La forja de un sueño

La entonces Gobernación de Mendoza tenía una población en la que se había desarrollado todas las profesiones y oficios que necesitaba para su normal desenvolvimiento, dado que la distancia en aquellos tiempos hacia difícil la comunicación y el aprovisionamiento desde Buenos Aires y el acceso de bienes desde Chile era bastante difícil, pues no existían caminos y solo había sendas transitables en época de verano y de a uno en fondo, por lo que el único medio de transporte de personas y mercaderías era con mulas. El 6 de setiembre de 1814 San Martín se hace cargo de la Gobernación y el 24 del mismo mes el Director supremo Gervasio Posadas le comunica que el gobierno le esta acordando un préstamo de 600 pesos para costear los gastos del traslado de su esposa desde Buenos Aires a Mendoza. Ésta realizará el viaje en compañía de su sobrina Encarnación y la hija y la esposa del coronel Corvalán. La pareja Escalada-San Martín permanecerá juntos casi dos años (el mayor tiempo de sus años de casados) y es en esa provincia donde nacerá su única hija Mercedes. Como dato anecdótico diremos que en la víspera de iniciarse la marcha del Ejército de los Andes para cruzar la cordillera ambas mujeres inician el viaje a Buenos Aires siendo esta la última oportunidad que verá con vida a su mujer.

Pero volvamos a los primeros tiempos de San Martín como Gobernador de Cuyo. La revolución que se produjo en Chile en julio de 1810 se vio desde sus inicios alterada por las divisiones entre los partidarios de O´Higgins, hijo natural de un virrey español, y el clan de los Carrera, una de las familias más ricas de Chile con los hermanos José Miguel, Juan José, Luis y Javiera, como sus líderes. Esta división terminó con el enfrentamiento de ambas facciones en la zona de Maipo, en agosto de 1814, del que resulta vencedor el bando de los Carrera. Justo cuando ambos ejércitos se preparaban para un nuevo combate aparecen las tropas realistas que venían a combatir a ambos bandos lo que es aprovechado por los Carrera para abandonar el campo dejando a O´Higgins enfrentarse con sus tropas a los recién llegados. Gracias a su pericia O´Higgins escapa del cerco realista, pero vencido finalmente en Rancagua logra, con la ayuda de tropas enviadas por San Martín al mando de Las Heras, cruzar la cordillera y refugiarse en Mendoza. Prevenido por patriotas chilenos de reconocida probidad y con la confirmación de su huida del campo de batalla dejando a sus compatriotas en lucha con el enemigo San Martín procede a detener a los Carrera, quienes pretenden establecerse en la provincia desconociendo la autoridad del Gobernador, incautándoles los dineros públicos traídos por éstos que argumentaban que eran propios y que finalmente serán usados para armar y equipar a las tropas que liberarán a Chile. Enviados finalmente los Carrera y sus hombres detenidos a Buenos Aires San Martín iniciará una fructífera colaboración con Bernardo O´Higgins en pos de la libertad de Chile.

Terminado este episodio comenzó una serie de recorridos por todo el territorio bajo su autoridad. Mendoza fue la primera en responder favorablemente a la revolución de mayo, jurando obediencia al gobierno central el 25 de junio de 1810. Teniendo en cuenta las características de la región los habitantes de la misma sacaron lo mejor de su ingenio para aprovechar los recursos hídricos y regar los campos mediante represas, canales y acequias, permitiendo el desarrollo de la agricultura y la ganadería. Todo esto fue logrado por la pericia de los herreros, que más allá de fabricar las herraduras para el ganado supieron, con la colaboración de mecánicos e ingenieros, fabricar las ruedas y engranajes de molinos y esclusas con los minerales extraídos de las profundidades de la tierra por los mineros cuyanos. Los campos estaban divididos en lotes, lo que permitía cultivar distintos tipos de frutos y verduras que se convertían en vino, aguardiente, aceite de oliva, aceitunas, frutas secas y harinas, lo que era usado para el consumo de la población y para el comercio con el resto de las provincias y en menor medida con Chile. También se había desarrollado una pequeña industria textil donde se fabricaban tejidos con la lana de las ovejas que se criaban en las zonas semiáridas. En la zona de la actual provincia de San Luis, donde el clima era más benigno, se criaba ganado vacuno, con cuya carne se producía el charqui, y caballos, que al estar acostumbrados a desplazarse por zonas serranas y montañosas, eran ideales para su uso en la precordillera.

