El autor de esta táctica era el Teniente Coronel al mando del 7º de Caballería de Tennessee, confederado y luego famoso Nathan Bedford Forrest. Hombre de pasado turbulento como guardaespaldas, matón y cazador de esclavos furtivos, pero más listo que los supuestamente profesionales en su oficio, había ahorrado dinero y logrado contactos en aquél tipo de vida, empleándolos para poner un negocio que inmediátamente antes de la guerra y aún sin cumplir los 40 años, le había convertido en un rico y respetado comerciante de Memphis. Al estallar la guerra, había financiado un batallón de caballería. Y aunque algunos ciudadanos más sofisticados habían creído que sería un obstáculo, el batallón presentó pronto para sus presuntos reclutas tres considerables atractivos:



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Nathan Bedfort Forrest, CSA


1.Forrest entendía de armas y caballos, y no era tacaño con su propio dinero, con lo que la unidad estaba especialmente bien armada y montada.

2.En ella no se usaba en absoluto, el para muchos enojoso, protocolo militar.

3.La ideología oficial era un patriotismo sureño violento y simple que convenía a muchos.

El único posible problema, la disciplina, se arreglaba solo. Decían que Forrest había matado a más de un hombre en tiempos. Y a los soldados les bastaba observar su silueta alta y delgada, que se movía con la rapidez y la violencia contenida de la comadreja, para perder los deseos de desobedecerle.

Así, el batallón había tenido un poco común éxito de reclutamiento, alcanzando enseguida efectivos sobrados para convertirse en regimiento, (se dice que en Fort Donelson llegó a sumar 1.200 hombres), y fue convertido en el 7º de Caballería de Tennessee. A Forrest no se le había ascendido sin embargo a Coronel y puede que existieran planes para nombrar un Coronel por encima de él. Pero los acontecimientos se habían precipitado.

Ahora estaba al mando de toda la caballería del fuerte, (quizá 1.600 jinetes), y su sistema de infiltración estaba teniendo tanto éxito que Bushrod Johnson, que había dejado el ya encarrilado sector de Oglesby encomendado a Baldwin, y dirigía personalmente el acoso a Wallace, decidió hacer algo semejante. En efecto, y manteniendo el frente con los dos regimientos de Wharton y dos de los de Davidson, había introducido a los otros dos de éste último por una pequeña barranca en el flanco enemigo, y los hacía lanzar desde ella pequeños ataques buscando romper la coordinación de las unidades unionistas.

El ataque confederado parecía que se acercaba al éxito, pues los federales de McClernand habían sido flanqueados, y aunque se retiraban con orden para reagruparse y remunicionarse, los confederados no dejaban de ganar terreno. Ante la situación, McClernand no cesaba en su empeño de pedir refuerzos a la División de Lew Wallace, pero este tenía órdenes directas de Grant de mantener su posición y éste se encontraba ajeno a todo en su reunión con Foote. Pero al poco tiempo y tras otro mensaje de McClernand aún más desesperado, Wallace ordenó avanzar a sus hombres en apoyo del flanco derecho.

Pero no todo marchaba como se había planeado para los confederados. El Brigadier Bushrod Johnson no se decidía a lanzar un asalto general y directo para romper la línea federal, por lo que el tiempo transcurría en su contra. Al tiempo, Buckner no se había movido y hasta que no fue llamado al orden por Pillow no se decidió a atacar, pero lo hacía con dos horas de retraso.

Tal venía a ser la situación cuando, hacia las 10:30 de la mañana, la brigada de Cruft entró en escena, tratando de situarse junto a la de William Wallace. Rápidamente, Bushrod Johnson lanzó contra ella a los regimientos del barranco, que incluían al cadavez más temido 7º de Texas del Coronel John Gregg. Por supuesto, fueron rechazados por los numéricamente muy superiores unionistas, y aún parece que fue en ésta acción en la que resultó herido e incapacitado el jefe de brigada, Coronel Davidson, (lo sustituiría J. M. Simonton del 1º de Mississippi). Pero lograron su objetivo esencial, que era desviar y confundir con la violencia de su acción a los hombres de Cruft, que acabaron tomando posición en un lugar demasiado separado de los hombres de Wallace, con lo que ambas brigadas no podían coordinar sus acciones.

