PLANES PARA UNA COLONIZACIÓN (1840 – 1898)
El siglo XIX, las potencias europeas empiezan a buscar con más ahínco territorios fuera de su propio continente. Fruto de esta política, en 1830 Francia intentará comprar la isla de Basilan a la corona española, que se negó, respondiendo con una mayor presencia española en la zona. Así, poco a poco se empiezan a trazar los primeros planes de colonización de la isla, que es dividida por primera vez en distritos.
Uno de los primeros gobernadores generales en diseñar estos planes fue Pedro Antonio Salazar, quien a pesar de su corto gobierno (1835-1837), lideró el cambio de política en la región. Tal vez imitando al modelo colonial que con éxito hacía décadas que desarrollaban otras potencias europeas, cambió la orientación de la política española en Filipinas, pasándola de la búsqueda de objetivos de “conversión religiosa y conquista militar” a otros meramente de “beneficios económicos”. Así, poco después se firmaría un tratado de paz y comercial con el sultán de Joló, ratificado por su sucesor, que no solo permitió cierta calma en la zona; sino que cuando el sultán de Mindanao se revolvió y trató que su hijo ocupara el trono del de Joló, los españoles vieron una inmejorable oportunidad para intervenir en Mindanao, sabiendo que, al menos en esta ocasión, Joló no sería la base logística de sus enemigos.


A ello se le debe sumar en la década de 1840, un salto tecnológico cualitativo permitirá empezar a dominar el mar: la aparición de los buques a vapor. Ello permitirá, durante el gobierno de Narciso Clavería (1844-1849), la recuperación de zonas estratégicas para España, especialmente en el archipiélago de Sulú.
Y a los barcos de vapor, se le sumó una nueva generación de marinos excepcionales, como Méndez Núñez que, una a una, irán batiendo las flotas de piratas moras que pertinazmente se hace a la mar. De hecho, Méndez Núñez pronto destacó en diversos combates navales frente a los datus moros, lo que le valió el ascenso a Capitán de Fragata en 1861. Poco después, hubo de encargarse de la rebelión del rajá de Buayán, que se parapetaba en la cota (fuerte) de Pagalungán, considerada inexpugnable. Su ataque se caracterizó por una audacia y una valentía que rayaba la temeridad. Entre sus oficiales, se encontraban en teniente de navío Malcampo (Gobernador General de Filipinas unos años más tarde) y el alférez de navío Pascual Cervera (futuro héroe en la Guerra de Cuba). El ataque acabó con una victoria aplastante de los españoles; que podrán volver a ocupar plazas que se habían perdido con anterioridad.
Así, a la ocupación de Tumbao sigue la de Tavirán y otros puntos secundarios, que aseguraron de una vez y por completo la dominación de aquella parte de Mindanao.
El inicio de la década de 1870, ve como varias expediciones españolas, acaban fracasando, llegando a tener que retirarse de zonas previamente conquistadas, como el fuerte Bonga o puntos avanzados en la región de Río Grande.
Sin embargo, la toma y ocupación de Joló en 1876 por el general José Malcampo15 concluyó con el más firme baluarte de la piratería. Los efectos positivos en Mindanao son inmediatos, ya que el archipiélago de Sulú (del que la isla de Joló era la mayor y principal), era de donde se nutrían de armas, armas y pertrechos los moros rebeldes, cuando no de escondite. Perdiendo su principal base de apoyo logístico, se presume que puede llegar el declive de los moros de Mindanao. De hecho, es a partir de ese momento, cuando empiezan a dar acto de presencia “juramentados”, musulmanes que juraban morir abatiendo cristianos16.


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Medalla de Joló. Fuente: Colección propia.