Con toda esta variedad de elementos y con una población industriosa puede San Martín tenerlo como base para su proyecto libertario. Con un sistema financiero conservador, comienza por estatizar los bienes de los enemigos prófugos y pone estas tierras ahora públicas en arriendo, teniendo así fondos genuinos para su administración. También dispone crear un FONDO DE GUERRA EXTRAORDINARIO, pagadero en cuotas mensuales, y declara de propiedad pública las herencias de los españoles y portugueses muertos que no tuvieran sucesión. Impuso una contribución sobre cada barril de vino de un peso y sobre cada barril de aguardiente de dos pesos, al papel y al ramo de pulperías, el que sería aplicado al servicio de las armas, al igual que un impuesto general aplicado a cada individuo según el catastro realizado por el Cabildo, algo que fue cumplido por toda la población en forma voluntaria, aceptándose la declaración de buena fe hecha por cada individuo, no registrándose ninguna hecha falsamente. Dispuso también que españoles y portugueses aportaran un impuesto obligatorio sobre sus bienes y realizaran empréstitos fijados por el Cabildo de acuerdo a sus bienes registrados. Logró que las carretas fueran usadas en forma gratuita cuando se las necesitara para transportar bienes y equipos para el ejército para lo cual se creó un registros de los propietarios para que estos fueran llamados en forma rotativa y así no afectar a sus negocios (pero muchas veces aquellos que encontraban sus transportes ociosos los ofrecían sin importar los turnos), que los alfalfares fueran ofrecidos por sus dueños para alimentar al ganado equino y mular propiedad del ejército. El apoyo del pueblo quedó plasmado en el dado por los artesanos que ofrecieron su trabajo en los talleres e instalaciones del ejército pagaderos solamente con la ración de comida común a la tropa y en que las mujeres cosieran los uniformes de la tropa gratuitamente. Algunos prestan importantes sumas de dinero, como el aporte hecho por José Vicente Zapata quien entrega en calidad de préstamo dos mil pesos fuertes con la condición de “ser devueltas cuando los tiempos de apuro hayan pasado” (las crónicas no dicen si fueron cobrados), además de entregar doce mulas, igual cantidad de caballos y de novillos gordos, haciendo la salvedad de sentirse apesadumbrado de no poder entregar más porque su tropa “no se encontraba en la provincia”. Otros entregan ganados y cereales, otros pagan sin discutir sus multas, en dinero o bienes. De este último el caso más conocido es el de una mujer que habiendo hablado en público en forma despectiva sobre la patria es llevada ante el gobernador quien en vez de aplicar la pena de reclusión que correspondía para este caso la sanciona con la obligación de entregar 10 docenas de zapallos de su finca a la Intendencia del ejército para alimento de la tropa.

Hay un hecho curioso en la búsqueda de fondos que muestra que hasta los muertos contribuyeron a la campaña libertadora. Don Martínez Rozas, un patriota chileno residente en la ciudad, había fallecido. San Martín se reunió con su albacea y le manifestó que habiendo conocido al occiso podía asegurar que si éste viviera contribuiría gustosamente con parte de su fortuna a la liberación de su tierra, logrando así recibir doce mil pesos a titulo de donativo patriótico a nombre del difunto. Logró de parte de las cofradías que existían en la provincia la donación de las rentas de sus capitales e igualmente logró que las monjas del Convento de la Buena Esperanza, a través de su superiora, donaran los capitales y que otras entregaran los fondos que tenían recaudados para rescatar a los cautivos de los indios. El comercio de Mendoza entregó a titulo de préstamo veinte mil pesos y San Martín encarga a los Cabildos y clérigos que realicen campañas en sus poblaciones a los efectos de que los habitantes de las mismas donen todos aquellos bienes que tienen ociosos para ayudar a dotar a las tropas de lo necesario para la futura campaña. Prestamistas de San Juan, Mendoza y San Luis otorgaron préstamos con la garantía hipotecaria de propiedades del gobierno provincial contando con la aprobación del gobierno nacional por cuarenta mil pesos a un muy bajo interés y pagadero a largo plazo. Pero las donaciones más significativas fueron las que hicieron las damas de la sociedad mendocina, encabezadas por la esposa del Gobernador, doña Remedios de Escalada de San Martín, quien en nombre de sus amigas manifestó en el momento de la entrega que “los diamantes y las perlas sentarán mal en la angustiosa situación en la que se ve la provincia y peor si por desgracia volviéramos a arrastrar las cadenas del vasallaje”. Pero para poder pedir la colaboración de la población hay que dar el ejemplo y San Martín es el primero en hacerlo, ya que dona la mitad de su sueldo y en febrero de 1816 solicita le sea reducido a un tercio y dispone que lo cosechado en su chacra se entregara a la alimentación de las tropas, dejándose para él y su familia lo estrictamente necesario para la subsistencia. Es importante también destacar la disposición establecida sobre los sueldos de los funcionarios y los oficiales del ejército a los que se les solicita una quita en sus haberes como contribución a la causa libertaria.

Mientras en el resto del territorio de las nacientes Provincias Unidas del río de la Plata reinaba el caos, ya que luego de la derrota a manos de las tropas de Fructuoso Rivera de las enviadas por Posadas cae el gobierno de éste, siendo reemplazado por Alvear al que San Martín conocía de sus épocas en Londres y Buenos Aires como un hombre de ambiciones desmedidas y una total falta de escrúpulos para hacerse con el poder. Pide una licencia aduciendo motivos de salud que le es concedida por el nuevo Director que le ordena dirigirse a Rosario, localidad que estaba bajo jurisdicción de Buenos Aires y donde podía ser detenido sin que sus partidarios lo impidieran, evitando así que pudiera encabezar un levantamiento en su contra, ya que su designación era resistida por otros gobernadores. En Cuyo la población era totalmente leal a su Gobernador y su proyecto, y el nuevo gobernador Gregorio Pedriel es rechazado desde un primer momento, lo que le es atribuido a San Martín quien, aduciendo imposibilidad de viajar por motivos de salud, permanece en Mendoza. Recién llegado Pedriel a Mendoza le es advertido que la población no está de acuerdo con su designación produciéndose una manifestación frente a su domicilio para hacerle saber su malestar y que incluso están dispuestos a atacarlo físicamente a fin de lograr su salida de la provincia. Mientras esto sucede le llega una comunicación del Cabildo donde se le informa que no podrá asumir su cargo hasta tanto no se produzca una reunión de notables y se expida al respecto. Ante la insistencia de Pedriel de querer asumir se produce “espontáneamente una manifestación frente al Cabildo a la que incluso se integran milicias sin armas”, contraviniendo una orden expresa de San Martín de que las tropas no debían participar de uniforme en manifestaciones públicas, salvo que fueran citadas expresamente por sus superiores. Como en la reunión que mantuviera San Martín con Pedriel, el gobernador saliente le propone que se sigan los pasos formales y su renuncia sea ratificada ante el Cabildo de la provincia. Realizada la reunión el Cabildo rechaza de plano la sustitución de San Martín e incluso le solicita sea también retirado su pedido de licencia exigiéndole la inmediata continuación de su cargo, a la vez que se dirigía por carta al Director Alvear donde se le solicitaba que se respetara la elección democrática del Pueblo de la provincia. Ante estos hechos, para evitar un nuevo frente de conflicto que se sumaría a los ya existentes con otros gobernadores, Alvear ordena a Pedriel que se retire de Mendoza, dejando a San Martín la opción de “continuar en la gobernación, según lo aconseje su salud”. Afianzado en el gobierno de Cuyo puede dar inicio a su segundo objetivo que era remontar un ejército para liberar a Chile y Perú.

