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Capítulo XVI: Principios de Otoño de 1861 en el Oeste

Vamos a comenzar yéndonos muy al Oeste. Tan al Oeste como California donde, por mucho que el Estado cumpliera sus obligaciones económicas con la Unión y sus delegados aprobaran las decisiones del Gobierno en las sesiones extraordinarias del Congreso, no se había creado ni siquiera un mínimo ambiente de guerra, ni movilizado una sola unidad hasta bien entrado el Verano. El motivo era que la mayoría de los californianos estaban enfurruñados porque su gran favorito. Frémont, no hubiese sido el candidato republicano en las elecciones. Y entre esto y el que la guerra les parecía muy lejana, la veían como algo ajeno. Y desde luego el Gobernador John Downey no deseaba correr riesgos políticos azuzándolos.

Pero la autoproclamación del texano John R. Baylor como “Gobernador de Arizona” rompió esa placidez. De golpe, los californianos se encontraron con que la confederación reclamaba llegar hasta sus fronteras, (porque en Richmond nadie desautorizó a Baylor). Y eso les trajo a la memoria que, hacía poco más de diez años, los actuales confederados habían reclamado el derecho a formar un Estado esclavista en el Sur de California, Y, a la vista de que la Confederación iba actualizando incluso las exigencias esclavistas más descabelladas, era de temer que una posible rebelión triunfante se pusiera “insistente” en cuanto a establecer algo parecido. La idea cambió radicalmente el humor de los californianos.

En el acto, comenzaron a reclutarse los primeros regimientos de Voluntarios de California que serían los 2º, 3º, 4º y 5º. Siendo el 4º de California una unidad mixta de caballería y artillería. Que finalmente sólo actuarían en campañas indias, aunque muchos californianos que se habían desplazado al Este como voluntarios combatirían en unidades de allí, llegando algunos de ellos a altos cargos en el generalato unionista. Es de destacar historias como la del 1º de California, que oficialmente sirvió durante la guerra como el 71º de Pennsylvania organizado en Oregón por el Senador Edward D. Baker en las pasadas fechas de Agosto de 1861, cayendo Baker en combate durante la batalla de Ball’s Bluff. Pero esto ya lo contaremos más adelante. Otro detalle a destacar de californianos en el este es el caso de 5 compañías del 2º de Caballería de Massachusetts, siendo conocidos como el Batallon de California.



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Company A ('California' 100), 2º Massachusetts

Además, se cortó de inmediato la actividad de los agentes secesionistas, a los que se les había estado permitiendo incluso reunir dinero y reclutar voluntarios públicamente. Por el contrario, ahora eran deportados o encarcelados. Y después, al filo de Octubre, cuando se supo que grupos prosecesionistas se estaban concentrando en la hacienda llamada “Rancho Temécula”, en los Montes Santa Ana, al Sur de Los Angeles, se organizó rápidamente una considerable tropa de milicianos y voluntarios civiles para ir a desalojarlos. Cuando esa fuerza alcanzó Rancho Temécula el sábado 5 de Octubre, tales rebeldes se habían esfumado. Probablemente parte se dispersó, y el resto cruzó la ya no muy lejana frontera de Mexico, para poder alcanzar libremente territorio confederado.

Desplazándonos ahora hacia el Este, llegamos a Nuevo Mexico, donde el recién llegado Coronel Edward Canby ya había iniciado la labor de intentar recuperar la moral de los soldados regulares de aquel territorio, mientras se comenzaba a reclutar unidades locales. Lo cierto es que dada la escasez de estadounidenses en aquellas zonas, se trataba básicamente de regimientos hispanos, con algún oficial “gringo”.

Y el momento para reclutar hispanos era bueno, a causa de los miles de ellos que habían sido desplazados por la rebelión apache y debían buscarse el sustento. Por otra parte, había una vieja inquina entre los hispanos de Nuevo Mexico y los “gringos” texanos, que habían intentado anexionarse Nuevo Mexico varias veces mediante expediciones militares, durante sus años de independencia. (Y a la vista del trato recibido en general por los hispanos en Texas, tenían mucho más interés en parar los pies a la Confederación que los habitantes “gringos” de Nuevo Mexico, muy pocos de los cuales se alistaron).

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Kit Carson

Se estaban formando cinco regimientos, todos ellos mandados por coroneles también hispanos salvo el 1º llamado “Taos Mounted Rifles”, cuyo jefe era una leyenda viviente, el Teniente Coronel de Voluntarios Christopher “Kit” Carson, En efecto, este famosísimo ex-cazador, explorador, guía e “Indian Agent” había acabado su vida aventurera instalándose como terrateniente en la región de Taos. Tenía ya 53 años, pero pertenecía al género durable, y con su famosa melena mucho más recortada, (no menos que por debajo de las orejas); las facciones acusadas por la edad y un bigote caído que antes no estaba allí, aún seguía siendo un tipo notable y carismático.

Frente a los unionistas, la tropa de Baylor permanecía bastante quieta, por más que al haber ordenado Canby ocupar de nuevo Fort Craig, una pequeña acción se produjo al filo de Octubre en Cañada Alamosa no lejos de él, con 10 bajas confederadas, con 2 muertos, y quizá 8 unionistas, (Una aún menor acción anterior se había producido el 15 de Agosto, cuando el Capitán Thomas Helm, antes comandante de la Batería confederada de Texas y ahora encargado de la exploración del Sendero de la Mariposa hasta Tucson y más allá, encontró resistencia en el Cañón de Cook).

De todas formas, la principal preocupación de Canby no era ya Baylor. En efecto, el mando confederado había creado una brigada para que se encargase, cuando el tiempo fuera favorable, de la guerra en Nuevo Mexico. Esta brigada contaba por supuesto con la unidad de Baylor, pero reforzado por los Regimientos 4º, 5º y 7º de la Caballería de Texas, bajo el mando del Brigadier del Ejército Provisional Henry Hopkins Sibley.

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Henry Hopkins Sibley

Se trataba de un militar de cierto prestigio. Coronel al mando de un Regimiento de Caballería en la anteguerra e inventor de la tienda de campaña “Sibley”, (lejanamente inspirada en los “tipis” indios), que era uno de los modelos típicos del Ejército, Hombre bigotudo, con grandes patillas y mandíbula prominente hasta lo caricaturesco, tenía una tendencia al “impulso adelante” por sí mismo, que iba a ser a la vez su fuerza y su debilidad en la campaña que se prometía.

Sólo que ésta se encontraba aún lejos porque, en lo mas seco del Verano y en regiones poco pobladas y aún más desertizadas por las correrías apaches, sus relativamente numerosos refuerzos no iban a encontrar fácilmente el sustento que la más pequeña fuerza de Baylor aún podía procurarse. Por tanto, su concentración y avance sobre el enemigo fue detenido en espera del aire frío, las pozas y manantiales rebosantes y la hierba crasa del invierno.

Pero si el Verano suponía una barrera para las tropas confederadas, no lo era para los frugales y sanguinarios apaches. Antes bien, les daba ventaja al multiplicar los tramos vadeables en los ríos y facilitar la localización de sus enemigos, siempre mucho más dependientes del agua, y por tanto atados a ríos, manantiales y pozas que decrecían en número, que ellos. Aquel Verano, la sublevación liderada por Cochise y Mangas Coloradas alcanzó su máxima extensión. Para el final del Verano, las víctimas de los apaches eran ya 3.000, y lo que hoy es Arizona se estaba vaciando de norteamericanos e hispanos velozmente, de forma que hasta los pueblos quedaban abandonados e incluso la ciudad más importante, Tucson, iba quedando vacía.

Ecos del terror creado por los chiricauas y sus aliados occidentales llegaban incluso, quizá vía Mexico, más allá del Río Grande, donde en Nuevo Mexico oriental y Texas occidental se registraba una creciente actividad también en tribus apaches locales, como los Mescalero, Concho y Lipán. En el Llano Estacado de Texas occidental, no lejos de la Escarpada Mescalero, una patrulla de caballería texana tuvo un mal encuentro el 12 de Agosto con una fuerte banda apache, que la emboscó y casi aniquiló, causándole 15 muertos. Los apaches eran seguramente mescaleros de la tribu de los “Llaneros”; los confederados debían ser tropa del 1er Regimiento de Fusileros Montados de Texas que el Coronel Henry Eustace McCulloch, hermano de Ben McCulloch y ex-ranger como él, había creado para vigilar la frontera india.

Los unionistas de Nuevo Mexico y en especial sus nuevos soldados hispanos, que pertenecían al grupo de población sobre el que recaía la inmensa mayoría de las muertes, no dejaban de inquietarse ante las brutalidades de los apaches, y muchos de ellos hubieran deseado olvidar momentáneamente la amenaza confederada y atacar a los indios en una campaña de represalia. Este ambiente de violencia estuvo a punto de dar lugar a un peligroso incidente en Septiembre, durante la carrera de caballos que tradicionalmente se celebraba todos los años en Fort Faultneroy, al Norte, entre hispanos y navajos.

Casi formaba parte de la misma tradición el que ambas partes trampeasen y se emborracharan, terminando todo con una fenomenal batalla campal a golpes y silletazos, en la que acababan por salir a relucir cuchillos y botellas rotas, para saldarse cada año con algún muerto y una larga lista de heridos. Sólo que aquel año el Coronel de uno de los regimientos hispanos en formación, José Francisco Chaves, que estaba al frente del fuerte, perdió los nervios al ver la pelea y estuvo a punto de disparar, contra la masa de navajos que peleaban, un cañón del doce cargado de metralla. Por fortuna, los artilleros se opusieron, impidiendo semejante salvajada, que podía haber puesto también en la senda de la guerra a los navajos. (Y no se debe olvidar que éstos, aunque mucho más pacíficos y peor armados que los apaches, eran en el territorio casi 13.000, lo que se trataba de triplicar el número de todos los apaches).

El propio Coronel Canby hubo de intervenir al fin para desautorizar a Chaves y levantar los castigos que había impuesto a los artilleros. Desgraciadamente, esto no hizo sino ensombrecer aún más el clima de sospechas que se estaba creando entre los voluntarios y los regulares, cada uno de cuyos grupos temía que el otro se desbandase bajo el fuego de un enemigo medianamente serio.


Más al Este, un curioso personaje llamado Albert Pike estaba haciendo lo posible por mejorar las relaciones de la Confederación con los pieles rojas. Nacido en Boston y de profesión abogado, pero residente en Arkansas, era pese a sus sólo 52 años quizá el mayor erudito norteamericano sobre tradiciones legales e historia de la jurisprudencia, y había publicado libros de poemas, enseñado en universidades y encontrado tiempo para explorar el Llano Estacado, llegar a Gran Oriente de la francmasonería, servir como Indian Agent, dirigir un periódico, participar en la Guerra de Mexico e incluso batirse en duelo con John Selden Roane, otro notable personaje de Arkansas y futuro general confederado.

Todo parecía hacerlo por espíritu deportivo, entusiasta pero no absorbido, y así, siendo en principio Whig de izquierda y antisecesionista, se había unido para no disgustar a sus vecinos a la causa confederada, siendo nombrado Brigadier General y Comisario de Asuntos Indios. Para eso estaba especialmente preparado, porque conocía a muchos Jefes indios e incluso había sido el abogado en repetidas causas legales de las tribus indias contra la Unión, logrando para ellas varias sentencias favorables.

Pike se puso manos a la obra con su habitual entusiasmo, y el 12 de Agosto, en un gran paw-paw con los jefes de los Wachita y Comanches, logró que los Comanches, enemigos tradicionales de los texanos, se comprometieran a no realizar incursiones en Texas mientras los jóvenes texanos estaban lejos de su tierra, luchando en los frentes de la Guerra Civil. Los texanos se han quejado más tarde de que éste acuerdo no se cumplió, pero lo cierto es que fue respetado casi al cien por cien durante cerca de dos años, al final de los cuales Pike ya no estaría presente para renovar sus términos.

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John Ross, Jefe Cherokee

Después se dirigió al Territorio de las Cinco Naciones, que con su civilización agrícola sumaban ya la cifra, altísima para un grupo de población india, de 70.000 individuos. (Mientras, por ejemplo todas las ramas de los cazadores Sioux, que ocupaban lo que hoy son cinco grandes Estados, no sumaban seguramente en conjunto ni 20.000), Pike confiaba atraerlos al área de influencia de la Confederación, aprovechando sus excelentes contactos, en particular entre los Cherokee, (la tribu más numerosa con más de 30.000 individuos), y el hecho de que muchos jefes prestigiosos, como John Ross de los Cherokee o George W. Stindham de los Creek, poseían ya pequeñas plantaciones de algodón trabajadas por esclavos de color.

Pike culminó su labor el 21 de Agosto con un gran acto político o asamblea en Tahiege, donde se adhirieron a la causa confederada los jefes Cherokee John Ross y Stand Watle y 4.000 jóvenes y cabezas de familia de la tribu. En Septiembre, la asamblea de las Cinco Naciones comenzó a crear milicias locales secesionistas, fundando a la vez una organización de alarma local similar a los “minutemen” de los blancos, y una especie de pequeña Brigada Montada de intervención, que contaría con dos pequeños batallones Cherokee y uno Chocktaw.

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Jackson McCurtain, Tte. Coronel del 1º Batallón Chocktaw Oklahoma, CSA

El Gobierno Provisional Confederado quedó muy agradecido por los éxitos de Pike, y le nombró Brigadier al frente de la unidad de intervención, por más que las obligaciones de su cargo de embajador plenipotenciario ante los pieles rojas no le permitían tomar el mando, que fue asumido interinamente por el Coronel Douglas Hancock Cooper, jefe del Batallón Chocktaw; (los dos Cherokee estaban mandados por John Drew y Stand Watle con el grado de tenientes coroneles).

Sin embargo, y aunque la rápida acción de Pike había atraído al grueso del territorio al campo confederado, la reacción favorable no fue unánime, apareciendo pronto un claro foco de disidencia entre los Seminole. Esta dura nación piel roja había permanecido en guerra más o menos abierta con los Estados Unidos desde 1808, (las primeras fuerzas estadounidenses empezaron a realizar incursiones en Florida prácticamente desde que la sublevación española contra Napoleón les aseguró que España, que luchaba con uñas y dientes por su supervivencia, no iba a disponer de reservas que enviar a aquel territorio), hasta 1857. Y finalmente había sido virtualmente aniquilada sin llegar nunca a rendirse.

Por ello, los Seminole eran los últimos y con diferencia los menos numerosos de las tribus deportadas al Territorio, y no habían llegado como una nación compacta, sino en varios paquetes, durante las Guerras Seminoles Segunda y Tercera, según el Ejército aprisionaba a algún grupo, en general formado por no combatientes, con una alta proporción de mujeres, niños y ancianos y muy pocos hombres adultos. Así, entre su escaso número, su llegada en pequeños grupos, y la necesidad de casar mujeres con hombres de otras tribus, casi no habían aumentado en largo tiempo, viéndose en peligro de perder su identidad.

Esto había cambiado cuatro años atrás, con la rendición y consiguiente deportación al territorio de la partida de guerra del jefe Opothleyahola o “Old Gouge”, que había aportado cierto número de hombres jóvenes y un mito viviente en torno al que los Seminole podían agruparse. Ahora bien, aunque el “Old Gouge” había recibido los habituales sutiles sobornos, en forma de algunas tierras y esclavos de color, estaba aún demasiado cerca de ser un “salvaje rebelde”, (y no un “indio civilizado” como Ross o Stindham), para aceptar el ideario sudista.

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Opothleyahola o “Old Gouge”

Como muchos guerreros no demasiado primitivos, aceptaban con naturalidad el hecho de la esclavitud, (que era una suerte clásica del prisionero de guerra). Pero el que hubiese “esclavos naturales”, o el que una u otra raza estuviera “naturalmente destinada a la esclavitud”, era para él una noción comprobadamente ridícula. Los Seminole, precisamente, siempre habían admitido en sus filas a esclavos negros fugitivos que demostraran ser fuertes y valientes. Y sabía perfectamente que él mismo había capturado y esclavizado a blancos, indios y negros, y que al entregarse a los blancos, él mismo había devenido en cierta forma en esclavo.

Además, aunque no dotado de las dotes diplomáticas de su antecesor Osceola, no carecía del clásico instinto político que los blancos encontraban increíble e innatural en un “salvaje”, y tenía el convencimiento de que había sido el Sur el que había estado empujando durante cincuenta años a los blancos contra Florida y los Seminole, dando lugar al calvario de su pueblo para luego no aprovecharla (en 1861, Florida era aún uno de los Estados menos poblados de la Unión, y seguiría estando escasamente poblada hasta que, ya avanzado el Siglo XX se encontraran nuevas formas de combatir sus fiebres endémicas). Y todo, según juzgaba no sin razón, con el ruin objeto de tener dos votos esclavistas más en el Senado de Washington.

De manera que Opothleyahola odiaba ferozmente al Sur y a los confederados, y desde el primer momento opuso su veto terminante a cualquier acuerdo que significase unir el Territorio de las Cinco Naciones a ellos. Los otros jefes no le hicieron sin embargo caso, (al ser el último llegado, el más pobre de todos ellos y el líder de la con mucho más pequeña de las naciones, que de seguro no llegaba aún a los 3.000 individuos). Pero el viejo jefe no se dejó acallar y, según los acuerdos que había vetado iban entrando en vigor, abandonó su finca y las tierras “civilizadas” de las Cinco Naciones, retirándose a la pradera con sus partidarios. Estos no eran aún muchos, incluyendo tan sólo el grueso de los Seminole y algunos disidentes Creek y Chocktaw con unos 2.500/3.000 individuos, pero representaron el nacimiento de una oposición, y el origen de una guerra civil en las Cinco Naciones que iría incorporándose a la gran Guerra Civil general.

Siguiendo nuestro recorrido hacia el Este, en Missouri los comienzos de Septiembre estuvieron llenos de acontecimientos, porque la fuerza principal del confederado Sterling Price estaba ascendiendo rápidamente hacia el Missouri, y había enviado instrucciones de entrar en acción a las tropas menores secesionistas que permanecían en la zona y sus alrededores. Incluso al Norte del río hubo agitación, y las tropas secesionistas de Martín Oreen parecieron en los primeros días del mes quererse abrir paso hacia Hannibal, en la orilla del Mississippi al Norte de Saint Louis. El día 2 logró batir a dos regimientos unionistas en Shelbina, pero pronto, al acudir refuerzos, hubo de retirarse con bastante apresuramiento, perdiendo parte de los carros de su tren.

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James A. Mulligan

Las vanguardias de Price se aproximaban una semana más tarde a Warrenburg, sobre la línea Leavenworth-Jefferson City-Rolla-Ironton-Cape Girardeau que Frémont intentaba defender, provocando el repliegue sobre Lexington en la orilla del Missouri y muy al Oeste en el Estado, de las compañías de Home Guards que la protegían. Tuvo así noticia Price de que Lexington, en principio un centro secundario de recluta de la Home Guard, se había convertido en el centro principal del dispositivo defensivo unionista en la zona. Así, a los dos batallones de Home Guards que originalmente la defendían, se había unido una Brigada de reciente creación y mandada por el Coronel James A. Mulligan, que contenía los regimientos 23º de Illinois y 8º, 25º y 27º de Missouri, con un total de menos de 3.600 hombres en la defensa de la plaza. Por si fuera poco interesante su captura, se sabía que en ella los unionistas habían estado acumulando donaciones en oro para ayudar al pago de los gastos de guerra, hasta un total no muy lejano de un millón de dólares.

Sterling Price no pudo resistir tanta tentación, y el 12 de Septiembre sus avanzadillas tomaban contacto con las patrullas de la defensa lejana de Mulligan, haciéndolas retroceder sobre Lexington, a la que se intentó asaltar el 13. La fuerza disponible no era sin embargo aún sino la vanguardia de Price, con unos 5.000 hombres, y Mulligan rechazó el asalto, llevando al confederado, que estaba corto de hombres y aún más de municiones para asediar la ciudad a la espera de unos y otras.

Los defensores no tenían posibilidad de romper el cerco: poseían cañones pero no podían sacarles partido por falta de artilleros y como armas individuales, estaban mal armados con mosquetes de pedernal en número insuficiente para equipar a todos ellos. Eso suponía que era peligroso mantener al más numeroso ejército secesionista del Estado inmovilizado junto al Missouri, en una posición que facilitaba al mando de John Charles Frémont interceptarlo con las fuerzas que estaba concentrando en Saint Louis.

Audazmente, Price decidió intentarlo confiando en la capacidad de su numerosa caballería para romper las comunicaciones del enemigo, y en la de sus contingentes secundarios para crear distracciones que apartaran la atención de Frémont de lo que ya era el schwerkpunkt de la campaña. Así, el mismo día 12 se registraría una escaramuza en Black River, cerca de Ironton, con ventaja para el 1º de Caballería de Iowa unionista, que causó cinco bajas sin sufrir pérdidas, el 13 la Home Guard libraba una furiosa acción en Booneville, teniendo 5 bajas y causando 42 al enemigo y el 15 a la noche la 4ª División de la State Guard, con unos 3.500 hombres y un número no determinado de Bushwhackers (confederados irregulares) y mandada por el Brigadier de Milicia D. R. Atchison, (en realidad “Atkinson”), marchaba de Lexington hacia el Oeste y cruzaba el Missouri por Liberty, ya cerca de Independence y Kansas City, tratando de incrementar la presión al Norte del río.

El 16º de Illinois y el 39º de Ohio estaban posicionados en el puente ferroviario de Platte River, que fue saboteado el pasado 3 de Septiembre por los bushwhackers, en donde murieron 100 personas y los unionistas juraron ejecutar a todo bushwhacker que apresaran. Fue el inicio de una guerra sucia que se desarrollo en Missouri y Kansas especialmente. Que ya trataremos en un capítulo a parte.

