El 21 de octubre de 1639, en la rada de las Dunas (the Downs), en la costa del condado de Kent, en Inglaterra, el almirante holandés Maarten Harpertszoon Tromp destruyó o apresó la práctica totalidad de la armada española al mando de don Antonio de Oquendo; el último coletazo del ya extinto poderío naval hispánico. Con esta victoria, la República Holandesa se convirtió en la principal potencia naval europea y se desvanecieron las otrora numerosas voces que cuestionaban su fiabilidad a la hora de proteger las flotas pesqueras y comerciales de las Provincias Unidas. Los temidos corsarios de Dunkerque apenas volvieron a recibir apoyo desde España, y el Canal de la Mancha se convirtió en un brazo de mar holandés. Tan señalado éxito cabía atribuirlo especialmente a la maestría de Maarten Tromp. El almirante había demostrado ser un marino paciente, habilidoso, y audaz a la par que prudente según las circunstancias lo requirieran.

Tromp recibió por su triunfo una cadena de oro y las alabanzas de los Estados Generales de la república. Por desgracia, en los 13 años siguientes, la misma armada que había puesto fin al dominio español de los océanos tras ocho largas décadas de enconados combates, envejecería y se debilitaría en sus puertos sin que nadie pudiera remediarlo. El propio Tromp sabía por experiencia que, tras las grandes victorias, un regocijo autocomplaciente cegaba los ojos de la república, pues un año antes de las Dunas, tras derrotar personalmente al temido Miguel de Horna, almirante de la Escuadra de Dunkerque, no pudo perseguirlo y causar su completa ruina porque, cuando el navarro había reparado y avituallado sus naves y salido de nuevo a la mar, apenas se había hecho nada en los astilleros neerlandeses para reparar las de Tromp.[1]

Batalla naval cerca de Dunkerque contra los españoles, 18 de febrero de 1639. Óleo y tinta sobre lienzo de Willem van de Velde el Viejo. (imagen superior )

La Paz de Münster en 1648 y el ansiado reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas que conllevó no hicieron sino redoblar el franco abandono de las fuerzas navales neerlandesas. Tromp y otro almirante, su viejo rival Witte Corneliszoon de With [2], trataron de abrir los ojos al gobierno republicano, ambos en vano. La inexistencia de una amenaza para el comercio naval comercial del país en forma de piratas, corsarios o armadas de guerra enemigas, disuadió a los Estados Generales de invertir cantidades respetables de dinero para mantener la flota. Solo el paulatino crecimiento de la presión mercantil inglesa sobre las grandes compañías comerciales neerlandesas tras el fin de la Guerra Civil de este país, que se extendía a grandes pasos por el Canal de la Mancha, el mar Caribe, África, Norteamérica y el lejano Oriente, despertó el cuidado del gobierno republicano. De Arjángelsk a Recife, y de Nueva Ámsterdam a Nagasaki, los anglosajones iban apoderándose poco a poco de su imperio comercial.[3]

Las dos armadas: colosos enfrentados.

Diez años después de las Dunas, la armada neerlandesa era en apariencia la más poderosa del mundo. Tan solo la marina mercante ponía poner en pie de guerra cerca de 170.000 marineros, a los que había que añadir varias decenas de miles de marinos expertos procedentes de las vastas flotas pesqueras holandesas. En realidad, sin embargo, el mantenimiento había decaído alarmantemente, y hacia 1650 la flota se componía básicamente de navíos mercantes armados, más que de buques construidos expresamente con fines militares. Esto suponía una seria desventaja: las naves comerciales, de fondo plano, tenían mayores dificultades que las militares para penetrar en los poco profundos puertos neerlandeses. Se trataba, en resumen de una armada capaz todavía de escoltar convoyes y perseguir corsarios, pero no de una flota de guerra.

Se daba, además, una importante deficiencia estructural: no existía una armada neerlandesa en sí, sino que había cinco almirantazgos provinciales; el de Amsterdam, el de Holanda, el de Frisia, el de Rotterdam y el de Zelanda, cada uno de los cuales mantenía una flota con sus propios medios. Los buques de estos cinco almirantazgos contaban con el apoyo, en determinados casos, de poderosas flotas mercantes armadas propiedad de la Compañía neerlandesa de las Indias Orientales (la VOC), la de las Indias Occidentales, u otras compañías mercantiles. Había ciudades, además, que mantenían pequeñas flotas (directieschepen), para escoltar sus naves municipales en convoy.

