En la mañana del 1 de julio el Ejército del Norte de Virginia se puso en marcha hacia la batalla, pero de nuevo los planes de la noche anterior comenzaron a fallar. Pronto el retraso en el horario previsto se hizo evidente debido al mal estado de las rutas a seguir por causa del fango y la ausencia de mapas que indicaran rutas alternativas. Cuando Jackson llegó a una zona pantanosa llamada Western Run ordenó detenerse a sus hombres. Magruder que debía avanzar detrás de él eligió mal la ruta y tomando el camino de Long Bridge Road terminó perdido antes de la batalla en dirección sudoeste. Así que la línea de ataque confederada acabó formada únicamente por la División de Huger con las brigadas de los Brigadieres Ambrose R. Wright y Lewis A. Armistead en la derecha, y la División de D.H Hill con las brigadas del Brigadier John B. Hood y el Coronel Evander McLaw a la izquierda en el camino de Quaker Road.
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Era la 1 de la tarde cuando aún se estaba organizando la línea confederada y sólo había dos divisiones en posición esperando el planificado bombardeo artillero cuando de repente los cañones comenzaron a disparar. ¡Pero eran los cañones de la Unión! Y así estuvieron durante hora y media, en la que gracias a su número, potencia y mejor manejo de sus artilleros comenzaron a diezmar las baterías confederadas, que de los 100 cañones que debían participar sólo había 20 posicionados, a unos 1.100 metros de distancia. A pesar de todos estos contratiempos los confederados iniciaron el ataque hacia las 3 y media de la tarde sólo para servir de tiro al plato a la artillería federal, especialmente para los proyectiles de 50 libras que disparaban las cañoneras desde el río.
Hacia las 4 de la tarde Magruder hizo acto de presencia en el campo de batalla y recibió la orden de apoyar a la Brigada de Armistead que parecía que algo progresaba, pero de nuevo el ataque era escaso y mal organizado, de sus seis brigadas sólo logró desplegar a dos. Al mismo tiempo D.H Hill hizo avanzar a toda su división a través de Quaker Road, pero a costa de enormes pérdidas algunas unidades sólo avanzaron unos 200 metros hacia el centro de la línea unionista cuando la noche comenzó a caer. Contra la División de Morell del V Cuerpo se enfrentaron las unidades de D.H Hill, D.R Jones, Lafayette McLaws, Benjamin Huger y J.B Magruder, pero fueron como olas estrellándose contra la rocosa artillería. En el otro extremo de la línea unionista la División de Couch, del IV Cuerpo, para evitar que los confederados se ocultasen de la artillería aprovechando algunas hendiduras del terreno en la ladera de la colina, optó por adelantar a su infantería peleándose a muy corta distancia contra los hombres de Jackson.
El efecto de la artillería unionista entre las filas confederadas fue demoledor, incluso en algunas zonas de la línea los confederados sólo llegaron a acercarse a unos 180 metros, especialmente en la izquierda federal, los rápidos refuerzos disponibles lograron rechazarlos y obligarles a volver a sus posiciones iniciales. Los artilleros unionistas fueron quienes marcaron el ritmo, los confederados no tenían refugio posible e incluso en la vorágine del asalto se produjeron numerosas confusiones al identificar unidades. Esto provocó numerosas bajas debido al “fuego amigo” cuando tras chocarse contra la infantería unionista y huir se chocaban literalmente contra las unidades que avanzaban inmediatamente detrás.
El Brigadier Fitz John Porter escribió posteriormente sobre el ataque confederado:
“As if moved by a reckless disregard of life, equal to that displayed at Gaines Mill, with a determination to capture our army, or destroy it by driving us into the river, regiment after regiment, and brigade after brigade, rushed at our batteries; but the artillery of both Morell and Couch mowed them down with shrapnel, grape, and canister; while our infantry, withholding their fire until the enemy were within short range, scattered the remnants of their columns, somethings following them up and capturing prisoners and colors. As column after column advanced, only to met the same disastrous repulse, the sight became one of the most interesting imaginable. The havoc made by the rapidly bursting shells from guns arranged so as to sweep any position far and near, and in any direction, was fearful to behold.”