El 17 de Septiembre, Atchinson fue atacado, en la llamada “Batalla de Blue Mills” o “de Liberty”, por el Regimiento 3º de Iowa, mandado por el Teniente Coronel John Scott, y compuesto por unos 600 hombres. Los de Iowa obtuvieron cierto éxito inicial a merced de su impulsiva carga, pero los confederados se desplegaron al borde del río, pues su general había vivido en Liberty y conocía el terreno. Scott emplazó sus cañones y realizó una descarga de metralla, pero la aplastante superioridad numérica de la State Guard, se fue imponiendo al matar de una sola descarga de fusilería a casi todos los artilleros, obligándoles a recular hacia Liberty. Atchinson intentó flanquear el ala derecha unionista y tras una dura lucha los federales debieron retirarse. En su abandono del campo debieron dejar atrás su tren de municiones. La acción ya había terminado, con los unionistas dejando el campo, y sus enemigos se disponían a seguir su movimiento, cuando apareció en escena la vanguardia de una brigadilla unionista de menos de 1.500 hombres, mandados por el Coronel Andrew Jackson Smith, un veterano oficial de caballería de 46 años y barba entrecana, que había sido un héroe del Ejército en las guerras indias del Columbia Bassin.

El veterano Smith traía consigo una batería de cuatro cañones que se apresuró a emplazar y apenas tuvieron tiempo de hacer disparos. Ante su visión, Atchison decidió que ya había enredado bastante al Norte del Missouri y ordenó la retirada, en la que perdería parte de su impedimenta pero apenas hombres. En el conjunto de la acción de Blue Mills o Liberty, parece que las pérdidas unionistas alcanzaron 11 muertos y 45 heridos, y las de sus contrarios 10 muertos y casi 60 heridos.

Army Blue Mills, Liberty
                     Hombres Bajas
Union                   600 56
Confederate       3,500 70
Total                 4,100 126

El mismo día, mucho más al Sur, la Brigada de Caballería de Kansas unionista del Coronel Lane, (esta vez con los 5º y 6º, y elementos del 9º de Caballería de Kansas, amén de su batería, sumando no menos de 1.200 hombres), chocaron con Caballería de la State Guard aparentemente mandada por John Sappington Marmaduke, en una breve escaramuza en Morristown, cerca del río Osage. Las bajas fueron igualadas, con 8 unionistas y 7 confederadas, aunque con mayor proporción de muertos entre las últimas. Pero según ambas fuerzas siguieron acechándose varios días, su forcejeo culminaría el 22 en Papinsville, en la misma orilla del Osage, donde los secesionistas lograron al fin emboscar a sus rivales, causando a la Brigada de Kansas 20 muertos y una buena cuota de heridos sin sufrir bajas propias.

Entretanto, las distracciones secesionistas, y la pantalla de caballería establecida por Sterling Price, estaban dando su fruto. John Charles Frémont, que no recibía ni uno de cada cinco correos que le enviaba Mulligan (siendo el resto muertos o capturados), y estaba organizando su fuerza de contraofensiva con absurda parsimonia, no se hacía idea de cómo se estaba complicando la situación en Lexington. En consecuencia, se limitaba a enviar hacia allí minúsculos refuerzos o pequeñas caravanas de aprovisionamiento y municiones, que eran fácilmente rechazadas o capturadas por la pantalla de cobertura confederada.

Al fin, para el 18 de Septiembre Price había incrementado su fuerza hasta 12.000 hombres y mejorado su amunicionamiento, y reanudó el ataque contra Lexington. Curiosamente y dado lo inadecuado del armamento unionista, disponía por una vez de ventaja en ese campo, y decidió aprovecharla para ahorrar sangre a sus hombres; llevó por tanto a inicio un sistema de aproximaciones indirectas, que sacaban partido de la dificultad de las armas de pedernal para acertar en un blanco que presente un movimiento relativo importante. Su pieza maestra eran unos cientos de “rifle-muskets” con munición “Minié”, capturados en el campo de batalla de Wilson’s Creek y que, en manos de tiradores de elite, iban siendo colocados en ubicaciones cada vez más próximas a las líneas unionistas, cruzando su fuego sobre ellas. La fuerza de ataque contaba con casi 6.000 hombres y avanzaba oblicuamente por los sectores Este-Noroeste, donde dirigía las operaciones confederadas el Brigadier Gabriel James Rains, y Sudoeste donde las dirigía Mosby Parsons, convergiendo hacia el interior del perímetro defensivo.

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Gabriel J RainsMosby M Parsons

Para la noche del 18, varias posiciones defensivas ya habían sido desbordadas, forzando su evacuación, y durante el 19 la situación de los asediados se hizo rápidamente dramática. Los secesionistas avanzaban ahora protegidos por parapetos móviles hechos con balas de heno. Y sus tiradores de elite pronto impidieron totalmente el paso a los aguadores de la fuerza de defensa, de forma que los defensores debieron combatir sin agua. Durante el día, un vaporcito que Frémont había enviado con cartuchos y pólvora de cañón fue hecho varar casi justo fuera del alcance de los unionistas por la artillería enemiga, y los hombres de Mulligan hubieron de presenciar impotentes cómo el enemigo lo saqueaba y se repartía sus municiones. Al fin, las fuerzas de los Brigadieres de Milicia McBride y Harris, (que se había agregado al contingente de Price durante su avance hacia allá), hasta entonces en reserva, lanzaron un masivo asalto sobre la pequeña colina que, al Norte del perímetro interior, lo dominaba, apoderándose de ella.

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Anderson House

Esta colina que estaba dominada por Anderson House, resultaba ser una posición estratégica significativa, por lo que Thomas Harris ordenó su asalto. Una vez tomada la posición descubrieron que se trataba del hospital federal y que contenía una centena de heridos. En esas condiciones, la resistencia era imposible. Mulligan aguardó a la noche, y lanzó un último y desesperado contraataque, tratando de recuperar la colina al abrigo de las sombras. Este ataque realizado por hombres del 23º de Illinois, 13º de Missouri y 1º de Caballería de Illinois consiguió recuperar la colina. En ella se produjo el más controvertido incidente de la batalla. Los federales consideraron el ataque rebelde una violación de las Leyes de Guerra, por lo que se procedió al fusilamiento sumarial de tres soldados confederados a los pies de la escalera. Los confederados protestaron por que no fueron tratados como prisioneros de guerra y en respuesta realizaron fuego artillero y de fusilería contra la casa. Sufriendo los unionistas grandes bajas.

Mulligan ya rechazado a las dos de la tarde del miércoles 20, pidió condiciones de rendición. Solicitando inmunidad para sus hombres especialmente tras el incidente de Anderson House. Lexington iba a ser la más clara e importante victoria de Sterling Price y la Confederación en Missouri en toda la guerra. Le había costado tan sólo 25 muertos y 75 heridos y había causado al enemigo 42 muertos y 108 heridos, más la captura de no menos de 3.200 prisioneros ilesos, 3.000 mosquetes, varios cañones y otro armamento, amén de 900.000 $ oro.

El Ejército Federal intentó disminuir el golpe falsificando las cifras, e hizo dar la cifra oficial de 1.600 prisioneros, que aún hoy es repetida por la mayoría de los relatos, y que escamotea alegremente la mitad de los defensores en pleno cerco. Sin embargo, esta cifra menor carece de la mínima credibilidad. (La misma National Geographic Society en sus mapas del centenario de la Guerra Civil, señalaba la captura de “una guarnición de 3.500 hombres”).

En realidad, las cifras que anteriormente se han dado parecen corresponde alas bajas de los últimos tres días, y estrictamente en el perímetro defensivo de Lexington. Si incluimos las de los primeros días, y las del perímetro exterior, con los correos interceptados y los elementos de refuerzo rechazados o capturados, el total de la batalla se aproximará más a 200 bajas confederadas por cerca de 4.000 unionistas.

Army 1ª de Lexington
                           Hombres Bajas
Union                       3,500 159
Confederate             12,500 97
Total                       16,000 256

En el momento de culminar esta operación de asedio, llamada “Batalla de Lexington” o a veces y por los confederados, “Batalla de las Balas de Heno”, Sterling Price estaba en la cumbre más alta de su carrera profesional, y su tropa en uno de sus más altos momentos de fuerza. En efecto, con todas las tropas empleadas en Lexington, incluyendo la División de Atchinson, la caballería que cubría su flanco derecho, hacia Jefferson City y Saint Louis y la que mucho más al Sur cubría su flanco izquierdo del río Osage, hacia Fort Scott, amén de la fuerza de Martin Green, que por aquellos días cruzó el Missouri y se le unió, contaba con quizá más de 15.000 hombres.

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Sterling Price

Sin embargo, se vio obligado a emprender una rápida retirada. Su problema era la falta de munición pues, al plantear la toma de Lexington como una acción económica basada en el fuego, había aceptado un enorme gasto de munición que luego no pudo reponer. Quizá esperaba capturar grandes cantidades de munición en Lexington, pero, aunque las había, toda estaba en los clásicos cartuchos militares, en uso desde principios del Siglo XVIII. Como Mulligan no había tenido armas de percusión, no había una sola cápsula de fulminante. Y los mosquetes y rifles-mosquete con que iba equipada la mejor mitad de su tropa eran de percusión y no disparaban sin una cápsula de fulminante, de las que al final de la acción apenas quedaban 300 en todo su ejército. Así que, con la mejor parte de su fuerza virtualmente desarmada, Sterling Price tuvo que retroceder apresuradamente sobre Neosho y Springfield, al otro extremo del Estado, que era la zona más próxima donde podía procurarse fulminantes.

Como un buen jugador de póker, no había dejado traslucir en ningún momento esta debilidad, (que hace aún mucho más meritoria su acción en Lexington), y los unionistas ignoraban hasta que punto era aquél el mejor momento para perseguirle. De todas formas, comenzó a formarse un cierto descontento hacia Frémont cuando se vio que dicha persecución no se emprendía, después de no haber hecho ningún intento serio de levantar el cerco de Lexington. Como además Frémont había llamado a John Pope a Saint Louis al producirse la ocupación confederada de Columbus, en Kentucky, y lo retenía allí pese a haber pasado el peor momento de tal crisis, flotaba la sospecha de que pensaba darle el mando del ejército de maniobra, lo que unido a todo lo demás, hacía sospechar si el unionista no temía medirse con Price en una batalla campal.

Al fin el ejército de maniobra de Frémont, con cinco divisiones mandadas por el ahora Mayor General David Hunter y los brigadieres John Pope, Franz Sigel, Alexander Sandor Ashbot (húngaro, y “hombre de Sigel”), y Justus McKinstry, se puso en marcha, con abundante artillería, pero sólo 13.000 hombres, (se dejaban sentir las pérdidas de Lexington), tan tarde como el 7 de Octubre. Y sí, Frémont llevaba el mando.


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David Hunter ----      John Pope          -------- Franz Sigel       -----Alexander S. Ashbot   -- Justus McKinstry

Para entonces, la posición de John Charles Frémont en el esquema militar de la Unión se deterioraba rápidamente. La polémica principal giraba, por supuesto, en torno a su famosa ampliación de la Ley Marcial del 30 de Agosto, que era inaceptable para los propietarios de esclavos y para muchos que no lo eran. Se recordará que Beriah Magoffin la había empleado en Kentucky para apalabrar votos de cara a la aprobación de un arbitraje desfavorable a la Unión. Y lo que era peor, Frémont se había empecinado en ella, haciéndose el sordo cuando el Presidente le telegrafió solicitando que la corrigiese.

En efecto, el telegrama de Lincoln no había sido respondido sino con la repentina aparición días después en la Casa Blanca de la esposa de Frémont, (obviamente llegada de Saint Louis saltando de un tren a otro), para informarle, “off the record” y con bastante malos modales, de que su marido en ningún caso rectificaría los términos de su orden, y si Lincoln deseaba tal rectificación, debería lograrla dictando públicamente la correspondiente contraorden, (lo que obviamente pondría aún más en su contra a los círculos abolicionistas del Partido Republicano).

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Jessie Benton Frémont

Los motivos de Jessie Benton Frémont eran sin duda de un sincero abolicionismo, y puede que los de su marido fuesen también relativamente puros, pero Lincoln no pudo menos de sospechar que el “hombre de Saint Louis” creía estarse preparando la denominación republicana para las elecciones de 1864, y para ello no le importaba jugar con los acontecimientos de la guerra y las vidas de los soldados unionistas.

De forma que envió la orden formal que se le exigía, el 11 de Septiembre y llevada en persona, para mayor formalidad, por el ex-Secretario de Defensa de los últimos días de la administración Buchanan, Joseph Holt, cuyo oficio era el de juez. Pero a la vez comenzó a considerar a Frémont en el campo enemigo. Ya el 5 de aquel mes había consultado sobre él con el Teniente General Scott, descubriendo con alegría que el Ejército oponía muchas objeciones a su estilo de mando. Después, dejó entender que le retiraba la protección de la parte del partido que él controlaba. Y en el acto una verdadera bandada de buitres cayó sobre Frémont.

Para el 9 de Septiembre, había delegaciones políticas enteras haciendo antesala en la Casa Blanca para solicitar su destitución, y eso era antes de su criticable actuación en todo el asunto de Lexington. Lo cierto era que John Charles Frémont se había creado muchos enemigos. De hecho, demócratas, No-Se-Nada y republicanos moderados le detestaban y aunque fuese adorado por parte de la población del Lejano Oeste, (California y Oregón). Y apoyado por muchos abolicionistas, incluso los abolicionistas del Este, menos vocingleros pero con mucho más apoyo financiero, preferían recortarle las alas para que en su día no diera molestias a su propio candidato, que era el Secretario del Tesoro Salmon Portland Chase.

En principio, Lincoln no tenía aún intención de defenestrar a Frémont, sino sólo de marcarle límites. Así, aprovechó las peticiones de destitución para nombrar Mayor General a David Hunter, ya medianamente repuesto de su herida de Bull Run y enviarle el día 9 a Missouri como segundo en el mando y carabina oficiosa del Comandante del Oeste. Así se le advertía y se ponían un par de ojos a mirar sobre sus hombros, pero sin “apretarle” demasiado. (Incluso, Hunter fue elegido por ser él mismo conocidamente abolicionista).

Pero la actuación de Frémont en la crisis de Lexington y una serie de pequeños y grandes escándalos que fue destapando la Prensa, fueron empeorando su posición. No parece que en realidad, el mismo Frémont se dedicara a enriquecerse en Saint Louis, pero no faltaban pasajes económicamente turbios en su historial anterior. Y efectivamente, su administración se mostraba corrupta y prepotente, no faltando episodios que indicaban que él mismo alentaba esa corrupción, como forma de control. Así, había hecho relevar en el cargo de Intendente General del Mississippi al Coronel Rufus Saxton, nombrado por Lyon y absolutamente honrado y competente, por Justus McKinstry, que arrastraba en el Ejército una bien ganada fama de urraca ladrona. (Al ir estallando los escándalos, trató de camuflarlo nombrando a McKinstry Brigadier y Comandante de una división, aunque aquel perillán llevaba muchos años sin mandar tropa).

Para colmo, y como quiera que el Saint Louis Evening Post criticara agriamente su pasividad ante el cerco de Lexington y la posterior retirada de Sterling Price el 24 de Septiembre lo hizo cerrar, encarcelando al editor. Ese fue el principio de su fin, pues la Prensa, indignada, juzgó no sin motivo que una cosa era emplear la suspensión temporal del “habeas corpus” para evitar interpretaciones sesgadas o propaganda enemiga y otra para acallar críticas más que fundadas. (Lincoln siempre iba a permitir aún las más infundadas, dejando que los periódicos que le eran adversos imprimiesen verdaderas bestialidades sin fundamento contra él sin inmutarse).

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Károly Zágonyi

Los periódicos apuntaron ahora contra Frémont toda su artillería pesada, lanzando contra él viejos pecados, y desde grandes escándalos a anécdotas sin importancia, que malignamente explotadas pueden dar mucho juego. Así, le ganó infinidad de odios el hecho de tener una escolta de caballería exquisitamente uniformada y montada, compuesta de centroeuropeos y mandada por un Mayor “Charles Zagonyi”, (húngaro según unos, cosaco para otros). En realidad, McClelland tenía una escolta de caballería tan brillante como aquélla, y nadie le odió por ello, (quizá por ser anglosajona, pero seguramente más porque la Prensa no se esforzó en hacerla interpretar como un símbolo de soberbia. Por cierto, la guardia de Frémont combatía, y la de McClelland no). Era difícil notarlo desde el mismo Missouri, donde aún era casi omnipotente pero mientras se internaba hacia el Sur con sus divisiones, a Frémont la Prensa le estaba comiendo el terreno bajo los pies como la resaca arrastra la arena bajo los pies de un bañista.

En el Mississippi, aún antes de tomar el mando el Mayor General confederado Albert Sidney Johnston, había aceptado la realización de una operación con la que Leonidas Polk esperaba minimizar los resultados del desaguisado creado por sus primeras acciones en Kentucky. Se trataba de que una columna formada principalmente por milicianos de Kentucky y mandada por Simón Bolívar Buckner avanzara rápidamente sobre la capital estatal, Frankfort, procurando capturar al grueso del Legislativo para intentar obligarle a retirar su recién pronunciada declaración de guerra a la Confederación.

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Sólo que la misión era bien difícil, y más aún puesto que no se podía avanzar directamente, debiéndose dar un rodeo por el nudo ferroviario de Bowling Green para evitar una posible tarascada al flanco lanzada desde la base unionista de Paducah. (En ésta, John Eugene Smith había vuelto al mando de su regimiento, sustituido por Charles Ferguson Smith, militar de activo que había formado parte últimamente de la “Expedición de Utah” de A. S. Johnston. Y había sido nombrado Brigadier de Voluntarios en Illinois a la vez que Grant).

Y como era de temer, el Legislativo tuvo noticia de la aproximación de Buckner y evacuó Frankfort, trasladando provisionalmente el día 17 de Septiembre de 1861 el Gobierno Estatal a Louisville, sobre el Ohio, donde cuatro días después comenzaron a desembarcar a su propia petición tropas unionistas procedentes de Ohio e Indiana, (allí fueron a parar algunos de los regimientos que echaba en falta en West Virginia Rosencrans). También a su propia petición, venía a su mando Robert Anderson, el “héroe de Fort Sumter” y hasta la fecha principal héroe unionista de Kentucky. Había sido ascendido a Brigadier de activo en Mayo, y traía como segundo a William Tecumseh Sherman ascendido a Brigadier de Voluntarios en Agosto. Sus tropas eran elementos para la formación de dos divisiones, para mandar las cuales le acompañaban George Henry Thomas, (a quien recordaremos de Falling Waters), y Don Carlos Buell, (que había llevado mensajes a Fort Sumter y actuado en la fuerza de Patterson), ambos también Brigadieres de Voluntarios.

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Robert Anderson // William T. Sherman //  George H. Thomas  // Don Carlos Buell

Los kentuckianos pretendían que su héroe mandara el Ejército que iba a formarse, pero eso no fue posible porque la salud de Anderson había que dado muy quebrantada en Fort Sumter y aunque ahora parecía en mejor estado, sus males le atacaron de nuevo al intentar las largas jornadas de trabajo que exigían la formación y mando del Ejército. Una revisión médica lo declaró enseguida “inútil para el servicio activo”, y el 8 de Octubre fue honrosamente enviado a retaguardia, mientras Sherman tomaba el mando en Louisville.

Mientras, las tres cañoneras creadas por el esfuerzo del Comandante John Rodgers habían aparecido ya operativas en el Mississippi. Eran las:

NOMBRE TONELAJE ARMAMENTO

“Conestoga” 572 Tn. 4 cañones de 32 libras.

“Lexington” 448 Tn. 4 cañones 8 pulgadas y 2 de 32 libras.

“Tyler” 575 Tn. 6 cañones 8 pulgadas y 1 de 32 libras.

Las tres eran bastante rápidas, siendo vapores de ruedas laterales, y tenían una superestructura, blindada con grandes grosores de madera dura, en forma de casco de buque oceánico.

El 4 de Septiembre las dos mejor armadas, “Lexington” y “Tyler”, se “probaron” bajo el fuego tratando de bombardear una batería fluvial confederada, a la que acudió a apoyar el remolcador armado sureño “Jackson”. El encuentro fue inconcluso al romper el contacto enseguida los unionistas. (Se dieron cuenta de que habían tomado posición en un lugar de corriente demasiado rápida, que les hacía derivar, de forma que sus disparos siempre quedaban demasiado largos).

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“Conestoga”

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Lexington

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“Tyler”

El 10 volvieron a entrar en acción, contra una de las baterías que el enemigo estaba organizando en torno a Columbus y de nuevo apoyada por el “CSS Jackson”. La acción fue mucho más prolongada y satisfactoria para ellos que la anterior, y el “Jackson” tras recibir uno de sus proyectiles de 8 pulgadas, hubo de ser enviado río abajo a media máquina, para recibir reparaciones mayores en la misma New Orleans.

El nuevo jefe naval unionista Capitán Andrew Foote no estaba sin embargo de acuerdo con las especificaciones de esta clase de cañoneras. Y encontró en Saint Louis un alma afín en el armador, fabricante de barcos y millonario James B. Eads, que había iniciado su fortuna sacando pecios del peligroso Mississippi con una gabarra de fondo plano, y desde entonces iba diseñando varios tipos de desacostumbrados barcos, para ésta y otras faenas especiales. Foote encontraba las cañoneras de Rodgers en exceso voluminosas y poco blindadas, e innecesariamente rápidas. Él lo que quería era algo más blindado y mejor armado, pero con un tamaño y calado incluso menor, que pudiese hacer frente a los fuertes y acorralar a los buques armados enemigos casi hasta la frente de los ríos.