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Antes de la batalla de las Dunas, el 21 de octubre de 1639, mostrando el navío insignia de Tromp, el Amelia. Óleo sobre lienzo de Reinier Nooms.

Todo ello contrasta con la centralización preeminente en la armada inglesa, que en apenas dos décadas pasó de protagonizar vergonzosos fracasos como las expediciones a Cádiz en 1625 y a La Rochelle dos años después, a ser una de las principales del continente. Sobre todo en el campo del diseño y la construcción los ingleses hicieron grandes avances, epitomizados en el "Sovereign of the Seas", un buque que desplazaba 1.100 toneladas y montaba 100 cañones en tres cubiertas, y que fue el germen de los futuros navíos de línea. Otro avance importante fue la estandarización de las clases de naves de guerra en 6 clasificaciones distintas en función de la tripulación y los cañones [4], al que cabría sumar uno de los cimientos fundacionales de la futura armada británica: la mejora en las condiciones de vida y las pagas de los marineros.[5]

En 1651, gracias al trabajo de los astilleros ingleses, Cromwell contaba con 41 buenos navíos de guerra. Los astilleros gubernamentales, a decir verdad, apenas se expandieron en la década anterior, pero hay que tener en cuenta que una parte significativa de la construcción se efectuaba en astilleros privados. Como prueba de los ecos que alcanzó su creciente poderío naval, en 1652, poco antes de que comenzara la guerra con las Provincias Unidas, el embajador español en Inglaterra notificaba secretamente a los ministros de Madrid que la armada de Cromwell habían aventajado en poder a la holandesa, y que, en consecuencia, sería muy conveniente tener cuidado con ella.

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El Sovereign of the Seas. Grabado coloreado de Willem Van de Velde el Viejo. El navío se ganaría el sobrenombre de "el diablo de oro" durante la guerra.

Los artífices de este asombroso crecimiento fueron los comisionados navales nombrados por el Parlamento en febrero de 1649, tras la caída de Carlos I de Estuardo; hombres laboriosos, concienzudos y honestos que se hicieron cargo eficientemente de las tareas administrativas. El alto mando de la flota, suprimido el cargo monárquico de Lord High Admiral, fue encomendado a tres oficiales del New Model Army: Edward Popham, Richard Deane, y Robert Blake, que recibieron el rango de “General-at-Sea”.[6] De los tres, solo Popham tenía alguna experiencia naval. Deane y Blake eran esencialmente oficiales del ejército de tierra que no habían puesto un pie en un barco en su vida.[7] Sin embargo, no tardaron en aprender el oficio combatiendo a la flotilla corsaria realista del príncipe Ruperto del Rin, [8] primero en el canal, después a lo largo de la costa portuguesa, y finalmente en Cartagena.

La delegación inglesa a La Haya: el camino a la guerra.

En marzo de 1651 Cromwell envió a la Haya, sede de los Estados Generales de la República holandesa, una delegación diplomática encabezada por el Jefe de Justicia, Oliver St. John, y Walter Strickland, antiguo embajador inglés en el país, que propuso a los Estados Generales la creación de una confederación entre las dos grandes potencias marítimas protestantes. Así se produciría un reparto de las esferas de influencia comercial en el orbe sin que se desatara un conflicto entre ambos países.[9] El ambicioso proyecto no prosperó, ya que se impusieron las rivalidades comerciales y la influencia de los príncipes de Orange, partidarios declarados de la monarquía inglesa destronada. Cromwell resolvió entonces tomar una medida drástica que fue lo que condujo a la guerra: se propuso expulsar a los neerlandeses del tráfico comercial inglés. En octubre, el parlamento de Inglaterra aprobó la entrada en vigencia de un Acta de Navegación (Navigation Act) según la cual el comercio con Inglaterra quedó restringido a los barcos con bandera de este país.

Conscientes de que el estallido del conflicto era inminente, los Estados Generales trataron de invertir las tornas a toda velocidad. La revitalización de la marina fue un proyecto personal del Gran pensionario de Holanda, Johan de Witt, que autorizó, a principios de 1652, la construcción de 226 buques de guerra –la república disponía en ese momento de 76-. Pese a lo abultado de la cifra, apenas tres de estos navíos habían sido completados cuando dio comienzo la guerra. Peor aún: de los navíos existentes ni uno solo montaba más de 50 cañones, de modo que Inglaterra contaba con 14 buques mayores o más artillados. A esta inferioridad cabía añadirle que los cañones ingleses eran generalmente de un calibre superior a los neerlandeses y tenían un alcance mayor. La situación, en resumen, no era demasiado encomiable para la armada de las Provincias, que a su escasa cohesión interna vería sumarse en los combates contra los ingleses los frutos de la división política de sus efectivos entre los Orangistas, encabezados por Maarten Tromp, y los partidarios del gobierno de la república.[9]

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Interior de la gran sala de Binnenhof en la Haya durante la gran asamblea de los Estados Generales en 1651. Obsérvense las numerosas banderas españolas que presiden la sala. Óleo sobre table y plancha de cobre de Dirck van Delen.