Entretanto y hacia las 11:00 de la mañana, toda la batalla vió su “tempo” rápidamente acelerado cuando la brigada unionista de Richard Oglesby, violentamente probada desde hacía demasiadas horas, encontró que empezaba a quedarse sin municiones. De inmediato, el repliege que ya iban realizando empezó a tornarse más rápido y desordenado. Para su suerte, el Coronel del 31º de Illinois John Alexander Logan, veterano con sus hombres de Belmont y que había sido herido en el muslo al amanecer, volvió junto a su tropa tras una cura precipitada y apoyándose en un bastón, e insuflando a su ya combativa tropa nuevos ánimos con su ejemplo, logró que mantuvieran la línea el tiempo suficiente para proteger la retirada del resto de la brigada y retrocedieran luego calmosamente sin dejar de disparar.

Salida sin embargo de escena la brigada de Oglesby, 8 nuevos regimientos y numerosos jinetes de Forrest quedaban libres para martirizar a la muy baqueteada brigada de Wallace, cuyos regimientos hubieron de retirarse poco protegidos por el que el mismo Wallace había mandado, el 11º de Illinois, ahora bajo el Teniente Coronel Thomas E. G. Ransom, que caería herido en la acción. También habían sufrido gran desgaste y muchas bajas, habiendo resultado muerto el Teniente Coronel Thomas H. Smith, que sustituía al Coronel Haynie al frente del 48º de Illinois. Y de las dos baterías que apoyaban a las brigadas de Oglesby y Wallace, una fue enteramente capturada tras feroz lucha en torno a sus piezas, y la segunda había perdido la mitad de sus piezas.

Ante tamaño desastre, la brigada de Cruft que se quedaba sola, hubo de retirarse hacia el Oeste, siguiendo a la de William Wallace, y las tropas del sector mandado por el cofederado Bushrod Johnson tuvieron acceso libre a las carreteras de Charlotte.

Entre tanto, Gideon Pillow y Jeremy Gilmer habían abandonado este sector en cuanto, a partir de las 11:00, la resistencia unionista empezó a ceder, para pasar al de Buckner. Allí encontraron a éste aún practicamente empantanado en las mismas posiciones que a las 9:00 de la mañana. El motivo era simple, pese a que Buckner contaba con 8 regimientos, contra 3 unionistas, para avanzar, debía lanzar el grueso de sus hombres a través de un par de anchos campos, duros como la piedra y rebaladizos como una pista de hielo a causa de las heladas de la madrugada. Esos campos obligarían a sus soldados a avanzar lentamente y por completo al descubierto ante la fusilería enemiga y, peor aún, ante un par de baterías que los unionistas habían emplazado para barrerlos, para cuyas bolas sólidas, (el proyectil más temido por la infantería al descubierto), las condiciones del terreno eran ideales al permitirles rebotar varias veces.

Pillow ni siquiera se enfadó. Estaba en vena y enérgico, le aseguró que él se encargaba de aquellas baterías si Buckner estaba dispuesto a montar un ataque en toda regla. Y puestos de acuerdo, Buckner preparó su ataque mientras Pillow regresaba al galope en busca de Nathan B. Forrest. Al encontrarlo, como había supuesto, en un tiempo récord entre los dos, organizaron una infiltración en masa que repentinamente y llegando del Este y no del Norte, varios cientos de jinetes confederados aparecieron cargando por sorpresa contra el flanco de las baterías.

