Capítulo XXXIV: Mayo-Julio 1862. La Campaña de la Península 2ªparte

Sobre la batalla de Williamsburg, dijo el General Barnard, “Hemos luchado, hemos perdido varios miles de hombres, y no hemos ganado nada. Si no hubiésemos peleado, al día siguiente sería la batalla, y con toda probabilidad, hubiera sido innecesaria. Pero, si hubiera sido necesaria, deberíamos haber tenido tiempo para traer nuestros recursos, reconocer la posición y realizado nuestro ataque de tal manera que hubiera salido algún resultado de él"
Esta reflexión realizada por el Brigadier General John G. Barnard, Ingeniero Jefe del Ejército del Potomac, al poco de la Batalla de Williamsburg refleja cual era el pensamiento general entre el generalato del ejército. Aunque lo más curioso es que ese pensamiento era nuevo, pues cuando habían desembarcado en la Península a mediado de Marzo con una fuerza de más de 120.000 hombres y 40 baterías pensaban que con realizar un avance decidido la guerra terminaría en pocas semanas. Pero el caso es que los 13.000 hombres del confederado Mayor General John B. Magruder fueron realizando una pantalla perfecta que ayudó a que el generalato unionista pensara lo mismo que su General en Jefe, George B. McClellan, y no era otro pensamiento de que los confederados siempre les doblaban en número.

 

La situación era que en dos meses de campaña el ejército más potente que se había visto en el continente americano sólo había conseguido avanzar unas escasas 50 millas y lo que se había planificado como un “paseo triunfal” estaba siendo un infierno de lluvia y barro. Y lo que era más evidente, el ejército confederado no terminaba de presentar una batalla decisiva pero tampoco dejaba de “aguijonear” y lo que era más evidente y dejó claro el General Barnard: “…no hemos ganado nada”.
El 16 de Mayo el Ejército del Potomac ocupaba White House Landing en donde instalaría su cuartel general. Esta hacienda era propiedad de W.H.F “Rooney” Lee, hijo del general confederado Robert E. Lee, propiedad que tiempo atrás había sido la residencia del Presidente Washington, antecesor de la mujer de Robert Lee. Destacable es mencionar la actitud de McClellan con respecto a la propiedad de uno de los generales rebeldes, el caso es que situó su tienda en las inmediaciones de la casa y colocó centinelas para evitar cualquier incidente contra la vivienda. Por lo demás la situación de la hacienda a las afueras de Richmond y junto al ferrocarril Richmond&York River la comunicaba con Eltham’s Landing y Cumberland Landing, y en estas tres posiciones se establecerían las bases de suministros del ejército unionista. Al tiempo que por medio del ferrocarril la artillería pesada sería llevaba hasta apenas 7 millas de Richmond.
Pero de nuevo nuestro “Pequeño Napoleón” no tenía prisa ninguna por llevar a cabo su “Plan Maestro” y decidió hacer otra reorganización de “su” ejército. El 18 de Mayo el Brigadier General Fitz John Porter recibió el mando del V Cuerpo y el Brigadier General William B. Franklin el mando del VI Cuerpo. Esto dejaba al Ejército del Potomac dividido en cinco cuerpos con dos divisiones cada uno. El total de efectivos disponibles era en ese día de unos 105.000 hombres.
Mientras tanto los confederados no habían estado de brazos cruzados. Tras la Batalla de Williamsburg en estas dos semanas habían tenido que replegarse tras el río Chickahominy tras frustrar el intento de flanqueo unionista al desembarcar en Eltham’s Landing, hundido el “CSS Virginia” al perder su base de Norfolk el 10 de Mayo y el día 15 un destacamento naval había intentado asaltar Fort Darling que se encontraba a tan sólo 7 millas al sur de Richmond. Pero esta vez la fortaleza y sus defensores habían realizado bien su tarea y se convirtió en el punto de partida del último dispositivo defensivo confederado que se interponía entre el Ejército del Potomac y Richmond. El General Joseph E. Johnston había retirado a sus escasos 60.000 hombres al sur del río Chickahominy al tiempo que había destruido casi todos los puentes que lo cruzaban aprovechó que las últimas lluvias habían inundado los llanos al Este de la capital convirtiéndolos en pantanos, dispusieron las posiciones más fuertes al Noreste de la ciudad.
No sería hasta finales de Mayo cuando los unionistas una vez construido algunos puentes para cruzar el Chickahominy comenzaron a amenazar más seriamente la capital confederada. Pero esta nueva disposición de sus fuerzas daba una excelente oportunidad al confederado Johnston, pues rápidamente fue informado que un tercio del Ejército del Potomac se encontraba al sur del río, teniendo como única vía de refuerzo unos precarios puentes, lo cual a la larga sería un serio problema para McClellan. Otro de los detalles a tener en cuenta es que si McClellan manejaba unos informes por parte de su “servicio de inteligencia” de la Agencia Pinkerton de que los confederados disponían de 200.000 hombres en los alrededores de Richmond, ¿cómo era que había tomado esa disposición de sus tropas?