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Andrew Foote - James B. Eads

Y Eads le dio la respuesta: una cañonera de rodillo trasero, (mucho menos prominente que las ruedas laterales, y por tanto más sencilla de proteger), bastante más ancha que los vapores normales, y dotada de tan sólo el casco (casi todo obra viva), y una superestructura baja y de costados y delantera inclinados, de madera gruesísima y recubierta de plancha de hierro. De inmediato, se vio contratado para fabricar para Foote, 9 de las nuevas cañoneras. Una sería un ensayo sobre un vapor comprado, (que podía estar lista en menos de dos meses), y sin el blindaje de hierro. Las otras ocho, mayores, se harían sobre un especialmente ancho buque de recuperación de dos quillas que Eads acababa de fabricar el primer catamarán blindado de la Historia, y sobre siete cascos fabricados exprofeso por el constructor. Y todo debía estar terminado para antes de Marzo de 1862.

Mientras, la “Conestoga” había debutado a su vez el 15 de Septiembre en el río Cumberland, capturando dos vaporcillos que llevaban “contrabando” para los rebeldes en Kentucky, y a la vez fracasado el avance sobre Frankfort. Simón Bolívar Buckner había retrocedido el 19 sobre Bowling Green, donde comenzó a levantar posiciones permanentes. En el Mississippi, donde se habían reunido en Columbus Benjamín Franklin Cheatham, Gideon Johnson Pillow y hasta John Porter McCown, como jefe de Artillería, para formar el equipo de defensa del confederado Leonidas Polk, se había ocupado Belmont. (Justo enfrente de Columbus en la orilla missouriana del río), y se fortificaba febrilmente la ciudad y sus zonas próximas, instalando baterías en lugares como Hindman y los famosos acantilados sobre el río llamados “Chalk Bluffs”.

A la vez, el mando de Albert Sidney Johnston había ordenado al Brigadier Felix Kirk Zollicoffer, al frente de la fuerza operativa confederada en Tennessee oriental, que marchara hacia el monte y cerrara a cal y canto los estratégicos desfiladeros del Cumberland Gap, por los que se podía acceder desde Kentucky Oriental a Tennessee Oriental, al extremo Sudoeste de Virginia, al Este del Alleghany y al Sur del Big Sandy River, e incluso a los montes de North Carolina. Y de inmediato, le autorizó a realizar incursiones en Kentucky para molestar la movilización en la región prounionista de Kentucky Oriental, (justo al Norte del Cumberland Gap), y para que el occidental no fuese el único frente de Kentucky.

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Así el 19 de Septiembre, una columna confederada de 800 hombres, proveniente del Cumberland Gap y mandada por el Coronel Joel A. Battle, alcanzó Barbourville, (condado de Knox), desalojando sin mucho esfuerzo a 200 ó 300 minutemen de la milicia local, que trataron de defenderla a las órdenes del Capitán Isaac J. Black. Su objetivo era un centro de reclutamiento de Voluntarios, en aquellos días vacíos, situado en la ciudad y denominado “Camp Andrew Jackson”. Tal campo fue arrasado, y el armamento y material guardado en él, incautado por Battle, que después regresó hacia el Cumberland Gap. Había sido la primera acción de la guerra en Kentucky, y dejó un saldo de 15 bajas unionistas por 7 confederadas.

Las acciones continuarían cuando, el día 23, una tropa de caballería unionista de Ohio procedente de Paducah comenzó a reconocer los caminos que ascendían el curso del río Cumberland, teniendo varios contactos con patrullas de la Milicia secesionista de Buckner. En uno de ellos, el 26, los unionistas dieron muerte a 4 confederados en el Lucas Bend.

Pero las más serias eran en el Este, donde las nuevas incursiones que partían del Cumberland Gap encontraban creciente resistencia. Así en una escaramuza especialmente dura en Buffalo Hill el 4 de Octubre, (sobre la que parece haber pocos datos, pero en la que sin duda se luchó cuerpo a cuerpo), se saldó con más de veinte muertos para cada bando y nuevas acciones de cierta importancia se libraron el 8 de Octubre en Hillborough, (una treintena de bajas confederadas y menos unionistas), y el 18 en Upton Hill, donde ya intervino uno de los regimientos del mando de George Henry Thomas, el 39º de Indiana, causando 8 bajas a los confederados sin pérdidas propias.

La un poco prematura intervención de la división de Thomas se debía a que Zollicoffer, cada vez más encelado en sus acciones en Kentucky oriental, comenzaba a traspasar los desfiladeros con prácticamente toda su fuerza, y el unionista había decidido reconocer la situación para averiguar si esto realmente ocurría, y procurar batirle en caso afirmativo. Otra de las tropas destacadas por Thomas fue el 7º de Kentucky, mandado como Coronel por el notable local Theophilus Toulmin Garrard, que había sido subordinado a su mando.

Esta fuerza fue enviada con objeto de crear un campamento en la ladera de Wildcat Mountain, (Camp Wildcat), en el Condado de Laurel, desde el que se pudiese vigilar el vado próximo sobre el río Rockcastie y cortar un sendero forestal que era casi la vía principal de aquella salvaje región. Y apenas iniciada su tarea, Garrard envió mensajes pidiendo refuerzos sustanciales, por estar la zona plagada de fuerzas enemigas, “que lo superaban en siete a uno”.

El informe podía pasar por la típica fantasía del novato, pero Thomas sabía estudiar a sus subordinados y decidió que Garrard era de confianza. (Acertó; en realidad su subordinado había estado asombrosamente cerca de la exactitud total, pues la fuerza enemiga en su zona era, como sospechó Thomas, la totalidad de la Brigada situada en Cumberland Gap de Zollicoffer, que había descendido de los desfiladeros imprudentemente. Y alineaba 6 regimientos y 1 batallón). Thomas mandó a toda prisa a Camp Wildcat su Brigada más operativa, mandada por el Brigadier Albin Francisco Schoepf (o “Schoepff”, pues aunque el Ejército le dio finalmente el anterior deletreo, los informes que le presentaban sus subordinados iban dirigidos al “Brigadier Albin Schoepff”, y tal parece la correcta ortografía alemana del apellido). Se trataba de un ex-oficial del Ejército Austrohúngaro nacido 39 años atrás en Podgorz (actual Polonia).

Schoepff llegó a Camp Wildcat la noche del 20 de Octubre y enterado por Garrard de que el enemigo había establecido a su vez un campamento no lejos, envió a las 7 de la mañana del 21 una fuerza de reconocimiento y tanteo, compuesta por un batallón de caballería de Kentucky de 250 hombres, y otro de 350 de infantería del 33º de Indiana, mandados conjuntamente por el Coronel de éste último, John Coburn.

Y he aquí que, no lejos de su base fueron a topar con los elementos de otro reconocimiento de la fuerza enemiga, dos regimientos de Tennessee bajo los Coroneles Bowler y Newman, que les atacaron de inmediato. Coburn buscó una posición defensiva aceptable y formó línea, con su tropa y la caballería desmontada, y lograron detener el primer ataque, lanzado en condiciones de superioridad. Luego, cuando el sureño trató de aprovechar tal superioridad para desbordar su flanco, el grueso del regimiento de Garrard fue a colocarse no a su lado, sino en un punto, al otro lado de una cañada, en que impedía tal flanqueo. Y como, avanzada la mañana, los confederados aportasen algunos refuerzos a estos intentos de flanqueo por la derecha de Coburn, a mediodía un batallón del 17º de Ohio fue a reforzar posiciones hacia la zona de Garrard.

Curiosamente, parece que Zollicoffer y Schoepff se pasaron todo el día cada uno vigilando y calibrando la fuerza principal del otro, y tratando de adelantarse a sus movimientos mientras mandaban los refuerzos con cuentagotas a la zona del combate, en el que no se llegaría a alinear ni la mitad de ninguna de ambas fuerzas.

En tal zona, el tiroteo siguió prolongándose hora tras hora. Pero la llegada al anochecer del grueso del 14º de Ohio del Coronel James Blair Steedman, (veterano de West Virginia), elevó los efectivos federales a unos 7.000 hombres. Pasado mediodía los unionistas repelieron algunos ataques intensos lo que hizo ponerse a los confederados a la defensiva, para retirarse a las 10 de la noche, tras 15 horas de acción, dando la victoria en la “Batalla de Wildcat Mountain o Camp Wildcat” a la Unión, aunque una vez más es difícil conocer las bajas reales.

Army Wildcat Mountain
                                 Hombres Bajas
Union                             7,000 45
Confederate                    5,000 53
Total                             12,000 98

La versión oficial apunta 45 bajas unionistas por 53 confederadas, pero el informe de John Coburn admitía 6 muertos y 23 heridos de la Unión de entre los 600 hombres de su mando directo. Curiosamente, también parecen reducidas las bajas rebeldes, pues el mismo Coburn hizo enterrar, en la zona frontal del choque, 19 cadáveres de confederados. Quizá una estimación realista daría no menos de 45 unionistas por 70 confederados.

Los confederados levantaron el campo a las 2 de la madrugada, pero los más de 7.000 hombres de Schoepff lograron cortar el acceso a los apenas 5.000 de Zollicoffer a los caminos de vuelta al Cumberland Gap, notificándoselo de inmediato a Thomas, para alegría de los refugiados de Tennessee Oriental, que comenzaron a verse ya de vuelta en su tierra.

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Cumberland Gap desde el pico Pinnacle Overlook

Aunque no era del tipo entusiasta, George Henry Thomas era un profesional demasiado serio para no intentar cobrar aquel premio inesperado, y tras solicitar permiso de Washington (donde el Secretario Cameron estaba ausente, pero Lincoln y Scott se lo concedieron encantados), puso el grueso de su aún en buena parte bisoña división en marchas forzadas, tratando de alcanzar el Cumberland Gap antes de que fuera cubierto.

Libró al paso 3 escaramuzas, dos el 23 de Octubre en West Liberty y Hodgville, otra en Saratoga el 25, en que los regimientos 2º y 1º de Caballería de Ohio, 9º de Illinois y 6º de Indiana, (otro veterano de West Virginia), causaron un total de 48 bajas por 9 propias, y para el 28/29 estaba en London, habiendo recorrido 2/3 del camino, y encontrándose más cerca del Cumberland Gap que ninguna fuerza rebelde. (Aunque en la Unión se ignoraba este último dato).

Y entonces, en una de las dos decisiones estratégicas más erróneas de 1861, su superior inmediato, Sherman, le ordenó regresar a su base.

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Ingenieros del 8th New York State Militia - 1861 - Ampliar
Capítulo XVII: El Alleghany, el Shenandoah y el Potomac hasta Ball's Bluff

Mientras estos sucesos se producían más al Oeste, en los mismos montes Alleghany la campaña ideada por Robert Lee se resolvía en una serie de acciones, que se ha dado en llamar batallas aunque fueron más, esbozos o inicios de verdaderas batallas que no llegaron a librarse y que acabaron dejándola empantanada.

La primera de tales acciones fue la llamada “Batalla de Carnifex Ferry”, aun el 10 de Septiembre. En ella William Starke Rosencrans llegó a marchas forzadas a la posición creada por el confederado Jonn Buchanan Floyd justo al Norte de Carnifex Ferry para desalojarlo de ella, y probablemente encelado con la idea de que, al menor descuido de su contrario y si lograba apoderarse de la pasarela que aquél había instalado sobre el río Gauley, podría atrapar su tropa contra la fuerte corriente y causar verdadero daño.

Se ha dicho que Rosencrans llevaba consigo 7.000 hombres, pero es obvio que había dejado parte por el camino, pues no parece que llegara ante el enemigo con otros que los regimientos 9º, 10º, 13º, 23º, 27º, 28º y 69º de Ohio, a los que se incorporó por el camino el 12º del mismo Estado, del mando unionista de Jacob Dolson Cox y se adelantó a última hora el 7º del Coronel Tyler, del mismo Estado y el mismo mando.

Los del 7º de Ohio estaban obviamente deseando borrar el recuerdo de la derrota que habían encajado el 26 de Agosto, e hicieron un valiente despliegue de reconocimiento y tanteo, muy adelantados, buscando revelar los nudos de la resistencia enemiga. Por desgracia, también fue una maniobra cara sobre todo porque el 22º de Virginia enemigo del Coronel Tompkins, que ya había sido la principal Nemesia del 7º en la acción de Agosto logró ocultarles parte de sus fusileros hasta el último momento, para segarles una compañía en una sola andanada a 30 pasos.

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Patterson House, Nicholas County, West Virginia

Floyd había llamado a los regimientos de Wise, pero éste y el grueso de su fuerza, no se habían presentado aún, con lo que contaba con sólo los 22º, 36º, 45º, 50º y 51º de Virginia, con poco más de 3.000 hombres frente a 6.000 unionistas. Pero su posición, aunque complicada por la existencia de una sola línea de retirada, era sólida, y resistió cómodamente un ataque de los 10º y 12º de Ohio. Se habían desplegado en las inmediaciones de la granja Patterson, aprovechando las estrecheces que provocaban el terreno y los bosques adyacentes. Además del río Gauley River Canyon. Durante éste ataque, el 13º de Ohio del Coronel William Sooy Smith se infiltró en su flanco oriental pero, como no tenía órdenes y había semiperdido el contacto con los suyos, se retiró a continuación, para desesperación de Rosencrans

Aunque ya era muy tarde, y los confederados cubiertos en un bosque, estaban causando bastante daño y encajando muy poco, Rosencrans decidió hacer un último esfuerzo para llegar a la noche con un regimiento en el mismo flanco enemigo. Y al amparo de un ataque fintado por los 27º, 28º y 69º de Ohio, se logró introducir allí el 23º de Ohio del Coronel E. Parker Scammon, una unidad elite, dos de cuyos capitanes de compañía eran los futuros Presidentes Rutherford Birchard Hayes y William McKinley. Y así se llegó a la noche.

Y la noche trajo un brusco cambio porque John Buchanan Floyd, que se había declarado capaz de resistir cuanto fuera preciso en aquella posición y tenía órdenes específicas de Robert E. Lee de retener a Rosencrans todo lo posible, sufrió un repentino desfallecimiento moral y dio orden de retirada. Por lo visto, se acordaba de las granujadas que había cometido como Secretario de Defensa y tenía pánico a ser capturado, temiendo ser juzgado como un delincuente común y tal vez ahorcado. Lo curioso es que el combate había ido hasta entonces bastante bien para él, contándose entre 150 y 220 bajas unionistas por 20 confederadas. Aunque Rosencrans había conseguido emplazar su artillería, la cual ya al final del día había comenzado a ser muy molesta, lo cual presagiaba un segundo día más complicado.

                    Army Carnifex Ferry
                                    Hombres Bajas
Union                                6,000 220
Confederat                         3,000 30
Total                                 9,000 250

Y más curioso aún es que su jefe de Estado Mayor, Coronel Henningsen, que ya había aprendido lo bastante para escoger y preparar una excelente posición defensiva, seguía sin saber redactar y repartir órdenes, y la retirada estuvo a punto de resultar desastrosa. En efecto, y una vez retirados sus regimientos favoritos (45º y 50º de Virginia), las restantes tropas debían aguardar que se retirara la artillería antes de cruzar la pasarela; lo que hubiese sido excelente si no se hubiese olvidado de enviar sus órdenes de retirada a dicha artillería, e incluso advertirla de que había una retirada en marcha. Fue así, que tres regimientos permanecieron inmovilizados al Norte del Gauley casi tres horas, entorpeciendo la retirada de unos artilleros que no sabían que tenían que retirarse, mientras aquéllos dormían a pierna suelta. ¡Y todo ello sin que nadie del mando de Floyd, que no seguía la operación, llegara a enterarse! Por fortuna, la noche era larga y las tropas pocas.

El desaguisado hubo de ser arreglado al fin por los propios mandos interesados, (principalmente, el que afrontó el problema fue el Coronel Tompakins, ayudado por su segundo, el joven Mayor Isaac Noyes Smith), y hasta el último hombre fue retirado, un poco en el último minuto. (A causa de las prisas de última hora, en la oscuridad llena de niebla, justo antes del amanecer, algunos hombres cayeron a las aguas rápidas y heladas del Gauley, pereciendo una decena de hombres).

Terminado el cruce, Floyd ni siquiera trató de encelar a Rosencrans permaneciendo en la otra orilla, sino que hizo quemar la pasarela y huyó hacia lo más agreste de las montañas a marchas forzadas. De camino lo encontraron los correos de Henry Wise, que llegaba con tres regimientos a unirse a la defensa de una posición ya abandonada, y la enemistad entre ambos alcanzó nuevas cotas. Floyd acusaba a Wise de haberle obligado a abandonar la posición por no haber llegado a tiempo con sus refuerzos. Wise respondía que el mismo Floyd tenía la culpa del retraso, por tener a sus unidades yendo continuamente de un lado a otro a marchas forzadas y sin un objetivo claro, con lo que la orden de converger sobre el Carnifex Ferry les había alcanzado lejos y estando agotadas. (En parte tenía razón, pero era obvio que él tampoco se había esforzado mucho).

Su enfado llegaba a cotas tan absurdas que finalmente, temiendo ser perseguidos por Rosencrans, crearon dos y no una posición defensiva en las montañas, Wise en Camp Defiance y Floyd en Meadow Bluff.

Robert Lee comenzó en estas fechas su primera campaña de la guerra. Había estado avanzando hacia el Norte por el Valle del Greenbrier, amparado por las nieblas de otoño, con la esperanza de sorprender la posición de flanqueo de Joseph Jones Reynolds en la que sería llamada “Batalla de Cheat Mountain”. Así como a las fuerzas del Coronel Natham Kimball en un ataque simultáneo. Pero desde el 10 de Septiembre, las cosas comenzaron a torcerse cuando la niebla se convirtió en una lluvia continua y penetrante. Y para colmo, al día siguiente fueron descubiertos por la caballería unionista.

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Joseph J. Reynolds /// George Stoneman

En efecto, Rosencrans había escogido bien los jefes de su cobertura de flanco. Reynolds y George Stoneman, el jefe de su batallón de caballería, permanecían atentos, y no habían descuidado la vigilancia por el mal tiempo. Además, y aunque muchos mandos de caballería habían interpretado la orden de estandarizar los regimientos como que habían de ser convertidos en caballería pesada a la europea, equipada sólo con el sable y el revólver o un par de pistolas, (tal había sido el equipo de la caballería en Bull Run), Stoneman no tenía tales ideas, y había equipado a toda su tropa con excelentes carabinas de cartucho Maynard, con las que paquearon concienzudamente y desde distancia segura a las vanguardias de Lee, causándoles varias bajas.

El mismo caballo de Lee cayó muerto entre sus piernas, dando un pésimo inicio a la operación. Y cuando el 12 de Septiembre, la fuerza de su mando dirigida por el Coronel Albert Rust inició un tanteo hacia Cheat Mountain, con unos 1.500 hombres junto al Brigadier General Samuel R. Anderson, fue eficazmente detenida por una defensa que Rust consideró muy numerosa, estimándola en unos 3.000 hombres . En realidad los defensores de la zona atacada eran apenas 300 hombres, pero en posiciones muy bien escogidas y fortificadas, y apoyados por un sabio cruce de fuego artillero.

En todo caso Lee, preocupado por las noticias de la “espantada” de John Buchanan Floyd en Carnifex Ferry y por la creciente cifra de sus hombres que estaban quedando fuera de combate por afecciones pulmonares tras tres días de aquélla lluvia, además de las dificultades del terreno. La campaña se realizaba con un clima pésimo a lo que hay que añadir lo accidentado del terreno y los bosques, lo que obligaba a encontronazos entre las tropas y descargas de fusilería a corta distancia, además de la dificultad de maniobra. Incluso Lee llegó a perder a todo sus asistentes mientras estos realizaban labores de reconocimiento. Ante esta situación decidió suspender el ataque. Y así la batalla, como la de Carnifex Ferry, quedó truncada.

El 13, Lee se dirigió a uña de caballo hacia el Sur a comprobar lo que ocurría con Floyd y Wise, mientras su fuerza principal, mandada por William Wing Loring y con unos 9.000 hombres, le seguía a marcha moderada para dar oportunidad de reponerse a los enfermos. Detrás quedaba con otros 4.000 hombres Rust, fingiendo mantener la presión sobre las posiciones unionistas de Cheat Mountain y Elkwater.

Lo curioso es que su camino se cruzaba con el de William Rosencrans, que en cuanto tuvo noticia el 11 del inicio de la acción en Cheat Mountain, dejó tras de sí a sus hombres reparando la pasarela del Carnifex Ferry, y a los de Cox cruzando el Gauley en Gauley Bridge a través del ferry que habían instalado entre los pilotes del puente destruido, para unírseles, y corrió hacia el Norte. En este movimiento no se llevó, como se ha dicho, “su tropa”, (ni un solo regimiento empeñado en Carnifex Ferry sería visto en acción en el Norte los días siguientes), sino que fue recogiendo por el camino fuerzas que obviamente había dejado dispuestas para poder reforzar alternativamente el Norte o el Sur. Y llegado al sector de Cheat Mountain, embistió a Lee sobre la marcha.

El confederado había vigilado sin embargo su llegada y salvo alguna escaramuza, pudo replegarse a posiciones más seguras sin tener que librar combate alguno. (Es por tanto ampliamente exagerada la afirmación, que a veces se lee, de que Rosencrans derrotó a Lee). En el conjunto de los días transcurridos desde el día 11 hasta el 15, toda esta serie de acciones había venido a sumar 19 muertos y 60 heridos unionistas por no menos de 90 bajas confederadas.

