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"…La tierra no parecía la tierra. Nos hemos acostumbrado a verla bajo la imagen encadenada de un monstruo conquistado, pero allí... allí podía vérsela como algo monstruoso y libre. Era algo no terrenal y los hombres eran... No, no se podía decir inhumanos…”

Fragmento de “En el Corazón de las Tinieblas” (Joseph Conrad)

Introducción
El presente artículo busca narrar, de forma amplia, pero a la vez simple, los complejos acontecimientos surgidos a partir de la caída de Mobutu, Presidente de Zaire (hoy República Democrática del Congo), hasta las firmas de paz que llevaron al despliegue de la ONU, dando una breve referencia a la actualidad. Si bien fue un conflicto donde se cometieron – y cometen- terribles violaciones a los Derechos Humanos, fue también un conflicto que ha pasado bastante desapercibido en Occidente, desconociéndose prácticamente sus causas, desarrollo, y consecuencias.


Entre las primeras, y a modo introductoria, pueden citarse, entre otras, los riquísimos recursos naturales que posee este enorme país africano, tanto una bendición, como una maldición, tal como se verá más adelante. En especial, destaca por las mayores reservas de coltán del mundo. El coltán es un raro compuesto natural formado por varios minerales, de donde se consigue el tántalo, un elemento fundamental en todos los equipos electrónicos y tecnológicos en la actualidad, y crucial para el desarrollo tecnológico futuro. Esto hace al país un punto estratégico a nivel mundial.

Junto a la narración de los acontecimientos se incluirá una breve mención acerca de la geografía del país, y una retrospectiva al pasado del mismo, a los hechos que marcaron su forma de ser desde colonia, pasando por los dramáticos acontecimientos de los años ´60, que bien merecen un trabajo aparte. Se incluyen para dotar al lector de una visión histórica de dichos hechos, puesto que todos ellos están íntimamente ligados entre sí.

Por otro lado, este conflicto tiene la particularidad que, a pesar de que surge como consecuencia de un enfrentamiento en un país vecino, derivó en una cruenta Guerra Civil. Además, muchos países vecinos participaron en el desarrollo de las operaciones, tornándolo en un verdadero conflicto internacional africano. Por último, las cicatrices de este conflicto, que bien pueden haber surgido desde la independencia, aún no han cerrado, convirtiendo a este país en un polvorín, que en cualquier momento puede estar a punto de estallar. Esto sin dejar de lado la constante intervención e influencia de otros países, por un lado y otro, que protegen sus intereses a costa de las riquezas de este país africano.

Geografía

Antes de relatar esta breve crónica de los hechos ocurridos a fines del siglo XX en el Congo, es necesario hacer una breve introducción geográfica. El país conocido como la República Democrática del Congo está situado bien en el centro del África subsahariana, contra la franja costera atlántica, y ocupa prácticamente toda la extensión de la cuenca del caudaloso río Congo. Esta vía fluvial, que bien da el nombre al país, y que lo atraviesa prácticamente haciendo un recorrido por todo el mismo, es la principal vía de comunicación, transporte y producción del país. Al este del país se encuentra la zona de los grandes lagos. El clima es tropical, y el norte y el centro del país están prácticamente cubiertos por densas selvas húmedas, con muy poca densidad de habitantes. El Sudeste del Congo es inmensamente rico en minerales, principalmente cobre, cobalto, oro, uranio y zinc. También en esta zona existen minas de diamantes. En el Sur, donde predomina el paisaje de la sabana, es donde se encuentra una mayor preponderancia de la agricultura, donde existen cultivos de caña de azúcar, caucho, maní, café y algodón. Representativa de esta zona agrícola-minera es la rica provincia de Katanga.

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Ilustración 1 - Mapa del País. (Fuente: CIA World Factbook)

La población, de más de sesenta millones de habitantes, es bantú en una gran proporción, sobretodo de las etnias baKongo, y Luba, junto con otras 250 etnias más. Vale la pena resaltar que muchas de estas tribus han sido históricamente hostiles entre sí, y esta hostilidad sirve para explicar algunos odios ancestrales, que salieron a luz una vez lograda la independencia de Bélgica.

Es de destacarse también una importante cantidad de población de origen tutsi, que migró a esta parte de África desde el Norte varios siglos atrás, en una especie de marea humana africana, y que desde siempre llevó una muy difícil convivencia con las etnias vecinas, de origen bantú, o centroafricano. Esta tribu se instaló en el este y sureste del país (zona de los grandes lagos), en los vecinos Burundi, Ruanda y Uganda. Esta etnia fue llegando al Congo, primero como desplazados de sus países, y luego, con los belgas, como trabajadores en las minas. Pronto se convertirían en una minoría importante en el país. Los tutsis son considerados una raza de excelentes guerreros y comerciantes, por lo que casi siempre tuvieron una relación de preeminencia con respecto a las otras tribus, causando que las relaciones con el resto la población local casi nunca fueran, ni hayan sido jamás, cordiales. Esta minoría probaría ser protagonista en algunos de los acontecimientos más importantes del país.

Orígenes. El Congo Belga

Para comprender este intrincado y complejo conflicto, es necesario ver las más profundas raíces del mismo, identificar rivalidades tribales, la acción del colonialismo europeo, y cómo esos factores incidieron en la actualidad.

Todos los intentos de exploración de esta zona de África desde el siglo XV se quedaron prácticamente en el estuario. No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando el explorador Sir Henry Morton Stanley, realizó la primera exploración al interior del país, tratando de apoyar su idea de financiar esas exploraciones, colocándose al servicio de algún país, para así colonizar esta zona de África, pero fue recibido con frialdad por los líderes de las naciones europeas más importantes.

Solamente el Rey Leopoldo II de Bélgica mostró interés en la empresa, pero fue rechazado por el Parlamento de ese país, al ser Bélgica una monarquía constitucional. Ante esta perspectiva, el rey dispuso que él mismo, como persona jurídica, financiaría las exploraciones de Stanley, tomando posesión del territorio, en nombre de una compañía llamada Association Internationale Africaine, destinada a “realizar acciones humanitarias en el país” (téngase en cuenta la doctrina de colonización de la época, inmortalizada como “la carga del hombre blanco”). El territorio, llamado Estado Libre del Congo, era entonces considerado como una posesión personal del Rey Leopoldo, que era el principal administrador del país.

Esta administración de Leopoldo II va tristemente de la mano con los numerosos abusos a la población local, por parte del órgano que actuaba como brazo de la autoridad, la Force Publique. Algunos autores dan cifras que van de entre cinco y diez millones de muertos durante este periodo, un verdadero genocidio. La brutalidad llegó a tal límite que, en 1908, el rey Leopoldo tuvo que ceder ante la presión internacional, y “vender”, en condiciones más que favorables para él (y más que desfavorables para su propia nación), todo el territorio a su cargo.