“Como si movidos por una indiferencia a la vida, igual que sucedió en Gaines Mill, con la determinación de capturar a nuestro ejército, o destruirlo conduciéndonos al río, regimiento tras regimiento y después brigada tras brigada, se apresuraron hacia nuestras baterías; pero la artillería de Morell y Couch les cortaron con metralla, balas y botes; mientras la infantería, reteniendo su fuego hasta que el enemigo estaba dentro del corto alcance, esparcidos los restos de sus columnas, algunos siguieron y les capturamos prisioneros y colores. Una columna después de la columna avanzada, sólo para cumplir la misma desastrosa repulsión, la vista era una de la más interesante imaginable. Los estragos hechos por los rápidos proyectiles que estallaban de los cañones dispuestos para barrer cualquier posición lejos y cerca y en cualquier dirección, eran temibles de contemplar.”
Periódicamente los unionistas, ya fuesen de infantería o artillería, agotaban su munición pero eran rápidamente reabastecidas, pues si de algo estaban sobrados los federales era de miles de carros de provisiones en un reducido perímetro.
Otro de los testigos de este día fue el Mayor General D.H Hill quien describió la batalla de la siguiente manera:
“I never saw anything more grandly heroic than the advance after sunset of the nine brigades under Magruder's orders. Unfortunately, they did not move together, and were beaten in detail. As each brigade emerged from the woods, from fifty to one hundred guns opened upon it, tearing great gaps in its ranks; but the heroes rolled on and were shot down by the reserves at the guns, which a few squads reached. Most of them had an open field half a mile wide to cross, under the fire of field-artillery in front, and the fire of the heavy ordnance of the gun-boats in their rear. It was not war - it was murder.”
“Nunca vi nada más grandiosamente heroico que el avance después del atardecer de las nueve brigadas bajo las órdenes de Magruder. Desafortunadamente, ellos no se movieron juntos, y fueron golpeados en detalladamente. Cómo cada brigada surgía de los bosques, de cincuenta a cien cañones abrían sobre ellas, grandes desgarros y boquetes en sus filas; Pero los héroes avanzaron y fueron derribados por las reservas de los cañones, que alcanzaron algunos escuadrones. La mayoría de ellos tenían un campo abierto de una milla y media de ancho a cruzar, bajo el fuego de la artillería en el frente y el fuego de la artillería pesada de las cañoneras en su retaguardia. No era una guerra - fue un asesinato.”
Cuando el sol se ocultó el Brigadier Isaac Trimble, de la División de Ewell, ordenó a su brigada que avanzase pero acto seguido fue detenido por Jackson y tuvieron esta corta pero contundente conversación:
Jackson: ¿Qué va a hacer usted?
Trimble: Voy a tomar esas baterías, señor!
Jackson: Supongo que es mejor que no lo intente. D.H Hill acaba de intentarlo con toda su división y ha sido rechazado.
El último coletazo de esta masacre fue cuando algunos jinetes confederados a las órdenes de Jeb Stuart llegaron a la cima de Evelington Heights, unas alturas que dominaban la ribera del río James. Esta posición convenientemente defendida hubiera convertido la posición unionista insostenible aunque estuviese sometida al fuego naval, pero muy costosa para tomar con la infantería. Pero cuando Stuart ordenó iniciar un bombardeo con su único cañón disponible los federales fueron alertados de su importancia y tomaron la posición imposibilitando que la infantería confederada la dominase.
Así terminaba la “Batalla de Malvern Hill” o “de Poindexter’s Farm” la cual era la sexta batalla que se libraba en una misma semana. Este último combate le había costado a la Confederación 5,650 bajas (869 muertos, 4.241 heridos y 540 desaparecidos) por las 3,007 bajas (314 muertos, 1.875 heridos y 818 desaparecidos) de la Unión y en la que no se había ganado ni un solo metro de terreno.
