EMPIEZA LA PARTIDA.

EL JUEGO DE APERTURA

4 de noviembre de 1940.
Desde el puerto de Alejandría zarpa el convoy AN-6, con destino a Grecia.

6 de noviembre de 1940
Los puertos aliados del mediterráneo son un centro de actividad, especialmente Alejandría, base de la Mediterranean Fleet. En medio de una barahúnda de pitidos y actividad portuaria zarpa la escuadra de Cunningham, el grueso impresionante de la Mediterranean Fleet no tarda en salir del puerto para internarse en el azul meridional del mediterráneo de primeros de invierno. Pero no es la única fuerza en abandonar el puerto. Cargados hasta los topes 5 mercantes zarpan con destino a La Valetta (Malta) y dos mas hacia la Bahía de Suda, en Creta, donde los aliados están organizando un apostadero naval, escoltados ambos grupos por varios cruceros y destructores. Un poco mas al este, en la base naval de Port Saïd hay también mucha actividad. En medio de pitidos y actividades de marinería levan el ancla los cruceros HMS Ajas y HMS Sydney. Su misión es escoltar a los dos mercantes que van hacia Creta primero, pero a diferencia del resto de la escolta no volverán a casa de nuevo después. La escolta a Creta es, en esta época, una bicoca con escaso peligro que se resuelve en poco tiempo. Pero en esta ocasión es más de un par de días de esfuerzo lo que se exige. Los dos cruceros tienen instrucciones para, desde Creta, unirse a la escuadra de Cunningham.

7 de noviembre de 1940
Anochece. El astro solar se pierde ya sobre el atlántico inmenso cuando un ligero temblor se observa en las moles de los grandes barcos basados bajo la roca. La fuerza H leva anclas. Y tras ella el “Grupo Barham”, los barcos que deberán cruzar el canal de Sicilia para unirse a los barcos de Cunningham. Tan sólo falta el HMS Renown. Pero a diferencia del HMS Eagle el motivo no es una avería, sino una cacería. En todas las bases de la Royal Navy se espera con impaciencia la noticia del hundimiento del DKM Admiral Scheer.

El mismo día, casi a media distancia de ambas bases.
El Cuartel General de Supermarina es un hervidero de oficiales navales ocupados. Algunos con una grave noticia que transmitir a sus superiores, y a todas las demás bases de la flota. Inteligencia informa de que la flota británica, en ambos extremos del Mediterráneo, ha zarpado. Desde Gibraltar hacia el este, y desde Egipto hacia el oeste. Ya vienen.
Inmediatamente se toman medidas de guerra. Flotillas de torpederos zarpan para patrullar el canal de Otranto, el brazo de mar que, entre Italia y Albania, sirve de vía para que navegue el suministro para las tropas de la desastrosa ofensiva en Grecia. También la séptima escuadrilla de destructores es puesta en alerta y zarpa para patrullar su zona de guerra, el Mar Jónico Meridional. El último aviso importante es para Tarento, donde la 1ª y la 2ª escuadra reciben órdenes de estar listas para zarpar. Se suspenden los permisos, se preparan los fuegos para tener un mínimo de presión en las calderas, pero los leviatanes no se mueven. Hay que ahorrar combustible. No se puede malgastar en un viaje de patrulla contra un objetivo no localizado.

8 de noviembre de 1940.
No hacen falta elucubrar demasiado. Pronto la información es clara para Supermarina. Se trata de un nuevo intento de abastecer a Malta. Inmediatamente las fuerzas navales del sur de Sicilia son puestas también en alerta. Pronto una escuadrilla de destructores patrulla el Estrecho de Sicilia. A ella se unen varios buques torpederos. Sin embargo la mar es mala. Demasiado oleaje, las lanchas torpederas rápidas no zarparán, y esto será una desventaja grave en el combate inminente.


EL JUEGO MEDIO.

