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Aprovechando la reforma de las dos primeras fragatas de la Clase Santa María, se me ha ocurrido hacer un pequeño resumen de estas naves, que en su momento formaron la punta de lanza de la Armada Española.
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LA NECESIDAD

El programa F-80 comenzó a finales de los años 70, cuando la Armada expresó la necesidad de formar un grupo de combate basado en el Príncipe de Asturias y su grupo de escoltas. Después de examinar el panorama naval de aquellos años y en consonancia con el cambio de rumbo que se produjo con las F-70 Baleares (clase Knox americanas) gracias a la inestimable colaboración del Sr. Harold Wilson, la Armada decidió adaptar a las necesidades españolas el modelo más avanzado que en ese momento existía en las marinas de todo el mundo, el modelo largo de las fragatas Oliver H. Perry, igualmente conocidas como FFG-7, ya que eran unos buques con una buena capacidad antiaérea y antisuperficie para los requerimientos de aquellos años, aunque su punto fuerte fuese la lucha antisubmarina.
Cuando digo capacidad antiaérea, hablo de autodefensa, ni de lejos se pensó en que las Santa María procurasen defensa de zona al grupo de combate, esa misión recaía en el Príncipe de Asturias, que debía asegurar la alerta temprana y la defensa antiaérea del grupo, desviando por tanto los Harrier de su misión principal.

F80

F82 Victoria

Pero volviendo al nacimiento de las fragatas, sería conveniente remontarse a los primeros setenta, cuando la Navy decidió la construcción de este tipo de buques. En 1970, el jefe de operaciones navales de la US Navy, el por entonces vicealmirante E. R. Zumwalt, solicitó el diseño de un buque barato, sencillo y robusto, capaz de cometidos multitarea, que incorporase las enseñanzas recibidas de los diseños anteriores y que pudiese reemplazar con garantías a los destructores de la Segunda Guerra Mundial, que estaban siendo dados de baja sin ser sustituidos por ningún buque, al menos no de una manera satisfactoria.
Debían ser barcos con buena autonomía, con capacidad para operar fuese cual fuese el estado de la mar y con una habitabilidad suficiente para grandes desplazamientos, en realidad, para aquellos años, más que suficientes.
El panorama de la Armada Española, tampoco era especialmente alentador, cuando se tomó la decisión de encargar las Santa María, la flota contaba con 16 destructores clases Flecher, Gearing (FRAM I), Audaz, Oquendo y Alava, y nueve fragatas, tres fragatas clase Pizarro, dos cañoneros reconvertidos en fragatas clase Marte, y cuatro corbetas o fragatas ligeras clase F-50/F60 “Descubierta” (no confundir con las Corbetas F-30 del mismo nombre) y estaban ya ordenados las cinco fragatas clase Baleares y las cinco corbetas F-30 clase Descubierta. En total 25 escoltas y once más encargadas

A la entrada en servicio de la Santa María (1986) la situación era más desesperada, la Armada contaba con:
Destructores:
Cuatro clase Flecher: D-22 “Almirante Ferrándiz”, D-23 “Almirante Valdés”, D-24 “Alcalá Galiano”, D-25 “Jorge Juan” retirados entre el 86 y el 88
Uno de la clase Oquendo: D-43 “Marqués de la Ensenada” (retirado en el 88)
Cinco clase Gearing (FRAM I): D-61 “Churruca”, D-62 “Gravina”, D-63 “Méndez Núñez” D-64 “Lángara” y D-65 “Blas de Lezo” (retirados entre el 89 y el 92)
Cuatro corbetas de la clase Descubierta: F-61 “Atrevida”, F-62 “Princesa”, F-64 “Nautilus” y F-65 “Villa de Bilbao” (retiradas en el 91 y 92)
Cinco clase Baleares: F-71 “Baleares”, F-72 “Andalucía”, F-73 “Cataluña”, F-74 “Asturias” y F-75 “Extremadura”
Seis corbetas F-30 clase Descubierta: F-31 “Descubierta”, F-32 “Diana”, F-33 “Infanta Elena”, F-34 “Infanta Cristina”, F-35 “Cazadora” y F-36 “Vencedora” 
 

