Capítulo IX: Los Corsarios y la Orilla Meridional Del Missouri

El mes de Junio se inauguró políticamente con una necrológica. El aún joven rival “favorito” de Lincoln, Stephen Arnold Douglas, que había regresado a su antiguo Estado para pasar revista a sus bases antes de la convocatoria extraordinaria de las Cámaras, moría de unas inesperadas fiebres tifoideas en Chicago el día 3. Aún sólo contaba 48 años. Esta muerte no era una buena noticia para el Presidente Lincoln y la causa de la Unión, pues Douglas estaba haciendo una excelente labor para lograr que el Partido Demócrata no causase problemas al esfuerzo de guerra. John Tyler la continuaría aunque, si bien prestigioso, no tenía el carisma de Douglas, y peor aún, era un hombre de avanzada edad y salud ya delicada. Pero hubo de ser el aún joven y aparentemente saludable Douglas el que cayese primero, por capricho de la suerte.

 

Y el 8 de Junio, Tennessee confirmaba en referéndum su Secesión, mientras en su zona Este, las columnas del Brigadier Zollicoffer comenzaban a perseguir a las milicias unionistas. Con ello, se disipaban las últimas dudas políticas posibles sobre el alcance del movimiento separatista. A la vez, se reunía en Washington por primera vez la organización privada, aunque paraestatal, “United States Sanitary Commission”, que era una agrupación civil dedicada a auxiliar en el mantenimiento de la salud de las tropas. Recibiría su calificación de organización estatal el día 18 de Junio de 1861 tras la firma de sus estatutos por el propio Abraham Lincoln.  Entre otras funciones, ésta organización reclutaría enfermeras para los ejércitos unionistas. (Y como, pasados poco más de cinco años del primer precedente de Florence Nightingale en la Guerra de Crimea, se trataba aún de una noción nueva, los sureños no las tendrían). Dorothea Dix, una dama que se había hecho famosa en la Unión por sus trabajos para reorganizar manicomios, y que el Secretario Cameron ya había  aceptado el 29 de Mayo para que “echase una mano” en los hospitales de sangre, sería la encargada de reclutarlas y dirigirlas.

Mientras, el 2 de Junio zarpaba de Charleston, (South Carolina), el primero de los corsarios anunciados por Jefferson Davis. Se trataba del minúsculo velero “Savannah”, de 53 Tn, con una tripulación de 20 hombres y sólo armado con un “18 Libras”, algo desproporcionado para el tamaño del buque y que había sido preciso emplazar en su línea anterior y posterior, apuntando hacia proa para disparar sobre el bauprés.

Lo mandaba el ex-Teniente de la U.S. Navy John Newland Maffitt, que había alcanzado cierta fama en 1858 al mando del ahora desaparecido “USS Dolphin”, al capturar en aguas africanas al negrero “Echo”. El día 2, la “Savannah” aprovechó una buena brisa y el que la fragata unionista de hélice “USS Minnesota”, que bloqueaba el puerto, se hubiera alejado tratando de detener a un mercante sospechoso, para dejar la bahía, perdiéndose en alta mar antes de que aquélla pudiera perseguirlo. Y a la mañana siguiente, sintiéndose ya seguro, inició su cacería capturando una goleta unionista que regresaba a puerto deslizándose sobre el Gulf Stream, con un cargamento de azúcar de caña embarcado en Cuba.

Sólo que aquella misma tarde, al emprender la persecución de una segunda vela, Maffitt vio con sobresalto que ésta viraba de bordo y salía a su encuentro, señal segura de que se trataba de un navío militar. En realidad era el “USS Perry”, la embarcación de vela más pequeña que le quedaba a la U.S. Navy tras perder el “Dolphin”. Más aun así, éste bergantín con 280 Tn de desplazamiento, 67 hombres de dotación y 6 piezas de 32 Libras, era un asesino para el pequeño “Savannah”.

Maffitt, hábil navegante, pudo huir ante el unionista hasta la caída de la noche. Pero la dotación del “Perry”, con tenacidad de bull-dogs, logró estimar bastante aproximadamente el rumbo que el confederado mantendría durante las horas de oscuridad y no ser despistada por ésta. A la mañana siguiente, el unionista pudo así volver a avistar rápidamente al corsario y reemprender su persecución, y hacia las 11 de la mañana el “Savannah” fue alcanzado y capturado por su pertinaz adversario.

Para su asombro e indignación, Maffit y sus hombres no fueron tomados como prisioneros de guerra, sino detenidos bajo una acusación de piratería. Y es que la Unión, sabiendo muy bien el daño que podía hacerle el corso, deseaba lograr que la comunidad internacional proscribiera esta práctica, en desuso desde 1815, asimilándola a la piratería. Y Lincoln y su Secretario de Marina, Gideon Welles, conocían muy bien la importancia que, en este tipo de situaciones, tiene el rápido establecimiento de un precedente jurídico.

Pese a tan mal principio, la actividad de corsarios y asimilables en aquel mes de Junio no dejó de causar ciertas molestias a la navegación comercial norteña. No hubo sin embargo corsarios en Virginia, donde las aguas relativamente angostas de la Chesapeake Bay, sellada por la Marina unionista y crecientemente patrullada por sus buques, hacían muy difícil la supervivencia de un buque corsario. (Pese a todo se dio hacia fin de mes un curioso episodio, del que hablaremos).

Los ataques de más éxito del mes fueron sin embargo los del vapor de ruedas denominado “Winslow” o “Warren Winslow”, (antes “Joseph E. Coffee”), capitaneado por el Teniente T. M. Crossen y armado con un “32 libras” y un cañoncito de 6 libras, hizo dos salidas desde su base de New Berne, en los Sounds de North Carolina, capturando tres buques en mar abierta, entre los cabos Henry y Hatteras. Una de sus presas fue el “Itasca”, bajo chart del U.S. Army, que le procuró un rico botín en equipo militar. (El hecho ha causado equívocos, al denominarse a veces al buque “USS Itasca” a  causa de su relación con el Ejército. Y es que la U.S. Navy tuvo un famoso cañonero “USS Itasca”, pero que aún no sería botado hasta el otoño).

Sin embargo el “Winslow” no era un corsario, sino un buque regular de la North Carolina Navy, que un mes más tarde se traspasaría a la Confedérate States Navy. En cambio sí era un corsario y actuó desde el mismo Estado el más pequeño vapor “Mariner”, desplazando 135 Tn y con base en Wilmington, en el Cape Fear River, aunque parece que no logró sino una sola captura.

Más al Sur, otros dos veleros de corso zarparon de Charleston tras el desafortunado “Savannah”. Se trató del “Sallie”, de 170 Tn, que no parece que tuviera demasiada suerte, y el “Dixie”, de 110 Tn, cuya singladura resultó en cambio francamente agitada. Era un bergantín propiedad del capitán mercante virginiano Thomas J. Moore, que zarpó el 20 de Junio y, en un crucero de apenas una semana, obtuvo tres presas. La primera pudo enviarla a puerto sin problema, la segunda le fue arrebatada por la fragata de hélice “USS Wabash”, y la tercera y el propio “Dixie” hubieron de evitar de una forma novelesca los ataques de este mismo buque, metiéndose por pasos de fondos peligrosos, imposibles para el gran calado de la “Wabash”, para regresar a puerto.

Asimismo, parece que aquel mes realizaron singladuras no menos de tres buques con patente de corso más desde New Orleans, en el Golfo de Mexico. Se trató del pequeño velero de 95 Tn “J. O. Nixon”, armado con 3 cañones, y el vapor de hélice de 800 Tn “Isabella”, con 8 cañones, ninguno de los cuales obtuvieron sino éxitos modestos, y el vapor de paletas “Calhoun”, que lograría al menos dos presas. Mandado por el Capitán John Wilson, éste último corsario contaba con una dotación de 85 hombres, cuatro cañones ligeros y un “10 pulgadas” Dahlgren, de 118 libras.

Debe de advertirse que, de los corsarios que llevamos mencionando, ninguno de los “Dixie”, “Isabella”, “J. O. Nixon”, “Mariner” y “Sallie”, volvería a realizar otra salida como corsario. De alguno, como el “Dixie”, sabemos que fue vendido el siguiente Octubre y pasaría a actuar como mercante bajo otros nombres.

Otros buques utilizaban la patente de corso con fines bastante diferentes de los originalmente previstos. Ocurre así que algunos buques de Estados esclavistas, pero que habían quedado del lado de la Unión, y que se encontraban en aguas de la Confederación al iniciarse el conflicto, adquirieron sus patentes de corso principalmente para demostrar su “bonafides” como barcos confederados y evitar su posible secuestro. Tal parece el caso de los bergantines de matrícula del Baltimore, (Maryland), “Lorton” y “Sealine”, cada uno de los cuales fue armado con un cañón y que aún zarparon, pero nada indica que hicieran mucho más que singladuras de cabotaje. Y otro caso es el del gran vapor de 1.644 Tn “Phenix”, de Wilmington (Delaware). Su excesivo tamaño y calado, y su no muy descollante velocidad, lo hacían inadecuado como corsario, pero pese a ello obtuvo una carta de corso y fue equipado con 7 cañones ¡para nunca dejar el puerto en navegación corsaria!

De todas formas, hacia fin de mes las actividades corsarias confederadas se recrudecían, y en aquellos días zarparon dos de los tres corsarios que habían de alcanzar mayor popularidad aquel año. Así, el 28 de Junio se hacía a la mar desde Charleston una vez más el bergantín “Jefferson Davis”, de 187 Tn, con 2 cañones de 32 Libras y 3 de 18 libras, tripulado por 76 hombres. Capitaneado por Louis M. Coxetter, se trataba en realidad, (curiosa coincidencia), de aquel mismo negrero “Echo” que John Maffitt capturara en 1858. Vendido por la Marina a nuevos armadores, había recuperado el nombre de “Putnam” que ostentase antes de emplearse en la trata, y ahora, bajo nuevo nombre, era dedicado al corso. De todas formas, su ajetreada historia se dejaba ver al parecer en su aspecto: un velero negro, que nunca parecía totalmente limpio. Pero era rápido y fiable, y eso le bastaba a Coxetter.

Dos días más tarde, el 30, zarpaba de New Orleans, burlando la vigilancia del crucero unionista “Brooklyn” sobre las bocas del Mississippi, el vapor “Sumter” del Capitán Raphael Semmes, que llegaría a ser el más famoso capitán corsario confederado. El “Sumter” era un vapor de hélice, de 347 Tn y un centenar de hombres de tripulación, que había servido bajo el nombre de “Habana” en la línea regular McConnell entre New Orleans y la ciudad cuyo nombre ostentaba. Armado con un obús de 8 pulgadas y proyectil de 45 Libras, y 4 cañones de 32 libras, rápido y marinero, Semmes había ideado emplearlo no en atacar a lo largo de la costa, como acostumbraban a hacer sus compañeros, sino en ir a buscar la caza a las Indias Occidentales.

Un último y muy curioso episodio de corso que se produjo en aquellos mismos días nos remite a un hecho de guerra naval anterior, que habíamos omitido deliberadamente por estar conectado con éste. Se trata de la pérdida de un buque armado del Ejército Federal Unionista, (y no de su Marina), que se produjo el mes anterior, en la época en que el “Anacostia” se esforzaba en cartografiar la posición de las puntas de tierra y los bancos arenosos de la ribera Sur del firth del Potomac.

Al parecer, el Ejército quiso echar una mano, empleando el vapor “George Page”, de 410 Tn y armado con dos cañones, que pertenecía al Departamento de Intendencia del Alto Mando en Washington, (Quartermaster General Department). Y lo hizo con tan mala fortuna que el buque encalló a las primeras de cambio en los bancos de arena que intentaba localizar. Los confederados lograron salvarlo, y lo convirtieron en un cañonero a su servicio bajo el nombre de “City of Richmond”, pero la fortuna de haber logrado una presa sin emplear barcos puso en marcha la imaginación de los jefes sureños locales, haciéndoles concebir un plan que ejecutarían en los últimos días de Junio.

Fue éste que un grupo de milicianos y marineros virginianos escogidos, bajo el mando del Capitán de Marina George N. Hollins y el Coronel R. Thomas, fueron cruzando el firth en botes y disfrazados, con armas ocultas, y concentrándose en la costa de Maryland en un par de puertos en los que hacía alto el vapor de pasajeros “Saint Nicholas”, de 1.200 Tn, que pese a la guerra seguía manteniendo regularmente un servicio de ferry entre Baltimore y Washington D.C.

En la noche del 28 de Junio, cuando el vapor de paletas se aproximaba a Point Lookout, un grupo de pasajeros extrajo armas escondidas y se hizo con su control; naturalmente, eran Hollins, Thomas y su gente, que habían ido subiendo al buque en grupos separados y en tres puertos distintos, y por supuesto bien disfrazados. (El Coronel Thompson lo había hecho con ropas de mujer, lo que le valdría más tarde numerosas chanzas).

A continuación, Hollins tomó el mando del vapor y, aprovechando que aún no se había dado la alarma, salió a la Bahía de Chesapeake y capturó en ella tres mercantes, yendo a refugiarse la tarde del 29 a la boca del río Rappahannock. Allí, el “Saint Nicholas” sería adquirido por la naciente Marina Confederada como cañonero, bajo el nuevo nombre de “Rappahannock” mientras Thomas y sobre todo Hollins se convertían en héroes. Al siguiente mes, al terminar de organizarse la C.S. Navy, un muy importante mando de zona del Golfo de Mexico recaería sobre Hollins.

También la Marina unionista tenía las manos llenas de trabajo. Ya el 13 de Junio, un convoy de cuatro buques contratados por el Ejército, escoltado por el vapor armado “Mount Vernon”, desembarcaba en Pensacola el tercer refuerzo para Fort Pickens. Se trataba del Regimiento 6º de Voluntarios de New York, “Zuavos de Wilson”, del Coronel William Wilson, que habían sido seleccionados para su desplazamiento allá porque su término de alistamiento era un año, mientras la mayoría de las unidades voluntarias estaban alistadas sólo por los tres meses solicitados por Lincoln en su discurso del 15 de Abril. (Y de nuevo se trataba de zuavos con un ropaje “a la oriental” bastante llamativo).



Harvey Brown, que seguía al frente de las fuerzas de Santa Rosa Island, disponía ya así de unos 1.600 hombres, amén de algunos extras. Entre éstos, un pequeño servicio de Ingenieros dirigido por el Teniente Godfrey Weitzel, (de la escala activa), y una batería móvil, que le sería muy útil si el enemigo pensaba con la cabeza y desembarcaba en botes bien al Este de Fort Pickens, fuera del alcance de sus cañones.


Pero la verdad es que Braxton Bragg, que pese al tiempo transcurrido no había reunido una fuerza demasiado numerosa, (aún quizá menos de 4.000 hombres) tenía historial de artillero y obsesiones de artillero, y se empeñaba en descubrir el modo de neutralizar los cañones de Fort Pickens en vez de discurrir cómo contornearlos.

La principal labor de la Marina unionista seguía siendo sin embargo el bloqueo, en el que sus redes apenas comenzaban a espesarse al añadírseles los primeros vapores armados de origen civil. Así el Escuadrón del Golfo del Flag Officer Mervine, que estaba recibiendo sus efectivos con cuentagotas y sobre las tareas normales, debía proteger su base de Key West y apoyar a las tropas de Santa Rosa Island, se había visto durante Mayo y los primeros días de Junio disponiendo de tan sólo el “Brooklyn” y el “Powhatan” para bloquear la complicada bahía de Mobile y el delta del Mississippi, que tiene numerosas bocas de salida.

Desde luego que ambos estaban mandados por oficiales selectos, que llevaban en el mar desde la infancia: el “Brooklyn” por nuestro ya conocido Capitán David Glasgow Farragut, el “Powhatan” por el Comandante David Dixon Porter. Este último era una oficial de valía, que había hecho un gran papel en la flotilla de bombardas que apoyara el desembarco en Veracruz durante la Guerra de Mexico. Pero desde entonces había quedado estancado en la graduación de Teniente Comandante debido a su agresividad y mal carácter.

Estaba mandando el Abril anterior la vieja “Constitution” en Annapolis, (un destino que le sacaba de quicio), cuando la intromisión de Seward lo había puesto con un despacho provisional al mando del “Powhatan” y rumbo a Pensacola. Y como Lincoln, aunque enfadado con Seward, había apreciado la agresividad de los militares que intervinieron en el asunto, a continuación se encontró ascendido a Comandante y confirmado al mando del “Powhatan”. (Su compañero de fatigas, el Capitán Montgomery Meigs, se vio reclamado de vuelta a Washington, ascendido a Comandante y luego Teniente Coronel al mando de uno de los nuevos regimientos que se estaban formando, y en aquellos días de Junio sería ascendido a Coronel y puesto al frente del Departamento de Intendencia).

Pero obviamente, ni siquiera Farragut y Porter podían hacer milagros, y sus faenas de bloqueo debían dejar forzosamente considerables “ventanas” abiertas al enemigo. Así, en Mayo sólo habían apresado un buque rebelde.

Junio empezó mejor para el Escuadrón de Bloqueo del Golfo, con botes de la fragata de hélice “Niágara” capturando el 5 dentro de la Bahía de Pensacola a la goleta sureña “Aid”, que después Mervine haría hundir en la boca oriental del Sound de Santa Rosa. (Que es la que, pese a sus peligros e incomodidades, toda la navegación enemiga estaba utilizando para entrar y salir de Pensacola, al no poder afrontar el peligro más cierto de los cañones de Fort Pickens).

Y la situación evolucionó aún más favorablemente al recibir los bloqueadores el refuerzo de los vapores armados “Massachusetts” y “South Carolina”. El primero iba a capturar siete mercantes en Junio, y el segundo doce en el mes siguiente. Esto nos da una idea de la creciente eficacia de que estaba dotando a las fuerzas unionistas la adición de aquellos vapores, que seguían comprándose o contratándose en chart en forma muy regular. Así, podemos añadir a los que anotamos en un capítulo anterior los siguientes:

De ruedas laterales: “Bienville”, de 1.558 Tn, “Mount Washington”, de 500 Tn, “Quaker City”, de 1.600 Tn, y “Rhode Island” de 1.517 Tn.

De hélice: “Albatross”, de 378 Tn, “Daylight” de 682 Tn, “Flag” de 938 Tn, “Huntsville” de 860 Tn, “Montgomery” de 787 Tn, “Penguin” de 389 Tn y “R. R. Cuyier”, de 1.200 Tn.

Además, la U.S. Navy estaba procurando reforzarse por medios laterales, como lograr del Coast Survey el traslado de dos pequeños vapores de ruedas de que aquél disponía, “Vixen”, de 300 Tn, y “Hetzel” de 200 Tn, y del Departamento de faros la cesión de su mejor vaporcito, el “Coeur de Lyon”, de 110 Tn y asimismo de ruedas.

El lector, al enterarse de que en 1861 se capturó sólo uno de cada 10 buques que intentaron evadir el bloqueo, y en 1865 uno de cada dos, puede concluir erróneamente que en el segundo de estos dos años se interceptó a muchos más que en el 61. Y esto no fue así en absoluto. Cierto que las redes de bloqueo eran mucho menos espesas en esos días, pero a su vez la “caza”, abundaba y los buques sureños intentaban salir y entrar con excesiva frecuencia, y a menudo no siendo idóneos para tal cometido. Así, los mejor preparados de estos pronto llamados “Blockade Runners” o “rompebloqueos”, iban y venían con total impunidad aprovechando la vigilancia escasa. (Varios llegarían a hacer 10 o 12 viajes a Cuba, las Bahamas o la Bermuda, y algunos que otros muchos más). Pero en cambio, un puro cambio de viento podía hacer que un vapor de vigilancia bien dirigido capturase dos o tres goletas en sólo un día.

Así los bloqueadores unionistas capturarían hasta una veintena de mercantes confederados en el mes de Junio. Uno de ellos, el velerillo “Alena”, sería capturado en la Chesapeake Bay intentando trasladar reclutas secesionistas de Maryland a alistarse en el Ejército Confederado en Virginia. Lo hizo presa el “Mount Vernon”, que ya había realizado otra captura a principio de mes en el Golfo, como “propina” a su misión de escolta con destino en Fort Pickens. Y las capturas no harían sino aumentar desde el Verano, al incrementarse la cifra de bloqueadores.

Una última actividad de la Marina federal en aquél mes fueron los bombardeos contra las baterías del firth del Potomac. La flotilla del Comandante Ward, reforzada por el “Pawnee”, hizo aún un par de intentonas. Y a la vez, mucho más al Sur, los “Monticello” y “Reliance” lanzaban su desafío a las de Malborough Point, en las Hampton Roads, el 20.

Pero era evidente que el sistema no funcionaba y, al recibirse noticia de que los confederados realizaban una nueva obra de fortificación en Matthias Point, (más al Sur en el firth del Potomac que Aquia Creek, pero en un pasaje en que el estuario se estrecha, frente a la localidad de Maryland de Port Tobacco y no lejos de la virginiana de Hampstead), el Comandante James Ward decidió cambiar de sistema. Así, cuando el 26 de Junio se dirigió a Matthias Point con una fuerza integrada por el “Thomas Freeborn” y el “Pawnee”, llevaba preparado un destacamento de desembarco de 50 hombres, integrado por marinería y tropa de Marines, especialmente entrenado en sabotaje.

Y de ésta forma el 27, cuando el fuego de sus buques acabó por hacer huir a los trabajadores, (esclavos de color en su mayoría), y soldados de la nueva fortificación, desembarcó personalmente en ella al frente de su destacamento de sabotaje. Por desgracia no había contado con la presencia de alguna  compañía, de infantería, equipada con armas rayadas, que si no se atrevió a cargar contra ellos bajo la amenaza de los cañones navales, sí les sometió a un nutrido fuego de fusilería.

 En un momento, buena parte del destacamento resultó muerto o herido, y las obras hubieron de abandonarse sin terminar los trabajos de sabotaje. Más grave aún, al regresar los botes, se descubrió que el propio James Harmon Ward era uno de los hombres mortalmente heridos de un tiro en el abdomen. Le sucedería en el mando de la flotilla el Capitán Graven, que hubo de volver a los insatisfactorios bombardeos, rezando a la vez para que la próxima ofensiva de la Unión desalojara a los confederados de aquella costa.

Pasaremos ahora a tratar los sucesos de los frentes, de Oeste a Este, en los siguientes días. En Texas, James Baylor ya había terminado de organizar su 2º de Fusileros Montados de Texas. Solamente que lo había conformado como un simple batallón, con sólo cuatro compañías. Su apoyo de artillería iba sin embargo a ser desacostumbradamente alto para fuerza tan reducida, contando con un destacamento de Artillería Montada adjunto a su unidad, y la ayuda de la Batería B del 1º de Artillería de Texas. Así disponía de 10 bocas de fuego, pero el total de sus hombres, artilleros incluidos, ascendía a 438 hombres. Lo que a él mismo debía parecerle poco al ponerse en marcha a fines de Junio. Y, sin embargo, cabalgaba hacia una fácil serie de victorias.

El interludio impuesto en Missouri por el más bien extraño mandato del Brigadier William Selby Harney no había mantenido a Nathaniel Lyon con los brazos cruzados. Antes bien, se estaba esforzando en preparar tropas para una lucha que consideraba inevitable. Con la ayuda de Francis Preston Blair y Franz Sigel, estaba creando media docena de regimientos de campaña operativos a partir de lo mejor de la Home Guard. A la vez el joven ex-Capitán de Artillería John McAllister Schofield, que había dado clases de Artillería en la Academia de Sigel, aprovechaba la abundancia de piezas de 6 Libras disponibles en el Arsenal de Saint Louis para comenzar a formar las primeras baterías de lo que se llamaría luego “Regimiento de Artillería Ligera de Missouri”.

Estas tareas ni siquiera se detuvieron con la partida de Harney, porque el Gobernador Claiborne Jackson y el General Sterling Price informaron de su deseo de conferenciar con Lyon. Y hasta su llegada final a Saint Louis, el 11 de Junio, se siguió trabajando en forma febril.

Lyon recibió a los notables secesionistas acompañado por Blair. Y resultó que la propuesta de aquéllos era llevar al Estado a una neutralidad en la línea de la de Kentucky. Pero, no sólo esto resultaba en realidad también dudosamente legal, e inaceptable desde el punto de vista de los unionistas, sino que de inmediato éstos sospecharon que el Gobernador ocultaba parte de sus intenciones.

 En efecto, Claiborne Jackson daba por incluida en el trato una supuesta “vuelta a la normalidad”, en que las milicias violentas de nuevo cuño, (Home Guard y State Guard), serían disueltas, quedando como única fuerza armada en el Estado la milicia estatal. Pero, en primer lugar, los mandos y buena parte de los hombres de la milicia estatal eran precisamente  los de la “violenta” State Guard. En segundo, esa milicia estatal seguía estando ligada sólo por un juramento de obediencia a Jackson. Y finalmente, mientras que por supuesto el Gobernador exigía, para mantener la famosa neutralidad, que toda tropa federal saliera del Estado, no decía nada de una división confederada, (creada a medias por el Ejército Provisional y el flamante Ejército de Arkansas), que se estaba formando en dicho Estado con el propósito de intervenir en Missouri, según informes en poder de Lyon y Blair.