En 1887, el gobernador general de las Filipinas, el general Emilio Terrero, inicia una amplia campaña en isla, encabezando a un ejército de 3.400 hombres, que con muy pocas bajas, consigue dominar el curso medio de Río Grande, sometiendo al temido datu Utto, ocupando y estableciendo los destacamentos de Bacat, Cudaranga, Lion y Pirámide. Pero tan pronto como se retira, los moros, una vez más, vuelven a las andadas. Más adelante, el propio Terrero recomendó un cambio de política aplicada en estos territorios con la idea de aceptar el Islam y su organización socio–política. Terrero señaló que estaban tan fuertemente arraigados y era prácticamente imposible implantar allí el catolicismo y la “cultura occidental,” por lo cual propuso que, si se quería tener una convivencia pacífica, la tolerancia religiosa fuera garantizada por las leyes
Pero la llegada del resolutivo general Valeriano Weyler17, daría al traste con cualquier tipo de política pacificadora, ya que se propuso dar un nuevo impulso al sometimiento de los datus de Mindanao por la vía militar. Especialmente en las zonas del Río Grande y de la laguna de Lanao. Empieza la construcción de “trochas” (caminos militares fortificados). Si bien una revuelta en las islas Carolinas a mediados de 1890, retrasará la nueva campaña en Mindanao. En 1891, retoma las acciones en Mindanao, repartiendo armas entre los colonos y expidiendo un decreto organizando un somatén armado en los distritos de Misamis y Dapitan, con organización y reglamento parecidos a los del somatén de Cataluña. Seguidamente, establece destacamentos en Barás, Parang-Parang y Malabang en la bahía Illana, lo que dificulta las comunicaciones y movimientos de los moros rebeldes. El paso culminante lo da en agosto de 1891, atacando y destruyendo la ranchería de Marawi (Marahui o Marahuit en los textos españoles de la época), en el lago Lanao. Pero el resultado de esta operación repite los patrones anteriores: brillante victoria militar, pero que no se puede consolidar por falta de efectivos. Se abandona el fuerte destruido con tanto sacrificio, para que, en unas semanas (meses a los sumo), vuelva a ser reconstruido.
Weyler además incitaba a que en las inmediaciones de los fuertes españoles, se fueran estableciendo poblados, autorizando a los soldados a instalarse con sus familias, facilitándoles tierras de cultivo. Todo ello, con la intención que al licenciarse, los soldados se quedaran en aquellos territorios, formando la base de las poblaciones y asentamientos españoles, como ya los había en Luzón y las Bisayas. Asimismo, Weyler acordó dar todo tipo de facilidades a los filipinos de las mencionadas islas que se quisieran establecer en Mindanao18. El mallorquín también tuvo la idea de establecer una colonia penitenciaria en las inmediaciones del lago Lanao, pero el proyecto no llegó a materializarse.
González Parrado19 nos informa de cómo quedó la composición del ejército español, tras la campaña de Weyler:
- Regimiento de Infantería nº 69: 1.291 efectivos
- Regimiento de Infantería nº 71: 1.291 efectivos
- Regimiento de Infantería nº 73: 411 efectivos
- Artillería: 132 efectivos
- Caballería: 70 efectivos
- Ingenieros: 273
- Batallón Disciplinario: 590
Lo que suma un total de 4.018. Por aquel entonces, explica González Parrado, la actitud militar frente a los sultanatos moros es puramente defensiva, “destinada a contener, por la fuerza, sus agresiones y desmanes” 20. Para el insigne general, ya que no se puede conseguir un flujo migratorio que permita colonizar el territorio, lo mejor es preservar el statu quo, hasta que la situación militar permita realizar otra ofensiva.
En esa misma época, Canella Secades nos informa que las islas de Joló y las de Tavi-Tavi, están prácticamente desguarnecidas21. Se debe mejorar la situación del ejército en general.
Weyler es sustituido por el general Despujol22, que baja la intensidad de la campaña en Mindanao. Los refuerzos no llegan. Las reformas que se solicitan en el ejército desde los altos mandos, tampoco.
