El ataque de Carden a las fortalezas externas comenzó bajo un sol radiante en la mañana del 19 de febrero. El mar estaba en calma y no había viento cuando el buque insignia de Carden, el crucero de batalla HMS inflexible, y cinco pre-dreadnoughts británicos y cuatro franceses anclaron en las cristalinas aguas azules y comenzó un bombardeo a largo alcance de los fuertes, a 11.000 metros de distancia. Los turcos, con sus cañones fuera de alcance, guardaron silencio. A las 14:00 horas Carden ordenó cerrar a 5.000 metros, distancia en la que el armamento secundario de sus acorazados se unió al bombardeo de los fuertes, pero aún así los cañones turcos no respondieron. Pero a las 17:45, cuando Carden ordenó a los acorazados Vengeance, Cornwallis y Suffren que se acercaran aún más, a una distancia de entre 3.000 y 4.000 metros, las fortalezas turcas a ambos lados del Estrecho entraron en erupción, demostrando que sus armas no habían sido destruidas en absoluto. Con la luz del día apagándose y los fuertes envueltos en humo y polvo, Carden ordenó un alto el fuego, pese a que el Contralmirante de Robeck solicitó permiso para prolongar el ataque, a lo que el Vicealmirante se negó. Los resultados del bombardeo no fueron concluyentes, los buques habían disparado 139 proyectiles de 305 mm, los fuertes habían sido golpeados en numerosas ocasiones, pero los cañones turcos habían seguido disparando. En última instancia los franco-británicos aprendieron que no era suficiente simplemente golpear los fuertes, la única forma de poner un arma fuera de servicio de forma permanente era lograr un impacto directo en ella. Los artilleros eran igualmente difíciles de aniquilar; bajo el bombardeo simplemente se retiraron a sus refugios y esperaron su oportunidad, aunque sin lograr ningún blanco. En este sentido, los eventos del día habían proporcionado una lección útil para los Aliados: los barcos podrían dominar la batalla simplemente manteniendo a los artilleros enemigos lejos de sus armas con un fuego sostenido.

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Fuerte de Sedd el Bahr, en Cabo Helles.


Desafortunadamente la flota no tuvo oportunidad inmediata de aplicar este nuevo conocimiento, esa noche el clima cambió y durante los siguientes cinco días una potente borrasca impidió cualquier acción, retirándose los buques a Mudros. Carden señaló a Londres el 24 de febrero: "No tengo la intención de combatir con mal tiempo, dejando el resultado indeciso como durante la experiencia del primer día. Estoy convencido de que si se dan las condiciones climáticas favorables, la destrución de los fuertes en la entrada se puede completar en un día". El 25 de Febrero la tormenta se alejó y se reanudó el bombardeo de los fuertes exteriores, en esta ocasión encabezada la flota por el HMS Queen Elizabeth, que junto al Agamemno, Irresistible y Gaulois anclaron a 11.000 metros de sus objetivos y comenzaron el bombardeo, El HMS Queen Elizabeth disparó dieciocho proyectiles de 381 mm, uno por uno, sobre uno de los fuertes en el Cabo Helles, que dejaron fuera de combate dos cañones, mientras el HMS Irresistible disparó treinta y cinco proyectiles de 305 mm a otro fuerte de Cabo Helles logrando desmontar otros dos cañones. El HMS Agamemnon ancló demasiado cerca de tierra y un fuerte de la costa europea disparó cincuenta y seis proyectiles contra el acorazado, logrando siete impactos, que mataron a tres hombres e hirieron a otros siete. A las 14:00 horas el Contralmirante de Robeck acercó los barcos a la entrada del Estrecho y enfrentó los fuertes a corta distancia. Los cañones turcos callaron y, entre el humo y las densas nubes de polvo, parecía que los cañones y los fuertes debían haber sido destruidos o al menos parecían estar desiertos ( de hecho los artilleros turcos y alemanes habían sido evacuados temporalmente.) Al final de este día, el Vicealmirante francés Emile Guepratte llevó su Escuadrón cerca del HMS Inflexible con la banda de música tocando "God Save the King" y "Tipperary", mientras los marineros británicos respondieron tocando la "Marsellesa".