Los Estados Generales no llevaron a cabo ninguna maniobra diplomática al respecto de la impositiva Acta de Navegación, pero incrementaron las prevenciones de forma significativa. Muchos navíos comerciales fueron armados para reforzar las escoltas de los grandes convoyes comerciales, de entre 100 y 400 buques, que transportaban de mercaderías desde los mares Báltico y Mediterráneo.[10] En este contexto, Maarten Tromp, previsor como de costumbre, presentó, el 15 de marzo de 1652, un extenso memorándum a sus superiores titulado "Consideratien, ingesteld op de jegenswoordige occasie ter zee" (Consideraciones sobre la presente situación en la mar), en el cual exponía sus ideas y estrategias, consistentes en atacar antes de que sus adversarios estuvieran listos para hacerlo. Tromp sabía de lo que hablaba, pues para entonces la armada inglesa se había apoderado de un centenar de buques mercantes holandeses, entre ellos de un convoy de 27 en la colonia de Barbados, bajo el pretexto de que vulneraban lo estipulado en el Acta de Navegación.

Los ingleses, por su parte, tampoco estaban ociosos, e iniciaron sus movilizaciones en abril. El "General at Sea" Robert Blake pidió al parlamento un total de 729.000 libras esterlinas para hacer frente los gastos de la armada a lo largo del año. Ese dinero, decía Blake, tenía el objetivo ayudar a mantener en condiciones una flota de 117 naves de varias clases y de servir para la compra de 335 cañones de hierro, así como también para ampliar los astilleros que mantenían la flota en servicio. El parlamento dio el visto bueno, además, a la construcción de 30 fragatas al coste de 300.000 libras.[11] El coste de dichas empresas resultó ser demasiado elevado y, como es natural, el atraso en los pagos supuso que solo una pequeña parte de las preparaciones se hubiera realizado cuando estalló la guerra.

Primeros combates: la batalla de Goodwind Sands.

El 12 de mayo de 1652, el capitán Anthony Young de la fragata President, acompañado por otras dos “fragatas”, divisó en aguas cercanas a Dover una escuadra sospechosa formada por una docena de barcos. Pensando que eran naves de guerra aliadas, Young se les aproximó. Entonces descubrió que se trataba de un convoy mercante neerlandés con rumbo a sus puertos escoltado por tres navíos de guerra. El capitán inglés exigió a los barcos de guerra que arriaran la bandera a su paso. El navío almirante así lo hizo, y continuó su curso, pero el vice-almirante se negó categóricamente e invitó a Young a subir a bordo para a arriar la bandera él personalmente. Este envió al patrón de su barco al navío holandés, solo para encontrarse con la misma negativa. Young dobló entonces sobre el navío y demandó una vez más que arriara la bandera. Por tercera vez los holandeses rehusaron, ante lo cual Young abrió fuego. Una retahíla de cañonazos sacudió el buque holandés, este devolvió el fuego, y la batalla dio comienzo.

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El almirante Maarten Tromp, en un óleo de Jan Lievens, y Robert Blake, General-at-Sea, en un óleo obra de Henry Perronet Briggs.

El vice-almirante neerlandés ciñó el viento, que soplaba hacia el noroeste, y trató de situarse a barlovento de Young, el cual se vio obligado a mantener su rumbo contra el viento para impedir que el holandés ganara el barlovento y se situara en posición de abordarlo. Entre tanto, las otras dos fragatas, a cargo, respectivamente, de los capitanes Chapman y Reynolds, dispararon a proa del navío contraalmirante holandés, pero solo para virar rápidamente sobre el vice-almirante, que ante la superioridad inglesa, accedió a arriar la bandera. Young quiso llevarse el buque a puerto en reparación por el daño y las pérdidas de su pequeña escuadra –un muerto y cuatro heridos– pero el almirante holandés dijo que, en tal caso, no lo permitiría. Young, dada la determinación de sus adversarios, decidió dar el combate por concluido.

