Colinas, frío y acero: soldados y combate en Corea, 1950-1953
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- Escrito por: Rafa
La Guerra de Corea sigue ocupando un lugar peculiar dentro de la historia militar del siglo XX. Fue un conflicto inmenso, duro y decisivo en el marco de la Guerra Fría, pero durante décadas ha permanecido en una especie de penumbra historiográfica, eclipsado por la Segunda Guerra Mundial y, más tarde, por Vietnam. Sin embargo, para quienes combatieron allí, aquella guerra no tuvo nada de secundaria. Fue un enfrentamiento brutal, incierto y profundamente humano. El libro Korea (1950-1953). La guerra olvidada, de Russell A. Gugeler, se adentra precisamente en esa dimensión cercana, tangible y directa del combate, alejándose del relato estratégico para situar al lector en el terreno donde la guerra realmente se decide: el de las pequeñas unidades.
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"Me encanta el olor a napalm por la mañana"
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- Escrito por: Rafa

La noticia del fallecimiento de Robert Duvall, a los 95 años, deja un vacío profundo en la cultura cinematográfica y, de manera especial, en aquellos de nosotros que hemos encontrado en sus papeles bélicos una forma de acercarnos a la complejidad de la guerra y sus protagonistas. Su carrera, extensa y multifacética, trascendió géneros y generaciones, pero hubo momentos en los que su presencia en el cine de guerra iluminó con intensidad singular los dilemas, las tensiones y los rostros humanos detrás de los uniformes.
Aunque el gran público identifica de inmediato a Robert Duvall con su inolvidable presencia en Apocalypse Now, donde su interpretación del teniente coronel Kilgore lo llevó a la inmortalidad cinematográfica gracias a una de las frases más citadas del cine bélico, en mi caso personal siempre hubo otra película que me marcó aún más profundamente. Sin restar mérito a aquel papel icónico, que definió como pocos el retrato del mando militar en la guerra de Vietnam, confieso que la interpretación que más me impresionó fue la que ofreció en Ha llegado el águila.
En esta producción ambientada en la Segunda Guerra Mundial, compartiendo protagonismo con Michael Caine, Duvall construye un personaje sobrio, contenido y profundamente humano. Lejos del dramatismo casi operístico de Vietnam, aquí ofrece un retrato mucho más sereno, casi introspectivo, de un oficial alemán atrapado entre el deber, la disciplina y las circunstancias de una misión arriesgada en territorio enemigo. Es una interpretación elegante, sin excesos, sostenida en miradas, silencios y pequeños gestos que transmiten autoridad y experiencia.
Siempre he sentido una especial admiración por esta película, que considero una de las grandes obras del cine bélico europeo de los años setenta. En ella, Duvall no necesita grandes discursos ni escenas espectaculares para imponer su presencia; basta su forma de habitar el uniforme y de moverse en pantalla para dotar al personaje de credibilidad. Para quienes sentimos pasión por la historia militar, su actuación en esta obra representa un ejemplo perfecto de cómo el cine puede acercarse con respeto y profundidad a la figura del soldado profesional.
La desaparición de Robert Duvall marca el final de una de las trayectorias interpretativas más sólidas del cine estadounidense del siglo XX. Aunque su nombre suele asociarse de inmediato a dramas familiares o retratos del poder político y económico (Sobre todo a sus interpretaciones en "El Padrino"), una parte esencial de su legado se inscribe en el cine bélico. No fue un actor especializado en el género, pero cuando encarnó a un militar lo hizo con tal densidad psicológica y fuerza simbólica que sus personajes trascendieron la pantalla para integrarse en el imaginario contemporáneo de la guerra.
En el contexto del cine norteamericano posterior a la Segunda Guerra Mundial, la representación del combate evolucionó desde el heroísmo épico hacia la ambigüedad moral y el desencanto. Duvall, formado en el Actor’s Studio y heredero de la tradición interpretativa de Marlon Brando, aportó a sus personajes militares una mezcla singular de autoridad, vulnerabilidad y convicción interna. Su contribución más influyente al género se produjo en un momento en que el cine estadounidense revisaba críticamente su propia memoria bélica, en particular la guerra de Vietnam.
La Instrucción de 1786: Estrategia de Bernardo de Gálvez frente a la apachería
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- Escrito por: Rafa

El presente texto analiza la Instrucción de 1786, un documento fundamental para conocer el conflicto entre españoles y apaches en la frontera norte del Virreinato de Nueva España a finales del siglo XVIII, redactado por Bernardo de Gálvez durante su etapa como virrey. Este texto es una de las respuestas más detalladas al desafío que planteaba la frontera septentrional del imperio español, particularmente ante la persistente amenaza de la apachería. A lo largo de más de doscientos artículos, Gálvez sugiere un plan que combina medidas militares, diplomáticas y económicas para contener los ataques apaches, fortalecer las provincias internas y buscar una paz relativa en un territorio extenso y difícil de controlar.
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Especial Pavía de la Revista de Historia Militar
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La obediencia cuántica: del átomo artificial a la inteligencia estratégica
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- Escrito por: especialista48
Durante décadas, la mecánica cuántica había sido una especie de alquimia matemática. Todos sabíamos que funcionaba —sus ecuaciones predecían los espectros atómicos, el efecto fotoeléctrico, la superconductividad—, pero su mundo parecía intangible en la realidad. Un electrón podía estar en dos sitios a la vez, un átomo podía saltar de un nivel de energía a otro sin recorrer el camino intermedio…, todo cierto, pero invisible.
Los tres físicos premiados con el Nobel de Física 2025 —John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis— decidieron que eso ya no bastaba. Ellos querían tocar la mecánica cuántica con las manos y escuchar cómo su misterio vibraba entre los dedos.
Y lo lograron.
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