Si a eso añadimos que el Gobernador ya había mentido y falseado los hechos en otras ocasiones, en bien de su “causa”, era claro que, aunque Blair y Lyon hubiesen estado dispuestos a aceptar la neutralización del Estado, (lo que no era el caso), no podían aceptarla en los términos de Jackson, que hubieran supuesto dejar a Missouri, atado de pies y manos, a los pies de tan dudoso sujeto. Asombrados por recibir la oferta tan inaceptable después de tantos anuncios de diálogo, los unionistas la rechazaron en términos claros.

Y entonces se vio que el Gobernador no tenía realmente ningún deseo de neutralizar el Estado, y lo que buscaba era precisamente realizar entre grandes gestos una oferta que no pudiese ser aceptada, para hacer ceer a sus partidarios que había intentado negociar. (Por lo visto, parte de ellos no estaban convencidos de la necesidad de la lucha).

En efecto, llegado a Jefferson City el 12, Jackson expuso una versión ridículamente falsa de lo ocurrido, manteniendo que “en su deseo de paz, había llegado a ofrecer términos de paz tan extremados que resultaban humillantes para el Estado, y que sin embargo habían sido rechazados”. ¡Menudo embustero estaba hecho el “honorable” Gobernador! Y acto seguido, y siempre con su peculiar léxico, Jackson pidió 50.000 voluntarios para “repeler a los invasores del Estado”.

Sólo que, guiado por un interés político por negar a los unionistas el uso de los recursos físicos y humanos de la ribera Sur del Missouri, donde tenían muchos seguidores, había concentrado sobre ella el grueso de la fuerza útil de la State Guard, lo que era un error de despliegue muy grave, sobre todo porque al trasladarse habían arrastrado el grueso de su embrionario aparato de encuadramiento. Así el Brigadier de Milicias James S. Rains, que había quedado al frente de la zona sur del estado, donde la base sociológica de los rebeldes era importante, estaba reclutando relativamente poca tropa por carecer del aparato necesario. Y en la orilla del Missouri, donde tal aparato existía, tampoco se podía reclutar demasiado por ser el grueso de la población hostil.

Aún peor, la conciencia de tal hostilidad había llevado a la State Guard a tratar de imponer temor, o al menos “respeto”, para lo que se había ido extendiendo por la zona, y haciendo pequeñas demostraciones de fuerza. Y ahora, llegada la hora de la lucha, estaba dispersa, muy poco entrenada a niveles por encima de compañía, y con sus hombres experimentando esa tonta sensación de autoconfianza que dos meses de hacer bajar la mirada a burgueses de mediana edad pueden despertar en el chico campesino. (Y que una sola descarga de fusilería puede disipar).

 Los State Guards seguían careciendo de un uniforme propiamente dicho, aunque parece que una de sus señales de identidad en aquel Verano fue que la mayoría usaban camisas rojas de “linsey” de fabricación casera. Este paño casero, que en casi todo el Sur era mezcla de lana y algodón, solía ser también el material de sus chaquetas y pantalones, que lucían el marrón deslucido del “linsey” hecho con mucha lana. En la cabeza todo tipo de gorras, y sobre todo sombreros de alas de fieltro, aunque por lo regular muchísimo más viejos, caídos y estropeados que lo que se ha acostumbrado en Hollywood, y en una buena proporción de alas muy estrechas. Algunas unidades lucían al nivel de compañía gorros de lana cónicos, como de marinero. En cuanto a los oficiales, podían vestir ropas civiles de mejor hechura, pero casi todos gastaban uniforme, (del Ejército si eran ex-profesionales, o de la Milicia), y tocaban sus cabezas con sombreros de alas, civiles, o tipo Hardee.
 

Los unionistas de Missouri que se les iban a enfrentar estaban equipados en el Arsenal de Saint Louis y vestían el uniforme de faena del Ejército Federal, que si bien no se había visto mucho aún fuera de los cuarteles, iba a irse generalizando durante la contienda.

Es el que el cine nos ha acostumbrado a ver, con chaqueta azul oscuro sin adornos, de cuello camisero y faldones cortos, cerrada por cuatro botones de latón, y pantalón azul claro. Los galones de los suboficiales, el fondo de los rectángulos de grado de los oficiales y un galón en los costados de los pantalones debían ir en el color del Arma, pero siendo el de la Infantería azul claro, sus pantalones de faena no llevaban galón. (Salvo los hechos a medida  para oficiales y suboficiales).

 

La artillería ligera y montada, y la caballería, solían preferir una chaquetilla de montar sin faldones, con profusión de botones y cuello alto con galones “litzen”, y vivos colores del Arma. (Amarillo para Caballería y Rojo para Artillería, bien que ésta a menudo suprimía los litzen en campaña). Uniformes de faena y chaquetillas de montar se usaban con quepis, bajo tipo chasseur para Caballería y Artillería y alto y deforme para la Infantería. (En éste último la insignia del Arma y letra de Compañía, que debían ir en el quepis, habían de colocarse en la copa caída hacia adelante para ser visibles. Por más que a menudo se prescindía de la letra de Compañía, e incluso del cuerno inglés que simbolizaba el Arma de Infantería).


Al principio de la guerra, casi todos los oficiales no montados preferían usar la levita de faldones largos, con una fila de botones para los oficiales de Compañía y dos a partir del grado de Mayor, aunque usando rectángulos de mando y no las engorrosas hombreras de latón. Los profesionales se cubrían con sus Hardee, los de Voluntarios, a menudo, con el quepis. En cuanto a sus tropas, en Missouri los voluntarios alemanes demostraron preferencia por el quepis, y los anglosajones por los sombreros de fieltro, de alas, tipo “slouch”.


(1) Coronel (2) Sargento Mayor (3) 1er Teniente

Este era el aspecto de los hombres que iban a enfrentarse en Missouri. Y tal cosa sucedería bien pronto porque Lyon, seguro de que el Gobernador hacía trampas, se puso en marcha ya el mismo día 12 en que aquél hizo su petición de 50.000 voluntarios. Ese día salía de Saint Louis para el Sudoeste del Estado una brigadilla alemana bajo el mando de Franz Sigel, nombrado Coronel de Voluntarios. Contaba con apenas 1.200 hombres, sumando los regimientos 3º y 5º  de Missouri, con efectivos reducidos y bajo los Tenientes Coroneles Anselm Albert y Carl Eberhardt Von Salomon, y la primera batería operativa de la “Missouri Light Artillery”, mandada por un Capitán Backof. Su entrenamiento, ya muy avanzado, sería completado durante el largo viaje al Sur. Su misión era molestar e impedir el reclutamiento a James Rains, y vigilar la posible llegada de la división confederada de Arkansas.

Al día siguiente, 13 de Junio, el propio Nathaniel Lyon zarpaba en una flotilla de vapor Missouri arriba de Saint Louis con el resto de la fuerza: otros cuatro regimientos missourianos, su propia compañía del 2º de Infantería federal y la Batería F del 2º de Artillería, llegada en su apoyo. Sumarían 3.000 hombres.

Al Gobernador Jackson siempre le traicionaba su arraigado prejuicio de que aquellos unionistas de clase media no podían tener agallas, y el movimiento de Lyon hacia Jefferson City le tomó totalmente desprevenido. Sin fuerzas para defenderla, hubo de dejar la capital estatal el 14, y se replegó sobre Booneville, al Oeste, tratando de concentrar las unidades de la State Guard dispersos hasta la frontera de Kansas. A la vez envió a Sterling Price al Sudoeste a uña de caballo, para que ayudara a Rains a reclutar y enviase refuerzos cuanto antes.

Pero Lyon no iba a darles tiempo. Entró en Jefferson City la noche del 14 y tras una jornada para tomar algunas disposiciones políticas y abrir los banderines de enganche de la Home Guard, se puso en marcha la mañana del 16, hacia Booneville dispuesto a no dar tregua, le seguían 1.700 hombres de los 1º y 2º de Missouri mandados por los Coroneles George Andrews y Peter Osterhaus, la Infantería de línea y la Batería F, mandada por el Capitán James Totten.

Claiborne Jackson se había alarmado ante las muestras de impreparación e indisciplina, incluyendo deserciones, que había visto entre sus State Guards en los últimos días. Y, observando el excelente orden de un batallón, mandado por el Teniente Coronel John Sappington Marmaduke, ascendió a éste a Coronel y lo puso al mando de la fuerza.

El siguiente día 17 de Junio de 1861, los vapores de Lyon se aproximaron a Boonville, encontrando la corriente dominada por la única batería de que disponían el Gobernador y Marmaduke, hábilmente emplazada por éste. Pero el unionista sorprendió de nuevo a sus enemigos, desembarcando y emprendiendo la marcha por la orilla con tal premura, que para cuando los secesionistas le salieron al encuentro, la batería fue desbordada, y no se la podría emplear. Marmaduke, enfrentado a la superior y mejor armada fuerza de Lyon con 1.500 hombres equipados con mosquetes, rifles de Kentucky y escopetas, escogió con cuidado una posición defensiva que dominaba el camino desde la linde de un bosque.

Sólo que el Gobernador, que seguía pensando que los norteños “no tenían redaños”, ya se estaba quejando de sus “excesivas precauciones”. Y esto resultó fatal cuando Lyon, prácticamente sin detenerse a desplegar, hizo que parte de su fuerza, en un movimiento obviamente ensayado, avanzara, intercambiase una descarga con el enemigo y retrocediera en aparente desorden. Marmaduke, que veía con claridad la trampa, se desgañitó en vano ordenando a los suyos permanecer en su puesto. Sólo su propio batallón le obedeció mientras el resto, haciendo oídos sordos a un jefe tan reciente, y semidesautorizado por las protestas del Gobernador, se lanzaron en persecución de los “cobardes” unionistas en aparente fuga.

Naturalmente, en cuanto se hubieron separado lo suficiente de la linde del bosque, fueron acogidos con una brutal descarga por los cañones de Totten y la fusilería. Y aquí acabó la batalla, de poco más de quince minutos, pues el grueso huyó, dispersándose al clásico grito de “¡Nos rodean!”. Mientras Marmaduke se replegaba con su batallón, y cuantos fugitivos pudo incorporarse, protegiendo al Gobernador Jackson.

La estadística da para esta “Batalla de Boonville”, 2 muertos y 19 heridos unionistas, por 14 muertos y 20 heridos de la State Guard, aparte un pequeño número de prisioneros, liberados enseguida bajo palabra. Pero serían casi un millar, los que se dispersaron, y en los siguientes días según las otras fuerzas de Lyon avanzaban hacia la frontera de Kansas por la orilla Sur del Missouri, el resto de las fuerzas de State Guard en la zona, no menos de 1.500 hombres más, se dispersaron sin ofrecer asomo de resistencia, igualmente.

 En esta batalla las principales pérdidas confederadas fueron unos mosquetes anticuados, 2 cañones de 6 libras sin munición y unos 1.200 pares de zapatos, que estaban destinados para el equipamiento de los futuros reclutas. Como detalle más adelante veremos como unos pares de zapatos que los confederados buscaban serían determinantes en esta guerra.

Nathaniel Lyon regresó de inmediato a Jefferson City en los vapores, escoltado por la infantería de línea, para preparar esas operaciones de limpieza en dirección a Kansas, donde pensaba reforzarse con tropas locales y los regulares recientemente llegados a Leavenworth desde las Cinco Naciones. Y para perseguir a los casi de 500 hombres que aún seguían al Gobernador y a Marmaduke, dejó al resto de la expedición, bajo el mando del Capitán Totten. Este fue seguramente su gran error, pues dos días después el, 19 de Junio, las fuerzas de Marmaduke lograron emboscar y contraatacar a la confiada vanguardia unionista dirigida por el Capitán Abel H.W. Cook en el pasaje llamado Camp Cole.

 En esta “Batalla de Camp Cole” los rebeldes dirigidas por el Tte. Coronel Walter S. O’Kane causaron una fuerte derrota a la Unión, con 35 muertos, 60 heridos y 25 prisioneros, por sólo 7 muertos y 25 heridos secesionistas. Y así la persecución quedó frenada.

A poco, llegaría para tomar el mando y reanudarla con nuevos ímpetus el ahora Mayor Samuel Davis Sturgis. Pero entre tanto Marmaduke y Jackson habían llegado a las proximidades del río Osage donde, tras verse reforzados por una brigada mandada por James Rains, la burlarían definitivamente el 21 de Junio, cruzándolo y quemando todos los puentes sobre el río en una amplia zona.

Por su parte, Franz Sigel alcanzaría Springfield el 23 de Junio y enterado de que Rains ya no estaba en la región, y Sterling Price tenía su centro de recluta y el grueso de sus fuerzas en torno a Neosho, partió enseguida para allá. No podía sin embargo sorprender al confederado, al poseer Price unidades de caballería, mientras que él no contaba con tropa montada, y los rebeldes pudieron rehuir el enfrentamiento con una rápida evacuación de Neosho, donde Sigel entró el 1 de Julio. (Aunque la retirada supuso descrédito y deserciones en la State Guard).

Aquí, mientras el centro de gravedad de la lucha se desplaza de la ribera del Missouri al Sudoeste del Estado y los Montes Ozarks, dejamos las acciones en Missouri a comienzos del mes de Julio.
 
Más al Este, en Virginia Occidental, la Convención de Wheeling se había cerrado con el nombramiento de un notable local, Francis H. Pierpont, como “Gobernador unionista” de Virginia. (Sus enemigos, para subrayar como una lacra un posible origen francés del nuevo Gobernador, acostumbraban llamarlo “Pierrepont”).

Había en tanto cierta calma en los combates, pero el 21 de Junio pasaron al fin personalmente el rio Ohio, el General George Brinton McClelland y el Coronel William Starke Rosencrans, junto con una formidable fuerza: los regimientos 8º, 10º, 12º, 13º, 14º, 15º y 17º de Indiana y 3º, 4º, 6º, 10º, 13º, 19º, 23º, 24º, 25º, 27º y 32º de Ohio. Junto con los siete regimientos que habían pasado bajo Thomas Morris y los dos virginianos ya creados, hacían un conjunto bien superior a 20.000 hombres, que indicaba, el deseo de McClelland de aplastar la base rebelde de Beverly.

Mientras, Jacob Dolson Cox, nacido canadiense y miembro y motor de un despacho de  abogados de Ohio muy notado por su aportación a las causas abolicionistas, había estado aplicando su gran capacidad organizativa y de trabajo a pergueñar, por encargo de McClelland y Rosencrans, un plan y una composición mínima de fuerzas para la invasión del Valle del Kanawha. Y como ambos militares encontraran satisfactorio el resultado de su trabajo, se encontró nombrado Brigadier de Voluntarios al mando de la Brigada Kanawha y con orden de llevar personalmente a la realización sus propios planes.

Cox, que creía estar haciendo planes para otro, se sobresaltó y trató de rechazar el nombramiento, alegando total ignorancia de los aspectos prácticos del mando operativo. Pero sus protestas serían desoídas y se convirtió en un curiosamente reluctante Brigadier, siempre preocupado por sus responsabilidades, que consultaba frecuentemente con sus subordinados de mayor experiencia y arrastraba consigo, como si se tratara de defender un caso en los tribunales, un baúl de bibliografía militar de consulta. Y pese a lo que muchos esperaban, cuajó en un buen militar.

Más al Este, los zuavos del 11º de Indiana seguían en Romney, donde se libraría una dura escaramuza en un lugar llamado “Patterson’s Creek” o “Kelley’s Island”. Ocurrió que el regimiento disponía de un pelotón montado de reconocimiento, y el 26 de Junio éste topó con fuerzas superiores de caballería enemiga. Una patrulla de 13 jinetes zuavos mandados por un cabo se encontró de frente y de cerca, con unos 40 jinetes. El cabo tuvo el reflejo de tirar de revólver y abrirse paso por el centro del enemigo, lo que la patrulla lograría con sorprendente facilidad. (Aunque no hay que olvidar que, por entonces, los jinetes confederados de Virginia rara vez disponían de revólveres o sables).

Al anochecer, el resto del pelotón se encontró acechado por una sesentena de jinetes enemigos, que casi lo triplicaban en número. Pero el oficial al mando tuvo la buena idea de hacerse fuerte con sus hombres en la Kelley’s Island, una islilla en el arroyo Patterson. Como era de esperar, el enemigo atacó en la oscuridad, confiando en que las sombras impidiesen a los zuavos aprovechar su superior armamento. Más como el hábil oficial había anticipado, las salpicaduras los delataban, y el brillo de las estrellas, duplicado en el agua, daba una oportunidad a sus hombres para disparar a placer mientras el enemigo cruzaba la corriente.

Tras duro forcejeo, a veces al cuerpo a cuerpo, también allí los secesionistas fueron rechazados. Y si los zuavos tuvieron un muerto en la defensa de la isla y bastantes heridos, (el cabo de la patrulla recibió tres balazos sin caer de la silla), al día siguiente se encontrarían 20 rebeldes muertos en Kelley’s Island y el arroyo, y 8 más en el escenario del combate de la patrulla.

Aún más al este, el 1º de Pennsylvania del mando de Robert Patterson salió también triunfante de un choque con la caballería rebelde, en el paraje llamado Edward’s Ferry, el 17 de Junio, contándose 7 confederados muertos por sólo 1 unionista, y un herido. Pero esto ocurría cuando los jinetes confederados no lograban la sorpresa, lo que no era corriente.

En muchas más ocasiones lograron aproximarse sin ser percibidos y capturar un piquete, o tirotear una patrulla, para desaparecer después como fantasmas. El 21 de Junio y tras capturar por sorpresa al piquete que lo protegía, quemaron hasta reducir a cenizas la parte de madera del llamado “Puente de Berlín”, desde el que, a cuatro millas del Harper’s Ferry, una carretera se adentraba desde Virginia a aquélla próxima localidad pennsylvana. Sólo quedaron los pilares de piedra, como monumentos megalíticos del Siglo XIX.

En tanto, Thomas Jackson había evacuado el propio Harper’s Ferry el 14 de Junio, gracias al permiso que Joseph Johnston había arrancado a Richmond, pero Patterson no procedió a guarnecerlo hasta el 23. Y esta curiosa “timidez” a pesar de su superioridad numérica intrigó a Johnston. La fuerza de éste jefe confederado en Winchester se denominaba ya 2º Cuerpo de Ejército o “Ejército del Shenandoah”, mientras que la de Beauregard, río Potomac abajo era conocida como 1er Cuerpo de Ejército o “Ejército del Potomac”. Pero como superior en mando por su grado de Mayor General, (aunque su Cuerpo fuese el más pequeño), Johnston no desdeñaba pergueñar planes para el conjunto de ambos frentes, y creía estar descubriendo algo significativo.

A su derecha, Beauregard había creado una base de operaciones para su tropa en un campo fortificado llamado “Camp Pickens” en honor al Gobernador de South Carolina, y situado junto al apeadero de tren de Manassas Juntion, que le facilitaba el traslado de equipo pesado, munición y suministros. Frente a él los unionistas también habían sembrado de fortificaciones la orilla Sur del Potomac, ante Washington. Tenían así una batería protegiendo el Chain Bridge frente a Georgetown, Fort Runyon junto a la boca Sur del Long Bridge, Fort Corcoran en las Arlington Heights, y cubriendo con sus cañones las carreteras llamadas de Columbia, de Alexandría y del Acueducto, Fort Albany.


Pero pese a estos trabajos de fortificación, la acumulación de tropas al Sur del Potomac, la formación de un nuevo mando para ellas bajo McDowell, y otros indicios, señalaban a Johnston que la Unión acabaría lanzando un gran empujón en aquel sector, hacia Camp Pickens, más bien pronto. En cambio la timidez de Patterson, su total falta de caballería y otros signos, le hacían sospechar que éste no sólo no tenía más función que la de cobertura de flanco, sino que sus instrucciones eran probablemente muy restrictivas, y su único objetivo el retener a su 2º Cuerpo.

De ahí Johnston, recordando que por “su” territorio pasaba una línea de tren por la que se podía alcanzar Manassas, empezó a preguntarse si las instrucciones restrictivas de Patterson no permitirían retenerle con una fuerza nominal y fintas durante tres o cuatro días, y mientras trasladar lo más operativo de su Cuerpo a Manassas para, agregándolo al de Beauregard, adquirir suficiente “punch” para derrotar al ejército que atacase Camp Pickens. Se debe dar al confederado por ello el crédito de ser el primer general del mundo en incluir el transporte por ferrocarril en su esquema de operaciones, (lo que tomaría totalmente por sorpresa a sus oponentes en la próxima campaña).

Lo cierto es que había acertado con lo  que iban a ser los planes unionistas, aun antes que los mandos de la Unión les diesen forma. El mes había pasado en Washington sin demasiados acontecimientos, con los militares aún reluctantes a adoptar un plan tan obvio como el que Johnston pudo adivinar, pero abocados paulatinamente hacia él por la lógica de la acumulación de fuerzas y la falta de planes alternativos.

La sociedad civil de la capital unionista había comentado la intervención por comisarios federales, el 5 de Junio, de varios cargamentos de armas destinados al Sur, en talleres del entorno de Baltimore y en las industrias Dupont de Delaware. Después su atención fue captada por el ingeniero centroeuropeo Thaddeus Sobiewski Lowe, que había logrado avances en materia de globos aerostáticos de aire caliente, y estaba en Washington, intentando “vender” su producto al Gobierno, con fines militares de observación y vigilancia. Una demostración de uno de sus globos ante las autoridades civiles y militares, el 17 de Junio, acabó por decidir a Lincoln a impulsar el empleo de aquellos artilugios.

Mientras, el frente de la zona se encontraba bastante calmado. Había algún mínimo  incidente, pero la naturaleza del paisaje, mucho más abierto que el del Shenandoah, no animaba a las continuas incursiones típicas de aquél. Sólo que, precisamente el 17 de Junio en que Lowe estaba exhibiendo su globo, un Coronel político surcarolino llamado Maxcy Gregg realizó una incursión profunda y audaz con unos cientos de hombres y dos cañones de 6 libras. Llegó a desfilar desafiantemente a la vista de la capital, para desvanecerse en el aire cuando salieron tropas en su busca. Al cual consideraremos el primer raider de la contienda.

Pero por desgracia reapareció, cañoneando y atacando cerca de la localidad de Vienna un tren que llegaba al frente con tropas del 1º de Ohio. El convoy descarriló, y los hombres de Gregg tuvieron una momentánea ventaja, que utilizaron unos minutos para luego desaparecer de nuevo, ya de vuelta a sus líneas. Parece que dejaron en el campo seis cadáveres de los suyos, pero la versión oficial de las bajas unionistas es inaceptable por lo baja, (5 muertos y 6 heridos), y hemos de suponer que las bajas de los de Ohio fueron de 50 ó más hombres.

El 1º de Ohio estaba por cierto mandado por Alexander McDowell McCook, bajo las órdenes de Robert C. Schenck. Alexander era un miembro del extraño clan de los McCook de Ohio, cuyo hermano Robert Latimer McCook mandaba el 9º de Ohio del mando de Thomas Morris en la Virginia Occidental.
 

El 26 de Junio, un poderoso factor político se añadió al escenario cuando el afamado diario “New York Tribune”, propiedad del conocido editor director abolicionista Horace Greely, salió a la calle llevando en portada unos enormes titulares que eran un grito de guerra: “¡Forward to Richmond! ¡Forward to Richmond!”, (¡Adelante hacia Richmond! ¡Adelante hacia Richmond!). En la misma portada, les acompañaba un editorial que, también en tono de canción de batalla, exigía que el “Ejército Nacional” avanzara hacia Richmond para impedir que el Congreso rebelde se reuniese para iniciar sus nuevas sesiones en tal ciudad el 20 de Julio, como se había anunciado. La portada iba a repetirse, idéntica, día tras día durante semanas, y su tono visionario y su feroz “Delenda est Cartago” acabaron enloqueciendo al público, que exigía con furia una ofensiva contra la capital confederada ¡ya!

El Ejército hubiese preferido realmente pensárselo mejor, y así celebró el 27 de Junio una primera sesión de una comisión técnica de civiles y militares, creada para estudiar los problemas de la guerra anfibia y presidida por el Capitán de la Marina Samuel Francis Dupont, que planteaba las posibilidades de realizar desembarcos en la costa enemiga. Claramente, tras ella estaba Winfield Scott, presionando para lograr los primeros pasos de su plan de guerra. Pero la presión política creada por Greely impedía limitarse a estos planes a largo plazo.

Reconociéndolo, Lincoln celebró el siguiente día 28 una reunión con asistencia de los Secretarios Simon Cameron y Gideon Welles y los Generales Winfield Scott e Irvin McDowell, obligándoles a encarar sin tapujos el estado de la situación. Los planes de Winfield Scott eran excelentes, pero necesitaban aún para ser iniciados de unas disponibilidades de hombres y medios que no podían lograrse hasta después de la convocatoria extraordinaria de las Cámaras, (que se iniciaba el siguiente 4 de Julio), y requeriría mucho trabajo de organización posterior, por lo que no podrían dar frutos hasta 1862. Y francamente, el ambiente político de la nación, más aún tras la campaña de Greely, no iba a permitir tantos meses de inactividad sin producir una quiebra peligrosa. Incluso la derrota podía ser más fácil de aceptar que la inacción.

Y puesto que había quedado establecida la necesidad de llevar a cabo alguna acción espectacular en 1861, ninguna mejor que la que pedía Greely. A avanzar hacia Richmond aquel mes de Julio. Por supuesto, el objetivo no sería Richmond, sino derrotar a los confederados de Camp Pickens. (Aunque si su derrota era muy sonada ¿quién sabe?). Y para derrotar a Beauregard no habría en todo el año mejor oportunidad de la que se ofrecía aquel mes de Julio.