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A pesar de que el Ejército del Potomac había resultado victorioso su Comandante en Jefe no estaba dispuesto a comprobar si los confederados volverían a intentarlo, así que en cuanto se hizo de noche y terminaron los ataques ordenó a Fitz J. Porter que iniciase inmediatamente la retirada hacia Harrison Landing. En donde se había dispuesto un campamento atrincherado cubierto por una amplia línea de cañoneras fondeadas en el río James. El estado de ánimo de George B. McClellan se puede ver claramente en el mensaje que le envió a Porter:
“In case you should find it imposible to move your heavy artillery, you are to spike the guns and destroy the carriages; …Stimulate your men by informing them that reinforcements, etc, have arrived at our new base”
“En el caso de que usted encuentre imposible mover su artillería pesada, usted inutilice los cañones y destruya las cureñas; … Anime a sus hombres informándoles que los refuerzos, etc, han llegado a nuestra nueva base”
El camino de cinco millas que los separaba del nuevo campamento quedó plagado de carros abandonados, miles de mosquetes por el suelo y toda serie de material militar. El Brigadier Hooker comentó que si en ese momento se hubiesen oído simplemente algunos disparos desde el lado confederado todo el ejército hubiese entrado en pánico y corrido como un rebaño de ovejas.
Al amanecer del 2 de julio una intensa lluvia se cernía sobre el campo y Robert Lee ordenó a Longstreet que organizase la persecución del enemigo hacia Harrison Landing, pero sólo avanzó dos millas y ordenó que se dispusieran a acampar. Al día siguiente contramarcharon de regreso a Willis’ Church enredándose las unidades entre la maraña de caminos y pantanos que había en la zona y el 4 de julio aparecía Longstreet en las inmediaciones de Westover, a la derecha del campamento fortificado unionista, sólo para comprobar el buen trabajo que habían realizado los zapadores federales, con abundante artillería y cubiertos por las cañoneras.
Terminaba aquí la Campaña de la Península, la cual había comenzado tres meses atrás y que se esperaba por parte de los unionistas que pusiese a la capital confederada en sus manos y con ella el fin de la guerra. Ahora ya nadie en el Norte recordaba con que ánimo se gritaba por las calles “A Richmond” pues todo había resultado en un completo fracaso. En el ahora lejano 17 de Marzo cuando el Ejército del Potomac comenzaba a desembarcar en Fort Monroe sólo había unos escasos 20.000 confederados para detener a más de 120.000 unionistas, por lo que la caída de Richmond parecía inevitable. Pero primero el Mayor General Prince J. Magruder y después el General Joseph E. Johnston habían retrasado la marcha de los federales mediante duros combates en Williamsburg, Yorktown y Etham’s Landing. Pero a la vista de que sólo retrasando la marcha de McClellan no se lograría salvar no sólo a Richmond sino a toda la Confederación el 21 de abril un hasta entonces prácticamente desconocido para el gran público, General Robert E. Lee, había puesto en marcha un plan de acción que aunque muy arriesgado era el único con posibilidades de proporcionar la salvación a los confederados. Este consistía en que una pequeña fuerza al mando del Mayor General Thomas J. “Stonewall” Jackson iniciase su hasta hoy en día famosa Campaña del Valle y que logró tras mes y medio de marchas y batallas incisivas mantener a 60.000 federales más preocupados de mantener sus posiciones que de avanzar sobre Richmond para estrangular a la Confederación durante tres meses vitales.
Al mismo tiempo a las afueras de Richmond los confederados pelearon con mucha osadía en Seven Pines y Fair Oaks logrando detener al fin a McClellan a las mismas puertas de su objetivo. Y un pequeño pero decisivo detalle, Johnston cayó herido, provocó que el hasta entonces desconocido General Robert Edward Lee fuese nombrado nuevo Comandante en Jefe del Ejército del Norte de Virginia cambiasen totalmente las tornas en la campaña. Cuando tras reunir todas las fuerzas disponibles lanzase una serie de feroces asaltos a las posiciones unionistas en Oak Grove, Beaver Dam Creek, Garnett's & Golding’s Farm, Savage’s Station, White Oak Swamp, Glendale y Malvern Hill; nada menos siete combates en una semana y que será recordada como las Batallas de los Siete Días y que había logrado dejar al, unos meses atrás, presuntamente invencible Ejército del Potomac varado junto al río James.
