El Capitán de Navío Lister, comandante del portaaviones HMS Glorious estudia detenidamente los papeles que tiene sobre su mesa. Se trata de un tipo de misión nueva para un arma nueva. Su nave ha recibido la orden de preparar un ataque nocturno. Por si eso fuera poco, además será un ataque en aguas restringidas. Los aviones deberán lanzar sus torpedos dentro del “Mar Grande” del puerto italiano de Tarento. Tras largo tiempo de arduo entrenamiento, los pilotos de Lister están listos para el ataque. No hay más que navegar, despegar, atacar...
No será. Acaba el año 1938 y los diplomáticos han conseguido reducir a nada la crisis italo-británica por la conquista italiana de Abisinia. Los planes acaban en un cajón, los aviones en sus hangares y el HMS Glorious en puerto. En cuanto a Lister, quien sabe si aliviado o decepcionado, el destino se lo lleva a nuevos puestos.
Y sin embargo la crisis evitada en 1938 estallaría dos años después, en 1940, en un contexto mas grave, la Segunda Guerra Mundial.
Para entonces Lister es ya Contralmirante y comanda la división de portaaviones de la Mediterranean Fleet del Almirante Cunningham. El proyecto vuelve a salir entonces del cajón, y en esta ocasión no habrá esfuerzo diplomático que pueda cancelarlo, ya que la guerra es imparable y sólo terminará con la rendición de alguno de los contendientes. Cuninngham, interesado por el plan que le presentan, dará su aprobación, y de nuevo empezarán las interminables horas de entrenamiento específico. La preparación del ataque se basará en el conocimiento del el propio Lister, por haberlo visitado tiempo atrás, del puerto de Tarento, así como en la información que será aportada, mas reciente, por los vuelos de reconocimiento de la RAF.
LA APUESTA
Había varios factores a tener en cuenta: inteligencia, fuerzas, climatología, habilidad y ciencia.
En cuanto a inteligencia, resultaba imprescindible hacer un estudio detallado de las fotografías que tomaban los aviones del Gran Puerto, era importante conocer no sólo las defensas que tuviera el ya de por si difícil de atacar enclave, sino también qué objetivos había en él, ya que el ataque debía dar el máximo rendimiento. Aquel plan era Flor de un Día, un plan que sólo serviría una vez, pues sus elementos clave eran la sorpresa y la novedad. Si no conseguía dar un duro golpe a la flota italiana, la flota italiana quedaría prevenida y no habría nuevas oportunidades.
En cuanto a fuerzas disponibles, esta vez el viejo HMS Glorious no participaría en el combate. Serían el algo menos viejo HMS Eagle y el Moderno HMS Illustrious los encargados de llevar a cabo el ataque con los aviones Swordfish embarcados.
Condicionantes climáticos para la misión eran una noche con buena visibilidad y aprovechar una misión rutinaria en torno a Malta, para que los mandos de Supermarina (el CG de la Marina Italiana), no sospecharan de una salida sin motivo de la flota de Alejandría, y no hicieran zarpar a su flota, anclada en Tarento, para interceptarla. De estar el puerto vacía, no habría objetivos que atacar y todo quedaría en nada.
La habilidad de los pilotos también sería crucial. En primer lugar a la hora de despegar y aterrizar de noche sobre la cubierta de los portaaviones, y mas en concreto, y ya sobre el puerto, los aviones tendrían que sortear en vuelo rasante los muelles para poder atacar desde le interior del Mar Grande, y a ras de agua, de otro modo el torpedo al ser soltado desde demasiado alto haría bajo el agua una forma como de saco, hundiéndose a gran profundidad antes de enderezar y tomar la profundidad de ataque, con la consiguiente certeza de que clavado en el fondo. A sólo quince metros de profundidad. Una vez sorteado el malecón y una vez a ras de agua y soltado el torpedo tan sólo quedaría un obstáculo frente al pez mecánico, las redes antitorpedos.
Pero para solucionar el problema de las redes antitorpedo la ciencia venía en ayuda de los atacantes. Para la misión dispondrían de torpedos de espoleta doble: de impacto y magnética. La de impacto estallaría si se sorteaban las redes y el torpedo hacía impacto sobre el casco del buque atacado. La magnética era para que el torpedo pudiera pasar por debajo de las redes de protección, y navegando entre dos aguas llegar bajo el casco del buque, para estallar entonces. Los italianos, para su desgracia, desconocían entonces completamente a existencia de la espoleta magnética, la sorpresa sería fatal. Los alemanes sin embargo las llevaban fabricando desde hacía tiempo. Pero no habían informado a sus aliados.
