Capítulo XXIV: Logan's Crossroads, Fort Henry y los Sounds

Si las damas de Washington encontraban a James Garfield parecido a un Apolo, no cabe duda, de que era difícil encontrar un modelo mejor que George Henry Thomas para personificar al propio Zeus. El hombre medía en torno a 190 centímetros, pesaba 125 kilos y en virtud de sus hombros descomunales y su enorme tórax, ni siquiera daba impresión de gordura. Sobre esa gran masa muscular, la cabeza aparecía pequeña, casi perdida en la amplitud de los hombros. A primera vista parecía constar tan sólo de una poderosa quijada, que ni siquiera podía disimular la barba corta, bronca y muy rubia, como el pelo. Y sin embargo, si se seguía mirando se encontraba unas facciones pasablemente correctas, unos ojos claros como aguamarinas que se perdían fácilmente en el vacío, y una frente inesperadamente reflexiva. El efecto final era claramente sorprendente, sugiriendo algo inesperado, como un vikingo filósofo, o un dios pictórico de fuerza y a la vez consciente de su responsabilidad.



George Henry Thomas, USA
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Thomas era con seguridad el general de todo el Ejército de la Unión que más se preocupaba por el estado de sus hombres, vigilando cual rapaz en celo la calidad de su alimentación, de su alojamiento, de sus ropas y equipo, hasta el punto de que la tropa, poco acostumbrada a ser objeto de tales cuidados, le daría el apodo de “Dad” (Papá). Y también era uno de los que con más agresividad y ambición los manejaba en el combate, lo que plantea de nuevo sus curiosas dicotomías.

En todo caso, el llegar a Columbia con el doble del tiempo del que había calculado y con un 20% de su fuerza enferma a causa del espantoso tiempo invernal que habían debido enfrentar, no hizo sino acicatear su creatividad. En un tiempo récord y con médicos militares y talento local, montó en Columbia un hospital de campaña que luego se consideró modélico, para cuidar de sus enfermos, reorganizó sus unidades, y reemprendió la marcha con las más operativas de ellas, los regimientos: 10º de Indiana. 9º de Ohio y 2º de Minnesota de los Coroneles M. D. Manson, R. L. McCook y H. P. Van Cleve, elementos del 1º de Caballería de Kentucky y una batería.

Frente del Mississippi en Enero de 1862
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A marchas forzadas, llegaron en la tarde del 17 de Enero al cruce llamado Logan’s Crossroads situado justo al Oeste del arroyo Fishing Creek, tras el que a corta distancia, se encontraba Somerset y justo 10 millas al Norte de Mill Springs. Thomas escogió el lugar para acampar pero siendo su destacamento débil, aún antes de comenzar a hacerlo envió órdenes a Schoepff, en Somerset, para que empezara a enviarle de inmediato las unidades que tuviese disponibles.

Fue así, que en la noche del 17 al sábado 18, fueron a unírseles los regimientos 4º y 12º de Kentucky y el 1º de Tennessee (formado por refugiados unionistas de Tennessee oriental), cuya llegada resultó providencial. Porque efectivamente, aquella noche cambió el viento y el tiempo gélido de los últimos días templó, resumiéndose la nieve y aguanieve que llevaban cayendo semanas en una densa cortina de lluvia que descargó durante todo el sábado, iniciando fenómenos de deshielo y haciendo crecer el Fishing Creek hasta cortar la comunicación entre el Logan’s Crossroads y Somerset.

George Bibb Crittenden, CSA
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El comandante confederado de la división de East Kentucky, George Bibb Crittenden, era un individuo agresivo, que pese a haber sido previamente adoctrinado sobre lo poco juiciosa que resultaba la posición del Brigadier Zollicoffer, que ya había estado cerca de perder el Cumberland Gap, había mantenido el mismo despliegue adelantado al hacerse cargo del mando del sector. Y más recientemente el Coronel Thomas Jordan, que había organizado y dirigido el Estado Mayor de Pierre Beauregard desde antes de Bull Run, había sido enviado al Oeste en el mismo “paquete” que aquél, siendo inmediatamente arrebatado por el Teniente General Albert Johnston para hacerse cargo del suyo, que era muy rudimentario. Y una de sus primeras medidas había sido instruir a Crittenden en el sentido de que, si pretendía invernar en aquella posición, al menos se concentrara en la orilla Sur del Cumberland. Creando una fuerte posición defensiva que usara el propio río como foso. Aún así, había desoído también esta instrucción, deseoso de arreglar de alguna forma sus problemas al contraataque. Y cuando los Yalabusha Rifles de Whalthall llevaron a éste fogoso sujeto noticia de lo que ocurría, no dudó. ¡Él sería quien atacara a Thomas aprovechando que el unionista estaba de momento en inferioridad!

Los sureños partieron de su campamento, instalado en el bosque de Beech Grove en Diciembre, a donde como hemos comentado, había llegado Crittenden en Enero de 1862 y estaba posicionada la tropa en número de 6.500 hombres incluyendo artillería y caballería.

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Campamento de Beech Grove

Los confederados dando por aislado a la fuerza de Brigadier General George H. Thomas tras las últimas lluvias e ignorando que ya había sido reforzado, la medianoche del 18 de Enero de 1862 Crittenden ordenó avanzar a su ejército con la intención de entablar batalla en Mill Springs. La disposición de la marcha sería con la Brigada de Zollicoffer en vanguardia, junto a Crittenden, y la Brigada delL Brigadier General William Henry Carrol cerrando la marcha.