Entre las escaramuzas que se producían a lo largo del frente de los dos ejércitos, los unionistas oyeron el rumor de que una fuerza confederada de unos 17.000 hombres estaba marchando hacia Hanover Court House, al norte de Mechanicsville. En caso de ser cierto esto era una seria amenaza contra el flanco derecho federal y se interferiría en la ruta de llegada del I Cuerpo de McDowell que debía reforzar a McClellan cuando avanzase desde sus posiciones junto al río Rappahannock. Así que se desplegó una fuerza de caballería para hacer un reconocimiento y estos estimaron que las tropas confederadas eran unos 6.000 hombres. El encargado de contrarrestar esta amenaza fue el recién ascendido Brigadier Fitz John Porter y su V Cuerpo. Así que el 27 de Mayo hacia las 4 de la mañana, Porter partió junto a su 1ª División del Brigadier George W. Morell, la 3ª Brigada del Coronel Gouverneur K. Warren de la 2ª División de George Sykes y una brigada mixta de caballería y artillería bajo el mando del Brigadier William H. Emory, con un total de unos 12.000 hombres al encuentro de los confederados.
Esta fuerza confederada que amenazaba el flanco derecho unionista eran los 4.000 hombres bajo el mando del Brigadier Lawrence O’Bryan Branch y que se componía del 7º, 18º, 28º, 33º y 37º de Carolina del Norte junto con el 45º de Georgia. Tropa que había salido desde Gordonsville para proteger la línea férrea del Virginia Central Railroad en la posición de Peake’s Crossing, a unas 4 millas al sudoeste de Hanover Court House.
Para el mediodía los unionistas de Porter llegaban a Peake’s Crossing bajo una intensa lluvia y el 25º de New York se topó con el regimiento 28º de Carolina del Norte al mando del Coronel James H. Lane junto a la granja del Doctor Thomas H. Kinney. Los neoyorquinos apoyados por el 1º US Sharpsshooters se dispusieron a entablar combate con los confederados a la espera de que llegase el resto de la fuerza unionista. Pero los confederados al ser superados comenzaron a retirarse. Fitz John Porter no lo dudó y dirigió al grueso de sus fuerzas en su persecución al tiempo que dejaba a tres regimientos, el 2º de Maine y los 25º y 44º de New York bajo el mando del Brigadier John H. Martindale cubriendo la intersección de New Bridge con Hanover Court House a una milla de la granja Kinney. Este ataque al bulto de Porter se basaba en que él pensaba que los confederados de Branch se encontraban en Hanover Court House.
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Por su parte Branch no supo calibrar bien la fuerza real de Porter y se dispuso a atacar por su parte. El 37º de Carolina del Norte del Coronel Charles C. Lee, junto con el 18º y dos cañones de la Batería de Latham se dispusieron para el asalto contra los tres regimientos aislados que habían quedado a las órdenes del Brigadier Martindale que a punto estuvo de ser aniquilada. El 44º de New York sufrió un 25% de bajas.
Cuando Fitz John Porter tuvo noticias de este contraataque a sus espaldas envió urgentemente a 9º de Massachusetts y el 62º de Pennsylvania desde la granja de Kinney y con este refuerzo el asalto confederado quedó detenido y tuvo que retirarse hacia Ashland.
Esta “Batalla de Hanover Court-House” también llamada “Battle of Slash Church” dejó un saldo de 355 bajas en la Unión, de los que 62 serían muertos, 233 heridos y 70 prisioneros, aunque algunas fuentes elevan la cifra a 397. Por parte de la Confederación las cifras fueron 930 bajas y un cañón de 12 libras, siendo 200 los muertos durante el combate y 730 los capturados por la caballería de Porter.
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Pero esta “batalla”, aunque casi no fue más que una escaramuza un poco sobredimensionada pronto activó al “Servicio de Propaganda” de nuestro “Little Mac” que no tenía comparación con su servicio de inteligencia. Y rápidamente hicieron correr la noticia de que se había logrado una “gloriosa victoria contra números superiores…unas de las mejores cosas de la guerra”. Pero la situación era justamente la contraria, pues era la Unión quien había dispuesto de una superioridad de 3 a 1, ventaja que el Brigadier Porter no había sabido dirigir y que sólo había solventado gracias al también erróneo manejo de su rival el Brigadier confederado Branch. Lo único cierto es que McClellan había anulado una amenaza de su flanco derecho que realmente nunca había existido, salvo por el hecho de que se interponían en la ruta a seguir por el Cuerpo de McDowell cuando llegase como refuerzo de McClellan. Pero ese refuerzo nunca se produciría, la respuesta confederada al “Plan Urbanna” de McClellan ya se había puesto en marcha tiempo atrás y no era precisamente en Hanover Court-House sino en el Valle Shenandoah en donde dos días antes, como vimos en el capítulo anterior, Stonewall Jackson logró una muy importante victoria en la “1ª Batalla de Winchester” provocando más de 3.000 bajas a los unionistas.