La suerte debe fabricarse. Se aprestaron los barcos y los aviones y se estudiaron el clima y las fases lunares. Los pilotos fueron entrenados y se prepararon los torpedos de doble espoleta. La inteligencia se dispuso, pero la información es un trabajo constante, que no termina hasta que no acaba la misión.
La información necesaria para poder llevar a cabo todo esto se fue poniendo al día a través de fotografías aéreas, y el encargado de analizarles fue el Teniente de Navío David Pollock. Aquel día de primeros de noviembre, Pollock tenía malas noticias. Había llegado al cuartel general de la RAF en El Cairo aquella mañana, desde el HMS Illustrious, para el estudio de las últimas fotos antes de que la flota abandonara el gran puerto de Alejandría. A la vuelta trajo fotos preocupantes. Una misión de reconocimiento a 5.000 m había fotografiado unas extrañas formas sobre Tarento, y sólo podían ser globos cautivos.
Los globos cautivos eran un método de defensa antiguo, pero podían resultar no obstante un grave quebradero de cabeza para la misión. Los globos cautivos son grandes globos que flotan, unidos a tierra por un cable de acero, que se ve tensado por su fuerza ascendente. El estado en que podía quedar un Swordfish lanzado a toda velocidad, a ras de agua, si topaba con uno de esos cables, no era difícil de imaginar.
LAS PIEZAS DEL JUEGO; LAS BLANCAS
Las fuerzas que los británicos van a ponen en juego para la operación son muy numerosas, aunque servirán también para cumplir objetivos secundarios, y el ataque principal, la guinda del pastel, será puesta por tan sólo unos pocos, muy pocos.
Desde Gibraltar zarpará la fuerza H completa, exceptuando el acorazado HMS Renown, en misión en el atlántico, a la caza del DKM Admiral Scheer. Junto a la fuerza H zarpará de la roca otra flotilla, a la que llamaremos “Grupo Barham”, compuesta por el acorazado HMS Barham, los cruceros HMS Glasgow y HMS Berwick y tres destructores. Ambas fuerzas navales levarán el ancla el 7 de noviembre.
Desde Alejandría zarpará la Mediterranean Fleet de Cunningham, en su composición cuatro acorazados, dos cruceros, trece destructores y una pieza importante, el portaaviones HMS Illustrious ¿Y el HMS Eagle? El HMS Eagle no zarpará de Alejandría para la misión, a última hora una avería en el sistema de alimentación de calderas lo mantendrá en puerto, aunque cinco de sus Swordfishes serán embarcados en el HMS Illustrious para participar en la operación. Esta circunstancia hará pensar al almirantazgo ¿Merece la pena lanzar el revolucionario e inesperado ataque con tan sólo un portaaviones? La respuesta será positiva. En noviembre de 1940 la flota italiana es un peligroso factor a tener en cuenta. Los barcos de Tarento suponen un grave peligro para los convoyes que llevan la ayuda aliada a los atacados griegos, y hay que tener en cuenta que los nuevos acorazados italianos son mas rápidos que sus contrapartes británicos.
Además de estros tres grupos otras pequeñas flotillas zarparán para llevar a cabo misiones colaterales, principalmente desde Alejandría y Port Saïd, en Egipto.
LAS NEGRAS
La gran base naval de Tarento está bajo el mando del Capitán General del Departamento Marítimo del mismo nombre, el Vicealmirante Antonio Pasetti, un hombre que vive encajado entre un cúmulo de exigencias, responsabilidades y realidades capaces de quitarle el sueño a cualquiera. Y para su desesperación no hay manera de olvidarse de ellas, todos los días, tal y como debe ser, puede observar el amplio puerto desde los ventanales de su cuartel general. Y también las unidades en él fondeadas.
Los barcos principales son nueve. Seis acorazados, el orgullo de la Reggia Marina: RM Conte di Cavour, RM Andrea Doria, RM Vittorio Véneto, RM Giulio Césare, RM Littorio y RM Caio Duilio. Junto a ellos están anclados tres potentes unidades de combate mas, los cruceros pesados RM Fiume, RM Zara y RM Gorizia. Además de varios destructores y buques auxiliares, igualmente importantes, aunque de menor valor combativo.