Cuando se hizo cargo tenía en la provincia una fuerza orgánica de 30 hombres encargados de la defensa de la zona sur en el Fuerte de San Carlos, quienes se identificaban como Blandengues. Las milicias solo actuaban en caso de ataque por parte de los indios como unidades de defensa de las poblaciones donde tenían su asiento. A poco de su llegada decide la creación de un batallón compuesto por infantería adiestrada, por lo que se le denominó “de línea”, y recibe también algunas compañías sueltas del Batallón nº 3, un escuadrón de granaderos y cincuenta artilleros.

Alvear durará menos de noventa días en el cargo a raíz del rechazo de la población de Buenos Aires y el desconocimiento por parte de las tropas de su autoridad, empezando éstas a desertar. El nuevo Director establece, por decreto del 28 de enero de 1815, que todos los esclavos útiles entre 17 y 20 años automáticamente obtenían su libertad en el momento de su incorporación al ejército, logrando de esta manera levantar una fuerza militar de importancia para la defensa nacional. Esto es aprovechado por San Martín para disponer que dos tercios de los esclavos entre 17 y los 20 años deban incorporarse al ejército. Incluso al propietario de un solo esclavo se lo obliga a oblar el equivalente en dinero, que era de doscientos pesos, es decir, los dos tercios de su valor. Con esta cantidad de mulatos, pardos y negros se pudo formar los regimientos 7 y 8 de infantería. También dispone que a partir del 2 de abril de 1815 “no hay motivo ni pretexto para que todo hombre a partir de los 15 años se incorpore a filas, existiendo muy pocas excepciones, salvo que fuera sostén de madre viuda o padres ancianos”.

Una vez organizado el reclutamiento de los hombres queda ahora empezar a organizar y poner en marcha el tema del armamento y las municiones. En la búsqueda de conocedores de estos menesteres recibe informes de que entre los emigrados chilenos llegados a Mendoza había un fraile oriundo de la ciudad que era un estudioso de la química y la física. Luego de entrevistarlo y pese a la oposición de alguno de sus colaboradores pero guiado por su intuición que nunca le fallaba al momento de elegir a quienes trabajarían a su lado designa con el grado de Teniente de Artillería a Fray Luis Beltrán como Directo de la Maestranza, el 1 de marzo de 1815, poniendo bajo su mando a 300 operarios expertos en fundición de metales y todos los elementos disponibles de la provincia para la fabricación de armas o su reparación. Contando con el apoyo de las tropas que recorren todo el territorio de la Gobernación se recoge todo el metal aportado por la población en forma voluntaria y todo aquel que “estuviera ocioso”. Las campanas de toda la provincia fueron utilizadas para la fundición siendo bajadas de sus torres mediante aparejos creados por el clérigo. Además de las armas el otro objetivo de San Martín para la preparación de su ejército era tener una gran provisión de pólvora de la cual solo podía aprovisionarse en la Fabrica de Mixtos de Córdoba. Pero la producción de ésta y la de Tucumán estaban totalmente orientadas a la provisión de las tropas gubernamentales que combatían en la zona del litoral y las que custodiaban la frontera norte del avance de los godos desde el Alto Perú. San Martín comisiona al ingeniero José Antonio Álvarez Condarco, quien se había desempeñado anteriormente en la fábrica de Córdoba, para que analizara el salitre existente en la provincia de Mendoza. Luego de realizadas las pruebas de fabricación con dicho material San Martín recibe el informe que la pólvora obtenida era de calidad similar a la importada de Inglaterra y con menor costo que las que en ese momento se fabricaban en el país.