La campaña se había saldado en esta última semana con cerca de 16.000 bajas en combate por parte unionista y 20.000 entre los confederados, pero sobre todo había decantado la victoria del lado de la Confederación al lograr salvar su capital. Pero llega el momento de analizar en conjunto la actuación de ambos ejércitos y sus respectivos comandantes a lo largo de la misma para comprender los sucesos que vendrán a continuación.
Por el lado de la Unión comenzaremos con la reflexión que realizó George B. McClellan en una carta que envió a su esposa en los días posteriores:
“My conscience is clear at least to this extent—viz.: that I have honestly done the best I could; I shall leave it to others to decide whether that was the best that could have been done—& if they find any who can do better am perfectly willing to step aside & give way.”

“Mi conciencia está tranquila al menos hasta este punto-viz.: que yo he hecho francamente lo mejor que podía; los dejaré a otros decidir si era lo mejor que podía haber sido -y si ellos encuentran a alguno que pueda hacerlo mejor estaré absolutamente dispuesto a apartarme y ceder el paso.”
Ciertamente McClellan no estaba comentando a su esposa ninguna mentira, lo había hecho lo mejor que podía, el caso es que era un general que no daba para más. Si recordamos su inicio al mando del ejército vemos que toda su actuación se resume en un continuo pedir de hombres y armamento para colocarlo bajo su mando. Incluso llegando exigir que Winfield Scott fuese relevado como Comandante en Jefe de los ejércitos de la Unión apuntando que era el culpable de su inactividad, pero cuando logró el puesto se limitó a seguir manteniendo al ejército en sus campamentos. Sólo cuando fue obligado por Lincoln se decidió a poner en marcha su “Plan Urbanna” que iniciaría esta campaña. Y una vez ya en Virginia su actuación se puede resumir como un miedo sistemático a presentar batalla a los confederados a pesar de disponer en algunos momentos de una superioridad aplastante de fuerzas.
Además continuamente seguía reclamando más refuerzos y haciendo veladas acusaciones hacia Lincoln y su Secretario de Guerra Stanton, de que si algo fallaba se debería a que no lo apoyaban como era debido. Eso sí, en ninguna ocasión durante toda la campaña logró aportar un plan de acción conjunto y coherente ante los sucesos que se iban aconteciendo. Tras la “Batalla de Oak Grove” durante la noche y tras informar a Lincoln en un petulante informe de sus “éxitos” del día al cabo de hora y media enviaba otro totalmente abyecto en el que prácticamente decía que iba a ser vencido asegurando que Jackson y Beauregard habían acudido a reforzar a Lee y que este disponía de 200.000 hombres frente a sus 80.000 unionistas. Recordemos su frase más famosa del mensaje: “si logro salvar de nuevo al Ejército no será por nada que haya hecho el Gobierno; el Gobierno ha hecho todo lo posible por destruir este Ejército”.
Pero pongamos unos cuantos puntos sobre la íes:
1. P.G.T Beauregard había sido relevado del mando del Ejército del Mississippi, pero esas tropas seguían en el Oeste.
2. Por tanto Robert E. Lee no disponía de 200.000 hombres. El total de sus tropas incluyendo los refuerzos que logró reunir, como la División del Mayor General Theophilus H. Holmes del Departamento de North Carolina y los artilleros de la Artillería Pesada en posiciones fijas en torno a Richmond llegaba a un máximo de entre 95 y 100.000 hombres. De los que “presentes y en servicio” no llegaban a los 80.000.
3. El Ejército del Potomac no disponía de sólo 80.000 hombres. El último estadillo antes de los Siete Días indicaba 130.000 hombres de los que 105.000 estaban “presentes y en servicio”. Y su equipamiento y artillería era muy superior al de los confederados.
Así que quien “había hecho todo lo posible por destruir ese ejército” había sido precisamente su Comandante en Jefe. George B. McClellan no había hecho nada beneficioso, casi más bien al contrario con sus medrosas detenciones ante cualquier obstáculo en lugares insalubres como ante Yorktown o en los pantanos junto al río Chickahominy. Un dato poco conocido es que el Ejército del Potomac durante la campaña había recibido numerosos contingentes de refuerzo. Para mediados de Junio habían pasado por la península cerca de 165.000 hombres. Y para mediados de la campaña había sufrido menos de 9.000 bajas en combate lo que nos da que sus bajas por enfermedad o motivos parecidos habían sido en torno a 50.000 bajas, nada menos que un 30%. Por lo que es muy desvergonzado por su parte que tras su “brillante” dirección del ejército acusara a Lincoln y su Gobierno de que se dedicaban a impedirle lograr la victoria por retener las dos divisiones restantes del I Cuerpo de McDowell en Fredericksburg, cuando apenas eran 18.000 hombres y él había dejado perderse al triple.