Los federales cruzan Fishing Creek para unirse a Thomas
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Tras una marcha de unas 6 horas bajo una lluvia intensa y a través de un camino que se había convertido en un auténtico lodazal, la vanguardia confederada llegó a Loga’s Crossroads alrededor de las 6:30 AM del 19 de Enero de 1862. Y a una milla de esa posición, la caballería sureña que iba de avanzada se topó con un mal considerado piequete. Esta fue su primera desilusión, pues el camino estaba barreado no ya por simples piquetes, sino por el 10º de Indiana del Coronel unionista Mahon Dickerson Manson al completo y parte del 1º de Caballería de Kentucky. Además los federales no fueron sorprendidos y rápidamente habían formado una posición defensiva en la cima de una colina. Allí se reagruparon los yankees y consiguieron detener el avance confederado.

ORDEN DE BATALLA EN LOGAN’S CROSSROADS

US ARMY

Brig. Gral. George H. Thomas (4.400 efectivos)
2ª Brigada – Coronel Mahlon D. Manson
10º de Indiana – Tte. Cor. William Kise (710 efectivos)
4º de Kentucky – Cor. Speed Smith Fry (herido) (400 efectivos)
Co. C, 14º Ohio – Cap. J. W. Brown (? efectivos)

3ª Brigada – Coronel Robert L. McCook (herido)
2º de Minnesotta – Cor. Horatio Van Cleve (ausente la Compañía A) (500 efectivos)
9º de Ohio – Mayor Gustave Kammerling (628 efectivos)

12ª Brigada – Coronel Samuel Powhatan Carter
12º de Kentucky – Cor. William A. Hoskins (478 efectivos)
1º de Tennessee – Cor. Robert K. Byrd (610 efectivos)
2º de Tennessee – Cor. J. P. T. Carter (442 efectivos)
1º Cab. de Kentucky – Cor. Frank Wolford (compañías A, B, C, H) (250 efectivos)

Artillería
Batería B, 1º Art. de Ohio – Cap. Williams E. Standart (6 cañones - 122 efectivos)
Batería C, 1º Art. de Ohio – Cap. Dennis Kenny, Jr (6 cañones – 110 efectivos)
9ª Batería de Ohio – Cap. Henry Shepard Wetmore (4 cañones – 104 efectivos)

Tropas del US Army que encuadradas en la fuerza que no participaron en la batalla, pero sin en acciones posteriores
Co. A, 2º de Minnesotta – Cap. Judson Bishop (en labores de piquete)
Co. A, 38º de Ohio – Cap. Charles Greenwood (guarnición del campamento)
Co. D, F y G, 1º de Michigan Ingenieros – Tte. Cor. K. A. Hunton (guarnición del campamento)

US Refuerzos que llegaron tras la batalla.

1ª Brigada – Brig. Gral. Albin Schoepf
17º de Ohio – Cor. John M. Connell
31º de Ohio – Cor. Moses B. Walker
38º de Ohio – Cor. Edwin D. Bradley
(2ª Brigada)
10º de Kentucky – Cor. John M. Harlan
14º de Ohio – Cor. James B. Steedman

CS ARMY

Mayor General George Bibb Crittenden (5.900 efectivos)
1ª Brigada – Brigadier General Felix Kirk Zollicoffer (muerto en combate)
15º de Mississippi – Tte. Cor. Edward Cary Walthall (854 efectivos)
19º de Tennessee – Cor. David H. Cummings (676 efectivos)
20º de Tennessee – Cor. Joel Allen Battle (694 efectivos)
25º de Tennessee – Cor. Sidney Smith Stanton (herido) (683 efectivos)
Batería de Tennessee – Cap. Arthur Middleton Rutlege (6 cañones- 140 efectivos)
Co. Cab de Tennessee – Cap. William Scott Bledsoe (84 efectivos)
Co. Cab de Tennessee – Cap. Q. C. “Ned” Sanders/Saunders (71 efectivos)
Co. Cab de Kentucky – Cap. B. E. Roberts (herido) (? efectivos)

2ª Brigada – Brigadier General William Henry Carroll
16º de Alabama – Cor. William B. Wood (378 efectivos)
17º de Tennessee – Tte. Cor. Thomas C. H. Miller (338 efectivos)
28º de Tennessee – Cor. John Porry Murray (748 efectivos)
29º de Tennessee – Cor. Samuel Powell (herido) (493 efectivos)
Bat. De Tenn (Caswell) – Cap. Hugh L. W. McClung (4 cañones – 83 efectivos)
4º Batallón Cab de Tennessee – Tte. Cor. Benjamin M. Branner (336 efectivos)
5º Batallón Cab de Tennessee – Tte. Cor. George R. McClellan (315 efectivos)

Tropas del CSA posicionadas al Sur del río que no participaron en la batalla

37º de Tennessee- Cor. Moses White (tras la batalla cruzó el río para defender Beech Grove)
1º Batallón Cab de Tenn – Tte. Cor. Frank Nathaniel McNairy (quizás en Beech Grove)
2 Compañías del 3º Batallón Cab de Tenn – Tte. Cor. William Brazleton
Batería Harding de Tennessee – Caps. G. H. Monserrat y Ed Baxter (4 ó 6 cañones)

Tras el encuentro de la avanzada confederada con los unionistas, Crittenden ordenó avanzar a la Brigada de Zollicoffer, el cual dispuso al 15º de Mississippi para que avanzase por el camino junto con otro regimiento, para que expulsaran a los federales de la colina. Pero la mañana era oscura por lo que los sureños se desviaron de la ruta prevista, a lo que añadimos el fango del camino, su avance fue ralentizado.