Solucionados los problemas de la provisión de armas y pólvora quedaba ahora dar solución a la vestimenta de la tropa para lo cual, luego de muchas pruebas, termina eligiendo la bayeta, que es un tejido rustico en base a lana de oveja que se producía mayoritariamente en San Luis y que, mediante un sistema de abatanamiento (2) inventado por Dámaso Herrera, un emigrado chileno, se transformaba el tejido común en otro resistente, cómodo y abrigado. El calzado fue otro motivo de preocupación, en lo que algunos llamaron una actitud absolutista en las decisiones, pero su preocupación en el buen estado de salud de los pies de sus hombres hizo que fundamentara la provisión en calzado de buena calidad. No habiendo en la provincia buenos zapateros que pudieran hacer un producto como él lo deseaba, ya que no hacen un correcto tratamiento del cuero y el costo de cada par era muy alto, envía al gobernador de Córdoba una nota donde le explica que tiene a sus tropas literalmente “en pata”, por lo que le solicita la remisión de 500 pares de zapatos especificándole que éstos debían ser de calidad fuerte, de doble suela, de hebillas altas y de tamaño grande y unos pocos más chicos como “para tambores”. En la misma también le solicita que le dé al pedido la premura que el caso ameritaba, a la vez que le informaba que el pago se realizaría contra entrega de los elementos por la Caja de Cuyo. La particularidad de solicitar calzado de números grandes era dar a sus tropas la posibilidad de abrigar sus pies con medias gruesas o paños evitando así el riesgo de congelamiento y lastimaduras producidas por las asperezas del terreno montañoso, ya que la principal arma de la infantería en esa época eran sus pies. Vemos aquí que ya estaba en su mente la utilización de los pasos cordilleranos para llegar a Chile.

Alejándonos un poco de la administración de la Provincia y la organización del Ejército podemos decir que la salud de San Martín en esa época seguía siendo precaria teniendo que recurrir diariamente al uso de opio para calmar los dolores producidos por la enfermedad ulcerosa de su estomago. Su salud, a raíz de su desmedida contracción al trabajo se empeoraba, llegando a estar casi un mes postrado a raíz de los vómitos de sangre pese al esmerado cuidado de su médico personal el Dr. Zapata. Algunos cronistas relatan que todas las mañanas ingería al despertarse un licor verdoso y grueso que suponían extracto de opio con aceite de oliva, sirviendo este último como elemento que ayudaba a fijar el narcótico a las paredes estomacales. Nadie lo califica como un opiómano empedernido, sino como alguien que hace uso moderado de un narcótico. Aunque para esa época tenía treinta y siete años parecía físicamente un hombre viejo. Comenzaba la actividad normalmente a las cuatro de la madrugada, se preparaba su propio café y luego se aseaba, afeitaba y vestía su sencillo uniforme de granadero, solo distinguible del común de la tropa por sus atributos de oficial superior. A las cinco de la mañana llegaba su secretario, con quien trabajaba despachando los asuntos de la gobernación y del ejército que requerían su atención personal hasta el mediodía, cuando se dirigía a la cocina donde comía sólo algún puchero o un asado acompañados por dos copas de vino y de postre algún dulce de la región. En época de verano descansaba un par de horas recostado en una hamaca en el corredor de la casa. Las tardes las utilizaba para realizar las inspecciones tanto a las oficinas responsables de la administración de la provincia interiorizándose de su funcionamiento y de los inconvenientes que pudieran tener para el correcto despacho de las cosas públicas, como a las responsables de igual tarea en el ejército, como así también concurría a supervisar e incluso participar en el adiestramiento de las tropas, tal como lo hacía cuando era el Jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo en el cuartel de Retiro. La actividad diaria terminaba con alguna reunión social o jugando al ajedrez, pero a las diez de la noche se retiraba para consumir una cena frugal y acostarse para volver a reiniciar la rutina en la todavía noche cordillerana.

Nuevas tropas son enviadas desde la península a América del Sur y las llegadas al Virreinato del Perú son utilizadas para sofocar los distintos focos revolucionarios y en especial tratar de anular definitivamente el que había comenzado en Buenos Aires y se extendía por el Alto Perú. Sipe-Sipe significó para el Ejército del Norte su peor derrota haciendo pensar a algunos habitantes no del todo comprometidos con la causa libertaria en el país que la victoria seria incierta llegando esta desazón inclusive a afectar al Ejército de Cuyo. San Martín, viendo cundir el desanimo, decide realizar una gran fiesta donde concurre obligatoriamente toda la oficialidad del ejército y representantes de la sociedad cuyana y del resto de la provincia como así también miembros de los Cabildos. En el momento del brindis éste levanta su copa y pronuncia la arenga “Por la primera bala que se dispare contra los opresores de Chile, del otro lado de los Andes”, lo que corroboraba que la idea pasaba a transformarse en un hecho real, próximo a cumplirse.

Mientras esto sucedía en Cuyo, el resto de las provincias, incluyendo Buenos Aires, se debatían en desacuerdos estériles, en especial entre la sociedad porteña proclive siempre a defender su centralismo, y la disputa con los alvearistas, celosos de la popularidad de San Martín, llegando incluso a calificar a éste como agente español, que luego de organizar un ejército en Cuyo, pasaría a usar a éste, con la ayuda que recibiría del Presidente de Chile, para volver a poner a las provincias bajo el dominio español. El 9 de julio de 1816 finalmente se proclama la independencia de las Provincias Unidas del río de la Plata y con la activa participación de los delegados de Cuyo se logra la designación del General Juan Martín de Pueyrredon como Director Supremo, quien camino hacia Buenos Aires para asumir su cargo se reúne en Córdoba con el Gobernador de Cuyo y, luego de dos días de reuniones, cierran fructíferos acuerdos que permitirán a San Martín llevar adelante su proyecto de liberar a Chile y Perú del dominio español. Al llegar a Buenos Aires y luego de asumir sus funciones, el nuevo director nombra como Gobernador de Cuyo al General Toribio Luzuriaga, dejando a San Martín libre de la administración de la provincia, y lo nombra General en Jefe del Ejército de los Andes. El 3 de octubre el Congreso de Tucumán lo distingue con la jerarquía de Capitán General aunque al tomar conocimiento de esto declina tal designación, hecho que repetirá en noviembre del mismo año al enterarse que el Cabildo de Mendoza había solicitado al gobierno central su nombramiento de Brigadier General. Ante esta reiteración de hechos y para evitar futuras acciones en el mismo sentido hace publicar una nota en el periódico local donde dice que no acepta otro cargo o jerarquía que el que tiene, declarando que renunciará al mismo cuando terminara su misión de liberar a los habitantes de la América del Sur.