Y cuando por fin se produjeron las batallas su actuación se limitó a abandonar su puesto y ponerse a salvo, desertando en Glendale y Malvern Hill. ¡McClellan se derrotó el solo! Y poco más podemos comentar sobre McClellan en esta campaña aunque tendremos ocasión de verle en acción en sucesos posteriores.
Tampoco podemos olvidarnos de sus comandantes de cuerpo, los cuales realizaron una tarea muy parecida a la realizada por McClellan careciendo totalmente de iniciativa y siempre defendiéndose en que se limitaban a cumplir las órdenes de su comandante. Curiosamente quien mejor se comportó de todos fue su protegido Fitz John Porter el cual estuvo implicado directamente en las principales acciones como Gaine’s Mill y Malvern Hill lo que le valió el ascenso a Mayor General, pero no sólo a él pues todos los comandantes de cuerpo habían sido ascendidos durante la campaña o como Porter inmediatamente después. Quien no tuvo ascenso fue el Brigadier Philip St. George Cooke, Comandante de la caballería unionista, al que su cuñado Jeb Stuart había dejado claramente en evidencia. Ese raid relevaría del mando activo a Cooke siendo destinado a servicios administrativos, como cortes-marciales o ayudante de reclutamiento. Aunque en 1866 sería ascendido a Mayor General con fecha del 13 de Marzo de 1865.
Pero esta avalancha de ascensos no terminó en los comandantes de Cuerpo, pues salvo Joseph Hooker que sería ascendido el 5 de Mayo tras la batalla de Williamsburg a Mayor General, el 4 de Julio de 1862 serían ascendidos a Mayor General: Richardson, Sedgwick, Kearny, Couch, Peck, Morell, Slocum y “Baldy” Smith; casi todos los comandantes de División de la campaña. Quienes no fueron ascendidos fueron Sykes, será porque mandaba una División de Regulares, y McCall, quien fue capturado en Glendale. ¡Cosas incomprensibles de militares, ascensos tras una derrota!
En Richmond la vida volvía a tener pulso, sólo unas semanas atrás el corazón de la Confederación se había detenido a la espera de que el lazo del Ejército del Potomac se cerrase y ahogara la rebelión. Pero el destino había colocado a un caballero como el General Robert Edward Lee al mando de Ejército del Norte de Virginia y los nubarrones en el horizonte se habían disipado. El precio no había sido baladí, pero en sólo una semana los unionistas que estaban a sólo 5 millas de Richmond habían sido obligados a refugiarse a lamer sus heridas 25 millas atrás, aunque no todo había salido perfecto. Posteriormente Lee diría de la campaña:
“Under ordinary circumstances, the Federal army should have been destroyed. Its escape is due to the causes already stated. Prominent among them is the want of timely and correct information. This fact, attributed chiefly to the character of the country, enabled General McClellan skillfully to conceal his retreat, and to add much to the obstruction with which Nature had beset the way of our pursuing columns. But regret that more was not accomplished, gives way to gratitude to the Sovereign Ruler of the Universe for the results achieved.”
“En circunstancias normales, el Ejército Federal debería haber sido destruido. Su escape se debió a las causas que se han mencionado. Entre ellos destaca la falta de información oportuna y correcta. Este hecho, atribuido principalmente a la naturaleza del país, permitió al General McClellan ocultar hábilmente su retirada y añadir mucho a la obstrucción con que la Naturaleza asedió a nuestras columnas de persecución. Pero lamento que más no se consiguió, agradezco al Gobernante Soberano del Universo por los resultados obtenidos”.