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El HMS Canopus disparando sus cañones de 305 mm de la torre A contra los fuertes exteriores de los Dardanelos.

Al día siguiente los acorazados desembarcaron a los infantes de marina para cubrir a los escuadrones de demolición de la Armada, por lo general cincuenta marines que cubrían a treinta marineros, que atravesaron los fuertes de Helles y Kum Kale haciendo explotar las armas abandonadas con cargas explosivas, en los desiertos fuertes de Sedd el Bahr y Kum Kale, diecinueve cañones pesados ​​se transformaron en chatarra, mientras en los emplazamientos cercanos una docena de cañones de mediano calibre Krupp también fueron destruidos. Irónicamente un grupo de marines llegó hasta el pueblo de Krithia, ubicado al pie de una colina llamada Achi Baba que dominaba la península de Gallipoli, siete kilómetros al Norte de Sedd el Bahr; unos meses más tarde hasta cuatro sangrientas batallas se sucedieron por el control del pueblo, pero los británicos nunca volvieron a pisar sus calles. El coste de estas operaciones terrestres fue de nueve hombres muertos o heridos, sin embargo la resistencia se estaba endureciendo, las tropas turcas regresaron con mayores fuerzas y para el cuatro de Marzo expulsaron a los infantes de marina y marineros británicos de Kum Kale y cabo Helles, matando a veintidós hombres e hiriendo a veintisiete, pero su cometido de desmantelamiento de lo fuertes había sido cumplido.

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Fuerte de Kum Kale, en el lado asiático de los Estrechos.

La noticia de que una combinación de disparos navales y partidas de demolición había abrumado a las antiguas fortalezas turcas a la entrada de los Dardanelos y destruido sus armas complacía al Almirantazgo y al Gabinete. Churchill se encontró rodeado de rostros sonrientes y se mostró impresionado por "el número de personas que ahora estaban a favor de las operaciones de los Dardanelos y afirmaban haber contribuido a su iniciación". El 2 de Marzo Carden informó al Almirantazgo que, si el buen tiempo se mantenía, esperaba llegar al Mar de Mármara en dos semanas. En su reunión del 10 de Marzo, el Gabinete de Guerra empezó a debatir qué hacer después de la toma de Constantinopla. La caída de las fortalezas externas de los Dardanelos también impresionó a los neutrales, Italia aceleró los preparativos para unirse a la Entente, pero las repercusiones fueron especialmente significativas en los Balcanes. Si la flota británica estaba a punto de aparecer ante Constantinopla y el Imperio otomano iba a colapsar, ninguno de los estados balcánicos deseaba estar ausente en el reparto de los despojos. Los búlgaros empezaron a inclinarse hacia los Aliados, y más importante aún, el 1 de Marzo, el gobierno griego ofreció tres Divisiones para desembarcar en la península de Gallipoli. La oferta fue escuchada con atención por Londres, pero cuando se informó a los rusos estos se mostraron completamente en contra de la operación, pues temían que los griegos quisieran hacer de Constantinopla su capital (y en este punto no les faltaba razón) y en los planes Imperiales los Estrechos deberían formar parte de Rusia tras la guerra, perdiéndose de este modo la oportunidad de sacar a Turquía del conflicto y cavando el Imperio ruso su propia tumba.