En efecto, como a los rebeldes les entorpecía el carácter estatalista de su rebelión, y su red de comunicaciones no era tan confluyente, se sabía que las fuerzas unionistas en Washington superaban en mucho a las de Pickens, (en realidad, les superaban en más del doble), cosa que el enemigo iría subsanando. Además, si bien era cierto que los soldados estaban mal instruidos y las unidades mal encuadradas, como se quejaban los militares, ahora a los confederados les pasaba lo mismo, y lo mismo ocurriría a los unionistas en Septiembre, pero no al enemigo, (al haber movilizado los primeros por tres meses y el bando rebelde por un año).

Ante estos razonamientos, el 28 de Julio fue adoptado definitivamente, el plan que Joseph Johnston había adivinado días antes. Johnston había consultado sus esquemas con Richmond, y obtenido un principio de aprobación. Pero, insatisfecho, hubiese deseado tener una oportunidad de probar sus “técnicas de retardamiento” con Patterson.

Y el 2 de Julio, al iniciar Patterson su primer avance por suelo virginiano, tuvo la oportunidad de hacerlo. Con ésa acción se inició el periodo, de principios de Julio hasta mediados de Agosto de 1861, de las acciones militares más violentas del año, y que nos llevará varios capítulos relatar.

 

 Capítulo X: De Falling Waters A Carrick’s Ford

Robert Patterson disponía de algo más de 18.000 hombres, casi 20.000, frente a poco más de 15.000 hombres de Joseph Eggleston Johnston. Pero la intensa actividad del enemigo, unida a su falta de caballería que le sirviera de “ojos” a su Ejército, le habían engañado, haciéndole pensar que el confederado al menos le igualaba en fuerzas. De todas formas y a la vista de la retirada de los confederados de Harpe’s Ferry, había acabado por ocupar aquélla posición. Y después, al constatar como ya había hecho Johnston que por sí sola era escasamente defendible, decidió hacer cruzar al Sur del Potomac el grueso de su fuerza.

La caballería de J.E.B. Stuart, que vigilaba minuciosamente al enemigo, observó como éste se ponía en marcha, y tomaba la dirección del vado llamado Falling Waters, enviando de inmediato aviso al puesto avanzado del Coronel Thomas Jackson. Este y Johnston ya habían acordado que debía investigarse la posibilidad de contener a Patterson con fuerzas ligeras, adoptando la decisión de que el Coronel se encargara de ello a la menor oportunidad, reforzado con la caballería de Stuart, que había de agregársele. Y en cuanto tuvo noticia de la marcha de Patterson procedió a dar aviso a Stuart para que concentrase su fuerza junto a sus infantes y para no perder un minuto, se puso en marcha con la tropa que teñía a mano: 380 hombres y un cañón de 6 libras.

El resultado fue que para cuando, horas después, la brigada de cabeza de Patterson, mandada por el veterano Coronel de activo John Joseph Abercrombie, de 63 años y ex comandante del 7º de Infantería, enfiló el vado, la tropa de Jackson la estaba esperando al otro lado, bien protegida en la linde de un bosque y en una posición que dominaba totalmente la salida del vado de Falling Waters. El primer regimiento que intentó cruzar, entorpecido por el agua fría y rápida y la cuesta embarrada por la que había de trepar al otro lado, se vio rechazado por el cañón y las descargas de mosquetería. Y pronto se vio que ésta iba a ser la tónica de la acción, pues todos los intentos de Abercrombie de desalojar al enemigo, (entorpecidos por el hecho de que el vado sólo dejaba pasar un regimiento a la vez), acabaron de la misma forma. Hasta el fuego de la artillería resultaba casi inútil, pues la espesura del bosque absorbía casi todos los impactos, con escaso daño para los rebeldes.

Al tiempo, la caballería de Stuart fue uniéndose a la fiesta, y Jackson adoptó las últimas medidas. Las unidades montadas más bisoñas quedarían en reserva para cargar sobre una posible penetración, el grueso de los escasos jinetes equipados con mosquetes se agregarían a su infantería, para dar más consistencia al fuego hasta que llegara el resto de sus compañías, y el resto, casi todos “raiders” experimentados en las continuas escaramuzas típicas de aquel frente, se dedicarían a vigilar toda actividad unionista, a hacer fintas en los flancos de sus columnas y, en general, a cegar y desconcertar al enemigo.

Stuart disponía aún de sólo unos 300 hombres pues, si bien estaba continuamente agregando reclutas a su fuerza y creando nuevas compañías, su tropa llevaba el peso de las escaramuzas en el Shenandoah, el Potomac y South Branch, y había sufrido su cuota de bajas. De manera que Jackson no iba a disponer en ningún momento de ni siquiera 1.000 hombres. Pero estaba manteniendo embotellada a la brigada de Abercrombie, (de más de 4.000), y tras ella a toda la fuerza enemiga, con sorprendente facilidad, hora tras hora.

 La situación la solucionó al fin la brigada que seguía a la de Abercrombie mandada por el Coronel de activo George Henry Thomas, de 45 años, que había sido antes de la guerra Teniente Coronel del 2º de Caballería y luego su Coronel por unas semanas, en Mayo-Junio. Este hombre, (un gigante alto y corpulento, con una pequeña barba rubia muy recortada), procedió por su cuenta a buscar un nuevo punto de paso e iniciar el cruce con la clara intención de cortar la retirada a Jackson. Pero el confederado, advertido por su caballería, evitó su acción replegándose con rapidez y sigilo, justo cuando iba a caer la noche.

El mando de Patterson, temiendo que sus bisoños soldados se dispersasen en las sombras, aguardó al amanecer del 3 de Julio para reanudar la marcha, de nuevo con la brigada de Abercrombie en cabeza. Y casi de inmediato se encontraría con otro bloqueo, organizado por Jackson en un cuello de botella natural del terreno, donde la unidad del viejo Coronel iba a quedar tan brutalmente contenida como la víspera en el vado. Y de nuevo tuvo que ser el Coronel Thomas quien acudiera al rescate, tratando de flanquear a los confederados entre grandes dificultades, creadas tanto por el terreno, (difícil de por sí, muy cerrado de bosques y altísimas vallas, típicas de la región, y desconocido), como por la creciente actividad de la caballería enemiga, cada vez más osada.

Sucedió así que en una ocasión, unos cuarenta soldados pennsylvanos que descansaban junto a una valla, vieron aparecer ante ellos un Coronel desconocido que, muy apresurado, les ordenó derribar al momento la valla. Dejando sus fusiles, lo hicieron, y al caer, la valla rebeló tras de sí toda una compañía de jinetes confederados que les apuntaban, haciéndoles prisioneros sin resistencia. (El Coronel no era otro que el propio Stuart que, como muchos oficiales rebeldes de aquellos días, seguía llevando su viejo uniforme, e insignias unionistas).

A Thomas le costó todo el día ir tomando una posición adecuada, y a la noche Jackson desapareció de nuevo. Pero esta vez se retiraba de verdad y aunque al amanecer algunos disparos hicieron creer a los unionistas que el enemigo estaba aún en la zona, retrasando su “puesta en marcha”, sólo se trataba de los últimos piquetes montados dejados atrás por Stuart, que pronto se alejaron a su vez hacia el Sur.

Johnston se quedó satisfecho con el resultado de ésta prueba, que sería conocida como “Batalla de Falling Waters”, “de Hoke’s Run” “de Martinsburg” o “de Haynes Ville”, (lugarejos próximos). Y el confederado decidió que su plan de contener a Patterson con fuerzas ligeras, y concentrar lo mejor de su Cuerpo con el de Beauregard en Manassas cuando fuese preciso, era totalmente factible. Se realizaron consultas con Richmond y el mando de Beauregard, y finalmente se instruyó a éste para que en ningún caso tratara de presentar batalla al unionista Irvin McDowell lejos de Manassas. Beauregard por su parte se mostró conforme, indicando que sus planes previos ya incluían el usar como primera línea de defensa el cauce del pequeño río Bull Run, en la zona del apeadero.

No se sabe demasiado sobre las bajas de la Batalla de Falling Waters, que transcurrió como hemos visto en los días 2 y 3 de Julio de 1861. Parece que las de los confederados ascendieron a 31 muertos y 50 heridos, según una estadística de la Unión. Pero es inadmisible la cifra de 8 muertos y 15 heridos que la misma estadística da para las bajas de la Unión que, según todos los relatos del combate, hubieron de ser bastante superiores a las confederadas. (Además, todos los relatos de la época coinciden en mostrar que Falling Waters fue considerado un asunto poco brillante por los unionistas, y una clara victoria defensiva por los confederados; y eso sin olvidar que no hace ninguna referencia a los prisioneros unionistas, que sabemos que se dieron).

 La infantería de Thomas Jonathan Jackson, bisoña pero férreamente entrenada por su Coronel, se había portado admirablemente tanto en el combate como en las marchas, y Jackson fue ascendido a Brigadier y nombrado para organizar una brigada virginiana en el mando de Johnston. La Caballería de James Ewell Brown Stuart, (pronto llamado familiarmente “JEB” Stuart), también había actuado en forma excelente, aunque con episodios locales de bisoñez en sus compañías más recientes. (Así, una de las reservadas para el contraataque, formada en la costa con jóvenes de buena familia y que habían tenido la ocurrencia de llevarse al frente sus “pura sangres” fue traicionada por el carácter nervioso de éstos y, aunque no llegara a entrar en combate, tuvo varias bajas porque los caballos, enloquecidos por el estruendo del cañón, se pasaron los dos días mordiendo y coceando, encabritándose y hasta desbocándose y organizando repentinas estampidas. Conclusión: nunca lleves un “pura sangre” a la guerra).

Así y todo, Stuart recibió el despacho de Coronel, y su tropa pasó a ser el 1º de Caballería de Virginia. Se le motejaría popularmente “Black Horse” (Caballería Negra), porque, con tanto raid nocturno, Stuart había estado esforzándose en que sus jinetes montaran caballos que se confundiesen fácilmente con las sombras, negros y castaños y alazanes muy oscuros. Más tarde, la magia del nombre prevalecería y, en sus épocas de mayor gloria, (de fines de año a bien entrado 1863), el regimiento montaría a menudo casi exclusivamente caballos negros o castaños seminegros. Pues tal es el poder de la palabra.

Poca acción más se produciría ya en el frente principal de Virginia hasta la gran ofensiva de Irvin McDowell. Tan sólo una escaramuza en Great Falls, en la que el 8º de New York logró cierta ventaja sobre los confederados, dando muerte a más de diez por dos muertos propios, el 7 de Julio. Y en las Hampton Roads, el 5, fue en cambio el 9º  de New York el que salió peor parado de un breve choque con las patrullas de Magruder, cerca de Newport News, sufriendo 6 bajas por 3 enemigas.

Pero, como si la acción de Falling Waters hubiese sido una señal, frente tras frente iban entrando en actividad aquel mes de Julio. En el Suroeste de Missouri, Franz Sigel tuvo noticia en Neosho, donde había dado a sus hombres un par de días de descanso, de que la agrupación del enemigo se estaba reorganizando en la no tan lejana Carthage. De inmediato salió para allá, deteniéndose en la tarde del 4 y realizando una marcha nocturna durante la segunda parte de la noche siguiente. Pretendía alcanzar Carthage pronto por la mañana del 5 de Julio, con la esperanza de llegar demasiado temprano para que los jinetes enemigos dieran aviso.

Y al aproximarse al puente por el que la carretera de Neosho alcanzaba Carthage, lo encontró defendido por unos 1.600 enemigos. Comenzaba así la “Batalla de Carthage” Infantería y caballería apoyadas por una batería de 4 piezas de 6 libras, idéntica a la del Capitán Backof que le acompañaba. Su fuerza estaba entretanto ya reducida a 1.100 hombres, por las enfermedades y las penalidades de las grandes marchas, (agotamiento, pies llagados, etc.). Sin embargo no dudó en aceptar el combate aunque, tratando de hacerlo más económico, alineó a sus hombres a casi 300 pasos del enemigo, justo al límite de alcance de sus fusiles y fuera del de las armas rebeldes, mientras sus cañones emprendían un duelo con la artillería enemiga.

Trataba así de provocar a los State Guards para que le atacasen, seguro de poderlos rechazar. Pero aquéllos no aceptaron el reto y prefirieron adelantar grupos de tiradores equipados con rifles de Kentucky, pese a que, poco numerosos y con un armamento más impreciso y de ritmo de tiro mucho más lento que el de los hombres de Sigel, sufrían pérdidas desproporcionadamente altas.

El combate se prolongó hora tras hora en la misma tónica, con los hombres de Sigel no haciendo más bajas por ahorrar munición, hasta que, hacia las dos de la tarde los cañones del Capitán Backof, que, mucho mejor manejados, habían estado desmontando una por una las piezas enemigas, pusieron fuera de combate la última. Entonces Sigel decidió llegado el momento de emplearse más a fondo y formando a su gente en columnas de ataque, se dispuso a cargar contra el puente.

La infantería secesionista había quedado claramente desalentada por el resultado del largo paqueo, y tendía a fluir, apartándose del puente en disputa. Pero la caballería, hasta entonces en reserva y al parecer más motivada, ensilló y dando un largo rodeo para mantenerse lejos de las bocas de los peligrosos  rifles-mosquete de Sigel, intentó atacar la veintena de carros de su tren de equipaje, sin duda para obligarle a hacer un complicado cambio de posiciones, y demorar largo tiempo el ataque al puente.

Sigel se limitó sin embargo a hacer frente hacia atrás con sus unidades más retrasadas y 2 de sus 4 cañones, que giraron 180 grados. Y, protegidos por el fuego de unos y otros los carros, casi sin pérdidas, avanzaron hasta integrarse en las columnas de ataque, que a continuación reiniciaron el asalto. La infantería retrocedió a ambos lados, pero la caballería regresó al galope, tratando de oponer una muralla de carne en el mismo puente. Lo que no fue una buena idea pues, siendo la carne perecedera, una descarga simultánea de metralla de las cuatro piezas de Backof bastó para dejar el puente lleno de hombres mutilados y caballos reventados, haciendo retirarse al resto.
 

Entonces, la tropa de Sigel pasó ordenadamente el puente y penetró en Carthage sin encontrar más resistencia. Pero pronto pudo observar el alemán que algo no “marchaba” debidamente. En efecto el enemigo, lejos de retirarse, volvía a ocupar el puente, y nuevos y crecientes contingentes secesionistas aparecían en el campo en torno a Carthage, lo que le hizo temer que Sterling Price se hubiese ya unido al Gobernador, y su tropa se hubiera metido en un buen lío.

En realidad, eso era lo que había ocurrido, y las tropas que había combatido en el puente eran precisamente las de Rains y Marmaduke, llegadas con Claiborne Jackson. Pero no había, habido una trampa intencionada, y sus contrincantes habían estado tratando de entretenerle para que Sterling Price, con el grueso de la fuerza, le atacase por retaguardia o el flanco. Lo que no quitaba para que ahora sí se encontrase metido en un serio atolladero.

En efecto, su pequeña fuerza se encontraba entre una concentración enemiga que le cuadruplicaba en número y que ahora, con sus contingentes a la vista unos de otros, no tendría tantos problemas para converger contra él si realizaba una salida. Y si, dado su superior armamento, era difícil que los secesionistas lo atacaran en Carthage en lo que quedaba de tarde, cabían pocas dudas que, cuando las sombras de la noche nulificasen en buena parte la tan citada superioridad el enemigo caería en masa sobre él para aplastarlo con su gran número.

Sigel no perdió sin embargo la calma y, observando que el enemigo concentraba sus fuerzas hacia el terreno más abierto de la carretera de Neosho por la que había venido, (y por donde era lógico que intentara irse, al prestarse más al aprovechamiento de las características de sus armas), y mucho menos hacia la de Mount Vernon, en dirección opuesta pero que a poca distancia se perdía en un bosque, que impediría aprovechar el alcance de sus fusiles rayados y nulificaría el fuego de sus cañones, decidió permanecer aún unas horas en Carthage, haciendo descansar a sus tropas. (Lo que dio a sus enemigos la impresión de que iba a intentar defenderse en la misma Carthage).

Pero no era esa su intención. Al contrario y ya comenzando a atardecer, con sus hombres más frescos   tras  de un descanso que bien necesitaban después de doce horas largas de marcha y combate, salió de la ciudad a marchas forzadas en dirección a Mount Vernon. Los sorprendidos secesionistas, que tenían el grueso de su fuerza al otro lado de Carthage, acudieron de inmediato, pero sólo para encontrar que, con un par de feroces choques a media luz, el unionista había roto su cobertura y penetrado en el bosque, por el que se alejaba en una marcha forzada nocturna de corte clásico.

Y fue entonces cuando hubieron de admitir que les había burlado pues, si malamente se hubieran atrevido a enviar sus bisoños soldados a un combate nocturno sobre un objetivo estático, como Carthage, en absoluto osaban hacerlo para un combate nocturno en movimiento, y en un escenario tan desorientador como el bosque. Para el amanecer del 6, Sigel les había tomado una ventaja considerable, pero continuó marchando al mismo ritmo hasta reunirse, a mediodía y en Mount Vernon, con una fuerza que Thomas Sweeny, advertido aquella mañana por un mensajero, había enviado allí a esperar a la brigada alemana. Como la anterior tarascada de Sigel contra Neosho había desalentado mucho a sus partidarios, los secesionistas, aprovechando que Sigel había abandonado el campo de batalla, llamaron a aquella “Batalla de Carthage”, o de “Dry Forks”, una victoria de sus armas. Pero lo cierto es que también los unionistas la consideraron una victoria, y quizá con más motivo; al fin, la brigada de Franz Sigel se había metido en una trampa, en el centro de una fuerza enemiga aplastantemente superior, y sin embargo se había abierto paso para escapar, atravesándola de un lado al otro como un cuchillo corta manteca, y sufriendo muchas menos bajas: (las de Sigel habían sido unas 50, con 13 muertos, y las secesionistas 200, con 50 muertos, 125 heridos y 25 prisioneros, aproximadamente).

En lo que Carthage si marcó una diferencia fue en que en adelante, y por una decena de días, Sigel y Sweeny hubieron de mantenerse a la defensiva ante la considerable concentración alcanzada por sus enemigos. Después, el 16 de Julio Nathaniel Lyon, que había llegado con refuerzos a unirse a Sturgis ante el río Osage, cruzó éste por puentes provisionales y se presentó en Springfield, dando un nuevo giro a la situación, que obligó a los rebeldes a retroceder.

Mientras, grupos guerrilleros habían comenzado a actuar en la retaguardia unionista. Y al Norte, más allá del río Missouri, la fuerza rebelde de Martin Green se mostraba cada vez más activa. Se dieron así una escaramuza en Floride el 9, y una batalla de cierta intensidad en Monroe Station el 10, en el que los regimientos 3º de Indiana y 16º de Illinois, y la Home Guard de Hannibal, causaron su primera derrota a Green, infringiéndole 4 muertos y 20 heridos, y tomándole 75 prisioneros, por sólo 3 muertos y una docena larga de heridos propios. También al Norte del Missouri, el día 16 de Julio, el 8º de Missouri, (en formación), libraría una escaramuza en Wenzville que iba a costar siete muertos a cada bando, mientras al Sur la suerte sería en general adversa a los unionistas en dos escaramuzas libradas el día 17 en Fulton y Martinsburg, y el 19 fuerzas de la Home Guard libraban otras dos, poco conclusivas, en Harrisonville y Parkersville.

A la vez el ahora Mayor General John Charles Frémont, de regreso de Europa, había sido recibido el 2 de Julio por el Presidente Lincoln, el cual le confió el mando de Saint Louis, (Lyon lo ejercía sólo a titulo provisional, y no era además muy compatible con su mando de tropas de campaña más allá del río Osage), que suponía el de las tropas de Illinois y los Estados al Oeste del Mississippi. Y ya mientras se trasladaba a Saint Louis,  a donde llegaría el 23, el 19 envió orden de crear un mando independiente de operaciones  para la orilla Norte del Missouri, bajo la jefatura del nuevo Brigadier de Voluntarios John Pope, miembro de la escala activa de Ingeniería Topográfica Militar, que se suponía la élite de los Ingenieros del Ejército, de 38 años. Por otra parte, los unionistas que dominaban ahora el Legislativo de Missouri, tras la fuga de Jackson, reunieron una Convención y nombraron como Gobernador (unionista) a Hamilton R. Gamble, que se apresuró a desautorizar totalmente lo establecido por Claiborne Jackson, mientras aquél, desde un Legislativo secesionista establecido en Neosho, lo desautorizaba a él y al Legislativo de Jefferson City.

Más al Oeste, en la Virginia de más allá del Alleghany, George Brinton McClelland trataba de iniciar sus operaciones con una aproximación a la base confederada de Beverly que se pretendía lo más cautelosa posible. Sin embargo la fuerza empleada era muy importante, y dividida en tres columnas. La primera, mandada por Thomas A. Morris, incluía sus clásicos 6º, 7º y 9º de Indiana y 9º, 14º y 16º de Ohio y el 1º de West Virginia, mandado ahora por el Coronel Henry Capehart, y contaba con más de 5.000 hombres. La segunda, bajo el mando del Coronel William Rosencrans, alineaba los 8º, 10º y 13º de Indiana y el 19º de Ohio, con casi 3.500. Y la tercera, una decena más de regimientos con más de 7.000 soldados, iba mandado directamente por el propio Mayor General McClelland.

Por contra, el movimiento de tal masa de tropas no era fácil de ocultar, a los ojos del enemigo. Y ya el 6 de Julio, una compañía del 3º de Ohio que realizaba un reconocimiento para la columna principal, (la del propio McClelland), se vio metida en una escaramuza con una patrulla enemiga en el pasaje llamado Buckhannon o Middle Creek Fork, sufriendo 7 bajas cada uno de los contendientes: Obviamente, la columna había sido ya localizada. Dos días más tarde, el 8 y ya cerca de Laurel Hill, que era su objetivo asignado, las vanguardias de los regimientos 9º de Indiana y 14º de Ohio, de la columna de Morris, se vieron paqueadas por francotiradores rebeldes, sufriendo 2 muertos y 6 heridos.

Este segundo incidente era menos grave, pues el plan esbozado ya partía del principio de que la fuerza de Morris debía llamar la atención. Y el 10 de Julio, habiendo alcanzado las tres columnas las proximidades del objetivo. McClelland y Rosencrans ultimaron detalles.

 La fuerza del confederado Garnett en Beverly, que contaba como única vía de retirada con el paso de los Alleghany llamado precisamente de Beverly, había encontrado el problema de que las posiciones útiles para la defensa de dicho paso, con los medios de la época, eran angostas, escarpadas e incómodas. Y la reacción del jefe confederado había sido dejar en tales posiciones, (el campo fortificado llamado de “Rich Mountain”), tan sólo una brigadilla de cobertura, de apenas 2.000 hombres y mandada por el Coronel John Pegram, comandante del 20º de Virginia, e ir con su segundo Henry Rootes Jackson y el grueso de la fuerza, (quizá 5.000 hombres) a ocupar la más amplia posición de Laurel Hill.

Ambos jefes unionistas habían tenido desde el principio el proyecto de fintar contra Laurel Hill con la tropa de Morris, para distraer a Garnett, y aplastar entre las otras dos fuerzas, mucho más potentes, la posición de Rich Mountain, apoderándose de la cabeza del Paso. Con ello, los confederados quedarían atrapados en un cul-de-sac, y era de esperar que se les pudiera obligar a rendirse en masa.

Ahora, y dado que su fuerza era la única que no parecía aún haber sido localizada, Rosencrans propuso infiltrarse con ella, buscando una posición de partida próxima y favorable sobre el flanco o la retaguardia de los rebeldes de Pegram, de manera que, cuando el ataque simultáneo partiera a la mañana siguiente éstos, ya saturados por el ataque que McClelland, fueran prácticamente barridos por su acción desde corta distancia Se acordó hacerlo en efecto así y, de  hecho, Rosencrans encontró una excelente posición de partida. (Una historia muy común cuenta que fue guiado por el hijo de un pequeño granjero local, héroe para los unionistas, traidor para los confederados. Puede ser cierta, pues la mayoría de los granjeros pobres de la zona era prounionista, pero se parece demasiado a una docena de historias semejantes, que vienen repitiéndose desde las Termópilas, y se la debe acoger con desconfianza).

En cualquier forma, Rosencrans alcanzó su posición y envió un correo a McClelland para advertírselo, y dar luz verde a un ataque conjunto, a la hora acordada de la mañana del 11 de Julio. Sólo que la niebla de la montaña desorientó al correo, que se perdió, (y esto sí parece cierto), y fue a caer en manos de una patrulla confederada. Así, su mensaje llegó a manos de Pegram. Y aunque no incluía datos sobre la posición de Rosencrans, hizo que el confederado pusiera a todos sus hombres en alarma desde bien temprano, y enviara aviso de lo que estaba sucediendo a su propio superior,  Robert Selden Garnett.

Así, cuando en la mañana del 11 de Julio el unionista Thomas Morris inició sus fintas amenazadoras contra Laurel Hill, Garnett tuvo la seguridad de que estaba actuando como señuelo, (lo que era cierto), y rompiendo contacto con relativa facilidad, se desvaneció de ante él, abandonando el campo fortificado de Laurel Hill y saliendo apresuradamente con sus hombres en ayuda de Pegram en Rich Mountain.