El 28 de mayo, una flota de 42 navíos neerlandeses de distintos almirantazgos bajo el mando directo de Maarten Tromp hizo acto de presencia en los bajíos de Goodwin Sands, [12] en la costa sudoriental de Inglaterra, escoltando un importante convoy comercial. Noticias de la escaramuza del día 12 habían llegado a Holanda, de manera que Tromp estaba advertido. No muy lejos de Goodwin Sands, frente a la localidad de Deal, se hallaba anclada una escuadra inglesa de 9 navíos a las órdenes del major Nehemiah Bourne.[13] Tromp despachó dos pequeños bajeles para avisar a este de que su escuadra había fondeado en los bajíos en busca de refugio frente a la mala mar. Sus capitanes saludaron el pabellón inglés y subieron a bordo del navío insignia de Bourne, a quien explicaron personalmente que un fuerte viento contrario les había impedido aproximarse a Dunkerque y que habían perdido muchas anclas y cables en el temporal. Fuera cierto o no, Bourne pitó a zafarrancho e inmediatamente envió un bote a las Dunas, donde estaba Blake con la escuadra principal, compuesta por 14 buques.[14]

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La batalla de Goodwind Sands.

A1. Tromp en la rada de Dover.
A2. Punto de encuentro con el convoy.
A3. Ataque de Tromp, a las 4 de la tarde.
B. Posición de Blake, a las 4 de la tarde.
C. Ataque de Bourne sobre la retaguardia holandesa, a las 4:30.


Seguida de cerca por el vigilante Bourne y sus navíos, la flota neerlandesa navegó hacia el sureste y fondeó en la rada de Dover. Allí Tromp se negó a arriar la bandera de su buque insignia, el Brederode, de 54 cañones, ante el castillo de la ciudad, que respondió a la afrenta disparando varias piezas de artillería. Tromp hizo oídos sordos y dedicó la tarde a ejercitar a sus tripulaciones con las armas personales. La mañana siguiente, el almirante neerlandés descubrió que la escuadra de Blake se acercaba desde Rye rumbo al nordeste y mandó levar anclas. Su flota comenzó a discurrir lentamente entre las dos escuadras inglesas; la de Robert Blake, al sur de su posición y la de Bourne, que se mantenía al norte desde el anochecer. Si la tarde anterior el viento soplaba hacia el noroeste, aquella mañana lo hacía hacia el sudeste, de modo que Tromp fue distanciándose poco a poco de los barcos ingleses en dirección a Calais.

A las cinco en punto de la tarde, cuando parecía que Tromp había escapado de una posible trampa bien planeada, la situación dio un vuelco inesperado. La flota holandesa viró de súbito y en una inesperada maniobra se abalanzó sobre los navíos de Blake, encabezada por el Brederode. El 'General at Sea' exigió a los neerlandeses que arriaran a su paso las banderas de sus navíos; exigencia que acompañó de dos cañonazos que pasaron rozando la proa del Brederode. Tras un tercer disparo de advertencia, el buque insignia de Blake, el James, encajó una andanada completa disparada por el de quien acababa de convertirse en su némesis, Tromp, y la batalla dio comienzo. Caóticamente, pues los navíos holandeses pronto convergieron en torno al James, que se había adelantado algo al resto de buques ingleses, y que sufrió toda la furia de la artillería holandesa. Aunque era más sólido que sus oponentes, resultó seriamente dañado y tuvo unas 40 bajas antes de que el resto de la escuadra se aproximara y entrara en acción.

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El Amelia enfrentándose a buques ingleses, 1652-1653. Óleo sobre lienzo de Jan van Leyden.

Los holandeses, muy superiores en número, podrían haber rodeado la vanguardia inglesa de no haber sido por las acciones de Bourne, que mientras Tromp y Blake se enzarzaban en su duelo personal, cayó con gran impulso sobre la dispersa retaguardia holandesa, lo cual alivió enormemente la presión a la que los buques de la vanguardia inglesa se veían sometidos. Pese a ello, eran navíos de buena construcción, y aunque sufrieron daños serios los infligieron mayores. En el clímax de la batalla llegaron a contar con la ayuda de los pescadores de Kentish, que los socorrieron llevando municiones y pólvora a bordo de sus botes de pesca. Durante la mayor parte de la batalla no estuvo claro quién se impondría. El resultado, de hecho, permaneció ignoto para ambas flotas durante toda la noche, en la cual Tromp hizo encender las luces de sus navíos para que Blake conociera su posición. El inglés, sin embargo, aprovechó las horas de oscuridad para reparar sus daños frente a Hythe.