Tras la caída de los fuertes exteriores los turcos se mostraban pesimistas, en el lado asiático del Bósforo dos trenes especiales estaban listos para partir en una hora y llevar al Sultán, su harén y su corte a refugiarse en las profundidades de Asia Menor. Dentro de la ciudad, el Embajador alemán se preocupó de que su Embajada, un enorme edificio amarillo situado en una colina prominente, se convertiría en un objetivo principal para los cañones de la flota aliada, y comenzó a depositar su equipaje personal para su custodia en la Embajada estadounidense. En los Estados Unidos, en previsión de que el trigo ruso pronto saldría a través del Bósforo y los Dardanelos, el precio del cereal cayó en la Bolsa. En Berlín, el Almirante Von Tirpitz observó que "La cuestión de los Dardanelos excita a los países balcánicos, el cambio de alianzas de un pequeño Estado puede afectar fatalmente todo el curso de la guerra, el forzamiento de los Dardanelos sería un duro golpe para nosotros. . . . No nos quedan triunfos ". En sus memorias Ludendorff escribió que la ocupación de los Estrechos supondría el fin del bloqueo a Rusia, lo que conllevaría a que la lucha en el Frente Oriental se volvería mucho más complicada, con repercusiones muy negativas para el conjunto de la guerra. Dos hombres se interponían entre estos negros presagios y la realidad, el Contralmirante Merten y el Vicealmirante Usedom, al mando de las defensas de los Estrechos, conocedores de que la partida solo había empezado a jugarse, que el mantenimiento de los fuertes exteriores era imposible pero que el grueso de las defensas concentradas en los Narrows aún tenían mucho que decir. Usedom pensaba que ante un ataque decidido la flota aliada podría perder cuatro o cinco barcos antes de abrirse paso, ahora la cuestión era saber cuántos buques y hombres estaba dispuesto a sacrificar el enemigo para romper sus defensas.

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En primer plano y la izquierda el Contralmirante Merten, a su lado el Vicealmirante Usedom.

En Londres la inicial victoria de Carden fortaleció la convicción del Almirantazgo y el Gabinete de Guerra de que el Estrecho podría ser forzado únicamente por la Armada. Si solo con la pérdida de unas pocas docenas de royal marines y marineros podían tomar posesión casi indiscutible de los fuertes en ambos lados de la entrada, el plan de Kitchener parecía prudente: no era necesario utilizar soldados para ayudar a la flota en los Dardanelos, aunque una vez que los barcos se hubiesen abierto camino hasta el Mármara, el Ejército sería necesario para la ocupación efectiva de Constantinopla. Sin embargo sobre el terreno el Vicealmirante Carden había comenzado a descubrir formas más inmediatas en que las tropas de tierra podrían ser útiles: los Oficiales de control de fuego en las estaciones de observación en tierra permitirían a sus barcos dirigir su artillería con mayor precisión sobre las fortalezas de los Estrechos, por otra parte las baterías móviles que cubrían el largo espacio intermedio hasta llegar a los Narrows. podrían ubicarse y eliminarse más fácilmente mediante un ataque desde tierra, y por último, a medida que la flota avanzara, los soldados podían desembarcar y tomar posesión de la península para evitar que los turcos regresaran. Con estas consideraciones en mente, Carden le pidió al general Sir John Maxwell, al mando de las fuerzas británicas en Egipto, que proporcionara 10.000 hombres para desembarcar en Cabo Helles ahora que los fuertes exteriores habían sido destruidos. La respuesta a Carden no vino de Maxwell, sino de la Oficina de Guerra en Londres, que declaró con severidad que las tropas de tierra en esta etapa no eran una parte esencial de la operación naval. De hecho, Kitchener advirtió al General Sir William Birdwood, comandante de las fuerzas ANZAC, sobre el riesgo de desembarcar una pequeña fuerza en la península de Gallipoli, donde se creía erróneamente que los turcos disponían de 40.000 hombres. Las tropas que ya estaban en el campamento en Lemnos, decretó Kitchener, debían permanecer en esa isla hasta que la flota hubiera destruido las fortalezas interiores; solo entonces podría ser necesario desembarcar algunos hombres en el cuello de Bulair para evitar que los suministros llegasen a las tropas turcas aisladas en la península. Solo Fisher protestó ante la inacción del Ejército, escribiendo a Lloyd George: “Los Dardanelos de nada sirven sin soldados, antes o después alguien tendrá que desembarcar en Gallipoli”. Aunque su petición era más que razonable Carden no podía discutir, unas semanas antes le había dicho al Almirantazgo y al Gabinete de Guerra que el Estrecho podía ser forzado solo por la flota, ahora se veía obligado a hacerlo.