Los federales tampoco carecían de dificultades, el 10º de Indiana y el 1º de Caballería de Kentucky, llevaban una hora combatiendo y sus municiones comenzaban a escasear, por lo que decidieron reposicionarse junto a una valla que delimitaba un maizal, la cual era perpendicular al camino y estaba ligeramente hundida. El regimiento de cabeza de la columna confederada, el 15º de Mississippi del Coronel Edward Cary Walthall, trató de cargar sobre ellos en plena marcha, pero fue contenido y a continuación los unionistas comenzaron a retroceder a buen ritmo, pero plantando en todo momento la cara hacia el enemigo y manteniendo su ritmo de fuego, mediante el uso de un sistema de retirada por secciones que subrayaba su excelente entrenamiento.

Esta técnica retrasó y desconcertó a los confederados, a los que el movimiento de la línea defensiva enemiga estropeaba los intentos de desbordarla y flanquearla aprovechando su superioridad numérica. No mucho después, un segundo regimiento fue a colocarse junto al de Indiana, reforzando su defensa. Era el 4º de Kentucky del Coronel Speed S. Fry, que se agrupó con la unidad de Indiana en una especie de brigadilla a las órdenes del Coronel Mahlon D. Manson.

Las fuerzas unionistas continuaron su repliegue defensivo, aunque a un ritmo mucho más lento, (quizá debido a que la tropa del Coronel Fry, que combatía ferozmente, no estaba tan bien entrenada como sus camaradas de Indiana en el tipo de maniobra que éstos habían estado realizando). Incapaces de desalojar a los federales de su posición, el 15º de Mississippi se desplazó hacia su derecha buscando la protección de un barranco y su vegetación, para acercarse a la posición unionista cubiertos y entablar combate a corta distancia.

En ese momento, el Coronel Speed S. Fry se subió a la valla y con la espada en alto se dirigió a los sureños para retarlos a que pelearan. Pero tras avanzar por el Oeste del camino, intentando una maniobra de flanqueo, el ataque confederado se atascó. Los hombres de Zollicoffer en su mayoría nunca habían entablado combate, a lo que debemos añadir la confusión creada por el frío de la marcha nocturna, la lluvia, el humo y la natural confusión de una batalla. Por este motivo, el Brigadier General Felix K. Zollicoffer se dispuso a dirigir a sus hombres al frente del 19º de Tennessee y reconocer el terreno.

Felix K. Zollicoffer, CSA
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Esa mayor dilación en su repliegue hizo que Crittenden y Zollicoffer esperaran poder hundir su defensa con un ataque de la brigada del segundo al completo. Pero, antes de que lograran reagruparla sin perder el contacto, apareció en el escenario del combate el propio Thomas, junto con otra brigadilla formado por el 2º de Minnesota y el 9º de Ohio, que mandaba tácticamente el comandante de éste último. Coronel Robert Latimer McCook (al que ya hemos descrito en un capítulo anterior como un miembro del “Clan McCook” de Ohio, y que como Manson era un veterano de la campaña de Julio en West Virginia, habiendo incluso combatido en Carrick’s Ford).

En vez de reforzar simplemente la línea defensiva, estas nuevas unidades formaron rápidamente una columna de ataque junto a ella, que evidenciaba su determinación de golpear el flanco confederado. Crittenden y Zollicoffer pelearon entonces para llevar refuerzos de la brigada de William H. Carroll a primera línea, pero sólo para encontrar que el desorden que el combate había ido produciendo en sus unidades se lo impedía. Por fortuna para ellos, también Thomas se encontró ante un problema insoluble, pues en aquel momento Manson le comunicó que su brigada estaba ya corta de municiones y en particular su regimiento, que llevaba bastante más tiempo en combate que el de Fry, gastaba sus últimos cartuchos.

Así, Thomas hubo de ordenar la suspensión del contraataque, disponiendo que la brigada de McCook relevara en la línea de defensa a la de Manson. En el momento de ver iniciarse la maniobra, los jefes confederados estuvieron seguros de que la confusión que ésta había de crear les daba la oportunidad perfecta para romper la línea y lanzaron adelante todas las fuerzas disponibles, sin siquiera pararse a organizarlas. Y esto resultó un error gravísimo.

En efecto, los regimientos de McCook y Van Cleve, demostrando de nuevo el extraordinario entrenamiento que daba Thomas a sus tropas, efectuaban el relevo con tal orden y celeridad que el volumen de fuego defensivo no se resentía en absoluto, y el ataque confederado, lanzado sin casi organización, no sólo se vio contenido sin mucha dificultad, sino que en varios puntos dio lugar a reflujos desordenados, que presagiaban lo peor.

Zollicoffer cabalgó rápidamente a primera línea para tratar de reencauzar aquellos reflujos pero, para su desgracia, era uno de los mandos confederados a los que la tranquilidad de los frentes centrales había impulsado a seguir usando su viejo uniforme federal azul y destacaba tanto que muchas armas enemigas le tomaron como blanco.Y fue en ese momento cuando se encontró con los hombres del Coronel Fry que estaban reconociendo su ala derecha. Los regimientos no se reconocieron a primera vista, y con la intención de no entablar combate con unidades amigas, Zollicoffer con su uniforme azul se adelantó a sus hombres. Y tras dialogar brevemente con Fry (ambos pensaban que el otro era un oficial al que no conocían), el Capitán Henry M. R. Fogg del personal de Zollicoffer se dispuso a advertir a su superior del error, pero los federales se adelantaron y rápidamente abrieron fuego. El propio Coronel Speed S. Fry mató al Brigadier General Felix Kirk Zollicoffer de un disparo con su revólver.