Inmediatamente del cambio de mando, la nueva Colonia del Congo Belga, se transformó de un infierno, a una colonia modelo, se fundaron escuelas, se mejoró la infraestructura, y se realizaron importantes avances médicos que llegaron a la población de raza negra. Políticamente, el territorio continuó siendo comandado por el Rey belga, pero con poderes nominales, puesto que el control lo ejercía el Parlamento. A cargo del país quedaba un Gobernador, que era el encargado de la administración. A pesar de esto, la población quedó radiada de la misma, instalándose una especie de Apartheid, que si bien no se basaba en leyes, era una situación de hecho. El Congo se mantuvo así durante buena parte de la primera mitad del siglo XX.

Uno de los hechos más importantes de esta época, y que marcaría los acontecimientos por venir es la introducción, en la década de 1920, de grandes cantidades de trabajadores desde la región de los lagos. Estos trabajadores se afincaron en las regiones más ricas del Congo Belga, los Kivus y Katanga, y fueron preferidos por los europeos a la población local, al ser considerados como más predispuestos al trabajo. Serían conocidos por los nativos como “banyamulengues”, y la relación entre unos y otros siempre fue tirante.


El nuevo siglo y el camino a la Independencia

Los años posteriores a la formación del Congo Belga fueron de relativa tranquilidad y prosperidad. La economía mejoró, así como la educación de los habitantes nativos, que fue realizada mayormente por la Iglesia Católica. Asimismo un importante número de colonos blancos se instaló en el país, sobretodo en las ciudades de Leopoldville (hoy Kinshasa), Elizabethville (hoy Lubumbashi), y Stanleyville (hoy Kisangani).

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Ilustración 2 - La Force Publique en 1943. Los soldados congoleños con un buen mando lucharon bien en la Segunda Guerra Mundial (Fuente: Franklin D. Roosevelt Library website)

La Primera Guerra Mundial no resultó ajena a esta colonia, siendo el territorio invadido por tropas alemanas en 1916, desde Ruanda-Urundi (hoy dos países separados, Ruanda y Burundi). La superioridad en fuerzas de la Force Publique belga pudo no sólo reducir el ataque, sino que ocupar el territorio alemán, que pasó a ser colonia belga en 1922. Esta fuerza formada por soldados nativos con oficiales belgas peleó bien, no sólo ocupando Ruanda-Urundi, sino que participando en los combates por Camerún y el África Oriental Alemana (hoy Tanzania).

La gran depresión de la década de 1930 fue un duro golpe a la economía de la región, trayendo miseria nuevamente a la zona. Durante la Segunda Guerra Mundial, y con la rendición de Bélgica, el poder colonial local envió tropas para luchar junto a los británicos, destacándose en Abisinia (Etiopía). En el frente económico, el Congo Belga fue el principal exportador de uranio, utilizado en la fabricación de las dos bombas atómicas.

La Segunda Guerra Mundial trajo una crisis institucional y una debilidad económica a Bélgica (como a casi todas las potencias coloniales de la época), que se encontraba en plena reconstrucción. A lo largo de los años ´50, Bélgica había perdido bastante el interés en su principal colonia, y surgieron voces para dar a los nativos más poder dentro del gobierno colonial. Ya a mediados de los años ´50, existía una élite dentro de la población negra, llamados por los belgas “évolués” (literalmente evolucionados). Estos fueron seleccionados por el gobierno local para ir ocupando algunos cargos dentro del sistema. Algunos de estos miembros de la élite negra fueron siendo politizados, por nexos con partidos políticos de la metrópoli. Es así que a fines de la década de 1950, ya había partidos políticos puramente congoleños.

Y a la ceguera estratégica belga siguió el pedido de independencia congoleño, sin dudas influido por lo que estaba aconteciendo con las colonias inglesas y francesas. Como muestra de la rapidez del cambio en la situación del país cabe mencionar las dos visitas realizadas por el rey belga Balduino I. En su primera visita en 1955, fue aclamado por la población tanto blanca como negra, pero en su segunda y última visita al país fue sorprendido por los gritos por la independencia. Esta, luego de hechos que se precipitaban cada vez más, llegó en 1960. Pero ya desde el primer día se avizoraba un horizonte caótico, con una celebración de Independencia que culminó en un desastre diplomático con su ex colonia.

La crisis de los ´60s, Lumumba y Mobutu: Zaire

Luego de las primeras elecciones nacionales, en el que se eligió a los líderes nacionales Joseph Kasabuvu y Patrice Lumumba como Presidente y Primer Ministro. La crisis política no tardaría en llegar. Y esta llegó por problemas tribales, y por problemas culturales entre los congoleños del interior y los urbanos. El gobierno de Lumumba decretó un aumento de sueldo a todos los empleados públicos, menos a los militares. La Force Publique, aún tenía las características del Ejército colonial, al no tener casi oficiales locales. Al enterarse de esta noticia, el Ejército se amotinó, y comenzó una campaña de ataques a la población blanca. El motín se desperdigó por todo el país, mostrando a un Lumumba débil, y haciendo que los europeos abandonen prontamente el país, y con ello la mayor parte de la mano de obra calificada.

A la intervención militar de Bélgica (sin autorización) para calmar el país, lo que fue una grave violación a la soberanía del Congo, siguió la africanización de las Fuerzas Armadas, la creación del Ejército Nacional, en el cual los oficiales blancos fueron expulsados o resignaron, junto con algunos suboficiales locales, siendo sustituidos por miembros locales. Sin oficiales profesionales, la fuerza se transformó en una banda indisciplinada capaz de atentar contra la institucionalidad del país ante la menor provocación.

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Ilustración 3 - Tropas zaireñas, armadas con viejos fusiles Mauser, durante la escalada de violencia de 1960. (Fuente: The World´s Armies)

Meses después la rica región de Katanga entraría en abierta rebeldía contra el gobierno de Lumumba. Esta facción era liderada por Moise Tshombe, un local de la región que abogaba por una mayor determinación de las provincias, y un simpatizante de Occidente en la conflagración ideológica que se estaba avecinando. Lumumba, cada vez más débil políticamente, buscó ayuda en la URSS. La provincia de Kasai del Sur también entraría en secesión complicando aún más las cosas. La crisis se solucionaría con la entrada de una polémica misión de la ONU, que lucho contra fuerzas katangueñas, compuesta no sólo por naturales de esa región, sino que también por soldados de fortuna occidentales. Para empeorar las cosas, siguió una fuerte desintegración institucional del país, que entró verdaderamente en caos. Lumumba fue detenido y asesinado. El entonces jefe de Estado Mayor del Ejército, Joseph Mobutu, dio un golpe de estado. Ahora habían cuatro gobiernos en el Congo, el de Mobutu, nuevo hombre fuerte (Kasabuvu todavía era Presidente); el de los seguidores de Lumumba, y los líderes de las dos facciones rebeldes.

Mobutu era un típico congolés del interior, nacido y criado en la selva, por lo que rápidamente se atrajo la simpatía de las castas más bajas de la población que lo veían como uno más, lejos de los inalcanzables ciudadanos educados de los centros poblados. El destino de este país se unirá indivisiblemente con esta persona por treinta años.