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Mapa topográfico de los Dardanelos.

El 26 de febrero comenzó el bombardeo de los fuertes interiores, los viejos acorazados entraron en los Dardanelos sin temor a las arruinadas fortalezas exteriores disparando a larga distancia contra las fortalezas de los Estrechos, causando escasos daños, aunque los proyectiles turcos de grueso calibre tampoco lograron ningún blanco. Sin embargo los buques de guerra fueron golpeados repetidamente por las baterías de cañones móviles ubicadas a lo largo de ambas costas. Los proyectiles de 45 kilos de peso disparados por piezas de 15 cm no podían aspirar a paralizar, y mucho menos hundir, un acorazado por antiguo que fuese, pero los repetidos impactos resultaban desconcertantes, y los acorazados hicieron todo lo posible para localizar y eliminar estos adversarios con su artillería secundaria. La dificultad para lograrlo fue rápidamente evidente: cuando las baterías turcas abrían fuego los barcos intentaban localizarlas desesperadamente, pero las armas estaban tan bien ocultas que rara vez tuvieron éxito. Además los cañones cambiaban de posición todos los días y, en aquellas ocasiones en que los disparos navales se volvieron precisos, los artilleros turcos y alemanes simplemente se retiraron a sus cuevas o refugios hasta que terminaba el bombardeo para mover sus cañones a otra posición oculta entre el matorral o los barrancos, y poco más tarde volvían a abrir fuego. También tuvo éxito por parte de los turco-alemanes el uso de docenas de “dummyguns”, que no eran otra cosa que troncos de cedro pintados en gris para confundir al adversario, que gastó inútilmente mucha munición confundiéndolos con cañones

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Fuerte de Killid Bahr.

Irónicamente, cuando el éxito inicial de Carden incitó a los prohombres en Londres a auto felicitarse y alentó a los Gobiernos de los Balcanes a reexaminar sus alineamientos diplomáticos, el ataque naval contra los Dardanelos comenzó a flaquear, desde el 1 de Marzo en adelante, el progreso del ataque se hizo cada vez más lento. La siguiente etapa consistía en avanzar eliminando las baterías en los fuertes de los Estrechos, en Chanak en el lado asiático y Kilid Bahr en Gallipoli, y para lograr este resultado Carden pretendía usar las tácticas que tan bien habían funcionado contra las fortalezas externas: en primer lugar bombardeo de largo alcance, cuando los cañones turcos hubiesen sido silenciados, un compromiso más cercano para abrumarlos con disparos a quemarropa. Desafortunadamente para los Aliados la geografía local, que había favorecido a los franco-británicos en su ataque a las fortalezas externas, ahora beneficiaba a los turcos. Al atacar las fortalezas exteriores los barcos pudieron usar una amplia extensión del Mar Egeo para maniobrar mientras concentraban su fuego en una pequeña área, sin embargo ahora se invirtió la ventaja geográfica: las defensas intermedias y de los Narrows solo podían ser atacadas desde el interior del estrecho canal de agua y, a medida que las naves se trasladaban a este espacio confinado, podían ser sometidas a fuego concentrado de artillería tanto de las baterías móviles como de las piezas de grueso calibre en las fortalezas, Las disposiciones tomadas por el Contralmirante Merten y el Vicealmirante Usedom demostraron su validez, los vulnerables dragaminas no podían internarse en el Estrecho hasta que los cañones enemigos hubiesen sido silenciados, las minas impedían que los acorazados pudiesen acercarse a corta distancia de los fuertes, y los cañones de grueso calibre representaban un serio peligro para buques con escasa capacidad de maniobrar en los Estrechos y detenidos ante las mismas. Baterías móviles, cañones de grueso calibre y minas formaban un conjunto defensivo que los marinos no sabían cómo encarar, probablemente con la excepción del Comodoro Robert Keyes, quien pronto identificó a los campos de minas como el núcleo de la defensa enemiga, ofreciéndose voluntario para intentar su dragado.

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