Por supuesto, éstas hubieron de ser retiradas de inmediato, aunque no pudiera hacerse a tiempo para evitar que los jinetes de Forrest capturaran cuatro piezas de artillería. Y el ataque de Buckner, perfectamente sincronizado con ésta acción y llevado adelante con gran empuje, obtuvo quizá el éxito confederado más límpio y claro del día. Aprovechando el desconcierto y desánimo de sus contrarios ante lo que estaba ocurriendo con sus cañones, los regimientos cruzaron aquellos peligrosos prados en bloque, cayendo sobre los unionistas que cogidos en su momento más bajo, sufrieron numerosas bajas antes de huir corriendo y dispersándose como una bandada de palomas. (En realidad Buckner era un soldado eficaz, sólo le faltaba una pizca de ese “impulso hacia adelante” que los franceses llaman “elan”). ¡Con lo que todas las brigadas de McClernand quedaron al fin fuera de escena, mientras sus baterías perdían 13 de sus 24 cañones iniciales! A lo que hay que sumar cerca de 1.700 bajas (la cuarta parte de sus efectivos), y de sus tres brigadas, una se había dispersado y el 75% de las otras dos se encontraban sin municiones.

En el momento en que, hacia las 12:30, Simon B. Buckner alcanzó la carretera del Wynn Ferry, Gideon Johnson Pillow tuvo todos sus objetivos en la palma de la mano. Había derrotado totalmente a una división unionista, y abierto una enorme brecha en el dispositivo de Grant. Era el momento de seguir el plan de evacuación que se había trazado en el consejo de estado mayor de la noche anterior. Ahora podía sacar fácilmente por él 12.000 hombres o más, y como el fuerte disponía de un par de vapores y algunas barcazas con capacidad para sacar de él quizas 4.500 hombres más, estaba en su mano evacuarlo, dejando una guarnición mínima de menos de 1.500 hombres que retrasaran a los unionistas antes de ser capturados. (Y de todas formas había que dejar tropas atrás, para impedir que las “baterías del río” impidieran a las cañoneras nordistas perseguir a los fugitivos por el río durante algún tiempo, y para impedir que a su vez la infanteria unionista no penetrara inmediátamente en el fuerte vacío y capturara esa baterías).

Pero Pillow había probado las mieles del triunfo y le habían agradado en demasía. Ahora, ante lo bien que le habían ido las cosas, volvía a pensar en su plan inicial de derrotar a Grant en campo abierto. Y persiguiendo esa quimera, iba a perder a la tarde todo cuanto había ganado en la mañana.

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Si se recuerda, la idea original de Pillow había sido derrotar a Grant en batalla campal, y el parcial derrumbamiento unionista le hizo pensar que eso era aún posible. En realidad seguía siendo muy difícil, pues no podía esperar apoyo de los que habían quedado en el fuerte y su tropa estaba ya cansada, (por mucho que lo ocultase la euforia producida por los últimos acontecimientos), y no sobraba la munición.

Pudo ser su oportunidad salir a terreno abierto, capturando o dispersando definitivamente al paso a los regimientos de Oglesby y buena parte de la tropa de McArthur, que habían huído en tal dirección. Eso al menos le hubiese dado una posición central, obligando al enemigo a una batalla en un frente invertido y permitiéndole sacar mayor ventaja de su superioridad en caballería. Pero ni siquiera lo intentó.

Simplemente se dejó arrastrar por la dinámica de sus brigadas, que perseguían ahora a las unionistas de Wallace y Cruft. Así, dejó la brigada de John C. Brown en la carretera de Wynn Ferry, encargada de mantener abierta la salida que habían creado, y prosiguió la persecución tratando de tomar las líneas unionistas de través.