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Ilustración 4 – Mobutu gobernó implacablemente el país por más de 30 años (Fuente: Internet)

La difícil situación se saldó con la victoria de la facción de Mobutu, que ahora tomó el poder, derrocando al Presidente. Las provincias secesionistas y los rebeldes marxistas fueron derrotados, sus Ejércitos desmovilizados, y sus líderes exiliados. Para ello se contrató a grupos de mercenarios, como el famoso 5º Comando. Al mismo tiempo ocurrieron importantes operaciones de países europeos para evacuar a ciudadanos blancos. El país estaba vacío, pero una nueva era comenzaría.

Mobutu cambió de nombre al país, le denominó Zaire, cambiando la bandera y africanizando todos los nombres de ciudades y accidentes geográficos (en un proceso llamado Authenticité). Estableció un poder dictatorial y altamente centralizado, con un solo partido político. En un ataque de delirio de grandeza, típico de los líderes africanos de ese momento se hizo llamar Mobutu Sese Seko Nkuku Ngbendu Wa Za Banga ("El guerrero todo poderoso que, debido a su resistencia e inflexibilidad para ganar, va de conquista en conquista, dejando fuego en su estela."), utilizándose preferentemente las tres primeras palabras para nombrarlo. A pesar de ello, Mobutu contó con el apoyo de las potencias occidentales, que veían en el un bastión contra el comunismo mucho más maleable que la Sudáfrica del Apartheid. Mobutu expandió las Fuerzas Armadas, equipándolas con moderno material occidental, y a su vez destruyó la vieja base tribal del país.

Mobutu intervino en Angola en 1975, armando a una de las facciones del país (FNLA – Frente Nacional de Liberación de Angola, liderado por su cuñado, Holden Roberto). Al éxito y avance inicial, siguió la derrota militar. Unos dos batallones (apoyados por blindados AML-90 y piezas artilleras de 130 mm. De origen chino) tomaron parte de la lucha, llegando a unos 30 kilómetros de Luanda y tomando acción en la batalla de Quifandongo, donde además de tropas de la mencionada facción angoleña contaron con apoyo de mercenarios portugueses, y un pequeño destacamento artillero sudafricano. Las tropas fueron vencidas por una fuerza mixta de angoleños y cubanos, debido a la falta de coordinación, la demora de un ataque terrestre, y la efectividad del fuego artillero de sus oponentes.

En 1977 los problemas se trasladarían a territorio zaireño, cuando desde Angola, invaden el país tropas katangueñas, ahora entrenadas y apoyadas por el bloque comunista. Los rebeldes tomaron algunas ciudades de la Provincia de Shaba, como ahora era nombrada Katanga. Con ayuda de una fuerza internacional en el cual Marruecos tuvo una participación destacada, las fuerzas rebeldes pudieron ser derrotadas en una campaña que duró unos ochenta días. Al año siguiente la invasión se volvió a repetir, siendo derrotada nuevamente por la intervención europea, destacándose el rescate de la ciudad de Kolwezi. Estas dos invasiones demostraron por un lado la falta de entrenamiento, disciplina e incentivo moral de las tropas zaireñas, y más importante, reavivó viejos sentimientos tribales, demostrando que, a pesar de los esfuerzos de Mobutu, el tribalismo estaba lejos de ser erradicado.

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Ilustración 5 - Tropas zaireñas durante Shaba I. Nótese los cascos M-1 y los fusiles M-16 como armamento individual.

La década del ´80 permaneció relativamente tranquila en el país, pero era la calma que presagiaba la tormenta. En 1983 se envió una escuadrilla de Mirage 5, el medio más potente de la FAZ (Force Arienne Zaïroze), a combatir contra fuerzas libias en Chad. En 1984 y 1985 se darían sendas invasiones al país, pero serían de menor escala, y rápidamente suprimidas por las tropas locales. Pero a pesar de todo, el descontento crecía en la población, debido al opresivo régimen, la corrupción generalizada, los servicios cada vez más deteriorados, y el rampante nepotismo. Pronto los hilos que sostenían a Mobutu Sésé Seko en el poder serían cortados.
La primera Guerra del congo. Las causas y antecedentes del Conflicto

Con la caída de la cortina de hierro, y el cambio del panorama mundial, se esperaba que en África también ocurrieran cambios. Ya a principios de los años noventa, se iba a dar una paulatina transición democrática en Sudáfrica, que resultaría con el primer gobierno completamente democrático del país, y llegando Nelson Mandela a la presidencia. Este proceso, que si bien fue paulatino y relativamente estable, no estuvo exento de baños de sangre, en especial entre las etnias negras del país. Namibia era ya un país independiente, en Angola, junto con el retiro de las tropas cubanas, se renunció al gobierno unipartidario del MPLA, llamándose a elecciones internas, y adoptando nuevos planteamientos de libre mercado, abandonando el marxismo-leninismo, por más que la guerra civil continuaría por unos años más. La historia africana, que antes había girado en torno a la Guerra Fría, tomaría un nuevo rumbo.

De repente, el Zaire de Mobutu perdió la importancia estratégica que poseía. Esto, sumado a la crisis económica y a la referida corrupción y cleptocracia, puso al dictador africano en una posición muy difícil. Cada vez tenía mayores presiones para realizar reformas políticas y económicas, siendo estas voces no sólo provenientes del exterior, sino del interior. Para 1990, el descontento en la población había llegado a niveles bastante altos, y el deterioro de la infraestructura, inclusive el del sistema de transporte fluvial, era notorio. Independientemente de esto, el país aún poseía vastas reservas minerales, muchas aún sin explotar. Cabe la pena mencionar que para 1991, la casi la totalidad de los ciudadanos extranjeros (sobretodo los de origen europeo) fueron evacuados por sus respectivos países.

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Ilustración 6 – Los comandos zaireños participaron en los conflictos de sus vecinos (Fuente: Internet)

La situación en la región era bastante voluble, temiéndose desórdenes y conflictos armados semejantes a los que ocurrieron décadas atrás. Es aquí que entra en la historia de este enorme país, dos pequeños países vecinos, que influirán sin duda en los acontecimientos por venir: Uganda y Ruanda.

En primer lugar, en el correr del año 1994 ocurre un hecho trágico que traería insospechadas consecuencias: el problema de Ruanda. En 1990, rebeldes tutsis, enmarcados en el Frente Patriótico Ruandés, y que habían sido entrenados por los victoriosos disidentes ugandeses (que habían derrocado al presidente Obote en 1986), invadieron el país, para recuperar el terreno perdido desde los años ´50. El hecho de la cooperación de los rebeldes ugandeses y los rebeldes tutsis no debe pasar desapercibido: años después, los líderes de los dos movimientos llegarían a presidir sus respectivos países, formando además un bloque diplomático bastante unido (Uganda, Ruanda, Burundi).

