El Helesponto, un nombre mítico que a muchos de nosotros nos despierta la imaginación, que nos retrotrae a Homero y la Guerra de Troya, a Heródoto mostrándonos a Jerjes cruzándolo junto a su inmenso ejército en un puente de barcas camino de su malhadada expedición a Grecia, a Leardo atravesándolo a nado en busca de su amada Hero, o al polifacético Lord Byron imitando su gesta en 1810. 

Los Dardanelos son un estrecho de 40 millas de longitud que separa Europa y Asia, al tiempo que une el Mediterráneo con el Mar Negro a través del Mar de Mármara y el Bósforo, en un paisaje jubiloso que nadie se debería perder. La entrada en su lado occidental tiene dos millas de ancho, que al poco se abren hasta alcanzar las cuatro millas, para estrecharse gradualmente a la altura de los Narrows, ubicados catorce millas en su interior y con una anchura de solo una, para ensancharse nuevamente un promedio de cuatro millas durante otras veintiséis hasta alcanzar el Mar de Mármara. En su lado Norte la península de Gallipoli se eleva entre escarpados acantilados, mientras la costa asiática es una llanura de litoral bajo que se extiende hasta la antigua Troya. No existe mareas en los Dardanelos, pero sí una corriente constante de unos tres nudos de Este a Oeste, debido a los grandes ríos que desembocan en el Mar Negro y el deshielo del Cáucaso. 

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Mapa de los Dardanelos.

Para 1914 los Dardanelos era una de las principales rutas marítimas del mundo, por donde pasaba todo el comercio procedente de los tres grandes puertos de Constantinopla, Odessa y Sebastopol, así como para todo el comercio que proviene del Danubio, el Dniéster, el Dnieper y el Don, de hecho el 90% de la vital exportación del grano ruso debía atravesar sus aguas.

Ambas costas del estrecho pertenecían al Imperio Otomano, que bajo la batuta de los denominados Jóvenes Turcos intentaba modernizar sus Fuerzas Armadas eligiendo a los mejores en cada campo, por ello el General Liman von Sanders era el encargado de la misión militar alemana que debería instruir al Ejército, y el Contralmirante Henry Limpus el Jefe de la misión naval británica que debía modernizar la Armada, el Imperio nadaba entre dos aguas al estallar la Gran Guerra, pero pronto comenzó a decantarse hacia las Potencias Centrales cuando el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, decide incautar dos modernos acorazados construidos para Turquía, con la consiguiente indignación entre los Jóvenes Turcos. Pero el paso decisivo, el que inclinó finalmente la balanza, fue la llegada del schlachtkreuzer SMS Goeben a la entrada de los Dardanelos el 10 de Agosto de 1914, y que le fuese permitido el paso y permanencia en aguas otomanas bajo el subterfugio de ser adquirido por la Armada turca. Este hecho, que en su momento no parecía ser muy relevante al ocurrir en plenas ofensivas terrestres que en la mente de muchos deberían resolver el conflicto en pocas semanas, fue el detonante de la entrada del Imperio Otomano en la guerra, y consecuentemente el que daría lugar a la Campaña que nos ocupa en este hilo.

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SMS Goeben.

La llegada del SMS Goeben a Constantinopla tuvo varias repercusiones en los mandos navales británicos presentes en el Mediterráneo. El Vicealmirante Milne, Comandante de la Mediterranean Fleet y que había fracasado miserablemente en la persecución del crucero de batalla alemán, fue relevado del cargo y postergado a un oscuro destino en tierra. Peor experiencia tuvo que vivir el Contralmirante Troubridge, quien no quiso exponer sus cuatro modernos pero desfasados cruceros acorazados al fuego alemán, y que fue llamado a Gran Bretaña para presentarse ante un Consejo de Guerra, en el que fue finalmente exonerado de todos los cargos pero no volvió a tener un mando en la mar. El tercero afectado por la audacia e inteligencia del Contralmirante Souchon, Comandante del SMS Goeben, fue el Contralmirante Limpus, el Jefe de la Misión Naval británica, cuya posición se volvió insoportable cuando el alemán fue nombrado Almirante de la Armada turca, debiendo retirar la Misión el 9 de Septiembre, quedando los germanos al frente tanto del Ejército como de la Armada otomana, cuya sensación de predominio en la aún neutral Turquía era tal que una broma circulaba por toda la colonia extranjera presente en Estambul: “Deutschland uber Allah”… 

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Vicealmirante Milne.