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Speed Smith Fry, USA

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Muerte del Brigadier General Felix Kirk Zollicoffer

Para decirlo simplemente, cayó muerto a los pocos minutos. (El tiro que lo derribó se atribuiría al Coronel del 4º de Kentucky, Speed Smith Free, oficial de Milicia de 44 años que tenía fama de tirador consumado). Y naturalmente, su muerte no hizo sino aumentar el desorden de los suyos. Crittenden tomó sin embargo el mando de su brigada y enviando las partes más baqueteadas de ella hacia atrás, y logrando al fin adelantar la de Carroll, reanudó el ataque con nuevos bríos sin que los norteños, que tenían sus propios problemas, pudieran aprovechar la ocasión. El 15º de Mississippi y el 20º de Tennessee lanzaron una serie de feroces ataques contra la valla del maizal, llegándose a combates cuerpo a cuerpo con los federales.

El secesionista logró insuflar en sus tropas una nueva acometividad, y en especial la tropa de Carroll, que estaba descansada y con la dotación de municiones completa, luchó con una gran ferocidad, haciendo pasar a los dos regimientos unionistas en línea ratos verdaderamente malos. Así, McCook mismo resultó herido, debiendo tomar el mando de la brigada el Coronel Horatio Phillips Van Cleve, un ex-pupilo de West Point prontamente retirado a la vida civil, de 52 años y con aspecto de anciano nerviosamente optimista (lucía una barbita con bigote gris que le daba aspecto de chivo, y parece que a veces incluso en combate, unos increíbles quevedos colgados en la punta de su larga nariz). Su propio 2º de Minnesota pasó muy malos momentos, debiendo combatir un largo rato parapetándose en una valla en la que el enemigo también se apoyaba en zonas, mientras unos y otros se fusilaban a bocajarro.

Horatio Phillips Van Cleve, USA
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Pero entretanto, Thomas ya había hecho acudir al escenario de la lucha una tercera brigadilla, compuesta por el 1º de Tennessee y el 12º de Kentucky, y al parecer mandada por el Coronel de Voluntarios de Tennessee Samuel Powhatan Carter, ex-marino de guerra como William Nelson. Esta unidad repitió el despliegue inicial de la brigada de McCook y atacó de súbito el flanco enemigo, hundiéndolo por un trecho, para luego detenerse a cruzar el fuego de sus andanadas con las de los hombres ahora dirigidos por Van Cleve, en una forma que desconcertó y desordenó seriamente las filas confederadas.

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El 2º de Minnesota resistiendo en la valla

Al menos una hora se enfrentaron el 15º de Mississippi y el 20º de Tennessee contra los federales. La artillería confederada lanzó algunas andanadas y el 28º y 29º de Tennessee fueron dispuestos para apoyar la línea, pero Crittenden nunca desplegó al total de sus efectivos para apoyar el ataque y tampoco utilizó a su caballería para intentar una maniobra de flanqueo. (La actuación de Crittenden fue muy criticada tras la batalla e incluso se comentó que había dirigido la batalla bajo los efectos del alcohol. Dimitió de su mando unos meses después).

Los confederados también estaban sufriendo los efectos de la lluvia, la cual provocaba que sus viejos mosquetes de chispa quedasen inutilizados, pues la mayoría de los sureños y especialmente los de Tennessee iban armados con los mosquetes “Flintlock”.

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US Musket, 1816 “Flintlock”

Sólo el 15º de Tennessee, el 16º de Alabama y el 29º de Tennessee estaban parcialmente armados con mosquetes de percusión. Un testigo de la batalla comentó que sólo el 5% de los mosquetes confederados eran útiles bajo la lluvia, y que presa de su desesperación muchos hombres de Tennessee rompieron sus flintlock contra los árboles.
En contra, los federales concentraron sus fuerzas y el 1º y 2º de Tennessee (USA) y el 12º de Kentucky (USA), desbordaron al 15º de Mississippi y al 20º de Tennessee.

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Y en el momento perfectamente sincronizado en que el desorden y desconcierto alcanzaban su punto máximo, una orden de Thomas lanzó a toda la línea unionista adelante, a la bayoneta. Los sureños no pudieron resistirlo, y retrocedieron en una creciente confusión, acicateada por nuevas cargas a la bayoneta y nuevos deslizamientos de la brigada de Carter en su flanco. (Aunque algunas fuentes niegan que la orden de avnce fuese dada por George H. Thomas, sino que más bien fue un acto reflejo a la vista de la desorganización de los sureños).

El 9º de Ohio (alemanes de Cincinnati) cargaron a la bayoneta y ante la amenaza de ser rodeados, los confederados comenzaron a retirarse. El Teniente Bailie Peyton Jr, que mandaba una compañía del 20º de Tennessee cayó muerto mientras el sólo se negó a retirarse e intentaba detener el avance federal con su revólver. El avance unionista hizo retroceder al ala izquierda confederada hasta sus posiciones iniciales de la cima de la colina. En donde actuaron el 16º de Alabama y los 17º y 29º de Tennessee para detener el ataque y permitir que la retirada confederada fuese más organizada.

Y si con dos tercios de su fuerza ya muy cansados y escasos de municiones, Thomas no podía pensar en aplastar al enemigo, éste sistema suyo para mantenerlo en movimiento tuvo pleno éxito. Los confederados fueron derrotados aunque no desbordados, pues como se vió eran capaces de realizar una marcha nocturna bajo la lluvia por caminos de fango y entrar en combate al instante. Pero al quedar inutilizadas sus armas, su valor no era suficiente para derrotar a los bien entrenados hombres del Brigadier General George H. Thomas y menos sin recibir una dirección adecuada por parte de su oficial al mando.
Los confederados se retiraron ordenadamente a la seguridad de las trincheras de su campamento, a donde se dirigieron los federales y les bombardearon. Aquella noche, Schoepff logró al fin cruzar el Fishing Creek y unirse a Thomas con el grueso de su fuerza y su artillería, pero cuando al día siguiente, lunes, se dispusieron a atacar las defensas enemigas, las encontraron abandonadas. El resto de la División de East Kentucky confederada se había evaporado durante la noche, siguiendo hacia el Sudoeste las huellas de sus fugitivos.