Estaba condenado al fracaso. La 2ª Brigada de la División de Lewis Wallace, mandada por John M. Thayer, giró su frente 90 grados y para las 12:30 horas, estaba conteniendo a las avanzadas confederadas, mientras la de Charles Cruft, que había participado en la huída pero apenas en el combate, y estaba casi intacta, se situaba a su lado. Entre las 13:00 y las 14:00 horas, mientras Pillow reagrupaba su fuerza, llegó del otro lado a unirse a la línea defensiva otra brigada de la Unión, la 5ª Brigada de la 2ª División, comandada por el Coronel Morgan L. Smith.

Como a las 08:00 de la mañana, Pillow se enfrentaba a tres brigadas. Pero hora sólo disponía de cinco y además fatigadas, con menos de la mitad de su dotación de municiones. Además, el frente mucho más angosto ponía mucho más difícil la infiltración. Por otra parte, Grant había llegado al fín, haciéndose cargo del mando del combate.

Y aquí se demostró la validez de una cabeza fría que no se dejaba influenciar por la situación reinante. Rapidamente determinó que las posiciones iniciales debían recuperarse al tiempo que reparó en un detalle, ¡los confederados portaban mochilas con raciones para tres días! Eso sólo podía significar una cosa: No buscaban una batalla, sino una vía de escape.

Por tanto, ordenó a Foote que realizara un ataque con su fuerza disponible con la intención de infundir ánimo a sus hombres desmoralizados y al mismo tiempo hacer temer a los confederados que podían asaltar la fortaleza en la que sólo se encontraba el 30º de Tennessee protegiendo el perímetro y la dotación de las baterías de Fort Donelson.

Confiando en que los sureños, ya empeñados en un esfuerzo tan importante, no atacaran otra zona del perímetro, de inmediato liberó así para el contraataque a la brigada de Jacob Lauman, que había sido reforzada y estaba apoyada por la brigada de John Cook. Y el objetivo del contraataque no debía ser la fuerza de Pillow, sino el otro extremo de la batalla, directos hacia Fort Donelson, donde tendría más efecto y haría más daño.

La maniobra requirió mucha redistribución de fuerzas y el consiguiente tiempo, con lo que el ataque no pudo comenzar hasta las 17:00 horas. Pero Gideon Pillow lo desaprovechó, limitándose a seguir presionando, sin éxito, sobre la línea del Brigadier Wallace. Quizá, al ver que el enemigo no contraatacaba ni aportaba nuevos refuerzos, se hacía la ilusión que aquella era la última resistencia de los unionistas.

En las trincheras, la brigada secesionista de John C. Brown resistió con cierto estilo al principio. Pero Lauman la superaba en número y tras tomar posiciones con una presión calculada, a la media hora de combate hundió su flanco con un asalto a la bayoneta de su regimiento más veterano, el 2º de Iowa del Coronel Jim M. Tuttle, que había combatido en Wilson’s Creek.

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Contrataque federal en la tarde del 15 de Febrero de 1862, Fort Donelson

Los contarataques secesionistas, a cargo del 2º de Kentucky del Coronel Roger W. Hanson, fueron rechazados, y por la brecha se introdujo la batería de Missouri mandada por el Capitán Stone, cuyo fuego barrió de enfilada las posiciones confederadas hasta que Brown se vió obligado a retirarse, dejando el campo a los yankees. Los federales habían pasado y se habían clavado al terreno aguantando sin ceder hasta que cayó la noche.

Al tiempo, en la derecha de la Unión, Lew Wallace organizó un contrataque con tres brigadas (M.L Smith, C. Cruft y L. F. Ross) y a la señal del Coronel Smith, se encendió un cigarro, se lanzaron al asalto recuperando todo el terreno perdido y expulsando a la brigada de Drake de la colina que dominaba el camino hacia Wynn’s Ferry. Las fuerzas de Pillow se replegaron a sus líneas de partida ante el asalto que ahora era apoyado por las otras dos brigadas y así nos encontramos de nuevo en el punto de partida del día.

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Ataque del Coronel Morgan L. Smith en Fort Donelson, 15 de Febrero de 1862.