 Hubo así momentos en que la victoria de la Unión pendió de un hilo, pese a su aplastante superioridad. Y más aún porque McClelland, al no haber recibido la confirmación de Rosencrans de que éste se encontraba en posición, no había programado su ataque para la hora prefijada y, peor aún, tras tener ya evidencia de que su subordinado había iniciado el asalto, (por el estrépito de la lucha que se oía en Rich Mountain), siguió dudando largamente antes de poner su fuerza en movimiento e incluso, cuando al fin lo hizo, fue dirigiéndola hacia Beverly y el paso, y no directamente hacia la posición de Rich Mountain, como se había acordado.

El resultado fue que Rosencrans, que se había encontrado atacando a un enemigo mucho más prevenido que lo que esperaba, se vio contenido, (aunque a duras penas), y pasó ciertos apuros. Finalmente la aparición en escena de las fuerzas de McClelland, bien que no llegaran a intervenir en el combate, desalentó claramente a la tropa de Pegram, entre la que se produjeron algunas deserciones, dando toda ella impresión de recular. Y Rosencrans aprovechó el momento lanzando parte de sus tropas a una feroz carga contra el centro enemigo, que dividió la posición confederada en dos partes.

Los hombres de la mitad más occidental se dispersaron de inmediato, huyendo hacia Laurel Hill, en cuyo camino se toparon con la columna de Garnett. El resto, en el que se encontraba el propio Pegram, trató de retroceder combatiendo hacia el pueblo de Beverly y el Paso. Pero Rosencrans los persiguió, ahora en gran ventaja numérica, acorralándolos finalmente junto al pueblo. La caída de la posición de Rich Mountain costó, (según estadísticas unionistas, de seguro “rebajadas”), 11 muertos y 35 heridos a la fuerza de Rosencrans, mientras sus defensores sufrían 60 muertos y 140 heridos, y se les capturaban 100 prisioneros.

Garnett, atrapado ahora con unos 6.000 hombres, decidió no rendirse y a la desesperada, atravesó los primeros montes hacia el Noroeste para alejarse siguiendo el cauce del Cheat River, que a causa del estiaje llevaba poca agua. Sin embargo, el Cheat River es un afluente del Monongahela y corre hacia el Norte, con lo que, de seguir la línea de cauces fluviales, Garnett y sus hombres acabarían en Pennsylvania. Pero lo que el confederado deseaba no era sino ganar tiempo, esperando que sus exploradores descubriesen en la montaña algún aún desconocido paso de Verano, por el que hacer huir su tropa al valle del Potomac South Branch. Thomas Morris, que había quedado encargado con su fuerza de pegarse en todo momento a la retaguardia de Bob Garnett, ya se había desorientado con la rápida partida de aquél de Laurel Hill, y la inesperada dirección de la retirada enemiga acabó de confundirle. Al fin emprendería la persecución, pero con gran retraso y algunas vacilaciones que permitieron que, el siguiente día 12,Garnett aumentara aún la distancia.

Sin embargo, la mañana del mismo 12 de Julio John Pegram, asediado por fuerzas  aplastantemente superiores, se rendía en Beverly con los 600 hombres que quedaban con él. Y eso liberó al activo Rosencrans, permitiéndole adelantarse con algunas tropas para unirse a Morris en la persecución. Al día siguiente, las distancias se acortaban y una potente vanguardia unionista, consistente en los regimientos 7º y 9º de Indiana, de los coroneles Ebenezer Dumont y Robert Huston Milroy, más el 14º de Ohio de James Blair Steedman, mandados por el Capitán de activo Henry Benham, jefe de Ingenieros de Morris, trataba de hacerles trabar combates de retaguardia que sólo podrían retrasar a Garnett.

Se intentó cortar el paso de esta vanguardia con una batería situada en un acantilado que dominaba la corriente. Pero Benham encontró la manera de hurtarse a su fuego pegándose a la base del acantilado, y avanzó a tal velocidad que, en su apresurada evacuación la batería hubo de dejar un cañón atrás. Finalmente, el 14 de Julio Garnett, cuyos exploradores habían encontrado al fin el paso que buscaban, pero que se sabía perseguido muy de cerca, se lanzó al contraataque contra Benham con una fuerza escogida, para ganar con sangre el tiempo suficiente para que el grueso de su tropa   pudiera salvarse cruzando los montes.

El contraataque, cuyo verdadero fin se ocultaba bajo el aparente objetivo de defender los carros de la impedimenta de Garnett, (que, sin embargo, habían de ser abandonados para cruzar las montañas), no duró demasiado, terminando cuando el propio Robert Selden Garnett fue derribado del caballo, mortalmente herido en el pecho por una bala de mosquete. (Iba a ser el primer general en morir en combate en aquella guerra). Pero logró frenar a los hombres de Benham, dando tiempo a que la columna principal ahora mandada por Henry Rootes Jackson, se internara en las montañas, de las que saldría al día siguiente a la vista de las aguas del Potomac South Branch.

Esta última acción de la campaña se libró en el entorno del vado llamado Corrick’s Ford, (de lo que a veces se le denomina “Batalla de Corrick’s Ford”), y suele considerarse una acción separada de la de los días 11 y 12, llamada “Batalla de Rich Mountain”. En ella los confederados sufrieron 20 muertos, (incluido Garnett), y 10 heridos, siéndoles capturados 50 hombres más. Y por su parte, los unionistas hubieron de lamentar 13 muertos y 40 heridos.

 

 

En conjunto no se había logrado aplastar a la fuerza confederada, como se planeó en principio, pero se le habían causado casi 1.000 bajas y expulsado de la mitad septentrional del Oeste de Virginia. Hombres como Rosencrans y Benham fueron ascendidos a brigadieres de Voluntarios, y el prestigio de George Brinton McClelland, al que se atribuían las victorias de Philippi y Rich Mountain, subió como la espuma, llevándole a los pocos días, (como veremos), a la cumbre de su carrera militar.

Y sin embargo McClelland ya había mostrado en este momento de gloria sus puntos flacos. Era, efectivamente, el gran organizador que había creado en pocas semanas un gran ejército razonablemente entrenado y bien equipado. Pero a la hora de combatir. En primer lugar los planes operativos de Philippi y Rich Mountain no eran suyos, (no se parecían en nada a su forma de operar posterior y, sabiendo como sabemos que el segundo fue ideado por Rosencrans, y teniendo ambos ciertas semejanzas, debemos concluir que eran de Rosencrans). Y además en Rich Mountain, su indecisión cuando estaba al mando del contingente central y más potente del Ejército, que hubiera debido ser empleado como factor decisivo, pudo crear dificultades a sus hombres.

Y mientras la ocupación de la mitad Norte de la Virginia al Oeste del Alleghany se completaba así, Jacob Dolson Cox ya había iniciado la campaña para apoderarse de la mitad meridional, el 11 de Julio. Para ello, contaba en realidad con medios mucho más modestos que sus camaradas del Norte, estando su fuerza reducida a 5 regimientos, (que sin embargo, por lo completos hacían un total superior a 4.000 hombres). Se trataba de los 7º, 11º, 12º y 21º de Ohio, y el 2º de Kentucky, (unidad reclutada entre los unionistas de aquel Estado todavía neutral y a la que por cierto, y quizá para darle un aspecto más atractivo, se le había equipado como Regimiento de Zuavos, el primero que iba a intervenir en West Virginia, aunque no parece haber registros de su aspecto).

El “truco” de los planes de Cox era que, siendo el Kanawha un río navegable casi hasta el punto en que se considera que se inicia, junto a la localidad de Gauley Bridge y por unión de dos ríos de montaña, el Gauley River y el New River, el grueso de su fuerza se trasladaba en una flotilla de vapores de río. Como sabía de buena tinta que en toda la región en que iba a penetrar no existía artillería pesada, los vapores, moviéndose sobre las aguas de un río no muy serpenteante, como el Kanawha, le darían una velocidad de traslación y una capacidad de concentración de fuerzas con la que el enemigo no podría competir.

En realidad debía fiar en ello, pues el jefe confederado del sector, el ex-Gobernador Henry Alexander Wise, disponía de su propia “Wise’s Legión”, un par de regimientos de Virginia Oriental y otros dos formados localmente, que si bien aún dispersos y sólo parcialmente organizados, vendrían a igualar en número a las fuerzas invasoras.

Para la mañana del 12 de Julio, Cox estaba penetrando en el territorio que había de conquistar. Pero, aunque Wise no había organizado demasiado la vigilancia de la línea del Ohio, un joven notable local, Albert Gallatin Jenkins, había creado a tal fin una compañía de Caballería, (cuyos efectivos pronto desbordaron el nivel de compañía), llamada “Border Rangers”. Y fueron estos “Border Rangers” de Jenkins los que observaron el inicio de la invasión y sacando todo el partido de sus caballos, mantuvieron al mando local confederado informado en todo momento de la progresión de las fuerzas enemigas.

La primera escaramuza en aquel teatro de operaciones se produjo ya el mismo 12 de Julio, cuando una pequeña fuerza de “minutemen” secesionistas, apoyados por un pelotón de rangers mandado por el propio Jenkins, trataron de contener en el pasaje llamado Red House el avance de una fuerza enemiga contra la localidad de Barboursville.

Barboursville está sobre el río Guyandotte, al Sudoeste del Kanawha, y el avance unionista pretendía ocuparla para dominar el valle del Guyandotte, aislando el del Kanawha del resto del territorio. Aquí no había vapores, pero se sabía que la zona estaba muy desguarnecida, y Cox había hecho avanzar el 2º de Kentucky del Coronel Charles A. De Villiers, antiguo cirujano militar de zuavos en Crimea, que había sido amigo de Ellsworth y le había ayudado en sus primeros experimentos con zuavos antes de la guerra.

Los rangers y los minutemen se pegaron al suelo e intentaron resistir, pero los zuavos no sólo eran mucho más numerosos, haciendo un fuego muchísimo más intenso, sino que parecían razonablemente bien entrenados y avanzaban por columnas de compañía, adelantándose unas mientras otras disparaban, y en muy poco tiempo pusieron a los improvisados defensores al borde del cerco. Entonces los secesionistas no pudieron resistir más y se retiraron. (Es decir, los rangers se retiraron, aprovechando la movilidad que les daban sus caballos. Los minutemen más bien huyeron dispersándose y desaparecieron como fuerza combatiente). Sobre el campo habían quedado medio centenar de bajas, incluyendo un muerto de los zuavos y diez de sus oponentes. Después, el 2º de Kentucky sólo tuvo que avanzar tranquilamente para ocupar Barboursville.

Con la ocupación de Barboursville, el Valle del Kanawha quedó virtualmente aislado de la zona más meridional del Oeste de Virginia, entre el río Guyandotte y el Big Sandy River que marca su frontera con Kentucky, y esta zona se encontró en manos de los unionistas.

De esa manera, el reducto confederado en el territorio quedaba reducido al espacio central, entre el macizo montañoso que se adelanta hacia el Oeste desde el Alleghany, (y en cuya ladera Norte estaba Beverly), hasta el Kanawha, alcanzando su máxima extensión hacia el Oeste en el valle fluvial de esta corriente de agua.

Sólo que por ella avanzaban los vapores de Cox. Y el día 17 de Julio, cuando el unionista ya se impulsaba hacia Charleston, la ciudad más importante del Valle y de todo el territorio, (que en 1863, al ser West Virginia separada de la vieja Virginia y admitida como Estado en la Unión, sería la capital estatal), se libró un segundo combate, a mayor escala, en el lugarejo de Scarrytown.

La fuerza defensiva consistía en los Border Rangers, (esta vez al completo), el grueso del 22º de Virginia y alguna compañía del 36º, que eran los dos regimientos de recluta local, y la mandaba el Coronel del 22º, George S. Patton. (El 22º estaba constituido sobre la base de su antiguo “Kanawha Riflemen”). Total, menos de 1.000 hombres. Y contra ellos Cox había acumulado, aprovechando la ventaja de sus vapores, la totalidad del 12º de Ohio del Coronel Woodruff, buena parte del 2º de Kentucky y dos compañías del 21º de Ohio, con más de 1.500 hombres.

Iniciado el combate, pronto se vio que como en Red House, la superior preparación y el avance por compañías de los unionistas los hacían aún más difíciles de resistir que su superioridad numérica. Patton deseaba sin embargo pegarse al terreno, lo que hubiera podido tener consecuencias fatales para sus fuerzas, pero por fortuna para los confederados fue pronto seriamente herido en un hombro, (peligraría su vida), y sustituido por el único de los capitanes a sus órdenes que tenía experiencia reciente de combate: por supuesto, Albert Jenkins.

Este había presenciado la derrota de Red House y no quería provocar una versión corregida y aumentada de la misma, con lo que decidió que la línea del Scary Creek, que trataban de proteger, era indefendible, dando orden de retirada antes de que el enemigo comenzara a alcanzar una posición demasiado ventajosa.

Le molestaba sin embargo dejar a los unionistas apuntarse una más en su lista de victorias fáciles y tras poner a salvo al grueso de sus hombres, regresó al campo de batalla al atardecer y dando un rodeo. Así, se presentó ante sus enemigos viniendo del Oeste, a media luz y con la claridad de espaldas, y avanzó hacia ellos por la carretera, con la tropa formada, como en una marcha. El éxito de su estratagema fue inenarrable pues no sólo los unionistas tomaron sus tropas por propias, como había esperado, sino que los dos coroneles de la Unión presentes en el campo de batalla, Woodruff y De Villiers, excitados por su éxito, salieron a caballo a su encuentro para comentarlo con el comandante del presunto refuerzo. Lo que le permitió hacerlos prisioneros limpiamente a punta de revólver.

A continuación, sus hombres lanzaron una andanada contra los desprevenidos unionistas, causándoles bajas, y se retiraron al amparo de la noche. Jenkins se convertiría en un héroe popular sureño por esta acción, recibiendo enseguida una coronelía, y la relación de bajas del día quedó finalmente establecida en 5 muertos y 16 heridos para los confederados y 14 muertos, 30 heridos y 21 prisioneros para los unionistas. Pero, en definitiva, los norteños habían tomado Scarrytown y estaban un paso más cerca de Charleston.

 Las alarmantes noticias que llegaban en aquellos  días de lo que había ocurrido  más al Norte con la fuerza de Garnett en Rich Mountain y Corrick’s Ford, impresionaron sin embargo desfavorablemente a Henry Wise, que parecía que vacilaba en defender Charleston, considerando que las fuerzas de McClelland y Rosencrans podían enviar en cualquier momento a Cox un refuerzo importante, que apareciera operando sobre su flanco Norte.

Mientras Cox hubo de reformar su estructura de mando, (ante la pérdida de dos de los cinco coroneles con que contaba), pero hecho esto, reanudó las operaciones, tratando de desbordar Charleston. Y en cuanto sus tropas mantuvieron una nueva escaramuza con los confederados, en Tyler Mountain, Wise decidió evacuar Charleston el mismo 24 de Julio. La acción había sido inconclusa, y mucho menos importante que las dos anteriores, pero a Wise le debió preocupar la amenaza de cerco; (quizá al producirse al Norte, pensara que ya estaban ahí los refuerzos enemigos que tanto temía ver llegar).

En cualquier caso, evacuó Charleston y toda la parte entonces más habitada del valle del Kanawha, retrocediendo hasta Gauley Bridge, poca distancia antes de la cual el río deja de ser navegable. Llegado allá hizo que sus fuerzas atravesaran el río por el puente que daba su nombre a la pequeña localidad y lo redujo a pavesas dejando sólo sus pilares de piedra para luego ir a instalar su base de operaciones en la región montañosa, entre los ríos Gauley y New, de donde parten la mayoría de los pasos que dan acceso a la Virginia costera desde West Virginia. Ya no se trataba de defender este territorio, sino de proteger los accesos a la Virginia costera. La evacuación de Charleston  se produjo el 24 de Julio, y para fin de mes la fuerza de Wise ya había completado su retirada, alcanzando los condados de Fayette y Greenbrier.


El mando secesionista de Richmond  no estaba sin embargo nada satisfecho de como se desenvolvía la situación en el Oeste de Virginia, y para entonces ya estaba enviando refuerzos, y nuevos equipos de mando. El 29 de Julio, el Mayor General Robert Edward Lee fue nombrado comandante de aquellos frentes, partiendo hacia ellos junto con algunos refuerzos de Virginia, mandados por William Wing Loring, y otros de Tennessee, bajo la autoridad de Samuel Read Anderson, ambos brigadieres del Ejército Provisional. (Loring, norcarolinos residente en Florida, era un soldado que había perdido un brazo en México, y ostentaba el grado de Coronel al inicio de la contienda. Anderson, soldado en su juventud y luego banquero y político, había sucedido brevemente a Zollicoffer como Mayor General de la Milicia de Tennessee cuando aquél pasó al Ejército Provisional en Mayo, para hacer lo propio dos meses después. Tenía 48 años y su compañero 42).

 
Lee, con sus tropas y el antiguo contingente de Garnett, mandado ahora por un reluctante Henry Rootes Jackson, (que, asustado de la guerra “de verdad”, se había negado a suceder a Garnett en el mando, y estaba ya tocando influencias para que las Milicias de su Estado lo reclamaran a un destino más a retaguardia), iba a instalarse en las montañas al Norte del Valle del Kanawha, cerrando otra serie de pasos hacia el Potomac South Branch, el Shenandoah y la Virginia costera, y dando apoyo desde el Norte a las fuerzas en el Valle. A su vez, a éste fue enviado un tercer refuerzo, consistente en los regimientos de Virginia 45º, 50º y 51º, bajo el mando del ex-Secretario de Defensa John Buchanan Floyd, convertido en Brigadier y que se hizo cargo del mando, (con malos modos), al descubrir que su nombramiento era más antiguo que el de Wise.

En Washington, la convocatoria extraordinaria del Congreso había iniciado sus sesiones el 4 de Julio, 84º Aniversario de la Declaración de Independencia, con los discursos del Presidente Lincoln y los Secretarios de Guerra, Marina y Tesoro, Simón Cameron, Gideon Welles y Salmon Portland Chase. El discurso de Lincoln no fue una de sus piezas oratorias más memorables, resultando sin embargo claro y programático. Después de hacer notar los aspectos aristocráticos de la revuelta sudista, que le permitieron aseverar que se estaba luchando no sólo por la unidad nacional, sino también por la forma republicana de gobierno, pasó a dar un vistazo a la enorme  necesidad en hombres, equipo y dinero que esta contienda provocaba, con cifras y datos en la mano y planteándosela claramente a largo plazo. (Lo que le valió algún reproche los primeros días).

Después, sus Secretarios le sucedieron concretando más lo que se estaba solicitando, las sumas que se suponía necesarias para cubrirlo y la forma de obtener éstas. Cameron pidió un mínimo de 400.000 soldados, con enganches a uno, dos y tres años para el Ejército, y mostró las enormes necesidades que así se creaban en armamento y equipo vario. Welles no parecía muy necesitado de hombres, pero sufría una desmesurada sed de barcos. Empezó por pedir un presupuesto extraordinario para buques blindados, ya que se sabía de buena tinta que el enemigo iba a apostar fuerte por este tipo de unidades. A más necesitaba permiso y presupuestos para confirmar los encargos y compras que ya se habían hecho y encargar como mínimo y de inmediato los siguientes ítems:

Otros cuatro sloops de hélice, (aparte de los 8 ya encargados en Mayo), 36 cañoneros de poco calado. Veinticuatro se iniciarían de inmediato, siendo de hélice y de escaso tonelaje, (unas 500 Tn), de acuerdo con un diseño ultrasimplificado que su departamento ya había preparado, y en virtud del cual se esperaba que pudieran ser entregadas a la Marina sólo 90 días después de comenzarse a echar su quilla. (Se les llamaría “Cañoneras de Noventa Días” o “Ninety Day Gun-Boat”). Las otras doce, algo más pesadas y potentes, y no tan estandarizadas, se harían de ruedas para que su calado no excediera al de las anteriores.

Además, la Marina debía disponer de grandes presupuestos extraordinarios con los que adquirir posibles buques militares de interés que le fueran ofrecidos por astilleros nacionales, y sobre todo proseguir sus compras y equipamientos de vapores, a los que habría que añadir además la compra de veleros, para ciertos cometidos especiales y, ante todo para la creación de una flotilla de bombardas aún mucho más potente que la que se usó contra Mexico.

Tras ellos llegó Chase, detallando más cuidadosamente el costo de sus peticiones hasta estimar las necesidades del año en 400 millones de dólares, cifra para la época monstruosa. Mediante el aumento de ciertas tasas federales, y la creación de un pequeño impuesto sobre la renta, (el primer impuesto directo de la historia fiscal estadounidense), se podría elevar los ingresos corrientes a 80 millones, y se habían obtenido otros 50 de prestaciones voluntarias, pero era evidente que los sistemas habituales no eran válidos, y se hacía preciso acudir a la emisión de deuda pública, para la que debía ser autorizado. Para hacernos una idea del coste de la guerra, en 1863 se realizó un estudio por parte de la Unión y su coste ascendía a 2,5 millones de dólares al día. En 1879 y teniendo en cuenta la inflación se determinó que la guerra costó 6.190.000.000 $.

Con la ayuda de Tyler desde el Partido Demócrata, y de esta abierta y nada complaciente exposición de un programa de sacrificios, Lincoln evadió todo riesgo de que el Congreso se perdiese en discusiones sobre el sexo (político) de los ángeles, centrándose desde el principio en los aspectos prácticos de la guerra.

Y, a los pocos días el Ejército de Irvin McDowell se puso en marcha. Era, (con 40.000 hombres), el mayor ejército de campaña que se había visto jamás en el continente americano. (En sus momentos de mayor potencia y gloria, Winfield Scott no había dispuesto de más de 20.000 hombres para avanzar sobre ciudad de Mexico, y por su parte Washington tuvo poco más de 18.000 en Yorktown, y eso contando los 4.500 franceses de Rochambeau). Contaba con 41 regimientos de Voluntarios y 9 de Milicia, 3 batallones de soldados regulares, 9 baterías del Ejército Federal, 3 de Voluntarios y una sección de Artillería de la Milicia.

Las Unidades eran las siguientes:

CONNECTICUT         
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º y 3º. Llevaban un increíble uniforme copiado del Ejército de 1858, con levitón y chacó de tela, armado. Las únicas diferencias eran el pantalón, también azul oscuro y el uso de hombreras de lana, (en vez de las de latón), ¡qué incluso portaban en combate!

MAINE         
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º, 3º y 4º. Habían llegado con uniformes de quepis, levita y pantalón grises, pero de calidad tan ínfima que se desintegraron en pocas semanas, y al parecer vestían ya para esta campaña el uniforme de faena del Ejército Federal.

MASSACHUSETTS
Regimientos de Voluntarios 1º, 4º y 5º. Uniforme federal de faena. El 1º con uniforme gris.

MICHIGAN
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º, 3º y 4º. Utilizaban la que se llamaría “guerrera estatal”, una prenda de cuello alto muy simple, y cerrada por 9 botones, sin faldones. Los de Michigan tenían el cuello, tiras de hombros y bocamangas en punta, bordeados en negro. Y aunque tanto la guerrera como el pantalón eran azul oscuro, se habían aprovechado algunos uniformes de preguerra, idénticos pero en color gris, y había compañías sueltas uniformadas en gris entre otras en azul.

MINNESOTA
Regimiento de Voluntarios nº 1. Uniforme de faena.

NEW HAMPSHIRE
Regimiento de Voluntarios nº 2. Llevaba un uniforme gris con levita larga cuyos faldones se recogían como la cola de un frac. Y con el cuello, bocamangas rectas y vivo en el costado de los pantalones en rojo.

NEW JERSEY
Regimientos de Voluntarios 1º, 2º y 3º.
Regimientos de Milicia 1º, 2º, 3º y 4º. Aparentemente, uniformes federales de faena.

NEW YORK
Regimientos de Voluntarios 8º, 11º, 12º, 13º, 14º, 16º, 18º, 27º, 29º, 31º, 32º, 38º, 39º y 41º, Baterías Bookwood y Varian. Los Voluntarios de New York usaban pantalón "de faena" y una chaquetilla estatal de faldones cortos, y con el cuello y tiras de hombros bordeados del color de Arma. Pero no hay que olvidar peculiaridades como que los 11º y 14º eran regimientos de zuavos, o que algunas compañías del 39º gastaban sombreros “bersaglieri”.
Regimientos de Milicia 2º, 8º, 69º, 71º y 79º, sección artillería del 71º. Aquí había todo tipo de variantes de uniformes, incluyendo los levitones azules del 71º, “American Guard” o las gorras y pantalones de Kilt del 79º “Cameron Highlanders”.
OHIO
Regimientos de Voluntarios 1º y 2º. Los voluntarios de Ohio vestían pantalón de faena y chaquetillas estatales azul oscuro muy lisas, (aunque con tres botones en las bocamangas), con quepis o sombrero Hardee. ¡Pero el 2° de Ohio era un Regimiento de zuavos!

PENNSYLVANIA   
Regimientos de Voluntarios 4º y 27º. El primero, equipado en Washington con uniformes de faena. El segundo a la usanza de su Estado. Uniforme totalmente gris, con quepis o Hardee y con chaquetilla estatal con cuello y tiras de hombros bordeados en negro, y dos botones en la bocamanga.

RHODE ISLAND
Regimientos de Voluntarios 1º y 2º, Batería adjunta al 2º. Sombreros Hardee, con el ala recogida pero sin brillo, camisas de caza azul oscuro tipo blusón, pantalones grises y unos curiosos sarapes-manta, anaranjados, que en marcha y combate cruzaban sobre sus pechos.

VERMONT
Regimiento 2º de Voluntarios. Uniforme de faena.