Cada uno puede formarse su propia opinión de si Robert Lee era o no culpable de esa falta de información precisa. Lo cierto es que había recibido el mando del ejército escasamente cuatro semanas atrás y sin más tiempo que para reunir refuerzos para equiparar en lo posible las fuerzas con su enemigo. Y la mejor información que recibió fue gracias a su propia iniciativa para arriesgar casi una brigada de caballería en el ya famoso raid de Stuart, pues muchos de los problemas que se produjeron en los planes tácticos fueron derivados de la falta de información proporcionada por el Departamento de Guerra de Richmond, que ni siquiera fue capaz de proporcionar mapas adecuados para las operaciones. Y es que las críticas no le faltaron a Lee durante la campaña. La principal se refería a que no había logrado acabar con los unionistas en el pantano de White Oak Swamp, y es que terminar con un ejército de 100.000 hombres no es una tarea fácil, más cuando hay que lidiar al mismo tiempo con los fallos cometidos por subordinados que llegan tarde o no se presentan en los momentos críticos de una batalla.
Otra crítica común fue debida a su plan inicial de dejar sólo 25.000 hombres como única defensa de Richmond ante el grueso del Ejército del Potomac, en una proporción de 3 a 1, cuando inició el despliegue contra el V Cuerpo de Porter al norte del río Chickahominy. Uno de los que más criticaron este plan de acción fue el Mayor General John B. Magruder quien precisamente estaba al mando de esta fuerza cuando redactó su informe:
“Desde el momento en que el enemigo retiró sus fuerzas a este lado del Chickahominy y destruyó los puentes, al momento de su evacuación, es decir, desde la noche del viernes hasta la mañana del sábado, examino la situación de nuestro ejército como extremadamente crítica y peligrosa. La mayor parte del mismo fue al lado opuesto del Chickahominy. Los puentes habían sido todos destruidos; pero uno fue reconstruida—New Bridge—que estaba dominado completamente por los cañones del enemigo de Goulding; y hubo 25 mil hombres entre su ejército de 100 mil y Richmond... Hubiera McClellan congregado su fuerza entera en columna, y avanzado contra cualquier punto de nuestra línea de batalla, como se hizo en Austerlitz en circunstancias similares por el más grande capitán de cualquier época, aunque la cabeza de su columna habría sufrido mucho, su impulso habría asegurado él éxito y la ocupación de nuestras fortificaciones en Richmond y consecuentemente la ciudad, podría haber sido su recompensa. Su fracaso para hacerlo es la mejor evidencia que nuestro sabio comandante comprendió totalmente el carácter de su oponente”.
A esta parte del informe de Magruder el General Lee añadió las siguientes “observaciones” al reenviarlo al Departamento de Guerra:
“General Magruder está bajo un malentendido en cuanto a la separación de las tropas que operan en el lado norte del Chickahominy de aquellas bajo él mismo y el General Huger en el lado sur. Se refiere a este tema en las páginas 2, 3, 4, 5, 6 y 7, de su informe.
“Las tropas de los dos lados del río sólo se separaron hasta que logramos ocupar la posición cerca de lo que se conoce como New Bridge, que ocurrió antes de las 12, el viernes, 27 de junio y antes del ataque al enemigo en Gaines’s Mill.
“Desde el momento en que llegamos a la posición referida, consideré la comunicación entre las dos alas de nuestro ejército restablecido.
“El puente al que se refiere y otro alrededor de tres cuartos de milla de arriba, se ordenó reparar antes del mediodía del viernes y el New Bridge fue suficientemente reconstruido para ser cruzado por la artillería en la noche del viernes, y se utilizó para el paso de carros, ambulancias y tropas, temprano el sábado por la mañana.
“Además de esto, todos los otros puentes sobre el New Bridge y todos los vados arriba de ese punto, fueron abiertos para nosotros.
Robert Lee demostró en sus observaciones al informe de Magruder que no consideraba a Richmond expuesta a ningún peligro inminente y confiaba en su capacidad para volver a cruzar el Chickahominy en caso de necesidad. Aunque también puede ser que Lee deseaba omitir en esos días uno de los “principios de la guerra” en su ataque al flanco derecho unionista, y este es que un comandante debe mantener siempre abierta la línea de retirada. Quizás Lee había considerado que no era el momento de ser cauteloso y sopesando la actitud mostrada por McClellan en la campaña y la que necesitaba que mostrasen sus tropas decidió seguir el ejemplo de Hernán Cortés y “quemar sus naves” demostrando a sus hombres que no había retirada. Además McClellan no destacaba por su audacia y si la maniobra confederada se había realizado en el mayor de los secretos, no era de esperar que los unionistas supiesen de la escasa defensa de Richmond en esos momentos. Y ya que importaba discutir este detalle, lo cierto es que se había vencido y como dijo Talleyrand, “Nada triunfa como el éxito”.