La responsabilidad principal del Vicealmirante Pasetti es la defensa de esas nueve grandes unidades. Aunque también tiene que ocuparse de las unidades menores, de las dotaciones, y de las instalaciones del puerto. El hubiera preferido que los grandes barcos no estuvieran en puerto. Tendrían que haber zarpado para buscar a la flota enemiga. Pero sabe perfectamente que no hay mucho combustible en las reservas, y que los grandes acorazados tienen mucho mas valor como flota “en potencia”, que en el mar. Tarento es un buen puerto para situar esa flota “en potencia”. Situado a distancia de ataque del estrecho de Otranto, por donde circulan los suministros al frente griego, y del mediterráneo central, por donde circulan los suministros al frente africano. De todos modos las órdenes dictan no se evitará el combate en caso de superioridad y de tener un blanco claro.
La realidad del Vicealmirante Pasetti no es tan impresionante como su responsabilidad, según él hay mucho por hacer para organizar una buena defensa. Según otros los medios de defensa del puerto son formidables (esos otros no son, claro está, los responsables de la defensa del puerto). En Tarento disponen de 21 baterías antiaéreas, que cuentan entre todas con 101 cañones, 193 tubos de ametralladoras, 13 estaciones aerofónicas y 22 proyectores de luz. Además de esto están los globos cautivos y las redes antitorpedo. No hay posibilidad de conseguir mas.
Las redes antitorpedo son una de las principales causas de insomnio del Vicealmirante italiano. El querría disponer de 8.600 metros de red de 10 metros de profundidad. En realidad dispone de 2.900, tan sólo un tercio. Además de esta carencia Pasetti debe plegarse a una grave exigencia. El Almirante Campioni, su superior y además comandante de la flota anclada en Tarento quiere que sus barcos estén listos para zarpar al menor aviso. Para ello ha fondeado, en un primer momento, sus barcos “a la gira” (con tan sólo un ancla en uno de sus extremos, en esta caso la proa) de tal modo que puedan “bornear” (moverse libremente a merced del aire y del mar en un arco de 360º con respecto al ancla de proa, que viene a ser el único punto mas o menos fijo). Esto crea un gran círculo con centro en la proa del barco dentro del cual no pueden colocarse las redes antitorpedo, ya que en caso de moverse, el barco, puede arrancarlas. La batalla de Pasetti había consistido durante días en conseguir que los barcos queden trincados también por popa, de tal modo que queden fijos y se puedan acercar las redes lo más posible a su costado, aprovechando así al máximo las escasas existencias. Al final conseguirá que queden fijos también por popa. Para desgracia de Pasetti su bienintencionada exigencia resultará ser un error. Cuando los británicos ataquen, la noche del 11, todos los buques italianos, excepto el recién llegado RM Andrea Doria, estarán fijos, y, gracias a las fotos de reconocimiento los pilotos conocerán exactamente la ubicación y la orientación de sus blancos. A esto hay que añadir que las redes no servirán de nada, gracias a las espoletas magnéticas ¿Quién sabe qué hubiera pasado de haber conocido Pasetti la existencia de dichas espoletas?
Pasetti pasará el día 11 de noviembre sumido en un mar de preocupaciones, ya que ha sido informado de la desaparición de la “Mediterranean Fleet” no lejos de su base. Y es que a Pasetti no se le escapa que los torpedos son un arma peligrosa, y probada ya en la guerra. Con ellos dañaron los británicos al acorazado MR Dunkerque en Mers-el-Kebir, y al MR Richelieu en Dakar. También fueron hundidos con torpedos los destructores RM Zeffiro, RM Pancaldo, RM Nembo, RM Ostro y RM Borea, amén de varios mercantes.
Si al Vicealmirante Pasetti le hubieran concedido un deseo aquel día, seguramente hubiera pedido que zarpara la flota. En mar abierto las posibilidades de ataque hubieran sido menores, y además hubiera tenido la posibilidad de atacar ella misma. Y sobre todo, no hubiera sido su responsabilidad.


