Army Cheat Mountain
                       Hombres Bajas
Union                   1,800 79
Confederate          4,500 90
Total                    6,300 169

Llegado entretanto a la zona Sur, Lee hubo de empezar por mediar entre los empecinados Wise y Floyd, escoger un nuevo emplazamiento para la posición defensiva del ejército, en Little Sewell Mountain la ladera de la cima Este de una montaña de dos picos y obligar a ambos, no sin dificultades a tomar posición en ella. Justo a tiempo porque para el 16 de Septiembre, Rosencrans había vuelto del Norte y con su fuerza de Carnifex Ferry y la de Cox, tomado posición en Big Sewell Mountain, en la ladera de la cima Oeste de la misma montaña, y a apenas una milla de la posición confederada. Antes del 20 había agrupado su fuerza, que se aproximaba a 9.000 hombres frente a menos de 5.000 confederados, pero después alcanzó Sewell’s Mountain el Brig. Gen. Loring, elevando a los confederados a 14.000 y obligándole a recabar nuevos refuerzos, aunque no lograría alcanzar los 12.000. Y ambos ejércitos permanecieron largos días observándose frente a frente, entre un clima infernal, (el tiempo, como en el Norte, había empeorado mucho), mientras sólo se producían algunos tiroteos entre las avanzadillas por más que en uno de ellos, el 29, muriese el Coronel Spaulding de la fuerza de Wise.

No hubo por consiguiente tampoco una Batalla de Sewell’s Mountain, (de la que a veces se habla). Así finalmente Rosencrans renunció, replegándose con cautela sobre Gauley Bridge el 10 de Octubre.

Buena parte del motivo de que Lee, (que luego iba a revelarse un general enormemente agresivo), no atacara, es que su Estado Mayor estaba convertido en una verdadera jaula de locos a causa de las disensiones internas. Primero fueron las disputas entre Wise y Floyd hasta que el primero fue llamado a Richmond y destinado a la costa nordcarolina el 29 de Septiembre. (Del grado al que habían llegado las cosas entre él y Floyd son indicio las primeras palabras que cambió con el Presidente Davis al ser recibido por aquél a su llegada a Richmond. “Tengo aquí unos informes, general” le embromó aquél señalando sobre su escritorio los enviados por Floyd, “según los cuales debería hacerle fusilar”; “No me importaría que lo hiciera” respondió Wise, “¡Con tal de qué primero me dejara ver cómo ahorca a ese sinvergüenza de Floyd!”).

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John B. Floyd

Después fue el bonito número de “Floyd contra todos”, porque el hombre era tan sumamente ruin, importuno y cargante, que iba creándose enemigos a cada paso, y en vez de tratar de reconciliarse siquiera con algunos de ellos, parecía disfrutar atesorándolos como otros hombres atesoran riquezas y honores. Y como muestra véase su tratamiento a los regimientos de West Virginia. Esta tropa de West Virginia estaba mirada con cierta prevención entre los confederados, a causa de la rápida defección al enemigo de su zona de origen. Así, de sus regimientos, sólo el 8º de Caballería de Virginia, que Albert Gallatin Jenkins estaba formando más al Norte, estaba mandado por un verdadero natural de la región. Los coroneles de los 22º y 36º, Christopher Quarles Tompkins y John McCausland, eran hombres del Este que habían cambiado recientemente su residencia a la región, y el 23º, (del mando de H. R. Jackson), estaba mandado por el Coronel William Booth Talliaferro, el fire-eater de Virginia Oriental que en Abril tomara el Gosport Navy Yard.

Pero para Octubre estaba claro que los hombres de aquellos regimientos eran bien fieles, (se habían seleccionado a sí mismos al sentar plaza por un Sur odiado por sus vecinos), y hasta el mismo Talliaferro, entre sus muchos motivos de discusión con Jackson, sumaba el que éste siguiese tratando a “sus chicos” con prevención. Pero la actitud de Jackson era cosa de broma comparada con la de Floyd, que sistemáticamente les envió siempre los primeros en el avance y los últimos en la retirada, les dejaba siempre los últimos a la hora de repartir provisiones, (con lo que a menudo se habían acabado o eran insuficientes al llegar su turno, dejándolos en ayunas o a media ración), e incluso no les había entregado capotes y repuestos de calzado, aunque el Otoño venía frío, sus otras unidades ya los habían recibido y como jefe políticamente recomendado, él los tenía de sobra en sus carros de ordenanza.

Tompkins, hombre bien relacionado en el Ejército y la alta sociedad de Richmond chocaba continuamente con él por ésta causa, y Floyd reaccionaba con profundo odio, buscando en todo momento cómo zancadillearle a él y a su regimiento sin tener en cuenta que era un regimiento del propio Floyd. Para el 10 de Octubre, las disputas habían llegado tan lejos que nadie parecía hacer su trabajo, y hay evidencias de que el propio Lee era quien escuchaba y evaluaba los informes de patrullas y escuchas. Caballero de estilo tranquilo, era incapaz de empezar a fusilar a mansalva, lo que probablemente era ya el último remedio posible para que aquel desgraciado ejército funcionase.

Se habían hecho entretanto intentos de apartar la atención de los contendientes del desafío de Sewell’s Mountain. Tropas del antiguo mando de Wise habían realizado por ejemplo dos intentos, el 25 de Septiembre y el 2 de Octubre, de introducirse en el valle del río Guyandotte, apoderándose de Chapmansville. Pero ambos fueron rechazados por dos nuevos regimientos del mando de Jacob Dolson Cox, desplegados en aquella zona, el 1º de Kentucky y el 34º de Ohio. (Este último era un regimiento de zuavos brillantemente uniformados y que para completar el absurdo y por motivos que ignoro, iba tocado con pequeños tricornios. Tenía incluso un destacamento montado cuyo aspecto, uniformado de esa guisa y a lomo de caballo, había por fuerza de ser bastante regocijante).

Pero con todo su disparatado aspecto, los zuavos y sus compañeros lucharon bien, cortando las intentonas confederadas y causando en la acción de Septiembre, que fue la más reñida, una cincuentena de bajas por 4 muertos y 9 heridos propios. Otra acción mejor planeada y con el mismo propósito la llevó a cabo en el Norte el unionista Joseph Jones Reynolds, que el 3 de Octubre realizó una profunda incursión en el valle del Greenbrier River, donde se había refugiado el mando enemigo de Henry Rootes Jackson, con los regimientos 24º, 25º y 32º de Ohio y 7º, 9º, 13º, 14º, 15º y 17º de Indiana (más de 6.000 hombres y casi toda su fuerza), apoyados por dos baterías. Por 8 muertos y 32 heridos propios, causó 175 bajas al confederado y regresó a su base con un gran botín de caballos y diverso ganado de carne.

Al fin, lo que acabó restando importancia al desafío de Sewell’s Mountain no fueron estas acciones, sino la creciente actividad que se estaba produciendo en Romney y la boca del valle del Shenandoah, hacia Harper’s Ferry, mucho más al Norte. Allí, infantería y caballería confederadas se mostraban cada vez más activas. Ya se había producido un choque importante el 14 de Septiembre en Pritchard’s Mills, cerca de Darnestown, en que los 28º de Pennsylvania y 13º de Massachusetts unionistas causaron más de 80 bajas a los confederados, y el domingo 23 los 4° y 8º de Ohio, del mando subordinado a Rosencrans del Brigadier Frederick West Lander (uno de los coroneles de Philippi), libraron una acción en Hanging Rock, cerca de Romney, con no menos de 50 bajas en cada bando.

Y la caballería confederada no paraba de actuar, con un continuo aguijoneo que culminaría con un brillante raid de Turner Ashby sobre el Harper’s Ferry el 13 de Octubre, acabando con la captura de cerca de 200 hombres y buen número de caballos y material, convirtiéndose en uno de los héroes del Sur. Y más aún por su aspecto que describieron entonces y le otorgaría el título de “Caballero Negro de la Confederación”.

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Él solamente comenzó una carrera que pronto lo convirtió en un carácter heroico en la historia de la Guerra civil. Vestido ahora en el color gris Confederado, con el cordón dorado sobre sus mangas y cuello, llevando botas superiores altas con espuelas y un amplio sombrero de fieltro negro con una pluma larga negra que corre detrás, su aspecto era asombroso y atractivo. Él medía aproximadamente casi 2 metros de altura y probablemente pesó de 68 a 73 kilogramos. Él era muscular y nervudo, bastante delgado pero robusto. Su pelo y barba eran tan negros como el ala de un cuervo; sus ojos eran suaves y color caoba; un bigote largo y amplio ocultó su boca, y una barba espesa y larga completamente cubrió su pecho. Su tez era oscura de acuerdo con sus otras tintas. Totalmente, él se pareció a los cuadros que he visto de los tempranos Cruzados, un tipo insólito entre muchos hombres en el ejército, un tipo tan distintivo que, una vez se ha observado, no puede ser olvidado” Carta de un civil del valle Shenandoah

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Turner Ashby

Mientras el día 16 del mismo mes la División de Banks, con casi los mismos regimientos que el mes anterior en Pritchard’s Mills, perdía un par de docenas de soldados en Bolivar Heights, muy cerca de Harper’s Ferry otra vez.

Lo cierto es que los unionistas, reorganizados tras el caos que creó en sus filas el fin de los alistamientos de tres meses, comenzaban de nuevo a asomarse a Virginia en el Alto Potomac, y el mando confederado de Joseph Eggleston Johnston tomaba sus medidas para pararles los pies. En Leesburg, el antiguo solar de los Lee, se había destacado la brigada mandada por Nathan Evans. Y en Winchester, la posición clave del Norte del valle del Shenandoah, “Stonewall” Jackson, fresco aún su nombramiento como Mayor General, estaba creando una división.

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Era Jackson un tipo curioso, hipocondríaco y con propias y extrañas ideas sobre dietética, capaz de disertar largo rato sobre ese tema o sobre la caridad cristiana (de la que tenía ideas muy amplias), y empeñado en dirigir siempre él mismo los oficios dominicales de sus tropas. En cambio, su capacidad de trabajo y su amor por las tropas bien preparadas eran proverbiales, sus arrebatos de furor temibles y llegada la batalla se mostraba incongruentemente sanguinario. (Por lo que solía decirse de él que “vivía por el Nuevo Testamento y luchaba por el Antiguo”).

De todas formas, el Jackson de aquellos días no era el de siempre. Soltero de 37 años, acababa de casarse con Mary Ann, una chica de Winchester de 20 años escasos. Como resultado sus uniformes, habitualmente llenos de raspaduras, roces y lamparones (era poco cuidadoso con su aspecto personal, incluso algo sucio), aparecían inmaculadamente limpios, cuidadosamente repasados y con todos los botones en su sitio. Además el gran hombre (que normalmente trabajaba sin horario), miraba de vez en cuando a su reloj y se iba rumbo a la casita que había adquirido en la ciudad a las horas debidas. Y cuando por algún motivo, el Estado Mayor se quedaba trabajando hasta tarde, se podía contar con que Mary Ann aparecería, envuelta en una capa con capucha y llevando a su marido la cena en una cestita, como una buena Caperucita. (Y los jóvenes e iconoclastas oficiales intercambiarían codazos, conteniendo la risa, mientras al terrible Jackson prácticamente se le caía la baba ante su esposa).

Otro personaje que en aquella zona era por entonces casi más popular que el mismo Jackson era su jefe de caballería, Turner Ashby, para el Otoño ya al mando del 7º de Caballería de Virginia. Sus golpes de mano y escaramuzas alcanzaban casi un cien por cien de éxito, y cada vez se hacía notar su presencia en la acción, inconfundible sobre un enorme caballo blanco. (Detalle notorio pues los caballos de ese color, no son muy apropiados para la guerra en un paisaje boscoso como el de aquella zona. Probablemente sólo otro hombre usaba un caballo blanco en todos los frentes de Virginia: El recientemente nombrado Brigadier unionista Philip Kearny, que aunque era hombre de recursos y disponía de varias monturas, tenía como favorito a un gran semental blanco llamado “Moscow”).

Lo que tenía locos a los unionistas es que, pese a su llamativo caballo, que atraía a las patrullas de vigilancia y destacamentos de persecución unionistas como un imán, Ashby parecía protegido por un sortilegio, nunca había sido alcanzado, y varias veces acorralado, se había esfumado en el aire como un fantasma. Y eso sin citar el pequeño misterio de porqué siempre se le veía solo, sin escolta ni ayudantes.

Al menos, estos pequeños misterios iban a quedar desvelados aquel Otoño, un día en que una patrulla montada de la Unión se topó de frente con Ashby, solo como siempre, en un recodo de un camino del bosque. De inmediato lo hicieron prisionero, y ya regresaban muy contentos, llevándolo en el centro de su formación para que no pudiese escapar cuando, al pasar junto a una de las omnipresentes y altísimas vallas características de la región (que ya habíamos citado, respecto a la Batalla de Falling Waters, de principio de Julio), Ashby la saltó con su caballo casi sin tomar carrerilla, desapareciendo entre los árboles del otro lado antes de que alguno de sus captores pudiera montar a horcajadas sobre ella para dispararle.

Así se descubrió que el gran caballo de Ashby (sin duda un macho castrado, que son los mejores saltadores), era un campeón de salto y el truco del confederado para “hacerse invisible” era saltar las grandes vallas de la región que, debido a su gran altura, todo el mundo veía como insalvables. (Lo que explica también porqué se movía solo. Sus escoltas y ayudantes no hubiesen podido saltar como él). Y si este descubrimiento acabó con la incipiente fama de Ashby como mago no hizo sino incrementar su prestigio como jinete.

Fue la influencia de éstas acciones más al Este la que hizo que al retirarse Rosencrans de Sewell’s Mountain, Robert Lee no hiciera siquiera mención de seguirle. Por el contrario el General Federal, tenía instrucciones de enviar cuanto antes el grueso de su fuerza hacia el Norte, y hacia allí lo despacha, aún mandado por William Wing Loring. Entretanto, la “paradita de Sewell’s Mountain” había costado a cada uno de ambos ejércitos no menos de 600 muertos, causados por la pulmonía, el dengue o gripe y una epidemia de sarampión, que había causado gran mortalidad entre los hombres debilitados tras pasar la gripe. (Floyd observaría que “aquellos días de calma habían costado más muertes que la Batalla de Bull Run”).

No muchos días después, a finales de Octubre, Lee era llamado a su vez a Richmond para hacerse cargo del mando de la costa atlántica al Sur de Carolina del Norte. (El mando sureño comenzaba a tener avisos de que se preparaba una operación anfibia: la de Samuel Francis Dupont). En cuanto a West Virginia, quedaría dividido en dos mandos militares: el septentrional bajo William Wing Loring y el meridional bajo John Buchanan Floyd, (para desgracia de sus subordinados). El prestigio de Lee salió bastante “tocado” de aquella campaña; el de Floyd no hizo sino crecer, pues sus acciones eran pintadas por una Prensa deseosa de enaltecerle como maravillas estratégicas.

Pero Lee se fue sin duda satisfecho de aquellas tierras que tantos sinsabores le habían dado. Hay autores que atribuyen a estos días el que Lee, que no mucho antes de la guerra tenía aún fama de buen mozo, se convirtiese en aquel anciano debilitado y de pelo y barba blanca que todos conocemos por las fotografías. Y aunque esta versión es sin duda exagerada, (la exasperación al verse cada vez más cerca de tener que elegir entre sus dos Patrias, la Unión y Virginia, le puso sin duda en aquel camino de decadencia), no cabe duda de que fue entonces cuando su barba y cabello devinieron del color de la nieve.

Su otro consuelo fue que, al perder el caballo en Cheat Mountain, le habían prestado otro que uno de sus oficiales acababa de comprar en la región. Se trataba de un animal que había ganado años antes un concurso de potros, pero no había alcanzado luego total aceptación por haberse quedado un poco corto de estatura. Sin embargo, las imágenes que quedan de él sugieren que se trataba de un salto atrás hacia la sangre árabe de muchos caballos virginianos. Y Lee, que aunque amante de la equitación no era especialmente afectuoso con los caballos (uno de sus favoritos llevaba el nombre simplemente descriptivo de “Bayo Castaño”), quedó prendado de su mezcla de valor, resistencia e inteligencia y no paró hasta adquirirlo, convirtiéndolo en su número uno. Era un animal gris acero, con crines y calcetines oscuros, y parcialmente tachonado de minúsculas manchas negras, al que su nuevo amo llamaría “Traveller”.

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Lee & “Traveller”

Al Este, reinaba entre las tropas unionistas George Brinton McClelland, nuevo comandante del ahora llamado Ejército del Potomac desde, oficialmente, el 27 de Julio. En el momento en que tomó el mando, contaba con sólo 50.000 hombres de Infantería, 1.000 de Caballería y 650 artilleros, aunque junto a él, la fuerza de cobertura de Washington de Joseph King Fenno Mansfield rebosaba de artilleros. Y la primera dificultad a la que hubo de hacer frente fue a una creciente indisciplina, pues si la disciplina nunca había sido el fuerte de aquel Ejército, la reciente derrota de Manassas había causado casi un colapso de ella.

Su punto álgido fueron dos serios motines que se desencadenaron los días 14 y 15 de Agosto respectivamente en el 79º de la Milicia de New York y el 2º de Maine. Logró sin embargo reducirlos y los cabecillas fueron capturados. Astutamente, McClelland no los convirtió en mártires fusilándolos, pero supo buscarles un castigo que, sin producir el mismo tipo de rechazo instintivo, pusiera un escalofrío en la espalda del soldado común: los envió condenados a trabajos forzados en las fortificaciones de Fort Jefferson en las Dry Tortugas.

Después procedió a restablecer el ambiente general de disciplina con un recetario de castigos para faltas menores que, si bien draconiano desde el punto de vista de las milicias estadounidenses, resultaba relativamente suave comparado con equivalentes europeos. Curiosamente, en vez de la tradición europea de los golpes (latigazos, “pasillo de baquetas” y similares), McClelland seguía más bien la hispanoamericana de sobrecargas e inmovilizaciones (las primeras de origen español, las otras locales). Con todo ello, los ánimos se fueron aquietando y la oficialidad que se había visto al borde de perder el control de la tropa, pudo recuperarlo en forma sólida y le quedó muy agradecida.


50th of New York

Para fines de Agosto, la Unión ya tenía en aquel frente unos 147.000 hombres, y la fuerza de McClelland estaba absorbiendo casi la mitad de las tropas y del orden del 80% del material nuevo disponible. (Lo que, por cierto, no dejó de aumentar su popularidad entre sus oficiales). De las fuerzas citadas, 35.000 pertenecían al mando de Joseph K.F. Mansfield y 112.000 al de McClelland, aunque no todos estaban encuadrados y 13.000 carecían de armamento. A las cinco divisiones originales se iban sumando otras bajo el mando de Brigadieres como Charles Pomeroy Stone, Philip Kearny (de aquélla había abrazado la carrera militar, había perdido un brazo en Mexico, dejado por un tiempo el Ejército y “visto mundo”, llegando a ser por algún tiempo oficial de la Guardia Imperial de Napoleón III. Servicio en el que obtuvo la Legión de Honor por su carga de caballería en la Batalla de Solferino). Y Joseph Hooker, ex-soldado y ricohombre de California, era célebre por haber competido en la subasta de un caballo con el mismo Napoleón III y un lord inglés, venciéndolos y por su insaciable sed de amor mercenario, que había hecho que, desde su llegada, las prostitutas de Washington recibieran el apodo de “la División de Hooker”. Incluso hoy en día se mantiene la costumbre de llamarlas “hookers”.

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JKF Mansfield Charles P. Stone Philip Kearny Joseph Hooker

Maryland ya estaba en tanto lo suficientemente pacificado para que el orden público fuera mantenido por la Provost Guard o Policía Militar local, (literalmente “Guarda del Preboste”), que mandaba el Coronel John Reese Kenly, jefe del 1º de Voluntarios de Maryland. Así, los 10.000 hombres de que disponía el Mayor General John Adams Dix constituían una división de reserva disponible, que dependía administrativamente del Ejército del Potomac y está incluida en los 112.000 hombres, pero en los planes de Winfield Scott figuraba más como reserva de Mansfield.

Así McClelland, calculando que debía restar de su fuerza las tropas aún sin armas, esta División y 13.000 hombres más de las divisiones de Nathaniel Banks y Charles Stone, que no consideraba totalmente disponibles, afirmaba disponer en su fuerza de 76.000 hombres “efectivos” y mantenía la necesidad de 150.000 para avanzar contra Richmond.

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Innis Newton Palmer

Para ello y manteniendo siempre 13.000 hombres Potomac arriba, 35.000 en Washington y 10.000 en Maryland, la fuerza total en aquel frente debía llegar a 208.000. Y proponía que se alcanzaran los 240.000, como seguro ante los probables medros por deserciones, permisos, bajas por enfermedad y causas similares. Su capacidad para pensar a lo grande y fijar cifras concretas tenía impresionados a políticos y periodistas (aunque era en realidad un truco de ejecutivo y sus cifras estimaciones muy toscas). También le dio mucho prestigio su aparente prontitud y energía dando órdenes y tomando decisiones, aunque en realidad ninguna orden dada, ni decisión tomada, había revestido hasta entonces importancia.

Eran de nuevo trucos de ejecutivo, y el futuro iba a demostrar que se trataba en realidad de un hombre bastante indeciso, y a la hora de la verdad sus órdenes solían brillar por su ausencia. Pero mostrándose exigente y mandón en cosas pequeñas, logró dar esa impresión de hombre seguro de sí, que tanto adoran masas y Prensa, de forma que se depositó en él una enorme y un tanto exagerada fe.

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Carl Schurz

También se ocupó de la caballería, hasta entonces muy olvidada en el campo unionista. Esto se debía en parte a que, desde luego, los periodos típicos iniciales de 3 meses no daban en absoluto tiempo para crear unidades de caballería (que implican complicados problemas de equipamiento, encuadramiento e instrucción). Pero también a que la caballería pasaba en el Ejército de los Estados Unidos por una época de desprestigio, considerada como un arma semicolonial, buena para la vigilancia de fronteras amplias y zonas poco pobladas, pero con poco sitio en un campo de batalla moderno.