Era necesario nombrar un Comandante para las fuerzas navales que, ubicadas permanentemente en la entrada Oeste de los Dardanelos, debían impedir cualquier salida del SMS Goeben al Mediterráneo, y la elección obvia era el Contralmirante Limpus, quien estaba lógicamente familiarizado con todo lo relativo a la Armada turca, y lo que cobraría más importancia en un futuro cercano, con las defensas de los Dardanelos. Pero para Sir Edward Grey, Ministro de Asuntos Exteriores, y Louis Mallet, Embajador ante la Sublime Puerta, el nombramiento de Limpus, quien conocía bien muchos secretos turcos, hubiese representado una ofensa que quizá inclinase la balanza definitivamente hacia las Potencias Centrales, por lo que se decidió enviar a Limpus al astillero de Malta y que fuese el Vicealmirante Carden, hasta entonces encargado del mismo, quien tomase el mando en la mar, para enfado de Churchill, que escribió a Grey en los siguientes términos: : "Ahora parece que Turquía no solo puede dañar nuestra posición naval por una flagrante violación de la neutralidad en lo relativo al Goeben, también dispone de veto sobre los nombramientos del Almirantazgo…. Si Mallet cree que está tratando con un gobierno susceptible de discusión, persuasión y prueba de buena fe, está soñando… Nada demanda al gobierno turco, sino a la fuerza ”. Fisher también estaba horrorizado por el nombramiento de Carden, cuya poca distinguida carrera se suponía debía acabar como superintendente del astillero de Malta, y escribió a Jellicoe, Comandante de la Grand Fleet: "¿Quién esperaba que Carden estuviera al mando de una gran flota?"

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Vicealmirante Carden.

En cualquier caso las instrucciones de Carden eran sencillas y no requerían de un gran talento, se limitaban a destruir al SMS Goeben en el caso de que intentase salir de los Dardanelos. Para ello contaba con numerosas unidades ligeras, los cruceros de batalla HMS Indefatigable e Indomitable y dos pre-dreadnought franceses, los Suffren y Vérité, todos ellos armados con piezas de 305 mm, que se suponía deberían dar buena cuenta del Schlachtkreuzer. Bajo la insistencia alemana los turcos habían minado los Estrechos, pero dejado abierto un pequeño canal para que pusiesen surcarlos todos los buques, según los Tratados Internacionales anteriores al estallido de la guerra, y durante una semana el nuevo Comandante de Mediterranean Fleet se limitó a contemplar el reguero de mercantes rusos que transportaban el preciado trigo hacia Francia, y en el sentido contrario otros que suministraban armamento y municiones al desprovisto ejército ruso, pero el 27 de Octubre un destructor británico tuvo la mala idea de detener para su inspección al torpedero turco Akhisar, en el cual se encontraron marineros alemanes, por lo que fue obligado a regresar sobre sus pasos. La respuesta del Coronel alemán Weber, al mando de la fortaleza de Canakkale, fue contundente, cerrar los Estrechos sin consultar a nadie, y tampoco nadie se atrevió a revocar sus órdenes a posteriori, pronto aparecieron grandes pancartas en los acantilados avisando de que el paso estaba minado, se apagaron los faros y se aumentó el numero de minas presentes. El cordón umbilical que unía el Imperio ruso con sus aliados occidentales estaba roto, ningún mercante de la Entente volvería a cruzar las aguas del Estrecho durante el conflicto, con este paso el Imperio otomano se deslizaba inexorablemente hacia la guerra, solo resultaba necesario un ligero empujón para que el hecho se consumase, y la presencia del SMS Goeben y el Contralmirante Souchon en Constantinopla garantizaban que no habría vuelta atrás...

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Contralmirante Souchon.