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Ilustración 7 – Campo de refugiados ruandeses, una marea humana que hizo desatar un conflicto. (Fuente: Library of Congress Country study)

Vale la pena mencionar que el régimen de Mobutu colaboró con el gobierno ruandés del momento (hutu), enviándole dos batallones completos de Infantería. Esta invasión tutsi fracasó, pero contribuyó a acrecentar los resentimientos y la desconfianza entre las dos etnias mayoritarias en Ruanda, lo que llevó a un proceso que terminó en terribles matanzas por parte de la etnia dominante ruandesas hutu sobre los tutsis, entrando este episodio en las páginas más tristes de la Historia Universal. Este verdadero genocidio demostró la incompetencia de las Naciones Unidas de manejar la situación, por más que se haya pedido por parte del jefe de la Misión un mayor mandato para detener las atrocidades. Las matanzas recién terminaron luego de que los rebeldes tutsis se hicieran con el poder, derrocando al gobierno hutu. Durante el conflicto se generó una verdadera marea humana hacia Zaire, primero de los perseguidos tutsis, y luego de los derrotados hutus, temiendo un genocidio como venganza. Entre estos emigrados había miembros del Interahambwe, organización paramilitar responsable de las matanzas, y que se negaban a ser juzgados. Estas fuerzas, una vez instaladas en Zaire comenzaron una campaña de terror contra los residentes tutsis, y a realizar actividades guerrilleras contra el nuevo gobierno de Ruanda. El conflicto ruandés se había instalado como un parásito en Zaire.

Las acciones del conflicto

Mobutu, cuya legitimidad en el poder era cada vez más discutida, hizo la vista gorda con el movimiento de los hutus en Ruanda, dándoles incluso apoyo logístico, en parte como castigo a los tutsis residentes en Zaire (banyamulenges), que consideraba de dudosa lealtad, en vista de los acontecimientos. Mobutu temía una acción conjunta de miembros de esta etnia que pudiera organizar un movimiento separatista en esa rica región. De esta forma el gobierno de Zaire, cada vez más desconfiado de la posición política de los banyamulenges, continuó castigándolos, llegando a negarles la ciudadanía, argumentando el hecho de que habían llegado desde el país vecino, traídos por los colonizadores. La chispa que originó la guerra surgió cuando, el 7 de Octubre de 1996, el vice-gobernador de la Provincia de Kivu del Sur, adyacente a la región de los grandes lagos, ordenó a la etnia banyamulenge de abandonar el país en el correr de una semana, con el riesgo de ser condenados a muerte. Esta etnia se declaró abiertamente en rebelión, estallando así el polvorín, y generando un conflicto que no ha cesado hasta hoy.

Se creó un movimiento, compuesto por cuatro organizaciones rebeldes, al cual se le denominó la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo-Zaire (la AFDLC, por sus siglas en francés: Alliance des Forces Démocratiques pour la Libération du Congo-Zaïre). Este movimiento era liderado por el veterano líder guerrillero de izquierdas Laurent Desiré Kabila, que permanecía en el país desde la década de los ´80s, estableciendo un área de control en los Kivus, donde amasó una enorme fortuna, y donde, gracias al apoyo de la República Popular China, introdujo una especie de “país dentro del país”. La razón de su permanencia en esa zona se debe más a la corrupción de los líderes locales zaireños, que a una efectiva operación militar. Ahora Kabila, por primera vez en mucho tiempo, tenía la gran chance de hacerse con el poder. Al lado de este movimiento se colocó las fuerzas de la etnia banyamulenge, y los gobiernos de Angola, Burundi, Ruanda y Uganda.

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Ilustración 8 - Mercenarios serbios entrenaron al Ejército zaireño. (Fuente: Internet)

Las fuerzas zaireñas estaban muy menguadas, y la capacidad y moral combativas eran muy bajas, debido al descrédito en el régimen y su corrupción, y a la falta de paga. Sin embargo, las Fuerzas Armadas Zaireñas fueron entrenadas por belgas, franceses, israelíes, sudafricanos, chinos, por lo que la calidad de los oficiales y suboficiales no debería ser mala para los estándares africanos, y muchos hombres habían participado en acciones en Chad, en el país, y mismo en Ruanda. Mobutu confiaba que las potencias occidentales acudirían en su ayuda, como pasó en los sesentas y setentas.

En cuanto al material se poseía tanques ligeros de origen chino Tipo 62 y autoametralladoras AML 90/60 francesas, pero el estado de conservación era lamentable. Lo mismo puede decirse de la Fuerza Aérea, con los Mirage 5 que quedaban siendo vendidos a terceros, y la mayoría de los Aermacchi MB-326 deteriorándose al sol, con un mantenimiento tan pobre que ya no estaban en condiciones de vuelo. Lo mismo puede decirse de todos los medios de transporte (C-130, DHC-5 Buffalos y helicópteros Puma). Años de negligencia y corrupción desviaron fondos para el mantenimiento de estos equipos a bolsillos privados.

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Ilustración 9 – Zaire se equipó con aeronaves de ataque Galeb y Jastreb volados por pilotos serbios. El esquema de pintura era el mismo, aunque volaban sin insignias (Fuente: Combat Aircraft.com)

A pesar de todo, Mobutu recurrió a una idea que le fue efectiva en un pasado, el uso de mercenarios. Mobutu se dirigió inicialmente a compañías de seguridad sudafricanas, pero el precio era demasiado caro, por lo que movió sus nexos con Serbia. Según algunas fuentes de prensa, se elaboró un contrato entre el Presidente serbio Milosevic y Mobutu, para la entrega de equipos y personal a cargo. Muchos de ellos eran criminales de guerra serbobosnios.

Se contrató personal serbio para volar aviones J-21 Jastreb, G-2 Galeb, y MiG-21, que fueron comprados. Asimismo, con ayuda de Francia, se equipó a la Force Aérienne Zaïroise, de cuatro Mil Mi-24 de procedencia ucraniana. Debido a varios factores poco afortunados, la mayoría de los serbios abandonaron al país, quedando sólo un puñado. Los soldados de fortuna serbios demostraron ser poco disciplinados, llegando a volar los pilotos misiones de vuelo en combate en estado de ebriedad. Al final del conflicto se contrató a una firma sudafricana, pero fue demasiado tarde como para buscar algún resultado.

Otro aliado incómodo para Mobutu fueron los mencionados hutus, muchos de ellos culpables de genocidio en Ruanda. Aparte de éstos, algunos hombres de UNITA estaban presentes, y tendrían una importante actuación en las últimas etapas de esta guerra. Serían los mercenarios y los hutus los que estarían presentes en la mayoría de las acciones.

Por su parte los rebeldes poseían mayormente armas ligeras, con pocos medios blindados, mayormente carros T-55. A pesar de esto, el terreno donde se desarrollaron las operaciones limitaba la efectividad de dichos medios. Los rebeldes contaron con el apoyo de la tanto el Ejército como la Fuerza Aérea de Uganda, aunque se desconoce hasta qué punto estuvo comprometida en misiones de combate. Estas tropas rebeldes fueron favorecidas, más que por su equipamiento o moral de combate, por la escasísima moral combativa del Ejército de Zaire. El gobierno de Angola proveyó a los rebeldes de soporte logístico y de entrenamiento.