El telégrafo estaba al rojo vivo, el pánico había “hecho presa” en la capital federal y sólo tardaron 24 horas en morder el anzuelo cuando al día siguiente Washington ordenó movilizar nada menos que 60.000 hombres para acabar con la amenaza de Jackson en el Shenandoah, una fuerza de tan sólo 15.000 hombres. El plan confederado para ir anulando la amenaza unionista sobre Richmond comenzaba a dar sus frutos, pues de momento había por lo menos retrasado la llegada del I Cuerpo del Ejército del Potomac que sin duda obligaría al ejército confederado a extender sus líneas y con sus escasas fuerzas los unionistas sólo necesitarían un momento de decisión y entrarían en Richmond. Para estas fechas de 1862 en cuanto un ejército tomase la capital del adversario la guerra tendría los días contados.
Pero volvamos junto a McClellan, quien creyéndose sus propias apreciaciones incluso estaba convencido de que debía seguir moviendo más tropas al sur del río Chickahominy, lo que convertiría a su flanco derecho en realmente llamativo a los ojos de Joseph E. Johnston como se vería a los pocos días. Pero claro, McClellan no era un general resolutivo según la situación, él se basaba en sus planes preestablecidos y pensaba que la organización era la clave para lograr el éxito, lo cual es cierto, pero sólo es la base el éxito se alcanza cuando uno es capaz de sobreponerse a los imprevistos y ese no era para nada una cualidad destacable en McClellan. El seguía actuando según sus planes que contaban con McDowell avanzando desde Fredericksburg, pero el caso es que estaba cubriendo Washington y enviando fuerzas al valle Shenandoah.
Otro de los innumerables fallos de McClellan se produjo el 15 de Mayo cuando no supo ver la capacidad de la USNavy de poder si bien no tomar Fort Darling a tan sólo 7 millas al sur de Richmond, sí su capacidad para desembarcar tropas en la zona que hubiesen modificado significativamente el dispositivo defensivo de Johnston en torno a Richmond. El cual aprovechando las lluvias recientes había confiado la defensa sudeste de Richmond a los pantanos que se habían formado.
Así que Johnston había replegado a sus 60.000 hombres disponibles hasta los mismos arrabales de Richmond tras sabotear la mayoría de los puentes del Chickahominy que serviría como un “foso defensivo” ante McClellan que había situado su base de operaciones en White House en el río Pamunkey. El planteamiento de unionista no era en modo alguno desastroso, pues disponía de una posición que le permitía disponer de una rápida y buena línea de aprovisionamiento gracias al Richmond&York River Railroad. Además estaba perfectamente colocado para recibir el apoyo del Cuerpo de McDowell que se encontraba posicionado en Fredericksburg y que en cuanto se pusiese en marcha amenazaría seriamente el flanco izquierdo del dispositivo confederado. Pero debe ser que tras una prudencia inexplicable por parte de McClellan había quedado olvidada cuando desplegó un tercio de su ejército de 105.000 hombres al sur del río Chickahominy teniendo como única vía de comunicaciones unos precarios puentes.
La disposición unionista había quedado con el IV Cuerpo del Brigadier Erasmus D. Keyes y el III Cuerpo del Brigadier Samuel P. Heintzelman directamente enfrentados a las líneas de frente confederadas; mientras el II Cuerpo de Edwin V. Sumner, VI Cuerpo de William B. Franklin y el V Cuerpo de Fitz John Porter se quedaban al norte del río guardando la base unionista. Por parte confederada Johnston disponía como ya dijimos anteriormente de sólo 60.000 hombres repartidos a las afueras de Richmond y divididos en tres mandos principales, con el flanco derecho bajo el mando del Mayor General James Longstreet que se componía de las Divisiones del Mayor General D.H Hill y las de los Brigadier Richard H. Anderson y Benjamin Huger; en el flanco izquierdo estaba al mando el Mayor General G.W Smith que contaba con las Divisiones del Mayor General A.P Hill y el Brigadier William H.C Whiting; y por último una reserva dirigida por el Mayor General John B. Magruder compuesta por las Divisiones de los Brigadieres Lafayette McLaws y David R. Jones.