Comandante del Ejército de los Andes

A partir de su nombramiento se dedica totalmente al adiestramiento del ejército el cual tenía su base principal en El Plumerillo, que se encontraba a 6 km aproximadamente de la ciudad de Mendoza. Si bien él residía en el campamento algunos días concurría hasta tres veces a la ciudad, ya que en ésta se encontraban las dependencias administrativas del ejército, la maestranza y el parque. Por día este recorrido lo hacía montado en su caballo favorito, un oscuro de trote largo, lo que unido a la apostura del jinete, hacía que fuera elogiado por los hombres y admirado por las mujeres a las que arrancaba más de un suspiro y un provocador saludo con sus abanicos tal como se estilaba en la época, pero sabiendo que San Martín era hombre de una sola mujer, su joven esposa Doña Remedios de Escalada, se limitaban solamente a eso.

Encargado de la administración de los fondos y elementos del ejército estaba Juan Gregorio Lemos, Intendente del ejército. Un inglés naturalizado en el país, el Doctor Diego (James) Paroissien, fue el encargado de la organización del servicio médico del ejército al que dotó de un hospital de campaña formado por seis carpas cónicas y toda una gama de utensilios, elementos y herramientas para su correcto funcionamiento, y cuando se inició el desplazamiento del ejército se debieron transportar catres, sábanas, frazadas, útiles de cocina, tijeras, escalpelos, lanceras de vacunación, vendas de bayeta, dos cajas de trepanación, hilas, esponjas y un largo listado de elementos que completó las 122 mulas de carga. Para el traslado y la atención médica el hospital de campaña contó con la colaboración de 20 asistentes, 6 cabos de sala, 2 rancheros, 2 lavanderos, 4 sirvientes y 2 hombres para policías de sala. Es importante destacar que este médico junto a otros que vivían en el territorio de la gobernación realizan la primera vacunación antivariólica en el País.

Un emigrado chileno, el Doctor Vera y Pintado, redactó bajo la supervisión de San Martín el Código de Justicia Militar compuesto por cuarenta y un artículos en cuya introducción podemos leer “La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crimines, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas, ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene”. Este reglamento establece claramente los deberes y obligaciones de aquellos que empuñaban las armas de la patria en defensa de la libertad. Otro párrafo establece la obligación de que el mismo sea leído y comprendido por todo el ejército para que nadie pueda alegar desconocimiento o ignorancia. Este abogado fue el encargado de la administración de justicia en el ejército.

Con fecha 12 de octubre de 1816 se dirige al gobernador de Mendoza solicitándole que le concedan cuarenta cuadras de tierra a fin de prever, para cuando terminara con su vida militar, de contar con un medio decente de sobrevivencia, ya que declara que sus escasos sueldos no le permiten contar con los 200 pesos que valdrían esas tierras, ya que había decidido con anterioridad la donación de la mitad de sus haberes y, a diferencia de otros altos jefes que cuentan al retirarse con fortunas personales, él solo basa su solicitud en asegurar su sustento y el de su familia en una actividad productiva como es el cultivo de la tierra, convirtiéndose en labrador, ya que se siente identificado con esta tarea. El Gobernador Luzuriaga eleva esta solicitud al Cabildo y sus miembros por unanimidad deciden acordarle lo solicitado, sumándole doscientas más para su hija Tomasa Mercedes, dejando constancia que estas entregas no son “graciables”, sino que son justa recompensa por las penosas y heroicas tareas que ha realizando sirviendo a la provincia como Gobernador y como Jefe del Ejército y que tienen como objetivo llevar la libertad al hermano pueblo de Chile. El gobernador le comunica que las tierras concedidas se encuentran ubicadas en la Villa Los Barriales (después villa San Martín). En la nota que remite al Cabildo donde acepta éstas también deja constancia que, en nombre de su hija, pide se destinen las tierras que le entregaran a ésta a premiar a aquellos hombres que se distingan en las campañas de ejército a la vez que instruye que un tercio de los beneficios de la finca se aplicará a la creación y mantenimiento de una cátedra de matemáticas y otra de geografía. Una muestra más del desprendimiento en pos del bienestar de otros es la instrucción que le da al administrador de su finca que, ante una situación de crisis que afectara a la provincia, permita a los vecinos el uso de las pasturas para alimentar al ganado, que reparta entre los más necesitados las existencias de granos y verduras y que también auxilie a doña Josefa Cruz con todo lo que ésta pueda necesitar para su normal subsistencia.

Volviendo a la actividad militar es interesante conocer una carta que le enviara el Director Pueyrredon, su amigo y apoyo en la concreción del proyecto libertario. Luego de enumerar el envío con sus correspondientes comentarios irónicos y jocosos concluye la carta diciendo “Y no sé yo como me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo a bien que en quebrado, cancelo cuentas con todos y me voy yo también para que Usted me de algo del charqui que le mando y ¡CARAJO!, no me vuelva a pedir más si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la fortaleza”. No obstante a fines de noviembre le envía 30 mil herraduras y medio millón de cartuchos para completar el pedido original.