Parte de ello era producto del propio informe de McClelland sobre la Guerra de Crimea, en que había destacado su papel relativamente poco relevante en aquélla, y desastres como el de Balaklava. Así que los primeros “profetas” de la caballería en el Norte, como el Mayor Innis Palmer que condujera la de Bull Run o Carl Schurz otro de los generales alemanes revolucionarios de 1848, encontraron poco público. (Schurz, que era amigo de Lincoln y había sido su agente electoral entre los emigrantes alemanes, había renunciado a la Embajada en España a cambio de una Coronelía de Voluntarios, en su afán de ayudar a ganar la guerra).

Pero McClelland, que aunque no resultara el genio militar que sus exégetas esperaban no era tonto, se daba cuenta de que los amplios frentes americanos dejaban mucho más espacio a la maniobra de caballería que Crimea (uno de las pocas regiones relativamente “angostas” en el inmenso Imperio de los Zares). Además, él mismo era el autor del famoso informe y sabía bien hasta qué punto había exagerado la nota. (Probablemente bastante, siendo un oficial joven y ambicioso, que quería llamar la atención). De forma que para finales de Agosto, dio vía libre a la Caballería Voluntaria, poniendo como único límite que los regimientos habían de estar formados por hombres que hubiesen sentado plaza por tres años, el periodo máximo en los voluntarios.

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Silla McClelland

(Personalmente, McClelland era un hombre interesado por el Arma Montada, que incluso durante su permanencia en el Estado Mayor había diseñado un nuevo modelo de silla de montar para la caballería. Se trataba de la naturalmente denominada “Silla McClelland” en 1859 inspirada en las utilizadas en Crimea por los húsares y modelos mexicanos, y especialmente adecuada para recorrer distancias mucho más largas que las habituales en Europa. Hacia principio de la guerra, comenzaba a sustituir al modelo anterior, silla “Jennifer”, sobre todo en el Oeste, donde las distancias eran mayores).

Por todos estos trabajos e innovaciones, McClelland había logrado crear tal impresión que, aunque no hubiese pasado aún la prueba del fuego, se le empezó a considerar de inmediato “presidenciable” para 1864. Y sin embargo, su labor fue en realidad muy pronto criticable desde varios puntos de vista.

Un primer punto negro en su obra era la escasa atención que desde el comienzo prestó a los problemas sanitarios en general. En ello seguía realmente la tradición del Ejército, cuyo “Servicio Médico” (con color de Servicio verde), era en realidad un servicio quirúrgico. Sus miembros eran “Cirujanos” (con el grado de Mayores) y “Asistentes Cirujanos” (con el de Capitanes), que debían tomar como camilleros, enfermeros y otros auxiliares a soldados de las unidades a las que se les asignara. Esa organización tendía a confundir medicina militar con cura de heridas, y no dejaba lugar para ocuparse de dietas, epidemiología, higiene y otros temas no quirúrgicos, que se tendía a ignorar.

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Instrumental medico durante la guerra.

Debe aquí anotarse que, sin embargo, se veía mucho más interés por estas cuestiones al otro lado del Alleghany, en el mando de Grant, y más aun en la división de George Henry Thomas del de Sherman. Y tenía un profundo interés en ellas la Comisión Sanitaria Civil a cuya creación nos hemos referido en un capítulo anterior. Impulsada por personajes por entonces poderosos entre la sociedad y la política norteamericana, como Henry Whitney Bellows y William B. Van Buren, y bien aprovisionada por su activo tesorero George Templeton Strong, que había acumulado cinco millones de dólares en un tiempo francamente breve, la Comisión tenía la disposición, y los medios, para efectuar labor complementaria en esas áreas descuidadas.

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Henry Whitney Bellows

Durante la contienda llegaron a gastar 25millones de dólares e inspirados en la British Sanitary Commission, que actuó en Crimea, fundaron United States Sanitary Commision. Crearon un cuerpo de enfermeras, cocinas de campaña, barcos hospitales, uniformes, etc. Incluso siguieron prestando sus servicios a los veteranos de guerra una vez concluida la contienda.

Y he aquí que McClelland, quizá temiendo perder parte de su control, se dedicó básicamente a imponerle límites, lo que redujo mucho la efectividad de su acción. Así su principal labor en 1861 se redujo a seguir argumentando el número de enfermeras de regimiento y personal médico de retaguardia, así como a la creación del bizcocho que sería denominado “hard-tack” por la tropa. Desde el punto de vista moderno era una fábrica de colesterol y los soldados se quejaron, asegurando que era tan duro que “podía parar las balas”; pero al ser pequeño, muy llevadero y enormemente energético, constituía una muy válida ración de emergencia en condiciones de campaña. (Su origen proviene de su utilización de las galletas utilizadas por los marineros europeos, y alcanzaron fama durante la guerra con México y la Fiebre del Oro de California, por su capacidad de durabilidad. Durante esta contienda se le añadieron más ingredientes para aumentar a 100 calorías por cada 24 gramos de galleta. Hoy en día se pueden conseguir en cualquier Walt-Mart).

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hard-tack

Otra objeción que podía hacerse al liderazgo de McClelland era que desde un principio había escogido un estilo totalmente autoritario y vertical. Ese tipo de mando no carece de virtudes y es aprobado por muchos militares, pero tiende a primar la pasividad y ahogar la iniciativa. Los ejércitos del Oeste, de estructura jerárquica menos monolítica y disciplina no tan draconiana, iban a ser inferiores al del Potomac desfilando, pero al menos sus iguales en el combate y claramente superiores en la maniobra, por su superior inventiva.

Incluso respecto a la caballería que había impulsado. McClelland iba a cometer un serio error. En decadencia como arma “de línea”, la destinaba acertadamente a exploración y explotación del éxito. Pero como realizaría tales funciones para las grandes unidades de infantería, la subordinó físicamente a éstas, repartiéndola entre ellas en pequeños "paquetes". Cosa que el Sur no lo haría y que se iba a revelar la aceptada.

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Capitán de caballería, Henry Page

Pero el aspecto más negativo del mando de George Brinton McClelland todavía permanecía ignorado, aunque iba revelándose en forma paulatina: su casi patológica falta de agresividad. La primera muestra de ello empezó a entreverse cuando, recién llegado a su mando, el Secretario de Marina Welles y el Capitán Graven, de la Flotilla del Potomac, le expusieron el problema presentado por las baterías enemigas al Sur del Firth del Potomac.

McClelland reaccionó fingiendo no comprender que le estaban pidiendo una operación anfibia contra ellas, e informándoles que tenía suficientes fuerzas en Maryland para impedir al enemigo invadir su costa, a la vez que les recomendaba, una idea de perogrullo, bombardearlas con asiduidad. La Marina pensó que lo que le ocurría era que consideraba su fuerza demasiado limitada, y de poca confianza para realizar la operación. Pero según las semanas iban pasando, y el Ejército del Potomac era cada vez mayor y mejor equipado e instruido, se vio que lo que realmente faltaba era la decisión del mando.

Por dos veces se iniciaron preparativos para la operación solicitada por la Marina. La primera se le asignó a la División de Joseph Hooker. La segúnda al ahora Brigadier John Gross Barnard, jefe de Ingenieros del Ejército del Potomac y el comandante R. H. Wyman, que mandaba el “USS Pawnee” tras Paulding y había sustituido a Thomas Graven en el mando de la Flotilla del Potomac cuando aquél fue enviado a capitanear el “USS Brooklyn”, perdieron varios días inspeccionando la costa a invadir. Pero en ambas, el mando de McClelland acabó cambiando de idea.

En tanto, la Flotilla del Potomac intentaba mantener alguna presión con bombardeos desde el Firth. En el último, el 3 de Octubre, los buques “Pocahontas” y “Seminole” intentaron bombardear las baterías de Evansport, encajando el “Seminole” cuatro impactos peligrosísimos, que obligaron a ambos a retirarse con el rabo entre las piernas. Y cuando, a los pocos días, varias unidades de la flotilla fueron reasignadas en la reorganización precisa para crear el grupo de ataque anfibio de Dupont la navegación en el firth del Potomac quedó definitivamente interrumpida para el resto del año.

Y la timidez de McClelland era también obvia en el campo. Así, los confederados del cuerpo principal del mando de Joseph Johnston mantenían adelantada una brigada en Munson’s Hill, Hunter’s Hill y Herndon’s Station bajo el mando del ahora Brigadier James Ewell Brown Stuart. Y éste, observando que salvo rechazar el 12 de Septiembre un tímido reconocimiento unionista hacia Lewinsville, causándole una veintena de bajas, con 6 muertos, sin sufrirlas a su vez, no había tenido trabajo en casi dos meses, se hizo tan atrevido que adelantó sus piquetes hasta Fall’s Church, donde eran visibles con un catalejo desde las mismas calles de la capital.

Aquello era demasiado, y Lincoln y el General Scott presionaron a McClelland hasta que aquél consintió en enviar una fuerza de Brigada en dirección a Lewinsville bajo el mando del ahora Brigadier William Farrar Smith, (conocido como “Baldy” o “Calvito”), el hombre que había mandado la fuerza de desembarco de Butler en Cabo Hatteras. Smith llevó su fuerza a Lewinsville el 23 de Septiembre, librando tan sólo una mínima escaramuza en Fall’s Church, (que sí suele ser recordada es porque se produjo a la vista de los habitantes de la capital). Fall’s Church quedó en manos de los unionistas, y los confederados de Stuart renunciarían también a Munson’s Hill, que evacuaron el 27. Por cierto que el día 29, al ocuparla los unionistas, se produjo una tragedia en el antiguo campamento enemigo de Camp Advance. Por culpa de los famosos uniformes grises, el 69º de Pennsylvania hizo una descarga sobre el 71º del mismo Estado, causando por su error 9 muertos y 25 heridos.

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William Farrar Smith

Pero Lincoln y Scott quedaron decepcionados ante la inmovilidad absoluta en que McClelland congeló de nuevo a sus tropas tras estos sucesos y deseando comprobar como se comportaba el “nuevo” Ejército, solicitaron más acción y tuvieron la desgracia de obtenerla. McClelland llevaba un mes al mando del mayor ejército jamás visto por esas tierras, con cerca de 100.000 hombres a sus órdenes, y al menos en apariencia era una formidable máquina perfectamente engrasada, aunque comprobaremos que estaba en pruebas.

Desde el Departamento de Guerra, en Washington, McClelland había reorganizado el renombrado Ejército del Potomac en once divisiones y comenzó a posicionarlas en un cinturón defensivo de la capital. Pues tras la derrota de Bull Run aún cercana, y sabiendo que Johnston se encontraba en Leesburg, no era descabellado que los confederados pudieran intentar cruzar el Potomac y avanzar sobre Washington.

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Al mismo tiempo al Sur del Potomac, el General Joseph E. Johnston y su ejército de 40.000 hombres esperaban órdenes. Tras su victoria en Manassas, Johnston estaba estudiando una campaña ofensiva que inavadiendo Maryland, buscaría amenazar Washington o Baltimore. Pero para realizarlo había estimado que necesitaría al menos 60.000 hombres, por lo que consultó con Richmond sus planes al mismo tiempo que solicitaba esos refuerzos. Pero para finales de Septiembre, el Estado Mayor Confederado comunicó a Johnston que no podía proporcionarle sus refuerzos y que por tanto los planes ofensivos quedaban aplazados. Ante esta situación el Ejército Confederado comenzó un repliege, su cuerpo principal se posicionaría en Centreville, en donde se crearían los cuarteles de invierno. Al mismo tiempo, en Leesburg, Johnston colocó una brigada vigilando los vados del río Potomac y mantener una línea de comunicaciones entre Winchester y Manassas.

Vigilando esos mismos vados se encontraba la División del Brigadier Charles P. Stone acampada en Poolesville, Maryland. Esta división de 6.500 hombres, y aún en formación, consistía en las siguientes unidades:

División de Stone, Ejército del Potomac, USA (Brig. Gen. Charles P. Stone)

1ª Brigade (Brig. Gen. Willis A. Gorman)
2º de New York Milicia Estatal (renombrado 82º de New York)
1º de Minnesota
15º de Massachusetts
34º de New York
42º de New York (RegimientoTammany)

2ª Brigada (Brig. Gen. Frederick W. Lander)
19º de Massachusetts
20º de Massachusetts (Regimiento Harvard)
7º de Michigan
1ª Compañía, Massachusetts Sharpshooters (Andrew Sharpshooters)

3ª Brigada (Col. Edward D. Baker)
1º de California (renombrado71º de Pennsylvania)
2º de California (renombrado69º de Pennsylvania)
3º de California (renombrado72º de Pennsylvania)
4º de California (renombrado106º de Pennsylvania)

Cavalry
3º de New York Cavalry (seis compañías)
Putnam Rangers (Voluntarios de D.C, renombradoCompany L, 1º de Maryland Cavalry)

Artillería
Batería I, 1º United States Artillery
Batería B, 1º Rhode Island Light Artillery
Batería K, 9º New York State Militia (renombrado 6ª Batería Ind, New York Light Artillery)

El que respondió a la petición de Washington, fue el Brigadier Charles Pomeroy Stone, al mando de una división algo incompleta y situada entre la de Nathaniel Banks, con mando en el Harper’s Ferry y la de la Reserva de Pennsylvania de George McCall en Langley, en el extremo Oeste del Distrito Federal de Columbia.

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Charles P. Stone

Frente a él, la brigada confederada de Nathan George Evans se había limitado a levantar una pequeña fortificación de batería (inevitablemente llamada “Fort Evans”), frente a Edward’s Ferry, confiando en fijar así su centro con pocas fuerzas, y disponer de una buena masa de maniobra. Y como veremos, el sistema iba a funcionar.

7ª Brigada, I Cuerpo, Ejército del Potomac, CSA (Coronel Nathan G. Evans)

13º de Mississippi
17º de Mississippi
18º de Mississippi
8º de Virginia

Caballería (Tte. Coronel Walter H. Jenifer)
Compañías B, C, y E, 4º de Virginia Cavalry
Compañía K, 6º de Virginia Cavalry

Artillería
1ª Compañía, Richmond Howitzers


Viendo las cosas “a posteriori” es fácil comprender que el Brigadier Stone, que era un soldado muy cortesano y bien relacionado socialmente, se dispuso a operar tan sólo para complacer al Presidente y el Jefe de Estado Mayor, pero sin tener una idea clara de qué iba a hacer. De entrada, no tenía el menor deseo de hacer frente a Fort Evans, y descartó operar en su centro, (como el astuto confederado había supuesto). Dio por tanto vagas instrucciones a Lander para que cruzara el Potomac sin tener en cuenta la dificultad de cruzar un río.

Guardando los vados del Norte se encontraba la División del Mayor Gen. Nathaniel P. Banks, con su cuartel en Darnestown, Maryland, con piquetes desplegados en la zona de confluencia de los ríos Potomac y Monocacy. A 23 millas al sur de Leesburg se encontraba la División del Brigadier Gen. George A. McCall, con su cuartel en Langley, Virginia. Simultáneamente los confederados de Evans vigilaban los vados del Potomac desde Conrad’s Ferry a Edward’s Ferry. Encontrándose a medio camino Ball’s Bluff. Esta posición era un peñasco de unos 30 metros de altura cubierto de árboles que domina Harrison Island, la cual tenía unos 325 metros de ancho por 4500 metros de largo.

Esta isla sería el puente utilizado por los federales para su paso a Virginia, pues en la cara Oeste de la misma sólo había entre 60 y 80 metros de distancia. Así que se decidió ocuparla con tropas del 15º de Massachusetts y a la construcción de trincheras, para protegerse del fuego de los piquetes rebeldes. Es cuando Stone siguiendo las indicaciones del Alto Mando realizó una operación de tanteo en la zona de Edward’s Ferry y el camino hacia Leesburg. Comprobando la práctica ausencia de tropas confederadas en la zona.

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Entonces, es claro que Stone decidió utilizar la brigada en formación, para realizar un ataque sobre Leesburg e intentar ocuparla si era posible. Un grave problema era que la zona del río próxima a Leesburg era de las más profundas y la brigada en formación disponía de sólo tres regimientos: el 19º de Massachusetts y el 20º de Massachusetts, a cargo de los coroneles Lee y Cogswell frente a Harrison Island, y el 15º de Massachusetts del Coronel Devens en Harrison Island, punto próximo a Leesburg, situado en la zona en que casi toda la ribera virginiana está cubierta por el acantilado llamado Ball’s Bluff, pero frente a una zona de playa fluvial llamada Harrison’s Landing. Todo lo cual no daba mucho espacio a la elección.

A fin de conocer el terreno, se envió al Capitán Philbrick a internarse desde la isla, avanzó alrededor de una milla entre los bosques y cerca de una granja, Jackson House, divisaron unas sombras blancas entre unos árboles. Avisando seguidamente a Stone de su descubrimiento de un campamento y que además no habían visto ningún enemigo. Así que Stone se dispuso a trazar el plan a seguir. Y viendo la oportunidad de una incursión rápida para destruir el campamento rebelde y aunque McClellan no lo había pedido, Stone vio la oportunidad de complacer a Lincoln. Así que redactó las órdenes y el Coronel Devens con cinco compañías del 15º de Massachusetts se dispuso a cruzar el río para destruir el campamento rebelde.

Cubriendo la retirada de Devens, el 20º de Massachusetts del Coronel William R. Lee se posicionó en Harrison Island y destacó a dos compañías al peñasco de Ball’s Bluff. Además de dos howitzers del 12 al mando del Teniente Frank S. French, del 1º US Art, en la orilla de Maryland que habían venido desde Edward’s Ferry y cuatro cañones del 12, Batería B del 1º de Art. Ligera de Rhode Island. También se órdenó ponerse en alerta a los regimientos 1º de California, del Tte. Coronel Isaac J. Wistar, y 42º de New York, del Coronel Milton Cogswell, posicionados en Conrad’s Ferry.

Así nos encontramos al Coronel Devens cruzando el río a medianoche del 20 de Octubre de 1861 con cerca de 300 hombres de las compañías A, C, G, H e I. Hacia las 6 de la mañana Devens avanzó por un sendero camino del campamento confederado, mientras el Coronel Lee esperaba en el peñasco con sus dos compañías.

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Pero al llegar a las inmediaciones de Jackson House, Devens descubrió que no había tal campamento que atacar. Sino que se trataban de unas piedras blancas que situadas bajo unos árboles daban la impresión de tiendas de campaña. Así que el Coronel Devens, a fin de salvar la misión, se dirigió junto con los tenientes Philbrick y Church Howe (Intendente del regimiento) hacia Leesburg, con la intención de localizar las fuerzas rebeldes. Puesto que no localizaron ninguna, decidió cumplir la segunda parte de las órdenes de Stone, la cual era montar una posición fuerte y mantenerla a la espera de nuevas órdenes. Simultáneamente, Stone había ordenado al Brigadier Gorman que hiciese una incursión desde Edward’s Ferry, para la que se destacaron dos compañías del 1º de Minnesota y una trentena de jinetes del 3º de New York Cavalry. La infantería cubriría el vado mientras los jinetes explorarían el camino de Leesburg para informar de la posición de enemigo.

Para las 7:30, los hombres de la Compañía K del 17º de Mississippi, que venían de Smart’s Mill, localizaron al 20º de Massachusetts en el peñasco. Y tras una descarga informaron al Coronel Evans y se dirigieron hacia Jackson House. Pero allí se toparon con los hombres de Devens y ante la superioridad de los unionistas, el oficial confederado Capitán William L. Duff, decidió tomar posiciones defensivas tras una valla a la espera de refuerzos.

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Así el sonido de la lucha había alertado al Tte. Coronel Walter H. Jenifer que se encontraba en las inmediaciones, por lo que tres compañías del 4º de Virginia Cavalry y una compañía del 6º de Virginia Cavalry se dirigieron en apoyo de Duff. Ante esta aparición Devens se replegó hacia Jackson House.

Aquí apareció el resto del 15º de Massachusetts, incrementando la fuerza del Coronel Devens a 650 hombres. Así como también el resto de los hombres del Coronel Lee, cruzaron desde Harrison Island para colocarse en el peñasco junto con los dos howitzers que se habían cruzado. También aparecía el Coronel Baker y su 1º de California a la altura de Conrad’s Ferry. El cual recibió órdenes de Stone de apoyar a Devens en caso necesario.

Al mismo tiempo, la División de McCall, que suponían avanzando hacia Dranesville, se encontraba de regreso hacia Langley. Pero a falta de información, Devens ordenó a Gorman que cruzara por Edward’s Ferry a fin de avanzar hacia Leesburg.

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La Brigada de Gorman llega a Edward’s Ferry

Para las 11 de la mañana, Baker cruzaba hacia Harrison Island con su regimiento. Y Stone informaba a McClellan de las escaramuzas producidas, por lo que este ordenó a las divisiones de los Brigadieres Banks y McCall que se dispusieran para un posible apoyo a Stone en su avance hacia Leesburg. Pero en esos momentos, el Coronel Jenifer volvía de Fort Evans con dos compañías del 18º de Mississippi y una del 13º, para junto a las fuerzas anteriores en Jackson House, enfrentarse a los hombres de Devens.


Y al tiempo que Devens se enfrentaba a los confederados, el Tte. Howe llegó con las noticias de que la Brigada de Baker se encontraba cruzando el río. Pero este en vez de reconocer el terreno e informarse de la situación, se dedicó a supervisar el cruce de sus hombres.

