4. 1. Terror rojo.

Los rojos usaron el terror con tres objetivos:

1.- Como medida para tomar el control de un area conquistada.
2.- Como materialización de un proceso ideológico. Los blancos eran considerados como la clase enemiga y como tal debía ser destruida como clase.
3.- Como respuesta a motivos individuales, cayendo así en el terreno de la venganza personal.

En cuanto a como se realizaba los procesos había dos modos:

1.- En el frente la Guardia Roja constituyó Cortes Militares formadas por los líderes militares de las unidades de combate.
2.- En retaguardia eran los órganos políticos y de investigación los encargados de encausar a los acusados.

En el campo de batalla o tras la ocupación de un área el mando local de la Guardia Roja formaba una Corte Marcial con sus oficiales para juzgar a los contrarrevolucionarios. Lo que normalmente se saldaba con una ejecución sobre el terreno. Cuando se ocupaba una zona, el mando rojo iniciaba la investigación de actividades contrarrevolucionarias y para ello mandaba patrullas de reconocimiento que fueron llamadas coloquialmente “Patrullas volantes”.

Desde el punto de vista de los líderes rojos las cortes no mandaban ejecutar de manera indiscriminada sino que se trataba de “auténticos culpables” ya que el perfil del condenado era: miembro de la Suojeluskunta, espía blanco, combatiente del bando contrario o bien enemigo de clase esto es: terrateniente, hombre de negocios, propietario industrial, etc.

Muchas de las ejecuciones perpetradas tenían motivaciones personales, tal y como consta en el siguiente episodio. Los estudiantes de la Escuela Agrícola de Mustiala fueron arrestados y enviados a Riihimäki en tren. Contaban con una escolta de doce hombres armados, la mayoría de ellos no sobrepasaban los 20 años. Uno de los guardianes, un chico de 17 años de edad apodado “Chaplin” comenzó a hablar con un prisionero que conocía: Arne Sohlberg, hijo de un propietario industrial de Helsinki. Tras decirle el maltrato al que habia sido sometido en la fábrica de su familia le disparó, luego le robó la ropa y los objetos de valor. Tras este hecho, le resto de los guardianes abrió fuego contra los prisioneros alguno de los cuales murieron de manera inmediata mientras que los que quedaron heridos fueron rematados con las bayonetas. Tan solo quedaron con vida 11 jóvenes.

El 25 de febrero el Consejo del Pueblo hizo un llamamiento para que cesara este tipo de violencia y se castigara de manera severa a quienes fueran acusados de crímenes.

Si bien en marzo el Terror Rojo disminuyó, en abril, tras los reveses de las principales batallas, aumentaron de manera alarmante el pillaje y los actos de violencia. Precisamente el mayor asesinato masivo se produjo en Viipuri a finales de abril, cuando un grupo de prisioneros políticos fueron ejecutados por sus guardianes por medio de descargas de fusil y granadas.



4. 2. Terror blanco.
Durante la guerra las unidades de la Suojeluskunta actuaron como fuerzas policiales en las áreas de ocupación blanca del Norte de Finlandia. Con el avance hacia el sur, estas unidades tomaron el control de las zonas ocupadas. Las órdenes que recibieron fueron simples: detener a los potenciales enemigos y ejecutar a los más peligrosos. Posteriormente se emitió una nueva orden: efectuar listas de los revolucionarios y agruparlos en tres categorías. Los que aparecían en primer lugar debían ser ejecutados in situ. Los que estaban en segundo lugar debían ser hechos prisioneros y enviados a campos de prisioneros. Los que estaban en tercer lugar podían ser puestos en libertad.

Ello significaba realizar juicios sumarios los cuales se efectuaban en 2 o 3 semanas tras ser asegurada una zona por los blancos. Las fuerzas blancas arrestaban a los rojos o sospechosos de simpatizar con ellos para ser juzgados, comprobándose que esta represión surge de manera espontánea como una represalia y sin conocimiento o al menos visto bueno por parte de las autoridades blancas.



De hecho, el Senado Blanco mostró su desacuerdo en como el Ejército Blanco debía tratar a los rojos. El 25 de febrero el comandante del Ejército Blanco, el general Mannerheim, dio órdenes de no usar cortes marciales en contra de los rojos. El propio Mannerheim a finales de marzo señaló, en relación a los rojos: “Solo puede haber un castigo el cual será determinado por la ley. Los revolucionarios se han hecho a si mismos culpables de un crimen de traición e insurrección y el castigo para ello es la muerte”. También se emitió otra orden ese mismo día: la de ejecuciones sobre el terreno, lo que daba carta blanca para matar al enemigo bajo el pretexto de autodefensa.