Una muestra del apoyo con que contaba por parte del pueblo cuyano es la anécdota que cuenta el compromiso que asumiera un tropero de carretas llamado Pedro Sosa, quien se compromete ante San Martín en hacer un viaje ida y vuelta a Buenos Aires para traer una carga de fusiles, debiendo recorrer cerca de 300 leguas (1.448 Km) de ida y otros tantos de vuelta con sus carretas tiradas por bueyes con su paso lento. Cumple el compromiso sobradamente y cuando se le quiere pagar la doble paga acordada y el premio especial se niega a recibirlos.

Otros no midieron las consecuencias en el caso de servir a la causa libertaria. Pedro Vargas sacrifica situación económica, familia y amigos, ya que acuerda en una reunión secreta con San Martín que empezará a actuar como un partidario acérrimo de la corona española, y que solo un núcleo reducido encabezado por el general sabrán de la verdad de su misión que es la de infiltrarse entre los partidarios de la misma en Mendoza para sabotear sus planes. Como primer paso el Gobernador manda detenerlo por hablar en contra de la causa y es trasladado engrillado a la cárcel y se le impone una fuerte multa. Su familia en pleno va a interceder por él ante el Gobernador, quien conmovido por el llanto de sus hijos y esposa lo destierra a San Juan. Regresado a su hogar luego de expirar el plazo es nuevamente detenido por ser acérrimo partidario de la corona española siendo nuevamente desterrado a San Luis. El encierro reiterado y el escarnio sufrido lo hacen aceptable en el circulo de españoles quienes le confían los planes que se traman y le comunican las noticias que llegan del otro lado de la cordillera, quedando así en poder de San Martín todos los planes que se traman entre Marco del Pont y los residentes españoles en la provincia, y a su vez facilita falsa información sobre los planes de los patriotas. Tan creíble fue su actuación que inclusive su esposa, que provenía de una familia patriota, llegó a solicitar el divorcio, que fue llevado a largas por las autoridades eclesiásticas y civiles a instancias del gobernador que ”consideraba de mal gusto y contrario a las buenas costumbres civiles y cristianas la separación y disoluciones de los matrimonios”. Recién después de que la independencia de Chile fuera afirmada, se supo la verdadera historia de este héroe de la causa al que el cabildo de Mendoza públicamente reconoció su labor y los sacrificios que hizo por la libertad sudamericana.

Otro de los reconocidos espías y colaboradores de San Martín fue el ingeniero José Antonio Álvarez Condarco, miembro del núcleo de confianza de éste, que había puesto en marcha la explotación del salitre y otros minerales para la fabricación de pólvora y demás implementos metálicos necesarios para el ejército. Este ingeniero era reconocido por su fidelísima memoria puesta a prueba durante sus viajes de exploración por la provincia. Al ser citado por su jefe, éste le comunica “Mayor, será usted portador de una nota dirigida al Gobernador de Chile, Casimiro Marco del Pont. Ésta servirá de excusa para que durante su viaje reconozca el paso de Los Patos, por el cual ingresará a Chile. Y de no mediar una actitud agresiva hacia su persona por parte del Gobernador, quien no dudaría en fusilarlo, será devuelto con la premura del caso por el de Uspallata. Demás está decir que Usted no tomará ninguna nota o croquis a los efectos de no ser tratado como espía, así que confío totalmente en su memoria”. Llegado Álvarez Condarco a Santiago, luego de presentar la carta, fue confiado a la custodia de un Coronel español de apellido Morgado. Éste formaba parte de un grupo de oficiales que propugnaban el regreso a la Constitución Progresista de Cádiz, aprovechando el enviado, en las conversaciones en confianza mantenidas, hacer conocer a muchos de estos integrantes de la Logia de Santiago de cuáles eran los objetivos de la emancipación americana. Así que cuando fue devuelto por el camino más corto a Mendoza no solo traía en su memoria todos los datos del terreno que tendrían que atravesar las tropas, sino también la novedad de que había grandes posibilidades de que la resistencia realista no fuera tan fuerte.

Otro paso dado para desinformar a su adversario fue la entrevista que tuvo con los caciques de las comunidades pehuenches que tenían sus tierras al sur de la provincia. A éstos les solicitó el permiso correspondiente para atravesar sus tierras para dirigirse a los pasos montañosos a fin de pasar con sus tropas a Chile, sabiendo que éstos en un plazo no menor a los tres días le comunicarían a Marco del Pont estos planes, a los cuales éste respondió poniendo tropas a la salida de los mismos en su territorio, restando fuerzas a las que podrían encontrarse los ejércitos patriotas cuando lo hiciera por los pasos de más al norte.

Con todos estos pasos cumplidos sólo quedaba ultimar los detalles finales para preparar los elementos que necesitaban las tropas en especial la comida. Sus oficiales de intendencia y sanidad realizaron un preparado al que denominaron “charquicán”, consistente en carne salada secada al sol (charqui) la cual era molida y se le agregaba ají molido. Antes de consumir se le adicionaba harina de maíz y agua caliente y se conseguía una especie de guiso con buen gusto y gran poder calórico. La vestimenta y abrigos estaba realizada con las telas abatanadas y por los tejidos aportados por las mujeres de la provincia, y el calzado vino de Córdoba. Para armar al Ejército de los Andes finalmente se fabricaron 4.700 balas de cañón, 1.600 tarros de metralla, un millón de proyectiles de fusil, se acopiaron 5.000 fusiles con sus correspondientes bayonetas provenientes de diversos orígenes, 714 tercerolas y 1.200 sables, 60.000 piedras de chispa, mil monturas y similar cantidad de alforjas, provistas por el Gobierno Central o por la fabrica dirigida por Fray Luis Beltrán y sus operarios. El ganado que sería llevado en pie, empezaba a ser desplazado hacia los pastos precordilleranos, y los hombres están listos y motivados para empezar la gran tarea de llevar la libertad a los pueblos del otro lado de la cordillera.