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El General Joseph E. Johnston tenía muy claro que no podría soportar un asedio prolongado en Richmond por lo que estaba totalmente convencido de que debía atacar a McClellan si quería salir airoso de la amenaza que se encontraba a sólo 6 millas de Richmond. El “lejano origen” de todo el plan que se comenzaría a desarrollar en los siguientes días se había gestado en el Consejo Militar Presidencial del que el General Robert E. Lee era el principal asesor del Presidente Jefferson Davis y el ahora lejano 21 de Abril había enviado una carta a Stonewall Jackson para que apoyado por la División de Richard Ewell mantuviese ocupadas la mayor cantidad de tropas federales en el Valle del Shenandoah. Y esa previsión tan anticipada por parte de Lee también se había demostrado en la situación actual, pues justamente los soldados confederados estaban protegidos por las defensas que al inicio de la guerra Robert Lee había hecho construir alrededor de Richmond y por lo que se le había dado el mote de “Rey de Azadas”.
Aquel plan ideado por Lee se había materializado justo tras la Batalla de Hanover Court-House, pues esa escaramuza marcó el punto de inflexión para el plan diseñado por los confederados. Ese 27 de Mayo Johnston recibió informes de que el I Cuerpo de McDowell había comenzado a moverse desde Fredericksburg pero no para reforzar a McClellan, sino en dirección al Valle Shenandoah. Además en Hanover se había producido otro detalle muy importante, pues había impedido que el Brigadier Fitz John Porter tuviese tiempo para reconocer la zona lo que le hubiese supuesto conocer que la División de Richard Ewell hacía mucho tiempo que había abandonado Brandy Station y se había unido a Jackson en el Shenandoah.
Así que Johnston sólo necesitaba una oportunidad clara para aprovechar la ocasión de encontrarse con los III y IV Cuerpos unionistas al sur del Chickahominy y que pudiese estar seguro de que McDowell no llegase por su retaguardia. El plan confederado estaba claro, Johnston emplearía dos tercios de su ejército (22 de sus 29 brigadas disponibles, que sumaban unos 51.000 hombres) contra los aproximadamente 33.000 unionistas al sur del Chickahominy. El planteamiento confederado se puede definir en una palabra: complicado.
Las Divisiones de A.P Hill y Magruder deberían entablar un “ligero” combate que mantuviese ocupadas a las tropas unionistas al norte del río en el flanco izquierdo confederado; mientras el Mayor General Longstreet dirigiría el ataque principal en principio contra el IV Cuerpo de Keyes, teniendo bajo su mando directo seis brigadas y sería apoyado por otras cuatro brigadas bajo el mando del Mayor General D.H Hill. Estas dos fuerzas avanzarían por caminos separados y convergerían en un punto llamado Seven Pines. Tres brigadas más bajo el mando del Mayor General Huger cubriría la derecha de D.H Hill, y la División de Whiting permanecería en reserva detrás de Longstreet. El plan sobre el papel parecía perfecto, pero es que el papel lo aguanta todo, además la División del Brigadier Silas Casey del IV Cuerpo, que era la que recibiría el primer ataque se encontraba realizando trabajos una milla al oeste de Seven Pines con la añadidura de que estos 6.000 hombres eran los más novatos de todo el IV Cuerpo de Keyes.
Silas Casey, un hombre corpulento cuya melena y barba blanca, (la última creciendo sólo en la sotabarba), formaban un collarín en torno a su rostro, era el más viejo de los jefes de división de McClellan, y el autor del Reglamento Táctico que empleaba la infantería de línea estadounidense, (manual apodado “Casey Tactics”). Había colaborado mucho con John Wool y era un ejemplo un poco tardío de la generación de Scott, Mansfield, Sumner y el propio Wool, y no tenía ninguna intención de dejarse poner en ridículo por ningún “novato”.
En cuanto el Cuerpo de Keyes fuese arrollado los restos de esta fuerza empujarían al III Cuerpo de Heintzelman contra el Chickahominy impidiéndole realizar una defensa organizada y entonces la victoria confederada sería completa. Ahora sólo hacía falta esperar al momento oportuno y este se produjo el 30 de Mayo de 1862 cuando unas intensas lluvias hicieron desbordarse al Chickahominy.