El primer paso fue el control de los campos de refugiados y la supremacía en la “zona tutsi” de los grandes lagos Luego de breves acciones, y la toma de algunas localidades menores, rápidamente (ya en noviembre de 1996) se tomaron las ciudades de Bukavu y Goma, capitales de la región de los Kivis (Norte y Sur). Con estos movimientos, los de la etnia tutsi se aseguraban una “zona tapón” para proteger Ruanda, se descongestionaba un poco la cuestión de los campos de refugiados, y se desarmaba a los hutus, especialmente eliminando a los antiguos integrantes de la Interahambwe. Las metas iniciales de Ruanda estaban cumplidas, pero los ruandeses de Kagame seguirían apoyando a Kabila hasta el final de este conflicto. Refugiados hutus volvieron a su país de origen, sin duda escapando del conflicto. Lamentablemente ocurrieron grandes bajas de civiles, sobretodo en campos de refugiados, algo que marcaría tristemente este conflicto, y los que seguirían.

Inmediatamente se trató de controlar todo la rica zona este del país. Uno de los enfrentamientos más importantes tuvo lugar en Beni, al norte de Goma, donde se derrotó a una fuerza gubernamental superior. Así el AFDLC tomó algunas de las más importantes minas del país, logrando un control militar y económico en esta zona. En vísperas de navidad cae Bunia, lo que hace sufrir otro golpe a la ya reducida moral de los zaireños. A medida que se retiraban hacia Kinsasha se registraban actos de barbarie. Para los rebeldes Kabila y Kagame, era obvio que la marcha hacia el oeste se hacía inminente, por lo que la fuerza rebelde, dirigida por Kabila y por Paul Kagame, presidente de Ruanda, se dirigió hasta allí.

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Ilustración 10 - Soldado rebelde con prisioneros de la Guardia Presidencial vestidos de civil. (Fuente: Agence France-Presse)

El primer escollo fue la ciudad de Kisangani, antes Stanleyville, la ciudad más importante del noreste. Las tropas rebeldes atacaron la ciudad desde tres direcciones, desde el este, el sureste y desde más al sur. Las fuerzas gubernamentales lanzaron una contraofensiva, en dirección a las tres rutas de avance de los rebeldes. Cabe resaltar la ausencia del teatro de operaciones de altos mandos zaireños. Todos estos movimientos fallaron, cuando a los pocos días las fuerzas zaireñas se batieron en una total y desorganizada retirada. La ciudad quedó defendida por unas pocas tropas zaireñas y por un puñado de mercenarios de compañías privadas, los cuales no pudieron resistir el embate y fueron evacuados de la misma con anterioridad al ser tomada el 15 de Marzo. Estos, cuyos salarios fueron impagos, se retiraron hasta países vecinos. Es con Kisangani que se abre la ruta a Kinsasha, por lo menos desde el río Congo, y se deja a disposición del AFDLC la zona norte del país, más una importante infraestructura en aeropuertos y terminal fluvial. Luego en pocos días cae Katanga.

El avance estuvo marcado por el éxito, avanzándose relativamente rápido en poco tiempo, algo que podría denominársele “blitzkrieg a la africana”. La razón de esta rapidez era, como se podría pensar, en gran medida influenciada por el estado de las Fuerzas Armadas leales a Mobutu, lo que propició corridas, deserciones y pasajes de bando de los soldados leales a Mobutu. El Ejército zaireño, realizaba actos de pillaje en la desbandada hacia la capital, algo propio de una tropa derrotada, desmoralizada e indisciplinada. Los más altos funcionarios de Mobutu comenzaron a escapar hacia otros países africanos, o a Europa. Todas las ciudades al este de Kinshasha fueron tomadas, algunas sin disparar un solo tiro. Desde el sur, tropas angoleñas con gran cantidad de equipo, avanzan. Las negociaciones fueron infructuosas, el fin de una era estaba cerca. Según el prestigioso diario New York Times, las tropas zaireñas sabotearon sus propios vehículos blindados para no entrar en combate. Cuando cae Lubumbashi, los soldados gubernamentales, muchos de ellos con un sueldo de un dólar al mes, poseían todas sus armas de apoyo al fuego inutilizadas. Piezas de artillería por cohete de procedencia china, despintadas y herrumbradas fruto de años de abandono. Se registran al mismo tiempo graves excesos contra la población civil hutu que vive en el país.

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Ilustración 11 – Cambio de las banderas del país, desde la Colonia a la fecha. (Fuente: Wikipedia)

A medida que las tropas rebeldes se acercaban a la capital, la resistencia se hacía cada vez más desesperada, resulta irónico que las tropas gubernamentales combatieran con fiereza cuando todo estaba perdido, y en desventaja numérica y material. Kinsasha cae el 16 de Mayo. Ese mismo día Mobutu abandona el país. Kabila acaricia su largo sueño de convertirse en líder del país, que aún así insumiría largo tiempo en estabilizarse. Ruanda, Uganda y Burundi, se liberan de sus enemigos hutus, creando una zona tapón, en la cual ejercen influencia, y Angola asesta un golpe de muerte al país y al dirigente que más ha apoyado a UNITA a lo largo de los años, dando un paso adelante para su derrota total (recuérdese que la guerra civil duraría hasta 2002). Pero, así como después de un incendio en el campo, las brasas se reavivan y lo reinician; de una situación que parecía controlada y finalizada, nuevos problemas aparecerían.

La segunda Guerra del Congo. Causas y antecedentes

Con Kabila instalado en el poder, terminaba la era Mobutu. El país dejó de denominarse Zaire, para volver a recobrar el nombre de República Democrática del Congo. Mobutu falleció de Cáncer en Rabat, Marruecos, en 1997. Los antiguos líderes habían escapado, finalizando así abruptamente un largo período de tiempo en la Historia del país. Pero la tranquilidad y el camino para la reconstrucción del mismo duraría muy poco, y el problema vendría nuevamente del Este.

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Ilustración 12 – La zona de los Kivus. (Fuente: University of Texas Library, vía Wikipedia )

Una de las principales causas del nuevo conflicto que se sucedería viene de la misma naturaleza de las fuerzas que ganaron el conflicto anterior. Eliminado Mobutu, y cumplidos los objetivos básicos de los rebeldes, sería la misma naturaleza heterogénea del AFDLC la que daría problemas. Desde comienzos de la guerra ya se evidenciaban distanciamientos entre los “ruandeses”, totalmente influenciados por el Presidente de ese país, Kagame; y los rebeldes ahora convertidos en “gubernamentales” al mando de Kabila. Desde el momento mismo de su llegada al poder, Kabila buscó desembarazarse de la dependencia de sus aliados, Ruanda y Uganda. El mismo Kabila conocía la problemática étnica en esos países y desde el primer momento fueron aliados incómodos puesto que sólo pretendían un colchón de seguridad en torno a sus países. Al Uganda y Ruanda seguir la guerra hasta el final, Kabila temía que las concesiones que debía pagar fuesen muy altas. Además de esto, y no por ello menos importante, las fuerzas pro-ruandesas estaban centradas en la zona este del país, la más rica en recursos naturales, y clave del futuro desarrollo del Congo, y no tenían mucha intención de abandonar el país de forma inmediata. Se habla incluso de utilización de los recursos naturales congoleños en beneficio de Ruanda. Por lo tanto, y desde un primer momento, el Presidente Kabila buscó alianzas que le permitieran obtener la supremacía política y militar en la región.