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Las tropas de Baker cruzan de Harrison's Island a Ball's Bluff, 21 de Octubre de 1861

Pero como los medios disponibles para cruzar eran sólo de tres botes planos, la situación de Devens comenzaba a ser precaria para cuando sólo habían cruzado ocho compañías a Harrison Island y sólo una a Virginia. Al mismo tiempo llegaba junto a Jenifer el Coronel Eppa Hunton con sus 400 hombres del 8º de Virginia, por lo que los confederados alinearon a 700 hombres frebte a Devens y su 15º de Massachusetts. Por lo que la situación se volvió insostenible y hubo de replegarse hacia el peñasco.

En Edward’s Ferry, la Brigada de Gorman comenzó a cruzar el río en dirección a Leesburg, pues contaban con que Baker estaría ya avanzando. Pero a la una de la tarde, sólo el 1º de California había cruzado y el 42º de New York del Coronel Cogswell junto a la batería B del 1º de Art. Ligera de Rhode Island comenzaba a cruzar a la isla. En este momento, Baker era informado por Stone de que se estimaba la fuerza rebelde en unos 4.000 hombres, por lo que se esperaba que sus hombres mantuviesen la posición. Y si era posible que avanzasen hacia Leesburg, hacia donde se dirigía Gorman desde Edward’s Ferry.

Baker entonces respondió que avanzaría en cuanto sus tropas hubiesen cruzado en número suficiente para enfrentarse a los confederados. Pero para cuando comenzó a inspeccionar a las tropas situadas en Ball’s Bluff se encontró con la aparición de Devens regresando. Por lo que se determinó establecer una línea defensiva junto al peñasco, para proteger el vadeo del resto de tropas. El 15º de Massachusetts se situó al Norte, mientras el 20º se situaba perpendicular y haciendo frente al Oeste. También se situaron los dos cañones en la cima así como a dos compañías del 1º de California en cada uno de los extremos.

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En este momento nos encontramos a los hombres del Coronel Jenifer junto al 8º de Virginia, que siguiendo los pasos de Devens llegaron al borde del claro. Y viendo la disposición de los federales se desplegaron desde el norte y buscando la desenfilada del 15º de Massachusetts. Comenzando un intenso fuego de fusilería.

Y aquí estaría el punto de inflexión de la batalla. Stone informó a McClellan de que Baker estaba avanzando, aunque con fuertes combates, pero que Gorman también avanzaba por la izquierda y era posible un flanqueo del enemigo. McClellan respondía con un mensaje cifrado, es clave este detalle, ordenando “Toma Leesburg”. Pero Stone no tenía la clave para descifrarlo y nunca fue descifrado aunque se informó de que carecían de esta. Por lo que apreciamos que es continua la falta de comunicación entre las tropas. Por lo que nos encontramos con un flanco derecho unionista totalmente atascado al borde de un río, sin botes suficientes para un vadeo rápido y con sus mandos sin tener clara su situación y mucho menos la del enemigo. Y el flanco izquierdo no presenta mejor pinta, pues aunque no ha contactado con el enmigo, sólo ha avanzado una milla para detenerse a la espera de órdenes.

Y para complicar más la situación nos encontramos con el Coronel Cogswell llegando a Ball’s Bluff con más hombres y parte de la batería B de Rhode Island. Y para cuando llegó a la cima les notificó a los Coroneles Baker y Wistar el mensaje de Stone, que estimaba la fuerza confederada en unos 4.000 hombres, llegaron a la conclusión de que con el tiempo transcurrido esa fuerza debía de encontrarse ya encima de ellos. Y ante la necesidad de información, desplegaron dos compañías del 1º de California, que al acercarse a los árboles tras cruzar el campo abierto, fueron recibidos por una descarga cerrada de todo el 8º de Virginia.

Ya para esos momentos, Evans había enviado a los regimientos 17º y 18º de Mississippi, de los Coroneles Erasmus Burt y Winfield Scott Featherston para apoyar a Jenifer. Por lo que los confederados sumaban otros 1.500 hombres en las inmediaciones de Ball’s Bluff.

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Los rebeldes entonces se lanzaron al asalto de los cañones, pero tras dos intentos hubieron de retroceder con numerosas pérdidas, siendo una de ellas el Coronel Burt, que finalmente moriría. Baker decidió reforzar su posición artillera y colocó allí a la recién llegada Batería B de Rhode Island. Pero en ese momento, el Tte. Coronel Thomas M. Griffin, que había asumido el mando del 18º de Mississippi, ordenó una descarga cerrada con la que eliminó a varios artilleros y desbocaron a los caballos que salieron huyendo junto con el avantrén de las municiones.

En ese momento tomaba posiciones el 17º de Mississippi y se completaba la línea confederada, encerrando totalmente a los federales.

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Ya eran las 3 de la tarde para cuando todos los artilleros fueron eliminados y los cañones quedaron mudos. Cuando lo que ya crecía era el fuego de fusilería y comenzaron a escasear las municiones. Todo esto con Stone informando a McClellan de que casi toda su división había cruzado el río con Baker a la derecha y Gorman avanzando desde Edward’s Ferry por la izquierda.

Pero la situación no podía ser más crítica, Ya eran las 5 de la tarde y Baker apenas se sostenía en la cima de Ball’s Bluff, para desencadenarse la catástrofe. Wistar caía herido por tercera vez y era evacuado hacia Harrison Island, el Coronel Baker fue muerto a continuación.

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Descripción contemporánea de la muerte del Coronel Baker

Aquí se produjo un pequeño vacío de la cadena de mando, lo cual añadió más incertidumbre al caos de las fuerzas federales. El Coronel Cogswell tomó el mando y ordenó formar una columna con la intención de avanzar para contactar con las fuerzas de Gorman que habían cruzado por Edward’s Ferry. Este movimiento fue advertido por el Coronel Hunton que redistribuyó la munición restante entre sus hombres y ordenó el ataque con la intención de apoderarse de los cañones que los federales dejaban abandonados.

Y he que en este momento con los virginianos atacando a la bayoneta se hicieron con los cañones y acto seguido fueron seguidos por los regimientos de Mississippi. Hecho que izo que Cogswell comprendiera que todo estaba perdido y ordenó a Devens que abandonase el peñasco y comenzara a cruzar el río de vuelta a Maryland. Orden que al ser comunicada a la tropa consiguió el efecto de provocar una desbandada general hacia la orilla. Por lo que toda defensa hacia el avance de los confederados fue eliminada.

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Es en este momento cuando los unionistas comenzaron a precipitarse al río escenificando el clásico “Salvese Quien Pueda” Lo cual, ante la usencia de botes suficientes, la llegada de la oscuridad y la acción de piquetes rebeldes, desembocó en un auténtico caos y con numerosos soldados que acabaron ahogados en la corriente, el propio Devens llegó a Harrison Island gracias a una rama de árbol.

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Retirada de los federales desde Ball’s Bluff hacia el Potomac

Para el final de la tarde, las noticias llegaron hasta McClellan el cual ordenó a Stone de que cubriese a los soldados que intentaban llegar a Harrison Island y que esa posición debía ser mantenida hasta la completa evacuación de las tropas a Maryland. Por lo que el Coronel Edward W. Hinks del 19º de Massachusetts se dirigió con sus hombres hacia la isla acon la intención de organizar la travesía. Y Stone, temiendo que los confederados se dirigiesen a enfrentarse a la fuerza de Gorman, ordenó a este que volviese a cruzar por Edward’s Ferry, pero manteniendo una cabeza de puente en la orilla virginiana.

Hacia las 9 de la noche, casi todos los unionistas en Ball’s Bluff habían sido capturados y con Gorman retirándose, Stone pidió a McClellan que la División de McCall debía regresar de Dranesville para cubrir el vado de Goose Creek. Pero fue en ese instante cuando supo que McCall nunca había llegado a esa posición.

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Artillería apoyando a los unionistas desde Edward’s Ferry, 22 de Octubre de 1861

Durante la noche, se produjeron algunas escaramuzas pero con el amanecer del 23 de Octubre, McClellan se presentó en Poolesville y tras estudiar la situación decidió que se abandonase Harrison Island. Y ya por la tarde se decidió que también se retirasen las tropas de Edward’s Ferry.

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Regreso de los unionistas a Edwards' Ferry, Maryland, en la noche del 23-24 de Octubre de 1861

Aquí vemos que una acción que comenzó como una escaramuza, se acabó convirtiendo en un completo desastre. Al final la “Batalla de Ball’s Bluff”, también llamada de Leesburg, del Harrison’s Landing o (muy impropiamente), de Edward’s Ferry, costó a la brigada confederada de Nathaniel George Evans (apodado “Shanks”, “Zancas”), 36 muertos y unos 113 heridos y a la Unión 1.002 bajas, de las que al parecer, 226 eran heridos que se había evacuado antes del desastre final, o que en éste lograron alcanzar la orilla unionista, 400 prisioneros (muchos de ellos también heridos) y 376 muertos. De cinco Coroneles dos habían muerto y otros dos caído prisioneros, (uno seriamente herido), y sólo Charles Devens, también herido, había logrado ponerse a salvo.

Army Ball’s Bluff
                          Hombres Bajas
Union                      1,720 1002
Confederate             1,709 149
Total                       6,300 169

Naturalmente “Shanks” Evans, que pese a su brillante papel en aquélla, no había ascendido tras la Batalla de Bull Run, recibió al fin su despacho de Brigadier del Ejercito Provisional. Y Charles Pomeroy Stone hubo de capitanear por largo tiempo una mesa de despacho. La derrota unionista quizá no había sido la mayor del año, pero si era una bien sangrienta y sufrida a manos de una fuerza relativamente modesta. Evans, con su brigada incompleta, no reunió más de 1.700 hombres, y los unionistas llegaron a hacer cruzar hasta 2.000 pero al sufrir bajas tan rápido, tampoco alinearon más de 1.700 a la vez. Esto iba a dar lugar a una tempestad política en Washington.

A esto debemos añadir la muerte de un Senador, y aún con el recuerdo de Bull Run, se produjo una clara protesta pública y con la prensa reclamando una investigación de los hechos. Lo cual derivó en una comisión de investigación que encontró en Stone su “cabeza de turco”, pues Baker al haber muerto en combate no podía ser acusado de desobedecer las órdenes. Por lo que Stone fue arrestado en Febrero de 1862 y encarcelado en Fort Lafayette, NY, durante seis meses. Nunca se le acusó formalmente por lo que fue readmitido al servicio activo, aunque nunca volvió a dirigir tropa alguna, y dimitió en Septiembre de 1864.

Después de Ball’s Bluff, ambos ejércitos se retiraron a sus cuarteles de invierno quedando tranquilo el frente de Virginia hasta 1862. Los confederados se replegaron tras el río Rappahannock y los unionistas se concentraron en Fort Monroe, con la intención de mantener su amenaza sobre Richmond desde el Este.

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“CSS Baltic”

Capítulo XVIII: Otoño de 1861 en el mar y las costas

Un especial indicio de como se hizo notar el aumento del poder naval unionista a fin de aquel Verano es el caso de la goleta “Laura”, una cabotera sureña que se presentó voluntariamente el 23 de Septiembre en la base del Flag Officer McKean de Key West, poniéndose en manos de los unionistas para solicitar papeles nuevos, pasándose a ellos. El episodio puede parecer menor, pero iba a ser la única vez en cuatro años de guerra en que se diera caso semejante.

En realidad, el aumento de la presión norteña en el mar había sido tan marcado que, aunque con el Otoño iban a llegar las tempestades y las noches largas, que quitarían parte de su filo a la superioridad unionista, el mando confederado emprendería en los primeros días de Octubre una serie de acciones, indudablemente dirigidas a demostrar a los suyos que la Confederación aún tenía capacidad de reacción en las costas.

El 4 de Octubre y en los Sounds de North Carolina, el Commander William F. Lynch fue el primero en jugar su baza, sacando su flotilla de combate al Pamlico Sound para “pasear la bandera” y disparar algunos cañonazos contra los Fuertes Clark y Hatteras. Aparte de las cinco unidades de vapor artilladas originales (“Winslow”, “Beaufort”, “Ellis”, “Raleigh” y “Seabird”), contaba con los “Curlew” y “Junaluska” (ya empleados tres días antes contra el “U.S.S. Fanny”), y los “Appomatox” y “Forrest”, que no eran sino los remolcadores armados “Empire” y “Edwards”, redenominados y trasladados de las Hampton’s Roads al Albemarle Sound por el sistema de canales entre Norfolk y el Pasquotank River, por las Marismas Dismal.

Esta moderadamente agresiva demostración iba a ser seguida, en la noche del 6 al 9 de Octubre en la Bahía de Pensacola, por la primera acción en firme del Ejército de Pensacola del Brigadier confederado Braxton Bragg, que mandó cruzar a una brigadilla de más de 1.200 hombres, mandada por el Coronel Richard Heron Anderson a realizar una incursión en Santa Rosa Island. Se trataba de desembarcar de los vaporcitos bien al Este y amparándose en las sombras, barrer el campamento del 6º de Voluntarios de New York, “Zuavos de Wilson”, al Este de Fort Pickens.


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Richard H. Anderson

Confederados
Brig. Gen. Richard Heron Anderson
Equipo de Demoliciones - Tte. J. H. Hallonquist
1º Batallón – Coronel J. R. Chalmers
Destacamento, 10º Mississippi
Destacamento, 1º Alabama
2º Batallón - Coronel J. Patton Anderson
3 Compañías, 7º Alabama
2 Compañías, Louisiana
2 Compañías, 1º Florida
3º Batallón - Coronel J. K. Jackson
Destacamento, 5º Georgia
Destacamento, Batallón Georgia
Artillería
Compañía de Artillería Homer’s - Tte. Hollonquist
Marina
CSS Neaffie

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Unionistas
Coronel Harvey Brown
6º New York Zouave, Coronel William Wilson
Mando de Vodge - Mayor Israel Vodges
Company A, 1º US Artillery - Tte. F. E. Taylor
Compañía E, 3º US Infantería - Capitán John McL. Hildt
Compañía G, 3º New York Infantería - Capitán Dobie
Mando de Arnold - Mayor Lewis Golding Arnold
Compañía C, 3º US Infantería - Tte. Shipley
Compañía H, 2º Artillería - Capitán James M. Robertson

Si la vigilancia del campamento estaba tan descuidada como era de esperar tras casi 4 meses de calma, se podría hacer mucho daño a los zuavos. Pero lo que siguió, que fue llamada “Batalla de Santa Rosa Island”, fue una comedia de errores, en la que los únicos que hicieron debidamente su trabajo fueron precisamente aquéllos de los que se había dado por supuesto que no lo harían. En efecto, los centinelas de los zuavos estaban bien alertas, dieron de inmediato la alarma y reforzados con los destacamentos de guardia y refuerzo, hicieron frente a los confederados con gran serenidad, disparando contra ellos andanada tras andanada.

En cambio, todo iba manga por hombro tanto entre los mismos atacantes como en el campamento zuavo, e incluso en Fort Pickens. Más de la mitad del regimiento unionista y el grueso de sus oficiales, pernoctaban ya entre los muros del fuerte; y William Wilson, despertado en plena noche, inseguro del número de tropas de que disponía y desasistido por la oficialidad, fue incapaz de poner un orden en el pandemónium que se había armado en el campamento amenazado.

Por otro lado en Fort Pickens el Coronel Harvey Brown, que aún tenía el mando de toda la isla, cometió el error de dejarse engañar por los fantásticos relatos de los primeros fugitivos que llegaban desde el campamento. Estos, que desde luego aún no habían visto un enemigo, pero debían justificar su huida, hacían exageradísimas pinturas de la fuerza confederada atacante. Y Brown quedó convencido de que se trataba de una acción de gran estilo, que tras arrasar el campamento trataría de apoderarse del fuerte desde tierra y se negó a permitir la salida de refuerzos.

Y por su lado el confederado Anderson, que había dividido su tropa en tres columnas y avanzado sin muchas precauciones, convencido de que la misma estrechez de la isla impediría a sus hombres dispersarse demasiado, se encontró que, ya en las proximidades del campamento, la isla se anchaba y la vegetación, crecía más tupida. Con ello, sus columnas se separaron, se desorientaron y comenzaron a perder destacamentos que, más desorientados todavía, vagaban por los bosquecillos disparando contra los fugitivos unionistas que se encontraban, (a menudo asimismo desorientados a su vez en la oscuridad), y disparándose también entre sí cuando se cruzaban, al tomarse unos a otros por enemigos.

Mientras, el Coronel Wilson había logrado formar al fin en el campamento una pequeña fuerza de apoyo para ir en auxilio de los piquetes, que llevaban buen rato resistiendo solos. Pero tuvo la desafortunada ocurrencia de internarse en el bosque, en la idea de atacar al enemigo de flanco. Apenas comenzaron a avanzar, chocaron frontalmente con una de las fuerzas “perdidas” del enemigo, dispersándose unos y otros y desorientándose más mientras intercambiaban unas descargas. Pero de ahí se siguieron desorganizando, y manteniendo encuentros parciales con otras pequeñas fuerzas confederadas, para acabar dando vueltas en el bosque, totalmente perdidos en él hasta el amanecer.

Entretanto, Anderson, (sólo con su columna central, ante la dispersión general de sus tropas), pudo obligar a los valientes piquetes de los zuavos a replegarse, abandonando el campo, y cayó finalmente sobre el campamento de Wilson. Los últimos ocupantes de éste huyeron a través del bosque tras un mínimo conato de resistencia, y el confederado Anderson pudo ocuparlo, quedándose en él para usarlo como referencia para reunir sus dispersas ovejas.

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En Fort Pickens, Israel Vodges (que mandara en Abril el primer refuerzo enviado al Teniente Slemmer, y ahora era Mayor), logró arrancar al Coronel Brown el permiso para llevar refuerzos a William Wilson y partió para el campamento con un puñado de hombres. Por desgracia al poco, al ver que se les aproximaban los que tomó por un grupo de fugitivos, se adelantó solo hacia ellos para pedirles información y cayó prisionero, pues se trataba de uno de los grupos “perdidos” de los confederados. Sus hombres trabaron de inmediato combate con él, tratando de rescatarle y persiguiéndolo en el bosque, se perdieron a su vez.

Siguió una larga calma, sobre todo al principio cortada ocasionalmente por las descargas que intercambiaban en el bosque los grupos de “turistas” extraviados de ambos bandos. En el campamento, Richard Heron Anderson iba reuniendo trabajosamente a sus hombres, llamándolos con toques de trompeta y otras señales. Desgraciadamente, eso no quería decir que recuperase su control pues, después de casi seis meses de tediosas operaciones en Pensacola, y por mucho que el campamento de la infantería de Wilson se pareciera poco a la “Cueva de Alí Baba”, los soldados confederados encontraban irresistible la tentación de saquear las magras propiedades de los zuavos. Tanto, que su Coronel hubo que esperar a que terminaran para que sus órdenes fuesen obedecidas.

A la vez, el unionista Harvey Brown había llegado al fin a la conclusión de que el ataque a Fort Pickens no estaba en la agenda de los confederados para aquella noche. Por tanto, formó una fuerte columna de represalia y partió, ya no mucho antes de amanecer, hacia el campamento. Pero para cuando llegó a él los confederados ya lo habían abandonado finalmente. Y aunque los persiguió con interés, sólo llegó a tiempo de hacerles algunas descargas mientras se reembarcaban, de vuelta a Pensacola.

Al fin, la extraña “Batalla de Santa Rosa Island” había costado al parecer a la Unión 67 bajas, contando 14 muertos, y a los confederados 87, de los cuales más de 30 eran muertos. Poca cosa para tantas descargas como se habían hecho, pero recuérdese que todas las tropas implicadas eran novatas (con la típica tendencia de los novatos a disparar alto), y se disparó en las engañosas condiciones del bosque nocturno. De seguro que el mayor perjuicio lo encajaron las copas de los árboles.

Army Santa Rosa Island

                       Hombres Bajas
Union                      600 67
Confederados         1,200 87
Tota                    l 1,800 154

La Unión se atribuyó la victoria, presumiendo de haber rechazado un ataque confederado a Fort Pickens y causado 350 bajas. Los confederados también se atribuyeron la victoria, exagerando a su vez la cifra de bajas causadas y alegando haber dispersado al 6º de New York y tomado su campamento. Aún en el mejor de los casos era una victoria más bien casposa pero el mando rebelde del Golfo necesitaba algo para animar a sus muchachos, y armó bastante ruido a propósito de ella.

Por tanto, Braxton Bragg fue ascendido a Mayor General, y los dos coroneles que ocupaban puestos de mayor importancia en su fuerza, Richard Heron Anderson y Adley Hogan Gladden, a Brigadieres. (Su mando contaba ya con otro Brigadier, Samuel Jones, que había sido Coronel de Artillería en Bull Run, llegando a Pensacola como experto en tal Arma). Por otra parte y como desde los primeros intentos de Braxton Bragg de incorporarse al ahora Ejército de Mobile, existía cierta tirantez entre éste y el de Pensacola, para evitar fricciones entre ambos fue preciso ampliar los ascensos a ese Ejército de Mobile, comenzando por ascender a Mayor General a su comandante William Joseph Hardee. Por su parte, los unionistas se limitaron a ascender a Harvey Brown a Brigadier de regulares en el siguiente Enero, y dar a fines de 1862 a Israel Vodges, que había sido capturado y que no había podido ser intercambiado hasta fines de Verano de aquel año, un despecho de Brigadier de Voluntarios.

Sin embargo, sólo tres días después de la “Batalla de Santa Rosa Island”, se produjo la tercera acción ofensiva de los confederados en aquellos momentos, ésta a cargo de la fuerza naval del Comodoro George Nichols Rollins. Las causas próximas de la acción son muy claramente dos. De un lado, el escuadrón unionista del Flag Oficcer McKean había adquirido la costumbre, ahora que sus fuerzas habían aumentado, de mantener una pequeña división de combate en la zona más baja del Mississippi llamada Head of the Passes o “Cabeza de los Pasos”, porque efectivamente es desde ella desde la que se abren las salidas, del delta del gran río, practicables para buques de cierto calado. Eso significaba que vigilando tales salidas desde dentro, la división destacada mantenía la boca del río mucho mejor controlada que si tratara de sellarlas, dispersa, desde fuera, y ponía las cosas muy difíciles a los corsarios y Blockade Runners de un mínimo porte que desearan salir de New Orleans. De otro lado, Hollins acababa de alinear un buque blindado, y rabiaba por ponerlo en acción. Ambas causas se combinaron, provocando un ataque, encabezado por el buque blindado, sobre la división unionista de Head of the Passes.