WISCONSIN
Regimiento nº 2 de Voluntarios. Como todos los 8 primeros de Wisconsin, uniforme gris con chaquetilla estatal con el cuello y tiras de hombros bordeadas en negro, y un adorno negro bajo los tres botones de las bocamangas. (Desde el 9º se usaría uniforme de faena).

US ARMY
Batallón de Infantería del Mayor George Sykes, (del 14º de Infantería, pero con compañías de refuerzo hasta alcanzar 1.000 hombres).
Batallón de Caballería del Mayor Innis Newton Palmer
Baterías G e I del 1º de Artillería, A, D, E, G y M del 2° de Artillería, E del 3° y D del 5°. En general, sombreros Hardee emplumados y levitones azul oscuro con el cuello y las bocamangas bordeados en el color de Arma. El grueso de la Caballería y parte de las baterías ligeras, con quepis y chaquetilla.

U.S. NAVY
Batallón de Marines del Mayor  J. G. Reynolds. No hay datos sobre su aspecto, y podían ir cubiertos tanto por chacós de charol como por quepis o las antiguas gorras de plato Modelo 1839, que la Marina apreciaba mucho, aunque el Ejército las había desterrado desde 1852.

Y cuando esta variopinta y más bien mal organizada masa de hombres se puso en marcha, el 16 de Julio de 1861, dio comienzo la campaña que sería considerada la más importante del año, y que duraría menos de una semana.

Capítulo XI: 1º de Bull Run (Manassas) (I)

Irvin McDowell dictó las órdenes de marcha para su Ejército, llamado “del Nordeste de Virginia”, (Army of Northeastern Virginia), en la tarde del 15 de Julio. Y, antes de que sus tropas se pusieran en marcha al día siguiente, sus órdenes, y una descripción de su fuerza, habían llegado a manos del confederado Pierre Beauregard.

 Algo así era de esperar, siendo Washington un hervidero de simpatizantes del Sur. Pero lo más curioso era que quien había enviado aquellos informes era el más conocido y vigilado agente sureño en la capital. Se trataba de Rose O’neal Greenhow, viuda rica de 46 años y aún de buen ver, y famosa anfitriona de la vida social de la capital. Estaba vigilada desde el embargo de telegramas de Abril, y tras alguna indiscreción por su parte, incluso  sometida a arresto domiciliario. Pero aún encerrada en su casa, y mientras se mofaba desde su balcón de los miembros del Gobierno que pasaban frente a ella, había logrado crear la mejor red de información confederada en Washington.

Conseguir informes era fácil, abundando los funcionarios prosecesionistas en la capital. Lo difícil era hacerlos circular, seleccionarlos y enviar la información pertinente al otro lado de las líneas. Y para ello, Rose Greenhow utilizaba un grupo de jovencitas de 14 a 17 años, aún sin formar, de la clase media-baja de la capital. En una edad en que aún no llamaban la atención, las chicas de Greenhow se acercaban a los funcionarios como si fueran sus sobrinas, y entraban y salían de casa de Rose sin llamar la atención, fingiendo ser recadistas, pinches, camareras, peluqueras o costurerillas, y tener a veces más y otras menos edad. E igualmente cruzaban las líneas como si fueran de papel, (jamás una fue interceptada), vestidas unas veces de chicos, otras de niñas, etc.

Puesto al tanto de lo que se le venía encima, Beauregard se puso en contacto el mismo día 16 con Johnston por un lado, y con el mando de Richmond por otro. Y aún recibido el permiso definitivo de Richmond para llevar a cabo la maniobra planeada, el 17 Johnston sólo mandó un oficial de su Estado Mayor a uña de caballo a Piedmont, donde pensaba embarcar en trenes, mientras JEB Stuart se adelantaba con la caballería para engañar al Ejército de Patterson, que se había puesto en marcha con 18.000 hombres desde Martinsburg, donde se detuviera tras la acción de Falling Waters.

Como le era preciso “demostrar” que iba en serio, Stuart lanzó ese mismo día un ataque contra las columnas en movimiento de Patterson en Bunker Hill, donde se produjeron bajas por ambos bandos, muriendo 4 jinetes confederados. Después, fintó aparatosamente ante él.

Es obvio que tal actuación había sido convincente, pues Patterson, que en principio avanzaba sobre la base defensiva de Johnston en Winchester, se detuvo el 18 de Julio en Charlestown, aún a veinte millas de aquella localidad. Y mientras Stuart hacía estrepitosas demostraciones en torno a Charlestown los días 18 y 19, convenciendo a Patterson de que tras su cobertura la fuerza de Johnston avanzaba para atacarle, el mismo 18 los primeros elementos del 2º Cuerpo partían de Piedmont para Manassas, mientras la Brigada virginiana del ahora Brigadier Thomas Jonathan Jackson alcanzaba  Piedmont por el Ashby Gap. Y el 19, Jackson llegaría a Manassas, mientras las brigadas del Brigadier Barnard Elliot Bee y el Coronel Francis S. Bartow le seguían por el Ashby Gap.

De todas formas, ya este retraso podía haber sido excesivo si se hubiese cumplido el calendario de marchas previamente establecido por McDowell, que pretendía que su Army of Northeastern Virginia alcanzara el mismo 16 de Julio Centreville, ya próximo a la línea del Bull Run, hiciera contacto a lo largo de ésta y la tanteara el 17, y lanzara su gran ataque el 18. Por desgracia McDowell no había tenido en cuenta que su ejército era el primero que había sido movilizado en plena era del ferrocarril y concentrado en un gran centro ferroviario (Washington).

 En efecto, aunque él erróneamente lo hubiese dado por supuesto, su tropa carecía  de entrenamiento y experiencia en marchas. Eso es grave para la formación de un Ejército, pues la marcha enseña a los soldados algunos hechos sobre la necesidad de la disciplina que es mejor que comprendan por sí mismos, y pone a los oficiales ante sus primeros problemas reales de mando. Y, por supuesto, el entrenamiento en marchas es especialmente imprescindible para un Ejército que se espera que marche.

Y simplemente, el Ejército de Irvin McDowell no marchaba, sino que apenas “paseaba” hacia Centreville. La distancia entre esta localidad y Washington, (unas no exageradas 20 millas), tardó 48 horas en cubrirse, haciéndose noche el 16 de Julio en la intermedia Fairfax Court House, y alcanzándose Centreville sólo la noche del 17. Algunas obstrucciones no defendidas, que los piquetes confederados de retaguardia dejaron tras de sí al retirarse, no explican en ningún modo tanto retraso.

El 18, McDowell decidió llevar a cabo la acción de contacto y tanteo. Su Ejército estaba dividido en 13 Brigadas, con las que justo en el momento de ponerse en marcha se habían formado por agregación 5 Divisiones:

(Las 2ª, 4ª y 5ª con 2 brigadas, la 3ª con 3 y la 1ª con 4). Y aunque, para la marcha de los días anteriores, se había llevado en cabeza a la 2ª División, mandada por el Brigadier habilitado David Hunter. Para este avance que podía acabar en combates se puso en primera fila a la 1ª División, cuyo jefe era el Brigadier habilitado Daniel Tyler.

 Tyler, un hombre de aspecto amargado y 62 años, con barbita y una melena de paje blancas, tenía a sus órdenes las brigadas del Brigadier habilitado Robert Cummings Schenk y los Coroneles Erasmus Darwin Keyes, William Tecumseh Sherman e Israel Bush Richardson, con 16 regimientos, apoyados por tres baterías de campaña y una pesada. Con ellas avanzó el 18 de Centreville, con instrucciones restrictivas que le ordenaban tomar contacto evitando en lo posible combates prolongados.

Tyler no estaba sin embargo conforme con las órdenes, (parece que había esperado obtener el mando del Ejército antes del mucho menos antiguo McDowell, y estaba dispuesto a no estar conforme con ninguna orden que procediese de él). Y como lo había dejado traslucir a las claras, el comandante de su 4ª Brigada, que había alcanzado el primero la línea del río, decidió que podía “reinterpretar” las órdenes.

Se trataba del agresivo Israel Bush Richardson (Apodado “Fighting Dick”), que contaba con los regimientos 2º y 3º de Michigan, 12º de New York y 1° de Massachusetts, apoyados por la Batería M del 2º de Artillería, (Mayor Henry Jackson Hunt), con 4 piezas descritas como “cañones rayados de 12 libras”. (Probablemente Armstrong ingleses recién importados, rayados pero de avancarga, que era pieza estándar del Ejército Británico).

Ni corto ni perezoso, Richardson hizo cruzar el Bull Run al 1º de Massachusetts del Coronel Robert Cowdin que, uniformado en gris, tuvo un problema al topar con las primeras fuerzas confederadas, habiendo de interpelarse unos y otros a gritos para saber si eran amigos o enemigos. Al fin, los rebeldes anduvieron más rápidos, y su primera descarga tomó a parte de los unionistas muy al descubierto, matando a un teniente de los de Massachusetts. Pero a continuación éstos, más concentrados, cargaron, y los confederados salieron corriendo, sufriendo bastantes bajas en aquella mínima acción.

 Sólo que el comandante de la brigada confederada al otro lado del río era el Brigadier surcarolino James Longstreet, que iba a cuajar en una de las más sólidas figuras del mando sureño, y éste apareció rápido en escena, furioso por haberse dejado sorprender y decidido a cambiar las tornas cuanto antes. A planazos con el sable, hizo que los fugitivos formaran frente de nuevo y aprovechando que los unionistas se habían internado persiguiéndolos, fue logrando que las unidades en sus flancos presionaran paulatinamente sobre los hombres de Massachusetts.

Finalmente, la tropa del Coronel Cowdin, que se sentía al borde del cerco, perdió los nervios y huyó, recruzando el Bull Run en desorden. El mando de McDowell ya había entrado en sospechas de lo que Richardson y Tyler estaban haciendo, y el jefe de operaciones del Estado Mayor, Capitán de activo James Barnet Fry, apareció en la orilla Norte del Bull Run para desautorizar su continuación. Pero Richardson y el propio Daniel Tyler, que se le había unido, desoyeron esta orden directa.

Habían aproximado al tiempo la batería pesada de la división, (que era la única del Ejército), Batería G del 1º  de Artillería, mandada por el Teniente John Edwards. Contaba con un Parrot de 30 Libras y dos de 20, y éstos fueron puestos a disparar a través del río, intentando desmoralizar al enemigo, mientras ahora era el 12º de New York de Daniel Butterfield la unidad enviada a cruzarlo.

 Los neoyorquinos penetraron con tanta facilidad como lo habían hecho los de Massachusetts. Pero esta vez se trataba de una trampa, dispuesta por Longstreet, que los llevó así a un cruce de fuegos entre sus regimientos 11º y 17º de Virginia, de los coroneles Samuel Garland y Montgomery Dent Corse, coronado por un ataque a la bayoneta del 1º  de Virginia de Patrick Theodore Moore. (Este era un regimiento brillantísimo, con pequeños chacós de charol y levitas y pantalones grises, uniforme directamente copiado del de gala del famoso “Greybacks”, 7º de la Milicia de New York). En todo caso era una unidad de elite, y cargó con tal furia que los neoyorquinos huyeron en total desorden, contagiando su pánico al 1º de Massachusetts, que les esperaba para apoyarles en la orilla Norte y se desbandó a su vez.

Como Longstreet tenía órdenes tan restrictivas como sus rivales, y más disciplinado que ellos, las respetaba, no aprovechó totalmente su éxito, y tras provocar la fuga del 1º de Massachusetts, su 1º de Virginia regresó a la orilla Sur. Con ello y en total, en aquel combate se registraron 15 muertos y 48 heridos confederados, por 19 muertos, 48 heridos y 20 prisioneros (en buena parte también heridos), federales. El combate, celebrado en las proximidades del vado llamado Mitchel’s Ford, fue sin embargo denominado por error “de Blackburn Ford”, (por otro vado próximo), y así permanece en la crónica.


Vado de Mitchel’s Ford

Hubo respecto a él un par de hechos curiosos. En primer lugar tanto el Coronel unionista Butterfield como el confederado Moore sufrieron pequeños accidentes, ajenos al fuego enemigo, que iban a mantenerlos fuera del mando durante la batalla principal, tres días después. En segundo y prácticamente por casualidad, uno de los proyectiles de 20 libras de los Parrot del Teniente Edwards incendió y arruinó la casa en la que Beauregard tenía instalado su puesto de mando. Esta casa pertenecía al caballero local Wilmer McLean que, muy furioso con la pérdida sufrida y no queriendo saber más de la guerra, se fue al otro extremo del Estado, a un lugar lejano y sin interés, para construirse otra: Appomattox Court House. (Lo que ignoraba era que un destino burlón lo perseguiría, para hacer que la rendición de los ejércitos confederados de Virginia se firmase, casi cuatro años después, en el recibidor de su nueva casa).

El que dos de los regimientos unionistas en que se confiaba más, el 1º de Massachusetts y el 12º de New York, se hubiesen desbandado, fue la primera de las malas noticias que Irvin McDowell recibió aquel día. La segunda fue que una pista forestal, por la que pensaba llevar a sus regimientos de ataque a la vía de tren Manassas-Alexandria, para llegar por ella ante Camp Pickens desde un lado que sabía que no estaba fortificado, resultaba impracticable. (No cabían cañones ni carros y los hombres y jinetes sólo podían pasar de uno en uno) Lo que, eventualmente, le dejaba sin plan de ataque.

 

Puede parecer un poco fuerte que el plan de ataque de un Ejército de 40.000 hombres dependiera de semejante extremo, pero el desgraciado McDowell había tenido que realizarlo usando mapas comerciales de baja calidad, al haber desaparecido de la Secretaría de Guerra hasta el último de los mapas topográficos del Ejército que cubrían Virginia. (De seguro un “regalo” de despedida del Secretario Floyd o en todo caso un sabotaje de los simpatizantes de la rebelión).

Así, el siguiente día 19 de Julio, McDowell se vio obligado a enviar patrullas de caballería e ingenieros a cubrir el terreno y darle datos para crear un nuevo plan de batalla. En principio este consistía en que, ya que no se podía atacar el flanco derecho del enemigo, se envolvería su flanco izquierdo, dando un rodeo hacia el Oeste e instalándose sobre la vía férrea  al Sur de Manassas Junction. (Lo que obligaría a los confederados a dejar su campo fortificado e ir a atacar al Ejército unionista).


 Sin embargo, el día 19 las patrullas encontraron las sendas del bosque llenas de actividad de caballería enemiga, y hubieron de pasar la mayor parte de la jornada escondiéndose, por lo que el informe favorable al nuevo plan no llegaría hasta mediodía del 20. Y como el mando de McDowell necesitó la mayor parte de la tarde de ese día para redactar las órdenes precisas, el ataque no se lanzaría hasta la mañana del domingo 21 de Julio de 1861.

Pero entretanto habían pasado bastantes cosas que desfavorecían a McDowell. En primer lugar, el 19 había llegado a Manassas Junction la brigada confederada de Thomas Jackson, y el 20 estaban llegando la artillería de campaña del 2º Cuerpo de Ejército, las brigadas de Barnard Bee y Francis Bartow y el propio mando de Johnston. Y durante el 21 llegaría la última brigada de las más operativas de Johnston, mandada por el Brigadier Edmund Kirby Smith. Esto significaba que la fuerza confederada de Manassas Junction saltaba de 20.000 hombres a casi 32.000. Y con la llegada simultánea de la brigada de Theophilus Hunter Holmes desde Aquia Creek, y algún otro refuerzo de última hora, se llegaba a 35.000 hombres.

Y a la vez la fuerza del propio McDowell disminuía, pues el 4º Regimiento de Pennsylvania y la batería de los Voluntarios de New York, habían terminado sus periodos de enganche de tres meses y se hicieron licenciar rechazando toda objeción. El Coronel del 4º, John Frederick Hartranft, quedó tan apesadumbrado de no haber logrado persuadir a sus hombres que combatiría la batalla a título particular, llevando mensajes y efectuando reconocimientos para el Estado Mayor, con tal abandono y furia que sería después condecorado.

Aún más grave, la 4ª División del Brigadier Theodore Runyon, de Milicia, y que consistía en 4 regimientos de la milicia de New Jersey, tres de su fuerza voluntaria y el 41º de New York, (un regimiento alemán mandado por el Coronel Leopold Von Gilsa), no había pasado aún de Fairfax Court House y con sus milicias muy desorganizadas, no podía influir en la batalla. Con lo que McDowell, que había confiado en poseer una superioridad de casi dos a uno, iba ahora a entrar en combate en igualdad de fuerzas, (incluso en ligera inferioridad cuando llegara Kirby Smith), con el Ejército Confederado. Y lo más grave era que, totalmente ignorante del movimiento de Johnston, confiaba en contar aún con una superioridad clara. Lo que no le favoreció, precisamente.

Curiosamente, y como el grueso de la caballería de JEB Stuart había partido a su vez hacia Manassas al anochecer del 19, el 20 Patterson, viendo que la caballería que le acosaba en Charlestown  había desaparecido, y no había más enemigos a la vista, mandó un telegrama a Washington, advirtiendo de que ocurría algo raro e ignoraba el paradero de las tropas de Johnston.  Pero como sus instrucciones originales eran muy conservadoras, ni se le ocurrió marchar contra Winchester, y añadió que si no recibía órdenes complementarias, regresaría a Harper’s Ferry. (Buena parte de su fuerza estaba a su vez a punto de terminar sus tres meses de servicio y licenciarse).

Increíblemente, parece que nadie hizo caso de este telegrama, y ni siquiera se informaría de él a McDowell. Se ha especulado mucho sobre la oportunidad que pudo perder aquí Patterson, pues la fuerza de Winchester estaba ahora reducida a poco más de 7.000 hombres, con las brigadas milicianas de Carson y Mem, los enfermos, heridos e impedidos varios, y una pequeña fuerza de caballería dejada atrás por Stuart, mandada por el Teniente Coronel McDonald, con Turner Ashby como Mayor y segundo en el mando, que devendría el 7º de Caballería de Virginia.

Pero probablemente la ocasión no era tan buena. (En cualquier caso, no hubiese alcanzado Winchester hasta el 22 de Julio, y por  tanto no hubiera influido en el resultado de la “Primera Batalla del Bull Run” o “de Manassas”). De todas formas, al no recibir ninguna instrucción, Patterson volvió como anunciara a Harper’s Ferry y se convirtió así en un chivo expiatorio ideal para lo que iba a ocurrir en el Bull Run, por no haber retenido a Johnston en el Shenandoah. En realidad lo que ocurría era que nadie, en el bando unionista, había recordado la posibilidad de usar el ferrocarril y todos esperaban que de intentar Johnston ganar Manassas, tardaría al menos una semana.

Mientras, a ambos lados del río Bull Run, unos y otros preparaban planes de ataque. McDowell porque sabía que su ejército iba a semidisolverse al ir terminando los periodos de tres meses de los voluntarios. Y los confederados porque Johnston no sabía hasta que punto su “truco del tren” había desorientado al enemigo. Creía que los unionistas estaban al corriente de lo que había hecho, y Patterson marchaba hacia Manassas, con lo que el uso del tren sólo le había dado una ventaja de tres o cuatro días, que había que aprovechar para derrotar a McDowell, y poder luego habérselas separadamente con Patterson.

Entre la multitud que se había congregado para combatir la que iba a ser la primera batalla de masas de la Guerra Civil Americana, una asombrosa cantidad de hombres alcanzarían más tarde el generalato. Desde luego, casi todos los jefes de divisiones y brigadas que no lo tuvieran ya, pero además muchos más hombres. En el Norte, sólo una rápida mirada nos permite descubrir como futuros generales a 18 Coroneles Jefes de regimiento y dos jefes accidentales de regimiento, siete Mayores, no menos de 10 Capitanes Jefes de Compañía, 667 Jefes de Batería, numerosos miembros del personal de staff del Estado Mayor y hasta 4 Segundos Tenientes y un Soldado Raso. (Amén del enrabiado Hartranft).

Los segundos tenientes, salidos aquella misma Primavera de West Point con la tinta aún fresca en sus diplomas, eran Adalbert Ames, James Sarks Brisbin, Emory Epton y un jovencísimo y rubicundo George Armstrong Custer, que aún no había cumplido 21. Otro de sus compañeros de promoción, Thomas Lafayette Rosser, se había unido a los rebeldes y obtendría el generalato en su Ejército Provisional.

El soldado era Francis Channing Barlow, joven y adinerado barrister de la City neoyorquina, que servía tres meses como soldado raso en el 14º de New York “Zuavos de Brooklyn”. Terminado su periodo después de la batalla, y no deseando volver a servir a un Coronel que no le gustara, se “compró” la coronelía de uno de los nuevos regimientos en formación, el 61º de New York, y cuajó en un soldado excelente. (No fue caso único en el Norte: el soldado raso Schuyler Hamilton, del 7º de Milicia neoyorquino, no presente en Bull Run, también alcanzaría el generalato y antes que Barlow). Caso aparte es el de Frank Crawford Armstrong, Capitán de Caballería de una de las compañías montadas del Mayor Palmer, ¡qué después de la batalla se pasó al enemigo y alcanzaría el generalato en las filas confederadas!

En el bando confederado, el número de futuros generales era prácticamente el mismo, pese a que en general los confederados no verían carreras tan fulgurantemente rápidas como las que se registraron a menudo en el Norte. A cambio, las filas confederadas no estaban cargadas de hombres que habían firmado por sólo tres meses, y volverían a sus casas en una o dos semanas. (Antes bien los confederados, que lo habían hecho por un año, acabarían siendo retenidos sobre las armas hasta el fin de la contienda, de cuatro largos años).

En el capítulo anterior hemos mencionado el aspecto de las unidades unionistas, pero es imposible hacer una revisión similar del de las confederadas, que era bastante caótico. El Ejército Provisional había publicado su reglamento de uniformidad, pero éste era absurdamente pretencioso:

Prescribía levita gris cerrada por dos filas de botones, (de seis botones para clases de tropa, siete para oficiales y ocho, en parejas, para los generales), pantalón azul y quepis con una amplia banda del mismo azul en la base; la copa del quepis, el cuello (alto), las bocamangas (en punta) y un galón en el costado de los pantalones, irían en el color del Arma.

Pocos uniformes han sido tan poco seguidos en la Historia. En realidad no existía en el Sur ni tela para las levitas largas y cruzadas, que casi nunca serían empleadas sino por oficiales no montados de categoría de Mayor o superior a ésta. La mayoría de los soldados emplearían chaquetillas sin faldones o de faldón muy corto, los pantalones azules sólo los iban a usar la Infantería de Marina o algún elegante de los que se hacían el uniforme a medida, (salvo cuando se capturaba algún depósito unionista, y se usaba por un tiempo pantalones azules del Ejército de la Unión), la mayoría de los complementos desaparecerían y hasta el gris iba a ser rara vez gris, sino gris oscuro casi negro, o más frecuente “butternut” (mostaza grisáceo), o las diversas variantes de marrón que presentaba el “linsey” crudo según la proporción de lana que hubiera en su fabricación.

El ejército sureño que iba a pelear en Bull Run era sin embargo probablemente el más variopinto y brillante de los que nunca alinearía el Sur. Muchos de sus regimientos se habían formado por agregación de milicias locales o a partir de grandes organizaciones de Milicia que poseían uniformes propios, y cada cual se llevaba el suyo. Así, los regimientos surcarolinos derivados de la “Palmetto Guard” seguían usando sus uniformes enteramente  azul oscuro y con quepis chasseur, el Alabama Volunteer Corps, (y de él los regimientos de Alabama), portaba un equipo similar al de los yankees de Connecticut, incluso con sus hombreras de lana salvo en que el pantalón era gris y el chacó acharolado y no de tela, y los regimientos de Mississippi portaban un uniforme gris bastante normal, pero con la pechera cruzada de tiras de tela roja imitando alamares. Y estos últimos eran aún organizaciones de una cierta coherencia. En otros Estados, (y en la misma South Carolina), la mayoría de los regimientos vestían de gris (o de los primeros sucedáneos de gris, que comenzaban a aparecer), otros de azul oscuro, algunos de azul claro y en una asombrosa cantidad de regimientos algunas compañías vestían de un color y otras de otro.

Buena cantidad de oficiales seguían llevando sus uniformes federales, y una altísima proporción de los que se habían confeccionado un uniforme al estilo de la nueva ordenanza, lo tenían en el antiguo azul claro del uniforme de Verano federal ya en desuso, para demostrar que eran viejos profesionales. Gran cantidad de chaquetillas grises de milicia llevaban alamares o falsos alamares, en negro, rojo, amarillo o verde. Cubrían sus cabezas quepis, (muchas veces sin color de Arma, o con éste en la parte baja y no en la copa, y casi siempre básicamente grises), sombreros “slouch”, sombreros Hardee, a veces chacós, e incluso una especie de fez blando con visera que llevaban compañías aisladas en varios regimientos de Virginia. Aquello, más que una batalla, iba a parecer un circo.

Y como un buen circo, atrajo su cuota de espectadores. Allí estuvieron presentes, por la Prensa Internacional, una buena representación de corresponsales, de los que los más famosos eran William H. Russell de “The Times”, y Frank Vizitelli del “Illustrated London News”. Y lo mejor del talento local, como Charles E. Page, del “New York Tribune” y William Swinton del “New York Times”, cuyo editor, Henry J. Raymond, también había acudido, o el pionero de la fotografía Matthew Brady.