Así es como Kabila se alía con Angola, el vecino del Sur, que había llegado en la última etapa a la guerra en Congo. La ayuda angoleña fue decisiva para expulsar a Mobutu del poder, con quien esta excolonia portuguesa tenía cuentas pendientes, puesto que el dictador zaireño, luego del mencionado apoyo al FNLA angoleña, apoyaba a la facción UNITA de Jonas Savimbi, en guerra abierta con el régimen angoleño, además de prestar ayuda a los rebeldes que buscaban la independencia del enclave de Cabinda, una franja de tierra angoleña insertada en territorio congoleño, riquísima en petróleo. Si bien el Presidente de Angola, José Eduardo Dos Santos, había abandonado el marxismo-leninismo, Kabila mantuvo ciertas afinidades ideológicas con su vecino del Sur, un Estado que, si bien estaba en una etapa de recuperación, no dejaba de ser potencia regional. Es por esto que esta alianza se convirtió en natural, y el camino más fácil para establecer un bloque anti ruandés.

Del lado de Ruanda y Uganda, las razones se centraban en los grupos rebeldes que desestabilizan a ambos países, los rebeldes hutus responsables de genocidio, por un lado; y grupos extremistas musulmanes y cristianos, por otro. Aparte de esto, el gran vínculo racial entre tutsis de ambos lados de la frontera es un factor a tener en cuenta, así como también, el control de los recursos de esa zona, factor no menor. En otro orden de cosas, y como se insinuó anteriormente, estos vecinos “pequeños” buscaban una zona de seguridad, para tener influencia en la misma y que sirva de colchón para pacificar a sus países. En vísperas del conflicto que se avenía, había rebeldes hutus atacando desde el Congo.

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Ilustración 13 – Tropas de Ruanda en el Este del país. Su presencia sería incómoda para Kabila. (Fuente: AFP)

Irónicamente en algunos aspectos, Kabila se convirtió, para algunos, en el país, en el dictador que derrocó, colocando familiares sin experiencia en puestos claves, beneficiando los ascensos en cargos relevantes de las Fuerzas Armadas a gente vinculada a él sin ninguna a experiencia, en detrimento de personal más capacitado. Pero lo cierto es que también Kabila, al tomar el poder enfrentó una situación bastante compleja, en cuanto al alto nivel de endeudamiento y la gran multitud de partidos y facciones esperando hacerse con el poder. Sin mano dura, su gobierno no sobreviviría.

La situación se iría deteriorando desde el punto de vista diplomático. De a poco el gobierno congoleño iba sustituyendo personal de origen ruandés de las altas esferas de su gobierno, como aconteció con el Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Pronto, Kabila se atrajo el apoyo de una efectiva fuerza de milicia tribal denominada los mai-mai, tan brutales en su accionar como imprevisibles. Los mai-mai eran la fuerza contraria a las etnias tutsis banyamulenge del este del Congo, y un aliado con el cual se debía contar si se quería controlar el este del país. Los mai-mai eran unos guerreros que poseían un perfil místico, sin lugar a dudas influenciado por viejas creencias tribales, por ejemplo confiaban en que poseían poderes mágicos que los hacían invisibles, o invulnerables al fuego enemigo. Esta facción, aunque efectiva conocedora del terreno, era muy volátil y podía cambiar de bando en cualquier momento.

A estos se le sumaron los hutus enmarcados en el FDLR (Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda), otro rival incómodo para Kabila, pero necesario a la hora de lograr sus objetivos. Kabila ya no estaba interesado en formar un gobierno de coalición en la República Democrática del Congo.

El problema empeoraría, cuando, en Julio de 1998, Kabila destituye al Jefe de Estado Mayor del recién creado Ejército de la RD Congo, el General ruandés James Kabare, ex mano derecha del ahora Presidente de Ruanda, Paul Kagame. Fue sustituido por un General congoleño, que había servido en el Ejército de Angola. Pero Kabila fue más allá: agradeció a sus antiguos aliados la ayuda prestada y ordenó que todas las fuerzas ruandesas y ugandeses presentes en el país se marchen. Esto sin lugar a dudas inquietó a la población banyamulengue de Este del Congo, siempre temerosos a una escalada como la que aconteció en el vecino país en 1994. La paranoia siguió, hasta que en Agosto de 1998, los banyamulengues se declararon en abierta rebelión, comenzando así la Segunda Guerra del Congo. La paz y la estabilidad habían durado poco.

La “Guerra Mundial” africana.

Este nuevo capítulo en la Historia de la región se caracteriza por un conflicto que para estándares africanos tuvo momentos de combates a gran escala. Muchas naciones participaron en el mismo, transformándose en un conflicto regional, sin lugar a dudas motivado por la excepcional riqueza del Este del Congo. Se puede hablar, entonces, de tres etapas: una primera etapa, marcada por el avance de los rebeldes a lo largo de todo el territorio, llegando a las puertas de Kinshasa. Luego otra con confrontaciones a gran escala, con características de una guerra convencional moderna, y con presencia internacional. En esta etapa los frentes se estabilizarían. A partir de 1999, la situación se estanca, iniciándose otra etapa en la cual toman impulso acciones menores, llevadas a cabo por tropas irregulares, a menudo de la mano de terribles ataques a la población civil.

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Ilustración 14 – Kabila confiaba en sus tropas. Pronto, muchos soldados defeccionaron a la facción rebelde. (Fuente: BBC World)

Los banyamulengues se rebelan los últimos días de Julio de 1998, formando el Reagrupamiento Congoleño para la Democracia (Rassemblement Congolais pour la Démocratie). Muchas de esas tropas insurgentes no eran irregulares, sino que conformaban el Ejército congolés (concretamente las Brigadas 10 y 12), contando muchos con experiencia de combate en la Primera Guerra del Congo. Estos rebeldes contaban con el apoyo, secreto primero y explícito después, de Ruanda y Uganda. Si bien el equipo con que contaban era similar al de las fuerzas gubernamentales, la calidad de las tropas rebeldes era sensiblemente superior, lo que se tradujo en el campo de batalla. Kabila ordena desarmar a todos los tutsis que integraran las FAS congolesas, llevando consigo aún más deserciones, y lo que fue peor aún, las primeras matanzas de civiles inocentes.

En las primeras semanas los rebeldes hacen importantes progresos, primero en parte porque las unidades gubernamentales que guardaban esa zona del país se había plegado a los sublevados, y luego porque el Ejército leal, con menguados efectivos, no podía sostener la ofensiva rebelde. Una situación similar a la de la Primera Guerra del Congo se estaba avizorando. Hay reportes de soldados ruandeses cruzando la frontera y combatiendo con los rebeldes, los cuales son negados por el gobierno de ese país. Burundi se suma al conflicto del lado de los rebeldes.