Pero el plan confederado de Johnston empezó a fallar desde el mismo momento de su concepción, pues es por todo el mundo sabido que “un buen plan es un plan sencillo” y esto ya no se produjo desde el momento en que Johnston se reunió con Longstreet la noche de ese 30 de Mayo en una larga y confusa reunión. Los demás generales recibieron las órdenes por escrito y con indicaciones algunas vagas y otras contradictorias. Además las Regulaciones Confederadas no permitían la formación de Cuerpos de Ejército, así que se solventó temporalmente el problema creando “Alas”. Otro fallo muy importante que se produjo fue no notificar a los demás mandos que era Longstreet quien detentaría el mando operativo de las fuerzas confederadas al sur del Chickahominy. (El principal problema de este detalle es que los otros Mayores Generales como Huger o Smith eran más antiguos en el rango que Longstreet). Además tenemos a un James Longstreet que o bien entendió mal las órdenes de Johnston o decidió modificarlas sin informar a su superior, pues en vez de disponerse a avanzar por la carretera de Nine Mile Road, se dispuso para avanzar junto a D.H Hill por la carretera de Williamsburg Road, lo que estrechaba su frente de avance reduciendo su fuerza de ataque al tiempo que retrasaría sus movimientos. Además si las lluvias que habían hecho crecer el río habían destruido muchos de los precarios puentes unionistas, también habían convertido los caminos en cenagales.
A la mañana del siguiente día, 31 de Mayo de 1862, comenzó la suma de detalles que llevarían a un mal resultado. Longstreet partió de su posición tomando el camino de Charles City Road pero cogió el desvío de la carretera de Williamsburg Road en vez de la Nine Mile Road. Otro detalle a sumar es que Huger no tenía conocimiento de a qué hora comenzaría la batalla y no fue despertado hasta que los ruidos de toda una división en marcha le hizo levantarse. Además en el plan se contaba que la batalla la comenzaría la División de Hill a las 8 de la mañana, pero la aparición de los hombres de Longstreet en la misma ruta provocó un descomunal atasco que naturalmente retrasó el asalto. Por su parte Johnston acompañado de su segundo al mando, el Mayor General G.W Smith, esperaban en su cuartel general la noticia de que Longstreet se había puesto en marcha y que comenzaba la batalla. A la 1 de la tarde, cinco horas más tarde de lo previsto, D.H Hill se impacientó y temiendo quedarse atrás ordenó avanzar a sus hombres contra los unionistas de la División de Casey.
El encuentro con los federales no fue el esperado, el retraso acumulado junto con el natural ruido que produce una División avanzando puso en alerta al Brigadier unionista Silas Casey que temiendo que no se trataba de una escaramuza cualquiera ordenó que parte de sus hombres abandonasen los trabajos de fortificación y se dispusieran alertas. Los hombres del Brigadier confederado Samuel Garland fueron los primeros en toparse con los piquetes unionistas y las apresuradas barricadas de troncos que se habían dispuesto en el camino. Los novatos hombres de Casey aguantaron bien el primer encuentro y salvo algún conato de retirada defendieron sus posiciones causando y sufriendo elevadas bajas. Pero viendo que no podría aguantar decidió replegarse cubierto por la Brigada de Henry Nagle que se lanzó a un ataque a la bayoneta que hizo recular a los confederados pero la llegada de Longstreet amenazó con flanquearle. Así que el ímpetu se fue perdiendo y cuando el propio Nagle fue herido su brigada acabó replegándose hacia Seven Pines donde Casey estaba reorganizando sus filas.
Puesto que los confederados habían iniciado el combate sólo con las cuatro brigadas de D.H Hill de las trece que había en esa zona, no pudieron dar un primer golpe con contundencia, lo que dio tiempo a Casey para solicitar refuerzos del III Cuerpo de Keyes, aunque estos no acudieron con la prisa necesaria. Así que con el paso del tiempo los confederados se abrieron camino y los unionistas de Casey tuvieron que ceder y retirarse a la segunda línea en Seven Pines. La División de Silas Casey se había roto al ser muy malherido éste. (Su vida peligraría por meses, e iba a quedar incapacitado para el mando en campaña, dedicándose a tareas organizativas). Ya había tenido casi 2.000 bajas y aunque otros 3.000 de sus hombres se unieron a Couch y Keyes más al Este, el resto se desbandó tratando de huir. Más de un millar serían detenidos aquella noche en la zona de Hooker, en la que buscaban un puente practicable o trataban de internarse en los fangales de la White Oak Swamp.
Curioso es que aún ninguno de los dos comandantes de ejército sabían en ese momento que la batalla había comenzado. No sería hasta las 14:30 cuando Heintzelman informó a McClellan, el cual se encontraba en la cama pues había recaído de la malaria que contrajo en la Guerra con México, de que no tenía noticias de Keyes. Por su parte Johnston se encontraba a unas escasas 2 millas y media del frente, pero por culpa de los árboles que hacían de pantalla acústica no había oído el inicio del cañoneo, por lo que no supieron que la batalla había comenzado hasta las 4 de la tarde.
