionado en una zona amurallada al norte de la ciudad en cuyo interior se hallaba el pabellón de caza fortificado conocido como Castello Mirabello.

Los intentos de apartar a los franceses de esas posiciones, maniobrando en Milán habían fracasado. No quedaba más opción que intentar asaltar las posiciones francesas alrededor de Pavía. Se combinaría un ataque sorpresa a la zona amurallada con una fuerte salida desde el interior de la propia ciudad sitiada. Durante la noche del 23 de febrero, los zapadores abrieron tres brechas en la muralla del recinto militar en tres puntos distintos. El trabajo se hizo en silencio y sin prisas. El lugar escogido se encontraba bien lejos de las posiciones francesas y , quizás pensaban que los franceses se verían sorprendidos al verlos irrumpir en el campo de batalla. Para desgracia de los imperiales, forzar la muralla y empezar a introducirse en el parque, costó más de lo deseado. Alertados los franceses pudieron disponer del tiempo suficiente para organizar sus tropas y preparar la batalla. Francisco empezaba a desplegar más de 30 piezas de su artillería pesada , amén de muchas otras de menor calibre. Gracias a la técnica que habían desarrollado, los franceses podían maniobrar y emplazar su artillería pesada, con relativa facilidad. Empezaba un nuevo día, el 24 de febrero, cuando las tropas imperiales empezaron a entrar en el recinto.

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La batalla en el parque militar

El primer objetivo del ataque fue Castello Mirabello, tomado por 3.000 arcabuceros liderados por Avolos D´Aquino, marqués del Vasto. Sin embargo , las tropas imperiales recibieron numerosos disparos de los cañones franceses, que de hecho estaban esperando el ataque. Entre las filas de algunas unidades imperiales se abrieron huecos cuando intentaron formar. Los landsknechts imperiales, comandados por el famoso capitán Georg Von Frünsberg, señor de Midelheim, (que a pesar de ser luterano, su fidelidad al Emperador Carlos V, estaba fuera de toda duda), tuvieron más suerte y avanzaron hacía el interior del parque, donde no tardaron en encontrarse con un gran cuerpo de lanceros suizos. La defensa francesa parecía descoordinada , con cuerpos de tropas que llegaban poco a poco a la batalla. Sin embargo , los suizos eran muy conocidos por su valentía y disciplina y , contuvieron a los landsknechts durante más de una hora antes de retirarse del campo de batalla con cierto desorden.

Las tropas imperiales siguieron entrando al recinto a través de las brechas, guiados por el duque de Borbón y cubiertos por una fuerza de aproximadamente 1.600 soldados españoles de caballería, al mando de Lannoy. Para su sorpresa , éste se topó con mas de 3.000 hombres de armas francesas en formación. Francisco iba en cabeza de su caballería pesada y estaba decidido a expulsar a los imperiales. Los jinetes españoles empujaron para enfrentarse a la amenaza, pero la implacable carga francesa se impuso y aisló a los supervivientes. Un reguero de jinetes enemigos huyó del campo, llevándose a Lannoy con ellos. El rey francés exclamó triunfante: “ Ha llegado el momento que me llaméis duque de Milán” . Sin embargo, poco a poco fue quedando claro que iba directo al desastre, no a la victoria .

Los franceses habían conseguido anular a la artillería española, pero a costa de perder su retaguardia. Según avanzaba su caballería , los artilleros franceses (superiores a los españoles), dejaban de abrir fuego

El marqués de Pescara, aprovechó este respiro para reorganizar su infantería. Así los llamados “encamisados” comenzaron abriendo brecha en las posiciones francesas. Detrás los piqueros franqueados por la caballería, Los tercios formaron compactamente, sus largas picas protegiendo sus arcabuceros y aprovechando la longitud de las picas españolas, derribaban a los caballeros franceses antes de tomar contacto con la infantería Los 3.000 arcabuceros de Alfonso D´Ávalos dieron buena cuenta de los caballeros franceses, mientras el desconcierto cundía entre ellos, Lannoy con su caballería y el marqués de Pescara, con la infantería, enfrentándose a la infantería francesa, mandada por Ricardo de la Pole y Francisco de Lorena .Sin apoyo y aislados, el rey y sus hombres de armas pronto se vieron rodeados de una muralla infranqueable de picas. Incapaces de maniobrar, se convirtieron en el objetivo fácil para los miles de arcabuceros ocultos en el bosquecillo y en las zanjas del parque militar. A medida que iban cayendo, los alabarderos y espaderos se acercaban para rematarlos. Algunos soldados de infantería franceses corrieron para ayudar a su rey, pero lo único que encontraron fue su muerte. Los landssknechts alemanes al servicio francés(los famosos banda negra) se enfrentaron con sus equivalentes imperiales. Fue un encuentro especialmente amargo, y los hombres de Frunsberg no dieron cuartel en la destrucción de sus compatriotas.

