Entonces cambió el curso de la guerra.

Con los aliados encima, los nazis trataron de disponer de su botín. Pero era tanto que no sabían cómo. Se dedicaron a esconderlo: minas de sal, monasterios, castillos… todo lo que pudiese poner a buen recaudo el tesoro robado… sin dejarle un escondite seguro a Hitler.

Cuando se creó la famosa organización Odessa, sus integrantes, altos jerarcas nazis como Mengele, Eichmann y Rauff, disponían de mucho dinero. Fue entonces cuando, irónicamente, los bancos suizos, a los cuales se les hostigó inútilmente para que revelaran la identidad de sus clientes, protegieron los fondos de los nazis. Incluso del mismo que los presionó, Martin Bormann. Compraron nuevas identidades, fincas y villas en Argentina, Bolivia, Paraguay y Chile, cuyos gobiernos brindaron seguridad a estos criminales de guerra.

En 1945, con los aliados ya en Berlín, se produjo el robo de banco más chocante de la historia. Eisenhower ordenó asaltar el Reichsbank de Berlín, volar las cámaras acorazadas y transportar el contenido en jeeps y camiones detrás de las líneas norteamericanas. A pesar de las precauciones, se perdieron unos doscientos millones de libras esterlinas en el viaje de regreso. Incluso se dice que, de ese total, soldados norteamericanos cargaron con noventa millones. Nadie fue acusado, ni se recuperó un centavo.

¿Dónde está ese fabuloso tesoro que no pudo ser dispuesto por los nazis? Nadie lo sabe con exactitud. Ni siquiera los mismos países robados quieren admitir la magnitud del saqueo. Por ejemplo, el gobierno italiano admitió ser robado ¡en 1983! Porque se encontraron accidentalmente unos cofres con 540 millones de libras en lingotes de oro, en un monasterio cerca de la frontera italiana con Austria, en junio de ese año. Los italianos reconocieron en público que el Banco Central de Roma fue saqueado en 1944 y los nazis cargaron con 120 toneladas en oro. Dicho sea de paso, los lingotes encontrados generó una reclamación de Yugoslavia, que alegó que los lingotes formaban parte de su propio tesoro nacional, también cargado por los alemanes.

Hace algunos años, la televisión suiza informó que parte del oro italiano se encontraba en manos de Licio Gelli, un poderoso industrial italiano, con conexiones en muchas partes, incluido el Vaticano. Gelli, en tiempos de guerra, fue Oberleutnant de las SS, y luego fue Venerable Maestro de la poderosa logia masónica P2, muy vinculada a la Mafia. En los bajos fondos, a Gelli se le conoce como “Il Burattinaio” (El Titiritero). Se sospecha que tuvo algo que ver con la misteriosa muerte del Papa Juan Pablo I, pero eso, como decía Kipling, es otra historia…

En 1982, submarinistas navales daneses que trataban de localizar oro nazi en el fondo del lago Ornso, en Jutlandia central, fueron tiroteados. Se presumió que el autor de los disparos fue un ex delator de la Gestapo, temeroso de ser descubierto.

Aun queda la interrogante: ¿dónde está ese tesoro perdido? ¿Se atreverán a revelarlo?

La verdad nunca se sabrá por completo. Pero todavía circula por el mundo el oro de los nazis.

Fuentes:
BLUNDELL, Nigel y Roger Boar. “Grandes crímenes sin resolver” (fuente base).
YALLOP, David. “En nombre de Dios”.

Links:
http://residence.aec.at/rax/KUN_POL/UND/BIOS/posse.html
http://www.vor.ru/Spanish/Victory/sp_vict_088.html
http://old.clarin.com/diario/1998/07/02/i-03301d.htm
http://www.portal-ns.com/FAS/arquitec3.htm
http://old.clarin.com.ar/diario/96/12/04/t-03201d.htm

Hans Joachim Marseille

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El Gran Capitán. Historia Militar.