Finalmente, el siguiente gobernador, el general Ramón Blanco23, volverá a dar un impulso a la conquista de la región del lago Lanao, bastión de los moros rebeldes. A pesar de que, paralelamente, debe hacer frente a una revuelta en Luzón.
Blanco coloca al general Parrado al mando de unos 3.000 ó 5.000 hombres, dependiendo de las fuentes, todos ellos batallones de cazadores e infantería de marina; ya que los batallones de infantería de línea estaban comprometidos en la campaña de Cuba. Volverán a conquistar el fuerte de Marawi, que ya había conquistado Weyler y que, tras abandonarlo, los moros habían reconstruido. Cae en marzo de 1895, muriendo en el combate el indomable datu Amai Pakpak, junto a su hijo y otros 23 datus. Siendo así mismo cuantiosas las pérdidas de guerreros maranaos y de españoles, de los que fallecen 194, entre españoles y filipinos aliados. Seguidamente, Blanco tratará de emprender una política de corte diplomático, en la que acabará reconociendo la autoridad de los líderes locales, si es que no hay autoridades españolas para administrar justicia, así como el respeto a la religión islámica y las costumbres locales.
El sábado 12 de octubre de 1895, se publica en la Gaceta de Madrid el Real Decreto del Ministerio de la Guerra por el que se crea la Medalla de la Campaña de Mindanao, con el siguiente articulado:
1º Se crea una medalla en recuerdo de las penalidades y de los gloriosos hechos de armas de las campaña de Mindanao en los años 1890, 1891 y 1894, 1895, que, a la vez, sirva de merecida recompensa a cuantos han expuesto su vida por la Patria, soportando con entereza las privaciones y las fatigas y arrostrando con valor los peligros en aquella apartada región.
2º Las expresadas campañas se indicarán por medio de pasadores de oro colocados en la cinta de la medalla.
3º Tendrán derecho a ostentar dicha condecoración todos los individuos del Ejército y de la Armada y los voluntarios que hayan concurrido a dichas campañas y los de la clase civil que en cualquier concepto, pero debidamente autorizados, hubieran acompañado al Ejército en las operaciones activas y asistido a funciones de guerra.
4º Será condición indispensable para obtener la medalla haber tomado parte en un hecho de armas, y permanecido, a lo menos, un mes en operaciones, a no ser que lo hayan impedido heridas recibidas en acción de guerra o enfermedades adquiridas a consecuencia de las penalidades de la campaña.
5º El Ministro de la Guerra queda encargado de la ejecución del presente decreto.


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Medalla de Mindanao, con pasador de 1890-1891. Fuente: Colección propia.
A finales de 1896, es designado Gobernador General de Filipinas al general Polavieja24, quien, juntamente con su sucesor, el general Primo de Rivera, orientarán sus inagotables esfuerzos y escasos recursos a sofocar la revuelta tagala de las islas septentrionales de Filipinas. Así, con el fin de eliminar el apoyo que recibían los insurrectos de la población civil, Polavieja tomará algunas medidas adoptadas por Weyler en Cuba. Procederá a concentrar la población rural de las provincias de Batán, Bulacán, Manila, Cavite, Morong, Laguna y Batangas. Unos meses más tarde, la situación queda controlada en todas las regiones, excepto en Cavite y Batangas. En el resto de territorios, una vez más, la guerra de guerrillas impedirá consolidar lo conseguido en el campo de batalla25. En parte por la falta de medios, en parte por sus problemas de salud, Polavieja abandona las Filipinas, siendo sustituido por Primo de Rivera, quien, tras iniciar exitosas operaciones militares, firmará los polémicos acuerdos de Biac-na-Bató.
Según Togores, sin la intervención de los Estados Unidos (primero de carácter político y conspiratorio y luego militar), España habría logrado con toda seguridad la pacificación de Filipinas (…) La intervención norteamericana precipitó los acontecimientos, quitando a España su más importante posesión en el Pacífico y retrasando décadas el nacimiento de una República Filipina verdaderamente independiente26.