Los Kivus caen en muy poco tiempo, antes de terminar Agosto, los rebeldes toman posesión de las capitales de la región, Goma y Bukavu. Desde allí un camino imparable hacia la capital del país, Kinshasa. Otra ciudad importante, Uvira, cae en pocos días. Tropas de Ruanda, Uganda, y Burundi ocupan zonas en el noreste del país. Kabila, en una movida para detener esta ofensiva busca apoyo y arma a los hutus de esa zona. Se reavivan los miedos del genocidio de 1994, al darse, por la radio, mensajes similares a los que comenzaron ese triste episodio.

Los rebeldes se mueven hacia el oeste con gran rapidez, el 4 de Agosto toman la vital base de Kitona, justo al sur del riquísimo enclave angoleño de Cabinda, donde se suman más fuerzas a los rebeldes. Kabila vuelve a la Capital (hay muchas especulaciones no confirmadas de su paradero, pero se cree que se ubicaba en un enclave gubernamental al sur), tomando el control político de la situación, sus días afuera serían decisivos. Días más tarde, los rebeldes llegan a las puertas de Kinshasa, donde toman por asalto la planta eléctrica que nutre a la capital. Los rebeldes dejan Kinshasa a oscuras, y desde el Este, se está conformando el gobierno que derroque a Kabila. Pero Kabila tiene un as en la manga: sus aliados no lo dejan solo.

El 23 de Agosto, tropas angoleñas y namibias atacan desde el Sur, apoyados por medios aéreos, y oxigenando la zona de Cabina, haciendo a los rebeldes retirarse hacia el Norte. No será hasta el 31 de Julio que este país reconozca públicamente que está involucrado. Asimismo, unos 900 soldados de Zimbabwe son aerotransportados en transportes privados rusos Il-76 a Kinshasa, donde refuerzan las reservas, en la llamada operación “Sovereignity Legitimacy” (Legitimación de la Soberanía). Las tropas de Zimbabwe, si bien no cuentan con tantos medios materiales como las angoleñas, son consideradas como muy profesionales, y de alta calidad, para los estándares africanos. El 26 de Agosto entran en acción, y repelen, junto a fuerzas congoleñas defensoras, un ataque de los rebeldes contra el aeropuerto. Tropas de Namibia también se ponen en movimiento, buscando avanzar desde la parte Sur del Congo. Ruanda amenaza con una invasión a gran escala.

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Ilustración 15 – Tropas de Zimbabwe, con su equipo completo llegan a Kinshasa en Agosto de 1998 (Foto: Acig.org vía Tom Cooper)

El líder de Zimbabwe (que enviaría a lo largo del conflicto hasta 6000 soldados), en una entrevista a la BBC, ante la desaprobación interna y externa sobre la intervención en este conflicto argumenta:

“Si estuvo bien para los países europeos involucrarse en Bosnia, y pensar de involucrarse en Kosovo, ¿porqué no estaría correcto para nosotros?”.

Pero lo cierto es que varios líderes africanos actuaron en esta guerra por algo más que intereses nacionales o solidaridad: el provecho propio, con las concesiones a las riquísimas minas del país. Algunas fuentes comentan una deuda que el gobierno de Kabila tendría con Zimbabwe por la compra de armas en la Primera Guerra del Congo.

Agosto se cierra con la reversión del avance rebelde hacia la Capital, y el comienzo de una nueva etapa, en la que se darán combates convencionales a gran escala, utilizando armas pesadas (Artillería, misiles, carros de combate, aeronaves). Kabila ahora tiene la esperanza de revertir la situación. El 28 de Agosto llegan a Kinshasa las tropas del segundo contingente de Zimbabwe. Libia apoya a Kabila, en un intento de Gaddafi de obtener el liderazgo en el África subsahariana, visto el fracaso obtenido en el Norte del Continente. Con esto Gaddafi estaba apoyando un gobierno mundialmente reconocido, y así quebrar de alguna manera las sanciones internacionales impuestas desde la década del ´80.

En una jugada que sorprende a muchos analistas, facilitó el transporte de un contingente importante de tropas de sus antiguos rivales de Chad al Congo. Las tropas chadianas contaban con un importante apoyo en entrenamiento y logística de Francia. Lejos del área de operaciones, Kabila contrata a compañías de seguridad sudafricanas y británicas para salvaguardar los oleoductos y puntos clave de la ciudad. Mientras tanto, son avistadas en el este, junto a los rebeldes, columnas blindadas ugandesas (en teoría no estaban en el conflicto), con fuerte apoyo antiaéreo, de mano de misiles anti aéreos de manufactura rusa.

Las tropas chadianas recién llegadas contribuyen a relevar a otras tropas aliadas, que pasan a operar en los alrededores de la Capital, junto con las tropas angoleñas que ya estaban cerca. El mando aliado es ejercido desde un Comando conjunto. Los rebeldes, conscientes de esta situación lanzan una ofensiva contra la ciudad, en momentos que se especula con la salida del Presidente Kabila de la misma. Las luchas son feroces en la zona cercana al aeropuerto principal de la ciudad y en los suburbios, donde se realiza una gran destrucción. Luego de una ofensiva y continuos y sangrientos combates por tres días, los rebeldes no pueden quebrar las líneas defensivas gubernamentales y comienzan a replegarse, sufriendo importantes bajas. Las tropas aliadas se dedican en los días siguientes a destruir las posiciones rebeldes remanentes, apoyados desde el aire por un gran número de aparatos.

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Ilustración 16 – Los MB.326 ex Zaire pudieron ser puestos de nuevo en vuelo (Foto: Combat Aircraft.com)

La Force Aérienne du Congo fue capaz de poner en orden de vuelo algunos viejos Aermacchi MB.326, que lograron ser puestos en funcionamiento, junto a un puñado de Mil Mi-35 y SF-260 para misiones de ataque ligero, junto a Mi-8 de transporte de tropas. Por su parte, la AFZ (Air Force of Zimbabwe) participó con algunos cazas chinos Chengdu F-7, helicópteros de manufactura rusa Mi-35, de las versiones más modernas (con cañones de 30 mm.), algunos venerables Hawker Hunter y BAe Hawks que cumplían el rol de ataque. Estos últimos fueron puestos en servicio justo antes del conflicto, y fueron las aeronaves más utilizadas por su versatilidad y su gran capacidad de carga, como quedó demostrado en una de las primeras acciones al destruir una columna acorazada rebelde que avanzaba cerca de Kinshasa. Los Hawks estaban equipados con misiles Sidewinder, y bombas Mk.82 y BL.755, estas últimas de racimo. El gran despliegue aéreo de la AFZ se completaba con helicópteros Bell 412 y Alouette III, en roles combinados de transporte/COIN, y transportes tácticos CASA C-212. La Força Aérea Nacional (nueva denominación de la Fuerza Aérea Angoleña), colaboró con algunos MiG-21, la mayoría volados por pilotos serbios o rusos. La gran variedad de aparatos presentes debe haber supuesto una pesadilla logística, pero lo cierto es que el apoyo aéreo a las tropas gubernamentales sería un factor decisivo, máxime teniendo en cuenta que el otro bando en la confrontación prácticamente no desplegó medios aéreos de combate.

