La Guerra Ruso-Japonesa (III)
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- Escrito por: Akeno


En la foto, se distingue claramente (está de frente a la cámara) al general británico Ian Hamilton (1853-1947), el cual lideraría los desembarcos en Gallipoli en 1915.
3. EL MUNDO SE ENCUENTRA INFORMADO
3.1. OBSERVADORES MILITARES
La guerra ruso-japonesa ocurrió en un período (1816-1914) donde se consolidó el papel que las fuerzas armadas jugaban en un mundo industrializado y en la que la observación, estudio y recopilación de datos de las guerras que se llevaban a cabo se había convertido en una cuestión de suma importancia.
En realidad, el observador militar era una versión especial del agregado militar, el cual tenía una misión ad hoc llevada a cabo durante un corto período de tiempo. La Guerra Civil Americana y la guerra franco-prusiana fueron las primeras guerras donde se reunieron de manera significativa oficiales de los principales países no beligerantes, los cuales observaban el desarrollo de la acción desde ambos bandos contendientes. Pero, sin ninguna duda, la guerra ruso-japonesa fue la que reunió mayor cantidad de observadores militares hasta la Primera Guerra Mundial.
La invasión de Somalía Británica 1940. (I)
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- Escrito por: Tigre

El nuevo teatro de operaciones en el A.O.I.
Los Preliminares.
Tras la invasión alemana de Francia en mayo de 1940, la Royal Navy, en previsión de la entrada de los italianos en la guerra, despachó desde Egipto al Mar Rojo al crucero antiaéreo HMS Carlisle, tres corbetas (sloops) y una división de destructores y cerró el tráfico marítimo aliado en el área hasta tanto se organizara un sistema de convoyes.
El 10 de junio de 1940, Mussolini declaró la guerra, abriendo un nuevo teatro de operaciones en el Africa Oriental Italiana - Eritrea, Abisinia (también conocida como Etiopía) y Somalía Italiana - y las aguas adyacentes del Mar Rojo, el Golfo de Adén, y el Océano Índico. En este imperio colonial los italianos contaban aproximadamente con 280.000 tropas con la posibilidad de sumar otros 50.000 tras la movilización. A pesar de la impresionante fuerza de combate, las fuerzas italianas estaban compuestas abrumadoramente de tropas nativas con equipo, entrenamiento y moral desigual. Asimismo, la cantidad de aviones antiguos de la Regia Aeronautica en el A.O.I (aproximadamente 350 máquinas) era más impresionante que su calidad, y los buques de guerra italianos basados en el Mar Rojo (incluían ocho submarinos, siete destructores de flota y dos destructores de escolta y cinco lanchas torpederas), aunque numéricamente fuertes, sufrían escasez de combustible y numerosas fallas mecánicas. Sin embargo, en el papel, esta fuerza aérea-terrestre-naval planteó una seria amenaza a los escasos recursos aliados en Sudán, Somalía Francesa, Somalía Británica, Kenia y la vital ruta del tráfico marítimo a Egipto, el Canal de Suez y el Mediterráneo.
Los generales italianos, sin embargo, sobreestimaron en gran medida la fuerza de sus oponentes franceses y británicos. Desde la perspectiva de Addis Abeba, capital del África Oriental Italiana, las fuerzas de Il Duce estaban rodeadas y aisladas de refuerzos y reabastecimientos. En particular, parecía que los puertos de Djibouti en Somalía Francesa y Berbera en la vecina Somalía Británica ofrecían excelentes perspectivas para apoyar las expediciones aliadas contra Addis Abeba por la ruta más fácil y directa. Por lo tanto, los italianos asignaron proporciones significativas de sus mejores unidades y limitados suministros para emprender operaciones ofensivas contra esos puertos, despejar los enclaves costeros y, casi de manera incidental, controlar las costas a lo largo de las rutas de los convoyes aliados.
Navis longa: la galera de guerra romana. (V)
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- Escrito por: Flavius Stilicho

Abordaje con "corvus" (P. Connolly).
2.2.2 Quinquerreme.
El quinquerreme (quinqueremis), cuya primera aparición tiene lugar en el 398 a.C. en la Siracusa de Dionisio I, era el navío de combate por excelencia de la época: el sucesor del trirreme como columna vertebral de una gran escuadra.
Parece que la irrupción del “cinco”, al igual que la de otros polirremes, podría deberse a una creciente falta de confianza en la capacidad del trirreme para imponer sus tácticas “rápidas” en el campo de batalla. La destrucción de la atrapada escuadra ateniense en Siracusa (413 a.C.) en un combate “proa contra proa” sin espacio para maniobrar, supuso un revelador ejemplo de que la agilidad no siempre puede imponerse. En cuyo caso debió parecer interesante desarrollar naves más pensadas para chocar de frente: no espolón contra espolón, sino de frente contra la estructura de apoyo de los remos rivales; y/o combatir con “infantes de marina”.
ONDERZEEBOOT: LA FLOTA SUBMARINA HOLANDESA
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- Escrito por: lehto
La aventura del submarino O-24 durante la Segunda Guerra mundial.

Botadura del O24
1. Los inicios
El O 24 entra en servicio el 18 de marzo de 1940. Cuando los alemanes invaden Holanda el O24 –junto al O23- es camuflado en los muelles de Lekhaven para evitar su captura por parte de los germanos. Los intentos por navegar hasta Gran Bretaña se demoran ya que los alemanes han minado el Warterweg
Lérida 1647, una asedio legendario (III y final)
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- Escrito por: Sir Weymar Horren
¿Por qué los franceses atacaron sin rodeos la ciudadela? Esa es la pregunta que se hacía Britto. En las semanas previas al asedio, el portugués pensaba que Condé atacaría primero el castillo de Gardeny, una antigua fortaleza templaria situada en lo alto de una colina, a escasa distancia de la ciudad, en la que mantenía una guarnición de 300 soldados. En caso de tomar la plaza, Condé hubiese estrechado considerablemente la línea de circunvalación y asegurado así sus comunicaciones. Sin embargo, el príncipe juzgó el castillo lo bastante fuerte como para resistir un sitio largo, idea que no le agradaba. Por lo demás, Condé y su plana mayor entendían, acertadamente, que tomar la ciudad antes que el castillo sería una pérdida de tiempo y de hombres, además de que era más sencillo atacar la ciudadela desde fuera que desde dentro de la ciudad.
A los problemas que los franceses padecían ya de por sí se añadió la muerte de su ingeniero jefe, La Vallière. Según Bussy-Rabutin (1), murió de forma increíblemente absurda, ya que hallándose en las trincheras junto al mariscal La Trousse, este tuvo la idea de ponerse al descubierto, y La Vallière, que no deseaba quedarse atrás en valentía, se asomó asimismo al fuego de la plaza. Entonces, un disparo de mosquete le acertó en la cabeza, matándolo al acto. Por otra parte, otro soldado francés, el marqués de Montglat (2) sugiere, al igual que que el conde Galeazzo Gualdo Priorato (3), que La Vallière murió en la salida española contra las trincheras que defendían los suizos. De todos modos, me inclino por la versión de Bussy-Rabutin, dado que su crónica del asedio es mucho más detallista.

Este mapa de Lérida muestra el sitio de 1707 pero sirve para hacerse una idea de la posición de Gardeny.

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