Es 9 de noviembre de 1940.
El juego de engaños está llegando a su apogeo. Desde hace dos o tres días los italianos están buscando interceptar e impedir una mas de las rutinarias operaciones de reabastecimiento de Malta. Los británicos están intentando que sus movimientos parezcan, justamente, una operación rutinaria de reabastecimiento de Malta, que es su primer objetivo, aunque como ya sabemos no el mas importante.
Al oeste la “fuerza H” inicia sus ataques. Desde el HMS Ark Royal despegan los aviones con las primeras luces del alba. La llegada de la mañana los sorprenderá sobre el aeródromo de Cagliari, en misión de ataque. No será el único ataque aéreo del día. A lo largo de la jornada la Reggia Aeronáutica decide intervenir y empeñar sus fuerzas en desbaratar la operación enemiga.
El primer ataque lo llevarán a cabo una veintena de trimotores italianos. La Fuerza H cruza a 45 millas al norte del Cabo Buogaroni (Argelia). En el HMS Ark Royal suenan de inmediato las alarmas y pronto la pista se llena de pilotos que corren hacia sus aviones de caza, y de todo el personal necesario para ponerlos en el aire con la mayor premura. Pronto los Fairey Fulmars fuerzan sus motores para ascender y derribar a los bombarderos enemigos. No tendrán éxito. En un alarde de valentía los pilotos italianos mantendrán la formación de sus trimotores para soltar sus bombas sobre los barcos británicos. Sin embargo, atascados en una tradición antigua y nefasta, no tendrán más éxito que algunos sustos y rociones de agua sobre los marineros. El bombardeo de altura, en vuelo horizontal, contra barcos en movimiento, está a punto de pasar a la historia.
La “fuerza H” mantiene su rumbo hasta el anochecer. A cubierto de la oscuridad, cambiará de rumbo para volver hacia el oeste, de forma ostensible, para ser vista por todas las fuerzas italianas de vigilancia. Mientras, con todas las luces apagadas y tratando de no llamar la atención, el “grupo Barham” navega a toda máquina hacia el Estrecho de Sicilia. Ante él se extiende un dispositivo italiano pequeño y disperso: 5 submarinos entre Cerdeña y Túnez, 5 mas al sureste de Malta, así como la flotilla de destructores y los torpederos que hemos citado antes.
Los elementos jugarán a favor de los buques británicos. La mala mar limitará la visibilidad y, sobre todo, impedirá salir del puerto a las rapidísimas lanchas torpederas, capaces de cubrir una amplia zona en muy escaso tiempo. No habrá pues, entre las olas, ojeadores en el mar, para avistar a la presa y reunir en torno a ella a las fuerzas de caza.

10 de noviembre de 1940
Los rayos de sol expulsan por fin la oscuridad tras una ajetreada noche, una noche de caza y tensión. El sol baña, lentamente, las viejas piedras de las fortalezas de La Valetta, que ya ha visto varios asedios. La temperatura asciende lentamente y el escaso calor de noviembre no acaba de caldear las calles de la ciudad y los muelles del puerto. Que sin embargo vibran de alegría. La inmensa mole de acero del acorazado HMS Barham está anclado en sus aguas oscuras, y con él, los demás barcos de su grupo, que en un alarde de osadía, han cruzado el Estrecho de Sicilia y han llegado a la asediada isla. No es el único motivo. Los cinco cargueros que zarparon de Alejandría el día 6 están descargando su contenido sobre los muelles: alimentos, gasolina, munición, todo lo necesario para seguir manteniendo fuera al enemigo. Malta respira, esa mañana, un poco mejor.
El día tendrá también sin embargo su momento triste. Tras repostar leva ancla el HMS Barham junto con su poderoso séquito. Abandonan el puerto listos para una nueva etapa de su viaje. Tras él zarpan cinco barcos mas, a los que escoltará por un tiempo. Se trata del convoy ME-3, con cuatro cargueros en lastre y el monitor HMS Terror. Su destino es la bahía de Suda, en Creta.
El diez es también un día de ansiedad en Supermarina. Los espías, tanto en Alejandría como en Malta como en la Bahía de Algeciras, y los aviones de reconocimiento, han informado de los barcos que entran y salen de los puertos. Un submarino, el RM Topazio, incluso ha localizado y atacado el convoy ME-3. Pero ¿Y los demás barcos? El grupo Barham no ha tardado en unirse con la Mediterranean Fleet de Cunningham, que navega a toda máquina en ese momento en dirección norte. Los aviones italianos peinan el mar en su busca, pero no la encuentran. El misterio consiste en que con la ayuda del radar que equipa los barcos, los aviones de reconocimiento italianos son localizados mucho antes de que lleguen, y abatidos por los cazas Fulmar del HMS Illustrious antes de ver nada y de informar de nada. La flota de Cunningham es un punto negro en el mediterráneo. La vigilancia italiana tiene un vacío que aún no sabe que tiene.

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El Gran Capitán. Historia Militar.