Ahora la fuerza princial de Pillow se encontraba de nuevo dentro del cerco y amenazada de ataque por la retaguardia, y aprovechando la caída de la noche, regresó muy desmoralizada a Fort Donelson. Los federales habían sufrido unas 2.100 bajas, por 2.000 confederadas, y en aquellos mismos momentos zarpaba uno de los vapores de evacuación, con 1.500 heridos confederados y unos 300 prisioneros de la Unión.

Esa noche se celebró en el fuerte asediado una segunda conferencia, aún más frenética que la de la noche anterior. Pillow mantenía, sin gran convencimiento, que era preciso aguantar otro día y repetir el intento, ahora con una salida nocturna. Pero Buckner alegaba que eso costaría dos tercios de la guarnición. (Quizá hasta se quedaba corto, teniendo en cuenta el desánimo de la tropa y su falta de entrenamiento nocturno). Su conclusión era que sólo quedaba rendirse.

Floyd daba la razón a Buckner, pero asegurando que él personalmente no podía caer prisionero. (Ninguno de ellos parecía pensar en, simplemente, defender el fuerte). Al fin Floyd dio instrucciones para la rendición, pero pasando para ello el mando a Pillow y asegurando que abandonaba el fuerte. Dicho y hecho, partió aprovechando la noche en el último vapor que quedaba junto al fuerte, con algo más de 1.500 hombres (oficiales, especialistas, y el Coronel McCausland y su brigada que habían llegado con él).

Pillow estalló en furia y aseguró que, odiando la idea de caer prisionero, iba a hacer lo mismo, pasando a su vez el mando a Buckner. Este se había ofrecido para ocuparse de la rendición, pero no esperaba que se lo aceptaran, pues el protocolo militar de la época declaraba lo correcto, que el comandante de una plaza cercada, igual que el capitán de un barco, fuera el último en abandonarla. Y Pillow desapareció también río arriba, usando algunas barcazas que quedaban a mano, llevándose un grupo de oficiales y mandos, además de algunas tropas. Entre ellos estaban los Coroneles William Baldwin y Bushrod Johnson, pero para su número total se barajan cifras entre 200 y 800 hombres.

Todo el fuerte sabía que ya la rendición iba a ser al día siguiente, y a poco se presentó ante Buckner, el Teniente Coronel Nathan Forrest, al que dijo lo siguiente: “No he venido aquí para rendirme”, y obteniendo permiso para huir con cuantos jinetes se ofrecieran a seguirlo. Y así lo hizo, escapando con ellos al galope por la zona embarrada y lisa que las riadas habían dejado junto al cauce del río y los federales se habían olvidado de cerrar.

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Nathan B. Forrest escapa de Fort Donelson

Los yankees no esperaban una fuga por aquel lugar tan abierto y apenas lo cubrian. Pero para los jinetes de Forrest, cifrados entre apenas 400 y 600, según las fuentes, presentaba la ventaja de permitirles cabalgar de noche mejor que por el bosque. De manera que lo cruzaron en un abrir y cerrar de ojos y se alejaron hacia sus líneas, con apenas un breve intercambio de disparos con el enemigo.

Grant, que el día anterior no había dejado de pasar apuros, supo el significado de éstas huídas. Y cuando en la mañana del 16 de Febrero de 1862, domingo, Buckner le hizo llegar un parlamentario bajo bandera de tregua para pedirle condiciones de rendición, su respuesta estaba preparada: unicamente podía admitir la rendición incondicional.

Y tras un intervalo decente de deliberación, la fortificación confederada floreció de banderas blancas. Los prisioneros no fueron contados, y hoy se cifran entre 11.000 y 14.000 ó más. Pero la cifra más probable parece ser en torno a los 12.000, lo que con más de 4.000 hombres huidos o evacuados en las últimas horas, más de 2.000 muertos en el combate del día anterior y otras bajas evacuadas anteriormente, nos lleva de nuevo a la cifra de 16.000 ó 17.000 hombres como fuerza original de la defensa.