CONCLUSIONES
¿Por qué no se conquistó Mindanao? Obviamente, no hay una única razón, sino que es un cúmulo de circunstancias que he tratado de resumir en los siguientes factores:
El factor geográfico y la escasez de recursos. Mindanao no es una isla precisamente redonda. Al contrario, está repleta de accidentes geográficos, que prácticamente habilitan cualquier bahía para que se convierta en un fortín inexpugnable. Por no hablar de su accidentado interior. Así, si tenemos en cuenta que la superficie de la isla es de unos nada desdeñables 99.000 km2 27 el ejército español en muy pocas ocasiones, contó con un contingente superior a los cuatro mil efectivos, los cuales, sobre la base de penosos sufrimientos, podían derrotar a un sultán rebelde y someterlo durante unas semanas, pero como hemos visto, invariablemente, a la que recuperaban fuerzas y los españoles menguaban en número, se volvían a alzar contra los invasores.
El factor social. En primer lugar, porque a los nativos de la isla no les interesó convertirse en súbditos españoles. Por un lado, estaban los sultanatos mahometanos, quienes eran reacios a los españoles desde el siglo XVI, y en quienes no veían ninguna ventaja en mantener por largo tiempo sus acuerdos con la Corona Española, y para quienes eran mucho más rentables las acciones de piratería y saqueo. Por otro lado, estaban las sociedades de indios, quienes eran de naturaleza más pacífica y quienes se sometían con menos dificultades. Pero unos y otros eran impermeables a la denodada acción de los misioneros que trataron convertirlos al catolicismo generación tras generación, y siempre con un resultado negativo, tal y como reconoce el propio González Parrado. Lo que nos lleva a hablar del siguiente factor, íntimamente ligado a éste.

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Teniente de Infantería de Marina español destinado en Filipinas. Fuente: colección propia.

El factor religioso. El ejército español iba invariablemente acompañado, cuando no precedido por un ejército de misioneros. Al Gobierno español le preocupaba sinceramente la salud espiritual de sus súbditos (puede que más que la física), y por ello insistía con un empeño digno de encomio, a conseguir la conversión de los súbditos de Ultramar. Si en América, en líneas generales, se puede decir que la evangelización fue un éxito; en Mindanao, estamos muy lejos de poder afirmar lo mismo, ya que si bien Jesuitas, principal pero no exclusivamente, trataron de convertir a los infieles moros, éstos se resistieron con pertinaz tozudez. Recordemos que el sultán Kudarat era descendiente del hombre que llevó el islam a las Filipinas, por lo que la suya no era una guerra únicamente política. Curiosamente, cabe decir que he leído en algún texto filipino que consideraban al gobierno colonial español como una Teocracia.
González Parrado recomienda que no se “violenten las creencias religiosas de los moros, ni por tal razón, una vez sometidos, ha de dejar de dispensárseles toda la protección de nuestras leyes, dentro de las cuales puedan vivir en Mindanao tan tranquilos y amparados, como en cualquiera otra parte de los dominios españoles”28, tal y como empezó a aplicar su superior, el general Blanco, cuando, desgraciadamente ya era demasiado tarde para mantener la presencia española en aquellas latitudes.
Aquí, cabe añadir que potencias europeas, cuya orientación colonial estaba más orientada al comercio que a la salvación de almas, les fue bastante mejor. Recordemos que los británicos dominaron la India (incluyendo los territorios de Bangladesh y Pakistán, territorios que sumaban unos cien millones de habitantes), con menos de tres mil funcionarios británicos (eso sí, mayoritariamente escoceses), pero con una política religiosa como la recomendada por González Parrado.