Las luces del amanecer descubrieron que Bourne había capturado dos navíos neerlandeses: el Sint Laurents y el Sint Maria, que habían quedado cortados del núcleo principal. El segundo tenía el casco acribillado y los aparejos destrozados, de modo que fue abandonado por sus captores y su tripulación prisionera trasladada a bordo del Fairfax, del capitán Lawson. El viento lo arrastró durante la mañana hacia la flota holandesa, que logró recuperarlo y llevarlo a puerto. Blake no perdió ningún navío, aunque su insignia, el James, encajó 70 balazos en el casco y terminó parcialmente desarbolado y desmantelado. Hubo de pasar un mes y medio para que, el 10 de julio, el Parlamento inglés declarara la guerra a las Provincias Unidas. La decisión se tomó pese a algunas dudas de última hora; dudas que se desvanecieron de un plumazo en cuanto Adrian Pauw, el Gran Pensionario de las Provincias Unidas, se personó el Londres tratando de evitar la guerra a toda costa.

Notas:

[1] Con el bloqueo protestante del camino español en 1637, la ruta atlántica se convirtió en la principal vía de la monarquía hispánica para enviar hombres y recursos a Flandes, lo que hizo tomar al escenario naval un cariz predominante. Maarten Tromp y su paisano Witte Corneliszoon de Witt fueron nombrados ese mismo año, respectivamente, teniente-almirante y vice-almirante de los Estados de Holanda, pasando a hacerse cargo del bloqueo naval a los Países Bajos Católicos. El 18 de febrero de 1639, Tromp, al frente de 12 navíos, se batió en aguas de Dunkerque con un convoy español integrado por 12 galeones, 3 pinazas y 5 transportes a cargo del navarro Miguel de Horna, que se dirigía a La Coruña a unirse a la armada de Oquendo. El navarro perdió 3 de sus galeones y se vio obligado a regresar a Dunkerque. Cuando se hizo de nuevo a la mar en marzo, tras las pertinentes reparaciones, los barcos de Tromp llevaban un mes en los astilleros de Hellevoetsluis sin que se les hubiera cambiado una mísera cuaderna.

[2] Tanto Tromp de De Witt habían nacido en Den Briel y habían sido capitanes de bandera de Piet Hein. Mientras que el primero era un hombre sosegado y paciente, el carácter del segundo era digno de estudio. Las alabanzas que se llevó Tromp por la victoria de las Dunas despertaron los celos de De Witt. En 1640, además, el hombre fue sometido a una corte marcial por regresar solo a Hellevoetsluis tras un temporal que dispersó su escuadra. El tribunal estuvo presidido por Tromp, lo que recrudeció la mala relación entre ambos al creer De Witte que su superior trataba de arruinarle la carrera.

[3] El enfrentamiento comercial anglo-holandés venía de antiguo y poseía múltiples facetas. Un caso paradigmático fue la masacre de Amboyna (Indonesia), en 1623, en la cual varios agentes de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales torturaron y asesinaron a una decena de trabajadores de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. El suceso fue convenientemente explotado por la propaganda cromwelliana y se convirtió en una suerte de baluarte del ideario anglosajón contra los comerciantes holandeses.

[4] La clasificación, sin tener en cuenta el tonelaje, era la que sigue: first-rate, de 80 cañones en arriba; second-rate, entre 52 y 80 cañones; third-rate, entre 44 y 60; fourth-rate, entre 32 y 50; y fifth-rate, de 12 a 32. Como sixth-rates se clasificó a las embarcaciones menores. Las fronteras entre una y otra clase eran bastante volubles.

[5] Entre los avances destacan una mejora del salario, que ascendió de los 19 chelines durante la Guerra Civil a los 25 en la posguerra; y la creación del rango de guardiamarina, que permitió el ascenso en el escalafón de la marinería y la creación de una base social estable de marineros (hasta entonces el oficio se consideraba algo eventual). También se destinaron, anualmente, 10 libras por cada 100 hombres al cuidado médico, lo que contribuyó a mejorar sensiblemente las condiciones sanitarias en los buques.

[6] Se les unirían George Monck, en 1652; William Penn, en 1653; y Edward Montagu, en 1654. Penn había comandado un buque a los 23 años. Monck y Montagu eran, como los demás, oficiales del New Model Army sin experiencia naval.