También se encontraban presentes buena cantidad de políticos, incluido el joven y miope Gobernador de Rhode Island William Sprague, que caminaba junto a la “Brigada de Rhode Island” del Coronel Ambrose Everett Burnside, (de la 2ª División), o el Senador por Illinois Lyman Trunbull, en función de “ojos y oídos” del Presidente Lincoln en la batalla.

Pero además de estos espectadores, que podíamos calificar de “profesionalizados”, la batalla, que venía anunciándose varios días, había despertado gran curiosidad entre la clase alta de Washington, (los apodados “socialites” en los USA) Y, al conocerse el 20 que se iba a librar el domingo, familias, enteras y grupos de amigos de la clase ociosa de la capital tomaron a sus criados y cocheros de más confianza, se embarcaron en coches y calesas abarrotados de cestas de “picnic” y se fueron a instalar en los  alrededores del campo de batalla, dispuestos a disfrutar del fin de semana más instructivo, emocionante y original de su vida. (Y si iba a ser en verdad emocionante). Casi todos se situaron en los prados en torno al puente por el que la carretera, más allá de Centreville, cruzaba el Cub Run, pequeño afluente por el Norte del Bull Run, ya que era un terreno alto que dominaba buena parte del futuro campo de batalla.

Otra originalidad de la batalla, que los unionistas llamarían de “Bull Run”, y los confederados de “Manassas” o “Manassas Junction”, es que fue la primera batalla campal librada en suelo estadounidense en que participó cierto número de mujeres. Por el Sur, como aún no se había admitido la idea de las enfermeras, sólo lo hicieron dos. De un lado Lavinia Williams, cantinera o “vivandiére” del Batallón de Zuavos de Louisiana Wheat’s Tigers: una mujer grande y fuerte, de sonora voz. De otro y clandestinamente Loretta Janetta Velasquez, esposa cubana de 19 años de un oficial de Louisiana, que porfió hasta lograr que su marido y sus amigos la disfrazaran de soldado y camuflaran como uno de sus asistentes, permitiéndola asistir a la batalla “en directo”.

 En el lado norteño, la idea de las “vivandiéres”, muy “latina”, no acababa de cuajar, y sólo una de ellas entraría en acción: la emigrante francesa Marie Tepe, (llamada “Frenen Mary”), que deseaba seguir a su marido, alistado en el 27º de Pennsylvania, y consiguió ser admitida en él como “vivandiére”, estableciendo un precedente.

En cambio, los unionistas disponían de cierto número de enfermeras de campaña, que representaban un curioso abanico de personajes femeninos: desde la intelectual Mary Edwards Walker, que era de hecho médico, habiendo obtenido en 1855 una de las primerísimas licenciaturas en Medicina que se concedían en Estados Unidos a una mujer y recibió la Medalla de Honor del Congreso al final de la guerra; hasta la ingenua Anna Blair Etheridge, de 17 años escasos, que se había unido como enfermera al 2º de Michigan y sería considerada un poco la mascota de la unidad. (Le apodaban “Gentle Annie”). Y todo un plantel de interesantes y variadas personalidades más, como Amy Morris Bradley, Kady Brownell y Eliza Harris.

Como ya hemos dicho, los sureños se proponían también atacar. Su plan, ideado por Pierre Beauregard y aprobado por Joseph Johnston, consistía en fintar un avance con el grueso de su fuerza frente al enemigo, en la zona de los vados Mitchel, Blackburn y McLean, mientras mucho más al Este, cerca de Manassas, las brigadas confederadas de Richard Stoddart Ewell y Theophilus Hunter Holmes cruzaban el río sin ser advertidas y, avanzando por el bosque, caían por sorpresa sobre el flanco izquierdo, (oriental), de los unionistas. Si todo iba bien, el ataque llevaría a los unionistas a abandonar la defensa en los tres vados, o en parte de ellos, y por ésta zona debilitada la fuerza principal cruzaría el río a su vez.

Era una idea provista de cierto encanto, pero no llegó a ponerse en marcha por dos motivos. En primer lugar su tabla de tiempos era mucho más tardía que la del ataque de McDowell, con lo que la acción unionista la iba a preceder algunas horas. Lo cual otorgó a los unionistas el papel de atacantes. En segundo lugar, Beauregard había hecho un chapucero trabajo con su sistema de transmisión de órdenes, complicado adicionalmente porque, tras arder la casa de Wilmer McLean, su mando había debido trasladarse a un nuevo emplazamiento que la mitad de los correos aún no sabían encontrar. De manera que las notas de las brigadas no llegaban al mando, y la mitad de las órdenes de éste no alcanzaban a su vez a las brigadas.

Por su parte, el plan de batalla del unionista Irvin McDowell incluía una doble finta. La 5ª División del Coronel Dixon Miles, reforzada por la Brigada de Richardson de la 1ª División de Daniel Tyler, quedaba atrás cubriendo Centreville, y a la vez debía fintar un ataque en plena zona de los vados, (precisamente en la que según su plan, los confederados pensaban fintar a su vez). Y a la vez, en el puente de piedra del camino de portazgo Warrington-Centreville, inmediatamente al Oeste de los vados, la 1ª División de Tyler, (menos la brigada de Richardson), fintaría a su vez un ataque por el puente y a lo largo de la ruta, (la Warrington Turnpike). Se esperaba que, si una finta resultaba poco convincente, a menos convenciera al enemigo de que la otra era el verdadero ataque principal.

Y éste iba a desarrollarse mucho más al Oeste por medio de las Divisiones 2ª y 3ª, que siguiendo una ruta que bordeaba el Bull Run por el bosque, cruzarían tres millas más allá del puente, por el vado situado en Sudley Springs, y llamado Sudley Ford o Sudley Springs Ford. Los confederados esperaban tan poco una acción tan al Oeste que no sólo no tenían el vado defendido, sino que ni siquiera lo vigilaban, y Johnston admitió después que el plan de McDowell les había sorprendido por completo, y hubiera tenido asegurado el éxito de realizarse uno o dos días antes, cuando las fuerzas del 2º Cuerpo aún estaban a medio llegar, y los confederados se hubiesen encontrado muy cortos de reservas. Incluso el 21 de Julio hubiera sido posible la victoria, si la acción se llega a llevar a buen ritmo y con ímpetu. (Pero su ritmo iba a ser desparejo, y su ímpetu inicial se disiparía).

Llegado a éste punto, ofrecemos un resumen de las unidades y mandos principales de ambos ejércitos.


 Irvin McDowell había tenido en principio la intención de realizar las marchas de aproximación en cuanto cerrara la noche del sábado. Pero, ignorando hasta qué punto las cosas dependían ahora de la rapidez y contundencia con que manejara su fuerza, se dejó convencer para dar a las tropas unas horas de sueño y ponerse en marcha de madrugada. Ese fue un error, empeorado por el hecho de que, pudiendo ahora cenar tranquilamente, y dando rienda suelta a su colosal apetito, hizo una cena tan desmesurada que dirigiría la batalla del día siguiente en pleno empacho.

Dada la orden de salida resultó que, (como podía haberse anticipado dadas las pobres performances de marcha diurna que acababa de demostrar aquel mismo ejército), los retrasos se acumularon sobre los retrasos. Ya los preparativos de marcha en la oscuridad fueron mortalmente lentos. Después resultó que el Brigadier Daniel Tyler, cuya 1ª División encabezaba el avance de Centreville al puente de piedra del Bull Run, había dictado instrucciones de marcha particularmente estúpidas, y sus brigadas avanzaban a velocidades de caracol, retrasando toda la columna. Para cuando se alcanzó el puente, y las tropas de Tyler se hicieron a un lado, dejando tomar más velocidad al resto, la cabeza llevaba casi tres horas de retraso, ¡en sólo cuatro kilómetros recorridos!

Luego apenas se perdió más tiempo, y el retraso final sería de sólo tres horas, pese a que los caminos eran mucho peores más allá del cruce que llevaba al puente. Pero con todo la cabeza de la 2ª División de David Hunter, que tenía que haber cruzado el Sudley’s Ford a las seis de la madrugada, justo antes de que el alba lo iluminara, lo hizo a las 9, a pleno sol de un día de bochorno y cielo azul.
 

Mientras, el “30 libras” de la batería del Teniente Edwards había iniciado el bombardeo a las 06:00, mientras Tyler intentaba parecer amenazador, desplegando la Brigada de Robert Cummings Schenk hacia el puente, mientras la de William Tecumseh Sherman lo hacía río arriba, a su derecha, y la de Erasmus Darwin Keyes más a retaguardia. Y algún tiempo después se unían a su fuego las baterías de la 5ª División de Dixon Miles, que tenía desplegadas ante los vados las brigadas de Israel Bush Richardson y Thomas Alfred Davies, y la brigada centroeuropea de Louis (Ludwig) Blenker atrincherada en Centreville. 

En la zona aparentemente amenazada se encontraba, ante el puente, el extremo de la línea sudista representado por la 7ª Brigada de Beauregard, (la más pequeña de todas las presentes de ambos bandos), mandada por el Coronel Nathan George Evans, que enlazaba por su izquierda con la 5ª del mismo mando, bajo el Coronel Philip Saint George Cocke, situada ante los vados de Balls Ford e Islandes Ford. Ambas unidades sumaban menos de 4.500 hombres, sobre los que convergían 9.000 largos de Tyler más otros 16.000 de Hunter y Heintzelman, que aparecerían pronto en su flanco. Beauregard, que había recibido noticias de la actitud de los unionistas en el Oeste del frente, dio orden de diferir su propio ataque. (Aunque quizá más que por tales noticias, porque no lograba contacto con los mandos de Theophilus Holmes y Richard Ewell, que habían de cruzar el Bull Run por Unión Mills Ford, cerca de Camp Pickens, y cuya aportación al plan era imprescindible).

Mientras, el Capitán confederado Edward Porter Alexander, primer discípulo del  cirujano militar Alfred J. Myer , que había creado el sistema de señales de banderas terrestres “Wig-Wag”, estaba intentando dar forma a un Cuerpo de Señales confederado y hacía pruebas en el 1º Cuerpo o “Ejército del Potomac” de Beauregard, habiendo construido una torre de señales de madera. Y, a las 9 de la mañana, mirando mecánicamente hacia el Oeste, le llamaron la atención reflejos en Sudley’s Ford. Un rápido exámen con telescopio reveló columnas en marcha, nubes de polvo y brillo de bayonetas. Y de inmediato envió sendas notas, a Beauregard y a Nathan Evans, jefe de la brigada más próxima, advirtiendo que el enemigo estaba realizando una penetración masiva por Sudley’s Ford.

Nueve veces de diez éste aviso habría sido inútil. El mando hubiera deseado confirmar una información tan “rara”, (y no había tiempo para ello), y nadie hubiese confiado demasiado en un capitancito, jefe de un servicio nuevo y estrambótico. De hecho, Johnston y Beauregard tardaron un tiempo que hubiese tenido que resultar suicida en reaccionar al informe. Pero, por fortuna para la Confederación, Porter cogió a Nathan Evans en uno de sus días más inspirados.


Evans era un surcarolino de 37 años, con chata cara de bulldog y tronco de barril. Soldado de oficio, se le tachaba de  poco disciplinado, bebía como una esponja, (aquel día lo seguiría en la lucha un ordenanza con un barrilito de whisky, por si le apetecía remojar el gaznate), y se le consideraba el segundo más notable blasfemo de todo el Ejército Provisional, sólo cediendo en contundencia y calidad de sus juramentos ante su colega de la 5ª Brigada, el virginiano Jubal Anderson Early.

Pues bien, a Evans le estaba calentando los cascos la torpe parodia de agresividad de la Brigada del unionista Schenk, al otro lado del puente, y llevaba largo rato preguntándose irritado, donde iría a producirse el verdadero ataque. Y en cuanto recibió la nota de Alexander, vio lo que debía de hacer como si el mismo Dios le hubiese hablado al oído.

Sin órdenes para ello, y aceptando unos riesgos tácticos y profesionales realmente aterradores, partió del principio de que aquéllos payasos que desfilaban ante el puente no iban a intentar asaltarlo, y dejó éste cubierto, ¡ante una división entera! con menos de 200 hombres. (Dos compañías del 4º de South Carolina y la compañía montada de los “Terry’s Texas Rangers”, única unidad tejana de todo el Ejército Confederado en aquella jornada, mandadas por el Capitán William Richard Terry). Y llevó de inmediato el resto de su Brigada, (menos de 1.000 hombres, y dos piezas de 6 libras), a cortar el paso a los unionistas que estaban cruzando Sudley Ford, tomando posiciones en la colina llamada Matthew’s Hill, que dominaba el vado por el que avanzaba el enemigo.

Contaba con el batallón de los Wheats Tigers, el grueso del 4º de South Carolina del Coronel J. B. E. Sloan y los 6 libras, a cargo del Teniente George S. Davidson. Los surcarolinos iban bastante bien uniformados, con pantalón y chaqueta grises y sombreros de alas negros. Y los zuavos del Mayor Robardeau Wheat, aventurero y soldado de fortuna virginiano, que había servido en efecto con los zuavos franceses, ¡y con los garibaldinos en Italia!, tenían un aspecto asombroso, aunque mal calificable. El batallón, reclutado en Louisiana y con una muy alta proporción de fusileros armados con rifles Mississippi, lucía polainas blancas, unos amplios pantalones tipo saroueis, blancos con anchas rayas verticales azul oscuro, camisas rojas estilo garibaldino, (también tenían una chaquetilla azul, pero no la usaron en aquel día caluroso), y en la cabeza feces rojos, o a veces sombreros de paja de ala ancha, de los que por entonces gastaban a menudo los marinos en climas cálidos.
  

En aquel día en que iban a prodigarse las descargas prematuras, los disparos altos y otras formas de fuego errático, Evans mantuvo a sus hombres a cubierto y no les dejó tirar hasta que “se viera el blanco del ojo del enemigo”. Así, su primera descarga fue asesina y, ante el desconcierto de los unionistas, toda la fase inicial de su fuego resultó eficacísima. La vanguardia norteña estaba compuesta por la Brigada de Ambrose Everett Burnside, reforzada por las tropas del U.S. Army y marchaba en primera fila el 2º de Rhode Island del Coronel John S. Slocum.

A la primera descarga cayó toda una fila de hombres, incluyendo al abanderado del Regimiento, y la impetuosa enfermera Kady Brownell, (inglesa de nacimiento e hija de suboficial británico, casada con un suboficial del 2º de Rhode Island), saltó a la fama a los 20 años, enarbolando la bandera y portándola todo el resto de la batalla. Un momento después caía muerto el propio Coronel Slocum, (que sería relevado  por el Teniente Coronel Frank Weathon, más tarde, general). Y cuando el jefe de Brigada Coronel Burnside, y el de División, Brigadier Hunter, se adelantaron a caballo para intentar reorganizar la baqueteada vanguardia, fueron a su vez recibidos calurosamente por los tiradores enemigos. (En esto serían de seguro instrumentales, los rifles de los zuavos).

Así, Burnside sufrió una grave caída y quedó conmocionado al ser muerto el caballo que llevaba entre sus piernas, y Hunter, un hombre elegante y algo presumido, que cumplía aquel día 50 años y llevaba 30 sirviendo en el Ejército sin haber presenciado un solo combate, recibió como regalo de cumpleaños un doloroso balazo en la mandíbula, que puso su vida en peligro y dejaría dolores y secuelas para el resto de sus días. Al caer, Hunter pasó el mando al conmocionado Burnside, lo que enseguida dio lugar a una escena tan inconveniente como poco edificante cuando, en pleno combate el Coronel de la Brigada, Andrew Porter, armó la gran tremolina para que Burnside le pasara a su vez el mando de la división a él, (y de inmediato), como Coronel más antiguo. Así lo hizo Burnside pero, entre tantos acontecimientos, los minutos iban pasando sin que nadie alcanzara a poner orden en su brigada.

Sus restantes regimientos habían ido llegando: eran el 1º de Rhode Island, mandado por el Mayor Balen al haber sido elevado Burnside al mando de la Brigada, el 2º de New Hampshire del Coronel Gilbert Marston, con sus extraños uniformes grises con “cola de frac”, y el 71º de la Milicia de New York del Coronel  H. P. Martín, que era un regimiento muy “pijo”, y “confesionalmente” Know Knothing por el lado aislacionista, vistiendo levita larga azul oscuro, con cuello y bocamangas en punta del mismo azul claro que el pantalón y un chacó de tela armada, que lucían. Esto permitía por lo pronto a la brigada alinear 8 piezas artilleras contra las 2 de los confederados, pues el 2º de Rhode Island poseía una batería propia, con 6 "cañones rayados de 13 libras", (seguramente cañones rayados de avancarga franceses), y el elegante 71º dos pequeños obuses Dahlgren de 12 libras, diseñados para su uso en lanchas cañoneras, pero en este caso montados en cureñas ligeras de campaña.

Entre estas ventajas de fuego y su considerable superioridad numérica, la brigada unionista debía haberse podido imponer a la débil línea defensiva de Nathan Evans. Pero éste, aún inspirado, evitó su reorganización lanzando al ataque a los Wheat’s Tigers. Estos (menos de 500 hombres), no hubiesen debido crear demasiado problema pero, atacando con gran furia, y personalmente dirigidos por el Mayor Robardeau Wheat, (un tipo impresionante, de metro noventa y más de 120 kilos de peso), desestabilizaron una y otra vez el despliegue de los hombres de Burnside, intentaron porfiadamente llegar al cuerpo a cuerpo y, con un certero fuego de rifles, hicieron mucho daño a sus desconcertados enemigos.

Así el Coronel Marston, de los de New Hampshire, que mientas duraba la disputa sobre el mando de la División se había puesto a reorganizar la confusa vanguardia de la brigada, fue empujado fuera de tal labor por una bala de rifle que lo envió, bastante malparado, a los carros de los heridos. Con todo, fueron en especial los soldados de Rhode Island los que acabaron haciendo fracasar los asaltos de los “Tigres”. Y ello probablemente porque, por cortesía del Gobernador Sprague, cada soldado de Rhode Island llevaba, además de su arma larga, un revólver Colt Army 1860, del 44 al cinto. Y estos “seis tiros” de último modelo resultaban, al inicio del asalto, mucho más mortíferos que las bayonetas y los grandes cuchillos “Bowie” de los “Tigres”.

Finalmente la furia de los “Tigres” se apagó cuando el propio Robardeau Wheat cayó derribado por una bala que, alcanzándole cuando tenía el brazo alzado, atravesó su pulmón y vino a salir por la espalda, junto a la espina dorsal. (El cirujano lo consideró muerto, pero el testarudo Wheat le informó de que tenía intención de reponerse, y lo acabaría logrando). Y ese recular de los Tigres, ya muy debilitados por las bajas, vino a coincidir con la entrada en acción de los batallones de Infantería e Infantería de Marina y de la brigada del Coronel Andrew Porter que incluía 4 Parrot de 10 libras y 2 Obuses, de la Batería D del 5º de Artillería (Capitán Charles Griffin) y los regimientos 14º “Zuavos de Brooklyn” y 27º de los Voluntarios de New York, más el 8º de su Milicia (que usaba un sencillo uniforme gris, parecido al del 7º de la misma).

El 27º, que venía algo avanzado, realizó una muy bien ejecutada maniobra de flanqueo bajo la dirección de su Coronel Henry Warner Slocum, ex-soldado y ahora importante hombre de negocios de la city neoyorquina. Y, por un momento pareció que, al fin, había llegado la hora de que la minúscula y ya muy baqueteada fuerza de cobertura de Nathan George Evans fuese aniquilada.

Sólo que para entonces el combate, iniciado a las 09:30 AM, llevaba más de una hora rugiendo, y las descargas de fusilería y el continuo disparo del cañón habían dado la alarma a todo el frente sureño. Beauregard y Johnston era ahora conscientes de donde se encontraba el peligro, y habían enviado hacia Matthew’s Hill las dos brigadas del 2º Cuerpo llegadas la víspera, y mandadas por Barnard Bee y Francis Bartow. Precisamente, mientras el regimiento unionista de Slocum trataba de desbordar a los confederados por su izquierda, (el flanco Sur), el primer regimiento de la Brigada de Bee, el 4º de Alabama del Coronel Jones, que se había adelantado, iba a ampliar la línea de Nathan Evans por el lado opuesto.

Así y cuando el 27º de New York parecía destinado a completar su maniobra, los dos regimientos que componían la Brigada confederada de Francis Bartow, los 7º y 8º de Georgia de los Coroneles Lucius Jeremiah Gartrell y William Montgomery Gardner, aparecieron en lo alto de la siguiente línea de cotas. Y un momento después lanzaron sobre él un espectacular ataque cuesta abajo, que lo rompió, mientras Henry Slocum se hacía herir gravemente al dirigir la resistencia de sus neoyorquinos.

Henry Warner Slocum sobreviviría a sus heridas, siendo en tanto sustituido en el mando del 27º de New York, ya en retirada, por el Teniente Coronel Joseph Jackson Bartiett que, como él mismo, alcanzaría el generalato en las fuerzas unionistas.

Mientras, la Brigada confederada de Bartow y el mando y el resto de la de Barnard Bee, con los regimientos 6º de North Carolina y 2º y 11º de Mississippi, llegaban a Matthew’s Hill y fortalecían su defensa, de la que como oficial de mayor grado tomó el mando Barnard Elliot Bee. Frente a ellos, comenzaba a afluir la cabeza de la columna de la 3ª  División unionista con la que llegaban el jefe de la misma, Brigadier Samuel Peter Heintzelman y el del propio Ejército, Irvin McDowell.

McDowell estaba irritado porque no se hubiera logrado hacer saltar el tapón confederado de Matthew’s Hill, y se dispuso a organizar un nuevo ataque, en el que a las fuerzas ya en presencia de la 2ª División, ahora mandada por el Coronel Andrew Porter, se agregaría la Brigada de cabeza de la 3ª. Esta estaba bajo el mando del Coronel William Buel Franklin, y aunque sólo alineaba tres regimientos, (los 4º y 5º de Massachusetts y el 1º de Minnesota), aportaba también otra batería, la I del 1º de Artillería del Capitán James Brewerton Ricketts, con 6 Parrot de 10 libras más. Con ello ya eran veinte las bocas de fuego artilleras acumuladas frente a la posición confederada y sólo quedaba por intervenir una de las baterías unionistas que habían cruzado el río. El Mayor de Artillería William Farquhar Barry, al mando de éste grupo de baterías de vanguardia, había llegado por supuesto con McDowell, dispuesto a coordinar el fuego de sus baterías, y el asalto se prometía muy duro.

Pero al fin no llegaría a darse, al intervenir un factor no esperado. Ocurría que junto al puente de piedra, donde la Brigada unionista de Robert Schenk continuaba su deslucida representación ante los ojos de los 200 hombres que Evans había dejado atrás, el Coronel Sherman, que mandaba la brigada situada cerca del río, aguas arriba, distraía su aburrimiento examinando el terreno con sus prismáticos. Y a través de ellos había visto, más de media hora antes, cómo una vedette, (o centinela montado), de los Terry’s Texas Rangers surgía de los árboles al Norte del río, que sin duda había cruzado para examinar más a sus anchas a los unionistas, y recruzaba el río de vuelta a sus líneas sin hacer nadar el caballo y sin mojar mucho más que sus cascos.

Sherman comprendió de inmediato que allí había, aguas arriba del puente, un vado de estiaje no cartografiado. Y de inmediato y sin pedir permiso al Brigadier Tyler, (que era muy capaz de negárselo), hizo que sus hombres formaran en columnas de marcha y cruzasen el Bull Run por aquel vado anónimo. Fue el primer destello de originalidad de un mando unionista en toda la campaña.

Sherman ardía en deseos de alejarse de allí, temiendo que Daniel Tyler lo hiciera alcanzar por una orden de regreso, y no convirtió su columna hacia el Este, para atrapar a los escasos defensores del puente y poner éste a disposición de la 1ª División. En cambio dio orden de marchar a toda velocidad hacia el retumbar del cañón que venía de Matthew’s Hill. Y como, en vez de dar una interminable vuelta siguiendo el curso del río; podía marchar prácticamente en línea recta, en media hora estuvo allí. Es más objetable que, en vez de intentar cortar la retirada a los defensores de aquella cota o, advirtiendo a McDowell, lanzar desde atrás un ataque conjunto con los de sus camaradas llegados por Sudley Ford, se limitó a atacar al regimiento situado en el extremo derecho, (o Norte), de la línea confederada de defensa.

Parece que la causa principal era que quería moverse muy a la vista de los suyos, para ser fácilmente identificable en cada momento y no servir de blanco para la Artillería propia. No le faltaban razones para temer esto último pues, disponiendo de los regimientos 2º de Wisconsin, 13º de Voluntarios de New York y 69º y 79º de la Milicia de New York, los dos primeros usaban uniformes grises, el último sólo mostraba tartán y los irlandeses del 69º, únicos con uniforme azul, se habían quitado las guerreras en aquélla jornada calurosa.

En todo caso y con un feroz fuego sobre la marcha, principalmente a cargo de los irlandeses del Coronel Michael Corcoran, la brigada de Sherman hizo colapsar rápidamente al 4º de Alabama, cuyo Coronel Jones resultó muerto a las primeras descargas, cayendo muertos o heridos tras él el segundo jefe y la mitad de los jefes de compañía. El rápido hundimiento del 4º de Alabama, cuyos supervivientes huyeron, (a la tarde, parte de ellos serían agrupados en una fuerza de combate bajo el Teniente Coronel States Rights Gist), provocó un resquebrajamiento en las defensas de la colina, justo cuando McDowell iba a iniciar su nuevo asalto sobre ella, y de muy buen acuerdo, Barnard Bee ordenó la retirada general.