El factor político. No hubo una línea política fija desde la metrópoli a la hora de afectar el “problema de Mindanao” (por extensión, el “problema filipino”). Cuando no, una lamentable ceguera. Hemos visto que muchos de los principales Gobernadores Generales estuvieron unos dos años al mando de la administración de las islas, tiempo insuficiente para consolidar algún tipo de reforma. Por no mencionar, la acción de algunos miembros de la Iglesia, actuando abiertamente como un contrapoder. Por otro lado, tratada como una mera colonia, cuando algunos filipinos, como José Rizal, pedían estar representados en las Cortes Españoles (como lo acabó siendo Cuba) o, incluso, la total asimilación con España. Las reiteradas negativas, alimentaron el partido independentista.
Estos factores explicarían por qué, tras intentarlo durante más de 350 años, los moros de Mindanao siguieron siendo tan refractarios al poder español. Algo similar les ocurrió a otras potencias europeas. Por ejemplo, ante un enemigo similar, los británicos fueron incapaces de dominar a los afganos. Si bien, ellos se limitaron a enviar dos expediciones, que se saldaron con sendos fracasos29. Pero no hace falta irse hasta el siglo XIX para buscar correspondencias con el caso de Mindanao. Nuestra contemporánea invasión de Afganistán nos sirve para ilustrar siglos de fracasos en el intento de dominar la isla filipina.
Como se suele decir, fuimos de victoria en victoria hasta la derrota final.

NOTAS
15José Malcampo Monge (San Fernando, 1828 – Sanlúcar de Barrameda, 1880), era el marqués de Santa Rafael y, tras la campaña de 1876, Alfonso XII le concedió los títulos de conde de Joló y vizconde de Mindanao.
16 Los “juramentados” eran lo que hoy en día vienen a conocerse como “terroristas suicidas” o “terroristas kamikazes”. Este movimiento tiene su origen en la secta medieval de los hashshashín o Secta de los Asesinos, quienes se inmolaban, pero para asesinar rivales político-religiosos. Hoy en día son tristemente famosos por ir ligados a la mayoría de movimientos yihadistas, des de Al Qaeda (sunitas) a Hamas (chiitas). Como nos explica Alberto Piris, las tropas estadounidenses que sustituyeron a los españoles también sufrieron en sus carnes los ataques de los juramentados. Si bien, pudieron terminar con dicha amenaza colocando los cadáveres de los juramentados en una plaza pública, cubriéndolos con un cerdo abierto en canal. Siendo el cerdo un animal impuro para los musulmanes, los presuntos beneficios de la yihad quedaban anulados por dicho ritual mortuorio.
17 Valeriano Wyeler i Nicolau (Palma de Mallorca, 1838 – Madrid, 1930), marqués de Tenerife, duque de Rubí y grande España. Si hay militares expertos en las guerras africanas, Weyler podría considerarse como experto en las campañas antillanas, que fue donde desarrolló la mayor parte de su carrera militar. Cabe decir que el historiador Emilio de Diego lo denomina “antillista”. De hecho, en 1861, recibe la Cruz Laureada de la Orden de San Fernando por una acción en Santo Domingo. También luchó en la Tercera Guerra Carlista y, tras su paso por Filipinas, es nombrado Gobernador General de Cuba, donde llevará a la práctica su polémica política de “Reconcentración”, que se estima que mató entre 300.000 a 500.000 civiles cubanos. A su vuelta a España, desempeñó diversos cargos políticos, hasta la dictadura de Primo de Rivera, con quien se enfrentó, retirándose de la vida pública.
18 Canellas Secades, idem., p. 45.
19 González Parrado, ídem., p. 84. La Plana Mayor y el resto de efectivos del Regimiento de Infantería nº 73 estaban en Manila.
20 González Parrado, ídem., p. 88-89.
21 Canella Secades, 1895, p. 13.
22 Eulogio Despujol i Dusay (Barcelona, 1834 – Ribarroja de Turia, 1907). Empezó a destacar como militar en la Tercera Guerra Carlista. Por su brillante actuación en Caspe, Alfonso XII lo nombra conde de Caspe (1878). Posteriormente, desempeñó el cargo de Gobernador en Puerto Rico y Filipinas; donde desarrolla una política mucho menos belicosa que su antecesor Weyler, lo que no le libró de sufrir un atentado por parte de una “juramentado”, aunque sin consecuencias. De regreso a España, fue nombrado senador vitalicio.