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En ese momento , Leyva sacó a sus hombres de Pavía para apoyar a los refuerzos y así cogió a los franceses entre dos fuegos. La batalla de Pavía, desarrollada en medio de una niebla espesa, en un terreno accidentado y boscoso, supuso una desconcertante serie de escaramuzas aisladas y encuentros repentinos entre tropas enemigas. El propio rey francés fue atrapado en uno de esos encuentros desesperados. Cayo de su caballo, y al intentar levantarse, se encontró con el estoque del vasco Juan de Urbieta, en su cuello, Diego Dávila, granadino y Alonso Pita da Veiga, gallego, se juntaron con su compañero de armas, los cuales impresionados por sus lujosas vestiduras al informar a sus superiores, supieron que era el mismo rey de Francia, al que habían hecho prisionero (2) . Caer cautivo suponía un castigo terrible para un rey , pero Francisco tuvo más suerte que la mayoría de sus amigos y consejeros. Entre ellos se encontraban Bonnivet( que se sintió culpable ,por haber aconsejado al rey presentar batalla, se lanzó contra el muro de picas y murió ensartado), Luis II Tremouille, el bastardo de Saboya, gran maestre de Francia, el señor de La Palice, mariscal de Francia, Francisco de Lorraine, Galeazzo Sanverino, señor de las caballerías reales, Bussy d´Amboise; el conde de Tonerre, Ricard de la Pole (duque de Suffolk) , el pretendiente al trono inglés , exilado, de la casa de York, luchó y murió entre los hombres de la “banda negra”.

La salida de la guarnición de Pavía resultó tan eficaz como el avance imperial a través del parque militar. Las tropas suizas se habían desplazado de su posición, en torno a la región de las Cinco Abadías y en los terraplenes de la Torre del Gallo. El último cuerpo de tropas francesas que se formó en el campo de batalla fue el de 5.000 hombres al mando de Carlos de Valois , duque de Alençon , con base fuera del parque militar, al oeste de Pavía. Alertado del desastre por los que huían, Alençon aceptó que la batalla estaba perdida y se retiró a Milán. A media mañana el enfrentamiento había acabado.

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El tratado de Madrid

Resulta destacable que los vencedores no supieron aprovechar la desgracia de Francia. En enero de 1526, el rey Francisco, fue cautivo en el Alcázar de los Austrias, el que fue sustituido por el Palacio Real de Madrid y firmó el Tratado de Madrid según el cual renunciaba a sus derechos sobre Italia y entregaba la provincia francesa de la Borgoña al Sacro Emperador Romano. Cuenta la leyenda que en las negociaciones de paz y liberación del rey francés, Carlos V utilizó por primera vez de manera oficial el español, o sea renunciando a su lengua materna (francés borgoñón) y a la habitual de la diplomacia, el italiano. Una vez liberado Francisco, sin embargo, declaró el tratado “contrario a toda razón y equidad” . La habilidad de la diplomacia forzó una nueva alianza con el papado, Venecia, Florencia y Francesco Sforza de Milán. Aunque esta liga , como demostraría el tiempo, era frágil , permitió a Francisco una vez más materializar sus ambiciones en Italia. La cruenta lucha entre los Valois y los Habsburgo se alargaría hasta la firma del tratado de Cateau-Cambrésis, en 1559. Y tampoco así se lograría la paz , ya que Europa estaba entrando en la oscura época de las guerras de religión.

(1) Carlos de Montpensier, duque de Borbón ,condestable de Francia, y su agrupación se habían unido al ejército imperial. Era este duque el más poderoso caballero de Francia,; gran soldado, había luchado heroicamente al lado del rey de Francia en la batalla de Marignano, pero perseguido por la enemistad de Luisa de Saboya, condesa de Angulema, madre del rey, vio confiscado su inmenso patrimonio y desesperado, entro en tratos con el emperador, huyó de Francia y se puso al servicio de Carlos V en Italia. Esta conducta en la Edad Media no llevaba consigo la nota de traición. El noble podía “desnaturarse” de su soberano, poner su espada al servicio de otro rey y hacer armas contra su antiguo señor , pero en el siglo XVI la lealtad al rey , ya se comprometía implícitamente la lealtad a la Patria , no dependía de un solo vinculo feudal y el desventurado caballero, ostentador de varias coronas ilusorias, fue tenido por traidor.
(2) Se cuenta que el propio Carlos de Lannoy, tuvo que proteger al rey Francisco I, de las iras de los hispanos, incluso la escolta del virrey tuvo que matar a varios soldados hispanos que querían acabar con la vida del rey prisionero.

Fuerzas en combate

Tropas francesas : 17.000 infantes, 6.500 caballería y 53 cañones. Bajas 15.000 muertos o heridos.

Tropas imperiales : 17.000 infantes, 2.000 caballería y 16 cañones. Bajas 500 muertos o heridos.

Estas cifras difieren en mucho de otras consultadas en otras fuentes: franceses 30.000 h bajas 10.000 h. e imperiales 28.000 h. bajas 1.500 h.


FUENTES

The Battle of Pavía, por J. Giona, Londres ,1965

The Reign of Francis I, por J.R. Knecht, Cambridge, 1994.

La batalla de Pavía, por Wickipedia

Pavía, 1525 , por A. Konstam . Ediciones del Prado, Madrid, 1999.

The Art of War in Itali, 1494-1529, por F.L. Taylor, Cambridge, 1921

La Historía de España, por el Marqués de Lozoya.

 
Los Tercios españoles en Pavía, por Tercioidiaquez.

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