Y así dejamos la Batalla de Manassas o de Bull Run hacia mediodía del 21 de Julio de 1861, cuando los confederados retrocedían por el llano entre Matthew’s Hill y la siguiente línea de cotas presidida como masa principal por la colina llamada Henry Hill.

 

Capítulo XII: 1º de BULL RUN (II)

Puesto que la Brigada de William Tecumseh Sherman no hacía nada por entorpecerla, la retirada de los confederados hacia el Nordeste, de Mattew’s Hill a Henry  Hill, gozó al principio de alguna ventaja; sobre todo de la de iniciarse descendiendo la colina, mientras sus perseguidores debían comenzar por ascenderla, lo que aumentó la separación entre unos y otros.

Pero en cuanto los norteños alcanzaron la cresta de Matthew’s Hill, pudieron emplazar en ella los 10 Parrott con que contaba su fuerza, cuyo alcance llegaba hasta las mismas estribaciones de Henry Hill, y que por tanto molestarían mucho la retirada de sus contrarios. Y se lanzaron hacia delante tan rápido como les fue posible, convirtiendo su persecución en mucho más cerrada.

En la orilla Norte del Bull Run, junto al puente de piedra, el Brigadier Tyler tardó bastante en reaccionar ante la inesperada partida de la Brigada de Sherman. Pero finalmente y cuando la persecución ya se había iniciado a lo lejos, ordenó a la de Erasmus Darwin Keyes seguirla por el mismo vado, “limpiar” el puente de defensores e internarse en la orilla Sur. Y bastó que se iniciara el cruce por los regimientos de Keyes, (2º de Maine y 1º, 2º y 3º de Connecticut), para que la pequeña fuerza de cobertura del Capitán William Richard Terry emprendiese la fuga.

Aquí se ve un fallo en las órdenes de Tyler pues, con lo que obviamente era una acción principal ante sus ojos, aunque aún más al Sur, debía de haber dado a Keyes instrucciones específicas para que actuara sobre el desprotegido flanco Norte de los fugitivos. En vez de esto el Coronel, que tampoco parece que tuviera un día muy inspirado, se desvió directamente hacia el Este, persiguiendo a los de Terry, que se retiraban sobre las posiciones de la Brigada confederada de Philip Saint George Cocke, aún junto al río Bull Run.

Y aún no fue ésta la última rareza del Brigadier Tyler, porque a continuación la superó, quedándose al Norte del río Bull Run con la última brigada de su división aún situada allá, (la de Robert Cummings Schenk, regimientos 2º  de la Milicia neoyorquina y 1º y 2º de Ohio), y las tres baterías aún a sus órdenes, (pesada del Teniente Edwards y las baterías E, de Campaña, de los regimientos 2º y 3º de Artillería, de los capitanes J. H. Carlisle y R. B. Ayres).

Los confederados Beauregard y Johnston, muy preocupados, trataban también de aportar refuerzos a la zona en disputa, y los primeros que llegaron eran la Brigada virginiana de Thomas Jackson, del 2º Cuerpo, y la unidad de las Carolinas, tipo regimiento aunque con alguna Caballería, llamada Hampton’s Legion.

Jackson había tenido suficiente con asomarse desde el Este sobre el panorama que se le ofrecía para concluir que, si se quería salvar a las tropas perseguidas, era preciso crear ya una potente posición defensiva no más allá de Henry Hill. Y allí se apresuró a ascender con sus regimientos, (2º, 4º, 5º, 27º y 33º de Virginia), para organizarla mientras las brigadas de Bee, Bartow y Evans cruzaban la distancia que aún las separaba de la colina.

La Hampton’s Legión había sido creada y estaba dirigida, con el grado de Coronel, por Wade Hampton, considerado el mayor terrateniente de todo el Sur. Luciendo uniformes, adornados con alamares y aparentemente más por propia iniciativa del Coronel Hampton que por órdenes recibidas, decidió echar una mano a las brigadas perseguidas, que se estaban siendo ya acosadas de muy cerca.

Así, realizó un rápido contraataque parcial, y creó una línea de contención que iba de la Warrington Turnpike a la Robinson’s House, cabaña de un negro liberto que habitaba justo al pie de Henry Hill. Y en esa línea logró resistir cosa de un cuarto de hora que le costaría más de 120 bajas, retirándose después hacia el Nordeste por la Robinson’s House, Allí fue a toparse con la tropa del texano Terry, huyendo aún del puente de piedra, y la vanguardia de la Brigada unionista de Keyes, (regimientos 2º de Maine y 3º de Connecticut, de los Coroneles Jameson y Chatfield), que trataba de acorralarla.

Pero los unionistas no estaban preparados para una salida en masa como la que realizaron conjuntamente Terry y Hampton, que se abrieron paso hacia las posiciones de Saint George Cocke, más al Nordeste, seguidos por Keyes, que quedaría así más enfrentado a Cocke junto al río que a Henry Hill desde su parte baja.

El momento de alivio que Hampton les había procurado fue una bendición para los secesionistas retirados de Mattew’s Hill. Pero aún así la fase final de la retirada, en que el remontar Henry Hill restaba velocidad a los confederados, permitiendo al enemigo balearles desde abajo a placer, fue tal martirio que el Brigadier Bee, temiendo que su Brigada quédase totalmente diezmada antes de entrar en su nueva posición, subió a uña de caballo al mando de Jackson, a solicitar de éste un ataque cuesta abajo que les “hiciera sitio”.

Jackson estaba sin embargo muy satisfecho con la posición que había escogido y manifestó su intención de no moverse un centímetro, y de parar allí mismo a los unionistas, con el fuego o, (según la fórmula tradicional anglosajona) “dándoles acero frío”. Bee regresó apresuradamente entre sus hombres, y gritó algo ordenándoles ir a instalarse en el flanco de la brigada de Jackson, y comparando a éste con un “muro de piedra” (Stonewall).

La hagiografía posterior de Thomas Jackson siempre ha supuesto que su firmeza hubiera devuelto la confianza y llenado de admiración a Bee, pero no es esa la impresión que tuvieron los asistentes a la corta entrevista entre ambos hombres, y en todo caso es posible que tengan razón los más iconoclastas, que sospechan que Bee sólo se refería a que Jackson se había hecho el sordo ante su petición. En todo caso, en el combate que siguió Jackson y su brigada iban efectivamente a resistir “como un muro de piedra” y “Stonewall” sería en adelante el segundo nombre de la Brigada y de su comandante.

 Por su parte, Barnard Elliot Bee no podría nunca aclarar el sentido de sus palabras, porque pocos minutos más tarde caía del caballo mortalmente herido, y fallecería a las pocas horas. Y, apenas unos minutos después, era Francis S. Bartow el que resultaba derribado a su vez, aunque en este caso la muerte sería casi instantánea. (Muy apreciado en su Georgia natal, Bartow sería honrado un año después por su Estado con la construcción de un pequeño monumento en el lugar en el que cayera).

Precisamente en estos últimos momentos de la retirada sobre Henry Hill, Joseph Johnston y Pierre Beauregard llegaron a ésta colina, aprobando la disposición adoptada por Jackson, que había hecho colocar las defensas a una cota ligeramente más alta de lo que Bee y Bartow pretendían en principio. Después de echar una mano en la organización de la defensa, se pusieron de acuerdo y, para evitar cualquier conflicto, Beauregard tomó el mando de Henry Hill, mientras Johnston retrocedía a su ladera oriental y se instalaba en un edificio allí existente, la “Lewis House”, conocido también por su pórtico colonial como “Pórtico” o “Portici”. La idea era que desde aquel lugar vería aproximarse cualquier refuerzo confederado que llegara, dictando sus órdenes antes de que sus mensajeros alcanzaran “Portici”, con gran ahorro de tiempo.

A esa hora, sobre las 12:30, incluso los unionistas se habían detenido a tomar aliento antes de lanzarse a ascender Henry Hill, y la Brigada de Ambrose Burnside y la infantería del Mayor Sykes, (que eran las primeras tropas que habían entrado en combate), pidieron y obtuvieron permiso para retroceder hasta los carros del tren para reamunicionarse.

Parece que los confederados habían llegado a agrupar en Manassas unas 49 piezas de artillería, formando 5 baterías del 2º Cuerpo y 8 del 1º. De ellas se llegarían a acumular en Henry Hill 4 de las 5 primeras, con 15 piezas a falta de un cañón perdido en la retirada, y dos o tres de las del 1er Cuerpo. La más ligera de todas era la sección del Teniente Davidson, a la que ya hemos visto en acción. Las más famosas la Batería Pendleton del Mayor William Nelson Pendleton, del 2º Cuerpo, y del 1º la de Alexandría del Capitán Kemper, y las dos del Batallón Artillería de Washington, de New Orleans y mandado por el Mayor J. B. Walton. Y por cierto, y aunque la mayoría eran baterías de cuatro piezas, compuestas por cañones de 6 libras, o una sección de 6 libras y otra de Obuses de 12, en el mismo Camp Pickens había una batería pesada con obuses de 24 y 32 libras, de la que un testimonio gráfico de la época, (un boceto tomado por un oficial sureño a lápiz), demuestra dos datos curiosos: 1º, estaba tirada por bueyes. 2º, entre sus piezas Modelo 1841 destacaba una, Modelo 1819, escogida quizá porque su tubo más corto la hacía más ligera y fácil de transportar.

En cuanto a la Artillería unionista, se había adelantado mientras la batería del Capitán Richard Arnold, con dos piezas rayadas de avancarga de 13 libras y 2 “6 libras”, completando la fuerza del Mayor William Farquhar Barry en 23 piezas, a falta de un Parrot que había roto su eje, de tanto disparar, en Matthew’s Hill. Esto sin embargo dejaba la hasta ahora clara superioridad artillera unionista un poco en entredicho, sobre todo por estar los cañones enemigos en cotas más altas, que magnificaban su alcance y reducían el de los unionistas. (Además se había comprobado que, aún con su gran alcance, el proyectil cilíndrico sólido de los Parrot, llamado “Bolt” o “remache”, se limitaba a clavarse en tierra, cavando a veces un corto surco. Y los artilleros estaban acostumbrados a la bola sólida esférica, que en un día como aquél recorría sus 150 últimos metros de trayectoria botando a entre medio metro y metro y medio del suelo, momento en que era terroríficamente asesina).

Puesto que al tonto del Brigadier Tyler no parecía ocurrírsele enviar desde el puente de piedra las baterías de los capitanes Carlisle y Ayres a reforzarles con sus 10 piezas de campaña, (y el tonto del Brigadier McDowell no se lo ordenaba en forma perentoria, ¡cómo sí temiera al viejo iracundo!). El Mayor Barry y el Brigadier McDowell idearon potenciar la superioridad de su artillería haciendo que para iniciarse el asalto, hacia las 13:30, sus dos baterías más potentes, las de Ricketts y Griffin, subieran al allanamiento que seguía al primer repecho de la colina, en la zona en que se encontraba la antigua Henry House, que había dado nombre a la colina, y abrieran fuego casi a bocajarro, (a 400 metros escasos) sobre la línea defensiva enemiga.

Se designó para acompañarles y protegerlos el Regimiento de Voluntarios 11º de New York, “Zuavos de Fuego”; y se suponía que apenas empezaran a disparar, se desencadenaría el asalto general. En aquella misma zona, que estaba defendida personalmente por Beauregard con una mezcolanza de unidades, bajo el mando del Brigadier Samuel Peter Heintzelman. Un poco más allá, donde la línea confederada la integraba “Stonewall” Jackson con el grueso de su brigada, atacaría un tanto independientemente William Tecumseh Sherman con la suya.

Sólo que ya en sus órdenes iniciales había un error, al no tener en cuenta que, aunque vinieran de más atrás los artilleros, profesionales y montados, iban a tardar mucho menos en llegar que los Zuavos, “aficionados” y a pié. Sucedió así que, a la hora fijada ambas baterías, primero la de Ricketts y luego la de Griffin, aparecieron frente a Henry House y fueron emplazadas antes de que un solo zuavo asomara por el cambio de pendiente de la colina.

James Brewerton Ricketts había incluso abierto fuego ya, aunque malgastó sus primeras descargas disparando contra la propia Henry House, donde estaba seguro que el enemigo tenía un puesto de mando o un observatorio. Craso error: en la casa sólo había una familia de tres ancianos impedidos, (madre y dos hijos y una criada libre, de color, que les atendía. Y precisamente uno de los “Bolts” de Ricketts atravesó el muro exterior y fue a hacer impacto en una cama, matando a la anciana viuda Henry que descansaba en ella, e hiriendo gravemente a la criada, que se había escondido debajo. Fueron las únicas víctimas civiles de la batalla. 

Al tiempo, los “Zuavos de Fuego” se aproximaban al fin. Los mandaba el Teniente Coronel Noah Farham, que aún llevaba un brazal de luto por su amigo Ellsworth y, como la mayoría de los oficiales, seguía usando el primer uniforme del regimiento. (Para los oficiales, levita gris y quepis y pantalones rojos). En cambio, los primitivos uniformes de los soldados se habían revelado de muy mala calidad, desintegrándose en semanas. Y para sustituirlos, el Gobierno les había dado un uniforme amplio azul oscuro, (de origen probablemente naval), y ¡oh maravilla! Auténticos feces rojos.

Así que aprovechando lo cálido del día, los zuavos del 11º llevaban en Bull Run un traje “zuavo” improvisado, compuesto por las polainas del uniforme antiguo, los pantalones azul oscuro del nuevo, una camisa y, por supuesto, el fez. Las camisas eran casi todas las rojas del antiguo uniforme, que habían resultado mucho más duraderas que el uniforme en sí. Pero muchos de los que habían sido antes bomberos preferían lucir la camisa blanca del Cuerpo de Bomberos de New York, que era una prenda llena de pliegues, de excelente calidad y muy elegante.
  
 

Sabiendo que llegaban tarde a la cita, los zuavos venían ya un tanto desorganizados, con las líneas curvadas y ligeramente desviados sobre su dirección de marcha prevista, de forma que su ala se puso inadvertidamente a tiro del enemigo que se desplegaba en la linde del bosque, De pronto, un fuego graneado, aunque en general no muy bien dirigido, empezó a centrarse sobre ellos, y una masa de hombres, (el grupo de combate del 4º de Alabama mandado por States Rights Gist), cargó sobre su flanco.

Desconcertadas, las compañías del 11º de New York reaccionaron a distintas velocidades y de diferentes formas, iniciando su desorden. Y, mientras el fuego contra el 11º arreciaba desde diferentes puntos, en el otro extremo  un cuerpo de casi 400 jinetes salió del linde de un bosquecillo cercano y cargó contra él. Era el 1º de Caballería de Virginia de JEB Stuart, o “Black Horse”, que tras recorrer a marchas forzadas en los dos últimos días el camino desde Charlestown al campo de batalla, entraba en acción casi de inmediato.

Los bisoños zuavos no pudieron resistir este tratamiento, y la carga de caballería puso a la mayoría en fuga aun antes de que los jinetes alcanzaran sus filas. Tratando de mantener agrupado al menos el contingente que le rodeaba, Noah Farnham cayó mortalmente herido a los pocos minutos, (aunque tardaría aún más de 3 semanas en morir), y la desintegración de su unidad se consumó. Muchos zuavos, sudorosos, se unirían a otros regimientos y combatirían ejemplarmente el resto de la jornada, pero la mayoría se deslizaron hacia retaguardia, y no faltaron los que corrieron tanto que aparecerían en el mismo Washington a poco del atardecer, difundiendo rumores  alarmantes. Los 500 hombres del Batallón de Marines del Mayor Reynolds, que habían sido adelantados para apoyarles, se dejaron arrastrar por su fuga.

Samuel Heintzelman se dio cuenta de que los cañones de Griffin y Ricketts, ya bajo el fuego de la infantería confederada, corrían un serio peligro, y arrastró personalmente cuesta arriba al 1º de Minnesota del Coronel Willis Arnold Gorman, pero se vio enfrentado a cuerpos de infantería confederada que terminaban la expulsión de los zuavos y los Marines de los prados de Henry House. En particular hubo de cruzar un vivo fuego con el 33º de Virginia del Coronel Arthur Cummings, que era una unidad de Jackson cedida al grupo de combate de Beauregard, y que iba además uniformada en azul, lo que hizo que un instante de confusión precediese al tiroteo entre ambas formaciones. El 33º de Virginia, encabezado personalmente por Beauregard y apoyado por elementos de otras formaciones, logró finalmente reenviar a los de Minnesota colina abajo, mientras los uniformes azules de otra de sus compañías hacían también un papel en la captura de las bocas de fuego.

En efecto los capitanes Ricketts y Griffin, asistidos por el Mayor Barry estaban intentando desesperadamente reenganchar sus bocas de fuego para huir con ellas mientras, usando descargas de metralla y el fuego de sus armas individuales, intentaban mantener la Infantería enemiga a distancia. Y lo estaban haciendo medianamente bien, (gracias a la bisoñez de las tropas enemigas), hasta que una compañía del 33º de Virginia avanzó decididamente hacia las piezas. Charles Griffin ya iba a disparar sobre ella pero el Mayor Barry, temiendo que fuera una fuerza unionista de apoyo, contuvo su fuego un momento que permitió a los virginianos llegar a 100 metros de las piezas y disparar una bien dirigida andanada, matando o hiriendo tantos artilleros y caballos que la defensa de los cañones se convirtió de golpe en imposible.

William Farquhar Barry, que ya estaba montado, pudo huir a uña de caballo. Y Charles Griffin, que tenía ya enganchados sus dos obuses del 12, montó sobre ellos cuantos artilleros pudo y huyó a su vez a escape. Ricketts, ya herido, trató de defender los 9 Parrot restantes con sus hombres y los que Griffin dejara atrás. Pero en pocos minutos  fue herido de nuevo, y tomado prisionero con todos ellos.

Los norteños no estaban dispuestos a dar definitivamente por perdidos aquellos cañones, y William Buel Franklin contraatacó enseguida al frente de los regimientos de su brigada 4º y 5º de Massachusetts, llegando a recuperarlos por unos minutos, para ser al punto rechazado colina abajo por una carga a la bayoneta personalmente encabezada por Pierre Beauregard que, sable desnudo en la mano, gritaba como un loco.

Atacó a continuación la Brigada de Andrew Porter, con los regimientos de New York 8º de Milicia, 14º de Zuavos y 27º,  seguida por el 1º de Michigan encabezado por su antiguo jefe Orlando Bolívar Willcox. Pero uno tras otro, esos esfuerzos fracasaban a su vez, cerrándose con notas dolorosas. En el ataque de Porter y ante la violencia del contraataque de Beauregard, el 14º de New York “Zuavos de Brooklyn” se desbandó parcialmente y su Coronel A. M. Wood, resulto herido y fue capturado mientras intentaba reorganizarlo. En el de Orlando Bolívar Willcox el propio Willcox, desorientado por el estrépito de la batalla y cegado por el humo de la pólvora negra, se adelanto a dar instrucciones a una compañía que resultó ser una de las compañías uniformadas en azul del 33º de Virginia, y se apresuró a disparar contra él, hiriéndolo seriamente y haciéndolo prisionero.

Así, la Brigada de Willcox había perdido a su jefe, y tenía un regimiento dañado, (el 1º de Michigan), y otro disperso, (el 11º de New York). Sin embargo el Coronel John Henry Hobart Ward, del 38º de New York, tomó el mando de los dos restantes, su propia unidad y el 4º de Michigan del Coronel Woodbury, y lanzó un nuevo asalto que iba a ser el más duro y encarnizado de todos, encabezado de nuevo por el corajudo Heintzelman. No sólo lograron ésta vez los unionistas llegar hasta los cañones en disputa, sino que rechazaron varios contraataques en torno a ellos, mientras el valiente 38º de New York conseguía incluso arrastrar tres de las piezas unas cien yardas hacia las líneas unionistas.

Sin embargo, también acabaron siendo rechazados de nuevo. Ya estaba entrando en acción la última Brigada unionista fresca, la del Coronel Oliver Otis Howard, que contaba con su antiguo 2º de Vermont, y los regimientos 3º, 4º  y 5º de Maine. Pero lo que no se nos oculta es que, a estas alturas de la batalla, los mandos parecían haber perdido todo control de sus acciones, y los unionistas atacaban, y Beauregard contraatacaba, de una forma mecánica y como sin ideas, esperando sólo que el enemigo no fuera capaz de realizar un esfuerzo más.

Algo más allá, en la zona de la ladera donde el Coronel unionista Sherman se enfrentaba a “Stonewall” Jackson, las cosas estaban más definidas, pero del lado de los confederados. En efecto, Thomas Jackson había observado en su sector la presencia de una línea ascendente de prados, en pendiente más suave y gradual que el terreno en torno a él y de la anchura suficiente para desplegar un regimiento, y estaba absolutamente seguro de que los unionistas, siempre muy contrariados por los problemas que el terreno oponía a un despliegue correcto de sus bisoñas tropas, no podrían resistir la tentación y le enviarían su fuerza ordenadamente regimiento por regimiento, (y bien separados, para que no se confundieran), por aquellos prados.

Por consiguiente tenía sus propios regimientos formando semicírculo en torno a la desembocadura de tal línea de avance, dispuesto a aplastar con una superioridad de 4 a 1 en fuego de mosquetería, y ocho cañones, (disponía de su propia batería, más la que había apoyado a Barnard Bee), a cada desgraciado regimiento que alcanzase el fin de la línea de prados. Para colmo, el final de tal línea acababa en un cambio de pendiente que impedía que el regimiento avanzado recibiera apoyo de fuego desde detrás, (incluso la Artillería tenía graves dificultades para alcanzar las posiciones de Jackson), y a más iba a penetrar en un bosque, cuya linde daba una cobertura de primera a la infantería de Jackson.

Y el Coronel William Tecumseh Sherman, pese a su fama posterior, no decepcionó las expectativas de Jackson. Hemos visto como había inaugurado su participación en la batalla con un toque de simpática originalidad, pero, como se ha podido observar, su actuación se hizo pronto más y más convencional. Y al llegar a éste punto fue incapaz de resistir la atracción de lo obvio, y envió sus regimientos, uno por uno, ladera arriba por los prados a esa especie de “recibidor de la araña” que Jackson había preparado frente a ellos. Si en algo se mostró diferencia entre él y otros mandos menos afamados después, fue en que empleó su indudable carisma para mentalizarles en la misión imposible que les encargaba, con lo que tardaron más que los regimientos de otras brigadas en reconocer su derrota, y sus bajas resultaron mucho más altas.

 Ascendió primero aquella “rampa de la muerte” el 2º de Wisconsin del Coronel H. W. Peck, se debatió media hora en intentos de avance y retrocesos, y descendió, diezmado y desmoralizado. Envió entonces Sherman al 79º de la Milicia de New York, “Cameron Highlanders”. Esta unidad era el regimiento étnico de los escoceses de New York y había sido creada por su Coronel Jacob Cameron, hermano del Secretario de Guerra de Lincoln, utilizando influencias para que se le diera el número 79º y lograr así, con tal cifra y su apellido, que se pareciera lo más posible al 79º Foot “Cameron Highlanders” de la propia Escocia. Había tenido un éxito loco, pese a que el Comisariado de New York no les había permitido usar “kilts” sino en el uniforme de gala, y en la batalla gastaban diversas chaquetas azules muy peculiares, numerosos adornos en tartán Cameron, y desde luego, gorras “Glenngarry”.

Pocos regimientos unionistas poseían un espíritu de cuerpo tan cerrado pero el desgraciado “Cameron Highlanders” sólo logró mantenerse en lo alto unos minutos más que el 2º de Wisconsin, regresando después igualmente desmoralizado, y trayendo consigo el cadáver del Coronel Cameron. Tocó ahora el turno a los irlandeses del 69º de New York del Coronel Corcoran, que hasta éste momento habían sido quizá los más agresivos y combativos soldados unionistas, pero su intentona resultaría tan desafortunada como las anteriores.

Hacia las 4 de la tarde, todo el campo de batalla había llegado a un impasse. Efectivamente, los unionistas proseguían con sus ataques, y los confederados con sus defensas y contraataques, pero en zonas muy limitadas y como en un sueño de irrealidad, favorecido porque el cielo se estaba nublando, mientras el bochorno se hacía más y más infernalmente pegajoso. Todo era tan irreal, que los propios generales “perdían” unidades. Recordemos así que Irvin McDowell tenía a mano tres brigadas que (quizá por no estar ante sus ojos), parecía haber olvidado: la de Burnside (más el gran batallón de regulares del Mayor Sykes), junto a los carros, la de Keyes, más allá de la Robinson’s House, y la de Schenk, que seguía con el mando del Brigadier Tyler al otro lado del puente de piedra. Por cierto que hacia aquella hora Tyler, quizá aburrido por su inactividad, dio al fin orden a Schenk de eliminar los barreamientos improvisados del puente, para pasar al otro lado.

Por parte del mando de Beauregard, la situación no era menos extraña. Había logrado conectar con algunas de sus brigadas, como la 1ª de Milledge Luke Bonham, (regimientos 11º de North Carolina y 2º, 3º, 7º y 8º de South Carolina), la 3ª de David Rumph Jones, (regimientos 5º de South Carolina y 17º y 18º de Mississippi), 4ª de James Longstreet,  (5º de North Carolina y 1º, 11º y 17º de Virginia), y 5ª de Philip Saint George Cocke, (8º, 18º, 19º, 28º y 49º de Virginia). Pero todas ellas estaban situadas en la zona de los vados, directamente al Este y Nordeste de Henry Hill, y no se decidía a extraer refuerzos sustanciales de ellas.

