El Bravo de Napoleón: La Furia Roja que Desafió a la Historia (I)
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- Escrito por: Juan Carlos
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Primeros años (1769-1792).
Le rougenot (el “rubicundo”).
“Ciertamente Ney es el más valiente de entre los valientes”.
Nada hacía presagiar, cuando Michel Ney nació el 10 de enero de 1769 en la localidad francesa de Saarlouis (en la actualidad perteneciente a Alemania), que uno de los más insignes militares de la Historia, Napoleón Bonaparte, pronunciaría estas palabras refiriéndose a él.
Su padre, Pierre Ney, un tonelero de esa pequeña localidad francesa, era un veterano de la Guerra de los Siete Años, y conocía por tanto las vicisitudes de la vida del soldado, por lo que pretendía mantener a su hijo alejado de la profesión castrense. En el seno de esta familia creció el joven Michel, que se educó en una escuela de monjes agustinos, donde se hablaba francés, mientras que el hecho de que su madre, Margarethe Groevelinger, fuera de origen alemán, propició que Ney fuera siempre bilingüe. Segundo de cuatro hermanos, su hermano mayor, Jean, también formó parte del ejército francés, alcanzando el grado de teniente, pero falleció en 1799, en la batalla de Trebbia, durante la campaña de Italia.
A los once años abandonó los estudios y trabajó en diversas ocupaciones con un notario, con un comerciante de licores, en una fundición, hasta que en 1788, contraviniendo los deseos de su padre, se alista voluntariamente en el 5º de Húsares. Desde ese momento, Michel Ney encarnó las mejores virtudes propias de un soldado: valiente, generoso, amable no exento de temperamento y querido por sus compañeros, quienes pronto empezaron a llamarle “le rougenot” (el “rubicundo”) por su pelo rojizo y mejillas encarnadas.
Su carrera fue meteórica. En 1791 fue nombrado brigadier (cabo), en febrero de 1792 maréchal de logis (sargento), y tres meses después, maréchal de logis chef (sargento mayor), coincidiendo con la declaración de guerra a Austria, y que abriría un largo período de guerras revolucionarias y del Imperio. Antes de la Revolución de 1789, a lo máximo que podía aspirar un soldado que no procedía de la nobleza o de la alta burguesía, era a alcanzar el grado de teniente. Pero ahora todo era posible, y la frase de “llevar un bastón de mariscal en la mochila” era usada con asiduidad.
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Los Últimos Tercios: El Ejército de Carlos II y el Mito de la Decadencia Militar Española
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- Escrito por: Rafa
En el seno de la historiografía española, el reinado de Carlos II ha sido tradicionalmente considerado un periodo de decadencia irremediable, un ocaso tras el esplendor de los Austrias Mayores. Sin embargo, los trabajos recientes y en particular la investigación plasmada en el libro Los últimos tercios. El ejército de Carlos II, editado por Desperta Ferro y obra de Davide Maffi, invitan a replantear esta visión heredada de los mitos del siglo XVIII y la propaganda borbónica.
Analizando con rigor las fuentes documentales —especialmente los fondos del Archivo General de Simancas— y una bibliografía internacional, Maffi desmonta varios tópicos asentados sobre la presunta debilidad militar de la Monarquía Hispánica en la segunda mitad del siglo XVII. El ejército de Carlos II, lejos de constituir una reliquia anclada en formas obsoletas, supo evolucionar y adaptarse a los modelos militares europeos del momento, presentando rasgos de modernidad y eficiencia notables, sobre todo si se le compara en términos estrictos con sus rivales continentales.
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El gran zarpazo de Luis de Córdova: el convoy que humilló a Inglaterra en 1780
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- Escrito por: Rafa

Uno de los mayores desastres navales que Gran Bretaña ha sufrido a lo largo de su historia a manos de la Real Armada española se produjo el 9 de agosto de 1780. Aquel día, frente a las costas portuguesas, la escuadra combinada hispano-francesa, al mando del veterano Luis de Córdova, asestó un golpe tan certero como inesperado al orgullo británico. La captura del gran convoy inglés no solo supuso un botín colosal, sino también un duro revés moral y económico para el imperio británico, que ya por entonces libraba una guerra costosa y amarga para contener la rebelión de sus colonias en América.