La gran hazaña

El cruce de la Cordillera de los Andes ha sido comparado por algunos con el cruce de los Alpes realizado por los cartagineses, romanos y su contemporáneo Napoleón, pero la sola comparación de las alturas que debieron franquear las tropas con su equipo para llegar a los llanos de Chile no tiene comparación, ya que los pasos de los Alpes no superaban los 2.500 metros, habían caminos y poblaciones en la zona que contaban con valles productivos, mientras que los Andes estaban a 5.000 metros, la cordillera mantiene nieves eternas, está formada por dos cadenas principales, paralelas con tres y cuatro cordones de montañas divididas por gargantas profundas con muy escasa vegetación, y la comunicación entre ambos lados se realiza a través de sendas y pasos estrechos que en muchos casos debían ser recorrido en fila india ya sea por mulas o viajeros, no practicable para ningún tipo de vehículo, sufriendo el frió incluso en cálidos días de verano además de padecer “el soroche” provocado por la altura y la falta de oxigeno, lo que provoca trastornos cardíacos llegando en algunos casos a la muerte.

Una muestra de lo que fue el trasporte de los elementos pesados fue el traslado de la artillería por más de 350 Km desde Mendoza a Chile. Ante la requisitoria de San Martín a Fray Luis Beltrán de que “los cañones tienen que volar” la respuesta fue “esté tranquilo mi General, tendrán alas”. Así fue que marchó detrás de la columna de Las Heras con siete cañones medianos y sus dos mil quinientos proyectiles, dos cañones de hierro y seiscientas bombas para éstos, dos obuses con seiscientas granadas y doscientos tiros de metralla, sesenta y seis palancas de carga, doce zorras, poleas de todo tipo y dos puentes de maroma. Todos los elementos estaban envueltos en lana de oveja y cueros vacunos frescos para lograr que, en caso que se cayeran por los barrancos, sufrieran el menor daño posible. La columna tenía casi dos kilómetros de largo compuesta por más de trescientas mulas, llegando todo al otro lado sin ninguna pérdida.

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El cruce de los Andes

Las columnas principales cruzarían por el paso de Los Patos al norte y el de Uspallata al centro. Por el primero pasaría parte de la artillería y el parque principal. Ambas columnas contaban con los croquis realizados previamente por Álvarez Condarco y los ingenieros contaban entre sus ayudantes a barreteros de las minas mendocinas que tenían como misión ampliar o nivelar las sendas cuando fuera necesario. Se establecieron etapas donde al final de cada una de ellas se encontraría agua y leña para la tropa que transportaba su alimento, consistente en una mezcla de charqui, harina, cebolla y condimentada con ají molido, la que solo necesitaba un poco de agua caliente para que se convirtieran en una comida apta para ayudar a soportar el frío de la montaña. Además cada hombre tenía en su ración una botella de vino y cebolla que le ayudarían a paliar los efectos del soroche, teniendo la intendencia de cada compañía raciones de aguardiente y alimentos extra. Las provisiones de quince días para 5.000 hombres ocuparon 510 mulas y las cargas de vino para ración diaria, 113 mulas. Según Guillermo Miller, el número de reses en pie, vacunos todos ellos, llegaba a 483.

El calzado mas allá del que llevaba cada hombre también fue objeto de cuidado, y la intendencia tenía reservas de calzado claveteado y ojotas de cuero con sus medias de bayeta correspondientes, aquí vale hacer una pequeña digresión del tema para dar a conocer a: LOS "TAMANGOS" DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES. Dispuso el General San Martín, para suplir la falta de calzado y no gravar al erario, que el Cabildo remitiese al campamento los desperdicios de cuero de las reses del consumo diario para construir con ellos tamangos (3), especie de sandalias cerradas con jaretas, a manera de zapatones de una pieza, usados por los negros y que los mismos soldados preparaban. Llevase la economía al último grado a que jamás ha llegado para demostrar, según las palabras de San Martín, cómo se pueden realizar grandes empresas con pequeños medios. Publicóse por la orden del día y se proclamó por bando a son de cajas que se reuniesen en almacenes los trapos viejos de lana para forrar interiormente los tamangos “por cuanto -decíase en él- la salud de la tropa es la poderosa máquina que bien dirigida puede dar el triunfo, y el abrigo de los pies, el primer cuidado que debe tener todo jefe”.

También se tuvo en cuenta de llevar el pienso para el ganado, herraduras y clavos de repuesto para los caballos y mulas y medias herraduras para los bueyes, y un hospital de campaña completo. Todo estaba finamente calculado, ya desde el momento en que las unidades abandonaran sus cuarteles no podían contar con ayuda de ningún tipo y era necesario que llevasen todo consigo.