23 Ramón Blanco y Erenas (San Sebastián, 1833 – Madrid, 1906). Mantuvo una intensa actividad política y militar en primera línea de combate durante las últimas décadas del siglo XIX, así que sorprende que su nombre haya quedado en un relativo olvido, si bien puede ser por su carácter, mucho menos contundente en lo militar que algunos de sus coetáneos, como Weyler o Polavieja, lo que le podría restar popularidad. De hecho, en dos ocasiones sustituyó en el cargo al impulsivo Weyler. Participó en la Tercera Guerra Carlista y en las guerras antillanas. En 1897, Sagasta lo nombre Capitán General de Cuba ya que piensa que sólo un hombre con sus dotes diplomáticas será capaz de detener lo que ya era irreversible: la pérdida de Cuba.
24 Camilo García de Polavieja y del Castillo-Negrete (Madrid, 1838 – 1914). Si bien procedía de familia acomodada, la muerte de sus padres lo deja en una difícil situación económica, pero que no le impide entrar en el ejército en 1858, si bien fue como soldado raso. Lucha en todas las guerras de su época, como la guerra de Marruecos, donde destaca en la batalla de Wad-Ras), la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba. Consigue ascender en la escala de oficiales, merced a sus extraordinarias dotes militares: de teniente (1864), a brigadier (1876). En 1895, es nombrado marqués de Polavieja. Tras su regreso de Filipinas, fue condecorado con la Gran Cruz de la Orden de San Fernando y desempeña numerosos cargos públicos, como el de director general de la Guardia Civil. Cabe decir que tuvo una excelente relación con Alfonso XIII y su madre, la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena. Además, era una persona tremendamente querido y admirado entre pueblo llano, como se vio en su recibimiento procedente de las Filipinas. Se le conocía como el “General Cristiano”.
25 Togores Sánchez
26 Togores Sánchez
27 Comparativamente, por superficie, la mayor CCAA en España es Castilla y León, que cuenta con 94.000 km2. A nivel europeo, esa isla es mayor que Portugal o Austria, que cuentan con 92.000 km2 y 84.000 km2, respectivamente.
28 González Parrado, ídem., p. 93.
29 La Primera Guerra Anglo-Afgana (1839-1842), donde destacó la masacre del ejército británico en Gandamak; y la Segunda Guerra Anglo-Afgana (1878-1880), donde los británicos volvieron a ser masacrados, en este caso en la batalla de Maiwand.


BIBLIOGRAFÍA
CANELLA SECADES, Francisco de Borja: Filipinias. Reorganización de su Ejército. Edita Imprenta Catalana. Córdoba 1895.
FONTANA, Joseph: La Quiebra de la Monarquía Absoluto (1814-1820). Biblioteca Historia de España. Edita RBA. Barcelona, 2005.
GONZÁLEZ PARRADO, Julián: Memoria Acerca de Mindanao. Edita Ramírez y Cia. Manila, 1893.
NIETO AGUILAR, JOSÉ: Mindanao: Su Historia y Geografía. Edita la Imprenta del Cuerpo Administrativo del Ejército. Madrid, 1894.
ORTEGA RUBIO, Juan: Historia de la Regencia de María Cristina Habsbourg-Lorena. Editado por Felipe González Rojas. Madrid, 1905.
PIRIS, Alberto: Guerrilleros y Juramentados.
RODAO, Florentino: Los Bangsa Moros de Mindanao (2001). En: http://www.florentinorodao.com/articulo ... y_adaptación durante
TOGORES SÁNCHEZ, Luis E.: La Revuelta Tagala de 1896/97, Primo de Rivera y los acuerdos de Biac-na-Bató.


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