Introducción: Cifras en torno a la guerra de la Independencia.

Aunque el objetivo de este pequeño artículo es recordar la presencia española en los ejércitos napoleónicos, creo que será de utilidad comenzar la exposición con algunos datos que permitan integrar el fenómeno dentro de la situación general. Por una parte, señalando su escasa relevancia numérica, y por otra, demostrando que no se trató en absoluto de una excepción entre las naciones en liza.

El número de soldados implicados en la guerra de la independencia española puede ser conocido con relativa exactitud. Lo facilita la abundancia de registros burocráticos que se conservan y que permiten contrastar la mayor parte de las cifras. No obstante solo serian exactas al 90/95% y por eso he preferido redondearlas hacia arriba o abajo eliminando las cifras inferiores al millar. Llegar a justificar un ejército de 288.552 hombres con los registros de 1809 me parecía excesivo, sobre todo teniendo en cuenta el efecto de las enfermedades, el hambre y las infecciones en los reclutas del siglo XIX.
No obstante, las cifras españolas son las mas discutibles, no por ausencia de datos si no por el exceso de estos. La presencia de gran número de unidades regionales y voluntarias, fruto de la disolución del estado borbónico, implica un caos estadístico notable.

Franceses Españoles Ingleses

1808 165.000 130.000 -
1809 290.000 120.000 28.000
1810 330.000 ¿100.000? 61.000
1811 355.000 ¿90.000? 67.000

Esto solo por lo que atañe a ejércitos regulares. Además hay que tener en cuenta que en el ejército inglés militaban 25.000 soldados portugueses y una cifra de auxiliares españoles que en el año 1811 alcanzó los 9.000 hombres. Estas cifras se vuelven aún más endebles si las comparamos con los efectivos franceses en algunas de las grandes batallas de la guerra:

Talavera: 46.138
Busaco: 59.000
Albuera: 23.000
Arapiles: 42.000

Es decir, que de unos 300.000 hombres de media, los franceses destacaban 5/6 partes a fines que no tenían nada que ver con la guerra regular: La represión de las guerrillas españolas. Wellington y sus casacas rojas estaban muy abajo en la lista de prioridades del mando francés.

Basten estos datos para demostrar quienes fueron los verdaderos vencedores de Napoleón en España. Como ejemplo, y según veremos luego, Napoleón invadió Rusia con 500.000 hombres, y eso a pesar de que necesitó estrujar a todos sus aliados en busca de refuerzos y de que Rusia era el país mas poblado y extenso de aquella Europa .

Ejércitos en la guerra de la Independencia Española.

Durante la guerra de la independencia española los ejércitos en liza tuvieron un carácter “europeo” evidente. Por una parte, las tropas francesas y sus vasallos imperiales, y por el otro, los ingleses y sus auxiliares, destacamentos portugueses y un gran número de españoles, regulares e irregulares. Sin profundizar en el tema, bastará dar una somera idea de las múltiples nacionalidades en liza para indicar el tamaño de la implicación internacional en “nuestra” guerra.

Los ingleses, sin ir mas lejos, aparte de sus míticos Highlanders, también agrupaban soldados “lealistas”, es decir, nativos de América del norte que habían emigrado tras la independencia de su territorio de origen. El principal componente extranjero del bando ingles eran los soldados germánicos que componían Legión Alemana del rey, un cuerpo reclutado en los dominios patrimoniales de la casa de Hannover, entonces reinante en Inglaterra. (1)

Los franceses, por su lado, serían el ejército “europeo” por excelencia. A los propios nativos de Francia habría que unir los reclutados en los territorios anexionados al Imperio (Italianos, Belgas y Holandeses), así como en los estados vasallos: Reinos y ducados alemanes y el gran ducado de Polonia. También existieron cuerpos mas o menos exóticos como los famosos “mamelucos”. (2). Esto solo era un reflejo de la condición depredadora del ejército napoleónico que se alimentaba de todas las fuentes de reclutas a su disposición para lograr hacer frente a las agobiantes exigencias, tanto en ejércitos de campaña como en guarniciones, de un poder continental.