De esta manera los oficiales blancos efectuaban breves investigaciones y llevaban adelante sus castigos de acuerdo a ellas. Para ello cada unidad militar del Ejército Blanco contaban con jueces dedicados a esta tarea.

Tras el 6 de abril de 1918 la situación del frente cambió con la caída de Tampere en manos del Ejército Blanco. Este hecho conllevó la captura de 11000 prisioneros por lo que se hizo necesario aplicar leyes militares para castigar a los rojos. El Cuartel General requirió al vicepresidente del Tribunal de Apelaciones de Vaasa, K. Söderholm, si era posible aplicar el decreto de tiempo de guerra. Este decreto fue emitido en 1909 por el Zar Nicolás II para que el Gran Ducado de Finlandia tuviera una legislación apropiada para tiempo de guerra. Esta ley, que fue emitida en un momento de opresión, se convirtió –tras el visto bueno de Söderholm- en la empleada para castigar al enemigo.



A partir de este momento los casos en las ciudades ocupadas del sur de Finlandia estaban en manos, pues, del comandante militar local. El comandante tenía a su disposición patrullas para todo tipo de tarea judicial que fuera precisa. En las áreas rurales este trabajo correspondía a la Suojeluskunta. Para los interrogatorios el comandante tenía una oficina apropiada. Esta tarea se organizaba en pocos días después de ocupar una población de manera que en pocas semanas el servicio de inteligencia preparaba listas de acusados.

Los comandantes organizaban cortes de tres miembros para llevar a cabo la investigación. Eran las llamadas comisiones investigadoras. Estas comisiones, formadas por gente de la población, eran las responsables de identificar a los acusados y decidir en que grupo debían encuadrarse. El primer grupo incluía a los líderes de las Guardia Roja, a los criminales de guerra, a los asesinos, ladrones y líderes de los órganos civiles revolucionarios. Se les aplicaba la pena capital. El segundo grupo incluía a los hombres y mujeres de la Guardia Roja y aquellos que habían trabajado para esta organización. Se les enviaba a campos de prisioneros. Por último los inocentes, el tercer grupo, eran puestos en libertad.



De todas las cortes establecidas en territorio blanco, la constituida en Lappeenranta se ganó un lugar en la historia de la represión. Estaba liderada por el capitan de Jäger Uno Sarlin –de apenas 25 años- comandante del 3er Regimiento del Ejército de Carelia y que fue el primero en entrar al frente de sus tropas en la ciudad. La corte inició sus juicios el 29 de abril y a los pocos días ya se habían efectuado 117 ejecuciones de miembros de la Guardia Roja. A ellos se sumaron 300 más que fueron ejecutados sin motivo aparente. De hecho la corte ya había llegado a la ciudad con una lista de rojos y simpatizantes que había sido elaborada en el cuartel general del 3º Regimiento en Imatra en el mes de marzo.

A mediados de mayo de 1918 se creó el Tribunal de Alta Traición, que consistía en 145 cortes cuya misión fue juzgar a los prisioneros rojos. Estas cortes sentenciaron a 67.788 rojos. 555 fueron condenados a muerte de las cuales se realizaron la mitad. Más de 60.000 recibieron diferentes penas de prisión, de las cuales dos tercias partes fueron de menos de tres años y pérdida de derechos de ciudadanía. En junio de 1918 hubo un cambio en la ley criminal lo que permitió que 40.000 prisioneros fueran puestos en libertad provisional. Con todo a finales de 1918 aun quedaban 6.100 rojos en cautividad.

5. Consecuencias.
5. 1. Políticas y sociales.


Con el final de la guerra la sociedad finlandesa quedó dividida de una manera abismal. A pesar de haber terminado el conflicto, la memoria de los crímenes cometidos durante la guerra, motivó que continuaran las ejecuciones de rojos en los campos de concentración.
A ello hay que sumar el hecho de que muchos hijos de los izquierdistas quedaron huérfanos ya que sus padres habían muerto durante la guerra o bien estaban encarcelados. Algunos de ellos fueron separados de sus padres debido a que tener un pasado rojo se convirtió en sinónimo de traición a la nación y no se podía consentir que los niños fueran educados como traidores y en lugar de leales patriotas.