Llamada comúnmente “Batalla de Logan’s Crossroads” pero también “de Mill Spring”, “de Fishing Creek”, “de Beech Grove” o “de Somerset”, no fue de grandes dimensiones, (es difícil que llegaran a combatir ni 4.000 unionistas, ni que los confederados pasaran de 5.000), ni causó demasiadas bajas, (la Unión sufrió al parecer 246, con 39 muertos, y los confederados 533, con 120 muertos y 50 prisioneros ilesos), pero tuvo consecuencias inesperadamente amplias.

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En primer lugar, estratégicas, pues con la acción de Garfield se limpió el Kentucky oriental de confederados por muchos meses. En segundo, operativas, pues pese a sus bajas relativamente ligeras, el desorden, el pánico y la larga huida fueron demasiado para la División de East Kentucky confederada que, para cuando detuvo su retirada en Murfreesboro, Tennesee, el 25 de Enero, habría sufrido casi otras 2.000 bajas por deserción, lo que suponía una reducción de efectivos no exenta de importancia, dada lo grave que era ya la situación del frente.

La Unión exultó, (era su primera victoria de alguna importancia en campo abierto en seis meses), y el prestigio de Thomas, ya antes considerable en el campo profesional, se vio realzado, mientras los coroneles Manson, Fry, McCook y Van Cleve recibían la estrella de brigadieres en el siguiente mes de Marzo; de esa época fue el que tanto Grant, que había estado usando una barba amplia y muy peinada, como Sherman que hasta entonces gastaba enornes patillas pelirrojas, se dejaran barba recortada como la de George H. Thomas.

En el Sur el efecto fue el contrario y si bien algunos de les jefes de regimiento confederados de Mill Springs reanudaría sus ascensos más tarde, los generales no fueron perdonados. De inmediato se les acusó, (bastante arbitrariamente), de ebriedad y cobardía. George Bibb Crittenden, que lo tenía particularmente “crudo” al haber sido derrotado tras desoír deliberadamente por dos veces los dictados del mando y tener además parientes en el campo enemigo, pidió el retiro en el siguiente Octubre, (aunque volvería a ingresar en el Ejército Provisional al filo de 1864, peleando los últimos meses de la guerra como oficial subalterno en West Virginia). William Henry Carroll aguantó el ostracismo un poco más, hasta Marzo de 1863, pero una vez dio la espalda al Ejército Provisional no volvería a él, e incluso, después de la guerra subrayó su rechazo a sus antiguos acusadores emigrando al Canadá.

Molestaba especialmente a los confederados la obvia superioridad de entrenamiento del Ejército enemigo, el más profesional mando de Thomas, (que en todo momento había dado la impresión de comprender y controlar lo que ocurría en el campo de batalla mejor que Crittenden), y sobre todo el que en tantas horas, una columna de ataque de 8 regimientos no hubiera logrado romper una línea que nunca estuvo formada por más de dos. Lo que ignoraban los confederados era que estaban asistiendo al nacimiento de una especie de tradición, porque en lo que quedaba de guerra Thomas iba a asistir a al menos 8 campañas importantes y 7 de ellas con mando de tropa, y a participar en varias grandes batallas campales. Pero nunca, nunca, nadie iba a lograr romper su línea.

Entretanto, el Presidente Lincoln estaba todo, menos satisfecho ante lo que consideraba otro mes perdido, principalmente por la falta de movimiento total en sus ejércitos del Este. Desconfiando del propio Ejército unionista y convencido de que muchos militares se amparaban en tecnicismos sin sentido para darle largas, estaba estudiando intensamente cuantos tratados de asuntos militares caían en sus manos, desde Clausewitz hasta los mismos libros de Halleck. Y asesorándose con soldados poco ligados a West Point, como el alemán Carl Schurz o el irlandés James Shields, que años atrás le había intentado desafiar a duelo, dando lugar a que entre ambos surgiera una de esas amistades nacidas del choque que tanto gustaron en sus años dorados a Hollywood.

Decidido a obligar a sus generales a “retratarse”, empleó su autoridad presidencial, que lo convertía constitucionalmente en Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, para dictar el 27 de Enero la “Orden General de Guerra Número Uno”, (General War Order Number One).

Executive Mansion,
Washington, January 27, 1862
Ordered that the 22nd. day of February 1862, be the day for a general movement of the Land and Naval forces of the United States against the insurgent forces.
That especially --
The Army at & about, Fortress Monroe.
The Army of the Potomac.
The Army of Western Virginia
The Army near Munfordsville, Ky.
The Army and Flotilla at Cairo.
And a Naval force in the Gulf of Mexico, be ready for a movement on that day.
That all other forces, both Land and Naval, with their respective commanders, obey existing orders, for the time, and be ready to obey additional orders when duly given.
That the Heads of Departments, and especially the Secretaries of War and of the Navy, with all their subordinates; and the General-in-Chief, with all other commanders and subordinates, of Land and Naval forces, will severally be held to their strict and full responsibilities, for the prompt execution of this order.