Tampoco España sería extraña a este derroche de nacionalidades. Existió un regimiento formado con los prisioneros de las campañas del río de la Plata liberados por sus captores ingleses en Galicia. También combatirían los antiguos regimientos suizos e irlandeses al servicio de los Borbones, al igual que en el bando Francés.

Frente a estos datos perfectamente conocidos, resulta curioso señalar que entre todas las naciones que militaron bajo las águilas Napoleónicas hay una que destaca por lo reducido de su aportación:

La española.

Tropas al servicio de José Bonaparte.

Aunque teóricamente todas las tropas francesas del teatro peninsular eran “aliadas” y debían estar sometidas al mando supremo del “legítimo” gobernante de la nación, José Bonaparte, lo cierto era que solo obedecían a sus respectivos comandantes. Estos, a su vez, rendían cuentas al emperador estuviese en Paris o en Moscú. Napoleón, por el motivo que fuese, nunca nombró un alto mando autónomo en España, manteniendo cada ejército sujeto a sus directrices y actuando al margen de su hermano.

Pero sería un error suponer que este carecía de tropas propias. Estas, a pesar de su reducido número, existieron, y también tuvieron un componente autóctono.

Como antiguo rey de Nápoles, José Bonaparte llegó a su nuevo reino con algunas unidades formadas por nativos de ese país. A estos habría que unir tanto antiguos soldados austriacos (cuyo origen no puedo precisar) como irlandeses, presuntamente antiguos miembros de los regimientos extranjeros al servicio de España o Francia.

Una gran cantidad de esfuerzos se destinaron a la creación de regimientos españoles a su servicio, tarea en la que nunca tendría verdadero éxito. Así, a pesar de que el estado militar de 1811 señala la presencia de 9 regimientos con 1.920 plazas teóricas cada uno, los relatos de la época no hacen ninguna referencia a su existencia. No solo se detecta su ausencia en las grandes batallas si no que la mayor parte de los soldados españoles que sirvieron en España bajo el mando francés, de grado o por fuerza, lo hicieron en otras ocupaciones tales como exploradores y espías. Posiblemente desconfiando de que tratasen de pasarse al enemigo se los mantendría en retaguardia dedicados a funciones auxiliares.

Existe al menos una bandera “josefina” capturada en el frente, pero no podemos asegurar a que tipo de unidad, nativa o foránea, pertenecía. (Curiosamente, es una bandera de la Infantería de Marina, algo notable en un gobernante que al parecer carecía por completo de buques a su servicio).

En cambio si parece que tuvo éxito la creación de unidades de milicias compuestas por “afrancesados” que se encargaron de la defensa de sus ciudades y territorios adyacentes, sobre todo en lo referido a cuestiones orden público. (3).

Españoles en el ejército Napoleónico.

El 5 de septiembre de 1808 las tropas bajo el mando del Marqués de la Romana consiguen escapar de Dinamarca, donde prestaban guarnición como aliados de Francia, a bordo de navíos ingleses. Poco tiempo después desembarcaran en Santander comenzando el combate contra los invasores.

Pero no todos lograron escapar: 200 oficiales y 5.000 soldados, por las más diversas causas, quedaron atrás condenados a los presidios franceses. En ellos compartirán infortunio con las crecientes expediciones de prisioneros españoles capturados en la patria, los cuales les informan del desafortunado rumbo de la guerra. Este es un dato, igual que la situación internacional netamente favorable a Francia en aquellos años, que debemos tomar muy en cuenta a la hora de juzgar su actitud.

A principios de 1809, Napoleón ofrece a los prisioneros la oportunidad de jurar fidelidad a su hermano como rey de España y abandonar así las cárceles. No obstante, los que aceptan el juramento no son liberados sin más, si no que, como soldados de una nación aliada en guerra, permanecen esperando nuevo destino. Pero al menos consiguen abandonar las duras condiciones de los presidios.