No sería hasta pasada esa hora cuando Longstreet consiguió desplegar sus brigadas y apoyar a D.H Hill para lanzar un asalto contra la segunda línea unionista en Seven Pines. Que quedó rota hacia las tres de la tarde pero que dejó a la División de Hill totalmente fuera de la batalla por agotamiento. Pero una nueva línea estaba ahora compuesta por los restos de la División de Casey, además de la División del Brigadier Darius N. Couch, ambas del IV Cuerpo, pero que ahora estaban apoyadas por la División del Brigadier Philip Kearny del III Cuerpo de Heintzelman.
Mientras Longstreet atacaba ya a Darius Couch que, al principio adelantado para buscar el contacto con Casey, se vio pronto rechazado a la estricta línea Seven Pines-Fair Oaks Station. Se sintió especialmente la contundencia en el ataque de la fuerza confederada ya apodada “Gamecock Brigade” (“Brigada Gallo de Pelea”, pronto tan prestigiosa como la “Stonewall”), que era en el ataque un verdadero sacabocados pese al inesperado aire de petimetre de su comandante.
Era este George Edward Pickett, de 37 años y oficial de caballería en New México, que gastaba bigote y una barbita colgando del mentón que, como su pequeña melena, eran negros como la noche y siempre aparecían cuidadosamente peinados. Además su uniforme era antirreglamentariamente sobrecargado, luciendo terciopelo negro en vez del color beige reglamentario de los oficiales generales en cuello y bocamangas, y un adorno de hojas doradas de su propia invención en éstas últimas.
El sonido de la batalla alertó al Brigadier Edwin V. Sumner del II Cuerpo que ordenó a sus hombres que se preparasen para avanzar y aunque no recibió ninguna orden decidió avanzar hacia el sur y cruzar el Chickahominy cuando oyó los disparos. Y aunque se encontraba al norte del río, sin pensárselo dos veces envió a la División del Brigadier John Sedgwick que avanzó por el único puente que quedaba en pie. Este era el puente “Grapevine Bridge” que amenazaba ruina ante la crecida del río, pero curiosamente lo que necesitaba era peso para afianzarse al fondo del río y ese peso extra se lo dio el paso de las tropas unionistas, justo después que cruzara el último hombre el puente se vino abajo.
En ese tiempo cuando D.H Hill organizaba su maniobra de flanqueo, Longstreet envió una nota a Johnston solicitándole que las tropas de Whithing se uniesen a la batalla, era la primera noticia que recibía. Así que junto a Jefferson Davis, Robert E. Lee y el Director General de Correos, John Reagan, contemplaron el avance de Whithing y Smith. El combate se fue volviendo muy duro, pero los confederados no lograban ninguna ventaja significativa a pesar de que Whithing no dejaba de emplear todos los hombres disponibles, pero no había podido desplegar ninguna artillería de apoyo para su infantería.
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Cuando Johnston se decidió a intervenir en la batalla lo hizo enviando al Brigadier John B. Hood campo a través hacia Seven Pines para apoyar el flanco izquierdo de Longstreet, una izquierda que no supo indicar realmente pues no sabía dónde se encontraba exactamente. Mientras él avanzaría con otras dos brigadas hacia Fair Oaks por la Nine Mile Road. En su ruta Johnston se topó con la Brigada unionista de John J. Abercrombie que en ese momento estaban huyendo buscando un paso para cruzar el Chickahominy. Los confederados lanzaron varios asaltos pero siempre fueron rechazados.
Mientras tanto, al mismo tiempo el confederado G.W Smith recibiendo noticias provenientes de Hill con informes de que su asalto se estaba quedando atascado, ordenó a sus hombres que avanzasen contra el flanco del IV Cuerpo, así que avanzando por la Nine Mile Road la División de Whithing atacó a los unionistas de Couch que se encontraba en Fair Oaks Station. Junto a Couch se había alineado hacia las tres de la tarde la División de John Sedgwick que pertenecía al II Cuerpo de Sumner.
Pero poco a poco las tablas se fueron haciendo evidentes y la línea unionista en Fair Oaks se fue extendiendo hasta llegar al mismo río Chickahominy, lo cual daba una decidida defensa del puente Grapevine y así eliminar el aislamiento del IV Cuerpo. Los hombres de Sedgwick fueron la clave para detener el asalto de los confederados de Whithing, aumentando en mucho el coste para los sudistas. Allí cayeron tres de los cuatro comandantes de brigada que participaron; Wade Hampton fue herido, Robert H. Hatton cayó muerto y J. Johnston Pettigrew fue herido y capturado. Los unionistas también perdieron a Oliver O. Howard que terminó con una bala miniè en su brazo derecho que terminó por ser amputado. La lucha se había vuelto tan intensa que el 85º de New York tuvo 400 bajas de sus 700 hombres.