El botín de los nordistas incluyó además una setentena de cañones, casi 18.000 fusiles (aunque tan anticuados como los que ellos mismos portaban), carros, caballos, suministros, municiones, pólvora de fusil y cañón y gran cantidad de tiendas de campaña, mantas y toda clase de equipos y utensilios de campaña. El Coronel Bausenwein, un ex-soldado alemán algo simple que mandaba el 58º de Ohio, primer regimiento de la Unión que entró en Fort Donelson y por tanto primero en evaluar el botín conseguido, casi fue víctima de un ataque de puro júbilo.

Era la más aplastante victoria jamás lograda por un ejército estadounidense, y la Prensa del Norte se volvió loca. Sólo existía por entonces una foto de Grant vestido de general, (con sombrero “Hardee” y una barba larga y cuadrada, cuidadosamente alisada, con cepillo, y colgando sobre el pecho), pero a la Prensa le encantó la coincidencia de las iniciales de Ulysses Simpson con las de United States y las de “Unconditional Surrender”, (los términos de rendición que había exigido), y lo rebautizó Unconditional Surrender Grant.

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Capítulo XXVI: El nuevo frente en el Mississippi

El Presidente Lincoln, envió a Grant por propia iniciativa el ascenso a Mayor General de voluntarios y tampoco se olvidó de algunos subordinados. Los Coroneles Lauman, por su contraataque la tarde del día 15, y Oglesby y William Wallace, por su dura defensa en la mañana de ese día, fueron ascendidos enseguida a brigadieres. Y Coroneles como John Logan y Thomas Ransom fueron apuntados para el primer mando de brigada que quedara disponible. Como en el caso de Logan’s Cross Roads, la reacción en el Sur fue un poco inversa.

En efecto, Lloyd y Pillow respondieron por sus extrañas escapadas ante sendos consejos de guerra, siendo el primero expulsado deshonrosamente del Ejército, y Pillow privado del mando para siempre. (Ambas sentencias muy indulgentes tras tamaño desastre y en tiempo de guerra). El rayo no cayó en cambio sobre los coroneles que les habían acompañado, y la rápida fuga de Nathan B. Forrest cayó en gracia, valiéndole el grado pleno de Coronel y el ser objeto de una confianza que hasta entonces no se le había dispensado. En tanto, Buckner sería ascendido a Mayor General en Septiembre, cuando complicadas negociaciones obtuvieron su liberación y regreso al Sur.

La acción de Grant daba frutos colaterales. Ya el 14 de Febrero de 1862, en pleno bombardeo de Fort Donelson, el confederado William Hardee evacuaba Bowling Green por orden de Albert Johnston, que buscaba una concentración sobre Nashville. Al día siguiente la ocupaba la división unionista de la fuerza de Buell, mandada por el astrónomo Ormsby McKnight Mitchell; (a Thomas se le había mandado retroceder, y un tardíamente arrepentido Halleck acababa de asignar la de Nelson a la fuerza de Grant hasta que la de Hurlbut estuviese operativa).

Mientras, ese mismo día 15 de Febrero se producía el gran combate de Fort Donelson, y el jactancioso Pillow bombardeaba Nashville con telegramas de victoria hasta las 17:00 horas. (Obviamente estuvo seguro de la victoria hasta el mismo momento del contraataque de Lauman). No se recibieron más noticias hasta que en la mañana del domingo 16, y precisamente cuando “todo Nashville” celebraba un acto religioso de acción de gracias por la victoria, llegó como un mazazo la noticia de la rendición. (Fue sin duda esto y no otra cosa, lo que le costaría a Pillow su carrera militar).