Ya en febrero del mismo año se les provee de nuevos uniformes blancos. Más tarde, en 1810, son organizados en 4 batallones de 800 plazas cada uno, más la reserva regimental. En Agosto se les designan destinos a los diversos batallones:

1º- Los alpes franceses.
2º- Amberes.
3º- Lyon.
4º-Mónaco.

Queda claro que Napoleón no se fiaba de los españoles. Así lo demuestra que se les distribuya por batallones, notablemente alejados unos de otros. Por aquel entonces su hermano José le reclama el regimiento, a lo que Napoleón se niega. Tiene buen concepto de estos soldados y ha decidido mantenerlos a su servicio, reforzándolos incluso con los que forman en la legión portuguesa. (4) De todas formas, que los considere soldados valientes (de lo que dieron sobradas pruebas durante la campaña de Dinamarca a sus órdenes) no implica que confíe en su devoción por el invasor de su patria.

Los batallones 1º y 4º serán puestos luego bajo el mando del Mayor Doreille y enviados a Polonia en el año 1812. Se reunirán durante el cruce del Niemen con los otros dos, con lo que el regimiento participará unido en la campaña. Según los informes, 9 de cada 10 soldados de estos dos batallones perecerán en la invasión. En 1813 sólo se encontrarán 170 supervivientes en Silesia. (Prusia)

El 2º y el 3º son destinados en cambio al norte de Francia en el 1811. Tenemos las cifras de sus efectivos: 1.390 para el 2º y 688 para el 3º. A estos habría que añadir 425 soldados disponibles en el depósito regimental. Solo 14 oficiales y 50 oficiales sobrevivirán al desastre ruso. Su oficial al mando es el Mayor Tschudy, al que a falta de otros datos en contra deberíamos considerar también al mando efectivo del regimiento en su totalidad.

En Utrecht Napoleón decide pasarles revista con bastante satisfacción. El General Kindelán, (5) antiguo oficial español, le advierte que los soldados “confían en la victoria de su majestad” pero le aconseja que no los envíe a España, donde serían presa fácil de “las mentiras de los agentes ingleses”.

El regimiento José Bonaparte en la campaña de Rusia. 1812.

El regimiento unido parte junto al emperador para la invasión de Rusia. Forman parte de la división del general Friant en el primer cuerpo de ejército, que supuestamente está al mando del propio Napoleón. (6). Forman parte del “Gran Ejército”, la denominación convencional de la fuerza de maniobra bajo el mando directo de Napoleón. Se calculan sus efectivos en unos 600.000 hombres, de los que no todos participarían en la campaña, destinándose alrededor de 100.000 a tareas de seguridad en Polonia y la frontera rusa. De estos efectivos, solo alrededor de un 50% eran vasallos directos de Napoleón. Es decir, ni siquiera se contaba con 300.000 franceses dentro de aquella babel europea. Prusia y Austria habían tenido que contribuir como ejércitos “aliados”, igual que todas las naciones continentales.


Los españoles recibirán su bautismo de fuego en la batalla de Vitebsk, y participarán en el asalto a la ciudad de Smolensko, defendida sobre todo por razones religiosas frente a la política general de tierra quemada. También estarán presentes en la gran batalla de la campaña, la de Borodino. ( 7)

Esta será su hora de gloria. El regimiento se mantendrá firme en un reducto capturado, cubriendo con su fuego al 111 de Línea, al que consiguen salvar. Para hacerlo se exponen a las cargas de la caballería rusa, que había roto el frente del 111. Su asalto logra desbaratar a los rusos y arrebatarles parte de su artillería. (8).
Al poco tiempo repetirán su heroica actuación en Zelkovo, cargando sin apoyo de la caballería francesa contra la artillería rusa.

En el enorme obelisco conmemorativo elevado en el campo de batalla, España grabará su nombre junto al de las otras 20 naciones que participaron en la invasión.

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El Gran Capitán. Historia Militar.