La tercera embestida arrastró a todo el centro bizantino con todos sus bucelarios, puede que aparte de intentar atraerlos, les quisieran dar una falsa confianza con amagos de ataques (el pastor y el lobo). En esta ocasión el combate fue duro, los vándalos (que sólo usaban espadas por orden de sus jefes para buscar un combate próximo) resistieron bien; pero fue abatido Tzazón, y todas las fuerzas de caballería de Belisario atacaron.

La muerte de Tzazón provocó el derrumbe del centro vándalo, lo que indica su gran importancia y eficacia como jefe militar, ante esto el resto del ejército vándalo huyó hacia su campamento, a la persecución se unieron los hunos que vieron claramente el bando vencedor al que adherirse.

 

 

 

 

 

Los vándalos lograron refugiarse en su campamento, que la caballería bizantina no osó atacar, y aunque no habían tenido muchas bajas (unos 800 muertos) su moral estaba destrozada. Por segunda vez Gelimer perdió el control de la situación, y al ver que Belisario se acercaba con la infantería (al atardecer, lo que prueba que el campamento estaba lejos del lugar de la batalla) en vez de organizar la defensa, huyó a caballo, seguido por sus parientes. Cuando el resto de su ejército se dio cuenta se produjo una desbandada general, abandonando a sus familias.

Mientras los bizantinos entraron en el campamento sin resistencia, pues no quedaba un guerrero en él, y se lanzaron a la persecución y el saqueo del campamento, un saqueo nocturno para apoderarse de las riquezas, bebida y mujeres que habían quedado ahí, y que puso en gran peligro a todo el ejército pues un pequeño contraataque de unos pocos cientos de vándalos podría haber aniquilado a todo el cuerpo expedicionario, desordenado y emborrachado.

 

Conclusión.

La batalla había terminado y al amanecer del 16 de diciembre Belisario se puso sobre una colina y llamó a sus tropas al orden, y estas se fueron reagrupando y ordenando. También envió a Juan de Armenia con 200 hombres en pos de Gelimer. Además ordenó desarmar a los vándalos que se rindieran y darles protección, escoltándolos a Cartago.

El ejército vándalo había dejado de existir, aunque sus bajas en la batalla y en la persecución nocturna (atemperada por el deseo de los soldados bizantinos de obtener botín) no habían sido muy elevadas, no creó que hubiera más de 1.000-1.500 muertos, el resto estaba tan desmoralizado que muchos se refugiaron en iglesias en espera de misericordia del vencedor o se rindieron al día siguiente, una vez enfriados los ánimos; otros fueron a sus hogares, si no estaban en el territorio ocupado por Belisario; los moros posiblemente retornaron a sus tierras desdiciéndose de su alianza con los vándalos; y unos cuantos siguieron a su rey Gelimer.

Frente a ellos Belisario reagrupó a sus hombres, que no tuvieron más de 100 muertos, y tras haber destacado una escolta con el botín persiguió a Gelimer.

Éste había logrado zafarse de la persecución, gracias a que Juan de Armenia el día 20 (un día antes de enfrentarse a Gelimer y los restos de sus fuerzas) fue mortalmente herido por el oficial Uliaris, que estaba borracho, y que asustado se refugió en una iglesia (Belisario le perdonaría). Así Gelimer se refugió en una zona montañosa protegido por los moros y el terreno (monte Papúa). Belisario dispuso un contingente de vigilancia mandado por Faras y retornó a Cartago capturando en Hippo Reggio el tesoro real que no había logrado salir del puerto por el tiempo.

Desde Cartago Belisario enviaría pequeños destacamentos para apoderarse del resto del reino vándalo: Cerdeña, Córcega, Mauritania, Setem, las Baleares. Tras varios meses de sitió y varios fracasos costosos en asaltar su posición; al final Gelimer se rindió en marzo del 534; la guerra contra los vándalos había terminado.

Tras la victoria sobre los vándalos, Belisario apenas pudo permanecer en África para estabilizar la situación, debiendo retornar pronto a Constantinopla (a mediados del 534) con el botín y los prisioneros debido a que se empezaba a sospechar en la corte y se hacían acusaciones calumniosas contra él; allí realizaría un desfile triunfal y sería cónsul.

Se hizo cargó del gobierno Solomón, quién había intervenido en la primera parte de la campaña al mando de los foederati, y que había sido remitido a la capital tras la toma de Cartago con los informes y los prisioneros.

Su labor sería muy complicada, debía reconstruir las fuerzas defensivas y las fortificaciones de la recuperada diócesis, y contener a las tribus moras. Probablemente dispondría de un máximo de 15.000 hombres (según Diehl tenía casi 18.000), incluidos limitanei de nueva formación y tropas reclutadas en esas provincias, pues parte de las fuerzas expedicionarias habían embarcado de vuelta a la capital o distribuidos por las islas que antes habían sido vándalas.

Los problemas pronto surgirían.

 

 Bibliografía:-

http://en.wikipedia.org/wiki/Geiseric-http://en.wikipedia.org/wiki/Vandals-http://www.roman-emperors.org/anthemiu.htm-http://www.roman-emperors.org/basilis.htm-http://www.roman-emperors.org/major.htm-http://www.roman-emperors.org/valenIII.htm-http://www.roman-emperors.org/leo1.htm-http://www.roman-empire.net/articles/article-016.html-http://www.roman-empire.net/articles/article-009.html-www.ucm.es/BUCM/revistas/ghi/02130181/articulos/GERI0000120509A.PDF-http://www.imperiobizantino.com/Africa%20final.pdf-“Notitia Dignitatum” http://www.pvv.ntnu.no/~halsteis/notitia.htm-“Historia del Imperio Romano” Tardío John Bagnall Bury http://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/secondary/BURLAT/home.html-“La Caída del Imperio Romano. Las Causas Militares” Arthur Ferril. Editorial Edaf.-“Gala Placidia” Pablo Fuentes Hinojo. Editorial Nerea. -“La Caída del Imperio Romano” Edward Gibbon Editorial Alba.-“La Caída del Imperio Romano” Peter Heather Editorial Crítica.

-“Historia de las Guerras. Libros III-IV. Guerra vándala”  Procopio de Cesarea. Editorial Gredos.


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