“Ayudado” por lo inesperado de la noticia, el Gobernador de Tennessee, Isham Harris, perdió la cabeza, convirtiéndose él y los suyos en propagadores de un verdadero pánico. Muchas gentes, convencidas por la propaganda de guerra, de que los unionistas eran algo así como las hordas de Atila, huyeron desesperadamente de la capital del Estado, mientras se hacían intentos de quemar el algodón recogido, (que acababan a menudo en que el fuego se propagaba a los edificios), y se producían saqueos, deviniendo la situación de Nashville en caótica.

En tal caos, Albert S. Johnston, que en cualquier caso hubiese tenido una difícil papeleta para defender Nashville, no vió oportunidad de hacerlo. Menos aún cuando Grant, que no se dormía en los laureles del éxito, había aprovechado la desaparición del obstáculo de las baterías de Fort Donelson para enviar Cumberland arriba, hacia Clarksville, a la baqueteada flotilla de Foote, seguida por la orilla por la división de John Eugene Smith. Foote se posesionó de Clarksville en 24 horas y para el 20 de Febrero de 1862 llegaban las tropas de Smith para afianzar la ocupación.

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Era casi el último punto defendible entre Fort Donelson y Nashville, a mitad del camino. Y presionados a la vez por el Norte por el ejército del Ohio unionista de Don C. Buell, Johnston y Hardee no vieron más solución que evacuar la ciudad y concentrarse más al Sur, sobre el nudo ferroviario de Murfreesboro. Buell ocuparía Nashville el 23 de Febrero de 1862.

Columbus también debía ser evacuado, aunque a proposición de Beauregard, ahora segundo de Johnston, se decidió a reanudar el bloqueo del Mississippi en el New Madrid Bend. De hecho, el propio Beauregard fue encargado de organizar esta defensa, librando al Obispo Polk, que con la División de Benjamin Cheathamm, fue a integrarse en otros frentes. Columbus fue evacuado entre el 25 de Febrero y el 1 de Marzo. Y el 3 de Marzo, cuando la al fín próxima división de Sherman se disponía a ocuparlo, se le adelantó un destacamento de ingenieros del mando del Ejército de Grant, mandado por otro personaje ya conocido: el ahora Coronel George Washington Cullum.

Al tiempo, las fuerzas de John Porter McCown y Alexander Peter Stewart, procedentes de Columbus, se unieron bajo Beauregard a la defensa del New Madrid Bend, donde ya se encontraba la de William W. Mackall, en aquellos mismos días ascendido a Brigadier.

Dos particularidades presentaron el mando de Pierre T. Beauregard en aquella zona. Una, que necesitando un Jefe de Estado Mayor que sustituyese a Thomas Jordan, ahora cedido a Johnston, tomó en calidad de tal a todo un príncipe, el Coronel Príncipe Camile Armand Jules Marie de Polignac, un oficial francés veterano de la Guerra de Crimea. Y dos, que con su verbo fácil y exagerado, Beauregard lanzó una campaña de concienciación patriótica en las tierras confederadas del Mississippi, centrada en una empresa de recogida de objetos de bronce destinada a la fabricación de cañones, tras la perdida masiva de estos en Fort Donelson, eran un material muy escaso. Como la resistencia del New Madrid Bend no iba a ser muy sobresaliente, y buena parte del bronce recogido acabaría por caer en manos norteñas, los periódicos unionistas se reirían bastante de los afanes de Beauregard. Sin embargo, es claro que su actividad hizo mucho por endurecer la voluntad de resistencia de la población civil de la zona.

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Camile Armand Jules Marie de Polignac, CSA

De hecho en aquellos días los trabajos de fortificación de la ciudad de Vicksburg (Mississippi), iniciados un año antes como iniciativa estatal para controlar el gran río, y que habían languidecido después, pese a que a fines de 1861 fue enviado desde el Este para galvanizarlos el ya Coronel de Artillería surcarolino Stephen Dill Lee, se reemprendieron con mayor ímpetu.