Ya hemos dicho que el Secretario de Marina confederado, Stephen Mallory, estaba decidido a apostar por los buques blindados. Así, se había iniciado, o al menos planeado, la construcción de siete buques blindados en la cuenca del Mississippi, el “CSS Baltic”, en construcción en Mobile, era una batería flotante blindada y motorizada (un buque blindado defensivo), y dos acorazados más estaban en construcción en Virginia.

La gran cantidad de buques blindados en la cuenca del Mississippi correspondía en realidad al entusiasmo del Comodoro Rollins por el concepto, y sobrepasaba en mucho a la capacidad de los astilleros sureños de la zona que era limitada. (Nueva Orleans, con cosa de 200.000 habitantes, podía ser la gran ciudad del Sur, y quizá un gran centro de comercio transoceánico, pero en el Mississippi, la mayor industria de construcción de buques estaba en Saint Louis y su entorno).

De todos modos había tres buques blindados en construcción en New Orleans, en el suburbio portuario de Algiers. Y el más modesto de todos ellos, realizado por transformación del pequeño vapor de hélice “CSS Enoch Train”, había quedado terminado a comienzo de Septiembre bajo el nombre de “CSS Manassas”. En principio construido por particulares como una empresa privada, se había llegado a solicitar y obtener para él una patente de corso, para llamar la atención del Comodoro Hollins. Y en efecto, éste se intereso por él y lo adquirió para la flota como “CSS Manassas”.

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CSS Manassas

Se trataba de un buque pequeño, de sólo 387 Tn blindaje incluido y armado únicamente con una proa de embestir y un cañón Dahlgreen de 64 libras y 8 pulgadas de calibre, que disparaba por proa. Su estructura de gruesa madera reforzada con planchas de hierro de pulgada y media de espesor, tenía la forma de un cigarro puro algo aplastado, lo que le daba un aire realmente característico. Hollins decidió enviarlo por delante en un ataque nocturno, bajo el mando del Teniente A. F. Worley, mientras reservaba río arriba una segunda fuerza de ataque que dirigiría personalmente, y que estaba formada por las unidades “CSS Calhoun”, (enseña de Hollins), de 509 Tn, “CSS Ivy” de 454 Tn, “CSS McRae” de 830 Tn, “CSS James L. Day” de 414 Tn, “CSS Tuscarora” y “CSS Jackson”, apoyados como tenders y remolcadores desarmados por los “CSS Music”, “CSS Belle Algerine”, “CSS Star” y “CSS Mosher”. La presencia de los remolcadores era especialmente necesaria, pues el arma principal de la segunda oleada de ataque iba a ser el envío de una buena cantidad de brulotes.

En la noche del 12 de Octubre, la división unionista del Mississippi se había hecho al ancla para carbonear en el pasaje denominado Southwest Pass, estando compuesta por el crucero de hélice “USS Richmond”, de 2.604 Tn y con 21 cañones pesados, (había regresado de un largo viaje de pruebas, recién estrenado, en Julio, para verse persiguiendo infructuosamente al corsario confederado “USS Sumter” todo el Verano, y permutar después su misión con la de la fragata de palas “USS Powhatan”, anteriormente asignada al Gulf Blockading Squadron), los sloops de vela “USS Vincennes”, 700 Tn y 18 cañones, con sólo 4 pesados, y “USS Preble”, 566 Tn y 16 cañones medios, el vapor ex-civil “USS Huntsville”, de 860 Tn, con un cañón pesado y dos medios, y el cañonero “USS Water Witch”, de 378 Tn y el mismo armamento que el “USS Huntsville”. Y les servían dos carboneros de vela, el clipper “USS Nightingale” y la goleta “USS Joseph N. Tone”, aparentemente bajo chart la última.

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USS Richmond

Aprovechando la oscuridad y su baja silueta, sólo asomaba 2 pies y medio del agua, el “Manassas” se dejó llevar por la corriente cauce abajo hasta muy cerca del “USS Richmond” al que, dando de pronto toda la potencia a sus calderas, logró espolonear con brutal impulso antes de que reaccionara, (sus vigías no habían advertido la presencia del confederado hasta que la chimenea de éste empezó a echar chispas). El espolonazo causó una gran vía de agua en el crucero unionista, pero no lo suficiente para que las bombas no lograran contener la inundación; era demasiada la diferencia entre las 2.600 Tn del unionista y las parcas 387 de su enemigo que, si se hubiera contentado con atacar a una de las unidades más pequeñas, seguramente la hubiese hundido.

Y peor aún, los defectos de fabricación del “CSS Manassas”, realizado en los inadecuados astilleros de Algiers, salieron a flote con el espolonazo. En efecto, el choque le arrancó el espolón de metal de que había sido provisto, e hizo caer la chimenea, dejándole casi sin potencia, dado lo insatisfactorio de las calderas de la época. Tanto que, cuando trató de evolucionar para espolonear de nuevo, la corriente lo arrastró y la transmisión entre sus calderas y hélices, ya muy afectada por el choque, se cortó, dejándolo al garete.

Convertido en un jabato cojo entre una manada de lobos, el “CSS Manassas” lo hubiese pasado mal de no ser lanzada en aquel momento la segunda oleada de ataque, que apareció bajando la corriente, precedida de tres brulotes en llamas, realizados con balsas. La idea de emplear allí brulotes resultó especialmente adecuada pues, de un lado, la estrechez del cauce hacía más difícil esquivarlos, y de otro su principal defecto, (el no distinguir amigos de enemigos), no tenía importancia, por ser el “CSS Manassas”, de obra muerta baja y escasa, amén de casi totalmente recubierta de hierro, prácticamente inmune a su amenaza.

Pese a su avería, el “USS Richmond” avanzó al centro de la corriente, para ir hundiendo los brulotes que se presentaran, y teniendo a raya a los cañoneros enemigos, con sus 20 Dahlgreen de 9 pulgadas y su “Parrot Rifle” de 30 libras. Mientras, los “USS Huntsville” y “USS Water Witch” ayudaban a los cuatro veleros presentes a ponerse en marcha corriente a abajo, por donde acabó por huir toda la flotilla. Desgraciadamente, al cruzar la barra del South West Pass con mucha prisa, dos buques unionistas, el “USS Vincennes” por una falsa maniobra, y el “USS Richmond” porque, siendo el de mayor calado, iba sobrecargado por el agua embarcada, vararon en ella.

Para fortuna de ambos, el “USS Richmond” había varado de lado, pudiendo usar el grueso de su batería contra los brulotes enemigos que, además, llegaban hasta ellos más dispersos. Podía haber sido un problema el ataque de los cañoneros de Hollins, que utilizando su movilidad podían buscar los ángulos muertos de ambos buques, pero se les logró mantener a distancia por el resto de la flotilla, disparando desde mar abierto. Además ésta se vio reforzada por el transporte del Ejército de Tierra “USAT McClelland”. (U.S.A.T = United States Army Transport). Se trataba de una de las unidades que, para que no todo fueran contratos de chart, el Ejército iba adquiriendo, y a las que solía dotar de algunos cañones. Se suponía que éstos estaban allí tan sólo a efectos defensivos, pero lo cierto es que iba a verse a veces a los “USAT” ayudando a los buques de la Marina en la captura de Blockade Runners, aunque el implicarse como en este caso en una batalla naval fue muy raro. En todo caso el “USAT McClelland” llevaba emplazados Parrot rayados, (aún muy raros en la Marina, que desconfiaba de tales novedades). Y el gran alcance y precisión a distancia de éstos fueron fundamentales para alejar a los cañoneros enemigos de los dos navíos varados,

El “USS Richmond” recibiría un remiendo en Key West, volviendo enseguida al trabajo, y en el combate no hubo víctimas humanas. Pero los sureños también recuperaron y repararon el “CSS Manassas”, y Hollins pudo presumir de haber logrado una gran victoria estratégica. En efecto, el susto había sido suficiente para que los norteños se abstuviesen de seguir introduciendo unidades en el Head of the Passes, y el delta del Mississippi volvió a convertirse en un punto bien difícil para vigilar. Así, la Batalla de Head of the Passes fue una importante victoria sureña, cuyas ventajas serían aprovechadas por los rebeldes por seis meses, hasta la campaña de Farragut en Abril de 1862.

Por cierto, no podemos seguir adelante sin subrayar que fue efectivamente ésta acción del 12 de Octubre de 1861 la primera en que intervino un buque acorazado en los anales de la historia naval, y que éste fue el “CSS Manassas”, pues a menudo se atribuye el carácter de tal primera acción a la Primera Batalla de Hampton’s Roads del 8 de Marzo de 1862, suponiéndose que el primer buque blindado en acción fue el “CSS Virginia”, conocido en la Prensa del Norte como “CSS Merrimack”.

Esta actitud agresiva de la Confederados States Navy en el Golfo fue continuada en los siguientes días por las acciones del “CSS Florida”, la última adquisición de la flotilla del Sound del Mississippi de Rollins. Se trataba tan sólo de un vaporcito de ruedas de 252 Tn, pero había recibido blindajes parciales de plancha de hierro en calderas y otros puntos delicados, y estaba poderosamente artillado con dos piezas de 9 pulgadas, una de 6 y un Brooke rayado de 6’4. Bajo el mando del Teniente Charles W. Hays topó con el unionista “USS Massachusetts” de hélice y de 765 Tn, pero con sólo 4 cañones de 8 y un 32 libras, no lejos de Ship Island el 19 de Octubre.

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CSS Florida

En principio, Hays tenía orden de evitar el combate en aquellas condiciones pero, confundiendo al unionista con el “USS R. R. Cuyler” (demasiado rápido para poder huir de él), le hizo frente a distancia, aprovechando los fondos bajos para impedirle aproximarse lo suficiente para sacar partido de los Dahlgreen de 8 y 9 pulgadas, a la vez que se alejaba de él. Y su Brooke hizo un impacto en el unionista que dejó a su comandante, el Capitán Melachton Smith, totalmente desanimado.

Al parecer, el pesado proyectil cónico del Brooke atravesó o hundió el flanco del buque, y 18 mamparas de sólido roble, antes de explotar casi junto al flanco opuesto, dividiéndose en 12 fragmentos de metralla que aun causaron más víctimas y daños. Semanas más tarde, el 4 de Diciembre y mientras escoltaba al “CSS Pamlico” cargado de tropas, el “CSS Florida” vio venir hacia ellos al vapor armado enemigo “USS Montgomery”, de 787 Tn y mandado por el Comandante Thomas Darrah Shaw. Este buque estaba sin embargo mucho más pobremente armado que el “USS Massachusetts”, con sólo un Dahlgreen de 8 pulgadas y 4 piezas de 32 libras, y el “CSS Florida” del Teniente Hays le hizo frente sin vacilar. Y al primer impacto de su pavoroso Brooke, el desgraciado Comandante Shaw se vio en tales apuros que hubo de dar orden de huir al amparo de las baterías de Ship Island.

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USS Montgomery

Aquella fuga salvó casi con seguridad al “USS Montgomery”, pero costó la carrera a Shaw. En efecto el oficial “sénior” de la flotilla del Sound, que era Melachton Smith, el comandante naval de la base de Ship Island, Capitán L. M. Powell y el propio Flag Officer William McKean preferían perder un buque a dar a los confederados tal muestra de su inferioridad ante ellos y de inmediato quitaron el mando a Shaw, sustituyéndolo por el Teniente Jouett. Y esto no era porque no temieran al “CSS Florida”, sino precisamente por todo lo contrario. La nerviosa correspondencia que durante todo el Otoño intercambiaron estos tres jefes indica que estaban pensando seriamente en evacuar la valiosa base de Ship Island si los confederados ponían en servicio más de aquellos letales vaporcitos armados con cañones rayados. (Por fortuna para ellos, ni Randoph ni Rollins adivinaron su apuro y su programa de armamento de buques era caótico).

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Samuel F. Dupont

Y para Diciembre, la Unión había lanzado ya su gran respuesta, en forma de la famosa operación anfibia del ahora Flag Officer Samuel Francis Dupont. Se había iniciado ya en la segunda mitad de Octubre, con la concentración en Hampton’s Roads de la mayor flota que jamás navegara hasta entonces bajo la bandera de las barras y estrellas, casi doble a la alineada para el desembarco en Veracruz de 1847.

La formaban al parecer 77 buques, aun no contando los de la escolta lejana de alta mar. Había entre ellos no menos de 17 buques artillados de la Marina, (siempre sin contar la escolta lejana), y el resto eran transportes, unos bajo chart y otros en propiedad, y remolcadores para su servicio. El personal ascendía a 16.000 hombres, y la fuerza de desembarco contaba con 14 regimientos de Infantería y uno de Ingenieros, amén de un grupo de baterías artilleras y un batallón de Marines. Todo ello formaba una fuerza de unos 14.000 hombres, organizados en tres brigadas bajo los Coroneles (de inmediato ascendidos a Brigadieres de Voluntarios), Egbert Ludovicus Viele (ex-jefe de la compañía de Ingenieros agregada al 7º de la Milicia de New York, “Old Greybacks” y por tanto el hombre que había realizado la tarea práctica para poner en servicio el tren Annapolis-Washington el Abril anterior), Isaac Ingalis Stevens (ex-Gobernador del Territorio de Washington al que John Ellis Wood llamara “carne de presidio” años atrás), y Horatio Gouverneur Wright (nuestro ya conocido ex-Capitán de Ingenieros). El jefe terrestre de tal despliegue era el Brigadier de Voluntarios Thomas West Sherman (no confundir con William Tecumseh Sherman a pesar del parecido de sus iniciales: T.W y W.T), se trataba de un Teniente Coronel de la anteguerra, que había sido uno de los primeros soldados de activo ascendidos.

Una concentración tan importante no podía ser ocultada, y desde muy pronto los confederados hicieron cábalas sobre cual sería su objetivo. En el Golfo, se temía que podía dirigirse contra Mobile o New Orleans, y en el Atlántico se especulaba más con Savannah, los Sounds de North Carolina y sobre todo, Charleston. (Ese fue el motivo por el que Robert E. Lee se vio rápidamente arrancado a fin de mes de su mando en West Virginia para correr a organizar la defensa de aquellas costas).

Por una vez, su red de simpatizantes y espías en Washington no podía dar más información a los confederados, Y es que, conociendo sus clásicos, el Presidente Lincoln y los Secretario y Subsecretario de Marina, Gideon Welles y Gustavus Vaasa Fox, habían actuado con exquisito sigilo. Sólo ellos tres y un par de oficiales de confianza que habían ayudado al último a redactar las órdenes, sabían el destino de la flota en la capital. Y en la propia flota sólo lo conocía el mismo Flag Officer Dupont mientras el resto de los comandantes tan sólo habían recibido sobres de instrucciones cerradas, cuyos sellos sólo podrían romperse en alta mar. Y fue con su secreto así preservado como la flota zarpó al fin el 29 de Octubre de 1861.

Por desgracia y como ya se estaba convirtiendo en costumbre para las expediciones norteñas, una feroz tempestad la atacó los días 1 y 2 de Noviembre, principalmente entre los cabos Henry y Hatteras y la altura de Charleston, creando incontables problemas y varias pérdidas. Los remolcadores y los buques artillados pudieron defenderse mejor, pero los transportes, sobrecargados, sufrieron mucho y tuvieron pérdidas. Los “Belvidere”, “Governor”, “Ocean Empress”, “Osceola”, “Peerless”, “Union”, “Winfield Scott” y “Young Rover” se perdieron, con la particularidad de que los “Ocean Empress” y “Union” arrastraron consigo al fondo del mar dos de las tres baterías de campaña de la fuerza de desembarco.

En cuanto al “Governor”, llevaba embarcado el batallón de Marines completo; Por suerte, en esta ocasión pudo acudir la fragata de cincuenta cañones “USS Sabine”, de la escolta lejana, que muy hábilmente logró colocarse junto al buque en apuros y salvar a casi todos los Marines y el grueso de la tripulación. Sólo ocho Marines se ahogarían.

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USS Sabine

Como ya hemos anticipado, los buques artillados sufrieron menos. Únicamente el vapor “USS Isaac Smith”, mandado por el Teniente Nicholson y que había zarpado armado con 8 piezas de 8 pulgadas y un Parrot de 30 libras como cañón de caza, se vio obligado a arrojar los 8 pulgadas por la borda para aligerarse. La fragata de paletas “USS Susquehanna”, de la escolta lejana y mandada por el Capitán James Lardner, tuvo problemas con su maquinaria, y se decidió que se uniese a la flota, donde podía ser asistida por los remolcadores de ésta en un apuro. Para cubrir su puesto de bloqueo frente a Charleston, se envió desde la flota el vapor de 1.261 Tn “USS Alabama”, mandado por el Comandante Edmund Lanier, efectuándose así una especie de trueque.

En realidad, los confederados habían sobrevalorado la autoconfianza del mando unionista al atribuirle la intención de tomar un gran puerto. Dupont sólo buscaba una base cómoda y fácil de defender con apoyo naval, y de ello alguna bahía amplia en una zona poco poblada. Su Estado Mayor había pensado en Fernandina, en Florida y más tarde tres candidatas en la costa surcarolina: Bull’s Bay al Norte de Charleston, St. Helena Sound, al Sur de dicho puerto, y Port Royal Sound, justo en el extremo meridional del Estado y al norte de la desembocadura del río Savannah, que lo separa de Georgia. Este era el fondeadero más amplio y cómodo y de fondos de mayor calado, aunque se sabía que se estaban construyendo dos fuertes para defender su boca y tan próximo a Savannah, la resistencia en él sería más dura. Y había sido seleccionado por presiones de Gustavus Vaasa Fox y contra la reluctancia inicial de Dupont.

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Port Royal Sound, South Carolina

El 3 de Noviembre, en que se esperaba contar con la flota reunida ante él, sólo ocho buques habían logrado alcanzarlo a través de la tormenta. Y hasta última hora del día 6, sólo se acumularían menos de 60. (Hay que recordar que 8 buques habían sido hundidos por la tormenta, y varios más averiados, con lo que habían vuelto a Hampton’s Roads o seguido ruta a Key West para reparar los daños sufridos en la tormenta). Además y aunque el grueso de la fuerza de desembarco seguía presente, ahora disponía de una sola batería de campaña, casi todos los soldados estaban mareados y en muy mala condición física para operar a causa de lo mal que les había tratado la mar, y para colmo la tempestad había arrancado de sus pescantes y sepultado en las aguas la mayoría de los botes con que se contaba para el desembarco.

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Thomas F. Drayton

Empeorando las cosas, la larga concentración ante la boca de Port Royal había dado tiempo al enemigo para reunir la fuerza de defensa. La mandaba el conocido ex-soldado y terrateniente surcarolino Thomas Fenwick Drayton que contaba con algo menos de 2.000 hombres, mezcla de georgianos y surcarolinos (aunque casi todos de los últimos). Sus fuerzas de mayor confianza eran seguramente los regimientos de Infantería 12º y 15º de South Carolina, de los Coroneles Dunovant y De Saussure, y las baterías del 1º de Artillería de Milicia Surcarolino del Coronel John A. Wagener. El Ayudante del Brigadier Drayton era su sobrino, el Mayor William Seabrook Drayton y, por una trágica casualidad típica de las guerras civiles su hijo, el Comandante Percival Drayton, estaba en el campo contrario, al mando del sloop de hélice unionista “USS Pocahontas”.

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Josiah Tattnall

El Comodoro Josiah Tattnall había acudido en su ayuda desde Savannah con el grueso de su flotilla de combate. Vapores: “CSS Savannah” de 406 Tn, (insignia de Tattnall mandada por el Teniente Maffitt), y “CSS Huntress”, de 500 y bajo el Teniente Wilbur B. Hall. Remolcadores armados “CSS Lady Davis” y “CSS Sampson”, de los Tenientes Rutledge y Kenard. Tender “CSS Resolute”, de 322 Tn, Teniente Jones. Por cierto que el hecho de que John Newland Maffitt, al que dejamos en el mes de Junio anterior en manos de los unionistas v acusado de piratería, reaparezca al mando del buque enseña de Tattnall (un vapor que llevaba el mismo nombre que su desaparecido velero corsario), merece una explicación.

Simplemente se debía a que, tras su victoria en Bull Run, los confederados habían separado a una parte de sus prisioneros, incluyendo personajes de algún prestigio, como los Coroneles Corcoran y A. M. Wood, y habían anunciado que los convertían en rehenes de la suerte de los corsarios rebeldes capturados hasta la fecha. Lincoln que dado su carácter escrupuloso, es posible que no estuviese ya nada de acuerdo con las posibles consecuencias de sus intentos de crear un precedente contra el corso, (de seguro se le haría cuesta arriba comenzar a firmar penas de muerte por piratería, como sin duda hubiera acabado siendo necesario), cedió al fin y retiradas las acusaciones de piratería, los corsarios confederados pasaron a ser prisioneros de guerra como todos. Por eso estaba ya libre Maffitt por más que los confederados, que a menudo se mostraban un tanto dados a abusar, no soltarían a Corcoran hasta un año después.