Finalmente en enero de 1817 la fuerza logró su conformación final con 3 generales, 28 jefes, 207 oficiales, 3.778 soldados de tropa, 1.392 auxiliares y 15 empleados civiles (5.423 hombres en total). A su vez contabilizó 16 piezas de artillería (10 cañones de 6 pulg., 2 obuses de 4 y 1/2 pulg. y 4 piezas de montaña de 4 pulg.), 1.600 caballos extras (para caballería y artillería) y 9.281 mulas (7.359 de silla y 1.922 de carga).

Los primeros movimientos se inician en septiembre en la zona sur, logrando mediante éstos que el Gobernador Marco del Pont trasladara sus tropas hacia esa zona creyendo que por allí vendría el ataque principal. Posteriormente otros movimientos por el norte lo obligan a fraccionar nuevamente a sus tropas pero los movimientos finalmente comenzarían en enero. El 23 de enero de 1817, desde el Cuartel General del Ejército de los Andes en Mendoza, su Comandante en Jefe, el Coronel Mayor don José de San Martín remitió al Director Supremon del Estado, Brigadier don Juan Martín de Pueyrredon, el “Diario Militar de Operaciones” de dicho Ejército con todas las actividades cumplidas hasta el momento y anunciando su próxima propia partida “a la ligera para reunirse a las tropas en marcha”.

El cruce de la Cordillera

El cruce se realizaría por seis pasos. Al norte por el de COMECABALLOS: el 12 de enero se inicia al mando del Teniente Coronel Zelada y tiene como objetivo la captura de Copiapó. Más abajo por el de GUANA, se desplaza el Teniente Coronel Cabot, buscando capturar Coquimbo. Por el de LOS PATOS, con O’Higgins y San Martín en el grueso y Soler a la vanguardia, parte el 18 de enero la columna principal. Ésta tomó por Jagüel, Yalguaraz y río de los Patos, y salvó el alto cordón del Espinacito por el paso homónimo, situado a 5.000 metros. El 2 de febrero de 1817 inició el paso de la cadena limítrofe por el Paso de las Llaretas. Esta columna tropezó con las mayores dificultades pues fue preciso escalar cuatro cordilleras. La retaguardia estaba al mando del Tte. Cnel. Pedro Regalado de la Plaza, que conducía la maestranza del ejército y el Hospital de Campaña. Soler a la vanguardia logró las victorias de Achupallas (4 de febrero de 1817) y Las Coimas (7 de febrero de 1817). Al día siguiente ingresaron en San Felipe, ya en territorio chileno. Por el paso de USPALLATA la columna al mando de Las Heras inicia el 18 su avance por el valle del río Mendoza, conduciendo todo el parque y la artillería, cuyo transporte era imposible por el más escabroso paso de Los Patos. A cargo de la tropa de 800 hombres, se hallaba el Brigadier Juan Gregorio de Las Heras, siendo su segundo el Mayor Enrique Martínez. Entre los hombres destacados que lo acompañaban cabe destacar a fray Luis Beltrán. Tras vencer en los combates de Picheuta, Potrerillos y Guardia Vieja, pudieron ingresar en Santa Rosa de Los Andes el día 8 de febrero de 1817. En la misma fecha se produjo la reunión con la división principal que el día anterior había salido victoriosa en la acción de Las Coimas. Las dos debían reunirse en el Valle del Aconcagua, mientras que efectivos menores dispersaban las fuerzas enemigas induciéndolas a engaño respecto del avance de la agrupación principal. El cruce fue verdaderamente épico, ya que no sólo cruzaron una de las cadenas montañosas más altas del mundo (Las Heras registró que cruzó el Paso de la Cumbre, de 3.500 metros, a las tres de la mañana), sino que lo hicieron por un desierto que en parte no tenía siquiera agua. El único medio día de descanso que tuvieron fue a causa de una tormenta de granizo que los obligó a detenerse. Finalmente las fuerzas de Las Heras, de O’Higgins y de Soler se reunieron el 8 de febrero en el Campamento de Curimon. Más al sur por el paso DEL PORTILLO el Capitán Lemos se desplaza el 18 y el primero en avanzar el 14 de enero es el Teniente coronel Freyre, quien ingresa al paso DEL PLANCHON con destino a Curicó. Ya en territorio chileno las tropas patriotas la historia es conocida.

Notas

(1) Uno de los grandes errores de la administración española fue la expulsión de los jesuitas de los territorios de América, ya que esta congregación había logrado la pacificación e integración de los aborígenes y les habían dado una administración que les brindaba formas de trabajo y educación, algo que en muchos casos se perdió por la falta de conocimiento e inoperancia de los posteriores administradores españoles, que con el retrogrado pensamiento sobre sus administrados hicieron que estas poblaciones desaparecieran ya que sus habitantes prefirieron volver a su vida primitiva a continuar bajo el maltrato y explotación a que eran sometidas por los funcionarios que en la mayoría de los casos no conocían la idiosincrasia de sus administrados y el sistema de administración que fuera creado por los jesuitas, que no hacia diferencia entre unos y otros.

(2) Batir o golpear un paño en el batán para desengrasarlo o darle cuerpo. Batán: máquina provista de unos mazos que giran alrededor de un eje y golpean los paños recién fabricados para desengrasarlos y enfurtirlos.

(3) (por. tamanacos: zuecos) Zapatos (YAC.), botines groseros (LS.); zuecos (LS.); calzado viejo.

Bibliografía

Isidoro Ruiz Morebo: Campañas Militares Argentinas.
Enrique Mario Mayochi: El Libertador José de San Martín.
Daniel Balmaceda: Historias de Corceles y de Acero
Rene G. Favaloro: ¿Conoce Usted a San Martín?