Por su parte, Albert S. Johnston volcaba sobre su frente todos los refuerzos posibles. Desde el sur llegaban los Brigadieres Adley H. Gladden y Jonas M. Withers con contingentes adicionales de los ejércitos de Pensacola y Mobile, a cargo de cuyos remanentes quedaron respectivamente el artillero Brigadier Samuel Jones y el Coronel John Bordenave Villepique, un ingeniero especialista en problemas de fortificación. Y hombres como el Mayor General Braxton Bragg y el Brigadier Daniel Ruggles, (al que vimos como jefe de regimiento en Bull Run y en el “interim” había comandado la Milicia de Louisiana), reclutaban nuevas fuerzas en los estados del Deep South.

También a Tennessee Oriental fue preciso enviar refuerzos, procedentes mayormente de West Virginia, como las unidades de los Brigadieres Henry Heth y Daniel Smith Donelson. Esto arruinó la concentración de la fuerza confederada del Kanawha, mandada a partir de ahora por el Brigadier Alexander Robert Lawton, que estaba logrando prolongar la tranquilidad en aquel frente. Para mandar la concentración de East Tennessee sería designado el ya Mayor General Edmund Kirby Smith, repuesto de su herida de Bull Run.

Al otro lado del Mississippi también el Brigadier unionista Samuel Ryan Curtis, aprovechó la noticia del avance de Grant que le pondría muy difícil a su rival Price el lograr refuerzos. De inmediato, Curtis salió de Lebanon el 11 de Febrero, buscando aprovechar la oportunidad para tomar Springfield.

El que no sacó el partido esperado de la victoria fue el propio Grant. Este se encontró que Halleck, al que su incursión a través de Kentucky ya había espantado, se negaba en redondo a permitirle cruzar Tennessee de la misma forma. Grant, cuyo Ejército había sido redenominado “del Tennessee”, trató de forzarle la mano enviando río arriba al 32º de Illinois con las cañoneras rápidas “Lexington” y “Tyler”. El 2 de Marzo ésta fuerza se apoderó tras un pequeño pero intenso combate, que les costó 10 bajas, del desembarcadero fluvial denominado Pittsburg Landing, en el extremo Sur de Tennessee.

A sólo 15 millas de Corinth, esta valiosa cabeza de puente demostraba que la toma de tal localidad era perfectamente posible. Pero ni eso rompió la determinación de Halleck, que para impedir a Grant toda “aventura” le retiró de inmediato la flotilla de Foote y los vapores de transporte. Su idéa era que antes de comenzar una nueva penetración, sus ejércitos debían alinearse convenientemente.

Eso significaba que Buell debía de estar sólidamente instalado en Nashville, su ala izquierda avanzando hacia el Cumberland Gap en el Este, y el nuevo ejército de John Pope, ya listo para operar y denominado Ejército del Mississippi, haber iniciado el acoso al New Madrid Bend. Para lo cual, claramente, las cañoneras de Foote y la flota de transporte debían pasar al Mississippi. (Es obvio que Halleck no serviría para la “Blitzkrieg” al estilo del s.XX).

Mientras, otra campaña de la Unión conmovía a la opinión pública tanto como la de Grant, o aún más por producirse en el Este. Era la de los Sounds norcarolinos, en la que Ambrose E. Burnside y el Flag Officer Goldsborough, habían iniciado el 5 de Febrero. Y para el 15 de Febrero se había ocupado Elizabeth City y Edenton, cuasando en esta campaña 2.000 bajas a los rebeldes, casi todos prisioneros, a cambio de unas 300 propias, incluyendo una treintena de los marinos. Más al interior, del 18 al 20 se ocupó Winton, en el Chowan Clyde junto al Roanoke River, pero se renunció a capturar el importante puerto de Plymouth. Como ya vimos en un capítulo anterior.

Estos primeros meses de 1862 estaban siendo los mejores, desde el inicio del conflicto, para el Norte. Pues al mismo tiempo se conseguía una importante victoria en el Oeste como en el Este.


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