Y si algo tenía Lee era junto al éxito obtenido ahora había que sumarle el cariño que logró de las tropas, ya nada quedaba de aquel mote de “Rey de Azadas” y a partir de ahora sería para sus hombres “Marse Robert”. Así que a la vista de la situación el ejército permaneció en Charles City vigilando a los federales, pero siendo consciente Lee de que un ataque a Harrison’s Landing supondría un peaje demasiado elevado contra un enemigo totalmente desmoralizado e incapaz de retomar la iniciativa, el 7 de Julio Robert Lee recordó a sus tropas el éxito logrado en la siguiente Orden General:
“The immediate fruits of our success are the relief of Richmond from a state of siege; the rout of the great army that so long men. aced its safety; many thousand prisoners, including officers of high rank; the capture or destruction of stores to the value of millions; the acquisition of thousands of arms and forty pieces of artillery. The service rendered to the country in this short but eventful period can scarcely be estimated, and the general commanding cannot adequately express his admiration of the courage, endurance and soldierly conduct of the officers and men engaged. These brilliant results have cost us the loss of many brave men, but while we mourn the loss of our gallant dead, let us not forget that they died nobly in defense of their country's freedom, and have linked their memory with an event that will live forever in the hearts of a grateful people. Soldiers, your country will thank you for the heroic conduct you have displayed, conduct worthy of men engaged in a cause so just and sacred, and deserving a nation's gratitude and praise”.
“Los frutos inmediatos de nuestro éxito son el alivio de Richmond de un estado de sitio; la derrota del gran ejército con tantos hombres estad seguros; muchos miles de prisioneros, incluyendo oficiales de alta graduación; la captura o destrucción de almacenes por valor de millones; la adquisición de miles de armas y cuarenta piezas de artillería. El servicio dado al país en este corto pero agitado periodo apenas puede ser estimado, y el comandante general no puede expresar suficientemente su admiración por el coraje, la resistencia y la conducta militar de los oficiales y los hombres comprometidos. Estos resultados brillantes nos han costado la pérdida de muchos hombres valientes, pero mientras nos afligimos por la pérdida de nuestros valientes muertos, dejadnos no olvidar que ellos murieron noblemente en defensa de la libertad de su país, y han unido su memoria en un acontecimiento que vivirá siempre en los corazones de las personas agradecidas. Soldados, su país les agradecerá por la conducta heroica que ustedes han mostrado, digna conducta de hombres comprometidos en una causa tan justa y sagrada, el merecimiento de la gratitud y la alabanza de la nación”.
Al día siguiente Lee ordenaba el regreso a los campamentos en torno a Richmond para un merecido descanso a sus tropas. Llegaba el momento de repasar la actuación de las diferentes unidades en la campaña.
Si una cosa había quedado clara tras esta campaña es que la Confederación había encontrado a su comandante de caballería y por tanto Jeb Stuart fue ascendido a Mayor General el 25 de julio, este ascenso le otorgaba inmediatamente la autoridad para crear una División de Caballería, la cual se organizaría con dos brigadas:
1st Brigade, Brigadier General Wade Hampton:
• 1st North Carolina Cavalry, Coronel L. S. Baker.
• Cobb Legion Cavalry, Tte-Coronel P. M. B. Young.
• Jeff Davis Legion, Tte-Coronel W. T. Martin.
• Hampton Legion Cavalry, Mayor M. C. Butler.
• 10th Virginia Cavalry, Tte-Coronel Z. S. Magruder.
2nd Brigade, Brigadier General Fitzhugh Lee:
• 1st Virginia Cavalry, Coronel L. Tiernan Brien.
• 3rd Virginia Cavalry, Coronel Thomas F. Goode.