El Flag Officer Dupont y su segundo, el Capitán de Flota Capitán Charles Henry Davis, decidieron que, si las cosas no tenían buen aspecto para intentar un desembarco, los fuertes podían ser obligados a rendirse, y el enemigo a alejarse, mediante un “bombardeo en carrusel” del tipo del que había llevado a cabo Strindham en Hatteras, considerando que su fuerza artillada era realmente importante. Constaba de los buques que siguen:

Fragata de hélice “Wabash” (Com. Charles Rodgers / 46cañones)

Fragata de ruedas “Susquehanna” (Cap. J L Lardner / 18 cañones)

Sloop de hélice “Mohican” (7 cañones)
Sloop de hélice “Pawnee” (10 cañones)
Sloop de hélice “Pocahontas” (5 cañones)
Sloop de hélice “Seminole” (5 cañones)

Sloop de vela “Vandalia” (21 cañones)

Cañonero “Ottawa”
Cañonero “Pembina”
Cañonero “Seneca”
Cañonero “Unadilla”

Vapor armado pesado “Augusta” (1.310 Tn / Ruedas / 9 cañones)
Vapor armado pesado “Bienville” (1.558 Tn / Ruedas / 9 cañones)

Vapor armado ligero “Curlew” (380Tn/ Hélice / 7 cañones)
Vapor armado ligero “Isaac Smith” (453Tn/ Hélice / 1 cañón)
Vapor armado ligero “Penguin” (389Tn/ Hélice / 5 cañones)
Vapor armado ligero “R. B. Forbes” (329Tn/ Hélice / 2 cañones)

Sobre los 161 cañones de la flota, había 7 de 11 pulgadas, (en los 4 cañoneros, el “Seminole” y el “Mohican”, que portaba dos), 3 de 10 pulgadas, (2 en el “Wabash” y 1 en el “Pocahontas”). 36 de 9 pulgadas. (28 en el “Wabash” y 8 en el “Pawnee”), 33 de 8 pulgadas, (14 en el “Wabash”, 15 en el “Susquehanna”, y 4 en el “Vandalia”), sumando 79 cañones pesados. Se contaba también con 56 “32 Libras”, 9 “24 Libras”, 10 “12 Libras” y 7 cañones rayados Parrot: dos “30 Libras” en los “Bienville” e “Isaac Smith”, y 5 “20 Libras” en el “Curlew” y cada uno de los 4 cañoneros.

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USS Bienville

Los cuatro cañoneros eran los primeros “cañoneros de 90 días” en acción.

La serie, a la que se llamaría también “Clase Unadilla” por ser ésta la primera unidad aceptada por la Flota, comprendía 23 unidades (otra de sus quillas había sido separada en el astillero, para crear, en torno a él, un buque blindado ligero “Sui Géneris”), que podían dividirse en dos subclases: 20 de ellas, las “USS Unadilla” propiamente dichas, desplazaban 507 Tn. Otras tres, las “USS Ottawa”, “USS Marblehead” y “USS Penobscot”, habían salido bastante sobredimensionadas y desplazaban 691 Tn, siendo pese a ello ligeramente más rápidas, (10/11 nudos, frente a 8/10). Aunque luego se produciría alguna variante menor, casi todas las unidades llevaban las mismas armas, un Dahlgreen “Pivot-Gun” de 11 pulgadas, un Parrot rayado de 20 libras y dos “24 Libras”.

Frente a la flota de Dupont, los confederados de Thomas Fenwick Drayton disponían de los fuertes llamados Fort Beauregard y Fort Walker. En la Isla Eddings, al Norte, Fort Beauregard sólo tenía aún emplazados 13 cañones, incluyendo sólo uno, (un Brooke rayado de 6’4 pulgadas), capaz de alcanzar hasta la orilla opuesta. Al Sur, en Hilton Head Island, Fort Walker, aunque también incompleto, alineaba 23 cañones más, de los que sin embargo, sólo 16 serían utilizados en el combate.

De manera que, al amanecer del 7 de Noviembre, los 17 buques de Dupont enfilaron el ancho canal de entrada, de dos millas y media de anchura y muy profundo, al que solía llamarse “Broad River” (Río Ancho). El “USS Vandalia”, que no podía esperar poder acompañar a los vapores si navegaba a vela, iba a remolque del poco potente y mal armado “USS R. B. Forbes”. Y una vez dentro del Sound, que en este caso es una profunda bahía, los buques mayores, “USS Wabash”, “USS Susquehanna”, “USS Mohican”, “USS Pawnee”, “USS Pocahontas”, “USS Seminole” y “USS Vandalia”, (siempre a remolque del “R. B. Forbes”), formaron el carrusel de ataque, dirigiendo sus “atenciones” al más débil Fort Beauregard.

Entretanto, los 9 buques restantes fintaron primero un ataque contra la flotilla del Comodoro Tattnall, (que de muy buen acuerdo, se retiró por aguas interiores someras, rehuyendo un combate tan desigual), y fueron luego a tomar posición para el bombardeo de los fuertes, buscando puntos que quedaran sin cubrir por la aún incompleta artillería de aquéllos, al Norte de Fort Walker. (En esa zona había de un lado una amplia zona desenfilada, que quedó aún más desprotegida cuando un cañón de 32 Libras de la defensa, situado en el ángulo, quedó desmontado por un impacto directo. Y además, desde ella podía correrse a cortar el paso a las unidades armadas de Tattnall, que se habían replegado hacia el Norte, si intentaban irrumpir de nuevo en el campo de batalla).

Para las 11:00 de la mañana, Fort Beauregard había dejado de responder al fuego y el bombardeo se centró en Fort Walker, donde el mástil de la bandera resultó cortado varias veces por las granadas norteñas, siendo reclavada aquélla en el cada vez más pequeño muñón de mástil restante en otras tantas ocasiones. Por fin hacia las 13:00 horas Fort Walker, ya anteriormente “ablandado” por el fuego de desenfilada, dejó de disparar. (Sólo tres cañones le quedaban ya utilizables). Y entonces y entre más de 500 viajes de bote, los 12.650 hombres que aún quedaban de la fuerza de desembarco fueron trasladados a tierra, mientras la brigada confederada de defensa se retiraba sin presentar más resistencia.

La “Batalla de Port Royal” había costado a la U.S. Navy tan sólo 8 muertos y 23 heridos, y a los confederados 11 muertos, (incluyendo el Cirujano Jefe de Drayton, decapitado por una bala de cañón mientras atendía a un herido), 48 heridos y 7 desaparecidos (que en aquéllas circunstancias fueron probablemente cadáveres arrojados al agua por las explosiones). De esta forma, Dupont se procuró brillantemente la base que necesitaba para establecer su “South Atlantic Blockading Squadron”.

En cambio, pronto se notaría una excesiva falta de iniciativa en el mando del General Thomas Sherman que, tras recelar durante las primeras horas de un contraataque que no llegó a producirse, se dedicó a instalarse cuidadosamente, sin enviar patrullas ni fuerzas de tanteo. Porque lo cierto es que, si lo hubiese hecho, hubiera descubierto que la única fuerza enemiga entre Port Royal y la impotente ciudad de Savannah era la derrotada Brigada de Drayton, amén de un par de batallones de minutemen locales. Así lo constató horrorizado al llegar a Savannah Robert Lee que, recién destinado a aquéllos frentes, no pudo alcanzar Savannah hasta el 9 de Noviembre, tardando hasta mediados de mes en conseguir montar una pantalla de defensa aceptablemente sólida. Entretanto, la ciudad había estado al alcance de Sherman y el error de éste al no capturarla, aunque de momento disimulado por la buena situación en Port Royal, se fue filtrando en el conocimiento del gran publico norteño.

Los unionistas, sin necesidad de demostrar nada, iban apretando el puño de su superioridad naval en las costas. En Pensacola, donde Braxton Bragg y su jefe de Artillería, Jones se habían tomado grandes molestias para crear un círculo de artillería en torno a Fort Pickens, para apoyar un intento de asalto con todos los medios, se decidió destruir estas esperanzas sureñas. Dos baterías pesadas fueron trasladadas a Santa Rosa Island, para apoyar a las del fuerte asediado, y el 22 de Noviembre sus cañones junto con los de Fort Pickens y los de la enorme fragata “USS Niágara”, el crucero “USS Richmond” y el vapor armado “USS Montgomery”, dirigidos personalmente por el Flag Officer McKean en apoyo de las baterías terrestres, emprendieron un terrorífico fuego de contrabatería con las baterías e instalaciones confederadas de la bahía.

Para mediodía del 22, primer día de acción, a Fort McRea, (como recordaremos la batería más próxima a Fort Pickens), que los confederados habían devuelto al servicio y reforzado, sólo le quedaba un cañón en servicio. La reacción sureña era sin embargo dura. El “USS Montgomery”, un tanto delicado para esta clase de trabajos, hubo de retirarse pronto, y a la noche se replegaron también los dos navíos mayores, cada uno de los cuales habían encajado varios impactos. (El “USS Richmond”, malamente remendado tras el espolonazo recibido en la batalla de Head of the Passes, tendría que ser enviado a los diques de reparación de New York). Pero la ventaja de los norteños era ya imparable, con la batería de Fort McRea reducida al silencio y las de Fort Barrancas a un fuego escaso y desordenado. Al día siguiente, los cañones con base en la isla del Coronel Harvey Brown pudieron terminar el trabajo por sí solos, y para el anochecer del 23 no sólo la artillería de Fort Barrancas, sino también un par de “water batteries” que los sureños habían instalado junto al puertecillo de Warrington, estaban silenciadas y el propio Fort Barrancas, y el Arsenal y el pueblo de Warrington ardían en la noche, convirtiéndose en pavesas.

Aún se realizaría otro bombardeo del mismo tipo el día de Año Nuevo de 1862, pero en realidad el del 22-23 de Noviembre había bastado para dejar bien claro al mando sureño que cualquier preparativo que aquél hiciera para el asalto a Fort Pickens podía ser anulado por el unionista con mucho menos trabajo que el que sus contrarios habían de tomarse para organizarlo. En consecuencia, en el mes de Diciembre, Braxton Bragg fue llamado a consulta por el General Cooper y el Presidente Davis, para decidir a qué frentes sería más conveniente enviar el grueso de sus tropas, al haberse abandonado ya la idea de tomar Fort Pickens.

Naturalmente, no siempre iba todo bien para los unionistas. Así, en la noche del 7 al 8 de Noviembre, dos botes de la “cincuenta cañones” unionista “USS Santee”, que habían penetrado en la bahía de Charleston con gran audacia, pudieron hacerse con el velero de 40 Tn “Royal Yatch”, en contrato de chart con el Texas Marine Department (TMD) y que estaba poniendo muy nerviosos a los responsables navales locales unionistas por su agilidad, que le permitía entrar y salir de puerto en las mismas barbas de sus bloqueadores. Y sin embargo las cosas se torcieron.

En efecto, la toma del velerito (armado con un cañón 12 libras), había requerido un combate (con 1 muerto y 8 heridos de la Unión y bajas aún mayores entre sus tripulantes). Y ello atrajo la atención de los vapores del T.M.D. “CSS Bayou City” y “CSS General Rusk”. De forma que los comandantes de ambos botes unionistas no tuvieron tiempo sino para liberar bajo palabra al capitán del barco (Thomas Chubb, hijo del propietario), y sus hombres y embarduñar de brea e incendiar el “Royal Yatch”, para salir rápidamente huyendo. Sólo que los vapores llegaron muy pronto y hombres del “CSS Bayou City” lograron contener la progresión del fuego antes de que alcanzase la santabárbara. En seis meses, el velero estaría de nuevo activo, e incluso mandado por Chubb, en tanto liberado de su palabra.

Con todo seguía el aumento de la fuerza naval unionista. Los vapores de menos de 500 Tn comprados en la segunda mitad del año en el mercado civil, eran los siguientes:


De ruedas o palas:

“Ceres”
“Commodore Barney”
“Commodore Perry”
“Delaware”
“Ellen”
“Island Belle”
“Isaac N. Seymour”
“Jacob Bell”
“John L. Loockwood”
“Mygnonette”
“Mistletoe”
“O. M. Pettit”
“Satellite”
“Stepping Stones”
“Underwriter”
“Whitehall”
“Wyandank”

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“Commodore Perry”

De hélice:

“A. C. Powell”
“Birney”
“Cohasset”
“Curlew”
“Currituck”
“Daisy”
“Dawn”
“Dragon”
“E. B. Hale”
“Fanny”
“Henry Andrew”
“Henry Brinker”
“Hyacinth”
“Ice Boat”
“Isaac Smith”
“Leslie”
“Louisiana”
“Lupin”
“Madgie”
“Maratango”
“Mercedita”
“New London”
“Norwich”
“Pansy”
“Patroon”
“Potomska”
“R. B. Forbes”
“Rescue”
“Sachem”
“Shawsheen”
“Stars and Stripes”
“Tigress”
“Uncas”
“Valley City”
“Victoria”
“Wamsutta”
“Western World”
“Whitehead”
“William G. Putnam”
“Young Rover”
“Zouave”

A la vez, al filo del año estaban entrando en servicio el grueso de las cañoneras de 90 días o “Unadillas”, las últimas de las cuales serían operativas para Febrero. Las 23 de la serie eran las siguientes:


“Aroostook”
“Cayuga”
“Chippewa”
“Chocura”
“Huron”
“Itasca”
“Kanawha”
“Katahdin”
“Kennebec”
“Kineo”
“Marblehead”
“Ottawa”
“Owasko”
“Pembina”
“Penobscot”
“Pinola”
“Sagamore”
“Sciota”
“Seneca”
“Tahoma”
“Unadilla”
“Winona”
“Wissahickon”


También entraban en servicio entre Diciembre de 1861 y Enero de 1862 los primeros sloops de la primera serie encargada en el Mayo anterior. Los 6 sloops entonces solicitados suelen dividirse en dos series, llamadas respectivamente “Kearsarge” y “Ossipee”, de las primeras unidades operativas de cada una, pero no eran en realidad clases estandarizadas. El “USS Kearsarge” primera, y el “USS Wachusett” última unidad disponible del primer grupo, eran sloops mínimos de 1.031 y 1.032 Tn, mientras que el “USS Tuscarora”, (disponible en Enero), y el “USS Oneida”, (que lo estaría en Febrero de 1862), correspondían a un tipo de sloop más serio, próximo a 1.500 Tn de desplazamiento.

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USS Wachusett

Además y después de encargar las “cañoneras de 90 días”, en la Unión se había decidido fabricar 12 cañoneras más, que fuesen más pesadas y potentes, pero, para poder actuar en los ríos y estuarios sureños, con aproximadamente igual calado, para lo que se escogió hacerlas de paletas laterales. Se les llama a veces “Clase Octorara”, de una unidad que sería clásica de la serie, pero en realidad no estaban estandarizadas y cada una resultaría distinta, variando sus tonelajes entre 730 y 1.070 Tn. Y las primeras de éstas nuevas cañoneras, (“USS Mahaska”, “USS Maratanza”, “USS Miami”, “USS Octorara”, “USS Port Royal”, “USS Sebago”), entraban también en servicio a fines de 1861 y comienzos de 1862.

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USS Miami

Finalmente, también iban a entrar en servicio, entre Diciembre y comienzos de Febrero, las 9 cañoneras prometidas por Eads al Flag Officer Andrew Foote para su Flotilla del Mississippi. La unidad sin blindar era la “USS Essex”, de 614 Tn y con 11 cañones, incluyendo 10 pesados. El buque blindado catamarán sería el “Denton”, 1.033 Tn y 16 cañones, 2 de ellos pesados y 7 más rayados. Y las 7 unidades totalmente nuevas, muy estandarizadas y llamadas Clase “City” o Clase “Cairo”, eran las “Cairo”, “Carondelet”, “Cincinnati”, “Louisville”, “Mound City”, “Pittsburgh” y “Saint Louis”, de 512 Tn. A la vez, Eads había iniciado la construcción de tres docenas de “bombardas de río”, gabarras de remolque con los costados blindados y un mortero de 10 pulgadas.

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USS Cairo

En cuanto a las más sofisticadas bombardas de mar que iban a portar morteros de 13 pulgadas, su transformación se había iniciado ya en Diciembre. Y, destinándolas al ataque a New Orleans, se había formando para ellas un mando especial de flotilla, que se adjudicó a David Dixon Porter, ascendido ahora a Capitán, por su experiencia con tal tipo de armas.

Y la conciencia de su fuerza de los unionistas los hacía especialmente agresivos. Así, cuando el 2 de Noviembre el Capitán confederado John Randolph Tucker, jefe naval sureño de Hampton’s Roads, sacó al sloop auxiliar “CSS Patrick Henry” por la boca del James para que, como en Agosto, molestara a los buques unionistas situados en Newport News, se vio obligado a retroceder bajo el furioso ataque de 5 vaporcitos enemigos, dirigidos por el “USS Isaac N. Seymour”. Uno de ellos era el “USS Ice Boat”, cuyos propietarios lo habían regalado a la US Navy y que ya había tomado parte en algún bombardeo, que se averió seriamente al tocar un bajío, siendo devuelto a sus patrióticos dueños. Y por doquier, la disponibilidad de múltiples pequeños vapores daba lugar a numerosas acciones agresivas.

La más dura fue el asalto y ocupación del puerto de Biloxi (Mississippi), el mismo 31 de Diciembre por el cañonero “USS Water Witch”, el vapor “USS New London” y el bricbarca “USS Lewis” apoyados por un batallón de infantería tomado de Ship Island. El objeto principal de la expedición era capturar la goleta “CSS Captain Spedden”, un blockade runner que les había burlado alcanzando Biloxi. Pero además aterrorizaron la ciudad, destrozaron por completo las baterías de defensa y las instalaciones del puerto, y hundieron la “CSS Lewis”, (que era uno de los viejos cascos adquiridos a tal fin), exactamente en el lugar donde podía molestar más a todo el puerto. Después zarparon, sin duda satisfechos de haber amargado la Nochevieja a los rebeldes.

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Raphael Semmes, CSN

Frente a todo esto, la única iniciativa que le quedaba a la Confederación, era la cada vez menor que podían obtener sus corsarios. De éstos, el más antiguo y reputado era sin duda el “CSS Sumter” del Capitán Raphael Semmes, que para fines de año sumaban ya 18 presas, (establecería el record de 69 presas durante la contienda), y había burlado las búsquedas del “USS Richmond” en el Verano y del “USS Powhatan” en el Otoño, y escapado por estrecho margen del sloop enemigo “USS Iroquois” en las Antillas británicas. Pero empezaba a sentirse fastidiado por los inconvenientes que le estaba poniendo el Gobernador español de Cuba para hacer de La Habana su base. Finalmente y ya en Diciembre, se hizo al mar para cruzar el océano, fondeando en el puerto español de Cádiz el 4 de Enero de 1862.

El 21 de Octubre otro gran buque, y este gubernamental, el “CSS Nashville” del Capitán Robert B. Pegram, zarpó de Charleston. Desplazaba 1.221 Tn, pero era básicamente un Blockade Runner con capacidad de corso. Así, y tomando tan solo dos presas al paso, se apresuró a cruzar el Atlántico, alcanzando el puerto británico de Southampton en Noviembre, siendo el primer buque que lució la bandera confederada en Europa. Su llegada, y luego la del “CSS Sumter”, iba a dar lugar a un aumento de la presencia naval unionista en aguas del viejo continente que, si anteriormente estaba limitada al clipper armado “USS Ino”, y la venerable ex-fragata “USS Constellation”, (ahora sloop), pasó a recibir el refuerzo de los recién terminados sloops de hélice “USS Kearsage” y “USS Tuscarora” en el mes de Enero.

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CSS Nashville

Por lo demás, sólo se hicieron a la mar, como corsarios los veleros “Beauregard”, “F. S. Bartow” y “J. M. Chapman”. Pero los mismos días cortos y mal tiempo que estaban impidiendo a los unionistas aumentar las presas de su bloqueo, pese a su gran aumento numérico, les negó el éxito. Además el “Beauregard”, que con 101Tn era el mayor y mejor de los tres, aunque su tripulación de 27 hombres bajo el Capitán Gilbert Hay era en exceso reducida, fue a topar el 12 de Noviembre en el Canal de Bahamas, en su séptimo día de singladura, con la bricbarca unionista “USS W. G. Anderson”, del Teniente William C. Rogers, que lo persiguió, alcanzó y capturó en aquella misma jornada (meses después, sería incorporado a los escuadrones de bloqueo de la Unión como “USS Beauregard”).

Para colmo el valiente vaporcito “CSS Winslow”, que sin ser en realidad un corsario seguía haciendo sus salidas desde el Albemarle Sound, y había llegado a sumar casi una docena de presas, se encontró al cabo de su buena suerte y, el 7 de aquel mismo Noviembre y al regreso de una de sus incursiones, chocó con un casco hundido en el Okrakone Inlet, quedando inmovilizado y con una enorme vía de agua. Con ello, su tripulación se vio obligada a incendiarlo y evacuarlo en botes, perdiéndose.

En cuanto a otro veterano con cierto éxito, el “CSS Gordon”, el Otoño lo encontró bajo el nuevo nombre de “CSS Theodora” y convertido en mensajero de lujo, encargado de llevar a los plenipotenciarios confederados James Murray Mason y John Slidell a Cuba. Lo hizo sin problemas entre el 12 y el 20 de Octubre, obligando a su paso por las Bahamas a huir al bergantín unionista “USS H. W. Johnson”. Y después sería desarmado y convertido en Blockade Runner, pronto bajo el nuevo nombre de “CSS Nassau”.

Mientras, Mason y Slidell habían tomado el vapor de línea británico “HMS Trent”, que el 8 de Noviembre sería detenido y abordado por el sloop unionista “USS San Jacinto”, mandado por el Capitán Charles Wilkes. Este oficial, conocido como geógrafo y que en 1838 había mandado una famosa expedición polar, arrebató a ambos hombres del “HMS Trent” ante la indignación de los británicos, dando lugar al peor incidente diplomático de toda la guerra. Pero eso, como diría Kipling, ya es otra historia.


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