Por la que, tras nombrarlos uno por uno, ordenaba a los Ejércitos en contacto con el enemigo iniciar operaciones ofensivas de gran estilo antes del 22 de Febrero siguiente. Y como el principal blanco al que apuntaba era McClelland, lo corroboró el 31, con la “Orden Especial de Guerra Número Uno”, en la que se dirigía especialmente al Ejército del Potomac. Exigiéndole con fecha tope en el 22 de Febrero, una ofensiva en forma contra la base enemiga de Manassas Junction, (Camp Pickens).
Fue con seguridad la “Orden General Número Uno” la que decidió al poco agresivo Henry W. Halleck a aprobar finalmente la operación propuesta y ya preparada por Grant, que seguía sin producirle confianza, pero al menos le permitía una operación aún más ambiciosa que lo que la orden presidencial exigía. Además tenía la virtud de que, al no emplearse refuerzos ni extras, si fracasaba podía presentarse como un asunto más del Mando de Ejército del Tennessee que del Mando del Oeste. Y si tenía éxito, ya vería la forma de hacerse con lo más que pudiese de la gloria.

Grant y su jefe de Estado Mayor, el Coronel de Voluntarios Aaron Rawlings, (un ex-político demócrata y amigo personal suyo que al parecer, aparte de las misiones propias de su cargo, tenía la extraoficial de mantener a Grant alejado de la bebida), no esperaban más que a recibir el último permiso, y apenas lo obtuvieron iniciaron el cruce del Ohio a Paducah, internándose en el río Tennessee con 10 regimientos embarcados el 3 de Febrero. Mientras y para distraer al mando enemigo, el Ejército del Ohio de Buell fintaba hacia Bowling Green, y el 1 de Febrero se produjo en sus alrededores una escaramuza en la que una compañía del 2º de Caballería de Indiana causó 5 bajas a los confederados.

Se había decidido por tanto iniciar las operaciones atacando el más occidental y más débil de los dos fuertes, en la idea de asegurar unos resultados mínimos que, de por sí eran ya muy ambiciosos. (Desbordar Bowling Green y Columbus-Belmont y llevar una base de operaciones al estado de Tennessee, convirtiendo su no lejana capital, Nashville, en el siguiente punto en disputa).

No debemos pasar de este punto sin mencionar un hecho curioso respecto a la historiografía militar “clásica” norteamericana, iniciada por la camarilla militar de Sherman en la inmediata postguerra. Y éste es que, contra la costumbre habitual de éste tipo de historiografía, en todos los países y todos los periodos históricos, de “cubrir” suavemente de un poco más de gloria a los suyos, escamoteando parte de sus efectivos y tratando de sobrevalorar los enemigos en cada acción, no suelen dar tal tipo de cobertura a Grant, que a menudo se ve desfavorecido por sus versiones. Da la impresión de que detrás de la cortina de ditirambos sobre la capacidad de Grant que prodigaba, ardía muy en el fondo de Sherman una llamita de envidia.

En este caso, sin ir más lejos, cualquier tratado “clásico” comienza por decir que Grant inició la campaña con 32.000 hombres, lo que no es sino un cálculo, más bien sobredimensionado, del volumen total de su ejército, que apenas pasaba de 40 regimientos. Por el contrario, todo parece indicar que cuando su flotilla ascendió el Tennessee no llevaba a bordo más de 22 regimientos, y aún estos incompletos, con lo que el inicio de las operaciones se realizó probablemente con no más de 13.000 ó 15.000 soldados, y el apoyo de la flotilla de Andrew H. Foote.

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Foote disponía ya por su parte de casi todas las cañoneras blindadas, y las primeras bombardas de río, pero tenía entre manos un grave problema de personal. En efecto el engreído Halleck quería demostrar que era él quien mandaba en su territorio y pese a que la flotilla estaba bajo la autoridad del Ejército, no le dejaba reclutar voluntarios para ella ni tomar hombres de las unidades de tierra. El resultado era que, habiendo llevado la Marina a Missouri sólo un puñado de oficiales y especialistas, no había manos para manejar sus unidades.

Finalmente, incrementando sus propios hombres con cierto número de contratados “bajo cuerda” (principalmente “ratas de río” y sobre todo negros, muchos de ellos esclavos fugados, pero la mayoría con alguna experiencia en navegación por los ríos), pudo reunir unos 350 hombres. Y eso era lo justo para tripular 7 u 8 cañoneras con tal de que no se pensara usar más que una parte de sus cañones. Así, Grant y Foote hubieron de contentarse con apoyar la operación desde el río con las cuatro “Timberclads”, (“Essex”, “Lexington”, “Tyler” y “Conestoga”), y tres “Ironclads” clase Cairo: (“Carondelet”, “Cincinnati” y “Saint Louis”, en la última de las cuales el Flag Officer izaba su enseña).

Como hemos visto anteriormente, Kentucky se había convertido en una especie de tierra de nadie, pues nadie respetó su neutralidad declarada, y se usaba libremente como defensa del territorio respectivo. Por lo que a comienzos de 1862 el General Albert S. Jonhston tomó el mando de todas las fuerzas dispuestas en Arkansas y el Cumberland Gap. Sus efectivos estaban dispuestos en una extensa línea defensiva. El ala izquierda, bajo las órdenes del Brigadier General Leonidas Polk, estaba posicionada en Columbus con sus 12.000 hombres; el ala derecha, con el Brigadier General Simon Bolivar Buckner, en Bowling Green y sus 4.000 hombres de Kentucky. Pero la clave sería el centro, que dependía de las fortificaciones de Fort Henry y Fort Donelson, con el Brigadier General Lloyd Tilghman, y sus 4.000 hombres. Estas fortificaciones debían bloquear los ríos Tenessee y Cumberland, que eran las entradas naturales hacia el estado de Tennessee y por tanto hacia el Golfo de México.