• 4th Virginia Cavalry, Coronel W. C. Wickham.
• 5th Virginia Cavalry, Coronel T. L. Rosser.
• 9th Virginia Cavalry, Coronel W. H. F. Lee.
Pero si repasamos el orden de batalla de la campaña veremos que si de algo estaba surtido el ejército confederado era de oficiales de alta graduación, los Mayores Generales abundaban como las setas, lo que se precisaba era realizar una “purga”. Y si bien como ya mencionamos antes, Robert Lee ni cambió el nombre del ahora Ejército del Norte de Virginia, ese nombre lo recibió el 14 de marzo de 1862 con Joseph E. Johnston al mando, ni acometió reorganización alguna pues ni había tiempo ni tenía la autoridad suficiente para acometer esa tarea. Es notorio el caos organizativo entre los diferentes mandos así como la desproporción de fuerzas en las diferentes unidades del mismo rango. Por tanto Robert Lee decidió acometer paso a paso una reorganización que llevaría su tiempo realizarla, casi dos meses, pero que ahora desde su nueva posición como vencedor de la Campaña de la Península podía acometer evitando especialmente injerencias políticas.
El primer “damnificado” sería el Mayor General John B. Magruder, quien aunque había realizado un excelente trabajo en las primeras fases de la campaña engañando y retrasando a McClellan, con lo que había ganado un tiempo precioso para la Confederación, sus siguientes actuaciones fueron deplorables. Se comentaba que era proclive a darse a la bebida en las situaciones de presión y la gota que colmó el vaso fue su actuación en la batalla de Malvern Hill. Pues además de retrasarse en su despliegue ordenó un ataque que sumado a la descoordinación del mismo sólo obedecía a que era la orden que había recibido. Cuando tras la batalla Lee le preguntó que porqué había atacado si la situación era notoriamente contraria a la que se reflejaba en sus órdenes y que ningún comandante juicioso hubiese realizado, la respuesta fue simplemente: “En obediencia de sus órdenes, recibidas dos veces”. Esa respuesta fue suficiente para Lee y a los pocos días Magruder era “ascendido” al serle encomendado el mando del Departamento de Texas.
Otro “ascendido” sería el Mayor General Benjamin Huger, el cual tuvo un encontronazo con Longstreet durante la batalla de Seven Pines referente a quien tenía más rango, y en las siguientes batallas de los Siete Días siempre actuó con retraso. Aunque lo más probable es que pesara en la decisión final su actuación en el Departamento de North Carolina y la pérdida de Roanoke Island. Así que fue relevado del mando activo y a las pocas semanas enviado al Departamento del Trans-Mississippi como Inspector General. Quien acompañaría a Huger sería el Mayor General Theophilus H. Holmes, quien su mayor fiasco fue no cerrar la retirada unionista en la batalla de Glendale. Así que le fue encomendado el mando del Departamento del Trans-Mississippi y aunque fue ascendido nada menos que a Teniente General allá por el 10 de octubre de 1862, este ascenso de debía a que era uno de los amigos del Presidente Jefferson Davis y esta habitual protección de sus amigos tendría graves consecuencias en el futuro.
Entre los Brigadier General se ascendería el 14 de julio a Richard H. Anderson a Mayor General y tomaría el mando de la División de Huger. Otro relevo se produciría en el Brigadier William H.C Whiting, quien sería enviado a North Carolina y su división pasaría al texano Brigadier John B. Hood quien destacó especialmente en Gaine’s Mill. Y no hubo más cambios ni ascensos y esto se puede explicar porque si de algo estaba sobrado el Ejército Confederado era de oficiales de alto rango y lo que necesitaba era una reorganización profunda para evitar en lo posible que se volviesen a producir los continuos errores de cadena de mando y comunicación entre los mismos.
Además no se había logrado otra cosa que salvar a la capital, Richmond, pero aún el Ejército del Potomac seguía posicionado en Virginia y por tanto la amenaza de un nuevo ataque era posible aunque no inminente. Llegaba el momento de decidir cuál sería el siguiente paso a dar y ahora la iniciativa estaba en manos de la Confederación y especialmente en las de su más reciente héroe el General Robert E. Lee.


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