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Durante la segunda guerra mundial hombres altamente entrenados, de uno y otro bando atravesaron las líneas enemigas para realizar las más variadas y peligrosas misiones.
El SAS británico, los Brandeburgeses alemanes o el OSS estadounidense fueron algunas de ellas. Pero muchos otros arriesgaron sus vidas en frentes igualmente peligrosos, uno de estos grupos fue el SBS, el Servicio de Botes Especiales.

Su historia comienza en 1940, cuando un joven oficial del 8º Comando, llamado Roger Courtney, estaba convencido de que tenia un nuevo sistema de infiltración para destruir la flota alemana directamente en sus seguros puertos Europeos. El segundo teniente Courtney, que había sido cazador en África, a menudo lo hacía en canoa, habiéndose recorrido todo el Nilo.

Sus oficiales superiores en el Cuartel General de Operaciones Conjuntas rechazaron por absurda la idea de usar botes y canoas plegables para atacar los barcos enemigos. Pero Courtney, entonces recluta del Centro de Entrenamiento Conjunto de Achnacarry, Escocia, no era un hombre que abandonara fácilmente. Después de una entrevista no muy fructífera con el Vicealmirante Theodore Hallett prometió que demostraría sus teorías.
Se dice que cuando Hallett presidía una reunión con oficiales superiores de la Marina en un hotel en la localidad de Inveraray, la puerta se abrió entrando un empapado Courtney, portaba en la mano la funda del cañón de cubierta de popa del Glengyle, fondeado en el rio Clyde. También relató como había pintado sus iniciales en la puerta del camarote del capitán, el cual también se encontraba en la sala. Esto impresionó a los presentes, que valoraban sobretodo la iniciativa y las especiales aptitudes que demostró el impetuoso Courtney.

Lo cierto es que durante el verano de ese mismo año, recibió finalmente el permiso de su oficial superior, el Teniente Coronel Robert Laycock, Courtney se puso manos a la obra para reclutar y entrenar una pequeña fuerza de comandos con los nuevos botes Folbot (Cockell Mk 1). Esta canoa plegable era perfecta para las necesidades que requerían las misiones clandestinas del SBS, se necesitaba que fuese ligera para su transporte, silenciosa, fácil de guardar y ocultar en las playas. Todos estos requerimientos fueron producidos por la compañía Folbot, consiguiendo una embarcación de 5 m de largo, fácil de montar y ligera, consistente en un marco de madera envuelto en una cubierta de lona engomada. Al desmontarse, se doblaba en un paquete con un peso de 22 Kg. La tripulación estaba formada por dos hombres, uno nadaba hasta el objetivo mientras que el otro comandaba la nave, la embarcación era dirigía por medio de un timón guiado por cables. Aunque era una embarcación rápida y silenciosa, tenía puntos débiles, el más preocupante era su fragilidad y propensión a volcar con facilidad. También su ligereza hacía que se desgarrara la tela en los arrastres por la playa cuando estaba cargada.



El entrenamiento comenzó en la isla escocesa de Arran, seis hombres de este nuevo comando realizaron su debut con éxito en la isla de Lofoten, en aguas de Noruega, en Noviembre de 1940. Los hombres desembarcaron y colocaron la mayoría de sus cargas antes de retirarse.
Trasladándose posteriormente al Mediterráneo donde las recientes victorias del ejército británico frente a las fuerzas italianas en el norte de África hacían prever una pronta invasión de la península italiana, allí las habilidades especiales del SBS serían bien recibidas. Fueron transferidos al “Layforce” (7,8 y 11 de Comandos), donde se les conocería como fuerza “Z”.

La llegada de Rommel y su Afrika Korps también a principios del año 41 retrasó los planes de invasión. Tras la conquista de Atenas incluso se puso en entredicho la existencia del “Layforce”. Esto causó que la mayoría de los hombres fueran destinados a sus unidades de origen, solo la insistencia de Courtney consiguió que se le asignaran misiones con la ayuda de una flotilla de submarinos sobre las costas de Italia, Albania y Creta, transportando agentes y realizando peligrosas incursiones frente a las narices del eje. Se especializaron en operaciones de sabotaje, sobretodo en las líneas férreas de suministros que circulaban por la costa, pero los alemanes mejoraron la vigilancia desplegando más hombres en los principales objetivos obligando a los canoïstas a buscarse otros nuevos. Los barcos surgieron como una nueva presa, más vulnerables en sus “seguros” puertos de lo que los alemanes pensaban.


Durante la primera mitad del año 1942 sus objetivos fueron los principales puertos del eje en el mediterráneo, pero entre todos los ataques realizados contra puertos, uno realizado en el Atlántico pasaría a la historia. Más concretamente contra el puerto francés de Burdeos.
Uno de los problemas por resolver para los estrategas navales británicos era la capacidad alemana para eludir los bloqueos navales de sus barcos provenientes de Asia. Las importaciones de caucho, muy necesarias, habían aumentado de sobremanera desde la incorporación de Japón a la causa del eje, y Burdeos por sus excelentes instalaciones, era uno de los principales puertos de descarga para esta materia prima. Convertido en un importante objetivo, pasaron a estudiarse las maneras de atacarlo. Descartado el bombardeo por la proximidad de civiles y de un ataque de comandos debido a su situación, cien Km río arriba desde el estuario de Gironda.
Un hombre surgió como la solución perfecta. H.G.Hasler, aunque calvo era más conocido como Blondie ( Rubito), por su poblado y rubio mostacho. Con una distinguida carrera en incursiones frente a la costa Noruega en colaboración con la Legión Extranjera Francesa y el Ejercito Polaco, había ganado la Orden del Imperio Británico y la Cruz de Guerra Francesa. En esos momentos Hasler estaba investigando la posibilidad de utilizar lanchas explosivas para el hundimiento de barcos. Reclamado por el Almirantazgo para la misión, junto a un equipo de once hombres del SBS se propuso remontar los cien Km hasta el mismo puerto, colocar los explosivos en todos los barcos posibles y huir a pie ayudados por la resistencia francesa.
Después de varias jornadas remando de noche y escondiéndose por el día solo cuatro hombres consiguieron llegar a la ciudad. Después de colocar los explosivos decidieron separarse en dos grupos, solo Hasler y su compañero, el cabo William Sparks consiguieron llegar hasta España atravesando los Pirineos. El resto del grupo desapareció tragado por las aguas o fue hecho prisionero por los alemanes. Días después los prisioneros fueron ejecutados según las ordenes dictadas por Hitler de eliminar a todos los comandos capturados en los países del Reich.