Oponiéndose a los confederados la Unión había dispuesto una fuerza dividida en tres departamentos (Dept. de Kansas con el Mayor General David Hunter; Dept. de Missouri con el Mayor General Henry H. Halleck; Dept. del Ohio con el Brigadier General Don Carlos Buell). Esta división de fuerzas provocaba una descoordinación en los movimientos federales. La “Orden General de Guerra Número Uno” comenzó a surtir efectos y Buell se dispuso para avanzar hacia Nashville ante la presión política, para lo que solicitó el apoyo de la fuerza de Halleck y aunque este se dispuso a darlo, el anunciado avance de Buell nunca se produjo. Los generales federales andaban más preocupados de sus historiales que de la búsqueda de la victoria.
Pero la presión de Washington se hacía notar y Henry H. Halleck, muy preocupado de su futuro político, autorizó la petición de Grant para avanzar. También se comenzó a rumorear por la zona de la llegada de nuestro viejo conocido Pierre G. T. Beauregard con refuerzos, por lo que o se aprovechaba el momento o más adelante la operación sería más costosa. Con este planteamiento los federales se dispusieron para iniciar la ofensiva.

Ulysses S. Grant inició la marcha desde El Cairo el 2 de Febrero de 1862 con una fuerza aproximada de entre 15 a 17.000 hombres, la marcha se dispuso en dos columnas que irían comandadas por los Brigadieres John A. McClernand y Charles F. Smith. También se incluia la flotilla fluvial del Flag Officer Andrew H. Foote con sus ironclads y timberclads, la últimas a las órdenes del Teniente Ledyard Phelps, que comenzaron su misión transportanto a la tropa federal a lo largo del río Tennessee.
El 4 de Febrero, los vapores más rápidos y las cuatro “Timberclads” llegaban cerca de Fort Henry, cuyas defensas las últimas tantearon. La “Essex”, que a causa de su aspecto más “serio” había centrado el fuego enemigo, vio su blindaje de madera atravesado por un simple proyectil de 32 libras, lo que no parecía un buen augurio. ¡Era la más sólida de las cuatro! Pero aquella noche, una fuerza importante fue desembarcada en Bailey’s Ferry, a solo 4,5 millas de Fort Henry.

A la siguiente tarde llegaron el resto de los transportes y las cañoneras “Ironclad”. A su vez y desde Fort Donelson, había alcanzado Fort Henry con refuerzos el Brigadier Brian Lloyd Tilghman, comandante confederado de los fuertes, llamado por el Coronel A. Helman, jefe de Fort Henry.

Lloyd Tilghman, CSA
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Fort Henry fue construido siguiendo una planta pentagonal con bastiones de tierra en la orilla este del río Tennessee. Su emplazamiento fue decidido por el abogado Daniel S. Donelson, que cumplia las órdenes del Gobernador del Estado de fortificar el río en su curso medio. Nos encontramos en Mayo de 1861, pero un detalle que omitió el abogado Donelson es que los emplazamientos eran territorio de Kentucky, y por tanto territorio neutral en esas fechas. El encargado de dirigir su construcción fue el Coronel Bushrod Johnson del Cuerpo de Ingenieros de Tenessee.

El fuerte se encontraba a 19 km al oeste de Fort Donelson, este cubría el río Cumberland, y su nombre era en honor del Senador por Tennessee Gustavus Adolphus Henry Sr. Ambos fuertes eran complementarios y por tanto se les asigno una guarnición conjunta de unos 6.000 hombres. Se estimó que la probabilidad de un ataque simultáneo a ambos fuertes era prácticamente nula y por tanto innecesaria más tropa.

El defecto de Fort Henry era precisamente su emplazamiento, pues se encontraba sobre un terreno pantanoso y afectado por las crecidas del río, a esto añadimos que al estar en la orilla era dominado por las colinas cercanas. También es destacable que sólo dominaba un campo de tiro de unos 3 km y río abajo, además de estar diseñado para repeler un ataque desde el río pero no un asalto terrestre. Los regimientos destacados en Fort Henry eran el 10º de Tennessee y el 27º de Alabama junto con unos 500 esclavos, los cuales añadieron a las defensas el bastión de Stewart’s Hill, al que se denominó Fort Heiman.

La guarnición de Fort Henry se estima en unos 2.800 a 3.400 efectivos, incluyendo artilleros, y estaba dividida en dos brigadas comandadas por los Coroneles Adolphus Heiman y Joseph Drake. Un detalle a destacar es que al igual que sus compañeros de Mill’s Spring también estaban armados con los viejos mosquetes de chispa M1812 “flintlock”. Su artillería más destacable eran dos cañones Columbiad de 10 pulgadas y un cañon rifle de 24 libras, el resto de los 45 de la fortaleza eran de 32 libras. También disponían de dos cañones de 42 libras, pero no así de su munición, por lo que solamente servían de decoración.

Pero volvamos al 4 de Febrero de 1862, en esa fecha Grant deseaba asegurar el golpe, y en cuanto cayó la noche, desembarcó el grueso del resto de su fuerza, enviándola en dirección a Fort Henry en dos columnas, que totalizaban al menos 20 regimientos y 10.000 hombres. La de Smith marcharía directamente hacia el fuerte mientras la de McClernand, rodeándolo, cortaría la retirada a todo el que intentara escapar de él cuando, al amanecer, las cañoneras lo bombardearan coincidiendo con el asalto de Smith.

Pero Grant no contó con una fuerte lluvia nocturna que redujo la visibilidad a cero cegando a sus hombres y cubriendo el boscaje que cubría la mayor parte del camino entre Bailey’s Ferry y Fort Henry en un mar de barro, empantanándolos. Sólo con gran retraso y ayudada por la primera luz del alba pudo su tropa dejar el bosque atrás. Y con aquella misma luz, Tilghman vio desde el fuerte como los federales salían por las lindes del bosque a la vez que las cañoneras remontaban el río hacia él.
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De inmediato, supo que el fuerte iba a perderse. Estaba situado en Panther Island, un islote bajo que dominaba un buen trecho del cauce del Tennessee, entre la corriente principal y un brazo semicegado que le servía de foso frente a ataques terrestres. Pero estaba demasiado bajo sobre el nivel del río, lo que limitaba sus ángulos de tiro y había hecho que las riadas de invierno lo inundaran, incluyendo su polvorín, deteriorando sus defensas y obligando a trasladar algunos de sus mejores cañones a Fort Donelson, para preservarlos. ¡Y como nadie había previsto que el enemigo se presentase tan por sorpresa, como Grant lo había hecho, allí seguían!