Esto debe decirse en honor a la excelente representación de agresividad que, al contrario de la de Schenk en el puente de piedra, estaban ofreciendo las brigadas unionistas de Israel Bush Richardson y Thomas Arnold Davis. (1° de Massachusetts, 2° y 3° de Michigan, 12º, 16º, 18º, 31º y 32º de New York, y baterías del Mayor Henry Hunt y el Teniente O. D. Greene). Con la continua impresión de que un ataque secundario se podía producir en cualquier momento desde aquel ángulo, Beauregard no se había atrevido a entresacar, para ir a reforzar sus posiciones en Henry Hill, sino algún regimiento suelto de las brigadas de Bonham, Jones y Cocke, dejando la de Longstreet, que consideraba su elemento de contraofensiva en el sector, totalmente intocada.


Ahora bien, los confederados contaban con otras tres brigadas: la 2ª de Richard Stoddart Ewell, (regimientos 5º y 6º de Alabama y 6º de Louisiana), la 6ª de Jubal Anderson Early (7º de Louisiana, 13º de Mississippi y 7º y 24º de Virginia), y la llamada Reserve Brigade o Aquia Force del Brigadier Holmes, que últimamente se había convertido en un cajón desastre de refuerzos de última hora, (la Hampton’s Legión le estaba asignada, aunque no se le había llegado a unir), con los regimientos 1º de Arkansas, 2º de Tennessee y 8º de Louisiana, y cuerpos de Infantería del tamaño de un batallón.

Pues bien, Beauregard seguía sin lograr entrar en contacto con estas unidades, (de las que lógicamente hubiera debido extraer las reservas para volcar a su favor el forcejeo por Henry Hill), desde la mañana. En realidad Richard Ewell y Jubal Early, más jóvenes e impetuosos que Holmes, y casi locos de furia por la inmovilidad en que se les tenía mientras el cañón bramaba a lo lejos, habían dejado ya sus posiciones, y recorrían los caminos, seguidos por sus brigadas, tratando de encontrar el campo de batalla. Pero no sabían que la lucha era al otro lado de Henry Hill, que apantallaba el sonido haciéndoles guiarse por ecos, que los desorientaban una y otra vez.

Así que el cambio en la batalla hubo de venir de otro lado, con la llegada al apeadero de Manassas de la última brigada del 2º Cuerpo de Joseph Johnston, que estaba mandada por Edmund Kirby Smith y contaba con los regimientos 1º de Maryland, 3º de Tennessee y 10º y 13º de Virginia. Organizada de inmediato, como el trabajo de Estado Mayor del viejo Johnston era mucho más serio que el del 1º Cuerpo de Beauregard, Smith se encontró con órdenes completas e instrucciones detalladas para dirigirse inmediatamente a Henry Hill.

Hacia allí partió, y quiso la suerte que arrastrando en su estela a la 6ª Brigada del 1er Cuerpo, de Jubal Early. En efecto, viendo marchar a lo lejos a la Brigada de Smith, decidida y a buen paso. Early comprendió que sabía a donde iba, y por tanto había de dirigirse al frente. Y dio orden a sus propios hombres de marchar tras ella.

El combate seguía ciegamente en Henry Hill, donde el Coronel unionista Oliver Otis Howard acababa de atacar pendiente arriba con su antiguo regimiento, el 2º de Vermont, mientras Sherman se preparaba a enviar pendiente arriba al 13º de New York del Coronel Quimby. Entonces, hacia las 16:30, la brigada de Edmund Kirby Smith apareció ante la vista del puesto de mando de Johnston en “Portici”. Y el Mayor General le envió orden inmediata de realizar su aproximación por Baid Hill, colina situada justo al Sudoeste de Henry Hill, pequeña y boscosa, y atacar desde ella el flanco derecho de la agrupación de McDowell frente a Henry Hill, ocupado por la Brigada unionista de Howard.

 Johnston estaba convencido de que los unionistas estaban escasos ya de reservas, y  serían bien zarandeados por una acción así. Sin embargo, aquélla estuvo a punto de interrumpirse pues, al subir Smith al puesto de mando de Beauregard en Henry Hill, para presentarle sus respetos y estudiar el terreno en que iba a operar, cayó gravísimamente herido por una bala de un francotirador unionista. Por fortuna para los sureños, y como Smith hacía también de Jefe de Estado Mayor de Johnston, su brigada estaba muy acostumbrada a actuar mandada por su sustituto, el Coronel Arnold Elzey del 1º de Maryland, mientras éste quedaba al mando del Teniente Coronel George Hume Steuart

Y mientras el ataque de Elzey partía, resquebrajando y haciendo doblarse peligrosamente el flanco derecho de la fuerza principal de McDowell, era la Brigada de Jubal Anderson Early la que aparecía a la vista de Johnston que, seguro de que su estrategia iba a tener éxito, le envió de inmediato orden de seguir a Elzey y atacar tras él el mismo objetivo. Para desgracia final de los unionistas, se encontraba en la zona JEB Stuart, viejo conocido de Early que acababa de regresar de Baid Hill, y aseguró al jefe de la 6ª Brigada que Johnston estaba en lo cierto y con un solo empujón más, si se daba con rapidez y energía, toda el ala derecha norteña iba a resquebrajarse como madera podrida.

Early le hizo caso, y lanzó a sus soldados a cruzar Baid Hill tan aprisa, que su ataque se produjo cuando aún duraban los últimos momentos del de Elzey. Y su impacto resultó más de lo que podían soportar los regimientos de Howard, (2º de Vermont y 3º, 4º y 5º de Maine), ya desordenados por Elzey, que se desbandaron de golpe, (para horror del propio Howard, que durante toda la guerra iba a demostrar ser un oficial muy puntilloso con su honor aunque descuidado con sus flancos).

La repentina desintegración de la Brigada de Oliver Otis Howard trasmitió un estremecimiento a toda la fuerza unionista reunida ante Henry Hillen algunas de cuyas unidades empezaron a dibujarse conatos de desbandada, mientras cada comandante comenzaba a hacer evolucionar a sus tropas para hacer frente al hueco aparecido, de una forma más bien desordenada y que no hizo nada para mantener la ahora decaída moral.


 Y Pierre Gustave Toutain Beauregard, que estaba viéndolo desde lo alto de la colina, tuvo entonces un instante de inspiración que redime muchas de sus numerosas chapucerías de mando anteriores: dio orden de que todos los regimientos confederados de la colina se pusieran en pie y descendieran con la bayoneta calada. En realidad era un farol, que difícilmente podía haberse mantenido si los unionistas se pegan al terreno y resisten pues la mayoría de aquellos regimientos estaban agotados por interminables horas de combate y con las cartucheras vacías. Incluso la artillería confederada estaba agotando su munición y retirándose, batería por batería.

Pero Beauregard había sabido comprender el momento en que las tropas unionistas no iban a ser capaces de resistir la visión de lo que desde abajo parecía una enorme masa de hombres y bayonetas, descendiendo la colina al unísono. Y el Ejército de Irvin McDowell se desintegró.

De ser un ejército, quedó convertido en una masa de hombres que corrían, mientras algunos grupos de tropas más instruidas o de oficiales que se esforzaban en vano en reorganizar a sus hombres, quedaban como islas en un mar crecientemente desierto. Algunas brigadas que quedaron fuera de la primera estampida, se desorganizaron menos y se retiraron con alguna dignidad, como las de Keyes y Sherman, que se alejaron hacia el puente de piedra, y la de Burnside y los regulares de Sykes, que retrocedieron hacía Sudley’s Ford. En cambio el pánico era a veces contagioso y la Brigada de Robert Cummings Schenk, que no había olido realmente la pólvora en todo el día, acababa de desbloquear el puente de piedra cuando fue alcanzada y desorganizada por la oleada principal de fugitivos, hombres mezclados de unidades diferentes que llegaban corriendo desde Henry Hill.

El pánico se impuso al grueso de los hombres de Schenk, y éstos se unieron a la fuga, dejando desgraciadamente el puente sin defensa y perfectamente limpio, como una inesperada amabilidad al posible perseguidor.

Irvin McDowell, desesperado, mandó órdenes al Coronel Dixon Miles, jefe de la 5ª División con mando en Centreville, para que corriese con un par de brigadas al puente de piedra. Su idea era detener la fuga allá y contener, aprovechando las tropas frescas de Miles, a los confederados en la línea del Bull Run, con lo que la ya inevitable derrota podría mantenerse dentro de las dimensiones de lo aceptable. Pero, como tras enviar un par de mensajes y recibir tan sólo una contestación incoherente, siguiese sin tener noticia de que Miles estuviera haciendo nada, hubo de presentarse al galope en la propia Centreville, donde encontró la respuesta a sus dudas. No se había hecho ningún preparativo porque Dixon Miles estaba tan borracho que no podía hilar dos ideas, e incluso, siendo un viejo jinete, se caía del caballo.

Al parecer, dolido por ser el único de los soldados con mando de división que no había recibido una habilitación de Brigadier, y más porque le parecía que el papel secundario de la 5ª División en el plan de batalla iba a imposibilitar que se la ganara, el “angelito” llevaba todo él día pegado a la botella, (de hecho a varias botellas). Y, para cuando McDowell descubrió el problema, era ya tarde para organizar el movimiento anteriormente planeado.

En efecto, entretanto los confederados, cuya infantería estaba en pésima condición para perseguir al enemigo, habían dado luz verde a la caballería para hacerlo. No es que fuese mucha caballería: se limitaba al “Black Horse” por parte del 2º Cuerpo, y a un “30º de Caballería de Virginia” de R. C. W. Radford, (que no tendría continuidad), un “Batallón de Harrison” y varias compañías independientes del 1º. Total, menos de 2.000 hombres, lo que sin embargo cuadruplicaba a los 500 jinetes norteños con que había contado el Mayor unionista Innis Newton Palmer.

El “Black Horse” era la unidad más próxima, y entró en acción la primera, tratando de perseguir al enemigo que huía por el Sudley’s Ford. Pero, apenas cruzado éste, fue frenado en seco y obligado a recular por un duro esfuerzo defensivo a cargo de la Infantería Regular de George Sykes, apoyada por la batería del Capitán Arnold. Más suerte iba a tener, en la Warrington Turnpike, la Caballería del 1er Cuerpo. Se hizo ante ella un intento de defender el puente de piedra, por parte del infatigable 69º de la Milicia de New York del Coronel Michael Corcoran, y la batería Carlisle. Pero el terreno era allí mucho más abierto, y por tanto favorable a la Caballería, que en la zona de Sudley’s Ford, y los irlandeses de Corcoran eran bastante menos numerosos que los regulares de Sykes, (amén de estar agotados, y cortos de munición).

Así, aunque lograron rechazar los primeros tanteos, y detener un ataque en masa de los jinetes de Radford, un ataque inmediatamente posterior y llevado a cabo desde otra dirección por una Compañía autónoma, (mandada por el Teniente Thomas T. Munford), logró romper su formación y ponerlos en fuga. Corcoran, que peleaba por mantener aún una parte de ellos en línea, fue herido y capturado. Por el hueco así creado se introdujo la Batería de Alexandría, del Capitán Kemper, que tuvo la astucia de disparar sus cañones contra el puente del Cub Run, donde se imaginaba que el desorden de la fuga habría creado un buen atasco.

¿Atasco? Aquello era un caos, magnificado, si cabe, por la gran cantidad de coches y calesas civiles que disputaban el paso a los carros, cañones, armones y ambulancias del Ejército. Y los proyectiles del Capitán Kemper culminaron el desastre, alcanzando de lleno a un gran carro de Intendencia que quedó medio reducido a astillas, volcado y cruzado barreando el puente. La sensación de los hombres de estar atrapados hizo el resto, y al grito de “¡Viene el Black Horse!” Cundió el pánico.

El corresponsal del “The Times” Russell, que lo presenció y era, a la par que su reaccionario periódico, muy proconfederado, dio toda clase de detalles en su crónica.

Al parecer, masas de soldados, (y algunos civiles), aterrorizados, se lanzaron a cruzar el Cub Run, vadeando o nadando, arrojando armas y equipo, los conductores de ambulancias y cañones abandonaban unos y otros para cortar las correas de las caballerías y huir sobre ellas montando a pelo, e incluso algunos hombres enloquecidos subían a las ambulancias y arrojaban heridos desde ellas, para ocupar su puesto haciéndose pasar por tales.

Sin embargo, el temido “Black Horse” estaba aún en Sudley Springs, lamiéndose las heridas de su último encuentro. Y la Caballería del 1er Cuerpo, más próxima y habiendo alcanzado mayor éxito, había quedado cansada y algo desmoralizada tras la dura resistencia que le opuso Corcoran, y no avanzaría hasta más de media hora después, cuando lo peor del pánico ya había pasado. Esta  fuerza se dirigiría entonces directamente hacia Centreville, para topar ante ella con la brigada unionista de Ludwig Blenker, que la frenó en seco en un corto pero duro combate, con un centenar de bajas de cada lado. Blenker contaba  con los regimientos básicamente alemanes 27º de Pennsylvania y 8º y 29º de Voluntarios de New York, (coroneles Einstein, Stahel y Von Steinwehr), y el 39º de Voluntarios  neoyorquino, (con italianos, españoles, franceses y húngaros), del Coronel F. G. D. Utassy. Y contaba con el apoyo de la Batería A del 2º de Artillería (Capitán John C. Tidball) y la Batería del Capitán Charles Bookwood, de los Voluntarios de New York.

El bochorno del día se había resuelto entretanto en lluvia durante la fase de persecución, y esta última acción ante Centreville hubo de librarse bajo una espesa cortina de agua. Y, siendo ambos ejércitos bisoños, la copiosa lluvia, que iba además a continuar durante todo el lunes 22, iba a resultar un inconveniente insuperable tanto para la reorganización de los apaleados unionistas, como para que sus rivales pudieran explotar su éxito.


De hecho el Presidente confederado Jefferson Davis se había presentado a caballo en el campo de batalla antes del final de ésta, y exigía perentoriamente acciones de persecución más vigorosas tras el semifracaso de la caballería. Pero no se podía superar el cansancio y la bisoñez de las unidades, y la Brigada de Milledge Luke Bonham, finalmente designada para encabezar un nuevo avance hacia Centreville, no logró estar a punto hasta la caída de la noche del domingo.

Retrasada la operación al lunes, la fuerte lluvia, que había convertido los caminos en ríos de barro, resultaba un terrible obstáculo al avance de la artillería, y más a la peculiar artillería pesada tirada por bueyes de los confederados, cuando se necesitaba toda la artillería para atacar las posiciones unionistas de Centreville. Al fin los confederados alcanzaron Centreville en la mañana del martes 23 de Julio para encontraría vacía. En el día anterior el Northeastern Virginia Army unionista de Irvin McDowell, descorazonado y disminuyendo a ojos vistas por las deserciones y el licenciamiento de unidades que habían cumplido ya sus tres meses, se había replegado definitivamente, sobre Washington.

Así terminó la batalla que los unionistas llamaron “de Bull Run”, (y más tarde “Primera Batalla de Bull Run”), y los confederados “Manassas” o “Manassas Junction”. Se han hecho diversos cálculos de las bajas sufridas, ninguno de ellos de completa confianza, de los que puede deducirse que los confederados sufrieron en ella unas numerosas bajas, (incluyendo la pérdida de los jefes de Brigada Bee y Bartow y los de regimiento Jones y C. F. Fisher, del 6º de North Carolina, muerto en Henry Hill). En cuanto a los unionistas, sus pérdidas humanas ascendían a casi un tercio superior al enemigo (Del total, casi 500 serían muertos, incluyendo los jefes de regimiento J. S. Slocum y Jacob Cameron).

Debe recordarse que los muertos que se dan son siempre los recogidos en el campo de batalla, que solían representar entre poco más de la mitad y una tercera parte de los muertos finales. (Muchos heridos morían en las 24 horas siguientes, por falta de sangre o a causa de las terribles curas que se practicaban. Otra buena cantidad en los 10-15 días siguientes, por la “pulmonía del herido”, muy frecuente y gravísima en aquellos días y después aún seguían falleciendo hasta tres meses e incluso más a causa de complicaciones de las heridas y sus curas, infecciones, septicemia y el temido tétanos).

Además los confederados habían tomado 27 cañones, (incluyendo el Parrot de 30 libras, que fue abandonado en el atasco del Cub Run con otras piezas), una cifra de fusiles que se discute mucho, pero que pudo estar entre 4.000 y 8.000, 4.500 equipos completos, 500.000 cartuchos de fusilería, carros, caballos, ropa, comida y casi cualquier otro útil que se pueda imaginar. Las bajas fueron particularmente numerosas entre los oficiales, y aún más en el Sur donde, al menos en este frente, la experiencia hizo abandonar a los oficiales confederados el uso de sus antiguos uniformes de la Unión, que destacaban demasiado entre su tropa.

Entre los confederados, Francis Barlow fue ascendido póstumamente a Brigadier con fecha del día de la batalla. Al mes siguiente fueron nombrados brigadieres Jubal Early, JEB Stuart y el Coronel de Artillería Samuel Jones. Por su parte, Beauregard recibió de inmediato el despacho de Mayor General y para principio de otoño, “Stonewall” Jackson obtendría el suyo. Otros hombres cuya carrera se vería impulsada por Bull Run serían Thomas Munford, encargado enseguida como Mayor de ir formando el 2º de Caballería de Virginia, el artillero Kemper o más indirectamente, su compañero John Imboden.

Imboden peleó en Bull Run como Capitán al frente de la batería “Stauton”, inicialmente asignada a la Brigada de Barnard Bee y luego cedida a Thomas Jackson en la defensa de Henry Hill. Y como el emplazamiento de sus cañones estaba situado junto al puesto de mando de Jackson, e Imboden había sido alumno de Artillería de aquél en el V.M.I, ambos hombres reanudaron durante la batalla, y desde un nuevo punto de vista, su antigua relación, naciendo una especie de amistad de aire sangriento. En efecto y por una imprudencia suya, sus cañones habían reventado aquella mañana un tímpano a Imboden, que tenía manchas de sangre en el cuello y hombro, e hilillos de sangre seca colgándole de la oreja. Y a Jackson, herido de poco cuidado en el brazo por una esquirla de granada, le goteaba sangre hasta la mano, de cuyos dedos se la chupaba, pensativo, dejándose las barbas perdidas. En todo caso, a Jackson le gustó el “estilo” del Capitán, al que semanas después reclamaría para su famoso “equipo”.

Respecto a quien había ganado la Batalla de Bull Run, la respuesta es obvia: Joseph Eggleston Johnston, sin cuyo plan para agrupar ambos cuerpos los confederados no hubieran tenido la menor oportunidad, cuyas tropas habían llevado el peso de la batalla y sufrido el doble de bajas que el 1er Cuerpo y que, al fin, era quien había conseguido las reservas decisivas gracias a su idea de utilizar el ferrocarril, y les había indicado donde golpear.

Sin embargo Beauregard, muy popular entre la Prensa confederada desde el asunto de Fort Sumter, y muy hambriento de gloria, empujó decididamente para salir “en el centro de la foto”, y logró que tal gloria le fuera atribuida, aprovechando que era a él al que los soldados habían visto combatir. Y Johnston, viejo caballero poco ansioso de discutir, lo dejó hacer sin más que alguna protesta formularia.

En cambio, el afán de protagonismo de Beauregard encontró un inesperado rival en el propio Presidente Jefferson Davis. Este, que desde un principio había sido decidido partidario de hacer cualquier sacrificio por incluir Virginia en la Confederación, y de que éste Estado podía ser defendido de los ataques norteños, había por ello tenido que soportar agrias disputas con Robert Barnwell Rhett y otros fire-eaters, y pagado un precio en crédito político, y se sentía con derecho a reclamar cuanta gloria le fuera posible, como compensación. Y en esta lucha sorda por el favor de Prensa y público se desarrolló entre ambos hombres, hasta entonces en inmejorables relaciones, (Beauregard había sido el primer general nombrado para el Ejército Provisional), en un verdadero odio.

Pierre Gustave Toutain Beauregard era un descendiente de la familia francesa monárquica de los Toutain, que poseían plantaciones en las Antillas francesas, y durante la Revolución fueron a instalarse a Louisiana, levantando la rica plantación llamada Beauregard. (Una forma de “Buena Vista”, y no, como aseguraba el personaje de Marilyn Monroe en “Bus Stop”, “Ojos Bonitos”). Cuando el joven Pierre se había presentado para iniciar la carrera militar en West Point, había firmado sus papeles a la manera aristocrática europea, añadiendo el nombre del solar al propio: “Pierre Gustavo Toutain de Beauregard”. Y la Academia había borrado el “de” y le había impuesto Beauregard como apellido, y su verdadero apellido, Toutain, como tercer nombre.

Pese a que, dos generaciones después de la llegada de los Toutain a Louisiana, Beauregard sólo era parcialmente francés, estaba encantado de serlo y se pasaba el día “haciendo el francés” como él lo entendía, lo que en realidad era una sobreactuación más bien gascona. Por lo demás un hombre de 43 años, guapo y de facciones finas, con bigote y perilla a estilo mosquetero, está hoy muy mal considerado profesionalmente por la historia anglosajona, que no soporta sus discursos, ultraexagerados y totalmente decimonónicos en su aparatosa concepción, ni su actitud de divo, y le reprocha mucho su chapucero trabajo en Bull Run.

Efectivamente, sus discursos sólo pueden leerse hoy como piezas cómicas, y no sólo su trabajo de estado mayor en Bull Run, sino también muchas de sus instrucciones como comandante de Camp Pickens, son feas chapuzas, que le delatan claramente adormecido al calor de su éxito en Fort Sumter.

Pero no nos engañemos: la chapucería estaba al orden del día en aquellos momentos, y tras la ruindad con que son estudiadas sus actuaciones posteriores tienen que existir móviles no técnicos: probablemente el “castigarle” por haberse convertido en un enemigo declarado de Jefferson Davis que aun hoy, sigue siendo una vaca sagrada de la gran derecha estadounidense. De hecho y aun dentro de su poca brillante actuación en Bull Run, demostró gran valor personal y capacidad de improvisación en Henry Hill, y tuvo un toque de auténtico genio al “ver” el momento en que aun la insinuación de un ataque general "rompería la espalda" a los unionistas. Y como Sherman, cuya actuación en Bull Run tampoco había sido demasiado buena, y con el que mal que le pese a la tradición estadounidense le veo más de un paralelismo, era un soldado con la no tan corriente cualidad de aprender de sus errores, y que mejoraría mucho con el tiempo.

Pero los primeros efectos de su choque con Davis se hicieron ver de inmediato, cuando los Cuerpos 1º y 2º confederados fueron fundidos en un solo mando, que llevaría el nombre de “Ejército del Potomac”, (Army of the Potomac), antes empleado por el 1º. En efecto, y pese al extraordinario prestigio que poseía en aquel momento Beauregard, el mando de esta gran unidad fue entregado, (merecidamente), a Joseph Eggleston Johnston, quedando aquél como su ayudante y segundo jefe.

En el Norte no rodaron  cabezas al estilo que a menudo sucede a una derrota militar sonada. El viejo Winfield Scott, que quizá se sentía parcialmente culpable de lo ocurrido, por no haber sabido prevenir la innovadora acción de Johnston, se opuso a ello, y el Presidente Lincoln le secundó. Tan sólo los viejos generales de Milicia Robert Patterson y Theodor Runyon, que habían tenido un rendimiento inferior a sus expectativas y estaban en filas por tres meses, encontraron que, al cumplirse este periodo, no se les renovaba sus comisiones y se les pedía discretamente que no se ofreciesen por nuevos plazos, con lo que se encontraron reenviados a sus casas sin ruido. Daniel Tyler, chapucero y obstruccionista, no fue siquiera amonestado, pero encontró que la confirmación de su habilitación de Brigadier se retrasaba mes tras mes y, para cuando recibió el ascenso en firme, hacía tiempo que sus antiguos comandantes de brigada eran brigadieres en firme a su vez. Mientras, perdió el mando de la 1ª División, pasando a cargos administrativos.

 El hombre más castigado fue Dixon Miles, al que se le comunicó que su posible ascenso quedaba indefinidamente retrasado, y debería hacer algo para demostrar una nueva actitud antes de que tal retraso se revocara. En cuanto a Irvin McDowell, el hombre cuya cabeza pedía más la Prensa, Scott se limitó a quitarle el mando del Ejército y ponerle al frente de la División antes mandada por Tyler. Para el mando de la 2ª División, vacante mientras David Hunter se debatía aún entre la vida y la muerte, se hizo traer del Oeste al combativo aunque viejo Erwin Vose Sumner. El de la 3ª siguió en manos de Samuel Peter Heintzelman, mientras la 4ª debía ser reorganizada, al desaparecer, con los tres meses, la brigada formada por Milicias de New Jersey. En cuanto a la 5ª, pasó a las manos de Ludwig Blenker.

Naturalmente, la decisión más importante era a quién dar ahora el mando del Ejército. Pero para eso hubo de pensarse poco, pues Prensa y público cantaban ya el nombre del héroe unionista del momento, y hasta Winfield Scott reconoció que, dada su capacidad organizativa, será el hombre apropiado para afrontar la reorganización que el fin de los periodos de tres meses requería: por supuesto, hablamos de George Brinton McClelland, que llegó a Washington ya el 26 de Julio.

 


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