Al mismo tiempo y ante la consistencia de la línea unionista en torno a Seven Pines, Hill decidió lanzar su maniobra de flanqueo y tomando cuatro regimientos de la División de Longstreet los puso bajo las órdenes del Coronel Micah Jenkins para que atacase el flanco del IV Cuerpo. El ataque resultó un éxito y los federales comenzaron a replegarse por la Williamsburg Road más allá de Seven Pines. Hacia las 7:30 de la tarde la lucha había terminado en este sector de la batalla.
Pero el principal incidente de esta batalla estaba por llegar cuando comenzó el anochecer. Cuando todo parecía que ya iba a terminar la lucha Joseph E. Johnston que se encontraba en una colina al suroeste de Fair Oaks Station recibió un balazo en su hombro derecho e inmediatamente después un trozo de metralla lo golpeó en el pecho. Inconsciente cayó del caballo resultando con el omoplato derecho y dos costillas rotas. Este incidente colocó al Mayor General G.W Smith al mando de todo el ejército confederado, aunque sólo sería por unas horas.
Con Johnston evacuado a Richmond y la batalla inconclusa por la noche hubo una reunión al más alto nivel en la que G.W Smith no causó una buena impresión ante Jefferson Davis al comentarle los pasos a seguir al día siguiente, aunque finalmente se decidió seguir con el plan inicial de Johnston. Así que al día siguiente, 1 de Junio de 1862, los confederados renovaron sus asaltos directos contra los unionistas, aunque estos habían recibido refuerzos, por lo que los progresos confederados fueron prácticamente nulos. El Brigadier Israel B. Richardson había acudido con su División del II Cuerpo, además de la División de Joseph Hooker del III Cuerpo. Desde las 6:45 de la mañana estas unidades federales se enfrentaron a las divisiones de Huger y Longstreet cuyos hombres acabaron estrellándose contra las líneas unionistas. Para las 11:30 de la mañana y viendo que todo esfuerzo era una pérdida inútil de hombres los combates finalizaron con la retirada de los confederados. Esta retirada coincidió en el tiempo con la llegada de McClellan al frente pero no se produjo ningún contraataque.
Cuando aún no se había disipado el humo de los últimos disparos ambos bandos se apresuraron a reclamar para su bando la victoria, pero la realidad es que no se había decidido nada. La “Batalla de Seven Pines” o “de Fair Oaks” se había resuelto sin ningún cambio significativo aparente para ninguno de los combatientes. La Unión había sufrido 5.031 bajas (790 muertos, 3.594 heridos y 647 desaparecidos) teniendo al otro lado de la balanza a la Confederación y sus 6.134 bajas (980 muertos, 4.749 heridos y 405 desaparecidos).
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Pero esta batalla sí que tendría consecuencias muy importantes casi al instante. Aparentemente la situación había quedado en tablas pues el Ejército del Potomac de McClellan seguía a las puertas de Richmond y los confederados, aunque se habían aplicado con energía pero sin organización, habían vuelto a sus posiciones iniciales. En el bando unionista es destacable la carta que George B. McClellan escribió a su mujer en la que comentaba: “Estoy cansado la visión del campo de batalla me pone enfermo, con sus cadáveres destrozados y los pobres heridos sufriendo. La victoria no tiene para mí ningún encanto comparado con el coste.” Esta experiencia le causó un significativo cambio y si ya desplegaba una innegable prudencia excesiva, ahora aunque siguiese pensando en someter a Richmond a un asedio dejó que se le escapase de sus manos toda la iniciativa en esta campaña.
Y es que esta campaña no se estaba solamente librando en la península de Virginia, pues el 8 de junio Stonewall Jackson libraba su última batalla en el valle Shenandoah y tras una intensa campaña de marchas y contramarchas había causado a la Unión más de 7.000 bajas por menos de 2.000 propias. Y con menos de 20.000 hombres tenía en solfa a más de 40.000 federales y casi que a otros tantos a la espera de su próximo movimiento. Además había llevado la iniciativa a la Confederación y para gran horror en Washington esto era lo que se temían. Muchos esperaban que en vista de la desastrosa situación en el valle Shenandoah, Jackson se dirigiese a Harper’s Ferry y puede que incluso después a Washington. Otros que se dirigiese contra el I Cuerpo de McDowell posicionado junto al río Rappahannock y tras arrollarlo tener vía libre contra la capital. Sólo algunos sabían ver con claridad que habiendo asegurado la zona se limitase a replegarse hacia Richmond para reforzar al hasta entonces acorralado Ejército del Norte de Virginia.
Muchos unionistas se hubiesen sentido muy aliviados de saber en su momento lo que Jackson se proponía hacer, pero ese no era George B. McClellan. El comandante del Ejército del Potomac, y además Comandante en Jefe de la Unión, había llegado a tener Richmond en la punta de sus dedos pero tras la “Batalla de Fair Oaks” se limitó a detener sus fuerzas cuando estaba a sólo 4 millas de la capital confederada. Lo curioso sería que durante más de tres semanas no iba a hacer nada con el ejército más poderoso que había pisado suelo americano. Ni siquiera se estudiaron planes de asalto y ni si quiera de asedio. Al parecer lo único que hacía era esperar la llagada de más refuerzos, en concreto la llegada del I Cuerpo de McDowell desde el Rappahannnock, y que no se cansaba de reclamar en las continuas comunicaciones con Washington.