La noticia de la salida de aquel convoy no llegó al azar. El conde de Floridablanca, hombre hábil y astuto, había sido alertado por los espías españoles en Inglaterra. Le informaron que una gigantesca expedición se preparaba en Portsmouth: un doble convoy destinado a reforzar las tropas británicas en ultramar, con pertrechos, soldados y dinero. Sin perder tiempo, Floridablanca transmitió la información al general Luis de Córdova, que aguardaba atento en el estrecho de Gibraltar. Su escuadra estaba compuesta por 27 navíos de línea, 4 fragatas y varias unidades menores, reforzada además por 9 navíos y 1 fragata franceses. Una fuerza formidable, preparada para abalanzarse sobre cualquier presa que se pusiera a tiro.
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Reseña del libro España, América y Filipinas de Enrique Martínez Ruiz (Editorial Tercios Viejos)
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- Escrito por: Super User
Hay libros que aparecen como tímidos clarines en la mañana brumosa del panorama editorial, y otros que irrumpen como un arcabuzazo en mitad de la calma, obligándonos a detenernos y volver la vista hacia un pasado que creíamos ya fijado y explicado. España, América y Filipinas, obra monumental de Enrique Martínez Ruiz, pertenece indiscutiblemente a la segunda categoría. Publicado por la editorial Tercios Viejos, este volumen se presenta como un viaje erudito y vibrante a los confines del Imperio español, un recorrido que nos invita a explorar la inmensa urdimbre tejida entre la metrópoli, el Nuevo Mundo y el lejano archipiélago asiático.
Martínez Ruiz, catedrático de Historia Moderna y uno de los más lúcidos estudiosos del imperio español, logra conjugar en estas páginas el rigor académico con la habilidad narrativa. Desde la primera línea, el lector percibe que no se encuentra ante un manual al uso ni ante una mera crónica de conquistas, sino ante una auténtica odisea histórica. Como un experimentado maestre de campo, el autor nos guía a través de océanos y selvas, de fortalezas costeras y audiencias virreinales, rescatando no solo hechos y cifras, sino también las emociones y los anhelos que impulsaron a toda una generación de españoles a lanzarse más allá del horizonte conocido.
La obra se articula en torno a la compleja relación triangular entre España, América y Filipinas. Un triángulo que, más allá de lo geográfico, revela una interacción política, económica, militar y cultural de una riqueza insólita. El autor se detiene con minuciosidad en el sistema administrativo que permitió a la Corona mantener unida una estructura tan vasta como frágil, haciendo especial hincapié en la figura de los virreyes, gobernadores y audiencias. Resulta fascinante observar cómo, a través de un aparato burocrático formidable, la Monarquía Hispánica pudo sostener durante siglos territorios que se extendían desde los llanos de México hasta las islas del Sudeste Asiático.
Reseña del libro La defensa de Berlín de Wilhelm Willemar (Licurgo, 2025)
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- Escrito por: Rafa

El libro La defensa de Berlín, escrito por el autor alemán Wilhelm Willemar y publicado recientemente por la editorial Licurgo en una cuidada traducción de Rafael Rodrigo, constituye una aportación fundamental para comprender uno de los episodios más trágicos y desorganizados de la Segunda Guerra Mundial: la caída de la capital del Tercer Reich en la primavera de 1945. A lo largo de sus 172 páginas, Willemar traza un relato sobrio, riguroso y basado en fuentes de primera mano sobre las circunstancias caóticas en las que se desarrolló la defensa de Berlín ante el avance imparable del Ejército Rojo.
A diferencia de otras obras que se han centrado en los aspectos épicos o simbólicos de la lucha final por la ciudad, este estudio se distingue por su enfoque técnico y militar. Su valor reside en que no intenta construir una narrativa heroica ni escudar las responsabilidades, sino que se adentra en los entresijos de la improvisación, el desgobierno y el colapso de la estructura defensiva alemana. Tal como indica el prólogo firmado por el general Franz Halder, el texto se aleja del concepto limitado de “planificación militar” para ofrecer una crónica clara y precisa de cómo el Reich afrontó, de forma tardía y desordenada, la amenaza de su destrucción definitiva.
Uno de los puntos más destacados del análisis de Willemar es la insistencia en un hecho básico pero crucial: nunca existió un plan general y cohesionado para la defensa de Berlín. La actitud de Hitler —obsesionado con mantener la ciudad a toda costa— fue puramente reactiva, marcada por decisiones impulsivas más que por una visión estratégica. La planificación se sustituyó por órdenes contradictorias y por una esperanza irracional en una contraofensiva que jamás llegaría. La defensa de la capital se basó, en última instancia, en la voluntad de resistir hasta el final, sin considerar ni las capacidades reales ni las condiciones logísticas necesarias para ello.
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