Tilghman dudaba que hubiese podido resistir incluso tan sólo el ataque anfibio de las cañoneras, y menos éste sumado al de 10.000 ó más hombres por tierra. Muy lógicamente, consideró que ahora su objetivo principal era evitar que Grant se apoderara de la guarnición, (como obviamente se había propuesto), y ordenó a Heiman huir a campo traviesa a Fort Donelson con las tropas y los cañones de campaña, mientras él con una cincuentena de artilleros voluntarios y los 12 cañones pesados, se batía con las cañoneras y distraía al enemigo.

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Heiman comprendió la urgencia de la situación y organizó la escapada de inmediato, logrando escapar de la trampa de McClernand antes de que ésta se cerrara durante la noche del 5 de Febrero. Así, sólo un puñado de rezagados, tres cañones de una batería de campaña y los dos de Fort Heiman, cayeron en manos de las tropas de Ulysses S. Grant. Entretanto, el duelo artillero se había iniciado en el río a las 12:30. La flotilla, que montaba 75 cañones, sólo podía usar 17 de ellos a causa de la falta de brazos.

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USS Essex

El fuego fue muy duro y la ironclad “Cincinnati”, varias veces alcanzada y perforada, perdió su dirección y se dejó llevar por la corriente anclando río abajo. La desgraciada “Essex”, que se había adelantado imprudentemente mientras las otras timberclad se mantenían en segundo plano, fue también perforada más de una vez, y una de ellas a través de la caldera que soltó un buen estornudo de vapor hirviente, produciendo escalduras, algunas muy graves, a casi toda la tripulación incluyendo al Comandante W. D. Porter, tras lo que llena de carne herida, fue derivando río abajo sin control. ¡Y sin embargo, las cañoneras estaban llevando la mejor parte!

En efecto, en media hora de intercambio de fuego, diez de los doce cañones del fuerte habían sido desmontados, y para las 13:00, el Brigadier Tilghman izaba la bandera blanca. En total, las bajas eran escasísimas, habiendo sufrido la Unión 40 heridos, (algunos de los cuales morirían después), y los confederados 15 muertos, 20 heridos y 94 prisioneros. Y sin embargo, aunque Grant estuviera irritadísimo por su fracaso en copar a la guarnición, se había obtenido una valiosísima victoria estratégica. Con Fort Henry ocupado y apoyado desde el río, donde sus cañoneras blindadas daban un dominio total a los unionistas, la Unión tenía una sólida base para operar contra Fort Donelson y la misma Nashville en Tennessee, y de inmediato la misma base de Bowling Green y a no muy largo Columbus y todo el resto de la zona ocupada de Kentucky, quedaban en precario, lo que pronto llevaría a la evacuación de tal Estado por los confederados.

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Semejante presa hubiera sido bastante para la codicia de la mayoría de los generales. Pero Grant aún buscaba más, jugando con la idea de aprovechar la confusión que había de reinar en Fort Donelson, donde el enemigo debía ahora de acumular refuerzos que llegarían de diferentes procedencias y bajo distintos mandos, para al menos sitiarlo, (impidiendo que se acumulara en él un ejército demasiado grande), y con suerte tomarlo antes de que su defensa se organizara. A tal fin habían de recargarse rápidamente en Paducah y regresar Tennessee arriba cuanto antes, con algunos refuerzos, y sobre todo, provisiones y equipo para su ejército, (que para no sobrecargar los vapores, había salido de campaña con equipo mínimo y provisiones para sólo tres días, y ya estaban a media ración). Ahora lo hacían las ironclads, llevando a remolque a las desafortunadas “Essex” y “Cincinnati”, y los transportes más lentos, que habían de tomar el grueso del ejército y subir con él el Cumberland, para encontrarse con Grant ante Fort Donelson.

Y como a poco que sus planes salieran bien, Grant se proponía continuar internándose en la retaguardia enemiga por el río Tennessee, a la vez que la fuerza restante de timberclads, con las “Tyler”, “Lexington” y “Conestoga” mandadas por el comandante de la última, Teniente Comandante S. L. Phelps, y llevando a bordo el grueso del 32º de Illinois como refuerzo, remontan el Tennessee para comprobar la fuerza, (o debilidad), de las posibles defensas enemigas río arriba.

El resultado de su “raid” fue espectacular, destruyendo numerosas provisiones y el puente del ferrocarril Menphis&Ohio situado 40 km río arriba. También capturaron numerosos barcos como el “CSS Sallie Wood”, “CSS Muscle” y la ironclad en construcción “CSS Easport”, regresando a Fort Henry el 12 de Febrero de 1862. Pero el Teniente Phelps cometió un grave error que traería consecuencias en el futuro. No destruyó el puente del ferrocarril Memphis&Charleston a su paso por la ciudad de Florence, pues no lo consideró de importancia militar, aunque su destrucción hubiese dejado dividida la línea defensiva confederada en dos mitades. Pero este puente sería clave en el futuro, pues sería el utilizado por Albert S. Johnston y su ejército para avanzar hacia Corinth y preparar la sangrienta Batalla de Shiloh.

 

SIGUE AQUÏ


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