Muchos finlandeses huyeron a Rusia al finalizar la Guerra Civil y en los años sucesivos. Algunos fueron ejecutados durante las purgas stalinistas de los años 30.
En el plano político, el partido comunista fue legalizado en 1923 y 1930, mientras que el Partido Social Demócrata permaneció durante la época de entreguerras en la oposición y durante la presidencia de Svinhufvud (1931-1937) se les mantuvo fuera del Gobierno.
A diferencia de las otras naciones escandinavas –reconocidas por su talente democrático y liberal- Finlandia puso en marcha un mecanismo político nacionalista que centraba el protagonismo en militares y fuerzas conservadoras. Por otro lado, si bien una minoría optó por reivindicar ideas antidemocráticas y antiparlamentarias, lo que llevó a la creación del Movimiento Lapua a principios de los años 20, nunca tuvieron el peso decisivo para alcanzar el poder.

5. 2. La insurrección del Movimiento Lapua.

El movimiento Lapua (Lapuan liike) se inició en 1929 caracterizado por un feroz anticomunismo, la reivindicación del nacionalismo, la militancia en la Suojeluskunta y la facción blanca de la guerra civil. Poco a poco se fue radicalizando hasta convertirse en un movimiento fascista. Sus líderes principales fueron Vihtori Kosola y el general Kart Martti Wallenius.

En un principio, numerosos políticos y altos oficiales del ejército simpatizaron con el movimiento, debido a su anticomunismo. No obstante, el excesivo uso de la violencia motivó que el movimiento fuera perdiendo este tipo de adeptos.

Entre las primeras muestras de actos violentos se puede señalar el ataque a los actos de los Jóvenes Comunistas en noviembre de 1929 y la demostración de fuerza realizada el 1 de diciembre del mismo año cuando unos 1000 miembros del movimiento se manifestaron.

A partir de este momento se realizaron encuentros, marchas y mítines. Así, el 16 de junio de 1930 más de 3000 miembros se desplazaron a Oulu para destruir la imprenta y las oficinas del periódico comunista Pohjan Voima. El mismo día otra imprenta comunista fue destruída en Vaasa. A ello se sumó el 7 de julio una “Marcha de Campesinos” que fue efectuada en Helsinki por más de 12000 miembros del movimiento. A estas manifestaciones de poder el Gobierno cedió declarando ilegales los periódicos comunistas por medio del Decreto de Protección de la República.

Tras estas actividades el movimiento extendió sus ataques a socialdemócratas, pacifistas, liberales y sindicalistas. Se produjeron también algunos asesinatos y sobre todo abundaron los muilutus, acción que consistía en secuestrar y apalear a los rivales y luego abandonarlos en la frontera con la Unión Soviética. El más célebre de todos se produjo el 14 de octubre de 1930 cuando el expresidente Karlo Juho Stahlberg y su esposa fueron secuestrados, apaleados y abandonados en Joensuu.

Pero la muestra más arriesgada del movimiento Lapua fue el intento de golpe de estado conocido como la Rebelión de Mäntsälä.

El 27 de febrero de 1932 más de 400 miembros armados de la Suojeluskunta interrumpió un mitin de los Socialdemócratas en Mäntsälä. A los pocos días numerosos miembros del Movimiento Lapua y cientos de tropas de la Suojeluskunta llegaron a Mäntsälä. El mando de todos los insurrectos lo tomó el teniente general Wallenius. Se dirigió una petición al Gobierno exigiendo el cambio de política nacional.

El Gobierno ordenó el arresto de los líderes del movimiento Lapua en virtud del Decreto de Protección de la República al tiempo que se enviaron unidades militares bajo el mando del teniente general Aarne Sihvo. De igual manera se desplegaron fuerzas militares en Helsinki con blindados y artillería para evitar una insurrección.

El 2 de marzo el presidente Svinhufvud emitió un discurso por radio en el que anunció a los militantes del Lapua que si abandonaban las armas solo serían castigados los líderes del movimiento. Los hombres del Lapua se dispersaron y los líderes fueron arrestados pocos días después.

Tras un juicio el Movimiento Lapua fue prohibido el 21 de noviembre de 1932. Wallenius y unos 50 líderes fueron sentenciados a diversas penas de prisión.

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El Gran Capitán. Historia Militar.