Destructor Churruca

Destructor Churruca


Total diez destructores, cinco fragatas y diez corbetas, de las cuales en realidad sólo se podía contar con las cinco fragatas Baleares y las seis F-30, pues el resto apenas vieron la entrada en servicio de las cuatro primeras Santa María que fueron entrando entre 1986 y 1990. Muy lejos por tanto de los 30 ó 40 escoltas en las que cifraba la Armada sus necesidades.
Por tanto, la Armada optó por buques ya probados. Recordemos que la FGG-7 Oliver H Perry entró en servicio en 1977 y que ya habían sido mejoradas por la propia US Navy con un nuevo sonar remolcado, el SQR-19 y un nuevo helicóptero el SH-60B Sea Hawk LAMPS III. El helicóptero es el que dio la dimensión exacta a las Perry, haciendo de ellas unas insuperables naves antisubmarinas.
Gracias a estos cambios ya realizados, nuestra flota no tuvo que hacer grandes modificaciones para adecuar los buques a nuestras necesidades. Se sustituyó el CIWS (Close in Weapon System o Sistema de Armamento de Proximidad, la última esperanza contra un misil que ya hubiese superado las anteriores líneas de defensa) instalando el Meroka Naval de fabricación nacional en lugar del Vulcan Phalnax que armaba las fragatas norteamericanas. Una decisión comprometida como luego se vio, y también se cambiaron algunos sistemas de guerra electrónica, como el italiano Nettunel emplazado en las cuatro primeras fragatas. En las F-85 y F-86 se instaló el Mk-3000.
A finales del 73, conforme a las disposiciones presupuestarias, la Armada cifró en cinco fragatas del tipo FFG, el óptimo para la defensa naval de España. La situación económica y social de la nación obligó a reducir esa cifra a sólo tres unidades, que fueron aprobadas con los nombres de F-81 “Santa María”, F-82 “Victoria” y F-83 “Numancia”, después de desechar otras denominaciones que se barajaron como “León”, “Murcia” y “Navarra” y también “Santa María”, “Pinta” y “Niña”. Los nombres definitivos fueron, a mi entender, completamente adecuados al hacer mención a aquellos buques que marcaron un hito en la historia naval del planeta y nombrar ahora a los buques que deberían convertirse en el núcleo de la escuadrilla de escoltas junto con las F-70 “Baleares” y las F-30 “Descubiertas” (entonces corbetas o fragatas ligeras en denominación OTAN).
Quizá ahora, a la luz que nos ofrecen las “Álvaro de Bazán” nos pueda parecer ingenuo el considerar a las “Santa María” como un buque excepcional, pero si recordamos de dónde veníamos quizá podamos valorar de forma más precisa el impacto que para la Armada Española supuso la introducción de las F-80.

 

En 1980, Armada vio la oportunidad y la aprovechó. Renunció a las dos últimas unidades de la clase “Descubierta” por el compromiso del gobierno de aprobar dos nuevas unidades F-80, que fueron vendidas a Egipto. (Luego el contrato del siglo fue incobrable y de las dos fragatas solo uno llegó a construirse, pero eso otra historia). Como decía, con este cambalache, se aprobó la F-84 “Reina Sofía”. De manera que al menos se contaba con cuatro unidades modernas.
Posteriormente, la cancelación del proyecto NFR-90, del que ya hablaremos en otra ocasión, situó a la Armada en una situación comprometida. De pronto se encontró con que la necesaria sustitución de las Descubiertas no se podía realizar, habría que diseñar un nuevo buque desde el principio y no había garantías de que pudiese estar dispuesto en la fecha requerida.
Ante este panorama, el gobierno y la Armada optaron por una decisión salomónica, se encargarían dos nuevas fragatas gemelas de las anteriores, la F-85 “Navarra” y la F-86 “Canarias” mientras se diseñaban, desarrollaban y construían las F-100.
Estas dos fragatas serían no tanto gemelas como mellizas de las anteriores, ya que en los diez años que pasaron entre las cuatro primeras y las dos últimas no solo se había evolucionado la tecnología naval, sino que la nación también había sufrido un desarrollo considerable, de modo que la industria autóctona estaba capacitada para asumir una mayor participación en las mismas, de modo que hasta el 70% de estas son de fabricación nacional, incluyendo el sistema de combate que es totalmente autóctono.

DATOS TECNICOS

DIMENSIONES y DESPLAZAMIENTO

Con un tamaño de 138,1m de eslora por 14,3 m de manga y 7,3 m de calado y un desplazamiento de 4.017 toneladas a plena carga, presentan unas cifras similares a las de los cruceros ligeros de la segunda guerra mundial y cuentan con una relación eslora/manga de 9,66:1, que le permite alcanzar una buena velocidad, sobre todo si consideramos que la potencia instalada es de apenas 40.000 CV, eso sí, en detrimento de la maniobrabilidad y estabilidad que es inferior a la de sus contrapartes.
En el casco, quizá lo que más sorprende es una roda casi de cutter y la ausencia del domo del sonar a proa, que está situado en la parte inferior de la quilla, a doce metros del tajamar, constituyendo una amplia perturberancia de 7 metros de longitud. La popa es de cajón, de mayores dimensiones que las primeras norteamericanas para que pudiese operar el SH-60 al mismo tiempo que alojaba el sonar remolcado (TACTASS) y sus servicios. Estas adiciones fueron las que motivaron el “alargamiento” de la eslora, pasando de 135,9 m a 138,1.
La superestructura hace pocas concesiones al diseño, teniendo una forma totalmente poliédrica y aloja el hangar para el helicóptero (dos en las fragatas norteamericanas y australianas) y los servicios de la nave, la CIC (Central de Información y Combate), la CECOM (Central de Comunicaciones) y otros servicios electrónicos que se encuentran debajo del puente, amén de los alojamientos y el soporte de la artillería.