[7] Resulta curioso que Inglaterra despegara definitivamente como potencia naval de la mano de un conjunto de hombres que lo desconocían prácticamente todo sobre el mar. Paradójico es el caso de Robert Blake, que pisó por primera vez la cubierta de un navío a los 50 años de edad y se convirtió en uno de los mejores comandantes navales británicos de la historia. Por desgracia, su adscripción al parlamento durante la guerra selló su memoria.

[8] Hijo del elector Federico V del Palatinado, brevemente rey de Bohemia, y de Isabel de Inglaterra, hija de Jacobo I de Inglaterra. Organizó una flotilla corsaria en Hellevoetsluis con buques amotinados contra el parlamento y naves contratadas neerlandesas. La mayor parte de su flota fue destruida por Blake en Cartagena, pero siguió sus correrías y pasó el Caribe. A su regreso a Francia la flota se disgregó.

[9] Los marinos más veteranos, como Tromp, tenían muy presente todavía la durísima década de 1620, durante la cual el gobierno republicano destinó la mayor parte de los presupuestos al ejército, dejando la armada con pocos y malos barcos, tripulaciones reducidas y unos recursos mínimos. Para su desgracia, Guillermo II de Orange murió a los 24 años, en 1650, de modo que el control de los asuntos navales quedó por completo en manos del gobierno republicano.

[10] Uno de los principales rompecabezas de los almirantazgos holandeses fue la combinación de una necesaria estrategia defensiva –era imprescindible proteger los grandes convoyes– con unas tácticas ofensivas, consistentes en cañonear al enemigo desde lejos para después situarse a favor del viendo y virar sobre sus naves con el objetivo aferrarlas y abordarlas. Esta situación recuerda ligeramente a la de Antonio de Oquendo en 1639, pero por fortuna para los holandeses, su dominio de la artillería les permitiría desarrollar tácticas defensivas más eficaces.

[11] No eran fragatas en el sentido nelsoniano del término, sino navíos de medianas dimensiones, con las bordas menos elevadas, las líneas más finas y una quilla más proporcionada que la mayoría de las naves de guerra del momento. Es necesario esperar hasta el siglo XVIII para dar con una clase de nave más parecida a las fragatas nelsonianas.

[12] Brederode, 54 cañones; Alexander, 28; Blauwen Arend, 28; Sint Salvador, 34; Vliegende Faam, 28; Arche Troijane, 28; Kroon Imperiaal, 34; Valck, 28; Prinses Roijaal, 28; Neptunis, 34; Sint Matheeus, 34; Prins Maurits, 34; Rozeboom, 28; Engel Gabriel, 28; Witte Lam, 28; Gideon van Sardam, 34; Sint Francisco, 28; David en Goliad, 34; Elias, 34; Zwarte Leeuw, 28; Sint Maria, 28; Groote Liefde, 38; Nassouw van den Burgh, 34; Groote Vergulde Fortuijn, 35; Engel Michiel, 28; Vergulde Haan, 30; Goude Leeuw, 30; Leeuwinne, 30; Sint Laurens, 30; Witte Lam, 32; Monnikendam, 32; Wapen van Hoorn, 24; Prins Maurits, 28; Monnikendam, 24; Wapen van Enkhuizen, 30; Wapen van Alkmaar, 28; Roode Leeuw, 24; Peereboom, 24; Huis van Nassau, 28 Alkmaar, 28; Sampson, 26; Stad van Medemblik, 26.

[13] Andreux, 42 cañones; Triumph, 42; Fairfax, 52; Happy Entrance, 32; Centurion, 40; Adventure, 38; Assurance, 32; Greyhound, pinaza; y Seven Brothers, un mercante alquilado.

[14] James, 48 cañones; Victory, 42; Garland, 34; Speaker, 64; Star, 12; Martin, 36; Ruby, 40; Sapphire, 38; Portsmouth, 38; Mermaid, 22; otro navío, y un mercante alquilado.

Bibliografía:

The royal navy: a history from the earliest times to the present. Escrito por William Laird Clowes.
The great admirals: command at sea, 1587-1945. Escrito por Jack Sweetman.
Command at sea: naval command and control since the sixteenth century. Escrito por Michael A. Palmer.
The Irish and British wars, 1637-1654: triumph, tragedy, and failure. Escrito por James Scott Wheeler.
Navies in history. Escrito por Clark G. Reynolds.
History of the Commonwealth and Protectorate 1649-1660 Escrito por Samuel Rawson Gardiner.
http://www.british-civil-wars.co.uk/mil ... -dover.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Goodwin_Sands


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