Lo que olvidaba McClellan es que tras la “Batalla de Port Republic” en el Shenandoah no había la menor posibilidad de que esos refuerzos le fuesen enviados, a pesar de que era él quien los solicitaba. Él no paraba de decir que Washington no corría ningún peligro, lo que en realidad era cierto pero no concordaba con las previsiones para la defensa de Washington que él mismo había hecho unos meses atrás. Incluso podemos llegar a la conclusión de que el peligro era incluso mayor ahora que cuando McClellan redactó aquellas previsiones y es de suponer por tanto que mentía en ambas ocasiones. Al evaluarlo tiempo atrás cuando exageró el peligro para obtener más fuerzas y arrogarse ser el “salvador de la patria”, y al minimizarlo ahora pues por sus actos posteriores veremos que no era su pensamiento real. Lo que realmente quería era reunir la mayor cantidad de fuerzas posibles para evitar por todos los medios ser derrotado, a él le importaba un higo si Washington corría peligro o no.
Por parte confederada los cambios también serían en principio muy pequeños pero de unas consecuencias inimaginables. Sólo una hora y media después de detenerse los combates el Presidente Jefferson Davis se reunía con Gustavus W. Smith el cual sufría un severo ataque de nervios para notificarle que quedaba relevado del mando y el nuevo Comandante del Ejército del Norte de Virginia sería el General Robert Edward Lee. Jefferson Davis también había ratificado el 14 de Abril de 1862 la Ley de Reclutamiento, por la que todos los soldados que en principio había firmado por un año y para evitar una posible desbandada quedaron automáticamente reenganchados por otros tres años o hasta el final de la guerra; también eran llamados a filas todos los hombres útiles desde los 18 a los 35 años. Estas “quintas” estaban finalizando su instrucción y estaban comenzando a llegar al frente para las acciones que pronto se desarrollarían.
Un apunte que no podemos dejar pasar en esta ocasión son las curiosidades tecnológicas. Por parte confederada sería el empleo de las minas terrestres; estas habían aparecido durante la retirada de Yorktown por parte de los hombres del Brigadier Gabriel J. Rains, el cual era un norcarolino ya muy fogueado desde las guerras semínoles o con México, además de otros destinos. Y fue precisamente durante la guerra contra los semínole cuando se hizo famoso por el empleo de explosivos junto a su hermano, les conocerían como “the Bomb Brothers”. Así que durante la retirada de Yorktown instruyó a sus hombres para que colocasen granadas de mortero en caminos, abrevaderos, e incluso conectadas a los pomos de las puertas de las cabañas del camino. El resultado debió ser destacable si lo cuantificamos por la cantidad de informes que suscitaron, McClellan lo calificó como una barbarie y Longstreet escribió a Rains para informarle que el Alto Mando no deseaba que colocase más “minas” pues no lo consideraba un “método efectivo de guerra”. El caso fue que se siguieron empleando aunque no en gran número a lo largo de toda la guerra y con el empleo de fusibles mecánicos cuando terminó la guerra se habían empleado unas 2.000 “Rain’s Mine”.
Por parte unionista el protagonista sería el Profesor Thaddeaus S.C Lowe, un apasionado de la aeronaútica y que el 20 de Abril de 1861, una semana después del primer cañonazo a Fort Sumter, había empleado un globo de gas en Cincinnati con el que había recorrido 900 millas en nueve horas. Con el inicio de la guerra Lowe se presentó en Washington para ofrecer sus servicios, pero aunque en el Departamento de Guerra no se mostraron nada entusiasmados el Presidente Lincoln apoyó que se le entregasen 250$ y que realizase una demostración. Esta consistió en una ascensión en el globo llamado “Enterprise” junto con un aparato telegráfico conectado a la Casa Blanca enviando el siguiente telegrama al Presidente:
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Realizando así el primer reconocimiento aéreo de la historia militar americana y el 26 de Junio se creaba el Cuerpo de Globos que el 22 de Diciembre sería integrado al Ejército del Potomac. Sus principales tareas fueron en apoyo del Cuerpo de Ingenieros realizando mapas de las posiciones confederadas. Durante la Batalla de Seven Pines se encontraba realizando una ascensión en Mechanicsville y sus observaciones de los movimientos confederados ayudaron mucho en que se salvase el III Cuerpo del Brigadier Samuel P. Heintzelman.
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