Cuando el 29 de Octubre el Almirante Souchon realiza el bombardeo de los puertos rusos de Sebastopol, Odessa y Novorossiysk la entrada en el conflicto del Imperio Otomano se convierte en inevitable, pese a que tanto el Sultán como el Gran Visir desean aceptar el ultimátum presentado por la Entente solicitando la expulsión de la tripulación alemana de los SMS Goeben y Breslau en un plazo de doce horas. Los Jóvenes Turcos se oponen, encabezados por Enver Pasha, y el 2 de Noviembre el Imperio ruso declara la guerra al otomano. Franceses y británicos no lo harían formalmente hasta el día 5, pero incluso antes de ello Churchill quería una demostración pública del descontento británico y ordenó al Vicealmirante Carden que bombardease los fuertes turcos a la entrada de los Dardanelos, lo que este último se dispuso a llevar a cabo el 3 de Noviembre. Los cruceros de batalla HMS Indomitable e Indefatigable dispararon durante veinte minutos y a una distancia de unos 12.000 metros contra el fuerte de Sedd el Bahr, situado en la punta de la península de Gallipoli, que no pudo responder en ningún momento porque ambos buques estaban fuera del alcance de sus armas. Uno de los proyectiles de 305 mm impactó sobre un polvorín, produciendo una gigantesca explosión que mató a 5 Oficiales y 61 hombres, mientras una gran columna de humo se elevaba 150 metros en el aire. Mientras los dos pre-dreadnoughts franceses tuvieron menos éxito en su bombardeo del fuerte de Kum Kale, ubicado en el lado asiático, no lograron ningún resultado relevante y tuvieron que retirarse cuando los proyectiles turcos empezaron a caer cerca de sus barcos, pues debido al menor alcance de sus piezas necesitaron acercarse más a la costa.

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HMS Indefatigable.

La breve demostración satisfizo a Churchill pero en realidad resultó un error por partida doble, por una parte llevó a pensar a Carden y por extensión al Almirantazgo que el bombardeo naval de los anticuados fuertes turcos podría destruirlos fácilmente sin sufrir daños propios, por la otra puso sobre aviso a germanos y otomanos, que se aprestaron a fortalecer las defensas del Estrecho; pronto desde Alemania empezaron a llegar municiones para abastecer los cañones de grueso calibre en los fuertes turcos. Además se conectaron las diferentes fortalezas con cables telefónicos, se establecieron boyas como detectores de rango para mejorar la precisión artillera, se incrementó el número de reflectores, en los acantilados de Gallipoli se establecieron gran cantidad de cañones de medio calibre y el campo minado de duplicó, pasando de cinco líneas defensivas a once. Por parte británica no hubo más acciones durante los siguientes semanas, salvo que los HMS Indomitable e Indefatigable fueron trasladados a la metrópoli, siendo su puesto ocupado por el HMS Inflexible, que regresaba de Las Malvinas tras dar buena cuenta del Escuadrón de Asia Oriental.

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Fort Sedd el Bahr en la actualidad.

Para finales de Noviembre la guerra de movimientos en el Frente Occidental era historia, dos infranqueables líneas defensivas paralelas se extendían desde Suiza hasta el mar, los franco-británicos habían sufrido casi un millón de bajas y no había visos de que la matanza pudiese detenerse a medio plazo, aunque el General French, al mando de la BEF, seguía pensando que enviando más y más hombres contra las líneas germanas en algún lugar se produciría la ansiada ruptura del frente. French era apoyado por Kitchener, pero el resto de los miembros del Consejo de Guerra estaban ansiosos por encontrar una alternativa, un lugar donde poder golpear al enemigo con un menor coste en hombres. En el pasado Gran Bretaña siempre había utilizado su poder naval, cuando combatía a una Potencia continental, para montar operaciones en teatros secundarios que terminaban por agotar al rival, como ocurrió en España y Portugal durante las Guerras Napoleónicas. Ahora la Royal Navy contaba con una inmensa fuerza que sin embargo parecía impotente para ayudar al Ejército, para frustración de dos mentes inquietas como el Lord del Almirantazgo y el Lord del Mar, Churchill y Fisher, que por entonces daban vueltas sobre el plan Báltico, una descabellada idea de desembarcar un Ejército en Pomerania. La primera mención a un ataque a los Dardanelos surgió en el Consejo de Guerra del 25 de Noviembre, ante las noticias de una ofensiva otomana sobre el Canal de Suez. Como medida de contraataque Churchill sugirió una operación combinada de la Armada y el Ejército contra los Dardanelos, una idea en principio brillante que captó la atención de Kitchener, cuya figura dominaba los Consejos, pero declaró que en ese momento no había tropas disponibles para tamaña empresa. A la pregunta de Fisher sobre la posibilidad de convencer a los griegos para un desembarco en Gallipoli apoyado por la Royal Navy, el Ministro de Exteriores Grey respondió que cualquier esperanza al respecto sería ilusoria, por lo que el Consejo pasó a debatir otros asuntos. Pero la semilla de una Campaña en los Estrechos ya estaba sembrada, y no tardaría en germinar...

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