En el Este, sin embargo, la situación permanece favorable a los rebeldes, que logran tomar Kisangani, una de las ciudades más importantes del país, con apoyo de las fuerzas ruandesas y ugandesas. Inmediatamente los rebeldes tratan de tomar los aeropuertos, en un esfuerzo para negar el apoyo aéreo a las tropas gubernamentales. Las Fuerzas de Defensa Ruandesas (RDF por sus siglas en inglés), junto a las ugandesas (UPDF por sus siglas en inglés), despliegan armas pesadas en la zona, en la forma de carros de combate T-55, vehículos acorazados de origen ruso y sudafricano, artillería de origen mayormente chino, y misiles tierra-aire SA-14, que probaron ser efectivos, cobrándose muchos derribos. Se cuentan unos 40.000 soldados de los tres países que apoyan a los rebeldes en zona congoleña. Para mantener a este Ejército operativo se establece un puente aéreo funcionando con una amplísima variedad de material proveniente de la ex URSS, en aerolíneas charteadas. Compañías y asesores israelíes, americanos y sudafricanos ayudan al adiestramiento de estas tropas.

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Ilustración 17 – Tropas de Uganda se dirigen al frente (Fuente: BBC World)

Luego de unos fallidos acuerdos de paz, promocionados en Pretoria por Sudáfrica, haciendo de mediador, se retoman las operaciones a gran escala, con importantes y fuertes combates a mediados de Setiembre, pero con los rebeldes cediendo terreno. Ante el notorio refuerzo de las tropas gubernamentales, que ahora cuentan con elementos mecanizados de Angola (posiblemente carros T-55, con medios de transporte BMP y BTR-60) y Zimbabwe (carros Tipo 59, la versión china del tanque ruso, junto a EE-9 Cascavel como elementos de reconocimiento), los rebeldes se rearman, contando con más equipo pesado, desplegado por las fuerzas ruandesas y ugandesas.

Es en este mes donde se registran las pérdidas más importantes en personal y equipo de ambos lados. Se reporta el uso de bombas de racimo por parte de la AFZ, y se denuncian además variados actos de barbarie contra la población civil. Los combates se dan mayormente en el Sur, con las tropas angoleñas atacando desde el SW, y las tropas de Zimbabwe defendiéndose de una gran ofensiva rebelde en la estratégica zona de Manono, cercana al lago Tanganyika. Algunas aeronaves gubernamentales y aliadas son derribadas.

Para complicar aún más las cosas a los rebeldes, Sudán se une a las naciones aliadas. Tropas sudanesas atacan la retaguardia ugandesa, cerca de la frontera, y arman a diferentes grupos rebeldes que buscan derrocar al gobierno de Museveni.

En Octubre los rebeldes toman posesión de Kindu, una importante ciudad en la parte centro-oriental del país, que había logrado sostenerse fiel al gobierno. La coalición rebelde logra juntar unos 9000 soldados en el área, apoyados por medios mecanizados. Desde allí comienzan a llegar hombres y equipo desde el este. Los rebeldes están armados con misiles antiaéreos, lo que limita las operaciones aéreas. En Kindu un misil SA-14 rebelde impacta en un transporte pesado Il-76, posiblemente libio, con tropas a bordo. Zimbabwe hace llegar más hombres al país, pero no se logra torcer la balanza. En el Norte, las fuerzas gubernamentales toman algunas ciudades, pero inmediatamente son rechazados por una contraofensiva rebelde.

En el aire, los Hind, Hawk y MiGs (tanto los fabricados en Rusia como su copia china), surcan el cielo, dominando el aire, y atacando posiciones rebeldes. Se denuncia el uso de bombas de racimo, los Hawks de Zimbabwe están equipados con las Hunting BL.755, las mismas utilizadas en la Guerra de Malvinas, siendo armas prohibidas por acuerdos internacionales. Los Mi-8, Bell 412s, y Alouette III realizan misiones de transporte de tropas, acompañados por los increíblemente útiles CASA C.212 de la AFZ. La AFZ realiza un ataque a gran escala al aeropuerto de Kalemie, para desbarajustar la llegada de material rebelde al Este del Congo, donde logran destruir por lo menos un avión de transporte de origen ruso.

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Ilustración 18 – Los Hawk de la AFZ fueron muy activos en misiones de ataque. Nótese las bombas de racimo (Fuente: BBC News)

El puente aéreo se retoma, esta vez desde la mejor protegida Kisangani (Stanleyville), aún en poder de los rebeldes. En Diciembre aviones Hawk de la AFZ atacan en la zona del lago Tanganica, donde las fuerzas terrestres de ese país se encuentran luchando. En una de las misiones de ataque, los Hawk, armados con bombas Mk.82, cohetes SNEB y cañones Aden de 30 mm., atacan por sorpresa a tropas burundesas que desembarcan. El caos es total, las tropas de Infantería, sin armas de apoyo, sufren pérdidas muy fuertes, según fuentes zimbabweñas, unos 600 soldados y seis barcazas de transporte. Los ataques continuaron los días siguientes, apoyando ofensivas gubernamentales en toda la zona este, reclamándose la destrucción, por parte de F-7 de la AFZ, de un An-12 en tierra. Aún así los rebeldes se mantienen firme.

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Ilustración 19 – Las tropas de Zimbabwe continuarían con las tácticas helitransportadas heredadas de portugueses, rhodesianos y sudafricanos. Doble montaje lateral de ametralladora en un Alouette III. (Fuente: BBC News)

Mientas pasan los días, queda evidente que ninguno de los dos lados logran la preponderancia en lo militar: a la superioridad aérea gubernamental se le contrarresta con armamento pesado y misiles Igla de los rebeldes, quienes además son maestros en el arte de la emboscada, causando severas bajas entre los aliados, en especial en las profesionales tropas de Zimbabwe, que combaten tan bien cuando cambian de teatro de operaciones, puesto que no están acostumbradas al combate en la jungla, sino en la sabana. Cobran más intensidad los combates entre las facciones menores. El conflicto deja de ser un conflicto moderno a gran escala con amplios movimientos de tropas, y se transforma en un conjunto de ofensivas y contraofensivas, que más o menos definen una línea de frente que corta de Norte a Sur del país. Justo en la mitad de la línea está la localidad de Mbuji-Mayi, ciudad corazón de la zona más rica en diamantes y minerales del Congo. Es allí donde se darán los combates más intensos, dejando la ciudad destruida.

Tristemente se siguen reportando graves casos de violaciones a los Derechos Humanos por parte de ambas partes, con matanzas a gran escala, violaciones masivas, mutilaciones. Tristemente, es notorio el caso de los pigmeos, etnia a la cual algunas facciones (sobretodo los supersticiosos mai-mai) atribuyen propiedades mágicas. Escenas de canibalismo y persecuciones son narradas por periodistas y religiosos que se encuentran en el país.



(Nota del Consejo Editorial: Fin de la primera parte ).

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